CARTA AL PRESIDENTE DE VENEZUELA

Santo Domingo, R.D,
Agosto 13 de 1979

Dr. Luis Herrera Campins,
Presidente de Venezuela,
Palacio de Miraflores,
Caracas, Venezuela.

Muy estimado amigo:
En periódicos dominicanos se ha publicado la noticia de que
el presidente del Instituto Azucarero de Venezuela está ha-
ciendo gestiones en Washington para conseguir que el Banco
de Exportación e Importación le conceda a esa entidad un
préstamo de 60 millones de dólares que se dedicarían a la
compra y montaje de nuevos ingenios azucareros a fin, decían
las informaciones, “de ampliar la producción azucarera y su-
perar el déficit en el abastecimiento del consumo interno”.
El cable de la UPI que transmitió la noticia terminaba di-
ciendo que Venezuela tuvo que importar el año pasado 360
mil toneladas del dulce para satisfacer sus necesidades, y me
permito llamar su atención hacia el hecho de que de esas 360
mil toneladas, 175 mil fueron compradas en la República
Dominicana, según datos obtenidos en fuentes autorizadas.
La venta se hizo a razón de 10.82 dólares c.i.f. el quintal de
100 libras, equivalente a 9.20 dólares f.o.b. Santo Domingo,

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lo que representó 32 millones 200 mil dólares si se trató de
toneladas de 2 mil libras y 36 millones si fueron toneladas
métricas. Lo mismo en el caso de la primera que de la segun-
da cantidad, el azúcar que los dominicanos vendieron en Ve-
nezuela el año pasado significó un buen aporte al total de las
ventas hechas a su país, que alcanzaron ese año a 54 millones
350 mil dólares, si bien lo que compramos ahí sobrepasó los
185 millones, de manera que el saldo en perjuicio de la Re-
pública Dominicana anduvo por encima de los 131 millones.
Nuestras ventas de azúcar a Venezuela en este año han
sido de 225 mil toneladas, 50 mil más que el año pasado y al
mismo precio, de manera que en ese renglón las compras ve-
nezolanas podrían subir desde 42 millones 400 mil hasta 50
millones 400 mil dólares, pero los estimados oficiales indican
que nuestra compra de petróleo a su país sobrepasará con
mucho los 280 millones, de manera que el saldo negativo
será, al terminar este año, mucho más alto que el pasado.
(Hago un paréntesis para decirle que si los informes esta-
dísticos de Venezuela no coinciden con los datos que le doy
en esta carta se deberá al hecho de que una parte importante
de las importaciones dominicanas de petróleo, quizá el 40 por
ciento, figuran en los boletines del comercio exterior de nues-
tro país como procedentes de las Antillas Holandesas debido
a que en Curazao se refina el petróleo venezolano que la Shell
nos vende reconstruido para procesarlo en la planta destiladora
que tiene aquí, en sociedad con el Estado, que opera con el
nombre de Refinería Dominicana de Petróleo, S.A.).
Como puede Ud. ver la balanza comercial de 1979 está
llamada a favorecer a Venezuela en más de 200 millones de
dólares, y visto que el petróleo sube año tras año como re-
sultado de la baja constante del dólar, ese saldo favorable
a su país está llamado a ser más alto en 1980 y más aún en
1981; pero será ruinoso para la República Dominicana cuando
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Venezuela esté produciendo todo el azúcar que consume, po-
sibilidad anunciada en el cable de la UPI a que me referí en el
primer párrafo de esta carta. ¿Y sabe Ud. quién será entonces
el más perjudicado? Lo será el Estado dominicano, propieta-
rio de 12 de los 16 ingenios azucareros del país. De las 225
mil toneladas que han sido vendidas a Venezuela este año,
134 mil 370 corresponden a los ingenios del Estado, 72 mil
742 a un ingenio propiedad de norteamericanos y 17 mil
888 a la Casa Vicini, firma nacional.
La infortunada situación de que mientras el precio del pe-
tróleo sube el del azúcar baja (especialmente en los Estados
Unidos, debido a la política proteccionista de los industriales
norteamericanos de ese dulce que ha puesto en marcha el
Gobierno del presidente Carter) se traduce en una amenaza
seria para el pueblo de este pequeño país que viene luchando
de manera desesperada desde hace siglos, por sobrevivir a tre-
mendos males históricos. Para los dominicanos, mantener fun-
cionando la industria azucarera equivale a mantener la vida
de la nación porque es la mayor empleadora de mano de obra
del país, en una proporción de más del 66 por ciento en el
caso de las que operan fuera de las llamadas Zonas Francas
Industriales que son enclaves no permanentes de industrias
ligeras que funcionan fuera del marco de las leyes laborales
dominicanas.
En los últimos años el Consejo Estatal del Azúcar domini-
cano ha estado perdiendo dinero y el Estado ha tenido que
hacer préstamos a bancos comerciales extranjeros para cubrir
esas pérdidas; al mismo tiempo el Instituto Azucarero de Vene-
zuela busca en Washington dinero prestado para aumentar
su producción mientras en el intercambio comercial con la
República Dominicana, Venezuela, gracias al alto precio del
petróleo, tendrá en 1979 un superávit no menor de 200
millones de dólares. ¿No podrían nuestros dos países iniciar
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una nueva época en la historia de las relaciones internaciona-
les con la creación de un conjunto empresarial estatal que les
garantizara el abastecimiento de azúcar a Venezuela y el de
petróleo a la República Dominicana en condiciones favora-
bles para los dos países?
La República Dominicana tiene minas de oro y plata, de
bauxita, de ferroníquel, y todo indica que las hay de otros
minerales, y un acuerdo como el que me he permitido suge-
rirle podría hacerse usando esas riquezas como garantía de
que el Estado dominicano podría asegurarle al de Venezuela
el pago de su petróleo, y al ofrecerle a Venezuela la garantía
de esas minas, el Gobierno dominicano que lo haga tendría
necesariamente que convertirse, antes, en su propietario, cosa
que para perjuicio de nuestro pueblo no sucede hoy. Así
pues, lo que propongo a manera de una idea reclamaría un
paso de avance muy importante en la vida pública domini-
cana, que sería el de rescatar de manos extranjeras esas ri-
quezas no renovables.
Voy a terminar preguntándole si no cree Ud. que un acuer-
do de ese tipo sería el punto de partida para iniciar un proceso
de unidad de nuestros pueblos llamado a ser en los hechos el
mejor homenaje a la memoria del Libertador que podrían hacer
tanto los dominicanos como los venezolanos.
Reciba, Dr. Herrera Campins, los saludos cordiales de
su amigo.
Juan Bosch
LLEGÓ LA HORA DE ADOPTAR
UNA POLÍTICA PARA EL ORO*

Desde hace varios años el Banco Central tiene en sus activos 85
mil 715 onzas de oro que hasta principios de 1972 valían 3
millones de dólares, que en ese año, con el aumento de precio
del oro, pasaron a valer 3 millones 257 mil y en diciembre de
1973 habían subido a 3 millones 619 mil. Al comenzar el año
1977 ese mismo oro, al que no se le había agregado ni una
onza, estaba valiendo 4 millones de dólares, y al finalizar el
1977 valía 4 millones 400 mil. En junio del año siguiente los 4
millones 400 mil dólares habían pasado a ser 18 millones 900
mil; al mes siguiente eran 19 millones 19 mil; en agosto, mes
en que Antonio Guzmán tomó posesión de su cargo de Presi-
dente de la República, aquellos 3 millones de dólares en oro se
habían convertido en 20 millones 700 mil, y siete meses des-
pués —en marzo de 1979— eran 27 millones 400 mil; en
junio habían llegado a 31 millones; en octubre pasaban a ser
42 millones 400 mil, en diciembre eran 48 millones 400 mil y
en marzo de 1980 estaban convertidos en 59 millones.
Eso quiere decir que si en vez de tener en sus activos 3
millones de dólares en oro el Banco Central hubiera tenido
30 millones, esos 30 millones habrían valido el mes pasado
590 millones de dólares y el país se habría librado de tener

*
Política, teoría y acción, Año I, N° 4, Santo Domingo, Organo del Comité
Central del PLD, abril de 1980, pp.1-4.

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que desembolsar en los próximos nueve años casi 702 millo-
nes para pagar 345 millones que se cogieron prestados a ban-
cos comerciales extranjeros a fines de 1979.
Pero eso quiere decir también que en lo que se refiere al
oro el Gobierno y sus más altos funcionarios tienen en esos
números una lección que ninguno de ellos ha querido apren-
der, y lo decimos porque a ninguno se le ha ocurrido la idea
de que el país necesita tener definida en conjunto y en detalle
una política acerca de lo que debe hacerse con el oro domini-
cano, que es por ahora la fuente de riqueza más importante
que tenemos a nuestra disposición.
El Partido de la Liberación Dominicana le ofreció al
Gobierno las bases para elaborar una política del oro cuando
propuso que el doré que se saca de la mina de Pueblo Viejo
se depositara en las bóvedas del Banco Central para vender
el oro y la plata que lo forman en el momento en que más
provecho para el país pudiera sacárseles a esos metales; y la
respuesta del gobernador del Banco Central fue que noso-
tros somos productores de oro, pero no especuladores; y como
la especulación, de acuerdo con el diccionario de la Real
Academia de la Lengua Española, es la “operación comer-
cial que se practica con mercaderías, valores o efectos públi-
cos, con ánimo de obtener lucro”, y como lucro quiere decir,
según el mismo diccionario, “ganancia o provecho que se
saca de una cosa”, el alto funcionario gubernamental se de-
claró a sí mismo en esas palabras opuesto a que el país se
beneficie del oro que produce, y por tanto incompetente
para seguir desempeñando las funciones que le confió el
Gobierno.
El presidente Guzmán respondió en cierta forma a la pro-
puesta del PLD ordenando que se deposite en el Banco Cen-
tral el 10 por ciento del oro que se saque de Pueblo Viejo, lo
que significa que si en vez de tener entre sus activos 85 mil
OBRAS COMPLETAS 115

715 onzas de oro hubiera tenido 8 mil 571.5, en marzo de
este año el Banco Central habría contado sólo con 5 millones
900 mil dólares en oro y no con los 59 millones que tenía.
El oro acaba de pasar —y puede que todavía esté pasan-
do— por una prueba de fuego de la cual hasta este momento
ha salido sin sufrir daños, de manera que todavía estamos a
tiempo de adoptar una política que nos permita sacar del que
producimos el beneficio más alto que pueda darnos en los
años de vida que tienen los yacimientos de Pueblo Viejo y
Montenegro. Esa prueba de fuego consistió en la subida al 20
por ciento de interés del dólar para la prime rate —que pode-
mos traducir llamándola la tasa más confiable—; y como lo que
acabamos de decir requiere una explicación, aunque sea bre-
ve, vamos a decir por qué esa alza en el interés del dólar tenía
que ver con el precio del oro.
Sucede que fuera de los Estados Unidos hay enormes can-
tidades de dólares; los llamados eurodólares, que están depo-
sitados en bancos europeos y también en cajas de caudales
privadas, y los petrodólares, que se destinan a las compras de
petróleo que se les hacen a los Países Exportadores de Petró-
leo (OPEP), los cuales hasta el momento no aceptan otra mo-
neda en pago de sus combustibles. El Morgan Guarantee Trust
estimaba a fines de 1978 que en ese momento los eurodólares
eran unos 475 mil millones; y en cuanto a los petrodólares, se
creía que a mediados del año pasado subían a 70 mil millones
a los cuales se agregarían este año 65 mil millones. Los espe-
cialistas norteamericanos en la materia monetaria pensaban
que al comenzar este año habría fuera de los Estados Unidos
no menos de 550 mil millones de dólares, suma que presio-
naría el valor del dólar hacia bajo en los mercados mundiales
de divisas y que se reflejaría dentro de los Estados Unidos en
un agravamiento de la inflación, dos males que el país venía
padeciendo desde hacía años.
116 JUAN BOSCH

El exceso de euro y petrodólares ha estado creando en los
últimos años miedo a un desplome del dólar y subidas violen-
tas del oro, especialmente en enero y febrero de este año cuando
se supo que la inflación en los Estados Unidos había sido en
1979 superior al 13 por ciento, lo que significaba una pér-
dida sustancial del poder adquisitivo del dólar y provocaba
fuera del país su venta a cambio de oro. En su libro The Fate
of the Dollar,* publicado este año, Martin Mayer, que fue un
bestseller con su obra The Bankers, ofreció numerosas insinua-
ciones de que la subida de la prime rate iba a producirse de
momento porque Estados Unidos se veía forzado a ofrecer
un interés ventajoso a los muchos miles de millones de euro
y petrodólares que hay fuera del país para hacerlos volver a
los bancos norteamericanos y también para ponerle fin a la
subida de precio del oro. (Por cierto, no es disparate pensar
que de la misma manera que Martin Mayer se enteró de que
la prime rate llegaría a alturas desconocidas en casi siglo y
medio y que eso provocaría la baja del precio del oro, pudo
y debió enterarse también la Rosario Resources, lo que ex-
plicaría la causa de que esa compañía minera se apresurara a
ofrecerle al Gobierno dominicano en venta la mina de Pue-
blo Viejo).
La prime rate subió al 20 por ciento y sin duda algunos
miles de millones de dólares debieron pasar de Europa, África
y Arabia a los Estados Unidos, pero no fueron las cantida-
des que esperaban las autoridades monetarias norteamerica-
nas, porque la prime rate ha empezado a bajar antes del mes
de su subida y porque el precio del oro no se desplomó como
se creyó que iba a suceder. Al contrario, el mismo día en
que la prime rate llegaba al 20 por ciento —el 2 de abril—,

*
El título podría traducirse como El Destino del Dólar. La edición fue hecha por
Truman Talley Books, de New York.
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el Fondo Monetario Internacional vendió 440 mil onzas a
484 dólares con 1 centavo y el día 18 cerraba a 515.50 en
Francfurt y Zurich.
Esos datos nos indican que el oro podrá bajar ocasional-
mente de 500 dólares, pero deberá mantenerse por encima de
esa marca por lo menos mientras no se pongan en explotación
grandes minas que puedan lanzar al mercado cantidades de
ese metal tan excesivas que provoquen una baja por falta de
demanda*.
Esa es nuestra convicción, que no se apoya en estimaciones
caprichosas sino en un análisis serio de la situación económica
y monetaria de los países capitalistas que vienen haciendo
desde hace años los técnicos del PLD en la materia.
El oro va a mantener su precio actual, con fluctuaciones
hacia abajo, pero también hacia arriba, y el Gobierno domi-
nicano aparecerá ante el pueblo y ante la historia como res-
ponsable de lo que el país pierda si no se adopta y aplica
cuanto antes una política de venta del oro y de la plata que
sea fácil de ejecutar; una política elaborada a base de planes
serios, que el Partido de la Liberación Dominicana está dis-
puesto a someterle al Gobierno si éste se compromete a estu-
diarlos con una actitud que se corresponda con la importan-
cia del problema que estamos planteando.
El PLD tiene argumentos buenos para demostrar que du-
rante los primeros dieciocho meses del Gobierno del presi-
dente Guzmán la venta del oro y la plata, a precios prome-
dios, no a los más altos, pudo haber producido 200 millones
de dólares más que los 276 millones que recibimos en ese

*
Véase al respecto el artículo de Ernst Mandel, “El despegue del oro”, en la
revista Inprecor, Nº 12, correspondiente a febrero de 1980, pág.13, en el que
el autor afirma que la tasa de inflación media en los EE.UU. es de 750 por
ciento en relación con el año 1910, cuando el precio de la onza de oro era de
20 dólares.
118 JUAN BOSCH

tiempo. Como es natural, los mismos argumentos y los mis-
mos datos usados por el PLD para llegar a esa conclusión
sirven para demostrar que esos 200 millones los perdió el
pueblo dominicano porque el Gobierno no ha querido adop-
tar una política que se aplique al manejo del oro y la plata
para provecho del país.
4, abril de 1980.