You are on page 1of 12

Sobre la imposibilidad de la intervención profesional: reflexiones para

“poder” repensar

“… mi intervención no apunta a poner a cada cual –el filósofo, el psicoanalista, el artista y el
político- en su propio lugar. En realidad, más bien tiende a mostrar por qué ninguno de ellos
puede estar allí: sencillamente porque ese lugar propio no existe”
Jacques Ranciére. El inconsciente estético

I.- A manera de presentación
Si Freud, al escribir el prólogo a la obra pedagógica de su amigo August
Aichhorn1, hubiera conocido Trabajo Social -cuestión que no sabemos a ciencia cierta,
claro está- creo que no habría dudado en sumarlo como el cuarto oficio “imposible”
junto al de “educar, curar y gobernar”.
Esta postulación, a todas luces provocativa hacia los modos instituidos de
decir/hacer sobre mi disciplina, tiene como intención intentar otros caminos de
comprensión que contribuyan a pensar y consecuentemente a construir otras prácticas
profesionales. Pretensión a “contra pelo” de las visiones hegemónicas que la han
colocado entre los dispositivos que sostienen como objetivo la “solución de los
problemas sociales” mediante una parafernalia de técnicas, instrumentos y recursos,
donde circula, de manera ilusoria, que su “buena” aplicación, o en todo caso una
eficiente y eficaz aplicación, tendrá como resultado esa “solución”. Obviamente, como
heredero de las tradiciones positivistas, Trabajo Social arrastra –muy a pesar de las
posiciones que bregan en otra dirección- aquellas improntas, tanto en lo que refiere a
su ubicación en la división socio técnica del trabajo, como a las interpretaciones
acerca de la realidad social, la racionalidad instrumental y el “alambrado” de las
fronteras disciplinarias, entre otras.
Paradójicamente la consolidación de esta “visión” no logró superar ciertas
incomodidades que manifiesta reiteradamente el colectivo profesional, entre ellas, las
que reseñan una suerte de frustración en tanto sus intervenciones no alcanzan, en
general, los pretendidos objetivos; y/o las invasiones permanentes de lo que se ha
dado en llamar “la especificidad” por parte de otros profesionales, voluntarios y
punteros políticos; y/o la relación pendular omnipotencia-impotencia en el ejercicio
mismo de la actividad profesional; y/o el sentimiento de subalternidad respecto de
otras disciplinas. Incomodidades que si bien no son nuevas pareciera que recrudecen
en las actuales configuraciones de lo social, donde la institucionalidad construida

1
FREUD, Sigmund “Prólogo a August Airchhorn, Verwahrloste, Jugend” en OC, T. XIX, Buenos Aires,
Amorrortu, 1979
alrededor de la sociedad salarial estalla y con ella los soportes materiales desde los
que, históricamente, Trabajo Social ponía en acto su intervención.
Dicho en otras palabras, si desde siempre la legitimidad de la profesión estuvo
en “entre dicho”, incluso habiendo definido su accionar acorde a los cánones
hegemónicos como ya planteara, en los últimos años se vive un fuerte malestar que
dispara a la vez múltiples estrategias para construir su legitimación. Una especie de
búsqueda donde, desde mi perspectiva la “imposibilidad” juega, de alguna manera,
como condición a derrotar, invistiendo a esas mismas estrategias de cierta
omnipotencia que muy probablemente reediten las frustraciones e incomodidades que
se tratan de superar.
En lo que sigue y sosteniéndome de alguna manera en el párrafo con el que he
abierto la presentación a este ensayo, me propongo realizar algunos recorridos que
aporten a la deconstrucción de esta práctica particular, como aporte a la reflexión. En
este sentido, los contenidos del Seminario “Política, ciudadanía y ética pública” del
Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Entre Ríos se
convierten en importantes insumos para realizarlo, enlazando en ellos otras
contribuciones teóricas que para el enfoque que pretendo resultan solidarias.

II.- Acerca de la noción de imposibilidad:
La apelación al concepto de “imposibilidad” intenta poner un piso epistémico al
tema de la intervención profesional de los trabajadores sociales. La idea es recuperar
desde otras claves, una comprensión que se aleje de concepciones rígidas y
prescriptivas; un aporte además, que opere de llave para abrir cierta brecha, entre
otros aspectos, en el binomio omnipotencia/impotencia que atraviesa persistentemente
nuestras prácticas profesionales. Más específicamente, pensar desde la
“imposibilidad” invita a recuperar el pensar –valga la redundancia aquí- desde una
cierta autonomía y responsabilidad intelectual que nos puede alertar sobre la
domesticación de nuestros saberes, los seguidismos “a la moda”; esquemas éstos que
nos llevan a las prácticas repetitivas o infortunios profesionales.
De esta manera estoy considerando aquí “imposibilidad” en un sentido positivo,
en tanto nos enfrenta de lleno a la complejidad, a los múltiples sentidos construidos
que entraman la realidad y a ubicarnos como sujetos con la suficiente potencia como
para realizar modificaciones, en los contextos que constriñen, pero a la vez habilitan.
Además, y quizás principalmente, con la capacidad como para reconocer que esas
modificaciones se construyen con otros en situaciones concretas que escapan a los
“finales” unilateral y previamente definidos como un “deber ser” inexorable que
colocamos en la “planificación”, desde la cual apostamos ilusoriamente al “logro” de
los objetivos.
Esta propuesta puede llegar a orientarnos hacia la incursión por ciertos
caminos estimulándonos a repensar claves significativas de nuestro propio repertorio
conceptual, un repertorio que tiende a quedar esquematizado y al que apelamos, en
más de una ocasión, sin mayores exámenes críticos.

i.- “Lo social”
Entre las categorías que considero ameritan remirarse se encuentra la noción
de “lo social”. En escritos de mi autoría he dedicado algunas reflexiones al respecto 2,
pero que en esta ocasión y de acuerdo a la perspectiva que estoy argumentando
recuperaré desde otro lugar. En efecto, esta categoría –incorporada profusamente en
los últimos años reemplazando (y desplazando) de alguna manera el concepto de
realidad3- generalmente aparece en nuestros textos en forma enunciativa, con escaso
desarrollo conceptual, cuestión que obstaculiza el reconocimiento de la multiplicidad
de significados que ella encierra en tanto término polisémico.
De allí que esta noción quede corrientemente naturalizada y por lo tanto
ingresa de “contrabando” con variadas connotaciones, provocando efectos en la
intervención profesional, tanto sobre los “otros” con los que trabajamos como sobre
nosotros mismos como profesionales. En efecto, esta naturalización opera como
“sentido práctico” que tal como dice Alberto Parisí “… es constitutivo de nuestra
subjetividad, en la forma de estructuras no conscientes de ponderación de la
realidad…”4 . En relación a “lo social” tal condición se expresa habitualmente como
idea de completud empírica, una posición –vale decir, siguiendo el razonamiento del
profesor Parisí, no necesariamente consciente- que responde a presupuestos de un
tiempo homogéneo, lineal y evolutivo, donde la noción de sociedad se supone como
cuerpo orgánico. Esta inscripción termina provocando que la intervención profesional
aspire a la “resolución” de los problemas sociales como acto de cierre.
Si sometemos estas naturalizaciones a la reflexión y crítica lograremos
visibilizar lo soterrado5, pero además de este ejercicio, resulta que también es útil
2
CAZZANIGA, Susana “Introducción” en CAZZANIGA, Susana (coordinadora) Trabajo Social y las
nuevas configuraciones de lo social Buenos Aires, Espacio Editorial (Pág 9 y 10)
3
Esta consideración merece un desarrollo mayor que excede los límites del presente trabajo, por ahora lo
tomo como mera enunciación sin desconocer los riesgos que presenta.
4
PARISI, Alberto “Sentido práctico, intervención y subjetividad: cinco tesis” en PERALTA, María Inés y
Gabriela ROTONDI Trabajo Social. Prácticas universitarias y proyecto profesional crítico, Buenos
Aires, ETS UNC, Colegio de profesionales de Servicio Social de la Provincia de Córdoba, Espacio
Editorial, 2007. (Pág. 94 y ss.) El resaltado es del autor
5
El mismo autor alerta acerca de la importancia de “… tender a articular críticamente sentido práctico y
razón científica (considerando que se trata de tender) ya que la tarea crítica no es mecánica ni inmediata
(…) la articulación de la que hablamos supone, a su vez, dos tareas: la crítica a la incoherencia de
revisar los conceptos que usamos desde el sentido intencional –o razón científica para
seguir usando los términos del autor citado-, en tanto creo, como de Sousa Santos,
que tendemos a apoyarnos en la razón indolente “… que se considera única,
exclusiva, y que no se ejercita lo suficiente como para ver la riqueza inagotable del
mundo (…) el mundo tiene una diversidad epistemológica inagotable, y nuestras
categorías son muy reduccionistas…”6 , una razón indolente que sobrepasa a Trabajo
Social, y que se ha venido instalando en las ciencias sociales en general.
Volver a “lo social” para revisarlo desde los argumentos que estoy exponiendo
desde el principio, equivale a adjudicarle el carácter de totalidad abierta, donde el
conflicto es centro y motor de la inestabilidad, que implica, por otra parte, un
pensamiento capaz de capturar esas mismas condiciones. Lo social como totalidad
abierta habilita a la pregunta, particularmente por lo que aparentemente “no existe”, en
tanto “… lo que no existe en nuestra sociedad es producido activamente como no
existente…”7 . De allí que volver a los interrogantes abre a la multiplicidad de un
campo problemático, situándonos como sujetos involucrados que en tanto
profesionales siempre nos responsabiliza en la toma de decisiones. Ahora bien, si
nuestro pensamiento amplía el horizonte de “lo pensable” esas mismas alternativas
que construiremos con otros, podrán recoger el sentido de la incompletud, y de esta
manera se entenderá que las mismas no conseguirán la clausura del conflicto, sólo
superaciones parciales y coyunturales, no menores por cierto en tanto en ellas se
juega la dignidad y derechos de los sujetos.
Es en este plexo que pongo la noción de imposibilidad, y no justamente como
sinónimo de un “no se puede” intervenir, sino como principio epistémico –como ya
expuse- que otorga las bases de la irreductibilidad de lo social, cuestión que desde mi
perspectiva aporta, entre otros aspectos, a modificar estas posiciones que como
tendencia asumimos los trabajadores sociales: la omnipotencia que rápidamente
puede convertirse en impotencia. La omnipotencia es hija del voluntarismo e incluso
tributaria de las vertientes teológicas de la moral sacrificial –moral que circula incluso
en los discursos más radicalizados, esos que abogan por la ruptura del orden social-.
Si esta omnipotencia se funda en la concepción de la “resolución de los problemas
sociales”, el no logro de esos “objetivos” lleva a la frustración profesional y al
sentimiento de impotencia. Por lo general esto deriva en un traslado de los obstáculos

sentidos (entre sentido práctico y sentidos o significaciones intencionales) y la posibilidad de una
paulatina y parcial resignificación de nuestro sentido práctico…” PARISI, Alberto Op. Cit. (Pág. 97 y
98)
6
de SOUSA SANTOS, Boaventura Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social.
Encuentros en Buenos Aires. Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires. Instituto de Investigaciones
Gino Germani, CLACSO, 2006 (Pág. 20)
7
Ibidem (Pág. 23)
en lo que se denomina “contexto” –lo que tiene su validez en tanto no podemos dejar
de poner en el centro de muchas de las dificultades las transformaciones neoliberales
acaecidas en las últimas décadas- pero también esta es una posición que merece
reflexión y crítica teórica ya que puede actuar como cerrojo para la intervención
profesional.
Entonces, si concebimos al “contexto” como producción histórico social, el
mismo supera con creces la homologación a “contorno” o a un marco que determine
toda práctica social, entre ellas la intervención de los trabajadores sociales. En la
dialéctica sujetos productores/sujetos producidos emerge la chispa de la creación, en
tanto y en cuanto revisemos nuestras categorías de análisis de la realidad y nos
animemos a dibujar otras cartografías. En síntesis, la imposibilidad o poner a trabajo
social dentro de las profesiones imposibles a decir de Freud, implica entender que la
intervención nunca se podrá completar, y como nunca se puede realizar
completamente, persiste en su intento8.

ii.- Tiempo/espacio
Me interesa incorporar, siempre en la misma línea de pensamiento, otros dos
conceptos que si bien también han sido objeto de discusiones teóricas en el campo
científico en otros momentos, hoy manifiestan una metamorfosis necesaria de
explorar. Me refiero concretamente a las nociones de tiempo y espacio.
La modernidad, o más precisamente la ciencia moderna, concibió al tiempo y al
espacio como factores exógenos constantes de la realidad social, conformando parte
de nuestro entorno natural.9 De esta manera la delimitación temporal y espacial de,
por ejemplo, un objeto de estudio, se efectúa en un contexto espacio-temporal que
aparece como telón de fondo, como historia preexistente –concepción compatible con
lo que ya expuse acerca de contexto-. Guadalupe Valencia García critica esta posición
planteando “… (que) Las consecuencias teóricas y políticas de una concepción del
tiempo y del espacio —o mejor aún del complejo tiempo-espacio— como dimensiones
constituyentes de la realidad social no deben soslayarse. Dicha concepción se origina
en el reconocimiento del carácter inacabado de la realidad social misma que sólo
puede analizarse en el marco de la permanente tensión entre la historia acaecida y las
historias posibles de ser construidas. Y que supone, también, la incorporación de los

8
CERLETTI, Alejandro Repetición, novedad y sujeto en la educación. Un enfoque filosófico y político.
Buenos Aires, Del estante editorial, 2008 (Pág. 98-99)
9
Cfr. Wallerstein, Immanuel, "El espacio-tiempo como base del conocimiento", en: Análisis político,
Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales Universidad Nacional de Colombia, No. 32,
sep/dic 1997, p.p. 3-15, p.4 citado en VALENCIA GARCIA, Guadalupe “El tiempo social: una dimensión
fundante” Ponencia XXII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS)
Concepción, Chile, 1999 (mimeo).
sujetos — movimientos, actores, grupos, clases— como los verdaderos protagonistas
de los aletargados o vertiginosos tiempos de la historia10.
Desde estas consideraciones me interesa mirar las coordenadas
espacio/tiempo, entendiendo que ellas han sido categorías poco incorporadas en el
repertorio conceptual o quizás también naturalizadas. No obstante si nos detenemos a
revisar la intervención profesional siempre se encuentran presentes como soportes, y
que quedan más explícitas al momento de preguntarnos por el cuando (tiempo) y el
donde (espacio) de nuestras prácticas, o al hablar de los “diferentes tiempos” –los
institucionales, los de los sujetos, los de los profesionales- aunque en general lo
hacemos con el sentido al que aludimos en párrafos anteriores. Es probable que las
fuertes mutaciones que hemos venido sufriendo como sociedad y las interpelaciones
que éstas nos plantean, pongan las condiciones para recuperar conceptualmente
estas nociones y así proponer otra corporeidad teórica a la propia intervención.
Las instituciones de la modernidad y en particular las constituidas en la
sociedad salarial estuvieron estructuradas a partir de una identificación bastante
precisa (más allá de las críticas que podemos realizar al respecto) en relación a una
necesidad-demanda social, con una clara definición de espacios: instituciones que
atendían la salud, la asistencia, la vivienda, las cuestiones de niñez, adolescencia,
vejez, etc., en una temporalidad que expresaba cierta homogeneidad. Un momento
histórico que se corresponde con el lugar del Estado como instancia articuladora de la
totalidad social. Las nuevas configuraciones sociales rompen justamente con esto
haciendo tambalear aquella institucionalidad, redefiniendo los procesos temporales y
reconfigurando los espacios desde donde se dan las respuestas a las problemáticas y
conflictividad social.
En este sentido podemos identificar algunos signos que nos ofrece la
cotidianeidad de nuestras intervenciones profesionales. Con relación al tiempo, es
destacable la aceleración que se manifiesta en múltiples situaciones y que nos
empujan a un “respuestismo” que nos agota subjetivamente, pero que también agota
(en el sentido que empobrece) la propia práctica. Tomaré algunas de estas situaciones
para problematizarlas:
- El aumento de las urgencias: esta caracterización mantiene íntima relación con el
estallido de la demanda y lo que he considerado más arriba acerca de las
transformaciones sociales. Creo que en primer lugar necesitamos debatir
conceptualmente que entendemos por urgencias, en particular en Trabajo Social.
Sostengo que lo urgente es lo imprevisto e inesperado, y para Trabajo Social las
situaciones que atendemos no son inesperadas, excepto algunas cuestiones
10
Ibidem.
particulares. Más esta premisa es sostenible en tanto y en cuanto “tengamos el pulso”
de lo que está pasando en la realidad, en otras palabras contar con las herramientas
conceptuales que nos permitan comprender la realidad para dar cuenta de los
conflictos, las desubjtivaciones y resubjetivaciones. Ya no tenemos frente a nosotros
“sujetos homogéneos”, más aún, es probable que nunca lo hayan sido y que fueron
nuestras anteojeras teóricas, en un contexto más previsible –vale la pena acotar- las
que moldearon las categorías en que incluíamos a la población que demandaba
nuestra intervención. Sólo un “arsenal” teórico complejo nos puede reconfigurar como
sujetos profesionales y permitirá proponer los dispositivos necesarios para atender las
reales “urgencias” ahora sí entendidas como lo que no sabemos cuando va a
aparecer.
- trabajo por programas o proyectos sociales, que impone un “tiempo” para las
presentaciones frente a los organismos de financiamiento, un tiempo para su
implementación, un tiempo para la rendición presupuestaria. En pocas palabras el
tiempo de la intervención termina no pocas veces absorbido por las actividades
administrativas.
- el cumplimiento de metas (eficacia y eficiencia) donde aparece en algunas
instituciones la exigencia de indicadores desde donde se mide el “rendimiento” o en
todo caso la productividad de nuestra labor.
Estas dos últimas situaciones son tributarias de la impronta neoliberal que si bien
sienta sus bases en nuestro país durante la dictadura militar, se mantiene en la
democracia y se manifiesta con total crudeza durante los noventa, momento que a
decir de Eduardo Rinesi una nueva “D” aparece en escena: la D de desregulación11, y
el pensamiento se satura de categorías economicistas. En los últimos años irrumpe,
quizás simbólicamente, el tiempo de la política, pero pareciera que en general resulta
dificultoso para el colectivo aprehender esta dimensión como un tiempo necesario de
recuperar, más allá de las enunciaciones al respecto.
En relación con el espacio observamos:
- Instituciones estalladas (o defondadas) que no logran receptar una demanda
específica en tanto la demanda también ha estallado. Lo paradojal aquí es que se
mantiene en los profesionales y actores institucionales en general, el imaginario del
espacio institucional de otrora. Una especie de ficción entonces se vive en ellas.

11
RINESI, Eduardo “Los dilemas de lo social en la Argentina” en ROZAS PAGAZA, Margarita
(coordinadora) La formación y la intervención profesional: hacia la construcción de proyectos ético
políticos en trabajo social. Buenos Aires, Espacio Editorial, 2006. (Pág. 28). El autor hace referencia al
modo nemotécnico en que por la década del 80 se recuperaba en las ciencias sociales los núcleos
conceptuales de reflexión teórica política de la Argentina durante los 60 (Desarrollo), 70 (Dependencia) y
80 (Democracia)..
- la aparición de los espacios de las organizaciones no gubernamentales que han
adquirido centralidad a partir de las instrucciones que sobre la materia (políticas
sociales) han impartido los organismos internacionales en la era neoliberal.
- la participación del mercado y su consecuente estructuración de las organizaciones
comerciales12. Se trata de la prestación de servicios sociales que mantienen fines de
lucro: Medicina Pre paga, hasta hace poco tiempo las AFJP, entre otras.
Las trasformaciones producen mutaciones en el orden del espacio y plantea entonces
al Trabajo Social un desagregado en lugares con lógicas diferentes. Si bien considero
que la ruptura del modo en que se estructuraban los espacios produce desconcierto,
creo que puede resultar beneficioso intentar la construcción de espacios desde donde
desplegar la intervención profesional, volviendo la mirada hacia las múltiples formas en
que los propios sujetos lo construyen. Los espacios no son sólo entidades materiales,
sino que también se articulan simbólicamente desde las prácticas sociales.

Si retomamos lo expresado hasta acá sobre lo social, y lo anudamos al
“complejo” tiempo/espacio, es probable que podemos abrir otro tipo de pensamiento
que permita capturar la imposibilidad y como planteara en párrafos anteriores, desde
ese horizonte persistir en el intento de la transformación. Pero antes de poner bajo
examen el carácter de este pensamiento, me parece importante desplegar otros
aspectos que hacen a la intervención profesional.

III.- La política como dimensión inerradicable de la intervención profesional
Nuestro campo de intervención se ubica estructuralmente en el espacio
contradictorio que se construye entre las instituciones “dadoras de servicios” y las
“necesidades, demandas, y reclamos sociales”. De esta manera es posible
adentrarnos a una problematización de este “lugar” de la mano de ciertas posiciones
de la filosofía y la ciencia política. Me refiero a lo que se ha dado en llamar dos
tradiciones de discurso respecto de los modos de comprender la política: aquella que
pone su referencia en la “acción” y la que lo hace en relación a las “instituciones”, que
según diferentes autores entre ellos Eduardo Rinesi corresponden a Maquiavelo y a
Hobbes respectivamente. Ambas originaron, siempre de acuerdo a Rinesi, el
desarrollo del pensamiento político moderno como “… un prolongado diálogo (diálogo
no exento de tensiones y conflictos, pero también de puntos de encuentro y de
articulación) entre estas dos tradiciones…” 13, tradiciones que irán siendo reformuladas
según matrices teóricas y orientaciones ideológicas en el curso de la historia.
12
Utilizo aquí la tipología que expone Nora Britos basada en Claus Offe en BRITOS, Nora Ambito
profesional y mundo del trabajo. Políticas sociales y Trabajo Social en los noventa. Buenos Aires,
Espacio Editorial, 2006 (Pág. 50 y ss)
De este modo la noción de acción política ha quedado reservada por algunos
pensadores para las prácticas constituyentes, como antagonismo y lucha, mientras al
aspecto de las instituciones políticas, se le asigna el funcionamiento de la maquinaria
institucional y el poder establecido que deja afuera justamente el tema de praxis. En
todo caso aparece en estas posiciones la idea del orden (instituciones políticas) por un
lado y la subversión de ese mismo orden (acción política) por otro. La posición de
Eduardo Rinesi, que comparte entre otros con De Ipola, es que una tradición no puede
pensarse por fuera de la otra, más aún, considera que el espacio de la política “se
define exactamente en esa tensión, en ese punto de cruce entre las instituciones
formales y las prácticas sociales (…) la política es siempre en efecto, la actividad o el
conjunto de actividades desarrolladas en el espacio de tensión que se abre entre las
grietas de cualquier orden precisamente porque ningún orden agota en sí mismo
todos sus sentidos ni satisface las expectativas que los distintos actores tienen
sobre él 14, y en otra parte del texto de referencia dice el autor “el conflicto y la tensión
entre la idea de política entendida como práctica institucional de administración de las
sociedades y la idea de la política entendida como antagonismo y lucha es constitutiva
de la política misma…”15 .
Sin pretender traslaciones forzadas, me parecen oportunas estas
consideraciones dado “ese lugar” desde donde se despliega la intervención de los
trabajadores sociales (también de otras profesiones): en las instituciones que intentan
administrar a la sociedad, pero también en el territorio de las demandas enarboladas
por los sujetos que pujan por ser reconocidos como protagonistas de la construcción
de otra manera de vivir en sociedad. Vista desde este enfoque la intervención
profesional va a estar inerradicablemente atravesada por la política.
Ahora bien, en los últimos años hemos incorporado el concepto de dimensión
política como constitutiva de la intervención profesional, agregando otras dimensiones,
denominadas más o menos de esta forma: la teórica epistemológica, la técnico
instrumental y la ética (hay quienes plantean la dimensión ético política). Entonces si
hablamos de dimensiones me parece conveniente hacer algunas aclaraciones: en
primer lugar utilizar el término dimensión equivale a entender al mismo como soporte
que configura un espacio sin el cual, si se me acepta la metáfora, “un edificio se
vendría abajo”, pero que a la vez tampoco puede existir sin la articulación con las otras
dimensiones. En otras palabras, la intervención profesional no se reduce a una
intervención política, necesita de los demás aspectos para constituirse como tal, aún

13
RINESI, Eduardo Política y tragedia. Hamlet, entre Hobbes y Maquiavelo, Buenos Aires, Colihue,
2003 (Pág. 24)
14
RINESI, Eduardo Op. Cit. (Pág 22 y 23) El resaltado corresponde al autor.
15
RINESI, Eduardo op. Cit. (Pág. 22)
cuando esa misma intervención se despliega en el espacio de la política y tenga
fuertes efectos políticos. Así mismo, la dimensión teórico epistemológica no sólo nos
permite intervenciones fundadas que a la vez otorgará los criterios para construir las
estrategias, técnicas y procedimientos, sino que también aporta a la ruptura con las
naturalizaciones, advirtiendo a modo de vigilancia, los posibles efectos, entre ellos el
político, de nuestras prácticas y discursos. Por último, la imprescindible reflexión ética
nos auxilia en la valoración de las consecuencias de toda intervención.
Volviendo al lugar de la puesta en acto de nuestra práctica profesional ya
considerada, resulta que el mismo se configura siempre como tensión entre lo
instituido y lo instituyente o en otras palabras entre la búsqueda de orden y el embate
del conflicto, en el que aparece nuevamente lo inacabado –en el sentido de
incompletud e imposibilidad tal como vimos en páginas anteriores- de toda
intervención profesional. Un espacio que si bien se asienta, para decirlo de algún
modo en cierta materialidad, se expresa en particular simbólicamente, donde los
tiempos se yuxtaponen en ritmos diferentes y más de las veces, las situaciones que
abordamos se tornan resistentes a ser incorporadas a la “normalidad”.

IV.- Los aportes de los géneros literarios para “pensar sobre el pensamiento”
No es nuevo que diferentes disciplinas recurran al género literario para abonar
sus producciones teóricas logrando una importante fecundidad interpretativa. Sin
embargo los arraigos positivistas que se mantienen en lo que se da en llamar “el
campo científico” obstaculizan este ejercicio así como la ruptura de las fronteras
disciplinares. Lo hasta acá desarrollado en esa línea en torno a Trabajo Social da
cuenta de ello por lo que considero interesante “repensar” acerca del carácter del
pensamiento, que recuperando algunos tópicos vertidos en este ensayo, aporte a
“desarraigar” las concepciones hegemónicas al interior de nuestro campo.
Así como un texto literario es un texto político y cualquier texto filosófico es
literario y tal como considera Rinesi los géneros literarios son adecuados para la teoría
política16, creo que es posible extender esta consideración hacia Trabajo Social. En
efecto, las situaciones que se nos presentan se configuran como conflictos en los que
juegan, generalmente, sistemas de valores inconmensurables casi homologables a la
trama de Antígona así como los relativos al lenguaje, donde la polisemia de las
palabras nos acerca a Hamlet y su expresión “el mundo está fuera de quicio”. En
ocasiones, pareciera que la fortuna se hace presente y las alternativas que se van
construyendo dan lugar a que todos, de alguna manera quedemos “más tranquilos y

16
RINESI, Eduardo Apuntes de clase. Seminario “Política, ciudadanía y ética pública” Doctorado en
Ciencias Sociales UNER. Paraná, Noviembre de 2008.
alegres” por los desenlaces, casi se podría decir, a la manera de una comedia 17; y no
son menos los acontecimientos que adquieren verdadero carácter de drama, con
escenas trágicas que van organizando salidas inusitadas donde pareciera que los
dioses por momentos vencen a los hombres aunque la persistencia de éstos logra su
revancha.
El punto es que en general estas problemáticas se tratan de conjurar desde la
“racionalidad” científica, que tal como expresara en las páginas previas sólo llevan a la
frustración. Si nuestras intervenciones profesionales constituyen con las situaciones
que se nos presentan escenarios acordes a diferentes géneros literarios, también se
hace necesario un pensamiento acorde para “pensarlas”. En este sentido creo que el
pensamiento trágico es el que más nos permite “pensar” en lo frágil y precario de la
vida cuestión que constituye el núcleo duro de los malestares con los que tratamos;
más aún, es el que más nos acerca a la noción de imposibilidad que he venido
planteando.
Una vez más, imposibilidad no tiene que ser entendido como justificación de un
“no intentar o un no hacer”, sino como referencia epistémica, ética y política que nos
impulsa a la construcción siempre inacabada, siempre incompleta de una sociedad
diferente, tan precaria y frágil como la vida misma. Así intentar una y otra vez las
suturas de los desgarros sociales bien podría configurarse como una ficción necesaria
para seguir, sabiendo que “los dioses” siempre estarán acosando.

Bibliografía:
BRITOS, Nora Ambito profesional y mundo del trabajo. Políticas sociales y Trabajo
Social en los noventa. Buenos Aires, Espacio Editorial, 2006.

17
Al examinar mi propia experiencia como trabajadora social para dar cuerpo a estas reflexiones recordé
una situación que bien puede inscribirse en la comedia: una vecina se había atrasado en el pago del nicho
de sus padres, muertos aproximadamente tres décadas atrás y según disposiciones del cementerio
municipal los “restos” fueron trasladados al osario. La señora hizo su reclamo por lo que ella consideraba
un atropello a la tradición ya que los “muertos deben tener cristiana sepultura” y había manifestado su
voluntad de pago (casi a la manera de Antígona en su lucha contra Creonte) y recurrió a nuestra oficina.
Nuestra respuesta fue exigir al director del cementerio que busque esos restos, no importaba de quién
podrían ser los huesos, y los restituya al nicho correspondiente. La secuencia, de acuerdo a las reacciones
de los diferentes protagonistas por el modo, los lugares en que se iban sucediendo, y los enredos respecto
de “las responsabilidades” de cada uno, adquirieron verdaderos ribetes de comedia, con un desenlace
feliz.
BUTLER, Judith Vida precaria: el poder del duelo y la violencia, Buenos Aires, Paidós,
2009.
CERLETTI, Alejandro Repetición, novedad y sujeto en la educación. Un enfoque
filosófico y político. Buenos Aires, Del estante editorial, 2008.
CAZZANIGA, Susana “Introducción” en CAZZANIGA, Susana (coordinadora) Trabajo
Social y las nuevas configuraciones de lo social Buenos Aires, Espacio Editorial, 2003.
de SOUSA SANTOS, Boaventura Renovar la teoría crítica y reinventar la
emancipación social. Encuentros en Buenos Aires. Buenos Aires, Universidad de
Buenos Aires. Instituto de Investigaciones Gino Germani, CLACSO, 2006.
FREUD, Sigmund “Prólogo a August Airchhorn, Verwahrloste, Jugend” en OC, T. XIX,
Buenos Aires, Amorrortu, 1979.
GRÜNER, Eduardo Las formas de la espada. Miserias de la Teoría Política de la
violencia, Buenos Aires, Colihue, 1997.
PARISI, Alberto “Sentido práctico, intervención y subjetividad: cinco tesis” en
PERALTA, María Inés y Gabriela ROTONDI Trabajo Social. Prácticas universitarias y
proyecto profesional crítico, Buenos Aires, ETS UNC, Colegio de profesionales de
Servicio Social de la Provincia de Córdoba, Espacio Editorial, 2007.
RANCIERE, Jacques El inconsciente estético, Buenos Aires, Del Estante editorial,
2005.
RINESI, Eduardo Política y tragedia. Hamlet, entre Hobbes y Maquiavelo, Buenos
Aires, Colihue, 2003.
…………………… “Los dilemas de lo social en la Argentina” en ROZAS PAGAZA,
Margarita (coordinadora) La formación y la intervención profesional: hacia la
construcción de proyectos ético políticos en trabajo social. Buenos Aires, Espacio
Editorial, 2006.
…………………… Apuntes de clase. Seminario “Política, ciudadanía y ética pública”
Doctorado en Ciencias Sociales UNER. Paraná, Noviembre de 2008.
VALENCIA GARCIA, Guadalupe “El tiempo social: una dimensión fundante” Ponencia
XXII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) Concepción,
Chile, 1999 (mimeo).