Meta-precariedad

Por Joaquín Márquez Ruesta

El artículo ‘Arquitectura Peruana y arquitecturas de segunda clase’ (Romero, 2014), es
un artículo complejo. Es casi un ensayo. Inicia abordando un caso específico y va
desarrollando una suerte de análisis que le permite inferir una conclusión final. Cosa
rara en un medio plagado de artículos que hacen sólo una de las dos cosas y
usualmente las hacen mal. Es un artículo ambicioso y esa ambición se aplaude. Sin
embargo, me parece que hay serios problemas en la construcción del argumento que
ponen el artículo en una situación precaria.
Romero, tras describir rápidamente el Edificio Administrativo y de Gobierno de la
Universidad Nacional del Centro del Perú, en adelante ‘El Edificio’, inicia el argumento
planteándose preguntas muy pertinentes:
“¿Inocencia, romanticismo e inevitable mala utilización de los cánones
modernos? ¿Mal gusto provinciano? ¿Pose regionalista? ¿Provocación
adrede?” (Romero, 2014)
Son preguntas que generan expectativa. Responder esas preguntas sería una de las
grandes pruebas de lo necesarias que son la Crítica y la Teoría de la Arquitectura y de
cuán útiles pueden ser en nuestro chato medio. Sin embargo la expectativa pronto
desaparece. Como respuesta a estas preguntas Romero cita un fragmento del “Anuario
de la Arquitectura Peruana” (Beingolea, 2005). Aquí se da la primera confusión
conceptual. Romero cita a Beingolea apuntando que nos ayudará a entender la
‘relevancia’ de El Edificio. Eso no es necesario. Un edificio de esa escala en una ciudad
con un perfil urbano como el de Huancayo es relevante, sea que esté bien o mal
resuelto. Sea que esté bien ubicado o no. Lo que es necesario entender es si El Edificio
es trascendente o no y por qué lo es.
Pero, en fin, inicia Beingolea, calificando a El Edificio como “brioso y vital, como una
pieza de huaylarsh”, y no explica dónde están los bríos y la vitalidad en un edificio con
una composición, en principio, estática. Hace una aproximación desde el psicoanálisis
antropológico para hablar de un temperamento wanca que usado de forma tan ligera es
más pertinente en las páginas de los suplementos deportivos que en un texto de crítica
arquitectónica. Y luego prácticamente describe El Edificio, adjetivizándolo hasta la
saciedad y sugiriendo apenas las referencias a las que éste supuestamente se acoge.
Este fragmento de Beingolea, lejos de esclarecer las cosas, genera más dudas. ¿Cuál
es el Proyecto Moderno Regional de Junín? ¿O es Wanca? ¿Cuál es su discurso? ¿Por
qué la inserción urbana de El Edificio es adecuada? ¿Dónde se le inyectó la fuerza al
edificio? ¿En las columnas? ¿En las torres truncas? ¿Tan difícil es hablar en términos
profesionales? ¿Es necesario caer en la voluptuosidad? Tras la verborrea, finalmente,
una luz, aunque tenue: El Edificio sería un edificio ‘desarrollista’ “que se niega a
reconocer el atraso de la institución de la arquitectura en su región” pero a su vez “opta
por reivindicar el papel vanguardista de la arquitectura”. Interesante: por un lado no
acepto que mi arquitectura está atrasada y por el otro utilizo elementos de repertorios
formales pasados y ajenos y los combino con elementos propios no arquitectónicos.
Gran forma de no reconocer el atraso, sin duda un gesto aleccionador.
A continuación Romero sostiene que a pesar de la relevancia de la edificación —sí es
relevante, ya lo dijimos— no se le ha dado difusión porque en Lima las publicaciones
son segregadoras y piensan que la arquitectura que se hace en las demás provincias
es arquitectura inferior. Así, categóricamente inferior. Este ‘racismo’ existe en muchas

además de ser un lugar común. simplemente. con un cielo más entretenido que el Mundial y una lluvia recia. Romero insiste y dirige la carga contra Lima pues esta ciudad tiene un cielo aburrido —porque obviamente un cielo perennemente gris aburre y un cielo que se respeta debe entretener— y una renuente lluvia que no hacen más que expresar y confirmar la mediocridad que lo corroe todo allí. volverlo a construir. se preocupan por las ventas. puro esnobismo apasionado. Eso. Incluso las revistas que desean hacer algo más que publicar fotos.instancias de la realidad nacional. es expresión de la propia y angustiante inestabilidad de la sociedad que la genera? Es lo que le permite ser puro maquillaje puritano. acaso. aunque estas sean aderezadas con discursos políticos que los medios difunden pretendiendo convencer de su vigencia y pertinencia. Y para hacerlo publican ad infinitum aquella arquitectura que es un producto establecido en el mercado —aunque recientemente. sea esto proporcionado por un albañil o un arquitecto —y sea este último reconocido o no—. la vida cultural no es una excepción y específicamente el campo arquitectónico tampoco lo es. poscolonial y con comportamiento enamoradizo que absorbe con el mismo sentimentalismo las mismas modas que crítica. de gotones bíblicos? Lima está mal en Arquitectura al igual que todo el país. ha dinamitado las estructuras y jerarquías y ha vuelto casi imposible construir discursos críticos. que la arquitectura limeña oficial (y moderna). Quizá así también dejemos de hacer esa Arquitectura del lugar común que tanto criticamos. Y otra cosa más: dejemos de asumir cuáles son los objetivos ulteriores de un proyectista al diseñar de una forma u otra. y esa situación difícilmente se superará hasta que exista un cambio cultural profundo en el gran público. Sucede que estas. la misma debilidad que la arquitectura oficial le reclama a la no reconocida? ¿No será la inconsistencia la principal característica con la que deberíamos lidiar y analizar crítica pero horizontalmente y de ida y vuelta? ¿Acaso alguna vez tuvimos un puerto . discutirlo. sacar conclusiones sobre él y que al final éste sea trascendente pues sirvió para algo más que para cumplir con los objetivos de sus promotores. O sea: ¿Lima está condenada a tener una arquitectura mediocre hasta que la corriente de Humboldt se detenga y empecemos a tener un clima tropical. Así. (Breve digresión: hagámonos todos un gran favor y desterremos los lugares comunes de nuestras discusiones. para criticarlo. Lo bueno es que en esta parte vuelve el mejor Romero y por fin va hilando argumentos para sostener que la precariedad es nuestra identidad nacional. Sobre esto pueden y deben hablar primero los mismos proyectistas si les interesa que su obra sea criticada en esos términos: los blogs son gratuitos y difícilmente esos limeñitos prejuiciosos de la argolla —prejuicios everywhere— pueden censurarles en la web). Ese posmodernismo ‘inclusivo’ que lo ha convertido todo en mercancía. Porque para eso era necesario que se publique el trabajo de Martínez. es una falacia muy divertida que está bien para la literatura cómica de Velarde. pero no puede ser un argumento serio. hacerlo trizas. Pero no me parece que sea el caso de las instancias editoriales de las revistas. Estos dos párrafos casi compensan el desvarío de la primera parte: “¿No sucede. hayan algunos intentos loables de Arkinka por romper esa burbuja— Qué más hacer en la sociedad mercantilista que el posmodernismo nos ha regalado. ¿No es esa. la de los grandes arquitectos. pronto enfrentan los pagos de fin de mes y tienen que preocuparse por vender. acaso. por ejemplo. Inicia pues la segunda parte. para que este empiece a demandar buena arquitectura y no se conforme con lo que sea que esté a su alcance.

pe/2014/06/arquitectura-peruana-y- arquitecturas-de. paradójicamente. que equipara la arquitectura profesional con la no profesional en el plano categórico. Pero yo me pregunto: ¿Con qué fin? ¿No responden acaso a distintas circunstancias. el artículo mismo sufra esa precariedad. Se están viendo fantasmas donde no los hay. (2005). Muy provocador. distintos medios. I. sabía que volvería. Tanto la satanización de la escena limeña como el responsabilizarla de todos los vicios del medio arquitectónico nacional son argumentos que se han convertido en refritos. La arquitectura hecha por arquitectos no es automáticamente mejor que la no hecha por arquitectos. Romero cita a Ludeña. No todas las obras lo hacen y por eso no todas las obras tienen la misma calidad —y ya se sabe que no podemos establecer la calidad por comparación si no evaluando cada proyecto en sus propios términos—. distintos tiempos? Finalizando. Los “edificios arquitectura” y los “edificios construcción”. ambos. Lo malo es que no vuelve por mucho. J. Romero. Anuario de la Arquitectura Peruana. Por sí sólo esto hace valioso el artículo en ciernes. 2014) Bravo. Pero esta equiparación categórica no es para nada una equiparación cualitativa. en nuestro país está en todas partes. Hay mil diferencias entre ambos proyectos que no tienen que ver con que uno sea de primera y otro de segunda clase. O quizá sea esto último un arriesgado tour de force para probar que esa precariedad. Lástima que. **** Referencias: Beingolea. Mucho más interesante es plantear la idea de precariedad como trasfondo filosófico sobre el cual entender la práxis nacional y sobre el cual trabajar desde todos los frentes profesionales.html . Así que la comparación entre El Edificio de Martínez y el ABC de Ciriani es bastante ociosa y no demuestra lo que Romero pretende demostrar. De acuerdo. deben justificarse como respuestas a problemáticas específicas en un contexto también específico. Obtenido de Revista La Chimenea: http://revistalachimenea. Insiste en la supuesta epopeya de Martínez y finalmente la equipara con una obra que es parte del acervo de nuestro establishment: El Conjunto ABC de Ciriani. (30 de Junio de 2014). Arquitectura Peruana y arquitecturas de segunda clase. seguro? ¿No será que hemos querido reiteradas veces alcanzar lo más alto pero siempre hemos saltado no en un trampolín sino en un tazón con mazamorra?” (Romero. Y la crítica no es la excepción.blogspot.