Noemí Goldman HISTORIA Y LENGUAJE. LOS DISCURSOS DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO LA REVOLUCIÓN DE MAYO: MORENO, CASTELLI Y MONTEAGUDO.

SUS DISCURSOS POLÍTICOS
La visión más habitual de la Revolución de Mayo en los discursos y prácticas políticas de los dirigentes criollos más radicales, los asimila al modelo jacobino de la Revolución Francesa. La intención del trabajo es mostrar los diversos usos que la historiografía realizó del modelo y como, desde diferentes perspectivas, las investigaciones recientes modificaron las formas tradicionales de aproximarse al tema.

Breve revisión historiográfica
La historiografía de la Revolución de Mayo legó un extenso debate en torno a las influencias de los filósofos de la Ilustración en el pensamiento emancipador, y en relación a las concepciones y prácticas políticas de los revolucionarios de Mayo. El modelo de la Revolución Francesa predominó en la interpretación de la política revolucionaria de la Primera Junta. El primero en hacer mención al jacobinismo como modelo fue el propio hermano de Moreno: Manuel Moreno. Él pone acento en el carácter ante todo político que la etiqueta de jacobino tuvo en la Revolución de Mayo; ésta se constituyo -a sus ojos- en el más eficaz instrumento ideológico de lucha política contra el secretario de la Junta. La publicación del Plan de operaciones atribuido a Moreno fue el punto de partida de un largo debate en torno a las concepciones de lucha revolucionaria en el Río de la Plata. La serie de medidas políticas y de terror propuestas en él, con el fin de conquistar la independencia por medio de una transformación radical del orden social fue considerada como un modelo de política jacobina. Norberto Piñero considera así a la Revolución como una prolongación de las doctrinas y de las reformas de la Francia revolucionaria. La historiografía liberal coincide así, en general, en establecer una filiación, tanto del pensamiento de la Ilustración como del programa político francés de 1789, con la Revolución de Mayo. Paul Groussac se enfrenta a la tradición liberal, cuando sostiene que la formación filosófico política de los revolucionarios era muy débil, y más aún, que desconocían el proceso político francés. La identificación entre Moreno y Robespierre será plenamente establecida, con sentido positivo, por José Ingenieros en su obra La evolución de las ideas argentinas. Los revisionistas de comienzos del siglo XX se opondrán a esta visión, al sostener la tesis del complot. Así Carlos Ibarguren califica a Moreno y sus adeptos como hombres del terror que quisieron desatar una guerra interminable contra los españoles. Ricardo Levene se propuso en su obra una revalorización de las fuentes hispánicas para el análisis de los orígenes intelectuales de la Revolución de Mayo. Ello le permitió reconstruir las lecturas de Moreno cuando era estudiante en la Universidad de Chuquisaca, para concluir con la negación de toda influencia francesa sobre el pensamiento revolucionario de Mayo. Sergio Bagú y Rodolfo Puiggros concibieron a la Revolución como una especie de traducción, aunque trunca, de lasa revoluciones burguesas europeas. Para esta visión Moreno se constituyó como el portavoz de la “revolución democrática burguesa”. Esta última tesis de una independencia concebida como fruto de un proceso de maduración interna, apoyada en la existencia de un grupo social con conciencia de clase, que requería de la independencia para su desarrollo, fue reemplazada, en particular en los trabajos de Tulio Halperin Donghi, por la idea más plausible de un proceso independentista como efecto de la crisis de las monarquías ibéricas. Los estudios de José Carlos Chiaramonte sobre la actividad intelectual de fines del siglo XVIII pusieron de relieve la importancia de las modificaciones internas en los cauces tradicionales del mundo cultural hispano. Considera que la revisión y los orígenes y conformación de la cultura ilustrada rioplatense no puede menos que reconocer la relación cultura eclesiástica-cultura ilustrada, relación que se expresó con el concepto de “Ilustración Católica”. Dentro de esta nueva perspectiva perdería su sentido el estudio de las fuentes ideológicas que habrían preparado el movimiento emancipador y se abriría paso la idea de que el pensamiento ilustrado no llevaba necesariamente a la formación de una conciencia revolucionaria. Si en la actualidad ya no parece posible seguir concibiendo al movimiento de la independencia como el advenimiento revolucionario de la burguesía al igual que en Europa, por la inexistencia de una clase social dirigente de amplitud nacional, pierde sin duda valor la idea del modelo para la explicación del proceso revolucionario rioplatense, pero

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siguen siendo esclarecedores los estudios comparativos que intentan echar luz sobre procesos políticos que conservan cierta afinidad histórica. Pilar González se propone dar respuesta a las preguntas de en qué medida y hasta que punto la Revolución de Independencia fue, a la manera de la Revolución Francesa, una revolución política moderna y democrática. Las conclusiones muestran más las distancias que las semejanzas con el caso francés: mientras la sociabilidad revolucionaria francesa sirve como espacio de reivindicaciones sociales y como estructura para una representación nacional; la sociabilidad rioplatense por su carácter municipal así como por su concepción elitista de la soberanía popular, condujo al fracaso de la primera tentativa democrática en el Río de la Plata. Estas recientes investigaciones advierten sobre el peligro de caer en el error metodológico de identificar las prácticas políticas por el signo ideológico que se les atribuye.

El impacto de la Revolución Francesa en el Río de la Plata
Ricardo Caillet Bois (1929): de sus lecturas surge que la filosofía francesa del siglo XVIII era conocida por al elite ilustrada de la sociedad colonial, así también como los principales sucesos políticos de la Revolución Francesa. La correspondencia privada muestra en particular que los criollos ilustrados de la colonia seguían con interés los sucesos franceses, convirtiéndose muchos de ellos en admiradores de la Revolución. La noticia de la muerte del rey Luis XVI produjo, sin embargo, un vuelco en los espíritus: los franceses comenzaron a ser vistos con temor y repulsión. A pesar de ello Caillet Bois sostiene que persistieron en el virreinato del Río de la Plata algunos entusiastas partidarios de la Revolución Francesa. Con la caída de Robespierre se expanden las versiones termidorianas sobre la Revolución que lo convirtieron en el símbolo de un régimen de terror y de sangre. Los rioplatenses se vuelven más bien hostiles a la Revolución. No obstante, afirma Caillet Bois, un círculo “afrancesado” continuará durante la Revolución de Mayo sosteniendo las enseñanzas de 1789. Acerca de la pregunta sobre el impacto de la Revolución Francesa durante la Revolución de Mayo, se observa, en primer lugar, una cierta presencia de la Revolución Francesa que se refleja en los emblemas patrios (los laureles, el sol y las manos tomadas en los escudos patrios), y en las Asambleas y reuniones patrióticas. Pero donde la referencia a la Revolución Francesa es más frecuente es cuando se la utiliza como arma política para desprestigiar al adversario. La imputación de jacobino en el Río de la Plata constituye así y ante todo una etiqueta denigratoria. Asimismo, en el campo de las representaciones políticas de la época, la referencia al jacobinismo surge como la cristalización conceptual de un enfrentamiento local: el que opuso en 1810 al moderado presidente de la Junta al secretario de la misma. Moreno es acusado de jacobino por su temperamento político enérgico, su ferviente predica igualitaria y por el firme control que mantiene sobre todas las acciones de la Primera Junta. Los revolucionarios del Río de la Plata pudieron haber traducido a su propio lenguaje los textos filosóficos y políticos franceses, pero no así las condiciones y características específicas del proceso revolucionario del país galo. Por otra parte, ninguno de los morenistas manifestó una explicita adhesión al jacobinismo como arquetipo de poder revolucionario.

Moreno y la concepción de la Revolución
Una lectura retrospectiva de sus discursos políticos permite observar que esa noción de revolución elaborada por Moreno es al mismo tiempo resultado de una serie de deslizamientos de sentido, en ciertos enunciados, y de la aparición de otros como efecto de coyunturas determinadas. Cada etapa de ese trayecto se define por el surgimiento de un nuevo enemigo: pueblo/autoridades coloniales, pueblo/españoles europeos, pueblo/rey, pueblo/criollos moderados. Al elegir el apoyo de la legitimidad monárquica, que en principio no cuestionaría el lazo colonial que une a los pueblos americanos con su metrópoli, los revolucionarios sólo reconocen como enemigos a las autoridades que se oponen en forma violenta o conspirativa a sus proyectos. En los primeros meses de gobierno de la Primera Junta la esperanza de captar a los peninsulares no desafectos al nuevo sistema es aún viva. Esta situación no tardará en revertirse. Ser patriota cobra aquí un nuevo significado, en adelante significará ser antiespañol. La manera como Moreno se esfuerza en mostrar las bases del poder de los españoles europeos y el sistema que los sostiene no surge solamente de la necesidad de informar sobre los fundamentos que guían la acción de la Junta, sino que hace a su propia concepción de la revolución, donde la educación política constituye una de las piezas fundamentales. Es interesante notar, como rasgo permanente de Moreno, su insistencia en una campaña de esclarecimiento ideológico centrada en los derechos de los

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pueblos y de la cual ningún sector social debía quedar excluido. Toda su gestión reposa sobre las urgencias de la defensa revolucionaria ligada a la necesidad de unión entre las provincias del virreinato. La idea de una solidaridad económica acompañada del ejercicio de los derechos políticos como base de una solidaridad moral entre los nativos de las provincias y la Junta de Buenos Aires, se encuentra así en el centro de las Instrucciones. Son los principios singulares del Contrato social de Rousseau los que darán a Moreno el instrumento teórico para pensar la revolución. “Los vínculos que unen el pueblo al rey -afirma Moreno- son distintos de los que unen a los hombres entre sí mismos; un pueblo es un pueblo antes de darse un rey, y de aquí es que aunque las relaciones sociales entre los pueblos y el rey quedasen disueltas o suspendidas por el cautiverio del Monarca, los vínculos que unen a los hombres quedaron subsistentes…” Por otra parte, la traducción de la teoría de la soberanía popular tiene consecuencias revolucionarias para el Río de la Plata porque conduce necesariamente a la independencia. Este reconocimiento por parte de Moreno del desfasaje entre un sentimiento colectivo, en apariencia aún muy fuerte, y los principios de la política es anulado con la reintroducción de la figura del Contrato. El pacto colonial se verifica como un falso contrato debido a que surgió de la fuerza y de la violencia impuesta por la conquista española. Al Código de Leyes de Indias, Moreno contrapone la exigencia de un código ideal basado en “los principios de la razón, que son la base eterna de todo derecho, y de que deben fluir las leyes por sí mismas”. Surge el filoindigenismo como uno de los componentes esenciales de una concepción de la revolución como acontecimiento que viene a restituir en el plano histórico derechos de carácter universal. Al código de leyes indianas, Moreno contrapone la exigencia de un código ideal basado en los principios de la razón, como base de derecho. Sigue así a los ideólogos del derecho natural. Introduce en su artículo del 15 de noviembre la idea de que el acto contractual, al crear al pueblo emancipado, excluye de la comunidad al rey de España. Con el acto del 25 de mayo no hubo en realidad reversión de los derechos de la soberanía al pueblo sino que la fuerza y la violencia son la única base de la conquista que agregó estas regiones al trono español. En esta línea de pensamiento nos encontramos frente a un rechazo no sólo de un pacto colonial sino igualmente de la monarquía como sistema. Siguiendo siempre a Rousseau, Moreno considera al poder legislativo como la instancia dominante. En efecto, los gobernantes son meros ejecutores y ministros de las leyes que la voluntad general ha establecido. La cuestión de si podrá una parte de la América por medio de sus representantes establecer la constitución o si deberá esperar la reunión de un congreso de toda América, es la última cuestión que aborda Moreno en la Gaceta del 6 de diciembre. Este lema lleva implícito otro más importante, la extensión geográfica del nuevo Estado. De sus argumentaciones surge con claridad la voluntad de constituir una nueva nación, pero consideraciones políticas conducen a Moreno a considerar inviable la unidad americana. La revolución concebida así como la reinstalación de la razón, la libertad y la justicia universales se presenta como una transformación completa del orden vigente. Es esta solo la visión de Moreno o es acaso representativa del conjunto de los protagonistas criollos de 1810? La conciencia de una divergencia de destinos entre españoles, europeos y criollos fue el primer estímulo que comprometió a todos en la decisión de crear un gobierno propio. La lista de agravios imputados por Moreno a la Metrópoli es ampliamente compartida por el conjunto de sectores, que debido a su prosperidad, deseaban controlar los destinos del antiguo virreinato ante la caída de la metrópoli. La actitud revolucionaria se observa en todos los que participaron de una u otra forma en la revolución. Separarse de España o de su rey no bastaba, era necesario proclamar la república inspirada en principios igualitarios. Moreno advierte sobre el peligro de una simple mudanza de poder. El 3 de diciembre, una circular de la Junta redactada por Moreno dispone la exclusión de los cargos públicos del español europeo. Esta medida acelera la ruptura entre Moreno y Saavedra. Se propaló la versión de que Saavedra intentaba coronarse como nuevo monarca de América, en consecuencia Moreno publica, el 8 de diciembre, el célebre decreto de supresión de honores que el Presidente de la Junta aun del depuesto virrey, estableciendo así la absoluta igualdad entre todos sus miembros. Por el mismo decreto se determina que el comando superior del ejército pasa del presidente a la Junta. Explica el decreto en los siguientes términos: “La libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en los papeles solamente... Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad.”

Castelli y los Derechos Naturales.
La doctrina bajo la cual se constituyó la primera Junta fue presentada por Castelli en el Cabildo abierto del 22/5. Con la disolución de la Junta Central había caducado el gobierno soberano de España y se producía de acuerdo a la tradición española la reversión de la soberanía al pueblo y su libre ejercicio en la instalación de

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un nuevo gobierno. Pero el nuevo poder criollo lejos de proclamar la independencia, prestó solemne juramento de mantener íntegros los derechos de Fernando VII. Castelli es nombrado representante de la Junta en la expedición libertadora al Alto Perú. Del proceso formado a Castelli por el gobierno moderado luego de la derrota de Huaqui, se desprende que las ideas de independencia estaban generalizadas entre la oficialidad patriota. La instalación del nuevo gobierno constituye igualmente para Castelli mucho más que un cambio de personas. Es el inicio del reino de la “naturaleza” y de la “razón” frente al despotismo de las autoridades coloniales. Pero no es la vehemencia de las proclamas de Castelli, con el llamado a la guerra lo que más inquieta a las autoridades españolas, sino el contenido de su programa revolucionario para el Alto Perú. La política filoindígena propuesta por Castelli, amenaza el estatuto sólidamente arraigado de las castas. La liberación indígena forma parte de la concepción de la revolución de los morenistas. En las instrucciones secretas redactadas por Moreno para la Expedición al Alto Perú, se establece que debe levantarse a la indiada. Castelli introduce la noción de derecho natural. En esta concepción se fundamenta la proclamación del fin de la servidumbre indígena realizada por Castelli el 25 de mayo de 1811 frente las ruinas de Tiahuanaco. Los derechos que Castelli proclama recuperados por los indios son no sólo sociales, sino igualmente políticos puesto que les otorga el derecho de representación. Establece así la libre elección de los caciques por sus comunidades y la eliminación de los privilegios de propiedad o de sangre de que gozaban libres en cada parroquia de indios, a fin de designar un diputado para el congreso general de las provincias del antiguo virreinato. Cabe señalar que el reconocimiento por parte de Castelli de la calidad de ciudadanos a los indios, es decir, de individuos frente al Estado, no lo conduce sin embargo a decretar la supresión de la comunidad indígena. Lo importante aquí es que la noción de revolución en Castelli se organiza en torno al concepto ideal de derecho. Esto es lo que explica este idealismo republicano que tiene su correlato en el comportamiento humanista del mismo. El sufragio indígena junto a las demás medidas a favor de los indios no tuvieron efectos jurídicos inmediatos, pero su proclamación fue suficiente para alarmar a las clases altas altoperuanas.

Monteagudo y el Derecho a la Independencia.
En su Memoria de 1823 señala que la virtud y el mérito sólo servían para atraer los rayos del despotismo sobre las cabezas más ilustres y el dinero suplía la idoneidad. El pueblo tampoco comprende –según Monteagudo– que todas las condiciones son iguales sólo ante la Ley. Esta es una restricción que no alcanzan a entender los que al oír proclamar la libertad y la igualdad creen que la obediencia ha cesado. En otros términos, Monteagudo previene sobre el peligro de la igualdad social impuesta por el número y robustez de los sometidos. Al considerarse en los inicios de la Revolución un apasionado por la democracia, Monteagudo coincide con la acusación de jacobino que sus adversarios le lanzaron desde la Gaceta. En marzo de 1811 los morenistas crean el primer club político en el café de Marco. La oposición sistemática al gobierno de Saavedra desencadena las jornadas del 5 y 6 de abril en donde son expulsados de la Junta Grande lo morenistas. En estas jornadas, peonadas de los arrabales organizadas por sus alcaldes, protagonizaron un levantamiento en apoyo del sector moderado. En enero de 1812 resurge el club morenista con el nombre de Sociedad Patriótica y Monteagudo se convierte en su principal portavoz. Recoge y recrea el pensamiento morenista y Moreno es convertido en símbolo de la Revolución. En 1812, menos que la oposición entre dos tendencias definidas se trata de una lucha facciosa y la línea divisoria entre radicales y moderados se opaca aquí frente a la inconexión de ideas que predomina. Para Monteagudo, la legitimidad de la Revolución surge de su inscripción en la revolución global, pero igualmente de ella misma, de la justicia de los derechos que reclama. Dentro de estos derechos el primero es el de la independencia. A un año y medio de la Revolución y a pesar de la reacción saavedrista y de la pérdida del Alto Perú, la voluntad independentista parece haberse afianzado en un sector de la elite revolucionaria. En el periódico Mártir o Libre, sostendrá la necesidad de plasmar la independencia en un acto jurídico que la legitime, rompiendo así con el discurso encubriendo de la legitimidad monárquica que sostenían Moreno y Castelli. La declaración de la independencia debe ser para él un acto previo a la organización de un nuevo sistema político. Con la Revolución de 1810 se expresó el deseo y voluntad de independencia, la voluntad política soberana se manifestó. Lo que le interesa resolver es si conviene declarar que los pueblos están en la justa posesión de sus derechos. La revolución es ante todo una revolución por la independencia. La crítica que realiza Monteagudo a la política de la Primera Junta nos revela que detrás de los principios, la realidad sobre la cual se había gestado

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el movimiento era más compleja pues según Monteagudo, una de las causas de los fracasos de la Junta se debió justamente a que en lugar de un plan de conciliación con las provincias, se adoptó uno de conquista. Si la declaración de la independencia es la condición previa al establecimiento de la república, la ilustración es para Monteagudo el garante de la felicidad del nuevo sistema. Al igual que Moreno, Monteagudo insiste en la necesidad de hacer con hechos y no con palabras la revolución. [res non verna, o sea... las vacas no hablan] Las advertencias sobre los peligros a que la política moderada del triunvirato conducía, se ven confirmadas por una conspiración realista. En julio de 1812 Álzaga será ejecutado. Esta represión permite acercar por un corto periodo, las posiciones del gobierno y la de sus opositores; pero el enfrentamiento resurgirá con la renovación del Triunvirato. El 8 de octubre de 1812 el ejército decide finalmente derrocar al gobierno y crear un Triunvirato afín para retomar la línea revolucionaria impulsada por la Sociedad patriótica. Este cambio se vio posibilitado por la aparición de un nuevo actor político: la Logia. La Asamblea del año XIII significa en parte, el triunfo de la línea revolucionaria en la fórmula de su juramento queda excluida la fidelidad a Fernando VII. Decreta la libertad de prensa; la libertad de vientre; la extinción del tributo, la mita, el yanaconazgo y el servicio personal; la supresión de los títulos y signos de nobleza; y la eliminación de los mayorazgos. Pero ni la independencia es declarada ni ninguno de los proyectos de constitución serán aprobados. El temor que aporta una cada vez más cercana restauración monárquica, junto a las conflictivas relaciones con la banda Oriental, terminan por paralizar las iniciativas. A esto debe sumarse que San Martín se aleja de Alvear. Alvear se convertirá en el jefe de la Logia. Monteagudo decide acompañar esta política de centralización del poder. Este apoyo (del portavoz de la sociedad patriótica) se sustenta en la idea según la cual si la Asamblea no lograba declarar la independencia y soberanía de las Provincias Unidas, debía en su lugar nombrar un dictador, que obrando con plenitud de poderes, encamine todos sus esfuerzos hacia la conquista de la libertad. ¿Cómo se explica este viraje de posiciones democráticas a mas moderadas? Los avances antinapoleónicos en Europa habían terminado por cuestionar la ideología revolucionaria y republicana de la Logia y la Sociedad, obligándolos a tomar el camino de la moderación. Su concepción de la igualdad, siguiendo la misma línea de Moreno y Castelli, proclama la supremacía del mérito y la virtud por sobre una cuna soberbia. Se corresponde asimismo con cierto ideal social rígido. La única restricción a la igualdad parece ser de orden político afirma que no puede confundirse la igualdad con su abuso. El magistrado y el súbdito son iguales en sus derechos, pero el segundo debe obediencia al primero. En el discurso inaugural de las sesiones de la Sociedad Patriótica, descubrimos una concepción más moderada. Monteagudo advierte sobre los peligros de la democratización de los sectores populares. Esta idea lleva a excluir de los derechos de ciudadanía a los que están bajo el dominio de otro, así como a los que no acrediten saber leer y escribir; aunque los extiende a los labradores de la campaña. [o sea a los pequeños propietarios] Igualmente se establece una clasificación entre el sufragio personal, otorgado a los que poseen propiedad o renta y el sufragio representativo, conferido a los que no gozan de ellas. La participación política efectiva de los sectores populares aparece para el conjunto de los morenistas reservada a la elite. Y esto se explica porque los acontecimientos de 1811 alarmaron por igual a moderados y radicales. De lo expuesto se desprende que la concepción de la revolución en Monteagudo tiene como fundamento una voluntad independentista sustentada por una actitud que él ve como democrática.

Los Morenistas y el Jacobinismo.
La fundamentación de la legitimidad del nuevo poder fue la primera cuestión a la cual se abocaron los revolucionarios. Moreno elabora la teoría de la soberanía popular, aunque persista en la pretensión de seguir manteniéndose dentro de los límites de la legitimidad monárquica. Con la introducción del Contrato Social, Moreno da existencia al pueblo americano independiente de toda legitimidad exterior. Los moderados también comparten esta nueva visión de la revolución como mito fundador de una nueva legitimidad. La línea política propuesta por moreno se sustenta en la teoría de los derechos naturales que no concibe a la libertad sin la igualdad. Es lo que lo impulsa a decretar la supresión de honores al presidente de la Junta. Soberanía popular, derecho a la independencia, libertad e igualdad son las nuevas nociones políticas que sirvieron a los revolucionarios para pensar el cambio que estaban produciendo. Pero para los morenistas, la revolución debía producir una transformación total del orden establecido. la expropiación de los bienes de los enemigos, el derecho a la independencia económica, fueron históricamente producidas en el periodo de la lucha por la emancipación.

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Los morenistas vieron frustrada luego de cinco años de continuos intentos por asociar la lucha de la independencia con la construcción de un nuevo orden. Es en este último punto donde es válido establecer una correspondencia entre los jacobinos y los morenistas: la idea de la revolución como un mito fundante de una nueva legitimidad política. [Noemí Goldman, Historia y lenguaje. Los discursos de la Revolución de Mayo, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1992.]

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