3

Una de las piezas clave en el
Teilhard de Chardin
pensamiento de Teilhard de
O
Ghardin, en la que establece en
torno al hombre un orden con-
a El fenóhieno humano
secuente una ley experimental
de recurrenc id entre los elemen-
tos del Universo: «Mi único fin
tj mi verdadera fuerza en estas o
páginas es intentar ver, desa- c
rrollar una perspectiva homa-
gcnca 1/ coherente de nuestra £ 4/ -1

experiencia gcn,eral, pero exten- o
dida al hombre». c
O)

iaurus Ensayistas de Hoy
CAPITULO I

E L NACIMIENTO D E L PENSAMIENTO

• Consideración preliminar: L a paradoja humana *\

Desdo un punto i de vista puramente positivista, el Hom- O
brc es el más misterioso y el más desconcertante de los '
objetos descubiertos por la Ciencia. Y de hecho debemos
reconocerlo, la Ciencia no ha encontrado todavía para él
un lugar en sus representaciones del Universo. L a Física
ha llegado a circunscribir provisionalmente el mundo del
átomo. L a Biología ha conseguido poner un cierto orden
en las construcciones de la Vida. Apoyada sobre 1^ Física
V la Biología, la Antropología explica a su vez, de la ma»
ncrn uuo puedo, la oirucfura del cuerpo humano y algu»
tu&jn6<amismai_dfe-auJi§is¡9gfe.,^n.CT^ después de
haber remido tod^^ el retrato no cory^
j M M t , manifícstam^^^ a la rralidad. Éí Hombre, tal
como la Ciencia consigue hoy reconstruirlo, es un animal
cpmo los demás, tan poco diferenciable. por su Anatomía. O
de los Antropoides. que las modernas clasificaciones de
la Zoología, volviendo al ptmto de vista de Linneo. la
incluyen junto con aquellos en la misma superfamilia de
los Hominoides. Ahora bien: a juzgar por los resultados
biológicos de su aparición, ¿no es justamente algo muy
diferente?
Salto morfológico ínfimo y al mismo tiempo increíble /X^
conmoción de las esferas de la Vida, toda la para- J T I
doja humana..! Y . por omsiguiente, evidenda absoluta
de que en sus recoostnicaones del Mimdo. la Oenda
desdeña un factor esencial, o por mejor decir, una dümen-
'sión entera del Universo.

199
Conforme <a la hipótesis general que nos giiía desde el ron antes que él. De hecho, la mayoría de los "sabios**
inicio de estas páginas hacia ujia ¡nterpretació)i coherente pondría más bien en teta de juicio la validez de tal se-
y expresiva de . las apariencias actuales de' la Tierra, paradón. ¡Qué no he ha dicho—^y qué no se dice toda-
quisiera demostrar en esta nueva'Parte consagrada al Pen- vía—sobre la inteligenda de las bestias!
samiento, que para asignar al Hombre su situación ruuu- Si se quiere resolver esta cuestión (y necesario de-
raí en el Mundo experimental, es necesario y suficiente ddirla tanto para la Etica de la Vida como para el co-
que hagamos entrar en juego el Interior ál propio tiempo nocimiento puro) de la "superioridad" del Hombre sobre
que el Extenor de las cosas. Este método nos permitió los animales, yo no veo más que un medio: separar de-
ya apreciar la magnitud y el sentido del movimiento vi- cididamente, en el haz de los comportamientos humanos,
tal. Será también este mismo método el que v a a recon- todas las manifestadones secundarias equívocas de la ac-
ciliar ante nuestros ojos, doitro de un orden.' rcdescen- tividad interna y situarse cara al fenómeno central de la
. diente armónicamente hacia la Vida y la' Materia, la in- Reflexión.
significancia y la suprema importancia del Fenfoieno hu- Desde el punto de vista experimental que utilizamos, la
mano. \ Reflexión, tal como lo indica su nombre, es el poder ad-
Entre los últimos estratos del Plioceno, en toíitualea el quirido por una conciencia de replegarse sobre sí misma
Hombre estuviese aún ausente, y el nivel sigifíeéte, en el y de tomar posesión de sí misma como de un objeto do-
que el geólogo habría de quedar estupefacto ál ícconocer tado de su consistenda y de su valor particular; no ya
los primwos cuarzos tallados, ¿qué pasó y c u l i es la ver-
sólo conocer, sino conocerse: no ya sólo saber, sino sa-
dadera magnitud de este salto? [i
ber que se sabe. Gradas a esta individualizadón de 8(
He aquí lo que se trata ahora de adi\dnar y.?de medir, mismo en el fondo de sí mismo, el elemento vivo, hasta
antes de seguir etapa por etapa, hasta el paso /decisivo en entonces distribuido y dividido dentro de un círculo di-
el qué se encuentra empeñada hoy en día la ,H!imanidad fuso de percepdones y de actividades, se halla constituido,
en marcha. < > por vez primera, en centro puntiforme en el que todas las
representaciones y experiendas se entrelazan y se conso-
1. E L PASO D E LA REPLBXIÓN lidan en un conjimto consdente de su organismo.
Ahora bien: ¿cuáles son las oonsecuendas de una tal
A) E L PASO BLBMBNTAL. L A HOKCINIZACÍÍÓN transformadón? Ellas son inmensas y nosotros las lee-
I DEL INDrVlUUO mos tan claramente en la Naturaleza como cualquiera de
los hechos catalogados por la Física o la Astronomía. E l
a) Naturateat ucr reflexivo, en virtud de su repliegue Kobrc «í minmo.
se hace bruscamente susceptible de desarrollarse en una
De la misma manera qiie'rdna siempre entüt los Uólo nueva esfera. E n realidad, es otro mundo el que nace.
gos la incertidumbre respecto de lá existencia de un sen- Abstracdón, lógica, elecdón e invenciones razonadas ma-
tido y a fortiori de va. eje definido en la Evoludón. de temáticas, arte, percqxión calculada del espado y de la
la misma masera y por tina razón conexa se 'manifiesta duración, ansiedades y suefios del amor... Todas estas
aún la mayor divergencia entre los psicólogos cuando se actividades de la vida Interior no son más que la efer-
trata de deddir si el psiquismo homano difiere espedfi- vescenda del centro nuevamoite constituido explotando
camente (por "naturaleza*Ó del de los seres qm: apiaiede- sobre sí mismo.

' 2 0 1
Una ve/ sentado esto, he aquí mi pregunta. Su como quisniü de lo» aniinules. Para los Escoláslic^-^ de la anjli;
se sigue de lo que precede, es cl hecho de hullarsc "re- gua Escuela, cl instinto es una especie de subintclipcncia
flexionado" lo que hac^ al ser vcrdadera.Ticnte "inteli- bflmofini'-'' y «latirá q^fc sfffiala WP" de los esUdios on-
gente". ¿Ipodcmos dudarij siriamente de que la inteligen- inlrtyign<s y lógicos a través de los cuales, en el Universo.
cia sea cl atribulo evolutivo del Hombre y </<• si^lo cl ser "so dcgrudn". se irisa. üc«lc cl Lspíriiii puro ha<iin
¿Y podemos, en consecuencia, dudar en reconocer, pur no la pura Materialidad. Para el Caricsiano sólo existe cl
sé qué falsa modestia, que su posesión no representa para pensamiento, y el animal desprovisto de lodo inicrior. no
cl Hombre un avance radical sobre toda la Vida anterior es más que un autómata. Para la mayoría de los biólogos
a él? E l animal sabe, no lo dudamos. JEero ciertamente modernos, finalmente, tal como lo recordaba más arriba,
no sabe que sabe; de otra manera, hace tiempo que hu- nada separa claramente instinto y pensamiento, pues unol
Jwera mujriglicado las invenciones y desarrollado un sis- Votro'no son mucho más que una especie de luminiscen-
tema de construcciones miemas que no podrían escapSr cia de la que se envolvería el juego, único esencial, del
a nuestra observación. Por consiguiente, un sector de lo los determinismos de la Materia. —
Real le está cerrado, un sector dentro del cual nos move- En todas estas diferentes opiniones se descubre la par-
mos nosotros, pero en el cual él no podría entrar. Un foso te que hay de verdad, al mismo tiempo que aparece la /
—o un umbral—infranqueable para él nos separa. E n re- causa de error, tan pronto como, colocándose en el punto \
lación con cl. por el hecho de ser reflexivos, no sólo so- de vista adoptado en estas páginas, uno se decide a reco-
mos difcrcnlcs, sino otros. No sólo simple cambio de nocer: 1), que cl instinto, lejos de ser un epifenómeno,
grado, sino cambio de naturaleza, resultado de un cam- traduce por medio de sus expresiones diversas el mismo
bio de estado. fenómeno vital, y 2), que representa, en consecuencia,
Henos aquí exactamente frente a lo que-esperábamos. una magnitud variable. ~y
L a Vida (en esta espera se terminaba el capitulo de De- ¿Qué sucede, en efecto, si para contemplar la Natura-
meter), la Vida, por ser ascensión de conscicncia. no po- leza nos .colocamos bajt^ este sesgo?
d(tt coniinuiir nvnn/and» indeüñünmicnto c r s u Undn «in
transformarse en__profundidad. Ella debía, ^^cgún decía- En primer lugar, comprobaremos mejor en nuestro es-
mos, como toda magnitud creciente en cl Mundo, llegar a píritu cl hecho y la razón de la divcrs'uhul de los com- ^
ser diferente para continuar siendo ella mismai Más ciara- portamicntos animales. I><dg «1 TP"""'"'" i*" T"* I"» Pv»'
mente definible que cuando ejcrutábamos cí psiquismo lución es transformación primariamente psíquica, no hay
oscuro de las primeras células, he aquí que se descubre un instinto en la NattiralezatIsJBa-Jüia.Jimlt'tnd de forT
en este acceso al poder de reflexión la fonn¿ particular mas de instintos, cada imo de los cuales corresponde a una
y crítica de transformación, en que ha consistido,para ella sJothiciáOuJiailiculaiLjJeLjmíbl!^^ E l psiquis-
está supercrcación o este raiacimiento. Y . por:'¿só níismo. mo de un Insecto no es (y no puedo serlo) el de un Ver-
he aquí cómo reaparece la curva entera de lé. Biogáaesis. tebrado, ni el instinto de una Ardilla es el de un Gato
se resume y se clarifica en este punto singular' o el de im Elefante, y ello en virtud precisamente de su
misma posición en el Arbol de la Vida.
b) Mecanismo teórico Por este mismo hecho empezamos a ver destacarse le- <5J
gítimamente, en esa variedad, un relieve, dibujarse una
Los naturalisus y los filósofos han defendido, a lo IE^-^ gradación. Si el instinto es magnitud variable, los instin-
go de la Historia, las tesis más opuestas respecto del psi- tos no podrían ser sólo diversos; fonnan, bajo su com-
/ . • •: •'

202 • m
plejidad. un sistema creciente, dibujan, en.ísu^ : c ^ lüO grados, y si se la calienta más todavía lo primero que ^
una especie de abanico, en,el que los términos supcrio- sucede—sin cambio de temperatura—es una tumultuosa
rei iobrc cada nérviación le reconocen cada ve», en un expansión de las moléculu liberadas y vaporizadas. Cuan-
radio mayor de elección, apoyada sobre un ceiííro me- . do, siguiendo cl eje ascendente de un cono, las secciones
jor definido de coordinación y de conscicncia. Y es pre- se van sucediendo con un área constantemente decrecien-
cisamente esto mismo lo que observamos. \gl4)5Íquismo de te, llega un momento en que, por un desplazamiento infi
un Perro, díwse lo que se quiera, es posiblemente supe- - nitcsimal de masa, la superficie desaparece, convertida en
rior al de un Topo o al de^ün Pez^ 7 '~ punto. Así es. mediante estas comparaciones lejanas, co-
Una ver dicho esto, con lo que no hago más que pre- mo podemos ima^namos en su mecanismo el paso críti-;
sentar desdo otro ángulo lo que ya nos había revelado co de la reflexión.
el estudio de la Vida, los espiritualistas pueden tranqui- AI final del TerciMio. desde hacía más de quinientos
lizarse cuándo en los animales superiores Qos grandes Mo- miUones de años, la temperatura psíquica iba ascendien-
nos en particular) advierten o se les obliga a ver, maneras do en el mimdo celular. De Rama en Rama, de Capa en
y reacciones que recuerdan extrañamente aquellas de las Capa, hornos visto que los sistemas nerviosos iban, parí
cuales se sirven para definir la Naturaleza y para reivin- passu, complicándose y concentrándose. _Einalmentc llegó
dicar su presencia en el Hombre, de un "alma racional". !i construirse del lado de los Primates un instrumento tan
Si la historia de la Vida no es, como hemos dicho, sino extraordinariamente dúctil y rico, que el paso inmediato
un movimiento de conscicncia velado de morfología, es siguiente no podía rwUzarse sin que el psiquismg^ animal^
inevitable que. hacia la cumbre de la serie, en las inme- en tero iíegartLA-encontfar «e como^-Tetundido-At-O^solidas.
diaciones del Hombre, los psiquismo* so presenten y apa- -do-J5QÍffit.,lLnujnia bien: el movinüento no se ha
rezcan a flor de inteligenda. Que es precisamente lo que detenido, dado que nada en la estructura del individuo le
urre. impedía avanzar. Algunas calorías de más se han añadido,
Y con ello es la "paradoja humana" mistna la que se pues, al Antropoide. llevado mentalmente a 100 grados.
esclarece. Estamos confusos al verificar cómo "Anthropos". En este mismo Antropoide. casi llegado a la cumbre del
a pesar de algunas preeminencias mentales indiscutibles, cono, se ha ejercido un último esfuerzo siguiendo el eje.
difiere poco anatómicamente de los demás Antropoides, Y no ha sido preciso ya nada más para que todo el equi-
tan confusos que casi renunciaríamos, por lo menos en su librio interior se halle trastrocado. L o que todavía no era
punto de origen*, a separarlos. Pero esta extraordinaria más que tma superíide centrada, se ha convertido en cen: -
semejanza, ¿no era precisamente lo que debía acontecer? / tro. Para un acrecentamiento "tangondal" ínfimo, lo "ra-
Cuando el agua, bajo una presión normal, llega a los dial" se ha invertido y. por así decirlo, ha saltado al infi-
nito hacia adelante. Apattentemente casi parta ha r a m - ""N
• Detde este punto de visU se podría dedr que toda forma de
instinto tiende a convertinie en "intelisenda". a su manera; ,pero biado en los órgm>s. P e m , ^ profundidad, una Hragijrg-
sólo sobro la línea humana (por razones «xtríniecas o Intrínsecas) volución: la condencia. brotando, efervescente, en un es-
la operadén ha tenido éxito al fin. El Hembra reprcícrilarít, pues, pado de reladones y de reprtsentadonea y^persenmhles.
llegado al estado de reflejdén, una sola de las inntimetables mo-
dalidades de cooscieoda ensayadas por la \^da, en,el mundo ani- y. simultáneaihente. la consdoícia, capaz de perdbirse a
mal. OtroA tantos mundos psíquico* en los cuales resuha muy diff- sí misma en la simpliddad conjtmta de sus facultades,
dl entrar, no solamente porque el conodmiento M en elloü mis todo ello por vez primera *.
confuso, sino porque fundona en ellos de una manera diferente
que en nosotros.
• Véase la noU 10. al pie de la página 195. (Ni'^f.)^ * ¿Necesito repetir, una vez mis, qué nw limito aquí al Foaó-

\ ^ • ss^^ 203

'V:
Los cspiritualistu.s tienen ra/ón cuandi} <^ficndcn t:tn puesto testigo de esta crisis, ¿que es lo que hubi^-ra inns-
áspcramcptc cierta trascendencia del Hombw/fobre cl res- pirado cxteriotmentc de esta metamorfosis?
to de la Naturaleza. Tampoco los matcrialiras -andan des- Como voy a decirlo pronto, al tratar de las "aparien-
caoiinados cuando soslicncn que cl Horabr? es sólo un cias humanas originales", esta representación, de la cual
término más en la ,>eric de las formas aninjalcs. En este estamos ávidos, quedará probablemente para siempre, tan
caso, como en tantos otros, las dos evidencias antitéticas imposible para nuestro espíritu como cl origen mismo de
se resuelven en un movimiento, siempre que en este n\o- la Vida, y por las mismas razones, a lo sumo, en este
vimicnio .se contcdu lu parle esencial al fciuVijcno. lan cuso particular, y pura guiamos, poseemos cl recurso de
claramente natural, del "cambio de estado". rSí; Me la cé- observar el despertar de la inteligencia en el niño durante
lula ul animal pensante, como del; átomo t\ se el curso de la ontogénesis... Sin embargo, tenemos que
prosigue sin intcnupción, y siempre en id»i^w •sentido, hacer dos consideraciones, una de ellas circunscribiendo,
un mismo proceso (calentamiento o conceníflolón psíqui- la otra convirtiendo en algo más profundo cl misterio de
ca). Pero, en virtud de esta permanencia en -1^ operación, que se envuelve pa^a nuestra imaginación este punto sin-
es fatal, desde cl punto de vistu úv la Física/ que cicrtoi gular. —
saltos transformen bruscamente el sujeto scmetido a la
L a primera de ellas se refiere al hecho de que. para
operación.
llegarse en cl Hombre al paso de la reflexión, ha sido
necesario que la Vida preparase, de manera amplia y si-
c) Realización ' multánea, un haz de factores, de los cuales nada hubie-
ra podido, al primer golpe de vista, dejar cmrevcr la "pro-
Discontinuidad de continuidad. Tul es como se define y
videncial" relación. ^
se presenta ante nosotros, en la teoría de su .mecanismo, e
igual qu¿ en la aparición primera de la Vida, el nacimiento Finalmente, es verdad, toda la metamorfosis hominizan-
del Pcnsanúcnto. te se concreta, desde el ptmto de vista orgánico, a una"
Y ahora, en cuanto a su realidad concreta, ¿de qué ma- cuestión de mejor cerebro. Pem /dp qué mantra xa pro-
nera hit actuado cl mecanismo? Para un observador, su- dujo eyte? perfeccionBmiqntn ^are^yn^l. n'imo piiilil fiinrip>
nar. si loda una serio de otras condiciones no se huhienm
visto-tcaliz8Lda3, todas ellas ,CQDLunl«iJiicnlc en un mismo
meno, e< dcdr, t lai rolaciooei experim«ntkles entre Coniciencia y
Complejidad, sin prejuzgar en nada iu acción de Causas más pro- JiiailOQ?.. Si el ser del cual emergió el Hombrg_nQ_Jiubiera
fundas que dirigen todo el juego? En virtud de las limitaciones ^Ido>^l»d0;t.jus.maia9^ ng.sc bubicrajixaccmiradgj^
impuestaü a nuestro conocimiento sensible por. el juejo de las se-
ríes temporo-espaciales, parece que sólo ¿a/o las apariencias de un paESL-descargar a las maiiidíbulas„de^ funa6o,.preiisil, y
punto critico nos es posible aprehender experimcnuimente el paso C5ffio,consecucncÍa._^^^
hominiatnte (espiritualizante) de la Reflexión. Pero una vez senta-
do esto, nada impide al pensador espiritualista—por razones de que. aprisÍQnaban.~eL.xráneo. so-se hubiera relajado., Gra-
orden superior y en un tiempo ulterior de su dialéctica—colocar, , cías al bipMismo, que liberó a las manos, el cerebro pudo
bajo el velo fenomenológico de una transformación revolucionaria, crecer; gracias a eüo. al mismo tiempo, los ojos, al acer-
la operadón "creadora" y aquella "intervención espedal" que quie-
ra {cf. "Advertenda"). Que existan para nuestro espíritu plano* carse sobre tma cara más contraída, pudieron empezar a
diferentes y sucesivos de conocimientos, ¿no es ¿ste precisamente converger y a fijar todo cuanto las manos aprehendían,
un prindpio universalmente acepudo por e l pen^amie^to cristiano aproximaban y presentaban: ¡he aquí el gesto mismo,
en su Interpretación teológica de la Realidad? (El traductor hace
gran hincapié en el contenido y significación de esta nota, que exteriorizado, de la reflexión 1 De hecho, esta maravi-
algunos autores parecen ignorar. N. del T.) llosa coincidencia no debe sorprendemos. L a cosa más

207
pequeña que se produce en el Mundo, ¿no es' siempre el dcucia psíquica sobre el instinto, o hay que resolverse a
firoducu» de unu fomiiUublo concicnciu. un nudo de rihrns admitir quo su aparición se realizó entre dos individuos.
confluyendo desde siempre a partir de las cuatro esqui- ~ Proposición ésta desconcertante en sus térmmos. segu-
ñas del espacio? I n Vida no trabaja yiguifnrin iip_<<2lr>_ ramente, pero cuya rareza se atenúa, hasta hacerse inofen-
hilo aislado, ni por ..medio de repeticiones. Lo que hace siva, si se observa q(ie. en puro rigor científico, nada nos
es empujar hacia adelante y a la vez toda su red. Asf se . impide suponer que lu inteligencia ha podido (y aun in-
ÍQima..el .embrión dentro_del seno que lo contiene. Debe^ cluso ha debido) ser tan poco perceptible exteriormente,
riamos,jjbcrlo ya. Pero hay que decir que resulta para en sus orígenes filélicos, como lo es todavía a nuestros
4lflsatros„jMna, satisfaraM ^ ojos en cada recién nacido en el estadio ontogenético. Y
nacido bajo el signo de esta imisma ley maternal. jDebe- en este caso, cualquier sujeto tangible de discusión entre
mos sentimos felices de admitir que cl nacimiento de la el observador y el teórico se desvanece.
inteligencia corresponda a una inversión sobre. ^íj'mismo. Ello sin contar una segunda forma de "inaprehensible".
no sólo ^el sistema nervioso, sino del ser entero.; Lo que (cf. más adelante, pág. 226. nota 5) que, bajo las aparien-
nos espanta, a primera vista, por el contrarip, e^.cl tener cias cventualmente presentadas por la primera emergen-
que damos cuenta de que este paso, para ejecutarse, tuvo cia de la Reflexión sobre la Tierra (incluso suponiéndolas
que realizarse de una sola vez. pcroepübles para im espectador contemporáiaeo), cual-
tSsta debe ser mi segunda considcracióiji'; ima consi- quier discusión científica se ha hecho hoy ya imposible;
deración que no puedo eludir. E n el caso ^ü<^'la ontogé- y ello, precisamente, porque aquí, o nunca, nos encontra-
nesis humana, podemos pasar por encima del problema mos en presencia de tmo de estos comienzos ("evolutivos
infinitamente pequeños"), automática e irremediablemente
de saber en qué momento cl recién nacido h^Éipptiidp ac-
sustraídos a nuestra observación pOr obra de un espesor
«idcr a la inteligencia, es decir, convenirse eá,, peiisante:
suficiente de Pasado (cf. más atrás, pág. 148).
V_ serie continua de estado.<s sucediéndose, denirp.de yii mis-
mo Individuo, desde ol iSvulo ul udüllo. ¿Ouóno.s puctlc KcicnjiHmoH, pues, .Holmnenic, sin inirtiar representar-
/^importar cl momento, y aim la misma existencia de una nos lo que es inimaginable, que el acceso al Pensamiento
mptura? Bien diferente es el caso de tma erabriogénesis 'representa un umbral, que debió, ser franqueado de im
filética. en la que cada estado, cada estadio, está repre- solo paso. Intervalo "transexperimental", sobre el que na-
sentado por un ser diferente. Y a no existe aquí medio da podemos decir desde el punto de vista científico, pero
alguno (por lo menos de acuerdo con nuestra >actual ma- más allá del cual nos hallamos transportados sobre otro
peldaño biológico enteramente nuevo. v. h ,
nera de pensar) de escapar al problema de la disconti-
nuidad, ii cl tráasitQ_aJa reflexiónJaL-Verdadcramente taj^
como su misma naturales flf^ic» parece exigirlo_y tal co- d) Prolongación
, mo lo hemos «dmlridóTupa transformación crítica, una Y es solamente aquí donde acaba de descubrirse la
^ \n del cero al todo, es imposible que nos podamos naturaleza del paso de la reflexión. E n primer lugar, cam-
j»presentar a este preciso nivel la existencia de unlndi- bio de estado. Pero en seguida, por el hecho mismo, ini-
D _yiduo intermediario, p esite ser está todavía más acá—o cio de otra especie de vida, precisamente esta vida inte-
«- está ya más allá—del cambio cíe estado. Que el problema rior de que hablé anteriorm«ate. Hace im momento com-t
se resuelva como se quioa. NO es necesario convertir el parábamos la simplicidad del espíritu pensante con la]
VPe&samtento en algo inextricable al negarse 3u transcen- de un punto geométrico. Sin emberio. hubiera sido me-

208 209
14
jor hablar Je línea o de eje. VEstar pucsU)". para la inic- ñera definitiva. Con la "persona", dotada por la "pcrso-
liscncia. no significa, en efeció. "estar acabado". E l niño, nali2a<iÓn^ de tm poder indefinido de evolución elemen-
apenas nacido, debe respirar:' de otro modo, se muere.\De tal, la rama cesa de llevar en su conjunto anónimo las
manera semejante, cl centro psíquico reflexivo, ima vez promesas exclusivas del porvenir. La célula se ha hecho
encogido sobre sí mismos no podría subsistir más que "alguien". Después del grano de Materia, después del gra-
"por tin tíoblc mo\imTeii!orqüeli(rc<)n';trtüyc más que uno: no de Vida, he aquí, ai fih, con.slituido cl grano del Pen-
ceñtrars^lñirin^ un espacio samiento.
nuevo; y al mismo tiempo, centrar el resto del Mundo a ¿Equivale ello a decir que, a partir de este momento,
su alrededor, merced al establecimiento de una perspec- el phylum, semejante a esos animales que se pierden en
tiva cada vez más coherente y mejor organizada en las la polvareda de gérmenes, a los cuales hacen germinar
realidades que la rodean. No ya el foco imputable fijado, _con su propia muerte, pierde su función y se volatiliza?
sino el torbellino que se profundiza aspirando el fluido Por encima del ptmto de reflexión, ¿todo el interés de la
en cuyo seno nació. E l " Y o " , que no puede sostenerse Evolución se invierte para hacer que la Vida pase a la
más que siendo cada vez más él mismo, en la medida en pluralidad de los seres vivientes aislados?
que hace suyo lodo lo demás de sí. Ixt Persona en y para De ningima manera. Sólo a partir de esta fecha cru-
la Pcrsonuliíoción. ' cial, la efervescencia global, sin detenerse en absoluto,
F.slii chiro que bajo el efecto de unu l:il transformación, gana un'grado, un orden de complejidad. No; dado que
toda la estructura de la Vida se ha modificado. Hasta el phylum, cargado ahora de centros pensantes, no se rom-
entonces el elemento animado se ciKontraba tan estre- pe como un chorro frágil; no se pulveriza en sus psiquis-
chamente ligado al phylum, que su propia individualidad mos elementales: sino que. por el contrario, se refuerza
podía parecer accesoria y sacrificada. Recibir; mantener al doblarse en su interior con una armadura más. Hasta
y. si es posible, adquirir; reproducir y transinitir. Y así entonces era suficiente considerar, en la Naturaleza, una
sucesivamente, sin tregua, indefinidamente.'.'. E l animal, amplia vibración simple: la ascensión de Conscicncia.
aprisionado en la cadena de las generaciones, parecía no Ahora va a tratarse de definir y de armonizar en sus
tener derecho a vivir; en apariencia, no poseía ningún leyes (¡fenómeno mucho más delicado!) ima ascensión
valor para sí mismo. Es decir, un punto de apoyo fugi- Je las conciencias. Un progreso hecho de otros progresos
tivo para un.i carrera que pasaba por encima de él ig- tan duraderos como él. Un movimiento de movimientos.
norándolo. L a Vida, pues, otra vez. más joal que los Intentemos ahora elevarnos a suficiente altura para do-
mismos vivientes. minar cl problema. Y para hacerlo, olvidemos por algún
Con la aparición de lo reflexivo, propiedad esencial- tiempo el destino particular de los elementos espirituales
mente elemental (jpor lo menos pa^a empezar!), todo comprometidos en la transfortnación general. Sólo en
cambia: entonces advertimos que. bajo la realidad más virtud de este hecho, siguiendo en sus líneas principales
rcsplandec^iente de las transformaciones colectivas, teiiía la ascensión y el escalonaihiento del conjunto, podemos
lugar secretamente una marcha paralela en la individua- llegar, tras im largo rodeo, a determinar la parte reser-
lización. Cuanto más se cargaba un phylum dp psiquismo. vada a las esperanzas individuales en el éxito total.
tanto más tendía a "granularse". Valoración creciente del ¡A la personalización del individuo por la homlniza-TT
animal en relación a la especié. A l nivel del Hombre, fi- ción del grupo entero I ^
nalmente, el fenómeno se predpita y toma cuerpo de ma-

210 211
B) E L PASO Fii.ÉTia>..lM HOMI^•^/.ACliV^v^ zoológico se rodea de una determinada envoltura psico-
lógica. Y a lo decíamos más arriba (pág. 203): cada tipo
de Insecto, de Ave o de Mamífero, posee sus instintos
DH LA ESTECIE j 'í'
propios, asta ahora no se ha realizado ninguna tentativa
Así. pues, a través del salto de inteligencia, cuya natu- para poner en relación tmo con otro, y de manera siste-
raleza y mecanismo acabamos de analizar en .a partícula mática, los dos elementos, somático y psíquico, de la
pensante, la Vida continúa, en cierto modo, expansio- Especie. Existen naturalistas que describen y clasifican
nándose, como si nada hubiera ocurrido. Con toda evi- los formas. Otros se especializan en los comportamien-
dencia, tanto antes como después del umbral del pensa- tos. De hecho, la distribución de las especies se realiza
miento, propugución, multiplicación y ramificación se- de manera muy eficiente, por debajo del Hombre, por
guirán, en el Hombre como en todos los animales, su medio de criterios puramente morfológicos. Por el con-
marcha acostumbrada. Nada se.ha modificado en la co- trario, a partir del Hombre, aparecen ya dificultades. To-
rriente, scgiin parece. Pero las aguas ya no sod las mis- davía reina, según notamos, tma extremada confusión en
mas. ComQ las olas de im río enriquecidas . al contacto lo tocante a la significación y a la repartidón de los gru-
con una llanura arcillosa, el flujo vital .se ha cargado de pos tan variados en que se fragmenta, a nuestros ojos, la
principios nuevos al franquear los pasos de la reflexión masa humana: razas, nadones. estados, patrias, cultu-
y, como consecuencia, va a manifestar determinadas ac- ras, etc. E n estas categorías, diversas y móviles, no se
tiviades nuevas. Ahora lo que la savia evolutiva hace quiere perdbir. de ordinario, más que tmidades heterogé-
fluir y veicula en cl tallo viviente no son ya sólo los gra- neas: unas, naturales 0* raza): otras, artifidales Oa na-
nos animados, sino, tal como se ha dicho, los granos de ción) : cabalgándose de manera irregular en los diferen-
pensamicnio. ^ Q u é va a aparecer, bajo estar influencia, tes planos.
en el color o la forma de las hojas, de las flores y de los
frutos^ llrreyularidad desagradable e iniiiil. quo pronto se des*
No me sería posible, sin anticiparme respecto de los vanece, por poco que se quiera poner en su lugar, tanto
desarrollos ^ulteriores, dar inmediatamente; a esta cuestión el Interior como el Exterior de las Cosas 1
unu rcspuesti» detallada ni de fondo. Pero lo que con- Desde este punto do vista más comprehen.sivo. por mix-
viene indicar aquí, sin esperar ya más. son tres particu- ta que pueda parecer, la composidón del grupo y de las
laridades que. a partir del paso del Pensamiento, van a ir ramas humanas no es irreductible a las reglas gen<»ales
manifestándose en todas las operaciones o las produccio- de la Biología. Pero, por exageradón de una variable que
nes, sean cuales fueren, de la Especie. L a primera de es- resulta desdeflable en los animales, lo que hace simplo»
tas particularidades concierne á la composición de las mente es que apr»rezca la trama esencialmente doble de
nuevas ramas: la otra, al sentido general de su creci- estas leyes, para no dedr, por el contrario (si el Soma
miento: la última, en fin. a sus relaciones o diferencias está tejido por la Psiquis). la unidad fundamental. No
de conjuntó con lo que había florecido anteriónnente a excepdón, sino generalizadón. Imposible dudar de ello.
ellos sobre el Arbol de la Vida, En el mundo convertido en humano, es siempre la ra-
a) La composición de las ramas humanas mifícadón zoológica la que. a pesar de las aparieodas y
de la complejidad, se prolonga, y opera siguiendo el mis-
Sea cual fuere la idea que tmo se haga acerca del me- mo mecanismo de antes. Sólo a consecuenda de la can-
caniíimo interno do la Evolución, es cierto que úúa grupo tidad de energía interior liberada por la reflexión, U

212 213
ü
operación tiende entonces a emerger de los órganos ma- cl cxaiiien de las líneas anintalc» y de .su >isienta nervio-
teriales para formularse también, o incluso .sobre ^ todo. so, el sentido de esta Evolución se hacía forzosamente tan
en cspírtu. E l psiquismo espontáneo no es ya'sólo una vago para nuestro conocimiento como cl alma misma de
aureola de'lo somático. Se cor.vierte en una parte apre- estos hermanos lejanos. L a consciencta asciende a través
ciablc. y aun principal, del fenómeno. Y dado que las de los seres vivientes: es todo cuanto i/jdenios decir. Pero
variaciones del alma son mucho más ricas y mati/adas desde el instante en que, franqueando el tmibral del Pen-
que las alteraciones orgánicas, con frecuencia impercep- samiento, la Vida nq solamente accede al estadio en que
tibles, que las acompañan, es muy fácil que lá: sola ins- nos hallamos nosotros mismos, sino que empieza a des-
pección de los huesos y de los tegumentos no pueda llegar bordar, francamente, por sus actividades libres, por en-
a seguir, á explicar, a catalogar los progresos; déj1^:'difc- cima de los límites por donde la canalizaban entonces las
renciación zcwlógica total. He aquí la situaí%nfVY^ exigencias de la Fisiología, sus progresos se hacen más
aquí también su remedio. Para desentrañar íiPestírii'ctura fáciles de descifrar. E l mensaje está mejor escrito, y por
do un /7/iy7HW pensante. In anatomía resulta itisufiaerite: ello lo podemos leer mejor, toda vez que nos.reconocemos
es que ahora pide doblarse de psicología. en él. Más arriba, al obsevar el Arbol de la Vida, notá-
Complicijción laboriosa, sin duda: dado que ninguna bamos este carácter fundamental de que, a lo largo de
clasificación satisfactoria del "género" humano podría es- cada rama zoológica, los cerebros aumentaban y se dife-
tablecerse, según vemos, sino por cl juego combinado de renciaban. Para definir la prolongación y el equivalente
dos variables parcialmente independientes. Siji embargo, de esta ley, por endma del paso de la reflexión, nos bas-
complicación profinida bajo dos aspectos difci^ntes. tará ahora dedr: " A l seguirse cada línea antropológica,
Por una parte, eL precio de este obstáculo, ¿1 orden. la es lo Humano lo que se busca y engrandece."
homogeneidad, es decir, la verdad, entran en nuestras Evocábamos de paso, no hace más que un momento,
perspectivas de la Vida, extendidas al Hombre: y dado la imagen del grupo humano en su incomparable comple-
que se descubre, correlativamente, en nosotros el valor jidad: estas razas, estas nadones. estos Estados, cuya mez-
orgánico de toda construcción social, nos sentimos ya me- colanza desafía la sagacidad de los anatomistas y de la
jor dispuestos a considerar a ésta como un objeto de Etnología. Tantas rayas en el espectro no hacen más que
Ciencia y, por tanto, a respetarla. de.'-.alentamos en nuestro análisis. Intentemos más bien
Por una parte, por cl hecho mismo de quo IB» fibrn» ilcl percibir aquello que. considerado en .su conjunto, represen-
phylum humano se muestran rodeadas de su vaina psí- ta esta multiplicidad. Y entonta ya no veremos, en su
quica, empezamos a comprender el extraordinario poder turbador conjunto, más que un amontonamiento de len-
do aglutinación y de coalesccnciri que presentan. Y henos tcjucla.s que se tronsmitcn por reflexión la misma luz.
aquí, simultáneamente; en la senda de un descubrimientq Centonaros o millares de facetas, pero expresando c«di«
fundamental, en el cual acabará por culminar nuestro es- uúa de eUas. dfcsde un ángulo diferente, una realidad que
tudio del Fenómeno humano: la Convergencia del Espí- se busca por entre un mundo de formas tanteantes. No
ritu. nos extrañamos (dado aue eüo nos ocurre), al ver desarro-
llarse, en cada persona a nuestro alrededor, de año en
b) El sentido general de crecimiento
año, la chispa de la reflexión. Aunque sea de una manera
Mientras nuestras perspectivas sobre la naturaleza psí- confusa, todos tenemos tamWén condenda de que algo
quica de la evolución biológica podían sólo apoyarse en cambia en nuestra atnlósfera en el curso de la Histcma.

214 215

*
o
i
¿Cómo se explica que al r.olooar una tra^ otra las dos también un motivo para la Ciencia de reconocer un fenó-
evidencias, y al rectificar at mismo ticmp'» deicrminados meno, todavía de naturaleza reflexiva, pero ahora con
puntos de vista excesivos sobre la naturale/u puramente una extensión humana total? Aquí, como por todas par-
"germinal" y pasiva de la herencia, no seamos mds sen- tes en el Universo, el Todo se manifiesta como mayor
sibles a la presencia de un algo mayor que nosotros mis- que la suma simple de los elementos de qiic está formado.
mos, puesto en m'árcha en cl cora/on de nosotros mis- No; el individuo no agota en sí las posibilidades vitales
mos?...^ de su raza. Pero, siguieijdo cada tmo de los hilos que
Hasta el nivel del Pensamiento, un problema podía reconoce la Antropología y la Sociología, se establece y
planteársele a la Ciencia de la Naturaleza;, el del valor se propaga una corriente hereditaria y colectiva de re-
y de la transmisión evolutivos de los caractercs| adquiri- flexión: el advenimiento do la Humanidad a través de
do». Por lo que se refiere a esta cuestión, ya sabemos que los Hombres; la emergencia, por la filogenia humana,
la Biología tendía y tiende todavía a mostrarse ivasiva y de la rama humana.
escéptica. Y quizá, después de todo, por lo qde se re-
fiere a las zonas fijas del cuerpo, en las cualeJ quisiera c) Relocionex y diferencias.
oonfínarse. tenga razón. Pero ¿qué es lo que/ocUrrc si Una vez visto y admitido esto, ¿bajo qué forma hemos
damos al psiquismo su lugar legítimo en lá íintegridád de de esperar ver surgir esta rama humana? Por el hecho de
los organismos vivientes? InmcdiatamentCv i la;: actividad ser pensante, ¿va a romper esta rama las fibras que la
individual del soma reemprende sus derechos-respecto de atan al pasado y en la cumbre de la Rama vertebrada v.n
la pretendida independencia del **gcrmen'i filélicu. Y a a desarrollarse a partir de elementos y en un plan enic-
en los Insectos, por ejemplo, o en el Castoí;. aprehendía- ramente nuevos, como si se tratara de algtin neoplasma?
mos de manera flagrante la existencia de ins'tiiitos formados Imaginar tal ruptura sería, una vez más, desconocer y
e inclu.so fijados por herencia., bajo el juego de Ins espon- subestimar, al propio tiempo que nuestra "grande:'.!", la
taneidades animales. A partir de Id reflexión; la realidad unidad orgánica del Mundo y los métodos de la' Evolu-
del mecanismo se hace no sólo manifiesta.'sino prepon- ción. E n una flor, las piezas del cáliz, los sópalos, los pé-
derante. Bajo el esfuerzo libre e ingenioso de las inte- talos, los estambres, el pistilo, no son hojas. Seguramente
ligencias que van sucediéndos^. algo (inclusu en ausencia nunca, fueron hojas. Pero llevan en sí, renococibics en .sus
de cualquier variación mensurable del cráneo y del ce- soportes y en su texnira, todo cuanto hubiera dado una
rebro) se actimula con toda evidencia irreversiblemente, hoja, si no hubieran estado formadas bajo una inriticncia
y se transmite, por lo menos colectivamente, por la educa- y con im destino nuevo. De manera semejante, en la in-
ción, a través de las épocas. Volveremos sobre ello más florescenda htmiana. se vuelven a hallar transformados
adelante. Ahora bien: este "algo", sea construcción de y en vías de transformación los vasos, las ordenaciones
materia o construcción de belleza, sistemas de pensamien- y la savia misma del tallo sobre el que nació esta inflo-
to o sistemas de aocidn, acaban siempre por traducirse rescenda; no sólo la estructura individual de los órga-
en un amneato de coniscieacia, no siendo ésta, tal como nos y de las ramifícadones interiores de la especie, sino
lo sabemos ahora, más que la sustancia y la .sanfr.- de las teadendas mismas del alma" y sus comportamientos.
la Vida en evoludda. > '
E n el Hombre, considerado como grupo zoológico, se
¿Y qué es esto, sino dedr que. por encima del fenó- IMX>loDgan a la vez: el atractivo sexual con las leyes de
mmo particular que es el acceso a la reftóxión. existe la reproducdón. la tendeada a la lucha por la vida con

216 217

I
sus competencia:», ia necesidad de alimentarse con el gus- amplio, la espiritualización filética. progresiva, en la Civi-
to de aprehender y de devorar, la curiosidad de ver en lización himtana. de todas las fuerzas contenidas en la
el placer de la investigación y el atractivo de acercarse Animalidad.
unos u otros para vivir reunidos... Cada una de estas fi- Henos aqu( conducidos ahora, dcspué, de haber consi-
bras atraviesa a cad* uno de nosotros, viniendo de más derado al Elemento, después de haber analizado la Espe-
abajo y ascendiendo hasta más arriba que nosotros mis- cie, a contemplar la Tierra en su totalidad.
mos, de tal manera que para cada una de ellas podría re-
construirse una historia (¡y no precisamente la menos C) E L PASO TERRESTRE PLANETARIO. L A NOOSFERA
verdadera!) de toda la Evolución; evolución del amor,
evolución de la guerra, evolución de la. investigación, evo- Observado en relación con cl conjunto de todos los ver-
lución del sentido social... Pero cada una, asimismo, pre- ticilos vivos, cl phylum humano no es un phylum como
cisamente por cl hecho de ser evolutiva, se metamorfosea los demás. Mas como la Ortogénesis especifica de los
al paso de la reflexión. Y desde allí vuelve a partir enri- Primates (la que les empuja hacia una cerebralidad ere-
quecida de posibilidades, de colores y de fecimdidades dente) coincide con la Ortogénesis axial de la Materia or-
nuevas. En^ un sentido, la misma cosa. Pero también otra ganizada (la que empuja a todos los seres vivos a tma
cosa completamente distinta. L a figura que se transforma cónsciencia más alta), el Hombre, aparecido en el corazón
al cambiar de espado y de dimensiones... L a disconti- de los Primates, surge en la flecha de la Evoludón zoo-
nuidad, otra vez, sobre lo continuo L a mutación sobre lógica. Sé recordará quci nuestras consideradones sobre el
la evolución. estado del Mundo plioceno culminaban en esta compro-
badóo.
En esta desviacióii dilctil. en esta armónica refundición
¿Qué valor privilegiado va a conferir esU situación úni-
quo transfigura el haz conipleto, extemo e interno, de los
ca al paso de la Reflexión?
antecedentes vitales, ¿cómo no encontrar una preciosa
Es fácil descubrirlo.
confirmación de todo cuanto habríamos yai;adivinado?
" E l cambio de estado biológico conducente al despertar
Cuando un objeto empieza a crecer por algo accesorio
del Pensamiento no^ corresponde simplemente a un punto
a sí mismo, se desequilibra y se hace disforme. Para
crítico traspasado por el individuo o incluso por la Es-
mantenerse simétrico y bello, un cuerpo debe modificarse
pecie. Más amplio que eso, afecta a la Vida misma en
por entero a la vez, siguiendo alguno de sus Sejes-princi-
su totalidad orgánica y, por consiguiente, marca una trans-
pales. Por lo que se refiere al phylum sobre eKcualiapa-
formación que afecta al estado del planeta entero."
rece. la Reflexión conserva. modificándolaSíVí tQdás sus
líneas. Es que no representa la excrecencia fortuita de - Esta es la evidencia que, nadda de todas las demás
una energía parásita. E l Hombre no progresa áino elabo- evidencias que se han adicionado y entrelazado poco a
rando lentamente, a través de las edades, la esenda y la poco, en el curso de nuestra encuesta, se impone irresis-
totalidad de un Universo que se depositó co él; tiblemente a nuestra lógica y a nuestros ojos.
No habíamos cesado de seguir, desde los flotantes con-
A este gran proceso de sublimación conviene aplicai:. tornos de la Tierra juvenil, los estadios sucesivos de un
con loda su fuerza, el término de HomnizflciÓn. L a Ho- mismo gran negocio. Bajo las pulsadones de la Geoquí-
minización. que es, en primer lugar, si así se quiere, el mica, de la Ceotécnica, de la Geobiología, tm solo y tini-
salto individual, instantáneo, del instinto al Pensamiento. co proceso de fondo, s'empre reconodblc: aquel que, des-
Pero una Hominización que es también, en un sentido más pués de haberse materializado en las primeras células, se

218 219
prolongaba en la edificación de los sistemas nerviosos. L a ha ampliado. £1 fuego avanza paulatinamente. Finalinen-
Geogéncsis—decíamos--emigmndo hacia una BiogéncsÍN, le. la incandescencia cubre el planeta entero. Una sola
que no es finalmente otra cosa que una Psicogénesis. interpretación, im solo nombre, están a la altura de este
Antes y durante I:i crisis de la Reflexión se descubre gran fenómeno. Precisamente u n extensiva, pero toda-
nada menos que cl término siguiente de la serie. L a Psico- vía mucho más coherente, como veremos, que todas las
génesis n^is liabia conducido hasta cl Hombre. Y ahi»ra capas precedentes, es verdaderamente una nueva capa, la
se borra, barrida, absorbida por una función más elevada: "capá pensante'", la cual, después de haber germinado al
en primer lugar, el altimbramiento. y más tarde, todos los final del Terciario, se instala, desde entonces, por encima
desarrollos del Espíritu, la Nooginesis, E l Mundo entero del mundo de las Plantas y de. los Animales; fuera y
ha avan7:ido un paso en el momento en que. por vez pri- por encima de la Biosfera, una Noosfera.
mera en un ser vivo, cl instinto se ha visto en el espejo Aquí estalla la despropordón que falsea a toda la cla-
de sí mismo. ' sificación del mundo viviente (e indirectamente, a toda
Por lo que se refiere a las elecciones y a las respon- construcción del mundo físico), en ci cual el Hombre no
sabilidades de nuestra acción, las consecuencias de este figura lógicamente más que como tm género o tma familia
descubirmiento son enormes. Volveremos a ello más ade- nueva. ¡Error de perspectiva que desfigura y descorona
lante. Para nuestra inteligencia de la Tierra son decisivas. al Fenómeno universal! No es suficiente abrir en el ctia-
l dro de la Sistemática una sccdón suplementaria con el
Los geólogos, desde hace mucho tiempo, están de acuer-
objeto de dar al Hombre su verdadero lugar ni tan sólo
do en admitir la disposición zonal de nuestro planeta. Y a
un orden, incluso ni una Rama de más... Por el hecho
hemos mencionado la Barisfera, metálica y central, ro-
de la Hominizadón, y a despecho de las insignificandas
deada por su Litosfera rocosa, envuelta ella misma por
* del salto anatómico, empieza tma Edad nueva. L a Tierra
las capas fluidas de la Hidrosfera y de la Atmósfera. A
cambia su piel. Mejor aún. encuentra su alma.
estas cuatro superficies encajonadas, la Ciencia se ha haW-
tuado con razón, desde Suess, a añadirles la membrana Como consecuencia, colocado dentro de las cosas en sus
viiñente; formada por el fieltro vegetal y animal del Glo- dimensiones verdaderas, el paso histórico de la Reflexión
bo: la Biosfera, tan a menudo nombrada en estas pá- es mucho más importante que cualquier corte zoológico,
ginas ; la Biosfera, envoltura tan claramente universal aunque fuera cl que marca el origen de los Tetrápodos o
como las demás "esferas", e incluso mucho más clara- el de los mismos Mctazoos. De entre los escalones sucesi-
mente individualizada que ellas, dado que, en lugar de vos franqueados por la Evoludón. el nacimiento del Pen-
representar una agrupación más o menos laxa, forma tma samiento sigue de manera directa, y no es comparable, en
sola pieza, el tejido mismo, que. una vez desplegado y orden de magnitud, más que a la condensación del qui-
elevado, dibuja el Arbol de la Vida. , mismo terrestre o a la aparición misma de la Vida.
Por haber reconocido y aislado en la historia de ila L a paradoja humana se resuelve haciéndose precisa-
Evolución, la nueva era de una Noogénesis, henos aquí mente desmesurada.
forzados correlativamente a distinguir, dentro del majes- Esta perspectiva, a pesar del relieve y la armonía que
tuoso ajuste de las hojas teliíricas. tm sopofte adecuado concede a las cosas, nos desconderta a primera vista 'pcx
a la operación: es decir, una membrana más.^,Alrededor el hecho de contradedr la iltisidn y las costumlMes que
de la chispa de las primeras condendas reSexiv^. los nos inclinan a medir los aomtedmieatos por su caía ma-
progresos de un círculo de fuego. E l ptmto dsi-ignldón se terial. Se nos presenta también desmesurada por el hecho

220 . 221

•i.w-
Je que. anegados nosotros mismos en lo ¡lumano. como
un pez en el mar. nos es difícil emerger de cl por medio 2. L A S FORMAS ORIGINARIAS
del espíritu y apreciar su especificidad y su magnitud.
Pero observemos un poco mejor u nuestro olrcdedor; ^ l e El Hombre entró sin ruido...
súbito diluvio de cerebralidad, esta invasión biológica de
Desde que hace ya alrededor de un siglo se planteó
un tipo animal nuevo que elimina o esclaviza'¡gradualmen-
cl problema científico de los Orígenes humanos; desde
te a loda forma de vida que no sea la human|t. esía marca que hace un siglo i un equipo, cada vez mayor, de inves-
irresistible de campos y de oficinas, este inmenso edificio tigadores se esfuerza por explorar el Pasado en el punto
creciente de materia y de ideas... Todos estos signos que inicial de la hominización. no puedo, en efecto, hallar otra
estamos contemplando, durante tanto tiempo, sin intentar fórmula más expresiva que la frase arriba indicada para
comprenderlo, ¿no nos gritan claramente qué algo ha cam- resumir con ella los descubrimientos de la Prehistoria.
biado "planetariamente" sobre la Tierra? .j' Cuanto más se multiplican los hallazgos de fósiles hu-
En verdad que, para un geólogo imaginario que viniera manos, cuanto más se esclarecen sus caracteres anató-
mucho más tarde a inspeccionar nuestro globo fosilizado, micos y su sucesión geológica, más se hace evidente que,
la máis / sorprendente de las revoluciones experimentadas por obra de una convergencia incesante de todos los in-
por la Tierra se colocaría sin equívoco al comienzo de es- dicios y de todas las pruebas, la "especie" humana, por
te periodo, que se ha llamado de manera tan justa el úiúca que sea. de acuerdo con el estadio entitativo al que
Psicozoico. Y al propio tiempo, para un marciano capaz le llevó la Reflexión, nada quebrantó en la Naturaleza
de analizar tanto psíquica como físicamente las radiacio- en el momento de su aparición. Y a sea, en efecto, que la
nes siderales, }a primera característica do nuestro planeta contemplemos en su ambiente—que la consideremos en
sería ciertamente la de apareccrle no ya azulado por sus ctianto a la morfología de su tallo—, que la inspeccione-
mares, o verdeante por sus bosques, sino fosforescente de mos en la estructura global de su grupo, ella ha emer-
Pensamiento. gido filéticamcnte ante nuestros ojos, exactamente como
Aquello que pueda existir de más revelador para nues- otra especie cualquiera.
tra Ciencia moderna es el percibir que todo lo precioso,
todo lo activo y todo lo progresivo contenido original- Por su ambiente, en primer lugar. Una forma animal
mente en el fragmento cósmico del que nació nuestro mim- cualquiera, y esto lo sabemos gracias a la Paleontología,
do, se halla actualmente concentrado en la "corona" de nunca aparece sola, sinjo que se dibuja en el interior de
ima Noosfera. un verticilo de formas vecinas, por entre las cuales toma
Y lo que aparece como supremamente instructivo (si es cuerpo como por tanteo. Así debió de suceder en el caso
que sabemos ver) en esta Noosfera es el verificar de qué del Hombre. E n la naturaleza actual, cl Hombre, consi-
manera tan sensible, a fuerza de ser imiversal y largamen- derado desde el punto de visu zoológico, es casi un soli-
te preparado, se ha producido el grandioso acontecimien- tario. Pero {Cn sú cuna se hallaba mucho más acompa-
to que presenta su nacimiento. ñado. No podemos ya dudar de ello ahora: sobre tm área
bien definida, aunque imnensa, que desde el Africa meri-
E l Hombre entró en el mimdo sin ruido...
dional se extiende ,hacia la China del Sur y a Malasia,
en las rocas y en los bosques, los Antropoides eran, bada
finales del Terciario, mucho más abundantes que lo son
actualmente. Además del Gorila, del Chimpancé y del

222 223
• O

I
Orangután, hoy confinados en sus últimos refugios, como volvámonos por última vez hacia el Hombre; el Hombre,
en la actualidad los Australianos y los Negrillos, vivía cuya Prehistoria, incluso la más antigua, no hace más
entonces una población de otros grandes Primates. Y en- que analizar, y aun probar, la congénita aptitud a rami-
tre estas formas, los Australopitccos de Africa, por ejem- firarse. ¿Puede ser discutido cl hecho de que, dentro del
plo, parecen haber sido mucho, más hominoides de todo abanico de los Antropoides, el Hombre se hubiera ais-
cuanto conocemos del mundo viviente de entonces lado, al estar sometido por ello a las leyes de cualquier
Por lu morfología de su tullo, en segundo lugar. Con materia animada, como si se tratara cl mismo de un aba-
la multiplicación de las "formas humanas", lo que des- nia>?
cubre para el naturalista el origen de una rama viva es Así, pues, yo no exageraba lo más mínimo. Cuanto más
tma cierta convergencia del eje de esta rama ton los ejes sondea la Ciencia el Pasado de nuestra Humanidad, tanto
de las ramas vecinas. E n las cercaní<<s de un hüdo, las ^o-
más ésta, como tal especie, se muestra conforme a las
jas se aproximan unas a otras. Una especie sorprendida
reglas y al ritmo quo marcaba, antes que ella, loda nueva
al estado naciente no solamente forma un "bóuquct" con
muchas oUas, sino que refleja, todavía mejor que llegada floración en cl Arbol de la Vida. Sin embargo, en este
a su estado adulto, su parentesco con aquellas otras. Cuan- caso, no es necesario, lógicamente, ir hasta el final, reali-
to más va siguiéndose hacia abajo, en el PaSádd.'üna lí- zar un último paso. Precisamente por el hecho de ser tan
nea animal, tanto más se hacen numerosos Y^tííarós en semejante, en su origen, a todos los demás phylum, de-
ella misma los caracteres "primitivos". E l f|oftrbre, en jamos de extrañamos si, tal como ocurre con cl resto de
estos momentos, obedece todavía, en su conjunib.áí me- los demás conjuntos vivientes, el Hombre-especie escapa
canismo habitual de la Filética. Intentad, por ejemplo, a niiestra: Ciencia por cjausa de los frágiles secretos de
ordenar, en una serie descendente, el Pitecántropo y cl sus orígenes más primitivos; y guardémonos, por ello,
Sinántropo, después los Neandertaloides. por debajo del de buscar, a base de cuestiones mal enfocadas, forzar y
Hombre actual. L a Palentología no consigue, .a menudo, falsear esu condición u n natural.
realizar una alineación tan satisfactoria.
Por ta estructura de su grupo, finalmente. Por definido E l Hombre entró sin ruido, dije ya. De hecho, se des-
que llegue a ser, por sus caracteres, un phylum, nunca arrolló tan suavemente que, cuando traicionado por los
se sorprende en su estadio simple, como si sé tratara de instrumentos pétreos indelebles que van multiplicando ante
una radicación pura. Por cl contrario, hacia 16 más pro- nosotros su presencia, empezamos a percibirlo, ya desde
fundo que podamos seguirte, manifiesta ya ima interna el Cabo de Buena Esperanza hasu Pekín, cubre ya el
tendencia a la escisión, a la dispersión. Esto lo saben viejo mundo. De manera cierta, habla y vive ya en gmpos.
todos los naturalistas. Ahora bien: una vez visto cslo. Después de todo, ¿no era esto precisamente lo que debía-
mos esperar? Cuando una nueva forma viviente se eleva
* De acuerdo con los hallazgos de Leakey en el Africa Orien- a nuestros ojos desde las proftmdidades de la Historia,
U l (Oldoway, en los que se descubrió un nuevo Australopiteco [el
Zinianthropusfí. al parecer asociado con una industria prechelense, ¿no sabemos ya que aparece totalmente realizada y que
la llamada "pebble culture")» Muchos autores se inclman a pensar constituye legión?
que los AuíUalopiteo» (cuyo habitat, por otra parte, se ha exten-
dido mucho más con el hallazgo de otro de ellos en el Tchad, por Desde el punto de vista de lá Ciencia, pues, que, desde
¡ve* Coppent, de París) fueron ya verdaderos hombres.' a pesar de lejos, no puede aprehender más que los conjuntos, el "pri-
su pequeAa capacidad craneana, tal como y a suponía Dart, su
primer descubridor. (N. del T.) mer hombre" es ya y no puede ser otra cosa que una mal-

224 225 \
1$
tituíl y su juventud se desarrolló durante miles y miles de
Entre los antropólogos, muchos de ellos, y no precisa-
años'. mente la minoría, piensan que ul pedúnculo de nuestra
Resulta fatol que esta situación nos decepcioiie y deje Raza hubo de componerse de varios haces emparaitados,
insatisfecha nuestra curiosidad, ¿Y no es precisamente lo pero distintos. De la misma -nancra que tma idéntica
que pudo ocurrir de manera precisa, en el curso de estos idea puede surgir en diversos puntos a la vez, sobre el
primeros mil años, lo que más nos preocupa? ¿Y aun qui- medio humano, llegado ya a un determinado grado de
zá más de lo que pudo ser el primer instante? En el preparación y de tensión, creen también que por encima
mismo borde de la zanja, recién franqueada, de la Refle- di> la "capa oniropoido", el Hombro debió (y éjic serla,
xión, quisiéramos saber cuál pudo ser el aspecto exterior de hecho, el mecanismo de cualquier vida) de originarse,
de nuestros primeros padres. Sin cml>argo. el salto debió siinulláncamcnte, en di^^ersas regiones. Y a no "polifile-
de producirse de un solo paso. Imaginemos ahora foto- tismo". propiamente dicno, dado que los diversos puntos
grafiado, de fragmento a fragmento, el Pasado: en este de germinación se hallarían localizados sobre la misma
instante crítico de la primera hominización. ¿qué es lo hoja zoológica, sino mutación extensiva de la hoja entera.
que veríamos desarrollarse sobre nuestro ///m al revelarlo? "Hologénesis", y, por tanto, policentrismo. Toda una serie
Si de verdad nos hemos dado cuenta de los límites de de puntos de hominización diseminados a lo largo de
atimento 'impuestos por la Naturaleza al instrumento que tma zona subtropical de la Tierra, y, por consiguiente,
nos ayuda a escrutar el cielo del Pasado, ^abremos re- diversas lineas humanas que se soldarían genéticamente
nunciar a estos deseos inútiles, y ya veremos el porque. en algún lugar por^encirrut de la Reflexión. No ya un
Ninguna fotografía podría registrar, sobre t\ hu- foco, sino "un frente" de evolución.
mano, este Uánsito a la reflexión que en tan buena ley
nos intriga, y eUo por la simple razón de que el fenómeno Aun sin discutir el valor y las probabilidades científicas
so ha operado en el interior de lo que siempre falta en de esta perspectiva, me siento personalmente atraído ha-
un phylum reconstruido por nosotros: el pedúnculo de. cia una hipótesis de diferente matiz. E n diversas ocasio-
sus formas originarias. nes he insistido ya sobre esu curiosa particularidad que
' Pero, por h> menos, si es verdad que su.s; formas tan- presenun las razas zoológicas de integrar, fijados en ellos
gibles se nos escapan, ¿podríamos indirecumente conje- mismos a la manera de caracteres esenciales, determinados
turar acci/ca de la complejidad y estructura inicial de este trazos de origen claramente particular y accidcnul: los
palúnculo? L a Paleontología no se halla todavía segura
respecto de estos puntos. Sin embargo, resulta posible in- mente el tránsito al Hombre nos puede ser sugerida por el caso de
tentar establecer una opinión al respecto'. los Australopitícidos más arriba roendonados. E n esta familia de
Antropomorfos pliocínicos (vid. Infra) sudafricanos (evidentemen-
te un grupo en estado de activa m u u d ó n ) , en la que aparece toda
> He aquí por qu£ parece escapar a la Cieacia como tal el pro-
una serie de caracteres hominoides. diseminados sobre un fondo
blema del monogenismo en el sentido estricto (yo no digo en mpdo
todavía netatnente úcniesco, aprehendemos quizá una imagen, o
alguno: del monofüetismo. cf. más arriba), por su haisma natura-
incluso el eco debiliudo de lo que. bada la misma época, o, en
leza. Dadas las profundidades del Tiempo en que se coloca la
todo caso, no muy lejos de ella, tenía lugar en ouo grupo de A n -
hominizadón, es indudable que l a presencia y los movimiento* de
tropoides, que desembocaron hacia la verdadera Hominizadón.
una pareja áiiica son alnolutamebto inaprchensibles a nuestra di-
recta mirada y en cualquier momento. De tal manera que se puede ( Y a se dijo anteriormente que hoy se creía en la posibilidad de
afirmar que existe un lugar, en este intervalo, para todo aquello que los Australopitícidos fueran ya hombres. E n todo caso, no
que viniera a exigimos una fuente transexperimental del conod- pueden ser considerados, como lo hace aquí el P. Teahard, como
miento. Antropomorfos, sino que serían Hom/nidos; es dedr, perteneden-
• Una derta idea de la manera como pudo realizarse zocriógica- a una « n » y * separada de los Antropomorfo» o Ponidos.

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dientes »ritubi'roulados y las sicle vcricbras cervicales; de ¿ S i ' i i a conveniente, tal tvnio lo hacia Dsborn. figurár-
los Mamíferos superiores; !a tcirapodia de los Vertebra- noslo cómo sop.~.rándo.s¿ muy hacia abajo, en el Eoceno o
dos corrctlorcs; cl poder rouirio. en sentido único, de las en cl Oligoceno. desde un abanico de formas Preantropoi-
suMancias organizadas. Piocisainctite por cl hecho de que dcs? ¿Valdri.. más. por cl contrario, con K . W. Grcgor>'.
estos caracteres sean secundarios y accidentales, a veces considerarlo como una radiación sólida. M»Í.) desde cl Plio-
inmensos, no se explicaría de manera clara si estos grupos ceno. del verticilo antropoide?...
no se hubieran expansionado a partir do un brote alta- Y aún otro problema, siempre el mismo: siempre desde
mente particularizado, y. por tanto, extremadamente lo- 'el punto de Vista eslrictamenie fenomcnológico, ¿qué diá-
calizado. Ouizá no sea necesario más que un simple radio metro mínimo de posibilidad biológica debemos atribuir a
en un verticilo para soportar en su origen a una Capa, este radio (tanto si es profundo como si no lo es), al consi-
o incluso a una Rama, o aun a la Vida entera. O, en todo derarlo en su punto inicial de hominización? Para que
caso, si es que ha jugado alguna convergencia, ésta no pueda haber "mutado", resistir y vivir, ¿cuántos indivi-
puede haber ocurrido más que entre fibras extremada- duos, por lo menos (en orden de magnitud) han debido
mente vecinas. experimentar simultáneamente la metamorfosis de la Re*
Bajo la influencia de estas consideraciones y, sobre todo, flexión?... Por mucho que se considere monofilética a una
en cl caso de un grupo tan homogéneo y esp^alizado co- especie determinada, ¿no se dibuja .siempre como una co-
mo cl que nos ocupa, yo me inclinaría a reducir, tanto rriente difusa en cl seno de un río, por efecto de masas?
como fuctu posible, los efectos de paralelismo en la lorma- . O, por el contrario, ¿se propaga quizá como la cristaliza-
ción inicial de la raza humana. A mi manera de ver. y ción, a partir de algunas parcelas, por efecto de unida-
sobre cl verticilo de los Primates superiores, no debió de des? ... Y a lo dije al esbozar la teoría de los phyla. Ambos
desplegar sus fibras acá y acullá, hebra por hebra, sobre símbolos chocan todavía con nuestro espíritu (cada uno de
todos los radios. Por cl contrario, y de una manera más ellos quizá parcialmente verdadero), con sus ventajas y sus
marcada aún que en cualquier otra especie, representa de atractivos respectivos. Sepamos cs(X:rar que .se realice su
una forma clara—pienso yo—el espesamiento y el éxito de síntesis.
un tallo entre lodos los tallos, siendo este tallo el más Sepamos esperar. Y para no impacientamos, vamos a re-
central de la gavilla, por el hecho de ser el más vivaz y. cordar las dos cuestiones que siguen.
aparte de su cerebro, el menos especializado. Todas las La primera es que, con toda hipótesis y por solitario
líneas humanas, en este caso, se reunirían, genéticamente, que haya aparecido, el Hombre emergió de un tanteo ge-
hacia abajo, en cl punto mismo de la Reflexión neral de la Tierra. Nació, en línea directa, de un esfuerzo
Después de esto, y si admitimos en los orígenes, huma- total de la Vida. He aquí la dignidad supraeminente y el
nos la existencia, siempre marcadamente única, de un tal valor axial de nuestra Especie. No nos es necesario, en el
pedúnculo, ¿qué decir todavía (siempre sin abandonar el fondo, saber nada más como satisfacción de nuestra inte-
plan del puro fenómeno) sobre su longitud y su,espesor ligencia y para las exigencias de nuestra acción.
probable?
Y la segunda es que, por fascinante que sea. cl proble-
^ Lo quig equivale a dedr que ti la ciencia det Homíjre nada ma de los orígenes no resolvería cl problema humano, ni
puede afirmar directamente en favor o en contra de! «onogenismo aun cuando aquél quedara resuelto en sus detalles. Tene-
(una iola pareja inicial, cf. pág». 225-26, en cambií^ se pronuncia mos perfectamente derecho a considerar el descubrimiento
deadidamente según parece, a favor de un monofUetismo (un solo
phylum). de los hombres fósiles como tma de las vías más ilumtna-

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doras y más criiicas de la Investigación moderna. -No con-
vendría, sin embargo, ilusionaimos, en cuanto a esto, acer-
ca de los límites que tiene, en todos los dominios, esta
forma de análisis que es la Embriogénesis: Si cá su es-
tructura todo embrión es frágil, fugaz y. como consecuen-
cia, prácticamente maprehensible en el Pasado, ¡cuánto
más equívoco e indescifrable resulta ser en sus característi-
cas! Los seres se manifiestan plenamente, uo en sus gér-
menes, sino en su despliegue. Considerados en su manan-
tial, los Aiayores ríos no son más que pisquemos srroyuelos.
Para comprender la grandeza verdaderamente cósmica
del Fenómeno humano era necesario que siguiéramos sus
raíces, a través de la Vida, hasta las envolturas de la Tie-
rra sobre sí misma. Pero si queremos comprender la natu-
raleza específica y el secreto del Hombre, no poseemos
para ello otro método que el de observar aquello que la
Reflexión ha dado ya y. todavía más. lo que ella anuncia
hacia adelante.

Pío. 4.—Figura esquemática que simboliza el desarrollo de la Capa
liumana. Las cifras de la izquierda figuran millares de años. Re-
presentan un minimum, y habría que doblarlas, por ¡o menos. La
zona hipotética de convergencia sobre Omega (linea de puntos)
no está, evidentemente, expresada a escala. Por analogía con las
demás capas vivientes, su duración sería del orden de millones
de años.

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