REFLEXIÓN

JAVIER MUÑOZ salas

Aleister
Crowley
El irreverente mago
del «Haz lo que
quieras»
santiago de chIle, marzo 2017
Aleister Crowley:
El irreverente mago del
«Haz lo que quieras»
Javier Muñoz Salas

En junio de 1967 The Beatles lanzaban su octavo álbum
de estudio, Sgt Pepper´s Lonely Hearts Club Band. Un disco
que se haría famoso no solo por ser considerado uno de
los mejores de la historia del rock, sino por el concepto de
su polémica y creativa portada. El diseñador Peter Blake
rodeaba a los cuatro Beatles, vestidos como coloridos sar-
gentos, con un collage de célebres rostros. Además de una
serie de supuestos mensajes en clave, los personajes re-
presentaban los subversivos gustos de los músicos. Entre
todos, había uno en la esquina superior derecha que, con
su calva reluciente, mirada enigmática y rupturismo se iría
transformando en los años sesenta en todo un ícono de la
contracultura. Esa inclusión hizo especular que en The
Beatles podían existir conexiones con lo oscuro y lo sinies-
tro, incluso algunos afirmarían, con lo diabólico.  Otras
personalidades de la música popular y la cultura fueron
vinculados al mismo rumor, entre otros los Rolling Stones,
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Ozzy Ozburne, David Bowie, Iron Maiden y Led Zeppe-
lin. La conexión entre ellos fue la profunda atracción por
aquella figura que en la portada de The Beatles causaba
tanta polémica —mal comprendida y juzgada— tanto en
su época como hasta hoy: el mago inglés Aleister Crowley,
quien fue tildado por el diario John Bull en 1920 como «el
hombre más perverso del mundo». 

¿Quién fue Aleister Crowley? 
¿Cuáles fueron las razones que hicieron que Crowley se
rodeara de esa oscura leyenda? John Symonds, uno de
sus principales biógrafos y detractores, finalizaba el pre-
facio de su libro La gran bestia comentando, «Si yo tuvie-
ra que esculpir en una lápida el epitafio de aquel hombre,
tan extraordinario y lleno de talento, diría esto: Aleister
Crowley. Dejó en libertad a los dioses psicóticos». 
Crowley nació en una época que lentamente enfrenta-
ría los valores conservadores. Desde finales del siglo XIX
la moral puritana, que tuvo su máximo ícono en la Reina
Victoria de Inglaterra, iba siendo encarada por las ideas
de Freud, Nietzche, Marx y otros. El arte, la música, las
ciencias se sumergían en espacios inexplorados, abriendo
en el inconsciente nuevos laberintos que en sus sombras
mostraban significados esclarecedores del alma humana.
Pero no solo la ciencia y la filosofía académica pondrían
en marcha estos nuevos caminos. Usualmente se conside-
ra que esta época, que colocará las bases del nuevo siglo
XX, se caracteriza por la arremetida de la racionalidad en
todos sus frentes. No obstante, en respuesta surgirán una
serie de tendencias que en paralelo evocaban el valor de
la intuición, la magia, el ocultismo y la mística. De ese sue-
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lo brotarán Eliphas Levi, Ma-
dame Blavatsky, Gurdieff, Mc- ... una
Gregor Mathers, entre otros.
A Crowley le correspondería
personalidad
levantar una espiritualidad de un enorme y
que, a ojos del antiguo orden
reaccionario, claramente de-
solipsista ego,
jaría en libertad ideas antiso- cuya inquietud
ciales. 
Edward Alexander Crowley
le volcaba a
nació el 12 de octubre de escudriñar en
1875 en Warwickshire, en el
seno de una familia puritana
respuestas que
de la orden de Plymouth. Des- superaran todos
de pequeño, el inquieto joven
entraba en conflicto con un
los límites que
hogar lleno de restricciones, la prohibición
pecados y tabúes, donde in-
cluso la celebración de la na-
imponía. 
vidad era considerada un acto de blasfemia. Sus padres
no dudaron llamarle «la Bestia» por su agitado compor-
tamiento, que no encajaba con los valores restrictivos. El
joven Crowley entraba desde la niñez en rebeldía con las
terribles visiones del apocalipsis, tan presente en el fun-
damentalismo cristiano. Se establecía una personalidad
de un enorme y solipsista ego, cuya inquietud le volcaba a
escudriñar en respuestas que superaran todos los límites
que la prohibición imponía. 
Con estas características ingresó a estudiar en el Trinity
College, en Cambridge, ocupando la mayor parte del tiem-
po en leer, escribir poesía, vagar en solitario y practicar al-
pinismo. Publica individualmente sus primeros libros de
poemas llenos de erotismo e ironía, con cuyos contenidos
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busca fastidiar el ambiente gris de hipocresía de la bur-
guesía victoriana. Este, mientras se levanta como ejemplo
de moral en el mundo, condena a Oscar Wilde por homo-
sexual y declara la Guerra a China para insertar obligato-
riamente el comercio del opio.
Sin embargo, su ego no solo se satisfacía con la poesía,
necesitando encontrar una «materia que fuera inmune a
las fuerzas del cambio». En 1898 conoce a Julian Baker, un
químico que le introduce en la alquimia y la búsqueda del
Santuario Secreto de los Santos, en referencia a la obra de
Eckartshausen La nube sobre el santuario que hablaba de

La Golden Dawn es una
organización esotérica que mezcla
ritos de corte masónico con magia
ceremonial de carácter enochiano.
Estos ritos eran provenientes de la
invocación de espíritus angélicos,
tal como lo desarrolló el mago
isabelino del siglo XVI John Dee.
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una Iglesia oculta, donde se hallaban contenidos todos los
misterios.
 En esa búsqueda entró en contacto con la sociedad
mágica de la Golden Dawn, cuyo líder Samuel Liddell Mc-
Gregor Mathers fue un voluntario de infantería que pos-
teriormente pasó años recuperando manuscritos mágicos
de las bibliotecas de Europa. Crowley se abría paso rápi-
damente al mundo del ocultismo a través de esta orden,
escogiendo como nombre mágico «Perdurabo» (Perdura-
ré).
 La Golden Dawn es una organización esotérica que mez-
cla ritos de corte masónico con magia ceremonial de ca-
rácter enochiano. Estos ritos eran provenientes de la in-
vocación de espíritus angélicos, tal como lo desarrolló el
mago isabelino del siglo XVI John Dee. De esta forma es
depositaria de conocimientos de cábala, alquimia, teúrgia
y gnosticismo. No obstante, estas ceremonias tan llenas de
vestimentas, liturgias y largos procedimientos, aburrían a
Crowley que buscaba resultados más significativos por un
camino más corto. 

En camino a contactar al Santo Ángel
Guardián 
Mathers, en su búsqueda de un sistema de magia eficaz,
descubrió en la biblioteca del Arsenal en París un extra-
ño manuscrito titulado «La magia sagrada de Abramelin el
mago», supuestamente de 1458. Este libro permite princi-
palmente que el aspirante entre en contacto con su Santo
Ángel Guardián a través de un proceso estricto de con-
templación, venciendo y dominando todas las fuerzas os-
curas que se le presenten. Crowley comprendió el alcance
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de este ritual para sus objetivos y decidió llevarlo a cabo.
Con todo, Allan Bennett, un notable miembro de la Golden
Dawn le advirtió sobre el peligro de «andar en la Goecia»
(la magia negra). Bajo esta advertencia, Perdurabo acce-
dió a quedar bajo su tutoría, con la que aprendió yoga de
alto nivel, el uso de alucinógenos y sobre todo el paso defi-
nitivo para la comunicación con su Santo Ángel Guardián.
Bennett se trasformaría así en su maestro y, aunque toma-
ría su propio camino convirtiéndose al budismo, dejó una
marca indeleble en el mago
inglés a través del uso de Supuestamente,
drogas en la comunicación en algunos de los
con entidades astrales. 
Prácticamente la mayoría tantos rituales
de los biógrafos de Crowley que desarrolló,
coinciden que existe un pun-
to de inflexión en su vida. A desató
partir de él comenzará un fuerzas que le
largo viaje que lo llevará al
abandono y la pobreza. Su- dominaron, pero
puestamente, en algunos que en conjunto
de los tantos rituales que
desarrolló, desató fuerzas le condujeron
que le dominaron, pero que a visiones que
en conjunto le condujeron
a visiones que hasta hoy un hasta hoy un
gran número de personas gran número
profesa como revelaciones
de un nuevo orden.  de personas
Tras un viaje a la India y profesa como
Birmania que, en conjunto,
conllevó una escalada en revelaciones de
los Himalayas al monte K2 un nuevo orden. 
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(Chogo-Ri), Crowley se enclaustrará
en una mansión a orillas del Lago Ness
—Boleskine House, en Escocia— para
intentar definitivamente la operación
de Abramelin. Algunos dicen que aún
fuerzas desconocidas rondan la casa
(incendiada a fines de 2015) pues, por
una suerte del destino, Crowley inte-
rrumpiría el ritual al contraer matri-
monio. Recién casado con Rose Kelly,
deciden viajar de luna de miel a El Cai-
ro, lugar donde tendrá lugar una de las
experiencias más notables de su vida. 
Crowley comentaba que el 16 de
marzo de 1904, Rose entró en trance
diciendo «¡Ellos te están esperando!».
Dado que su esposa no había sido ini-
ciada en la magia, no le prestó mucha
importancia a esa indicación. Pero tras
algunos días luego de invocar a Thoth
(el dios de la sabiduría), Rose mencio-
nó a Horus como una de las entidades
que aguardaban. Crowley hizo nume-
rosas preguntas sobre el dios egipcio,
las que fueron contestadas correcta-
mente.   
La prueba final fue la identificación,
por parte de Rose, de Horus en una
Estela de Ankh-ef-en-Khonsu expues-
ta en el Museo de Boulak, catalogada
con el número 666. Esta pieza pasó a
llamarse en la religión que Crowley in-
ventaría «La Estela de la Revelación».
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Rose, que mostraba capacidades mediúmnicas, daba ins-
trucciones a su esposo para entrar durante tres días al
«templo» y escribir lo que escuchara entre el medio día y
las 13:00hrs. 
Preparado solo con lápiz y papel. Sentado en su escrito-
rio, durante los días 8, 9, y 10 de abril de 1904 a la hora fija-
da, Crowley escuchó proveniente de su hombro izquierdo,
desde la esquina más alejada de la habitación «un timbre
profundo, musical y expresivo, de tonos solemnes, volup-
tuosos, cálidos, fieros» que además carecía de «acento
nativo o foráneo». Sin querer mirarle de frente, Crowley
tuvo la impresión de que la entidad tenía un cuerpo de fina
materia, identificándose como Aiwass, su Santo Ángel de
la Guarda. Esta inteligencia desencarnada le dictaba «El
Libro de la Ley», que fundaba una nueva religión acorde
al nuevo eón, que enseñaba la ley de Thelema (voluntad en
griego) que se resume en dos preceptos: «Hacer tu volun-
tad será el todo de la Ley» y «Amor es la ley, amor bajo el
dominio de la voluntad». 

Hacia la fundación de la Abadía de
Thelema 
Usualmente se suele entender que, con esta visión, Crowle
promovía el libertinaje absoluto. «Haz lo que quieras» se-
ría algo así como «haz lo que te plazca». Sin embargo, fue
bastante claro en mencionar que el ser humano debía en-
contrar su verdadera voluntad, teniendo el legítimo dere-
cho de ser lo que es, «pues cada hombre y cada mujer es
una estrella». De esta forma, solo explorando en sí mismo
es posible descubrir los alcances que tiene su propio ser:
«Un hombre que ejerce su auténtica voluntad tiene la
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inercia del Universo para asistirle», menciona en Magick
en Teoría y Práctica. 
Quizás esta idea lo llevó a empresas tan arriesgadas
como al fatídico ascenso del Kanchenjunga en 1905, cru-
zar China en 1906 o adentrarse junto a Victor Neuburg en
el desierto norafricano para invocar al peligroso demonio
Choronzon. Fundó además la sociedad esotérica Astrum
Argentum en 1907, cuya diferencia con la Golden Dawn
era la utilización de psicoactivos en las operaciones mági-
cas. Toda esta vida intensa le haría separarse de su esposa,
que terminaría en un siquiátrico adicta al alcohol.
En 1910 publica los Libros sagrados de Thelema que in-
cluye el Libro de la ley. Dos años después, Theodore Reuss
líder de una sociedad hermética alemana llamada OTO, le
visita para comentarle las coincidencias que existen entre
el texto que publicó y las ideas de la orden. La Orden de los
Templarios de Oriente fue la primera sociedad que acepta
el Libro de la Ley como revelación profética y anuncio del
nuevo eón. Este grupo, existente hasta hoy, está basado
en un sistema iniciático que emplea rituales de magia se-
xual para el contacto con el Santo Ángel de la Guarda o el
yo-mismo.
Al parecer, según Richard B. Spence y Peter Levenda,
durante la Primera Guerra Mundial Crowley habría entra-
do en el servicio de inteligencia británica, realizando con-
trapropaganda de distracción en medios pro-alemanes
durante su estadía en Estados Unidos. Esto, al menos, es
la explicación que los autores han encontrado para sus ex-
traños comportamientos. Curiosamente, toda la herencia
que le dejó su padre al morir, empezaba a resquebrajarse y
son esos años donde empieza a sentir con fuerza la caren-
cia económica que arrastrará hasta su muerte. 
Crowley reconocía la existencia de este mundo profa-
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no, donde el aspecto económico resultaba importante,
pero actuaba como si no lo fuera. Tal vez porque su mo-
tivo fundamental era la realización de lo que denominaba
«La Gran Obra» y para ello necesitaba un vehículo que le
permitiera canalizar la energía mágica. Buscaba a «La Mu-
jer Escarlata», una compañera femenina que encontró a
través de Leah Hirsig, una suiza radicada en Nueva York
con su pequeño hijo, transformándose en la amante más
importante en la vida del mago. La llamará Alostrael o «el
cáliz de Dios». 
La ley de Thelema no constituye una idea nueva, ya que
está extraída de la novela «Gargantua y Pantagruel» del
humanista del siglo XVI François Rabelais. En ese libro se
describe la fundación de una abadía cuya única regla es
«Haz lo que desees», como burla a sus contemporáneas
instituciones monásticas. Crowley creía que Rabelais fue
una especie de profeta de la ley del «haz lo que quieras»
y se vuelca en 1920 a llevarla totalmente a cabo. Viaja a
Cefalú, un pequeño pueblo al norte de Sicilia, para fundar
la Abadía de Thelema donde junto a Alostrael, su hijo y otras
personas, vivirán en una verdadera comunidad de liber-
tad, abierta a la espiritualidad, las drogas y la magia sexual.   

Crowley creía que Rabelais fue una
especie de profeta de la ley del «haz
lo que quieras» y se vuelca en 1920
a llevarla totalmente a cabo.
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Camino al Equinoccio
Existen discrepancias acerca de la naturaleza de esta ex-
periencia, pues mientras algunos visitantes se sintieron
horrorizados con las prácticas de los habitantes y las pa-
redes atiborradas de dibujos alusivos al sexo, otros sintie-
ron una completa realización a través del encuentro con
la propia voluntad sin restricciones. A pesar de esto, la
Abadía entró en problemas luego que uno de sus discípu-
los muriera intoxicado con agua contaminada, falleciera la
hija recién nacida de Leah Hirsig con Crowley, escasearan
los fondos dilapidados durante años y el recién asumido
Benito Mussolini empezara a desarrollar una política res-
trictiva contra las órdenes secretas. Crowley será expul-
sado en 1923 para no volver jamás a su Collegium and spiri-
tum sanctum y dejar en el completo abandono económico
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a sus habitantes. 
La estadía en Cefalú le daría cierto renombre en Ingla-
terra, en la medida que la prensa sensacionalista del John
Bull y el Sunday Express recogerían las acusaciones de per-
sonas que visitaron la abadía y se escandalizaron. Publi-
caban sobre todo tipo de orgías y perversiones cometidas
en el lugar llamándolo «sumidero del vicio» y a su líder «el
hombre más inicuo del mundo». La leyenda del irreveren-
te mago empezaba a nacer. 
La posterior vida de Crowley será liderar la OTO, convir-
tiéndola en una sociedad con ramificaciones internaciona-
les; publicar libros como el «Hijo de la Luna» y un completo
estudio del Tarot con una baraja ricamente adornada por
Frieda Harris llamado el «Tarot de Thot». Sus últimos años
en 1944 los pasa retirado en la pensión de Netherwood
Hasting transformado en lo
que siempre quiso ser, mago y Sus últimos
maestro. Ahí vivirá intentando años en 1944
buscar dinero entre sus discí-
pulos para sobrevivir, recibir los pasa
visitas, calmar su adicción a la retirado en
heroína y soportar el blitz de la
Fuerza Aérea Alemana sobre la pensión de
Londres durante la Segunda Netherwood
Guerra Mundial. Hay voces
que hablan de que Crowley Hasting
es el inventor de la señal que transformado
popularizó Wiston Churchill,
bajo el símbolo de la paz, para en lo que
contrarrestar el ejército de siempre quiso
otro mago, pero este verdade-
ramente negro: Adolf Hitler. ser, mago y
Juzgar la obra de Aleister maestro.
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Crowley a partir de los comentarios de los diarios conser-
vadores no es un acierto. Es verdad que entre sus poemas
y pinturas, así como entre sus tratados de magia, existen
innumerables referencias a las fuerzas demoniacas y al
diablo, pero ello se debe a dos simples razones. La primera
es que el verdadero mago, en cualquier proceso iniciático,
debe saber controlar las fuerzas de lo oscuro para conocer
el verdadero significado de la luz. Es pasar por el infierno,
como Jesús, para llegar un estado «más allá del bien y del
mal», como diría Nietzche. Segundo, muchas alusiones a lo
oscuro son obra de una persona que gozó polemizar con
una sociedad que le parecía no solo conversadora, sino ce-
rrada, opresora, mojigata y rígida que, ante cualquier se-
ñal de desvío, devolvía un gran aliciente para una enorme
carcajada. Crowley utilizó la figura del diablo sencillamen-
te para escandalizar.
Por esta razón su legado debe considerarse en dos sen-
tidos sumamente importantes y que influyeron, a pesar
de fluir por los márgenes, en el siglo de la ciencia. El pri-
mero es su llamado a la libertad personal y el desarrollo
espiritual a partir del encuentro y realización con la propia
voluntad. En una sociedad restrictiva como la victoriana,
este llamado —que hoy nos parece trivial— resultaba su-
mamente sacrílego y lo fue hasta bien avanzada la década
de 1960. Por esto, los hippies vieron en Crowley un ícono
a seguir. La Abadía de Thelema fue un ejemplo para las co-
munidades donde los jóvenes que buscaban amor y paz,
practicando sexo libre de la mano del uso de todo tipo de
drogas alucinógenas. Se abrían paso a dimensiones des-
conocidas del ser, lo que fue el motor para el surgimiento
posterior, entre otros, de la cultura del LSD con Timothy
Leary, abierto admirador de Crowley y la psiconáutica de
Terence McKenna, que ayudaron a los creativos de los
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años sesenta y setenta al desarrollo de las computadoras
actuales destinadas a facilitar en la red digital el cumpli-
miento de la voluntad individual.
Se menciona críticamente además que el mago ha influi-
do en personajes como Anton La Vey, quien fundó la Iglesia
de Satanás en 1966. Sin embargo esta visión es sesgada,
pues no contempla que Aleister Crowley repercutió en la
renovación total de la magia occidental. Así se constituyó
en un referente tanto para los satanistas, como para otros
movimientos, como la brujería de Gerald Gardner y el de-
sarrollo de la magia wiccana de Alex Sanders y Janet Fa-
rrar. También para el chamanismo de Carlos Castaneda. Es
decir, Crowley contribuyó al surgimiento de una gran can-
tidad de escuelas que lo tomaron como referente, punto
de partida o puntal de la nueva espiritualidad neopagana. 
Crowley muere el 1 de diciembre de 1947, según el rela-
to de su última mujer, pacíficamente en su lecho, mientras
soplaba el viento y sonaban truenos en el exterior. «Eran
los dioses, que lo saludaban».
Las escazas personas que asistieron a su crematorio, es-
cucharon recitar «El Himno a Pan» un extraordinario poe-
ma que entre sus versos, reza. 

En la luna de los bosques, sobre la montaña de mármol,
Sumerge el púrpura de la apasionada oración,
El Templo carmesí, la trampa escarlata,
El alma que se maravilla en ojos de azul
De mirar tu lujuria de que ellos emanan.
Las ramas enroscadas, el tronco marcado
Del árbol viviente que es espíritu y alma
Y cuerpo y cerebro -ven por el mar.
(¡Io Pan! ¡Io Pan!).
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Sus cenizas fueron sepultadas en Estados Unidos, en un
lugar que fue olvidado y hasta hoy nunca ha sido encon-
trado. Su sentido del humor, aún continúa. 
Somos un espacio de reflexión libertaria.
Buscamos construir una alternativa que ve
en la expresión individual la base para la
acción política. Vemos en la emancipación
y la cultura la base para una honesta y
consecuente defensa de la libertad.

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