Carl Schmitt

Catolicismo romano
y forma política
Estudio prelim inar de
R A M Ó N CA M PD ERRICH BRAVO
Traducción y notas de
PEDRO M AD RIG AL

téc^s

Título original:
Römischer Katholizismus und politische Form

Diseño de cubierta:
Diseño gráfico, S.L.

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra
está protegido por la Ley, que establece penas de prisión
y/o multas, además de las correspondientes indemniza­
ciones por daños y peijuicios para quienes reprodujeren,
plagiaren, distribuyeren o comunicaren publicamente, en
todo o en parte, una obra literaria, artística o científica,
o su transformación, interpretación o ejecución artística
fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a tra­
vés de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.

© Klett-Cotta, 1923,1925,1984 J. G. Gottasche Buch-
landlung Nadifolger GmbH, Stuttgart
5 Estudio preliminar, R a m ó n C a m p d e r r ic h B r a v o , 201 1
© Traducción y notas, P e d r o M a d r ig a l , 2011
' EDITORIAL TECNOS (GRUPO ANAYA, S. A.), 2011
Juan Ignacio Luca de Tena, 15 - 28027 Madrid
ISBN: 978-84-309-5204-5
Depósito Legal; M-62-2011

Printed in Spain. Impreso en España por Glosas Orcoyen

ÍNDICE

E s t u d i o PRELIMINAR....................................................................... Pág. IX

C a t o l ic is m o rom ano y f o r m a p o l ít i c a ....................................... 3
La v is ib il id a d d e l a I g l e s ia . U n a c o n s id e r a c ió n e s c o ­
l á s t ic a .................................................................................................. 53

[VII]

Existe un impulso anti-católico romano. De él se
nutre aquella lucha contra el papismo, el jesuitismo y el
clericalismo que ha conmocionado con un descomunal
conjunto de energías religiosas y políticas algunos si­
glos de la historia europea. No sólo los fanáticos secta­
rios, sino generaciones enteras de devotos protestantes
y cristianos greco-ortodoxos, han visto en Roma al An­
ticristo o a la ramera babilónica del Apocalipsis. Esta
imagen operó, con su fuerza mística, de un modo más
proftindo y poderoso que cualquier cálculo de orden eco­
nómico. Sus efectos perduran durante mucho tiempo:
hasta Gladstone o Bismarck (en sus Gedanken und Erin­
nerungen) muestran aún una nerviosa inquietud cuando
aparecen jesuítas o prelados urdiendo intrigas clandesti­
nas. Con todo, el arsenal emocional, y hasta mítico, si se
me permite llamarlo así, de la Kulturkampf y de la lucha

‘ El Kulturkampf, o combate cultural, es el nombre que se ha
dado al conflicto que opuso, por un lado, al canciller del Imperio
alemán Otto von Bismarck y, por otro, a la Iglesia católica y al
Zentrum, el partido de los católicos alemanes, entre 1871 y 1887.
El término empezó a usarse en 1873, cuando el estadista liberal

[3]

utilitarista y superficial. cuando piensa en que alK hay toda una monstr iosa administración jerárquica que quiere con­ trolar \i vida religiosa.. Pero lo cierto es que. Su elasticidad es. tener una familia. éste es. más bien. asombrosa.4 Câ K \SCHM I7T contra el Vaticano. Únicamente en el c?iso de un ortodoxo ruso como Dostoïevski se alza una wi z más el horror anti-católico romano. con su sentido de la familia y su rechizo de todo control de índole burocrática. lo que sigue en pie es el miedo ante el inconcebible poder del catolicismo romano. y se le ha echado en cara mil veces la dispaiidad de gobiernos y partidos con los cuales ha Rudolf Vi .i argumentación se hace cada vez más raciona­ lista o iumanitaria. Lo cual no podrá por menos de asustarlo a él. de que la política católica no es otra eos i que un ilimitado oportunismo. así como la separación francesa entre Iglesia y Estado. l. de híícho. y se encuentra dirigida por per­ sonas que rechazan. Se alia con corrientes y gru­ pos conirapuestos. A partir del siglo xvm. un sentimiento no expre­ sado.how declaró que la lucha contra los católicos romanos adquiría <<si carácter de una gran lucha en interés de la humani­ dad» [N.te l t. . Puedo imagin. íma burocracia de célibes. por principio. con todos sus distintos mati­ ces y gradaciones. repetido por activa y por pasiva durante todo el siglo x k . No obstantt. Lo que más se oye es el reproche. en su descripción de la grandeza secular del Gran Inqui­ sidor. resulta algo inocuo en comparación con la ftiria demoníaca de Cromwell.irme muy bien a im anglosajón protestante sin­ tiendo •odas las antipatías de que es capaz ante la «ma­ quinaria papal». O sea. parlamen­ tario y democrático.j.

sin ningún titubeo. en las democracias de cam­ pesinos de los cantones suizos o en Norteamérica. según fuere la constelación política. en la época de la Santa Alianza.» Con qué frecuencia vemos la imagen de la Iglesia que nos presentan los pacifistas burgue­ ses. socialistas y anarquistas: altos prelados de la Igle­ sia bendicen los cañones de todos los países beligeran­ . salvo uno. mientras que en otros países reivindica. «Se re­ claman de los adversarios todas las libertades en nom­ bre de la bbertad de oponerse. mientras sabe mante­ nerse. un refugio de lo reaccionarig y enemiga de todas las libertades de cuño liberal. Personalidades de gran importancia. defendían ya un catolicismo liberal cuan­ do muchos de sus hermanos de fe seguían viendo en el liberalismo al Anticristo o. al mismo tiempo que se las niegan a aquéllos en nombre de los propios princi­ pios católicos. Es. tanto con absolutistas como con monarcómacos. pactando ya. Tocqueville o Lacordaire. al menos. Parece que a cada cambio en la situación política se cambian también todos los prin­ cipios. de hecho. como Montalembert. a partir de 1815. sobre todo la libertad de prensa y de enseñanza. la alianza entre el trono y el altar. con una feroz oposición. del lado de una democracia convencida. con los bolcheviques. al precursor del Anticristo. hay católicos que son abados tácticos de un socialismo que otros católicos tienen por el diablo. monárquicos y legitimistas católicos apare­ cen del brazo de custodios católicos de la República. al mismo tiempo que los representantes burgueses de la sacrabdad de la pro­ piedad privada seguían viendo en ellos una banda de malhechores hors la loi. esas mismas libertades. predica en las monarquías europeas. CATOUCISMO ROMANO Y FORMA POLÍTICA 5 pactado en distintos países coaliciones. el del poder del catolicismo.

su hermafroditismo (como Byron se expresara sobre Roma) puede explicar­ se simplemente recurriendo a paralelismos de carácter polìtici ' o sociológico. No cesan de desfilar ante los ojos dt: uno figuras y conexiones del catolicismo igual de conradictorias. O. entre los cuales podemos nombrar. llevar a cabo coalicio­ nes cor agrupaciones de lo más variopinto. comunistas. ahí tenemos. como conjunto histórico y como aparato ad­ ministrativo. Bajo el punto de vista de una det írminada visión del mundo. en parte. Aparte de que no poce de aquello que parece contradictorio no es sino una cor. Hasta un movimiento nacional ha establecido alianzas. finalmen­ te. es un hecho refrendado. secuencia y un fenómeno concomitante de un universi Jismo político. O bien hay literatos «neocatólicos» que. por mucho que defienda una serie de princip os radicales. tan pronto con la Monarquía legítima como con la iLepública democrática. s i cabeza bifronte de Jano. desde to­ dos los lados. el universalismo del Imperio romano. con curiosa unanimidad. Y esto no es menos válido. junto al cura mimado por las damas de la Corte.S C B M m tes. Todo partido que tenga una vi­ sión del mundo fírme e inconmovible puede. Que la Iglesia católica romana continú:v. al fianciscano irlandés que anima a resistir a los trabajadores en huelga.6 C A K . para un socialismo convencido que para el catolicismo. son monárquicos y. Bastante de esta versatilidad y ambigüedad. según y como pinte la situación del propio ]>aís. por razo­ nes tác icas de la lucha política. por hablar de otro tipo de impresiones sociológicas. como a su representante más carac­ . su doble cara. Nacionalistas franceses. todas las formas y posibili iades políticas se convierten en un mero instru­ mento para la idea que se ha de realizar. en parte.

Chamberlain. e incluso el militarismo y el pacifismo. fuertemente centralizado. No obstante. Lleva­ do por el encono de su galesa conciencia nacional. ima tolerancia oportunista en cosas que no tengan una im­ portancia central. aferrado a su patriotismo na­ cional. Tanto el Imperio romano como el in­ glés presentan en este punto bastantes semejanzas. más de uno. St. basan sus construcciones sobre ese hecho de la continuidad entre la Iglesia católica y el Imperio romano. como el conservadurismo y el liberalismo. Especialmente en el sistema romano. entra­ ña en sí mismo determinados antagonismos. simultáneamente. Todo imperialismo que sea más que un simple clamor. un irlandés formuló la sentencia de que Irlanda no es sino «a pinch q f snuff in thè Roman snvff-box» (y le hubiera . Ha de ser mencionada únicamente porque el sentimiento de miedo ante ese aparato de administra­ ción universal es frecuentemente explicado como una reacción justificada de movimientos nacionales y loca­ les. la tradición y el pro­ greso. teóricos germánicos de la raza como H. de ningún modo ha quedado definida la idea política del catolicis­ mo mediante la referencia a las propiedades del univer­ salismo. CATOLICISMO ROMANO y FOM íA POLÍTICA 1 terístico. a todo Imperio universal corresponde un cierto relativis­ mo frente al conglomerado multicolor de posibles opi­ niones. En la his­ toria de la política inglesa esto queda patente casi en cada generación. profesores alemanes de procedencia liberal como Max Weber. una desconsiderada superioridad sobre particu­ laridades de índole local y. a Charles Maurras. desde la contraposición entre Burke y Warren Hastings hasta la que media entre Lloyd Geoïge y Churchill o Lord Curzon. tiene que sentirse marginado y engañado. así como un poe­ ta y visionario paneslavo como Dostoïevski. Ahora bien.

y esto no sólo. en toda su hondura. y es»o ante un adversario que no se conducía.)rum von Trier han representado la dignidad y la autoco iciencia de lo nacional de una forma más im­ ponente (5 impresionante que el comercio y la indus­ tria. Yo e n o que ese sentimiento se haría infinita­ mente más profundo si se comprendiera. españoles. polacos o irlan­ deses— <lue deben precisamente una parte fundamental de su fuerza de resistencia al catolicismo. si bien es verdad qu í en el curso de la historia universal parece se­ guro que tsualquier Imperio ha debido suscitar reaccio­ nes semejjmtes. Tales fenómenos no podrá: 1 clarificarse con explicaciones meramente políticas 3 sociológicas a partir de la naturaleza del universalismo. como un enemigo de la Iglesia. en absoluto. una alianza con ella. más bien. cuando el opresor era un enemigo de la Iglesia. Se precia.8 c a r l s :h m i t t gustado iecir: «a chicken the prelate would drop into the caldi on which he was boiling fo r the cosmopolitan restaurai\t»). ciertamente. Pero. hay naciones católicas —como as de los tiroleses. Tmto el cardenal Mercier von Mecheln como el obispo K. lasta qué punto la Iglesia católica es una complexic oppositorum. de conciliar en su seno todas las formas de Estado y de gobierno. como tampoco puede explicarse aquel sentimiento anti-romano como una reacción nacional o local contn el universalismo y el centralismo. hay tanta democracia que. No parece que haya contra­ dicción alguna que ella no sea capaz de englobar. por otro lado. sin embargo. de ser ella roisma una monarquía autocràtica cuya ca­ beza es elegida por una aristocracia cardenalicia y en donde. sin considerac :ón de clase y linaje. sino que bus­ caba. el último de los pastores . de Jde hace ya mucho tiempo.

con un simple si o no\ más bien. Su historia conoce ejemplos que revelan una adaptación asombrosa. una debilitación o un enturbiamiento de la naturaleza . con una extraña mezcla de soberbia y humildad. Rigen tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. al creer reconocer en ello un sano paganismo. yuxtapuestos. vinculado a los sindicalistas y entregado con bondad franciscana al pueblo irlandés. CATOUCISMO ROMANO Y FORMA POLÍTICA 9 de los Abrazos. el politeísmo. replicándose así al o3-4o de Marción con un tanto3-4como. fueran ambos devotos católicos. de una capacidad de resistir de la forma más vi­ ril o de una conducta de indulgencia femenina. llegaron a elogiar a la Iglesia por su vene­ ración de los santos. y ateos franceses y metafísi­ cos alemanes que volvían a descubrir. La tesis fundamental a la cual pueden re­ mitirse todas las doctrinas de una filosofía del Estado y de la sociedad consecuentemente anarquista. según lo formula Dupanloup. tiene la posibilidad de convertirse en ese soberano autocrático. esto es. de una total corrupción del hombre natural. en absoluto. el dog­ ma sólo habla. en el dog­ ma tridentino. el antagonismo entre el hombre «malo por naturaleza» y el «bueno por naturaleza». pero también otros de una rigidez intransi­ gente. Resiolta a duras penas concebible que un filósofo riguroso de la dictadu­ ra autoritaria como lo es el diplomático español Donoso Cortés y un rebelde como Padraic Pearse. en el siglo xix. a diferencia de la doctrina protestante.. Pero incluso en el plano teológico domina en la Iglesia esa complexio oppositorum. En la doctrina de la Trinidad han sido añadidos al monoteísmo judío y a su transcendencia absoluta tantos elementos de in­ manencia divina que incluso aquí se pueden concebir multitud de mediaciones. esta cuestión decisiva para la teoría política no es contestada. de una herida.

] 3 cual constituye una admirable combinación de lo patriarcal con lo matriarcal. que busca una confraternidad. per­ manece 3E el ámbito de la existencia concreta. la esenc ia de esa complexio oppositorum católico-ro­ mana se basaría en una supremacía específicamente formal S3bre la materia de la vida humana como hasta ahora n( >ha conocido Imperio alguno. En esta peculiaridad se puede poner clara­ mente de relieve un modo de pensar que contrasta con el pensai oiento técnico y económico actualmente do­ minante. La asociación de antago­ nismos 36 extiende hasta las últimas raíces psicológicas y sociales de determinadas motivaciones y representa­ ciones íiumanas.. ¿Existe una rebelión contra la madre? Y anotemos. llena de vida v. esa ilimi­ tada anís úgüedad viene asociada a su vez con el dogma­ tismo m ís preciso y una firme voluntad de decisión que culmina en la doctrina de la infalibilidad papal. permitiendo. en sumo grado racional. Partieido de una situación de promiscuidad espiri­ tual. y la Igles a es la madre de los creyentes y la esposa de Cristo. pese a su carácter formal. con ello. en la práctica. En ella se ha logrado una conformación sustancial de la realidad histórica y social que. Considerada desde la idea política del catolicismo. finalmente. romántica o hege- . algunas gradaciones y adaptaciones. Pero antes hemos de disipar aún un malen­ tendido. lo más importante. pudiendo dar a esas dos corrientes de los complejos e instintos más elementales —el resoeto al padre y el amor a la madre— un rumbo que Ilev: i a Roma. El Papa lleva el nombre de padre.SCHMITT humane. no obstante.IO CAR. Esta característica formal del catolicismo romano descan­ sa en la astricta realización del principio de la repre- sentaciój i.

A los románticos catolizantes esto les resulta de lo más natural. Cae de su peso que también puede ocurrir lo contrario. Sin embargo. CATOUCISMO ROMANO Y FORMA POLÍTICA LJ liana. A los metafísicos de la filosofía espe­ culativa poskantiana les resultaba familiar la concep­ ción de la vida orgánica e histórica como un proceso que se desarrolla en eternas antítesis y síntesis. un estado de desgarramiento problemáti­ . Ahí radica lo que parece ser aquel típico malentendido. creyendo. Incluso — aunque parezca improba­ ble— son. de hecho. conformes a la época. en grado sumo. castillos en el aire. una antítesis que necesi­ ta una síntesis o una polaridad que tiene un «punto de indiferencia». junto con muchas otras corrientes. si bien también es verdad que no les gusta desistir de advertir a la Iglesia que tie­ ne que liberarse del jesuitismo y la escolástica. Es asimis­ mo concebible que los constructores especulativos con­ sideren en ocasiones al catolicismo como ese «tercer término más alto». que así ha reconstrmdo^la esencia del catolicismo. de un modo precipitado. pues su estructura espiritual está en correspondencia con una realidad. también con la católica. Cuando Gorres presenta al catolicismo como el principio mas­ culino y al protestantismo como el principio femenino. una di­ visión y una disociación dada. a fin de lograr algo «orgánicamente» superior a partir de la ex­ terioridad esquemática de lo formal del catolicismo y la invisible interioridad del protestantismo. alguien podría hacer de la complexio opposi­ torum católica una de sus muchas síntesis. Su punto de partida es. convierte al catolicismo en un eslabón de la cadena pu­ ramente antitético y ve la síntesis en un «tercer término más alto». que el catolicismo aparezca como lo femeni­ no y el protestantismo como lo masculino. tales construcciones son algo más que meras fantasías.

en el curso de esta exposición. éste saldrá frecuentemente a relucir en sus distintas formas. ne­ gándose.12 cASLSZHMirr co y de la más honda indecisión para el que no hay nin­ gún otro iesarrollo que negarse a sí mismo. en todo caso. transform ida por la técnica y la industria. la mayoría de las veces. llegar a posiciones afirmativas. polacos. Parece que los pueblos católicos tienen una re­ lación con el suelo distinta de la que tienen los protes­ tantes. no contaminada por nin­ guna civilización. Hoy aparece la naturaleza como el polo opuesto al mundo mecánico de las grandes ciudades. para. que se alzan en la tierra como enormes estructuras cúbicas. Tal escisión en un m m do del trabajo humano enteramente racionalizado y tecnifica- do y una romántica naturaleza virgen es algo completa­ mente ajejio al concepto de naturaleza del catolicismo romano. la necesidad y la persecución han empujado fuera de su país a los emi­ grantes católicos. Su fundamento general es un concepto de naturaleza que ha encontrado su realización en la tierra actual. una reserva a donde «no llega el hombre ccn su congoja». de piedra. pues el pueblo católico era. irlac deses. er. acero y cristal. La antítes Is de este reino de la técnica es la naturaleza salvaje. incluso la mayor paite de los emigrantes podrían ser católicos. La realidad es que en todos los ámbitos de la época actual domina un dxialismo radical. ¿Por qué no hay ningu­ na emigración católica del tipo de la de los hugonotes o de los puri anos? Ha habido numerosos emigrantes cató­ licos. más pobre que el protestante. italianos. La pobreza. pueblos de campesinos que no conocen la gran industria. estado de barbarie. pero no pierden nunca la nostalgia de . Esto se sostendría. en su mayor parte. qui zás porque aquéllos son. 5n términos generales. a diferencia de los protestantes. croatas.

la naturaleza y la razón. La esen­ cia de su concepto de lo urbano entraña una humanidad que sigue siendo perpetuamente inaccesible al meca­ nismo de precisión típico de una moderna ciudad in­ dustrial. en todos los si­ tios un hogar confortable. con todo su pathos cambiante. Puede vivir en cualquier suelo. en comparación con estos pobres expulsados de su patria. En cambio el hugonote o el puritano tiene. CATOUCISMO ROMANO Y FORMA POLÍTICA 13 SUtierra. sino que el trabajo humano y el crecimiento orgánico. como tampoco a lo racional o sentimental o al corazón. una fuerza y un orgullo que con frecuencia alcanzan cotas sobrehumanas. la tierra materna. La naturaleza no significa para ellos lo contrapuesto a lo artificial y a la obra del hombre. tampoco el catolicismo romano entiende todos aquellos dualismos entre la naturaleza y el espíritu. La . pero hasta las ciuda­ des construidas a partir de ese tipo de espíritu parecen productos crecidos naturalmente del suelo. El cultivo del vino es el sím­ bolo más hermoso de esta fusión. Así como el dogma tridentino no conoce el desgarramiento protestante entre la naturaleza y la gra­ cia. convirtiendo cualquier terreno en campo de su trabajo profesional y de su ascesis intra- mundana^ construyéndose. son la misma cosa. Pero se transmitiría una imagen falsa si se dijera que echa raíces en todos los suelos. Los pueblos católico-ro­ manos parece que aman de otro modo el suelo de sus raíces. la natura­ leza y la máquina. finalmente. tienen todos ellos su terrisme. la naturaleza y la razón. Este tipo de dominio sigue siendo inaccesible para el concepto de naturaleza católico-romano. y todo esto al hacerse él mis­ mo señor de la naturaleza y sometiéndola. que se inte­ gran al paisaje y permanecen fieles a su tierra. Puede levantar su in­ dustria por doquier. la naturaleza y el arte.

i un estado de carencia de alma se habría ol­ vidado de }í misma. De ahí que a un católico tendría que parecerle una indudable alabanza el que se quiera hacer de su Iglesia el polo opuesto a la era mecanicista. . y la Iglesia católica es. una importante acción tera­ péutica de la Iglesia. algo distinto de aquel «ter . Si la Iglesia cor sintiera en no ser más que el polo opuesto. No casa con eUa ni la desesperación de las an­ títesis ni In ilusoria altivez de su síntesis. El rousseanismo y el romanticismo pueden regodearse. tales antítesis le queda tan lejos como la contrapos. Resulta una llama­ tiva contradicción — que remite de nuevo a aquella ex­ traña complexio oppositorum— el hecho de que una de las sensibilidades protestantes más vigorosas vea en el catolicism ) romano una degeneración y im abuso del cristianisno porque habría mecanizado la religión has­ ta hacer de ella una formalidad sin alma. Se habría convertido en el deseado complemento del capitalismo. «arrellanados en el sillón de los logros de 1789». una institución sanitaria para los p£ decimientos de la lucha competitiva. mientras que.er término más alto» (por cierto siempre au­ sente) de la filosofía de la naturaleza y de la historia alemana. naturalmente.. es precisamente gente protestante la que retom i. realmente. al mismo riempo. con alma. ción entre la forma vacía y la materia infor­ me. . al seno de la Igle­ sia católicíL. sólo que en esto no puede consis­ tir la esenc ia de tal institución. como la excursiÓQ dominical o el lugar de veraneo del urba­ nità.14 CARL SCHMITT síntesis d . convertirla in­ cluso. Existe. en una huida romántica. como con muchas otras cosas también con el catolicismo —^una ruina es­ pléndida o una indudable antigüedad— . buscando en ella la salvación ante la falta de alma de una época racionalista y mecanicista.

inconscientemente. es muy cierto que en el siglo xix todas las formas posibles de oposición a la Ilustración y al racionalismo hacen revi­ vir al catolicismo. por ejemplo. especialmente los alema­ nes. no habría necesitado ser mencionada aquí si un pensador político tan original y rico en ideas como Georges Sorel no hubiera buscado la crisis del pensamiento católico en la nueva combinación de la Iglesia con el irraciona- lismo. Casi en cada conversación se puede observar cuán profundamente domina hoy día el pensamiento el mé­ todo de la tecnología y de las ciencias de la naturaleza. Tal satisfacción. Parece que muchos católicos. Según su opinión. Incluso hoy día. en el siglo xrx se muestra cómo son precisamente corrientes irracionalis- tas las que benefician a la Iglesia. CATOLICISMO ROMANO Y FORMA POLÌTICA 15 en un artículo de consumo de una burguesía relativista. han hecho muchos conversos. con una lógica de demostra­ ción específicamente jurídica. Las tendencias tradicionalistas. De hecho. mis­ tificadoras y románticas. pasando por alto que en la argumentación católica subyace una forma de pensar interesada en la dirección normativa de la vida social humana. en las pruebas tradicionales de la existen­ cia de Dios. están orgullosos de ser descubiertos por los historia­ dores del arte. en . Pero todo esto no con­ cierne a lo esencial. por lo que yo veo. mientras que hasta el siglo xvm la argumentación de la apologética de la Iglesia quería demostrar racionalmente la fe. de suyo frrelevante. ya que identifica al racionalismo con el pensamiento de las ciencias naturales. domina aún entre los católicos un fuerte descontento con la apologética tra­ dicional. este Dios —que gobierna ai mundo como el rey al Estado— es convertido. sentida por no pocos como una pseudo-argu- mentación y un esquema vado.

es decir. a sa­ ber: conseguir una «tierra electrificada». contrapone al gran mecanismo del mundo capitalista un fabuloso anti-mecanismo. La fantasía del moderno habitante de la gran ciudad está llena. no discuten ontre sí más que sobre el método correcto para lograr esa electrificación. En esta mitología ingenuamente me­ canicista y matemática se hace del mundo una gigan­ tesca m áquna que genera corriente. Los financieros ameri­ canos y los bolcheviques rusos se encuentran juntos en la lucha por el pensamiento económico. hasta su último átomo. en contra de los políticos y de los juristas. Pues está en contradicción con esta idea todo lo que el pensamiento de índole económica siente como . como el único señor pertinonte de ese aparato. de representaciones técnicas e ndustriales. Aqui no hay tam­ poco diferencia de clases. en donde estriba­ ría un antagonismo esencial de la época actual frente a la idea política del catolicismo. y el proletariado consciente de su clase se considera a sí mismo como el señor legítimo. La imagen del mundo del empresario industrial moderno se asemeja a la del pro­ letario industrial como un mellizo al otro. El socialismo. es decir. y a la propiedad privada del empresario capitalista como un residuo inadecuado procedente ce una época técnicamente atrasada. Por ello se entienden bien entre sí cuando luchan juntos por el pensamiento económico. Propiamente. y es en este punto. en tanto que se ha convertir o en la religión del proletariado industrial de las grandes ciudades. En una cofradía así se enconraría incluso Georges Sorel. El gran empresario ro tiene un ideal distinto del de Lenin. proyectándolas en lo cósmico o en lo metal ísico. en el pensamiento económico.16 C A R lS O ÍM U r el motor que pone en movimiento la máquina cósmica.

Ya cono­ cemos el dicho de Renán. a la misión personal que encomendara el propio Cristo. No obstante. la Iglesia siempre se ponía del lado del sano uso de la razón. «Toute victoire de Rome est une victoire de la raison». su gran aportación consiste en haber hecho del sacerdocio un oficio. Tal racionalismo radica en el ca­ rácter institucional de la Iglesia y es. la superstición y la magia. su honestidad y su racionalidad. pero esto. El ra­ cionalismo de ia Iglesia romana concibe de una forma moral la naturaleza psicológica y sociológica del hombre. En la lucha con el fanatis­ mo sectario. a su vez. Una configuración así mantiene alejado todo el salvaje fanatismo de un profetismo desenfrenado. no atañiendo esto —como hace la industria y la técnica— al dominio y a la utilización de la mate­ ria. esencialmente. el éxtasis y el ahogamiento en la contemplación. jurídico. Probablemente todo esto constituya la más extraña complexio oppositorum. él no es el funcionario y comisario característico en el pensa­ miento republicano y tampoco su dignidad es imper­ sonal. sino el repre­ sentante de Cristo. CATOUCISMO ROMANOYFORMA p o l ìt ic a 17 SU objetividad. como la del funcionario moderno. El Papa no es el profeta. Hasta Max Weber constata que el racionalismo romano sigue viviendo en la Igle­ sia. de un modo peculiar. el sacerdote ad­ quiere una dignidad que parece abstraer totalmente de lo que es la persona en concreto. Por el hecho de que su cargo es consi­ derado independiente del carisma. en una cadena ininterrumpida. La Iglesia posee su propia racionalidad. En distinciones de este tipo . sino que su cargo se remonta. y que ella supo superar magníficamente los deli­ rantes cultos dionisíacos. reprimiendo durante toda la Edad Media. como muy bien ha mostrado Duhem.

siem­ pre con la misma seriedad y la misma precisión. recetas para la manipulación de la materia. precisamer te a causa de su racionalidad. como el racionalismo técnico-económico. sean el objeto de la demanda blu­ sas de sedi. al mismo tiempo. Este siste­ ma de imperturbable objetividad puede asustar. De hecho. la hu­ manidad del catolicismo. por mucho que De Maistre haga decir figo similar al senador ruso en sus Soirées .ucción racional llevada al extremo corres­ ponde im consumo totalmente irracional. un gas venenoso o alguna otra cosa. en la servidora de determinadas necesidades. osto es falso. sin sacar a relucir la oscuridad irracional del alma humana. una forma de edifica­ ción en donde todo se hace según cálculo. de cualquier c. El racionalismo del pensamiento económico se ha acos­ tumbrado £ contar con determinadas necesidades y no ver sino lo que él pueda «satisfacer». simplemente. La técnica mo­ derna se convierte.emanda. Permanece en un plano humano-espiritual.18 CARLSZHMITT descansa a fuerza racional y. El racionalismo económico está tan alejado del ra­ cionalismo católico que puede suscitar en contra suya un miedo específicamente católico. a un católico devoto. En la economía moderna. en la gvan ciudad moderna. Se ha construi­ do. no esperando ya ninguno de ellos el Juicio Final. a una proc . Hoy día se podría decir que es quizás entre los católicos donde se sigue manteniendo más viva la imagen del Anticristo. No da. y cuando Sorel ve en la capaci­ dad de gent rar tales «mitos» una prueba de fuerza vi­ tal no hace justicia al catolicismo al afirmar que los católicos y£ habrían dejado de creer en una escatolo­ gia. Un meca­ nismo adrrirablemente racional está al servicio. marca un rumbo.

Pero se ha de tener en cuenta que justamente es el aparato técnico-económico mo­ derno lo que depara ese terror y espanto a un modo de sentir ampliamente difrmdido entre los católicos. CATOLICISMO ROMÀNO Y FORMA POLÌTICA 19 de Saint-Petersbour¿. pues bien. 2001 [N. Madrid. El miedo genuinamente católico surge del conoci­ miento de que el concepto de lo racional es perverti­ do aquí de una forma que al sentimiento católico se le antoja fantástica. como tampoco del Anticristo y del Apocalipsis. de lo que se trata aquí es de satisfacer realmente esas necesidades. tiad.del t. La Iglesia es para él un fenómeno extraño. que veía en Roma la en­ camación del Anticristo. la espera del Juicio Final sigue viva de una forma tan directa como en cualquier pro­ testante del siglo XVI y xvii. pero no más extraño que otras cosas «irracionales». Blanco Yüa. Eso no parece más irracional que muchos caprichos sin sen- ^ Trad.: Las veladas de San Petersburgo o Convenciones sobre el gobierno temporal de la Providencia. en modo alguno. Ya que hay personas que tie­ nen necesidades religiosas. Torre de Goyanes. . porque se llama «racional» a un mecanismo de producción que está al servicio de la sa­ tisfacción de todo tipo de necesidades materiales sin preguntar por la única racionalidad esencial. de L. la raciona­ lidad del fin para el que está disponible un mecanismo tan sumamente racional. El pensamiento estrictamente económico no es capaz. En el caso de un español como Donoso Cortés. cast. de percibir siquiera ese miedo católico. No sabe nada de un sentimiento anti-romano. está de acuerdo con todo lo que pueda suministrarse con los medios de su técni­ ca.]. de católicos franceses como Louis Veuillot y Léon Bloy o de conversos ingleses como Robert Hugb Benson.

al permanecer en una objetividad absoluta. y el catolicismo. se rige por ellas. El príncipe absoluto y su «mercantilismo» fueron los . al h do de las cosas. como cualquie: otra magnitud histórica envuelta en las redes de la pol tica. porque tiene que recurrir a otros valores distintoí a los meramente económicos. o acaso para hacerle a. El mecanismo político iene sus propias leyes. en una eos: i comprensible y obvia. Pero he aquí que el catolicismo. Este pensamiento posee su propia re a li^ d y digni­ dad.20 CAR'. el tratamiento y la dominación de determina­ dos factores de poder sociales e internacionales. los cuales. hasta en el plano de los sentimientos. que hace de ella una mera técnica. Si alguna vez las sempiternas luces de todos IC'S altares católicos llegan a ser alimentadas por la misma central eléctrica que suministra la ilumina­ ción de los teatros y de los salones de baile. a diferencia de esta objetividad de corte ab jolutamente económico. sin embargo. de que ella (pese al romanticismo. El hecho de que desde el siglo xvi el aparato de la Iglesia se haya vuelto más rí­ gido. aislando un momento particulsr y exterior de la vida política. entonces el catol: cismo se habrá convertido para el pensamiento económico. Está claro que aquí el término política no significa. en un mayor grado que en la Edad Me dia. desde un punto de vista sociológico. es algo eminentemen­ te político. éste inocuo) sea.SCHMITT tido de la moda. Lo político carece para él de objetivñlad. se ven tam­ bién atendidos. como «jesuitismo»— no se explica única­ mente p<r su lucha contra los protestantes. sino tam­ bién por 3u reacción contra el mecanismo de la época. como lo afin ra el concepto maquiavélico de política. es de­ cir. una burocracia y una organización centra­ lizada — todo lo caracterizado.

Con la imagen mecanicista de la naturaleza dpi siglo xvii se desarrolla un aparato de poder estatal. que tanto los empresarios capitalistas como los proletarios socialistas consideren unánimemente como una inso­ lencia tal pretensión de la política. así como la frecuentemente descrita «cosificación» de todas las relaciones sociales. más o menos. esto no es aún ninguna prueba de debilidad y vetustez política. claro está. como revistiéndose de una coraza protectora. Es curioso. La idea es parte integrante de lo político. y es en ese medio donde la orga­ nización eclesial se hace también más fuerte y más rígida. Pues nin­ gún sistema político puede perdurar ni siquiera una ge­ neración con la mera técnica de la afirmación del poder. el dominio de los políticos como algo «carente de objetividad». a partir de su pensamiento económico. sintiendo. en un pun­ to de indiferencia entre la dictadura y la anarquía. para decirlo una vez más. Visto con todas sus consecuencias políticas. ya que no hay política alguna sin autorida4 ni ninguna autoridad sin el ethos de la persuasión. CATOLICISMO ROMANO Y FORMA POLÍTICA 21 precursores del pensamiento económico moderno y de una situación política situada. sino que determinadas agrupaciones sociales de poder —potentes empresarios privados o los trabajado­ res organizados de determinadas empresas o ramas in­ dustriales— usan su posición en el proceso de produc­ ción para coger en sus manos el poder político. esto no significa. De su pretensión de ser más que lo meramente eco­ nómico le emana a lo político la necesidad de remon­ tarse a otras categorías distintas a la producción y al consumo. Cuando se vuelven contra los políticos y la política en cuanto . lo único que se pregunta es si to­ davía sigue viviendo en todo ello una idea. De suyo.

Concierne a la responsabilidad de índole moral o jurídic a el determinar quién es. surgiendo una nueva forma de política del nuevo poder. como si se tratara de un apéndice inexplicable. al meiLOS hoy día. Y esto ocurrirá aunque haya aún. Tan pronto como la producción se ha hecho completamente anónima y un velo de socieda­ des de ese tipo y de otras personas «jurídicas» hace imposible el responsabilizar a personas concretas. el creador y. los tK bajadores le contestan de este modo: «somos no­ sotros. y esto no es nin­ guna ucha en tomo a la producción y al consumo. Cuando el em- presaiio dice a los trabajadores: «yo os doy de comen). en consecuencia. con ello. establecido sobre una base económica. se ha de desechar.los que te damos a ti de comen>. de momento. sino que surge de xoípathos distinto. entorces perderá también su interés la construcción de ese ajitagonismo entre el modo de pensar económico y el po itico. a la salut public. todavía les obstaculiza. la propiedad privada del que no es otra cosa qiie capitalista. son aco­ gidos ya en la idea. Ningún gran antagonismo social puede solucionarse por vía económica. Pero lo que ellos practican será asimismo política. no se trati. Mientras estos dos contrincantes [empresarios y tra­ bajadores] piensen desde la óptica de lo económico. de algo económico. propiamente. el señor de la ri­ queza moderna. el pro­ ducto:. S í refieren a un poder concreto que. Si consiguen dejarlo a un lado. lo cual significa la reivindicación de un tipo específico de peso y autoridad. y. el .2 2 ciR L S C H M irr tal. empresarios que saben imponerse con la reivindicación de que su persona es imprescin­ dible. en absoluto. de una convicción moral o jurídi­ ca. Recurrirán a lo indispensables que son S‘)cialmente.

¿pero qué sig­ nifica esto en el inmenso griterío de la economía mun­ dial y de los imperialismos? El poder político del cato­ licismo no se fundamenta en recursos ni de poder económico ni de poder militar. Independientemente de éstos. en la magnificencia de su estilo. Representa a la civitas humana. CATOUaSMOROMANO?FORMA p o l ìt ic a 2 3 catolicismo apenas debería hacerse notar en una lucha así. es un modo peculiar de asignación de responsabi­ lidades. Acaso la posesión de los yacimientos petrolíferos del planeta pueda decidir la lucha por ei dominio mundial. El Papa insiste en ser el soberano del Estado de la Iglesia. Uno de sus secretos sociológicos radica en su capacidad para el molde jurídico. la Iglesia posee. al Dios hecho hombre en la realidad . pero de otro modo que una sociedad anónima. pero en esta lucha no tomará parte el representante de Cristo en la tierra. expone en cada momento el nexo histórico con la Encamación y el sacrificio en la cruz de Cristo. de una personalidad concreta. mientras que la Iglesia sería una representación concreta. Aquello resultaría inocuo e idílico si lo comparamos a los grandes intere­ ses industriales en materias primas y en zonas de co­ mercialización. su poder no se basa en medios económicos. representa al propio Cristo en persona. la portado­ ra del espíritu jurídico y la auténtica heredera de la ju­ risprudencia romana. personal. el producto típico de la época de la produc­ ción. Pero la Iglesia tiene la fuerza de adoptar tanto esta como cual­ quier otra forma solamente porque posee la fuerza de la representación. Por mucho que la Iglesia tenga también bienes raí­ ces y una amplia gama de «participaciones». Esta última. Todo el que la haya conocido ha seguido admitiendo todavía que ella es. También la Iglesia es una «persona ju ­ rídica». el pathos de la autoridad. en toda su pureza.

hasta la Diosa Razón le parece a uno algo representativo. el últi­ mo y aislado ejemplo. que lo único que ella sigue aún representando es la mera represen­ tación. De la capacidad medieval de creación de figuras re­ presentativas —el papa.ier por tipos representativos al intelectual y al hombre de negocios modernos. el intelectual y el hombre de negocios industrial. y los compa -ó con los tipos de la sociedad moderna. con i n tono de burla epigramática. con segu­ ridad. el Estado Mayor prusiano. Pero fue un error te. y hasta su imitación tigue resultando grandiosa en comparación con otros intentos similares. la última. el emperador. El intelectual fue re­ . el monje. í 1 mercader— ella es. la noble mentalidad de este hom tre no merece sino admiración. el más grande todos. el clérigo y el caballero. No obstante.2 4 CARI SCHMITT histórica Su superioridad sobre una época de pensa­ miento económico reside en lo representativo. El producto de esta tentativa es una imitación que da la impresión de algo penoso. como la cel «législateur». en la actualidad. reconoció el papel de los tipos represen­ tativos de la Edad Media. el ca­ ballero. El siglo xvm tenía aún algunas figuras clásicas. la Iglesia es. si se recuerda la improduc­ tividad del siglo XIX. Para comprobar hasta qué punto se ha agotado el poder de la representación no hay más que recordar el intento de contraponer a la Iglesia católica im proyecto que compitiese con ella surgido del espíritu científico moderno: Auguste Com- te quería iündar una Iglesia «positivista». Este sociólogo. de las cuatro últimas columnas que un académico enumerara en una ocasión (la Cá­ mara M t\ inglesa. la Aca­ demia foncesa y el Vaticano). está tan solitaria que aquel que no ve en ella m is que la forma extema se ve impelido a de­ cir.

No tiene sentido pedir que representen . el tercer estado. Este concep­ to de clase hace una agrupación de la sociedad de un modo objetivo. correspondiéndose así con el pensamiento económico. cada vez más. a lo sumo. conforme a la posición en el proceso de producción. Ambos son anónimos. es decir. Ya no hay estamentos. dijo de sí misma que ella era «la nación». Si son realmente modernos. a sí mismo. Demuestra con ello que for­ ma parte de su mentalidad la renuncia a toda represen­ tación. sirven a una empresa. que exige para un orden social un mayor número de estamentos. lo que ellos repre­ sentan. en servidores de esa gran maquinaria. que no representa a nadie o. El intelectual y el hombre de negocios se han convertido en distribuidores o trabajadores dirigentes. CATOLICISMO ROMANO Y FORMA POLÌTICA 25 presentativo sólo en una época de transición en la lu­ cha contra la Iglesia. es decir. El hombre de negocios está sentado en su oficina y el intelectual en su estudio o en el laboratorio. pues si un único estamento se identifica con la nación queda superada con ello la idea del estamento. y el hombre de negocios tuvo rma dimensión espiritual únicamente en la figura del indi­ vidualista puritano. Desde que rueda la Éiáqüina de la vida económica moderna ambos se han convertido. La burguesía francesa del siglo xvm. por otro al bohemio. La respuesta consecuente con ello fue el concepto de clase del proletariado. La sociedad burguesa ya no era. pues. y es difícil decir qué es. El célebre eslogan «Je tiers Etat c ’est la Nation» era más profundamente revoluciona­ rio de lo que se barruntaba. desarrolla sus «polaridades»: por un lado tenemos al burgués. propiamente. capaz de ostentar ninguna representa­ ción y caía en el destino de dualismo general que se repite por doquier en esta época.

en un sentido eminente. Por ejemplo. para incorporarlo a la propia cosei- dad. el «reflejo» ideológico de relaciones de pro­ ducción. Metáforas como prcyección. la precisión técnica. Representar. lo técnico — la diversidad interna ds estos dos ámbitos la mencionaremos más tarde— e una presencia real de las cosas. los puntos de vista políticos y religio­ sos son. y en explicaciones psicológicas se deja oír con gusto un término como el de «proyección». pero no b que se dice representantes. Con tales imágenes se explica uno a sí mism 3 lo ideal.2 6 CAKLSCHMJTT algo. reflejo. El pensamiento económico sólo conoce un tipo de forma. expresiones que hacen referencia a un nexo material. en la ideología de­ . e:. Soji o gente privada o meros exponentes de algo. especular. 13 cual no significa otra cosa —si se nos per­ mite trata' 3 esta doctrina según su propia vara de me­ dir— que en su jerarquización social los productores económicos deben estar por encima de los «intelectua­ les».to es. y. o bien una idea que tan pronto como es representai la se personifica. «irradia­ ción» o «ispeculai». en su unión con. por cierto —a diferei icia de la mera «sustitución»— . cosa que está lo más lejos posible de la idea de lo representativo. Lo económic o.:lólo lo puede hacer una persona. una persona con aulori<lad. Dios o. S3gún la famosa concepción económica de la historia. Con ello se corresponden términos como «reflejo». a distintos estados o conglomerados de la m isn a materia. irradiación o transposic ón buscan la base «inmanente» a la cosa. En cambio la ¡dea de representación está tan dominada por el pensam: ento de la autoridad personal que tanto el re- presentant i como el representado han de mantener lo que se llama una dignidad personal. El concepto de ésta no es un c Dncepto de cosa.

el pueblo o ideas abstractas como libertad e igualdad son concebibles como el contenido de una re­ presentación. y lo hace de una forma tan poco plástica que hasta la Unión Soviética. sino incluso el tercero. lo cual corresponde al estado de la técnica existente mil años . Pero'^lio únicamente el represen­ tante y el representado exigen im valor. como se sabe. y si el Estado se ha convertido en el Leviatán. en el plano natural e histórico. como tampoco los autómatas y las máquinas pueden representarse a sí mismos o ser representados por al­ guien. CATOLICISMO ROMANO Y FORMA p o l ít ic a 2 7 mocrática. De una representación grandiosa dimana. pero no se puede decir lo mismo de la producción y del consumo. En él es donde vive la idea política del catolicis­ mo y su fuerza para revestir estas tres grandes formas: la forma estética de lo artístico. El carácter no figurativo y sin representación de la em­ presa moderna saca sus símbolos de una época que no es la suya. ya que el representante de un alto valor no puede ser él mismo algo sin valor. la última floración. o sea. Un mundo que tiene su jerarquía de valores y su huma­ nidad. el brillo esplendoroso de una forma de poder asentada en la Historia universal. una estructura. el destinatario al que se dirigen. el postrer aditamento. Delante de au­ tómatas y de máquinas no puede representarse nada. lo último. La representación confiere a la persona del representante su propia dignidad. no encontró otro sím­ bolo para su insignia que la hoz y el martillo. ha desaparecido con ello del mimdo de lo representativo. finalmente. dado que la máquina carece de tradición. la forma jurídica del Derecho y. como de suyo. un símbolo visible. Lo que más llama la atención a una época atenta al goce artístico es aquello que en el crecimiento es. una figura. la hermosura estética de la forma.

2 8 CARLSZHMITT antes. en otro tiempo madre tanto de los poetas como de los santos. un lenguaje. satíricamen­ te. No es de ex­ trañar que a una época dominada por lo económico lo primero q le le llama la atención son las exterioridades hermosas. que. En este se ha de pensar aquí. este simbolismo primitivo tiene algo de lo que carecen las máquinas altamente tecnifi- cadas: alg 3 humano. tiene su núcleo en la capacidid de acceder al lenguaje de una gran retóri­ ca. incuestionable. hoy día. Uno puede ver. son reaccj onarios. no menos de Dante que de Santo Domin­ go. para sí misma únicamente la gloria de la santidad y deja al arte en manos de otros. pero que de ningún modo da expresión al mundo del prolefcuiado industrial. Sin embaí ?o. se reserva. i^ese a todo. es decir. en la superficie. tecnológicamente más perfecta. pues todo eso es lo que a ella más le falta. Incluso las grande >obras arquitectónicas. de lo que se trata aquí. ha vencido al comunismo de los tra­ bajadores industriales y la pequeña ejqilotación agraria a la gran ndustria mecaniza(¿. lo ha expresado en su admirable ensayo sobre Shelley: la Iglesia. en el plano económico. Pues la capacidad de creación de una forna. no. . entre la Iglesia y la crea­ ción artística. en las vestimentí s —que es esnob admirar— de los cardena­ les o el fasto externo de una hermosa procesión. Hoy día hay ima separación. este eiiblema como una alusión a que la propie<^d privada dt ■los campesinos. Uno de los pocos grandes poetas católi­ cos de las iltimas generaciones. por ejemplo. por lo general. con toda la bel leza poética que pueda haber en ello. Francis Thompson. incluso en lo estético ella se queda. la pintura y la músi­ ca de la Ig esia o sus importantes obras poéticas no son el criterio del que hablamos aquí para evaluar la capa­ cidad de ci ear una determinada forma.

y. en su opinión. una objetividad sin habla.'» Eso es verdad. por otro. existe una estrecha relación entre lo re­ tórico y el «esprit classique». Y. sino — si se nos permite llamarlo así— el discxirso represen­ tativo. Que se mueve en antítesis. En cambio. sino los elementos diversos los que se confi­ guran en una complexio. Sólo que él destruyó el concepto vivo de lo clá­ sico mediante su antítesis con lo romántico. pero para lajglesia no es una enfermedad letal. lo decisivo sería preci­ samente el discurso que no argumenta lú razona. pero no son los anta­ gonismos. por un lado. [Todo un juego de bolos de antítesis! En la contraposi­ ción entre racionalismo y alguna otra cosa «irracional». simetría vacía y abiosis almidonada. haya una exuberante música vocal y. y nadie podría formu­ larlo de un modo más hermoso y correcto: la situación actual no es buena para la religión. Como se sabe. como artificiosidad. no obstante. CATOUCISMO ROMANO Y FORMA p o l ìt ic a 29 «The separatìon has been illforpoetry’. se esforzó por presentar lo clásico como lo retórico y con ello. quedando incluido lo retórico en lo clasi­ co-racionalista. El no reconocimiento de lo retórico pertenece a los efectos de aquel dualismo polarizado de la época. que encuentra aquí expresión en el hecho de que. es una señal de vida humana. ¿Se puede captar lo que dice Bossuet con las ca- . Acaso sea peligroso hablar actualmente así. la fuerza para la palabra y para el discur­ so. haberla reconocido y descrito sigue siendo uno de los grandes méritos de Taine. para la retórica en el sentidoimejor del término. tratando de hacer del arte «auténtico» algo romántico-musical-irracional. it has not been wellfo r religión. a fm de que el discurso pueda vivir. sin creer­ lo propiamente él mismo. lo clásico le es asignado a lo racional y lo romántico a lo irracional.

sino que la gran masa de los clérigos provenga de las grai des ciudades. con su men:alidad económica. pero no se le puede poner a i lado del hombre de negocios y del técnico. Puede ser colocado junto a éstos como una figura representativa porque también ellos sen figuras representativas. Su gran dicción es más que musica. que a él únicamente le dan limosní .3 0 CAIX SCHMITT tegorias de Taine? Aquél tiene niàs entendimiento que muchos racionalistas y más fuerza intuitiva que todos los románticos.s y confunden su representación con una deco­ ración. se trata de una dignidad humana que se hace visible en la racionalidad de la formación del ha­ bla. El . A la unión entre el trono y el altar no le seguirá una unión entre el despa­ cho y d altar. in­ cluso a m orden en donde manden los empresarios ca­ pitalista 5o bien los sindicatos y comités de empresa. No cambiará en nada aquella imposibili­ dad. pues la reso­ nancia espiritual de ia gran retórica proviene de la creencia en la representación que el hablante reclama para sí. No €s posible acoplar a la Iglesia católica con la for­ ma actual del capitalismo industrial. Sin caer en un cok quio. Pero su discurso sólo es posible con el trasfondo de una autoridad que se impone. Todo esto presupone una jerarquía. peí o probablemente continuará ocurriendo que el catolicismo se adapte a cada orden social y estatal. Cuando el clero católico romano de Europa ya no se reclute ñmdamentalmente entre la población campesi­ na. en un dictado o en una dialéctica. se mue­ ve en !. En esto se pone de relieve que para la historia del m uido el sacerdote comparte la condición del sol­ dado y del hombre de Estado. ni tampoco la de la fábrica y el altar. esto puede tener consecuencias imprevisibles.u propia arquitectura.

ella no debería. ya que tiene que ser un orden for­ mal. ya que lo que ella pre­ . la Iglesia podrá unirse a él. La dominación del «ca­ pital» ejercida tras los bastidores no es aún una forma. Si logra ha­ cerlo. es decir. entonces seguiría siendo la Iglesia la única portadora del pensamiento político y de la forma polí­ tica. el nuevo orden no puede agotarse. porque. y su jerarquía estaría más cerca del poder político universal de lo que nunca estuvo en la Edad Media. entonces gozaría de un inmenso monopolio. en la tarea del proceso de producción y de consu­ mo. no hay nada que se corresponda con su actitud esencialmente representativa. como se ha venido uniendo con todo orden. un Estado en donde la nobleza terrateniente o el campesi­ nado constituyan la clase dominante. de otro modo. Ciertamente. En­ tonces el nuevo poder se verá obligado a hacer valer un estado de cosas distinto al meramente económico o al que es solamente de Derecho privado. Tan pronto como esto haya acae­ cido. en absoluto. CATOLICISMO ROMANO Y FORMA POLÍTICA 31 catolicismo sólo puede adaptarse cuando el poder que se basa en la situación económica se ha politizado. entonces habrá «despolitizado» totalmente al Es­ tado. desear tal estado de cosas. cuando los capitalistas o los trabajadores que se han hecho con el poder. pues todo orden es un orden jurídico y todo Estado un Estado de Derecho. asumen en todas'osus formas la representación estatal como responsabilidad suya. según su propia teoría y su estructura ideal. aunque pueda muy bien socavar una forma política existente y hacer de ella una mera fachada. No necesita. Lo que ella nece­ sita es tener delante una forma estatal. y en el caso de que el pensamiento económico consiguiera realizar su finalidad utópica de producir un estado de cosas absolutamente apolítico en la sociedad humana.

comí» órgano secundario del Estado. pero ambos —o. la que hacen los indi­ viduos /otantes. si la Constitución es republicana. ya que no dispone de Parlamen­ to alguE o y la autoridad de sus representantes no deriva del pueblo. no un consorcio de gente inte­ resada ín lo económico. en la lucha entre las reprssentaciones del pueblo y el rey. en donde dos represen- tacione. Especia mente la teoría del Derecho político alemán se puso a desarrollar aquí toda una mitología de intelec­ tuales ttn monstruosa como complicada: el Parlamen­ to. que es el rey. Sin embargo. Mientrís no se exprese con ello ninguna otra cosa que la desig nación de una delegación. La consecuencia es que ella representa «desde miba». la doctrina científic a del Derecho ha perdido el sentido y el con­ cepto específico de lo que significa la representación. Durante el siglo xrx. es un Estado político. una «SL cietasperfecta». En la litera ura del Derecho político (Staatlslehre) y la lite­ ratura política del último siglo se piensa. el parlami intarismo actual mantiene. e 1 una representación del pueblo. Se puede observar cómo con la difusión del pensa­ miento sconómico desaparece también el entendimien­ to de cualquier clase de representación. representaría a . queden confrontadas como interlocutoras. Incluso se basa en el denominado. una represen­ tación c el pueblo frente a otto representante. el pensamiento de la represe: itación. De ahí que de la Iglesia se diga que no tiene «dispositivo algu­ no de representación». al oír ese tér­ mino. no significaría nada característico. con una expresión técnica. sólo el Farlamento— representan a «la nación». Quiere vivir al lado del Esta­ do. «principio de representación». al menos según sus fundamentos teóricos e ideales. en lina comunidad especial.32 CARISCHMTTT supone para que esté a su lado.

al menos según su idea. en la personificación del pueblo y de la uni­ dad del Parlamento como representante suyo. de la Allgemeine Staatslehre de Georg Jelli- nek. una complexio oppositorum — es decir. La «totalidad» del pueblo no es más que una idea. de una dignidad independien­ te respecto a los electores. sólo son una persona. siendo como spn dos órganos. El significado común dei principio de representa­ ción es que los diputados son representantes de todo el pueblo y gozan. sin dejar de derivarse del pueblo (no de los electores individuales) esa dignidad. Resulta imponente esa consecuencia espiritaal de lo anti-espiritual con que en la pleamar del socialismo los jóvenes bolcheviques hicieron de la lucha en pro del pensamiento de signo . no desde una óptica económica. primario (es decir. comisionados por los producto­ res y que pueden ser relevados en cualquier momento. etc. siempre que ello no «sea restringido de ima forma especial». titulado «Repräsentation und repräsentative Organe». y son servidores admi­ nistrativos del proceso de producción. CATOUCISMO ROMANO Y FORMA POLÍTICA 33 otro órgano. tienen un «mandai impératifi>. al pueblo). de eliminar este princi­ pio básico de una época que no piensa en términos económicos y subraya que los delegados no son sino mensajeros y agentes.» Eso significa. la totalidad del pro­ ceso económico es una cosa real. pero este ór­ gano primario no tiene ninguna otra voluntad que la del secundario. pensado todo ello desde una óptica de la representa­ ción. por ello. «El diputado no está vinculado a instrucciones y man­ datos y es sólo responsable ante su conciencia. las dos personas jurídicas constituyen únicamente una sola y. por ello. de los múltiples intereses y partidos— en una unidad. Léase al respecto el extraño capítulo. El sistema prole­ tario de Soviets trata.

A un pensamiento que quiere extraer sus normas de la inmanencia de lo económic o-tecnológico eso le parece como una inter­ vención 1techa desde fuera. en el recurso a la idea. Ante liis consecuencias del pensamiento económi­ co. algo trascendente. La inteli­ gencia y el racionalismo no son. de suyo. 5 probablemente esto no es otra cosa que un pensamiento técnico ajeno a todas las tradiciones so­ ciales. con ello. pero sólo cuando aparece la pa­ radoja de c ue haya fanáticos de este pensamiento —cosa probablen ente sólo posible en Rusia— se pone de re­ lieve su en emistad contra la idea y contra todo intelecto que no sija las coordenadas de lo económico y de lo tecnológico.3 4 CARLíCH M irr económico y tecnológico ima lucha contra la idea. con­ tra toda idea en general. una perturbación de esa máquina que se mueve por sí misma. esto significa el instinto propio de la Revolución. domina también la representación de que hay algo preexistente a la realidad dada de lo material. Desde una perspectiva sociológica. Forma parte de las intuicic nes sociológicas más ricas en consecuencias de Karl Marx el haber reconocido que la técnica es . en donde los hombres :io necesitan ningún Gobierno y «las cosas se rigen p3r sí mismas». una arrogancia que no se mantiene en la informidad proletaria ni en la masa compacta de una realidad «corpórea». tanto Li forma política como la jurídica son algo se­ cundario ) perturbador. La máquina no tiene tradición. la reclamaci 6n de una representación y. algo revolu­ cionario. y un hombre es­ piritual con instinto político que luche contra los polí­ ticos descubre enseguida. la re­ clamación de la autoridad. y esto implica siempre una autoiidad que viene de arriba. Pues mientras siga subsistien­ do im res :o de idea.

al ámbito del Dere­ cho privado. a su vez. sobre todo. especialmen­ te en el de la propiedad privada. Se espera que la vida pú­ blica se rija por sí misma. en consecuencia. Considerada desde un punto de vista histórico. En este contexto sólo podemos apuntar la flagrante contradicción entre la finalidad de hacer de lo econó­ mico el principio social y. estos quedan re­ ducidos a un núnimo. CATOUCISMO ROMANO Y FORMA POLÍTICA 3 5 realmente el principio revolucionario y que. El primer derecho individual en el senti­ do del orden social burgués fue la libertad religiosa. es decir. en ia evolución histórica de aquel catálogo de derechos a la libertad —^libertad de creencia y conciencia. debe estar dominada por la opinión pública de la gente. Aquí es interesante destacar cómo la tendencia de lo económico hacia el Derecho privado significa una limitación de la confor­ mación jurídica de las cosas. no obstante. seguir permane­ ciendo en el ámbito del Derecho privado. Nada en este sistema es representativo. Con todo. y la opinión pública debe estar dominada. la «pri­ vatización» empieza en el ámbito de los fundamentos. ella misma y su técnica. El pensamiento económico no es tan absolutamente radical y. pese a sus vinculaciones actuales con el mismo. a su lado. pero se habría autodestruido enseguida. libertad . Una sociedad cons­ truida exclusivamente sobre una técnica prógresista no sería. puede mantener un cierto anta­ gonismo con un tecnicismo absoluto. por una prensa asentada en la propiedad privada. toda Revolución que tiene que ver con el derecho natu­ ral constituye una arcaica niñería. todo es cuestión privada. y. más que una sociedad revolu­ cionaria. Pues en lo econó­ mico entran todavía determinados conceptos jurídicos como propiedad o contrato. por gente privada. en la reUgión.

de que k religión es una cuestión privada esto significa una intei esante desviación de la socialdemocracia ha­ cia el lib ?ralismo. absolutizador. se pueda leer (en un escrito sobre la Iglesií católica y el cristianismo. Estas dos co­ sas no p iieden separarse la una de la otra. El he­ cho de c ue la religión sea una cuestión privada da a lo privado una sanción religiosa. sacralizado como algo religioso.SCHM ITr de asociación y asamblea. propiamente. la conformación jurídica de la Iglesia católica se mueve en el ámbito del Derecho pú­ blico. De ahí que en el teólogo de este Pro­ grama. sin ella el edificio de ese orden social se desmoronaría. de la propiedad privada absoluta sólo existe. es más. También en ella hay una relijpón. libertad de com' írcio e industria— la libertad religiosa constitu­ ye el or gen y el principio. más que una cues­ tión privada. la garantía.3 6 CAJL’. Tal conexión. sólo una cosa del corazón. A dift reacia de la fimdamentación liberal de la reli­ gión sob '& lo privado. libertad de prensa. Bnrl Kautsky. esto es. tan frecuentemente citada. Es. la religión de lo privado. Cuando tñ el Programa de Erfurt de la socialdemocra- cia alem ma aparece la frase.o forma parte incluso de su esencia represen­ . consecuentemente a la inversa. de 1906) la correc­ ción —t-in sintomática en su inocua incidentalidad— de que k religión es. Y eso se da también en todos los sitios. y cuando lo religioso es lo privado lo privado es también. Pero póngase donde se pon­ ga lo rtiligioso. De modo que la propii idad privada es sagrada precisamente porque es cosa privada. a prueba c e todo riesgo. donde la religión es una cues­ tión pri\ada. muestra en todos los sitios su efecto absorbente. en propiedad. que basta ahora apenas ha sido hecha consciente explica el desarrollo sociológico de la so piedad europea moderna.

la jurisprudencia puede muy bien adoptar. que ahí «se haya producido im orden». una actitud semejante a la del catolicismo. Hay también en ella una peculiar mez­ colanza en su capacidad para mantener tanto un conser­ vadurismo tradicional como una resistencia revolucio­ naria en el campo del Derecho natural. CATOLICISMO ROMANO Y FORMA POLÌTICA 37 tativa y le posibilita captar jurídicamente lo religioso en esa dimensión. al comportarse positivamente ante distintas agrupaciones del poder. y más de un comportamiento político del catolicismo aparentemente contradictorio y frecuentemente usado como reproche encuentra su explicación en las caracte­ rísticas formales. de la Iglesia. jurídicas. mientras que consideraba la religiosidad cristiana como algo esencialmente no jurídico. en la realidad so­ cial. muy lejos. al mismo tiempo. una cierta complexio de intereses y tendencias contrapuestos. respecto a 1 ^ cambiantes formas políticas. la base concreta necesaria para una sustancia formal. lo con­ trario: hay justamente juristas que están del lado de la Revolución y le suministran el pathos de un derecho que habría sido reprimido y humillado. Hasta la juris­ prudencia laica pone de manifiesto. presuponiendo únicamente que responda a un mínimo de forma. Rudolf Sohm. de un modo similar a lo que pasa en el catolicismo. En todo movi­ miento revolucionario se puede constatar que éste ve a los juristas. de hecho. A partir de su superioridad formal. los «teólogos del orden establecido». Tan pronto como la nueva situación haga reconocer a una autoridad le suministra un suelo a la jurisprudencia. La impregnación de elementos jurídicos llega en ella. Esta es la razón por la que un ilustre protestante. como a sus enemigos especiales y. . pudiera definir a la Iglesia católica como una entidad esenciabriénte" jurídica.

una norma m¿ . Eso sería la expansión natural de una consecuencia lógica y.echo. por ello. por tanto. el ca­ tolicismo va más allá. Su autoridad se basaría. como una instancia originaria y.38 CARLSCHMITT Pero p 2se a todo ese parentesco en lo formal. sino incluso de la Persona misma de Cristo. Puede tratar como un partido igoal en derechos con el Estado. Dentro del Estado.s o menos estructurada. no sólo es representante de la idea de la justicia. inC'Uso cuando haya sido constituido por un acuerdo de esos Estados. se enfrentaría. en consecuencia.ite. más y algo distinto a lo representado por la jurisprudencia laica. sino sólo a los principios del Derecho. Por su desprendí niento del Estado individual. Así es como llega a su reivindicación de poseer un po­ der y una dignidad peculiares. conse- cuenteme. fundada en una condición jurídica original. no en su delegación en los Estados particu­ lares. de estar representando la idea de ju Jticia independientemente del arbitrio y pare­ cer de los Estados particulares. ú efecto de una autoridad originaria. ciertamente. es cecir. desde un punto de vista psi­ cológico. incluso al Estado con la reivindicación de estar representando algo de fcrma independiente. por representar. no vinculado a instrucciones políticas. también iniversal. mientras que la jurisprudencia no es sino una jnediación de un derecho ya en vigor. entre la idea de jus­ ticia y el íaos individual encaja. en la representación inmediata de esta idea de justich. es decir. Un tribunal interna­ cional quí: fuera independiente. la ley que el juez ha de aplicar le es trans­ mitida po)‘el conjunto de la nación. Probablemente sean comprens bles los reparos expresados por los defenso­ . a diferencia de im tribunal de ámbito estatal. creando así im nuevo de:. estaría más cerca de la idea de justicia. Tendría que aparecer.

con su propio presupuesto y otras exterio­ ridades—. CATOUCISMO ROMANO YFORMA POLÍTICA 39 res del Derecho público de los Estados poderosos con­ tra un tribunal de ese tipo. También sería más que un juez que se limita a decidir en cuestiones penales. manejar una burocracia y cosas así — que acaso traigan consigo una independencia en su derecho patrimonial. Pero me­ diante ese factor de la propia afirmación quedaría esta- . como principio preponderante. El poder de decidir quién es el soberano vendría a significar una nueva soberanía. significa también algo por sí mismo. todos ellos. no a im tribunal internacional. y un tribunal que tuviera tales atribuciones seria un Su- per-Estado y un Super-Soberano. como la de un tribunal que sea una autoridad fimcionarial del Estado. cuál es o no es un nuevo orden y un nuevo Estado que pueda ser reconocido. Dimanan. Tales pretensiones le estarían permitidas a una Socie­ dad de Naciones. lo cual quiere decir que además de su función de adminis­ trar justicia. Pero con ello éste se convertiría en un sujeto autónomo. por ejemplo. en virtud de su propio poder. pues la mayoría de los núevos Estados han surgido contra la voluntad de quienes habían sido hasta entonces sus señores. Su ac­ tividad no quedaría limitada a la aplicación de las nor­ mas jurídicas vigentes. Con lo cual cesaría de hacer resaltar exclusivamente la justicia —traducido al lenguaje político. del concepto de la soberanía. fiiera competente en decidir sobre el reconocimiento de un nuevo Estado. el statu quo— Si toma como base. una situación política continuamente cambiante habría de decidir. ya que en todos los conflictos fundamentales tendría su propio interés de autoafírmarse. que incluso podría crear un nuevo orden si. Esto no es algo que se pueda derivar como una obviedad de la situa­ ción jurídica anteriormente vigente.

Su reivindicación de glo­ ria y c ignidad se fundamenta. por naturaleza. un rebelde cobarde que necesita un señor. que domina. aunqne haya cristianos devotos que ven frecuentemente ahí ur a forma de maldad especial. representando a un Cristo que go- biemf. otros. Ello alumbra la. malo y bajo. La Iglesia quiere ser la novia regia de Cristo. que vence. Riidolf Sohm creyó reconocer el pecado original en lo jurí lico. de una forma más impresionante y más proñu ida. el del propio po­ der. Que ella no considere a Crií. Er la gran historia de la Iglesia romana aparece. El antagcinismo reside en algo común a todo lo humano.4 0 Cj RLSCHMJTT blecica la posibilidad de un antagonismo entre el Dere­ cho 3 la autoafirmación. y una instancia asi estaría representando. además de a la idea de una justicia imper­ sonal. el briUo y la dignidad. en un sentido eminente.te el sacerdote romano se siente con ánimo de to­ mar sobre sus hombros toda la condena inherente a un . El Gran inquisidor de Dostoievski reconoce haber cedido con pl ma conciencia a las tentaciones de Satanás porque sabe cue el ser humano es. La Iglesia se convierte en ese imperialismo de vastedad ecuménica cuando alcanza su finalidad de traer la paz al mundo. pero un miedo hostil a las formas exter­ nas nc ve en ello otra cosa que la victoria del diablo. y porque úni- camer . en el pensamiento de la representación. lo vieron plasmado en el deseo de dominación mund al.to como un hombre privado ni al cristianismo como una cuestión igualmente privada y puramente inte­ rior —configurándolo como una Institución visible— seria 11 gran traición que se le reprocha a la Iglesia roma­ na. U n ethos que aparece acrecentado aún más con el de la glo ia. a su propia y poderosa personalidad. asi­ mismo. etems oposición entre la justicia y el brillo glorioso. al lado del ethos de la justicia.

en­ tre la época de su existencia terrena y su retomo glorioso el día del Juicio Final. en la Iglesia romana. En el marco de lo temporal. su propio ateísmo potencial. Dostoievski ha proyectado aquí. El primer . Primero estudió Derecho y. Teología. Para su instinto. sin embargo. lleva. Un oscuro y ampliamraite diftmdido sentimien­ to percibe la frialdad institucional del catolicismo como algo malo. por así decirlo. en el fondo anarquista — y éste es siem­ pre ateo—. Su pensamiento está inspirado por su ferviente fe católica y una devoción casi mística. manteniendo en las formas del juicio de apelación la categoría jurídica. todo poder era algo malo e^iphumano. luego. de experimento— volver a apare­ cer en medio de los hombres una o varias veces más. eterna. CATOUCISMO ROMANO Y FORMA p o l ìt ic a 41 poder así. una escena inaudita del Juicio Final que Emest Hello^ tuvo la va- ^ Emest Helio (1828. pero lo peor y más inhumano sería querer escapar a ese antagonismo rechazando todo poder terrenal. con un horizonte mucho más vasto. la tentación de lo malo que subya­ ce en todo poder es. ciertamente. a la justicia a su paroxismo. Algo así es tan super­ ficial como todo aquello que permanece atado al estado de ánimo y al sentiimento y que ni siquiera ve lo anticris­ tiana que es la representación de que Cristo podría —a modo.1885) escritor y filósofo francés. con gran vio­ lencia. al mismo tiempo (mediante la formulación de una apelación diri­ gida contra la justicia de Dios). y solamente en Dios se ve superado enteramente el antagonismo entre el poder y la bondad. considerando como el verdadero cristianismo el espacio ioforme de Dostoievski. el espíritu de un católico francés ha encontra­ do una imagen que engloba toda la tensión del citado antagonismo [entre el poder y la bondad] y. Con una mayor concisión que Dostoievski y. dialécticamente.

el condenado conté. Todos los sec­ tarios y heréticos no han querido ver hasta qué punto es. ¿A quién apelarás tú ante mi Juicio?. por tanto. «Al oír tales palabras.]. los defenj ores de la misma se vieron también con ánimos de libro d í Helio.nismo logró una importancia histórica no se Hbró de rec ler en el destino de aquel antagonismo cuya visión despei tara tantas energías contrarias a la Iglesia. de Renan. «effi-oyablement sans appel». Ee cada una de estas tres grandes formas de represen- taciÓE.» Conforme a la idea del Juicio Final. Por lo que cuando la Iglesia católií a se encontró. l'Allemagne et l ‘A théisme au xix Siècle (1858). las estrelas apagan su luz. la sentencia alli pronunciada es. El entusiasmo de ese er emigo encerraba una noble fogosidad. era un rechazo de Études d'histoire religieuse. Pero cuan­ do él . Renan. en el siglo xvm. le pregunta el juez Je­ sucristo. Tambié i tradujo a diversos místicos. íta: «J’en appelle de tajustice à ta gloire». la complexio de la vida contradictoria es configu­ rada en la unidad de una representación de tipo personal. . reavivando una V(5Z más el sentimiento anti-romano. Cada ma de las tres formas puede suscitar también. en cambio. humano el pensamiento de repressntar personalizando. dirá si Juez: «j'en appelle».4 2 C JtLSCHMITT lentía de describir: cuando se hace público el veredicto del Ji. un condenado. Su obra filosófica fimdamental fue L’h-)mme [ N. en su sentido más profundo. cubierto de críme­ nes. y. del t. defi­ nitiva y para siempre. ante el espanto del universo. con un enemigo que le con raponía justamente la idea de humanidad eso cons­ tituía un nuevo y peculiar tipo de lucha. con una terrible tranquilidad. Mientras la ideíi de humanidad conservó su fuerza originaria.ez del mundo. f amanecerá en pie y. una inquietud y una confusión especial.

al cual se despacha cumpliendo sus deseos y satisfaciendo sus necesidades. al pa­ dre de familia Papageno. ¿Quién tiene hoy día ánimo suficien­ te de sentir algo parecido? Resulta sumamente instructivo comprobar el destino que ha corrido un singular monu­ mento alemán de ese gran espíritu humanitario como lo es La flauta mágica de Mozart. sus sociedades secretas. no habría nada tan horrible como esta amada ópera. la madre. Al fin y al cabo: qué autoconciencia viril y qué autocerteza autoritaria —^terrible para un hombre del siglo xcx y del siglo XX— es la que domina en estos sacerdotes maso­ nes. qué diabólica ironía frente al hombre medio. como es natural. En este esoterismo. Son aristócratas plena­ mente conscientes de lo que son. una precurso­ ra de la opereta vienesa? Ciertamente es también —^todo el mundo lo asegura— un canto a la Ilustración. de la luz contra las tinieblas. incluso para la sensibilidad de una época de­ mocrática. Habría que compa- . CATOLICISMO ROMANO YFORMA POLÌTICA 43 imponerla en magnitudes inhumanas. sus vinculaciones estrictamente esotéricas en el hecho ser ellos mismos quienes represen­ tan la idea de humanidad. perfectamente en orden. como en todo esoterismo. Los filósofos hu­ manitarios del siglo xvm predicaban un despotismo ilus­ trado y una dictadura de la razón. atento a la satisfacción de sus necesidades económicas. Hasta aquí todo estaría. a la lu­ cha del Sol contra la noche. late una inhumana superioridad sobre los no iniciados. sobre el hombre medio y la común de­ mocracia de masas. Fundan su autoridad. ¿Es actualmente otra cosa que una intimista e idílica música alemana. en un sentido especial. Para el que se tome la molestia de verla bajo un aspecto más amplio. bajo el aspecto de la historia de las ideas. Más cuestionable podría ya ser el hecho de que la reina de la noche contra la que lucha el sacerdote de la masonería sea.

4 4 CARLSCHMUT rark con La tempestad de Shakespeare y constatar cómo Próspero se ha convertido en nn sacerdote de la masone­ ría y Calíbán en nn Papageno. En una sociedad sin ánimo ya p ara esto. y en esto podría residir el comienzo de un nuevo e incontrolado poder. ninguna jerarquía. pues lo «arcano» forma parte de toda gran política. con la menor representatividad posible. se sigue persistiendo íntegramente en lo econó­ mico . incapaz de ser calmado. El siglo xvm se atrevía aún a ter . está sujeta a la dialéctica propia de to la realización y que. tan pronto como se hace real. ning'jna diplomacia secreta y.er un grado tan alto de autoseguridad y ese concep­ to aiistocrático de lo secreto. nin- gum . la mayoría de las veces. y únicamen­ te a os comités de empresa proletarios se les ha pasado por l i cabeza rebelarse contra tales secretos de orden eco­ nómico.mo como aquel espíritu del siglo xvm. en resumidas cuentas. no se trata aden ás sino del cálculo plausible de que. hecha inhumana. de que en la guerra se desperdicia tanta energía y tanto mate- . por ello. No se oirá hablar de otra cosa que de humanidad. no habrá nada «arcano». porque su id sal desaparece en la justicia y en la paz. o del sen­ tirme ato racionalista.política. para mu­ chos. El pacifis­ mo humanitario no es capaz de una enemistad. no vi indo. que también la idea de humanidad. La Iglesia católica no tiene hoy día en Europa nin­ gún enemigo que se le oponga abiertamente con tal en- tusia . tiene que dejar de nc ser otra cosa que humana. ¿Se po­ drán mantener aún secretos de negocios y de empresas? Este tipo de secretos parece hallar una comprensión espe­ cial i n el pensamiento técnico-económico. De mon ento. si bien no para los mejores pacifistas. no entre bas­ tidores (ante un patio de butacas de Papagenos). la guerra significa un mal negocio. Todo se representará abiertamente.

tal corno existe hoy dia. puede ser una institución útil. furioso. . justamente. Si con estas argumentaciones se rechaza toda au­ toridad política. Lo cierto es que las pretensiones ideales que la masonería pueda aún tener serían tan indiferentes para un pensamiento consecuentemente económico como el catolicismo o la Sociedad de Naciones. cuyo significado es. El último enemigo euro­ peo de la Iglesia fue la masonería. todo eso no son más que sombras: una quizás ima sombra del futuro. el anarquista más grande del siglo xix. puede ser de interés para el consu­ mo estético. entonces Bakunin. enloquecido [N. o bien si luchan entre sí. que. en absoluto. El tér­ mino ha dado lugar. el catolicismo quizás una sombra del pasa­ do. al menos. pero no aparece corno adversaria de la Iglesia universal ni. La humanidad es una idea tan abstracta que. ni las personas ni las cosas tienen necesidad de un «Gobier­ no». Si se deja al mecanismo de lo económico y de lo técni­ co en manos de sus propias leyes inmanentes. CATOLICISMO ROMANO Y FORMA POLÍTICA 45 rial. dado que éste.]. y —como alguien lo ha dicho realmente— es com­ pletamente fútil si una sombra tiende o no la mano a otra sombra. del t. en inglés. La Sociedad de Naciones. como el líder ideal de la humanidad. en la lucha contra la idea y el espíritu. al adjetivo berserk. De nuevo. le parece a uno un ingenuo Berser­ ker^. por tercera vez. el catolicismo conserva aún la apariencia de algo comprensible. Para un pensamiento así. Yo no puedo saber si en ella vive aún el fuego de su época heroica. el realismo del pensamiento económico de los capitalistas está aquí muy cerca de la mentalidad de un comunismo radical. se ade­ lanta a generaciones a fín de desembarazar el camino ^ Guerrero frenético y furioso de las Sagas escandinavas. a su lado.

de Tréveris [reivindicada por Francia y a la que perteneció. como toda fe en Dios. de toda au- toridí d estatal y política. con una furia escita.4 6 CAJiL SCHMITT de to( los los obstáculos de orden metafísico e ideológi­ co. Marx y Engels también eran ateos. Que su odio contra el ruso Bakunin surgía de las capas más profundas de su instinto lo evidenció la lu­ cha encarnizada protagonizada por ambos en el seno de la Pri ñera Internacional. Todo tipo de cerebralismo es. de jeiarquía. Y al revés: todas las fibras del anarquista ruso se sublevaban contra el «judío alemán» (originario. ai remetiendo. se trataría de un centralismo metal ísico. sin embargo. para él. contra la reli­ gión y la política. con r izón. de hecho. A los ojos cié Bakunin. la teología y la jurisprudencia. duelo con el italiano Mazzini es como la avanza­ dilla simbólica de una ingente revolución de la historia universal. con una gran seguridad. no obs­ tante. un . los antagonismos culturales. de disciplina. Su inquebrantable instinto bárbaro ha pi¡ esto de relieve aquí. un enemigo de la vida. Tenían exce­ so de «ideas». únicamente una prueba de esclavitud y la causa genuina de todo mal. a finales del siglo xvm y principios del xdc. de una magnitud mayor que los movimientos migratorios de los pueblos {Völkerwanderung). detrás de ella barrunta. la creencia en Dios del masón Mazzi­ ni era. Si. la reivindicación de autoridad. como último criterio. en ellos seguían operando. demasiado «cerebro». como capital de la co­ marca del Sarre]) y contra Engels. La insuperable antipatía que bullía en estos dos alemanes occidentales contra el alemin oriental Lasalle era más que una manía inapre- ciablfc. La palabra «cer- velle> sólo la puede pronimciar Bakunin acompañán­ dola aon una rabiosa rechifla. Lo que no paraba de irritai al anarquista era su intelectualismo.

estigma­ tizaron con un pathos curiosamente^ moral. Bakunin tuvo la fabulosa valentía de ver preci­ samente en el lumpenproletariado el soporte de las co­ sas que estaban por venir. Ahora bien. de miserables y analfabetos que el señor Engels y el señor Marx quisieran someter al dominio . reiteradas veces. Y en cualquier Revo­ lución o rebelión ha desempeñado un papel poco e?q)li- citado. pero. Este calificativo (d la fois méprisant et pittoresque) puede hacerse valer como un verdadero síntoma. en realidad. ciertamente. pero también forman parte de él el bohemio de la era burguesa. al estar inextinguiblemen­ te cargado de toda clase de valoraciones. En los últimos años ha habido escritores bolcheviques que. Pues desde todos los lados del entramado social se mantienen rela­ ciones con esa curiosa mezcolanza constituida por el «lumpenproletariado»: éste es. cuando Marx y Engels estaban atentos a diferenciar a su auténtico proletariado de esta chusma «podrida» no hacían sino revelar con qué fuerza seguían operando todavía en ellos ideas culturales propias de la moral tra­ dicional de Europa Occidental. decisivo. Quieren otorgar a su proletariado una dignidad social. En este punto. al que los revolucionarios alemanes. Qué retórica fulminante la suya: «Yo considero como la flor del proletariado precisamente a la gran masa. CATOLICISMO ROMANO YFORMA POLÍTICA 47 concepto aparentemente incidental. de apoyarse justamente en esa «canaille». le han concedido los honores de la rehabilitación. el mendigo cristiano y todos los hu­ millados y ofendidos de la tierra. un «prole­ tariado». pero esencial. a los millones de gente incivilizada. cuando crearon la combativa clase del «proletariado». de desheredados. cosa que sólo es posi­ ble con ayuda de conceptos de índole moral. como el concepto del «lumpenproletariado».

bárbaras. todos los gérmenes del socialismo del futuro. o que los . a la tradición europeo-occidental y a su cultura. el rusis- mo y el obrerismo industrial de las grandes ciudades. Vistas desde la cultura tradicional de Europa Occidental. Yo considero como la flor d. ambas son bárbaras. cue se desvía de Europa.48 o . por muy dispares e inclus o opuestos que sean estos dos elementos. en sus pasiones e rus- tintos. en la Re])ública de los Soviets. por e lo. como algo que les es ajeno. El hechc de que ambas hayan coincidido en suelo ruso. ese acontecimiento seguirá siendo inexplica­ ble p ira todas las construcciones hasta ahora hechas por e: marxismo y según las líneas de su propia teoría. el catolicismo como potencia politi-:a que a todo sobrevive. Yo sé que en el odio ruso contra la cultura de cuño eu­ ropee-occidental puede subyacer más cristianismo que en el liberalismo y en el marxismo alemán. RL SCHMITT paternal de un Gobierno fuerte.» En ni igún lado se ha mostrado de una forma tan poten­ te cono en este pasaje la antítesis definitiva de la cultu­ ra. hoy día. encierra una profunda ver­ dad en la historia de las ideas. dos gran­ des corrientes que chocan contra sus diques: la comba­ tiva c ase proletaria de las grandes ciudades y el rusis- mo. Dt:sde el siglo xix hay en Europa dos grandes masas que S3 contraponen. Ese vínculo no es una casualidad de la historia universal. con orgullo.l proletariado precisamente a esa eterna carne de cañór de los Gobiernos. dcnde se hace patente la escenograña de lo que es esencialmente actual y donde se puede reconocer de qué lido está. y allí donde tienen una fuerza autoconsciente incluso ellas nismas se denominan. a esa inmensa canalla que casi se sigue manteniendo intacta respecto a la civilización burguesa y lleva en sus entrañas.

la decisión del día. Y aquí la Iglesia tendrá que estar. configuradora incluso de la era técni­ co-económica. Es la heredera. en la primera mitad del siglo xrx. hay una decisión inevitable. del lado de la contra­ rrevolución. finalmente. que acaso en lo informe podría ence­ rrarse. de hecho. Pero. potencialmente. CATOUCISMOROMANOYFORMA POLÌTICA 49 grandes católicos consideraban al liberalismo un ene­ migo peor que al socialismo abiertamente ateo. de la situación actual y de cada generación en particular. no obstante. que ha sobre­ vivido a todo. . la Iglesia cató­ lica y el concepto católico de humanidad estuvieron del lado de la idea y de la civilización europeo-occidental. Y en este punto yo creo que en aquella avanzadilla protagonizada por Bakunin. fuerza suficiente jiara generar una nueva forma. como estuvo. del lado de alguna de ellas. aimque no pueda de­ clararse a favor de ninguna de las partes beligerantes. por ejemplo. pues también ahora ella será la conipíexio oppositorum. más cerca en el caso de Mazzini que en el socialismo ateo del anarquista ruso. y tam­ bién. Sub specie de su duración. la Iglesia católica no necesita aquí tomar una decisión.