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La Cena del Señor Parte 3 en la Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C) Autor: Paulo Arieu En la didache, se recogen algunas plegarias de carácter plenamente eucarístico, en las que se describen usos y formas litúrgicas ya vigentes. «Respecto a la acción de gracias (eucaristía), daréis las gracias de esta manera. «Primeramente, sobre el cáliz: Te damos gracias, Padre santo, por la santa viña de David, tu siervo, la que nos has revelado por Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos. «Luego, sobre el trozo de pan: Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y la ciencia que nos revelaste por medio de Jesús, tu siervo. A ti la honra por los siglos. «Como este pan partido estaba antes disperso por los montes y, recogido, se ha hecho uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo en los siglos. «Pero que nadie coma ni beba de vuestra eucaristía sin estar bautizado en el nombre del Señor, pues de esto dijo el Señor: "No deis lo santo a los perros" [Mt 7,6]. «Y después de que os hayáis saciado, dad así las gracias: «Te damos gracias, Padre santo, por tu santo Nombre, que hiciste que habitara en nuestros corazones; y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad que nos manifestaste por Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos. «Tú, Señor omnipotente, creaste todas las cosas por tu Nombre, y diste a los hombres comida y bebida para su disfrute. Mas a nosotros nos hiciste gracia de comida y bebida espiritual y de vida eterna por tu Siervo. Ante todo, te damos gracias porque eres poderoso. A ti la gloria por los siglos. «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, para librarla de todo mal y para perfeccionarla en tu caridad. Y reúnela de los cuatro vientos, ya santificada, en tu reino, que le tienes preparado. Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos. «Venga la gracia y pase este mundo. Hosanna al Dios de David. El que sea santo que se acerque. El que no lo sea, que haga penitencia. Marán athá. Amén. «A los profetas permitidles que den gracias cuantas quieran (Did. 9-10). «Reunidos cada día del Señor, partid el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que vuestro sacrificio sea puro. Todo aquel, sin embargo, que tenga contienda con su compañero, no se reuna con vosotros hasta tanto no se hayan reconciliado, a fin de que no se profane vuestro sacrificio. Pues éste es el

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sacrificio del que dijo el Señor: "En todo lugar y en todo tiempo se me ha de ofrecer un sacrificio puro, dice el Señor, porque soy yo Rey grande, y mi nombre es admirable entre las naciones" [+Mal 1,11-14]» (Díd. 14). [-1] Acerca de las escrituras Los primeros creyentes, al ser todos judíos, entendían que Jesús era el cumplimiento, que él era el Mesías anunciado en el AT. Ellos aceptaban las Escrituras judías como suyas, dándoles una interpretación decididamente mesiánica. Las Escrituras que Pablo le recomienda a Timoteo que le pueden hacer sabio para la salvación (2 Tim. 3:15) son el texto inspirado del pueblo judío. Los escritores del NT hacen un uso extenso del texto judío. El AT forma el marco y trasfondo teológico para el NT y se hacen muchas citas directas, mayormente de la versión griega la Septuaginta (LXX). También se encuentra toda una serie de alusiones al texto y a la enseñanza del AT. Sus interpretaciones reflejan un gran respeto del texto y es claro que lo aceptan como palabra de Dios. La novedad que trae la iglesia primitiva a la interpretación del texto es el enfoque cristológico. Usan el AT para probar, primeramente a los judíos, que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Las Escrituras judías se han cumplido en la persona y obra de Cristo. Los Padres de la iglesia Al extenderse más allá de sus raíces judías, la iglesia comenzó a confrontar varios dilemas relacionados con el mensaje del AT. Por un lado tuvo que comenzar a explicar el lugar, en el mensaje cristiano, de aquellas partes del AT que no cuadraban con la revelación completa del evangelio en Cristo Jesús (p. ej., las guerras destructivas, la venganza, la poligamia, el exclusivismo judío, etc.). Por otro lado, la obra misionera comenzó a trabajar entre personas que no conocían el judaísmo y que no aceptarían automáticamente que la Biblia judía fuera palabra de Dios. La iglesia ya no podía usar el AT como comprobante, sino que tenía que justificar su uso ante un mundo incrédulo. Alrededor del año 150 Marción, hijo de un obispo, llegó a la conclusión de que el Dios vengativo del AT no podía ser el mismo Padre amoroso del NT. Según Marción el AT era un libro inferior que no tenía mensaje para la iglesia de Cristo Jesús. Para él solo el Evangelio de Lucas y las epístolas de Pablo reflejaban el verdadero mensaje cristiano. El ataque de Marción obligó a la iglesia a considerar los límites y la autoridad del AT. Se rechazó su solución y se afirmó claramente que la fe cristiana no era algo nuevo, sino que Dios había preparado el camino para el advenimiento de Cristo. Se afirmó que el AT daba testimonio de esta preparación. Por eso, al irse definiendo el canon bíblico, el AT fue una parte íntegra con los Evangelios, los Hechos y las epístolas del canon aceptado por la iglesia, y más conocido como Biblia. La obra misionera creó la necesidad de explicar el evangelio en relación a las religiones y filosofías de la época. Algunas influenciaron a los teólogos que confrontaron este nuevo horizonte. Los teólogos de la escuela de Alejandría siguieron el camino de los estoicos y del filósofo judío Filón, al utilizar el método alegórico para interpretar las Escrituras.

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Clemente y su discípulo Orígenes, teólogos alejandrinos, encontraron una manera de evitar las porciones difíciles del AT al enseñar que la Biblia tenía tres niveles de interpretación: literal, moral y alegórico. Llegaron, según lo expresa Luis Berkhof en su libro Principios de interpretación bíblica, a la conclusión de que “el significado del Espíritu Santo es siempre claro, simple y digno de Dios. Todo lo que parece oscuro, inmoral, o intrascendente en la Biblia, sirve simplemente como incentivo para hacerlo trascendente”, o sea para interpretarlo alegóricamente. El problema con esta solución es que las interpretaciones alegóricas que se daban de los pasajes difíciles del AT muchas veces se parecían más a la filosofía griega que a la fe del NT. La escuela de Antioquía, representada por sus más ilustres discípulos, Teodoro de Mopsuestia y Juan Crisóstomo, repudió cualquier interpretación alegórica. Para ellos el sentido literal (obvio) de la Biblia era clave. Por eso defendieron el método gramático-histórico de interpretar el texto bíblico. La interpretación alegórica fue aceptada por la mayoría de los teólogos cristianos de la época, aunque dentro de ciertas restricciones. Jerónimo enseñó que cualquier interpretación alegórica debía basarse en el sentido literal, y Agustín adoptó un sistema cuádruple de interpretación bíblica: la histórica, etimológica, analógica y alegórica. Este sistema de interpretación “solucionó” el problema de los pasajes difíciles y se utilizó a través de la Edad Media al aplicar el mensaje del AT para la iglesia. La Didache, La Didache, es considerado uno de los más antiguos escritos cristianos nocanónicos, considerado incluso por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del 160 d.C. Es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva. La Didaché, fue escrita entre el 65 y 80 d.C. y los primeros padres de la iglesia la tuvieron en alta estima. Recuerde que por varios siglos los cristianos no contaban con el Nuevo Testamento puesto que éste no se formó sino hasta el Concilio de Cartago en el año 397. Se considera que la Didaché o Enseñanza de los Doce Apóstoles es un escrito que pertenece a las primeras producciones literarias cristianas que se dieron. El tiempo la ha respetado y se ha conservado hasta nuestros días. [0]

Facsímil de las primeras líneas de la Didaché. La Didaché o Didajé (en griego Διδαχὴ, que se traduce por “enseñanza” o “doctrina”), forma corta de "La enseñanza del Señor por medio de los doce apóstoles a los gentiles" (Διδαχὴ κυρίου διὰ τῶν δώδεκα ἀποστόλων τοῖς ἔθνεσιν),

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es también conocida como Doctrina de los doce apóstoles aunque, paradójicamente, no se hace referencia a ellos en ningún lugar del texto. Es uno de los primeros tratados breves (fue escrito entre el 70 y el 160 DC), con instrucciones para las comunidades cristianas y constituye un manual para la conversión de paganos y para la instrucción de los conversos. La Didaké fue considerada por algunos Padres de la Iglesia como parte del Nuevo Testamento pero fue rechazado tajantemente por otros por lo que no es aceptado como canónico, con la excepción del "canon amplio" de la Iglesia Ortodoxa Etíope. [cita requerida] La Iglesia Católica Romana, reconociendo su ortodoxia, la ha aceptado como parte de la colección de escritos de los Padres Apostólicos. Es el único texto cristiano redescubierto durante los últimos ciento cincuenta años, que ha recibido una amplia aceptación tanto entre católicos como ortodoxos. [1] También conocido como “Doctrina de los doce Apóstoles” o “Los dos caminos”, La “Didaché” es un libro compendio de enseñanzas de los Apóstoles, que tuvo una gran difusión y preeminencia entre los cristianos del primer siglo y siguientes. Fue escrito en el mismo S. I DC., y muchos de los primeros padres lo mencionan y citan: Orígenes, Clemente de Alejandría, Eusebio, Atanasio, también es citado en la “Epístola del Pseudo-Bernabé”, así como en “Doctrina Apostolorum”. La Enciclopedia Católica, hablando del Canon del Antiguo Testamento en siglos Cuarto y Quinto, dice y cito textual: “(…)San Atanasio, el vigilante pastor de ese rebaño, queriendo proteger a éste de influencias perniciosas, elaboró un catálogo de libros señalando en él los valores que se le habían de dar a cada uno. Primero, el canon estricto y fuente autorizada de verdad es el Antiguo Testamento judío, excluido el libro de Ester. Hay, además, ciertos libros a los que los Padres señalaron como fuente de edificación e instrucción para los catecúmenos. Ellos son: la Sabiduría de Salomón, la Sabiduría de Sirac (Eclesiástico), Ester, Judit, Tobías, el Didaché o Doctrina de los Apóstoles y el Pastor de Hermas. Todos los demás son apócrifos e invenciones de los herejes (Epístola Festal, para 367).Enciclopedia Católica [2] La Didaché es importante, porque nos da una visión de cómo se comportaban los primeros cristianos, cuales eran las enseñanzas originales de los apóstoles, y trae indicaciones precisas sobre: eucaristía, bautismo, ayuno, oración, disciplina, organización, así como sobre los profetas y predicadores itinerantes, sus normas, y las formas de reconocer a los falsos profetas. [3] La Didaché es muy tajante al afirmar que no todos pueden participar en la Cena del Señor, ya que no se puede “dar lo santo a los perros”. Antes de participar exige confesar los pecados para que el sacrificio sea puro. En el fragmento: "Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y conocimiento que nos manifestaste por medio de Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos.

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Como este fragmento estaba disperso sobre los montes, y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo eternamente." Que nadie, empero, coma ni beba de vuestra acción de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor, pues acerca de ello dijo el Señor: "No deis lo santo a los perros" (9,1-5: BAC 65,86)

Se ha propuesto más de una vez la hipótesis de que estas preces no son específicamente eucarísticas, sino simplemente oraciones o bendiciones de mesa, pero no se puede sostener. La parte referente a la Eucaristía está íntimamente unida a la del bautismo, señal de que estos dos sacramentos están también asociados, a no dudarlo, en la mente del autor. Además, los no bautizados están expresamente excluidos de la recepción de la Eucaristía. [4] Según dicen los católicos, “es un testimonio claro también de que la Iglesia primitiva ya reconocía en la Eucaristía el sacrificio sin mancha y perfecto presentado al Padre en Malaquías 1:11” [5]

“Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot” (Mal. 1:11)

Nos damos cuenta de que Malaquías es un libro donde el mensajero de Dios trae un mensaje sumamente importante para una comunidad en crisis, y refleja, sin duda, muchas de las experiencias cotidianas que debieron de haber vivido las familias que poblaron Jerusalén después del regreso del exilio (entre los años 522 y 460 a. de J.C.). El historiador bíblico John Bright describe el cuadro de manera brillante: “Los recién llegados tuvieron que enfrentarse con años de opresión, privación e inseguridad, tarea siempre llena de azarosas dificultades en sí misma. Fueron perseguidos por una serie de estaciones pobres y faltas parciales de cosecha (Hag. 1.9-11; 2.15-17), que dejó a muchos de ellos desamparados, sin alimentos ni vestido adecuado (1:6). Sus vecinos, especialmente la aristocracia de Samaria, que había considerado a Judá como parte de su territorio, habían sentido que se pusiera un límite a sus prerrogativas, y eran abiertamente hostiles… De hecho la nueva comunidad no era, en modo alguno, el Israel reavivado y purificado del ideal profético.

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Había tensiones económicas, posible secuela de la inevitable lucha por el suelo de una repatriación tan masiva, agravada acaso cuando las malas estaciones llevaron a la bancarrota a los menos afortunados”. (Historia de Israel, pp. 435 y 438). El resultado de esta situación produjo desmoralización y laxitud religiosa y moral. Una lectura rápida al libro de Malaquías provee un cuadro bastante desgarrador. El mismo doctor Bright lo resume así: “Los sacerdotes, aburridos de sus deberes, no veían nada malo en ofrecer a Yahvé animales enfermos o lisiados (Mal. 1:6–14), y su parcialidad en interpretar la ley había degradado su oficio a los ojos del pueblo (Mal. 2:1–9). Se descuidaba el sábado y se permitían los negocios en él (Neh. 13:15–22). El incumplimiento de los diezmos (Mal. 3:7–10) obligó a los levitas a abandonar sus deberes para poder vivir (Neh. 13:10 ss.). Además había echado raíces el sentimiento de que no había ninguna ventaja en ser fiel a la ley (Mal. 2:17; 3:13– 15)… El divorcio prevaleció hasta hacerse un escándalo público (Mal.2:13–16). No molestados por ningún principio, los hombres engañaban a sus empleados en lo tocante a jornales y se aprovechaban de sus hermanos más débiles (Mal. 3:5). Al pobre que hipotecaba sus campos en tiempos de escasez, o para pagar los tributos, se le embargaban los bienes y, juntamente con sus hijos, era reducido a esclavitud (Neh. 5:1–5). Lo que era más grave a largo plazo, las líneas que separaban a los judíos de su medio pagano, comenzaban a resquebrajarse. Los matrimonios mixtos con paganos fueron, según parece, cosa normal (Mal. 2:11 ss.)”. (Historia de Israel, pp. 451, 452). ESTRUCTURA DEL LIBRO El libro de Malaquías refleja un estilo literario especial. Está compuesto de una serie de “disputas proféticas”. El profeta, en nombre de Dios, lanza una pregunta y sus interlocutores la responden, provocando así una contra respuesta. Los acusados en este libro son: los sacerdotes, el pueblo en general y la elite socioeconómica y política. Las disputas proféticas tienen una estructura común:

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a. el profeta hace una declaración; b. los sacerdotes o el pueblo hacen una objeción; y c. el profeta responde dando una evidencia de la afirmación original. A ésta última se acompaña una acusación y una amenaza de castigo.

AUTOR Y FECHA DE REDACCIÓN No se sabe nada del autor de este libro. Muchos biblistas dudan que se haya llamado “Malaquías”.

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La mayoría cree que Malaquías es un nombre agregado tiempo después para darle título a este libro. Si fuera así, el libro sería anónimo, situación muy rara entre los libros proféticos. El nombre quiere decir “mi mensajero” y fue tomado probablemente de la expresión que se encuentra en 3:1: “He aquí yo envío a mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí”. El profeta Malaquías pertenece a la época histórica conocida como posexilio y que se describe en el mensaje de los libros proféticos de Hageo, Zacarías y los capítulos 56–66 de Isaías, como también en la historia que se encuentra en los libros de Esdras [página 373] y Nehemías. Aunque es muy difícil establecer con exactitud el período del ministerio de Malaquías y de la redacción del libro, la mayoría de los biblistas lo colocan en los años que van del tiempo cuando se terminó de edificar el segundo templo (515 a. de J.C.), hasta poco antes de las reformas de Esdras y Nehemías (aprox. 465 a. de J.C.); más concretamente se le coloca entre los años 465 a 460 a. de J.C. Algunos eruditos le hacen a Malaquías un contemporáneo de Nehemías. Si aceptamos la fecha aproximada de 460 a. de J.C., Malaquías se convierte en una fuente histórica importante; porque sería el único documento de la época que nos describe la vida de la comunidad judía después del ministerio de Hageo y Zacarías y antes de las reformas de Esdras y Nehemías. EL MENSAJE DEL LIBRO El profeta proclama su mensaje a una comunidad frustrada y desesperanzada. Las expectaciones levantadas por los profetas Hageo y Zacarías no se habían cumplido. El futuro se veía muy nebuloso, y el presente era terrible. Todo esto se había traducido en abulia e indiferencia. Y el culto era, según el profeta, el mejor lugar donde evaluar la calidad de vida de la comunidad judía en esos años. Malaquías bien hubiese parafraseado el conocido refrán así: “Dime qué clase de culto celebras y yo te diré quién eres”. La comunidad judía de esa época creyó que la manera de cubrir su miseria y de olvidarse de ella era a través de la indiferencia y burla barata a las cosas de Dios. Todo se hacía con mediocridad y descuido. Imperaba la corrupción desde el sacerdocio hasta el último miembro de la comunidad. El mensaje del libro está arraigado en la enseñanza del Pentateuco, en la “instrucción del Señor” (torah Yahvé); más específicamente, en el libro de Deuteronomio. Además de asuntos de estilo (ver Mal. 2:2, 3 y 3:7), varios temas clave de Malaquías muestran su cercanía a la teología del Deuteronomio.

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El tema con el que abre el libro de Malaquías (1:2), el amor de Dios, se encuentra en varios textos del Deuteronomio (p. ej., Deut. 7:7, 8; 23:5). La relación entre padre e hijo de Malaquías 1:6; 2:10; 3:17 se encuentra en Deuteronomio 1:31; 32:5, 6. El tema del nombre de Dios, de Malaquías 1:6, 11, 14; 2:2, 5; 3:16; 4:1, se encuentra en varias partes del Deuteronomio (p. ej., 12:5, 21; 14:24; 26:2).

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El reconocimiento de la unicidad de Dios y el llamado a una fidelidad absoluta a él (Mal. 2:15) se basan especialmente en Deuteronomio 6:4, 5. El tema de las ofrendas de sacrificio (Mal. 1:8, 13, 14) se encuentra en Deuteronomio 15:21 y 17:1. El asunto sobre los diezmos (Mal. 3:7–10) se encuentra en Deuteronomio 18:1–8. El tema del pecado de abominación (burla, sacrilegio; ver Mal. 2:11) se encuentra en Deuteronomio 14:3; 17:1, 4 y 23:17, 18. Además, la enseñanza contra la idolatría (Mal. 2:11) y la injusticia (Mal. 3:5) son centrales en la enseñanza del Deuteronomio (p. ej., Deut. 10:12– 22).

El argumento general del libro de Malaquías se resume en tres temas centrales:

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a. Una denuncia de la maldad del pueblo y de sus líderes; b. una vindicación del carácter moral de Dios y de su amor; y c. un mensaje de esperanza al remanente fiel y piadoso.

La posición de Malaquías al final de los libros proféticos es significativa. Por un lado, Malaquías viene a ser una especie de resumen de lo que sus predecesores proclamaron: el llamado al arrepentimiento; la enseñanza de una vida moral de acuerdo a la voluntad de Dios; el significado e importancia del culto y [página 374] los ritos; la celebración apropiada de los sacrificios y las ceremonias; la resistencia a una actitud escéptica hacia Dios y su manera de actuar con su pueblo; las ideas apocalípticas; la esperanza mesiánica. Por otro lado, viene a ser una puerta hacia el mensaje del NT. Malaquías termina anunciando la llegada del precursor del Mesías (4:5, 6). Así el AT y el NT se conectan para hablar de la unidad del mensaje redentor de Dios (Mat. 17:10–13; 11:7–19). Malaquías muestra también la unión de su mensaje con el del NT al afirmar que los gentiles (los no judíos) honran el nombre de Dios y están más dispuestos que los mismos judíos a vivir la verdadera religión (Mal. 2:11–14). [6] La Iglesia Católica Romana dice que Malaquías profetizó que un día todas las naciones ofrecerían sacrificios. La Biblia católica dice:

Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia.... —Malaquías 1:11 La Iglesia Católica Romana enseña que la Eucaristía es el cumplimiento de la profecía de Malaquías [1350, 2643]. La misa ... es ciertamente aquella oblación pura, que no puede mancharse por indignidad o malicia alguna de los oferentes, que el Señor predijo por Malaquías había de ofrecerse en todo lugar, pura, a su nombre, que había de ser grande entre las naciones. —Concilio de Trento34 Tanto la traducción como la interpretación catolicorromana de Malaquías 1:11 son cuestionables. El versículo no usa la palabra hebrea común para sacrificio. En realidad,

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la palabra hebrea traducida «sacrificio» en la Biblia católica aparece sólo en Malaquías 1:11 en todas las Escrituras. Al igual que muchas palabras raras, su traducción es incierta. Se sabe que la palabra se deriva de una raíz que significa «hacer que se levante en humo».35 Los traductores de sobresalientes Biblias no católicas entienden que la palabra se refiere a incienso: «...y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso...» (Mal. 1:11). La Septuaginta, una antigua traducción al griego de las Escrituras hebreas, también traduce la palabra como «incienso». Además, la «ofrenda limpia» a que se refiere Malaquías no es necesariamente un sacrificio por el pecado. En otras partes del Antiguo Testamento, la palabra traducida «ofrenda» se refiere a una ofrenda de cera un acto voluntario de gratitud, no un sacrificio que expía el pecado (I 6:14-23). Finalmente, Malaquías habla de un tiempo cuando «el nombre [del Señor será] ... grande entre las naciones» (Mal. 1:11). Ciertamente, ese no es el caso en la actualidad. Hoy en día, el nombre de Cristo es objeto del escarnio y el ridículo. El contexto de la profecía* Malaquías establece claramente que se está refiriendo a sucesos todavía futuros que acontecerán después de la Segunda Venida de Cristo, en la próxima dispensación Dicho sea de paso, la descripción anterior de la Iglesia Católica respecto a la misa como «oblación pura que no puede mancharse por indignidad o malicia alguna de los oferentes»36 expresa otra de sus creencias erróneas. La Iglesia Católica enseña que el sacrificio de la misa es sagrado y aceptable a Dios sin tener en cuenta la condición espiritual del sacerdote que la ofrece [1128].37 En otras palabras, si un sacerdote ordenado adecuadamente ofrece la misa, el sacrificio es santo al Señor aun si el sacerdote que la ofrece está personalmente practicando el más vil de los pecados. La Biblia, por otra parte, enseña que:

«el sacrificio de los impíos es abominación a Jehová...» (Pr. 15:8). [7]

Didaché C.9s (KLAUSER, 23ss; Ruiz Bueno, 86ss) Pero que nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía sin estar bautizado en el nombre de Jesús; pues de esto dijo el Señor: “no deis lo santo a los perros”.[8] Didaché C.14 (KLAUSER, 28s; Ruiz Bueno, 91) En los domingos del Señor, reuníos y partid el pan, y haced gracias, confesando antes vuestros pecados, para que vuestro sacrificio sea puro. El que tenga algún disgusto con su amigo, no asista a vuestra reunión hasta haberse reconciliado, a fin de que no se contamine vuestro sacrificio. Pues esto es lo que dijo el Señor: “en todo lugar ofrézcanseme sacrificio limpio, porque soy yo Rey grande, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones.” [9]

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Estas dos ultimas reflexiones de la didache si están respaldadas por las escrituras. Que sentido tiene participar del recordatorio de la muerte de Cristo para alguien que no ha sido bautizado? Recordemos que el nuevo nacimiento introduce al nuevo creyente en la Iglesia invisible, pero es el bautismo el rito de inicio a la vida cristiana de la iglesia, a la comunión con la iglesia visible. Si bien el bautismo no salva, pero si indica un paso de obediencia del cristiano. Si no se ha bautizado, debe hacerlo. Es un mandato del Señor, el hacer discípulos y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo Sin duda, la Cena del Señor tiene un profundo significado simbólico, y aunque los sacramentos estipulados por el Señor en ordenanzas (Bautismo y Cena del Señor) no transmiten gracia, al contrario de lo que enseña el catolicismo, no por eso deben ser realizados de cualquier manera. Sin duda, las cosas del Señor son santas • “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen”. Mateo 7:6.

Muchas veces hemos entendido ciertas verdades espirituales y se las contamos a otros sin importarnos si son “perros”, “ovejas” o “lobos”. Sólo nos interesa nuestro entusiasmo al respecto. También sabe suceder que cuando hablamos con otros de las cosas santas (las verdades) y las perlas (las experiencias), debemos de observar el principio fundamental de tomar a otros en cuenta. Debemos determinar si ellos pueden recibir o no lo que les queremos compartir. También es importante percibir cuánto pueden recibir de estas verdades. En otras palabras, al hablar a otros con respecto a las cosas espirituales, no hables conforme a tus sentimientos ni a tus deseos, más bien, háblales conforme a la capacidad que ellos tienen para recibir lo que quieres decir. Muchas veces vamos a hablarles a otros acerca de la iglesia o acerca de ciertas cosas espirituales que hemos experimentado. Pero sólo nos interesa contarles cómo nos sentimos nosotros mismos, y no nos ocupamos por lo que sentían los demás. Desgraciadamente, varias veces los demás eran perros o cerdos, los que son incapaces de recibir lo que les decían. En vez de recibirlo, se vuelven en contra de los que compartían, pisotearon las perlas y trataron de morder a los hermanos. Bautizarse o tomar la Cena del Señor es un privilegio que el Señor les da a sus hijos. Que puede valor un inconverso acerca de la muerte del Salvador? Que segunda venida puede alentar esta persona si no ha entendido su primer venida y si no ha comprendido la obra del Calvario. a. El Señor no solamente celebró la Santa Cena con sus discípulos y les dio a comer y beber, sino también mandó que sus discípulos celebraran esta cena. Él mismo dice en las palabras de institución: “Haz esto en memoria de mí.” Debemos hacer lo que él ha hecho. Debemos tomar pan y vino, bendecirlos, distribuirlos, y darles a todos a comer y beber. Y hoy también por virtud de su palabra nos da lo que él en ese tiempo prometió, bajo y con el pan bendecido, su verdadero cuerpo, y bajo y con el vino bendecido, su verdadera sangre. Así el Señor con estas palabras nos manda que en la iglesia, entre los cristianos, se debe celebrar este sacramento así. — Y deben seguir

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haciéndolo todo el tiempo. En 1 Corintios 11:26 nos dice el apóstol que en la Santa Cena debemos proclamar la muerte del Señor hasta que venga. La Santa Cena debe celebrarse hasta el día final cuando el Señor venga en su gloria. — Cristo dice: “Haz esto.” Debemos hacer lo que él ha hecho. Solamente cuando se celebra conforme a la institución de Cristo, cuando se hace como el Señor la ha instituido, es nuestra Santa Cena realmente la cena del Señor. — Y debemos hacerlo en memoria de él. Quiere decir, como el apóstol lo explica en 1 Corintios 11:26: “Debemos proclamar la muerte del Señor.” En la Santa Cena debemos pensar en el Señor, especialmente en su sufrimiento y muerte, y alabarlo y darle las gracias por esto y proclamar y confesar esta muerte delante del mundo entero. b. El Señor instituyó y estableció su sacramento para nosotros los cristianos como un precioso medio de fortalecernos. Por tanto los cristianos debemos utilizarlo. Recibimos solamente una vez en la vida el santo bautismo, pero debemos comer y beber con frecuencia la Santa Cena. El Señor dice: “Haz esto, todas las veces.” Se nota que él quiere que celebremos su Santa Cena, no solamente raras veces, sino con frecuencia. Es cierto que él no ha establecido el tiempo cuando ni con qué frecuencia tenemos que ir a la Santa Cena en un año. Y así nosotros tampoco debemos fijar un tiempo, ni dar ningún mandamiento acerca de la frecuencia con la cual los cristianos tienen que ir a la Santa Cena. No debemos forzar a nadie a participar en el sacramento. Pero los cristianos deben forzarse a sí mismos a ir frecuentemente al sacramento. — ¿Qué debe motivarnos para que recibamos con frecuencia este sacramento? En primer lugar tenemos el mandato del Señor, que debemos recibirla con frecuencia. En obediencia a nuestro Señor Jesucristo y para complacerlo debemos acudir con frecuencia para así recordar su muerte y agradecérsela. El que no va a la Santa Cena por mucho tiempo desprecia al Señor y su sacramento, y hay que temer que no sea un cristiano. Pero el Señor no solamente nos ha mandado ir al sacramento, sino también ha agregado una gloriosa promesa. El nos promete que en el sacramento nos da el perdón de los pecados, la vida y la salvación, como vamos a ver en adelante. Especialmente esta promesa debe motivarnos a acudir frecuente y diligentemente al sacramento. — Tenemos gran necesidad del perdón de los pecados. Diariamente y en cada hora pecamos mucho y merecemos solamente el castigo. Esta miseria del pecado que pesa sobre nuestro cuello debe impulsarnos a ir con frecuencia al sacramento. Somos trabajados y cargados, y especialmente en la Santa Cena el Señor nos llama a sí mismo para darnos vida. Mateo 11:28. Los cristianos lo han experimentado repetidas veces. Aquí tenemos un hermoso ejemplo en la primera congregación cristiana en Jerusalén. Hechos 2:42. Entre más diligentemente utilicemos con corazones creyentes este sacramento, tanto más beneficio y bendición tendremos de él. Ahora nuestro catecismo sigue hablando del beneficio del sacramento.[] Termino este punto explicando acerca del contenido de la Didaché, para que podamos comprender un poco mas acerca de este importante y antiguo manuscrito eclesiástico. [11] • • El texto, compuesto de 16 capítulos, puede dividirse en cuatro secciones: Enseñanzas morales, recogidas en los capítulos 1 a 6. Competencias litúrgicas sobre el bautizo, el ayuno y la eucaristía, recogidas en los capítulos 7 a 10. Prescripciones disciplinarias sobre los predicadores itinerantes, las asambleas de los domingos y la elección de obispos y diáconos, recogidas en los capítulos 11 a 15. Una preparación para la segunda venida del Señor, recogida en el capítulo 16 y último.


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Descubrimiento

Filoteos Bryennios. Citada por los Padres Apostólicos en su obras y por Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica,1 la Didaké estuvo perdida durante siglos hasta que fue descubierta en 18732 por el griego Filoteos Bryennios,3 4 metropolitano ortodoxo de Nicomedia. El texto fue encontrado en un códice griego del siglo XI5 cuya editio princeps fue publicada en 1883.6 Dicho códice se conoce hoy como el Codex Hierosolymitanus7 y contiene, asimismo, la versión completa de las epístolas de Clemente de Roma. Después de la publicación inicial de Bryennios, Oscar von Gebhardt identificó la primera parte del Didaké traducida en un manuscrito latín en la Abadía de Melk, en Austria. Posteriormente, algunos estudiosos han considerado que el texto es un testimonio independiente de la tradición de las "Dos vías". El Dr. J. Schlecht encontró en 1900 otra traducción en latín de los capítulos uno al cinco, con un título más largo, omitiendo el término "doce", y con la rúbrica De doctrina Apostolorum. Hay aún más traducciones (de Etiopía, por ejemplo) que fueron descubiertas tras la publicación original de Bryennios. Conclusión Lutero a su regreso a wittenberg en la primera de siete predicaciones que hiciera, desde el pulpito dijo: “La misa es una cosa mala Dios se opone a ella. Debería abolirse, y yo desearía que en su lugar se estableciese en todas partes la santa cena del evangelio. Pero no apartéis de ella a nadie por la fuerza. Debemos dejar el asunto en manos de Dios”. En la didache, no vemos una explicación de la doctrina. Solo algunas pautas litúrgicas generales que sin duda intentaban poner un poco de orden al desorden que reinaba en esa temprana época.

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Respetemos nosotros las ordenanzas del Señor, y hagámoslas respetar, y cumplir con la santidad y la reverencia que corresponden a un Dios santo como el nuestro, para que estas practicas no pierdan el sentido que deben tener y traigamos juicio de Dios sobre nuestras vidas. No demos la Cena del Señor a los inconversos y tampoco bauticemos a los que no han conocido verdaderamente a Jesucristo como Señor y Salvador Notas

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[-1] http://www.mscperu.org/biblioteca/0eucaristia/eucarist_sintesis/eucar_sint_ 06_textosantig.htm [0] http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=149&c=all [1] http://es.wikipedia.org/wiki/Didaché [2] http://forocristiano.iglesia.net/showthread.php/20508-La-Didach%E9%BFDoctrina-de-los-Ap%F3stoles [3] Ibíd. [4] http://www.conoze.com/doc.php?doc=2986 [5] http://apolmundo.blogspot.com/2008/08/la-transubstanciacin-y-laiglesia.html [6] COMENTARIO BÍBLICO MUNDO HISPANO TOMO 13 OSEAS— MALAQUÍAS, pag. 371-376, Editores Generales Daniel Carro Juan Carlos Cevallos José Tomás Poe Rubén O. Zorzoli Editores Especiales Ayudas Prácticas: James Giles Artículos Generales: Jorge E. Díaz Apartado Postal 4256, El Paso, TX 79914 EE. UU. de A., www.editorialmh.com Comentario Bíblico Mundo Hispano, tomo 13, © Copyright 2003, Editorial Mundo Hispano, 7000 Alabama St., El Paso, Texas 79904. Estados Unidos de América. Todos los derechos reservados. [7] James G. McCarthy, El evangelio según Roma, pag. 131-132,ed. Portavoz [8] http://www.apologeticacatolica.org/Eucaristia/EucaristN02.htm [9] http://www.apologeticacatolica.org/Eucaristia/EucaristN02.htm [10] http://www.angelfire.com/wi3/dhaeuser/santacena1.htm [11] http://es.wikipedia.org/wiki/Didaché