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LA FUERZA BRUTA

JOHN STEINBECK

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CAPÍTULO I
Unas millas al sur de Soledad, el Río Salinas se ahonda junto al margen de la
ladera y fluye profundo y verde. Es tibia el agua, porque se ha deslizado chispeante
sobre la arena amarilla y al calor del sol antes de llegar a la angosta laguna. A un lado
del río, las doradas cuestas de la ladera se van curvando y trepando hasta las montañas
Gabilán, fuertes y rocosas, pero del lado del valle el agua está bordeada por árboles:
sauces frescos y verdes con cada primavera, que en las junturas más bajas de sus hojas
muestran los rezagos de la crecida invernal: y sicomoros de troncos veteados, blancos,
recostados, y ramas que se arquean sobre el estanque. En la arenosa orilla, bajo los
árboles, yacen espesas las hojas, y tan quebradizas, que las lagartijas hacen un ruido
como un chisporroteo si corren entre ellas. Los conejos salen del matorral para
sentarse en la arena, al atardecer, y los húmedos bajíos están cubiertos por las huellas
nocturnas de los coatíes, y por los manchones donde se han revolcado los perros de
los ranchos, y por las marcas como cunas partidas dejadas por los ciervos que llegan a
abrevar en la oscuridad.
Hay un sendero a través de los sauces y entre los sicomoros; un sendero de piso
endurecido por el paso de los niños que vienen de los ranchos a nadar en la profunda
laguna, y por el de los vagabundos que a la noche llegan cansados desde la carretera a
levantar campamento cerca del agua. Frente al bajo tronco horizontal de un sicomoro
gigante, se alza una pilada de cenizas, resto de muchos fuegos; el tronco está pulido
por los hombres que se han sentado en él.
El atardecer de un día cálido puso en movimiento una leve brisa entre las hojas.
La sombra trepó por las colinas hacia la cumbre. Sobre la orilla de arena, los conejos
estaban sentados, quietos como grises piedras esculpidas. Y de pronto, desde la
carretera estadual, llegó el sonido de pasos sobre frágiles hojas de sicomoro. Los
conejos corrieron sin ruido a ocultarse. Una zancuda garza se remontó trabajosamente
en el aire y aleteó aguas abajo. Por un momento estuvo sin vida el lugar, y luego dos
hombres emergieron del sendero y asomaron en la abertura junto a la laguna.
Habían caminado en fila por el sendero, y aun en el claro uno quedó atrás del
otro. Los dos vestían pantalones de estameña y chaquetas del mismo género con boto-
nes de bronce. Los dos usaban sombreros negros, informes, y los dos llevaban prietos
hatillos envueltos en mantas y echados al hombro. El primer hombre era pequeño y
rápido, moreno de cara, con ojos inquietos y facciones agudas, fuertes. Todas sus
partes estaban definidas: manos pequeñas y fuertes, brazos delgados, nariz fina y hue-
suda. Detrás de él marchaba todo lo opuesto: un hombre enorme, de cara sin forma,
ojos grandes, pálidos, hombros amplios, curvados; y caminaba pesadamente, arras-
trando un poco los pies, tal como un oso arrastra las patas. No se balanceaban sus
brazos a los lados, sino que pendían sueltos.
El primer hombre se detuvo de pronto en el claro, y el que le seguía casi tropezó
con él. El más pequeño se quitó el sombrero y enjugó el tafilete con el índice y
sacudió la humedad. Su enorme compañero dejó caer sus mantas y se arrojó de bruces
y bebió de la superficie de la verde laguna; bebió a largos tragos, resoplando en el
agua como un caballo. El hombre pequeño se puso nerviosamente a su lado.
-¡Lennie! -exclamó vivamente-. Lennie, por Dios, no bebas tanto.
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Lennie siguió resoplando en la laguna. El hombre pequeño se inclinó y lo
sacudió por un hombro.
-Lennie. Te vas a enfermar como anoche.
Lennie hundió toda la cabeza en el agua, sombrero y todo, y luego se sentó en la
orilla, y el agua de su sombrero chorreó por la chaqueta azul, y por la espalda.
-Está buena -afirmó-. Bebe algo, George. Echa unos buenos tragos.
Sonrió entonces, lleno de felicidad.
George desató su hatillo y lo posó suavemente en la orilla.
-No estoy seguro de que esté buena -dijo-. Parece un poco sucia.
Lennie metió una manaza en el agua y agitó los dedos de manera que el agua se
elevó en un chapoteo; se ensancharon los círculos a través de la laguna hasta llegar a
la orilla y volver de nuevo. Lennie miró el movimiento. -Mira, George. Mira lo que
hice.
George se arrodilló junto al agua y bebió de una mano ahuecada, con rápidos
movimientos.
-El sabor es bueno -admitió-. Pero no parece que corriera. Nunca deberías beber
agua que no corre, Lennie -agregó sin esperanzas-. Pero tú beberías de una cuneta,
cuando tienes sed.
Se echó agua, con la mano, en la cara y la extendió con la palma, bajo la
mandíbula y en torno al cuello, sobre todo en la nuca. Luego se volvió a calar el
sombrero, se retiró del río, alzó las rodillas y las rodeó con los brazos. Lennie, que lo
había estado mirando, lo imitó exactamente. Se sentó hacia atrás, alzó las rodillas, las
rodeó con los brazos, miró a George para ver si lo había hecho bien. Tiró el ala del
sombrero un poco más sobre los ojos, tal como George tenía el sombrero.
George miraba malhumorado hacia el agua. Tenía los párpados enrojecidos por
el resplandor del sol.
-Bien podíamos haber seguido hasta el rancho -dijo con ira- si ese perro del
ómnibus hubiese sabido lo que decía. "Apenas un trecho por la carretera", dice.
"Apenas un trecho." ¡Casi cuatro millas! ¡Ése era el trecho, infierno! No quería parar
en la puerta del rancho, eso es lo que pasa. Demasiado perezoso el condenado para
acercarse hasta allá. No sé si parará en Soledad siquiera. Nos echa
del ómnibus y dice: "Apenas un trecho por la carretera". Apuesto a que eran más
de cuatro millas. ¡Qué calor! Lennie le dirigió una tímida mirada.
-¿George?
-Sííí. ¿Qué quieres? -¿Dónde vamos, George?
El hombrecito se tironeó el ala del sombrero y miró a Lennie con el ceño
fruncido.
-¿Así que ya te olvidaste, eh? ¿Te lo tengo que decir otra vez, verdad? ¡Jesús!
¡Eres un idiota!
-Me olvidé -dijo Lennie suavemente-. Traté de no olvidarme. Lo juro por Dios,
George.
-Bueno, bueno. Te lo diré otra vez. No tengo nada que hacer. Tanto vale que
pierda el tiempo diciéndote las cosas para que las olvides, y volviéndolas a decir.
-Quise y quise no olvidarme -se excusó Lennie- pero no pude. Me acuerdo de los
conejos, George. -¡Al diablo con los conejos! Eso es todo lo que puedes recordar, los
conejos. ¡Bueno! Ahora me escuchas y la próxima vez tienes que recordarlo, para no
vernos en apuros. ¿Recuerdas cuando nos sentamos en aquella alcantarilla de la calle
Howard y miramos aquel pizarrón?
La cara de Lennie se quebró en una encantada sonrisa.
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lleno de desesperanza. claro... -¿Qué has sacado de ese bolsillo? -preguntó George. ¿Recuerdas adónde vamos. Si descubre lo imbécil que eres. Ahora. ¿Crees que te iba a dejar que llevaras tu tarjeta de trabajo? Lennie sonrió. Su rostro quedó tenso de tanto pensar-.. -No tengo nada en el bolsillo -contestó Lennie astutamente. eh? -Me gusta acariciarlo con el pulgar mientras caminamos -explicó Lennie. Debe haberse perdido.. Ya no tengo la tarjeta. mira: vamos a trabajar en un rancho como aquel donde estuvimos en el norte. -Ya sé que no tienes nada. ¿qué hicimos después? Recuerdo que pasaron unas chicas y tú dijiste. cuando vayamos a ver al patrón. yo creía que la había pues'-) en el bolsillo.. -¡Dámelo! -Oh.. -No la tenías. -Bien.. George. Yo le daré las tarjetas de empleo. -Este rancho adonde vamos queda muy cerca. entre los matorrales. ¿qué vas a hacer? -Yo. -¡Dámelo! La mano cerrada obedeció lentamente. -Diablo con lo que dije. -Me olvidé otra vez... por sobre la laguna.. Ahora. -¡Eso es! Ahora. a la otra orilla. De veras. En Weed. Yo tengo las dos aquí. no vas a acariciar ratones mientras caminas conmigo. George. Bueno. tres veces para estar seguro de no olvidarlo. Puso rápidamente la mano en los bolsillos del saco. sin decir nada.. Yo no lo maté. Un ratón muerto. no voy a decir nada. Ya recuerdo. y agregó suavemente: -George. Lo encontré muerto. dame eso. claro. -¿Para qué quieres un ratón muerto.... Te quedas quieto y no dices nada. George. no nos va a dar trabajo. pero tú no dirás ni una palabra. Ahora me acuerdo. dijiste. Lennie canturreó suavemente: 4 Librodot . -Ah. -Bueno. avergonzado.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 4 -Pero claro. Miró al suelo. George. George. -Vamos.. Me quedo allí parado.. ¡De veras! Lo encontré. -Yo. ¿Recuerdas que fuimos a lo de Murray y Ready. ocultó la cara contra las rodillas. -No es más que un ratón. Yo. ¿Entendiste? -Claro. ahora? Lennie tuvo una mirada de asombro y luego. George tomó el ratón y lo arrojó. y nos dieron tarjetas de trabajo y boletos para el ómnibus? -Ah. George. yo -empezó Lennie pensativo. pero. mirándolo fijamente. aliviado. repite eso dos. Y su mano fue otra vez al bolsillo. fíjate. -Dios mío -dijo George resignadamente-. -¿Un ratón? ¿Vivo? -Ahá. imbécil.. estamos bien. Iremos a ver al patrón. pero si te ve trabajar antes de oírte hablar. de eso me acuerdo. Lo tienes en la mano. George. Lennie estiró el brazo para alejar su mano de George. ¿Qué estás escondiendo en la mano? -No tengo nada. déjame que lo tenga. Claro que entendí.. -¿El norte? -En Weed.

no voy a decir nada. ¡Lo pasaría yo tan bien y tan tranquilo si no te tuviera pegado a los talones! Podría vivir tan bien. Nos buscaban. Y tampoco vas a hacer disparates como en Weed. y de pronto dijo lleno de esperanza: -Vamos a trabajar en un rancho. -Me gustan los frijoles con salsa de tomates -dijo Lennie. -Dios. Las hojas de sicomoro susurraron en una ráfaga de viento que murió inmediatamente. Al cabo de un momento. qué diablos -dijo George con rabia-. Pero vamos a dormir aquí porque tengo mis razones para eso. Prepara el fuego. Tenía en la mano una ramita de sauce.. Lennie volvió ruidosamente por entre las matas. un hombre gritó algo.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 5 -No voy a decir nada. -¿No vamos a comer? -Claro que sí. siempre que juntes algunas ramas secas. Ya entendiste eso. -¿Como en Weed? -preguntó extrañado Lennie... alta la cabeza como un periscopio diminuto. quizá. silbando suavemente. He visto máquinas trilladoras mientras veníamos. que ya había desaparecido del valle. -Ah. Te voy a dar un fósforo cuando juntes las ramas. Eso quiere decir que vamos a cargar bolsas de cereales. George permaneció donde estaba. mira que das trabajo -se quejó George-. ¡Dame ese ratón! Pero Lennie forjó una cuidadosa pantomima de inocencia. -De eso no me olvido. Muy lejos. -¡Pobre bestia! -susurró con dulzura. ¿verdad? Bueno. Lennie soltó una risita feliz. porque muy pronto será de noche. George se tendió de espalda en la arena y cruzó las manos bajo la nuca. 5 Librodot . -Bueno -interrumpió George-. Ve a buscar leña.. Las cañas se movían con pequeñas sacudidas en la corriente. hasta tener una mujer. Una culebra de agua se deslizó por la laguna. -Nos echaron de Weed -estalló triunfalmente. George se sentó en seguida. -George.. reventando las tripas. ¿Por qué no vamos al rancho y comemos algo? En el rancho hay comida. pero no tenemos tomates. Tengo tres latas de frijoles en mi atado. y siguió silbando. y otro hombre gritó la respuesta. hacia el lado por donde había ido Lennie. Se iba rápidamente el día. Y no te entretengas. Esto es lo que me gusta. pero levantando la cabeza para comprobar si lo hacía bien. -No nos echaron.. George dejó de silbar y escuchó. Por un momento Lennie yació quieto. para que no lo hagas de nuevo. -No te voy a decir por qué. Entonces calentaremos los frijoles y comeremos.. no voy a decir nada. de modo que también te has olvidado. -Bueno. Me gusta estar aquí. Una luz de comprensión asomó en el rostro de Lennie.. George. Lennie se puso de rodillas y miró a George. George se recostó de lado. Sólo las cimas de los montes Gabilán llameaban con la luz del sol. No te voy a hacer recordar. Se oyó un ruido de chapaleo en el río. Lennie se puso torpemente de pie y desapareció en el matorral. y Lennie lo imitó. Esta noche me voy a quedar tendido aquí mirando al cielo.. pero no nos encontraron. Nosotros fuimos los que corrimos. hacia la carretera. -Bueno.. Mañana vamos a ir a trabajar. -Bueno -dijo bruscamente-.

Cuando consigas otro ratón más fresco. porque eran tan chicos. -No hacía nada malo. y además. -¡Lloriqueando como una nena! ¡Jesús! Tremendo grandulón. las hojas susurraron de nuevo. -¿Señora. La mano de George siguió imperiosamente tendida. -No te lo quito por hacerte mal. Lennie se acercó. -No servía para acariciarlo -explicó Lennie. y unos mechones de algodón cayeron suavemente a descansar en la superficie del agua. y entonces se acercó al agua y se lavó las manos. George castañeteó los dedos. Temblaron los labios de Lennie. Una carpa enorme subió a la superficie de la laguna. Pero esa señora no está aquí. Lennie alzó tristemente la vista. -¿Vas a buscar esa leña? -preguntó George-.. Lo encontré tendido junto al camino. Ese ratón se estaba pudriendo. y al oír este sonido Lennie puso el ratón en la palma de su amigo. Dámelo. Lennie metió de mala gana la mano en el bolsillo. Es leña de la creciente. Las arrojó en montón sobre la pilada de cenizas y volvió a buscar más y más. como un perrito que no quiere entregar la pelota a su amo. Lennie se sentó en el suelo y dejó caer la cabeza. ¿Creíste que no iba a ver que tenías los pies mojados por haber cruzado el río para buscarlo? Oyó el lastimero sollozo de Lennie y giró en redondo. Recuerdo que una señora me daba ratones. Tu tía Clara te dio un ratón de goma y no quisiste saber nada. Hay mucha ahí. -Eran tan chicos -dijo. retrocedió un paso. -¡Al diablo los conejos! Y no se te pueden confiar ratones vivos. contra ese sicomoro. se acercó otra vez. se echó atrás. y una semioscuridad cundió entre los sauces y los sicomoros. Ni siquiera te acuerdas de quién era esa señora. diablos. Este ratón no es de nadie. Con lentitud. todos los que conseguía. -Vamos. George extendió la mano.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 6 -¿Qué ratón. miró azorado hacia los matorrales como si pensara huir en busca de libertad. Quiero ese ratón. eh? -se burló George-. Lennie. y en seguida me mordían los dedos.. Me gustaría tener pronto esos conejos. Su voz se quebró al decir: -No sé por qué no he de poder guardarlo. La llama de la puesta de sol se elevó desde la cumbre de las montañas y el crepúsculo entró en el valle. George puso una mano sobre el hombro de Lennie. Siempre los matabas. Lennie vaciló.. George se puso de pie y arrojó el ratón cuan lejos pudo en los matorrales ya oscurecidos. Las alas de una paloma silbaron sobre el agua. y en sus ojos aparecieron unas lágrimas. Y ella misma dejó de darte ratones. lo habías roto de tanto acariciarlo. -No sé dónde habrá otro ratón. George. A buscarla. Más arriba. Yo no lo robé. y entonces se morían. Lo estaba acariciando. Lennie fue detrás del árbol y trajo un manojo de hojas y ramitas secas. desconsolado. George? -Bien sabes qué. vamos. Yo los acariciaba. tragó aire y luego se hundió misteriosamente otra vez en el agua oscura. No son tan chicos.. George insistió fríamente: -¿Me vas a entregar ese ratón. No me vas a engañar. dejando unos círculos que se ensanchaban en la laguna. George? No tengo ningún ratón. disculpándose-. George. te lo dejaré un tiempo. Era ya casi de no- che. -Idiota. o tengo que darte un puñetazo? -¿Entregarte qué. nada más. y yo les apretaba un poco la cabeza. Era tu tía Clara. George caminó hasta la pila de 6 Librodot .

y pedir todo lo que me gustara. Y eso no es lo peor. -Sí. ¡Te tengo a ti! No puedes conservar un empleo. ¿quieres que me vaya y te deje solo? -¿Dónde diablos ibas a ir? 7 Librodot . ¡Qué. Miró a lo lejos. pero ¿cómo diablos iba a saber ella que no querías más que eso? Da la pobre un tirón.. y yo no la tocaría siquiera. Podrías tapar tus frijoles con salsa. Se sentó entonces sobre los talones. o me pasaría la noche jugando a las cartas o a los dados.. pero no tenemos -explotó George-. todos los meses sería lo mismo. -George -muy suavemente. Y siempre igual. hijo de perra. cerca de la llama. Te la dejaría toda a ti.. No me dejas en paz nunca. George. Desearía poder me- terte en una jaula con un millón de ratones para que te divirtieras. y nos tenemos que esconder en una zanja todo el día mientras nos buscan. -Sólo quería tocar el vestido de esa chica -imitó-. y entonces bajó los ojos avergonzados hacia las llamas. Cuando no tenemos una cosa. a la oscuridad allende el río. -Cuando pienso lo bien que lo pasaría sin ti.. si podría estar toda la noche en un burdel! Podría comer donde se me antojara. No haces más que obligarme a recorrer el país entero.. Era muy oscuro ya. George hizo girar las latas de frijoles para que el fuego les diera del otro lado. La ira lo abandonó súbitamente. George deshizo su hatillo y sacó tres latas de frijoles. George. ¿que hago? -siguió George con rabia-. Grita. hasta que estuvo junto a George.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 7 leña y encendió las hojas secas. Me tienes siempre en ascuas. George seguía mirando empecinadamente el fuego. No hubo respuesta. Se alzó su voz hasta ser casi un grito. en un hotel o en cualquier parte. Nada de sustos.. -Hay bastante para cuatro -afirmó. -¡George! -¿Qué quieres? -Estaba bromeando. Y todos. ¡Dios del cielo! Si yo estuviera solo. -Bueno. -Si la tuviéramos podrías comer algo. -Y en cambio. con cautela.. pero sin que las tocara. siempre. Me conseguiría un empleo y trabajaría sin tropiezos. -Imbécil. pero el fuego iluminaba los troncos de los árboles y las curvas ramas más arriba. No quiero salsa de tomates. La llamarada crepitó entre las ramitas y se puso a su obra. No comería salsa de tomates aunque la tuviera aquí al lado. Haces barrabasadas y yo tengo que salvarte. Me compraría tres litros de whisky. Lennie lo miraba por encima del fuego.. Quería acariciarlo como a los ratones. -Pero no la comería. Asumió George los modales primorosos de las niñas cuando se mofan unas de otras. y tú sigues agarrándola como si fuera un ratón. en torno a la hoguera.. viviría tan bien. Las colocó en torno al fuego. y me haces perder todos los trabajos que me dan. Y cuando llegara el fin de mes podría cobrar mis cincuenta dólares y podría ir a la ciudad y comprar lo que quisiera. Lennie se arrastró lentamente. Fingió no haber advertido que Lennie estaba tan cerca de él. Lennie seguía arrodillado. eso es lo que quieres.. y tenemos que escaparnos en la oscuridad y salir de allí escondidos. Lennie se arrodilló y por encima del fuego miró al enfurecido George. -George. me vuelvo loco. Miró a través del fuego la angustiada cara de Lennie. Te metes en líos. -Me gustan con salsa de tomates -dijo pacientemente.

-No.. No son de ningún lugar. Me tendería al sol y nadie me haría daño. Lo malo de los ratones es que siempre los matas. Y si encontrara un ratón podría guardarlo. -¿Te gusta mucho. George. Lennie -dijo George-. -Vamos. No tienen familia.. y después van a la ciudad y hacen volar el dinero. Lennie eludió el cebo. lo más fácil es que te mataran como a un coyote. alguien que piensa en nosotros. tú. Pero nosotros. Cuenta cómo va a ser. son los tipos más solitarios del mundo. puedo irme a las montañas y encontrar una cueva. -Los hombres como nosotros. no. que trabajan en los ranchos.. -Quiero que te quedes conmigo. y no les queda más remedio que ir a molerse los huesos en otro rancho.. Lennie. eh? -Si no me quieres.Oye lo que te digo. ¡mira! Sólo hablaba en broma. En cuanto tenga una oportunidad te regalaré un perrito.. Y podrías acariciarlo con más fuerza. No tienen nada que esperar en el futuro. eso es. Podría irme a esas montañas. si vivieras solo. ¡Vamos.. -¿Que te diga qué? -De los conejos. Dime. Recitó las palabras rítmicamente.. Nadie me lo quitaría. a esas de allá. por eso. como me decías antes.. George! -Lo sabes de memoria. Sería mejor que los ratones. Lennie estaba encantado. -Si no quieres estar conmigo. -¿Sí.. vamos a juntar dinero y vamos a tener una casita y un par de cuadras de tierra y una vaca y unos cerdos y.. -¡Pero nosotros no! -interrumpió Lennie-. Yo me olvido de algunas cosas.. -Dime -habló mañosamente Lennie-. Y tendremos conejos.. -No. -Bueno. En algún sitio encontraría una cueva. Puedo marcharme en seguida. aunque esté muerta. como si las hubiera dicho muchas veces ya.. Tal vez no lo mates. George prosiguió: -Con nosotros no pasa así.¡Sigue ahora. -Eso es. Y nadie me robará los ratones. eh? Bueno: te lo diré. George -rogó Lennie-... Algún día. -Y viviremos como príncipes -gritó Lennie-. George! Cuenta lo que vamos a tener en la huerta y habla de los conejos en las jaulas 8 Librodot . Jesús. George.. dime.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 8 -Bueno. porque yo te tengo a ti para cuidarme. Puedes decirlo solo. y tú me tienes a mí para cuidarte. George lo miró rápida. Si esos otros tipos caen en la cárcel. cómo somos nosotros. y después comeremos. eh? ¿Qué ibas a comer? No tienes sesos ni para buscar qué comer. Por favor. Tu tía Clara no querría que anduvieras solo. No. Llegan a un rancho y trabajan hasta que tienen un poco de dinero. no tienes más que decirlo. George replicó bruscamente: -No me vas a engañar.. -Hizo una pausa. y en seguida me marcho a las montañas. subo a las montañas y vivo solo. No necesito buena comida con salsa de tomates. Y ¿por qué? Porque. Como me dijiste antes. Había intuido su ventaja. Tenemos alguien a quien hablar.. Tenemos un porvenir. Porque yo quiero que estés conmigo.. -Soltó una carca- jada de placer. pueden pudrirse allí porque a nadie le importa.. inquisitivamente.. -¿He sido malo contigo. Lennie. te quedas conmigo. No tenemos que sentarnos en un café haciendo volar el dinero sólo porque no hay otro lugar adonde ir. -Algo encontraría. Se hizo más profunda la voz de George.. Ahora.

Cómo me vas a dejar que cuide los conejos.No tengo tiempo para hablar más. Esconderme en el matorral hasta que llegues. Lennie. Lennie se atragantó de orgullo. -Porque lo mismo podría marcharme yo. -Seguro -admitió Lennie-. Unos pocos frijoles se escaparon por un lado de la boca de Lennie. Lennie! Tal vez estés mejorando.. Lennie. oye. y haremos un buen fuego en la estufa y nos sentaremos y oiremos la lluvia en el techo.. -Oye. Luego abrió una segunda lata. a decir una palabra. ¿No recordaré que no tengo que decir una palabra? -Claro que sí. -Claro que recuerdo -afirmó. George. ¿Podrás acordarte de este sitio. -Sí. quiero que vengas aquí y te escondas en el matorral.. Bueno. y sólo se vio un leve resplandor sobre los troncos de los árboles. ¿Qué quieres? -Vamos a tener conejos de distinto color. verdad? El rancho queda a unas cuatro cuadras para allá. Mirando al cielo. porque entonces no te. -No. dilo tú. -Bueno. -Lo mismo podrías irte al diablo -dijo George-. -Yo. y de la crema tan espesa en la leche que apenas la podremos cortar. dejaré cuidar los conejos. No es lo mismo si hablo yo. George. Quiero que mires bien dónde estamos. George.. De otro bolsillo sacó dos cucharas y pasó una a Lennie. No hagas más llamas. la cortó y pasó la lata a Lennie. Desde la oscuridad llamó Lennie: -George. George señaló otra vez con la cuchara. bien peludos. -Pero no te vas a meter en ningún lío. Cállate ya. que te escondas en el matorral hasta que venga yo. Deja que se vayan apagando.. Y cuando lleguen las lluvias en el invierno. ¿estás dormido? -No. -No me voy a meter en líos. ya verás. y vivir en una cueva. Hicieron sus lechos en la arena. Cuéntame todo.. -¡Lindo! ¡Eso es. como los que vi en la feria de Sacramento.. George señaló con la cuchara. Se sentaron junto al fuego y se llenaron la boca con frijoles y masticaron poderosamente. George. Vamos a tener una buena huerta y una conejera y gallinas. y a las hojas. ¿Te acordarás de eso? -Claro que sí. Millones de conejos. Trae tu atado junto al fuego. y al disminuir la llamarada de la hoguera se hizo más pequeña la esfera de luz: las curvadas ramas desaparecieron. Especialmente si recuerdas todo como ahora.. Metió el cuchillo por la tapa de una de las latas de frijoles. ¡Pavadas! -Sacó un cuchillo del bolsillo.. De eso puedo acordarme. George.. -Claro. -Conejos muy peludos. Conejos rojos y azules y verdes. Si llegas a verte en aprietos. George.. Arrojó George la lata vacía a las malezas. Vamos. Se concentró su cara. no diremos más que "al diablo con el trabajo". George. Hay que seguir el río. -Claro que sí -asintió George somnoliento-.. Lennie.. -Que me esconda en el matorral -repitió Lennie lentamente. Va a ser lindo dormir aquí. -¿Por qué no lo dices tú? Lo sabes todo.. Cuando tengamos ese par de cuadras te dejaré cuidar los conejos. como siempre te ocurre. 9 Librodot . -Bueno.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 9 y de la lluvia en el invierno y la estufa. -¿Qué vas a decir mañana cuando el patrón te pregunte algo? Lennie dejó de masticar y tragó con fuerza. yo no voy.. No voy a decir una palabra.

10 Librodot . Las hojas de sicomoro susurraron en la apagada brisa de la noche. Desde la colina al otro lado del río aulló un coyote y un perro respondió desde lejos.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 10 La luz roja se extinguió en las brasas.

cucarachas y otros insectos". Sobre cada camastro estaba clavado un cajón de manzanas con la abertura hacia adelante de manera que formaba dos estantes para guardar efectos personales del ocupante de la litera. ¿verdad? No queremos bichitos de éstos. y detrás de George. Cerca de una pared había una negra estufa de hierro fundido. un hombre muy bueno. pero sin mano. ¿cómo tenía piojos? -George iba mostrando gradualmente su ira. peines: y de los clavos a los lados de los cajones pendían unas pocas corbatas. A eso de las diez de la mañana el sol ponía una brillante barra cargada de polvo a través de una de las ventanas laterales. de las que se mofan y en las que creen en secreto. y las moscas entraban y salían del rayo de luz como estrellas errantes. Se abrió la puerta y entró un anciano alto. Miraba a George con la boca abierta. y el tipo más limpio que se pueda conocer. y en la cuarta una sólida puerta con cerrojo de madera. Detrás de él entró George. En el medio de la estancia se levantaba una gran mesa cuadrada cubierta de naipes. mientras extendía la mano para tomar la lata. Estudió cuidadosamente la etiqueta. cinco de ellos hechos ya con mantas y los otros tres con sus fundas de arpillera al aire. Por dentro. Contra las paredes se alineaban ocho camastros. -Pueden ocupar esas dos camas de allí -agregó. que formaba el colchón. jabón y polvo de talco. Linda clase de camas nos dan. -Entonces. Solía la- varse las manos hasta después de comer. cuya chimenea subía rectamente a través del techo. Lennie puso su atado en el camastro vecino y se sentó. El viejo peón movió la escoba y la sostuvo entre el codo y el cuerpo. Señaló con el brazo derecho. -El patrón los esperaba anoche -dijo el viejo-. -¡Eh! ¿Qué diablos es esto? -No sé -contestó el viejo. cargado de hombros. -Le diré qué pasa -pronunció por fin-. Se alzó el cerrojo de madera. -Aquí dice "mata positivamente piojos... navajas y esas revistas del oeste que suelen leer los trabajadores de los ranchos. y a su alrededor se agrupaban cajones para que se sentaran los jugadores. Y también remedios. Se enojó como el diablo cuando no los vio esta mañana para ir a trabajar. y frasquitos. George se acercó a un camastro y arrojó sus mantas en la arpillera de una bolsa de paja. Lennie. En tres paredes había pequeñas ventanas cuadradas. Y esos estantes se hallaban llenos de pequeños artículos. 11 Librodot . las paredes estaban blanqueadas con cal y el piso no tenía pintura. Miró el cajón de sus estantes y recogió de dentro una latita amarilla. y de la manga surgió una muñeca redonda como un palo. El último que tuvo esta cama era un herrero. indicando dos camastros cerca de la estufa. Vestía ordinaria ropa azul y portaba en la mano izquierda una gran escoba.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 11 CAPÍTULO II La casa de los peones era un largo edificio rectangular.

Los domingos se vestía todo. y calzaba botas de altos tacos con espuelas para demostrar que no era un hombre de trabajo. -¿Negro. el hombre. linimento y muñequera de cuero. y por eso el negro le ganó. -Hizo una pausa para acariciar el recuerdo. Los muchachos dijeron que como el negro tiene la espalda rota. No lo hizo mal. Después de eso. se peleó con el negro. para estar seguros. tampoco. ¡Dios: cómo nos divertimos! Aquella noche dejaron que el negro entrara aquí. la quitaba. como todos. Se inclinó para inspeccionar de cerca la bolsa. peine y frasco de píldoras.. -Claro. Por fin se fue. desabrochado. Sólo hay Navidad una vez al año". En la cabeza llevaba un sucio Stetson pardo.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 12 -Le diré -anunció el viejo-. Una noche dijo "págueme". El patrón se las hace pasar buenas cuando se enoja. aunque no fuera a ninguna parte: hasta se ponía corbata y después se quedaba sentado aquí. Yo no fui. ¿Sabe qué hizo para Navidad? Trae una damajuana de whisky y dice: "Beban bien. un tal Whitey. Un buen tipo. eh? -Sí. uno a cada lado de una cuadrada hebilla de acero. limpio. Es que el peón del establo es un negro. -Creo que el patrón vendrá pronto -reinició el viejo-. era de esos que ponen veneno aun cuando no haya bichos. Y si le daban un huevo con una mancha roja. Un mulero que había... Inmediatamente Lennie se levantó e hizo lo mismo con su cama.. nada más. George levantó la arpillera del camastro y miró por debajo. hasta los más chicos. antes de comerlas.. ¿sabe? Le digo que en las comidas pelaba las papas hervidas y les quitaba todos los puntitos. Dijo que era por la comida. Tiene libros en su pieza. chaleco negro. Smitty no debía usar los pies. limpiamente. Pero lo único que quería era irse. Un hombrecillo recio apareció por la puerta. señor. Tiene la espalda torcida porque un caballo lo coceó. y ya está. -Bueno. y saco negro. -¡Al diablo! ¿Una damajuana entera? -Sí. Los muchachos no le dejaban emplear los pies.. también.. los muchachos fueron a Soledad y armaron una buena. Tenía los pulgares metidos bajo el cinturón. -¿Qué clase de tipo es el patrón? -preguntó George. pero no es malo. navaja y barra de jabón. Le diré... camisa de franela. se fue. Bastante bueno. no más. Deshizo su atado y puso cosas en el estante.. -¿Al peón del establo? -preguntó. 12 Librodot . Luego hizo la cama. Se metió aquí mientras estábamos tomando el desayuno y le oímos: "¿Dónde diablos están esos peones nuevos?" Y le armó una buena al peón del establo. Ya no me da el cuerpo. con sus mantas. Este herrero. Era un tipo así. muchachos. se fue. Se enojó mucho cuando no los vio esta mañana. ¿Por qué dice que se fue? El viejo puso la lata amarilla en un bolsillo y se frotó las ásperas canas de la barba con los nudillos. -No me convence mucho -dijo George con escepticismo-. Lennie estaba terminando de hacer su cama. por la comida. Por fin George pareció satisfecho. Smitty aseguró que si le dejaban usar los pies podía matar al negro. No dio más razones: la comida. George alisó de una palmada una arruga de la cama y se sentó. El cerrojo de madera se alzó otra vez y la puerta se abrió. un tal Smitty. como hacen muchos. Se enoja mucho a veces. Vestía pantalones azules de grueso algodón. -Pues. Pero al peón del establo no le importa nada. Lee mucho.

-¿Qué es lo que sabe hacer? Lleno de pánico. -Sí. -¿Dónde han estado trabajando últimamente? -Cerca de Weed -respondió George. Sacó del bolsillo la libreta en que apuntaba las horas de trabajo y la abrió por donde había un lápiz metido entre las hojas. ¿por qué no deja que él me conteste? ¿Me quieren engañar. El patrón exclamó inesperadamente: -¡Oiga. hoy es veinte. ¿Tienen las tarjetas de empleo? George metió la mano en el bolsillo y sacó las tarjetas y las entregó al patrón. Puede hacer de todo. El patrón entrecerró los ojos. y no estábamos. y arrastrando los pies pasó junto al patrón y se marchó por la puerta. él también -se adelantó George. El patrón se volvió a George. Cerró la libreta. manejar una cosechadora. -¿Y usted? -Se llama Lennie Small -dijo George. tuve que mandar las cuadrillas con dos hombres menos. Puede cargar bolsas. 13 Librodot . y Lennie bajó la cara avergonzado de haberse olvidado.no tienen la culpa.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 13 El viejo de la escoba lo miró rápidamente y luego fue arrastrando los pies hacia la puerta. El patrón señaló con un dedo juguetón hacia Lennie. -Entonces. George lo miró con enojo. -Acaban de llegar esos dos -afirmó. Es capaz de cargar un fardo de doscientos kilos. El patrón humedeció con la lengua la punta del lápiz. -Escribí a Murray y Ready que necesitaba dos hombres para esta mañana. -¿Cómo se llama usted? -George Milton. no mucho. -¡Oh! No digo que es inteligente. Sabe manejar bien un tronco de mulas. Bien claro dice aquí que tenían que venir a trabajar esta mañana. -Sabe hacer todo lo que le digan -explicó George-. Fuerte como un toro. el veinte a mediodía. No lo es. -Vamos a ver. Lennie miró a George para que lo ayudara. -Bueno. -¿Usted también? -a Lennie. del hombre de piernas cortas. -Murray y Ready -prosiguió el patrón. -El hombre del ómnibus nos jugó una mala pasada -explicó-. Dijo que ya estábamos junto al rancho. Tuvimos que caminar diez millas. El patrón entró en la estancia con los pasos breves. eh? -No. No pudi- mos conseguir quien nos trajera esta mañana. Pero digo que para trabajar no hay quien le gane. De nada vale que vayan ahora: hay que esperar a la comida. George se miró los pies. Pón- galo a prueba. y Lennie asintió con la cabeza para mostrar que comprendía. mientras con los nudillos se frotaba la barba. -Fuerte como un toro -repitió. pero la verdad es que sirve para trabajar. rápidos. Los nombres quedaron inscritos en el libro. acaso? George interrumpió con voz muy alta. -¿No es muy hablador. Small! Lennie levantó la cabeza. George miró significativamente con el ceño fruncido a Lennie. Lennie sonrió como para sus adentros.

Pero no trate de engañarme. ciegos ojos viejos. y yo tengo que sacarte del enredo. Le dije a la madre que lo cuidaría. Ibas a tener bien cerrada esa tremenda boca y me ibas a dejar hablar. -¿Qué te pasa ahora? -Ningún caballo me coceó en la cabeza. Vayan con la cuadrilla de Slim. George repuso: -Es. Milton.. Cuando se hubo apagado el sonido de sus pasos. Pero no trate de engañarme. Un tronquero alto. es primo mío. George se dirigió hacia Lennie. Me gustaría saber qué interés tiene usted en esto. se acercó a la puerta abierta y espió hacia afuera. vas a tener bien cerrada la boca. ¿Por qué pregunta eso? -Bueno. Se volvió de repente y marchó hacia la puerta. Pero sabe hacer todo lo que se le diga. George. te olvidaste. Nos hubiéramos salvado de muchos malos ratos. -Dijiste que yo era primo tuyo.. estábamos cavando una zanja. de hocico gris. grande.Ahora nos va a vigilar siempre. Y a sus talones caminaba penosamente un perro ovejero. que no es muy vivo. -Bueno. Cuando era niño. -Así que no ibas a decir una palabra. ¿Qué va usted en esto? -¿Eh? -Digo ¿qué es lo que gana con este tipo? ¿Le quita el sueldo? -No. ¿Por qué salieron de Weed? -Se concluyó el trabajo -contestó George rápidamente. Lennie se miró desventuradamente las manos. Bien cerca estuvimos de perder el trabajo. y pálidos. -Bien. Después de comer salgan con las cuadrillas de peones. gruñendo 14 Librodot . -Oiga. Y me alegro de que sea mentira.. -¿Qué trabajo era? -Estaban. nada más. -Me olvidé. -Oiga. claro que no. ¿verdad. Me voy a fijar en todo lo que hace. George? -Más valdría que así hubiera sido -dijo George malvadamente-... -Se sentó pesadamente en el camastro. Lo único. -George. El perro renqueó hacia un costado de la pieza y se tendió. Tienes que guardarte bien de hacer disparates. El patrón se volvió a medias para marcharse.. Están cargando cebada junto a la trilladora. -¿Slim? -Sí. porque no va a ir a ningún lado.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 14 El patrón metió despaciosamente la libreta en el bolsillo. Siempre te olvidas. Enganchó los pulgares en el cinturón y guiñó un ojo hasta cerrarlo casi.. es mentira. pero antes de salir se dio vuelta otra vez y miró durante un rato a los dos hombres. Si yo fuera pariente tuyo me pegaría un tiro. George. un caballo le coceó la cabeza. Ya lo verán en la comida. ¿qué diablos está escuchando ahí? El anciano entró lentamente en la pieza... Pero no tiene nada. Se interrumpió de pronto. Ya he conocido muchos pillos. -Sí. nunca he visto a un hombre preocuparse tanto por otro. Tenía la escoba en la mano. Después de esto. Luego quedó en un malhumorado silencio. -Bueno: Dios sabe que no necesita mucho seso para cargar bolsas de cebada.

Lennie se retorció bajo esa mirada y movió nerviosamente los pies. -¿Y no quiere dejar hablar al grandote. -Sí. -Acababa de llegar -explicó-. inmóvil. -¿Qué le pareció el patrón? -preguntó. -Levemente. con un movimiento de cabeza. -Bueno. -Claro que no -dijo George. 15 Librodot . si le quiere decir algo. -¿Ustedes son los peones que esperaba el viejo? -Acabamos de llegar -aseguró George. es así. -Entre y siéntese un minuto -invitó-. -Ah. -No. Curley se le acercó con paso cauteloso. comida por la sarna. incómodo. Acabo de barrer el lavadero. tiene que hablar cuando se le habla. -Estuvo aquí hace un momento. -Sí. -No escuchaba nada. calzaba botas de altos tacos. dio permiso a Lennie. y George dijo: -¿Y si no quiere hablar? Curley giró el cuerpo como un latigazo. No me interesa nada de lo que decían. ¿conque es así? George estaba tenso.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 15 suavemente para sus adentros y lamiéndose la piel enmarañada. creo. Lennie se encogió. Dios. Sus ojos recorrieron a los dos hombres nuevos y se detuvo. En un rancha no se escucha lo que dicen los demás. -¿Han visto a mi viejo? -preguntó. -Es un buen tipo -convino el viejo-. Sus ojos eran a la vez calculadores y belicosos. Miró fríamente a George y luego a Lennie. Se le atiesó el cuerpo y asumió una actitud casi agazapada. En la mano izquierda llevaba puesto un guante de trabajo y. -Deje que hable el grandote. Sus brazos se doblaron gradualmente en los codos y sus manos se cerraron en dos puños. Parece buen tipo. No me gustan los curiosos. Apoyó la escoba contra la pared y se frotó con los nudillos la mejilla erizada de canas. verdad? -Puede hablar. No oí nada de lo que decían. ¿Para qué se mete usted? -Viajamos juntos -contestó George fríamente. -Veré si lo alcanzo -dijo Curley. No hacía más que pararme a la sombra para rascar al perro. Curley -repuso el barrendero-. El anciano miró con incomodidad a George y a Lennie y otra vez a George. ojos pardos y la cabeza llena de apretados rizos. Fue para la cocina. Ese perro es más viejo que el diablo. -Acabamos de llegar-se hizo eco Lennie. como el patrón. estaba oyendo lo que decíamos -insistió George-. El que lo hace no dura mucho. Hay que saberlo llevar. -Bastante bien. ni se hacen preguntas. Pero ya estaba tranquilizado por la defensa del barrendero. era un buen ovejero cuando joven. Lo tengo desde que era cachorro. -Por Dios. El barrendero lo siguió mirando hasta que estuvo bien acostado. En ese momento entró en el galpón de los peones un hombre joven: un hombre joven y flaco. algo apaciguado-. suavemente. Curley lo miró con fijeza. de cara tostada. Lennie miraba desconsolado a George para que lo instruyera. La próxima vez me contesta cuando le hablo.

Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 16 Se volvió hacia la puerta y se marchó.parece un buen hijo de perra. ese guante está lleno de vaselina. -Bueno. -Es el hijo del patrón -contestó quedamente-. y luego se volvió al barrendero. -¿Vio ese guante que tenía en la mano izquierda? -Sí.. Es bastante peleador. Nunca me pareció justo. A él no le importa nada.. -Tal vez querrá lucirse ante su mujer. Supongamos que Curley se pelea con un grandote y le da una paliza.. 16 Librodot . Y supongamos que vuelve a hacer lo mismo y el grandote le da una paliza. He visto muchos. pero ese imbécil de Curley va a sentirlo mucho si se mete con Lennie. porque el padre es el patrón. -Me parece que últimamente se ha puesto peor -reinició el barrendero-. Curley es como muchos de estos hombres chicos. lo vi. Usted habrá conocido tipos así. Es un peso liviano. Pero este Curley haría bien en no meterse con Lennie. Me mataría. Nunca me pareció bien. y bastante peleador. Nunca le van a pegar. -Bueno. ¿verdad? Siempre buscando pendencia. El anciano miró cautelosamente a la puerta para asegurarse de que nadie lo escuchaba. -¿Vaselina? ¿Para qué? -Bueno. No me gustan los hombrecitos malos. expresó: -Bueno. George estaba vigilando la puerta. No hace más que buscar pendencia a los grandotes. Juntó algunos naipes y los barajó. le diré. Lennie no es peleador.pero no tiene por qué meterse con Lennie. -Claro -repuso George-. -Oiga. El viejo se sentó en otro cajón. le diré. ¿Qué tenia contra Lennie? El barrendero ponderó. -Es una vergüenza que ande diciendo esas cosas -pronunció. Lennie no le hizo nada. Se acercó a la mesa cuadrada y se sentó en uno de los cajones. -Este Curley -opinó. Curley dice que quiere tener esa mano suave para su mujer. George estudió las cartas como absorto en ellas. La mujer vive en la casa del patrón. y tal vez se le van todos encima. -Bueno. Parece que Curley es más gallito desde que se casó. Es como si Curley llevara siempre las de ganar. El barrendero tomó el gusto a sus chismes. ¿qué diablos tiene este tipo? Lennie no le hizo nada. -No le vaya a decir a Curley nada de esto. Ha boxeado bastante. pero es fuerte y rápido y no conoce leyes. aún un poco doblados los codos. Se casó hace un par de semanas. Odia a los grandotes. que se guarde de Lennie. George cortó el mazo de naipes y empezó a dar vuelta las cartas mirando cada una y arrojándola después en una pila. que sea peleador -admitió George. George lo miró alejarse. Entonces todo el mundo dice que el grandote debía pelearse con alguien de su tamaño. -Bueno. Curley es muy peleador -repitió escépticamente el barrendero-. Lennie no es un boxeador. Con el tono de quien formula un presagio. Todo el mundo dice que Curley es muy valiente.. Como si se enojara con ellos porque él no es grande.

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El viejo quedó tranquilo. Había obtenido de George una declaración derogatoria.
Se sintió seguro ahora, y habló con mayor confianza.
-Espere hasta que conozca a la mujer.
George cortó una y otra vez los naipes, y tendió un solitario, lentamente, con
cuidado.
-¿Linda? -preguntó como al pasar.
-Sí. Linda... pero...
George estudió sus naipes.
-Pero, ¿qué?
-Bueno... anda buscando.
-¿Sí? ¿Dos semanas de casada y anda buscando? Tal vez sea por eso que Curley
está tan inquieto.
-Yo la he visto buscar a Slim. Slim es un tronquero. Muy buen tipo. Slim no
necesita botas de tacos altos para manejar mulas. Yo la he visto buscar a Slim. Curley
no lo sabe. Y la he visto buscar a Carlson.
George fingió falta de interés.
El barrendero se incorporó de su asiento.
-¿Sabe qué creo? -George no respondió.- Bueno, creo que Curley se ha casado
con una... una cualquiera.
-No es el primero -comentó George-. Muchos se han visto en las mismas.
El anciano se movió hacia la puerta, y su pobre perro levantó la cabeza y espió a
su rededor, y por fin se puso dolorosamente de pie para seguir al amo.
-Tengo que poner las palanganas para que se laven los muchachos. Las
cuadrillas volverán dentro de poco. ¿Ustedes van a cargar cebada?
-Sí.
-¿No le contará a Curley nada de lo que he dicho?
-No, qué diablos.
-Bueno. Mírela bien, señor, cuando la encuentre. Ya verá si no es lo que yo digo.
El viejo cruzó la puerta hacia el sol brillante.
George tendió las cartas pensativamente, dio vueltas a sus pilas de tres naipes.
Puso cuatro barajas de bastos sobre el as. El cuadrado de sol estaba ya en el piso, y a
través de él latigueaban las moscas como chispas. Un sonido de
tintineantes arneses y el crujido de ejes muy cargados llegaron desde afuera. De
la distancia se oyó un claro llamado.
-¡Peón del establooo! ¡Peóooon! -Y luego:- ¿Dónde diablos está ese condenado
de negro?
George observó las perspectivas de su solitario, y luego juntó las cartas y se
volvió a Lennie. Lennie estaba tendido en su camastro, mirándolo.
-¡Oye, Lennie! Esto no me gusta. Tengo miedo. Te vas a ver en un lío con ese
Curley. He conocido a otros como él. Te estuvo sondeando. Ahora se cree que le
tienes miedo, y en cuanto se le presente el momento te va a dar un puñetazo.
Lennie, atemorizados los ojos, se quejó:
-No quiero líos. No le dejes que me pegue, George. George se levantó, fue hasta
el camastro de Lennie y se sentó.
-Me indignan esos tipos. He visto a muchos como él. Ya dijo bien el viejo:
Curley no lleva nunca las de perder. Siempre gana. -Pensó un momento.- Si se mete
contigo, Lennie, nos meterán en la cárcel. Puedes estar seguro. Es el hijo del patrón.
Escucha, Lennie. Trata siempre de estar lejos de él, ¿oyes? No le hables nunca. Si se
mete aquí, te vas al otro lado de la pieza. ¿Harás lo que te digo, Lennie?
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-No quiero líos -se lamentó Lennie-. Yo no le hice nada.
-Bueno, pero de nada te vale eso si Curley quiere hacerse el boxeador. Tienes
que evitar que se meta contigo. ¿Te vas a acordar?
-Claro, George. No voy a decir una palabra.
Ahora era más fuerte el ruido de las cuadrillas que se acercaban: pisoteo de
grandes cascos en suelo duro, rechinar de frenos y tintineo de cadenas de tiro. Los
hombres se llamaban uno al otro desde sus carros. George, sentado en el camastro
junto a Lennie, frunció el ceño al pensar. Este preguntó tímidamente:
-¿No estás enojado, George?
-No estoy enojado contigo, no. Estoy enojado por ese perro de Curley. Esperaba
que podríamos juntar un poco de dinero... tal vez cien dólares. -Se hizo incisivo su
tono.- Tienes que estar siempre lejos de Curley, Lennie.
-Claro que sí, George. No voy a decir nada.
-No pelees, aunque te provoque... pero... si ese hijo de perra te da un puñetazo...
contéstale.
-¿Contéstale qué, George?
-Nada. No te preocupes. Ya te lo diré. Me dan rabia esos tipos así. Escucha,
Lennie: si te metes en un lío, ¿recuerdas lo que te dije que hicieras?
Lennie se incorporó apoyado en un codo. Su cara se contorsionó por el esfuerzo
de pensar.
-Si me meto en un lío, no me dejarás que cuide los conejos...
-No es eso lo que digo. ¿Recuerdas dónde dormimos anoche? ¿Junto al río?
-Sí. Me acuerdo. ¡Claro que me acuerdo! Tengo que ir allí y esconderme en el
matorral.
-Quédate escondido hasta que llegue yo. No dejes que te vean. Ocúltate en el
matorral junto al río. Ahora, repítelo.
-Me escondo en el matorral junto al río, en el matorral junto al río.
-Si te metes en un lío.
-Si me meto en un lío. Afuera chilló un freno de carro. Llegó un llamado: -¡Peón
de establoooo! ¡Eh! ¡Peóooon!
George dijo:
-Repítelo para adentro, Lennie, hasta que no lo olvides.
Los dos hombres alzaron la vista, porque se había cortado el rectángulo de sol en
la puerta. Estaba allí, de pie, una moza, mirando hacia adentro. De labios llenos, pin-
tados, y ojos muy separados, y muy compuestos. Tenía las uñas rojas. El cabello le
colgaba en rizos largos, como salchichas. Llevaba un vestido de entrecasa, de
algodón, y chinelas rojas, en cuyo empeine lucían ramilletes de rojas plumas de
avestruz.
-Estoy buscando a Curley -dijo. Su voz tenía una cualidad nasal, quebradiza.
George retiró la vista de la mujer, y luego volvió a mirarla.
-Estuvo aquí hace un minuto, pero se fue.
-¡Oh!
Puso las manos detrás de la espalda y se apoyó contra el marco de la puerta de
modo que las formas de su cuerpo quedaron reveladas a través de la ropa.
-¿Ustedes son los dos nuevos que acaban de llegar, no es cierto?
-Sí.
Los ojos de Lennie recorrieron el cuerpo de la mujer y aunque ella parecía no
advertirlo se irguió un poco. Mientras se miraba las uñas, explicó.
-A veces Curley está aquí dentro.
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-Bueno, pero ahora no está -interrumpió George bruscamente.
-Si no está, creo que será mejor buscarlo en otra parte -se expresó juguetona la
mujer.
Lennie la miraba, fascinado. George dijo:
-Si lo veo, le haré saber que usted lo andaba buscando. Sonrió ella sutilmente y
dobló el cuerpo.
-Nadie se va a enojar porque lo busquen -se le ocurrió. Hubo detrás de ella unos
pasos que seguían de largo. La mujer volvió la cabeza.
Slim -saludó.
La voz de Slim llegó desde afuera.
-Hola, buena moza.
-Estoy buscando a Curley, Slim.
-Sí, pero no lo busca con mucha gana. Acabo de verlo entrar en su casa.
La mujer pareció aprensiva de pronto.
-Hasta luego, muchachos -saludó hacia el interior del galpón, y se alejó de prisa.
George volvió la mirada hacia Lennie.
-Jesús, qué pieza -comentó-. Así que eso es lo que buscó Curley como mujer.
-Es linda -abogó Lennie.
-Sí, y ella no lo sabe. Curley va a tener un buen trabajo. Apuesto a que ella lo
dejaría plantado por veinte dólares.
Lennie seguía mirando la puerta donde había estado la mujer.
-¡Dios, era linda!
Sonrió admirado. George lo miró rápidamente, y luego lo tomó de una oreja y lo
sacudió.
-Oye lo que te digo, imbécil -reclamó con fuerza-. No vayas a mirar siquiera a
esa perra. No me importa lo que diga o lo que haga ella. Las he conocido peligrosas,
pero jamás he visto veneno como ésta. Es un cebo para la cárcel. Déjala tranquila.
Lennie trató de librar su oreja.
-Yo no hice nada, George.
-No, nada. Pero cuando estaba ahí en la puerta mostrando las piernas, tú no
mirabas para otro lado, ¿eh?
-No quise hacer mal, George. De veras.
-Bueno, guárdate de ella, porque es una señal de peligro. Deja que Curley se las
entienda solo. El mismo se tragó el anzuelo. Guante lleno de vaselina-agregó George
asqueado-. Y apostaría a que come huevos crudos y pide tónicos por carta.
Lennie exclamó de pronto:
-No me gusta este lugar, George. No es un buen sitio. Quiero irme de aquí.
-Tenemos que aguantar hasta que consigamos el dinero. No lo podemos
remediar, Lennie. Nos iremos tan pronto como podamos. Tampoco a mí me gusta
esto. -Volvió a la mesa y tendió un nuevo comienzo de solitario.
-No -insistió-. No me gusta. Ahora mismo me iría. Si podemos juntar apenas
unos dólares, nos iremos al Río Americano a recoger oro. Allí podremos juntar un par
de dólares por día, y quizás encontrar un depósito de pepitas.
Lennie se inclinó ansiosamente hacia él.
-Vamos, George. Salgamos de aquí. Este sitio no es bueno.
-Tenemos que quedarnos -afirmó George bruscamente-. Cállate ahora. Están por
entrar.
Del lavadero cercano llegaba el ruido de agua y de recipientes en movimiento.
George estudió sus cartas.
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Su voz era muy suave-. entró en la casa de los peones. sí -asintió George-. en cambio.. más allá de él. -Estos dos acaban de llegar -expresó Slim a manera de presentación. -Mucho gusto -repitió Carlson-. -Espero que vaya en mi cuadrilla -reinició.. que toda charla se de- tenía cuando él hablaba. le hizo un surco en el medio y se lo puso. Tan grande era su autoridad. al otro lado de George. Había una gravedad en sus maneras y una quietud tan profunda. ¿cómo está la perra? Vi que no andaba con el carro esta mañana. mientras se peinaba hacia atrás el cabello largo. eran en su acción tan delicadas como las de una danzari- na de templo. Nos cuidamos uno al otro. Carlson. pero ese grandote puede cargar más cereal él solo que cualquier par de hombres. -Es mucho mejor viajar con un amigo -opinó George. Este otro es Lennie Small. Tengo en la cuadrilla un par de idiotas que no distinguen una bolsa de cebada de una planta de cardo. Slim. no de pensamiento sino de una comprensión allende el pensamiento. Quizá todos tienen miedo de todos los demás en este condenado mundo. negro. 20 Librodot . vestía pantalones azules y una chaqueta corta de estameña. capaz de conducir diez. Slim miró a George. de abultado abdomen. Era un tronquero de mulas.Éste no es muy inteligente. Éste era Slim. Sus manos. ¿Ustedes han cargado cebada alguna vez? -Uuuf. -Hola. Slim -saludó. Su oído escuchaba más de lo que se le decía. húmedo. -Mucho gusto -dijo el hombre-. el tronquero de mulas. Su cara enjuta no tenía edad. -Indicó a Lennie con el pulgar. sin exigirla. dieciséis. Quería preguntarle. Estudió el solitario. Podría contar treinta y cinco o cincuenta años. -Hace más luz que el diablo ahí afuera -dijo suavemente-. Pero no hemos hecho nada que ensucie. -Claro -repuso George-. y se movió con una majestad que sólo logran la realeza y los maestros artífices. Invitaba a la confidencia. Apenas puedo ver ahora. grandes y flacas. aun veinte mulas con una sola rienda hasta las delanteras. Todavía le chorreaba de la cabeza el agua del lavado. Lennie. que se aceptaba su palabra como definitiva sobre cualquier tema. Yo no puedo cacarear mucho. el príncipe del rancho. Un hombre poderoso. -¿Ustedes dos viajan juntos? -Era amistoso su tono. -¿Van a cargar cebada? -Eso es lo que dice el patrón. pero no tiene sesos.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 20 -Tal vez tendríamos que lavarnos -dijo-. No sé por qué. Slim miró con aprobación a George por haber hecho la lisonja. Tenía un Stetson aplastado bajo el brazo. fuera de política o de amor. -Yo soy George Milton. sonrió complacido por la lisonja. Es un buen tipo. Trabaja como un diablo. a través de él. Hace tiempo que lo conozco. Un hombre alto apareció por la puerta. -No hay muchos hombres que viajan juntos -musitó-. y su lenta palabra tenía tonos ocultos. para servirlo. que había seguido la conversación de uno a otro hombre con los ojos. Slim se sentó en un cajón frente a la mesa. Se inclinó sobre la mesa e hizo chasquear la punta de un naipe suelto. y luego se detuvo y miró a George y Lennie. Era capaz de matar una mosca posada en el anca de la mula de varas sin tocarle la piel. Como los demás. ¿Ustedes son los nuevos? -Acabamos de llegar -contestó George. Cuando hubo terminado de peinarse entró en la estancia. a pesar de que las cartas estaban para él al revés.. Alisó el aplastado sombrero. Miró bondadosamente a los dos hombres que había en el cuarto.

George. -Pídeselo en seguida. midiendo su estatura. -¿Qué clase de perros van a ser? -No sé -repuso Slim-. Ya no ha de quedar nada que comer. supongo. Nueve cachorros. -Seguro. De pronto comenzó a repicar afuera un triángulo. Cesó tan de pronto como había comenzado. vigilando al hombrecito iracundo. -Hace como media hora. -Harían bien en venir mientras queda algo que comer. Ya oí. no puede comer. y los dos caminaron hacia la puerta. Curley apareció repentinamente. ¿eh? ¿Los va a guardar todos? -No sé. y más y más rápido luego.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 21 -Tuvo cría anoche -informó Slim-. Curley frunció el ceño. -¿Qué diablos estaba haciendo? George permaneció quieto. ahora. Lennie miraba a George lleno de excitación.. -¿Quedan cinco. lento al principio. además. su busto recio. y entonces los dos salieron por la puerta. Curley pareció ver por primera vez a George. ¡Jesucristo! Vamos. Cuando llegaban a ella. tal vez -contestó George fríamente. Lennie. Lennie no se movió de su camastro. Una especie de ovejeros. George juntó sus naipes en un confuso montón. al pasar de largo un grupo de hombres. No van a dejar nada dentro de un par de minutos. Le dejé los más grandes. ¿Por qué no hace que Candy mate a ese perro y le regala en cambio uno de los cachorros para que lo críe? Ese perro apesta todo el ran- cho. 21 Librodot . mire. Esos eran los que más vi por acá cuando la perra estaba alzada. Lennie -dijo George-. Tendré que dejarlos un tiempo para que mamen la leche de Lulú. giró en redondo y se alejó presuroso. -Uno blanco y pardo -exclamó Lennie.. Por fin repuso. No la miré cuando se iba. Vamos. el alcance de sus brazos. No sé sí tendrá uno de ese color. Slim. Cada vez que entra aquí queda el olor por dos. Afuera hubo un estallido de voces. Tengo miedo de pelearme yo mismo con ese perro. que lo estaba buscando a usted. He estado pensando. ¿para qué lado fue? -inquirió al fin. Carlson agregó pensativamente: -Bueno. Le pediré uno. Tenemos que ir a comer. Sus ojos relampaguearon sobre él. Slim se incorporó lentamente y con dignidad. Lo odio. -Bueno. cinco. Ahogué cuatro en seguida. tres días. No le quedan dientes. hasta que el repiqueteo desapareció para ser un solo sonido continuo. -Ahí está -anunció Carlson. -Sabes. George había estado mirando fijamente a Slim. ¡fuera de esa cama! Lennie se deslizó de su camastro y se puso de pie. -¡Sí! -dijo-. Carlson siguió: -Cinco cachorros. No podría criar tantos. No puede masticar. insultante: -Dijo. Candy le da leche. para que no mate más de los que quedan. Carlson se hizo hacia atrás para dejar que Slim lo pre- cediera. Ese perro de Candy está ya tan viejo que apenas puede caminar. está casi ciego. -Vamos. -¿Han visto a una chica por aquí? -preguntó iracundo. eh? -Sí. Apesta como el diablo. -No sé -respondió George-.

Por eso digo que es raro que un chiflado como él y un hombre tan vivo como usted anden juntos. Slim se hizo levemente hacia atrás para que no le diera la luz en la cara. De la distancia llegaba un ruido de platos. Curley apareció otra vez por la puerta echando una mirada dentro del cuarto. de tanto cargar bolsas. Slim estiró un brazo sobre la mesa de los naipes y encendió la lamparilla eléctrica con pantalla de lata. -Tal vez no sea mucho para usted -admitió George. -¿Qué tiene de raro? -preguntó George defensivamente. El sol trazaba una fina línea bajo la ventana. 22 Librodot . la enmarañada cabeza se hundió otra vez hasta el piso. De todos modos iba a ahogar a casi todos. No hay por qué darme las gracias. El perro alzó la cabeza. no sé cómo vamos a conseguir que duerma aquí. Al cabo de un momento el perro viejo entró renqueando por la puerta. George habló orgullosamente: -No hay más que decir a Lennie lo que debe hacer y lo hará. Oiga. -Es raro cómo andan juntos usted y él. -No es nada -repitió Slim-. y el cono de la pantalla arrojó directamente hacia abajo su claridad. Por Dios. Casi nunca he visto a dos hombres que viajen juntos. No hay nadie que le pueda seguir el paso. siempre que no tenga que pensar. CAPÍTULO III Aunque se veía el resplandor del atardecer por las ventanas del galpón de peones. Casi todos viajan solos. Slim y George entraron juntos en el cuarto a oscuras. semiciegos. y unas voces entusiastas. Por Dios. Por la puerta abierta llegaban los golpes sordos y los ocasionales tañidos de un juego de herraduras. Querrá ir a acostarse en el granero con los perros. Miró a su alrededor con ojos dulces. pero cuando Curley se alejó. Slim se sentó en un cajón y George tomó el lugar opuesto.pero para él es una gran cosa. No es capaz de pensar por su cuenta. Nos costará mucho impedir que se meta en el cajón con esos cachorros. Instantá- neamente la mesa quedó brillante de luz. Desde afuera llegó el tañido de una herradura sobre la estaca de hierro. Husmeó. Ya sabe cómo son: aparecen en un rancho y les dan un camastro y trabajan un mes. -Oh. nunca he visto otro tipo tan fuerte. dejando aún a oscuras los rincones del cuarto. y luego se tendió y puso la cabeza entre las patas. y de vez en cuando el sonido de voces elevadas para aprobar o mofarse. -Era una calmosa invitación a la confidencia. pero jamás he visto otro que trabajara como él. la verdad es que usted tenía razón sobre ese hombre. Parece que nadie les importara. adentro estaba oscuro. -No es nada -dijo Slim-. Por poco mata al compañero. no sé. y después se cansan y se van solos.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 22 Salieron. Tal vez no sea inteligente. pero sabe hacer lo que se le ordena.

Pero al poco tiempo ya no era tan divertido. Siempre queriendo pelear. Imbécil como es. y él podía romperme todos los huesos del cuerpo con una sola mano. Los dos nacimos en Auburn. He visto a los peones que andan solos por los ranchos. Slim no lo alentaba ni lo desalentaba... -No es tan raro que él y yo andemos juntos -reinició por fin-. ojos de Dios. Se calló. Como le pasó en Weed. -¿Qué fue lo que hizo en Weed? -preguntó otra vez Slim. A veces me parece que es al contrario. Cuando murió la tía Clara. Eso no está bien.. Y yo tampoco soy tan vivo. Bien se ve que Lennie no es nada malo. Al tiempo se hacen ruines. si hacía cual- quier cosa que yo le dijera. se hacen ruines -convino Slim-. Bueno. pero no está loco. Junto a él me parecía que yo era el tipo más inteligente del mundo. -¿No se lo contará a nadie? -¿Qué fue lo que hizo en Weed? -preguntó Slim calmosamente. George reunió las cartas dispersas y comenzó a tender su solitario. no es chiflado -dijo George-. Y él se tiró. tendría mi chacra. Seguía sentado. Lennie salió conmigo a trabajar. -Bueno.. No sabía nadar ni una brazada. Le he pegado hasta cansarme. Yo creía ser muy vivo. al abismo se tiraba. echado hacia atrás. y estaría recogiendo mis cosechas. Qué. Quería hablar. quiere tocar todo lo que le gusta. un pelmazo -prosiguió George-. la tía de Lennie. -Raro -siguió George-. -No es malo -opinó Slim-. Yo solía divertirme como el diablo a costa de él. pues. vio a aquella chica con un vestido rojo. -Ummm -hizo Slim. pero jamás alzó un dedo contra mí. no estaría cargando cebada por cincuenta dólares y la comida. No. Solía jugarle malas pasadas. George dirigió la vista a Slim y vio fijos en él sus ojos tranquilos. para tocar ese 23 Librodot . si fuera apenas un poquito vivo. porque es tan estúpido. que con el tiempo no quieren hablar con nadie. -Sí. Tanto. Diablo. -Es un buen tipo -admitió Slim-. Si le decía que saltara a un abismo. No se divierten nada. Estuvo a punto de ahogarse antes de que lo sacáramos del agua. Pero siempre está metiéndose en líos. que lo recibió cuando era un chico y lo crió. quieto y receptivo.. Estira la mano.. -Claro que Lennie es casi siempre un estorbo. Si fuera inteligente. cómo me divertía. -La voz de George iba tomando un tono de confesión. porque era demasiado tonto para darse cuenta.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 23 -No.. -Claro que no es malo. George quedó en silencio. Con el tiempo nos acostumbramos uno al otro. Me dirijo a Lennie y le digo: "Salta al río". ¡Y me estaba tan agradecido por haberlo salvado! Se olvidó de que era yo quien le había dicho que se tirara al agua.Le contaré qué fue lo que me hizo cambiar. desde entonces no he vuelto a hacer cosas así. Pero era tan ton- to que ni siquiera sabía que le habían hecho una broma. La luz del atardecer aún encendía las cuadradas ventanas. pues. Yo conocía a la tía Clara. -Yo no tengo familia -dijo George-. Es imbécil como un burro. Pareció alarmarse y miró fijamente a Slim. detuvo la mano cuando había vuelto a medias una carta. en lugar de hacer todo el trabajo y no po- seer nada de lo que nace en la tierra. Afuera. de serlo. Un día estábamos con unos cuantos tipos junto al Río Sacramento. las herraduras golpeaban en la tierra dura. No se necesitan sesos para ser bueno. Nada más que palparlo. Pero uno se acostumbra a andar con otro tipo y ya no lo puede dejar. Casi nunca un tipo muy vivo es un hombre bueno. es claro que no lo va a contar. Y nunca se enojaba conmigo. -¿No lo contará?.

así como le gusta acariciar a esos cachorros.. -¿Eh? ¿Qué pasa. nada más. -Lennie -llamó con severidad.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 24 vestido. y es capaz de hacer cualquier cosa que yo. Bueno. y la chica suelta un chillido. qué diablos. 24 Librodot . y Lennie se confunde todo. -Dámelo. Yo también me asustaría si me agarrara. y sigue agarrando el vestido porque eso es lo único que puede pensar. sabe. Estaba tan asustado que no soltaba el vestido. Pero no le hizo daño. Lennie se sentó rápidamente. George. Te juro que no. -¿Qué cachorro. George? No tengo nada. Tiene que dormir con la madre. -¿No le hizo ningún daño a la chica. Lo llevo en seguida. como yo quería. la chica grita y grita. y para entonces Lennie tiene tal miedo que lo único que puede pensar es en no soltar a la chica. y voy corriendo. Lennie entró por la puerta. y oí los chillidos. La asustó. George. bajo el agua. todo el resto del día. y caminaba con el cuerpo muy agobiado. No quise hacer daño. Sólo quería tocarle el vestido. Llevaba su chaqueta de estameña azul puesta sobre los hombros como una capa. George puso despaciosamente las cartas sobre la mesa. Apenas asomábamos la cabeza sobre el agua. A una legua de distancia se ve que no es malo. Los hombres de Weed forman una partida para ir a linchar a Lennie. -Dámelo. escondidos bajo el pasto que crece al costado de la zanja. Lennie extendió las manos suplicantes. Entonces nos sentamos en una zanja de riego. Los ojos de Slim estaban fijos en George. Se inclinó y recogió el cachorrito. eh? -preguntó por fin. Slim guardó silencio por un instante. Asintió muy lentamente con la cabeza. Lo llevas de vuelta o le digo a Slim que no te lo deje tener. ¿Qué te parece ahora el cachorro? Lennie susurró sin aliento: -Es blanco y pardo. sin parpadear. Y esa noche salimos disparando de allí. -Claro que no. Sólo quería acariciarlo un poco. Le pegué en la cabeza con una varilla de alambrado para hacer que la soltara. Lennie -dijo George-. -No es malo -volvió a opinar Slim-. George fue velozmente hasta él.. Yo estaba cerca. la chica corre a decir a todos que han abusado de ella. George? -Te dije que no debías traer aquí ese cachorro. -No. George. lo tomó del hombro y le hizo girar el cuerpo en el camastro. George le entregó el cachorro. Y es tan fuerte como el diablo. -Bueno. -Te levantas en seguida y llevas el cachorro con los demás -ordenó George-. que Lennie había estado ocultando contra el estómago. -Hola. -¿Qué pasó entonces? George construyó cuidadosamente la línea de cartas para su solitario. ¿Quieres matarlo? Acaba de nacer y ya lo quieres separar de la perra. Fue directamente al camastro y se tendió y volvió la cara hacia la pared y encogió las rodillas. Lennie dobló el cuello y miró por sobre el hombro.

Y apesta como el infierno. pero este perro es el mejor ovejero que he visto. Yo lo mataré. -No -repuso en tono débil-. ¿No juegan a las herraduras? -No me gusta jugar todas las noches -repuso Slim. no importa. 25 Librodot .. Candy miró a su alrededor lleno de infortunio. Allí no va a hacer daño. ¿Por qué no lo matas. Carlson. Ya era casi oscuro afuera. -Bueno. salvo que es tan fuerte. llegó del patio que se estaba oscureciendo. bajó la mirada hacia el perro. Candy giró hasta el borde de su camastro. Caminó con sus pasos de piernas pesadas y miró de cerca al perro.conocí a un hombre que cuidaba ovejas con un ratonero. Lennie salió casi corriendo. -Y agregó orgulloso:. -Pero si no hace más que sufrir -insistió Carlson-. cómo ensarta herraduras ese negro. Desde cachorro. ¡Diablos! Hace tanto que lo tengo. Lo tengo desde hace tanto tiempo. el barrendero. trabajosamente. Lo tengo desde que era cachorro. George. Tienes que llevártelo. Cuidaba ovejas con él. Es como un niño. aun antes de comerlos. Se detuvo y husmeó el aire y. Caminó hasta el otro extremo del cuarto y encendió la segunda lamparilla. Está todo duro de reumatismo.. Sabía que me iban a hacer mal. Ese olor queda aquí después de haberse ido el perro. Entonces no serás tú quien lo haga.. Candy! No hay nada que huela tanto como un perro viejo. Nadie le puede ganar. Por Dios. Apuesto a que no viene esta noche a dormir aquí. -Más oscuro que el infierno -comentó-. no iba a sentir nada. ¡Sácalo de aquí. el de grueso cuerpo. El viejo Candy. -Estoy tan acostumbrado a tenerlo conmigo -dijo suavemente-. Esos condenados nabos me hicieron mal. Tendió una mano hacia abajo y palmeó al perro. -A mí me duele mucho-se quejó Candy-. Candy. Slim no se había movido. y detrás de él. entró su viejo perro. Llévalo en seguida y no lo saques más. y luego pidió disculpas: -Estoy tanto con él que no me doy cuenta de que apesta.. Si lo llevaras afuera y le pegaras un tiro detrás de la cabeza -se inclinó y señaló-. Sus ojos tranquilos siguieron la marcha de Lennie. Se va a quedar a dormir junto al cajón en el granero.. pero yo no lo aguanto -dijo Carlson-. -Ya lo creo -aprobó Carlson-. cómo apesta ese perro. Candy? El viejo se retorció incómodamente. como un niño. -Bueno.. aún husmeando. -Hola. Bueno. Lo tomaría yo. -¿Alguno de ustedes tiene una gota de whisky? Me duele la barriga. -¡Jesús! -exclamó-. -Juega muy bien -ponderó Slim... Escucha lo que digo. No te sirve para nada. aquí mismo.. Hola. ¿verdad? -Claro que es como un niño. -Oye. y no me duele nada. Y él sufre mucho.. Candy. No sería capaz. -En Weed -interrumpió George. -Dios del cielo. Candy echó las piernas fuera del camastro. Se rascó nerviosamente los blancos pelos de la mejilla. si tuviera. Carlson no iba a dejar que lo alejaran del tema. -No tiene dientes -prosiguió-.. En cuanto te descuides lo vas a matar. Este perro no hace más que sufrir. Y no tiene nada de malo.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 25 -Está bien.Nadie lo creería al verlo ahora. Slim. entró y fue a su camastro. Había aprendido a trabajar al ver a los otros perros. -Yo no tengo -contestó Slim-..

Los dos manejábamos cultivadoras. Sírvase publicar otros como El Jinete Enmascarado. -¿No se acuerda de Bill Tenner? ¿Uno que trabajó aquí hace cosa de tres meses? Slim pensó.. -Quién sabe si Bill la habrá visto -dijo-. -Aquí.¿Para qué me hace leer eso? Whit cerró significativamente la revista. porque las opiniones de Slim eran ley. como si aún portara la invisible bolsa de cereal. -"Señor director -leyó lentamente Slim-: Leo su revista desde hace seis años y creo que es lo mejor que se publica. Apuesto a que Slim te daría uno de los cachorros.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 26 -Bueno. Slim? El tronquero había estudiado al viejo perro con sus ojos tranquilos. Yo desearía que alguien me pegara un tiro cuando llegase a ser viejo y tullido. Durante la conversación.Carlson tiene razón. Bill dice: "Tal vez la estén guardando para más adelante". -¿Un tipo más bien chico? ¿Manejaba una cultivadora? -Eso es -exclamó Whit-. no sentirá nada. pero no le haces ningún favor con no matarlo -intervino de nuevo Carlson-. -Del modo como lo voy a matar. Y así era. Candy. Lea el nombre que hay al pie. La oscuridad era ya total afuera. Por fin reinició Carlson: 26 Librodot . Había seguido mirando al perro. La mira y me dice: "Escribí una carta y no sé si estará aquí". -Tal vez le duela -sugirió-. si quiere. Slim se inclinó sobre la mesa. Creo que es notable. Slim? -preguntó. -Vamos -dijo el mozo-. Le pondré la pistola aquí mismo -señaló con la punta del pie-. -Sí -admitió-. Fue hasta su camastro y puso el sombrero sobre el estante. la perra de Slim acaba de tener cría. -"Esperando que siga su buen éxito. Bill era un gran tipo. Luego sacó del mismo una revista ordinaria y la llevó hasta la luz. sobre los talones. Oye. Sus hombros agobiados estaban inclinados hacia adelante y caminaba pesadamente. -¿Le mostré esto. Bill y yo estábamos aquí un día. -Debe ser así -consintió Slim-. ¡Es ése! -¿Le parece que él escribió esta carta? -Claro que sí.. Candy puede llevarse un cachorro. -¿Qué? El mozo abrió la revista en una de las últimas hojas. -Pareció sacudirse para librarse de ideas y poder hablar. la puso sobre la mesa y señaló con el dedo. Slim alzó la mirada interrogativamente: -¿Para qué me hace leer eso? -Siga -pidió Whit-. Lea fuerte. Yo no escribo muchas cartas pero lo hago ahora para decirle que su revista bien vale el dinero que cuesta". Un joven trabajador entró en el salón. lea esto. Carlson se mantuvo sin intervenir. No me importa seguir cuidándolo. sobre la mesa. William Tenner". Candy lo miró con desesperanza. Bill y yo trabajábamos juntos en el cuadro de lino. Ni siquiera se moverá. Le acababa de llegar una de estas revistas.. Ese perro no hace más que sufrir. Candy buscó ayuda de cara en cara. -Otra vez alzó la mirada hacia Whit. Candy lo vigilaba con inquietud. George tendió la mano hacia la revista. Se la publicaron. Pero no estaba. Me gustan los cuentos de Peter Rand.. Bien detrás de la cabeza. ¿verdad. Ahí está carta.

menos Candy. Vamos. Otra vez cayó el silencio en el cuarto. Candy aventuró. -Tal vez mañana - aventuró Candy-.. y la tuvo presa. Le tengo que poner algo de brea. sin esperanzas: -Está bien.Vamos. Del bolsillo sacó Carlson una fina correa de cuero. 27 Librodot . Chasqueó nerviosamente el borde del mazo. pero George no barajó los naipes.se ha partido un casco. Murió el ruido de los pasos de Carlson. -¿Qué. perrito. bajo la luz. y corrió el cerrojo de madera sin hacer ruido. -¿Qué? -Ya sabe lo que tiene que hacer. Había silencio afuera. Candy seguía rígidamente tendido en el lecho. Ya no tiene para qué vivir. Y luego. llévelo. Pasó un minuto. -Diablo si tengo. ahora que tiene su perro. y siguió a la correa que lo tironeaba con leve insistencia. Slim fijó los ojos en él por un momento y luego se miró las manos: calmó a una mano con la otra. No va sufrir nada. disculpándose. Candy no respondió. George lo siguió hasta la puerta. -Candy no se movió ni respondió. Y Slim no la dio. lo miraban. No puede comer. -No veo por qué -cortó Carlson. suavemente. Esperemos a mañana. -Candy -llamó Slim-: puedes quedarte con el cachorro que quieras. -Vamos. Todos los hombres. cruzó los brazos detrás de la cabeza y miró al techo. El perro se puso lentamente. Sólo Candy seguía contemplando el techo con ojos muy abiertos. ni siquiera camina sin sufrir dolores.a que Lennie está metido en el granero con su cachorro. de pie. claro! Ya entiendo. mirando hacia arriba. perrito. Candy miró largo rato a Slim para tratar de encontrar una revocación. Se oyó un ruido que venía de bajo el piso y todos los hombres miraron agradecidos hacia el lugar. -¿Alguien quiere jugar unas manos conmigo? -invitó George mostrando los naipes. hacia Candy-: No lo sentirá siquiera. Se metió la pistola en el bolsillo trasero del pantalón. de modo que dejó de hacerlo. despenaré al pobre perro ahora mismo. Tengo una Luger. perrito -dijo con suavidad. Se sentaron ante la mesa. Y el silencio duraba. No podemos dormir con lo que apesta este perro. -¡Ah. Cayó otra vez el silencio sobre la estancia. -Carlson -llamó Slim. Candy seguía quieto. -Yo jugaría un poco -asintió Whit. El silencio entró también en la estancia. Acabemos de una vez. la cerró. Ya no querrá venir aquí. Slim? -Lleve una pala -indicó Slim brevemente. espe- ranzado: -No tienes con qué matarlo. -Apuesto -exclamó George con una risita.. mirando al techo. y otro minuto. uno frente al otro. Se inclinó y la ató en torno al pescuezo del perro. y el chasquido atrajo los ojos de todos los hombres presentes.. -Y condujo al perro a la oscuridad. no ve. Se echó hacia atrás en su camastro. Carlson tironeó de la correa. -Una de mis mulas -comentó Slim en voz muy alta. Fue hasta su camastro. tiesamente. Se apagó el eco de su voz. sacó un atado que había debajo y en su mano apareció una pistola Luger-.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 27 -Si quieres. No miró siquiera al perro. Por fin consintió Candy. Venía de la noche e invadía la estancia.

una flaca cabeza negra.. Empiece a dar cartas. Slim siguió al peón fuera de la estancia. -¿Ha visto ya a la nena nueva? -preguntó. Iré a hacerlo yo mismo -agregó Slim. Whit tomó sus cartas y dijo: -Parece que ustedes dos vinieron a trabajar de veras. después del desayuno. Slim separó los ojos del viejo Candy. y se puso de pie.. George dio cartas. -Señor Slim. se volvió lentamente en la cama y quedó de cara a la pared. -Pues. Los hombres miraron rápidamente al anciano. -No. Tendríamos que poner una trampa. sin haber trabajado un minuto. -Ese hombre grandote está metiéndose con los cachorros en el granero. Le dan de comer el sábado por la noche. y tres veces el domingo. -Sí. -Bueno. -No les hará daño -repitió Slim-. George barajó ruidosamente los naipes y dio una mano. y Whit recogió las suyas y las estudió. -Pensé que sería mejor que lo supiera usted. -Si ese idiota molesta mucho. A la distancia sonó un disparo. Han venido un viernes. George juntó bien los naipes y les estudió el lomo. pacientes los ojos. Pero ustedes vinieron el viernes a mediodía. señor Slim. llega el sábado por la tarde. Eso no les va a hacer bien. Yo y Lennie vamos a juntar un poco de dinero. El hombre que quiere ver cómo es el lugar. la mujer de Curley. y puede irse el lunes por la mañana. Los saca de la paja y los tiene en las manos de un lado para otro. La puerta se abrió silenciosamente y el peón del establo asomó la cabeza. Otra vez rió Whit. Slim. échelo a patadas. Luego. Le regalé uno de los cachorros. ¿Qué pasa? -Me dijo usted que calentara la brea para el casco de esa mula. -¿Eh? ¡Ah! Hola. Por donde lo miren. ¿quiere? Así no vamos a jugar nunca. la vi. pero no hace daño alguno. -¿Por qué? -Bueno -rió Whit-. Crooks. -Ya entenderá cuando haya trabajado un tiempo en estos ranchos grandes. arrugada de dolores. -Sí. Todas las cabezas se volvieron hacia él.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 28 -Parece que hubiera una rata por ahí -comentó George-. Ya está caliente. -Vamos a quedarnos un tiempo aquí -aseguró-. -Señor Slim -volvió a llamar Crooks. Tienen que trabajar dos días hasta el domingo. -¡Ah. George alzó la vista. George lo miró con fijeza. Ahora voy con usted. -Puedo hacerlo yo. si usted quiere. -¿Por qué diablos tarda tanto tiempo? -estalló Whit-. en silencio. claro! Voy en seguida a curarla. -No entiendo -dijo George. Por un instante Candy siguió mirando al techo. -¿Qué nena? -preguntó a su vez George. Otra vez se hizo el silencio en la habitación. tienen que trabajar un día y medio. 28 Librodot .

Pero Susy tiene su casa bien limpia. que fue tendiendo su lento solitario: siete cartas. Va a haber un tremendo lío por culpa de ella. y mi whisky no tiene agua". Como dice una vez. dice: "Yo sé lo que vienen a buscar ustedes. Y Curley está como si lo picaran las hormigas. mañana por la noche. -Podría ir a echar un vistazo -admitió George. Hay buenas sillas para sentarse. dice: "He conocido personas que creen que tienen un establecimiento sólo porque han puesto una alfombra en el piso y una lámpara de seda sobre el fonógrafo. también." Y dice: "He visto a algunos que andan por ahí con las piernas torcidas porque les gusta ver lindas lámparas. Y nada de peleas allí adentro. se presenta ella. Como dice cuando llegamos el sábado por la noche. Y dice Susy. venga. Susy abre la puerta y grita por sobre el hombro: "A ponerse la ropa. aquí viene la policía". siempre bromeando. quédese por aquí y tenga bien abiertos los ojos. -Yo y Lennie estamos juntando dinero -dijo George-. dice. Era evidente que Whit no se interesaba en sus cartas. Nunca dice malas palabras. Esa mujer es como un revólver con el gatillo listo.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 29 -Bueno. Ese Curley se ha metido en una buena. Si un tipo no quiere hacer nada. y no es bromista como la otra. y correr el riesgo de quemarse. Las dejó recoger por George. Mis chicas son limpias. Es muy divertido: Susy no hace más que bromear." Siempre habla así de la casa de Clara. 29 Librodot . -Va a haber un lío -opinó George-. Porque no esconde nada. Parece que no pudiera estar lejos de los pantalones. y buenas sillas. uno tiene que divertirse a veces.. Está siempre echándole el ojo a alguien. Se puede echar un trago por veinte centavos. Jamás he visto una cosa igual." -Clara es la dueña de la otra casa. -Bueno. -Ya que habla así -dijo Whit. -¿Ha habido líos desde que llegó? -inquirió George como al descuido. La vieja Susy es muy graciosa. todavía no hubo nada. sobre todo como ella. -Ya entiendo -contestó Whit-. ya sabe dónde tiene que ir. Hasta creo que le echa el ojo al negro. ¿no es una preciosidad? -Tanto no he visto -repuso George. -Claro. y a Susy no le importa nada. pues se sienta en una silla y toma dos o tres copas y habla un rato. -¿Por qué? ¿Qué pasa? -Lo de siempre. pero no voy a gastar dos y medio. "Si alguno de ustedes quiere ver una linda lámpara de seda. -¿Cuánto cuesta? -Dos y medio. Curley está que se lo lleva todo por delante. No. y treinta y cinco centavos por cada copa. Nunca vamos. chicas. pero todavía no ha pasado nada. Un rancho con una cantidad de hombres como nosotros no es lugar para una mujer.. y seis sobre ellas. Whit dejó categóricamente las cartas en la mesa. No es mujer de andar insistiendo si uno no quiere hacer nada. Cada vez que los muchachos están por aquí. tampoco. pero eso es todo por ahora.haría bien en venir con nosotros al pueblo. Tal vez vaya con ustedes a tomar una copa. No sé que infiernos quiere. Anda buscando a Curley. -Bueno. Ya verá bastante. y cinco sobre las seis. Tiene cinco mujeres en la casa. Vamos a lo de Susy. o cree que se olvidó algo y lo quiere encontrar. Lindo sitio. Clara cobra tres dólares por cada uno. ¿eh? -Sí.

Carlson encontró una latita de aceite y un cepillito para limpiar la pistola. -Eso mismo te lo habría dicho yo -afirmó George. No miró hacia el viejo Candy. Tiene recortes de diarios y todo. George. Carlson terminó la limpieza de su pistola. Tenía que ponerle brea a una mula que se partió un casco. por eso vine aquí. si se produce. En la bolsa. Candy se volvió y miró por un momento la pistola. Lennie y yo queremos juntar un poco de dinero. -Anda buscando a la señora. Vamos. Me he portado bien. -¿Dónde diablos está Slim? -Fue hasta el granero -informó George-. a la que guardó bajo el camastro.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 30 La puerta se abrió y Lennie y Carlson entraron juntos. Al menos. ¿Qué le pasa? Carlson miró con un solo ojo el caño de su arrua. -Creo que yo voy a ver qué pasa -expresó. o no se metería con Slim. -¿Qué te ocurre? -No he hecho nada. no lo creo. Cuando se oyó el chasquido del eyector de los proyectiles. Claro que no es cierto. y el resto del tiempo es ella la que lo busca. -¿Alguno de ustedes ha visto a mi mujer? -requirió. Slim dice que por un tiempo haría mejor en no andar tanto con esos cachorros Slim dice que no les hace bien. Nadie sabe qué es capaz de hacer Slim. de todos modos. vigilaba cautelosamente a George. George. Carlson metió la mano bajo su cama para sacar la bolsa. Los hombros de Curley cayeron un poco y se echaron hacia atrás.Pero. que seguía de cara a la pared. tratando de no despertar atención. Y ese Curley es bueno para pelear. Pero me gustaría ver la pelea. haría mejor en dejar tranquilo a Slim. Curley salió de un salto y golpeó la puerta para cerrarla tras de sí. Llegó a la final del campeonato nacional. Lennie se acercó a su camastro y se sentó. bien bueno. Carlson dijo: -¿Ha estado Curley por aquí? -No -respondió Whit-. -Me parece que me gustaría ver esto -dijo-.buscando a su mujer. -¿Creyó que Slim está con su mujer. antes de volverse otra vez hacia la pared. y Lennie. Candy seguía muy quieto. Curley está perdiendo el seso. Cuando Whit y Carlson se hubieron marchado y la puerta quedó cerrada tras ellos. -¿Cuánto hace que se fue? -Cinco. No quiero meterme en nada. -No ha estado por aquí -repuso Whit.. Curley miró amenazadoramente en torno suyo. Después se puso a limpiar el caño con el cepillito cilíndrico.. -Así parece -opinó Whit-. George se volvió hacia Lennie.. -Pensó un momento. -Se pasa la mitad del tiempo -comentó Whit sarcásticamente. Los puso en la cama y luego sacó el arma del bolsillo. 30 Librodot . Whit se puso de pie. puso todo en la bolsa. Le vi dar vueltas y vueltas por afuera. verdad? -preguntó George. le quitó el cargador y extrajo de un golpe la bala de la recámara. diez minutos. desde su camastro. -Yo me quedo aquí -se resistió George-. Curley entró precipitadamente en el cuarto.

Procedía con una lentitud deliberada.. George suspiró. pero no lo regalan. De todos modos nunca la vi. -¿No la viste hablar con Slim? -No. para vivir como príncipes. En cambio.. luego la dio vuelta y la volvió a mirar con expresión reconcentrada. George. así como entró hoy aquí? -No. y sobre él apiló un dos. y nada de líos. -De las dos mitades es igual -dijo-. Puso un as separado de las demás cartas. -Sí. y acariciarlo. Casi automáticamente. no te metas. Se levantó de su camastro y se sentó ante la mesa. Y ya sabe cuánto le va a costar. Lennie tamborileó la mesa con los dedos. ¿por qué es igual de los dos lados? -No sé. Lennie. -¿Estás seguro de que esa mujer no entró. -¿George? -¿Eh? -George. yo no les hacía daño. -¿Viste a esa mujer? -¿La mujer de Curley? -Sí. Tenía Muy abiertos los ojos. y movió un poco los labios. no. George continuó: -¿Te acuerdas de Andy Cushman. Tenía una lata de brea y un pincel. un tres y un cuatro. Ni siquiera estuvo en el granero. Sé dónde hay un terreno que podríamos conseguir fácilmente. ¿La viste entrar en el granero? -No. todo por culpa de una de estas mujeres. ese mismo. -Yo no quiero peleas -susurró Lennie. -Andy está en la cárcel ahora. sí. para seguir la charla. -Bueno. No hice más que tener a mi perrito sobre las rodillas. -¿Viste a Slim en el granero? -Claro que lo vi. -Ah. Lennie tomó una carta y la miró detenidamente. Así es como las hacen. que me den un buen burdel en el pueblo. George miró cuidadosamente su solitario. Si ves alguna pelea. -A mí. Escrutó cuidadosamente a George. Allí puede ir uno y emborracharse y librarse de todo lo que le sobra en el cuerpo. George barajó los naipes y tendió su mano de solitario. estas otras son como sentarse en un barril de pólvora. Lennie siguió admirado sus palabras. Tenemos que juntar mucho dinero. No te olvidas de nada si se trata de algo que comer. El viejo Candy se volvió lentamente en su cama. Me dijiste que estaba en el granero y que te dijo que no acariciaras tanto los cachorros. ¿Qué hacía Slim en el granero cuando lo viste? -¿Slim? -Claro. 31 Librodot . ¿cuánto tiempo va a pasar hasta que consigamos esas dos cuadras de tierra. Me dijo que haría bien en no acariciar más al perro. no estuvo allí. pensativa. frente a George.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 31 -Bueno. y los conejos? -No sé -repuso George-. Me parece que esos dos no van a ver ninguna pelea. No sé para qué. Lennie? ¿Aquel que iba a la escuela? -¿El hijo de esa señora que hacía pasteles para todos los chicos? -preguntó Lennie.

y hacer embutidos.. 32 Librodot . Y si llega un amigo. Podemos guardarlos para el desayuno.. y la crema de la leche es tan. pero tan espesa..Y todo sería nuestro. o cosa así -prosiguió George-. Viviríamos allí. otra vez. manzanas. qué diablos. y también el viejo Candy lo miraba. Las manos de George dejaron de trabajar con las cartas. -Miró absorto la pared.. Cuéntame cómo va a ser. duraznos. vas a ir al cuadro de alfalfa. son unas tres cuadras -dijo George-. y un gallinero. vamos a tener una casita. Tendríamos toda clase de verduras. podemos decirle "Váyase de aquí". las conejas van a parir. George -pidió Lennie. George. -Vamos. Vas a llenar la bolsa y a poner la alfalfa en las conejeras. y si quisiéramos un poco de whisky podríamos vender unos huevos. pero no me costaría mucho hacer una conejera. de modo que no tendremos que trabajar mucho. tenemos una cama de más. -Y conejos. Tiene cocina. -Claro. señor. Todos los domingos mataremos un pollo o un conejo. Y tendremos unas palomas para que hagan nido y vuelen cerca del molino. Una buena cocina de hierro. y todo lo demás. que para cortarla hay que usar cuchillo. y le decimos: "¿Por qué no pasa la noche aquí?" Y se queda con nosotros. Y cuando los salmones remontan el río podemos pescar más de cien y salarlos y ahumarlos. y tú podrías alimentar los conejos con alfalfa. pero tienes que cuidar que esos gatos no maten a los conejitos. Quizá seis. Te apuesto a que puedo. o un poco de leche. que son fáciles de conservar. y tendremos conejos de sobra para comer y venderlos. Esa sería nuestra casa. Y si no nos gusta un tipo. allí estamos no- sotros para recogerla. cerezas. con una bolsa. y tomates. -Claro que sí -se animó Lennie-. -Ya te dije anoche cómo va a ser. da- mascos. y bastante agua para el riego. -Y podríamos tener unos cuantos cerdos. Hay un galponcito. sobre la cabeza de Lennie. Tal vez tengamos una vaca o una cabra. y no dormiríamos en un galpón. George -rogó Lennie. qué diablos. Pero nada de cargar bolsas de cebada once horas diarias. siete horas por día. No hay nada más sabroso que el salmón ahumado. -Cada seis semanas. George.. con una pieza para nosotros. Hay un molino de viento. y nadie podría echarnos. Lennie preguntó suavemente: -¿Podríamos vivir como príncipes? -Claro -afirmó George-. Yo podría hacer un ahumadero como tenía mi abuelo.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 32 -Cuéntame cómo va a ser. como las he visto cuando era chico. George. Tendremos un perro de caza y un par de gatos. y cuando matemos un cerdo podríamos ahumar la panceta y los jamones. -Claro. huerta. No es demasiada tierra. No. -Van a comer y comer. ahora no hay sitio para los conejos. Así sabremos qué resulta de lo que sembramos.. -Habla de la casa. con esos dientes que tienen -dijo Lennie-. Su voz se iba entibiando. Lennie lo miraba con ojos muy abiertos. y un poco de fresas. Nada de andar de un lado para otro y comer lo que nos da un cocinero japonés. -No. Yo los cuidaré. Hay un lugar para cultivar alfalfa. y se tendrá que ir. -Y los conejos -adelantó Lennie ansiosamente-. -Bueno. Cuando madura la fruta podemos ponerla en latas. Lennie respiró con fuerza. tendríamos nuestra propia casa. y en invierno va a arder siempre el fuego. Hay chiquero para los cerdos. Y cuando llega la cosecha. Yo sé cómo hacen. o cualquier cosa.

Se estaba convirtiendo en realidad esto en lo que nunca habían creído realmente. Creo que con eso podríamos pagar la mayor parte. excitado: -¿Cuánto piden por un lugar así? George lo miró con sospecha. Perdí la mano aquí mismo. en este rancho. atónitos. George escupió en el piso para mostrar su desagrado. agregó:. Cuando Candy habló. me dejarán sin trabajo.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 33 -Déjalos que se acerquen a los conejos. pero podría cocinar y cuidar las gallinas y encargarme de la huerta. -Bueno. y ustedes podrían vender huevos y cosas así. ¿qué le importa a usted de esto? Usted no tiene nada que ver con nosotros. -Tenemos diez dólares entre los dos. yo...- Supóngase que yo pudiera ir con ustedes. pero aún gruñendo para sus adentros. Por eso me dan este trabajo de barrer. extasiado en su propio cuadro.. -Creo que podemos comprarlo -repitió suavemente. Oiga. podría conseguirlo por seiscientos dólares. Se calmó luego. Se miraron uno a otro. No sirvo de mucho. los dos saltaron como si hubiesen sido sorprendidos en un acto reprimible. tendremos cien dólares. los aplastaré con un palo. Entonces usted y Lennie podrían ir y empezar a trabajar. y la vieja tiene que hacerse operar. Tenía los ojos como fascinados. George dijo con reverencia: -¡Jesucristo! Creo que podemos comprar el campo. y yo me conseguiría un empleo para pagar el resto. Pondría trescientos cincuenta dólares. pensativamente. Los dos viejos que son los dueños no tienen un centavo. Candy se sentó en el borde de su camastro. -Claro -admitió George-.. aún amenazando a los futuros gatos que podrían atreverse a molestar a los futuros conejos. -Hace ya cuatro años que perdí la mano -dijo-.Escuche: si yo y Lennie trabajamos un mes y no gastamos nada. Son trescientos. -Haré un testamento -aseguró Candy. ¿Ustedes tienen algo de dinero? Quizá pudiéramos comprar la quinta ahora mismo. porque no tengo parientes ni nada.. Tal vez si les doy el dinero ustedes me dejarán trabajar en la huerta. -Pero luego. Y ten- go otros cincuenta ahorrados en el banco. Escúcheme. Siempre quisimos hacerlo los dos solos. Muy pronto me van a echar.. Puede ser en cualquier parte. Es cierto.. Y me dieron doscientos cincuenta dólares por haber perdido la mano. Todos quedaron en silencio. -Tengo que pensarlo. Les. George quedó absorto. aun después de 33 Librodot . y tengo que cobrar otros cincuenta a fin de mes. Candy pre- guntó: -¿Ustedes saben dónde hay un lugar así? George se puso inmediatamente en guardia: -¿Qué importa si sabemos? ¿Usted qué tiene que ver con esto? -No es para que me diga dónde está. -Se inclinó ansiosamente hacia George..y dejaré mi parte a los dos en el caso de morir. ¿Qué le parece? George entrecerró los ojos. Les romperé el pescuezo. Candy prosiguió. Por más que yo le diga. Serían cuatrocientos cincuenta entre todos. -Yo no valgo mucho con una mano de menos -dijo Candy-. Se rascó nerviosamente el muñón del brazo. no lo podría encontrar ni en cien años. Apenas vean que no sirvo para barrer.

No hice más que preguntar. Curley lo seguía. -Y agregó míseramente:. Dentro de un mes. Hay una linda cocina. Cuando me echen. -Sólo trataba de decirle que no quise hacer mal -insistió Curley-. Apuesto a que le gustará estar allí. No sabré adónde ir. Volvió a sentarse. para carbón o leña. Pero estaré en nuestra casa. pegado a un codo. Son capaces de echarnos para que no podamos juntar el dinero. ¿qué quiere que haga yo? Déjeme tranquilo. -¿Por qué no la manda que se quede en su casa. Unas voces se acercaban a la puerta. -No se lo cuenten a nadie -repitió Lennie para sí. no pasará mucho tiempo antes de encontrarse en un buen apuro. todos embrujados por la belleza del plan. y podré trabajar en nuestra tierra. Slim entró.. Pero no lo van a hacer. -George -llamó Candy. Y Candy les enviará cien dólares como seña. ¿Cuándo podremos hacerlo. ni más ni menos. Yo no me voy a olvidar de darles de comer. Sólo creí que tal vez la habría visto usted. donde debería estar? -reprochó Carlson-. George se puso de pie. -Bueno -contestó Slim-. No debí dejar que un extraño matara mi perro. Y lavaré los platos y atenderé a las gallinas. apreciando la idea.. deleitados. por Dios. Si la deja andar entre los peones. Lo sabremos nosotros tres y nadie más. A nadie le pediríamos permiso. -Lo haremos -afirmó-. El viejo Candy asintió silenciosamente. iríamos. cada mente lanzada al futuro en que se produciría esta cosa bella. cobramos el sueldo y nos marchamos. y nada más -prosiguió George-. Diríamos "vamos al pueblo". ¿Hay una buena cocina? -Claro. -Y poner un poco de pasto para los conejos -interrumpió Lennie-. -Bueno. y haré trabajitos así. George. y nada más. ya ha preguntado demasiado.¿Vieron lo que han hecho con mi perro? Dicen que no servía para nada. Slim -dijo Curley-.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 34 que no pueda moverme de viejo. -Claro que sí -confirmó Candy-. ¿Saben lo que voy a hacer? Voy a escribir a esos viejos para decirles que les compraremos el campo. 34 Librodot . ni podré conseguir trabajo.. Se abrió la puerta. o cualquier cosa. Todos quedaron quietos. No tendríamos más que ordeñar la vaca y tirar un poco de comida a los pollos. Si no puede cuidar a esa condenada mujer. no quise decir nada malo. desearía que alguien me pegara un tiro. George? -Dentro de un mes. George exclamó maravillado: -Imagínense que llegue un circo al pueblo o que haya una fiesta. Slim tenía las manos negras de brea y el ceño fruncido de enojo. -Pues iríamos. Vamos a seguir como si tuviéramos que cargar cebada el resto de la vida. Tendré otros treinta dólares para cobrar cuando ustedes estén listos para irse. -Yo voy a llevar mi cachorro-terció Lennie-. Lennie y Candy asintieron. de repente. -¿Eh? -Yo tendría que haber matado a ese perro. y un día. o un partido de pelota. Me estoy hartando de tantas preguntas.. -No se lo cuenten a nadie -recomendó George rápidamente-. Arreglaremos todo e iremos a vivir allí. seguido por Curley y Carlson y Whit. sonrientes.

George le pegó una y otra vez en la cara con la mano abierta. -¿Eh? Entonces estalló la ira de Curley. Lennie. se ría de mí. Es más cobarde que un sapo. y no lo consiguió. Estaba llorando. Le brotó sangre de la nariz. y luego se incorporó y trató de retroceder. Slim fue quien lo asustó a usted. Curley estaba balanceado en sus pies. -Espere un minuto -exclamó. Le corría la sangre por la cara: tenía un ojo herido y cerrado. La enorme cara estaba cubierta de sangre. dispuesto ya. Pero sus ojos pasaron sobre él y se fijaron en Lennie. George corrió a través del cuarto. Lennie dio un grito de terror. No dejes que te pegue. Dile que me deje en paz. y su brega se había debilitado. Entonces Curley le atacó el estómago. y le cortó la respiración. Formó con las manos una bocina en torno a la boca y gritó: -Dale. Ya le voy a enseñar quién es el cobarde. No voy a dejar que un hijo de tal. Slim se irguió de un salto. George gritaba y gritaba. y Curley lo siguió. Párese. -Usted es un cobarde -repuso-. y luego descargó la derecha en la nariz. Retrocedió hasta quedar junto a la pared. -Usted no se meta en esto. Lennie. Carlson rió. Quiso asustar a Slim. perdido su puño en la gran mano de Lennie. Al instante Curley saltaba como el pez prendido de un anzuelo. Suéltalo. y Curley le castigó los ojos. -Suéltalo. y Lennie seguía apretando el puño prisionero. Lennie se quitó las manos de la cara y buscó a George con la mirada. Pero George extendió una mano y contuvo a Slim. Lennie se cubrió la cara con sus enormes manos y chilló aterrorizado. Curley estaba blanco y encogido ahora. George se había puesto de pie y gritaba: -Dale. Me tiene sin cuidado que sea el mejor peso liviano del país. -George -gritó-. Ya me encargaré yo de él. hijo de perra. a menos que quiera ir afuera. Candy se sumó al ataque con alegría. -El cobarde -gritó-. por grande que sea. Lennie conservaba las manos a los costados. tenía demasiado terror para tratar de defenderse. 35 Librodot . Fustigó a Lennie con la izquierda.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 35 Curley giró velozmente para mirar a Carlson. perdido el puño en la manaza de Lennie. Lennie miro a George en su desventura. Curley se acercó a Lennie como un perro ratonero. George gritó otra vez: -Te dije que le dieras. Lennie. Curley lo miró con rabia. Pero Lennie miraba horrorizado al hombrecito a quien tenía en su poder. Métase conmigo y le arrancaré la cabeza a puntapiés. -¿De qué diablos se ríe? Lennie lo miró tontamente. -El guante lleno de vaselina -dijo como asqueado. y Lennie estaba son riendo todavía por el deleite de sus recuerdos de la tierra próxima. golpeándole el rostro. Curley estaba bamboleando el puño cuando Lennie se lo tomó. -Dile que pare. -Vamos. George. George.

-Así es. Lo llevaremos a Soledad y lo haremos curar. Slim y Carlson se inclinaron sobre él. -Lennie estaba asustado -interrumpió George-. Miró a Lennie. junto a la pared. ¡Jesús!. -No quise hacer daño. George requirió: -Slim. Me parece que se ha aplastado la mano en una máquina. -Yo no quise hacer mal -dijo. No. Slim salió y casi inmediatamente regresó con un jarro de lata lleno de agua. cuando Curley se metió con su amigo. Acompañó a Curley hasta la puerta. Slim entró de nuevo en el cuarto. Pero en cuanto lo diga y quiera hacer echar a este hombre. escuche entonces -prosiguió Slim-. Carlson salió de prisa. -Bueno. George se volvió hacia Lennie. George. No sabía qué hacer. Luego Slim se enderezó y miró a Lennie horrorizado. Eso fue lo que dijo. Nada más. lleno de temor. Evitaba mirar a Lennie. usted me dijo: "Mejor haría en no jugar con Lennie. agazapado todavía. -Tú me dijiste. ¿nos echarán ahora? Necesitamos el dinero. pero antes de cruzarla se volvió-: ¿George? -¿Qué te pasa? -¿Podré cuidar los conejos todavía? -Claro. -¿Le queda bastante sentido para escuchar? -preguntó. -Carlson -indicó Slim-. Hiciste sólo lo que te dije. nosotros vamos a contar lo que pasó. Me parece que tiene todos los huesos de la mano hechos pedazos.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 36 -Suéltale la mano. 36 Librodot . -Tenemos que llevarlo a un médico. mirando con extrañeza su mano aplastada. Se arrodilló junto a Curley. No has hecho nada. sal de una vez y lávate esa cara. Curley se sentó en el piso. acobardado. -Vamos. ¡Suelta! Slim. Caminó hacia la puerta. Lennie sonrió con su boca magullada. Lennie. -Dios del cielo -exclamó Slim-. Slim se volvió hacia el lloroso Lennie. Curley asintió. Tal vez será mejor que vayas al lavadero y te limpies la cara. no me gustaría que se enojara conmigo. -No tienes la culpa. nosotros no vamos a contar. y ya verá cómo se reirán de usted. venga a ayudarme mientras todavía le quede algo de mano a ése. Lennie. Estás horrible. casi no le ha quedado mano. junto a la pared. Candy asintió solemnemente. George -se excusó lastimosamente. pues. Al cabo de un momento. Si no dice a nadie qué le ha pasado. De pronto Lennie aflojó su garra. No quise lastimarlo. enganche el carro de las provisiones. -Muéstreme las manos -pidió. Lennie extendió las manos. -No voy a contar -consintió Curley. -Usted no tuvo la culpa -dijo-. Este tipo se la estaba buscando. Lo acercó a la boca de Curley. El ruido de las ruedas murió a lo lejos. creo que fue Candy quien me oyó. Esta misma mañana. si sabe lo que le conviene". Slim ayudó a Curley a ponerse de pie. Ya le dije hoy que a nadie le conviene pelear con él. Pero. Resonaron afuera las ruedas de un carro. Carlson lo va a llevar a un médico. ¿Nos echará el padre de Curley? Slim sonrió agriamente. No hay por qué asustarse más. Se quedó encogido. -Yo no quise hacer daño -lloriqueó Lennie-. -Bueno.

Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 37 37 Librodot .

En una mano sostenía un frasco de linimento. que por esa profundidad parecían resplandecer intensamente. porque Crooks era un hombre orgulloso. los faldones de la camisa le salían fuera de los pantalones. y labios finos. y una cadena de tiro con su forro de cuero también roto. Crooks era dueño de varios pares de zapatos. uno de botas de goma. De unas clavijas fijadas a la pared. Su cuerpo estaba doblado hacia la izquierda por causa de la fractura de la columna vertebral. piezas de arneses. de patas agitadas. un maltrecho diccionario y un rotoso ejemplar del código civil de California para 1905. una collera rota. De un clavo en la pared. Había latas de grasa para los arneses y una sucia lata de brea con su pincel asomado al borde. A un lado del cuartito había una ven- tana cuadrada. El camastro de Crooks era un largo cajón lleno de paja. Tenía el magro rostro marcado por hondas arrugas negras. de dientes mordiendo el heno. podía dejar sus cosas sin cuidado. Asimismo colgaban de las clavijas. que daba al granero. de las cadenas de los ronzales. porque Crooks.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 38 CAPÍTULO IV Crooks. El cuarto estaba barrido y bastante limpio. una lamparilla eléctrica derramaba escasa luz amarilla. y por ser peón del establo y lisiado. una pechera partida. En el cuarto del peón. un banquillo para las herramientas de talabartería. tenía su camastro en el cuarto de los arneses. solitario.a entrar en mi pieza. Por atrás. muchos efectos personales. Crooks estaba sentado en su camastro. Encorvaba los músculos de la espalda y se estremecía. un gran reloj despertador. con cuatro vidrios. 38 Librodot . Y dispersos por el piso. Por un momento no lo vio Crooks. que mostraba el relleno de crin. y sus ojos se ahondaban tanto en su cara. Era sábado por la noche. pero al levantar la vista quedó tieso el peón y en su rostro apareció el enojo. estirados por el dolor. y exigía que los demás guardaran la suya. sobre el cual estaban tendidas sus mantas. lleno casi el hueco de la puerta con sus grandes hombros. Había unas revistas muy gastadas y algunos libros sucios en un estante especial sobre el camastro. Y tenía también varios libros. y del otro una estrecha puerta de tablas. De vez en cuando vertía unas gotas de linimento en su mano de palma rosada y la metía bajo la camisa para volver a frotar. sobre la cama. colgaban rotos arneses en trámite de ser arreglados y lonjas de cuero nuevo. y una escopeta de un caño. el peón negro. pendía un par de grandes anteojos con armazón de oro. Nadie sino yo tiene derecho a estar aquí. y en él una variedad de frascos de remedios. junto a la ventana. por vivir solo. Guardaba su distancia. más pálidos que la cara. Lennie sonrió desventuradamente en un intento por demostrar amistad. era más permanente que los demás en el rancho y había acumulado más posesiones de las que podía llevar al hombro. Bajo la misma ventana. Silenciosamente apareció Lennie por la puerta abierta y quedó allí mirando hacia adentro. A través de la puerta que daba al granero llegaba el sonido de caballos en movimiento. -No tiene derecho -exclamó bruscamente Crooks. para él y para los caballos. Esta es mi pieza. y un pequeño remachador de mano. un pequeño cobertizo que sobresalía de la pared del granero. Su mano oculta bajo la camisa apareció otra vez. curvos cuchillos y agujas y ovillos de hebra de hilo. y con la otra se frotaba la espalda. Crooks tenía el cajón de manzanas que le servía de estante sobre el camastro.

. -Bueno. Eso es lo que vamos a hacer. Lennie perdió su sonrisa. y puede preguntarle a George. la perra me deja. Pero no es mentira. Acabo de venir a ver mi cachorro. yo tengo derecho a encender la luz. Dicen que huelo mal. -El perrito -repitió Lennie-. Allí juegan a las cartas. Crooks miró fijamente a Lennie. -Siéntese -volvió a invitar-. No le importa -dijo Lennie. de todos modos -se quejó-. Slim y George y todos. George dice que tengo que quedarme aquí y no hacer líos. Hace bien el hombre que viaja con usted en tenerlo lejos. y estiró una mano hacia atrás y recogió los anteojos y se los ajustó a las rosadas orejas. Nada tiene que ver con los caballos. -Todos se han ido al pueblo -informó-. A mí no me dejan estar en el cuarto grande. pero yo no puedo jugar porque soy negro.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 39 Lennie tragó saliva y su sonrisa se hizo más adulona.Todos los muchachos se fueron al pueblo. -No sé qué viene a hacer al galpón. Ya que no se quiere ir y dejarme tranquilo. -Usted cree que es mentira -dijo-. Todo lo que digo es verdad. 39 Librodot . Siéntese ahí. en el cajón de los clavos. Vine a ver mi perrito. Crooks frunció el ceño. -¿Por qué no lo dejan estar? -preguntó Lennie. entonces. y cortar el pasto y darles agua. pero la apaciguadora sonrisa de Lennie lo venció. Lennie repuso suavemente: -No es mentira. Vamos a comprar una casa y un terreno y viviremos como príncipes. yo le digo que para mí todos ustedes tienen mal olor. yo tengo que cuidarlos. que había entrado nuevamente en el cuarto. ¿qué quiere aquí? -Nada. y yo no lo dejaré estar aquí. Tiene que marcharse de mi cuarto. No se meta donde no lo necesitan. -Los estuve mirando un poco. Lennie se sentó encogido en el cajoncito. pero no ha hecho más que sacarlos de la paja todo el tiempo. pero luego se acordó y retrocedió hasta la puerta. Crooks se arrellanó más cómodamente en su lecho. Usted es cargador de bolsas y no tiene por qué venir aquí. Lennie movió las grandes manos desventuradas. -¿Cuentas? ¿Qué cuentas hace Candy? Lennie gritó casi: -Hace cuentas con los conejos. ¿eh? -Todos menos el viejo Candy. -Bueno. -Vamos. vaya a ver su perrito. ¿De qué conejos me habla? -Los conejos que vamos a comprar. bien puede sentarse. -Porque soy negro. Crooks se ajustó los anteojos. Más loco que una cabra. Slim dice que no tengo que acariciarlos demasiado. No sé cómo la perra no los lleva a otro sitio. entre y siéntese un rato -invitó Crooks-. Yo vi esta luz. -Usted está loco. -Bueno. bien loco -insistió Crooks-. y volvió a mirar. -Su tono era un poco más amistoso. Está ahí sentado en el cuarto grande. afilando el lápiz y afilando el lápiz y haciendo cuentas. -Bueno. Vi esta luz y creí que podría entrar un rato a sentarme. Avanzó un paso dentro de la pieza. Y entonces vi luz aquí - explicó. y todo lo demás -Loco. -Oh. Usted no tiene nada que ver con los caballos. Bueno. -No hago nada.

-Nadie puede decir qué va a hacer otro hombre -observó con calma-.Imagínese -repitió.. George no haría una cosa así.Si yo digo algo. no siempre. Pero luego su voz se tornó suave y persuasiva. Mi viejo tenía un criadero de gallinas. Lennie pugnó por comprender. y no le importa que no oiga o no comprenda. Nunca se ha herido. George es muy cuidadoso. sin hablar. Pero ahora sé. Crooks se inclinó aun más hacia delante sobre el borde del camastro. Eso no importa. La cuestión es hablar. -Supóngase que George no vuelva más. y usted no comprende nada. -¿Usted viaja siempre con George. a veces. -Sin excitación había acrecido hasta que ahora se golpeaba la rodilla con la mano.. Los niños. -A veces -prosiguió Crooks. -¿Qué? -requirió.Yo no soy más que un negro. verdad? -Claro.. Digamos que quiere volver y no puede. a veces. y una familia en Soledad. y usted no vuelve a saber nada de él -Crooks apremió esta especie de victoria privada. ¿No es cierto? -Se hizo hacia delante..que tardarán esos cachorros en ser bastante grandes para acariciarlos bien? Otra vez rió Crooks.George puede decirle cualquier disparate.. unas cinco hectáreas. -¿Cuánto tiempo le parece -preguntó Lennie. -No. en California. Imagínese que lo matan o lo hieren. y cuando volvió a hablar su voz era más suave. los blancos. -Pero la duda era demasiado para él. es lo mismo..¿No le parece que volverá? El rostro de Crooks se iluminó por el placer que le daba su tortura. o aun quedarse callado. no importa nada. -Soltó una carcajada. -Yo no soy un negro del Sur -continuó-. George sabe lo que hace. y un negro con la espalda rota. porque no es más que un negro quien habla.. no va a poder acordarse. no va a hacer eso -gritó Lennie-. . Lo que yo digo no importa. y no puede volver. Hizo una pausa. porque es muy cuidadoso. iban a jugar allí conmigo. -George no va a hacer eso -repitió-. No lo van a herir..él habla y usted no sabe de qué diablos está hablando. Esta noche va a volver. La cosa es estar con otro hombre. 40 Librodot . Eso es todo.. no importa nada. Nací aquí mismo. Y ahora sólo hay un hombre de color en este rancho.No había otra familia de color en muchas leguas a la redonda. Pero. Supóngase que se haya ido y no vuelva más. -Se hizo hacia adelante en su excitación.. y a veces yo iba a jugar a casa de ellos. ¿Qué haría usted? La atención de Lennie se fijó gradualmente en lo que había oído.. Hasta mucho después no supe por qué no le gustaba. -Vaciló. Yo y él vamos juntos a todas partes. Dentro de un par de semanas esos cachorros ya serán grandes.. Habla. y algunos eran muy buenos. ¿entiende? De todos modos. -Uno puede hablar con usted y estar seguro de que no irá a repetir nada.¿No es así? -Sí. A mi viejo no le gustaba. Muchas veces lo he visto: un hombre que habla con otro. -Dije que se imagine que George fue esta noche al pueblo. horadando a Lennie con sus ojos pro- fundos:. -¿Habla y habla y usted no sabe de qué diablos habla? -Sí. La cosa es hablar. Hace mucho tiempo que ando con George.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 40 Crooks puso el oscuro mentón en la rosada palma.

entonces? La cara de Lennie se arrugó de aprensión. Tal vez haría bien en ir a ver. y furiosos. Se hizo hacia atrás en su camastro. -No hacía más que suponer cosas -se excusó-. tal vez comprenda ahora. ¿qué me está diciendo? -gritó-. Los ojos de Crooks perforaron los suyos. Lennie volvió gruñendo a su asiento en el cajón de clavos. Y no estaba borracho. por ser negro. Ya volverá pronto. No tiene con qué medir. George va a volver. Uno se sienta aquí. y todo estaría bien. Oiga. -No sé. hacia la ventana. Mis hermanos se sentaban en el alambrado para mirarlas: eran gallinas blancas. y no tiene a nadie que le diga sí o no. entonces? Nadie va a decir que George está herido. enorme. -¿Quién hirió a George? -preguntó. Si hubiera habido un hombre conmigo. pero después tendría que leer. solamente. como a un perro. Yo hablaba por mí. George no está herido. nada más. No sé si estaba dormido. siempre. Los libros no sirven. con tal de que esté con uno. Crooks miraba a través del cuarto. En las mañanas de sol sabíamos soltar las gallinas en la alfalfa. imagínese. o cualquier cosa. -Tal vez -reinició suavemente Crooks-. Le digo -gritó-. -Nadie va a decir que George está herido -masculló. Pero no lo sé. Se incorporó y caminó peligrosamente hacia Crooks. me podría decir si estaba dormido. en la casa de mi viejo. Gradualmente el interés de Lennie volvió hacia lo que estaba oyendo. Claro que podría jugar a las herraduras hasta la noche. ¿Le gustaría? Supóngase que tuviera que sentarse aquí y leer. Yo he visto muchas cosas aquí. Está bien. ahora. Yo sé que George no va a hacer eso. Teníamos un cuadro de alfalfa. -¿Quiere que le diga lo que va a ocurrir? Lo llevarán al manicomio. El peón del establo continuó ensoñadamente: -Recuerdo cuando era chico. Pero supóngase que no tuviera a nadie. -George no se va a ir -exclamó Lennie lastimeramente-. Usted tiene a George. -George va a volver -se tranquilizó Lennie con voz asustada-. leyendo unos libros. -George dice que vamos a tener alfalfa para los conejos. No puede preguntar a nadie si también lo ha visto. De pronto los ojos de Lennie quedaron fijos. para no quedar en el camino. Crooks se quitó los anteojos y se enjugó los ojos con los dedos. Tal vez haya vuelto ya. Crooks vio el peligro que se acercaba. Supóngase que no pudiera ir al cuarto de los peones y jugar a las cartas. alguien que esté cerca. que no vuelve. y quietos. -Siéntese -dijo-. No es cierto. los tres. o pensando. Dormíamos en la misma pieza. George no está herido. -No quise asustarlo -afirmó Crooks-. en la misma cama. George no está herido. lo atarán del pescuezo. Quizá. A veces se pone uno a pensar. ¿Qué haría usted. pero imagínese. solo. le digo que uno se ve tan solo que se enferma. Sabe que va a volver. no sabe si está bien o mal. -¿Qué conejos? 41 Librodot . Un hombre necesita alguien. No importa quién es el otro. y leer. si ve algo. No me va a dejar. Uno se vuelve loco si no tiene a nadie. No puede hablar. junto a él. toda la noche. Tenía dos hermanos.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 41 -Bueno. Estaban siempre conmigo. Lennie estaba de pie. -¿Para qué habla. Teníamos un cuadro de fresas.

Todos quieren su terrenito. -Hace muchos años que estoy aquí. Es como el cielo. Ésta es la primera vez que entro en su cuarto. y siguió rascándose el muñón. Candy entró. tres veces por la noche. -Esos conejos. Si todo el mundo se mete aquí. Nadie llega al cielo. La tienen en la cabeza. Lennie se inclinó hacia el viejo barrendero. -Vamos.que entran en el cuarto de un hombre de color. ¿No lo ha visto por aquí? -Está aquí dentro -indicó brevemente Crooks. Y Crooks también está aquí hace mucho. -Es un lindo cuartito éste -ponderó-. ¿ha visto a Lennie? -¿Ese grandote? -Sí. Slim? -llamó. Podemos ganar algo de dinero con esos conejos si sabemos hacer las cosas. -Slim fue al pueblo. He leído libros aquí. Hizo una pausa y miró hacia la puerta abierta. -Óigame. y un cuadro de fresas. Cientos de ellos. Seguro. Debe ser lindo tener un cuarto para uno solo. como éste. Le respondió la voz de Candy. -Creo que alguien anda por ahí -observó Crooks-. -No son muchos los hombres -dijo sombríamente Crooks. nada más. Y ni uno solo de esos condenados lo ha logrado jamás. Claro. Quizá sea Slim. Se puso dolorosamente de pie y fue hasta la puerta. entre. Slim y el patrón. -Está loco. y nadie consigue su tierra. -¿Es usted.. -Seguro -afirmó Crooks con ironía-. Aquí no ha entrado nadie más que Slim. si quiere. Candy cambió rápidamente de tema. pero seguía incómodo. es muy lindo. -Pero es cierto.. A veces Slim viene dos. Candy apareció en la puerta.. Candy parecía incómodo. No hacen más que hablar de eso. Y un montón de estiércol bajo la ventana. 42 Librodot . Slim es un verdadero tronquero. Volvió a su camastro y se tendió. porque los caballos se movían inquietos y repicaban las cadenas de los ronzales. -Ya lo tengo calculado -sonrió Candy-.. -insistió. Lennie. No intentó entrar. -No sé. que si usted quiere. siempre. He estado haciendo cuentas con esos conejos. -Slim es el mejor tronquista que he conocido. con sus atados de ropa al hombro. cuida bien a sus animales. Pregúntele a George. y cada uno de ellos tiene un terrenito en la cabeza. Crooks interrumpió irritado: -Puede entrar. Oiga. rascándose el pelado muñón y mirando a ciegas el cuarto iluminado. Llegan y trabajan y se van. y esa misma idea en la cabeza. Un caballo relinchó. junto a la collera rota.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 42 -Vamos a tener conejos. -Está loco -volvió a decir desdeñosamente Crooks-. pero sólo lo tienen en la cabeza. He visto más de cien hombres que han venido por los caminos a trabajar en los ranchos. también puede entrar usted. Lennie intervino: -¿Qué decía de los conejos? Candy se apoyó contra la pared. siempre. -Le era difícil ocultar su placer con muestras de ira.

Me lo prometió. Yo nunca he tenido un campo. -¿Sí? -dijo Crooks-. sonriendo un poco. Algo en que uno pueda vivir sin que lo echen. como si hubiese venido corriendo. abrumado por su pintura. Lennie la miraba fascinado. Y ¿dónde está George? En el pueblo. pero no van a tener nunca esa tierra. Yo y Lennie y George. pero no eran mías esas siembras. Vamos a plantar maíz. Casi todo. Allí estaba la mujer de Curley. He visto demasiados hombres con sus tierras en la cabeza. y tal vez tengamos una vaca o una cabra. no mucho.. No soy tan lisiado como para no trabajar como cualquiera si me da la gana. -¿Alguno de ustedes ha visto a Curley? Los tres giraron la cabeza hacia la puerta. -Nunca he sabido de un tipo que lo realizara -aseguró-. Y sus ojos fueron de una cara a otra. Vamos a tener un cuarto para dormir. también. -Dejaron solamente a los que no sirven -dijo por fin-. muchas veces he visto lo mismo. gachas las cabezas. -Ustedes no hacen más que engañarse. He sembrado para casi todos los dueños de tierra en el estado. Pero en cuanto dos de ustedes están juntos. Crooks se entrometió brutalmente. si ustedes quisieran alguien que trabajara sin sueldo. y al tiempo de las cosechas. El dinero está en el banco. Ya tenemos el dinero. Sé muy bien adónde fueron. Lennie. -Entonces. y tiene que creernos. Parece que todos tuvieran un terreno en la cabeza. Se detuvo. y está solo. -Bien sabe Dios que es cierto. cualquiera. Si encuentro a un hombre. Jesús. George dice que lo podemos hacer.. tres semanas. La mujer permaneció quieta en la puerta. -Es raro -dijo-. George no se llevó el dinero. me llevo muy bien con él. Todos quieren un terrenito. 43 Librodot . pero Candy y Crooks fruncían el ceño.Si. Respiraba hondamente. ¿por qué viene a preguntarnos dónde está Curley? Ella lo miró como divertida. Tenía la cara muy arreglada. aquí. levemente abiertos. fuera de la mirada femenina.. -Vaciló un poco:. Apenas algo que sea de uno. Crooks dobló un brazo y se exploró la espalda con la mano. He visto hombres que estaban casi locos de tanto desear tierra propia. se irá del rancho y volverá al camino dentro de dos. yo podría ir a prestarles una mano. pero todas las veces las mujeres o los naipes se llevaban el dinero. Usted va a seguir barriendo aquí hasta que lo saquen en un cajón con los pies para adelante. Allí es donde va a dar ese dinero. Y George ya ha elegido el campito. -Claro que todos quieren lo mismo -exclamó Candy-. Pero nunca llegan a poner las manos en la tierra. y conejos. tampoco eran mías-Pero ahora es distinto. si ya sabe -repuso Candy-. cuando yo mismo las recogía. ¿Creen que no sé adónde fueron? Hasta Curley. lo tenemos ahora. con mujeres. sólo por casa y comida. he visto ya a muchos como ustedes. -¿Dice que ya tienen el dinero? -Claro que sí. No nos falta más que un poco. Se enojan y nada más. y gallinas. -Curley no ha estado por aquí -contestó ásperamente Candy.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 43 -Pero yo tengo que cuidarlos -interrumpió Lennie-. No hacen más que hablar y hablar. Dejó caer los brazos y se puso las manos en las caderas. Candy se frotó iracundo la mejilla. Dentro de un mes lo tendremos todo. Diablos. Vamos a tener un perro. frotándose las uñas de una mano con el pulgar y el índice de la otra. George dice que yo los voy a cuidar. ya no quieren ni hablar.Los labios.

-¡Bah! ¡Cuentos! ¿Cree que me pueden engañar? Lo que pasa es que Curley quiso hacer algo y no pudo. luego. No tiene. Usted no hace falta aquí. Se in- corporó de pronto y volteó hacia atrás el cajón en que estaba sentado.. tápelo. esa derecha de antes. Lennie la miraba. Crooks se había refugiado en la terrible dignidad protectora del negro. Tal vez hubo un tiempo en que nos asustaba que nos echaran. Y le digo que se equivoca cuando dice lo que somos nosotros. -Había perdido el aliento por la indignación. No tenemos por qué quedarnos aquí... y nadie le gusta. ¿qué hago yo? Aquí hablando con tres pobres peones. ¿Quién le rompió la mano? Candy repitió empecinadamente: -Se la agarró en una máquina. nuestra casa.. eso es lo que pasa. -¡Basta! -vociferó enfurecido-. Se cree que nos vamos a ir por los caminos a buscar otro trabajo apestado como éste.. -Digan. sesos bastantes para comprender que no somos pobres peones. Sábado por la noche.. No sabe que tenemos nuestro propio rancho. Candy dirigió una mirada a Lennie. No queremos líos." Hizo una pausa y su rostro perdió el enojo y se tornó interesado. Y un tipo me dijo que podía trabajar para el cine. metió la mano en una máquina. Tenemos nuestra propia tierra. Se rompió la mano. siempre haciendo líos. semiabierta la boca. -Pero. La mujer de Curley se rió de él. y al suelo el tipo. "El uno-dos famoso. Todo el mundo afuera. Y no en cualquier cosa. No tiene por qué meterse con los demás. Al cabo de una pausa intervino Crooks: -Tal vez haría mejor en irse a su casa en seguida. Todos lo han visto. ¿Se creen que me voy a quedar metida en esa casita y escuchar cómo va a hacer Curley? Dos fintas con la izquierda. si desde que se rompió la mano no ha dicho una sola vez cómo va a entrar con el uno-dos. Pero se hizo un cambio sobre el viejo Candy. y después la derecha. si quiere. dice. si quiere. -Claro que tengo marido. en esa cabeza de pájaro. Lo agarró una máquina. ¿Qué me importa? Ustedes creen que son muy buenos. Y tenemos amigos.. ¡tonterías! Qué. Todos tienen miedo de que los demás les hagan algo. "Uno-dos". ¿Qué piensan que soy yo. -Bueno -dijo despreciativa la mujer-. en tono acusador: -Usted tiene marido.. si Curley. Contestó. ¿qué le pasó a Curley en la mano? Hubo un silencio incómodo. 44 Librodot . ¿verdad? Se pasa todo el tiempo diciendo lo que va a hacer con los tipos que no le gustan. ¡Todo el mundo! Y yo. y es nuestra. una nena? Les digo que podría estar trabajando en el teatro. Y tengo que conformarme porque no hay nadie más. pero ahora no.. Ya le pedimos que se fuera. señora. ¿Se creen que no me gusta hablar con alguien de vez en cuando? ¿Se creen que me gusta estar siempre metida en esa casa? Candy depositó el muñón de su muñeca en una rodilla y la frotó suavemente con la mano. y podemos vivir en ella..Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 44 -Todos se tienen miedo. bien fuerte.. Luego tosió. Bueno. yo no hago nada. Tenemos una casa y gallinas y frutales y un campo cien veces más lindo que éste. eso es lo que tenemos. Un hombre formidable. -Bueno. Haga la prueba. La mujer los miró por un instante y luego soltó una carcajada. tres momias: un negro y un imbécil y un viejo piojoso. Háganos echar. La mujer se encolerizó..

Era dueño de la situación. negro -dijo-. Si tuvieran una moneda siquiera. ¿Sabe lo que soy capaz de hacer si vuelve a abrir la boca? Crooks la miró desventuradamente. -Eso es -contestó-. George no la dejará meterse con Lennie. llena de desprecio. Me gustan las máquinas. como si esperara que se moviese para poder fustigarle otra vez: pero Crooks estaba perfectamente quieto. Se había enrojecido cada vez más el rostro de Candy. Candy intervino. tan fácil hacerle colgar de un árbol. y luego se sentó en su camastro y se replegó dentro de sí. De manera que mejor haría en marcharse ya. Máquina. Voy a contarle a George todo lo que dice. señora -y su voz no tenía tono. negro. Usted no tiene derecho a entrar en el cuarto de un hombre de color. No tenemos nada que decirle. y todos estaban cerrados para ella. ya habrían ido a comprar alcohol. Ya hablaré después con usted. Tal vez sea mejor que se vaya a revolear las faldas por ahí. Crooks se había reducido a la nada. Repitió: -Sí. guarde su lugar.. Rió la mujer de Curley. Crooks se puso de pie y se irguió frente a la mujer. De pronto preguntó la mujer: -¿Cómo se lastimó así en la cara? Lennie alzó la mirada culpable: -¿Quién. y se va pronto. y nos importa muy poco si usted lo sabe o no.. No se meta con él. hasta que le hizo bajar los ojos. y estarían lamiendo hasta el fondo del vaso. yo? -Sí. El viejo Candy la miraba. voy a pedir al patrón que no la deje entrar más en el granero. y se apretó contra la pared. -¿Sabe lo que podría hacer yo? Crooks pareció empequeñecerse. Ya los conozco bien. -Debía haberlo sabido -reinició suavemente-. -Escuche. entonces. 45 Librodot . señora. porque tal vez no le guste a Curley que su mujer esté en el granero con unos pobres peones. si todo lo que quiere es eso.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 45 -¡Qué disparate! -exclamó-. -¿Quién es George? ¿Ese hombrecito que vino con usted? Lennie sonrió con felicidad. -Ya basta -cortó fríamente-. yo podría conseguirle también un par de conejos. abochornado. Sabemos lo que somos y lo que tenemos. eludidos los ojos. usted. que ya no sería ni divertido. retirado todo lo que podía ser herido. Conozco bien a los hombres. fascinado. Si no. La mujer se le acercó. -Bueno. No había personalidad. Ahora se va. No tiene derecho a acercarse siquiera aquí. -Está bien. -Usted deja a este hombre en paz. Ella se volvió hacia el peón. Me sería tan fácil. Por fin la mujer se volvió hacia los otros dos. -Una máquina le rompió la mano -aseguró. Por un instante siguió ella de pie a su lado. no había un yo: nada que despertase gusto o disgusto. Lennie volteó la cabeza hacia Candy en busca de auxilio. Ese es George. Y miró más largo a Lennie. nada. y me va a dejar cuidar los conejos. pero antes de que la mujer terminara de hablar ya había conseguido dominarse. Miró la mujer de un rostro a otro. -Sí. y después volvió a mirarse las rodillas. -Bueno.

Un hombre de color debe tener algunos derechos. Acabo de oírlos regresar. -No. -No se aflija. Ella lo escrutó fríamente. alicaído. Ustedes me hicieron olvidar. -Así les dije. y continuó-: Jesucristo. váyase para no correr el riesgo. Crooks pareció salir lentamente de las capas de protección en que se había envuelto. Se deslizó por la puerta y desapareció en el oscuro granero. George debe estar en el cuarto de peones ya. -Se volvió hacia la mujer de Curley. Ya he calculado cómo podremos ganar dinero con esos conejos. desde la que miró a su alrededor. George. Crooks asintió. Y mientras pasaba por el establo repicaron las cadenas de los ronzales.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 46 -Si llegara a hacer eso -dijo suavemente. yo no oí nada. 46 Librodot . -¿Qué estás haciendo en el cuarto de Crooks? No debías haber venido aquí. Crooks eludió ahora todo el tema. Me parece que no quiero que estén más aquí. Si no está segura. -Claro que los oí. Un segundo más tarde George aparecía en la puerta. Lo que ella dice es la verdad. Aquí estoy. -Tal vez será mejor que se vayan -sugirió-. -¡Ah. -¿Es cierto que oyó que volvían los muchachos? -preguntó. al venir a sentarse aquí. Supongo que habrá practicado mucho.. desaprobando. Candy se acercó a él. Se lo estaba buscando. pero entraron de todos modos. aunque no les guste. -No hablamos más que con Crooks -explicó Candy. Lennie es un buen tipo. con todos los demás. qué diablos -exclamó la mujer-. -Cuenten. Candy cedió. Nadie los escucharía. no le diremos a Curley que estuvo aquí. George frunció el ceño. -No es nada -expresó apagadamente Crooks-. -Me parece que les dije que no hablaran de eso con nadie. y algunos caballos resoplaron y otros golpearon los cascos. -La puerta golpeó hace un rato -informó Candy. -Bueno. Si se va ahora. Estás aquí? -Es George -gritó Lennie. Quiero que vuelva George. A veces yo misma querría golpearlo.. -Me alegro de que haya golpeado un poco a Curley.Mejor haría en irse ahora -aconsejó despaciosamente-. George! He estado haciendo cuentas y cuentas. y una voz llamó: -Lennie. Los caballos resoplaron en el establo y las cadenas repicaron. y usted lo sabe muy bien.nosotros contaríamos todo. -Esa perra -comentó Candy. Eh. -Mejor es que me crea. -Bueno. Nadie los escucharía. -Quiero que venga George -lloriqueó Lennie-.no debió decirle eso. -No estoy muy segura de que los haya oído volver. Y respondió-: Aquí. Ahora despertó Candy. Nadie nos escucharía. La mujer se volvió hacia Lennie. -convino-. qué poco ruido hace esa mujer para moverse. Lennie. ¿por qué no los echó a patadas? -No me molestaban -repuso Crooks-.

no se acuerde más. Estaba bromeando. No quise decir eso. se puso lentamente a frotarse la espalda. Buenas noches. Candy y Lennie se pusieron de pie y fueron hacia la puerta. vertió un poco de linimento en la rosada palma y. Dios mío. Crooks se sentó en su camastro y miró por un momento a la puerta. Los tres hombres salieron. Crooks llamó: -¡Candy! -¿Eh? -¿Se acuerda de lo que dije? ¿Del trabajo que podía hacer yo? -Sí. Ahora los dos se marchan de aquí. bueno. Al pasar por el establo los caballos resoplaron y repicaron las cadenas de los ronzales.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 47 -Bueno -dijo George-. si ahora piensa así. estirando el brazo en una curva. y luego buscó el frasco de linimento. -Bueno. No me gustaría ir a un sitio así.. Me acuerdo. Se levantó la camisa hasta el cuello. 47 Librodot . -Bueno.. Parece que no puedo irme ni por un minuto.

-¡Maldito seas! -exclamó-. Pero en el granero había calma y zumbido y pereza y calor. en el extremo del granero no ocupado todavía por el heno. 48 Librodot .no es algo tan malo como para tener que esconderme en el matorral. No te pegué muy fuerte. No trates de engañarme". El sol de la tarde penetraba por las grietas de las paredes del granero y yacía en brillantes líneas sobre el heno. y volvió a acariciarlo desde las orejas a la cola. De pronto. Desde afuera llegaba el tañido de las herraduras en la estaca de juego y los clamores de los hombres. sentado sobre el heno. miraba a un perrito muerto que yacía frente a él. Me va a decir: "Tú lo mataste. -Esto -continuó. Se sentó. pero siguió mirando el montículo que había hecho. Sólo Lennie estaba en el granero. Excavó un hueco en la paja y metió en él al cachorro. si descubre que has muerto. ¿Por qué has tenido que ir y morirte? No eres tan chico como los ratones. el perezoso susurro de la tarde.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 48 CAPÍTULO V Un extremo del enorme granero estaba ocupado por una alta pilada de heno nuevo y sobre la pilada pendía la horquilla mecánica de cuatro puntas. hasta ocultarlo. no ocupado todavía por la nueva cosecha. Y me va a decir: "Ahora. suspendida de su polea. y luego un breve coro de gritos. Desenterró el cachorro y lo inspeccionó. George siempre sabe.y atrás. no vas a cuidar los conejos". Y Lennie dijo suavemente al cachorrito: -¿Por qué has tenido que morirte? No eres tan chico como los ratones. El heno caía como la ladera de una montaña hacia el otro extremo del granero. y golpeaban los cascos y mordían la madera del pesebre y hacían sonar las cadenas de los ronzales. junto a un cajón y bajo un pesebre. y lo cubrió con heno. Ahora George no me va a dejar. para jugar. Dobló hacia arriba la cabeza del cachorro y siguió hablándole: -Ahora puede ser que George no me deje cuidar los conejos. para mofarse. lo tendió en el heno y se sentó. Era domingo de tarde. Lo miró largo tiempo. Le volvió la espalda. -No eras bastante grande -susurró-. Me dijeron y me dijeron que todavía no eras grande. Lennie se incorporó y buscó el perrito. Levantó el perrito y lo arrojó a lo lejos. muy doblado el busto sobre las rodillas. Le diré a George que te encontré muerto. ¡Oh. Yo no sabía que ibas a morir tan fácil. Lennie. Había en el aire un zumbido de moscas. Volvió a acariciar el cachorro. lo acarició desde la cabeza a la cola. meciéndose en su desventura. y entre las barras de cada uno se distinguían las cabezas de los caballos. Y prosiguió acongojado: -Pero lo va a saber. y había un sitio a nivel. se encendió su ira. y murmuró: -Ahora no me van a dejar que cuide los conejos. para alentar. Desde afuera llegaba el tañido de las herraduras en la estaca de hierro. y Lennie se había sentado en el heno. Los caballos en descanso mordisqueaban las restantes hojas de heno. no! No es para tanto. Se inclinó hacia adelante . luego extendió su mano enorme y lo acarició. A los lados se veían los pesebres.

Era un perro cualquiera. Lleno de pánico. Este condenado hijo de perra no era nada para George. La mujer de Curley apareció volviendo el extremo del último pesebre. Cambió ella de tema. A lo mejor no le importa. pero yo no puedo hablar más que con Curley. bien puede romperle usted la otra mano. Caminaba muy lentamente. Luego alzó hacia la mujer su arisca mirada. Los hay a montones. -Escuche. -George dice que no tengo nada que ver con usted. Puede conseguir otro en cualquier parte. Pero Lennie no cedía. y le pegué. Ninguno de ellos va a venir hasta que terminen de jugar. que no le hable. Escuche cómo gritan los muchachos ahí afuera.. Y quitó el heno que lo cubría.tiene miedo de que Curley se enoje. y yo hice como que le pegaba. ¿Por qué no puedo hablar un poco con usted? Nunca hablo con nadie. Se enfureció el rostro de la mujer. No son más que las cuatro. ni nada. con los dedos. Yo estaba jugando con él. -Bueno -dijo Lennie-. Han apostado cuatro dólares en ese campeonato. 49 Librodot . Lennie la miraba con enojo. pero yo no debo hablar. No me van a engañar con eso de que una máquina le agarró la mano. señor. Llegó muy cerca de Lennie antes de que éste alzara la mirada y la viera. Bueno. El mismo me lo dijo. No voy a hablar con usted. Usted puede hablar con cualquiera. ¿Le gustaría no poder hablar con nadie? -Bueno.. de modo que Lennie no la vio. como salchichas. -George -opinó tranquilamente la mujer.. -No es tanto eso -explicó Lennie lentamente-. y él hizo como para morderme. y si se enoja. me va a retar mucho -dijo Lennie cautelosamente-. Curley tiene el brazo en cabrestillo.le da órdenes para todo? Lennie bajó la vista hacia el heno. Y entonces se murió. Me siento tan sola. Llevaba su vistoso vestido de algodón y las chinelas con rojas plumas de avestruz. -¿Qué tiene ahí. -No se preocupe por hablar conmigo. -Me siento muy sola. ni nada. -No es más que mi cachorro -murmuró tristemente-. si está rnuerto! -Era tan chico... -¿Qué es lo que ha tapado ahí? Entonces volvió a Lennie toda su pena. -Quizá George no se enoje -se consoló-. y. se enoja. George tiene miedo de que me meta en líos.. a su lado. Todos los muchachos están jugando un campeonato de herraduras. hijito?-preguntó ella.. -Si George me ve hablando con usted. George no me va a dejar cuidar los conejos ahora. nada más. Mi cachorrito.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 49 Tomó con sus dedos la fláccida oreja del perrito. -No se aflija -lo consoló la mujer-. Ninguno de los muchachos va a dejar de jugar. La cara estaba muy arreglada. -¡Pero.. -Dice que no podré cuidar los conejos si le hablo. dispuestos cuidadosamente... -No. -¿Por qué? -Porque me dijo que si hago más disparates no me va a dejar cuidar los conejos. Ella se arrodilló en el heno. y los bucles. Si no. Ella se le acercó más y le habló con voz mitigante. o cualquier cosa. echó heno sobre el cachorro. -¿George -rió ella.. ni nada.. pero yo no debo hablar con usted.

-Y luego. -¿Por qué le gustan tanto los conejos? -preguntó ella. -Bueno.si llevara este perrito y lo tirara muy lejos.conocí a un hombre que estaba en el cine.- Yo vivía en Salinas.. 50 Librodot . -Miró fijamente a Lennie para ver si estaba impresionado. Bueno. y el meñi- que se separó exageradamente de los demás. Yo podía haber hecho otra vida. George dijo que nos va a meter en un lío. Lennie suspiró hondamente. puede estar seguro. Alzó la mirada hacia Lennie e hizo un pequeño ademán grandioso con el brazo y la mano para demostrar su arte.. -¡Bah. -Vamos a tener un campito.La carta nunca me llegó. -Vamos a tener un campito -informó pacientemente Lennie-. se acercó a él y se sentó a su lado. Fui al Palacio de la Danza con él. Lennie tuvo que pensar cuidadosamente antes de llegar a una conclusión. como si se apresurara antes de que le pudieran quitar el oyente. Dice que era porque yo tenía quince años solamente. Me dijo que podía ir con la compañía. Los dedos siguieron a la muñeca doblada. Lennie acarició y acarició su cachorro. Porque ese hombre dice que yo había nacido para artista. y donde me robaban las cartas. -Alguien embocó -dijo la mujer de Curley. Vamos a tener una casa y una huerta y un cuadro de alfalfa. y esa alfalfa es para los conejos. al caer el sol. -Bueno. no estaría viviendo como ahora. George no se enteraría. No le hago ningún mal. Y podría ir a esos hoteles tan grandes. Siempre he creído que mi vieja la robó. No me gusta. ¿No tengo derecho a hablar con nadie? ¿Qué se creen que soy.. y no me costaría un centavo. hasta quedar junto a ella. -Tal vez -susurró Lennie. Llegué cuando era muy chica. Dijo que yo había nacido para artista. Esto no se lo he contado a nadie. Pero el hombre dijo que yo podía ir. -¿Usted no piensa más que en conejos? -inquirió con rabia la mujer de Curley. No sé por qué no puedo conversar con us- ted. Me dijo que iba a hacerme trabajar en el cine.Podría estar ahora en el cine. Vestidos tan lindos como tienen todas ellas.. y luego un coro de vítores.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 50 -¿Qué tengo yo? -gritó-. como tienen todas las artistas. yo no iba a quedarme en un lugar donde no podía ir a ninguna parte para ser algo. Pero mi vieja no me dejó. en el mismo pueblo. y retratarme. Quizá no tenga que decirlo. Lo conocí en el Palacio de la Danza esa misma noche. Se acercó cautelosamente a la mujer. Y entonces podría cuidar los conejos.Quizá pueda todavía. Y en los estrenos podría ir yo. Si hubiera ido. Se iba elevando ahora la luz. pues? Usted es un buen hombre. -Y entonces sus palabras se derramaron en una pasión comunicativa. Pero no me gusta ese Curley. Desde afuera llegó el tañido de una herradura sobre el metal. Le digo que no estoy acostumbrada a vivir así. pasó una compañía de teatro y conocí a uno de los actores. Bueno. sombríamente:. ¿Me oye? -¿Yo? Claro. Entonces me casé con Curley. y me dijo que no. y conejos -explicó. y yo voy a llevar un montón de alfalfa para los conejos. con lindos vestidos. Tan pronto como volviera a Hollywood me iba a escribir. y las líneas de sol trepaban por las paredes y caían en los pesebres y en las cabezas de los caballos. Le pregunté si me la había robado. -Otra vez -prosiguió ella rápidamente con su relato. qué estupidez! ¿Qué mal le hago? Parece que a ninguno le importa cómo tengo que vivir yo. -Y porque había puesto su confianza en Lennie. y hablar por radio. antes de que la interrumpieran.

no es cierto -explicó diligentemente Lennie-. Cuando advirtió que no le respondía ni se movía. y serpenteó todo su cuerpo para librarse. mi tía Clara.. Pero no es malo. -No quiero lastimarla -murmuró. Entonces Lennie se encolerizó. y por debajo de la mano de Lennie surgió un chillido ahogado. me lo va a enredar. No quiero que grite. por Dios -repuso Lennie riendo de placer-. Se contorsionó su rostro.pero George se va a enojar si la oye gritar. Se sacudieron sus pies sobre el heno. pase la mano por aquí. Pero el mío es lindo y sedoso.Hay quienes tienen el pelo muy áspero -comenzó complacida-. -Y ella continuó luchando. Me gustaría tener ahora ese terciopelo.. -Se le arrugó el ceño. ahora. -Para mostrar cómo lo hacía. La mujer de Curley se separó un poco del hombre y opinó: -Me parece que usted está loco... se inclinó muy cerca de ella. como un pez. Me va a meter en un lío. Y luego murmuró aterrorizado: 51 Librodot . Lennie la miró. Y eran lindos. No haga eso. me quedo sentada acariciándome el cabello porque es tan suave. Me gusta acariciar cosas lindas con los dedos. -Tomó la mano de Lennie y se la llevó sobre la cabeza.. Una vez en una feria vi unos de ésos con el pelo muy largo. Como un niño grande. Tiene el pelo como alambre.. se pasó los dedos sobre lo alto de la cabeza.. y acarició con más fuerza-. A veces. y la otra mano de Lennie se cerró sobre su boca y su nariz. cosas suaves.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 51 -Me gusta acariciarlos. y con mucho cuidado quitó la mano de la boca.¡Basta ya. sí señor. George va a decir que hice un disparate. y esa señora era. Hace mucho que no lo veo. Los grandes dedos de Lennie empezaron a acariciarle el cabello.No siga gritando -dijo Lennie. porque Lennie le había quebrado el cuello.. ¿a quién no le gusta? A todo el mundo le gusta. le digo! Lennie estaba en un pánico. desorbitados de terror los ojos. Pero una puede comprender lo que dice. Ella luchó violentamente bajo las manos enormes. pero sólo cuando no consigo algo mejor. ¿A usted le gusta tocar terciopelo? -Claro que sí. Por eso es lindo. Y luego quedó quieta.Le he dicho que no. y surgió un áspero grito. hace tiempo. A mí me gusta palpar la seda y el terciopelo. Como Curley. -Está loco de remate -se rió de él la mujer de Curley-. No me va a dejar que cuide los conejos. -Y luego gritó furiosa la mujer:. -No. Lennie empezó a gritar de terror: -¡Oh! Por favor. por favor -rogó-. no haga eso. no haga eso -volvió a rogar-. algo tranquilizada-.. me va a enredar todo el cabello! -Hizo bruscamente a un lado la cabeza. Levantó el brazo de la mujer y lo dejó caer. y ella quedó quieta. Y también tuve un poco. Por un instante pareció atónito. Vea. -¡Oh. Me lo regaló. Claro que me lo cepillo mucho. y la sacudió. -Movió un poco la mano. -Bueno -dijo la mujer. cuando me peino. Una señora me dio un poco. como dijo George. ¡Qué lindo! -Cuidado.Toque aquí y vea qué sedoso es. Gritó entonces la mujer. A veces acaricio ratones. George dice que no estoy loco. qué lindo! -exclamó Lennie. -¡Suelte! ¡Suélteme.. y los dedos de Lennie se cerraron en sus cabellos y los apretaron..Lo perdí. ¡Oh! Por favor. George se va a enojar. y el cuerpo de la mujer se movió fláccidamente. -No me lo enrede -pidió la mujer. un pedazo así de grande. -No.

y fue agazapado hasta la pared del granero.. pendientes. -Lennie -llamó-. y se le erizó el pelo a lo largo del lomo. Fuera. y la quietud de la tarde se había hecho sobre el rancho. El aire del granero era crepuscular por adelantado a la marcha del día exterior. Se va a enojar. masticaban la paja de sus camas. Se agazapó en el heno y escuchó. hacia el juego de herradura. Lennie! ¿Estás aquí? He estado haciendo más cuentas. Y la mezquindad y los planes y el descontento y el ansia de ser atendida habían desaparecido de su rostro.. A mitad del camino hacia el cajón donde estaban los cachorros captó el olor a muerte de la mujer de Curley.. -¡Eh. y se atiesó su cuerpo. y repicaban las cadenas de sus ronzales.¡Oh. Eso es lo que dijo. -Se puso el cachorro bajo el saco.Lo voy a tirar muy lejos. cubierta a medias por el heno. George se va a enojar. Luego. azorado. He vuelto a hacer algo malo. y se frotó la barba. Una paloma entró volando por la puerta y luego de trazar un círculo se marchó volando. El cachorro yacía junto a ella. Los bucles. gradualmente. Al no tener respuesta. y la luz se suavizaba en el granero. Al momento volvió Candy. Jesucristo! -Miró a su alrededor.. Las líneas del sol estaban ya muy altas en la pared. Hasta el tañido de las herraduras. Sus mejillas pintadas y sus enrojecidos labios la hacían parecer viva ahora. y espió por las hendijas. muy levemente dormida. Lennie lo recogió. Estaba muy bella y sencilla. -Retrocedió y miró a la mujer muerta. Luego saltó y salió rápidamente del granero. Los caballos coceaban y resoplaban. La mujer de Curley yacía de espaldas. diminutos rollos. mucho más que un momento. No sabía que usted estaba aquí -dijo a la mujer de Curley. ¡Eh. Lennie.. Frotó la tersa muñeca sobre la espesa barba blanca-.. Con sus manazas cavó el heno hasta cubrir en parte el cuerpo femenino. Y el sonido se detuvo. 52 Librodot . Desde afuera llegó un clamor de hom- bres y un doble tañido de herraduras sobre metal. Lennie! -llamó otra vez. En el matorral hasta que él llegue. Con ésta ya es bastante. y entonces se detuvo. estaban tendidos sobre el heno tras la cabeza. -Ahora sí que hice algo muy malo -repitió-. -No debería dormir aquí -expresó con desaprobación: y entonces estuvo a su lado y. y el momento se detuvo por mucho. Apareció el viejo Candy en torno al último pesebre. Luego se deslizó en torno al extremo del último pesebre y desapareció. Llegó la voz de Candy desde el extremo del último pesebre. Por primera vez tuvo Lennie conciencia del exterior. y George estaba con él. me dijo. Como a veces ocurre. Dio un gemido y se acercó temerosa al cajón. En torno al último pesebre vino una perra ovejera. No debía hacer eso. los labios. las voces de los hombres se hicieron más fuertes y más claras. y su cara era dulce y joven. Muy tranquilo estaba el granero. se acercó más. entreabiertos. rondó y permaneció por mucho más que un momento.. un momento se asentó. esconderme en el matorral hasta que él llegue. despertó otra vez el tiempo y prosiguió perezosamente su marcha. Pero el granero estaba vivo ahora. Los caballos golpearon los cascos del otro lado de los pesebres. Y.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 52 -He hecho algo malo. flaca y larga. y repicaron las cadenas de los ronzales. La mujer de Curley yacía a medias cubierta por el heno amarillo. hasta las voces de los hombres que jugaban parecían haberse vuelto más callados. con ubres pesadas. y saltó entre sus cachorros. Te diré !o que podemos hacer.

Curley va a querer que lo linchen..No voy a dejar que le hagan nada. y sus ojos estaban duros. El viejo 53 Librodot . George no respondió a la pregunta. -Bien. cuando se incorporó. mirándolo fríamente. -Y luego trató de consolarse. Usted salga dentro de un minuto. lo sabía. pero nunca por ser malo. Se acercó más y entonces repitió las palabras de Candy-: ¡Oh. Pero Candy afirmó. ¿Quiere hacer como le digo? Así los muchachos no pensarán que yo andaba en esto. ¿verdad. -¿Qué le pasa? -preguntó. Ya me voy. ¿Qué vamos a hacer? George tardó mucho en responder. y entonces yo vengo y hago como que no sé nada. ahora. Curley va a hacer que lo maten. George? -exclamó Candy-. -Lennie no lo hizo de malo -aseguró George. Y por fin. Ahora me voy al cuarto de los peones. entonces. -¿Qué le pasó? -inquirió Candy. -Y luego. lentamente. Ahora Candy habló de su más grande temor: -Usted y yo podemos comprar el campito. bruscamente:. Creo que vamos a tener que encontrarlo y encerrarlo. Qué. Yo debía haberlo sabido -masculló George desesperanzado-. Y Candy guardó silencio-. y cobraré otros cincuenta dólares. Y los demás lo van a matar. -Creo. No podemos dejar que se escape. George -asintió Candy-. que yo llegué a pensar que quizá lo hiciéramos. huraño. Le gustaba tanto oír hablar de eso. George? Usted y yo podemos ir y vivir bien allí. Creo que ya sabía que jamás podríamos hacerlo. Déme un par de minutos. Tenemos que decirles a los muchachos. tiesamente.. y salga corriendo y diga que acaba de encontrarla. si el pobre diablo se moriría de hambre. es cierto. excitado: -No tenemos que dejar que se escape. Muchas veces ha hecho cosas malas. Y entonces volveré y trabajaré otro mes. Usted no conoce a ese Curley. -Se irguió y miró a Candy. No hay remedio. Supongo que lo querrán detener. No creí jamás que podría hacer una cosa así.Óigame..Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 53 -¿Para qué me quería ver? -preguntó George. George? Antes de que George respondiera. Quizá no le hagan daño. muchachos. Candy señaló a la mujer de Curley. muy en lo hondo. que miraba todavía a la mujer de Curley-. Ya sabía. su rostro estaba duro y prieto como madera.. George la miró con ojos muy abiertos. -Entonces. en cambio: -Trabajaré todo el mes. y cobraré mis cincuenta dólares y me pasaré la noche entera entre las mujeres de alguna casa piojosa. Tal vez allí. -Y volvió la mirada a la mujer de Curley. Curley va a querer que lo maten. Claro que puedo. O me quedaré en una sala de juego hasta que todos los demás se vayan.. Por fin dijo: -Sí. Es un hombre tan bueno..Tal vez lo encierren y sean buenos con él.. -Es tan bueno -ponderó Candy-. para decir a los muchachos lo que pasó. George? ¿Verdad. ¿se acabó todo? -preguntó Candy. Candy dejó caer la cabeza y miró el heno. George se volvió y salió rápidamente del granero. George miró los labios de Candy. -¿Qué vamos a hacer ahora. Jesucristo! -Se puso de rodillas al lado del cuerpo tendido. -Claro. ¿verdad.que yo lo sabía desde el primer momento. Le colocó una mano sobre el corazón. ahora. Los muchachos pueden creer que yo estuve metido en esto. -Creo -murmuró George. -¿No se lo imagina? -repuso George. Escuche. Dijo. tendremos que decírselo a los.

Encontraron sus ojos a la mujer de Curley en la semioscuridad. Los hombres corrieron en torno al último pesebre. Carlson dijo: -Voy a buscar mi Luger -y también salió corriendo. -Tal vez -siguió Slim. Un dedo flaco tocó la mejilla. Veníamos del norte de modo que habrá ido para el sur. su pena y su ira cobraron expresión: -Perra maldita -exclamó rencorosamente-.. y la lluvia en el techo. Slim se volvió despaciosamente hacia George..Pero ya se verá conmigo. Ya hiciste lo que querías. Tiene el cuello roto. y en invierno. Le abriré las tripas a tiros. Vamos. si todos los demás estaban allí. 54 Librodot . -Yo sé quién ha sido -exclamó-. y luego la mano bajó a la nuca torcida lentamente y los dedos exploraron el cuello. y los hombres irrumpieron en el granero.. Slim. maldito hijo de perra. Voy a buscar la escopeta. -Fue cobrando ira. habrá ido para el sur. y se volvió. perra piojosa. creo que tendremos que encontrarlo. y le palpó la muñeca. Ese grandote maldito... ¿Por dónde le parece que habrá ido? Pareció que George necesitaba un rato para soltar sus palabras. mucha- chos. y salió débilmente del granero. Slim y Carlson y el joven Whit y Curley. y al marchar se frotaba la cerdosa barba con el muñón del brazo.. Volvió a asentir George. podemos ir a verlo. -Tuvo un sollozo y se le quebró la voz. -¿No podríamos traerlo aquí.. Qué. No tenemos que pedir permiso a nadie.haya sido como lo que ocurrió en Weed. se detuvieron todos y quedaron quietos y miraron. Y podíamos tener una vaca y gallinas. Afuera se detuvo el ruido del juego. -Habrá.Yo podía haber cuidado la huerta y lavar los platos para ellos. Yo mismo lo mataré. Y repitió las palabras consabidas:. George no respondió.. Corrió desaforadamente fuera del granero. no hacemos más que decir "al diablo con el trabajo". Esto no lo ha hecho por maldad. y nosotros allí sentados. jugando a las herraduras.. un tamborileo de pies al correr.. como usted me contaba. Todos sabíamos que eras la ruina... Cuando Slim se irguió. y Crooks más atrás. y vamos. Hubo voces alzadas en interrogación. nada más. Candy llegó tras ellos. No servías para nada. -Se cegaron sus ojos por las lágrimas. para quedar fuera de la atención de los otros.. -Hizo una pausa y prosiguió en un canturreo. y su negro sombrero estaba muy metido sobre los ojos. pero asintió lentamente con la cabeza. Lennie es capaz de hacer eso. George se acercó a él. que le cubría los ojos.. Después miró desventuradamente a la mujer de Curley y. Slim suspiró: -Bueno. y el último de todos fue George. Y ahora no sirves para nada.. Yo sé que fue él.. ese hijo de perra fue quien la mató. gradualmente. la cocina. quizás. Curley volvió de pronto a la vida. -Creo que fue Lennie -afirmó-. los hombres se acercaron y el encanto quedó roto.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 54 Candy lo siguió con la vista. ¿verdad? Supongo que estarás contenta. George se había puesto su chaqueta de estameña azul y la había abrochado. y encerrarlo? Está loco.Si llega un circo o hay un partido de pelota.. -Creo que tendremos que encontrarlo -repitió Slim. Tan metido tenía el sombrero sobre la frente. Luego Slim se acercó lentamente a la mujer..

hasta que Curley llamó: -¡Usted. Tírele a las tripas. El negro tiene una escopeta. Slim seguía mirando a la mujer.quédese usted con ella. -Ese perro me ha robado mi Luger -gritó-. Llévela usted. Curley está furioso todavía por esa mano. El viejo Candy se tendió en el heno y se cubrió los ojos con un brazo. -Sí -consintió George-. -¿Que no lo matemos? -exclamó Curley-. George caminó lentamente tras los otros. Por fin. Los demás podríamos ir saliendo ya. Voy. y Curley portaba una escopeta en la mano sana. muchachos -dijo-. El ruido de los pasos de los hombres se hizo más lejano. se dirigió a Curley: -Curley. no le tenga lástima. -¡Pobre diablo! -susurró dulcemente. -Usted vaya a Soledad y busque a la policía. Candy. Y cuando todos se hubieron alejado. Vamos ya. No. No lo maten. Curley lo seguía. -Curley se volvió sospechosamente a George. -Esta mañana la vi -aseguró Carlson-. en sus pesebres. Ese pobre diablo está loco. George se detuvo un momento junto a Candy y los dos miraron a la mujer muerta. Si consiguiéramos tener aquí a Curley. yo voy también -repuso Curley. -Ya sé -murmuró George-. Eso lo va a voltear... Tiene la pistola de Carlson. George. y sus pies se arrastraban pesadamente. oiga. Curley. Cuando lo vea.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 55 -Sí. No sabía qué hacía. George! Tiene que venir con nosotros. Busque a Al Wilts. Curley estaba en calma ya. Yo mismo haré volar las tripas a ese hijo de perra. enrojecida la cara-. Pero Curley va a querer matarlo. los caballos movían las patas y repicaban las cadenas de los ronzales.Usted viene con nosotros. El granero se oscurecía gradualmente y. -Bueno. Carlson. Eso sería peor. que es el jefe. quizá sería mejor que usted se quedara con su mujer. Pero escuche. -Tal vez Carlson haya perdido su pistola -sugirió débilmente George. para que nadie crea que ha tenido algo que ver con esto. Es claro que lo vamos a matar. Todos empezaron a caminar. Candy se puso en cuclillas sobre el heno y escrutó la cara de la mujer de Curley. me la han sacado. No está en la bolsa. Carlson entró corriendo. Yo mismo lo voy a matar. -No. podríamos hacerlo. podríamos -asintió Slim-. Y aunque lo encierren y lo aten y lo pongan en una jaula. 55 Librodot . aunque sea con una sola mano. -Yo no tengo armas -saltó Whit excitado. -Entonces -dijo Slim volviéndose hacia Candy. Ya sé.

- George me va a retar. me iré. y al irse. y estaba almidonada y limpia. Tan rápido como había llegado. Se abrazó las rodillas y en ellas apoyó el mentón. Siempre haciendo disparates. no señor -dijo suavemente Lennie-. Una cabeza y un pico silenciosos bajaron como una lanza y tornaron a la culebra por la cabeza. -Volvió la cabeza y miró a las encendidas cumbres de las montañas.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 56 CAPÍTULO VI La honda laguna verde del Río Salinas estaba muy calma en la caída de la tarde. había caído una sombra placentera. Mil veces te dije: "Obedece a George. se llevó las manos a las caderas.. tocando apenas el agua con los labios. Ya el sol había dejado el valle para ir trepando las laderas de las montañas Gabilán. Se arrodilló y bebió. La culebrita se deslizó entre los juncos de la orilla. de manera de poder vigilar la entrada del sendero. y el pico tragó el reptil mientras la cola se agitaba frenéticamente. con el ceño fruncido. Dejóse oír una lejana ráfaga de viento. Usaba gruesos lentes y un enorme delantal de cretona con bolsillos. doblando de un lado a otro su cabeza de periscopio. Y filas sucesivas de onditas surcaron la verde superficie del agua.. Esconderme en el matorral y esperar a George.-Tironeó del sombrero para bajarlo más sobre los ojos. Cuando un pajarito corrió a saltos por las hojas secas a su espalda. y lo miró desaprobadora. porque es bueno y te cuida. Si George no me quiere.. las hojas parduscas. La garza castigó el aire con sus alas. Quise y quise. Otra culebrita de agua nadó por la laguna.Y no tendré nunca salsa de tomates. Las hojas de sicomoro volvieron hacia arriba sus dorsos de plata." Pero a ti no te importa. Púsose frente a Lennie. Cuando hubo terminado se sentó en la orilla dando el costado a la laguna. entre los veteados sicomoros. Una culebra de agua se deslizó tersamente por la laguna. -No me olvidé. las cimas de las montañas parecieron encenderse en un brillo creciente. Pero junto a la laguna. sin que yo lo molestara tanto. Diablo. y nadó todo el largo de la laguna y llegó hasta las patas de una garza inmóvil que estaba de pie en los bajos. Y entonces salió de la cabeza de Lennie una viejecilla gorda. inmóvil y esperando. y el claro quedó otra vez en calma. murió el viento. y luego volvió a inclinar la cabeza y a beber. -Y continuó tristemente:. No pude evitarlo. irguió de repente la cabeza y buscó el sonido con ojos y oídos hasta que vio el ave. volviendo de un lado a otro su cabeza de periscopio. se alzó fuera del agua y voló río abajo. lo hizo con la voz de Lennie. Y Lennie respondió: -Lo quise obedecer.. Me iré. En los bajíos estaba la garza. George va a decir que le gustaría estar solo. y el aire se movió por las copas de los árboles como una ola. pero no me importa. -Te lo dije y te lo dije.- Puedo irme para allí y encontrar una cueva. y llegó tan en silencio como se mueve un oso en acecho. Lennie se acercó silenciosamente al borde de la laguna. 56 Librodot . y las cumbres estaban rosadas de sol. De pronto apareció Lennie entre los matorrales. Y cuando habló. revolotearon un poco. tía Clara. señora. sobre la tierra. Siguió trepando la luz fuera del valle. secas.

eso es lo que dices -exclamó bruscamente la viejecilla-. Y si hay salsa de tomates. George no va a hacer eso. -No -gritó frenéticamente Lennie-. y jamás me ha alzado la mano con un palo.. siempre. George guardó silencio. Eso es lo que harías. tía Clara. y se pasaría la noche jugando a los dados y al billar. Ella interrumpió: -¡Y George podría pasarlo tan bien si no fuera por ti! Cobraría su sueldo y se divertiría como un loco con las mujeres en cualquier casa del pueblo. ¡George! George salió silenciosamente de los matorrales y el conejo corrió a meterse otra vez en el cerebro de Lennie. Quise portarme bien. siempre. y bien sabes. tía Clara -gimió Lennie abrumado de pena-. y de la cabeza de Lennie surgió un conejo gigantesco. -Ya lo sabía. -No. chiflado. eso es lo que va a hacer. y después te va a dejar solo. condenado. George! George. Te va a dejar solo. -¿Por qué diablos gritas? -preguntó despaciosamente George. Es bueno conmigo. Quise y quise. -¿No me vas a dejar. -Cuidar los conejos -dijo burlonamente-. -Sí. siempre cuidándote.. Si crees que George te va a dejar cuidar los conejos. una y otra vez: -Te va a dejar solo.. -Diablos que no -insistió el conejo-. estás más loco que antes. pero de nada vale. Conozco a George desde. No va a hacer nada de eso. te da siempre la mitad. George se acercó con tiesos pasos y se sentó junto a él.. No haces más que decir eso. -¿Sí? 57 Librodot . Y él.. No te va a dejar. y más de la mitad. verdad? Yo sé que no me vas a dejar. Te va a moler los huesos con un palo. que jamás lo vas a hacer. Yo conozco a George. Le digo que no -gritó. ya me olvidé desde cuándo. Te va a moler a palos. Bien sabe Dios que George ha hecho todo lo posible por sacar- te del pantano. chiflado. Se sentó frente a él. Y entonces. te la da toda.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 57 -Nunca piensas en George -siguió la viejecilla con la voz de Lennie-. Yo y él trabajamos juntos. ¿qué pensaría George? -Yo no me olvidaría -repuso Lennie enérgicamente. George no me va a dejar cuidar los conejos ahora. George. No vales siquiera el asador con que te tostarán en el infierno. Lennie se puso de rodillas. -George -llamó Lennie. Ahora respondió agresivamente Lennie: -No. no va a hacer nada de eso. Pero tiene que cuidarte a ti. -Ya lo sé. -Bien podría irme -susurró Lennie-.. y agitó las orejas y encogió el hocico. Eres tan chiflado que no sirves ni para lustrar las botas de un conejo. Desapareció la tía Clara. Lennie se tapó las orejas con las manos. Te vas a quedar junto a él y le vas a hacer la vida un infierno. Y habló también con la voz de Lennie. Los olvidarías y les dejarías pasar hambre. Tú no eres capaz de eso. -No. Me voy a ir a las montañas y encontraré una cueva y viviré allí para no darle más trabajo a George. Te va a dejar. -Ya lo sé -murmuró Lennie lastimeramente-. pero está harto de ti. -Bueno. Cuando él consigue un trozo de torta. No va a ser malo ahora. Pero el conejo repitió suavemente. Y luego-: ¡Oh.

Lennie dijo mañosamente: -Háblame como antes.. -George -volvió a llamar Lennie. -Y yo te tengo a ti. Lennie lo miró ansiosamente. -Pero nosotros no -repitió.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 58 -Otra vez me he portado mal. si no me quisieras tener contigo. Luego dijo opacamente: -Si estuviera solo podría vivir tan bien. George volvió la cabeza y escuchó los gritos. -Pero nosotros no -gritó Lennie con felicidad-.. esta vez mucho más cerca que antes.. como has hecho siempre. -Se detuvo aquí. La escasa brisa del atardecer sopló sobre el claro y las hojas susurraron y las olitas surcaron la verde laguna. -Bueno. -Sigue.. George quedó callado un momento. Podría irme ahora mismo a las montañas y buscar una cueva. -¿Qué quieres que te diga? -Habla de los otros hombres y de nosotros.. -Y cuando llega fin de mes podría cobrar mis cincuenta dólares y gastármelos en. con voz quebrada: -Quítate el sombrero. -Su voz era monótona. -Sigue -pidió Lennie-. y la noche se acercaba velozmente.. ¿no lo vas a decir? George se sacudió. Desde la distancia llegó el rumor de hombres que se gritaban el uno al otro.no tienen familia. -No importa -dijo George. Ganan un poco de dinero y lo gastan... ahora. frente a sí.. -Porque yo te tengo a ti y. Y cuando llega fin de mes.. Lennie se quitó debidamente el sombrero y lo dejó en la tierra... y hay alguien a quien le importa un bledo de nosotros -exclamó Lennie triunfalmente. -No. 58 Librodot .Podría conseguirme un empleo y no pasar apuros. pero jamás te olvidas de una palabra que digo yo. Este aire está muy lindo. George. -¿Sí? -¿No me vas a retar? -¿A retarte? -Seguro. No tienen en el mundo nadie a quien le importe un bledo de ellos....". Nos tenemos uno al otro por eso.. George se sacudió otra vez. Habla de nosotros. George se quitó el sombrero. Quiero que te quedes conmigo. -Se detuvo otra vez. Sólo las cimas más altas estaban ahora al sol. La sombra era azul y suave en el valle.. un burdel. Y los gritos de los hombres resonaron nuevamente. y volvió a quedar en silencio. Lennie. ¿No me vas a retar más? -No -afirmó George. Lennie! No te acuerdas de nada de lo que sucede. Llevado por el viento llegó sonido de pisadas en los matorrales. yo podría irme. -Porque. Así: "Si no te tuviera conmigo cobraría mis cincuenta dólares. -¡Jesucristo. Más azul estaba ahora la sombra en el valle. Dijo. -Bueno. -Los hombres como nosotros -empezó George.

Lennie. Todos van a ser buenos contigo. Una voz de hombre llamó desde lejos. -Creí que estabas enojado conmigo. -Yo y tú. Se oyeron ahora pisadas que aplastaban ramas en el matorral. Por un momento atendió a su quehacer. -Vamos ahora -pidió Lennie-. George tuvo un temblor y miró el arma. Vayamos ahora a ese campito. Quiero que sepas eso. oscurecidas ya. Lo tenemos que hacer. Nunca me enojé. Nadie va a hacer daño a los demás ni a robarles. Lo tengo que hacer. cerca de la orilla. No va a haber más líos. de manera que casi puedas ver lo que te cuento. No. y otra vez dejó caer la mano al suelo. para que puedas ver casi el campito. La voz de Slim llamó: 59 Librodot . George se volvió y miró en esa dirección. -No.. y luego fue cayendo lentamente hacia adelante hasta la arena. Y tal vez podamos tener un cerdo y gallinas y tendremos un cuadro sembrado. río arriba. El estampido del disparo rodó laderas arriba y regresó laderas abajo. George alzó la pistola y escuchó las voces. -Sigue -rogó Lennie.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 59 -Dime cómo vamos a vivir -pidió Lennie. junto a la pilada de cenizas viejas. -Vamos a comprar un campito -reinició George. Lennie. Y George elevó la pistola y la afirmó.. y yo te hablaré. Lennie le obedeció. -Y yo tengo que cuidar los conejos. y yo. y yació sin estremecerse. Apretó el gatillo. un poco de alfalfa. George había estado escuchando los distantes sonidos. y puso la boca del caño cerca de la nuca de Lennie.. Lennie volvió la cabeza y miró a través de la laguna y hacia las laderas de las montañas Gabilán. George alzó la pistola y su mano tembló. George bajó la mirada hacia la pistola. Se acercaron las voces. -Tendremos una vaca -reanudó George-. -Y tú tienes que cuidar los conejos. ahora mismo.. ¿Cuándo lo vamos a comprar? -Pronto. George. George. y menos ahora. No estoy enojado. -Para los conejos -repitió George. y luego mano y arma descansaron en tierra detrás de la espalda de Lennie. Mira allá lejos. Lennie volvió la cabeza. -Sí.. en el sitio donde se juntaban la columna vertebral y el cráneo. Vamos a comprar un campito. Dime cómo va a ser. -Y viviremos como príncipes. Metió la mano en un bolsillo lateral y sacó la Luger de Carlson: quitó de un golpe el seguro. Lennie. Lennie rió de felicidad.. -Mira al otro lado del río. Miró la nuca de Lennie. al otro lado del río. La mano tembló violentamente. -Tú. y luego la arrojó lejos de sí. pero se endureció la cara y la mano se calmó. El matorral pareció llenarse de gritos y del sonido de pies en carrera. -Sigue -insistió Lennie-. -Claro. -Para los conejos -gritó Lennie. -No. Lennie se sacudió. -Vamos. y otro hombre respondió.

y luego volvió la vista hacia George. un trago. -Lo mató. -No importa. Pero Carlson estaba de pie junto a George. -¿Y usted se la quitó y lo mató con ella? -Sí. -Vamos. George. Vio a Lennie tendido en la arena. El grupo irrumpió en el claro. La tenía él. Condujo a George hasta la entrada del sendero y por él hacia la carretera. -Lo hice. A veces el hombre tiene que hacer así. Slim dio un tirón del codo a George. no se aflija -lo consoló Slim-. George? Pero George se sentó endurecido en la orilla del agua y miró su mano derecha. George. -¿Cómo lo hizo? -preguntó. Juro que tenía que hacerlo. se sentó muy cerca. George -dijo Slim-. nada más -repuso George fatigosamente. y Curley estaba al frente. su mano derecha. fijamente. George dejó que lo ayudara a ponerse de pie. Venga conmigo. -¿Tenía él mi pistola? -Sí. -Sí. Y Carlson comentó: -Ahora. Curley y Carlson los siguieron con la vista.Librodot La fuerza bruta John Steinbeck 60 -George. Así fue. la mano que había arrojado el arma a lo lejos. la mano que había empuñado la pistola. -Era casi un murmullo la voz de. Dónde está. Slim se acercó directamente a George y se sentó a su lado. -Se acercó y miró a Lennie allí tendido. Miraba aún. Usted y yo vamos a echar un trago. por Dios. -Tenía que hacerlo.Bien en la nuca -dijo suavemente. ¿qué diablos les pasa a esos dos? 60 Librodot .

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