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Un puente hacia Terabithia se enfoca en la profunda amistad entre Jessie Aarons (Josh

Hutcherson) y Leslie Burke (AnnaSophia Robb, en una interpretación de las que enamoran al
espectador), dos adolescentes solitarios. Jess tiene 13 años, vive con sus padres y cuatro
hermanas (“Yo tengo cuatro hermanas, pero las cambiaría por un perro”, asegura), un chico
introvertido y con tendencia a la tristeza, poco adaptado a su familia y objeto de burlas en el
colegio, quien encuentra en el dibujo su evasión. Leslie acaba de mudarse al mismo pueblo,
vive con sus padres y no tiene hermanos, y es una chica alegre y extrovertida, cuya evasión es
escribir las cosas que imagina.
Leslie acude a la misma clase de Jess e insiste en convertirse en su amiga. Eso sólo ocurre
cuando se percatan de sus semejanzas y afinidades: “El rarito ha encontrado rarita”, dice
una de las hermanas de Jess. Descubren un bosque cercano y Leslie comienza a imaginar un
reino mágico y aconseja a Jess a que cierre los ojos y mantenga siempre su mente abierta a la
imaginación. Almas afines y delicadas que dejan un lugar a la complicidad y al poder de la
imaginación para crear el Reino de Terabithia, refugio y lugar de juegos donde todo es
posible, donde una ardilla se transforma en un ardiogro y una piña en una granada, donde un
árbol es un troll gigante y un pájaro se convierte en un buitre peludo. Allí encuentran
criaturas mágicas con un singular parecido a sus familiares y compañeros del colegio. Sobre
un árbol establecen su castillo, y al término del día regresan a sus respectivas casas y a sus
vidas reales.
En la película tienen valor añadido algunos pocos personajes más, como la hermana pequeña
de Jess (Bailee Madison) y su padre (Robert Patrick), o como la señorita Edmunds (Zooey
Deschanel, esta actriz devenida en cantante), profesora de música de la escuela.
Pese a su simplicidad narrativa y una puesta en escena convencional, la propuesta de Csupo
resulta eficaz como historia de unos niños diferentes de mentes abiertas que no quieren
renunciar a su mundo interior y que descubren por primera vez la amistad, el amor, la
belleza de la naturaleza y hasta la misma muerte. Funciona porque el guión se la confabula
con la cámara y sabe volar con sus travellings para crear una sensación de libertad y fantasía,
porque la banda sonora refuerza el clima mágico y porque la pareja protagonista responden
con frescura y sin excesos a unas interpretaciones bien asimiladas. Así, entre las aguas de la
realidad que se abren paso y el mundo encantado de la imaginación, Jess y Leslie se plantean
los fundamentos de la vida, con una actitud abierta al hablar de la existencia de Dios y de la
fe (“No es posible que Dios vaya condenando a personas al infierno…, está muy ocupado
dirigiendo todo esto”, dice Leslie a su amigo) o sobre el sentido de la vida y la muerte (“Te
sucedió algo especial cuando la conociste. Recuerda eso. De ese modo la mantendrás viva”).

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