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Beber un cáliz no pertenece a las
corrientes habituales de la literatura.
No es cuento, no es novela, no es
poema en prosa: es un testimonio
verídico sobre el dolor de ver
convertirse atrozmente en nada una
antigua montaña de terrores,
esplendores y angustias. Es la
agonía del creador contemplada
desde muchos ángulos, dibujada
bajo muchas luces y sombras,
maldecida y bendecida desde el
centro mismo del estupor, del amor
y el odio de la criatura.
Obra singular, Beber un cáliz —que

obtuvo el Premio Mazatlán de
Literatura en 1965— es una elevada
muestra de la literatura de nuestro
tiempo y un clásico contemporáneo.

Ricardo Garibay

Beber un cáliz
ePub r1.0
IbnKhaldun 30.12.14

Título original: Beber un cáliz
Ricardo Garibay, 1965
Portada: detalle de Guardián del océano
de Maribel Portela. Barro en gobes y
conchas de mar, 149 x 48 x 31 cm, 2000
Diseño de cubierta: Marco
Xolio/Phonacot

Editor digital: IbnKhaldun
ePub base r1.2

Prólogo
Pasaba frente a la puerta de vidrios. Iba
y venía por el corredor: a la espalda las
manos anudadas, cabizbajo, hablando
entre dientes. Pasaba frente a los vidrios
de la puerta.
Era una tarde cargada de vientos que
rugían azotando las ramas del pirul.
Yo estaba en cama, a oscuras. Veía
retorcerse en la luz parda de afuera la
furia gigantesca del árbol allá en el
fondo, y la silueta que desaparecía y
aparecía untándose a los vidrios como
durísima sombra.
No sé por qué las ramazones del

pirul. eran como avanzar de penumbras. a mediodía. Estábamos en la casa solos. Él era un hombre colosal que oscurecía cuanto tocaba. Decía: «Qué hay. Y yo era. Desde ese momento yo era su . él y yo. cobijas lijosas. Sus pasos cuando llegaba del trabajo. ardor. que los vientos desgreñaban y zarandeaban para arrancarlas y hacerlas estallar en terribles pedazos. el ceño y la melena del mal. y su voz era una losa justo arriba de las cabezas de todos los hombres. miedo. buenas tardes». y el pétreo perfil de mi padre en su ir y venir formaban una sola cosa: el rostro de la fuerza y la cólera. de seis años en la enorme cama.

como si demonios cómplices me amarraran los brazos. Yo odiaba con toda mi alma su pequeño jardín. me taparan la boca e hicieran burla de mí. Hubiera aplastado jubilosamente sus ojos. Una ira impotente. el espacio se ensanchaba hasta las nubes y el sol brillaba alegremente. me debilitaba. . sus herramientas de carpintero. Retumbando el zaguán él moría. mis horas se arrastraban ácidas y ahogadas hasta la mañana siguiente. Monstruos de cola larga y lisa habitaban debajo de su cama.prisionero. su higuera. cuando cerraba tras de sí el zaguán. Sus arbitrarias e inmensas manos hubieran podido partirme fácilmente el cráneo. me licuaba.

En cualquier momento recordaría que yo estaba adentro. Se hacía de noche. las columnas de sus piernas pasan junto a mí. Dejaría de caminar. me encojo. Él andaba en el corredor. Estábamos solos en la casa. me cubro con los brazos. Yo naufragaba en el mar. Yo naufragaba en el mar. Entraría en la recámara. Me vería.inapelables. No acabaría nunca la rabia del pirul. flotaba a duras penas en alta mar y veía venir la . Dios mío. Lo veo venir estrellando un vaso contra el piso de la cocina del rancho —estridencia coagulada para siempre. con una tonelada de cualquier cosa. nítido retumbar de sus zapatos de charro—.

noche y era tan ensordecedor el ruido del agua negra que nadie oía mis gritos pidiendo auxilio. .

Materia .

. y que el espacio que ocupo yo es espacio ruin. más tarde. parece que busco cuanto pueda demostrarme. que no quise su muerte. Y no sé por qué siento que al fin existe por sí mismo. El hombre fiero existe fuera de mí. cuanto pueda asegurarme que la neurosis no me asaltará por ese lado.Mayo 28 de 1962 ¿Qué indecisión es ésta? ¿Qué clase de indecisión es ésta? A veces. también siento que cada día es menos lo que él era. Es mi padre. más que pena. Sin embargo. que no la esperé. ocupa un espacio doloroso frente a mí y es más él mismo cada día.

dentro de los cuales nadan los fémures. es un cuerpo todo huesos. esto sí es cierto. unos pantalones inmensos. maniatado. ya ni siquiera es el hombre que antier agitó los brazos y aulló buscando mis ojos. tratando de explicarme por qué ya no es yo y es más él mismo y es menos lo que él era y no era yo y otras muchas tonterías. y ya no es lo que era. . Ahora lo miro por primera vez. Porque éste que miro ahora echado. En la casa todos trajinan de médicos a colesterol a oxígeno a telefonazos a cáncer a consunción y a gangrena y rosarios mientras yo permanezco inmóvil. mi presencia saludable e inútil. silencioso.

una nariz que no acaba nunca y unos ojos hondos. sosteniéndolo palpaba sus cabellos.un rostro largo. Esto era el padre terrible que siempre . Lo besé en la cara: nunca lo había hecho: tengo treinta y nueve años de edad. ¿nadie? Un anciano abrumado de cansancio. Era nada. azorados. abiertos a no sé qué espantosa irrealidad. lo besé en la cara. que se abrían sin ver. su piel. en mis brazos. vi sus ojos. Cuando acabaron me quedé solo con él y se me derrumbó helado en los brazos. tirante y exhausta. y tenté sus manos. amarillo. Hace tres días lo llevamos a que le tomaran radiografías urgentes. acosado por la muerte. fríos.

Nos impacientamos. póntelo. déjenme. de la mañana que indefectiblemente se había perdido. póntelo tú. —Anda. El viejo miró largamente. de la oscuridad del cuarto en que se habían tomado las radiografías. . Momentos después empezamos a vestirlo.recordé con temor o con odio o con servilismo. largamente. de gana de salir a desayunar. yo me pongo el braguero. —Déjenme —decía—. Estábamos hartos de sostenerlo en vilo. Él no podía resistir más. el braguero. —Bien. Hacía mucho calor.

listo. Y él miraba. sus manos. olvidado ya de que miraba interminablemente. o de abismación. caído su cuerpo en una especie de sopor óseo. y luego movió la cabeza con mucha pesadumbre. o de cansancio de cada una de sus células. y buscar un restorán. ¿Quién es? ¿Cómo ha vivido? ¿Cuáles han sido sus virtudes y cuáles sus pecados? ¿Por qué ha tenido que sufrir . o de sopor de ausencia. caída su cabeza. caídos.Queríamos dejarlo ya. sus brazos. en su cama. el braguero. —Póntelo. a ver. Hizo un intento inmóvil.

una vez le hablé de Jesucristo. nunca le vi los ojos cuando me estaban mirando. nunca pude verlo de frente.tanto y por qué ahora sus hijos varones no se duelen de verlo hundirse día a día hacia la muerte? No conozco nada suyo. las demás veces me siento y no digo palabra y él tampoco. se alivió ligeramente. Yo . Mi padre. nunca pude preguntarle nada que de verdad me interesara. Era una tarde bochornosa. Ahora llego a su pieza y me le siento delante. El vacío. Y vuelve a ver la pared. De pronto abre la boca y dice: —El vacío.

Me gritaba. su color oscuro alterarse porque algo de lo que yo hacía estaba mal hecho. comida de impaciencia. Yo sentía la tarde como algo abominable para siempre. rugió. Se exasperaba. me golpeó. sus dedos golpeando violentamente los maderos de la ventana.acarreaba de la fuente a la calle cubetadas de agua para aplacar el polvo. temblando. su duro frontal contra el vidrio. Y me alcanzó en las escaleras. torcida por un pliegue sarcástico. Él estaba asomado a los vidrios de la ventana. Al día siguiente llegó con la noticia de que le habían dicho que sí a propósito de un empleo que andaba . su boca. Yo no oía. Veía yo.

en mi memoria. está la cabeza caída. junto a ese rostro iracundo en la ventana. abismada de dolor y de cansancio. a ustedes —señaló a mi madre. casi treinta años después? La tarde se agrió. viejísima. inerme. humilde. —Era la angustia —dijo— de no saber qué iba a hacer. ¿Qué me importaba a mí su angustia ni su desempleo? ¿Qué me importan ahora. en mis labios . entre mis manos. en mis brazos. Entre bromas y veras mi madre le reprochó la ira de la tarde anterior. a éstos —nos señaló—. Y junto a esta tarde. desolada.buscando. contra mi hombro. cómo los iba a mantener. rígida.

me asustaron a diario. que me bendice.—que la besaron. es una espina temblorosa. sus pies. y pasa las noches acostado o . el pesado retumbar de su llegada. Pero ahora todo eso. o el reloj. es nada. mi adolescencia. viendo la claridad sucia de los vidrios. que ha cruzado cientos de horas de dolores y terrores. o la pared. a la que yo podría destruir con unas cuantas palabras. su boca. adoloridísima. el brillo de su mirar. Sus manos. Ando lleno de pena y de locuras. Pasa los días acostado. entristecieron mi infancia.

lo olvida. no se ha movido un milímetro. Está con los ojos abiertos. las nalgas. a las diez de la mañana. regresa a las tres de la tarde: él está con los ojos abiertos. Uno se va. Le duelen las arterias. el cuello. Es horrible la noche. las caderas. Me paso esperando que pase la noche. —Me paso esperando que pase el día. el estómago. los dedos de los pies. su gesto es exactamente igual al de las diez de la mañana. viendo la oscuridad de los vidrios. .sentado. la espalda. las manos. absolutamente inmóvil. o el reloj. se mete en el día. o la pared.

treinta y pico de años después. me dice: . Y sus ojos ven. Dos horas después. no de otra cosa. o cincuenta o setenta. ¿qué ven? —Sólo pienso en la muerte —dice —. me imagino. —Yo no quiero morirme. Ya no veré tu casa. ¿Eh? No. qué sé yo por dónde anda ni qué tanto anda mientras camina de una frase a la siguiente. en la muerte… Pero el viejito. La vida es tan hermosa. el papá de la que vino. luego de andar y desandar treinta y pico de años de caminos que anduvo. murió a los noventa y seis años… y de cansancio. o cuarenta años de caminos.

cuándo se acabará esto… . —Pero don Fulano murió de cansancio a los ochenta y dos… Don Fulano ¿no te acuerdas…? Ochenta y dos… Dios mío.

más increíblemente. mientras él. Ya no se tiene en pie. Cuando se para a orinar debo sostenerlo completamente. no se da cuenta de que debe cubrirse y volver a . casi en el aire. cada parte. pero cada día de peor manera. cada rincón.3 de junio 1962 Sigue eso. cierta rigidez le va petrificando las manos y las piernas. cada centímetro de su cuerpo. lentísimo. a tientas. su cabeza cae sobre mi pecho y se duerme. quiero decir. Ahora le duele todo el cuerpo. que se ha cubierto de manchas moradas y negruzcas y al que puedo levantar con más facilidad que a uno de mis hijos. se busca y orina a gotas.

Cuando tenía cuarenta y dos años iba al galope con un amigo por la sierra de Molango y la sierra de Molango no tiene ni cien metros parejos. no es él ni siquiera su cuerpo. se resorteó sobre las puntas de los pies. doblada sobre sí. él ya no es él. dormida. sostenida en el aire. . —Cáncer y gangrena. violácea.la cama. esta estatua mísera. Cáncer en el páncreas y gangrena seca. Su cuerpo ya no es su cuerpo. de pronto se le ocurrió hacer una travesura y al galope se enderezó sobre los estribos. saltó y cayó montado en ancas del otro caballo. Los dolores de la gangrena seca… afortunadamente ya no los padecerá.

además. Es natural. es la consunción. doctor. no habría tiempo… La gangrena. son multitud de síntomas… —Bueno. —Doctor. Dijo uno de los médicos. la parálisis. y dijo: —El cáncer no es operable. y su estado general ¿verdad?. su asfixia y… los dolores… son los dolores inherentes ¿verdad?. claro. cuando vino usted a verlo… —La oclusión. creo que no alcanzará a paralizarlo. La ventaja . este cáncer. Me lo decía su hermana. su resequedad muy grande y… es el cuadro de este tipo de… —Desde enero.

Reaparecía su estupenda impaciencia de antaño. . se le pusieron tablas en vez de colchón. líquidos cristalinos. nos recibían con congoja: —¡No quiere las medicinas! —Pero hombre —musitaba él con destellos de iracundia en su cansancio —. y cuando llegábamos los hombres. se le pusieron inyecciones. tragó pastillas. Y todo se hizo contra su voluntad. líquidos espesos.es que no nos ha cogido por sorpresa ¿verdad? Entonces podemos… Se le hicieron transfusiones de sangre. Las mujeres de la casa cuchicheaban impotentes. se le echó suero en las venas. se le vigiló con ahínco. ya para qué.

sus cinco hermanos suicidas. y como pensando algo preciso. Sabíamos qué secreta desazón le removíamos. mucho de la tristeza de muchos años le viene de sus hermanos suicidas. decía: —Bueno… Bueno. luego buscaba poco a poco la lámpara. Pero cada medicamento le provocaba dolores tan lacerantes que ninguno de nosotros quería hacer de enfermero. Entonces armábamos el discurso una vez más: el del deber de vivir. el discurso era infalible. Se quedaba viendo el techo. el de nuestro deber de prolongar sus plagas. Varias veces estuvimos a . hasta que sus ojos veían el centro de la luz.

y ahora ya no se queja. que ya se anunciaban por todas partes. abierto al miedo y a la exasperación. No sabemos si el vigor conseguido con sueros y sangres lo espanta más que aquel sopor. No sabemos qué vendrá después de esta calma. para caerle encima robustecidos. los que conocemos y otros nuevos. se adivinan agazapados. su cara se torcía y su desesperanza aumentaba constantemente. si tanta cosa valió la pena ni si lo reanimó realmente. Parece en paz.punto de tirar los frascos a la calle. Y no sabemos. esperando no sé qué momento. no sé qué rotura. de cierto. pero los dolores. su . Porque antes de tanta cosa pasaba los días en un sopor angustioso. inmunes.

Se acuesta sobre el lado izquierdo y sus ilíacos forman cavernas.gesto está tranquilo. ni había sentido nunca su gravedad. sus muslos están manchados y del grosor del fémur. su realidad tremenda. no me ve con aquel asombro desorbitado que me hacía pensar que estaba viendo cosas que pueden cruzar entre nosotros. no habla de miedo ni de angustia y duerme casi constantemente. es extrañamente pequeña. su cabeza. o a la muerte. Nunca había sentido a la vida acabándose. Su cuerpo es tan delgado. casi rapada ahora. y su nariz es . horrendas. tan cerca de mí. su incomprensible roce. es tanto el remedo de un cuerpo humano.

y los vela una intensa bruma de cansancio. ve hacia la ventana. Y oigo yo en este momento Tambourin. en los ojos de mi padre. . Oh cómo quiero estar ahora sosteniéndolo. de Gossec. abismándose en mí. y veo en sus ojos. abismada abajo de mi hombro. No nos ve. abismando su cuerpo en mis brazos: su único sostén. Oh cómo quiero ahora estar viéndolo en mí. viendo abajo de mi hombro su pequeña cabeza pesada y abatida. y la tarde gris de junio descansa en las cortinas. entregado a mis fuerzas. de largas largas notas de flauta y de guitarra. Sus ojos se han puesto acuosos. de aguda melancolía.enorme. su única fuerza. conmigo. amarillosos.

un pasado surcado de aires mansos. imborrable. que se remansa en sus ojos. en sus ojos. que se recarga. intocado.en el agua de sus ojos. sobre hombros poderosos. saludables. la misma belleza. al atardecer. que es . la melancolía de las cosas llenas de viento o lejanísimas o inmersas en un pasado que no vendrá nunca pero que fue vivido y está ahí. sin luz propia. que fue en alguna aldea. que se adentra. en el agua amarilla de la luz amarilla de la ventana. entre sonrisas y ojos que fueron de mirar sombrío encantadores y que hoy sólo son dos lámparas sumisas. en esa agua amarillenta y tristísima. sobre músculos firmes y brillantes.

con sus piernas dobladas bajo la sabana y temblonas. Yo sostuve la cera encendida. Me asaltó y me corrompió la neurosis. . Ayer recibió la Comunión. que permaneció quieto. Pero él recibió la Forma limpiamente. con sus manos anudadas sobre el pecho. a la espera de volver a ver los que fueron los mejores momentos de su vida. y un vaso de agua para que pudiera tragar el Cuerpo de Jesucristo. absolutamente con todo su cuerpo: con su lengua. sin lágrimas con todo su cuerpo. lleno del aire preciso para no interrumpir la devoción.de la ventana.

Con mucho cuidado apilo las almohadas contra su espalda. adelantándose al sacerdote. que decían de memoria. con su enfermedad y con su espíritu. con su afilada. con sus pardos cabellos recién rapados. que vive con abrumadora seriedad sus últimos días en la tierra.con sus labios. —Iiií… . que se anegaron un instante e inmediatamente volvieron a la naturalidad. con sus ojos. anhelante nariz. Lo acomodo del lado derecho. —¿Así está bien? —pregunto. las fórmulas de esperanza y deseo de salud eterna.

acosado de temblores. Minutos después va levantándose. que no puede extender. Me siento en el sillón. que quedan dobladas y sin apoyo. Lo ayudo a sentarse. esperándome o esperando que alguien acuda. y se queda. Él se duerme desde luego. Duerme. sacudido por ráfagas ardientes y heladas. Consigue incorporarse unos centímetros. Intermitentemente sus piernas. Su respiración es apenas perceptible. frente a él. tiemblan o se agitan como torturadas por corrientes eléctricas. Y durmiendo se afila más aún. Y ya va . Sus labios cuelgan hacia la almohada y su lengua pastosa se asoma empujando los labios. Le arreglo la sábana.

Espera. Ay. Y esto es todo lo que hace: esperar. y se va recostando: —Ay. Lo acuesto. Deja acomodarte. Me lastima.recostándose. es como la luz de la ventana llena sus ojos con una mansedumbre y una pena y una fatiga y una turbiedad física y una claridad espiritual de lago solitario que refleja no sé qué serena y secreta luz que yo no sospeché ver jamás. ahora del lado izquierdo. Y minutos después va enderezándose. La sábana. La espalda. Ay. —Perdóname. esperando que alguien acuda. —Ay. y se sienta y ve al suelo. Y se duerme. Los pies. del lado izquierdo. después de haber visto un segundo el suelo. Así. .

de dónde ha de salir. hacia la pared sus ojos o hacia la luz de los vidrios. No va a alcanzar. esperar a la muerte incorporándose y acostándose en la orilla de la dolorosa cama. Hasta hace una semana pudo moverse. De dónde. que llegue el momento de morir.haciendo esto que digo. levantarse. A las tres de la mañana mi madre oyó ruidos. contando los trescientos pesos que le quedaban: —No va a alcanzar. No sé en qué se ha gastado lo que había… ¡Lo que había aquí en el cajón! Qué fastidio… . Las transfusiones y todo lo que mandó el necio ése son muy caras. Lo vio revisando su cajón.

Mi padre nunca tuvo gran cosa. porque sólo tiene hijos que no hallan aún la forma de ganar lo que es indispensable para vivir. No tiene nada. Nos deja lo que le vimos: la reciedumbre frente al dolor. ni un peso. Muere casi indigente. la . y nosotros no tenemos nada para pagar lo que habrá de pagarse. que la mera esperanza de dinero lo llenaba de preocupación. Supo tanto de la pobreza. Esto ya es alivio. la naturalidad en el dolor. Es posible que Guillermo consiga prestado en el Banco.3 junio 62 Se va a morir en estos días.

familiaridad más espléndida con el dolor. . Mejor de lo que yo creía. —Desde hace más. Bien. No será deleznable nuestra herencia. El dolor fue su patrimonio desde hace treinta y cinco años. mucho más —me dicen los que lo conocieron antes que yo.

Los niños del corral tenían un librito de madera y un trompo zumbón. Veíamos su penumbra a través de los vidrios. a veces me decía: —Déjame ver la sala y te presto el . de aire encerrado siempre y entrada prohibida. a la calle sin gracia «de los pinos».Jueves 7 de junio de 1962 En esta pieza que da al occidente. y les decíamos a los niños del corral: —Vengan. Uno de ellos se llamaba Federico. sol y polvo y gente desastrada. vamos a ver la sala. calle de camiones. estuvo hace muchos años la sala: de muebles de bejuco. de alfombra floreada.

librito. Pitaba el tren por las lomas. por qué vestía de negro. raudo. y mi madre. como una suave . Mirábamos su claro y tierno rostro alzado hacia el crucifijo. un hilo quejumbroso que antes de terminar la letanía se ahogaba. arrodillada. no sabíamos exactamente qué pasaba. Luego estuvo aquí la recámara de mis padres. —Persínense. Vayan a merendar. la mirábamos. —Sigan ustedes —decía. y la voz de mi madre era un hilo apenas de voz. Aquí rezamos los rosarios por la madre de mi madre. Quedaba la pieza a oscuras. sus lágrimas silenciosísimas. triste.

Mis ojos buscaban con ansia a mi ángel. Muchas veces me despertaba el tren de las once: su largo largo silbido. lámpara comprada en el . de latón dorado. y metieron otra.sombra en medio de la pieza. a la recámara de en medio. Lo colgué de un clavo. La pared era amarilla. sus alas. Llegamos a tenernos mucho amor. No sé de dónde entonces apareció el ángel de cartón. vinieron muebles anchos y enanos. azules. de medio uso. Su túnica era roja. alta y angosta. Luego crecieron mis hermanas y volvió la sala. para mi hermano y para mí. le dediqué oraciones exclusivas. No mucho tiempo después se llevaron de aquí la cama grande. su furor de llamas.

no creas — contestaba mi padre—. Llegaba en las tardes Roberto.Monte de Piedad y casi inservible. sobre todo en las noches. a ver cómo iba la úlcera. por todos los rumbos de las paredes. y tapete en el umbral. la dieta. Un poco antes de esto la pieza fue decorada por mi padre. —Pues aprieta. Y sobre un fondo afresado de Rubolín —Añádale agua — Pinta más — Pinta mejor — Cuesta menos— aparecían cada mañana. Él mismo dibujó las margaritas y recortó los moldes. Pero me levanto a pintar y se me olvida el condenado dolor. diez o doce de esas cosas plateadas que nadie sabía qué eran. Anoche . los insomnios.

Se acercaba a contemplar desde muy cerca alguna margarita. A pesar suyo se le escapaba la pregunta: —¿Plateadas. ven a ver. tú? —Es que tenía yo una poquita de . Entraban. ¡Ah. tus margaritas!… —¿Eh? Yo hice los moldes.avancé harto. Mi padre era veinte años mayor que Roberto. —Cuáles margaritas. —¡Caramba! Roberto conseguía gestos de auténtica admiración. y éste lo respetaba casi tanto como nosotros. —¿Eh? —comenzaba mi padre—. Qué tal mis margaritas.

Todavía . quiero llenar las paredes de margaritas. ¡todo!. De tanto servir se acababan los moldes. ¿eh? Roberto salía ceñudo. que no te levantes a pintar…. Surgía una esperanza. Pero mi padre había adquirido mucha destreza: le bastaban unas cuantas horas para tener dos o más moldes nuevos. casi colérico: —Y por qué no lees. te cansas… —¡Pero es una lástima dejar la pieza así! —Pues sí —concluía Roberto frotándose fuertemente los ojos—. realmente es una lástima.mistión de plátano… Y todavía me falta mucho. mejor… Digo.

No he vuelto a ver ojos iguales: ojos iguales a hondos lagos. cuando la pequeña María regresó del hospital lastimada por la poliomielitis. con buena luz. cuando fue recámara de mi hermana mayor y su marido. irascible. Tuvo muebles brillantes. María tenía dos años de edad. Y la pieza siguió transformándose. Nos la dieron un tiempo a nosotros. Regresó María sin poder andar. detrás de una como palidez azulada. y en sus dulces ojos. pueden adivinarse margaritas debajo de sucesivas e impotentes capas de pintura. no de . cuadros y espejos. en los que cae sombría la luz.hoy. un brillo de sufrimiento. fijos y azorados. temblando. adolorida.

turbio polvo macizo y luz contra la ventana e imprudentes oh imprudentes horrísonas varillas. jueves en la mañana: de un camión junto a la ventana descargan estridentes varillas y zumban docenas de motores y como siempre el cielo es pardo y la luz sofoca y llega atravesando oleadas de polvo. la máquina de coser. aquí. la mitad del tocador que vino de Pachuca en 1923. nos repartió el dinero e hizo de esta pieza su residencia constante. como sueño de luz. y el chivorof. Mi padre vendió después la casa al marido de mi hermana menor.veras. regresemos. hay una cama ahora. la de toda la vida. Y aquí. el sillón que sirvió . de latón dorado.

que dijo: —Si éste me lo compró tu papá. para mis cosas. y de mi madre. mío. al fin. sus cartas. de mis hermanas. un cirio . una palma de Domingo de Ramos. el ropero chico: de mi padre.para esperar a los pretendientes de mis hermanas. San Martín de Porres. sus encajes y esa extraña e inagotable pedacería de todas telas. sin la cual no podría vivir. Nuestra Señora del Refugio. aquí: la Virgen de Guadalupe. de mi hermano. no sé por qué nunca me lo dieron… Y lo llenó inmediatamente con sus papeles. dos crucifijos grandes y uno pequeño. sus cajas. para mí. de mi padre otra vez. un rosario.

dos ceras. rígido el vientre. aquí: torcida la nariz. más seca. caída y hundida la boca y arrugado el labio inferior. y cerrado el otro. parte de los brazos y una extensa porción de la columna vertebral. que no puede ver. abierta. que contempla parajes interiores. achicada la cabeza.pascual. que parece que no ve. semiabierto uno. humilde el bigote. y cansancio inmenso en los ojos: ateridos al fondo de cavernas que invaden las sienes. o abierto. más ruidosa. y la respiración a cada hora más afanosa. encharcada y lagañosa el agua de los ojos. rígidas ya las piernas. o sin rumbo a la mitad de los párpados. y la . recuerdos remotísimos.

de tan escasa esperanza en la vida. de dedos como cordones de hilos de acero. de hablar de aldeas y fumadas tan largas. tan deleitosas. de madrugadas frías y crepúsculos bebidos a la orilla del mundo. que está aquí muriéndose desde hace cinco meses. el de aquellos hombros y risa brillante y alta. al paso por las jorobas de las sierras. . fuera del tiempo. a solas. aquí. que viéndolas los demás se ponían a fumar. el hombre de caballos y pueblos cerreros. de tan llano apego a la vida: mi padre. mi padre. el hombre del caballo tordillo de mi infancia. agonizando desde hace diez y ocho días.camisa limpia que pidió en la mañana y las manos ya ensimismadas.

a recostarnos. no vamos y venimos. y regresando a caminar por el resto de la casa. Así estamos. No trabajamos. nuestros negocios están suspendidos. a mirarnos.diez y ocho noches. sin palabras. a esperar de nuevo. a tomar café. no vemos gentes. Pasamos las horas y las noches disparándonos hacia la pieza porque: «¡Ya. a la dulzura picosa que anuncia a la lentitud de la muerte. Así está mi padre. La pieza huele a carne y vísceras que se corrompen. . ya…!». se muere. se muere. áridos.

untarle a los huesos la piel y hacer de los huesos algo extraordinariamente pesado. a este cuerpo que vive aún con énfasis. aposento para el dolor. se las ha cerrado. lo ha cansado hasta hacerle desear la muerte. asombro de médicos. hechos con astillas de lámina. orgullo de hijos y raza. a este cuerpo que es habitación de la Gracia. Ha sacudido el dolor a este cuerpo con dolores insospechados.7 junio El dolor ha trabajado sobre este cuerpo hasta secarle la carne. cuyo énfasis para vivir ha sido gloria de mujeres y serranías. lo ha ulcerado por dentro. . le ha roto las venas.

cuerpo con el Cuerpo de Jesucristo que ha estado prometiendo hacerlo Suyo desde el principio de los tiempos. corrompido antes de morir.del trabajo de la Redención desde hace veinticinco años ininterrumpido. . cuerpo este de mi padre ya destruido. ya digno de soportar. de encerrar —digno apenas ahora apenas vivo— la infinitud de su alma. ya listo casi para resucitar y ser otra vez el cuerpo perfecto que fue ya para siempre.

éste ha sido hasta hoy nuestro clima. Pero en fin. a la agencia de coches. al abogado Fulano. sabemos aspirarlo.) Yo debí pagar desde el lunes las letras de este mes: a la Financiera. No nos tocó ser los . y algo habremos de sacarle sin lamentos. De los parientes. si alguno tiene. nadie dice nada. a la casa Mengana. Nada de lo que podría venderse puede venderse. al cobrador Zeta. Mi hermano anda en lo del Banco. Mis hermanas no pueden ayudar ahora. (Hay momentos en que la respiración de mi padre es un rumor pedregoso. fortísimo. A ver qué sale de eso.7 junio No tenemos dinero.

la oscuridad y algunas otras formas del dolor. alzado y coronado por los Principios que nos sabemos bien. más íntimas. el éxito es ajeno. . Y no lo digo con humildad. los hábiles. Sé lo que son los hombres del dolor. Sí pido que el nuestro sea lúcido. nos tocó la penuria. por desgracia.fuertes.

un poco de mala gana: —Mire. Advierto su presencia. —Sí. se ve. porque está aquí. —Compleja y simple a la vez. —No me envanezco. —En la humanidad algunos deben conocer el dolor —dije. pero no se envanezca. nada más. el dolor es cosa muy compleja. Se veía impaciente. se siente. mejor es no hablar de él. padre —insistí—. ¿Es malo darse cuenta de esto? Y no me refiero sólo al dolor físico.7 junio Hablé del dolor con el padre Velázquez. Buscó qué replicar. . Dijo. no está usted ahora para hablar de eso.

y éste es cuento aparte). —¿Por qué en este caso? Uno sabe de los grandes dolores que otros padecen (del gran dolor de Jesucristo. uno ha visto ya formas atroces de sufrimiento: la locura consciente. sin una queja siquiera. con una hija idiota y en la más estricta miseria. —A veces conviene no darse cuenta de lo que sucede. he presenciado formas de la ira y del vicio . la deshonra. la ceguera. conocí a una mujer: llagada en su silla de ruedas durante veinte años. la humillación. vi a un hombre a caballo medio matar a latigazos a otro que corría alrededor del caballo y se encogía bajo los golpes sin un grito. principalmente.

una vez en un tranvía. a las tres de la mañana. vi a un niño que vendía periódicos. de no más de diez años: su pequeño rostro era una especie de mueca de madurez tan hostil. la agrura que los tuerce. pero no puede renunciar a la altivez por el que le ha tocado.que convierten la vida en algo pestilente. que parecía el rostro de un hombre abyecto: uno sabe bien de dónde vienen estos rostros de niños callejeros. sabemos cómo se padecía en los campos y hornos nazis. no puede dejar de . uno acepta no estar hecho para semejantes dosis de dolor —ni siquiera es capaz de recordarlas con frecuencia—. ¡y para qué decir más!. tan repulsiva.

pero espere: no somos santos. y padecen casi con alegría… Éste es el ideal. Me había escuchado sin sombra de emoción. el dolor ese tan mayúsculo. en tono ligeramente desdeñoso.contemplarlo cuando lo siente llegar. ni meditan en él. simplemente padecen. ¿Es malo que mi padre sepa que sufre y se lamente? ¿Es malo saber que ha llegado el dolor y vivirlo . —De acuerdo. Se levantó. Me levanté atajándolo. viendo cómo se expandía el humo de sus fumadas. —No se exalte —dijo el padre Velázquez. Y añadió con voz muy pausada: —Hay quienes no saben que lo viven.

a sabiendas de que sólo Él podía beberlo. y enorgullecerse porque se sabe cuál es su fruto en el espíritu o a qué estirpe se pertenece cuando se vive con el dolor? —No. de ser su destinatario. . con lágrimas.como tal. es decir. y enorgullecerse un poco. secretamente. recuerde. Mire… —Alguna vez aprendí que resistirlo con indiferencia o con exceso de vigor puede ser una forma de soberbia. —Eso sí puede ser… —Jesucristo lo vio venir y le tuvo miedo. no. con perfecta conciencia de la naturaleza de ese Cáliz y de Su propia Naturaleza. Después bebió Su Cáliz hasta la última gota.

está en Su Naturaleza sentirla. Olvida usted la humildad suprema de Jesucristo. Encendió violentamente otro cigarro.Digamos que Jesucristo sabe y siente Su gloria al beber el Cáliz. y bebiéndolo Se siente. —Siéntese —dijo. . y se sentó. lo bebe. Claro que Él siente Su Gloria en todo momento. me echó el humo a la cara. maldito. Me miró. —Se equivoca —repitió—. pero dispone también de una humildad suprema. y así es. Se equivoca. Jesucristo no se glorifica a Sí mismo por beber el cáliz que la víspera lo llenaba de angustia. —No no. se veía francamente irritado. iracundo.

toda la esencia del mal. en la suma y los desgarramientos de todos los dolores.el maldito esencial. ha pagado por usted. en el desterrado por todo y por todos. sólo se puso un . se transforma en el maldito. Su Padre. y cae en la sima del dolor. no ademaneó. virilmente por Él. el que Lo levanta de allí y Lo glorifica es el Padre. ¡vamos! Él asume todas las formas del mal. después de que Jesucristo. por esencia asumida libremente. en el solitario. Ahora entienda. para cumplir Su Promesa. en el abandono total. No levantó la voz en ningún momento. por mí y por cuanto majadero haya pisado el mundo. se traga todo el mal del mundo.

. simplemente se siente desdichado. Entiendo. pero no se siente en privilegio. piense: «A lo mejor no es. Por ejemplo: su padre ha bebido y está bebiendo el cáliz que le corresponde. No me envanezco. Luego recomencé: —Bien. a lo mejor estoy exagerando». simplemente sufre… ¿Sabe usted qué debe hacer?… Cuando sienta que llega el dolor — como usted dice—. Estuvimos un rato largo sin hablar. es decir. No se ensalce usted a usted mismo. Apagó con mucha parsimonia el cigarro y añadió: —Por eso le decía que no debe envanecerse. sin vernos.poco pálido y temblaron sus quijadas.

cercano o lejano. y este alguien puede ser el que la carga o cualquiera de sus semejantes. si se carga de modo que valga en beneficio de alguien. y parece que sí nos ha tocado una pequeña porción de ese conocimiento… No sé si suponer esto sea una pretensión excesiva.Pero vea usted. —Bueno. contemporáneo o de tiempos pasados o . —Cómo… —Una pequeña porción no está mal (casi nadie puede soportar más de eso) si se procura aprenderla bien. usted ha sido testigo: dije que en la humanidad algunos deben conocer el dolor. según como tome su pequeña porción. o sea.

los frutos. Ya se me hizo tarde. claro. A ver si hoy mismo le mando un libro. Dios los reparte como Él quiere. que deben informar. En uno se siembra el dolor. El fruto. Se levantó. Tengo que irme. léalo luego. encauzar el…? —A los Principios de que usted mismo habla en lo que me leyó. y a la inocencia. pues… Sí… Una pequeña porción no está mal si se procura aprenderla bien… ¿Se refiere usted a los Principios. —¿A la inocencia? —Calma. no más. Me miró sonriendo . Uno solamente carga el fardo. —Sí. si uno es buena tierra.futuros.

Y mientras se acomodaba la capa me dijo: —La inocencia no está al alcance de su mano. . Puede ser que su padre. empiece a alcanzarla. Todavía no. apenas ahora.desde su larga estatura.

porque lo hemos hablado. . que el dolor del inocente es co- Redentor. participa en la Redención del género humano. Y recuerde. Se acompaña de grandes dolores.7 junio Envió el padre Velázquez el libro. tal vez por eso cuesta tanto. Entre las páginas venía esta nota: El regreso a la inocencia es doloroso.

estaba seguro de que la muerte de mi padre no la trasegaba. acribillada de gestecillos que el dolor desata en sus ojos —ardores. ciega. que como puede trajina sin parar. y yo. no piensen en lujos. picaduras. de cerca— no se daba cuenta de nada. tambaleante. que la veía venir como un descanso.7 junio Suponíamos que ella. no sabría decir por qué. . lijas en sus ojos que con las manos se abre enérgicamente para trabajar aprisa o para verlo bien. Me llevó aparte. me dijo: —Una cajita modesta. que no había caído en cuenta. no tienen ustedes. no hay para eso. al zaguán.

se arrodilla. su frente sobre la mano de él. de rato en rato. una cajita como sea. o se sienta en su pequeña silla de ixtle. Ayer comenzó a llorar. o llora un poco.una cosa sencilla. mueve la cabeza —sus greñas como nunca revueltas—. y. Y desde ayer. o reza. . oscura de gangrena y tiesa esa mano. se llega hasta la cama. porque después me dolerán los ojos y voy a estorbar más de lo que estoy estorbando. —No mucho.

Estaba yo pensando: «Es mi padre. Cómo le digo. Cómo. cuando todo el cuerpo se encoge mordido por las llagas. Ver que esa boca se cierra. Tiene que bendecirme. tan grande acopio de humildad. no más.7 junio Y esto: mover de un lado a otro la cabeza el moribundo. Y estamos . sentado abrir los ojos y mover la cabeza como ante una inmensidad inconmovible de padecimientos y decir: —Pero hombre… cuándo… cuándo… Y ver en su boca tal tristeza. tal varonil resignación. Cómo se lo pido.

Pensé: «Papá».solos». Como enjambre de moscas zumbaban en la pieza cien viejas burlas sobre hijos que piden la bendición. por haberme tropezado con semejante ocurrencia. Me disgustó mi falta de sencillez. las novelas malas. Me había arrodillado. Pensé: «Papacito». o. mi comezón literaria. —Dame tu bendición. Comencé a golpearme con adjetivos. Humillaba la cabeza. Me echaba un poco sobre la cama. hacia él. cuando menos. mucho malestar por estar en ese trance. Sentía vergüenza. Me miraban los hombres de mi tiempo. No me atreví. Creo que repetí en voz alta: .

Me invadió el mal sabor de mí mismo. ¿Con qué derecho estoy jugando? No creo en la bendición. y él dijo inaudible la palabra «sí». sí». sin densidad. «Estoy jugando. y él asintió dos veces: «sí. no la necesito. sin volumen. ¿Por qué la pedí? ¿Qué superchería me puso en movimiento? Soy un mentecato… Cuidado. Algo falso acababa de suceder. Me sentí. Yo alcé la cara para verlo de lleno. esto también me lo sé de memoria: llenarme de injurias y perdonármelo todo. ¡o si pasó: hice mal. No pasó nada. Me bendije con ella. Alzó la mano. ¿cómo decirlo?. Me senté en el sillón. —Dame tu bendición. y ya!» Ahora que lo .

escribo siento como si hubiera cerrado una puerta en ese momento. nada más». . Dejé de pensar. o quizás pensé lo siguiente: «Que pase tiempo. que quede desnudo el hecho: le pedí su bendición y me dio su bendición.

exhalando el aliento atroz de la agonía en el que se anuncian. Veinticuatro horas respirando apenas (y desde la mañana los ojos de par en par). ni siquiera la de un monosílabo.Junio 7 Ya no hay fuerzas. se esfuman con fuerza de eco lejanísimo. ahora. Lleva veinticuatro horas justas sumido en algo como sueño y con la boca abierta y en una única postura. . que alteramos inútilmente cuando logramos adivinar el sentido de los movimientos lentísimos y erráticos de sus manos. tropiezan. ya no hay fuerzas ni para soplar la sugestión de una palabra.

.esbozos de palabras. de quejas. de protestas.

Y llamó a la hija mayor y la bendijo. se bendecía con ella. Y no me llamó a mí.Junio 7 Llamó al hijo mayor y lo bendijo: el hijo mayor le llevaba la mano. dijo: —A todos. Después soñó: seguramente adentro . sino que movió unos tres milímetros las dos manos — digo esto porque de repente parece que sólo ellas viven. y lo mismo. por sí mismas— y con un esfuerzo que necesitó varios minutos de preparación —las manos moviéndose imperceptiblemente: éste era el esfuerzo—. las dos solas. Y recordó que el día anterior había bendecido a la menor. A todos.

los dedos que llegaron a tocarse.de él. un ronquido impaciente. . después. pero aquí afuera. donde el mundo se mueve vertiginoso y abismalmente lento repasando ochenta años de edad. digo. él. soñaron sus dedos. la boca que pugnaba por cerrarse. entre los que se trabó el crucifijo. porque luego de muchos temblores y anuncios de movimientos: un músculo que se contraía en el cuello. soñó. gravemente. cayeron desfallecidas las manos en la sábana. que trazaban contra el pecho la señal de la cruz. que perdieron el crucifijo: luego de estos anuncios. trazó contra su pecho con el crucifijo pequeño la señal de la cruz. ágilmente.

sinvergüenzas. y alejarse escaleras abajo hacia la higuera. y gritar fuerte a mi madre adormecida en el lecho — entonces sí eran felices—: «Hoy sí está fría. aguazul de hielo. con gran estrépito. hace mucho calor». cantando con aquella voz que nunca pudo poner ni una nota en su sitio. o asomarse a la hondísima pileta: pueblo minero. las cuatro de la mañana. ya son las seis.Seguramente adentro el mundo transcurre a la velocidad de la vida: trazar una cruz contra el pecho. o decir: «Cierren esa ventana. hombre. una tras otra. ¿Espero a que amanezca o me meto . y abrir las vidrieras. ¿qué no ven que se está golpeando?». o decir: «Arriba flojos.

la gana de algo. parece que ahora sí. se tuerce la boca: acudimos. o decir. qué quieres. sombran la mirada. a la velocidad natural. tratamos de adivinar. ya es cosa de unas cuantas horas. una posible frase que adentro ya se dijo. rápidamente y con un ademán cortante y despectivo: «Bueno. sí. Las pupilas nos buscan.de una buena vez…?». caray. seguramente adentro. y la intención de algo. porque aquí afuera: se mueven las pupilas. alguna vez tenía que ser. —Sí. el pensamiento. Pónganme del lado derecho. siquiera para morir a gusto». se nos . coloran instantáneamente los pómulos. escudriñamos.

por el pecho duro de piedra que sube y baja y porque los ojos lloran y los que están más cerca de la cama deben limpiarlos. los ojos que alguna vez podré describir) se sumerge en una como lejanía. La boca construye: —Aquí… Y el rostro todo (pero más los ojos. treinta. cincuenta días avanzando desde la cama a trancos hacia estas veinticuatro horas. veinticuatro. Veinticuatro horas sólo de esto: estar echado e inmóvil y vivo sólo por el estertor. en un confín por donde él anda solo.clavan. Pero antes de estas horas. Dijo: .

cuando dice «Ya me voy». —Ya me voy. No nos decimos nada. está viviendo una mañana de tantas en que dijo «Ya me voy» y salió para el trabajo. Y también dijo: —Ya vámonos. Pero tal vez él. Le suponemos literatura admirable- profética-siniestra a cada una de sus frases que conseguimos entender. urgencias. pero pensamos muchas tonterías a cada frase. o le dice «Ya me voy» a su . risa. y montando les dice «Ya vámonos» porque desde que empezaron quedaron en ir a acabar la borrachera en algún pueblo vecino: baile. o yendo al caballo dice a sus amigos «Ya me voy». muchachas.

cuando tenía treinta años. colorados.madre en la puerta. de diez en diez. los malvados. Tantito que levantara uno la cabeza. Después del gimnasio se iba caminando a la Compañía de Luz. y ya venía el tío aquel hecho una furia ¡a ver por . se paseaban como capataces. entre las jaulas. ¡para restregarse los ojos. hace cincuenta y dos. y un jefe vigilando. para ver la luz de la ventana!. Güeros todos ellos. creo que en Tacubaya. al gimnasio que lo convirtió en atleta hambriento. señor. biliosos. con su botella de café y sus dos piezas de pan. es decir. Allí trabajaba la mañana y la tarde: —Nos tenían en jaulas. y está saliendo de su casa.

enjaulado. en la Compañía de Luz. en fin. hay sindicatos. A propósito de la Compañía de Luz y de otras épocas. realmente ahora se vive mejor.qué se estaba perdiendo el tiempo! Contándolo reía con una gana que nunca entendí. . acostumbraba decir: —No. desdeñaba el buen humor con que recordaba sus pobrezas. me sonaba estúpida su risa. Me indignaba imaginarlo escribiente. lo ven a uno… A ustedes ya no les tocó aquella esclavitud… Ya después me fui para los pueblos. vigilado por extranjeros rubios. la sierra… ¡Qué diferencia! De sus treinta años varias veces nos contó lo siguiente: —Allí.

’ta bueno. a ver quién mata a quién. si no es pleito. —Bueno —les contestaron—. el amigo. Él y otro hablaron unos momentos temprano. Cada quien se va a matar. . Salieron. Nos vamos a matar. Se murió de la manera más imbécil. Se llamaba Blasco. Tardaban. Vamos a la cantina ái enfrente. dijeron: —Ya nos vemos. al filo de mediodía. —Ah vaya. no tardan.perdí un amigo muy querido. No regresaron a tiempo a la jaula. Después. —No. Preguntó el jefe: —¿Y Blasco y López? —Fueron a matarse a la cantina.

—El otro quedó mal muchos años — nos contaba mi padre—. se tomaron unas copas. luego se metieron al mingitorio y ahí se mataron… Ái los tuvimos esperando hasta la noche. No se presentaron a la mañana siguiente. —Sí. anduvimos preguntando quién los conocía. Al mediodía mi padre fue a la cantina. se le embaló una porquería de pistola escuadra que tenía. pavonado. Serían cesados. Pero el tonto de Blasco sí se murió. muy buena pistola… Íbamos . No regresaron Blasco ni López ese día. aquí estuvieron —le dijo el cantinero—. tenía un revólver largo. estaban muy bien.

y duro y equilibrado y poco asido como es Roberto. algo triste su inteligente gesto. pero de espíritu muy chiquito. pues. Roberto está ahora sentado frente a él. quién sabe qué piense ni qué sienta. y parece que recuerda que éste que se muere trabajaba en lo de la Luz y era tonto y fuerte mientras . Y de su sueldo.juntos al gimnasio. Roberto. el pobre… Trabajaba. Josefina. vivían todos. cómicamente pequeño. Y nadie más trabajaba en su casa. era muy fuerte. que eran su madre. no más. Salvador y Rómulo y Jaime. hacía el cristo en las argollas. la mañana y la tarde. lo mira.

en otra pieza. y . Roberto lo desdeñaba. se humillaba ante mi padre. era hombre de mucho arrojo y notable fuerza física. conservó hasta su fin la extraordinaria belleza de su rostro. de tapicería y era jinete cabal. difícilmente hubo día en que no se emborrachara. sólo ante él. Jaime se mató hace treinta y dos. Gracias al que se muere. la madre murió después de agonizar diez días hace veintidós años. Salvador estaba borracho desde los quince años de edad. digo. Josefina está aquí también. sabía de carpintería.Roberto vivía como Dios manda y estudiaba y lo desdeñaba. y Salvador murió de un derrame cerebral. hace ocho. Esto es de hermanos de todas partes.

cuando de tarde en tarde iba al templo,
se sentaba en la última banca y echaba
una o dos miradas ceñudas al altar.
Jaime era cojo de ambas piernas; hay
una fotografía en que el brillo de sus
ojos es tan burlón, tan malicioso, que
pica la penumbra que le hacen las cejas,
espesísimas; era amargo, y generoso
hasta la ruina de lo suyo; era médico
homeópata, hacía versos, buenos versos,
y era increíblemente inepto para ganar
dinero y frágil y estaba empapado de
urgencias por el sabor de la vida.
Rómulo es pintor. Para hacerse pintor
estudió con Argüelles Bringas once
años, sin faltar ni un solo día, haciendo
una comida al día, y caminando, para

llegar a la escuela y de regreso a su
casa, treinta y tantos kilómetros todos
los días. Pintó docenas de cuadros.
Logró dos óleos y varios desnudos al
carbón. Uno de los óleos es Churubusco:
en el atardecer la fílente y la barda del
convento y ramazones de eucalipto. Es
hermoso el cuadro: tiene un aire de
tristeza inocente, igual al que sugiere
Rómulo cuando al margen de la fiesta,
en las reuniones familiares, gesticula
ensayando pensamientos, ademanes
rotundos, frases rápidas, y luego, con
ímpetu, ansiosamente, incrustando una y
otra vez su voz en el barullo, como
nunca la enmarañada lengua, trata de
gritar que vio a Fulano, o que el

periódico dijo tal cosa, o que oyó a
Caruso, que él personalmente oyó a
Caruso. Los ojos bizcos de Rómulo; su
inmensa frente, donde se retuercen los
problemas más arduos del mundo: cómo
decir —por ejemplo—, cómo confesar,
que se le olvidó, que no está el pan en la
alacena, que se gastó el dinero («¿El
dinero que te di para comprarlo,
tonto?»), que nada, que ya no hay dinero,
que qué. Tuvo mi padre otra hermana,
Ángela, que murió muy joven, y otros
hermanos, Fernando, Miguel, Octavio y
Joaquín, que se mataron por esto o por
aquello. Yo recuerdo que nos mandaron
al corredor, a jugar con el carrito y los
sacos de arena.

—Vayan —dijo mi madre un poco
ahogada—, vayan a jugar con el carrito.
Y saliendo ya la oí decir:
—¿Qué van a hacer esas dos
mujeres?…
Sonaba a lamento su voz. Yo sabía,
creo que sabía, que Jaime había
desaparecido. «¿Qué van a hacer esas
dos mujeres?» (oigo todavía cómo se
quiebra la frase) me sonó a abandono, a
desolación, a vestidos de percal mal
lavados, a una exasperación de lejía y
alfileres, a páramo, a sol, a orfandad y
hambre; sentí la falta de algo sombrío y
sólido que hubiera podido cobijarnos.
Las mujeres eran la madre y la hermana
de Jaime. Oía desde el corredor las

voces altas en la cocina. No sé con
quién hablaba mi madre. Me sentía con
las dos mujeres en despoblado. Después
de mediodía llegó mi padre. Entonces
mi padre era muy hermoso; su cara tenía
una dura serenidad, era un puro énfasis
de líneas y sombras. Y entré en la
recámara cuando una lágrima, una sola,
se le desprendía del ojo derecho y se le
deslizaba velozmente junto a la nariz y
él la limpiaba. Entendí que ya sabía y
que eso era por su hermano. Y todo era
brillante: el hombre como de hierro, el
espejo, la siesta en la ventana, la
lágrima y el movimiento furtivo y rápido
que la enjugó.

Viernes 8 de junio de 1962

Las tres de la tarde: como exangüe
fuelle su respiración y como estallido el
sol que desparrama vida imbécil y la
campana de la basura.
Oh ese hombre popular, de caries
descaradas, de estómago triturador de
alimentos feroces, de pies duros de
mugre, de oficio basurero, que repica y
repica con su abominable campana
estridente a pleno sol.
Oh este sol; el colmeneo de la casa;
la vida de los niños.
Los mayores están comiendo: risas,
voces, cucharas, sillas que se remueven
bruscamente.

Un bote de lámina golpea la calle.
Una moscarda raspa el cielorraso.
—¡A la una, a las dooos…!
—¡No no! Mejor: en sus marcas,
¡listos…!
Y arrancan en el patio el cochecillo
y el velocípedo y la gritería que
acompaña, renovándose con brío que
crece de minuto a minuto a minuto, sin
término, las carreras de los niños.
Me dice mi padre:
—Ya me voy.
Pero mejor debo decir que, a través
del aire saturado de ges y erres que sale
de su boca, sopla una sílaba mucho
después de otra hasta que yo adivino:
—Ya me voy.

Ahora sí sé lo que quiere decir eso,
porque anoche estuve velándolo hasta
las cuatro de la mañana, y una vez dijo:
«Ya me voy» —esto fue como a las dos
— y hacia las tres dijo: «Me voy a
morir». Para decir esto empleó casi seis
minutos. No miento. Hay que estar con
el enfermo y verlo buscar la luz del
buró, moviendo milímetro a milímetro
las pupilas, y la cabeza después, y
clavar el terror de su mirada en la
lámpara, y cerrar muy poco a poco los
labios, y juntarlos, y despegarlos. Hay
que oír entonces, o casi recordar que se
ha oído, una palabra. El enfermo queda
agotado, se duerme unos segundos. Pero
reúne fuerzas, y junta poco a poco, muy

poco a poco, los labios otra vez: va tras
el primer sonido de la segunda palabra.
Hasta que llegó mi hermano a
encargarse de él, la noche fue espantosa.
Yo atendía a la agonía y a los demonios
aposentados arriba de la cama, muy
cerca del techo. La neurosis desataba
sus fantasías, y yo tenía que atenderlas,
que entenderlas, mientras ayudaba a mi
padre a enderezarse, a volverse del lado
derecho, del lado izquierdo, hacia
arriba. Dormía un minuto, no más, un
minuto, y despertaba braceando,
repeliendo qué sé yo qué imágenes
horribles, con los ojos enormemente
abiertos, el espanto desencajándolo
hasta casi desarticularle las quijadas.

Crujían de miedo sus quijadas. Gritó una
vez:
—¡No no!
Otra vez, gritó:
—¡Quién está ahí!
Otra vez, me dijo, exasperado:
—Ándale. Ándale.
Y yo, hasta formar un estribillo que
me raspaba los nervios:
—Ya, ya. No pasa nada. Aquí estoy
yo. No pasa nada. No tengas miedo. Ya,
ya. No pasa nada. Aquí estoy yo. No
pasa nada. No tengas miedo. Ya, ya. No
pasa nada. Aquí…
Pero sí pasaba, y cómo. Pasaba su
tránsito increíblemente lento, duro,
terco, angustiosísimo, hacia la muerte. A

las tres y minutos me le acerqué lo más
que pude y recité el avemaría; creo que
sus labios iban formando la oración,
como su madre, cuya boca, tan abierta y
afanosa como ahora la de él, hace veinte
años hilaba sin tregua avemarías.
También le dije que Jesús está con él; y
no reaccionaba con torrentes de
lágrimas ni con súbitos descansos
milagrosos, como cuentan de tantos
moribundos las beatas; cerraba los ojos
asintiendo, y sufría. Y es que la
bienaventuranza se conquista aquí abajo,
desde aquí abajo, a fuerza de uno
mismo; y él la está conquistando, hora
tras hora, hasta acumular millares de
segundos de asfixia, de cansancio, de

bruscas cumbres enanas anavajadas que rasgan los pies. Sólo así me explico esta agonía que no acaba. de desesperanza. Este irse acabando entre pedruscos. el sexo. el hígado. inmóviles. las piernas. . podredumbre. pero éste debe trabajar. pulmones acartonados. de exasperaciones como púas por hacerse entender. de miedo. de tristeza. podrida tierra. cuchillos. pesadillas. remontar la agria cuesta del dolor. Jesucristo no tiene por qué presentarse a calmar al moribundo. La bienaventuranza para el moribundo está asegurada.angustia. alcanzarla. Él pagó ya por el moribundo. de horrores visuales. de dolores físicos. secos. por el conjuro de un hijo falaz.

y una luz rojiza. de un execrable umbral. horribles ganas de orinar. estridente. de un dormir a medias. que nunca acabará. y gangrena por todas partes y los parientes intolerables. de defecar. estúpidos. ruidos truncos. lejanísimos. una negrura. sin dolor. todo trunco. paciencia. paciencia.inútiles. palabras. amarilla. voces. cuyo horror nunca acabará y la certeza peor: «Ya me voy». impávidos. los hijos torpes. y paciencia. paciencia. y la burla de los que llegan y paciencia y la turbiedad paralizante de un despertar a medias. que no acabará nunca. paciencia. un vómito inagotable. . visiones. un mundo trunco que no acaba.

repartido minuciosamente hasta ocupar cada célula del cuerpo. dolor sin poeta ni poesía ni palabras ni viento de otoño en las sienes. sufrimiento trampolín y paciencia para saltar hasta la vida eterna. sufrimiento verdadero. hasta saturar de agujas cada rincón del espíritu. Esto es sufrimiento del cuerpo. . Éste es dolor en serio.

No participaba de las discusiones. Pero por marzo y abril. alguna anécdota. reducido a la agria humildad de las dolencias. nos oía hablar. los colosales tropiezos de las hormigas. se hacía arreglar los cabellos. y nos escuchaba con el aire del que contempla. se afeitaba. él la abandonó. Entonces iba al templo. Desde que nosotros tomamos la palabra. si mucho. entraba en la cocina a la hora de la cena. descansando. Contaba. hace tiempo. ponía un ejemplo manual. el . una mañana cedía la enfermedad.8 de junio Por abril o marzo todavía.

casi torvo. A veces. caer y alzarse. Así estuvo en Navidad. la mejoría era tan leve que sólo miraba sin término su plato y mascullaba. Y queriéndonos engañar. él y nosotros.cuerpo hecho una plaga de desajustes. su lugar se vio de pronto vacío. inaudible. a veces con una especie de oscuro desprecio. El mal caminaba. venía desde enero. Pero siquiera no lo tenía tirado. nadie supo en qué momento se levantó de la mesa. a veces rencoroso. la fiesta y las canciones siguieron sin él. Este caer y alzarse. nos oía distante. nos engañábamos. Lo dejaban los . ahogándose.

Tragaba. tenía mal humor y hambre. ¿que la . pero ¿no crees que si los demás piensan lo contrario es muy probable que tengan razón?. autónoma. Todavía en mayo me contradijo violentamente. se cerraba expulsando la comida.insomnios. volvió a su voz. y la garganta. y lo dije mucho antes de este viernes. Eso fue de veras el comienzo. Ricardo. No recuerdo de qué hablábamos. pero cuando eso empezó él empezó a ser el de este viernes. leía. ya lo dije: un puro espacio doloroso. Luego vino aquel mascar y devolver desde las fauces los alimentos. se metió iracundo en la conversación y me dijo: —Sí. Ya cada día era menos él mismo.

contraria. que me inmovilizaba frente a él y me dejaba expuesto a ser señalado por él. —Como quieras. ocupar voluntariamente el último puesto. Su razón ha sido siempre la humildad. (Aunque esa humildad no ha . Pero los demás son todos. se levantó y salió. y una urgente e impotente gana de zarandearme para hacerme entrar en razón. y decirme Ricardo —creo que nunca antes me llamó por mi nombre— encerraba no sé qué distanciamiento. Subrayó mucho su frase. El tono había sido despectivo.razón sea de ellos y no tuya? —No creo. y siempre se ha lamentado de mi actitud.

sido seráfica jamás. más que nada. un . lo define mejor que el dibujo de líneas mansas o lacrimosas. para dejar la rebatiña a los mercaderes. tal vez. aparecían y desaparecían a diario y aun varias veces en el curso de la tarde. Esto. y el último puesto ha sido buscado. sino desdeñosa. Cuando se le iba un dolor. se desparramaban buscándolo con cruel minucia. y las dolencias más y más precisas. Durante la segunda quincena de mayo ya se aferraba a cualquier indicio de alivio.) Las mejorías eran más y más vagas. Las púas se le multiplicaban.

veíamos esa mueca. toda la que él podía absorber. Esto es decir: cruzaba un río a nado. decir: «No he visto a Mónica». una obsesión. Se sentó.temblor. hojear el libro. se lanzaba a una aventura estupenda. Una vez. preguntaba por alguno de los niños. era la vida. cuando la boca al fin se le llenaba de saliva. Yo he visto la mueca de la desesperanza: es blanda y como soplo de ceniza. Cuando en la noche volvían los síntomas perdidos en la tarde. las idiotiza. pudo respirar. Entre un momento y otro cerró la boca y se puso a respirar con las narices. porque casi sonreír. hojeaba el libro. sonreía casi. abate las facciones. por ejemplo. Bebió un vaso de .

Dijo y abrió de golpe la boca y de golpe el aire silbó de nuevo en su garganta. Quiso sentarse y no pudo. —Así está mejor.leche. El aire se hizo ligero en las piezas de la casa. Quiso beber agua y el agua resbaló por el mentón. la cabeza hizo un movimiento de derecha a izquierda y se abatió. Quedó sola la lámpara. Lo ayudé. Bien. comió un pedazo de jalea. los . la boca se plegó un segundo y cayó. algo como blanda resequedad se untó a la cara. Vi la mueca aquella en su rostro: los párpados descendieron casi hasta cerrarse. Al filo de las nueve de la noche me pidió que apagara las luces altas.

que regresaba la paciente. inmune. súbito e instantáneo. Y fue que súbitamente mi padre supo que regresaban los síntomas. como si los hipnotizara con blandura una horrorosa y blanca infinitud. cruel y dulce y necia e .párpados se alzaron y los ojos vieron la lámpara y era como si vieran el vacío. Pero el lenguaje es tonto. No sé si sentí o supe lo que sé ahora: que es la mueca con que se recibe el abandono paulatino de la vida. necesita de las palabras. aterciopelada. la mueca con que se acepta cada día menos vida. una a una. para decir lo que quiero. lento. para dibujar lo que vi de sopetón y que duró lo que duró mi estupor.

del estómago. esta insignificante congregación de tejidos y mucosas. supo que se despeñaba otra vez su laringe. que la enfermedad era vigilia cierta.inasible descomposición de su organismo. omnímoda. la desesperanza era saber que la vida cerraba varias puertas de una vez. rechazaba el agua de azúcar. despedazaba los medicamentos. inmisericordia de los bronquios. se echaba a roncar cuando más urgencia había de que trabajara. su esófago. que una estupidez celular se le endurecía detrás de la piel. quedarse viendo una infinidad . desesperanza de recobrar la salud. sus mandíbulas.

adelante del amo que lo ha vendido. inaccesible. carcomiéndolo. Un niño que se encoge bajo la amenaza del golpe. y después del dolor. el cáncer y el cáncer es él mismo y cada hora de . derrumbó la carne. Pero cómo digo. petrificándolo. un esclavo frente a la libertad que fulguró un momento durante la compraventa y se cerró luego. la agrisó. los llenó de soledad.inapelable antes de entrar en esta certeza: la única realidad es el dolor. abrió los ojos. ¿y después del dolor?… La mueca contrajo al mismo tiempo ojos y boca. un hombre que sabe que dentro de él avanza. movió la cabeza. Dios mío. el esclavo tras del amo que lo compra. cómo.

la lámpara como una llaga . falta el puñado de polvo sobre las cejas. que recibe en plena cara un bofetón. que lo ve venir. o mejor. que por un momento deja de ser él mismo. Un hombre muy anciano. ¿Un niño? Tal vez no. para encogerse. preveía. idiotizarse.avance es una hora podrida en su contra. porque él era inmortal y el golpe que le viene es de muerte. lloraba. No logro describir lo que estoy viendo. un hombre de sabiduría. Tal vez no. Faltan las arrugas tenuísimas alrededor de las comisuras. Y no lo consigo. y cada arruga era inteligente. Tal vez confundo el gesto con otro que vi. y tan cierto está de que habrá de estrellársele.

el cuerpo y sus calambres delicadísimos. Es mi torpeza. . el desierto. Quién pudiera llevar a todo el mundo a ver lo que vi. pero tampoco el idioma sirve.más.

para el uncioso ballet de los oficiantes. para los ornamentos. las hileras de letras de tinta fresca atropellándose: bien. se contempla. Se abre el alud del órgano y el lucerío del altar: para el tropel de oraciones. en los vahos de luz aparecen arcoiris diminutos.La lámpara Se encienden las arañas de un salón de baile: bien. como pequeños páramos deliciosos. brillan la calzada y los follajes. Se enciende la lámpara . Se encienden los faroles: la lluvia esplende. la gente se exalta como si bebiera la luz igual que vino. Se enciende la lámpara del escritorio: las páginas blancas.

reguero incomparable de luz. Cintila la luz en el jacal allá lejos. Esta luz se enciende al anochecer. este resplandor de mendigo que todo deja en sombras. la ciudad tendida en el valle. bandadas de lucerías. con los mismos centelleos. se apaga entrada la mañana.sobre la amada en desorden. Pero esta lucecilla. millares de diamantes. es una llaga más. como nunca bella. En el mundo tan ancho sólo hay esta luz. Se enciende la lámpara que rompe la pesadilla: los demonios huyen a rincones que la lámpara tapia para siempre. . lleva cincuenta noches de hacer lo mismo. su miserable lustre punza el mismo espacio. trabaja la noche entera. Tiembla de luces el valle.

amarillándose. el latir inmóvil de una herida. oh alivio. tiene algo de sillón despanzurrado.desde el centro de las mismas penumbras. gotas de cera sobre el buró. de aguja hipodérmica. el rostro y las manos que han venido ahuesándose. que no se ve. a la muerte canalla. frascos. termómetro y negrear de gangrena en los ijares. paralítica. Se enciende al anochecer: alumbra toda la noche a la muerte que trabaja. cuando entra la . espuma de orina. su ceguera es la perversa indiferencia. tiene algo de eterno. enmadriguerada. alumbrando los mismos muebles. raposa. Esta lámpara: su luz horrible. mejunjes. las mismas cobijas. de bacín reluciente. Se apaga.

mañana. .

Cuando salí estaba bien. . —Dónde estás. era etcétera. era la gasolina. y vientos ligeros. pronto. Era el flotador. Vente ya. —Ven. era una basura. El mediodía —¿por qué así este junio?— era nuberíos de blancura lechosa. Qué pasa. El carburador se había convertido en un misterio. era el tanque de gasolina. aprisa. como mar. apúrate. Desde el taller hablé por teléfono. un azul dorado. era la esprea.Uno de los umbrales Llevaban varios días metidos con el carburador. —En el taller. calientes.

sentado a los pies de la cama. no recuerdo la fachada de la casa ni los escalones. no había tránsito ni luces rojas. Las demás lo rodeaban. pero eso no se veía. Se adivinaba fofo. erraban enloquecidos. Parecía hecho de lodo. Los ojos eran animales. En realidad nunca la tuvo más consigo. y estaba tieso. No sé cómo sucedió: el carburador quedó listo inmediatamente. mi madre . también eran como burbujas de barro. no vi calles ni esquinas. redondos. como sin alma. poroso. Ofelia sostenía su espalda. mi pie contra el acelerador se incrustaba en el piso del coche. Estaba entre las mujeres. le habían puesto un escapulario.

¡Esa flama de cirio que debe arder en el momento terrible! La luz entraba a torrentes por la ventana.alzaba el cirio encendido. helada y húmeda. lo lastimé. La flama era nocturna en pleno día. rezaban. me incorporé. por los cristales. . minúscula y todopoderosa. por el corredor. Olía la voz a sótano. Me abatí ridículamente. a moho. de muerte en ese espléndido día. oí que me decía de lejos: —No te espantes.

Me arrepiento de haberlo hecho: ya me arrepentía cuando insistí: —¿Sufres? Esperaba no sé qué respuestas espectaculares. pero más.Diálogo Le pregunté: —¿Sufres? Me movió a preguntar tamaña estupidez ese sopor de ausencia en que parece flotar. saber qué pasa por la memoria y la imaginación de los agonizantes. Quería oír secretos. descubrir francamente los veneros de la . una curiosidad literaria y vengativa. me urgía recibir confidencias misteriosas.

pero aunque así fuera. no debía escapárseme la oportunidad. y ¿quién se atrevería a asegurar que más tarde. sus respuestas serían útiles. no todo tenía que ser falaz en mí. la tristeza de mi padre. Me sentí ladrón.tristeza. . Un escritorzuelo dentro de mí no me ha olvidado ni un instante este tiempo. al escribir. lo lastimaba. pero había que hacerla otra vez. me avergonzaba. E insistí aún. yo las escribiría. seguramente detrás de mi actitud había buenos propósitos. alguien podría entrar. al recordar. Me comía el remordimiento anticipado y la impaciencia: tal vez no me había oído. ¿gozando?. mi dolor no sería verdadero? La pregunta era tonta.

. Sentí cierto desencanto. lagañosos. y dijo: —Sí.odiándome: —¿Sufres? Él me veía con inmensos ojos anegados. Yo quería frases. No me refería al sufrimiento del cuerpo. Por todo. —¿Por qué sufres? Tuve que esperar mucho más por la respuesta: —Por todo.

¿reflexiona?. tristeza por dejarla? El que vivió con tan fuerte sabor a melancolía. precisamente ahora. a tedio por las briznas del mundo. ¿repasa los caminos inmateriales de dolor. Pero el espíritu. muerte. mundo. felicidad. amor y odio. ¿pide una tregua.Pregunta Físicamente se sufre. es obvio. . ¿sufre ahora porque desanda los caminos?. espacios amados. pecados y virtudes. esperanza y desesperanza. un poco de tiempo más aquí. personas amadas: encanto de la vida. salvación y condenación. soñados. tiempo. una oportunidad ahora. a iracundia. aborrecidos. amor.

¿pide la oportunidad para dar todavía unos pequeños y deliciosos sorbos más de más y más tristeza? .para beber a cántaros la sabrosa vida?.

Una rendija turbia que ve. Su boca está abierta y torcida y cada respiración es como un lamento y su respiración es una sucesión de lamentos incesante. sus amados. sus caderas. sus piernas y sus pies ocupan apenas espacio.Viernes 8 de junio de 1962 Estoy escribiendo a los pies de la cama y veo su rostro a poco más de un metro de distancia. son sus ojos. Su rostro se va poniendo de tierra. Su camisa limpia se ha rasgado en los hombros. tristísimos ojos. Su cuerpo no es ya de . Sus manos están extrañamente vivas. calientes. sus muslos. Bajo la sábana su vientre. que no ve no sé a dónde. coloreadas.

el sudor espesado en la almohada y el cuenco que su cabeza ha cavado en la almohada. los pliegues de la almohada. el olor que viene de la cocina. la de su nuca. es cada uno de sus huesos y lo que queda de cada uno de sus músculos.una sola palabra. para señalarlo hay que enumerar sus partes: cada una ha cobrado importancia y ferocidad exclusivas. es este olor pardo y quieto y la mezcla de olores dulzones de la pieza. grasoso. es cada uno de sus dedos y el temblorcillo repentino de cada uno de sus dedos. el que despide el miedo y un negro olor insoportable que por . la quietud horrorosa de sus pómulos. el olor agrio de sus cabellos.

regresa a la cama. entontecido. dos líneas cenagosas. quien ríe. limpia la moribunda boca con el pañuelo. enciende un cigarro. se levanta. empedrado. . Hay quien reza. Mi hermano le acaricia los cabellos. amaderado. Aire de caldera es la casa. va a ver de cerca el retrato de hace treinta y siete años. Su cuerpo y él. Todo él es entonces la turbia rendija. le humedece con un algodón los labios. nada más. Responde cuando oye una voz cercana: la turbia rendija se abre unos milímetros. quien come. La gente cuchichea por las piezas. por la terraza que antes era corredor. se queda sin fumarlo. Su tórax está duro.momentos aparece.

salen. lo ven.El zaguán se abre y se cierra sin reposo. Y señaló el crucifijo. debe darse cuenta. Mi madre. hacen bulla. inepta y un poco avergonzada. El miércoles le dijo a mi padre: —Sí te vas. parece sin brújula. —Pero mira. Luego nos dijo: —Debe saberlo. sin sus costumbres. sin sitio propio. te vas con Él. mamá… . Parientes van y vienen: entran. No halla qué hacer. sí. se despiden. Se las prohibimos. no veo por qué hay que decirle que está bueno y sano cuando se está muriendo.

déjalo. ya comulgó. mejor. y después a punto de comenzar la Letanía de los Santos. con su hermana y otras gentes de su tierra. —Bueno —dijo. propia para agonizantes. —Nada de rezos en voz alta. Pero se asfixia. rezando en voz alta alrededor de la cama. Se buscó las manos. Aquí empezaron las prohibiciones. y menos en esta pieza. ya le pusieron los Santos Óleos ¿qué más?. déjalo. y no le digas nada. Me pidió permiso . agachó la cabeza. no sabe qué hacer con las innumerables y lentísimas horas del día y de la noche. entre menos sepa qué sucede. Después la encontramos. mamá.

sumida en ardorosa sequedad. que es malo decirle las cosas o rezar en voz alta. luego en las escaleras. no ocupa lugar.para rezar un rosario en voz «no muy baja baja. yo tengo mis costumbres. son un movimiento- perpetuo de avemarías. un rato con los niños. en silencio. bueno. Los que llegan . Su presencia no se siente. un rato en el comedor. de Metztitlán. de allá. siquiera un rosario. luego en su silla de ixtle. Sus labios. que sea como ustedes dicen. junto a la máquina de coser para que no nos oiga… Anda de acá para allá. ustedes dicen que no debe ser. pero a ver. nada más para que Lita pueda responder» porque: —Está bien.

—Qué haces. a diluir más azúcar. quieres que hagamos algo? —No. . —Sí. —¿Quieres algo. Si propone algo. rodeando muebles. Recorro la casa a oscuras. —Ya se fueron todos.no la ven. y viene. —Rezo. al agua azucarada: halla qué hacer: allá va. derramando el agua. La descubro en un rincón. ven a la pieza. Se asoma a los frascos. al oxígeno. luego voy. —No sé. —Cómo están tus ojos. a nadie se le ocurre atenderla. arrodillada. no le hablan. ya mero acabo.

no lo veía. Las muecas para tratar de ver lo que tienta le deforman la cara. Se echó. mi vida. dime quién soy. Se acercó más. al fin. abre tus ojos. Él la vio. oliendo medicinas viejas. acércale el vaso. desdoblando papeles. —Dime —dijo.llega: —A ver. se acercó más aún. Abre su ropero y pasa muchos minutos buscando entre los trapos. tal vez quiera más agua. Dijo en el acto: —Mi mujer. sobre las cobijas. —Dime… quién soy. . dime. mira.

el del tapón del frasco del alcohol. por Dios. Un gemido casi . Una canción desde algún patio vecino. Los silbidos de los vendedores se entrecruzan en las calles. El rumor de una larga fumada junto a mí. El primer susurro: —Pues sí. ya no lo torturen.Las fábricas roncan. Otro susurro: —¿La inyección? Para qué la inyección. un cajón que se abre. un susurro: —Es hora de la inyección. Pasos que entran sobre puntas de pies. ¿Dónde quedó la jeringa grande? El ruidillo de la sierra contra la ampolleta. tienes razón. La sábana.

como aguacerillo de campanadas. brevísimas. Eso han dicho Roberto y Josefina. Hay una fotografía en la que él está parado. no como los de mi infancia. picudas. y se corta en seco. porque el corazón brinca como al asalto de bronca sangre olvidadiza y porque el aire le entra y le sale a cada minuto más esforzado y sonoro. éste es Diesel. sobre el brocal de un . El zaguán. Y el tren por las Lomas de Becerra. Casi no hay estrellas porque al día espléndido ha seguido una noche muy clara y muy invadida de las luces de la ciudad. Parece que morirá hoy en la noche. Campanadas de no sé dónde ni por qué a esta hora. barítono. abierto de piernas.imperceptible.

se tironea el barboquejo y sonríe. de tierra fría. ¿lo dejamos morir sin tósigos médicos?.pozo. ¿qué debe hacerse?. detrás de él hay nubes blancas y un cielo hondo. ¿no queremos ya que se muera para que las cosas. tomen su rumbo nuevo?. la sombra de sus ojos es como un antifaz. ¿no estaremos arrogándonos derechos . ¿no estamos ya hartos de verlo agonizar?. en cuyos adornos metálicos pega el sol. Hemos estado varias veces frente a este dilema: ¿se le aplica la inyección para reanimarlo?. bajo el ala del sombrero de charro. todas las cosas.

que ya nada es posible. otras nuevas transfusiones?. es decir.terribles?. Ya dijo el médico que no tiene remedio. pero ¿y si la inyección lo revive?. si podemos hacer que sufra menos ¿no deberíamos aplicar cuanto antes la inyección?. otras. ¿de quién es la vida?. hombre. Déjenlo morir en paz. —Si siguen ustedes con inyecciones y sueros y sangres le seguirán alargando . ni siquiera conveniente intentarlo… —Claro. ¿y si continuamos con la lata de su vida tirada en esta cama?. ¿y las transfusiones. hay hombres que… —Míralo cómo está. todo puede ser. ¿y el suero?. no sean necios.

y sí parezco criatura.la vida ¡y eso es idiota! —Bueno…. díganle que no vaya. lo dijo el médico de ayer! . —Por lo pronto ya se va ésa por el suero. el suero le quita la angustia. —Ojalá que esto fuera discusión. Quién sabe qué venga después ni qué diga o haga Dios con mi decisión. entonces qué hacemos… —Yo no cargo con eso. pero no es discusión. caramba. Dios no es cobrador. —No te va a cobrar nada. cómo me la vaya a cobrar. que ya no lo compre. no más. Pareces criatura. —¡Pero.

parece que morirá en la noche. Y sí. Y también nos aliviamos porque a toda carrera. ¿De qué serviría el suero?». nos aliviamos de escrúpulos. sordos a razonamientos. Juro que pensamos: «Bueno. . hemos decidido poner la inyección y mandar por el suero y la hemos puesto y el suero está trabajando. está más enfermo aún que los días y noches anteriores. Y descansamos. ¡míralo! Y lo miramos. dicen que es seguro y parece que sí. —Ya no es tiempo de angustias.

nos . Y anoche viéndolo sufrir deseé sin malicia su muerte. con desencanto. para su descanso. para su beatitud. y de que todos. cuando nos asomamos a la desmesurada tristeza de sus ojos. verla venir. de frustración. Así estamos. con miedo. secreto sentimiento de fraude. Estoy seguro de que a los demás les ha ocurrido lo mismo. a los demás de la casa. aguijoneante. a esta tristeza que no habíamos visto nunca en ninguna parte.Desear la muerte y no desearla. con íntimo. temerla y no temerla. y verla. alejarse. inconfesable.

También estoy seguro de que el momento de la muerte nos va a aplastar. .sentimos vulgares. míseros.

Noches de oscuridad brillante. lo envuelve una gasa blanquecina. Veo cientos de noches en que he sido feliz.8 de junio La noche es cálida. . hacia las seis. muy alto y tierno. el cielo era color de rosa. En la tarde. El cielo ahora es azul pálido.

por teléfono. Vengo de pedir.8 de junio Las doce de la noche. oxígeno. La respiración de mi padre ahora empieza a llenar la casa. urgentemente. los ojos empiezan a ser como de agua gruesa y a moverse. . El tanque de oxígeno vendrá de un momento a otro.

una vez sobre otra. que en Metztitlán se dicen casi a gritos. se encorva y le pide: . Ya tiene el oxígeno. Mi madre reza sin tregua: las recomendaciones de última hora. sobre otra. apacibles. Sus pulmones gañen con tremenda fuerza. (realmente es ya 9 de junio) Agua de charco los ojos. agua brillante.m. Al rudo resoplar se une ahora un silbido asordinado. le salen de la boca como ininterrumpido soplo. Las puntas de los dedos se le empiezan a helar. moradas. sobre otra. se aproxima.8 de junio. móviles. y las pupilas. sobre otra. La 1 a. y de tan abrumadas. se alza.

—Mírame. —Ah —dice. . y se sienta a rezar. y tenemos que decirle: —Ya abrió los ojos. mírame. ¿por qué no me miras? Él ya la está mirando. Pero ella no ve.

Checo lo limpió.Las 3 de la mañana del 9 de junio —Duerme. Creo que dice: —No. papá. duérmete. Mueve los labios. lo . remedo de grito sorprendente: —¡Noooo…! Está calmado. Le digo. Pregunto: —¿No quieres dormir? Pienso: «No quiere dormir porque teme no ver llegar la muerte». Y él dice en voz alta.

o golpear de un martillo movido por imperecedera mano mecánica. le dio agua de azúcar. o repetición invencible de una intrincada maquinaria. o ahogo atronador. desde el arranque del motor que ya nunca cesará. Su respiración es ahora un soplo quejumbroso que baja.acomodó. en un solo . para respirar. que baja continuamente sin la más instantánea interrupción siquiera. le puso sábanas limpias. eternizada. un soplo que es como la gota de agua. o ritornelo apagado. como si sólo para eso estuviera viviendo. Y el oxígeno hace su labor. Pero tenía razón Roberto: la ansiedad no cesa ni la terrible respiración.

estrella el martillo. que no sube. necio meneo que se estrella y retrocede. Esperar la muerte respirando. se alza la mano que alza el martillo. baja la mano. que no sube.momento. baja siempre. . y se estrella en el metal y retrocede y vuelve a estrellarse y retrocede y vuelve a estrellarse y retrocede y vuelve a estrellarse hog hog hog hog hog hog hog hog… Cada hog separado del que le sigue por espacio y tiempo iguales. y alzándose y estrellándose el martillo golpea y baja. un único sube y baja que lo abraza y comprende todo. oh palabras ineptas. desciende. se alza la mano que alza el martillo. baja. Ésta es su respiración. pues.

moverlo agoniosamente.Respirar para esperar a la muerte. Mover denodadamente el pecho. gorgorea el oxígeno en el frasco del agua y hog hog hog hog. . nada más el pecho hacia arriba y hacia abajo sin cesar para que quede quieto cuando llegue la muerte. Mover sólo el pecho. de cuanto es un hombre sólo el pecho. Ladra un perro. desesperadamente. para que no llegue la muerte.

más urgentes porque han madurado suspendidos una semana más— de siempre: haremos esto y lo otro. veremos esas y aquellas ciudades. sino en la vida de todos los días. que seguirá siéndolo mientras la Gracia no venga a descoyuntar esta armazón falsa que . no precisamente eso. alucinada en su cauce de hierro. es decir. con los afanes — más redondeados.Viernes 15 de junio de 1962 Estamos otra vez en la realidad. Vida de inexorable curso es nuestra vida. de ingrato curso inexorable. escribiremos tales cosas. Digamos que es vida necia. Estamos otra vez en la vaguedad.

de las horas santificadas de ese amanecer que fue como el filo de una espada —por donde caminé. caminamos? . Nuestra capacidad para olvidar el dolor sólo es comparable a nuestra quebrazón cuando se deja venir sobre nosotros. Dios mío. He regresado a la pobre realidad ardida.somos ahora. a la miopía. Parece que nada sucedió el 9 de junio. no aprendo nada de nada. de la hermosísima y abrumadora madrugada del sábado 9 de junio. Ya hicimos cuanto hacíamos antes del viernes pasado. No aprendemos nada de nada. empedernida en mugre y agrura. ¿Por qué salí de la densa noche del viernes pasado.

como un hombre perpetuado en una imaginación fecunda y generosa. Horas después. memorioso. o el monje más hirsuto del convento. el que hace mil años hubiera sido artesano al abrigo del señor. o el juglar envejecido. a como dé lugar he de volver a esa noche. Mi padre murió a las cinco de la mañana del sábado 9 de junio. de maneras de ser y de vivir de otros tiempos. cuando lo vio . en su caja gris. He de volver. como algún alto relieve testimonio de la grandeza y la hermosura de ciudades y razas desaparecidas. remotos y mejores que los de hoy. era como un hombre antiguo. don Ángel. Cuando lo vio don Ángel.

Luego. dijo: —Se va nuestro amigo y gran señor. que ochenta y dos años antes había hecho a mi padre. más llena de dignidad. Dios vaya con él. undosa cera. el domingo a las doce. la más hermosa. más grave. servía para modelar el último . sedeña. después de haber recibido el cuerpo bendición en la capilla del cementerio. la cera testimonio de la anuencia de Dios Altísimo. cuando pusieron la caja sobre las tiras de lona que bajan hasta el fondo del sepulcro. La cera más fina.don Ángel. destaparon la caja y vi su rostro por última vez: el más digno rostro que ha labrado el mundo. al otro día.

que estaba bien. más serena. por la carne de los hombres: carne. la ancha línea sombría de las cejas. rostro. Hermano de mi padre testimonio de que Arriba se decía que sí.rostro de mi padre. Oh la frente. de la belleza que puede bañar. más hermosamente hecha para ejemplo de lo que deben ser los hombres en la tierra. de Jesucristo el Hijo de Dios. gesto: la dignidad de los hombres más honda. rostro de mi padre testimonio de la anuencia de Dios el Altísimo. anegar al rostro de un hombre en la tierra. que el cuerpo de mi padre debía ser testimonio del amor de Dios por el cuerpo. más cuidadosamente. los hundidos párpados. Al sol del .

y cerraron la caja.domingo. sólo un momento. . y no volveré a ver a mi padre mientras viva. mientras yo viva.

fuelle garfio aferrado a la vida. fuelle de ruinas. que dejará de ser. hacia el poniente. que es . fuelle de esperanza y desesperanza. y respira. como desde hace quince horas. fuelle jadeante. fuelle preámbulo de eternidad. Un fuelle rasposo trabaja. fuelle de vida casi indomable. un fuelle viejo. fuelle de miedo. fuelle de muerte. vuelto hacia la ventana.Viernes 15 de junio A esta hora —son alrededor de las ocho de la noche— ¿qué pasaba?. fuelle doloroso. ¿qué sucedía a esta hora? Mi padre está con vida aún. que jadeará dentro de mí. fuelle de sufrimientos.

que va limpiando de escombros el camino que sube sin fin. fuelle que no es agonía. rumor arenoso que yo no sé aún que anuncia la agonía. No tengo idea de cómo dejará de sonar este aire que entra en mi padre derribando ramazones. que viene desde la mañana. cerros de sillas. fuelle exhausto de sus pulmones. santificado afán de reposo.purificación. Los ojos se van hundiendo. carretera que asciende. mi zozobra. Y aún no me imagino cómo cesará. marañas de vida que se rinde. desde ayer en la mañana. fuelle de esta noche. desde la noche anterior. Quiero decir que los párpados van cobrando .

Estuvimos hablando. como si se hicieran notar o empezaran a existir por sí mismos en cuencas que desde hace rato se ahondan. que escribía.énfasis. hacia mí. el reloj. deslizándose por una pendiente que no anunciaba dolores. Se veía tranquilo. la pared del oriente. Eso escrito ocurrió entre las ocho de la noche y la una de la mañana. como si se hincharan ligeramente poco a poco. . A esta hora ya estaba acostado hacia el buró. Estaba mi madre. estaban los esposos de mis hermanas. estábamos los cuatro hermanos.

En la cocina vamos repasando nuestras vidas y las de otros. entre risas apagadas y una esperanza secreta: que la muerte venga calmosa. Digo: —Si dos o tres veces he pensado. no se lo permitimos. sin ruido.Luego todos se fueron a dormir. ella también. Digo a mi hermana. Tengo ánimo de fiesta. —Vamos a tomar una taza de café y hablamos y fumamos. le prometí llamarla a tiempo. La casa está en paz. riéndonos. suave. cuando entremos ahora en . menos mi hermana mayor y yo. Mi madre quería seguir despierta. aquí. que cuando lleguemos a la recámara.

—Vamos a verlo —dice levantándose. si hay algo te hablo. me recosté en el sillón.la recámara… —Sí. —Vete a acostar —dije—. Me quedé con mi padre y escribí eso de las tres de la mañana. y durante no sé cuántos minutos lo miré. —… que ya esté muerto… Así sería mejor ¿no crees?… Para mí…. que… Le tiembla la voz. Todo parecía lo mismo. me le acerqué. . palidece. no sé…. él dijo eso que puse y creo que acaricié su cabeza. Eran cinco para las tres. sería mejor.

no sé. miseria de lámpara. ¿azulados?. no. lagos. nada es lo mismo. cargados de un azul oscuro. sí: los ojos están más hondos. la atmósfera que rodea su cabeza. es decir. pues. algo no es igual que hace unos instantes. Y de pronto: los ojos. lo miré: su cara siempre igual. los párpados han adquirido mucha . no puede ser. desperté. dormité. ¡si hubiera alguien aquí!. su boca siempre abierta. su cansancio segundo a segundo —ahora. digo. algo ha cambiado. el aire. una pintura azul tiernísima y densa. la orilla de los iris es infinitamente triste y dulce.lo miré. apenas ahora me doy cuenta— más inmenso. sí. estoy seguro. qué pasa aquí. pero estoy seguro.

He . no sé. tú ve. —Pues. Creo que me levanto. Ya viene. se ven gruesos. urgentes. en ellos palpita un no sé qué.presencia. No sé qué está sucediendo delante de mí. ven a ver. se abrillantan. Creo que acabo de decir algo. Despierta su marido. brevísimas navajas. como plañido. brevísimos. —¿Cómo está? Pregunta desde la terraza mi hermana. parecen más en el mundo sin mirar lo que es el mundo. la respiración es rápida: entra y sale de puntillas a extraña velocidad. a diez centímetros de mí. creo que no dije nada. así suena: silbos tasajeados. Me miran los ojos y no me miran.

Se despabila aprisa. Ya está sentado en el sillón. creo que dice—. en la terraza. estoy en el . está tomando el pulso a mi padre. Checo. pronto.salido de la recámara y estoy aquí. —Muy mal…. me oigo decir. despiértalos. —¿Tú crees? Digo. Veo las toscas y hábiles manos de Checo buscando con grave alarma el pulso a lo largo de los brazos de mi padre. despiértalos. está sentado. —Sí —dice. Checo se había echado en un diván y creo que le estoy diciendo cómo está mi padre. lo está viendo con mucha atención. tu papá está muy mal.

tengo las orejas súbitamente pletóricas de blasfemias. aludes de basuras dentro de mí. ingenuo temor que no adivinó ni de lejos el tamaño de los momentos que . que se mueven con vigilante pereza delante de mis ojos. cáscaras podridas. —¿Tú crees? Estoy luchando con inmundicias. entrañas inmundas que se agitan sordamente. con el momento esperado con tanto secreto temor. vísceras palpitantes. montones de moluscos apestosos. Estoy luchando contra la asquerosa y formidable tersura de la neurosis. Maldita venganza.fondo de una luz horrible. estridencia de arañazos.

pues sí. ¿No está poniéndose…. no sé qué ando haciendo por el buró. regreso a la pieza. Creo que voy violentamente a despertar a mi hermano. claro. Checo. que mi hermana ya está con la otra hermana. voces de ahogada exasperación. hablan. Y ahora ¿qué hago a los pies de la cama? Aquí están mis hermanos. que ya le hablé a mi madre. nuevo. me vuelvo a ver el rostro que momentos antes suponía moribundo: ahí está eso. desde el umbral descubro algo temible. junto al tanque de oxigeno.se venían. ya lo vi desde la puerta: —Mira su rostro. . —Sí. no está adquiriendo un color terroso? Míralo.

que no puede morir—. esto es lo que yo no conocía. ni cómo. aquí está. aquí está esto. sí. momento que repasé después como el momento más terriblemente hermoso que haya visto. ¿Estoy despertando a mi madre?. Dios mío. ¡aquí está!. no sabemos cómo va a llegar la muerte hasta mi padre —que no debe. me impaciento. no conocemos a la muerte. estoy despertándola. me vuelvo a ver a mi padre. aquí está: el . le grito. no logra sacudirse. ni cómo nos espera.atontados de sueño. no imaginamos todavía lo que va a suceder. tal vez que veré. dispuestos afanosamente para la vigilia brutal que aún ni remotamente imaginamos cómo va a ser.

y yo no sé. se le ha apagado por dentro. se le apagó una lámpara bajo la piel. cómo es posible que no sepa. cómo era vida esa vida de moribundo que hace unos instantes tenía y ya no tiene. esto no es la vida. o más abajo. ahora sí. ya no tendrá más. encendía la hermosa vida. ya no ve hacia el ángulo del techo y la pared. hacia la puerta. se ha apagado una lámpara que infundía la hermosa vida. que . o más abajo.rostro de mi padre ya no veía. como si estuviera resbalando por las almohadas. hacia quien ocupa el sillón. que brillaba en la vida. su hermosa vida de moribundo. ¿qué luz era ésa?. se ha apagado la vida. no sé. ha caído de perfil. la coloreaba. y una luz.

en sus cabellos.» Mi madre está luchando con sus medias. de perfil. desánimo. se apagó la lámpara. ningún color. Yo estoy. ningún brillo. opaco. color de aceituna. en sus sienes.esto es aún la vida: su rostro. con su camisón que se enreda y se enreda y su ceguera y una congoja dura como pared que se le recarga en los dedos y en la boca. por Dios. ninguno. o de aceite verdoso. «Qué es esto. en los huesos de su cara. gris. qué es esa falta de luz. con su chal. En su piel. ya sin ver. apúrate. qué es eso. desánimo. —Mamá. desánimo. ninguna luz. ando por el suelo. encuentro los . opaco.

el vestido. mi chal. anda. Los zapatos… —Ya están los zapatos. frente a él. —Sí sí. constantemente una cosa más: esto no es respiración. —Apúrate. al fin. los focos de arriba. —Es que no se ve… Ya está mi madre sentada. el vestido en la silla… —Toma el vestido. le ayudo a ponérselos. y una cosa más. —¿Ya? El chal. . yo qué quisiera.zapatos. estamos ante la agonía. y empujamos el sillón hasta pegarlo a la cama. qué oscuridad. tú. enciende los focos. —Despierten a Guillermo. en el sillón. el que sea.

su boca se abre. se encaja en las junturas de las quijadas. como animal herido de muerte. la veo. boquea mi padre. nada era la agonía. empuja. su boca se abre. sino un cuerpo que se rinde a los golpazos de la muerte: boquea. la agonía es ésta. su cabeza cuelga casi de las almohadas. como hermosísimo animal al que la muerte de pronto empieza a transformar. empuja y separa las quijadas. un hipo silencioso le abre la boca. se apoya. abre la boca. boquea. esto es la agonía. se encaja y empuja.caramba. su cabeza se abate y rebota en un piso de . ahora sí no es el hombre que era hasta este momento. coge fuerzas. se recarga. ya no abre él la boca.

alza y abate la cabeza de mi padre. clac. esta fuerza que yo no conocía abate la cabeza de mi padre. bello atardecer. tristísima boca por donde boquea la vida. clac. boqueando. las sucias nubes. verdor. veo las ramas del pirul rugiendo. y otro clac.aire sólido una y otra y otra vez. verdes ramas de perdición que se azotaron un atardecer. absortas gentes. qué furioso verdor. tristísimo abatir que una . oh vida. recámara llena de gente. qué verdor misterioso en el silencio iluminado donde cae el boqueo: clac. y otro clac. cae un clac. como gota. aceite de olivo. tristísima piel. él cruzaba como una dura sombra y entonces él era el mal. clac.

solemne. . verdes. digo que es la muerte y no sé cómo son los ojos de la muerte. hermosa. son ojos de agonía. para mejor presencia del dolor. fijos vidrios. tristísima. son vidrios yertos. verdes. vidrios fijos. apagó la lámpara de la vida bajo el rostro de mi padre. tristísimos ojos. gruesos. padre. no ven. de miles y miles de segundos de seis meses. cuán hermosa agonía que previamente. ya no son tristísimos. son vidrios fijos. padre tristísimo bajo la lámpara que siguió solitaria sus insomnios de seis meses.y otra vez como espasmo cada vez más débil mueve la cabeza de mi padre. no ven. ya no son ojos. ésta es la agonía. Me asomo a sus ojos.

Comienzo a rezar el avemaría. plácido su afán. La boca de mi padre comienza a exhalar. que busca por la revuelta sábana la mano de mi padre. Alguien mueve el cuerpo en agonía. lo acomoda sobre las almohadas. los huesos aparecen bruscamente ocupando todo el espacio del mundo. entre . que vuelve suaves sus movimientos. blanda su congoja. y hay una especie de paciente abandono en su mano. la tremenda presencia de los pómulos. los maxilares.Estamos sollozando. por adivinar qué pasa y qué cara tienen las cosas que están pasando es tan intenso. Mi madre: su esfuerzo por saber. Estoy hipnotizado por el rostro ahora blanco como tierra blanca.

sus últimos alientos. ya hemos caído sobre sus manos. la otra va a desmayarse. trata de no llorar. Roberto está a los pies de la cama. ya rezamos a gritos. reza. Ya. . los más desventurados. rezamos. mi madre trata de ver. reza. Mi hermana menor y mi hermano lo contemplan sin moverse. los más intensos. tres mil trescientos segundos. —Ya —dicen—. inacabables tres mil trescientos segundos que he vivido. ya nos sacudimos.interminables espacios yertos y hacia la inmovilidad de piedra que aún no presiento. No. ya gritamos. No. Ya estamos llorando. Esto duró cincuenta y cinco minutos. de darnos fuerza.

que no puede morir. sus dedos buscando vida en el cuello de mi padre. alguien fue por ellos. Mi hermano ya está echado en la cama. al que de pronto un niño desorbitado perdona con toda su alma. al que yo no ceso de bendecir.también Josefina. siento que se me rompe el cerebro. al que yo bendigo con toda mi alma. Aprieto su mano. lucho de veras desesperadamente para que algo enfermo. inicuo dentro de mí. repito hasta resecar mis . rezo con un ahínco que me rompe el cerebro. la mano del padre que supe hasta hoy inmortal. al que mi roña ataca con toda su alma. no maldiga a mi padre. rezo sin dejar una fracción de segundo vacía.

el momento en que el Ángel vigilante. veo la boca de mi padre abierta. que hace cuerpo lo que urde. .dientes Jesús mío Jesús mío Jesús mío Jesús mío y San Francisco Iddio mío y los poemas de un amigo y San Francisco extraño santo y el padrenuestro y avemarías. huellas blancas de los últimos medicamentos en su lengua. todavía no. y late una vez más. se mueve casi imperceptiblemente una vez más y hemos de esperar un minuto o dos o dos años para que vuelva a latir porque todavía no muere mi padre. pendiente de ese momento. gritos alrededor. y yo me despedazo porque no quiero manchar con mi mágica fantasía todopoderosa.

Late una vez más. Que lloren los que saben hacerlo. que no tenga yo que ver con el momento en que su cuerpo. ¿Alguna . Dios mío. oscuréceme. su alma y Tú se junten. Tu negocio exclusivo. Tu solo negocio y el único negocio de mi padre. no quiere morir. el alma desprendiéndose de este cuerpo de hombre que amó la vida como nadie.recoja su alma desprendiéndose del cuerpo. agarrado a un sueño de sonido. que no quiere morir. paralízame. a la humilde gota de un sonido. redúceme a nada. tápiame. que aún produce su carne. maldíceme. que recen y que lo miren y que esperen Dios mío Tu mandato los que son dignos de esperarlo. momento que es Tu negocio.

entiendo cuánta mísera pena y asco de mí siento por no poder llorar al hombre que fue todo amor para mí. el crucifijo dentro de su mano. ahora que me ahogo de Jesús mío Jesús mío Jesús mío….vez. que yo quise su cuerpo y su mano en la que pongo el crucifijo. oh alguna vez podré reproducir este momento sin mi cáncer? Entiendo. toda naturalidad en hombre que nació para las cosas más graves de la vida: la pobreza y el dolor. Bendito sea y yo quede lejos del momento al que no debo tener acceso. la cierro con mi mano. .

como murió realmente.Viernes 15 de junio Murió. Algún día podré ver el momento de su muerte y llorar y vivir la alegría de ver morir santísimo a mi padre. . Yo estaba lejos.

perfectamente dormido. veo venir la madrugada. de pronto. una angustia.Domingo 8 de julio Han pasado los viernes y no he tenido el coraje de sentarme a escribir. y en el paso de las horas me asalta una desazón. me preparo para que las cinco de la mañana me hallen oculto. De las once en adelante busco dónde poner los ojos. Amanece los viernes y me digo: «Éste es el día». . Al empezar la noche hago cuanto puedo por no acordarme de él.

nubes. el preciso bigote. Su tumba bajo la llovizna. como su frente. No quise acompañarlos. estará seguramente con algunas flores. los . que no conozco. Su tumba. apacible. Han de ser las once de la mañana. su alma de los últimos años. que tuvo los ojos que tuvo. igual que los tres domingos anteriores. ¿Cómo es posible que mi padre. inmortal. alma nublada de una tristeza firme que nunca pudimos entender. bajo esta llovizna luz. Ricardo Garibay. recién regada su oscura tierra.Domingo 8 de julio Iban al cementerio. apacible el manso viento de esta mañana.

su tumba? Cómo. que ya no esté. si tanto me esfuerzo porque no viva tan nítidamente en mí. digo. su tumba. si tanto vive en mí. el que ya no vivía la vida que vivía con tanto amor.cortos cabellos levantados sobre la frente. ¿Verdad que alguna vez que nunca será estará tu tumba en algún lado de algún cementerio que qué importa . es posible que estemos tú y yo hablando de tu tumba. cómo es posible. que sólo esté. su rostro tan amado hecho de líneas que eran como las aristas del dolor—. el que remó y remó en el dolor inmóvil de su cama —su rostro. padre —¿verdad que hace sonreír?—. bajo el desierto de nubes de esta mañana. que esté muerto.

hijo ciego. . padre. qué torpe hijo acongojado. Tú.dónde vaya a estar si nunca en realidad estará en ninguna parte? Tú. padre mío. mira qué hijo acongojado.

La tristeza. que también anega este cuerpo y este espíritu. sí. esperando la hora de intervenir. de hacer ascender este cuerpo y este espíritu. Parece ser que ha venido escombrando este cuerpo y este espíritu hasta dejarlos desnudos de lo que no sea ella.Julio 21 Parece ser que la tristeza ha venido acomodándose. La Gracia reposa mientras la tristeza trabaja. para ocuparlos con anegación. la tristeza gobernará el ilimitado espacio . Hasta que aparezca la Gracia en su tarea. está quieta. Porque la Gracia. haciéndose aquí una casa a la medida.

Cumplida. el ilimitado espacio de su memoria. que la alegría es deseada con esforzadísima tristeza. o tanta tristeza tiene que devastar para desear la alegría. la ley natural dejará paso a la . ¿Cuánto ve mi padre? ¿Qué velo de tristeza inmensa o qué agua triste anega lo que ve? Debe cumplirse la ley natural: es triste abandonar la vida. si no fuera triste no lo entendería.donde yerran las miradas de mi padre. Cuanto entiende es triste. Cuanto recuerda mi padre es triste o surge recordado tristemente. don de Dios. Cuanto quiere es triste. de su entendimiento y de su voluntad: espacio ilimitado para la tristeza.

¿Nosotros? Ellos. al que mi padre. al que nosotros. digo. tiempo después. el Amorosísimo. no son oraciones. . Dios. entender la muerte de mi padre. el oreo que serán sus dolores para la sequía del mundo —ardiente—. en mí. Sé que tiempo después de esto podré rezar y llorar. sus dolores santificantes. ay. con toda su vida y la suma de sus dolores está orientando. la acción de sus dolores en el mundo. en donde actúa el Misteriosísimo. porque ahora estoy hinchado de frases. con nuestras oraciones y la suma de nuestros dolores estamos orientando. porque mis oraciones. los que rezan de veras.que es divina.

su rostro se deformó y sus labios ensayaron hacer sonidos como si trituraran piedras. que me imaginé un vientecito .21 de julio Dijo una palabra que no pudimos entender y después dijo: —… los niños. Fue un esfuerzo tan vivo el que hizo para decir: «… los niños». luego le salió una especie de ronquido o de aire sofocado de des y efes. con una urgencia tan ansiosa. se incorporó casi con violencia. Esto fue lo último que dijo. de tal modo. y luego: «… los niños». que estando desde hace días incapacitado para moverse.

.exasperándose contra pesadas y negras ramazones.

Agosto 16. ejemplar belleza bravía. que lo hizo. sólo de Dios. y que al . como el alto relieve en la piedra siglos y siglos sepultada. como el alto relieve que encierra y revela la hermosura de tiempos que se vienen sobre nosotros oscuros y soberanos — de tan antiguos—. sabidas. ejemplar guerrero. como el alto relieve testigo de tiempos en que los hombres sabían de grandezas. 1962. viernes Como el alto relieve de un guerrero antiguo. que cuando recibe la luz la recibe después de muchos siglos de sombra y paz y mudez. de gloria y hermosura sólo por los que lo vieron conocidas. bravía serenidad.

la obligada unción. la serena contemplación de la vida que tuvo aquel hombre (hablo.recibir la luz sobrecoge a los que tienen la dicha de contemplarlo. no veo lo que estoy viendo). el imperioso impulso de amar al hombre cuya nobleza delata la piedra. piedra santificada por el alto relieve santificado por el dolor. . se curva sin ansiedad. el horizonte invisible e ilimitado que sus ojos ven. no sé qué hablo. la contemplación de los siglos pasados en sombra. la valentía. se pliega sin mueca. boca en que la suave y dulce piedra se adelgaza. la invisible espada que se adivina en su robusta y excelente mano. ojos serenos de eterno alto relieve al fin descubierto.

piedra que hacia la boca se rasga apenas: impalpable sonrisa que más pertenece a las hundidas mejillas que a la boca. gris. nariz que en la piedra a la luz aspira un aire eterno. piedra que brilla al sol del largo filo de la nariz. piedra oreada siempre. rasgada apenas. apenas estriada para formar las líneas del cansado bigote en cuyas líneas se ha acumulado el polvo . alto relieve que en la piedra se desmenuza con mucha delicadeza para formar el bigote que emboza el labio superior. nariz tranquila. aire eterno que tranquilamente se desliza eternamente hacia esta nariz. piedra gris rasgada por escultora mano.se afila de sabiduría y de prudencia.

hombre hoy de piedra. y sonríen. insigne.de mil años. . el de su mundo. ojos coágulo turbio. alto relieve en la columna al cabo desenterrada. las gruesas cejas. los ojos que contemplan desde la dócil piedra el esfuerzo del mundo. desde un llanto compasivo. sonriente. el de la vida del hombre copiado en el alto relieve. de pena por ese esfuerzo. insigne en la sumisión con que se dejó labrar los dos ojos. sonríen de hombría que sabe que se ha de rescatar toda hombría. ojos de descanso. compasivo. ojos que vieron el esfuerzo de su mundo y lloran y se cierran y atisban por una rendija anegada —líquida piedra anegada—. los trabajos del mundo. tristísimo.

innumerables generaciones. dibujado desde el fondo de los tiempos hacia el fin de los tiempos. turbante.siempre sereno ya: ojos donde la piedra se anima y nos contempla. orilla. rostro bordeado por un lienzo de muerte. sudario. rostro que infunde sentido a la piedra que los más sabios examinan. casco. rostro hecho a mano con paciencia de innumerables innumerables días. piedra que descansa. viento: piedra lienzo que ondula por los aledaños del rostro: . que se remansa en la frente sin sombra. piedra: borde. rostro hecho de un solo golpe por un artista supremo y remotísimo que ahora se descubre. rostro perfecto. piedra que bordea la elegancia de la muelle.

sudario o yelmo para cubrir esta frente sobre la que soplaron vientos de los mejores días del mundo. de santidad. cierto en esta sugestión de guerra. al . adivinado guerrero. no más. labrado a través de muchos hombres que vinieron viviendo unos después de otros. de caminería. rostro sin materia. preparando sin saberlo este rostro. las orejas y los cabellos: es el rostro.invisible guerrero de una edad de empresas anchurosas. la sábana cubre la frente hasta la mitad. de desiertos. el alto relieve de un rostro inmortal. de celdas. invisible guerrero o santo invisible e inagotable yendo y viniendo por el mundo. de veloces naves por las jorobas del mar.

de hombres. El que lo matizó con atención y esmero y paciente y moroso amor después de morir: después de morir el Escultor: entonces acabó de matizarlo. su Amigo. piedra sin piedra. escultura en la que tiembla una lágrima.fin. cara que vio una vez un segundo la inmensidad de su Hermano. muerte sin muerte. la piedra animada por la santificación. acumulación de rostros. y después de morir el rostro: también entonces el Escultor acabó de matizarlo. su Padre. por la visión que de la . de padres e hijos y padres e hijos desde quién sabe cuándo. su Escultor. de matizar el alto relieve descubierto ahora. suma humana. por todo lo que no es de piedra.

al fin. ahora. terminado como obra maestra. .inmensidad del Escultor tuvo este rostro.

vendiendo también la casa en la que pasaron ellos su infancia. un poco menos. y poner una lápida así de gruesa. y repartir las ganancias. que ahora esto es imposible: reunir seis mil pesos. terrenillo en Metztitlán. tanto dinero…»— cuesta seis mil pesos.Septiembre 5 de 1962 Que una cripta pequeña. el mío. de mi madre y sus hermanos. con lugar para otro féretro —«El mío —dice mi madre —. claro. que no. y . que mejor arreglar la tumba para que mi madre quepa allí —ésta es su única perspectiva gozosa—. cinco mil pesos a cada uno. pero a ver. por eso me gusta la idea. que podría venderse La Tijera.

una cruz. .

descendiendo a su tumba.Septiembre 5 Me acompaña a todas partes. seriedad de seriedad. afilamiento esencial del espíritu hacia la . entonces aparece con mucha nitidez. sola. en el pecado. vuelvo a ver como si por primera vez la viera aquella irrupción de huesos de cal: quijadas. pómulos. seriedad de infinitud. comenzara a latir. liberación frente al mal. también aparece su rostro al sol. arcos y aristas brotan con fuerza terrible. con la que brotaron un poco antes de que su boca. pero. rostro de cera. sobre todo. rostro advertencia. órbitas. de trabajo cumplido con infinita seriedad.

y el rostro en la perennidad que se consigue a lo largo del dolor. esa boca un poco escondida bajo el pardo bigote. y el rostro descendiendo a su tumba. boca firme. esas ligerísimas líneas de sonrisa abajo de los pómulos. yo en la circunstancia placentera. yo chapoteando y el rostro al sol del domingo cuando abrieron un momento la caja: esos ojos en los que lloraba una lágrima fija. hacia el deleite. el rostro en la seriedad agobiante de lo . ese perfecto hueso de la nariz. Yo en el pecado. curvada apenas. prohibida. apenas dibujada curva entre sonriente y triste.eternidad luego de haber cumplido el cuerpo su trabajo tremendo.

eterno. siempre ascendente. de los conocimientos esenciales. en mis caídas diarias. trazo instantáneo del sol. grabado en pétrea cera magistral. cara de las cosas más hondas. del otro lado del aire. amoroso y severísimo. Rostro de mi padre. las que preparan y modelan este rostro de severa belleza serena. . de las tareas más arduas: las que se tienden. grabado en mis ojos. se hunden en el silencio del infinito hacia la purificación. compasivo e implacable.

cabalga. el amigo. el muerto. presintiendo obstáculos. muere y vuelve a morir y ella le dice: . llena la casa con el estruendo de sus serrotes. suda de muerte. el moribundo. de resignación. el amante. el angustiosamente transitando en ella. con las manos a medio alzar. ordena. con intermitentes y constantes gestecillos de temor. Dentro de ella el esposo. ama. que se sabe de memoria. el para siempre vivo. agoniza. de abatimiento.Septiembre 5 Anda para acá y para allá por la casa. transita. sube y baja cerros. martillos y garlopas. de impaciencia. se baña al amanecer en honda poza.

el amante. . se aleja galopando. por qué. el esposo. A ver. por qué me dormí… Y muere. anda. perdí mucho de sus últimos momentos. el amigo. y baja del cerro. muere. se queda sin empleo. él. ustedes me hicieron acostarme. yo debí estar pendiente. el esposo amado. ¿por qué no dijo mi nombre u otra cosa sino mi mujer? Y muere. y muere. —¿Quién soy yo? A ver. nada en un río. abre tus ojos. se repite hasta el cansancio— y dijo: mi mujer. y empieza a agonizar. se dice. ¿quién soy yo? —Y abrió los ojos —nos dice. ¿por qué dijo mi mujer?. dime. ríe. —Por qué me dormí.

ven acá. ésta es la llave del agua. dice: —Perdóname todo lo que te hice… Ama. las muñecas y la colación entre los pequeños zapatos. pierde las bolsas del dinero y se emborracha y llega gritando: —¡Babo.compra un rancho. tropieza con . frente a la ventana chilla el sol: ella se cubre la cara con las manos. se encrespa. no soporta el sol de frente. la casa donde cuarenta años después está agonizando. que te cuente. vocifera. se aparta. y muere… Aquí hay un escalón. las bolsas del dinero!… Acomoda los aeroplanos rojos y los sables. estrella un vaso contra el suelo. aquí está la puerta. dibuja los planos de su casa. perdí el dinero.

hasta la llave del agua: su rostro orlado . y vuelve a emprender el viaje a la cocina. y se sienta en su silla de ixtle.una silla y emprende el regreso a su recámara y él va muriendo. de la que se levanta porque él está muriendo mientras ella está sentada. todo el trayecto hasta aquí erizado de gestecillos de impaciencia. dormitando. viéndose un rayo de luz caliente en la piel ya sin brillo. diciendo mi mujer. pena. resignación. diciendo mi mujer. riendo de cosas de iglesia cuando se conocieron. mi mujer. avemarías y manos prestas a mitigar los golpes. llorando por su madre recién muerta. exasperación. muriendo… Llega ella a su recámara. agonizando.

pero . claro. por tus hijos»….de greñas blancas. profundo. si cada día veo menos. también por mí le pido. el sentido real. —Si ya me falta poco. de su desamparo. ¿qué otra cosa había de hacer?. yo le pido a tu papá: «Mira a tu hijo. y también le pido por mí. a ver. si me falta poco. pero bueno. claro. ahora que estás allá con Él. pídele por tu hijo. y a sus hijos… pero si no veo. si ésta es la voluntad de Dios… Yo rezo. esto es lo único que me consuela: ya me falta poco. esto poco que me falta… que pudiera servirles de algo a ustedes. sus ojos ciegos y su clara y tierna frente pugnando por comprender la misericordia de la prueba. sí.

pues que así sea… Se queda pensando un rato y añade: —Pero no puedo. que no. no puedo evitar la tristeza. si ésta es su casa. no te imaginas. ahora. pero me . si aquí estaba. es una angustia. como tornasolada y amarilla y negra y me lastima. no ver nada. y con el otro ojo te veo como una sombra que estuviera lejos… Cuando empieza a anochecer. por ejemplo. cómo. que antes era el bueno. me desespera. cómo es posible que ya no esté… y… siquiera pudiera yo hacer algo.si Dios quiere que así sea esto. si aquí está. con este ojo. siento que no puede ser. veo una mancha guinda. cada día menos. ay Dios. que no puede ser.

pero no dura gran cosa. su voz. alguna calma me llega. una angustia tal que siento que voy a echar a correr o que me voy a azotar contra las paredes. y venía yo a preparar… lo que . ¿qué hago?. o quemarme con la lumbre.da miedo tirar las cosas. un vacío. y es una soledad. ya a esa hora le daba hambre. rezo un rosario. los trastos. todo se llena de sombra y tengo que estar inmóvil. … en el día veo la luz y más o menos me oriento. y tengo que estar inmóvil. y rezo otro rosario. y sí. no la veo. pero ya anocheciendo y con estos foquitos que a cada rato se funden sólo veo sombra. espero de un momento a otro oír sus pasos. a esa hora siempre le daba hambre.

las abandona. en un temor. que tiembla. a veces había un pedazo de carne o algo de mediodía… Piensa. la leche. manos . se pasa sus manos — grandes. pero no mucho tiempo: manos nunca estáticas. no encuentran la charola del pan. y en su condición humana. que no tiembla nunca. luego las pone sobre la mesa. en su fe. que considera lo que no es dolor cosa ajena o inalcanzable. suavísimas— por la frente. el café. las deja. atropellan la cafetera. manos que sobre la mesa buscan moronas.hubiera. en una desesperanza. rasposas. siempre atareadas antaño y hoy siempre metidas en una oración. que flaquea. piensa.

de propósito. A veces. porque cuando al fin parecen quietas. de minuto a minuto. de hora en hora. se mueven casi imperceptiblemente.que se rinden y no se rinden. cortaban y . del templo. todo lo que les falta. su padre. de noche. no le pregunto cómo ha estado. su hermano Domingo y lo que ella hacía en Semana Santa en Metztitlán. Hablamos de esto y lo otro. de los hijos de mis hermanos. cuando al fin caen en el regazo. como si quisieran asir lo que les falta. Y eso es de día. de su vida. cómo desde meses antes ella y su hermana Lita diseñaban. me cuenta de mis hermanos. cómo se ha sentido.

y el sábado se abría la gloria y comían nieve. de pulmonía. ellas eran de las más principales y los muchachos de buena condición se disputaban el derecho de convidarles la nieve. la nieve era llevada desde Pachuca. —¿Te imaginas a los pobres burros. y los burros invariablemente morían llegando. compraba y . de noche. cómo el miércoles santo en la noche dejaban de trabajar y se preparaban para los días de duelo. por la sierra toda la noche.cosían vestidos para las señoras de allí —siendo ellas dos personas principales —. con aquellos enormes trozos de hielo? Su padre sembraba las más grandes porciones de tierra de allá.

tenía caballos. lo aprendí bien. de ojos azules. que recuerdas perfectamente.vendía vinos europeos. cuando estuve con Mingo. y cuánto me sirvió en el tiempo que estuvimos tan pobres. no había caminos entonces. se soñaba estudiando. enciendo un . que tú ya viste. ya ves. meses. aceite y cosas. hacía versos. Ella era rubia. y me seguía a todas partes… qué años hace… Doy un sorbo de café. Sonríe y dice: —Tenía yo una chivita. iba hasta Tampico y regresaba. una chivita tenía yo. —Pero en el pueblo ¿qué se podía estudiar? Lo poco que aprendí en Pachuca. blanca.

con todo su pobre cuerpo. como si no dependieran de ella. como si una ansiedad a todas horas insomne los empujara sin concierto. Sus dedos se mueven apenas. y. torpemente.cigarro. más que nada. que le tapan por completo los ojos. así suspira. parece que palpan la textura del aire. con sus párpados enormes. sino toscamente. sus ojos parecen mirar las manos sobre la mesa. como de paso: —Y cómo has estado… No me contesta inmediatamente. suspira. y dice en voz baja: —Pues… tu papá… que no dejo de . pero no como uno imagina que suspira una mujer atribulada. Entonces le pregunto.

Le pasaba los libros para que los limpiara con un trapo. Vino. ni un segundo…. Su mayor gusto fue levantarse para darme un montón de revistas que pesaban mucho y que yo acomodaba en la parte más alta de los libreros. Frotaba los libros llenándolos de polvo. luego los buscaba ella misma en las cajas y los agrupaba por tamaños sobre sus rodillas. —Ahora ya descansa —repetía—. a los que ya no puedo ver. y ustedes.verlo ni un segundo. Se sentó en mi sillón de escribir. . Sus manos se movían con lenta ligereza que ella imaginaba eficaz. Ayer acomodé los libros en el cuarto que me ha prestado mi hermano.

claro. y era claridad de la penumbra su frente. Reanudábamos la tarea. le bastaba ayer. Ella estaba justo abajo del tragaluz. la víctima de un mundo díscolo y chato que acabará rindiéndosele. . Yo la veía. le ha bastado saber que así será. sus párpados cerrados. Llegó mi hermano y comimos juntos. Me sentaba a fumar un cigarro. el sabio. durante treinta y nueve años. etcétera. apacible porque limpiaba los libros de su hijo: el admirable. el genio. sus manos. el de alma tan grande. Volvimos a trabajar.ahora ya descansa. Comió mejor que cualquier día desde que murió mi padre. pero hasta ahora. ella no verá ya esto.

mansísima claridad. .

Mi memoria ha perdido su insistencia. furioso y solitario por fuera. un atisbo constante hacia mi despertar. creo.Septiembre 22 Días de escritura y un poco de mundo. Y el rostro amado se ha desleído en mi memoria. siento. . voces. zarandeo. conflictos. sí. mi conciencia. Mundo. Voy a su encuentro. Un poco de mundo caótico por dentro. porque es. lacrimoso. no. casas. sonriente. angustiado. quiero verlo más claramente que nunca. podrido por dentro. y estentóreo. pienso. basta. Y no. calles.

un tapanco alto que no se usaba para nada. Ese tapanco lo había mandado construir mi papá… no me acuerdo ahora para qué. Notas Había allá un tapanco —me cuenta mi madre—. no todos los días… . a nadie se le ocurría asomarse. como allá lo que sobraba era madera… ¡Cómo me encantaba encerrarme allí a comer naranjas! Las llevaba en un saquito de lona…. un día de éstos me he de acordar… y no era una buhardilla.Octubre/noviembre. y como para subir la escalera estaba muy empinada. era un cuarto en toda forma. trebejos si tenía. a veces. Tenía trebejos.

por magia de las palabras. En cualquier tiempo pasado brillaba el sol. Desde el día siguiente al nueve de junio le dio por hacer recuerdos. es presente otra vez. Cualquier tiempo pasado. la noche sin esperanza de claridad. las cosas tenían sus nombres y sus lugares. detrás. insomnio que distorsiona como locura la vida. en el tiempo pasado. El ahora no existe. duermevela sin amanecer. es pesadilla. uno podía orientarse. Se le oyen como afanoso asirse a cuanto niegue la orfandad actual. y si las siluetas del desvarío amenazan eternizarse. y decir: «Había allá un . está la vida. Y si adelante del insomnio sólo hay ventanas oscuras.

que la buscan.tapanco. tipludos. sorber las deliciosas naranjas amarillas aquí y ahora mientras el polvo juega en los haces de luz que por las junturas de los tablones se incrustan en la penumbra del tapanco. es estar oyendo el plácido rumor de Metztitlán: animales de labranza. pájaros. de paso frente a la puerta que da al camino. es oír las voces de su madre y sus hermanos. —Cuando llegaban las crecientes . saludos indios. campana de bronce y oro. es morder. llorones. yo me subía a comer naranjas…» es estar de nuevo en el tapanco aquel. en meses de calor. cigarras sin cesar hasta que se apaga el sol. álamos.

que alimentarlos. mucho lo quise… diez años lo esperé. no uno ni dos. y era un trabajazo a todas horas: que atenderlos. a ver a mi papá. que medio curarlos. diez años… pasaba un año y me decía. qué habían de aguantar. lo poco que podíamos curarlos… —Tuve un novio. de paja. y lo quise mucho. ni el puente de fierro resistía. tú verás. con los primeros aguaceros llegaban corriendo al pueblo. sus casitas de lodo.Metztitlán se llenaba de gentes de todas partes… Los pobres indios. me decía a mí misma . que era el único que se apuraba por ellos. y aquella corriente endemoniada que arrastraba el puente de Venados. imagínate.

mucho después. ni quería yo que hubiera más… Cuando tuvimos que separarnos porque él no tenía trabajo. él llegaba los sábados.¿entiendes?: no. mi obligación es esperar. Luego fuimos a Zimapán. puede volver. qué tal si vuelve… y lo esperaba otro año… así diez años lo esperé. Yo era feliz porque teníamos una casa. que se bañaba todavía oscuro. se quedó en Pachuca. después de comer íbamos a ver «el . no creas que luego luego. y ya no hubo más para mí en el mundo. allí estaba la poza de agua helada. Ay Dios. ni esperanzas de que saliera el sol y él ya se estaba bañando. qué largos días entonces. Más tarde conocí a tu papá. No volvió.

Hablando los demás sobre . todo México estaba de fiesta. recién llegados. la almendra de aquellos días era pura felicidad. estar con él era lo que yo pedía… Después. enfermedades o desacuerdos. con su familia. Eso dice. verlos a ustedes era mi mayor placer… En cualquier tiempo pasado es feliz. el tiempo de veras.sabino». Y es incesante su repaso. es feliz. sería algún aniversario. Cuando vivimos en Tacubaya. no recuerdo qué se celebraba. él y yo salimos a caminar unas calles. porque no son más que la piel de los días. caminamos unas calles y regresamos: yo no pedía más. Aun cuando aparentemente haya ahí penurias.

cualquier asunto. de Metztitlán va a Tulancingo. de allí a una gata pinta que ya nadie recordaba. cuando . —Ya estaba acabando. de Tulancingo a Veracruz. que les quiero contar. su viaje de bodas. ella sale de pronto con que: —Esa vez fuimos a la ópera. pero yo desde temprano me apuré para estar lista a tiempo… —¿Qué? Cuál ópera. mamá. qué le iba a gustar. A él no le gustaba la ópera. cuándo. y de la gata pinta a la Revolución de 1910. qué pasa… —Una vez. espérense … De la ópera regresa a Metztitlán.

grito y grito.) Y al día siguiente se fue. ni quien hablara de guerra… Había creciente y en eso sí pensábamos. capitanes. no salgan». (Nos fue a decir que porque nos quería proteger. no más. la vega estaba llena de agua… Pues Chico Chávez dijo: «Mañana va a haber tiros. echó unas carreras por la orilla del río. y los otros.menos no se sabía nada. subieron disparando sus pistolas. ¡y ya!. galoparon en la plaza un rato. ¡que ya habían tomado la plaza a nombre de la Revolución! Él dijo que era coronel. con otros tres ociosos. ¡Y Ave María. se pusieron como basiliscos: a pelear por los grados: nadie quería ser capitán!… —Y qué… .

Anduvo de coronel unos días. pero nadie le hizo caso. La sonrisa poco a poco se le borra. Los demás andaban ocupados con la creciente… ni quien se acordara… y… a él mismo se le olvidó… Ella misma sonríe. —Pues nada. se endereza. se alisa los cabellos. sus tenues dedos empiezan a trenzar y trenzar los hilos de la pena. pero entreabre los párpados. la aridez se le recarga en la cara. eso fue todo. Sus peones creo que sí le dijeron «coronel». y vuelve a asirse de la vida: —Ese Chico Chávez. ya les he dicho que tenía una hija… El recuerdo le desata la lengua y le .

Creo que descubrí algo. la hace más y más ciega. Estoy leyendo a Bernanos. —¿Ajá? —¿Te acuerdas de los ojos al final? ¿Pudiste verlos? Que se hicieron tiernos. De unos recuerdos a otros. Todo su cuerpo. y se azularon… Ella espera. me pregunta: —¿Has seguido escribiendo? —Sí —contesto—. por las piezas de la casa. es pura atención. muy muy tiernos.da lucidez. como ya dije. . la vacía. creo que descubrí algo importante. El tiempo actual la embota. de pronto. la zarandea.

en voz baja porque no quiere perder ni un milímetro de la concentración que la inmoviliza. —Bueno. regalo de Dios a la naturaleza humana. qué hace. de los ojos de algunos moribundos. La cercanía de la Gracia y aun la . Bernanos (le digo quién es Bernanos. que hace perder la inocencia. Luego aparece el pecado. La inocencia es un estado de Gracia natural. qué escribe) habla del regreso a la infancia. Le digo que la inocencia es lo primero en la vida del hombre. que vuelven a ser los ojos de la infancia… La inocencia recobrada ¿me entiendes? Acuérdate: «Sólo el que se haga como uno de éstos entrará en el reino de los cielos». Dice que sí.

por encima del mero accidente en que se convierte la muerte. como muerte. y de aquí la muerte. Pero al dolor puede llegar la Gracia: y de la mezcla. brota el arrepentimiento. la Gracia . hasta la vida eterna. muerte sin nada más que muerte. sale el dolor. A lo largo de esta vía el dolor sí es mal. El arrepentimiento. es decir. sosegándose. enfermedad del espíritu. afilándose. Del pecado. es la expresión o la forma del mal. atrae la inocencia. dolor y Gracia. y de aquí la sentencia adversa según el tamaño del pecado. El dolor entonces se transforma en un trampolín para saltar. como cosa definitiva. y de éste la destrucción del cuerpo.posibilidad de que renazca.

primera que desemboca naturalmente en
la bienaventuranza. Bien. Hay un
momento en que el hombre vuelve a ser
el niño que fue una vez; en que se hace,
definitivamente y en el umbral mismo de
lo eterno, como exige Jesucristo:
absolutamente inocente. Hay quienes
nunca pierden la inocencia del
comienzo: la conservan durante toda su
vida, sin que les falte ni un solo día. Hay
quienes nunca la recobran. Y hay otros,
que la reencuentran justo en los
momentos que anteceden a la muerte.
—¿Te acuerdas de esos ojos?
No se mueve. No me contesta.
—Dice otro escritor —continúo—
que la infancia es una fuente de pureza a

la que todo hombre tiene que volver,
para salvarse; que está ahí,
generosamente inmóvil, esperando el
regreso del pecador. ¿Te acuerdas de
sus ojos? ¿Pudiste verlos?
Espera un poco para darme a
entender que no se acuerda, ni pudo
verlos suficientemente. También me da a
entender que eso no importa porque cree
en lo que le digo; puede verlos ahora,
son como dije que eran y encierran la
explicación que acabo de darle.
La tarde es alta y transparente. El
rostro de mi madre está lleno de
mansedumbre. Los niños corren, gritan,
derriban muebles, pelean, lloran, ríen.
—¡Cuidado —exclama mi madre

constantemente—, cuidado! ¡Te vas a
caer! ¡No peleen! ¡Cuidado, te resbalas!
¡Niño! ¡Muchachita, no corras, ven acá!
—Déjalos, mamá —me impaciento
—, déjalos, no les pasa nada, no te
necesitan, déjalos.
—Sí.
Dice ella, nada más dice, y se
aquieta. Pasa botando una criatura,
rugiendo. Se endereza mi madre, se abre
los párpados:
—Quién fue. ¿Se cayó?
Después de muchos minutos me
pregunta:
—¿Qué horas son?
—Son las seis y media, ya está
oscureciendo.

Y luego, como si soñara, como si
pensara cada palabra mientras las va
juntando, dice:
—Así ha de ser, y así está bien.
Como ya no podemos entrar en el cielo
por la inocencia, entraremos por el
arrepentimiento… Sí… Y lo que espanta
es el dolor, el que a uno le vaya a tocar,
y el que a uno no le vaya a tocar…
porque sólo por el dolor… ¿Qué horas
dijiste? ¿Las seis y media? ¡Ave María,
ya es hora de que merienden estos niños!

Octubre/noviembre. Notas

También: el cuerpo que el alma deja: el
cuerpo súbitamente huérfano y su rápida
desfiguración.
A pesar del derrumbe que sufre la
carne, derrumbe moroso y feroz; a pesar
de los calambres, torceduras, espasmos,
muecas, rictus, manchas, dislocaciones,
llagas, durezas y reblandecimientos,
hedores y ruidos y microbios que la
pueblan y tajan, unos tras otros o
amontonándose todos a la vez voraces y
como endemoniados, convirtiendo el
oculto espacio de las vísceras y venas
en explosión furibunda de errores y
calamidades, en reguero de tumores y

pus; a pesar de los ilíacos como alas,
los hombros de niño, las orejas
murciélagas, la frente sin forma, las uñas
negras, los rugidos autónomos, la
conciencia flotando en una masa gaseosa
y envenenada, el cuerpo es el cuerpo,
habitación del espíritu. Y este
lamentable desecho sobre la cama es mi
padre.
Hasta un momento antes de morir un
hombre late bajo la luz de los focos, su
ropa húmeda aún, tibia, rodeado de su
gente.
De pronto, el espíritu se va del
cuerpo. El cuerpo queda solo; inmóvil,
como conviene a la materia. Y se
transforma, de un solo tajo final, en una

Durante algunos minutos mi padre fue mucho menos de lo que era cuando vivía. tal vez amarfilado. Fui a llorar con mis hermanas. Acabando de morir. era tan horrible que resultaba casi cómico. El cielo era blanco.mera organización de huesos. cuevas. su cuerpo. buscándole acomodo. víctima de atroz mudanza. y . Un rictus repentino lo desfiguró tanto que pensé en las brujas de mi infancia. se redujo hasta ser una impertinencia pesadísima. Le cerraron apresuradamente la boca. que movimos para acá y para allá por la cama. Después estuve junto a la higuera. carne que se pudre aprisa: la herencia del pecado. pelos.

Era tímida aún. Una gran belleza iba a envolverlo. futura. Regresé. a Dios debida. Las siluetas de los cedros estaban intensamente negras.como de una sola pieza. Una belleza serena empezaba a trabajar el rostro de mi padre. original. pero iba haciéndose franca. . El cuerpo resucitará para alabanza de Dios. Ya hablé de la emoción de esa belleza: era última.

muerto. señor. los vientos que pegaron de lleno en aquellos hermosos rostros que eran la vida: todo está muerto. Oh sobreviviente triste señalado por hombres cuyas maneras no encierran . Cuanto es amado está allá atrás. Vida recóndita. Los cuerpos y sus andares: andares de hombres. las risas. el denso brillo de los ojos. las musicales voces. Vida acabada. forma una vaga composición de sombras. oh ritmo que sólo entonces existió.Octubre/noviembre. andares de mujeres de veras. Notas Vida del pasado. lejos.

la gris evanescencia de los sueños. bailes de cacerolas. El mundo era enérgico y ondulante.encanto ninguno. La vida es repasar lo que era la vida. y adentro. que tienen. tierras y cielos como de nocturno plomo. aldeas. si mucho tienen. rigideces de títeres. era un hondo coro ensordecedor. donde cohetes sin . Y sólo quedan del mundo. a ratos incomparablemente bello. Harán un futuro en el que él no tendrá ni podría tener sitio. La vida es ahora de estos hombres vacuos y estridentes. luminoso. andar y desandar sin resignación calles. paisajes. afuera. ya han hecho un presente del que él no participa.

dentro de sus ojos. polvo. Y sin embargo no están. frases. van y vienen. pueden verse y hay momentos en que pueden tentarse. voces de aquel antiguo coro. las mujeres que amó están cantando.fuerza. Los hombres que amó están aquí. explotan y punzan como migajas de luz el aire que ya no puede respirarse. las soleadas cuestas tiemblan de reverberos y sus piedras suenan como tranquilo metal bajo patas de caballos muy queridos. Aquí están. enfrente. ojos adentro. saludos acampanados al amanecer. porque están apenas idiotamente eternizados en la dolorosa memoria. agua. repiten con inutilidad gestos. y fijos. formas que sólo vivieron .

El periódico resbala de sus rodillas. . Rodeado de sombras se adormece poco a poco. Y este sol ya sólo es luz para leer encabezados políticos. El sol de la terraza lo entibia. hora propicia contra el reuma de la espalda.una vez hace mucho tiempo.

sale. ademanea. un vidrio roto — pasean de rincón a rincón. un alfiler en el intersticio de las duelas. una sorpresa precisa en el ceño fruncido. Así varias veces en el curso del día. Entra corriendo. se para en puntas de pies para asomarse a las almohadas. Notas Rosalía entra en la pieza. . una mancha de aceite. muy enrevesada e incomprensible su media-lengua.Octubre/noviembre. Sus miradas —escándalo de descubrir una hormiga. Se acerca a la cama. Sale de la pieza señalándola. algo parecido a indignación.

Cecilia. y en la mañana habla de él. Hay. sueña. Esto lo revive tanto como algunas músicas.Rosalía y los otros niños. un poder hacer lo que les da la gana. por el zaguán. una noche. algunas . no sé qué mansedumbre. no sé qué blandura o fatiga en los ojos. se detienen como para palpar un silencio excesivo. a veces. por el patio de atrás. sin la voz que retumbaba por el corredor. en las mejillas de los niños. aunque parezca increíble.

en cada uno de los espacios de la casa. o la guitarra. y tanto. Qué repentino vacío no verlo aparecer en el umbral de su recámara. lo que nos sorprende es no verlo. o Renata Tebaldi o Mozart. él está en la casa. lugares o quehaceres que le eran queridos qué fácilmente se oyen sus pasos y su voz. Camino de su casa. y cuando llegamos sigue en la casa. que son como ella misma. «Qué lejos estoy del suelo donde he nacido».canciones. a los que detestaba cordialmente. Y en horas. Muebles. por ejemplo. paredes y vidrios guardan la firme huella de su persona. Su .

frase por frase. es como disonancia o rotura en el orden de las cosas de este mundo. por mucho que espere uno. —Ya lo sabía —dijo mi madre—. Fui al cementerio. Me acarició los cabellos. y volví a mirar su agonía. lo vi morir otra vez y no pude dejar de verlo. Fue vivir de nuevo lo que he escrito. miré la tumba.reclinatorio en el templo. la primera vez es así. siempre. se arrodilló. entera su agonía. y oí cuanto se dijo durante la agonía. Después fue tentando el pasto. . ocupado por algún desconocido. gesto a gesto.

se hunde o se eleva tanto — su pálida frente cercada por el velo negro. Se arrodilla. Y se aísla de tal manera. Grandes nubes blancas. La ciudad. inmensamente. Hay momentos en que creo sentir su comunicación. La acompaño hasta la banca. lejos. Era el comienzo de la tarde. y luego buscó el nombre en la cruz. de regreso del comulgatorio.las yerbas. abajo. metió las manos en el agua de los botes. Viento. reverberaba minuciosa. Mi madre recibe la Comunión. para ver qué tanta agua tenían. sus párpados cerrados— que parece que no respira. el .

. los trabajos de los días. se sumerge en ella. sale de ella como pulcritud que ordena las cosas de mi alma. hondísimo.diálogo que sostiene. natural. Una especie de frescura flota a su alrededor.

Espérame tú. mis orejas están calientes y mi boca ensalivada de proyectos. del viernes nueve de junio a la eternidad. todos los viernes. alimentándome de . Nada: porque he andado de arriba abajo devorando basura. Nada en mi corazón.Viernes. ¿Debo censurarme? ¿Debo pedir perdón? Nada: la culpa es mía. Nada en mi alma. el mayor de los cuales no bastaría para llenar una línea. Es viernes a las siete treinta de la noche. Nada en mi pensamiento ni en mis manos. Espérame. noviembre de 1962 Es viernes. Como si nada hubiera pasado o pasara los viernes. padre.

ya no veo los cedros de los Ramo. yo sí diluido. Pero no. una trabazón de lengua y dientes que no dijo cosa que pudiéramos entender. padre. cielo lejanísimo o tan cercano que los . ya no bajo la escalera del patio posterior. tu amanecer se ha vuelto solitario. Mía es la culpa de que no haya nada. «los niños…» y luego un tartajeo lodoso. diluyéndome yo.aire igual que las iguanas según se dice. Diluyéndote tú. ya no lo camino. de que haya nada y en esta nada se haya venido diluyendo tu rostro. tu muerte. tu amanecer. negros cedros en el cielo del patio posterior. tu agonía. vacío de ti y tú vacío de mí. cuando viste a los niños. tu noche santa. alimentándome de nada.

huérfanos de tu vida. no hizo este cielo. compacto. el portalillo de lámina y el cielo de este patio. de ti. como mar blanco y descaradamente vuelto de espalda a nosotros. claro. una puerta larga y amarilla. éramos nosotros. sin rendijas. el cielo de este patio y este patio: una pared alta y rosada. dos ventanas. y no. no estaba de espaldas. pero como si lo hubiera hecho o como si hubiera permitido a este cielo estar aquí para nosotros. era la tristeza de tu muerte. macizo. el hombre que hizo la casa y el patio. como sábana o mortaja blanca-amarillenta-gris o mar de nubes o nube sin orillas. el lavadero. de tu amanecer. la .cedros parecen untados a él.

platones rebosantes de higos. la higuera. tu amanecer. sombrías de cielo blanco. rasgado de estrías de . ¿dónde está tu cielo?. sobre el mantel de un mediodía que no pasará?. ¿te acuerdas?.escalera de piedra y la higuera. hijos de heridas. y enfermo yo?. las vi al amanecer. secas garras de la higuera. ¿dónde estás tú. tu higuera. padre de cielo encalado. ¿dónde está tu amanecer?. heridos hijos tuyos. enfermo que ahora yo contemplo. ¿dónde estás tú. temblonas de aire. higos que sembraste. frías. ¿te acuerdas de las gotas de miel en las heridas de los higos. tus manos. mis imborrables manos adolescentes entre los higos de la higuera.

pasos gratos al fin para mis ojos y para mis orejas. la tierra . de adobes junto a los que jugó la infancia. congoja. padre de cedros. muerto apenas?. sacudida que no cesará. ¿dónde estás. si este cielo es tuyo ¿cómo es que no estás aquí? Ya cuanto veo es tu ausencia. de súbito vaivén de cedros que aire da a tu amanecer. de voz que resuena en el corredor entre el martillo y los serrotes que no consigo perdonar?.lluvia. pues. Ya no eres tú tu higuera ni tu fachada ni tu patio ni tu corredor ni tu cielo ni tu amanecer que eres tú como nunca lo fuiste. y ya el corredor. tú. padre de pasos temibles. padre de pan. padre de higuera. del pan. de aire cruz que me diste.

Ya cuanto veo es tu ausencia y tu presencia. sábado apenas. que tú estás en la casa. serán tú enteramente.de la higuera. que no importa que todo esto alguna vez sea derruido porque ya todo esto eres tú. oh congoja. sábado nueve de junio. y tú invisible. aquí. y tanto. que la casa está sola. nuestras orejas y nuestras narices notarán. Ya no es viernes: ya estás aquí para siempre. . y nuestros ojos. en la casa con cada uno de sus rincones y esquinas. que no estás. y lejos de aquí tu cuerpo. advertirán. Es el amanecer del sábado. la pileta y la fuente que fue demolida para alzar la terraza son tú. oh congoja. ya no estás aquí para siempre. sabrán que estás. tú. para siempre.

Y quedó tu cuerpo solo. me ha hecho ver una idea. padre. leo a Bernanos. apenas. de ser palabras. de estar vacío. Busco una cosa. y el mundo y la eternidad han cambiado. don Ricardo. volver a ver una .apenas ya no es viernes. un poco antes de que encontraras a los niños. La eternidad: desde la rendija por la que te espiamos. cuando ibas precipitado hacia la muerte. acabas de ser ungido. Perdóname. hacia los niños. a mí perdóname tú. espérame. Se ha dicho de ti: «Ya está bien. mi gran señor. Tú. No es más el viernes. que abandone ese cuerpo». son otra cosa ya: tú estás en todo el mundo y eres porción amada de la eternidad.

razonable por iracunda. don Ricardo Garibay. porque no soy como tú. Ricardo Garibay Zendejas.imagen. espérame. ciega. mi señor. o como dice la cruz de hormigón de tu sepulcro. tu mujer. Esos ojos. mi . Yo creo que tienes que volver a tenerme aquella iracunda y razonable paciencia. el nombre de mi padre. ésos de unos momentos antes de que mi hermana me preguntara desde el corredor: «¿Cómo está?». ayúdame a dibujarlos porque en ellos estaban los niños. toda chal y luto. tienta letra a letra cuando va al cementerio. nombre que mi madre. Tus ojos. mi madre. mi padre. Bernanos me hizo verlos. ¿te acuerdas?. empequeñecida.

mujer. clarines de sol. rozando casi. dices. Creo que debes volver a aquella paciencia que dije que me tenías. . tu nombre. viento en la loma. noviembre y manos de puro amor tentando. dijiste. letra a letra. nubes.

hacia los ojos agrandándose de pronto. por la sequedad. por el enrojecimiento de los insomnios. lento. a que fueron sometidos los ojos. Los ojos desde la agrura. por la locura de los dolores. haciéndose tenues y enormes (y el hueso . torturado. para poder trabajar al mismo tiempo con un mínimo de comodidad—. brevísimo tal vez. por la ceñuda mirada del misántropo.10 de diciembre Un capítulo. por los párpados. tendrá que hablar del proceso largo. ahondándose. por el achicamiento y lagañosidad que trajeron las enfermedades —que se atropellaban para hacerse sitio.

cobarde. y hacia los ojos. al vacío. de hastío. y tanta fuerza grisácea lo aplastaba. al todo. llenos de polvo. lo agarraba una tan poderosa garra gris.de la nariz). gris él y grises los ojos. grises. que gris se ponía la pieza. y los ojos de la . los ojos inmensos prendidos a la nada. en los colapsos. al negro mar o a la muerte que es ¿qué?. el latón dorado y la calle y las lejanías de un campo de labor que en ese momento era anhelo desesperado. casi muertos. como leños secos sin fuego). y fantasía pesarosa: luego los tres o dos últimos días (y antes los ojos de las lamentaciones: «Me paso aquí el día esperando la noche y la noche esperando el día»: eran ojos viejos.

de umbral de eternidad. y que estaban igual cuando regresamos de la cocina. mi hermana y yo fuimos a la cocina. su fijeza de días había desembocado en lagos de espanto y espera. y cómo estaban en la noche hacia la lámpara. de regreso al comienzo de la vida. de inocencia adolorida. remotísimo. cómo estaban hacia la ventana. los demás se durmieron. los ojos .noche del viernes. aguazul. más irremediables. de sufrimiento hondísimo. desde la tarde. concavidades en las que se vaciaban inmóviles lagos amarillentos cada hora más anchos. y en unos cuantos segundos los ojos del agua tristísima. y que dejamos de verlos. espera desorbitada.

pateando el blanco pedrizal del cauce seco. el colapso negruzco. la rendija sin luz. de pura materia compacta. veo. aludes de piedras sobre piedras. alud. mi hermano buscándole las venas en el cuello. la rendija.niños. pero recuerdo. que se dejaba venir tamboreando. y las pantorrillas . brusca piedra de la muerte indudable tamboreando. los ojos de los pecados todos. la piedra. siento. los niños. balanceándose a dos metros del suelo porque el niño se columpia de una rama. sentiré vivir para siempre en los ojos azulagua las botitas rotas brincando entre la yerba. no. sucio. la tremenda. y vuelto hacia arriba. la rendija. contra piedras en un silencio total.

el de la risa en las ramazones del capulín y el de los ojos. ese niño que fue olvidado y surgió en el último momento del espíritu en la tierra. los calcetines apelotonados y lodosos.pringosas. ya seguramente. tangentes de gracia sus pies sobre la tierra que esperaba a mi padre. del espíritu de mi padre reencontrado por ese niño. . cuando los ojos de mi padre fueron los ojos de su salvación. el sol tostado de las mejillas. reencontrando a ese niño que era mi padre y a la tierra que ese niño rozó. aguadeoro entonces. de ese niño que vio la vida y no adivinó-adivinó los dolores de la vida en cuyo principio y fin él estaba jugando.

alba pura o despertar que halló de nuevo a mi padre para hacerlo para siempre el niño. que mi padre halló de nuevo. «los niños…» dijo el agonizante que estaba siendo niño y «sólo el que se haga como uno de éstos —y señaló a los niños— entrará en el reino de los cielos». que existió en el principio de mi padre.de su alba pura. que mi padre olvidó. .

trazando sin tregua el arabesco de mis pasos aquí en la superficie. es. en sus días dolorosos. es. es. en su tumba. Y poco a poco yo vengo estando aquí abajo. en sus momentos que sobre sí mismos dan vuelta eternamente. la ilimitada vastedad suavísima de su alegría que es. Dice el analista: «Cuando atrapas otra vez la rivalidad con tu padre. en su agonía.9 de enero de 1963 Poco a poco él va estando allí. Poco a poco se aparece a mi sapo corazón su beatitud. en la costra de la vida. modelados con precisión. te . en el sol de aquel domingo. perfectos.

Empiezo a ver que hizo. Pero también es cierto que un día. Nada faltó en los últimos veinte años de su vida. su muerte. aliviado yo de este fabricar fantasmas. con lo que sea. curado. yo lo vi.paralizas. volveré a paralizarme. terrible semana de visiones de hondura. con un mar de paciencia y genio. dejas de escribir». el trabajo incomparable de mi padre? Él esculpió intensamente. Porque ¿qué hacer ante la obra maestra de la muerte?. con cuanto tenga a mano. Cierto. de . un trabajo perfecto. años y meses de reciedumbre tal que sólo se agrietaron durante la última semana. despacio. sin ruido. en los últimos seis meses. ¿cómo pretenderé igualar.

que le llevó la mano hasta los pliegues más recónditos de la escultura de su muerte. cada uno esculpido del modo más excelente. Nada faltó a su noche.dudas. ni a su agonía de tres mil trescientos segundos. invisible. de rebeldía. alguna vez. inaudible. aquella noche. muy alejado de aquí. de agobiada resignación. Nada faltó a su tránsito. Su tránsito fue impalpable. muerte que debe ser considerada entre las de mucha perfección: ¿recuerdas su rostro ceñido por el sudario? Puede ser que algún otro hombre. perteneció ya a su Señor. en algún lugar del mundo. siendo ese . aquella noche para él solo entera. aquella noche. eterna ahora. de espanto.

un rostro como el de mi padre. .hombre hombre natural. ceñido el rostro de ese hombre por el sudario. preste su humildísima mano para que el Señor consiga. mar. Oh mar. rostro de todos los hombres. mi padre.

mis hermanas. pañuelos y calcetines y una carpetilla para hojas intercambiables. Oiremos música. Mi madre me regaló un cojín para mi silla de escritorio. resultaba demasiado triste. si . Él no estará con nosotros.18 de enero de 1963 Cumplo cuarenta años. como estuvo los últimos años. mi hermano me dio una botella de vino. todos. Aun ahora. Cenaremos con ella. y mis hijos dos cortes de casimir. No nos era grato tenerlo de testigo. no estará cenando casi ausente. demasiado esencial para nuestra gana de pasar el rato. lo digo sabiendo que no estará. Mi padre está muerto.

lo miraba. Un millón de ojos desaparecidos lo miraban. solo entre los ruidos del mundo. Vida acumulándose sin cesar. Descansábamos cuando. oscuro e insomne entre nuestras carcajadas. Ochenta años lo miraban atentamente. vinos y humos. de pronto. Nos irritaba. un millón de . fue a acostarse». venteando la infinitud —y él la venteaba día a día. y era como dolor entero de ser humano—.fuera a estar me molestaría imaginar su rostro alargado de pena. decía mi madre. ya no estaba a la mesa y «se siente muy cansado. casi un fantasma de seriedad y tristeza en el centro de risas. Así era. un día tras otro durante ochenta años.

De modo intermitente sabremos que está con nosotros cenando porque cumplo cuarenta años. cansancio. galopares. sonreirá con plena alegría porque tendrá lo bueno de veras de la cena. veía que no eran más que carga abrumadora. la oración como golpe de reloj entre los dientes. vidas. risas. la pena en los ojos. lo verá. y se tendía hacia la infinitud: la amargura en los labios. No estará en la cena. Y si lo contrario sucediera sería como si no estuviera. Como nunca antes hoy . agonías.muertes. gozará la música que no gozaba. tristezas. Por eso sí estará. sólo eso verá. despedidas y encuentros. Y él veía fugaces e incesantes ochenta años de vida.

¿por qué . el riguroso espacio de su casa? ¿Cómo podría ser que no estuviera en su casa? Pocos hombres han sido tanto el espacio cerrado que construyeron para vivir. También es posible que se les permita asomarse no por eso. Porque ¿no adviertes que es su comedor. cuando un hijo cumple cuarenta años y no ha hecho nada aún y es preciso hacerle sentir que se le está viendo para que corrija el rumbo. sino para ver a los otros que acudieron a la cena. por ejemplo. sus habitaciones. porque. Y no sé. también es posible que a los bienaventurados se les permita asomarse al mundo a veces.estará presente. su cocina. el que él hizo. de veras.

habría de verme a mí mi padre?. ¿qué he hecho para que me vea? .

Cansancio. Cansancio de los ojos. Cansancio de los pómulos. Cansancio de las corvas. de la lengua y los dientes. Cansancio del día y de la . de mascarlo. más hondo. Cansancio cada segundo más ancho. de oírlo. del ceño y los párpados. Fatiga y queja hasta del aire que entra y sale de los pulmones. Hartura de ver el mundo.18 de enero de 1963 Como que no es posible que exista una noche así de larga. de las cejas. más pesado. de las orejas. así de llena de asfixia y de cansancio. de la articulación de las quijadas. de las ingles y los testículos y de las manos y los pies.

y sólo yacer en su cama. de lo sabido mil veces sobre la vida. ciudades y plegarias parecen en el colmo del cansancio y la paciencia de soportarlo. Cansancio hasta ser toda la noche del mundo una abominable masa de cansancio y desesperanza.oscuridad. hijos. vencido a tal grado que no pueda sino yacer en su cama. que ahora suenan huecas y ellas mismas salen hastiadas de esta boca. sábanas y medicinas. Cansancio de la esperanza. de las palabras sobre Lo Desconocido. Alrededor de este hombre. calles. Cansancio de la desesperanza. Como que no es posible que un hombre. como cosa tirada a un .

las gangrenas. reciba tantos y tan crueles golpes. el duro cartón de las fauces. las úlceras. no compadecidos sino exhaustos. como hombre que es llevado a palos por sus enemigos a lo largo de un túnel que no acaba nunca porque el hombre sucumbe antes de poder ver que ha llegado a la otra boca del túnel y sus enemigos se han marchado. los bloqueos intestinales. las parálisis. Como que no es posible que los cánceres. la estridencia de los pulmones y la lija de los nervios avancen con tan indiferente seguridad. con tan firmes.lado de la vida. ininterrumpidas mordeduras milimétricas por los .

aquí. llegó cuando el hombre ya había muerto y alrededor de su cuerpo se . La nuestra. Era el alba. sabiendo que por sí solo nunca saldrá de esa noche. no parece posible que un hombre acumule dolor hasta ser puro dolor a través de una noche. su alba.caminos todos de un cuerpo indefenso. como tierno plañido. Pero un poco antes los ojos se le llenaron de algo azul. Sí. El hombre estuvo así. porque ella termina en otra igual o de más pavor. que un hombre transite sumido en las tinieblas de una gigantesca noche esponjosa. No. y por un momento pareció de piedra o animal de piedra que algo sañoso y remoto animaba.

lloraba. .

Febrero/marzo Como cuando la amada. y mientras tanto. ella inmóvil. que no hay en ellos exaltación ni nada que parezca júbilo. sus manos se mueven con mucha delicadeza y minucia . es decir. después de muchas penalidades y esperas. sino algo como amor doloroso en el que han desembocado tantas lejanías y privaciones pasadas. y en la actitud de la amada hay una como densa gana ciega de incrustarse en el pecho del amante y no desincrustarse de él jamás. encuentra al amante y se deja caer en sus brazos y acuesta la cara en su pecho y hay en sus ojos y en su boca un abrumado descanso.

mientras el . la loma lugar del sol y el espejear interminable de la ciudad a lo lejos— y sus manos. doloroso. recarga su cara en la cruz —el cielo anchuroso océano de aire y nubes. uno a uno. de las ropas en los hombros del amado que es. Así está largos minutos. Nunca vi amor igual. más lugar de abismación que de entusiasmo. al cabo de la ausencia.palpando cada milímetro de la piel. para el amor de las manos y la boca de la amada. así mi madre se arrodilla y se recarga en la pequeña cruz de hormigón. sus dedos. van acariciando una a una las letras del nombre de mi padre. porque de tan deseado el amado se ha vuelto.

Dentro de poco empezará a . Ya ha pedido las flores y ha dicho: —Estoy continuamente queriendo venir… y aquí estoy. segura. que abre ramos de flores dentro de botes. que se va pisando grava fina de sendero. que vierte agua. como si nada… Y ha dominado. las lágrimas.viento de mil espadas silba y la luz estalla en lápidas innumerables. que cobra quince pesos. Ya ha tentado el pasto y las yerbas intrusas y ha ido arrancándolas. Hay un íntimo diálogo de rumores en el trabajo del jardinero: que remueve tierra. de pie. Ya ha rezado. pudorosa.

Mi madre se levanta. echa a andar con naturalidad. .oscurecer. se alisa.

tal vez el anuncio de la marcha veloz hacia el final. los ojos detrás de un agua temblona y persistente. ocupándole todos sus anhelos. Murió a las cinco de la mañana del sábado (sábado nueve de junio. hace tantos meses menos tantos días conozco . el hueso de la nariz alargándosele. haciéndole nítido el único brillo de la cara.En junio Las cuatro y media de la mañana. días. Quién sabe cuántas horas. llevaba inmóvil. la boca abierta y caída. Y creo que todo empezó un poco antes del oxígeno. que algo alrededor de esos momentos se hizo evidente. matizándole la enfermedad.

no sabemos que ha muerto. y no como si él estuviera muriendo a todas horas. para amar las imágenes de su agonía. para sentir atroces los pecados. En realidad. todos los días. pues. porque cuando salió la luz del sábado él estaba muerto. La única que lo sabe bien. aunque para mi manera de contar su dolor. las que quedaron hechas para temer. a todas horas. sino de vez en cuando. Y son las noches de los viernes.bien la cifra). sino como si a todas horas . para gemir. y nos ahogamos entonces de saberlo. verlo. de verlo. verlo. las cosas ocurrieron a lo largo de la noche del viernes.

acabara de morir para siempre. por una rendija. Después se respaldó. Ella hoy en la mañana. pugnaba por mirar quién sabe qué. de Bach. recostó la nuca en el filo de la silla y fue . o. escuchaba Bist du bei Mir. Un lado de su cara estaba plácido. es mi madre. Se adelantaba en la silla para oír más aún la canción. su esposa. la canción de la esposa. y por un momento. ciega desde esa noche y como insomne detrás de sus grandes párpados cerrados. los iris se asomaron. Pero el otro estaba contraído entre muchísimas arrugas nuevas y vigilante y lacerado y el párpado como roído de quemaduras y exhausto. azules. para decirlo mejor. por ejemplo.

Se lo dije con voz irritada. sus manos. sus manos. sus manos. trenzaron y destrenzaron sus dedos. trenzaron y destrenzaron y destrenzaron algo . Le dije: —Calma. echadas en la falda negra. y sus dedos trenzaron y destrenzaron algo invisible. Ella dijo: —Sí. es decir. en la paz de la falda. Un soplo que no movió sus labios. trenzaron y destrenzaron. sus dedos. Calma. escondiéndose. trenzaron y destrenzaron algo diminuto e invisible. Agachó la cabeza cuanto pudo. trenzaron.palideciendo. Se veía muy breve y fatigada y sumamente vieja. sus manos. sus dedos.

padre. del corredor a las piezas. taciturno y con la oración. una loma .microscópico. pero su tumba. muerto. mi padre que vi agonizar. nosotros no sabemos que él ha muerto. el presentimiento y la hosquedad constantes en los labios?). digo. es un hecho ahora en una loma que divisa la ciudad como pedacería de espejos distante. de las piezas al corredor. cómo es posible hablar de ti. En realidad. si estás aquí ahora vivo como siempre. esperar solo a la muerte. invisible. vivo. pero su tumba (y otra vez: ¿cómo es posible hablar de tu tumba. en la muerte.

no tendrá remedio. una cruz que dice el nombre de mi padre. con aterrorizada claridad. esto no tiene remedio. Te veo morir y morir. una loma que yo no he vuelto a ver. que bajan ahora. esto ya no tiene remedio —cómo lo sabía su esposa oyendo a Bach—. y en una. poco a poco supiste con claridad.de aires que bajan continuos. que donde está estaba esta loma). en la que hay varias tumbas. la ventana. Veo la ventana. y de verdad esto no tiene. las cinco en punto de la mañana de hace tantos meses menos tantos días (tú previste esta loma. Veo que no me ves. la .

lo veo. el primero entre todos tus huesos que supo y por él supimos que las cosas eran de muerte. a la espera de un machetazo mortal. sordo tú ya. al atardecer. al amanecer. en plena noche. en plena noche. a caza del aire esforzadísimo. Veo tu boca abierta al amanecer. que se asomaban a mirarte. Tus ojos. que llegó. hueso lúcido. Veo también tus ojos viendo mucho más allá de las cortinas o del buró o de nuestras caras. Veo el hueso de tu nariz. al atardecer.ventana. tu boca abierta. . la ventana. al amanecer. alto y aguileño y nunca fue aguileño.

a esta hora ya te habías puesto verde y tus ojos ya habían sido igual que vidrios gruesos. tu hijo mayor palpaba tu cuello. tu esposa se aferraba a tu mano derecha . tenía manchas blancas. énfasis terrible de pómulos. sin agua. frente de madera. tu lengua se recargaba pesadamente en los dientes inferiores.Hombre santificado en aquella tu terca hombría silenciosa. arcos y líneas de quijadas y órbitas. tus ojos eran una raya dura. la que estuvo llenándolos durante tantos días antes de que dejaran de ver. en busca de tu sangre. y latías cada cinco minutos. eras ya un rostro de cartón o de cal.

te veía. tus caballos. y que a nosotros más bien nos presiente o nos huele y está segura de que somos. es la perra. cualquier mancha grande es un mueble o una pared o un coche. que otra. porque tú sabes que luego de tu muerte luego empezó a quedarse ciega por completo y hoy no ve más que manchas muy vagas: dice ella que una mancha pequeña es Rosalía. te veía con lo que le quedaba de vista. tu rostro joven. que distingue tu risa entre otras muchas en reuniones de hace cuarenta años.y te veía. por una tos. o por los pasos. un murmullo. y que te oye caminar y hablar y sabe en qué . dice que lo que sí ve bien es tu vida. de que hemos entrado en la casa. más pequeña.

un poco asombrada de esta nitidez: —Juntos. sentada en un brazo del sillón. en cuál escalón de cuál patio de qué pueblo suenan tus espuelas. de modo que veía tus cabellos y tu frente y no te veía la boca. Estábamos alrededor de ti. cuarenta y cuatro.casa y cuándo está sucediendo eso. José de Jesús echado en la cama. Matilde. casi cuarenta y cuatro años juntos… como si estuvieran aquí todos a la vez. entre la madre y . y dice. a tu izquierda y más cerca de la cabecera que tú. Cuarenta y tres… no. qué puerta estás cerrando.

el esposo de Matilde. vigilándote de un segundo a otro. a otro. Te ibas. que allí estaban. a tus pies. Éstos son tus cuatro hijos y tu esposa. sobre la cama. Don Ángel dijo. José de Jesús buscaba tu sangre en las arterias de tu cuello y acariciaba tu cabeza. y Guillermo.Ricardo. a otro. Ricardo sostenía tu mano izquierda y se absorbía en tu rostro. el esposo de Bárbara. la madre estaba en el sillón. que se arrodillaba justo abajo de tu cara. y de pie a los pies de la cama y junto a la puerta tus hermanos Roberto y Josefina. a la noche siguiente: «Se va nuestro amigo y gran señor» —tu cuerpo había quedado . Casi incrustado en ti estaba José Manuel. María Bárbara.

tus hombros eran una lástima y todo tú soledad. tus cejas no eran tus cejas: aquella firme sombra de hombría para mirar el infortunio. que tú ya no eras tú. . tu boca no era tu boca curvada. Vimos cómo la agonía apagó tu piel.delgadísimo. Pero esto fue cuando ya no estabas aquí. de sensualidad secreta aun para ti y contenida por las penalidades. cercado con precisión por el sudario. era un alto relieve de ocho siglos labrado perfectamente—. Don Ángel no vio cómo se iba su gran señor. y tanto y con tanta saña se te recargó la agonía. te embadurnó con tiza y te hizo estallar de huesos. sequía. y el rostro de tu cuerpo. Nosotros sí vimos.

más incontenible. nos parecía imposible. tú. Te ibas. Lo estábamos viendo y nos parecía imposible. saltábamos de unas a otras. gigantesco y apacible. Cada momento era más vivo que el anterior. digo. Nos angustiaba. que parecías inmortal. necesario. incontrastable. Sólo ella sabía que era asunto natural. más irreal. Imaginábamos al Ángel del Señor. Sólo ella no lloraba. arrastrabas segundos casi inmortales ya. cumplías con el deber de morirte.blancor agrietado de desierto. nos demolía —no sé por qué— el afán de sorprender. de asir el momento preciso . mezclábamos y confundíamos oraciones. Rezábamos. abandono. esperando la Orden.

Latía tu lengua. dónde va. —Ya. Estaba encendido el candil. la lámpara del buró. aquí va al pulso. de tan sutiles como eran.de la Orden. ya. —Sí. Devorábamos tus insoportables pasos. mira. —¿Ya no? Dios mío ¿ya no? —Espérate. y tú latías. no. espera… Sí. —Ya muy arriba. más bien. Latías. los adivinábamos. y latías. ya. llorábamos. el oxígeno sonaba. —No no. —No. espérate. el cirio pascual y las dos ceras. . casi en el codo. y tú latías. —Dónde. tu cuello.

cada espacio más vacío. No sé qué. Yo lo siento en el cuello. de un latido a otro. Te mirábamos. y latías. oraciones. No sé qué. —Sí. más recóndito. volvías a latir. ahora sí ya tu cara en el umbral de la muerte. todavía. Ya. preguntas. te mirábamos.pero sí. gemidos. y pasaba mucho tiempo y volvías a latir. más ancho. más interminable. te . Y latías. todavía. gemidos. exclamaciones. te mirábamos. Ahora sí morías de veras. Ahora sí ya de un momento a otro. Cada latido más fugaz. Se atropellaban oraciones. respuestas. Te mirábamos. Se hizo un silencio absoluto en la recámara. más y más.

mirábamos, te mirábamos. No te
mirábamos, no podíamos mirarte. Te
mirábamos. Hacía mucho tiempo que no
latías, que no se oía tu garganta como el
caer de una gota de agua en un abismo,
que era todo lo que se oía de ti. Te
mirábamos. Y aquí estabas aún. Las
cinco de la mañana, las cinco de la
mañana, las cinco, junio, nueve de junio,
nueve, cinco de la mañana de 1962. No.
No. Ya. Dios mío. Hace mucho que no
late tu lengua. Estás fijo. Fijo estás.
Absolutamente inmóvil, absolutamente.
No.
—Ya —dijo alguien.
—Ya —repitió alguien.
¡Cómo! ¡Cómo ya! Sí. Ya. Acabas de

morir. Ésta es tu cama. Éstas son tus
almohadas. Ésta es tu cobija. Éstas son
tus manos. Tú construiste esta casa. Tú
viste estas paredes y el raído sillón.
Tú, tú, tú eres todo esto y acabas de
morir, tú eras todo esto, tú eras, aquí,
estabas aquí hace un segundo, hace un
segundo moriste, ya no eres tú, nada más
que tu cuerpo está sobre la cama.
Caímos. Nos azotamos sobre nuestras
manos. Aullamos. Ella rezaba con la
misma voz, la misma voz de siempre
para rezar, y no soltaba tu mano.

Tú, tú, tú, tú que dijiste dijiste ya me
voy dijiste, tú tu dolor, tú vida de dolor,

tu tristeza, tus dolores, tú pena de dejar
la vida, tu agonía, tu cabeza abatida, tus
huesos terribles, tu latir, mis oraciones,
tus diez y ocho nietos, la ceguera de tu
esposa, las manos de tu esposa buscando
el chal en el desbarajuste del ropero, tú
y tus hermanos suicidas, tu hermano
tonto, tu hermano el que es díscolo, tu
amarga hermana, tú irascible, injusto
tantas veces con tus hijos, tantas veces
humillado por tus hijos, tú y lo que
saben de ti tus confesores, tú, tú, escribo
sobre ti pero los otros te conocen mejor,
te aman, te aman, el Cristo que amaste
atento a tu muerte, tú cuerpo, tú tú tú tú
tú resucitado.

Epílogo

Junio 18 de 1963

Un solo golpe y su rostro se expandió
como esponja o como púrpura flor de
esfuerzo exasperadísimo,
ennegreciéndose, agrisándose, se diría
que reventando.
El médico se dejaba caer con todas
sus fuerzas sobre su corazón. Podría
decirse que su corazón era el gran
cuerpo del médico que se alzaba y se
abatía, se alzaba y se abatía. El médico
apoyaba las manos enlazadas sobre su
corazón y cobraba impulso y se dejaba
caer sobre las manos y cobraba impulso
etcétera.
Un aire de piedras le rompía los

labios. Un estertor arenoso, subterráneo.
Una espuma de caverna, boca adentro.
Mi hermana gritó: «¡Madre santísima!».
Quitamos las almohadas. Su cabeza
cayó hacia atrás. Su rostro se iba
poniendo blanco. Su boca se abrió
inmensamente.
Seguía el médico. José Manuel
tomaba su lugar. Volvía el médico.
Boqueaba. Pedíamos para nuestro
cuerpo ese dolor. Empezábamos a estar
seguros. Preguntamos. El médico movió
la cabeza o dijo: «No» o algo que nos
dio la certeza. Eran los minutos que
rodean a las nueve y media, y la noche
del 15 de junio de 1963.
Yo sentí que se abría un pozo de luz

dándose por vencido. Mi madre. Cuando el médico dijo: «No».arcángel entre ella y su Creador. súbito. que no había querido seguir el esfuerzo espantoso de esos ojos y labios hechos para las tareas más . en las sábanas. Respiré frescura de infancia en la pieza. Las cosas cobraron un orden sobrio. en el latón dorado de la cama. Un oreo de relente o de alba remota e íntima o brisas de un espacio inmenso y puro flotaban alrededor de su cuerpo. Mi madre muerta. yo. Había pulcritud en el aire. natural. en los pequeños cirios encendidos. o hizo no sé qué que nos dio la certeza.

o un mar inmóvil y blanco. desmayada de tan apacible.tiernas y más altas del espíritu. vi un paraje lunar. ese blancor. no había nada en el vacío espléndido y universal en que me hallaba. digo. o un desierto blanco cuyo horizonte sombrío era el confín del desierto blanco. y blanco y orlado de sombra el cielo de ese mar. digo. de tan abandonada—. yo. yo. que había enterrado la cara entre las cobijas —recuerdo su mano derecha. No había pasado nada en el mundo. Unos segundos después . esa sombra lejanísima que sólo era resplandor de la blancura sólida y vacía. no había nada en ninguna parte. sentí que era. y yo era.

gritó mucho antes que yo. sentía explosiones surgir de mí. Me desplomé aferrándome al médico. execrable. Y al mismo tiempo que gritaba me oía gritar y me veía gritar. cuando gritó: ¡Madre santísima!. inesperado . me detestaba y me perdonaba. caramba.apareció. No mi madre santísima. trataba de entenderme. tanto pensar desde hace tanto tiempo que éste sería el calificativo preciso. Sentía salir explotando esta frase de mí. me embistió la muerte. Gritaba: —Mi madre santísima no. el mundo. la vida. y era como si pensara: «Me robó la frase mi hermana. Mi madre santísima no. como mágico escenario repentino.

lo mío tiene más énfasis. y estuvo bien: el médico. primero. luego estalló mi boca y me fui derrumbando. Veía las cosas como si estuvieran sucediendo en un escenario y me acusaba de malvado. a pesar de esto que estoy pensando es cierto lo que digo. y es cierto.de todos para mi madre. y este dolor ¿quién me lo quita?. lo que siento. De todos modos es dolor esto. bien. sentía náusea de . vio que mi boca se movía. no importa. como de pez. lo que pienso. bien. ¿quién me lo alivia o quién me lo condena?». y no emitía sonidos. me vio acercármele.

no . sentía vergüenza de mí. O «para que yo no entienda». Apenas cinco minutos antes. y sus cabellos. un miedo grande. y todo pasaba como detrás del escenario en que el dolor rugía de veras. agotadísima por el tercer infarto. y su rostro. lástima de mí. admiración y pena y envidia por la soledad de mi hermano. yacían sobre las almohadas. toda mansedumbre. ella. sentía perfecta la sintaxis dramática. y su voz. —Hablan así para que no los entienda.mí. toda paz. había dicho lo que había dicho.

porque hablamos dos o tres frasecillas en inglés. una paz íntima. .recuerdo exactamente cómo dijo. para que yo los entienda. si no me da miedo nada. Creo que el médico dijo: —¿Dónde aprendió el inglés este muchacho? Ella contestó —sus labios exhaustos. sus ojos cerrados. rosada y mansa en su frente y en sus mejillas: —En la escuela… Y no dijo más. Y luego dijo: —Hablen en español —creo que esto dijo—. adormecidos.

de las congestiones. intolerablemente fija. boqueos. de tan encarnadas en la unción de tu voz. la vida inmisericorde de los dolores. ir y venir de hormiga.22 de junio de 1963 La vida. ojos lagos de amor atribulado. palabra para la hoja nueva en la galvia. el dolor de la vida. agonías. alegría de las cosas cotidianas. muerte: carne repentinamente. avemarías soñadas casi de tan apoyadas. de los estertores. abismo ante el Altar. ¿también tiene que ver contigo. insomnio natural. . madre? Tú. gesto de dolor petrificado para siempre. brisa en el geranio. rostro en la ventana vigilante.

Dieciocho años después .

Diecisiete. casi dieciocho años hace que escribí este libro viendo a mi padre agonizar y morir. dolor y amor se entremezclaran formando una bruma pálida. ¿Sí? ¿Será? Me pregunto cuando el generoso Díez-Canedo me anuncia la segunda edición «y tal vez convendría un par de páginas a modo de remate». una apacible lontananza. Y parecería ese tiempo suficiente para borrar toda huella de muerte. y para que odio. .

la reverencia debida. no. de nuevo Beber un cáliz. el gentil . Sí pues. qué va. «Si los lectores soportaron al que eras entonces tal vez se interesen en el que eres ahora.qué tanto queda en mí de aquel junio de 1962. quién soy hoy día en aquellas horas desoladas. como si de pronto un temido y cariñoso fantasma hubiera entrado en el cuarto. se entiende: su ración de elogios y de acerbas críticas. con frecuencia hablo de él y ensayo enfrentármele de tú a tú. después de todo éste fue tu primer libro y en el trayecto has publicado otros quince». Y no que haya olvidado a mi padre durante estos años.

Oigo los textos que editó en un disco la UNAM. un cielo cóncavo y sin límites y en la palma de la mano. una aurora azulosa. Corrijo varias erratas. Y pasan tres semanas vacías. Bueno. Pasa una semana y no pasa nada. Tomo el libro. viajeras . He estado soñando noche a noche con la antigua casa de San Pedro de los Pinos. No pasa nada. ¿Sí? ¿Será? Hojeo el libro. no aparecen las dos páginas del remate. El corredor y el pirul. Releo aquí y allá. Qué pasa. Sí. Vuelta. Releo aquí y allá. Escucho el disco.análisis y el tono de reproche al que nunca me atreví en su presencia y al que mi plena madurez me da derecho. helada.

estrellas y una criatura de piernas de hilo. de purísima frescura. como si despertara hace cincuenta años al golpe del viento de las mañanas en los manzanares. Simplemente desperté gritando y llorando. con toda mi reverencia. ¿Y sabes tú qué ha sucedido durante dieciocho años? Que tu imagen . He despertado varias veces al soplo de un aire metafísico. un perro ladrador. un hermoso gigante y entre las sombras de la aurora su sombra ardiente. Aquí están las dos páginas. una caliente sombra moruna entibiándose. No soñé nada. anegándose. Ya. señor mío y padre mío. Y anoche desperté gritando y llorando.

haciendo sus cosas diarias. ya sin terror en mis orejas. con razón y sin aspavientos. y tu persona en cambio discurre dentro de mí ya sin odio en mis ojos. Al fin sé lo que digo. señor. o de campo las tareas. baja hacia mí tus ojos. naturalmente dado a tareas de jardinería y carpintería. Mírame. de modo que ahora es monumental como no lo fue nunca. sabiendo que entiendo al fin que eres un hombre natural. Ya ocupo delante de ti. Ya estamos en paz.ha venido alejándose de mí y acrecentándose. y al que una modestísima ambición llenó de taciturnidades. . el lugar que me corresponde.

regresé a la madrugada aquella. 17 de junio de 1979 . y ahí ando. es que volví a ver tu muerte. ahí ando. ahí andaré. Y lo de los gritos y los llantos. los aullidos y las oraciones.

Treinta años después .

Yo tengo setenta. no pasa. No ha pasado el tiempo. Sí advertí que ya no me acuso de tanto como me acusaba. Volví al junio atroz. Y lo viví como quien camina submarinamente una realidad perenne y paralela. 21 de septiembre de 1993 . He tenido que releer el libro entero. para esta edición. y tiemblo de saber —al fin a ciencia cierta— que en la pena no pasa el tiempo ni tampoco en la sintaxis que la guarda.Han pasado treinta años. solamente lloro agradecido.

Entre su vasta .RICARDO GARIBAY (1923-1999) es un narrador clave en la historia de la literatura mexicana. donde fue profesor de literatura. Estudió derecho en la UNAM. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores (1952-53). colaborador en Excelsior y cofundador de la revista Proceso.

Lo que es del César (1970).obra destacan las novelas Beber un cáliz (1965). Par de reyes (1983) y Triste domingo (1991). Bellísima bahía (1968). con su novela La casa que arde de noche. En 1975. y los libros de cuentos Rapsodia para un escándalo (1971) y El gobierno del cuerpo (1977). Es también autor de reportajes célebres como Las glorias del gran Púas (1978). obtuvo el Premio al Mejor Libro Extranjero publicado en Francia. .

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