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Dámaso Alonso (Miembro de la Generación del

27)
Nació en Madrid en 1898. Se licenció en Derecho y se doctoró en Letras. Fue
discípulo y colaborador de Menéndez Pidal, en el Centro de Estudios
Históricos. Enseña Lengua y Literatura españolas en universidades
alemanas, inglesas y norteamericanas, hasta que, en 1933, obtiene una
cátedra de la Universidad de Valencia. Tras la guerra, pasa a la de Madrid
como catedrático de Filología Románica. En 1945 fue elegido miembro de la
Real Academia Española, de la que ha sido director desde 1968 hasta 1982.
También pertenece a la Academia de la Historia. En 1978, se le concedió el
premio Cervantes.

En Dámaso Alonso se funden tres vocaciones, alimentadas por capacidades
excepcionales: la de profesor, la de investigador y crítico, y la de poeta.

Como profesor marcó a numerosas promociones de estudiantes españoles y
extendió su magisterio por universidades de todo el mundo (Doctor honoris
causa de varias universidades)

Como investigador y crítico destaca en el campo de la lingüística y la
literatura. En 1927, él fue quien- con su estudio sobre La lengua poética
de Góngora- desentrañó definitivamente la obra del admirado poeta
cordobés.

Como poeta, se ha llamado a sí mismo “poeta a rachas”. En efecto, sus
momentos de creación intensa se hallan separados por largos lapsos de
tiempo, durante los que prosiguen sus otros menesteres. Por ello ocupa una
posición muy particular con respecto al grupo del 27. Fue fraternal
compañero de aquellos poetas, pero su producción más importante
desborda los cauces poéticos del momento y desemboca en nuevas
ocupaciones.

Primeros libros

Fue un pionero de la poesía pura. Su primer libro, escrito entre 1918 y 1921,
lleva el significativo título de Poemas puros, poemillas de la ciudad. Y el
mismo carácter tiene su libro siguiente, El viento y el verso (1923-24). No
se trata, con todo, de poesía deshumanizada: su “pureza” radica más bien
en su sencillez, en su transparencia, a veces voluntariamente ingenua.
Algunos poemas son entrañables juegos líricos; otros son muestra de una
hondura religiosa que habrá de caracterizar, sustancialmente, a su poesía.
Frecuentemente se aprecia el influjo de Machado o de Juan Ramón. Y
siempre, un exquisito cuidado de la forma.

Hijos de la ira

Veinte años más tarde, en 1944, Dámaso Alonso sorprende con este libro
tan estremecedor: Obra fundamental de la posguerra, se sitúa en el centro

en la que el mundo es un caos y una angustia. “Raíces del odio”. Rebeldía. como antes había apuntado. contra toda la “podredumbre” que el poeta ve en torno. . basado en paralelismos de ideas. después en el verso 6 inicia una serie de preguntas retóricas dirigidas a Dios: “Y paso largas horas preguntándole a Dios”. es decir. también aquí se habla de insomnio. expresados en el pasaje como reflejo de ese sentir: “y paso largas horas oyendo gemir al huracán (…) ladrando como un perro enfurecido. tono irritado. Son once versos libres o versículos en los que el poeta pide respuestas a un dios impasible ante la desolación. inconformismo social. Entre sus poemas. donde el poeta lanza una interrogación directa a Dios (“Dime. . sobre todo. ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?”) sobre la “estéril injusticia del mundo”. presidida por el mismo Dámaso Alonso. el odio. a intensas ráfagas de ternura. y. . una situación de la ciudad de Madrid. Se trata. alienta “un desbordado amor a la vida”. “La injusticia”. los Salmos penitenciales). La angustia ante lo incompleto. El primero ocupa casi la totalidad del texto y primero expone. brutal incluso. Por otra. “Mujer con alcuza”. en plan estadística. el libro está escrito en versículos. “Monstruos”. Es una poesía existencial. cuyo ritmo obsesivo. El lenguaje desgarrado.Desacuerdo con el mundo. Formalmente. de una poesía existencial. la que componen aquellos para quienes el mundo es “un caos y una angustia.conciencia desarraigada. Por debajo de ello.de lo que su mismo autor ha llamado “poesía desarraigada”. un inmenso grito de protesta. la injusticia. Este poema recuerda bastante el de Ciudad sin sueño de Lorca. se halla muy lejos de la poesía pura y se acerca un poco más a las del surrealismo. Y la ira del poeta deja paso. una serie de angustiadas preguntas a Dios sobre el sentido de la vida y sobre la mísera condición del hombre.La necrofilia: “Un millón de cadáveres (…) nicho en el que hace 45 años que me pudro”. El segundo se resume en los tres últimos versos.Sentimiento de no plenitud ante la falta de respuestas en el mundo. pues. El poema “Insomnio” pertenece al libro Hijos de la ira de 1944. . en el que “pasa largas horas preguntándole a Dios” sin obtener respuesta. impresionante parábola de la vida humana. deben destacarse “Insomnio”.. En el texto aparecen bastantes motivos románticos como por ejemplo: . recuerda el de la poesía bíblica (especialmente. y la poesía una frenética búsqueda de ordenación y de ancla”. Hijos de la ira es. casi con lenguaje administrativo. por una parte. alucinante. “De profundis”. a veces. Podemos distinguir dos apartados. Este poema formaría parte de esa poesía llamada “desarraigada”. una queja contra la crueldad.

Pero vasto cementerio donde cada casa es el nicho de una familia. cuyo título nos desvela la pesadilla terrible que es la existencia para el poeta. Lorca ha muerto (1936). la de una sociedad atenazada. modelo de poeta “puro”. fecha en que se compuso este poema. cuyo mayor ejemplo es Hijos de la ira. de tonos existenciales. cada corazón la urna cineraria de una esperanza o un deseo” La imagen de la “gran vaca amarilla”. Incluso hay en este libro una implicación contra los vencedores (fascistas). cada calle el sepulcro de un acontecimiento. quizá inspirada en otras semejantes de Lorca para aludir a la muerte (“cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas”. Cada uno sigue su camino poético.Dámaso Alonso puede considerarse que se podría inscribir en lo que se denomina la tercera etapa del grupo del 27. La identificación de personas con cadáveres y de Madrid con un cementerio parece inspirada en el artículo de Larra “El día de difuntos de 1836”: “El cementerio está dentro de Madrid. El grupo se dispersa. y el resto. excepto Aleixandre. alienada y determinada por la muerte y el dolor. Jorge Guillén. . Según la Antología de Vicens-Vives: Un millón de habitantes era la población que tenía Madrid en 1940. En el exilio. marcado por las discordancias del mundo y el dolor del hombre. el propio Dámaso Alonso y Gerardo Diego. existencial y metafísico al poema. pero todos hacen a la par una poesía cada vez más humana. “la vaca del viejo mundo”…) debe interpretarse como la visión de una existencia enfermiza y falta de vitalidad. Madrid es el cementerio. La invocación a Dios y la extensión de la podredumbre al mundo entero imprime un tono sombrío. la nota dominante en Alberti. inicia en 1950 un nuevo rumbo poético con su obra “Clamor”. Pasados unos años. la poesía deriva hacia un humanismo angustiado. En España. Cernuda y Salinas será la nostalgia de una patria perdida. parte para un largo exilio. Que sería la de después de la guerra (Exilio y España): Con la guerra civil.