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El púlpito: su naturaleza. Introducción.

 
El púlpito es un lugar añorado por muchos que están sentados en las bancas del templo. Es
que la figura del predicador descuella y resalta entre todos y se constituye en el punto focal hacia el
cual van dirigidas las miradas de los feligreses. Entre estos no deja de haber aquellos que suspiran
dentro de sí, diciéndose internamente: “¡Ah, si yo fuera el que estuviera allí!”.

Muchos no se dan cuenta de todas las implicaciones que tiene el uso de ese lugar
preponderante en el templo. Esto no quiere decir que la plataforma y el púlpito tengan un carácter
más sagrado que el resto del local. Realmente lo que hace santo al templo es la presencia de
Jesucristo, que se hace presente cuando la Iglesia se reúne para adorar a Dios. Él está presente,
satura el lugar, de tal forma que no queda un rincón donde su presencia no se deje sentir cuando hay
una Iglesia adorando.

Sin embargo, no podemos dejar de reconocer que el púlpito, por el uso que le damos, se
torna en un lugar diferente, por lo que, el que lo usa debe ser diferente. Cuando estamos detrás del
púlpito y frente a una congregación, solo dos ojos miran la multitud, mientras que una multitud de
ojos miran a uno solo.

Esto nos revela que el que usa el púlpito está expuesto a la mirada escrutadora de una
multitud de ojos; expuesto a una multitud de oídos que escuchan, a una multitud de mentes que
analizan cada palabra, a cada gesto del predicador. No hay escape.

Es necesario, pues, reflexionar sobre esto y que entendamos, pues, cuál es nuestra
responsabilidad y actitud en ese lugar. Esto es lo que haremos a lo largo de esta serie de artículos
que estaremos enviando y publicando.

El púlpito, un lugar de autoridad. 
La historia del uso del púlpito no está muy clara. Lo cierto es que en la Biblia encontramos algunos
vestigios del uso de lugares preponderantes y relativamente altos en relación con los oyentes, con el
propósito de alcanzar la mayor audiencia, durante la proclamación del discurso. (Jueces 9:7;
Nehemías 8:3-4; Mateo 5:1; Lucas 13:1-3; 4:16-17). El uso del púlpito dentro de las Iglesias data de
muy antiguo, de los tiempos en que comenzaron a usarse, como templos, las basílicas romanas.
Hacia el siglo XIV, en las iglesias, solía haber dos púlpitos: uno a la derecha y otro a la izquierda;
uno para leer los evangelios y otro para leer las epístolas. A través del tiempo, este sitio ha
evolucionado e ido tomando diferentes formas, de modo que, en nuestros días, el púlpito y la
plataforma de nuestras iglesia no se parecen a los primitivos lugares de predicación. Aunque el
lugar y las formas del púlpito han cambiado, sin embargo, lo que no ha cambiado es el concepto del
lugar de autoridad que él representa. En tiempos antiguos, no era cualquiera el que podía subir al
púlpito para dirigir la palabra. Solo accedían al mismo, personas representativas, que tenían
autoridad espiritual para hacerlo.

Como hemos señalado en la introducción de esta serie, nosotros no creemos en lugares
específicamente santos dentro del templo, porque creemos que todo el templo es santificado por la
presencia de Dios; pero no podemos dejar de considerar que el púlpito representa un lugar especial

¿No te parece que es una responsabilidad tremenda ante Dios utilizar el púlpito para otros fines que no sea para dar Palabra de Dios? ¿No te parece que es una responsabilidad muy grande delante de Dios el velar por lo que se enseña desde ese lugar desde donde la gente espera oír Palabra de Dios? Desde el momento en que te paras ante un auditorio. con lo que los expertos llaman comunicación paralingüística. Por otra parte. Huye de la tentación de suministrar paja en vez de trigo. pesa sobre ti la responsabilidad de utilizar ese lugar para reflejar la gloria de Dios en tu vida. De la pérdida de tiempo. insoslayable e insustituible de predicar primordialmente y antes que otra cosa la Palabra de Dios. Ella es el hilo comunicativo fundamental entre el predicador y la congregación. como de la influencia psíquica y afectiva que nuestras palabras tienen sobre las personas. a tal extremo que llegan a creer que aunque es un hombre el que habla.dedicado a la ministración espiritual. la conciencia que. Sobre estos últimos trataremos en otras secciones de esta serie. la segunda. Comenzaremos aquí a tratar los aspectos lingüísticos de la comunicación desde el púlpito. se coloca en una posición de autoridad en relación con la congregación. tienes la responsabilidad santa. el del vestuario. tengamos de los efectos síquicos y afectivos que nuestras palabras producen en nuestros oyentes. Se potencializa esta idea cuando el predicador le pregunta a la congregación: “¿Cuántos quieren oír Palabra de Dios?” Todos están a la expectativa para escuchar Palabra de Dios. Hablar de la palabra hablada es hablar de comunicación verbal. quiere oír y espera oír. como comunicadores. La paja llena y rellena. así como de toda palabra ociosa que salga de tu boca especialmente cuando tienes delante una congregación necesitada de Dios. nos va a ayudar a utilizar la mejor forma de hablar. etc. No eludas el desafío de transmitir un contenido relevante y sustancial en tu predicación. Como predicador. . para ser un polo de atracción hacia la bendita presencia de Dios. todo lo que dice desde allí viene de Dios. El púlpito: un lugar de comunicación: el poder de la  palabra hablada. para ser un canal de bendición que lleve el agua de la Palabra a las vidas sedientas. La palabra hablada es el arma principal con la cual trabaja el predicador. Las personas que la integran lo reconocen así. que incluye también otros aspectos como el de los gestos o ademanes. El trigo es el alimento fundamental que nutre. y hablar de comunicación verbal es hablar tanto de la transmisión de un contenido relevante para el oyente. El que se coloca detrás del púlpito. La gente que va al culto. Este concepto es entendido tanto por creyentes como por incrédulos. y elegir las mejores frases y palabras. Palabra de Dios. no solo a la hora de establecer la comunicación sino también para mantenerla. nos comunicamos con la congregación: la palabra y la vista. desde el púlpito. pero no alimenta. La primera tiene que ver con lo que se denomina comunicación lingüística.  La palabra y la vista son dos de las vías básicas a través de las cuales. para ser un puente de comunicación entre Dios y los oyentes. La labor principal de la palabra es comunicar. y a la predicación y enseñanza de la Palabra del Señor. darás cuenta.

deténgala . para referirse a alguien en particular. eso es para mí!”. nada dicen. brevemente. que pueden cortar la comunicación entre el predicador y la congregación. otras. Dependiendo del tema que se está tratando. Nunca olvides que “mientras hay vida. etc. y no los levantan para contemplar la hermosura de su congregación. A la postre. hablaremos más adelante. De las formas no verbales (gestos. es la mirada: pasear la mirada por toda la congregación mientras habla.). El púlpito. El púlpito puede ser un lugar desde el cual se amoneste. Estos son los que clavan los ojos en el púlpito. Nos referiremos ahora. eligen a un hermano y le clavan la mirada mientras predican. inclusive. la verborragia. el resultado es muy diferente. y su mensaje se hace débil y no llega a las gentes. al tercero. extravagantes. hay esperanza”. ademanes. ¿qué? Los terceros son los “predicadores de vista corta”. Ni qué decir de las palabras hirientes. Cuando se predica la bendición para el pueblo de Dios. Al primer grupo. Parecería como que ese hermano o hermana es la única persona que se encuentra en el salón. Los segundos. Solo la falta ética cristiana y la ausencia de madurez ministerial y espiritual. En ocasiones. Los primeros son aquellos que colocan su vista en un punto fijo. apelan a esas maneras destructivas. otras. Si quiere ver desde el púlpito una congregación entusiasmada con los que usted dice. Lo que se produce es un cortocircuito en la comunicación. Ni qué decir de los efectos que esto trae como resultado. “predicadores de vista fija”. Pero cuando se predica sobre el pecado y el arrepentimiento. en el que sus pensamientos tratan de descifrar infructuosamente las locuciones del predicador. el hermano dice: “¡Gloria a Dios. la esquina de una pared. Todas estas formas mencionadas disuelven el mensaje en una nebulosa de trivialidades que lo único que hacen es rellenar tiempo. Sin embargo. desde el púlpito. Aparentan no tener convicción de lo que dicen. requerido para mantener la comunicación entre el predicador y la multitud. sino “enderezar lo torcido”. Traspasan con su mirada los objetos en los cuales ponen su visión. grotescas. Entonces. mírelos a sus ojos. “predicadores de vista corta”. pero se amoneste con amor. una lámpara o hasta el piso. un lugar de comunicación: la virtud de la  mirada. acusadoras. podemos establecer una especie de clasificación de los predicadores. Los ojos son un punto de contacto directo con el auditorio. el palabrerío vano. es “plantar y edificar”. mirar a los ojos de los oyentes. Creen que con ello van a hacer reaccionar a los oyentes. La gente termina huyendo psicológica y hasta físicamente del lugar. al segundo. Existen formas de comunicación verbal y no verbal. pasee su vista. y no percibe la carencia de sustancia de la misma. el oyente neófito queda encandilado por la falsa luz que irradia la prédica. burlonas que salen de la boca de algunos predicadores. “allanar lo áspero”. El que oye se siente inmerso en otro mundo. Tal parece que están avergonzados de lo que dicen y esto resta autoridad y credibilidad al mensaje. los “predicadores de vista fija”. ya el techo. éste se sentirá bien o mal.  Un importantísimo aspecto. dice: “¿Por qué me miras a mí solamente? Y los otros. lo podemos llamar “predicadores de mirada indefinida”. a diferentes maneras lingüísticas de expresarnos: algunas pueden ser vagas. Desde este punto de vista. envuelve en un halo iridiscente el sermón vacío de contenido. pues el propósito de tal amonestación no es dañar ni destruir. pero no en la congregación que se convierte en algo inexistente.

un poquito en cada sección. por necesidad. que debemos tener en cuenta: 1. Es importante que entendamos bien esto. Por una parte no debemos ser pedantes. 2. extremistas y extravagantes. Este tiene que ser adaptado a las circunstancias del lugar. tengamos. y si está produciendo los efectos para lo cual está siendo enviado. etc. Decenas. y será motivo de inspiración. de modo que sea comprendido por la gente que nos oye. lo cierto es que a quien ven. a continuación. quizás cientos de ojos observadores están mirando la persona física del predicador. lo hará sentirse bien. Le permitirá saber. Por otra parte. De igual forma que pasa con nuestro porte. sino ser entendido por los que nos escuchan. el mirar a la congregación le dará ánimos a usted. tenemos que tener bien presente cuáles son las características de nuestra feligresía. así también con el uso del lenguaje. demostrando una falsa humildad. Recuerde que no es lo mismo hablarle a niños que a adultos. para adecuar el mensaje en la forma particular que lo exigen las circunstancias. esta tiene que ser adecuada al tipo de salón o lugar donde predicamos. que levantar la voz lo suficiente como para que nos . si su mensaje está llegando al corazón de las gentes. No es lo mismo hablarle a los campesinos que a los habitantes de la ciudad. incluya a la congregación en su campo visual y ellos le van a corresponder positivamente. cuando estamos ante una congregación donde predominan personas de cierto nivel social y económico. por parte de la congregación. Lo más importante para el predicador no es predicar. Tampoco debemos vestir “harapos”. Para esto no hay normas. vistiendo como “reyes”. aplicadas indebidamente. físicamente en esos momentos. Por otra parte. resultarán de no muy buen gusto y harán sentir incómodos a muchos dentro de la congregación. Cualquiera de las dos formas que adoptemos. Para esto. de ese modo estaremos capacitados para hacer un uso más eficaz del lugar.  Hemos dicho que el púlpito es el punto focal de la congregación. sexo. Aunque tratamos que las gentes coloque su mirada en Jesús. sino principios y sentido común. Debemos ser equilibrados. Nuestra dicción. es al representante físico de Jesús: el predicador. Describiremos. cuando estamos ante una congregación de gentes sencillas. Nuestro porte. en relación con la modulación de la voz. las características culturales de las personas. además. El sentido común nos indicará cómo debemos presentarnos ante la congregación. Se supone que si predicamos al aire libre. un lugar de comunicación: otros mensajes  paralingüísticos. El púlpito. algunos elementos importantes. No es lo mismo hablarle a universitarios que a gentes con poca instrucción. y no tenemos altoparlantes. edad. y permitiremos una mayor recepción y provecho del mensaje que predicamos.

se pierde tras esos movimientos preguntándose: “¿Para qué hace eso?. Pero tenemos que ser moderados ante la congregación. Su poder no reside en esas payasadas humanas. No hay cosa más fea y que cause mas rechazo que una mujer predicadora imitando a Carlos Anacondia. Además. sus gestos deben ser moderados pero varoniles. Sus manos y dedos dibujan en el aire. necesitados de ayuda espiritual. con relación a la mujer predicadora. Pero a la vez. y como dice el dicho: “El que imita fracasa”. ni de cancha de fútbol. Las gentes nos mira. Es bueno dar énfasis a nuestro mensaje. bajo la ministración de los ministerios dispuestos para esto. la lógica nos va a decir el tono de voz en el cual hablar. De igual forma. y ministrar a la necesidad del pueblo. o un predicador varón imitando a Dina Santamaría. enfermos. porque desde el lugar donde predicamos estamos expuestos a las miradas y oídos de todos. y qué cosa imitamos. Un predicador con gestos amanerados causa repulsión y rechazo interno de su audiencia. el Señor y Salvador. figuras que son similares a signos paganos y esotéricos o con significados obscenos. Lamentablemente. para que los creyentes necesitados puedan encontrar la solución en Cristo. . Es la oportunidad para hacer un llamamiento. Pero si estamos en un salón de 6 X 4. No deje pasar las oportunidades que le brinda la reunión. Mas bien. La gesticulación. Debe conservar sus gestos refinados y femeniles. Si es hombre. Muchos vienen con problemas. Hacemos el llamamiento ante “el altar” y. y cada uno de ellos tiene capacidad de juicio para evaluar el grado de sabiduría y habilidad que tenemos al dirigirles la palabra. No podemos convertir el púlpito en una sesión de prestidigitadores y gesticuladores mágicos. figuras confusas que no contribuyen a captar la atención hacia Jesucristo. ni de ring de boxeo. invitar al altar. ¿qué significado tiene esa señal que hace con sus manos?. allí. hacemos posible el encuentro del pecador con Jesucristo. Seamos gentes normales predicando la Palabra de Dios. a veces vemos a predicadores renombrados que crean estilos de predicación un poco raras. nos oye. el púlpito se convierte en un lugar de encuentro de los creyentes. ¿en qué contribuye todo eso en la eficacia del mensaje? Tengamos cuidado con la imitación. un lugar de encuentro.  ¿Qué queremos decir con esto? La Palabra predicada desde el púlpito alcanza al pecador. El pecador responde al llamamiento que le hace Dios por medio de ella. los ojos y la mente del que oye y ve. ya que no podemos usar la plataforma ni de pista de carrera. oigan todos. Es bueno movernos. utilizando nuestras manos y cuerpo si ello contribuye a que las gentes entienda. 3. El púlpito.

Así lo ordena Jesucristo. El púlpito. pero el inconverso a quien hay que evangelizar. La Palabra de Dios nos enseña que “… en la enseñanza debemos mostrar seriedad…”. donde se comunican cuestiones que van en desmedro de la integridad de algún creyente o familia. debe ser parte en su trabajo.  El púlpito es el lugar desde donde se proclama la Palabra. La seriedad. La seriedad y el gozo no son incompatibles. “Palabra sana e irreprochable…” (Tito 2:7. tiene dominio de situaciones concretas que se producen dentro de la Iglesia. El predicador. especialmente el pastor. Por esta razón. en los creyentes y familias. sin desmedro del buen humor. Sin embargo. Este es el trabajo fundamental del predicador que se coloca en ese lugar. pero todo esto debe ser utilizado con sabiduría. debe tener cuidado de no convertir al púlpito en un ministerio funerario. Saludos. un lugar de trabajo. El que entre triste debe salir con gozo. hasta se ríe. tienen la oportunidad de ir al encuentro de ellos para ministrarles personalmente. La Iglesia pasa por alto todo eso y. “el dueño del negocio”. y .Invítelos también a pasar. De allí debe fluir vida y donde hay vida hay alegría. que encuentre la fuente del ánimo. historias de humor. Los problemas embarazosos de los creyentes deben ser tratados y resueltos con la persona afectada. historias que no tengan que ver con la predicación nunca deben tomar tanto tiempo que termine afectando lo más importante: el tiempo dedicado a la ministración de la Palabra. ni para demeritarla ni burlarse públicamente. debe ser parco y sabio a la hora de realizarlo. Esto es cometer un asesinato moral. por la naturaleza de su trabajo. “Mis palabras son vida…” dijo el Señor. Una dosis adecuada de cada uno le dan al mensaje vida. No convierta el púlpito en una mera vidriera de exhibición. Esta actitud menoscaba la integridad del afectado. Tengamos en cuenta algunos aspectos que nos ayudarán a emplear con eficacia ese lugar tan importante dentro del templo. el que entre desanimado. son conjugables en un carácter maduro. No debe aprovechar la ventaja y la autoridad que le da el púlpito para “mandar al frente” a la persona afectada. No debe convertir el púlpito en un “show” para hacer reír a las gentes. de ministración y reconciliación. no entiende y se escandaliza. Tito 2:2). “sobriedad. No debe convertir el púlpito en un noticiero informativo. debe ser prudente. actividad y vitalidad. En este caso podemos añadir que el púlpito se convierte en un lugar de sanidad para el alma y para el cuerpo. permita que ese lugar realice su función. 1. 2. No restrinja el uso correcto del púlpito. y mientras usted hace del púlpito un lugar desde donde usted envía y proclama la bendición para esas vidas. Recuerde que el tiempo es oro. testimonios. los líderes que trabajan en esta área. 3. Hay predicadores que tienen gracia para los chistes. seriedad y prudencia”. Se va sin recibir nada concreto sobre la necesidad de su salvación. sino un lugar de encuentro y bendición. que cada palabra lanzada desde el púlpito vaya “sazonada con sal”.

enfermedades. te . escasez. Recuerde que la congregación viene con sus conflictos. descargar en Dios. 1. debe ser una constante en la enseñanza desde el púlpito. problemas. La enseñanza es la forma más efectiva para hacer madurar a la Iglesia. por otra parte. de la laxitud espiritual y de la falta de santidad. congregacionalmente se enseña. etc. Satanás. buscar en Dios la solución de nuestros problemas. etc. so pretexto de “vivir bajo la Gracia”. debe ser el tenor regulador de su mensaje. El predicador no debe convertir el púlpito en una cohorte judicial donde él se convierte en un fiscal acusador o en un juez sentenciador. al igual que otro creyente común. Juez. Va contra la ética espiritual. Si el problema es personal. El mensaje de justificación por fe en Cristo sobre las bases de su sacrificio expiatorio. lo que va a determinar qué tipo de mensaje vamos a predicar. del Evangelio de la Oferta. enfermedad. por medio de la enseñanza sobre la base de la Palabra de Dios. aumentando la presión de la Iglesia. Por regla general. y aliente para seguir la carrera hacia la meta. Pero. enseña la sana doctrina…” “Palabra sana e irreprochable…” (Tito 2:2). menoscaba el carácter del predicador. los predicadores. El predicador fiscal mantiene siempre a las gentes con una conciencia de culpabilidad permanente esperando una condena inminente.. debemos cuidarnos de no convertir a la congregación en nuestro “muro de los lamentos”. El mensaje formador. 3. Nuestras palabras son transmisoras. conviértase. de la permisividad y el libertinaje. Es nuestra condición interna. problemas. A la hora de tomar el púlpito. o predicas Palabra de Dios para bendición y edificación del Cuerpo. intercesor ante el Dios. de gozo lo de tristeza. y objeto de nuestra descarga emocional. No apunta al Calvario como la fuente de la misericordia y el perdón para el pecador y no le da seguridad de salvación a sus feligreses. 2. para escuchar Palabra de Dios que le ayude. misericordioso y clemente. edifique. de bendición o maldición. pasamos tiempos de luchas. de fe o de duda. O predicas tus problemas. no debe el mensaje no debe convertirse en publicidad de la Gracia barata. en oración. en un abogado defensor. de ánimo o desanimo. “Pero tú. La Palabra tiene mucho que enseñar para formar el carácter cristiano del creyente. Si tienes espíritu de vaquero. Recuerde que el ministerio acusatorio pertenece al “acusador de los hermanos”. mas bien. y buscar de Dios. El predicador debe tener cuidado de no convertir al púlpito en un predio de domas de caballos (rodeos) que a fuerza de espuela y látigo someten a la obediencia a la bestia. Es necesario prepararnos de antemano. si es congregacional. Es abuso de la autoridad y ante la congregación deja muy poco que desear. personalmente se ayuda. la Palabra de ayuda y ánimo que la congregación necesita.

UN ENCUENTRO CON CRISTO SIN TENER EN CUENTA ESTOS FACTORES. Y UN ENCUENTRO CON LA CONGREGACIÓN DEBIDAMENTE PREPARADOS. del predicador con Dios. pero UN ENCUENTRO CON LA CONGREGACIÓN SIN UN ENCUENTRO CON CRISTO ES UN FRACASO ROTUNDO. tomando por sorpresa al afectado. No existe la paciencia del labrador. en ocasiones. e hiriendo sentimientos sin dar oportunidad para la reflexión y el arrepentimiento. y sobre todas estas cosas mencionadas. sobre todo el pastor. el púlpito debe ser la etapa final del encuentro profundo. el predicador. donde la persona queda presa o sale huyendo a otro lugar. ES MENOSCABAR LA EFICACIA DEL PODER DE DIOS EN SU VIDA. al “Wild. no desde el púlpito. Wild West”. pero primero hay que agotar todos los recursos para la restauración del pecador. dinámico y continuo. esta debe ser correctiva y restauradora. Algunos pastores toman la desición de poner en disciplina a aquellos que. si dadas las circunstancias. surgen problemas con algunos que tienden a ir en contra de lo establecido dentro de la Iglesia. ES UN ÉXITO. El púlpito y su naturaleza. se impone una disciplina. no hay ministerio para los que fallan. ya sea por ignorancia. Así. no existe un ministerio de consejería espiritual. sino que se le debe dar apoyo y ayuda hasta el fin.  Pero más allá de todo lo hablado. o no están de acuerdo con algunos de los aspectos del ministerio. convierten a la Iglesia en una penitenciaría. anuncian desde el púlpito la disciplina. La disciplina es necesaria en algunos casos. Hay que tratar el asunto de tú a tú. tener en cuenta todo lo necesario para presentarse y hablar a la congregación. Conclusión. aconsejo que te traslades al lejano oeste de USA. un bosquejo impecable desde el punto de vista homilético. desconocimiento o rebeldía. . Usted podrá tener en cuenta todos los requisitos para predicar un sermón. UN ENCUENTRO CON CRISTO. que el “enfermo” no debe ser abandonado en su fase de “recuperación”. surta efectos positivos. Como es natural (y es una constante en cualquier congregación). por alguna causa. 4. Y. Sin previa ayuda u orientación hacia los “rebeldes”. Allí encontrarás suficiente material equino con los cuales ejercer su ministerio. Es imprescindible que esto ocurra. dentro de los parámetros bíblicos y eclesiales. para que toda la enseñanza. no punitiva ni vengativa. como lo enseña Jesucristo. Es imprescindible para que toda la proclamación. antes de que el predicador ocupe su lugar tras el púlpito. Y nunca debe olvidar. han fallado o difieren de la opinión pastoral.