¡Bueno, pues ya he acabado con mi hija!

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o la niña vidente.
Niña con NF1, retraso del lenguaje, dificultades escolares. Entorno familiar poco estimulante, pero colaborador; nivel sociocultural bajo. No dificultades afectivas. La familia no acepta la enfermedad.

Llegaron la madre, la hija, la hermana. La madre amplia, gruesa, avasalladora, enfundada en ropas oscuras. La niña menuda, sonriente. Subieron hablando sin parar. Al llegar arriba, la aturdida orientadora ya conocía la historia familiar, escolar, de salud. La madre estaba asfixiada por las escaleras. La niña tenía una enfermedad cruel, neurofibromatosis tipo 1. Su evolución era impredecible. Tal vez no. Tal vez sí. Tal vez desarrollaría tumores que podrían llegar a darle un aspecto deforme, inhumano. Había otras cosas molestas o dolorosas, pero ésta era la faceta más brutal, el aspecto más aberrante. Todo empezó, dijo la madre, con manchas café con leche. Venía evaluada, de arriba abajo, por neuropediatría. Había áreas afectadas, pero no se sabía si era por la enfermedad o por el contexto. La enfermedad es así, e implica tal y tal –decía la orientadora. Mi hija es un bicho, no para –decía la madre. Hay tal y tal riesgo, y a nivel cognitivo tal –decía la orientadora. Mi hija es vidente –dijo la madre.

La madre pensaba que la niña era vidente (como ella, como su abuela) y contó largas historias que pretendían demostrarlo. La niña escuchaba y consentía en silencio. Además, subrayó la madre, tiene más poder que ninguna de nosotras. Neurofibromatosis y videncia, deformidad y visiones, facciones fuera de la normalidad y lectura del futuro: qué dos cosas tan singulares. El óvalo de la cara de la niña era, entonces, perfecto. Al despedirse, la madre dijo: “¡bueno, pues ya he acabado con mi hija!” Lo cierto es que, aunque la madre de la vidente no quiera verlo, les queda a las dos un camino largo, larguísimo por delante.
AVISO IMPORTANTE: Este texto está basado enteramente en hechos reales: no se ha inventado o modificado nada. Sólo los nombres son figurados. La acción se puede situar en cualquier momento de los últimos treinta años. Las críticas al Sistema Educativo se realizan desde la perspectiva de lo que debería ser idealmente, sin cuestionar el esfuerzo que hacen habitualmente los docentes ni las limitaciones derivadas de la carencia de recursos de las Instituciones. Pero en toda colectividad consciente, la educación debería ser prioritaria.

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