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“AÑO DE LA

CONSOLIDACION DEL
MAR DE GRAU”
I.E LUIS FELIPE DE LA PUENTE UCEDA
NOMBRE:
JULEISY ARLETTE RODRIGUEZ SALIRROSAS
DOCENTE:
JAVIER VERA GRANAVEZ
TEMA:
HISTORIA DE EL SEÑOR DE LOS MILAGROS
CURSO:
EDUCACION RELIGIOSA
GRADO Y SECCION:
5º “B”
AÑO

2016
EL SEÑOR DE LOS MILAGROS
El Señor de los Milagros de las Nazarenas, más comúnmente llamado Señor de los Milagros, es una
imagen de Jesucristo originalmente pintada en una pared de adobe, ubicada tras el Altar Mayor
del santuario de Las Nazarenas de Lima (Perú) y venerada en Lima y diversas partes del mundo. La
imagen fue pintada durante el siglo XVII por un esclavo originario de Angola que fue llevado al Perú.
La festividad del Señor de los Milagros es la principal celebración católica en el Perú y una de las
procesiones más grandes del mundo.
Su procesión es una tradición peruana, considerada como la manifestación religiosa católica periódica
más numerosa del mundo. La imagen original del cristo muro fue pintada por un esclavo de casta
angoleña llamado Pedro Dalcón o Benito, según Raúl Porras Barrenechea. Posteriormente fueron
añadidas las imágenes de Dios Padre, María y María Magdalena. Se le conoce como Cristo Moreno
debido a que, entre sus creyentes, predominaba la gente negra. Podría estar relacionado, según
explica la historiadora María Rostworowski, con el culto milenario al dios Pachacámac, tan solo por
haber sido pintado en el Barrio de Pachacamilla en el centro de Lima.
Debido a los traficantes de esclavos, una parte importante de estos inmigrantes venían de la costa
atlántica de África occidental, que se clasificaban por castas: congos, mandingas, caravelíes,
mondongos, mozambiques, terranovos, minas y angolas. Aproximadamente 10, 000 habitantes de
Lima se organizaron de tal manera que construyeron sus toscas cabañas o callejones divididos en
aviva, es decir el bantú o el kimbundo, cantaban canciones antiguas de sus tierras natales ya que
provenían del África Occidental. También se ocupaban de sus enfermos y se preocupaban de que
todos tuvieran un entierro decente, mediante pequeñas cuotas de cofrades.
Los africanos, tanto esclavizados como libres, encontraron en la institución de las cofradías una
válvula de escape para la condición de opresión que sufrían en el Perú. Desde el siglo XVI se
instituyen cofradías de negros con aprobación eclesial. Eran agrupaciones de unos cien miembros en
promedio que estaban a cargo de un retablo o capilla en los templos de Lima, dirigidas por un
Mayordomo o Caporal, tenían una junta directiva llamada «los veinticuatro» por el número de
personas que lo conformaban.

Cerca al año 1651, cuando reinaba el Papado de Inocencio X, en el Perú, el Virrey García Sarmiento de
Sotomayor y como Arzobispo de Lima, Pedro de Villagómez. Los negros angolas se agremiaron y
levantaron el local de su cofradía en la zona de Pachacamilla, en las afueras de Lima. En la sede de la
cofradía, o pre-cofradía como postula Antonhy de la Cruz, en una de sus paredes de adobe del galpón,
un esclavo angoleño negro llamado, según se cree, Benito o Pedro Dalcón, plasmó la imagen
de Cristo crucificado. La imagen fue pintada al temple en una pared tosca, cerca de una acequia de
regadío, de un acabado imperfecto, además hay que resaltar que el anónimo pintor no tuvo estudios
completos de pintura, y que ejecutó la obra por su propia devoción a Cristo.

El 13 de noviembre de 1655 a las 14:45 horas, tuvo lugar un terrible terremoto que
estremeció Lima y Callao, derrumbándose templos, mansiones y las viviendas más frágiles, dejando
miles de víctimas mortales y damnificados. El terremoto afectó también al pueblo de Pachacamilla y
las viviendas igualmente se derrumbaron. Todas las paredes del local de la cofradía se derrumbaron,
produciéndose entonces el primer milagro: el débil muro de adobe en donde se erguía la imagen de
Cristo quedó intacto, sin ningún tipo de resquebrajamiento.

Posterior al milagro del terremoto de 1655, aproximadamente en 1670, Antonio de León (Raúl
Banchero le llama Andrés de León, mientras Rubén Vargas Ugarte, Antonio de León), un vecino
prominente de la Parroquia de San Sebastián que padecía de terribles dolores debido a una
metástasis en el cerebro, fue comunicado por una esclava sobre el Cristo Moreno y sus milagros. Este,
al no encontrar solución en médicos y curanderos, acudió a la imagen, velando por su cuidado y culto.
A raíz de la fe de Antonio de Leon al Cristo, milagrosamente sus dolores desaparecieron.

Las reuniones para venerar la imagen eran los viernes por la noche, alumbrados por las llamas de
cera; llevaban flores, perfumando el ambiente con el sahumerio, entonando plegarias
acompañándose de arpa, cajas y vihuelas. Con el tiempo, se fue incrementando la peregrinación.
Muchas veces se produjeron hechos de índole distinta a las prácticas religiosas. Viendo con malos
ojos todos estos hechos el Párroco de San Sebastian, José de Mena, hace de conocimiento al entonces
virrey Conde de Lemos, don Pedro Antonio Fernández de Castro que intervenga como autoridad, para
que prohibiese las reuniones y que diera la orden irrevocable de borrar al Cristo, ya que, según su
criterio, estaba fuera de los cultos religiosos. El Virrey traslado la solicitud a la máxima autoridad
eclesiástica que era en ese momento el Provisor y Vicario General Esteban de Ibarra, por haber
fallecido el Arzobispo Pedro de Villagomez. Este envió el 4 de septiembre al sitio al promotor Fiscal del
Arzobispado José Lara y Galván, Laureano de Mena y el Notario Juan de Uría, quienes verificaron la
existencia de la imagen del Cristo Crucificado, una concurrencia de unas doscientas personas que
entonaron el salmo miserere “Tibi soli peccavi” y la presencia del sacristán de la Parroquia de San
Marcelo José de Robledillo, a quien José Lara le llamó la atención de autorizar con su presencia tal tipo
de reuniones, se armó un tumulto en que los congregados
en el lugar rodearon a los representantes eclesiásticos que
se vieron obligados a abandonar el lugar.

Esteban Ibarra dictaminó que se prohibiesen tales
reuniones y que se borrase la imagen, por lo cual entre el 6 y
el 13 de septiembre de 1671, y se constituyó al lugar
un comité especial dispuesto por el Promotor Fiscal del
Arzobispado José Lara y Galán, un notario, posiblemente el
mismo Juan de Uría, un pintor indígena de brocha gorda y el
capitán de la guardia del Virrey, Pedro Balcazar,
escoltado por dos escuadras de soldados para el caso que se produjesen desmanes por la cantidad de
curiosos y vecinos que rodeaban el lugar.

El primero en intentarlo fue un pintor que al momento de subir por la escalera hacia la imagen
comenzó a sentir temblores y escalofríos, teniendo que ser atendido, intentó de nuevo proseguir con
su tarea, pero al subir otra vez, fue tal su impresión que bajó raudamente y se alejó asustado del
lugar sin concretar el encargo. El segundo hombre, se acercó a la imagen, pero algo vio en ella que le
hizo desistir de raspar la imagen. El tercero, fue un soldado real de ánimo más templado, éste subió,
pero bajó rápidamente explicando luego que cuando estuvo frente a la imagen, vio que ésta se ponía
más bella y que la corona de espinas se tornaba verde.

Ante la insistencia de las autoridades por borrar la imagen, la gente manifestó su disgusto y comenzó
a proferir grandes voces. En vista de lo cual el virrey y el vicario Ibarra decidieron revocar la orden y
el Vicario Ibarra autorizó su culto. Luego de una visita del virrey y su esposa, dispusieron se levante
una ermita provisional. El 14 de septiembre de 1671 se celebraría la primera misa oficial en la ermita.

Procesión del Señor de los Milagros
El 20 de octubre de 1687, a las 4:45 a. m., un violento terremoto que según cronistas de la época
duró más de 15 minutos (sic) arrasó Lima junto al Callao, teniendo una réplica a las 6:30 a. m.,
derribando la ermita edificada en honor al Cristo. Ante la sorpresa general la pared de la imagen del
crucificado quedó nuevamente en pie, por lo que se ordenó la confección de una copia al óleo y que
por primera vez saliera en andas por las calles de Pachacamilla por idea de Sebastián de Antuñano.
Una vez elaborada la copia, se sacó en procesión.

Primera Procesion del Señor de los Milagros
El lienzo que mando a confeccionar Sebastian de Antuñano es el que sale en procesión en nuestros
días. Este lienzo fue restaurado el año 1991 por los especialistas del Museo Pedro de Osma.
La procesión del Señor de los Milagros se realiza tradicionalmente en el mes de octubre. Sale en
procesión desde el Monasterio de las Nazarenas el primer Sábado de Octubre rumbo a la Catedral de
Lima y esta vez regresa al Santuario de las Nazarenas al día siguiente.
Posteriormente el Cristo de Pachacamilla recorre la ciudad de Lima los días 18, 19 y 28 de Octubre.
Finalmente su último recorrido procesional se realiza el 01 de noviembre en el que la imagen sale del
Santuario de las Nazarenas e ingresa al Monasterio hasta el próximo año.
Multitudinaria procesión de octubre: Andas del Señor de los Milagros en una misa en los exteriores del
santuario de las Nazarenas el 18 de octubre de 2004.Cabe reseñar que el Cabildo de Lima, dada su
protección constante contra los diversos temblores y terremotos, y al haber quedado inalterado por
estos movimientos, y previa gestión de Sebastián de Antuñano, sor Josefa de la Providencia y del
Padre Alonso Messía S.J., se declaró el 21 de septiembre de 1715 al Cristo de los Milagros como
«Patrono jurado por la Ciudad de los Reyes contra los temblores que azotan la tierra», y desde aquel
momento quedó oficializado su culto entre los vecinos de Lima, quienes lo tenían ya como su
devoción predilecta. A partir de ese momento fue llamado como se le conoce actualmente El Señor de
los Milagros de Nazarenas.
Este documento merece conocerse, porque es el primer homenaje tributado por la ciudad al que
había de ser su Patrono. Dice así: “En la muy noble y Leal Ciudad de los Reyes del Perú en veintiún día
del mes de septiembre de mil y setecientos y quince años, se juntaron el Cabildo, la Justicia y
Regimiento de la dicha ciudad en la Sala de Ayuntamiento, como lo hacen de costumbre para tratar y
conferir las cosas tocantes al servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad, que Dios guarde, bien
y útil de la República: conviene a saber los señores Maestre de Campo D. Sebastián Palomino Pendón,
Regidor perpetuo desta dicha ciudad, General D. Joseph Sarmiento de Sotomayor y de los Ríos, Conde
de Portillo, Señor de la Villas de San Salvador de Sabusedo y la Samoyana, ambos Alcaldes Ordinarios
de esta ciudad, por su Magestad, D. Pedro Lazcano Centeno de Váldez, Alférez Real y Juez de aguas,
D. Joseph Merino y Jarava, Alguacil Mayor D. Martín Joseph Mundarra, Marqués de Santa María, D.
Carlos González Terrones, Capitán D. Diego de la Presa Carrillo y el Dr. D. Joseph Velaochaga,
Regidores perpetuos de esta ciudad por Su Magestad y lo que ante mí el presente escribano se notó y
confirió fue lo siguiente: En este Cabildo se notó y confirió haber mostrado la experiencia los muchos
milagros que ha ejecutado Nuestro Señor Jesucristo, el cual intitulan y llaman el Santo Cristo de los
Milagros y habiendo tantos años que padece esta ciudad tantas calamidades, así en la esterilidad de
los campos, epidemias y otras fatalidades, para que su Divina Magestad mejore los tiempos y la libre
de todo mal y contagio, se obliga este Cabildo a dotarle una misa cantada con toda solemnidad y
pompa, el día 14 de septiembre, en que se celebra la Exaltación de la Santa Cruz, a que asistiría el
Cabildo para siempre. Y respecto de que la Madre Josefa de la Providencia ha pedido se le aplique el
pedregal que está al pié del cerro San Cristóbal para fabricar y formar alguna huerta con las limosnas
costear dicha misa, se resolvió por todos los señores capitulares se aplique dicho pedregal haciendo
vista de ojos del y los señores comisarios de los solares con el Maestro Mayor de la Fábrica, para que
lo mida y tasen y de todo se hará consulta y representación a Su Excelencia suplicándole se sirva de
confirmar este cabildo y ordenación. Y en veintisiete de dicho mes de septiembre el dicho Cabildo,
Justicia y Regimiento de dicha ciudad por ante mí el escribano pasaron a hacer e hicieron el voto
promesa y juramento siguiente: “ Nos, la Justicia y Regimiento de la Muy Noble y Leal Ciudad de los
Reyes del Perú, considerando las calamidades que padecemos y temiendo por nuestras culpas
mayores castigos, implorando la Divina Misericordia que experimentamos en la Sagrada Imagen del
Santo Cristo de los Milagros que se venera en el Santuario, sito en los confines desata ciudad,
hacemos promesa, juramento y voto sobre los Santos Evangelios de cuidar y atender a su mayor
culto y veneración, celebrando todos los años su fiesta, el día de la Exaltación de la Cruz, pidiendo
humildemente a su Divina Majestad que sea guarda y custodia desata ciudad, para que la defienda de
los enemigos visibles e invisibles y de todos cualesquiera males y trabajos que la puedan afligir y lo
firmamos en dicha ciudad, en veintisiete de septiembre de mil setecientos y quince. D. Sebastián
Palomino y Rendón. El Conde del Portillo. Pedro Lazcano Centeno. José Merino de Heredia y Jarava.
Marqués de Santa María. Carlos González Terrones. Diego Carrillo de la Presa. Joseph Velaochaga.
Ante mí, D. Diego Delgado de Salazar, Escribano de su Magestad. En 1937, el alcalde de Lima Luis
Gallo Porras, hizo entrega del Escudo de la ciudad, el cual fue colocado en el vértice superior de las
andas del Señor. El 18 de octubre de cada año, la Municipalidad Metropolitana de Lima le rinde un
solemne homenaje
en la Plaza Mayor de
la capital, en nombre
de toda la ciudad.

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