Día 1

CÓMO LUCE UN CORAZÓN SANO

En esta primera semana nos llenaremos de esperanza al contemplar la visión de lo que Dios desea
que sean nuestras vidas. La misión de Jesús consistió en restaurar el corazón, pues es la parte
central de nuestra vida. Allí se genera una vida maravillosa o una vida miserable. Jesús declaró
en estos términos su misión: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para
dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a
pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos». (Lucas
4:18).
Cuando Jesús pronunció estas palabras, estaba leyendo del libro de Isaías una profecía que
declaraba cuál sería la misión del Mesías. «El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque
me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los
quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;
a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a
consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de
ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán
llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya». (Isaías 61:1-3).

Él no sólo ofreció una solución sino modeló el estilo de vida que propuso.
Empezaremos nuestra travesía hacia la restauración de nuestro corazón analizando estas dos
escrituras y la manera en que Jesús vivió una vida en abundancia.
En estos primeros siete capítulos entenderemos cómo luce un corazón sano.
Cuando mi corazón ha sido restaurado siento que no tengo límites y disfruto una vida en
abundancia, que se evidencia cuando obtengo pasión por lo que soy. Esto resulta en una gran
capacidad de logro, pues sé que el Señor me formó para ser una pieza clave en el desarrollo de su
plan maestro. Esta confianza hace que mantenga esperanza y entusiasmo por el futuro. Para que
yo sea capaz de lograr esto, el Señor me ofrece un «Borrón y cuenta nueva», y así reenfocar mi
vida.
Debo entender que el Señor se alegra cuando sueño apasionadamente con lo que Dios hará en mí.
Eso es básicamente un corazón libre de limitaciones, que pueda atreverse a tener sueños
extraordinarios, que manifiesten que soy hijo de mi Padre Celestial.

Siento que no tengo límites

«El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a
predicar buenas nuevas a los abatidos...» (Isaías 61:1)

Una y otra vez de la mano de su mamá, el pequeño Roberto pasaba frente a la casa de su papá,
camino a la iglesia. Su ilusión era alcanzar a verlo, quizás en la puerta o detrás de las cortinas a
través de la ventana de aquella casa, que no era la suya.

Los padres de Roberto se divorciaron cuando apenas él tenía un año de edad y, como cualquier
otro niño, crecía con el anhelo de una relación cercana con su padre.

Su madre, con una actitud cristiana, siempre le habló bien de su papá, pero la personalidad de
Carlos, el padre, introvertida y miedosa, lo alejó del niño y rehuyó esa relación. Ni siquiera
propició encuentros ocasionales con su hijo, quien tanto le amaba.

Roberto, luego de muchos años, se convirtió en un líder cristiano de gran potencial. Sin embargo,
frecuentemente se encontraba con que sus muy buenas ideas y proyectos no llegaban siquiera a
iniciarse.
Un día hablando con su esposa, comunicó la idea de un nuevo proyecto a lo que ella le respondió:
«Siempre me hablas de ideas y proyectos, pero nunca los inicias. Me parece que tienes un
problema». Seguramente una respuesta así no es agradable, sin embargo, reconociendo que el
problema era real, decidió pedirle ayuda a Dios concretamente.
Una noche, Dios lo llevó a recordar, en aquel camino entre su casa y la iglesia, un incidente de su
niñez que parecía olvidado.

En una de aquellas oportunidades, cuando tomado de la mano de su madre y con sólo unos cuatro
años de edad, pasaba frente a la casa de Carlos, el rostro del niño se iluminó de alegría al ver que
su papá estaba en la puerta. Corrió hacia él para abrazarlo, pero su padre sin saber cómo actuar a
causa de su timidez, cerró la puerta. Roberto recuerda ahora el haberse detenido a medio camino
sin saber qué hacer, volvió su rostro hacia su madre y ella tampoco supo qué decirle. Experiencias
de este tipo marcan a una persona para toda la vida.

El Señor lo llevó a entender, mediante este recuerdo, que la razón por la cual no se atrevía a iniciar
los proyectos que venían a su corazón era porque temía que otra vez le cerraran la puerta en la
cara. Y en ese momento Jesús le dijo: «Yo jamás te voy a cerrar la puerta». Roberto lloró en la
presencia del Señor, su corazón fue restaurado y cobró la fuerza para emprender esas ideas que
Dios colocaba en su corazón. Actualmente es un líder que tiene gran éxito en los proyectos que
principia y concluye para el Señor.

Así queremos iniciar este libro, describiendo la visión que Dios diseñó para usted. El plan original
de su vida. Las posibilidades que Dios colocó dentro de cada uno de nosotros y que muchas veces
no se han materializado porque el centro de nuestra personalidad, la fuente de la vida, nuestro
corazón, está lastimado.

Por eso Proverbios 4:23 nos dice: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él
mana la vida». El corazón es la parte central de nuestra personalidad, según el pensamiento
hebreo, y es la fuente que produce vida en abundancia o frustración. Confirmando esto, cuando
Jesús anuncia el propósito de su misión al venir a este mundo dice:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a ios
pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos,
y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos». (Lucas 4:18)

Si usted observa esta escritura, descubrirá que la misión de Jesús es sanar a los quebrantados de
corazón, pues un corazón lastimado nos hace sentir pobres, sin posibilidades en el futuro, cautivos
de nuestros sentimientos pasados, ciegos, sin capacidad de ver el futuro y oprimidos por malos
sentimientos. Y esa no es la idea de Dios.
El plan original de Dios consistió en hacernos conforme a su imagen: «Entonces dijo: Ahora
hagamos al hombre a nuestra imagen. Él tendrá poder sobre los peces, las aves, los animales
domésticos y los salvajes, y sobre los que se arrastran por el suelo» Génesis 1:26. Dios diseñó al
ser humano para que reflejara su imagen. Para que tuviera poder sobre ¡a creación y ser así su
delegado administrativo.

Sin embargo, un corazón lastimado, al recibir poder, lo rechaza o lo toma y abusa de él. Es
necesario que nuestro corazón sea restaurado plenamente para poder así administrar el
maravilloso potencial que Dios nos ha otorgado.
En los últimos años de mi ministerio, he comprobado que cuando el Señor sana nuestro corazón,
también corrige otras áreas que están robándonos la vida en abundancia.

Recuerdo a una joven pareja que, después de un tiempo de casados, decidieron tener hijos.
Pasaron varios meses y no lograban el objetivo. Luego de varios análisis los médicos no
encontraron la razón por la cual ella tenía esta dificultad. Entonces tuve un impulso del Señor y
entendí que era un problema en el corazón. Los invité a que oráramos en mi oficina.
Allí el Señor nos mostró cuál era el problema. Su corazón había sido lastimado tiempo atrás, y
ella se sentía presionada a ser perfecta y nunca fallar. De la mano del Espíritu Santo, llegamos al
punto central de la herida, y llevamos su corazón delante del Señor. Ella lloró abundantemente
permitiendo que el Señor la sanara. Poco tiempo después vinieron emocionados con la noticia:
estaba embarazada. Al momento de estar escribiendo este libro el Señor los ha hecho felices
padres de un hermoso bebé.
Recientemente, otro amigo me contó que estaba preocupado pues temía estar sufriendo de presión
alta. Cada vez que algún médico o alguna enfermera intentaban medirla, él se ponía tan nervioso
que se le aumentaba, y no lograban establecer si el problema era permanente o temporal. De la
misma manera le sugerí que podía ser una herida en su corazón. Con cuidado empezó a contarme
cosas que jamás había expuesto. Lloró como un niño, y fuimos de la mano del Espíritu Santo al
lugar de las heridas. Al terminar de orar me dijo que se sentía enormemente aliviado.

Dos semanas después hablé con él y estaba feliz. Después de aquella experiencia, su corazón
estaba doblemente sano. Se hizo otra serie de exámenes los cuales comprobaron que tenía la
presión normal y se encontraba completamente sano.

Puede ser que durante mucho tiempo su corazón haya estado lastimado, y eso haya limitado su
potencial, pero le tengo buenas noticias:

Con el respaldo de ésta y otras experiencias, quiero invitarlo que me acompañe en un viaje de 40
días, hacia la completa restauración de su corazón. Puede ser que durante mucho tiempo su
corazón haya estado lastimado, y eso haya limitado su potencial, pero le tengo buenas noticias:
Este libro está diseñado para que iniciemos un viaje hacia la restauración plena del diseño de Dios
para usted. Si sigue los principios que presentaremos basados en la Biblia, entenderá la ruta para
sanar su corazón y liberar todo el potencial que Dios ha escondido dentro de usted.

Bitácora de Vuelo:

Lea varias veces el siguiente verso:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los
pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos,
y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor».
(Lucas 4.18-19).

Tome un momento para orar. Y pregunte al Señor

1. ¿Habrá alguna parte de mi corazón que necesite ser restaurada?
2. ¿En qué lugar de mi corazón quieres empezar ese proceso de restauración?