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18 de mayo de 2011

UN MANTELITO

MIS MANOS Y YO

Tarde de primavera y reunión con mi directora, persona a la que quiero y respeto y a la
que escucho con interés la mayoría de las veces. Tratábamos temas laborales, cuando,
oh cielos, veo unas tijeras encima de la mesa. Con la mayor naturalidad del mundo cojo
las tijeras, cojo un papel, doblo aquí, doblo allá; un cortecito, otro, otro...

- ¿Qué haces?. Me pregunta

Levanto la vista, y sin pestañear, respondo:

- Un mantelito.

Su cara de estupefacción no pudo pasar desapercibida ni siquiera para mí, y la dos
rompimos en risas.

En verdad estaba haciendo un mantelito, de esos que todos hemos hecho en el colegio
y que se parecen a las blondas de pastelería. Otras veces hago letras de papiroflexia,
una flor, en la que estoy especializada y que regalo al oyente, pajaritas de papel que
vuelan, o simples nudos, trocitos o pelotillas con el primer resto de papel que se me
pone al alcance.

Afortunadamente hice el mantelito en un ambiente de confianza, pero me podría haber
dado por hacerlo en cualquier sitio. Unas tijeras son una tentación demasiado fuerte
para alguien que no puede tener las manos quietas. Esto no quiere decir que no
escuche, todo lo contrario, si me veo obligada a estar con las manos paradas, esta
inmovilidad me requiere tanta atención y me generará tanta incomodidad que
probablemente me será imposible seguir la conversación.

Hay estrategias para disimular. Hago las bolitas de papel dentro del bolsillo, bajo la
mesa o simplemente cuento los dedos cuando no hay papel a mi alcance. Es una
compulsión inocente, creo yo, que me ayuda a mantener la concentración. En casa es
más fácil, siempre tengo entre manos una labor, preferentemente de punto o ganchillo,
para poder contar lazadas, agujas y puntos del derecho y revés. Soy capaz de hacer un
jersey sin mirar la aguja y de seguir un tapete de ganchillo con el tacto. Esta habilidad
la he desarrollado para poder atender a mi interlocutor en una charla o para poder
seguir una película en la tele.

Mi primer e trabajo de ganchillo fue una colcha para mi cama, hecha con restos de lana
de colores que hice con ayuda de mi abuela a los seis años. Para mi, lo más normal del
mundo. Cuando he tenido sobrinas, veo que o mucho han cambiado las generaciones,
o esto tampoco era lo habitual.

pajaritas de papel. y además te escucho.¡Cómo me enfadaba cuando llegaba la tía de turno y comentaba lo hacendosa y calladita que yo era! Pues sí. tapetes. ¿Quién da más? . hago mantelitos.