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LECTURAS CON B

La bicicleta de Beto
Beto tiene una bicicleta roja, le gusta recorrer el parque montado en
ella. ¡Es muy veloz! Un domingo Beto despertó para salir a pasear en su
bicicleta, pero ¡la bicicleta había desaparecido!
-Mamá, mi bicicleta no está, se la robaron.
-¿Cuál bicicleta, Beto? Tú no tienes una.
-Claro que sí, mamá. Todos los días voy al parque de enfrente a jugar
con mi bici- dijo Beto un poco enojado, no le gustaba que su mamá le
hiciera una broma en un momento tan importante cómo este.
-No hay ningún parque, Beto, asómate a la ventana y verás que enfrente
sólo hay edificios.
Beto se asomó a la ventana ¡no lo podía creer! Era verdad, frente a su
casa sólo había edificios grises y fríos.
¿Cómo era posible eso? ¿Cómo podía desaparecer un parque y una
bicicleta de la noche a la mañana y sin dejar rastro? ¿Cómo se podían
construir edificios tan rápidamente?
-Aquí pasa algo muy extraño -dijo Beto.
-Seguramente soñaste que tenías una bicicleta -dijo su mamá muy
seria-. Saca a Bob, ya es tarde y debe tener muchas ganas de ir a
caminar. Acuérdate que debes llevar una bolsita para recoger su popó y
no te tardes.
-¿Quién es Bob?
-¿Cómo que quién es Bob? Pues tu perro.
En ese momento se escuchó un ladrido, parecía que Bob estaba
ofendido porque su dueño no lo recordaba.
-¡Soy alérgico a los perros!
-Claro que no, Beto, ya deja de jugar y saca a Bob.
Beto obedeció a su mamá, pero estaba confundido ¿de verdad había
soñado su bicicleta roja?
-Creo que estoy soñando que tengo un perro- dijo Beto en voz alta-,
mañana me voy a despertar en mi casa, con mi bici y sin perro. ¡Qué
mal! Me encanta tener un perro, pero en la vida real soy alérgico a los
animales.
Beto decidió aprovechar su sueño y jugar con Bob, que sólo existía en
su mente. Al llegar la noche se despidió muy
triste del pequeño juguetón.
-Hasta pronto, Bob, prometo regresar cada noche en mis sueños.
Al despertar, Beto corrió a buscar si bicicleta roja y la encontró en el
mismo lugar de siempre, pero Bob había
desaparecido.
Beto se sintió un poquito triste, pero cada noche regresaba a esa
dimensión extraña en donde tenía un perro y no una bicicleta roja.
FIN