ABRIRSE A LA CONCIENCIA

TRANSPERSONAL, por Enrique
Martínez Lozano
Publicado en 22 enero 2014 por

Grego Davila

¿Quién es el perceptor del yo? […]
¿Quién es Aquél que percibe y que no puede ser percibido por nadie, pero al que se
percibe en todo lo percibido? Para la persona religiosa, la respuesta saltaría inmediata:
Dios. Y es una respuesta en la línea correcta, una respuesta bien intuida. Sólo que ese
Dios no permite ser pensado; cuando la persona religiosa lo piensa o lo nombra,
“desaparece” y, en su lugar, aparece un “ídolo”, una proyección. Eso es lo que significa
que Dios puede ser vivido, pero no puede ser pensado.
El “yo pensador” está localizado en la cabeza, pero ¿quién lo percibe? Trata de dirigir tu
atención hacia detrás de tu cabeza, hacia el perceptor del “yo”. Lo que percibes ahí es
un “Vacío”, un mar ilimitado de Conciencia, asociada a no-algo. Entrégate a ella, hasta
que sólo sea “Ella” (“Ello”). Reconócete en esa identidad y permanece ahí, en el nopensamiento: eres esa Conciencia absoluta e ilimitada. Eso, y no tu pequeño “yo”, es la
verdadera Identidad. Con lo cual, ni se niega el yo, ni se cae en el panteísmo, pero todo
se percibe de otra manera.
A partir de aquí, podemos abrirnos a conectar con Ella en todo lo que nos rodea, en un
proceso progresivo de “identificación” con la Conciencia (Dios): durante el tiempo de
meditación y en la vida cotidiana. Y así, poco a poco, vas pasando de pensarte a ti
mismo como una conciencia separada asociada a un “yo”, a “abrirte” y percibirte como
Conciencia ilimitada, omniabarcante, como si todo estuviera “de este lado de tu
piel” (K. Wilber).
Podemos, pues, aprender a descansar en Lo Que Es, que, para el creyente, equivale a
descansar en Dios y entregarse “afectivamente” a Él, aun sin palabras, sin imágenes y
sin pensamientos…, conscientes de que si hay pensamientos, ya no es Él, sino mi

pensamiento. Ello requiere trascender el yo, en un proceso de des-identificación del
mismo, que se produce cuando lo observamos “desde fuera”, para abrirnos a una
Identidad que es más que el yo habitual. Empezamos a liberarnos de las cadenas del yo,
de sus intereses, miedos y necesidades egoicas, para empezar a percibirnos como
el Testigo-que-observa. Caemos en la cuenta, entonces, de que la frontera de la
conciencia individual era únicamente una frontera ilusoria.
A veces ocurre que, cuando damos un paso atrás, abriéndonos a esa Conciencia
ilimitada que es, solemos cometer un gran error al creer que vamos a ver o sentir algo
muy especial. Pero no se ve nada; más aún, si se viera algo no sería sino otro objeto
más. No, ahí lo único que se percibe es una sensación de libertad, una sensación de
Liberación de la identificación con los pequeños objetos finitos. Tú eres esa Libertad,
esa Apertura, esa Vacuidad, y no cualquier cosa que emerja en ella. Descansa en Lo Que
Es y notarás que lasensación de Ello y la sensación del mundo son una y la misma (Nodualidad).
“¿Quién soy yo?”. El sabio y místico hindú Ramana Maharshi enseñaba el método
conocido como de la “auto-indagación” o “indagación” del yo”. Empieza preguntándote
“¿quién soy yo?”… Y ve desoyendo todas las respuestas que aparezcan, porque ninguna
de ellas es ajustada. No soy mi cuerpo, no soy mis sentidos, no soy mis órganos…, no
soy ni siquiera esa mente que piensa. Si nada de eso soy, entonces, ¿quién soy?
Llegará un momento en que la respuesta aparecerá como Vacío, en el sentido de
negación del “yo” habitual, y como Conciencia absoluta no-dual. “Tras haber negado
todo lo arriba mencionado diciendo “eso no”, “eso no”, esa Conciencia que es lo
único que permanece, eso soy… La naturaleza de la Conciencia es Sat-ChitAnanda,existencia-conciencia-felicidad”.
En la auto-indagación, uno nota que el “yo” es indagado por otro agente previo del cual
poco sabemos, un agente silencioso, que reside más allá de cualquier comprensión
mental. El yo no es algo que resida en la mente ni fuera de ella. Como alguien ha dicho,
el yo es una verdad en la que todos creen, pero que nadie puede probar. No sólo eso, es
la fuente de la dualidad, de la impermanencia y del sufrimiento.
Cuando trascendemos el pensamiento, trascendemos el yo y entonces, como
escribe Wilber en su Diario, “el observador y lo observado se hacen Un Solo
Sabor”. “Hasta que no se trasciende la dualidad y se realiza el estado de Un Solo
Sabor —había escrito el maestro Padmasambhava—, es imposible alcanzar la
iluminación. El ignorante sólo ve la dualidad externamente transitoria”. Pero, cuando
se experimenta, puede exclamarse con Alfred Tennyson: “Mi individualidad parece
disolverse y desvanecerse en el ser ilimitado… Es un estado en el que la muerte es una
imposibilidad irrisoria y la pérdida de identidad —si es que puede hablarse de tal cosa
— no se asemeja en nada a la extinción sino, por el contrario, a la única vida
verdadera”. O con el anónimo poeta indio americano:
No vayas a mi tumba y llores
pues no estoy ahí.
Yo no duermo.
Soy un millar de vientos que soplan,
el brillo de un diamante en la nieve,

la luz del sol sobre el grano maduro,
la suave lluvia del verano.
En el silencio delicado del amanecer
soy un ave rápida en vuelo.
No vayas a mí tumba y llores,
no estoy ahí,
yo no morí.
Y puede comprenderse lo que, siglos atrás, expresara el místico Maestro
Eckhart: “Nadie conoce mejor a Dios que aquellos que están completamente muertos”,
donde el término “muerte” hay que entenderlo como ausencia de la sensación de
identidad separada o identidad del “yo”.
Enrique Martínez Lozano
Extracto del libro: Vivir lo que somos
Fuente: www.advaitainfo.com