You are on page 1of 16

I

Los Suplementos son un cuerpo nuevo y expansivo 1. M iscelánea tem á tica: Acoge todos aquellos materiales
de la revista Anthropos y de Documentos A. Siguen que, tanto lectores como colaboradores, o simplemente cono­
una secuencia ligada temáticamente a ellas, pero cedores de la revista, espontáneamente nos envían para su pu­
blicación, sin otro compromiso que la oportunidad y vigencia
temporalmente independientes. Con ello ofrecemos cultural de los mismos. Son temas diversos que obedecen más
un mayor servicio documental y valiosos al interés e idea de trabajo de los remitentes que a nuestro
materiales de trabajo. planteamiento. Tienen la ventaja, sin embargo, del valor de la
actualidad y de la sensibilidad e interés por lo que verdadera­
Suplementos constituyen y configuran otro mente importa: el lector.
contexto, otro espacio expresivo más flexible, Esta serie recoge dos ámbitos de trabajo: uno, «Estudios
dinámico y adaptable, cuya organización temática y comentarios», y el segundo, «Periferias» (poemas, relatos
se vertebra de una cuádruple manera. breves, plástica, fotografía, etc.). Todo aquello que configure
un testimonio de actualidad y novedad expresiva; ya que ex­
presarse es lo que importa.
2. M onografías tem áticas: Este segundo grupo de suple­
mentos gira en torno a una monografía temática, complemento
y ampliación de lo tratado sistemáticamente en la revista. Esto
implica ponernos de acuerdo, previamente, con diversos espe­
cialistas para que elaboren el análisis sistemático correspon­
diente buscando una mayor profundidad y amplitud temática
y temporal, cosa que no es fácil realizar siempre en el ámbito
de la revista, por su periodicidad y limitación espacial. Se acude
a este sistema siempre que la ampliación venga exigida por la
importancia del tema o del autor estudiado y documentado.
3. A ntologías tem á tica s: El tercer tipo de textos se con­
creta en una antología —en los casos pertinentes— de los au­
tores estudiados en la revista, ofreciendo un material comple­
mentario y más amplio, interesante para el trabajo intelectual.
Como puede observarse, se trata de una expresión de un pro­
ceso de maduración y de su expansión de un cuerpo más am­
plio cuantitativa y cualitativamente.
4. Textos d e la H istoria Social d e l P en sa m ien to: Lo habi­
tual es conocer y difundir las fuentes oficiales y hegemónicas
de nuestra cultura, dejando olvidados múltiples temas, tradi­
ciones, ideas, aventuras críticas, heterodoxas y plurales, que
configuran sustantivamente el conjunto de nuestra tradición
de historia social del pensamiento. Con esta cuarta sene de
S up lem en tos queremos poner de relieve la verdadera historia
de la cultura sin jerarquías ni valoraciones externas, sino reco­
giendo toda la producción real, los textos ocultos no editados,
marginados, o simplemente considerados de menor interés,
pero que entendemos constituyen también el hilo conductor
de nuestra tradición y de nuestra historia presente. El pensa­
miento siempre permanece y por eso es mejor recogerlo ade­
cuadamente en expresión viva, diferenciada, como espejo de
vida y de presencia de otros. En el pensar han de estar todos
los pensamientos, las obras, los textos y los pueblos.

SUPLEMENTOS ANTHR OPOS
Ideación, edito rial y coordinación general: Diciembre 1991
Angel Nogueira Dobarro
D irector: Ramón Gabarros Cardona © Editorial Anthropos. Promat, S. Coop. Ltda.
Subdirector: Lluís M iró Grabuleda Edita: Editorial Anthropos. Promat, S. Coop. Ltda.
Consejo de redacción: M aría Cinta M artorell Fabregat, Esteban Vía Augusta, 64-66, entio. 08006 Barcelona
M ate Rupérez, Jaum e Roqué Cerda y Assumpta Verdaguer Au- Tel. (93) 217 40 39/217 41 28
tonell (documentalista) A dm inistración, ventas y suscripciones: Apdo. 387
P roducción y diseño: Joan Ramón Costas González, Pilar Felipe 08190 Sant Cugat del Vallés (Barcelona)
Franco, Inma M artorell Fabregat, Carme M untané Triginer y Tel. (93) 589 48 84 Fax (93) 674 17 33
Rosa Sala Codinachs Suscripción anual (6 núms.) para 1992: España: 9.975 PTA
G estión y dirección com ercial: Guillermo Losada Orue. D irec­ (sin IVA 6 % ) Págs.: 176 de promedio
ción de m ark etin g y acción c u alitativ a: Lluís M iró G rabuleda ISSN: 1130-2089 Depósito legal: B. 37.133/90
V entas: Rosa Bou Santos, Elena Gómez M onterde, G abnel R uiz Impresión: Novagràfik. Puigcerdá, 127. Barcelona
M artínez, César Serrano Pérez y Yolanda Serrano Pérez

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recupe­
ración de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier
otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial.

448. Mientras lo individual externo permanece toda la psique es sustituida.. Es significativo el he­ le... p. tombeau sans date—. A esta h ora ú n ica . Yeats. 1. C ahiers (como el propio Valéry ha puntualizado). de dos siglos (desde 1770) y no cubre más que la literatu­ 29/SUPLEMENTOS ANTHROPOS 47 . p. Paris.. y p u d iera o tra v e z h a cerse otro ! Así. tro de los pocos documentos siguientes que llevan ese título. p. mente. concluye Poem s. 183. P arque es la autobiografía de Valéry lo son también los voluminosos 18. me he propuesto aclarar los términos mismos de la problemática del género. riesgo He intentado hacerlo.. A l hacerlo. génesis. iQ u ién g im e. A l querer aportar claridad se corren dos riesgos: repetir de nuevo la evidencia (pues re­ ¿Es posible definir la autobiografía? sulta necesario comenzar por los cimientos) y. «J’ai eu un mal du diable avec les m ots... Este pasaje pertenece a esa sección. se d iv id a d e m is o tro s d estin o s air d’. No evitaré el primero... París. Le f o n d uno de los menos originales. Seuil.636) Espera un a lá grim a q u ed e m i d eb ilid a d se d isu elva . Jackson Matthews. Londres. me he tropezado en mi camino con textos. Londres.B . tratando de hallar criterios más cie a etem ita tis. 728. Tercer todavía la p erso n a q u e es. c o m o el poema. «Memoirs of a Poem» en C o llected Works. den­ p. au moins travailler pour notre langage. Yeats. éd.. vol. desarrollar una memoria diferente. 5. «Q ui saura me lire lira une autobiographie. p. De esta manera. pp.S. por consiguiente. Con un nuevo intento de defi­ nición. nales («¿Queréis contenido? Aquí lo tenéis»).1 opuesto. Esta m a n o m ía . Paris. 424. los C ahiers de Valéry: «Despertar». A u tobiograph ies. 1955. con toda seguridad. Alian Wade. 104. Nueva York.. en coherente. la situación del «definidor» resulta doblemente relativizada y precisada: h istórica m en te. ESTUDIOS El pacto autobiográfico tran en la obra A ffectionately. dejen constancia del peut avoir toutes les ruptures. cuando. Pero mi definición dejaba de lado ciertos pro­ cuanto al segundo. es uno de los menos reveladores. La carta está fechada 7. la segunda es una cita de Octave Nadal en La J eu n e Parque. A V ision. Cuarta E nnead. The co lle cte d Works o f P aul Valéry. relaciones entre la novela y la autobiografía. 18. Su lectura parece indicar un gesto de alti­ importe peu. sur les bords menaçants de l’Océan du Charabia» ¡En este momento un estado de equidiferencia tiene lugar como si. pp. Jean H yler. 17-18). que j’ai trouvé après coup dans le poeme fini quelque y q u e. J ’ai fait plus de cent b ro u i­ D istra íd a m en te d ó cil e n a lgú n lu g a r o cu lto y p ro fu n d o llons. Eliot. B. intentaré razonar mis distinciones. 1.. 1955. 13-46. —un petit Lo q u e es. si n o es sim p lem en te e l v ien to 10. vol. de W illiam Turner y Victor Scher. Lieux communs..» (O euvres. T. lo fantástico. 16. «Je me flattais parfois en essayant de me faire croire qu’il fallait apasionante para mí que el despertar. autobiographie (intellectuelle s’entende. Les transitions m’ont coûté une peine infinite. p. to d o que este auto­ tre terre. nuevo comienzo de una conciencia naciente. 533. y ello no es más que choque. 1969. Loureiro—del primer capítulo del libro de Phi­ esta definición no pretende abarcar más que un período lippe Lejeune Le pacte autobiographique. W. y por la confu­ sión de problemáticas procedentes de campos sin posible Philippe Lejeune comunicación entre ellos. fait de mots les plus purs et de ses formes les plus nobles. Tercer Tratado. Problemas de alguien. 1957. p. cho de que Valéry trabajara en los C ahiers por las mañanas temprano 3. Yeats. hubiera un momento (entre los más inestables) durante el que nadie es 14. sino poniéndome en el lugar de un lector de hoy las discusiones clásicas que siempre suscita el género auto­ que trata de distinguir algún orden en la masa de textos biográfico: relaciones entre la biografía y la autobiogra­ p u b lica d o s cuyo rasgo en común es que cuentan la vida fía. T heL etters ofW . El principio de lo que fue. (Véanse las C o llected Works. 1975. examinando las «cosas-en-sí» que serían los estrictos. p. P oetry. estupor y contraste. p. Enneads. 15. por la zona difusa que rodea el vocabulario empleado. p. 210. dar la impresión de que se quieren complicar las con el objeto de sentar las bases para establecer un corpus cosas con distinciones sutiles.» De C o rresp on d en ce Para q u e lo s m ás p u ros ilu m in en u n cora z ón e n silen cio. Los énfasis y las elipsis están en el texto. 1. 31 y 32. dans la forme. «J’ajoute. * Traducción —de Ángel G.631-1. pp. traducido por Stephen Mackenne..632). 6. Cuarta E nnead. The A rt o f the cuentra en los C ahiers. 7. Todas las re­ vol. 15. 1954. El volumen también incluye «On Poets and Poetry». 2 vols. (O eu v re 1. La primera cita es de The A rt o f th e P o etry (El a rte d e la poesía ). C ’est une rêverie qui después del despertar y que éstos. «C e poème est l ’enfant d ’une contradiction. Y. Se en­ 9. en su eñ os golp ea m is rasgos. He sentido la necesidad de afinarla y do­ He concebido mi definición.). no situándome sub spe- tarla de mayor precisión. Así por ejemplo. d A n d ré G ide e t d e Paul Valéry. Londres.» ahí se acaba ese tipo de autobiografía. El poema de este sugestivo pasaje del «despertar» está tomado de el 4 de junio de 1917. Es verdad que en el volumen 15 de C o llected Works se encuentra est la co n s cie n ce co n s cie n te . 31. 1. traducción con un «Etcétera. vol.. blemas teóricos. tomada de N otebook s. W. 17. 1957. Paris. 128. La vraie pensée n’est pas adaptable au vez por pane de Valéry ante las expectativas de los lectores convencio­ vers» (O eu v res. à défaut de combattre pour no­ Nada tien d e a dar una idea más extraordinaria de. dresser à cette langue un petit monument peut-être funéraire. éd. B. 1957-1961. Pa­ g im e tan ce rca n o a m í y a p u n to d e llo ra r? rís. en L’a u to b iogra p h ie en F ra n ce. 11. Precisamente de la misma forma que La je u n e ferencias siguientes pertenecen a esta edición. q u ién p. les reprises et les surprises d’une rêverie. 1937. el cual también tiene su comienzo. co n d ia m a n tes p erfecto si.636. p o co a p oco. pero. El pacto autobiográfico* irritantes por la repetición de los argumentos.. ¿Pero. p. 1. 1. 1. tras ofrecer una lacónica relación de fechas y acontecimientos. No hay ningún otro fenómeno más 13. Mais c’est une rêverie dont le personnage en même temps que Pobject 8.630). y también 4.. 165. es posible Tratado. M oi.» De la cana de 1922 a Aim é Lafont publica­ un texto titulado «Autobiografía» que no había sido publicado previa­ da en las O eu vres de la Pléiade. 1. 12.

somos no­ ley de todo o nada. cumplidas en su mayor parte sin serlo totalmente. las condiciones indicadas en cada una de esas categorías. Tema tratado: vida individual. con certeza. al leerlos. ni de establecer los cánones de un género proporción o. 1. de transición con los otros géneros de la literatura íntima la única que conozco bien). rán. y cualquier duda implica una fía sería la siguiente: conclusión negativa. sino simplemente que el modo en que de la obra o del presente contemporáneo a la redacción. hoy concebimos la autobiografía se convierte en anacró­ y construcciones temporales m uy complejas. Levemente modificada. 4. ficación de las «voces» de la narración. Basta continuar ese razonamiento para ver. Tú. — En el caso de la narración «en primera persona». la génesis de la parto de la posición del lector: no se trata ni de partir de personalidad. tengo la oportunidad de cap­ (memorias. Los géneros vecinos de la autobiografía no cumplen to­ das esas condiciones. tencia de una literatura de tipo personal antes de 1770 o pero eso no excluye secciones de autorretrato. clasificación que — diario íntimo: (4 b). las otras for­ tratado de definir la autobiografía por una serie de oposi­ mas de la literatura íntim a) a la biografía y a la novela ciones entre los diferentes textos que nos son propuestos personal: son las condiciones (3) y (4a). Es lo que Gé- — novela personal: (3). lectores. Las dificultades encontradas en esos análisis me lleva­ b) perspectiva retrospectiva de la narración. que oponer la autobiografía a la biografía. por el uso de la prim era persona. pero sabemos el del narrador y del personaje principal sin que la primera lugar que ocupa el discurso en la narración autobiográfica. al menos formular con claridad en las secciones siguientes: La definición pone en juego elementos pertenecientes — ¿Cómo se puede expresar la identidad del narrador a cuatro categorías diferentes: y del personaje en el texto? (Yo. Se trata de una cuestión de el problema). y el clasificador goza de cier­ tar con más claridad el funcionamiento de los textos (sus ta libertad a la hora de examinar cada caso particular. y esas son. namientos acerca de la autobiografía. pero la crónica y la historia social o políti­ la interioridad de un autor (la cual constituye precisamente ca pueden tener algún lugar. poniendo énfasis la del n a rra d o r y la del p erso n a je. si no resolver. Forma del lenguaje: ¿cómo se manifiesta la identidad del autor y la del perso­ a) narración. en las dos secciones últimas («El espacio autobiográ­ fico» y «Contrato de lectura»). Al partir de la situación del lector (que es la mía. diferencias de funcionamiento). puesto que han sido es­ Por otra parte. a la vez. los casos. 48 SUPLEMENTOS ANTHROPOS/29 . como pasa en la narración «ho- triñen de igual manera: ciertas condiciones pueden ser modiegética». En este caso no para su lectura. El texto de manera inversa. naje-narrador (Yo. en la historia de cita numerosos problemas. Tú. historia de una per­ — ¿No se confunden. ensayo). te señala con claridad que puede haber narración «en pri­ mera persona» sin que el narrador sea la misma persona Resulta evidente que las diferentes categorías no cons­ que el personaje principal. las condicio­ sotros quienes los hacemos funcionar. de jerarquía: hay zonas naturales literario. el tema debe nico o poco pertinente fuera de ese campo. eso no quiere decir que haya que negar la exis­ la perspectiva debe ser fu n d a m e n ta lm e n te retrospectiva. la definición de la autobiogra­ No hay gradación posible. hay ni transición ni libertad. hay dos condiciones sometidas a una critos para nosotros. autobiografía asume queda indicada. en la mayor parte de los razo­ sonalidad. en general. que pueden coincidir las identidades debe ser fu n d a m en ta lm en te una narración.2 Pero Genet­ — autorretrato o ensayo: (1 y 4b). 2. Situación del autor: identidad del autor (cuyo nom­ tid a d y de parecido} (C opia certifica d a )? En ese caso habrá bre (reenvía a una persona real) y del narrador. más bien. su personalidad. en la mayor parte de — biografía: (4a). ESTUDIOS El pacto autobiográfico ra europea. Pero esta id en tid a d sus­ en su vida individual y. establece considerando las obras de ficción. He aquí la lista de condiciones que Yo. persona sea empleada. T ex tualm ente. e l a b ajo fir m a n te )? En este caso habrá b) en prosa. que intentaré. Para que haya autobiografía (y. diario. en particular. las nociones de id en ­ 3. rard Genette llam a narración «autodiegética» en su clasi­ — poema autobiográfico: (Ib). Él no se ven cumplidas en otros géneros: La identidad del n a rra d o r y del p erso n a je p r in cip a l que la — memorias: (2). ser fu n d a m en ta lm en te la vida individual. U na identidad es o no es. un diario fuera de Europa. y que. De esta manera. literatura D efin ició n : Relato retrospectivo en prosa que una per­ íntima) es necesario que coincidan la identidad del autor. Posición del narrador: a) identidad del narrador y del personaje principal. he nes que oponen la autobiografía (y. El). sona real hace de su propia existencia. a tratar de modificar el U na autobiografía es toda obra que cumple a la vez campo del problema autobiográfico. que oponer la autobiografía a la novela.

la persona empleada de manera privilegiada en toda la Esto está de acuerdo. si tal caso existie­ d e H en ry A dam s. el mismo H enry Adams. o de algunos b) Los ejem plos que se dan aquí está tomados to­ textos del general De Gaulle). igual­ Este procedimiento ha sido empleado por razones m uy mente implícito. e introduce en su narración una trascendencia. se podría también el autobiógrafo se llama a sí mismo «siervo del Señor»).a persona en 3. la distancia de la mirada de la his­ pondientes. En todos los ejemplos dados hasta ahora. rellenar el cuadro con ejemplos de obras de ficción. pero nos prohíben que confundamos puede darse identidad del narrador y del personaje princi­ los problemas gramaticales de la persona con los proble­ pal en el caso de la narración «en tercera persona». la búsqueda casi socrática de una educación por un de un discurso con el lector como espectador. solamente casi siem p re. o por Georges Perec en Un hom - gramatical. desde una n a rra d o r = distancia púdica. No conozco ninguna autobiografía que haya sa de la polisemia de la palabra «persona». el destinatario (tal vez uno mismo) sería el receptor sona. c) El caso de la biografía que se dirige al modelo es en últim a instancia. su incertidumbre con autobiografía autobiografía autobiografía respecto a su identidad. Es evidente que el yo. escrita tú (el lector). La ed u ca ción una autobiografía en segunda persona. es decir. Claude Roy. tradujo. El hablar de presentar intrusiones de un narrador en primera per­ uno mismo en tercera persona puede implicar un inmenso sona. la tercera persona es empleada C uadro l a lo largo de toda la narración. al hacer intervenir el problema del au tor. el tú supone un yo. de igual manera que en irónica. pero tal procedi­ carada en la práctica por las conexiones que se establecen miento aparece a veces de manera fugitiva en el d iscurso casi siem p re entre tal persona gramatical y tal tipo de re­ que el narrador dirige al personaje que ha sido. literalmente. un episodio de su vida amorosa. joven americano. ¿Quién me puede 29/SUPLEMENTOS ANTHROPOS 49 . se identifica.3 La p erson a je p rin cip a l (autodiegética) existencia de estos textos bilingües. la pero podemos imaginárnoslas. queda enmas­ sido escrita enteramente de esta manera. ESTUDIOS El pacto autobiográfico Resulta necesario distinguir. en tercera per­ ra.a persona procedimiento de manera más banal para narrar. queda establecida indirectamente. a través de juegos de voz. Pero sucede reconfortarlo si se encuenta en una situación difícil. casos y toda una narración hay ciertamente diferencias. pero este por regla general permanece im­ por el interesado. con la cual. verdaderas «rosettas» de la identidad. Podemos imaginarnos el de los discursos académicos. incluso si el narrador permanece implícito. posibles. con el sentido prim a­ narración. en Nous. es una biografía. el narrador asume. de desdoblamiento o de distancia que es el verdadero destinatario. Indi­ En ambos casos. p erson a je en 1. y autor = personaje.4 Entre estos a repensar las definiciones. sea para lación de identidad o tal tipo de narración. en sentido contrario. De esta manera podemos represen­ identidad. utiliza ese clásica en 2. en el que André Gorz id en tid a d n. frente al personaje que co las categorías de G. las excepciones innegables obligan para echarle un sermón o para rechazarlo. se puede ver que no cubren todos los casos toria o la de ia mirada de Dios. Es el caso del libro de H enry Adams. pues confirma la posibili­ n a rra d o r — biografía biografía biografía dad de la narración autobiográfica «en tercera persona». resulta evidente que es posible es­ (homodiegética) (heterodiegética) cribir sin que sea en primera persona. mientras que en el resto del texto el na­ Yo Tú Él rrador y ese personaje principal se confunden en la pri­ mera persona: es el caso del Traitre. En efecto. H ay autobiografías en las p erson a que una parte del texto designa al personaje principal en \ v r a m a tica l tercera persona. de donde se deduce que narra­ a) Por «persona gram atical» debe entenderse aquí dor = personaje. de la eternidad. orgullo (caso de los C o m en ta rio s de César. autobiografía arroja luz sobre fenómenos que la ficción Estos usos de la segunda y la tercera persona son raros deja en una zona indecisa. pero escrita como una simple biografía. por el empleo del yo. al no estar establecida en el interior del texto tarnos el cuadro 1. en particular. dos cri­ impedir que escriba mi vida llamándome «tú»? En el cam­ terios diferentes: el de la persona gramatical y el de la iden­ po de la ficción ha sido puesto en práctica por M ichel tidad de los individuos a los que nos reenvía la persona Butor en La m od ifk a tion . Esta distinción elemental suele olvidarse a cau­ m e qui dort. es m uy valiosa. por consiguiente. plícito. sin Aclaraciones sobre el cuadro: ambigüedad alguna. el hecho de que en la autobiografía. no se concibe sin un rio de la palabra autobiografía'. a la persona cuya vida se cuenta delante de un auditorio sean de contingencia. en los que uno se dirige efectos totalmente diferentes del mismo procedimiento. en las que por la biografía y la autobiografía. en la que el autor cuenta. Genette en los tres casos corres­ él ha sido en °! nasado. o cierta forma de humildad dos del conjunto de narraciones referenciales formado (caso de ciertas autobiografías religiosas antiguas. y la narración en tercera persona puede diversas y ha producido efectos m uy diferentes.a persona dirigida al clásica Incluso si uno permanece en el registro personal (pri­ p rin cip a l (narración de modelo un testigo) mera/segunda persona). Esta mas de la identidad. por una doble ecuación: autor = na­ rrador.

Pero. ese vértigo. vel de la referencia (discurso que envía a su propia al imaginar simplemente los factores que.. en este campo. como nos hace creer el gran refrán de no tengo problema en identificar a esta persona. etc. pueden hacer que la identidad de la persona se vuelva aceptada instantáneamente por el destinatario como un indeterminada. si alguien dice: «Yo nací el [. Conjuremos. disociar el problema de la persona del de la identidad. al nivel del enunciado. por la articulación de mente (caso de la grabación) o en el caso de la conversación esos dos niveles. en el acto rencia entre la novela autobiográfica y la autobiografía.. además. el apartado «Copia cer­ relacionadas esta vez con la manera en que se establece la tificada»). Nadie se atreve a negar que el y o envía a la hecho.. tú te repites». Pero si esos signos se vuelven bo­ Permítaseme recordar.. aspectos de la voz: ¿Quién está ahí? —yo—. en principio. primera persona. etc. mas del enunciado. por el momento. de la re-cita..]». no resulta menos natural que yo me haga la pre­ distinguen los discursos insertados (citados) cuando se trata gunta. más adelante. Pero. Si la voz está diferida temporal­ pleo del pronombre y o nos lleva. introducido la mayor confusión en la problemática de la gética): con ello nos encontraremos nuevas incertidumbres. b) Lo o ra l a dista n cia : caso del teléfono. autobiografía (véase. dado que soy discurso. yo solo». Partiré de los análisis de Benve. una idea de los problem as suscita­ modelos existentes o posibles de la autobiografía. Enunciado-. Cuando la Berma representa Fedra. El y o envía. unas rrosos o se difuminan. ces la función de las comillas. se trata de una simple rela­ enunciación: pero la enunciación no es el término último 50 SUPLEMENTOS ANTHROPOS/29 . Dejando de lado. En esta situación se podría pensar que la referencia del y o no plantea problema alguno: y o es quien Supongamos que todas las autobiografías estén escritas en habla. Por ejemplo. Rousseau: «Yo. que identificamos por el hecho mismo de que habla. sino dos niveles: el y o el que define a la persona. vemos así al caso de la escritura. se ha biografía clásica «en primera persona» (narración autodie. de una aserción como cualquier ción. Al menos ese es el efecto global obtenido. la identidad es inmediata. confundidas en el empleo del pronombre yo: por no excepción. al que habla y al que la primera persona es un rol. Por el momento. Eso no nos debe llevar a pensar que los tipos de «ecuacio­ nes» establecidas en esos dos niveles sean similares: al ni­ Hasta ahora he hecho como que seguía a Benveniste. los pronombres personales de primera ción a través de una puerta o durante la noche.. aparece la incertidumbre: es el caso nociones elementales de lingüística. ¿quién. no tene­ persona señalan la id en tid a d del sujeto de la enunciación mos más recursos para identificar a la persona que los y del sujeto del enunciado. yo? Aquí todavía resulta posible que el diálogo nos pueda lle­ De esta manera. cada vez. logo en el discurso oral. Thyde Mon. y yo. dos: ¿es realmente la misma persona el bebé que nació ayuda a poner en entredicho las certidumbres acerca de en tal clínica. Lo qué estamos entreviendo aquí. y es percibida y oral. en una situación enunciación). Y. bargo. El ejemplo que he ele­ Esta disociación permite dar cuenta de la complejidad de los gido da. La entonación juega un papel aná­ (es decir: «¿Q uién dice “¿Quién soy yo?” ?»). com illas. y yo} Es importante distinguir estas dos relacio­ tobiografía. carecemos de ese recurso. en una época de la que no tengo recuerdo la posibilidad de dar una definición «textual» de la au­ alguno. otra. al tener en cuenta los casos de excep­ ción. me lim itaré a reflexionar sobre la enunciación. lector. distinguiendo el personaje niste.. con 1. dez: se consideran naturales y desaparecen perdidas en la ¿quién dice yo} La situación teatral puede cum plir a ve­ ilusión que engendran. R eferen cia : los pronombres personales (yo/ tu) solo respecto a la autobiografía. una conversa­ 2. mismo de la enunciación. hay dos tipos de situaciones orales en las que esta Stendhal: «Con el y o y el m í. Pero aquí el vértigo nos rentes a las suyas.5 acomete. el de la auto­ distinguir entre ellas. de una manera más general. Benveniste señala que no hay Pero también. el em­ var a la identificación. ESTUDIOS El pacto autobiográfico Resulta necesario. el de la repre­ las cosas más simples son las que se olvidan con más rapi­ sentación teatral. Vol­ la que nació. la evidencia de concepto de yo. Signos de diferentes tipos. por el mo­ mento.). para la autobiografía en sí. aunque para llegar a conclusiones levemente dife­ ficticio de la persona que dice yo. pues incluso a la persona más ingenua se le ocu­ La «prim era persona» se define por la articulación de rre pensar que no es la persona la que define al yo.. y. Claude Roy: Mi yo. es decir. en mi posición de interlocutor o de oyente. antes de seguir adelante. los proble­ identidad del a u to r y la del narrador-personaje. Los análisis de Benveniste parten de la situación del El abajo firmante discurso oral. son los problemas de la dife­ tienen referencia real en el interior del discurso. enunciada. como veremos más adelante. etc. que podemos creer o no.. de manera diferente: «¿Quién es y o »? de discursos escritos. y tras haber invocado la nes. por otra parte. Incluso en este caso se plantea la siguien­ a) La cita: es el discurso en el interior del discurso: te cuestión: ¿cómo se manifiesta la identidad del autor y la primera persona del segundo discurso (citado) remite la del narrador? Para un autobiógrafo es natural pregun­ a una situación de enunciación enunciada en el primer tarse simplemente: «¿Quién soy yo?». a identificar la persona que habla con unidireccional (la radio). volvamos al caso más frecuente. Sin em­ los auto biógrafos: Yo. rayas. identificación puede plantear problemas: nier: Yo (autobiografía en cuatro volúmenes.

. Es una persona que es­ nicación resultaría imposible».6 comunicación escrita. a través de otros medios. Todas las identificaciones (fá­ es resuelto instintivamente a partir de datos extralingüís. llevan fatalmente a convertir la tidad se convierte en un problema. el empleo de esta pri­ cia está atestiguada por su estado civil y es verificable. y lo imagina a partir de lo que produce. Benveniste justifica de la que he propuesto más arriba. él mismo susceptible de ser designado por un nombre (se la cual exige de esa manera que se le atribuya. El autor se y es la categoría léxica de los nombres propios (los nom­ define simultáneamente como una persona real socialmen­ bres propios que designan a personas): hay casi tantos te responsable y el productor de un discurso. Benveniste parece olvidar que este indicativo distinto existe. debemos situar los problemas de la concepto. de igual manera que la alocución designa al cepto de él. En muchos casos la presencia del autor en b) La oposición con cep to/ ca ren cia d e co n cep to recibe el texto se reduce a solo ese nombre. pues presenta a su vez un problema de id en ­ pero para cada uno ese y o envía a un nombre único que tidad . como lo muestra el orden de la adquisición del len­ fías: si la autobiografía es un prim er libro. la fir m a designa aseveración m uy acertada si añadimos que no hay con­ al enunciador. pero su existencia queda fuera de duda: las miento que posee de su subjetividad irreductible. la idea de una persona que no es re- tiene de irreductible al nombrarse. es m uy importante para la lectura de las autobiogra­ na. que envía a una persona real. al utilizar el y o no se pierde sin embar­ en el «factor común» de al menos dos textos diferentes go en el anonimato y es siempre capaz de enunciar lo que y da. que autobiografía en relación al n o m b r e propio. y que. El niño habla de sí mismo en tercera desconocido. convierte en incomprensible el hecho do el nombre propio inscrito en la cubierta se convierte de que cada uno. pero este enunciador es lidad extratextual indudable. económicamente. ciles. ningún pronombre perso­ destinatario. la persona que enun­ vez que resulta necesario: caso de la p resen ta ció n hecha cia el discurso debe hacer posible que se la identifique en por el mismo interesado o por una tercera persona (la pa­ el interior mismo del discurso. Cier­ mera persona que carece de referencia fuera de su propia tamente. labra p resen ta ció n misma es sugerente por su inexactitud: además de los índice materiales. Cuando la comunicación oral se complica. la responsabilidad de la enunciación de todo el ferentes. el autor es la línea de contacto entre ambos. incluso si cuenta su vida en el libro: le falta. y tal vez no sabe. Entiendo con esas pala­ bras. A caballo entre lo extratextual y el texto.8 prácticamente tantas lenguas como individuos y la comu­ U n autor no es una persona. pero cree en su existencia. en últim a trate de un nombre común. 261) que no hay concepto del yo: del discurso escrito. la la presencia física no basta para definir al enunciador: solo grafía o las singularidades ortográficas. la iden­ de las situaciones orales. a menos que no desee permanecer En el discurso oral se vuelve al nombre propio cada anónim a (¡lo cual puede suceder!). Tal vez al olvidarse de articularla en la categoría léxica de los nom­ no se es autor más que a partir de un segundo libro. demostrativo. a la toma de respon­ y el pronombre personal). y Benveniste el autor se define como la persona capaz de producir ese tiene razón al subrayar la función económica del yo: pero discurso. nal. 254). sable para lo que llamaremos el «espacio autobiográfico». y que. ya que cribe y publica. pues ese lugar bre propio (y no de la oposición entre el nombre común va unido. indispen­ sona. quién es enunciación: «Si cada hablante. difíciles o indeterminadas) sugeridas antes a partir ticos. ESTUDIOS El pacto autobiográfico de referencia. de modo semejante. en el caso de la comunicación oral directa. posesivo. encima o debajo de este. uno siempre podrá enunciar. el lector no verifica. toda la enunciación está a cargo de una perso­ ble de ser designada por un nombre. pro­ na que tiene por costumbre colocar su n o m b re en la por­ ponemos los siguientes matices en su análisis: tada del libro y en la página del título. o de un nombre propio). Esto. los sobrepasa a todos. se da la presencia completa en la nominación). cada uno se nombrará y o al hablar. texto escrito. 29/SUPLEMENTOS ANTHROPOS 51 . Poco después. en general. mucho an­ los ojos del lector. a persona al designarse por su nombre de pila. es un aspecto de la conjugación del verbo. como el matasellos. ducible a ninguno de esos textos en particular. Extrañas hipótesis. sino que ejerce simplemente una función. el cual. su autor es un guaje por los niños. de esa manera. nombres propios como individuos. En el caso Benveniste indica (p. De esta manera. determinado de maneras di­ instancia. Naturalmente. para expresar el senti­ esa persona. como vere­ articulan antes incluso de articularse en la primera perso­ mos. las cuales aparecen en la definición de autobiografía En otro momento (p. En los textos consiste en e n v ia r a un nombre o a una entidad suscepti­ impresos. capaz En el n o m b r e p ro p io es donde persona y discurso se de producir otros. ese signo de realidad que es la produc­ tes de comprender que también puede usar la primera per­ ción anterior de otros textos (no autobiográficos). sa b ilid a d de una p erso n a real. dispu­ excepciones y los excesos de confianza no hacen más que siera de un “ indicativo” distinto (en el sentido en que cada subrayar la credibilidad general que se otorga a este tipo emisora de radio posee su “ indicativo” propio) habría de contrato social. ha remitido ja m á s a un Por consiguiente. por una convención social. En ese nombre se resume toda la existencia de lo a) El pronombre personal y o remite al enunciador del que llamamos el a u tor: única señal en el texto de una rea­ discurso en el que figura el yo. Pero el lugar asigna­ su sentido de la oposición entre nombre común y nom­ do a ese nombre es de im portancia capital. cuan­ bres de personas. una persona cuya existen­ siguiente manera. Para el lector. ese no que no conoce a la persona real. etc. Pero en el caso de la primera persona en un nombre propio.

Este es un criterio m uy sim­ un p a recid o producido al nivel del enunciado. del que se sirve una persona real para p u b lica r todos hay identidad del narrador y del personaje) como las na­ o parte de sus escritos. sino todo lo contrario. a partir de parecidos que cree percibir. d ifer en cia algu n a . Vemos. A diferencia de bre de pluma. La autobio­ pensar que las historias coinciden en últim a instancia. por lo tanto. y lo ha hecho con ser que el lector tenga razones para pensar que la historia frecuencia. Que las Clau. mientras mento en que el seudónimo es demarcado como tal y que que el autor ha preferido negar esa identidad o. autobiografía de un autor. él. No es exactamente un nombre falso. Raym ond Abellio explica que él se llama El héroe puede parecerse tanto como se quiera al autor: Georges Soules. sea por compara­ yendo la página del título. El pacto auto­ 52 SUPLEMENTOS ANTHROPOS/29 . el segundo nombre es tan auténtico como el primero. vela autobiográfica»: llam aré así a todos los textos de fic­ autorretrato. esencial. al mismo tiempo que a la autobiografía. y casi nunca de una obra que se presenta como la de O livier Todd. Yendo de la primera persona al nombre propio. El caso de L ’a n n ée du cra b e resulta ejemplar en este sen­ un desdoblamiento del nombre. o fundándose en informaciones ex­ globamos en el texto. se trata en esos casos de producciones ais­ un crítico ha escrito. en la categoría de «no­ a todos los demás géneros de la literatura íntim a (diario. con el nombre del autor inscrito ternas. Al escribir su autobiografía. y aclara por qué ha elegido su seudóni­ mientras no lleve su nombre. Todos los procedimientos que emplea En el caso de un nombre ficticio (es decir. la importancia de emplear e indica simplemente ese segundo nacimiento constituido un vocabulario claramente definido. con frecuencia. se le distingue del nombre de un personaje ficticio. ¿cómo distinguir entre la autobiografía y la no­ d in es no pueden ser aceptadas como autobiografías resul­ vela autobiográfica? H ay que adm itir que. desde el mo­ da una identidad entre el autor y el p erso n a je. Clau. nes. diferente la autobiografía para convencernos de la autenticidad de al del autor) dado a un personaje que cuenta su vida. me dine es el nombre de una heroína ficticia.. página cuatro un texto del editor asegura al lector que Todd No debemos confundir el seu d ón im o así definido como es Ross. y de ninguna manera cemos en el plano del análisis interno del texto. narradora de veo obligado a rectificar lo que escribí en L ’au tobiogra ph ie relatos que llevan su nombre como título. a contar la historia de ese amigo con una convicción to­ Obtiene su realidad de la lista de esas otras obras que sue­ talmente personal). Hábil procedimiento publicitario. hasta la casi transparencia cherías o estar impuesto por motivos de discreción: pero.9 El seudónimo es simplemente una diferenciación. Así. que no cambia en abso­ tido: el héroe de O livier Todd se llam a Ross. disponemos de un criterio textual general. autor de una serie de narraciones. Falta aquí lo ser el a u to r del libro. no hay por la primera. la iden­ que no nos parece ficticia (como cuando alguien nos dice: tidad del n om b re (autor-narrador-personaje). y se define por su contenido. que «tras los seudónimos transparentes. implica grad acion es. Veamos un ejemplo m uy simple: Co. Definida de esa manera. o incluso en el proceso de lectura de una narración en ella. personaje de quien se habla.10 mos literarios no constituyen ni misterios ni mistificacio­ La autobiografía no conlleva gradaciones: o lo es o no lo es. pero en la luto la identidad. la novela autobio­ U n seudónimo es un nombre. si permane­ ta evidente por la segunda razón.». que se dónimos? Objeción fácilmente descartable. La autobiografía no es un jue­ como ficticia por el simple hecho de que es incapaz de go de adivinanzas. solo de manera secundaria. to a u to b iográ fico . el autor que usa un seudónimo nos dará el origen de ese un seudónimo solo puede tratarse de un nombre de autor. en la cubierta). a propósito de L ’a n n ée du cra b e (1972) ladas. Sidonie Colette). Esto es cierto si nos lim itam os al texto. los seudóni­ todo el libro resulta obsesionadamente autobiográfico». pero que no nombre de un a u to r (in scrito en la cu b ierta d e l lib ro ) con cambia nada. El crítico habla de por los escritos publicados. la novela puede imitarlos. Por muchas razones que tengamos para len encabezar el libro: «Del mismo autor». ¿por qué lleva otro nom­ el n o m b re atribuido a una persona ficticia d en tro d e l li­ bre? Si fuese él. por lo tanto. en estas distinciones. Si Ross es Todd. sino un nom­ persona). y se pone tico. el narrador y el al nivel de la enunciación y. es grafía (narración que cuenta la vida del autor) supone que evidente que el texto así producido no es una autobiografía. exclu­ del personaje coincide con la del autor. El seudónimo es un nombre de rraciones «impersonales» (personajes designados en tercera autor. puede su narración. idén­ «Tengo un buen amigo a quien le ha sucedido. por su nombre. lo que yo he propuesto que se denomine el p a c­ lette es el seudónimo de una persona real (Gabrielle. que asume una serie de textos publicados diferentes. un nombre de persona. ¿por qué razón no lo ha dicho} No im ­ bro (incluso si esta persona es el narrador y asume la enun­ porta que nos tiente a adivinarlo o que el lector lo ciación de todo el texto): pues esta persona es designada descubra a pesar del autor. ensayo). no afirm arla. un segundo nombre. existe una id en tid a d d e n o m b re entre el autor (tal como pues esta supone en prim er lugar una id en tid a d asum ida figura. seudónimo: así. que lleva a concluir que se trata del autor «clavado». de la misma manera la autobiografía. ción en los cuales el lector puede tener razones para Una objeción se presenta inmediatamente: ¿y los seu­ sospechar. to por el lector puede ir desde un vago «aire de familia» Es cierto que a veces el seudónimo puede encubrir super­ entre el personaje y el autor. ple que define.. Esos textos entran. ESTUDIOS El pacto autobiográfico El autor es. «seudónimo» en el caso del nombre del héroe: para mí. Por regla general. no tiene nada que ver con mo. al menos. en France-. en el momento en que la en­ ción con otros textos. diferente al del estado gráfica engloba tanto las narraciones personales (en las que civil. El «parecido» supues­ que una religiosa toma otro nombre cuando se ordena.

tiene nombre. Para cada cido») dependen. El lector podrá poner en entredicho el de ser compatible con un pacto autobiográfico). pero. ción del nombre del personaje y del nombre del autor. dia­ biografía puede ser inex acta en el sentido de que el perso­ rios íntimos). de la cuestión de uno de esos criterios hay tres situaciones posibles. D e m a n era p a ten te. El per­ la a u ten ticid a d (problema de la identidad). Vemos. por otra par­ ponsable único del libro. el cual puede identidad del nombre y del pacto novelesco. a testa ció n d e la f i c c i ó n (hoy en bre la portada. ¿Q uién me impediría es­ parecidos a pesar del autor. autobiográfico: ¿no se constituyó la novela del siglo XVIII U na ficción autobiográfica puede parecemos «exacta» a través de la im itación de las diferentes formas de la lite­ en cuanto al parecido del personaje al autor. y la posibili­ tomar dos formas: a) empleo de títu lo s que no dejan lu­ dad de que se dé un nombre diferente y un pacto auto­ gar a dudas acerca del hecho de que la primera persona biográfico. autobiog. Si O livier Todd hubiese presentado E année du U na vez postuladas esas definiciones. nos remite al nombre del autor (H istoria d e m i vid a . 2) no torno al nombre propio. de tal manera que el lector no duda de que el y o remite al nombre que figura en la portada. 3) tiene el mismo nombre que el autor. autobiog. una auto­ ratura íntim a (memorias. ESTUDIOS El pacto autobiográfico biográfico es la afirm ación en el texto de esta identidad. Frente a una narración de aspecto que ha hecho. narrador y perso­ pacto es: 1) novelesco. larse el p a cto n o v elesco . Se puede parecido. p a ten te d e la n o -id en tid a d (el autor y el personaje no tie­ y nos envía en últim a instancia al nombre del a u to r so­ nen el mismo nombre). al nivel del nombre que se da el Pacto narrador-personaje en la narración. Sabemos m uy bien la objetar que la novela tiene la capacidad de im ita r el pacto manera en que cada uno se aferra a su nombre. De ahí ha nacido prueba es que la superchería de Ossian fue efímera. si se la afirma (caso de la auto­ cribir la autobiografía de un personaje imaginario y de biografía). naje puede ser establecida de dos maneras: A l articular estos dos criterios obtenemos nueve combi­ naciones teóricas: de hecho solo siete resultan posibles. y cómo). im plica pacto no­ das: pero todas ellas manifiestan la intención de hacer ho­ velesco. en tanto que ese alguien no es el au tor. pero jamás la identidad. a pesar tador) en el título. in­ N om bre d e l p erson a je 4 n o m b re = n o m b re cluso cuando el nombre no se repita en el texto. la la n o v elesco novela novela Es necesario que la identidad sea establecida al menos Ib 2b ia = 0 por uno de esos dos medios. etc. el lector suele tender a convertirse en de­ son con Ossian. El La id en tid a d d e n o m b r e entre autor.). 1. en un campo un poco diferente. 3) autobiográfico. dado que MacPherson no fía: siempre nos parece más verdadero y más profundo se pudo abstener de hacer figurar su nombre (como adap­ lo que hemos creído descubrir a través del texto. por­ el mito de la novela «más verdadera» que la autobiogra­ que sabemos quien es el autor. es decir. en últim a instancia. el n o m b re d e l autor. con ocasión del p a cto a u to b iográ fico . etc. Solo escapan a ese te. autobiog. del autor. el subtítulo n o v ela cumple esta función. 2) no hay pacto. y. Puede pretenderse publicar gará el parecido.). al nivel de la conexión autor-narra­ al quedar excluidas por definición la coexistencia de la dor. adviértase Las formas del pacto autobiográfico son m uy varia­ que n o v ela . de­ publicarla bajo su nombre. = 0 d el a u to r d e l a u to r 2. mientras que n a rra ció n es indeterminado y pue­ nor a su fir m a . tenderá a encontrar diferencias (errores. y esta rareza no es debida al respeto por el nombre mada (caso de la ficción). ¿tal vez nuestra crítica bus­ car todos los casos posibles siguiendo dos criterios: rela­ caría las fisuras. el cual tendría dos rasgos: p rá ctica 29/SUPLEMENTOS ANTHROPOS 53 . la cual gira en sonaje: 1) tiene un nombre diferente al del autor. Pero esta objeción no se sostiene si pensamos naje difiera del autor: esas son cuestiones de hecho que esta im itación no puede remontarnos hasta el térm i­ (dejemos de momento de lado el preguntarnos q u ién juz­ no final. igualmente imaginario? Es lo form aciones. que no cambian en absoluto la autobiografía de alguien al que se quiere hacer pasar las cuestiones de d erech o. día. a buscar los momentos en que no se res­ res que sean capaces de renunciar a su p r o p io n o m b re. la im portancia del contrato en la medida en que criterio los casos de superchería literaria: son excesivamente determina la actitud del lector: si la identidad no es afir­ raros. podemos clasifi­ cra b e como su autobiografía. las inconsistencias. no hay caso. b) secció n in icia l del texto en la que el na­ rrador se compromete con el lector a comportarse como C uadro 2 si fuera el autor. en en el siglo XIX. que todas las cuestiones de fid elid a d (problema del «pare­ naturaleza del pacto establecido por el autor. A uto­ biografía. cartas. La peta el contrato (cualquiera que este sea). el lector tratará de establecer de otro o al temor del castigo. res­ tablecido entre el autor y el lector. y que coincide con el del autor en la portada. los amaños? Es decir. el tipo de contrato es­ por real. blecida por los dos al mismo tiempo. MacPher- autobiográfico. porque hay pocos auto­ tective. Im p lícita m en te. 2c 2b Simétricamente al pacto autobiográfico podría postu­ a u to b iog. pero muchas veces es esta­ novela indeterm. en la term inología actual. es decir. Este caso es raro.

ESTUDIOS El pacto autobiográfico El cuadro 2 no da todas la combinaciones posibles. N om bre d el personaje / n om b re d el au tor: Este he­ cho mismo excluye la posibilidad de la autobiografía. El lector. podrá leer esa obra en lemne (el autor. aunque un buen número de lectores se equivocan al ción de Las m oscas. «yo» remite siempre a Quinet. de Jean-Paul Sartre. El que extraña intrusión autorial funciona a la vez como pacto aparezca el nombre propio en la narración se da mucho novelesco y como índice autobiográfico. tiene caso debe darse con poca frecuencia y no se me ocurre un nieto: «yo»). pero el autor declara explícitamente que se dará claramente o. Im­ 3. por lo tanto. del narrador y del autor. pero esta obra de ficción no rece sobre el título: Jean-Paul Sartre. que acabe c) Pacto au tobiográfico: el personaje no tiene nombre por aparecer en la narración.. Todo depende del pacto pro­ de una familia. el lugar y la época son muy va­ y aparece en la portada. y o creo [. en general el pacto autobiográfico no men­ de un canto a la infancia en general. ciones «autodiegéticas». incluido en el título. del todo falsa. si él desapareciera Francia no al autor (enunciado del que solo podemos hacer respon­ sabía lo que se perdería». misma nos ofrece los aspectos más variados de ese nom­ excepto en una ocasión en la que se nos propone como bre.11 sodio de poca importancia que podría desaparecer del b) Pacto = 0: no solo el personaje no tiene nombre. Además. y sitúa al texto después del comienzo del libro. ya que la narración es autodiegética). soltero [. Pueden distinguirse dos casos: nuscrito autobiográfico que el autor-editor habría en­ a) Pacto = 0 (entendemos por pa cto el pacto del título contrado en una buhardilla. con el narrador. En toda la narración. Ejemplo: no aparece el nombre hasta la página 107. pues ese nombre es del todo evidente un niño en particular?). p. que haya o no.. en un pacto ini­ siguen. en la medida en que se trata casi siem­ 54 SUPLEMENTOS ANTHROPOS/29 . y.) o como ficticia (y tomada o de la página que lleva el títu lo): el lector constata la iden­ por verdadera por el lector. En todo caso. texto sin que su aspecto general cambiase: así. prácticamente siempre aparece el nombre.. el cual. por el pac­ to. 188). con ocasión La m ère et l ’e n fant. por el hecho mismo de ser autor. La historia te. Por el nombre deducimos la identidad ningún ejemplo. No pacto. o «Ella me amaba. Green. 1963). se su­ el registro que quiera. Y que se trata del encaja en este caso. Proust. narrador y héroe. ni autobiográ­ biografía de J. ción solemne en tal sentido. ese nombre en la narración. hasta las deformaciones sable al autor. a la vez. La náusea. según su humor. el pacto célebre autor. Hay tres casos posibles: dor interviene por vez primera explícitamente en la na­ a) Pacto novelesco (la naturaleza «ficticia» del libro que­ rración («Él me resulta intrigante: yo sé que se ha quedado da indicada en la página del título): la narración autodie. y no de un homónimo. y el niño ni va: es el caso de L’a ge d ’h om m e. Alguien cuenta la historia jo. la narración es ambigua (¿se trata Naturalmente. además. Esta Podría opinarse que este criterio es contingente. etc. históricamente. Este hecho ineluctable acerca del gos. y a propósito de un epi­ en un esp a cio ambiguo. fico ni novelesco. Puede suponerse que se trata leer M ichel detrás del nombre «M icheline». queda probado por novelesco no está claramente indicado al comienzo del li­ el texto mismo. el narra­ puesto por el autor. En la página 14 (edición Folio). en la auto­ sino que el autor no propone pacto alguno. los coincide con el narrador (y. en el que el narrador se atribuye la crea­ bro. Ejemplo: Les m ots. 80). Ejemplo: Histoire de mes idees de Edgar Quinet. Tal que los personajes secundarios de esta narración tienen vez esta aparición del nombre en el texto es única y alusi­ nombres. por lo tanto. por ser indeterminado. con el persona­ números indicados corresponden a las explicaciones que je. N om bre d el person aje = n o m b re d el autor: Este hecho porta poco. den de la m en tira (la cual es una categoría autobiográfica) tanto si la historia es presentada como verdadera (ma­ y no de la ficción. el de pacto) que la combinación produce en el lector. en la página gética es atribuida en ese caso a un narrador ficticio. firmado «Edgar Quinet». pero no tenemos indica­ das cuentas. quien la relaciona con el tidad autor-narrador-personaje. en la página 16. Partir a v a n t le jo u r (Grasset. Este 15 aparece el doctor Sartre. nos indica también que el autor no es el narrador. pruebas mismo excluye la posibilidad de la ficción. Uno podría tener la tentación de evocar del personaje.12 en resumi­ de Mme. obra en la que podemos siquiere tiene nombre de pila. Ni el título ni el comienzo indican que 2. aunque no haya declara­ autor). será del or­ o Ib). desde sus sueños de gloria («Ese pequeño Sartre sa­ hipótesis el dar al narrador el mismo nombre de pila que bía lo que estaba en juego. al mismo tiempo que se que Poulou arma líos» (p. es cierto que el narrador-personaje no tiene nombre. N o hay identidad entre autor. La indeterminación es total. en la página 211 . por otra par­ trados d e Altona. cuyo nombre apa­ En busca d el tiem po perdido. 1. se hace explícito en un largo hace falta decir que este cuadro se aplica solo a las narra­ prefacio. y no se sabe quién es el adulto que habla de esta in­ nombre hace que nunca sea objeto de una declaración so­ fancia. Los ca m in os d e la libertad y Los secues­ confundir al autor.]». el nombre solo aparece en una ocasión: pero. Incluso si la de que nos encontramos frente a una obra de ficción (la narración es. por dos razones: por una parte. en cada recuadro se ha puesto abajo el efecto (tipo cial. o de la historia de ciona el nombre. ción alguna. Mientras de una anécdota sobre una distribución de premios. la madre y el niño no lo tienen.. pone que es conocido por el lector) y. Philippe y de su hijo. pues ¿cómo podría conocer un narrador habituales (y familiares) del nombre de pila: «André cree ficticio el nombre de su autor?).]». N om bre d el personaje = 0: este es el caso más comple­ se trate de una autobiografía. de Charles-Louis Philippe.

verdadero. por lo tanto. si bien no encabeza el libro. por otra parte. gado a mantener el anonimato provisionalmente. a través de la noción de autor. nombra sus to). sonar sión). que me limitaré a delinear. en Gallimard (y reimpresa a la hora de definir la autobiografía. Y eso es verdad tam­ bre diferente al del autor? No parece posible. Todo depende de la decisión cuente que la mera descripción. das al abate Eineau. análogo a la categoría 2b. en el plano teórico. sino que aparece como un juego de ca como criterios de clasificación. y que. lo cual es lo mismo). y. un contrato de identidad el caso del seudónimo. por lo demás. se dará implícitamente por según que el personaje tenga un nombre o no. y dejando de lado fía para quien la lee es. que no se juega con intenciones serias. los textos personaje no se nombra. entre la perso­ torial Correa. el dades: o bien el narrador se nombra en alguna parte del pacto aparece en el título. se desarrolla en el preámbulo texto y una investigación histórica elemental permite ave­ y queda confirmado por todo el texto por el uso de «Rous­ riguar si se trata de una persona real. señala la confusión en­ terminación (que va desde «ni lo uno ni lo otro» del caso tre el autor y la persona. tienen una gran importancia en la prácti­ poco como novela. inédito y no firmado) hay dos posibili­ Ejemplo: Las confesion es de Jean-Jacques Rousseau. confusión sobre la que está central al «ambos a la vez» de los casos ciegos). Vemos que aquí la impresión de que hay un error: así. y. es intencionado (texto publicado). autobiografías. repito. lejos de ser arbitraria. por una parte. puesto que. no se me la libertad de declarar que ese caso es posible. y como el editor es responsa­ Pero yo creo que esta definición. ción interna fue elegida voluntariamente por el autor. que va más allá de la simple «vanidad mo. mi vida sin decir mi nombre ¿cómo sabría el lector que se siempre le quedarían dudas al lector: ¿no está leyendo sim­ trata de mí? Resulta imposible que la vocación autobiográ­ plemente una novela? En estos dos casos. o bien el narrador- Denominaré. a verdadero. En el cuadro. la persona misma 29/SUPLEMENTOS ANTHROPOS 55 . leere­ caja en la categoría 2b. el pacto apa­ meno accidental (caso de un manuscrito encontrado en rece disperso y repetido a lo largo del texto). el Las distinciones propuestas. este caso. si la contradic­ fica y la pasión de anonimato coexistan en el mismo ser. ese sería un tipo de caso extre­ sos límites resulta siempre instructiva y mucho más elo­ mo. geuse. la autobiografía de todo está relacionado. Cada uno tiene deducir efectos interesantes. Lo que define la autobiogra­ error. he elegido la pers­ en 1971 en la colección Livre de Poche). el pro­ vica ire d e cam pagne. la desaparición del nombre del autor es debida a un fenó­ muy a menudo. atribui­ blema de los casos ciegos del cuadro. el autor de una autobiografía no puede ser anónimo. cuyo cargo eclesiástico le habría obli­ el problema del au tor anónimo. la atención otorgada al texto que resulta no es leído ni como autobiografía ni tam­ nombre propio. na y el nombre. a través de ella. los del caso 2b (pero sin desconfianza. por bién para quien escribe el texto. Pero. un autobiógrafo eligiese esta fórmula. Le Sabbat.14 Los casos ciegos: a) El héroe de una novela. sin «probar» nada. ¿lo son de verdad? En este sen­ dad del problema al leer. por su contenido mismo. un segundo caso sería el del autor anóni­ d el n om b re propio. la diagonal que cubre los dos casos cie­ a) A utor y persona: la autobiografía es el género litera­ gos y el caso central delimita entonces una zona de inde­ rio que. el lector tiene legítima según sea nuestra disposición. A mi entender. pero falta que todo eso sea una imitación. 3a y 3b. ¿puede tener Es cierto que al declarar que una autobiografía anóni­ el mismo nombre que el autor? Nada impide que así sea ma es imposible. Ettinghausen). el lector tiene ces habría que partir de otra definición. ya que obras. Si yo escribo la historia de un efecto artístico. y fue reeditada en 1960. Si b) Pacto autobiográfico: es el caso más frecuente (pues. puesto de que una autobiografía cuenta una historia que transcurre en un tiempo y un lugar. ESTUDIOS El pacto autobiográfico pre de un nombre de autor. b) En una autobiografía declarada. o de una ficción. fundada toda la práctica y la problemática de la literatura El a u tor an ónim o: este cuadro asume que el autor tie­ occidental desde fines del siglo xvm . en la práctica. Un texto de aspecto autobiográfico que «novela»: como el relato está narrado por Sachs en su pro­ nadie asume como tal se parece a una obra de ficción como pio nombre (además de su seudónimo. ¿puede tener el personaje un nom­ que es sellado por el nombre propio. se da su nombre dos gotas de agua. y se trata. un ed ito r proponga tal o cual pac­ autor (si Quinet no se nombra en absoluto. ble del subtítulo. es un juego al ponen una serie de reflexiones. con el hecho de que. una buhardilla. Y si el caso se da. en la atribución que se otorga el narrador de las obras del ausencia del escritor. Nos podemos hacer una idea de la compleji­ dado solución imposible. la reflexión sobre los ca­ En el mejor de los casos. El texto puede tener un aire de verdad. De ahí esa pasión ne un nombre. Pero ese caso (con las subdivisiones que engendraría autorial». im­ ambigüedad pirandeliana. o de un texto que en­ que encajan en los casos 2c. por ejemplo. Ib y 2a y.13 y si. yo no hago más que enunciar un coro­ y es tal vez una contradicción interna de la que podríamos lario de mi definición. Si el anonimato mos como novelas los textos de los casos la. Los casos a los que he del lector. fue publicada en 1946 en la edi­ establezco. a continuación. con el lazo que yo Maurice Sachs. con el subtítulo Souvenirs d ’une jeunesse ora. con el subtítulo pectiva del lector. ante todo. las M ém oires d ’un tido debemos explorar dos casos: en primer lugar. el lector concluye que se trata de un pone en evidencia lo esencial. écrits p a r lu i-m ém e (1841). pero enton­ ocurre ningún ejemplo. partiendo del su­ seau» y de «Jean-Jacques». dar disimular que somos nosotros los que tomamos esa deci­ todo tipo de precisiones verificables o verosímiles. En este tipo de clasificación. queda excluido por definición.

«judío». si se trataba de la persona psicológica (concebida esos preámbulos en forma de árbol genealógico. sin duda alguna. el sujeto de primera persona. para Genet. se resulta jamás indiferente.”' apunta en la misma di­ sobre la arbitrariedad del nombre. Meditación infantil plazarla por la de «escribiente»). Todos percibimos. el autor. por ejem­ cincuenta años. puesto que acabó en la Academia. establecida a dría preguntar legítimamente acerca de la primera perso­ menudo detalladamente. El deseo de gloria y de eter­ (Rousseau). del X]: Scripteur en el original. una voz mitológica que nos poseería. por otra parte. el gráfica es. y. ESTUDIOS El pacto autobiográfico reivindica la existencia. dad como mito de nuestra civilización. El narrador y el personaje son las por otra parte.16 sobre el sexo: ¿Michel o Micheline Leiris (cf. como por ejemplo en Le traitre de Gorz —o mejor. para distinguir la ficción de la autobiografía. un discurso desde la infancia) y el contrato de publicación. sería. (Des rats et des hom m es)—. el sujeto de la enunciación. el nombre propio del autor. lejos de re­ es indudable es por estar fundada en dos instituciones so­ mitir. a su vez. el peligro de esta indeterminación de la figuras a las cuales remiten. Si no hay persona fuera del len­ cuentas ese último término. sentado por su nombre. y. c) N om bre p rop io y cuerpo-propio-. las cuales solo pueden contar esos bautismos segun­ p o o. y búsqueda de un se­ rección. a la guaje. es así el referente al que remite. nos vemos obligados a intro­ te en la historia del individuo como el estadio del espejo. grafía. debemos ocuparnos de la freres hum ains. que uno lo adora o lo detesta.. por el contrario. son sin duda los datos capitales en res: el término n ovela au tobiográ fica está demasiado la historia del yo. narrador y personaje. pero también sin llevarla a la práctica. análisis del discurso de la subjetividad y de la individuali­ La identidad se define a partir de tres términos: autor. El tema profundo de la autobio­ a sí mismo: eso puede llegar hasta un sistema generaliza­ grafía es el nombre propio. sujeta a discusiones y a intermi­ mitificadas toda psicología y mística del individuo— un nables matizaciones. repre­ neutralizarla al basarla en el nombre propio. no tene­ alienado. habría que llegar a la vez textual e indudablemente referencial. al yo inscrito en una serie ciales: el estado civil (convención interiorizada por todos de nombres propios. sobre todo. mente. El primer nombre recibido y asu­ oposición de la autobiografía y la biografía. como el lenguaje es otro. en la especie de transcripción que hace Sartre La identidad no es lo mismo que el parecido. sociales o personales. establecida a partir del enunciado. el m odelo. Natural­ mos. para aburrimiento del lector. y no es fruto del azar que busquemos la enunciación y el sujeto del enunciado. por lo tanto. con su nombre inscrito en letras gigantescas so­ a la valoración del nombre de pila. misma? Existe la tendencia a considerarla como un caso 56 SUPLEMENTOS ANTHROPOS/29 . La palabra person a con­ referencialidad extratextual: el mismo texto ofrece a fin de tribuye a la ambigüedad.17 Historia del nombre. d en tro d el texto. Juegos con la ortografía y el sentido: una literatura an ón im a? Valéry soñaba con ella hace ya de la desgracia de llamarse François Nourissier. dos e invertidos que son para un niño las acusaciones que Mis reflexiones sobre la identidad me han llevado a dis­ lo congelan en un papel por medio de un calificativo: «la­ tinguir sobre todo la novela autobiográfica de la autobio­ drón». razón alguna para dudar de la identidad. no hay necesidad de referirse a una imposible efecto de la enunciación misma. los autobiógrafos están muy lejos de los proble­ mas del héroe beckettiano de El innom brable. dice Marión. El grupo han pronunciado: «¡Ah! Rousseau. la cual. el nombre del padre. al poner en cuestión la noción de autor (al reem­ buen temperamento». nota varla a la práctica. Si esta referencia conclusión de que el discurso autobiográfico. para que no se pro­ que uno acepta recibirlo de otro o que prefiere dárselo duzcan confusiones. Se abriría así —des­ parecido es una relación. relacionados con esas letras en palabras descansa en su totalidad en el n om b re propio con­ las que uno cree instintivamente que está depositada la venido en nombre de autor. de modo más banal. gundo nombre que sea esencial. como nos imaginamos. acerca demasiado a la palabra biografía. ¿Resulta posible imaginar hoy esencia de su ser. como indi­ ca su nombre. Sartre designa esas voces que La identidad es un hecho inmediatamente aprehensi- nos poseen con el nombre de vam piro. ingenuamente como exterior al lenguaje) la que se expre­ Cuando. Uno piensa en esos dibujos do de juego o de huidas. que se pregunta quién dice «yo» en él: pero esta inquietud aflora Copia certificada en algunos libros. 1972). hemos visto antes que uno se po­ ques Madaule. el nombre de sos. como en el caso de Stendhal. aceptado o rehusado al nivel de la enunciación. si duda alguna. La voz autobio­ ble. en el caso del parecido. en na. a todos esos juegos de nidad tan cruelmente desmitificado por Sartre en Las azar. la biografía de una persona escrita por ella * [N. Pero no parece que haya pensado en lle­ plo. el vocabulario es una fuente de erro­ pila que nos distingue. nombre propio es. ¿La autobiografía no es. como en el caso de Jac­ b) Persona y lenguaje-..15 de Hugo. aún mejor. La prueba está en que el nombre no cercano de la palabra autobiografía. una etapa tan importan­ Al tratarse del parecido. como en Jean-Jacques bre un paisaje en claroscuro. Se 12)? Presencia del nombre en la voz de aquellos que lo entregó a la gloria de soñar con el anonimato. un Esta adquisición escapa a la memoria y a la autobiogra­ referente extratextual al que podríamos llamar el p ro to ti­ fía. o si la persona psicológica no era más que un personales. se saba al servirse de la persona gramatical como de un ins­ trata de determinar a qué remite el y o de las narraciones trumento. de este tipo. creía que teníais un Tel Quel. ducir en el enunciado un cuarto término simétrico. la adquisición del por el pacto autobiográfico. En ambos ca­ mido. para Albert Cohén (O vous.

el periodista. modo negativo (al nivel de los elementos de la narración) Por oposición a todas las formas de la ficción. Lo importante que el valor referencial del texto desaparezca (al contra­ es que. por lo tan­ no impide al biógrafo concebirla en el mismo plano que to. al mismo l * J S. caen ingenuamente en ese mente se plantean y que siempre. También. en la medida en que la puedo conocer. en relación de parecido con la realidad extra- explícito. y se someten.= sujeto de la enunciación. A decir verdad. con su A= 1 J Narrador S. El hecho de que texto. lo que G. implícitamente. En la autobiografía re­ o puede ser explícita como. Genette llama na­ yo he mantenido hasta el momento. siguiendo el ejem­ rración heterodiegética. sien­ Para representar la empresa biográfica podemos dise­ do difíciles de disociar. La manera en que un texto puede «pare­ torizante» de ese género. sin comprometerme en ningún otro aspecto). etc. las diferencias. coextensivo con el pacto autobiográfico. pero sobre tituir ese cuarto término. Para disiparla es necesario res­ en primer lugar. sino «Yo juro en líneas distingue el sujeto de la enunciación y el sujeto decir la verdad. no «el efecto de realidad». de que esta exactitud dad. ESTUDIOS El pacto autobiográfico particular de la biografía. Incluido en la línea de separación entre El juramento raramente toma forma tan abrupta y total: lo textual y lo extratextual queda el autor. entre la el texto) y el modelo (referente extratextual) es ciertamente. es. en el caso del sujeto Por «modelo» yo entiendo lo real al que el enunciado del enunciado. te —en eso estriba el interés de su narración— lo que solo él nos puede decir. sino el pareci­ nicas de la narración y por la intervención de un sistema do a lo real. parecido. —sujeto del enunciado. El modelo. como lo son el sujeto de la enun­ ñar. no tiene una importancia capital. por ejemplo. es entonces la vida de un hombre «tal como ha El pacto referencial. ya que el autobiógrafo nos cuenta precisamen­ Abreviaturas: A —autor. S. suponen error: eso se debe a que esta ilusión es necesaria para el resuelta. Así procede Sartre cuan­ po de lo real al que se apunta y un enunciado de las do declara sin vergüenza que su biografía de Flaubert es modalidades y del grado de parecido a los que el texto una «novela verdadera»18. El pacto referencial bert). lo real. todo de «parecido». ¿ no-idéntico. a la sign ificación . Sartre. sin de identidad entre el autor y el narrador. el cual y periodísticos. el m odelo. deformaciones invo­ C uadro 3 luntarias. Puede darse también que no se establezca relación puede no ser mantenido según los criterios del lector. y que sea mantenido-. la relación de identidad no tiene el mis­ 29/SUPLEMENTOS ANTHROPOS 57 . del enunciado. en el que el biógrafo. texto Vemos lo que hace que este pacto se parezca al que es­ tablece el historiador.e. muy paradójico. en el caso de la autobiografía. toda la verdad. narrador están ligados a veces por una relación de id en ti­ sino en el hecho. por lo tanto. y nada más que la verdad». la biogra­ interviene el criterio de la exactitud-. en el modo positivo fía y la autobiografía son textos referenciales: de la misma (y al nivel del conjunto de la narración) interviene lo que manera que el discurso científico o histórico. lector. Personaje ¥ modelo tiempo. pero no es necesario que el resulta­ explica que tiene cuentas pendientes con su modelo. no es rio). pero hace falta ser ingenuo para no ver. si el narrador emplea la primera persona. Relaciones: = idéntico a. La lum nas distingue lo textual y lo extratextual. implícito o la exactitud.E. No hablamos de las dificultades prácticas de la prueba de verifica ción en el caso de la auto­ biografía. el abajo firmante». Flau­ do sea del orden del parecido estricto. quiere parecerse. es otra persona. el modo principal de la narra­ Esta paradoja aparente proviene de la confusión que ción es la tercera persona. El «parecido» puede darse en dos niveles: en el funcionamiento del género. en un prefacio sulta indispensable que el pacto referencial sea establecido (caso de El idiota de la fa m ilia . en el caso de la bio­ aspira. dejando margen para los inevitables olvidos. y a aplicarle la problemática «his. Esta relación puede ser implícita o indeterminada. S. la fidelidad. lo que yo denominaría p a cto referencial. grafía. Todos los textos referenciales conllevan. girlo a lo p osib le (la verdad tal como se me aparece. lo que no sucede en el caso de los textos históricos para hablar del personaje principal de la historia. Su fin no es la mera verosimilitud. por lo tanto. El estudio biográfico permite fácilmen­ te reunir información adicional y determinar el grado de C om entario a l esquem a: En la biografía. etc. el geógrafo. La exactitud concierne a la in ­ aportar una información sobre una «realidad» exterior al form ación-. el cuadro 3 en el que la división en co ­ ciación y el del enunciado en la primera persona. en general. errores. y la división fórmula ya no sería «Yo. sino la imagen de de explicación que implica la ideología del historiador. sido». La relación entre el personaje (en plo de la mayor parte de los autores y críticos. Muchos autobiógrafos. escrito­ cerse» a una vida es una cuestión que los biógrafos rara­ res aficionados o profesionales. a una prueba de v er ifi­ la significación no pueda producirse más que por las téc­ cación . el autor y el exactitud de la narración. en el que se incluyen una definición del cam­ textual a la cual todo texto remite. pretenden llamaremos la fid elid a d . biografía y la autobiografía. en la posición es una prueba suplementaria de la honestidad el restrin­ marginal que ocupa su nombre en la portada del libro.e..) y el indicar explícitamente el cam p o al que Biografía se aplica el juramento (la verdad sobre tal aspecto de mi extratexto vida.E. una relación de identidad. La diferencia no radica en eso.

al ser inseparable del sujeto de la enunciación. Para la autobiografía. M = modelo) nal (heterodiegética).E. es el de la superchería. la persona sentar»: 1) su relación con el pasado. el cual confirma la regla. do es doble. Esa ilu­ im posible d e la biografía. dos «lados» de la referencial extratextual. el cual supone un juicio de similitud entre debe sostener la identidad. este caso es ex­ sonaje (pasado o actual) lo que el autor es al modelo. a causa de mos el esquema correspondiente a la autobiografía (cua­ la no-identidad del narrador y del personaje. no los el otro sentido. sino la sustitución de una historia descaradamente es en absoluto una relación sim ple. significa que el narrador es al per­ vida. de ser representada linealmente. las interpretaciones consustan­ con el narrador actual. olvido o deformación tienen simple­ mente un dato del enunciado situado en el mismo plano mente. y de parecido por el lado del modelo. como do conseguirlo. incluso si cuenta he­ que el doble esfuerzo de Rousseau hacia 1764 de «repre­ chos del pasado. El hecho de que se trate de relaciones sim ples de identidad por el lado C uadro 4 del autor. En el caso de la identidad. al mismo tiempo. mentira. de que los otros. y la falsedad dor se equivoca. que remite al nombre propio. por designar un personaje sin conexión errores. con la intención de no cambiar nada. ESTUDIOS El pacto autobiográfico mo v a lo r que para el sujeto de la enunciación: es simple­ ese error. me per­ mitió una presentación lineal. Importa menos el parecido de «Rousseau en el caso de la biografía. una inventada. fu n d a m en ta lm en te. implica cierta forma cundario. sino. el horizonte cia del esquema con respecto a la autobiografía. personaje«-* modelo B iografía: A es o no es N. sino que ella misma ne­ una enunciación que permanece auténtica. Pero.e. La fu n ció n d iferen te qu e cu m p le sión la sufren los que parten de la problemática de la el p a recid o en los dos sistemas se explica p o r esa razón. La id en tid a d es e l p u n ­ Este rodeo era necesario para comprender la insuficien­ to departida real de la autobiografía. no se la confun­ biografía y la autobiografía es la jerarquización d e las relacio­ dirá ni con la identidad. como conducta. valor de aspectos. entre otros. las deformaciones. La narración personal (autodiegética) aparece aquí como absolutamente irreductible a la narración imperso­ (A =autor. Al delinear el Eso resulta evidente en el momento en que delinea­ esquema de la biografía me he visto llevado. al imperativo de de la enunciación y el del enunciado? Implica identidad de parecido al nivel del modelo. pero ese es un aspecto se­ hecho. la narración mantendrá su in­ manifestado en el presente de la enunciación. como una relación verificable a la edad de dieciséis años». de hecho. El hecho de que nosotros juzgamos que el pare­ de parecido. sino el ser-para-sí. de un 58 SUPLEMENTOS ANTHROPOS/29 . en narrador habla de su propia narración actual. a distinguir dro 4). lo qu e va o p o n er la primera persona en la narración personal. a su vez. el parecido del persona­ el momento en que estamos seguros de que se ha intenta­ je al modelo podría ser percibido exclusivamente. biografía para pensar en la autobiografía. ¿Parecido a qué? Si se trata de una narración cido no está logrado se convierte en algo secundario en hecha exclusivamente en pasado. ra persona implica que el personaje. representado en el texto de entre personaje y modelo. m ientras que en la au tobiogra­ dos imágenes diferentes emitido por una tercera persona. al nivel de su enunciado. es decir. A utobiografía: N es a P lo que A es a M. ni nes d e p a recid o y d e identidad: en la biografía. y el carácter referencial atribuido a mos que esto implica que el término último de verdad la narración es. del autor Tenemos entonces las dos fórmulas siguientes: S. miente. ciales a la elaboración del mito personal en toda autobio­ Vemos entonces que la relación designada por «=» no grafía. Como en el caso de la superchería. Llamemos au­ cesita ser probada por el parecido. y jamás en el caso del parecido. P se parece a M. si los percibimos. al mismo tiempo. una relación de relaciones que no pue­ persona A = narrador S. y esta identidad. en el caso de la narración personal. con el Rousseau de 1728. descuali­ ser-en-sí del pasado (si tal cosa existe). la «re­ A utobiografía ferencia» se hace por un solo lado (confusión del autor extratexto y del modelo). es también. 2) su pasado tal como «actual» que produce la narración: el sujeto del enuncia­ fue. N = narrador. ¿que sig­ Al ser la autobiografía un género referencial. En efecto. y no prueba nada. fácilmente puesto en cuestión (si razonamos en términos de parecido) no puede ser el por una investigación de historia literaria. será todavía re­ la historia (lejana o casi contemporánea) del personaje. está so­ nifica el signo igu al (=) que se encuentra entre el sujeto metida naturalmente. Si el narra­ terés como fantasma. veladora para nosotros al nivel de la enunciación. y glo b a lm en te sin relación de exactitud con la relación d e relaciones-. fía la iden tidad sostiene el parecido. ve­ tremadamente raro. sobre todo. Pero toda narración en prime­ las C onfessions. ficada como autobiografía. olvida o deforma en relación a del pacto autobiográfico. entonces. situando a la iz­ quierda el autor y a la derecha el modelo. P = personaje. será la m itom an ía. y la relación que articula identidad y pa­ recido es. el caso límite y excepcio­ no se convierte de nuevo en singular más que cuando el nal. tenticidad a esa relación interior propia del empleo de la Vemos ya que. el parecido. «tal como era». el p a recid o con el parecido.

y establecer la verdad de la proposición contraria. esas frases. dida. Ni lo uno ni oponer la novela (profunda y múltiple) y la autobiogra­ lo otro: a la autobiografía le faltará la complejidad. plano. Si la hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la virtud. entonces. ¿Cuál es esa «verdad» a la que la ción. no tiene autor. André Gide: «Las el orden de la verdad que habría que buscar en sus nove­ Memorias no son nunca sinceras más que a medias. tado. ESTUDIOS El pacto autobiográfico sujeto con intención autobiográfica. forzando así a sus lectores a leer en clave autobiográfica En efecto: en el momento mismo en que. por lo tanto. sino la re­ no solamente como ficcio n es que remiten a una verdad so­ lación novela-autobiografía. que por algún tiem­ térm in os de la comparación. Lejos de ser una condena de mentadas. visión doble. Eso nos ha llevado. y que haya hecho explícito así el contrato de mo a lo que aspira todo proyecto autobiográfico? Si se lectura que él sugeriría al lector: 29/SUPLEMENTOS ANTHROPOS 59 . en aparien­ el resto de su producción narrativa. pese a todo. le presta su voz. del de­ riac son típicas: ambos han organizado. sino de hacer­ diferente a un paralelo escolar más o menos discutible: me eco de sus propias declaraciones y de constatar que diseñan el espacio autobiográfico en el que desean que se ellos han elegido dejar sus autobiografías incompletas. Pero solo podría decirla en una obra dad personal. se extiende el pacto autobiográfico. con la misma manio­ tulo de mis memorias. autores olvida muy a menudo que la autobiografía se muestra a y editores lo empujan desde el principio en esta dirección. a su vez. que no­ nos permite decirlo. Denominaría a esta forma engendra. a la novela. el lector es invitado a leer las novelas. por las. za. la más cio autobiográfico». es decir. son Esta forma de pacto indirecto está cada vez más exten­ en realidad una forma indirecta del pacto autobiográfico. estos juicios son en realidad un homenaje que El espacio autobiografía) la novela rinde a la autobiografía. un fracaso. bra. de estereografía. profunda. Lo que resulta revelador es el espacio en el que ce un terreno incomparable para la demostración. a definir lo que podríamos bre la «naturaleza humana». Invertir la proposición de Thibaudet no Desde este punto de vista. Si la novela es más ver­ dadera que la autobiografía. El efecto de relieve conseguido gráfico. del autor. tros mismos? Solo la ficción no miente. a pesar de pues establecen. aun­ biografía.21 bigüedad. el lector ponsabilidad de este tipo de lectura. indirecta del pacto autobiográfico el p a cto fantasm ático. y nadie percibe que.22 la autobiografía. están haciendo en realidad algo muy admirables (Gide) o estimables (Mauriac). que sean «insuficientes». que la autobiografía sería la más verdadera. si se me permite el neologismo. No in­ se inscriben ambas categorías de textos. Jugada doble. ¿Deberíamos de­ Demostraré la ilusión partiendo de la formulación cir. mejor.20 El problema cambia completamente de naturaleza si Albert Thibaudet ha dado al lugar común la forma se lo plantea de esta manera. lo mis­ de ficción»). sino la ver­ que diga la verdad. su alma desconocida». al conjunto de una obra. más allá de todo control. individual. Gide y Mauriac rebajan el género autobiográfico y fracaso no trato de hacer un juicio de valor sobre textos glorifican la novela. Estas declaraciones son. tomaba la iniciativa y la res­ ma a la que aspiran sus textos. es el criterio por el que se po pensó en continuar Las palabras bajo la forma de fic­ juzga la comparación. entonces ¿por qué Gide. Mau- Es cuestión ahora de mostrar en qué ilusión ingenua se riac y tantos otros no se contentan con escribir novelas? apoya la teoría tan extendida según la cual la novela sería Al plantear así la pregunta todo se aclara: si no hubieran más verdadera (más profunda. En otra época era el mismo lector quien. más auténtica) que la auto­ escrito y publicado tam bién textos autobiográficos. sino también como fantasm as llamar el espacio a u tobiográ fico y los efectos de reliev e que reveladores de un individuo. íntima. y que no es redu- tento en absoluto tomar la defensa del género autobio­ cible a ninguna de las dos. la obra de Gide y la de Mau- tendría interés alguno: importa más mostrar que. de hecho. En esos juicios. nadie habría visto jamás cuál era cada uno. de qué orden es la verdad últi­ las reconvenciones del autor. la am­ fía (superficial y esquemática). espectacular de sus autobiografías. haya tomado la fórmula de Gide («Va siendo hora de novela nos acerca mejor que la autobiografía. de un «espa­ o sea. se trata siempre de la m ism a p rop o­ diferentes. ella entreabre en Jugada doble o.. trucos tal vez muy grande que sea el deseo de verdad: todo es siempre voluntarios. la exactitud. de forma in d irec­ ¿no es que nuestras novelas expresan lo esencial de noso­ ta. pero muy eficaces: uno se escapa a las acusa­ más complicado de lo que lo decimos. la una y la otra? Mejor: la una en relación propuesta por Gide. por el lector. frag­ lea el conjunto de su obra. entonces. Ya no se trata de saber si es universitaria del «paralelo». ya no la relación biografía-autobiografía. Cuando yo hablo de cia. la vida del hombre una puerta secreta por donde se desli­ efecto. hoy en día. aunque solo sea porque su obra ofre­ a la otra. como todos.19 O François Mauriac: tra tan lúcido sobre los límites y las insuficiencias de su «Pero es buscar excusas el haberme ceñido a un solo capí­ autobiografía. sición. a analizar en otro De esta manera. dos niveles: al mismo tiempo que constituye uno de los Resulta revelador que Sartre mismo. Ese lugar común. tema ideal de disertación. etc. escritura doble. Así. Tal vez nos acerca­ ciones de vanidad y de egocentrismo cuando uno se mues­ mos más a la verdad en la novela». La verdadera razón de mi pereza. frecuentemente citadas. si bien por razones recho o del revés. con fisuras y abiertas. es en cuanto autobiografía que la no­ sotros continuaremos postulando más allá del sujeto abor­ vela es decretada como más verdadera. etc. al más verdadera la autobiografía o la novela. de esta manera es la creación.

ESTUDIOS El pacto autobiográfico En aq u ella época yo ten ía el proyecto de escrib ir u n a no­ podría versar sobre el parecido y no probaría nada. Por ejemplo. Las variaciones de esos códigos a lo largo del tiempo Llegado al término de esta reflexión. hasta el jue­ cos» del mismo. ciertos puntos permanecen difusos se trata de códigos y no de cosas «naturales» o universa­ o insatisfactorios. podemos ser escépticos con respecto a las dis­ se practican hoy en día de la misma manera que en el si­ tinciones que propongo en «Copia certificada». leza de las cosas. en el plano de la comunicación oral. que al estar fundado. no se convierte en objeto de reflexión.. los dos apartados titulados «Yo. por otra parte. pues tal relación solo lectura) que un texto «científico»: documento que debe 60 SUPLEMENTOS ANTHROPOS/29 .. los usos del anoni­ cómo puede establecerse la identidad del autor y del na­ mato o del seudónimo han cambiado mucho. El rrativos. mis análisis me han contractu al que varía históricamente. Lo c u al no significa que. atribuidos y el autor. sino sobre un análisis.24 lieve» vertiginoso. los encontramos de nuevo. «pacto» referencial. bre esos márgenes del texto impreso que. el abajo firmante» gusto a adivinar la presencia del autor (de su inconscien­ y «Copia certificada» no se ocupan más que del caso de te) incluso en las producciones que no tienen aire auto­ la autobiografía autodiegética. se habrá aire por no ver que el nombre propio era un elemento tenido la sensación de que ese rigor se volvía arbitrario. contrato que determina el modo de lec­ para el lector. los juegos rrador en el pacto autobiográfico cuando el nombre no sobre alegaciones de realidad en las obras de ficción no se repite. debería haber coincidencia entre el personaje tura del texto y que engendra los efectos que. es un efecto B alance positivo: por otra parte. a la vez. sonaje sería buscando lo que procedía d e m í. «pacto» manera universal. en la natura­ tesiana. a los problemas técnicos o comerciales blema. Desde el siglo XVII. L a cantidad de ficción h ab ría sido ín fim a. tal como la describe Borges. Para llevar a cabo en grados diferentes. de la estructura o de los aspectos del texto la co n tin uació n de m i autobiografía y cuyo proyecto había publicado. a los cambios de actitud de los autores lance nos permite constatar un desplazamiento del pro­ y de los lectores. subtítulo. autobiográfico» que he elaborado después quedaba en el en el que he intentado ser riguroso al extremo. en muchos escritores modernos. Al leer este ensayo. ser imitado en una nove­ los códigos implícitos o explícitos de la publicación —so­ la.23 El nivel de análisis utilizado es. sobre ese juego puede. los lectores le han tomado todo. Si algún día publica Jacques Laurent su go ambiguo de los prefacios)—. la cual sería paralela. y a menudo sin coherencia entre ellos. Tam­ v ela en la que d iría de m anera indirecta todo lo que pensaba poco está fundada en un análisis interno del funcionamien­ decir antes en un a especie de testam ento p o lítico que sería to del texto. este estudio me parece. un escueto ba­ (debidas. sino que la m ejor m anera de com pren d er el p er­ al texto. Las dificultades con las que me tropecé en mi pus (el de la autobiografía) que está constituido en reali­ primer intento procedían del hecho de que buscaba en dad según criterios múltiples. 1971). entonces. coherente y exhaustivo (que dé cuenta idea de que el género autobiográfico es un género co n ­ de todos los casos) los criterios de constitución de un cor- tractual. el texto de ficción rigen toda la lectura (nombre del autor. A fin de cuentas. tradas en esta tarea de definición. el au tor al lector. ha­ blicación. La problemática de la autobiografía que he propuesto más un documento a estudiar (la tentativa de un lector aquí no está basada en una relación. el de la rela­ ción publicación/publicado. de lo que procede su relati­ cuestión las posiciones del a u to r y del lector. nombre del editor. a la relación en un ciación/ en un ciado del proyecto autobiográfico. Es lo que ha hecho Jacques Laurent en Betises (Gras. criterios claros para establecer una diferencia que triunfo de ofrecer una fórmula clara y total de la auto­ no importa que el lector experimente. por lo tanto. de los modos o voces na­ los individuos.25 pero. al nivel global de la p u ­ abandonado. y. Sobre glo xvni. al parecer. yendo más allá de las es­ sente estudio reposa en realidad en los tipos de contrato tructuras aparentes del texto. que muestran claramente el predominio no del texto impreso. esta investigación debería propia autobiografía los textos de Betises tomarán un «re­ tomar una dimensión histórica que no le he dado aquí. en el pla­ Estos juegos. al darnos a leer. podemos preguntarnos les. «Contrato vidad y lo absurdo que sería que se pretendiese válido de social» del nombre propio y de la publicación. título. La noción de «pacto biografía sería en realidad un fracaso. «pacto» novelesco. naturalmente. que a la lógica car­ implícito. esencial del contrato. nos parece que lo definen como autobiográfico. d i­ set. Que algo tan evidente no se me haya inadecuado a un objeto que obedece tal vez más a la lógi­ ocurrido entonces muestra que este tipo de contrato es ca china. drán en el caso de la autobiografía en tercera persona las La autobiografía se define a ese nivel global: es un mo­ distinciones establecidas en esos apartados? do de lectura tanto como un tipo de escritura. mientras que yo he indica­ biográfico: tal es la manera en que los pactos fantasmáticos do que hay otras fórmulas narrativas posibles: ¿se manten­ han creado nuevos hábitos de lectura. La totalidad del pre­ parecido fecundos cada vez que. del mundo editorial) manifestarían con más claridad que B alance negativo-. a la vez. que escribe el personaje y diferentes textos «autobiográfi­ nombre de la colección. en realidad. De ahí también las dificultades encon­ autobiográfico. establecida desde fue­ del siglo XX de racionalizar y explicitar sus criterios de ra. me han llevado a poner en que se establecen hoy en día. variables con el tiempo y vano. he querido explicitar «pacto» fantasmático: todas esas expresiones remiten a la en un sistema claro. Y esta investigación sobre los contratos autor/lector. al nivel de las estructuras. del contrato implícito o explícito propuesto por b ría creado un personaje del que sería necesario que el lec­ to r dijera: «Este hom bre es Sartre». por ejemplo. entre lo extratextual y el texto.

Le N ouvel O bservateur pero que nadie estudia. resulta evidente durante la lectura del texto. 1974. III. Ginebra/París. Armand Colin. 18. 1972. sado). 1972. 1961. P roblèm es d e linguistiqu e gen éra le. 1955. lo cual implica lo mismo. B rulard. 250. «Ella recuperó la palabra y dijo: ‘‘Cariño”. «Mensonge et vérité dans le roman français de A. Ma d ern iere m ém oire . [N. sección V.» (el cual puede aplicarse a Roy. 473. p. de oposición). pero también simplemente por Beyle. “ Mi querido Marcel’» (A la rech erch e du tem ps perdu. 82-83. Oswald Ducrot y Tzvetan Todorov: D ictionnaire encyplopédique des scien. [N. 2. seudoanonimato). Aumétayer. L'autobiographie en France. «L’homme dans la langue». d el T. 75). 34-35. «Commencements d’une vie». si diéramos al narrador el mismo nombre viría estudiar la autobiografía aisladamente. 1973. ya que los con­ que el del autor de este libro sería: “ Mi Marcel” . en las que la narración en segunda persona ocupa un lugar funda­ 15. 42 y 250). segui- propuestos por diferentes tipos de textos (pues de nada ser­ dos de ni nombre de pila que. Véase. El ejemplo tratos. Quérard: Les Supercheries littéraires d évoilées (1847). E. Seuil. p. 1970). sino por el tipo de lectura estar inacabado y no estar listo para su publicación. III. en la que 22. 23. Sobre este problema. «siete libros» de Brulard son al principio cin co. es raramente invocado por los p a cte autobiographique. 60. la de sus modos de lectura: historia comparada en 10. del T. L’interlocuteur. Sobre los aspectos lingüísticos del problema del nombre propio 17. véase 18. El resto del tiempo.. oponiendo el narrador (actual) al personaje (pa­ hal) (p. 21. o. la p. ces du lan gage. la que se podría hacer dialogar a los contratos de lectura 11. pp. la autobiografía se de­ 13. 6. Rousseau. límites. lo cual indica fue: «Créeme. L angages> 17 (mar. Por ejemplo. du XVIIIe siècle». Folio. Gallimard. 81-84. Jacques Madaule. Jacques Rustin. Gallimard.: se refiere a otro capítulo de su (anonimato. 1953. Si. «Autobio­ 8. pp. 19. Gallimard. 6.] Tú no habrías debido. 76. Buenos Aires. El problema de la referencia en la enunciación escrita. Ga- La historia de la autobiografía sería entonces. 157 es una repetición de este caso. pueden estudiarse a partir de las obras libro Le p a cte autobiographique. André Gide. o los problemas de la identidad del autor graphie et histoire littéraire». Bernard es a Brulard lo que Brulard es a Beyle. de co m u n ica ció n literaria. en Ecrits in ti- tellana: D iccionario enciclopédico d e las ciencias d el lenguaje. Barbier: D ictionn a ire des ouvrages an on ym es (3. 1954. 14. Un p etit bourgeois. Col. por verificable con la persona real. 1872). Gallimard. ese no es el caso de la Vie d e H enry fine por algo exterior al texto. ESTUDIOS El pacto autobiográfico añadirse al dossier de una ciencia histórica de los modos Véase un divertido inventario de supercherías recientes en G u lliver. de Stendhal. entonces.1927. pp. y en dos de estos tres casos hay camuflaje: en 1.: hay traducción al castellano en la editorial Lejeune publicase su libro (1975). Confessions. Gallimard. Ese texto presenta problemas muy delicados. en Le M onde (13 oct. 1971. G ustave Flaubert. emplea a la vez la segunda y la tercera persona para hablar del 14. Cfr. de la Police».]: Hay traducción cas­ 20. Si le gra in n e m eu rt.] clásicas de J. Claro que esas obras fueron publicadas años después de que Gallimard. la creencia que origina. 24. textos son sometidos. Un fa u b o u r g d e Toulouse. véase más abajo las pp. 278. 376) o por S. pp. pp. 1972. el subtítulo «Novela imita­ da del Vicario d e Wakefield» tiene la misma función de superchería bur­ lesca. Livre de Poche. t. [N. Siglo XXI. (23 jun. Gallimard.-M. El nombre de NOTAS Brulard solo aparece tres veces en el texto (O euvres in tim es. 7. en M oi j e . más adelante. en la segunda edición (1843). (Stend­ esta página. Albert Thibaudet. y la manera en que contribuye. 1935. Folio. Claude Roy. 16. Los casos de supercherías. «Stendhal pseudonyme». 1975). es difícil decidir si Henry Brulard es un seudónimo de autor o solamente un nom­ que engendra. Cfr. “Cariño mío”. y en ese delicioso pasaje. en la enunciación. m es. Essai d 'a utobiographie. más que llimard. a la referencia. La posibilidad de que se trate de una verdadera autobiografía. también Claude nombre de familia es representado por «B. Michel Lciris. hijo mío. el capítulo «Gide y el espacio autobiográfi- el emisor y el destinatario del discurso no comparten una situación co­ co».-feb. 1969. [N. Jean Starobinski. Col. solo. en la p. Nous. y que se da a leer bre de personaje. 4. 1971. del T. Entrevista concedida a Michel Gontat. 1907. solo tienen sentido por efectos de la p. d el T. I. 1972). pp. 1972. lia ge d 'h om m e. bido para la publicación: los títulos humorísticos no están pensados para la p u b lica ción sino para «MM. Gallimard.» En que nos hallamos ante una autobiografía (pp. [N.a edición. los 3. 1972. 9. p. 1969). 321-322. no es por un parecido in. ciation». 311-341. o 25.] ese capítulo se encuentra en las páginas 165-196 de Le mún (e incluso pueden no conocerse). Seuil. pp. d el T. Entrevista concedida a Le M onde (14 mayo 1971). Col. tú no deberías [. el en ese cruel momento tú solo esperabas un día cf.]: En nuestra literatura contamos con autobiografías un prefacio de A. Por eso. A pesar de las apariencias. 6 Brulard está escrito encima del nombre Beyle. 1972). «camuflada». François Mauriac. ya que el texto no tiene la forma de manuscrito conce­ en el texto crítico. último. R evue d'H istoire Littéraire d e la France (ene.] lingüistas. Benveniste: «L’Appareil formel de l'énon. 247). p. Ese prefacio lleva la ambigüedad a sus como C oto Vedado (1985) y En los reinos d e taifa (1986) de Juan Goyti. Philippe Lejeune. Cf. 33-39. La Palatine. imaginándose que habla al que Beyle o a Brulard). 1 (nov. mental. 29/SUPLEMENTOS ANTHROPOS 61 . es a título de algo que convendría estudiar. Bertrand Poirot-Delpech. nada. Figures. Esas M ém oires anónimas tienen. p. François Nourissier. si lo hacen.] 5.. 1966. Libro IV: «Pobre Jean-Jacques. y los diferentes tipos de lecturas a que esos 12. 174. en L’o eil v iv a n t. 87-88. Taurus. como los signos. 1970.