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Master de Estudios Contemporáneos e Investigación Avanzada, Universidad Jaume I. España Trabajo Práctico materia: La Sexualidad ¿objeto de historia?

Profesor: Jean Louis Guereña – Universidad Francois-Rabelais, Tours. Francia Alumno: Guillermo Gabriel Fernández Amado

Michel Foucault. HISTORIA DE LA SEXUALIDAD 1, LA VOLUNTAD DE SABER.
ASPECTOS HISTORICOS Y PSICOANALITICOS. UNA MIRADA A LA PORNOGRAFIA Las hipótesis que Foucault despliega en este libro acerca de aquéllo que tanto Freud como Lacan ubican como fundamento de la concepción psicoanalítica de la sexualidad, rompe con el esquema de estos, ya que inaugura una visión histórica (genealógica) para su análisis. Su perspectiva a diferencia del psicoanálisis, no está centrada ni en la represión ni en la Ley; menos aún en la Ley que para el psicoanálisis funciona como Ley de Leyes: la prohibición del incesto. En una entrevista Foucault afirma: “Tomemos al incesto, por ejemplo. El incesto ha sido, durante mucho tiempo, una práctica popular –entiendo por esto una práctica muy extendida en el pueblo. Es hacia fines del siglo XIX que diversas presiones sociales han comenzado a ejercerse contra el incesto. Es claro que el gran dilema del incesto es una invención de los intelectuales”.1 Foucault señala que existe cierto conjunto de ideas, teorías y argumentos que apoyan y refuerzan la idea de una cultura burguesa y represiva para con la sexualidad, la que denomina hipótesis represiva y le opone una hipótesis de trabajo propia: la hipótesis discursiva. La burguesía se habría empeñado, desde el siglo XVIII, en proveerse una sexualidad para construir en base a ella, un cuerpo que le diera una especificidad y que constituyera su rasgo diferencial. Las capas populares en el curso del siglo XIX, fueron alcanzadas por el dispositivo de la sexualidad, pero los objetivos eran muy distintos de aquellos que la burguesía perseguía al adjudicarse a sí misma una sexualidad: la extensión del dispositivo a las clases populares se llevó a cabo con fines de sujeción política y control económico. Al generalizarse el dispositivo de la sexualidad, la posesión de un cuerpo sexual perdió el valor de rasgo distintivo de la burguesía, motivo por el cual se hizo necesario introducir un nuevo elemento diferenciador que le sirviera a la burguesía para marcar, a partir de allí, su singularidad de clase. Vemos surgir en ese momento, la teoría de la represión. Lo específicamente burgués comenzará a ser, entonces, el modo en que opera sobre su sexualidad: la prohibición. Cada hipótesis (la represiva y la discursiva) se presenta en secuencias históricas distintas; cada una construye una historia de la sexualidad distinta. Según la hipótesis represiva tenemos tres momentos en la historia de la sexualidad: a) la experiencia salvaje u original de la sexualidad como período de libertad sexual, antes del XVII b) la creciente represión de la sexualidad con la emergencia del capitalismo, donde la moral victoriana representa el punto de maduración de la represión burguesa sobre el sexo (siglo XIX) c) la paulatina liberación de la sexualidad, desde Freud hasta nuestros días; a lo que hay que sumarle la pujante promesa de un futuro de libertad restituida. Hay una historia de la sexualidad construida sobre la base de una hipótesis represiva, es la historia de la crónica de una represión creciente hasta la llegada del Freud, quien daría comienzo a otro tiempo, el de la ansiada liberación. Es en este momento en que el psicoanálisis se inserta postulando un vínculo esencial entre la Ley (Ley que instaura una falta) y el deseo. Toda hipótesis sobre la historia de la sexualidad supone ante todo una concepción del poder, fundada en dos tiempos, el de la represión y el de la liberación.

Michel Foucault. Entrevista publicada en ‘Sexual choice, Sexual act’ publicada, Salgamundi n° 58-59, 1982.

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Es el poder el que instaura la prohibición al tiempo que promete una liberación. A esta hipotesis represiva Foucault contrapone una concepción polimórfica del poder, fundada en técnicas a las que una voluntad de saber sirve de soporte e instrumento. El poder no es fundamental o esencialmente represivo, sino múltiple, polifacético. Foucault parece afirmar que el psicoanálisis se apoya exclusivamente en una hipótesis represiva pero a lo largo del libro empieza a plantear alternativas a la misma, ya que que algunos psicoanalistas habían cuestionado la representación del deseo como una energía rebelde a la que habría que dominar y someter por medio de la ley de la represión (entre ellos Lacan), por la sencilla razón de que la ley sería constitutiva del deseo. Foucault formula el proyecto de identificar las instancias productoras de discursividad, de poder y de saber, haciendo su historia y la de sus transformaciones en los últimos tres siglos. La hipótesis represiva ubica el comienzo de una edad de represión en el siglo XVII, y el comienzo de la liberación en el siglo XIX. La hipótesis discursive es entonces “la hipótesis general del trabajo: La sociedad que se desarrolla en el siglo XVIII, llámesela como se quiera, burguesa, capitalista o industrial, no opuso al sexo un rechazo fundamental a reconocerlo. Al contrario, puso en acción todo un aparato para producir sobre él discursos verdaderos.”2 Foucault va a establecer otra secuencia histórica a la Freudiana. En lugar de una creciente censura en torno al sexo identifica una coacción discursiva que hace hablar al sujeto sobre el sexo. Esta coacción discursiva se remonta hasta la pastoral católica del XVII, antecedente directo de las estrategias contemporáneas del poder. Luego, durante el siglo XVIII y mediados del XIX, hay un período de intensificación de la coacción, una explosión discursiva en torno al sexo: la medicina, la psiquiatría y la justicia penal “que filtraban las sexualidades de las parejas, de los padres y de los niños, de los adolescentes peligrosos y en peligro… nace hacia el siglo XVIII una incitación política, económica y técnica a hablar del sexo”3. Durante este período se altera la economía del poder respecto de la construcción de la verdad del sexo; alteración provocada por cierto “interés público” sobre el sexo y la verdad producida a partir de él y por él. Desde la hipótesis represiva, la moral victoriana de finales del siglo XIX, juega un papel como momento histórico, y la represión como operación del poder. Esta moral es considerada como el momento de mayor censura sobre la sexualidad, y adquiere otro sentido desde la nueva perspectiva, el de accidente histórico constituido más bien por los pudores del “puritanismo victoriano”, secundario y regional desde una visión de conjunto de la economía general del discurso sobre la sexualidad en occidente. Foucault, encuentra que en estos últimos tres siglos se destaca, más que la represión, una verdadera explosión discursiva en torno y a propósito del sexo. Existe una proliferación de los discursos sobre el sexo. Las instancias de poder se obstinaron en oir y hacer hablar sobre ello, una suerte de auge discursivo que conspiraría contra la idea de un poder que opera a partir de una ley instauradora de la prohibición, la exclusion y la censura. Foucault da consistencia a su hipótesis trazando los pasos de la constitución y luego difusión del dispositivo discursive.Se focaliza en el Concilio de Trento, como institución histórica del sacramento de la penitencia y la confesión, entendiendo el porqué cuando se trata de sexo o de los actos eróticos y el deseo, todo debe ser dicho y mediado por la palabra. Por eso se focaliza en el pasaje histórico del régimen monacal-elitista, a su generalización y conversión en una coacción general, con una expansión de la obligatoriedad de la confesión que posteriormente terminó influyendo sobre la literature, con la aparición de obras cuya finalidad era la de sacar la verdad de las profundidades del ser, plasmándose en una forma de filosofar consistente en el examen de sí mismo. Con estas prácticas, los puntos de los que parte la obligación de confesar se multiplican y se ramifican, perdiendo de vista su carácter imperativo e invirtiendo su lógica para aparecer como la necesidad de confesar, de sacar a la luz lo secreto. Este proceso histórico crea un discurso que comienza en una restringida tradición monástica para luego generalizarse a todo el mundo, desde la perspectiva de la estrategia de poder que implantó la invitación a decirlo todo sobre el sexo, una puesta discursiva de la que se esperaban efectos múltiples de desplazamiento, intensificación, reorientación y modificación del deseo. Un mecanismo complejo y de variados efectos, no reductibles a un único vínculo con la ley de prohibición que requiere atender a los entredichos policiales sobre el sexo, al que Michel Foucault: Historia de la sexualidad, Tomo I: La voluntad del saber, 25ª ed.,México, Siglo XXI, 1998, pág. 87 3 La historia de la sexualidad 1…pág. 31
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por otro lado también se intenta reglamentar, influir, orientar y recrear mediante discursos útiles y públicos. A partir de este proceso se abordará la cuestión de la población y los aspectos de la conducta sexual ligada a ella, a las que se invadirá por medio de una amplia, variada y densa trama de discursos y saberes. No hay sólo una manera de decir y una manera de callar, hay varias maneras de producirlas e incitarlas. Parte de su confrontación con la hipótesis represiva, lo realiza examinando una estrategia, la implantación perversa. La historia oficial dice que se trató de decir no, de proscribir, reducir y excluir ciertas prácticas en tanto excéntricas al ideal del matrimonio heterosexual, “Entonces la sexualidad es cuidadosamente encerrada. La familia conyugal la confisca y la absorbe por entero en la seriedad de la función reproductora. En torno al sexo: silencio, dicta la ley de la pareja legítima y procreadora. Se impone como modelo, hace valer la norma, detenta la verdad, retiene el derecho de hablar, reservándose el principio del secreto. Tanto en el espacio social como en el corazón de cada hogar existe un único lugar de sexualidad reconocida, utilitaria y fecunda: la alcoba de los padres. El resto no tiene más que esfumarse, la conveniencia de las actitudes esquiva los cuerpos, la decencia de las palabras blanquea los discursos. Y el estéril, si insiste y se muestra demasiado, vira a lo anormal: recibirá la condición de tal y deberá pagar las correspondientes sanciones.” Afirma sobre la burguesía victoriana.4 Foucault encuentra que por el contrario que en los últimos tres siglos hubo multiplicación, dispersion e iniciación de heterogeneidades sexuales. Al comienzo hubo, explícitamente, tres códigos, el canónico, la pastoral cristiana y la ley civil, centrados en las relaciones matrimoniales. La tríada de códigos ordenadores fue entonces al comienzo de naturaleza juridical, pero luego tuvo lugar una transformación constatada en la explosión discursiva existente en los siglos XVIII y XIX. Dicha explosión se conjuga con un paulatino descentramiento de la monogamia heterosexual, siguiendole una disociación entre las leyes matrimoniales y las reglas inmanentes de la sexualidad que comienzan a inscribirse en dos registros diferentes. Aparecen entonces las sexualidades periféricas. Foucault afirma que no se trata de que una época se diferencie de otra por el grado de represión, sino que difieren en el modo en que se ejerce y se concibe el poder. Foucault se pregunta cómo ha podido suceder que el lirismo y la religiosidad que acompañaron mucho tiempo al proyecto revolucionario, en las sociedades industriales y occidentales se hayan vuelto en buena hacia el sexo. También se disocian la medicina del sexo y el psicoanálisis, este colabora con la estrategia que integra a las sexualidades periféricas dentro del cuadro de una práctica médica. Por ejemplo el psicoanálisis efectúa una inversión abordada no desde la relación padre -médico, sino desde el lazo niño- médico, cuestionando la sexualidad del dispositivo familiar. El psicoanálisis colabora entonces con la reintegración de la sexualidad al ámbito de la familia, del cual pareció querer extraerlo en un primer momento. Los discursos generados respecto al sexo se hunden en el cuerpo para luego proceder a su extracción y tratamiento como materia médica a la que se aplica una tecnología de la salud y lo patológico. El poder pues ha hecho algo más que rozar los cuerpos y acariciarlos con la mirada, extrae algo que previamente había inserto en ellos para que luego los placeres re-descubiertos fluyan hacia el poder. El discurso trasporta y produce poder, lo refuerza pero también lo debilita exponiendolo fragilmente hasta permitir detenerlo. Del mismo modo, el silencio y el secreto abrigan el poder, anclan sus prohibiciones; pero también negocian tolerancias más o menos oscuras, como por ejemplo la historia de los pecados contra natura. La extrema discreción de los textos sobre la sodomía generó la reticencia casi general de hablar de ella, pero permitió durante mucho tiempo un doble funcionamiento: por una parte, una extrema severidad (condena a la hoguera en el siglo XVIII) y, por otra una tolerancia seguramente muy amplia (deducida indirectamente a partir de la rareza de las condenas judiciales, y testimonios sobre las sociedades masculinas que podían existir en los ejércitos o las cortes). También en el siglo XIX, la aparición en la psiquiatría y la jurisprudencia, en la literatura y en los discursos, de temas sobre homosexualidad, inversión y pederastia con seguridad permitió un empuje de los controles sociales de estas "perversidades", pero permitió también la constitución de un discurso "de rechazo": la homosexualidad se puso a hablar de sí misma, a reivindicar su legitimidad.
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El psicoanálisis para Foucault tiene una función de mediación entre estas dos hipótesis históricas. Este permitiría articular en un mismo movimiento el dispositivo de alianza y el dispositivo de sexualidad. El dispositivo de alianza tiene principalmente una función conservadora, de fijación y desarrollo del parentesco y de transmisión de nombres y bienes, históricamente ligado a la conservación y reproducción de los esquemas nobiliarios de poder, propio de la hipótesis represiva del puritanismo victoriano. El dispositivo de sexualidad, por su parte, funciona mediante técnicas móviles, diversas y coyunturales de poder, tiene como objetivo la expansión permanente de los dominios y las formas de control, tendiendo siempre a proliferar, innovar, inventar, penetrar los cuerpos de manera cada vez más detallada y controlar las poblaciones de manera cada vez más global. Es por todas estas características que Foucault ubica al dispositivo de sexualidad en relación con las formas de poder que han estado en expansión con el surgimiento de la burguesía y posteriormente con el capitalismo del sXX. La familia será el escenario donde se den los intercambios y entrelazamientos de relaciones entre estos dos dispositivos y es aquí donde podemos ubicar operándose la emergencia del psicoanálisis, surgiendo como un discurso distinto del que había medicalizado la sexualidad, se distancia de las tesis de la degeneración que dieron lugar a programas de eugenesia en íntima articulación con la medicina de las perversiones y que constituyeron el núcleo de la tecnología del sexo en el siglo XIX. El psicoanálisis construye un discurso propio sobre el sexo y la sexualización de los lazos familiares. El siglo XIX fue el momento en que Occidente desarrolló acerca del sexo, múltiples discursos de pretensión científica como el psicoanálisis. Toda esta serie discursos que buscaban decir la verdad del sexo, dieron particular privilegio a la técnica de la confesión. Pero el confesor (psicoanalista) ya no fue solo el encargado de juzgar, perdonar o castigar, sino que debía arrancar a quien se confesaba, algo del orden de la verdad. Foucault adjudica a la ciencia de la sexualidad el papel de medio a través del cual pudo constituirse algo como la sexualidad, ya que fue por medio de ella que el sexo dejó de ser considerado tan solo asunto de placer, para inscribirse en el régimen del saber. El psicoanálisis permite poner en discurso al deseo incestuoso, haciendo derivar el origen mismo de la sexualidad del dispositivo de alianza de cuya ley es portador. Foucault ubica la utilización del psicoanálisis como el medio que permitió que se invirtieran las relaciones entre el dispositivo de alianza y el de sexualidad: esta última apoyada en el sistema de alianza. “Con el psicoanálisis” dice, “da cuerpo y vida a las reglas de la alianza saturándolas de deseo”.5 La pregunta con final aún abierto es ¿Como esta saturación de deseo impacta en las reglas deterioradas del dispositivo de alianza?¿Como se da esta ruptura legal y que efectos tiene el dispositivo de sexualidad en el proceso histórico actual de transformación cultural y económica, con tintes de mecanización, alienación y deshumanización como lo es el capitalismo occidental? No existe el discurso del poder por un lado y otro que se le oponga. Los discursos son elementos o bloques tácticos en el campo de las relaciones de fuerza; puede haberlos diferentes e incluso contradictorios en el interior de la misma estrategia. A los discursos sobre el sexo no hay que preguntarles de cual teoría implícita derivan, a que moral acompañan o ideología representan, sino que hay que interrogarlos en dos niveles: su productividad táctica (efectos recíprocos de poder y saber) y su integración estratégica (cual coyuntura y fuerzas involucra en los diversos enfrentamientos que se producen). Existen pues dos niveles de reflexión: por un lado lo relativo al cambio histórico que ocurrió en la ciencia, a partir del cual la sexualidad se convirtió en objeto de estudio, y por otro el descubrimiento referido a las mutaciones de las formas de regular la sexualidad a lo largo del tiempo. Una cosa es quién y desde dónde se estudia a la sexualidad, y otra es cómo y cuándo ésta se manifiesta. Las transformaciones de la ciencia en tanto forma de cultura, terminan por impactar a la sexualidad que es otra forma de cultura, y viceversa. Los discursos científicos como lo fué el psicoanalítico en el siglo XIX, forman parte de la regulación de las formas sexuales, como hoy lo son los derechos sexuales y reproductivos. Hay pues en Foucault un nuevo enfoque de la sexualidad, que es una construcción social que va cambiando a la par del resto de los sistemas que rigen la vida en sociedad: lo económico,
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político, religioso, tecnológico, médico, científico, artístico y familiar. La sexualidad, a diferencia de la pulsión sexual, no es universal sino singular puesto que la orientación del sujeto hacia un objeto sexual no está pautado en la naturaleza de la especie. Es un orden interpenetrado por los otros, que lo cortan, despedazan, reintegran, maquillan, esconden o aplauden. El rastrea las maneras en las que se (de/re)construyen los discursos sobre la sexualidad para preguntarse cuál es la lógica del poder que se esconde detrás de ellos: “el punto esencial es tomar en consideración el hecho de que se hable de él, quiénes lo hacen, los lugares y puntos de vista desde donde se habla, las instituciones que a tal cosa incitan y que almacenan y difunden lo que se dice, en una palabra, el hecho discursivo global, la puesta en discurso del sexo”. 6 Freud en cambio dice que “El hecho de la existencia de necesidades sexuales en el hombre y el animal es expresado en la biología mediante el supuesto de una “pulsión sexual”. En eso se procede por analogía con la pulsión de nutrición: el hambre".7 No podemos decir que la sexualidad aparezca como enteramente ya dada en Foucault, aunque el positivismo de las tesis de apoyo en lo biológico es manifiesto, pero podemos interpretar este biologicismo freudiano como un marco de referencia teórico e institucional en lugar de considerarlo un error de definición o un reduccionismo biologicista. Foucault en cambio concibe la idea de sexo como construida por el dispositivo de la sexualidad que elabora discursos entendidos como fuerzas en una red de relaciones de poder, con el fin de profundizar su inserción y de extender su control sobre el conjunto de la sociedad. Por lo tanto, la sexualidad es una construcción discursiva entre la economía del poder y los placeres del cuerpo. “(...) ocasiones externas son decisivas para la reaparición de la actividad sexual, cobran importancia grande y duradera”8. Las ocasiones externas y contingentes, pero duraderas, son generadas por la cultura. Sean los textos de Freud o de Foucault reconocemos una fuerza o entidad, distinta y exterior al sujeto. En Freud a este afuera lo identificamos con la cultura y en Foucault con el poder. La sexualidad se topa con un exterior que según el autor, se relaciona de un modo distinto con ella. Analicemos por ejemplo la industria pornográfica desarrollada desde comienzos del SXX. Este subsistema de la sexualidad, requiere pues preguntarse sobre quiénes y cómo tratan a la pornografía, y aquéllos que versan sobre las mutaciones en la misma. Sin duda es difícil explorar las causas que subyacen a la metamorfosis y desentrañar qué le corresponde a la tecnología, al mercado, al derecho, a la política, a la religión, a la demografía u otros factores que inciden en la conformación del discurso del placer. En el fondo la pornografía forma parte del mismo sistema victoriano y religioso que desde los ultimos tres siglos llegó a vincular directa y exclusivamente al sexo con la reproducción y que, dada esta relación, proscribió cualquier manifestación sexual encaminada al placer y no a la perpetuación de la especie. La pornografía es el ultimo eslabón de ese extremo, visible a partir de los cambios tecnológicos facilitados por la instauración del capitalismo moderno-occidental, como asi su etapa posterior; la globalización. Es la puesta en escena del placer por el placer mismo, y su repercusión masiva. El rechazo que provoca es uno que emana de los confines más profundos e inconscientes de la psique colectiva porque trastoca, precisamente, lo sagrado o los restos secularizados de la ética sexual de la ética cristiana-occidental: “la sexualidad puesta al servicio de Dios y de la reproducción”. La pornografía, en parte, se entiende como contraposición a ella aunque la paradoja estriba en que, al concebirse como binomios que se complementan, lo porno no puede articularse más que como tabú, como pecado. Barba y Montes afirman “En realidad la pornografía tal y como hoy la conocemos nace con Boyle, con Newton, con Galileo, con Descartes…entre el siglo XVII y XVIII ocurrió una enorme transformación filosófica en Europa; la naturaleza se mecanizó, los cuerpos se atomizaron, se despojaron de sus apariencias y cualidades, se hicieron cognoscibles sólo en virtud de su tamaño, forma, movimiento y peso… no es de extrañar que entre 1650 y 1690 la misma generación europea que trata de mecanizar y atomizar la naturaleza invente el discurso materialista y, con él, posibilite la pornografía. Enconces la misma narrativa erótica asumió La historia de la sexualidad 1… pág.19 Sigmund Freud: Tres ensayos de la teoría sexual(1905), en Obras Completas, 1ª ed., Bs. As., Amorrortu editores, 1978, vol. VII pág.123 8 Tres ensayos de la teoría sexual… pág.173
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rápidamente el nuevo materialismo mecanicista; hombres y mujeres se unían como individuos sin dimensión social, ya no eran miembros de corporaciones como Familia, Corte o Iglesia, se unían como compradores y vendedores, productores y consumidores en un mercado sexual. El discurso pornográfico proveía el vínculo perdido entre lo social y lo metafísico en pleno estado de transformación, y era la ley del placer la única a la que los cuerpos reaccionaban mecánicamente.”9 En esta época, la conducta sexual vino a ser regulada desde una nueva disciplina: la psiquiatría y el psicoanálisis sobre la determinación de lo normal (natural) y lo anormal (antinatural). Desde entonces, la pornografía ha tenido que derrotar una doble presunción: la de pecado y la de perversión. El poder de la sociedad burguesa funciona sobre el cuerpo y el sexo, “No fija fronteras a la sexualidad; prolonga sus diversas formas, persiguiéndolas según líneas de penetración indefinida. No la excluye, la incluye en el cuerpo como modo de especificación de los individuos; no intenta esquivarla; atrae sus variedades mediante espirales donde placer y poder se refuerzan; no establece barreras; dispone lugares de máxima saturación. Produce y fija a la disparidad sexual. La sociedad moderna es perversa, no a despecho de su puritanismo o como contrapartida de su hipocresía; es perversa directa y realmente.”10 La pornografía es un claro exponente también de cómo el capitalismo utiliza los cuerpos y la sexualidad como engranajes y correas de transmisión del capital, constituyendo una verdadera industria de los cuerpos, situación imposible de concebir hace un siglo. El éxito de la pornografía en la actualidad solo puede entenderse por la victoria del sistema económico por sobre las demás esferas sociales: cultura, religión, ciencia a tal punto que la industrialización de la pornografía genera mayores beneficios economicos que otras industrias tradicionales. En este sentido, el esquema de Parsoniano, cuando habla de gratificaciones a los actores sociales para mantener el sistema estabilizado, aporta un método comprensivo para analizar a esta industria como proveedora de gratificaciones (pornografía=entretenimiento para adultos) a una sociedad que por otro lado es cada vez mas individualista, oprimida, disciplinada y controlada. Esta sociedad es por tanto consumidora y productora de pornografía como nunca antes en la historia sucedió, al mismo tiempo que es menos libre, explotada y negada en su sensibilidad corpórea al mejor estilo panóptico, como bien lo retrató Foucault en Vigilar y Castigar. La pornografía y su masividad actual solo fué posible gracias al capitalismo. Esto es de alguna forma algo contrario a lo afirmado la concepción freudo-marxista de Wilheim Reich respecto a los efectos de tales dispositivos como expresiones de solidificación e implantación de disparidades sexuales, una suerte de variante del discurso del psicoanálisis que trató de hacer coincidir el discurso sobre la moderna represión del sexo con las necesidades y exigencias del desarrollo del capitalismo. A su entender hablar de sexo suponía una transgresión, una liberación. Prometía entonces una ‘liberación’ a futuro, sobre la base de la transformación de las relaciones productivas. Sin embargo tal liberación es incompatible con la capitalización de tales prácticas ya que de base, a mayor acumulación y capitalización, mas alienación genera tal proceso. La pornografía no libera, sino que es expresion de un poder que oprime y norma, para permitir excepciones en algunos casos, que permitan una acumulación extraordinaria de capital concentrado. Veamos algunas cifras y nuevos métodos de normar esta industria que produce excedentes exorbitantes al tiempo que aliena (mercados ilegales e informales, precariedad de higiene, enfermedades sexuales en aumento) a sus trabajadores. En 1975, se estimó que el valor total de toda la pornografía hardcore en los Estados Unidos se encontraba entre 5 y 10 millones de dólares.11 La revisión del código penal federal de 1979 afirmó que "sólo en Los Ángeles, el negocio del porno produce 100 millones de dólares brutos anuales de beneficios". De acuerdo con la Comisión del Fiscal General en Pornografía de 1986, la industria de ocio adulto norteamericana ha crecido considerablemente durante los últimos treinta años a través de un proceso de continuo cambio y expansión hacia nuevos mercados, aunque la producción se considere de bajo-coste y clandestina.12
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Barba y Montes, La ceremonia del porno, pp. 133-134.

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La historia de la sexualidad 1…pág. 61-62 Martin Amis (17-03-2001). «A rough trade». guardian.co.uk. 12 Louis Fisher. American Constitutional Law. 1995.

Las cifras recientes de Forrester Research (1998-2008) sobre los ingresos del entretenimiento para adultos se calculan a menudo sobre los 10 ó 13 mil millones de dólares, de los cuales 4 ó 6 mil millones serían legales.13 En 2007, la publicación The Observer también acreditó una cifra de 13 mil millones.14 Otras fuentes, citadas por Forbes (Adams Media Research, Veronis Suhler Communications Industry Report y IVD), e incluyendo todo tipo de posibles productos (emisoras de vídeo, payper-view en cable y satélite, sitios web, películas en hoteles, sexo telefónico, juguetes sexuales y revistas) mencionan cifras sobre los 2.600 y 3.900 millones de dólares (sin contar telefonía móvil). USA Today afirmó en 2004 que sitios web como Danni's Hard Drive y Cybererotica.com generaron ese mismo año unos ingresos de 2.000 millones de dólares, alrededor del 10% de todo el mercado pornográfico doméstico del momento.15 Según los datos de Forbes en 2001, los ingresos anuales se desagregan en Vídeos pornográficos, entre 500 y 1.800 millones de dólares, Internet, 1.000 millones de dólares, Revistas, 1.000 millones de dólares, Pay-per-view, 128 millones de dólares, Telefonía, 30 millones de dólares.16 Un reportaje de CBS News en noviembre de 2003 desveló que el 50% de los clientes de las cadenas de hoteles Hilton, Marriott, Hyatt, Sheraton y Holiday Inn compraron películas pornográficas, llegando al 70% de beneficios en servicio de habitaciones. Los ingresos por telefonía son bajos comparados con otros países. El mayor estudio de producción de cine para adultos del mundo, Vivid Entertainment, genera unos ingresos de 100 millones de dólares anuales, distribuyendo unas 60 películas anuales y vendiéndolas en establecimientos, habitaciones de hotel, redes de cable e Internet.17 El estudio Private Media Group, localizado en España, se encuentra listado en el NASDAQ. Los vídeos de alquiler pasaron de algo menos de 80 millones en 1985 a 500 millones en 1993, lo cual abarató la producción y requirió menos manos de obra técnica. 18 El análisis de Reich prometía entonces una ‘liberación’ a futuro, sobre la base de la transformación de las relaciones productivas, con la promesa de una cierta felicidad en el sujeto. Pero sin embargo en relación a las sexualidades periféricas, se observarán profundos cambios y mutaciones sin que se hayan verificado los cambios predichos en las relaciones de producción. A mayor desarrollo y expansión del capitalismo, hay menos libertad individual por ejemplo para escapar de la propiedad privada y el consumo, siendo la pornografía un ejemplo mas de estas gratificaciones virtuales que alienan la corporeidad y sensibilidad del individuo. La racionalidad instrumental volvió al hombre en un engranaje ya virtual, que se acopla discursivamente y sexualmente a otras subjetividades, de forma cada vez mas mercantilizada y mediada por el capital. Es así que se entiende el puritarismo etico-moral-religioso del ascetismo norteamericano moderno en contraposición al éxito y promoción de la industria pornográfica, ubicando a este país en el número uno del ranking mundial de producción y consumo de estas mercancías sexuales. Volviendo a Foucault, no se trata tanto de encontrar una racionalidad nueva en ese juego entre verdad y sexo, como de hacer, construir, ubicar, delimitar la historia y lugares históricos en la empresa de decir la verdad del sexo. En el siglo XIX recibió una apariencia científica, pero contaba con bases muy anteriores, desde la progresiva institución de la confesión a partir de la reglamentación del sacramento de penitencia en el Concilio de Letrán, en 1215. Al mismo tiempo señala el papel central que la confesión tenía en el orden de los poderes civiles y religiosos. Foucault intenta desentrañar la estructura del poder en la sexualidad, no como representación de la misma, sino como un mecanismo, como un dispositivo que supone un conjunto de relaciones sociales.

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Dan Ackman, "How Big Is Porn?", Forbes.com, 25 May 2001. Edward Helmore, "Home porn gives industry the blues", guardian.co.uk, 16 Dic 2007. 15 Jon Swartz, "Online porn often leads high-tech way", USATODAY.com, 9 Mar 2004. 16 Gary Strauss, "Cellphone technology rings in pornography in USA", USATODAY.com, 12 Dec 2005. 17 Forbes.com The Porn King 18 Money.CNN.com Prime-Time Porn Borrowing tactics from the old Hollywood studios...

La confesión fue, y sigue siendo hoy, la matriz general o ritual que rige la producción del discurso verídico sobre el sexo, el cual ha sufrido una serie de transformaciones, primero estuvo ligado a la práctica de la penitencia, luego se abrió a nuevas maneras de plantear los dominios del sexo: imágenes, deseos, calidad del placer, etc. La articulación de la verdad sufre una mutación al pasar del viejo modelo jurídico-religioso al científico. La sexualidad occidental será principalmente producto de la construcción y reconstrucción de tal dispositivo. Son los discursos y no sus representaciones, los que determinan sus caracteres fundamentales y los que son objeto de la historia de la sexualidad. El poder no opuso al sexo sólo un rechazo sino que produjo sobre él discursos verdaderos. Hay una producción de una verdad sexual implantada en el cuerpo, operación que no es el efecto de la represión sino de la instrumentación de una voluntad de saber que conlleva estrategias de poder. Se supone que allí radica la clave universal sobre quiénes somos. Tal sujeción instituye un espejismo de liberación. Ya no es cuestión de disciplinar el deseo por medio de la ley, sino de plantearla como constitutiva de su estructura. Foucault aborda las representaciones del poder a partir de la relación de la monarquía con la ley, el derecho del soberano sobre sus subditos, incluso sobre la vida y la muerte, y analiza tales representaciones en el preciso punto en el que esta relación sustituyó al orden feudal y se hizo cargo de regular los lazos sociales, instaurando nuevos procedimientos de poder que no funcionan ya por referencia exclusiva al derecho sino por medio de las técnicas, la normalización, el disciplinamiento y el control. Se trata de pensar el sexo sin la ley y a la vez, el poder sin el rey. El modelo jurídico queda como apariencia, como cobertura, pero en verdad corresponde a una etapa anterior. La posibilidad del Estado reposa en la integración institucional de tales relaciones de poder. Foucault asocia la sexualidad a la cuestión del poder y lo político, proponiendo una generación de una sexualidad fuera de la ley. El poder se ejerce a partir de innumerables puntos, y en el juego de relaciones móviles y no igualitarias; las relaciones de poder no están en posición de exterioridad respecto de otros tipos de relaciones (procesos económicos, relaciones de conocimiento, relaciones sexuales), sino que son inmanentes, no se hallan en posición de superestructura, con un simple papel de prohibición; desempeñan, allí en donde actúan, un papel directamente productor. El poder viene de abajo. Existe por último una nueva transformación histórica, una nueva tecnología. La construcción y el despliegue del dispositivo de sexualidad supuso un modo de invasión del cuerpo, que elige como línea de penetración el orden biológico. El sexo-poder deja entonces su lugar al biopoder. Concretamente, ese poder sobre la vida se desarrolló desde el siglo XVII en dos formas principales interrelacionadas entre sí: el cuerpo como máquina, su educación, su docilidad, el aumento de sus aptitudes, fuerzas, el crecimiento de su utilidad y eficiencia económica. El segundo, formado algo más tarde, hacia mediados del siglo XVIII, fue centrado en el cuerpoespecie, en el cuerpo que sirve de soporte a los procesos biológicos: la proliferación, los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duración de la vida, la higiene y la longevidad, mediante una serie de intervenciones y controles reguladores: una biopolítica de la población. De ahí que en el siglo XIX, la sexualidad se constituyera en objeto y blanco de los controles más detallados y fuera minuciosamente analizada y perseguida en todos los ámbitos de la vida humana por los mecanismos de este bio-poder que, entre otras cosas, contribuye a la formación del racismo en su forma moderna, biologizante. La virtualización del cuerpo y el consumo de pornografía es un ejemplo de tal bio-poder, en su version mercantilista, que fetichiza la sensibilidad corpórea. En este punto, Foucault señala que el psicoanálisis, en su oposición a la teoría de la degeneración y al racismo, introduce una retroversión histórica al reinscribir la temática de la sexualidad en el sistema de la ley de la alianza, lo que implica ubicarla bajo un orden soberano, pero en el polo opuesto al orden de la sangre y la herencia, que es el orden bajo el cual la sexualidad ha sido ubicada por el racismo desde la segunda mitad del siglo XIX. El modo de intervención del poder, los campos, las técnicas de invasión, son diferentes. Los modos de manipulación también, no se trata ya de la palabra ni su centro en la confesión. Al contrario, parte de una exclusión de la dimensión del sujeto en su referencia a la palabra. La nueva tecnología privilegia el costado genético del orden sexual; sobre ello y a partir de ello, opera en el desarrollo del capitalismo; este no pudo afirmarse sino al precio de la inserción controlada de los cuerpos en el aparato de producción y mediante un ajuste de los fenómenos de población a los procesos económicos. A principios de siglo fomentando la natalidad, y en la actualidad restringiéndola, según sea la etapa o ciclo de crecimiento económico y sus

requisitos históricos. En alguna época prohibiendo a la pornografía, en otras promoviendo su consumo y producción. El sexo es, a un tiempo, acceso a la vida del cuerpo y a la vida de la especie. Es utilizado como matriz de las disciplinas y principio de las regulaciones. Por ello, en el siglo XIX, la sexualidad es perseguida hasta en el más ínfimo detalle de las existencias; es acorralada en las conductas, perseguida en los sueños; se la persigue hasta los primeros años de la infancia; pasa a ser la cifra de la individualidad. Pero también se convierte en operaciones políticas, en intervenciones económicas mediante incitaciones o frenos a la procreación, de campañas ideológicas de responsabilización. Esta tecnología del sexo escalona toda una serie de tácticas diversas que combinan el objetivo de las disciplinas del cuerpo y el de la regulación de las poblaciones, hasta en lo sublime, ya que cuando Occidente, hace ya mucho, descubrió el amor, le acordó suficiente precio como para tornar aceptable la muerte; hoy, el sexo pretende esa equivalencia, la más elevada de todas, ejerciendo sobre todos bastante fascinación como para que aceptemos allí el precio de la muerte, y en caso de no aspirar a tales necesidades, consumirla en forma de pornografía por ejemplo. Al crear ese elemento imaginario que es "el sexo", el dispositivo de sexualidad permitió acceder al principio esencial de su funcionamiento: el deseo del sexo, deseo de tenerlo, deseo de acceder a él, de descubrirlo, de liberarlo, de articularlo como discurso, de formularlo como verdad. Ironía del dispositivo: nos hace creer que en ello reside nuestra "liberación" y nos lo vende como gratificación y entretenimiento. Foucault afirma que la confesión cristiana se caracteriza por tener efectos fundamentalmente sobre quien se confiesa, en el sentido de la pretensión de redimirlo, tornarlo inocente, prometerle la salvación o la liberación. La historia del dispositivo de sexualidad puede valer como una arqueología del psicoanálisis, siendo lícito rastrear también los efectos que la confesión tiene sobre quien recibe la misma, es decir sobre el confesor o el psicoanalista. La confesión, o la sesión de psicoanálisis, en su caso, tendría el valor de un ritual que se despliega en una relación de poder. Justamente a partir del momento en que la cuestión del sexo se torna medicalizable, que se impone un examen corporal, es donde Foucault ubica que no sólo el control se vuelve más eficaz sino que también se constituye una “sensualización del poder y beneficio del placer”.19 Es el psicoanálisis el que se propone en un principio, recorrer la sexualidad por fuera de la familia. El placer que es llamado a confesarse, es singularizado, fijado y animado por el poder que se encarga de sacarlo a la luz. De este modo se producen dos efectos simultáneos: “el placer irradia sobre el poder que lo persigue; el poder ancla el placer que acaba de desembozar”.20 Pero resultó ser que en el corazón mismo de esa sexualidad, volvió a encontrar la ley de la alianza, el incesto, aunque esta vez las relaciones se invierten: si en un principio la ley de la alianza codificaba esa sexualidad en plena constitución, “con el psicoanálisis, la sexualidad da cuerpo y vida a las reglas de la alianza saturándolas de deseo”. Es posible ubicar en este punto lo que Foucault llama la retroversión histórica del psicoanálisis, ya que encuentra al antiguo orden de poder bajo la forma de la Ley de la alianza, operando en el núcleo del dispositivo de la sexualidad.21 Así las prácticas de confesión-examen funcionan como mecanismos de doble impulso: placer y poder. El placer se deriva de una fuente doble: el placer de ejercer un poder indagador, vigilante, acechante y a la vez el placer que se extrae del juego de intentar escapar a ese poder. Habría entre ambos un reforzamiento recíproco: el poder que se complace en acechar al placer y que finalmente queda capturado por éste y el placer que deriva su poder de la posibilidad de exhibirse, resistir y escandalizar. Ahora bien, el carácter patológico o anormal en el campo de la sexualidad según Freud, implica una relación directa entre el carácter represivo de la cultura y las enfermedades nerviosas. Para Foucault en cambio lo patológico de la sexualidad no sería consecuencia directa de una represión extrema del poder sobre el sujeto, no es unicamente el poder que restringe sino que “La implantación de las perversiones es un efecto instrumento: merced al aislamiento, la intensificación y la consolidación de las sexualidades periféricas, las relaciones del poder con el sexo y el placer se ramifican, se multiplican, miden el cuerpo y penetran en las conductas…
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Poder y placer no se anulan; no se vuelven el uno contra el otro; se persiguen, se encabalgan y reactivan. Se encadenan según mecanismos complejos y positivos de excitación y de incitación”.22 En esta clave se puede comprender por ejemplo como la Industria de la Pornografía desplazó en volumen de negocios y de rentabilidad, a la Industria del Cine en Hollywood, ese es la magnitud del efecto tiene el placer y el poder reactivandose aceleradamente, de forma global, reprobando la pornografía al mismo tiempo que incita a su consumo, acumulándose poder y placer, concentrándose cada vez más en ciertas gratificaciones sexuales, en el marco de un período como el actual, de un capitalismo salvaje que excluye sensibilidades mientras deshumaniza, como podrían argumentar algunos exponentes de la escuela de Frankfurt.

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Michel Foucault: Historia de la sexualidad, Tomo I: La voluntad del saber, México, 25ª ed., México, Siglo XXI, 1998, p. 63

OTRAS FUENTES BIBLIOGRAFICAS CONSULTADAS: ERIBON, Didier: Michel Foucault y sus contemporáneos. FOUCAULT, Michel: Microfísica del poder. FOUCAULT, Michel: Tecnologías del yo y otros textos afines. FOUCAULT, Michel: Vigilar y Castigar. GROSRICHARD, Alain: “El juego de Michel Foucault”. MILLER, J.A.: “Michel Foucault y el psicoanálisis”. MOREY, Miguel: Lectura de Foucault. ORTIZ, Adrián: Psicoanálisis, Foucault ¿relación?. VEZZETTI, Hugo: “Michel Foucault: apuntes para una arqueología de la psicología”. FREUD, Sigmund: “El sepultamiento del complejo de Edipo”. FREUD, Sigmund: “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos” FREUD, Sigmund: “El malestar en la Cultura” MACEY, David: Las vidas de Michel Foucault. Apuntes varios del Semanario de Psicología http://www.elseminario.com.ar/