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Rayuela: Capítulo 68

[Fragmento - Texto completo.]

Julio Cortázar

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en
hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que
él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado
quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo
poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando,
reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al
que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era
apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los
hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios.
Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los
extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa
convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los
esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé!
Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y
márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se
resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en
carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica. de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores. hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl. Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que. . especialmente sus piernas. y sentía que todos la aplaudían. dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica.Texto completo. y los otros se las comían. se dejaba arrancar las ancas. según el humor de ese día o de la hora. y todos los días se esforzaba en ello. Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo. que parecía pollo. Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente. Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad.] Augusto Monterroso Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica. y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana.La rana que quería ser una rana auténtica [Minicuento . Unas veces parecía encontrarla y otras no.

LO FATAL DICHOSO el árbol.. y sufrir por la vida y por la sombra y por lo que no conocemos y apenas sospechamos. y el temor de haber sido y un futuro terror. y más la piedra dura porque ésa ya no siente. y la carne que tienta con sus frescos racimos. y no saber nada. y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos y no saber adónde vamos. que es apenas sensitivo. Ser. y ser sin rumbo cierto.. ¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto. pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo ni mayor pesadumbre que la vida consciente. . ni de dónde venimos!..