CARTA ABIERTA

AL PRESIDENTE RONALD REAGAN*

Honorable Señor Presidente:
Le escribo para decirle que, en mi opinión, y seguramente
también en la de muchas personas, usted ha tenido un triun-
fo político al conseguir que el Congreso de la República de
Honduras aprobara el establecimiento en ese país de un cen-
tro regional de entrenamiento militar en el cual los soldados
salvadoreños van a ser adiestrados por asesores de los muchos
que tienen las Fuerzas Armadas de Estados Unidos; pero me
permito expresar ante usted la opinión de que, como sucede a
menudo en la vida de los hombres, los pueblos y los Estados,
hay un peligro real, no imaginario, de que ese triunfo suyo se
convierta en poco tiempo en la causa de una crisis política de
grandes proporciones para usted, su gobierno y su país; en
una crisis tan seria que podría conducir a la humanidad a una
tercera guerra mundial llamada a ser la última de la larga lista
de guerras que ha conocido la historia.
Es posible que a usted le parezca irracionalmente exagera-
do lo que acabo de decir, y para mí no sería extraño que usted
pensara así porque de la manera como usted se comporta en
relación con los acontecimientos de Centroamérica se deduce

*
Vanguardia del Pueblo, Año IX, N° 402, Santo Domingo, Órgano del PLD,
29 de junio de 1983, p.4.

63
64 JUAN BOSCH

que ni usted ni los que le acompañan en la elaboración de la
política centroamericana de su gobierno se han hecho cargo
de que a los pueblos de esa parte del Caribe no se les pueden
aplicar los juicios de valor que se emplean en los países capita-
listas altamente desarrollados, entre los cuales descuella Esta-
dos Unidos.
Por ejemplo, a ningún norteamericano se le ocurre la idea
de que un militar de su país puede desobedecer órdenes de
sus jefes inmediatos, esto es, de los que los dirigen en el terre-
no donde están celebrándose o van a celebrarse inmediatamen-
te batallas o combates; y como piensan así trasladan esa convic-
ción a un campo de acción diferente, digamos, a Honduras,
porque les atribuyen al Congreso de ese país y a su gobierno y
sus militares los valores que en relación con el Congreso, el
gobierno y los militares de Estados Unidos han cristalizado a lo
largo de los siglos que han transcurrido desde que el territorio
de Norteamérica pasó a ser colonizado por los ingleses.
Así como un oficial salvadoreño ordenó la violación y el
asesinato de monjas norteamericanas y otro ordenó hace muy
pocas semanas la matanza de 74 campesinos miembros de
una cooperativa agrícola porque se negaron a permitir que un
latifundista hiciera un camino a través de las tierras de su
cooperativa, así cualquier oficial hondureño puede, el día
menos pensado, ordenar el bombardeo terrestre o aéreo de un
lugar nicaragüense que podría ser una ciudad importante, y
el día en que sucediera algo parecido a eso el gobierno de
Nicaragua respondería lanzando sobre Honduras todo el po-
der de fuego de que dispone, y en ese momento, honorable
señor Presidente, habrá empezado una guerra, pero no una
guerra limitada a Honduras y Nicaragua, y ni siquiera limita-
da a Centroamérica porque en ella se vería envuelto Estados
Unidos, quiéranlo o no lo quieran usted y sus consejeros po-
líticos y militares.
OBRAS COMPLETAS 65

Lo que acabo de decir no es producto de mi imaginación
ni suposición caprichosa, honorable señor Presidente; es el
resultado natural del conocimiento que tiene cualquier polí-
tico latinoamericano que esté situado en el terreno ideológico
en que estoy yo de la realidad social de nuestros pueblos, que
es muy diferente de la realidad social norteamericana; tan di-
ferente como lo son la historia, el grado de desarrollo econó-
mico y científico de los ciudadanos de Estados Unidos y los
de los pueblos de Centroamérica, para ceñirme a esa porción
del Caribe, tal como lo hice al comenzar esta carta abierta.

Lo que dijo Sandino
Ese conocimiento de la realidad social de nuestros pueblos
me autoriza a afirmar que al proclamar usted con hechos y
palabras que el poderío militar norteamericano está apoyando
al ejército de Honduras para que éste a su vez apoye a las
bandas somocistas que atacan desde Honduras el territorio
nicaragüense, no uno, sino varios oficiales y soldados de Hon-
duras se sentirán poseídos por una fuerza sobrenatural de ori-
gen divino que los llevará a actuar como agentes de seres su-
periores encargados por los dioses de barrer, ellos sólos, con
Nicaragua entera, y para evitar eso no valdrán las nociones de
disciplina que se propongan inculcar en las cabezas de los
militares hondureños los asesores que el Pentágono envíe al
centro regional de adiestramiento que su gobierno acaba de
establecer en Honduras.
Debo aclarar, honorable señor Presidente, que el estallido
de una guerra entre Nicaragua y Honduras no se debería, en
caso de que se produjera, sólo a la posibilidad de un acto
incontrolable ejecutado por un oficial hondureño; se debería
también al hecho de que los líderes sandinistas, sean hombres
o sean mujeres, están dispuestos a hacer respetar, a cualquier
precio, la soberanía del Estado que ellos dirigen por mandato
66 JUAN BOSCH

de la historia de su país, porque esos líderes se encuentran en
el mando del aparato del Estado nicaragüense debido a que
supieron interpretar correctamente lo que su pueblo necesita-
ba para dejar atrás una dictadura de más de cuarenta años, y
abandonaron sus estudios, sus trabajos, sus hogares, y se fue-
ron a las montañas a arriesgar la vida cada día para llevar a
cabo lo que la historia de su patria les demandaba que hicie-
ran. Para esos hombres y mujeres, honorable señor Presiden-
te, las palabras con que Sandino inició su lucha contra la últi-
ma de las varias intervenciones militares norteamericanas que
había sufrido Nicaragua son la ley de sus vidas, y si no fuera
así no merecerían estar gobernando su patria, no merecerían
el respeto de América, que se han ganado con su heroísmo
ejemplar y su lucha en defensa de su pueblo.
Las palabras de Sandino fueron escritas en respuesta a una
carta que había recibido de G. D. Hatfield, comandante de las
fuerzas norteamericanas destacadas en Ocotal, en la que ese
oficial le anunciaba que si no entregaba sus armas “...usted será
proscrito y puesto fuera de la ley, perseguido dondequiera y
repudiado en todas partes, en espera de una muerte infamante;
no la del soldado que cae en la batalla, sino la del criminal que
merece ser baleado por la espalda por sus propios seguidores”.
A ese lenguaje insolente Sandino respondió con 37 pala-
bras, que fueron éstas: “Recibí su comunicación ayer y estoy
entendido de ella. No me rendiré y aquí los espero. Yo quiero
patria libre o morir. No les tengo miedo; cuento con el ardor
del patriotismo de los que me acompañan”.

Si Nicaragua pide ayuda
Si Nicaragua es atacada y su Junta gobernante devuelve el
ataque, ¿cuál sería la posición que adoptaría el gobierno que
usted preside, honorable señor Presidente? ¿Ignorar los he-
chos o acudir en ayuda de Honduras?
OBRAS COMPLETAS 67

Opino que en un trance parecido su gobierno no podría
dejar a Honduras en la estacada porque eso equivaldría a aban-
donar a su suerte a un socio complaciente de Estados Unidos,
ejemplo que disminuiría de manera escandalosa el prestigio de
su país en el mundo; pero, al mismo tiempo, creo que en el caso
de que su gobierno pusiera del lado hondureño el tremendo
poderío militar norteamericano la Junta gobernante de Nicara-
gua se vería en el caso de pedir ayuda a otros gobiernos, por
ejemplo, a los de América Latina que, por razones de fraterni-
dad histórica, no podrían quedarse de brazos cruzados ante una
situación como la que crearía la intervención de Estados Uni-
dos en una guerra que llevaran a cabo dos países hermanos.
Los que se hallan al tanto de los cambios que están operán-
dose en América Latina saben que hay, por lo menos, un go-
bierno que le prestaría ayuda al de Nicaragua si ésta se la
pidiera para hacerle frente a una alianza militar de Honduras
y Estados Unidos. Ese gobierno, honorable señor Presidente,
sería el de Cuba, y no le daría ayuda a Nicaragua porque sea
enemigo de Estados Unidos ni del gobierno que usted presi-
de ni debido a que sea parte de eso que llama usted eje sovié-
tico-cubano. Hace muy pocos días el funcionario guberna-
mental que tiene el lugar más destacado en Cuba después del
presidente Fidel Castro, el Dr. Carlos Rafael Rodríguez, de-
claró que el gobierno de su país desea que se normalicen las
relaciones de Cuba y Estados Unidos de tal manera que pasa-
ran a ser mutuamente beneficiosas.
La Junta gobernante de Nicaragua es un gobierno legíti-
mo aunque no llegara al poder a votazos sino a balazos, por-
que no es cierto, honorable señor Presidente, que sólo son
legítimos los gobiernos que se forman por la vía electoral como
ha dicho usted al referirse a un posible y futuro gobierno de
El Salvador. De ser así, y dado que esa legitimidad impone el
respeto de parte de los gobiernos que mantienen relaciones
68 JUAN BOSCH

con el que ha sido reconocido como legítimo, no habría podi-
do el que encabezó Richard Nixon en su país tomar parte en
el golpe militar chileno de 1973 que le costó la vida al presi-
dente Allende.
La Junta gobernante de Nicaragua es un gobierno legíti-
mo y nada lo demuestra mejor que el hecho de que tiene un
asiento en las Naciones Unidas y otro en la OEA, pero, sobre
todo, mantiene relaciones diplomáticas, a nivel de embajado-
res, nada menos que con el gobierno que está haciendo todo
lo posible por derrocarlo, que es el que usted preside, honora-
ble señor Presidente, y si ese u otro gobierno legítimo le pide
ayuda a Cuba, Cuba se la dará, no porque entre Cuba y Nica-
ragua haya una alianza secreta fundamentada en afinidades
políticas sino porque la decisión de dar o negar esa ayuda es
uno de los atributos de la soberanía de cualquier Estado, y el
gobierno cubano está resuelto a hacer respetar la soberanía
del Estado cubano cueste lo que cueste, actitud que tiene el
respaldo de su pueblo porque cada cubano, como millones y
millones de latinoamericanos, firma con su sangre las pala-
bras de Sandino: “Yo quiero patria libre o morir”.

La tercera guerra mundial
Yo he venido siguiendo con cuidado el desarrollo de su polí-
tica centroamericana y en algunas ocasiones he pensado, ho-
norable señor Presidente, que en lo más profundo de su alma
se agita un deseo que probablemente usted mismo no cono-
ce; el deseo de que las presiones ejercidas por su gobierno
sobre la Junta gobernante de Nicaragua la lleven a buscar
apoyo militar en la Unión Soviética dado que una solicitud
de esa naturaleza le daría validez a su tesis de que todo cuanto
está ocurriendo en América Central es obra de una conjura
soviético-cubana cuidadosamente planeada para poner en pe-
ligro la existencia misma de Estados Unidos.
OBRAS COMPLETAS 69

Aunque sea en contadas ocasiones, a veces sucede que una
persona crea una concepción falsa a partir de un criterio inco-
rrecto y comienza a actuar de tal manera que sin darse cuenta
todo lo que hace y dice lo va llevando por sus pasos contados
a provocar demostraciones de que aquella concepción falsa
había sido correcta; y yo me pregunto, honorable señor Presi-
dente, si la política que su gobierno aplica en Centroamérica,
su intervención desorbitada en los problemas cuya solución
compete sólo a los salvadoreños, y su conducta inexplicable
con la Junta gobernante de Nicaragua, no obedecerá a una
necesidad, no percibida por usted de manera consciente, de
forzar a los revolucionarios de El Salvador y al alto mando
sandinista a pedir apoyo a la Unión Soviética dado que si eso
sucediera quedaría confirmada su tesis de que todo lo que
sucede en Centroamérica es obra de esa conjura soviético-cu-
bana que usted ha descubierto y denuncia con frecuencia.
Estados Unidos llevó a cabo la primera guerra de indepen-
dencia del Nuevo Mundo, le hizo una guerra injustificada a
México con la cual le arrebató a ese país más de la mitad de su
territorio; mantuvo varias guerras con los indios de su propio
país y sostuvo durante cuatro años una guerra civil entre Es-
tados del Norte y Estados del Sur que fue terriblemente cos-
tosa en vidas y bienes destruidos; participó en la guerra his-
pano-cubana e intervino militarmente en numerosas ocasiones
en México, Nicaragua, Cuba y República Dominicana, y una
vez en Haití, y que se sepa, en ninguno de esos episodios de la
historia de Estados Unidos jugaron papel alguno la Unión
Soviética o Cuba, ni juntas ni separadas. Pero ahora, honora-
ble señor Presidente, hay peligro de que su política centro-
americana lleve a Nicaragua a pedirle a Cuba ayuda militar, y
si Nicaragua se la pide, Cuba se le dará; y si Cuba le da ayuda
a Nicaragua el gobierno que usted encabeza se verá forzado a
lanzar sobre Cuba el poderío armado de Estados Unidos, y
70 JUAN BOSCH

un hecho así desataría la tercera y última guerra mundial,
porque la Unión Soviética no podría ser indiferente a un ata-
que norteamericano a Cuba.
Es verdad que un ataque nuclear de la Unión Soviética a
Estados Unidos demostraría que su tesis acerca de la conjura
soviético-cubana contra la existencia de su país era correcta;
sin embargo, sería mejor, honorable señor Presidente, que su
tesis fracasara, pero que la humanidad sobreviviera.