LOS LÍMITES DE LA “LIBERTAD PARA ELEGIR”: MERCANTILIZACIÓN Y

PRIVATIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN EN EL CONTEXTO DE LA
GLOBALIZACIÓN. ARGENTINA Y RESTO EL MUNDO.
Kevin Ariel Cangiano, alias Enmerkar de Uruk. Publicado en Blog Las Cavilaciones de
Enmerkar, http://www.cavilacionesdeenmerkar.blogspot.com , 11/01/17.
“La globalización es la interdependencia económica creciente del conjunto de los
países del mundo, provocada por el aumento del volumen y la variedad de las
transacciones transfronterizas de bienes y servicios, así como los flujos internacionales de
capitales.”
Tal es la definición que tenemos de globalización por el libro de texto liberal clásico
Economía. Principios y aplicaciones, de Víctor Beker y Francisco Mochón. Dos de los
cuatro indicadores básicos que enumera son: la convergencia en ingresos y precios (de
todos los países) y el aumento del ratio del comercio internacional en el Producto Interno
Bruto. La educación es vista desde un punto de vista económico como “inversión en capital
humano” y por tanto ésta debe ser “rentable”. Asimismo una progresiva unificación del
comercio internacional se puede resumir esquemáticamente en cuatro fases: áreas de libre
comercio, uniones aduaneras, mercados comunes y uniones económicas.
Las políticas educativas no escapan a esta unificación del mercado mundial. Puestos a
competir bajo un paradigma de libre comercio y de convergencia en ingresos y precios, los
países también tienden a unificar sus políticas educativas, dada esta cada vez mayor
interdependencia económica. Pero no se trata de una homogeneización o de una nivelación,
sino de “vender” toda clase de servicios educativos o relacionados con la educación,
requeridos por determinados organismos internacionales y países, por tanto, unos sojuzgan
a otros. El Acuerdo General de Comercio y Servicios, de la Organización Mundial de
Comercio, está liderado por un grupo de países “exportadores” de servicios educativos:
Australia, Nueva Zelanda y la Unión Europea, que en toda línea pretenden imponer el
“libre comercio” de los servicios educativos a países que no son, precisamente,
exportadores de los mismos o que presentan resistencia (Stephen Ball).
Vladímir I. Lenin se refería peyorativamente a esta “unificación” ya a principios del
siglo XX: “Es, en este sentido, extremadamente instructivo que los términos más corrientes
empleados por los economistas burgueses que describen el capitalismo moderno son:
‘entrelazamiento’, ‘ausencia de aislamiento’, etc.”, también se refería al imperialismo, que
los marxistas suelen emplear ese término en lugar del de globalización, como “la época del
capital financiero y de los monopolios, los cuales traen aparejados por todas partes la
tendencia a la dominación y no a la libertad. (…) Particularmente se intensifica también la
opresión nacional y la tendencia a las anexiones, esto es, a la violación de la independencia
nacional (pues la anexión no es sino la violación del derecho de las naciones a la
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autodeterminación).” En nombre de combatir el aislacionismo se reduce la soberanía para
tomar decisiones de política educativa, es decir, esta pretendida “interdependencia” en
realidad supone una independencia horadada, por ejemplo, para los catorce países (entre
ellos Argentina) que en la OMC recibieron una “petición” de parte de los exportadores de
servicios educativos para abrirse a sus exigencias. Como la liberalización del comercio de
los servicios educativos por el AGCS está por ahora sujeta a un protocolo provisorio, los
países interesados en el mismo también pueden firmar acuerdos bilaterales, como Estados
Unidos con algunos países latinoamericanos. Mientras existe un “freno” como es el carácter
provisorio de este protocolo, se avanza por otra vía.
“Los mercados de servicios educativos operan a escala global, involucrando compañías
de infraestructura, de gestión y de contabilidad, así como numerosas firmas pequeñas
nacionales y locales. Las firmas privadas de capital y las corporaciones financieras
internacionales perciben este mercado como una excelente oportunidad de inversión”,
señala Stephen Ball.
Los niveles de penetración de la denominada Industria de Servicios Educativos (ISE)
privada varían de país a país, lo que no impide la existencia de empresas globales que a
través de las Alianzas Público-Privadas (APP), las Iniciativas de Financiamiento Privado
(IFP o tercerización) condicionan o se adaptan a las políticas de los Estados. El capital
financiero, que crece con extraordinaria rapidez, presiona, pues para la privatización
progresiva de la educación mediante distintas formas de penetración. Los organismos
internacionales, como la OMC y el Banco Mundial establecen las “reglas”, casi “naturales”
que regulan este proceso, mediante la promoción de la liberalización del comercio la
primera, y con apoyo financiero y políticas definidas por la Corporación Financiera
Internacional la segunda (S. Ball). Esto significa un expreso apoyo de esos organismos a la
privatización. No tenemos más que un “entrelazamiento”, en este caso entre OMC, Banco
Mundial y las corporaciones financieras privadas. El capitalismo financiero y sus
corporaciones: “no atenúan, sino que acentúan la diferencia entre el ritmo de crecimiento de
las distintas partes de la economía mundial” (Lenin). La fuerza para imponer la
privatización, es decir, los negocios de las corporaciones financieras dedicadas al negocio
de la educación, se da a través de la presión de los organismos internacionales que definen
políticas comerciales y económicas y terminan delimitando las bases sobre las cuales un
país puede salirse del entrelazamiento de la economía mundial, o sea, que pueda quedar
“aislado” por resistirse a la libre obligación de importar servicios educativos.
Dentro de cada país, existen diversas formas de privatizar dentro del sector público.
Stephen Ball trabaja sobre las formas no tradicionales: “Estas empresas tienen contratos
con colegios para que ellos puedan administrar establecimientos estatales. Las empresas
pueden vender infraestructura a los colegios (…). Hoy en día, muchos colegios tienen toda
clase de servicios administrados por empresas privadas, como alimentación,
mantenimiento, limpieza y seguridad. En Inglaterra los profesores reemplazantes son
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proporcionados por agencias privadas, a través de agencias de empleo. También las
empresas se involucran en políticas educativas, aconsejando a los gobiernos, realizando
consultorías, haciendo investigaciones y evaluaciones; en realidad, vendiendo propuestas
de políticas. En China, en Asia del Sur, en África, en el Medio Oriente, han firmado
contratos con los gobiernos locales o funcionan mediante agencias de ayuda o del Banco
Mundial. Así, operan a través del mundo aconsejando en materias de políticas y reformas.”
Una (no tan) sutil privatización de la educación.
La financiarización de la economía mundial por la cada vez mayor emisión de dinero,
que produjo períodos de excesiva liquidez y crédito barato de los acreedores privados y los
organismos financieros internacionales –BM, FMI- con bajas tasas de interés en unos
períodos (como los años ’70, ’90 y los primeros años del siglo XXI) seguidos de otros
períodos de alza de la tasa de interés y recesión económica, favoreció la conversión de
servicios que eran brindados por el Estado de Bienestar con un criterio cuantitativo y de
igualdad, a ser mercancías y estar sujetos a criterios de rentabilidad, con el nuevo Estado
Competitivo (Castellani y Sarró) que empieza a imponerse a partir de la década de los ’80
con las reformas neoliberales de Ronald Reagan (Estados Unidos) y Margareth Thatcher
(Reino Unido) en el denominado “mundo desarrollado” (E. Arceo), pero que se hace
extensivo a todo el globo. En los períodos de crisis, el Producto Interno Bruto de los países
deudores se contrae, a la vez que aumenta la tasa de interés y aumenta la proporción de los
servicios de pago de la deuda sobre el presupuesto nacional. Como la reducción del gasto
público es mucho más difícil de implementar que el aumento del mismo, el déficit de la
balanza de pagos es cubierto por préstamos del Fondo Monetario Internacional, que
establece condicionalidades, preferentemente cambios en la política económica, también en
la política social, para “garantizar” el pago de los préstamos. Su institución hermana, el
Banco Mundial, cumple con el papel de ocuparse prioritariamente de programas de
desarrollo, a través de créditos otorgados a los países miembros a largo plazo (V. Beker y F.
Mochón). Por tanto la política educativa se ve necesariamente afectada, pues es una de las
áreas donde se exige bajar el gasto, de acuerdo con las condiciones de los organismos
financieros internacionales.
La escala nacional resulta, así, insuficiente para analizar la política educativa en un
contexto de globalización (Castellani y Sarró). La tendencia hacia la convergencia de
ingresos y precios antes mencionada se traduce en unas orientaciones, recomendaciones y/o
recetas que son aplicadas por organismos financieros internacionales, especialmente el BM,
pero no son los únicos. Por fuera de esta “tecnocracia” económica, también las uniones
económicas, como la UE con la Declaración de Lisboa (2000) que estableció una Estrategia
para la cohesión y la convergencia de los países miembros en política educativa, con un
objetivo de mejorar la competitividad frente a otros países y/o uniones aduaneras o
económicas. No sólo fue diseñado un objetivo global, sino también el método para
alcanzarlo: el Método Abierto de Coordinación (OMC), por el cual las diversas realidades
nacionales deben converger en un estándar común de “desarrollo” del sistema educativo.
Los estados miembros deben “diseñar su propio plan de acción, pero adecuándose a las
metas y procedimientos establecidos por la Unión” (Castellani y Sarró). La soberanía
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nacional aparece aquí, por lo menos, limitada. Los objetivos remarcados en la Estrategia de
Lisboa hablan de calidad, eficiencia y apertura entre los países miembros y al exterior de la
propia UE. La unificación en Europa no podía ser concebida sin una articulación con el
mercado mundial. Pero para “competir” y a la vez estar integrada en el mundo, la UE
propone que esa adecuación de sus miembros se realice bajo la orientación y el “espíritu”
del Tratado de Maastrich: libre mercado, disciplina monetaria y fiscal y flexibilización y
privatización del mercado laboral (Castellani y Sarró). La “unificación” tiende a “nivelar”
las políticas educativas de Europa y éstas con la del resto del mundo, así como las políticas
laborales. Para ser “competitiva”, Europa debe comparar su política educativa, laboral,
económica, con la de otros países y regiones del mundo. Inversión en educación
(infraestructura, salarios) entra dentro de esta ecuación para alcanzar un funcionamiento
eficiente frente al resto del mundo.
En Argentina se han seguido con mayor o menor intensidad en cada época estas
tendencias internacionales. Durante los dos primeros gobiernos peronistas (1946-55), el
modelo de “crecimiento hacia adentro” (V. Beker y F. Mochón), con objetivos nacionales
soberanos de industrialización por sustitución de importaciones, supuso un freno a la
“integración” en el mercado internacional en los términos en que la participación del
comercio exterior en el PIB se redujo de picos de 50-65% durante la era del modelo
agroexportador, a 10% al promediar la década de los ’50 (O. Ferreres). Para romper con ese
“aislamiento”, la dictadura cívico-militar que derrocó al Gral. Juan Domingo Perón en 1955
toma como una de sus primeras medidas, la integración de Argentina en el Fondo
Monetario Internacional (FMI). Los siguientes gobiernos semi-democráticos unos y
dictatoriales otros, con el peronismo proscripto, toman créditos y préstamos de los
organismos financieros internacionales. Estos en principio financian la construcción de
represas hidroeléctricas y el cambio de patrón de transporte de fluvial y ferroviario, a
automotor. No hay beneficio, sino deuda con estos préstamos y créditos. A partir de los
años ’70 se cambia la política del BM y el FMI, que pasa a ser de condicionalidad hacia los
deudores. Argentina quintuplica su deuda externa durante los años 1976-83. Durante la
década de los ’80, la subida de la tasa de interés por la Reserva Federal de los Estados
Unidos provocó la llamada Crisis de la Deuda en América Latina, puesto que se dispararon
los vencimientos de pago de intereses que en el caso de Argentina en la misma década llegó
a representar el 52,3% del valor de las exportaciones. A su vez, el déficit fiscal había
llegado a picos de 18%.
El margen de maniobra quedó muy acotado. Se avanzó con la descentralización del
sistema educativo en las escuelas del nivel primario, que pasaron a ser gestionadas por las
provincias, previo licuado del gasto educativo total nacional. En los años ’90 un nuevo
ajuste económico para permitir más endeudamiento externo y aprovechar las por entonces
bajas tasas de interés, dio lugar a la sanción de la Ley Federal de Educación (1992) que
descentralizó el nivel medio, pasando el gasto a las provincias, previo licuado del gasto
educativo total nacional… También se sancionó una Ley de Educación Superior que
favoreció la penetración de distintas formas de privatización. Para mejorar la “eficiencia”
del sistema, se recurrió al “consejo” de funcionarios del BM que en realidad redactaban la
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ley entera o buena parte de ella. La adopción de políticas coincidentes con las
“recomendaciones” de los organismos financieros internacionales fue presentada como la
única manera de obtener financiamiento, en una suerte de “fatalismo económico”.
Argentina recupera parcialmente su soberanía durante los años del gobierno
kirchnerista-peronista en 2003-15. Se sancionan una serie de leyes educativas en este
sentido. La Ley de Financiamiento Educativo fija en 6% del PIB el presupuesto para el
sector. La Ley de Educación Nacional modifica varios de los aspectos más criticados de la
anterior Ley Federal de Educación. Se sanciona también una Ley de Educación Técnica y
Formación Profesional en el marco de un proceso de reindustrialización del país. El
crecimiento económico fuerte de los años 2003-11 y la reducción del porcentaje de la deuda
externa en el PIB a 21,7% en 2009 permitió al gobierno un mayor margen de maniobra para
las políticas públicas en general y la política educativa en particular. Esto no obstante, no
impidió que continuasen operando en el país escuelas privadas y/o empresas relacionadas
con el lucro en la educación.
CONCLUSIONES
Cuando se habla de libertad de comercio y de los flujos internacionales de capitales, es
preciso preguntarse: “¿Para qué?” y “¿Para quién?”. Lo mismo sucede con la “exportación”
de políticas educativas y con todas las formas de privatización de la educación, las cuales
son presentadas como un aumento irrefutable de las libertades y como el ciclo también
irrefutable de intensificación de la globalización. Pero lo que he intentado demostrar en este
breve informe es que poco hay de “libre” en el interés de corporaciones financieras
internacionales, organismos de crédito y uniones aduaneras y económicas ejerciendo
presión, y si esta no alcanzara, coerción, sobre aquellos gobiernos de países que se resisten
a la “libertad”. Para que exista verdadera “libertad para elegir”, los estados deberían de no
estar condicionados. Pero en todo caso eso depende de cuál sea el concepto de “libertad”: si
la libertad de lucro para los ricos o la libertad de definir políticas educativas soberanas sin
el sojuzgamiento del capital financiero y sus agentes.

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