El gol más cantado

Miguel Huezo Mixco

En 1969 en El Salvador pasaron muchas cosas terribles. Pero también se produjo el gol más cantado de toda la historia nacional, un 8 de octubre, en Kingston, Jamaica. En esa fecha, la selección nacional de fútbol se jugaba su pase para estar presente en la Copa del Mundo México 70. Era la primera vez que el país participaba en una eliminatoria mundialista, y el nivel de expectativa sobre el desempeño del equipo rozaba en el delirio. Como dije, pasaban cosas terribles. Ese año, al tiempo que la selección protagonizaba el evento deportivo salvadoreño más importante del siglo XX, millares de campesinos que habían emigrado a Honduras por necesidad eran obligados a regresar al país a punta de machete. En los días más álgidos de aquella crisis, la misión Apolo colocó al primer astronauta en suelo lunar. “¿Cómo es posible que el hombre pueda caminar por la superficie de la Luna y un salvadoreño no pueda transitar seguro por las veredas de Honduras?”, dijo el presidente Fidel Sánchez Hernández en un discurso al país. Luego sobrevino la guerra. Con mi padre nos subimos al tejado para mirar los avioncitos hondureños tirando bombas sobre el cuartel San Carlos. “La guerra del fútbol”, la llamó el periodista Ryszard Kapuscinski. Un título tan exitoso como estúpido para semejante tragedia. Desde entonces, cada vez que viene un Mundial me resulta inevitable recordar aquella saga. Me ocurrió también durante el siguiente conflicto: la guerra civil. Allá presenciamos, con dificultades que es fácil imaginar, tres mundiales. Terminada la guerra comenzó una nueva. La primera del siglo XXI, que se cobra 14 vidas diarias.

Una amiga me aseguraba que la Copa del Mundo de Sudáfrica iba a reducir la escalada de violencia que nos desangra. Desgraciadamente se equivocó. Este 20 de junio, en pleno Mundial, ocurrió la matanza del microbús, en Mejicanos. Vuelvo al terrible 1969 y a otro junio: la escuadra salvadoreña se enfrenta y vence (3-2) a su similar de Honduras. El gol de la victoria fue anotado por un estudiante de Ingeniería llamado “Pipo” Rodríguez. Sin embargo, aquel tanto que enloqueció al país y caldeó los ánimos nacionalistas, no es el gol más cantado de la historia salvadoreña. Este se anotó, como dije, en Kingston, Jamaica, en la culminación de una ronda de partidos entre El Salvador y Haití. El primer encuentro, en Puerto Príncipe, terminó con victoria (2-1) para los salvadoreños. El sueño de la clasificación al Mundial parecía a punto de realizarse. Pero las cosas no salieron como se esperaban y El Salvador, en su propia casa, fue humillado por los haitianos con un rotundo 3-0. El juego de desempate fue el 8 de octubre. Toda nuestra familia se reunió en derredor al receptor de radio. Una estación local transmitía el partido en directo. Recuerdo que el locutor, con un aire racista, repetía: “Negra la noche. Negra --refiriéndose al público asistente-- la gradería del estadio de Kinsgton”. Y añadía, aludiendo al uniforme del equipo nacional: “¡Sólo El Salvador es blanco en medio de esta negrura!”. El partido terminó empatado en el tiempo reglamentario. Vino el tiempo extra. Aquel gol, el más cantado de la historia patria, se produjo en el minuto 14. La jugada comenzó con un tiro de esquina sobre el arco haitiano. En medio del caos del área chica, el delantero salvadoreño “Mon” Martínez saltó para cabecear la pelota y crucificar al portero Francillón. El grito de gol se escuchó hasta la Luna. Por primera vez estábamos metidos en un Mundial.

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