You are on page 1of 2

hoy celebramos a San Lucas.

De su persona sabemos muy pocas cosas, pero nos ha quedado
una obra maravillosa en dos partes: el tercer evangelio (dedicado al tiempo de Jesús) y los
Hechos de los Apóstoles (dedicados al tiempo del Espíritu, que es el tiempo de la iglesia).
Leyendo esta obra se pueden adivinar algunas cosas de este cristiano culto y perseverante.
Lucas nos transmite un Jesus que es el rostro visible de un Dios misericordioso: en la parábola
del buen samaritano, en la del hijo prodigo. Sólo Lucas nos transmite algunos rasgos de María,
la madre de Jesús, que caen también dentro del "principio misericordia". Su manera de entender
y transmitir el evangelio de Jesús conecta bien con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a
menudo heridos en el camino que baja de Jerusalén a Jericó, o pródigos que han emigrado de la
casa paterna, o discípulos desalentados que huyen de Jerusalén y buscan refugio en su Emaús de
siempre.
El "principio camino" se advierte en su evangelio (que está concebido como un camino que va
de Galilea a Jerusalén) y en el libro de los Hechos (que está también concebido como un
camino que parte de Jerusalén y expande el evangelio por Judea, Samaría y hasta los confines
de la tierra). En el Evangelio de hoy como el Señor designa a un grupo más grande de setenta y
dos personas para que fueran por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde
pensaba ir él. ¿Qué hizo que estas personas se lanzaran a ir por delante anunciando a Jesús?
¿Por qué a veces nos cuesta tanto salir al encuentro de los demás y hablarles de nuestra
esperanza y de nuestra fe?
Estas personas eran discípulos de Jesús. Quizás sea bueno refrescar qué significa ser discípulo
de Jesús. No es tenerlo ya todo claro y no fallar nunca. Un discípulo es aquel que aprende, aquel
que desea crecer, que está sediento del conocimiento.
Algo debe ocurrir para despertar esta sed: una relación de Amor. Solo el encuentro personal
despierta una sed insaciable de conocer cada vez más a la persona que se ama, aprender de
Jesús Maestro de vida, de sus labios. Pensar que ya lo tendría que saber todo o que no me falta
nada, es lo más contrario a dejar que Dios me pueda sorprender cada día y de comprender que
esto una aventura que abarca toda una vida.
Hoy puede ser un buen día para preguntarnos: Pero ¿qué amor es ese que no siente la necesidad
de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de
comunicarlo, no es cuestión de un carácter más o menos tímido, sino que quizás necesitamos
detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos y nos haga reconocer que no es
lo mismo caminar con El que caminar a tientas (EG 266).
Hay quienes se consuelan diciendo que hoy es más difícil; sin embargo, es bueno acordarse de
que las circunstancias del Imperio romano no eran favorables al anuncio del Evangelio, ni a la
lucha por la justicia, ni a la defensa de la dignidad humana. En todos los momentos de la
historia están presentes la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo
cómodo y, en definitiva, la concupiscencia que nos acecha a todos. Eso está siempre, con un
ropaje o con otro; viene del límite humano más que de las circunstancias. Entonces, no digamos
que hoy es más difícil; descubramos que es solamente distinto (EG 263) y que es justamente en

Es a cada un de nosotros a quienes quiere enviar a todos los lugares donde vivimos y trabajamos.“ésta hora” que Jesús nos llama a cada uno a ser sus discípulos. .