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DIVISIÓN DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMNIDADES

DE LA UNIVERSIDAD DE GUANAJUATO

1er. ENCUENTRO INTERDEPARTAMENTAL DE CIENCIAS SOCIALES Y


HUMANIDADES

CRISIS DE LA PAIDEIA Y LA FILOSOFÍA

Ponencia:
“La Enseñanza de la Filosofía como un Derecho Humano”

Línea Temática: Filosofía y Educación

Manuel Cacho Alfaro


Académico de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 León
RESUMEN
Las declaraciones de los derechos del hombre se encuentran sustentadas en tres
principios:
1. El hombre es por naturaleza libre.
2. La naturaleza se manifiesta y se realiza en el hecho social.
3. El derecho instaurado en la sociedad, llamado derecho “positivo”, debe dar
cuenta de un derecho “natural” que comprende a la esencia humana.
El hombre solamente es capaz potencialmente de ejercer su razón, por el ejercicio
del pensamiento. Esta ha resultado posible por la vida en sociedad y la educación.
Permitir al hombre realizar su esencia conduce por tanto a reconocer la legitimidad
de un derecho a la filosofía, que la sociedad debe traducir en su enseñanza para
todos. Este derecho en la práctica implica el derecho de filosofar, subrayando la
parte que una cultura filosófica puede jugar en la práctica individual.

Presentación

La enseñanza de la filosofía a todos los estudiantes puede justificarse con


argumentos de distintos campos disciplinarios.

Desde un punto de vista sociológico, estaría relacionada con una fuerte demanda
social de actividades dirigidas a “dar sentido a la existencia”. Por otra parte,
permitiría quizás una mejor integración social de los estudiantes que se hallan en
una situación escolar difícil, favoreciendo la incorporación de lo colectivo, de lo
general, incluso de lo universal, en sus pensamientos. Al lograr un mejor control,
en el aspecto intelectual sobre sus dificultades, evitarían el recurso de la violencia.
Viéndolo desde la pedagogía, sería un apoyo importante para reorganizar
progresivamente la relación del alumnado con las disciplinas estudiadas y
proporcionarles sentido.

Psicológicamente, facilitaría el desarrollo intelectual, por medio de la supuesta


interconexión entre el desarrollo de la razón, el desarrollo de la inteligencia y el
desarrollo de las emociones.

Por lo que respecta al ámbito de la Moral, permitiría el análisis crítico del “bien” y
de los valores que se pueden fundar en éste, sería favorecer la emergencia de un
hombre mejor.

Sean verdaderos o falsos, estos cuatro aspectos no se deben pasar por alto
cuando se argumenta la importancia de un trabajo de naturaleza filosófica con
todos los estudiantes. Lo que conduce a no querer descartarlos definitivamente.
Pese a que no parecen reflejar más que aspectos contingentes de una enseñanza
filosófica para todos. Son expresión de una demanda ligada a circunstancias
particulares, en las cuales la filosofía aparece como “un medio para…” responder
a la demanda social, a las dificultades del funcionamiento pedagógico. También
hay contingencias en el sentido de que estos aspectos se reflejan en valores que
crean conflictos, ¿No es a través de estos que, por constituir la base de un
proyecto centrado en el hombre, se quiere crear un modelo humano determinado
de manera anticipada? ¿No se está además dentro de un dominio estricto
asignado a la escuela republicana: el de la instrucción?

Por otro lado, una cuestión se manifiesta con fuerza, cuando se desprende del
“derecho a la filosofía” que una sociedad fundada en el respeto de la naturaleza
humana debería llevar a la práctica por medio de su enseñanza. Nuestra sociedad
hace de los derechos humanos, principios de la constitucionalidad, sin evocar, no
obstante, un derecho a la filosofía. No aparece en efecto, en ninguna declaración.
¿Acaso es por ello ilegítimo?

Desarrollo

Desde 1789, se han sucedido y enriquecido numerosas declaraciones para arribar


finalmente a la declaración de 1948. Éstas han preservado tres principios
esenciales que se pueden establecer con precisión. Toda reivindicación de un
“nuevo” derecho, como el derecho a la filosofía, se apoyará en la Didea de que
hay una falla en estos principios, o que no están completos.

Primer principio: el hombre es por naturaleza libre. La idea de que existe una
naturaleza humana constituye el fundamento mismo de las declaraciones, el
pedestal sobre el que las declaraciones se apoyan para reivindicar los derechos.
Esta idea es el resultado, en realidad, de un razonamiento. El hecho de poseer
una esencia, naturalmente determinaría lo que un ser tendría el derecho de hacer.
Este derecho sería inalterable, y estaría ligado al hecho mismo de existir. Ahora
bien, existe una esencia humana que se manifiesta en cada individuo: su libertad,
que es indefinible y que, además, establece las posibilidades y los límites. ¿De
qué libertad se trata en realidad? La lista de libertades presentadas en las
declaraciones es larga. Al estudiarlas en detalle, se constata que todas suponen
que el hombre es un ser consciente, capaz de informarse y de juzgar gracias al
uso de la razón.

Segundo principio: esta naturaleza humana se manifiesta en la sociedad.


Aparentemente existe aquí una paradoja; por una parte, se dice que la
organización política se deriva directamente de principios legítimos, de un derecho
“natural”. Sin embargo, al mismo tiempo, el hecho “natural” y el hecho “cultural”,
político, no pueden pensarse independientemente: el derecho natural de todo
hombre no puede reafirmarse sino dentro del marco del derecho instaurado por la
sociedad. Sólo la sociedad permite hacerlo existir, llevarlo a la práctica y realizarlo.
Tercer principio: el derecho instaurado por la sociedad, que se denomina derecho
“positivo”, debe por tanto ser congruente con el derecho “natural” correspondiente
a la naturaleza humana. Esto establece la concepción de un nuevo tipo de estado,
que se apoya en derechos universales, y se compromete a respetarlos. Es lo que
se llama el estado de derecho.

Los derechos del hombre se abren así a perspectivas políticas nuevas y


universales. Pero las declaraciones no son textos filosóficos. Los principales se
enuncian, no se demuestran, y se apoyan sin cuestionamientos en concepciones,
por ejemplo, cristianas del hombre: dado que el hombre es libre, puede hacer el
mal… ¿Al incorporarse la concepción del hombre libre como un hecho natural y
probado, sin hacerse muchas preguntas, no se fuerza la aplicación de los
derechos del hombre?

Fundamentos

La estructura de los derechos del hombre se apoya en la libertad humana. Ahora


bien, tal como hemos visto, ésta se apoya a su vez en la razón; el hombre es libre
porque puede elegir ser iluminado por la razón. Lógicamente, ¿no deberían ser la
razón y su relación con los principios, objetos primarios para un cuestionamiento
del derecho? Para comprender los derechos del hombre debemos intentar
hacernos preguntas sobre las concepciones de la razón en las cuales se apoyan.
Cuando se elaboró la primera declaración, los análisis de descartes eran una
fuente esencial, intelectual e histórica, de la reflexión occidental sobre la razón. La
búsqueda filosófica de la verdad condujo al autor, en el Discurso del método, a
intentar determinar las condiciones racionales que debe cumplir un método para
crear conocimiento. La claridad de la obra, el estilo inusual con que se exponen
las ideas, la naturaleza del procedimiento descrito y la exigencia conceptual que
caracteriza la obra, explica el enorme impacto, su importancia para esta
declaración.
Tres principios se explicitan en este discurso”:
• Todo individuo está dotado de raciocinio;
• El hecho de estar capacitado para el uso de la razón no significa, sin
embargo, que se pueda aplicar bien;
• Se pueden determinar los principios de un método del conocimiento que
cada uno pueda adoptar o no, y que, de hacerlo, lo capacitarían aún más
para el uso de la razón. Tales principios se exponen en la obra.

Esta descripción de la razón parece paradójica. Por una parte, nos permite
reflexionar sobre un derecho “natural” del individuo, puesto que cada uno tiene la
facultad de razonar, de ser “sensato y objetivo”. Al mismo tiempo, esta descripción
pone en tela de juicio la posibilidad natural y espontánea de ejercer plenamente la
razón, dado que se ha de educar. Reflexionar sobre los derechos humanos debe
conducirnos a precisar la naturaleza de la razón y su relación con el hombre. Si los
derechos del hombre están basados al menos implícitamente en el análisis
cartesiano entonces los límites de este análisis pueden resultar, al final, en los
límites a los derechos humanos. Inversamente, es espacio de reflexión “olvidado”
por el análisis cartesiano sería quizás aquel que permitiría también reivindicar un
nuevo derecho.

Pensar la razón

Describir la razón equivale en un primer momento, a ampliar las concepciones


cartesianas, al situarse en una perspectiva dinámica. Partiendo de descartes, se
podría alegar que la razón es, en principio, una facultad que permite distinguir lo
verdadero de lo falso. Eso no es, sin embargo, suficiente: Descartes afirma
apresuradamente que esta facultad compartida por todos se ha de educar según
un método que va a describir en su obra, al organizar los conceptos mediante
cadenas de “razonamientos” en virtud de los cuales se establecen criterios
objetivos para el conocimiento razonado. Por otro lado, estos criterios participarán
en el establecimiento de lo que se ha dado en llamar La Razón.

Por tanto, la actividad humana se organiza y se estructura gracias a la razón,


aspirando a ella; le es necesario para intentar alcanzar aquello hacia lo que apunta
cuando establece los medios para alcanzar el conocimiento, la verdad. Es en este
sentido que existe un movimiento dinámico hacia el conocimiento, y la verdad que
por medio de éste se busca establecer. Luego la verdad, si se asume que existe,
no es negociable, no depende del punto de vista de una persona o de otra, de sus
sentimientos, de sus intereses. Es necesario que la razón se inscriba en una
lógica de lo universal, según los criterios más objetivos posibles que se
establecerán progresivamente, conforme a un conjunto de etapas que van de lo
particular a lo universal. La razón plenamente realizada sería aquella mediante la
que se hilvana un pensamiento universal. Ésta se apoyará en definiciones
claramente establecidas, para las que se habrán fijado límites de validez que se
justificarán mediante argumentos irrefutables. Estas características, esta dinámica,
se traducen en una descripción del hombre; si pensar el mundo significa
distanciarse de éste, la calidad del pensamiento dependerá de la capacidad de
distanciamiento de cada individuo. Esta operación de distanciamiento aparta al
hombre del mundo natural. Ahora bien, esta actividad que le permite emplear el
pensamiento, es decir, la libertad intelectual es en sí un acto de libertad. Es una
liberación con respecto a las restricciones naturales a las cuales el animal está
sometido. El hombre tendrá de esta manera objetivos propios, como el
conocimiento o los medios para alcanzarlos, o todo aquello que le parezca
conveniente alcanzar.

La razón cambia la relación del hombre con el mundo a la vez que modifica la
relación del hombre consigo mismo. Le permite organizar el mundo de acuerdo a
sus pasiones, y por tanto desarrollarlas. Al mismo tiempo, si realizar sus pasiones
se convierte en objetivo de su acción en el mundo, estará obligado a encontrar
mejores medios para lograrlo. Tendrá necesidad de precisarlas, evaluarlas,
retomarlas, dentro del marco de la razón. ¿Merecen ser comprendidas estas
razones? La libertad en una nueva etapa, al abrir la posibilidad de elección, lleva
la razón a interrogarse sobre la validez de las elecciones, sobre sus intereses. El
hombre sólo podrá resolver los problemas que le plantea esta libertad apoyándose
en valores que le parecen deseables. Deberá determinarlos, analizándolos.

La cuestión de los valores es un objetivo esencial de la filosofía. Se concibe mejor


ahora que la reflexión filosófica es una condición para hacer pleno uso de la razón
cuando el hombre busca entender el mundo. Pero esto va aún más allá; la razón
es, en efecto, capaz de elevarse a otro nivel, un nivel en el que ella no busca
solamente entender la relación con el mundo sino pensarse a sí mismo
apartándose de lo concreto; esto sería precisamente, según Kant, “la filosofía”.
Hacer filosofía supondría entonces un distanciamiento, dudar de lo que uno, por
otra parte, está convencido… Según Arendt quien se pregunta sobre el criminal
nazi Eichmann, esta facultad jugaría un rol concreto fundamental: le permitiría, en
una primera etapa, distanciarse de sí mismo, como si uno fuera a la vez uno
mismo y otro. Habría, en una segunda etapa, un desplazamiento hacia el exterior
de esta actividad de pensamiento; toda tentativa para suprimir el otro, aquel que
es diferente en el mundo real, pasaría a ser para cada uno como un ataque
insoportable contra una parte esencial de sí mismo. Arendt estima que un criminal
como Eichmann estaba desprovisto de esta facultad.

La filosofía aparecería ahora como un recurso necesario de la razón. Éste


permitiría a cada uno posicionarse en el mundo, reconocer su diversidad y por
medio de ésta vivir en sociedad.

¿La razón se manifiesta en todos de manera espontánea y natural?


¿Cómo responder a esta pregunta? Uno sólo puede imaginar lo que podría ser un
hombre “natural”, que no ha vivido en sociedad. Puede que por puro azar, las
circunstancias proporcionen elementos de información sobre el individuo “al
margen de la sociedad”. Niños perdidos –se supone que accidentalmente- se han
reencontrado luego de haber sido criados por animales. El estudio de estos niños
“salvajes” muestra su extrema dificultad para integrase a un proceso educativo.
Por no mencionar la adquisición de elementos de una cultura, parece difícil en
estos casos organizar y estructurar, llevar a la práctica los elementos intelectuales
necesarios para el aprendizaje. ¿Sería la ausencia de una matriz social perjudicial
para su desarrollo?

Numerosos trabajos de psicólogos cognitivistas como Bruner o Vigotsky nos


muestran que el niño se estructura intelectualmente gracias al lenguaje. Así, en el
caso de los niños salvajes, uno de los primeros elementos que explicaría sus
dificultades podría hallarse en la ausencia de confrontación con el lenguaje.
Vigotsky afirma que la relación del pensamiento con el lenguaje, mediado por la
sociedad, permite asimilar, elaborar, estructurar y utilizar el conocimiento. El rol de
la interacción es confirmado por la neuropsicología; el cerebro se presentaría en el
momento del conocimiento como una organización de estructuras neuronales
susceptibles de ser activadas. La activación provendría de las interacciones del
sujeto con su medio, lo que permite a la inteligencia y a la razón que se apoya en
ella, desarrollarse. Las estructuras cognitivas activadas subsistirían porque son
solicitadas, reduciéndose las que no lo son. Esto refuerza la idea de que el
hombre es un ser escindido entre la naturaleza por sus potencialidades y la cultura
por su desarrollo. Si se trata de hacer posible la relación del hombre a partir de los
derechos que le son inherentes por su condición, se debe entonces reivindicar
para él la posibilidad de desarrollarse en un medio social adecuado con todos los
elementos culturales necesarios para su desarrollo.

¿Es esto suficiente para desarrollar la facultad de pensar? Su ausencia, en el caso


de Eichmann, nos hace comprender que ésta no está naturalmente presente en
los hombres, que no basta con recibir instrucción para adquirirla. Ahora bien,
¿cómo podrá desarrollarse?
El rol del medio parece esencial para desarrollar la facultad de pensar. Esta
dimensión social del ser humano está ya presente en los derechos al poner éstos
de manifiesto el hecho humano como un hecho social. De aquí dimanan los
derechos políticos que articulan las diversas dimensiones de la naturaleza
humana. La escuela, que es un resultado del derecho a la educación, jugará en
una democracia republicana el rol de la transmisión de los conocimientos
necesarios para permitir que el adulto asuma sus derechos. ¿Pero todos pueden,
por el simple hecho de que se han transmitido conocimientos, pronunciarse en
cuanto al valor de una u otra idea? Uno podría imaginarse esto si no hubiera más
que un solo sistema de valores, idéntico para todos, que resulta del análisis
racional. Ahora bien, los valores son problemáticos… La sociedad, en el campo de
la enseñanza, no puede contentarse con la transmisión de saberes, que sigue
siendo, no obstante, una necesidad. Ha de buscar favorecer la emergencia de un
pensamiento, del diálogo de cada uno consigo mismo engendrado por el
reencuentro organizado con el otro. El dominio de la reflexión se encuentra
impregnado de valores. La filosofía es esta reflexión razonada, universalizadota,
conceptualizadora, problematizante. Se abre la posibilidad de la reivindicación de
una nuevo derecho al ponerse de manifiesto la necesaria confrontación de cada
uno con la filosofía, un derecho individual a realizar plenamente se esencia de ser
racional en la sociedad y con relación a esta. ¿Cómo nombrar este nuevo
derecho?

La expresión “derecho a filosofar” significa que se describe en primer lugar y ante


todo la práctica de la actividad filosófica. Habría que adquirir una cultura filosófica
ya establecida, exterior al sujeto, reconocida por la tradición. Si la cultura filosófica
juega un rol esencial en la formación intelectual a que aspira la escuela, si conocer
una obra, es en primer lugar, apropiarse de la propuesta intelectual que ésta
presenta para ir más allá por un camino propio, entonces la cultura filosófica no se
puede descartar. Mediante ésta, cada uno podría situarse como miembro
completo de la humanidad. Eso no significa que ésta será cronológicamente
primera en la organización del desarrollo intelectual del alumno. La cultura
filosófica debe estar presente como un recurso al que se va accediendo
progresivamente para integrar el conocimiento, superarlo y superarse.

Afirmar que la filosofía es un derecho, implica modificar la manera en que uno va a


concebir su enseñanza; no se tratará ya de seleccionar un público en función de
las características escolares de una disciplina, que son a menudo el fruto de la
historia particular de un país u otro. En este caso, habría que ubicarse en la
intersección entre esta forma de la relación humana, la filosofía, y la situación
escolar de los estudiantes. Plantearse la pregunta: ¿Cómo hacer accesible a cada
estudiante la reflexión filosófica?. Más radicalmente aún: ¿Cómo desarrollar en
alguien el acto de filosofar? El debate en cuanto a la pertinencia del derecho se
desenvuelve ahora en torno a las condiciones para su realización.