¿Desde dónde comenzamos a replantear nuestra escuela?

¿Quemamos todo los reglamentos
e introducimos unos totalmente nuevos? ¿Reemplazamos estos maestros por otros? ¿Creamos
una nueva escuela o rescatamos a la vieja? ¿A quién o a quienes responsabilizamos
finalmente de los logros y fracasos escolares? Nuestra escuela de hoy es el resultado de una
construcción histórica de los hombres y por lo tanto, puede transformarse; cómo lograr que
los maestros de hoy sean protagonistas de su qué hacer y no simples espectadores de la
historia. Una estrategia de análisis integral de las prácticas escolares debería contemplar los
2 estados de toda historia, la historia en estado objetivado, y la historia en estado
incorporado.

Necesitamos apuntar a una trasformación, entonces, revisando los reglamentos, los recursos
materiales disponibles, etc. Así como proponiendo alternativas para que los actores de la
práctica escolar tomemos conciencia de aquello que heredamos del pasado y de las
experiencias personales y colectivas en estas escuelas de hoy.

Sino aceleramos el intento de promover la mejora de algunas condiciones materiales con el
fin de lograr mayores niveles de equidad y si postergamos la revisión de las prácticas
institucionales y docentes en nuestras escuelas, la historia evidenciará este retraso y sus
consecuencias.

Así podemos tomar varios puntos, para reflexionar acerca del trabajo del docente desde la
óptica de sus contribuciones a la problemática del éxito o fracaso escolar de los alumnos:

1. Existencia de una multiplicidad y diversidad de factores que explicarían la desigualdad
de los resultados que alcanzan los alumnos en su paso por la escuela. Existen variables
externas ala maestro, acerca de las cuales este parece tener conciencia: nivel
socioeconómico, condiciones de vivienda, nivel sociocultural, etc. Que se traducen en
categorías de percepción y acción del maestro. Estos factores, serian internos y
comprometen directamente al docente y sus prácticas, vinculándose con el impacto
que ejerce su propio desempeño sobre la desigualdad de los progresos escolares. Las
clasificaciones que construye el maestro respecto de sus alumnos y sus consiguientes
expectativas, nos han aproximado a algunos a algunos de estos factores internos que
darían cuenta de los resultados desiguales de los niños, ya que las clasificaciones no
son neutras, sino que generan expectativas diferentes, teniendo eficacia simbólica en
la construcción que tiene lugar en la práctica, durante la interacción maestro-alumno
en el salón de clase. Las categorías que se ponen en práctica en las relaciones
cotidianas que mantiene el maestro y el alumno en el aula, ya que los principios
clasificatorios mas profundos y originarios del maestro encuentran su condición
principal en sus expresiones diferenciales para con los alumnos; entramos en un aula
intentando acerca de ciertos mecanismos y mediaciones que darían cuenta de algunos
elementos de diferenciación por parte del maestro con respecto a los niños. Algunos de
estos elementos pueden vincularse a las experiencias del docente respecto a cada

Para alcanzar esta real democratización. Cuanto más ricos sean nuestros esquemas de percepción y valoración respecto de los alumnos. y podrían sorprendernos. buscar alternativas de acción con vista a una democratización externa y a la vez interna de la escuela. Forman parte de una historia escolar en movimiento en las que confluyen prácticas tradicionales. Necesitamos terminar con aquello que ha identificado el licenciado Filmus como “El mito de la argentina educada” o con la creencia de que estamos en una Argentina “vanguardia educativa”. y a favorecer la autoestima si se los valora positivamente. Las clasificaciones y expectativas que genera el maestro respecto de sus alumnos son eficaces en la medida en que permanecen ocultas. No se trata de que establezcamos un juicio de valor acerca de las clasificaciones. alumno. Esto es aplicable a todas las etapas de la vida pero es significativamente importante para los más pequeños. por ej. podría abrir el abanico de aptitudes y conductas que consideramos esperables de los niños. La democratización del sistema educativo supone en principio el logro del acceso al saber de aquellos grupos tradicionalmente excluidos de la escuela. 2. Los adultos que los rodean juegan un papel central en este proceso de autoafirmación de sí mismos y os maestros constituyen uno de esos adulto con peso para los niños. Los educadores necesitamos defender nuestras escuelas aun cuando no este demasiado claro si el proyecto político va a acompañarnos en ese sentido. Maestros y alumnos reflexiona. de conversación y otras innovadoras de subversión. Se trata de una historia escolar en devenir hacia un destino humano y no tan divino a veces. conocen. etc. teniendo en cuanta la desigualdad en los puntos de partida de ellos. incorporando sus resultados a los programas y curso de formación y perfeccionamiento docente. Develarlas podría tener un efecto transformador. 3. Necesitamos una real promoción de la investigación educativa en el pais para conocer y transformar nuestras escuelas. reproduce y recrea las prácticas escolares. cercanía o lejanía respecto del docente. interactúan. sino tomar conciencia de ellas. hacia la práctica educativa específica y típica de la escuela. esto es una decisión política y de las acciones que se tomen en esta dirección. Sabemos que en el periodo de la niñez los chicos comienzan a formar un concepto de sí mismos. 4. El azar y la magia pueden ayudar pero no proyectan nuestras escuelas hacia el logro de la mentada “igualdad de oportunidades” para todos los ciudadanos de nuestro pais. Se nos plantean entonces dos caminos paralelos. más variedad de rasgos distintivos. se vuelve imprescindible dirigir la mirada hacia los procesos internos. ya no somos aquella Argentina no podemos permitir ser cómplices de esta que no se dice a impulsar la educación en una sociedad en vías a democratizarse. . que uno puede tener como docente. La ubicación de los niños en el espacio áulico.