¿SON UN ERROR LAS RELIGIONES?

Una publicación en un periódico digital referente a El Milagro de Fátima
y ciertos comentarios algo ligeros, concluían que las religiones son un
error y el artículo terminaba diciendo: "Sólo miren a Medio Oriente o
abran un libro de historia para ver cuánto placer genera a cristianos,
judíos y musulmanes matarse los unos a los otros en nombre de su
Dios/Jehová/Alá", en un contundente reclamo, con aparente y sobrada
razón.
Aunque a primera vista parezca una afirmación sin base, creemos que
siempre hay una razón lógica y equilibrada para que los
acontecimientos de carácter religioso hayan ocurrido a lo largo de la
historia y sigan ocurriendo. Podemos afirmar y resumir que cada
religión, por más elemental, sanguinaria y descabellada que parezca
ser, obedece y es apta para un proceso evolutivo determinado de un
pueblo o conjunto de pueblos, necesaria para sus fieles o creyentes en
ese determinado momento histórico y por ende y en conjunto para la
raza humana. Las religiones tienen su razón de ser y son motores
dinámicos en los cambios que los hombres experimentan a medida que
avanza en la liberación de su conciencia.
Las religiones han acompañado a los hombres desde siempre. Las
religiones han evolucionado juntamente con los mortales en igual grado.
La más remota creencia de cualquier raza ha sido por lo general tan
salvaje como el pueblo gobernado por ella, pero a medida que los
pueblos se civilizaban, sus religiones se hacían más elevadas. La ley
del cuerpo es posible que sea la supervivencia de los más aptos, pero la
ley de la evolución del espíritu exige sacrificio y disciplina interior. Es
evidente que todo lo que empuja al hombre hacia una más elevada
norma de conducta respecto de los demás hombres, tiene que proceder
de adentro. Nadie negará que semejante fuerza exista aunque no sea
siempre comprendida. De allí que el egoísmo es reemplazado lenta,
pero seguramente por el altruismo. En el pecho de todo ser humano, la
fuerza altruista de Cristo obra como un fermento. Gradualmente
transformará al salvaje en un hombre civilizado, y, con el tiempo, a este
último en un servidor dinámico e inteligente de la gran obra y un obrero
consciente del gran Plan Universal.
Son cuatro las etapas de evolución de las religiones y por ende del
espíritu humano. La primera se relaciona con aquella lejana época en la
que el ser humano ignorante obedecía ciegamente a la protección a
veces punitiva de sus guías bajo el látigo del miedo y solo para su
beneficio o los de su entorno muy cercano. En la segunda etapa, bajo la
tutela de mensajeros divinos o reyes visibles, se le sometió a sus
mandatos. En subsiguiente etapa, la religión subyuga al hombre a las
leyes de un Dios a quien no podía ver y por último se exige al hombre
en convertirse en una ley en sí mismo en conformidad con las eternas
providencias del Hacedor.
Las religiones de raza o Jehovistas, como es la de los fanáticos y
sanguinarios integrantes de Isis en la actualidad, presuponen el
sacrificio de sus frutos materiales a cambio de recompensas tangibles y
el acatamiento a las leyes divinas del pueblo ‘elegido’, como así se
autodenominan equivocadamente a "sí mismos", siendo el resto gentiles
e indignos de existir, Son religiones separatistas. La religión unificante
cristiana da un paso gigantesco, enorme, y pide el sacrificio indistinto
personal a favor de los “ajenos”, y el desprendimiento del egoísmo y el
amar permanentemente a los otros, al prójimo, como a sí mismo, a
cambio de una felicidad futura, todo aquello basado en la fe. Esta
religión, ya lo dijo Cristo, complementa la Ley Mosaica, establece la “ley
interna” basada en el Amor e instaura la doctrina del arrepentimiento y
el perdón de los pecados, en contraposición a la ley del Talión.
Hay una etapa superior: Emmanuel Kant sentenciaba, en su mandato a
priori o imperativo categórico, muy adherido a la verdad, el “obrar
siempre de tal manera que la máxima de nuestras acciones sea erigida
por nuestra voluntad a la categoría de ley universal de la naturaleza”:
Empero, su cumplimiento demanda actos volitivos y libres “desde
adentro” de gran sacrificio y para que nuestras acciones se eleven a
dicha ontología ecuménica de enorme rigor, deben estar desprovistas
absolutamente de egoísmo y solo deben perseguir el bien común en
desmedro de los impulsos o la fuerza ególatra que nace del cuerpo
emocional y de la mente concreta que conduce al hombre a su propia
supervivencia y en cambio, a favor de la otra, la Altruista que nace del
mensaje de Cristo. Este es un lento proceso que se inicia desde el ser
primitivo y evoluciona paulatinamente hasta el dios inmanente en
nosotros, y en concomitancia armónica y unívoca con las leyes de la
naturaleza, que son las del Señor. Estamos lejos de que esto suceda y
sea lugar común en el comportamiento de la generalidad de la aldea
humana, empero, lenta pero seguramente alcanzaremos este estado
consciencial y espiritual.
Concluimos diciendo que en un grado superior, la futura religión volverá
a realizar la conjunción maravillosa enseñada por los Hierofantes de los
Templos de los Misterios de la antigua Grecia, es decir, la religión como
una forma de vida, científica y artística a la vez. Creemos que la ciencia,
en la búsqueda de la conservación de su puridad y rigor metodológico,
está momentáneamente separada de la verdad y la Luz, en beneficio
del progreso material y desarrollo de las potencialidades del ser humano
moderno y tecnócrata, pero, sin siquiera proponerse, está ayudando a la
generación de la nueva religión científica y artística, la cual crece, como
ave fénix, gracias a los descubrimientos e investigaciones de avanzada
y el arrojo e imaginación de ciertos pioneros, en tierra muy fértil, para
beneficio del corazón anhelante y la gloria del Padre. Es incuestionable
que todo se enrumba por el camino Perfecto diseñado por la Divinidad.
La verdadera ciencia está por declarar que ya no puede estar divorciada
de la Sabiduría Universal y está por corroborar de que la vida es Una en
la diversidad y se rendirá ante la evidencia de la Voluntad Suprema,
siendo inminente el matrimonio holista y estético entre el arte, la ciencia
y la religión.
José Mejía R