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El Chamán de los Cunaguaros
Viaje por el mundo indígena venezolano
Marisa Vannini de Gerulewicz

© Marisa Vannini de Gerulewicz
© Fundación Editorial el perro y la rana, 2008
Centro Simón Bolívar
Torre Norte, El Silencio
piso 21, Caracas - Venezuela.
Teléfonos: 0212-377-2811
0212-808-4986
correos electrónicos:
elperroylaranaediciones@gmail.com

corrección: Yessica La Cruz Báez
Milagros Carvajal
portada y diagramación: Carlos Herrera
diseño de la colección: Carlos Zerpa
ilustraciones: Myriam Álvarez

hecho el Depósito de Ley
N° lf 4022008800649
ISBN 978-980-396-991-2

c o l e c c i ó n Páginas Venezolanas

La narrativa en Venezuela es el canto que define
un universo sincrético de imaginarios, de historias
y sueños; es la fotografía de los portales que han
permitido al venezolano encontrarse consigo
mismo. Esta colección celebra –a través de sus cuatro
series– las páginas que concentran tinta como
savia de nuestra tierra, esa feria de luces que define
el camino de un pueblo entero y sus orígenes.
La serie Clásicos abarca las obras que por su fuerza
se han convertido en referentes esenciales de la
narrativa venezolana; Contemporáneos reúne
títulos de autores que desde las últimas décadas han
girado la pluma para hacer rezumar de sus palabras
nuevos conceptos y perspectivas; Antologías es un
espacio destinado al encuentro de voces que unidas
abren senderos al deleite y la crítica; y finalmente
la serie Breves concentra textos cuya extensión le
permite al lector arroparlos en una sola mirada.

Fundación Editorial

elperroy larana

A todos mis antiguos y recientes alumnos: los de kinder, preparatorio y
primaria del Instituto Montessori y del Colegio Lourdes; los de las clases particulares
a quienes enseñé a leer y escribir con tanto cariño; los de las clases de Italiano
y Español del Instituto Venezolano Italiano de Cultura; de los Liceos: Pedro
Emilio Coll, Instituto Politécnico, Guadalupe, San José de Tarbes, Cultura,
América, Moral y Luces; a las maestras y maestros criollos e indígenas del interior
del país, mis alumnos presenciales y a distancia de la Universidad Nacional
Abierta; del Instituto Pedagógico; de la Universidad Católica Andrés Bello,
de la Universidad Metropolitana y muy especialmente a los de la Universidad
Central de Venezuela, que me han acompañado por muchísimos años. Todos
ellos fueron para mí presencia, apoyo y estímulo en las letras, cultura y vida.
A mis hijos y a mis nietos: Leonardo Simón, Gerardo Américo,
Donatella Maigualida Gerulewicz Vannini; Natalia y Fabián
Hernández Gerulewicz y Eugenio Clemente Gerulewicz Rojas.

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El texto. Este relato de corte juvenil. cuya acción se desarrolla en las co� munidades indígenas de Venezuela. y ha sido complementado con consultas a especialistas y con una investigación bibliográfica. de las maravillosas culturas aborígenes. y para muchos desconocido. basado en un reco� rrido personal a través del mundo indígena. se propone reflejar en forma documental la realidad y situación actual de estas etnias y poner al lector frente al universo inmenso. . contiene observacio� nes directas sobre las etnias tratadas.

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David John. Los Sape. Walter. Los Wayuu. Los Jodi. Dieter. Los Yaruro. que figuran como ensayos en la obra Los aborígenes de Venezuela. Los Warao. R. Agradezco también la colaboración de los antropólogos y lin� güistas Esteban Emilio Mosonyi. de la Dirección de Asuntos Indígenas del Ministerio de Educación. en la cual nos hemos apoyado para nutrir nuestra narra� ción: Heinen. Los Piaroa o Maquiritare. Walter. Overing. H. Ruddle. Lizot. Walter Coppens. Omar Gon� zález. de la Dirección Nacional de Asuntos 11 . Philippe. M. Saler. 1983-1988. Thomas. Los Yukpa. Agradecimiento Los datos documentales que ilustran los capítulos siguientes han sido tomados de las valiosas investigaciones editadas por ���� Wal� ter Coppens. Joanna y Kaplan. Los Yanomami. Jacques. Johannes. Benson. publicada por el Instituto Caribe de Antropología y So� ciología de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales. Mitrani. Coppens. Kenneth y Wilbert. Ronny Velásquez. Los pemónes. Caracas. Coppens.

-12- . Javier Armato. la Biblioteca de la Fundación La Salle. y muy especialmente de los maestros. con particular afecto para Ana Cecilia Apashi. la Biblioteca Central de la Universidad Central de Vene� zuela. Viaje por el mundo indígena venezolano Indígenas. maestras y colaboradores indígenas. de la Dirección de Literatura del Consejo Nacional de la Cultura. El Chamán de los Cunaguaros. Jesús Ramón Opi� rashi y Efraín Ramos.

Nota En este relato hemos establecido el recorrido por la Venezuela indígena en una forma espontánea y fortuita. 13 . hemos intentado acercarnos a las etnias indígenas más numerosas. dentro de las limitaciones y de la fabula� ción que implica una obra narrativa. tratando de mante� ner una secuencia lógica y accesible al lector juvenil. Sin ceñirnos estrictamente al rigor geográfico de un escrito de mayor densidad científica o antropológica.

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con mi padrino que es pescador. Hay la vuelta turística. una visita a todos los parientes. Filatelio González. trigueño. —Yo me quedo en Caracas. sitios de batallas. ver televisión. o bien una de tipo comercial. Vuelta a Venezuela indígena —¿Dónde van ustedes a pasar las vacaciones? —Yo. ¿qué vuelta? Puede haber muchas clases de vueltas… —Claro. cabello negro y liso. iglesias. ojos oscuros. voy a dar la vuelta a Venezuela. ¿a dónde vas? —Yo… yo voy a dar la vuelta a Venezuela. regular eje� cutante de cuatro. —¿Y tú? Tú. compañeros: salimos hacia el oriente. buen deportista. estudiante de noveno grado de la escuela básica. flacuchento. de mediana estatura. leer y jugar béisbol. Podría ser una vuelta de tipo familiar. fortalezas. a dormir bastante. a través de antiguos caminos. —¿La vuelta a Venezuela? —Tal como lo oyen. con miras 15 . 14 años. Yo. folclore. a la costa. y regresamos por el occidente. Así mismo. —Yo. para ver paisajes. orejas pronunciadas. —Pero. a la finca de mi abuelo. ar� tesanía. al llano. la vuelta histórica. rasgos especiales ninguno.

alumnos de cuarto grado. Papá. Cierra el desfile. Y yo. recogida su abundante cabellera azabache en un pañuelo de algodón de vivos colores. pero tiene algo de todas estas. enfermera en un hospital público. realmente. ¿qué vuelta es? —Es una vuelta muy especial. de frente color del sol. los morochos. inconfundible -16- . nombre que me obsequió un abuelo extravagante aficiona� do a las estampillas… todos. con el pelo lacio y mis orejotas ocultas bajo la gorra de béisbol. donde habitamos. Papá. llamado a veces “palillo” por mis dos traviesos hermanos. a la que llamamos así porque aún no acepta su nombre. Filatelio. En fila. con años de experiencia en la prensa nacional. ex guardia de fronteras. El campanario de la Catedral lanzó hace poco los cuatro toques de la madrugada. Superloro. Mamá. Filatelio. El Chamán de los Cunaguaros. 46 años. Maigualida. 34 años. y yo mismo. el rostro sereno. están desiertas. Viaje por el mundo indígena venezolano a examinar la producción y el mercado… o quizás una “vueltecita” política para conseguir votos. Mor y Ocho. —Explica. Superloro. revueltos los claros cabellos que recuerdan un antepasado nórdico. saldremos a dar una vuelta muy especial: la vuelta a Venezuela indígena. Carmen Uribe. —¿Y qué tipo de vuelta es la tuya? ¿Alguna de estas. el más moreno y ágil. bostezando a esa hora tan oscura. nuestra hermanita de tres años. apoyo. en la actualidad competente fotógrafo reportero. saludables y siempre con ganas de inventar. la que voy a dar junto con mi familia. largo y difícil de pro� nunciar. al empezar las vacaciones. de piel cla� ra y mejillas rosadas. trigueña. Las veredas de Coche se arropan silenciosas en la oscuridad para defenderse del frío. alto y fuerte con sus anchos hombros protectores. Las calles de los Jardines de El Valle. mi compañero inseparable. Muñeca. llena la cabeza de buclecitos dorados que la hacen parecer una antigua muñeca de porcelana. caminamos uno tras otro. Muñeca. entonces. un au� téntico loro real amazónico. Los dos morochos. también denomina� do Supermudo porque habla sólo si algo le entusiasma. u otra dis� tinta? —La mía es distinta. frágil. Rafael González. mamá. posado sobre mi gorra. redonditos como bojotes y por eso apellidados el número “ocho”. menuda y leve como la brisa de la aurora. los ojos intensamente azules. Es aún noche cerrada. talentosos canto� res expertos en el arte de silbar.

calzaban en tiempos precolombinos zapatitos de caucho. caballo de batalla de nuestra familia. ni la cobija rosada de la buena suerte. es posible obte� ner muy buenas y naturales imágenes. Mamá quiere cerca de sí el maletín de enfermera. pero fue sólo a fina� les del siglo XIX cuando el caucho fue utilizado industrialmente en suelas de zapato. Los siglos XVI y XVII los conquistadores se asombraban mucho de esto. mientras ellos argumentan. y porque ambos pretenden sentarse en el único espacio medio libre detrás de papá. pilas y mapas viales: todo esto lo -17- . Introdu� cían el pie directamente en el látex que al solidificarse formaba allí mismo excelentes calzados. unida a la escasa familiaridad con artefac� tos como la cámara fotográfica. los hace un poco aprensivos. Como de costumbre. para que accedan más fácilmente a que se les tomen fotos. Les llevamos radios de pilas con una buena provisión de ellas. Los morochos arrastran dos enormes mochilas. está cargado desde la noche anterior con equipaje y provisiones para más de un mes. cin� tas para el cabello en tonos brillantes para las muchachas y sandalias de goma que aprecian bastante. tan integrado que lo llamamos cariñosamente “Tío Jeep”. exuberante vocalización y alegre personalidad. con cámaras. a la medida. o que el hecho mismo de retratarlos era cosa del más allá. cachuchas para los hombres. trípodes y por supuesto. que creció con nosotros y nos acompaña siempre. Muchos de ellos pen� saban que la cámara podía capturar su alma junto con la imagen. Muñeca se cuida de no perder su almohadilla azul. si se les pide permiso y se les ofrece uno que otro obsequio. Papá aco� moda su equipo de fotógrafo y camarógrafo. aun� que su habitual timidez. los vistosos y llamativos regalos que piensa ofrecer a los indígenas. ya empiezan a discutir porque cada uno quiere saber lo que lleva el otro sin revelar lo que él mismo carga. Resuelvo la pelea sentán� dome yo allí. los naturales. Lo abordamos llevando a mano lo más importante. llenas de una cantidad de cosas que de seguro resultarán inútiles. El jeep azul. porque él tiene que echar bien hacia atrás el asiento para extender sus largas piernas. Hace años nadie lograba fotografiarlos. Yo soy el encargado de las linternas. Aunque hoy andan descalzos. que resulta muy cargado. Vuelta a Venezuela indígena por su plumaje de bello colorido. Pero con el tiempo han ido perdiendo sus temores más fuertes y hoy día. verdaderos descubridores de los mejores usos del caucho. no grande por cierto.

yo atrás. televisivos. o como familiar� mente hemos venido llamándolos. cultura. El Chamán de los Cunaguaros. y luego elaboró re� portajes para diarios y revistas desde lo ancho y largo de toda Ve� nezuela. y otras iniciativas más sofisticadas para producir el acercamiento tan deseado. Papá domina bien rutas y caminos porque durante su juventud trabajó en la Dirección de Fronteras. a las bicicletas. sur y occidente de Vene� zuela y de los territorios limítrofes entre Venezuela. Brasil y Colombia. ¿Cuáles secretos y misterios guarda? ¿Qué habrá de cierto o de falso en los rumores acerca del carácter esquivo o la con� ducta hostil de nuestras etnias aborígenes? -18- . podrá presentarlas a alguna empresa que elabore afiches. por tantas narraciones y cuentos que se oyen en relación al mundo indígena. Muñeca entre ellos. mamá a su lado. pocos y pocas veces la pueden dar! Estamos llenos de expectativas. reunirlas en un libro. centro. a las pelotas de básquet. agendas. o también ofrecerlas en progra� mas radiales. con cierta inquietud. nuestros indios. nos proponemos visitar varias comunidades indígenas. Papá al volante. calendarios. Superloro asomán� dose a la ventanilla trasera. con el nombre que les dieron a los nativos de América los primeros viajeros que creían haber llegado a la India. Detrás. avanzamos rápidamente. Delante. los morochos encaramados encima del equipaje. los González-Uribe. el valle de Caracas aún sueña. se empieza a abrir el cielo a las luces del amanecer: vamos hacia el este. ambiente. Nosotros. a las veredas. Viaje por el mundo indígena venezolano he ubicado en mi amplio morral escolar y como complemento per� sonal llevo al hombro mi cuatro viajero y al pulso mi inseparable e infalible cronómetro. Este año. a los patines. ¡Una vuelta como esta. Si logra reunir suficientes y buenas fotos. o acaso temor. a la escuela: ya estamos en marcha. Es justo que todo el país co� nozca. de oriente. Sin duda debe ser otro universo —pensábamos los jóvenes—. comprenda y aprecie a nuestros indígenas. Guyana. Tuvimos suerte de que papá accediera a llevarnos con él. ha decidido emprender un recorrido específico para tomar fotografías de los indígenas en diversos aspectos: rasgos individuales. Un rápido adiós a nuestra casa. Su intención es conocer y hacer conocer mejor a los legítimos hermanos nuestros que integran las comunidades aborígenes.

ya lo saben ustedes —comenzó papá mientras el jeep. esos mágicos curande� ros indígenas. el temor a lo des- conocido. se acercaba a una zona poco ha� bitada. convirtiendo el nerviosismo. después de atravesar la ciudad de oeste a este y emprender la autopista de oriente. Vuelta a Venezuela indígena —Los indígenas son como nosotros. -19- . Cada grupo posee su propio patrimonio cultural y habla su propio idioma. —Hay muchas etnias en el país. en anhelante curiosidad—. Los indígenas son herederos de culturas y lenguas distintas entre sí. ¡Ya verán qué aventura inol- vidable! —¿Inolvidable? ¿Inolvidable? —tratando de captar la palabra. diseminadas en zonas tan alejadas de los cen� tros poblados! —comenta mamá. una tierra inédita. pueden vislumbrar el futuro de la humanidad en las volutas de humo de su tabaco. imagino una extraña dimensión. No hay que temer —nos alentaba nuestro padre. capaz de curar males del cuerpo y del alma. tal vez sueño demasiado. distribuidos en una treintena de grupos étnicos esparcidos en diversos puntos del territorio nacional. encierre los arcanos del tiempo. alguna piedra. nuestra hermanita Muñeca repetía constantemente. llena de vegetación—. Quizás en una de las más remo� tas aldeas indias encontraremos una hierba mágica. Yo. a la manera de los antiguos expedicionarios sobre los que tanto he leído. que siempre he soñado con conocer y hasta descubrir lu� gares secretos. algún pájaro. Sí.000 individuos. o un animal que la ciencia aún no ha clasificado. estoy seguro de esta intuición. —Esto seguramente dificulta la comunicación entre ellos —observo. Pero tengo el presentimiento de que en este viaje encontraremos alguien o algo muy importante para nosotros. —¡Y son tantas. Nuestra población aborigen aún pura alcanza una cifra cercana a los 500. ¿Será cierto que los chamanes. en los caracoles. donde alguna flor. o tan sólo con su mirada transparente? ¿Podrán develarme algunos de los retos y di� ficultades que me esperan en la vida? Quizás sea mucho pedir. imitada por el loro cautivado por el acopio de vocales. del cosmos. y desde tiempos inmemoriales las han mantenido vivas.

integrarse! —Así es. esta pluralidad idiomá� tica. el arco tenso. —¡Treinta y cuatro lenguas indígenas! ¡Increíble! ¡Qué rompe� cabezas! —los morochos están desconcertados—. por hablar idio� mas diferentes. cuando más entretenidos estábamos oyendo las palabras de papá y vislumbrando en nuestra imaginación el estereotipo. —¡Papá! —chilló Muñeca— ¡Son ellos! —¡Ellos. de comunicación. aunque importante. ellos! —vocaliza a todo pulmón Superloro. con el pasar de los años los ha llevado a estudiar y aprender una lengua común y oficial: el español. casi una voz de guerra que resonaba lejana y nos envolvía completamente. sino un medio. —No. las flechas preparadas. facilitó a los españoles la conquista de nuestro país —nos re� cuerda Rafael. se oyó un clamor extraño. —¿Cuántas lenguas indígenas se hablan actualmente en Vene� zuela? —Hasta ahora se han clasificado unas treinta y cuatro. -20- . la arawak. la Chibcha. el español no debe ser considerado ni su lengua materna ni un sustituto de ella. aunque les ha dificultado la unión y la resistencia ante los atropellos de que han sido objeto. como la de las sabanas y las selvas. afortunadamente ya superado. ¡Cuánta soledad! ¡Qué difícil conocerse. de los indígenas ace� chantes. pero esta diversidad. no podían unirse para combatirlos! —Entonces —Ocho no logra convencerse—. ¡Será bien pro� blemático entendernos con ellos! —¿Y no se parecen entre sí? —también mamá está intrigada. la Guajiba y otras independientes. intercambiar. en absoluto. Sus lenguas son muy distintas. pues per� tenecen a varias familias lingüísticas: la familia karibe. y cada quien expresándose en un idioma distinto. En aquel preciso momento. El Chamán de los Cunaguaros. como los describía el historiador Oviedo y Baños en su Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela. —¡Es cierto —interviene Mor con una frase simplista— si no se entendían. —¿Entonces el español no es para ellos la lengua materna? —De ninguna manera. nuestro padre. a las cuales no se les han encontrado aún las raíces lingüísticas. ¿los indígenas no se comunican entre sí? Imagino una inmensidad sin límites. Viaje por el mundo indígena venezolano —Esta misma falta de entendimiento.

emplazamos a papá. —No. Papá. repiquetear de maracas. como si cada uno fuese vocero del otro… para luego contradecirse entre ellos y empezar a discutir. papá. mientras el jeep se interna en un camino polvoriento de poco tráfico. ni con gritos! En días anteriores a nuestra partida. graznando con estridencia. más que eso queremos saber ¿cómo hiciste para avi� sarles? —lo interrumpe Ocho con malicia. —Aún falta mucho para que divisemos la primera comunidad indígena —comentó irónico—. será muy largo. Comienzo yo: —Por fin. —Y hablarnos de ellos —apoya mamá. no. sin detener el vehículo. nos señaló una bandada de perdices montaraces que levantaban el vuelo. Su diálogo nos evocó redobles de tam� bores. brillo de fogatas. tomar fotos del paisaje e imaginar cómo nos recibirán… ¡Les aseguro que no será con graznidos. casi a ras de la espesura. lo más amplia y profundamente posible. nuestro padre nos había dado una explicación general. podremos intercambiar nuestros conocimientos y puntos de vista. Nuestro recorrido hasta el Delta del Orinoco. Rafael. un humo denso y misterioso subiendo en espiral. intrigado. nos hace callar a todos con una sola pregunta: -21- . que prefiere guardar sus secretos. —En estos momentos —nos había aclarado— estoy muy ocu� pado con los preparativos y ustedes con los exámenes finales. Pero una vez en camino hacia esas regiones. ahora tienes que decirnos exactamente cuáles etnias indígenas vamos a conocer. Tendremos tiempo para estirar las piernas de vez en cuando. —Nosotros queremos saber si lograste avisarles que vamos a visitarlos —agrega Mor. para poder discutir el tema durante el viaje. por un instante nos quedamos paralizados. nos había encargado investigar sobre lo concerniente a la vida indí� gena. hogueras rodeadas de bohíos. Vuelta a Venezuela indígena A estos gritos. Específicamente. Es propio de los morochos hablar siempre en plural. Ya más tranquilos y concentrados en el objetivo de nuestra ex� pedición. en el extremo oriental. insistiendo en ello. Lue� go rompimos todos a reír. saborear las ricas meriendas de empanadas y pasteles que trae mamá. para acampar.

Con la investigación. Tengo la impresión de que no se esforzaron bastante. —A nosotros nos aconsejaron —aclara el primero— que fuéra� mos a bibliotecas técnicas. no nos fue muy bien… —No hay mucho material sobre estas culturas —titubeo. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Y qué pasó con la investigación que les encargué? —Humm. el doctor Filatelio —se ríe Mor. —A mí sí me los dieron. entre los morochos. no preguntaron? —insiste papá. siempre habla de primero. por la edad. y en las demás. o sobre aspectos específicos (características físi� cas. —Si lo dices tú. y para completar. América Central. ante una mueca de disgusto de mis herma� nos—. Sin embargo resulta que aquellos libros son para especialis� tas. ¿No se informaron con alguien. porque tengo cédula de identidad —interrumpo orondo. —Yo fui a la Biblioteca Nacional y a la de la Universidad Cen� tral —continúo— busqué en la computadora bajo la voz “indígena”. humm… Quedamos mudos. —No. y sé que inclusive hay versiones simplificadas. —Telio. no —objeta y se queja Ocho—. Sólo hay estudios sobre culturas de México. —Es difícil entender los que están escritos en español —reco� nozco. Teliooo —refuerza contento Superloro con ese mote juguetón que desde hace tiempo me aplica. —Palillo el sabihondo —insinúa Mor. —Los libros son escasos. ¡la mayoría está en inglés! —No creo que la pobreza bibliográfica sobre los indígenas sea tan acentuada. Perú. tipo sanguíneo. que parece no estar muy sorprendido de nuestro fracaso. —Pero por supuesto —termina el segundo— allá no les pres� tan libros a escolares de primaria. El proble� ma es que en la biblioteca de nuestra escuela no hay ninguno. no es por esto. muy complicados. El Chamán de los Cunaguaros. —¡Siempre el sabelotodo! —agrega Ocho. sin hacer caso de sus burlas—. difíciles de conseguir —prosigue Mor que. alianzas matrimoniales) de algunas de ellas. pero no encontré obras que ofrecieran una visión completa de las etnias caribeñas. no nos dejan entrar. dentición. -22- .

Vuelta a Venezuela indígena

—Tratamos, pero la gente sabe muy poco sobre los indígenas
—se defiende Mor.
—Lo peor es que los califican, muy erróneamente, como una
unidad racial, no los diferencian entre sí —deplora Carmen, nuestra
madre—. Creen que son todos iguales, que hablan la misma lengua,
tienen las mismas costumbres, el mismo grado de aculturación…
piensan que cuando se ha visto una etnia se conocen todas.
—¿Y no es así? —inquiere cándidamente Ocho.
Esta pregunta intempestiva revela lo poco que investigó el nú�
mero ocho.
—No, no es así, de ninguna manera —enfatiza papá—; sus cos�
tumbres, tradiciones y mitos son disímiles. Esta diversidad es una
de sus principales características, es su riqueza y uno de sus mayores
aportes a nuestro mundo. Las culturas indígenas son muy complejas
y su potencialidad creativa es de gran valor para la especie humana.
—También es disímil su medio —continúa papá después de
una breve pausa, en términos más accesibles para nosotros—. Algu�
nos viven en chozas aisladas en la selva, otros en caseríos, en cam�
pamentos, a orillas o lejos de cursos de agua y de carreteras. Poseen
diferentes tipos de recursos, practican distintas formas de cazar y
alimentarse. Han alcanzado diversos niveles de interculturalidad
hasta el punto que, ya lo verán durante el viaje, cada comunidad pa�
rece vivir en una época distinta, a veces tenemos la impresión de que
siglos de historia las separen.
—Pero, algún rasgo común tendrán los indígenas, no serán tan
diferentes en todo, como en el idioma.
—Es cierto, lo poseen, especialmente en lo físico: son pequeños,
ágiles, de cuerpos agraciados, y en particular los de las montañas y
de la selva lucen manos y pies mínimos, del tamaño delicado de los
de nuestros niños. Tienen piel cobriza clara, pelo lacio, ojos grandes
y oscuros, frecuentemente alargados y sin embargo, sus rostros se
diferencian bastante de una etnia a otra.
—¿Y en cuanto al carácter?
—Generalmente son criaturas simpáticas y nobles. Pero sus dis-
tintas formas de comportarse hoy día, dependen de cómo fueron
tratados hace siglos por sus invasores.
—Lo entendemos, y esperamos que tú mismo, en adelante, nos
expliques con más detalles.
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

—¿Es decir que ustedes cuentan conmigo para captar estas si�
militudes y diferencias?
—¡Sí, sí —exclamamos todos enfáticamente—, contamos con�
tigo!
—En cambio yo —canturrea papá alegremente— cuento con
ustedes.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que la investigación que les encargué la van a
completar ahora, entre los mismos aborígenes, acercándoseles,
viéndolos, conviviendo con ellos: investigación de campo, se va a
llamar…
—¿No nos vas a explicar nada?
—Les he preparado algunas referencias sobre el pasado —son�
ríe papá misteriosamente—. Pero el presente lo descubriremos via�
jando y observando. Todo lo aprenderán por sí mismos. Este es el
sentido de nuestro viaje.
Papá tiene razón. Será más emocionante. Vamos al encuentro
de la realidad de nuestros aborígenes, de nuestros hermanos indíge�
nas de Venezuela.

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9

10
1
2
11

6
8
3
1. Warao
2. Kariña
3. Pemón
4
4. Sape 5
5. Ye’kuana
6. Jodi
7. Yanomami
8. YaruroWayuu
9. Yukpa
10. Bari
7

El Chamán de los Cunaguaros
Conocer a los indígenas no era el único motivo que nos llevaba a
emprender aquella fabulosa vuelta por el mundo aborigen. Había otra
razón, aún más importante para nuestra familia. Mis padres habían
madurado esa decisión por mucho tiempo, y al fin me la habían confiado.
Sólo nosotros tres la conocíamos.
Allá por sus veinte años, papá, al empezar su carrera de Guardia de
Fronteras después del servicio militar, mucho antes de conocer a mamá,
se enamoró por primera vez en su vida y, creyó, que como nunca podría
volver a hacerlo. Ella era joven, de ojos risueños y voz suave y cantarina.
Se llamaba Ashirama y seguramente ese nombre le sonaría a papá como la
lluvia sobre el río. Era una indígena de la etnia bari, la hija predilecta del
jefe de aquella comunidad, el cacique Guaricuto.
No fue un amor fácil. El chamán del pueblo, Sesebe, mucho mayor
que ella, hombre fuerte y osado, la pretendía y ya había adelantado obse-
quios de compromiso: unas hermosas flechas con su arco, una imponente
colección de collares y abalorios y hasta una choza rodeada de una exten-
sión de camburales, que aún no había terminado de construir. Pero Ashi-
rama no podía decidirse, no lograba aceptarlo. Le inspiraba respeto aquel
hombre responsable y formal, de mirada penetrante y largos cabellos, mas
ella soñaba con un amor real, no impuesto por las circunstancias. El amor
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

que esperaba debía ser especial, y debía hablar a su corazón no con obse-
quios ni promesas, sino con verdaderas palabras de pasión.
Al conocer a Rafael, nuestro padre, joven, apuesto, gallardo en su
uniforme, sintió que era el elegido de su corazón. Sus miradas se encon-
traron y pareció que se miraban también sus almas. Se enamoraron desde
el primer instante, y no dudaron en manifestar abiertamente sus senti-
mientos. Paseaban junto al río seguidos por corros de niños, monitos y pá-
jaros, conversaban a la luz de la luna entre nubes de cocuyos, enseñándose
mutuamente sus idiomas y confiándose pensamientos y sueños.
Cuando Guaricuto se dio cuenta del amor entre su hija y el forastero,
era demasiado tarde: nada podía hacer ya para separarlos. Entonces temió
por el destino y hasta la existencia de la joven y del audaz enamorado, si
llegaban a enfrentarse al poderoso chamán. Era un extraño personaje,
ese Sesebe, hosco, huraño, de facciones austeras. Se decía en la comunidad
que conocía los secretos del fuego, de la vida y de la muerte. Que tenía de
su lado misteriosos espíritus con quienes había hecho un pacto sobrenatu-
ral. Los mismos indígenas afirmaban que Sesebe poseía el dominio de las
artes mágicas, que conocía a la perfección todos los arcanos del milenario
universo de la magia bari, que tenía poderes extraordinarios capaces de
sanar o matar.
En la etnia se creó una situación de conflicto. No es conveniente de-
sairar a un chamán, la máxima autoridad después del cacique, el sacerdo-
te y curandero que guarda las claves secretas de la etnia, conoce su origen,
sus mitos, es capaz de predecir, invocar o alejar las fuerzas de la natura-
leza que atraen las buenas cosechas y alejan las tormentas. Es peligroso
hacerlo, pensaban muchos. Otros, especialmente los jóvenes, veían con
simpatía la pasión naciente entre esos dos seres tan disímiles por origen,
pero cercanos en sentimientos y carácter.
Guaricuto, cacique pacífico, tolerante y de amplio pensamiento, qui-
so complacer a la hija, darle el esposo que deseaba. Sin embargo, no podía
desestimar la reacción del tenaz chamán, considerando su poder mági-
co y la influencia que ejercía sobre los bari. Para apaciguar su ánimo, se
convirtió en mediador. Buscó el apoyo de los ancianos. Reunidos varias
noches en los claros del monte o al borde de los ríos, después de mucho re-
flexionar dieron con una posible solución: ofrecerle a Sesebe el padrinazgo,
vínculo al cual los bari conceden esencial importancia.
Durante largos paseos y profundas conversaciones entre el humo
de los tabacos que ambos disfrutaban, Guaricuto logró con Sesebe un
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El Chamán de los Cunaguaros

entendimiento: le prometió nombrarlo padrino del primer hijo que tuvie-
se la pareja y le aseguró que éste no saldría de la comunidad durante toda
la infancia, de manera que él mismo pudiese formarlo en las creencias y
tradiciones bari desde los primeros años.

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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

Sesebe aceptó aparentemente sin reservas el padrinazgo, que no po-
día rechazar pues se lo ofrecía el Consejo de sabios ancianos, pero su rostro
cada vez más sombrío reflejaba una dolorosa contrariedad. Aquel foras-
tero destruía todo lo que él había soñado. Le arrebataba el amor de su
vida. Se alejó del pueblo, vagó por los bosques, se encerró en aquella choza
escondida entre camburales a rumiar su rencor, a saborear amargamente
sus sentimientos de infelicidad y venganza. Después de llorar por el amor
que le quitaban, según él injustamente, escribió en la tierra el nombre de
Ashirama junto al suyo, y allí sembró un pequeño araguaney. Cuando
floreciera, de acuerdo a un ancestral conjuro bari, Ashirama sería suya,
esta vez para siempre, en cuerpo y alma.
Se celebró en el seno de la comunidad el enlace de los dos jóvenes. Ashi-
rama avanzaba radiante hacia Rafael, coronada de flores y plumas, por
un camino de pétalos de rosas de montaña. Se escuchaban hermosos cantos
con los cuales las mujeres bari saludaban al amor y daban recomenda-
ciones a la novia. Los hombres subrayaban con flautas la inquietud de
Rafael quien, sencillo en su uniforme de Guardia de Fronteras, aguar-
daba a la novia bajo una lluvia de hojas de bucare y gorjeos de pájaros.
Siguió una gran fiesta, durante la cual Rafael, aficionado a la fotografía,
se ganó a los indígenas explicándoles pacientemente los procesos fotográfi-
cos y tomándoles artísticos retratos que luego distribuiría entre ellos. Pero
poco duraría la felicidad.
Al dar a luz a su hijo, para quien ella había escogido el nombre de
Aparicuar, la bella Ashirama dolorosamente murió. Hubo gran duelo en
la comunidad. Entre gritos y lamentos envolvieron el joven cuerpo en su
más bella túnica tejida y bordada en primorosos colores, y lo llevaron a la
selva para los ritos mortuorios. En aquel momento la naturaleza comen-
zó a dar señales de comprender y acompañar los sentimientos de los bari:
una lluvia de violencia arrolladora desgajó los árboles y los frutos, los ríos
se quedaron sin peces, no cantaban las aves, las ranas no entonaban sus
coros nocturnos.
Sesebe no apareció, ni siquiera para los rituales y ceremonias fúne-
bres. Permanecía oculto en algún lugar de la selva, mirando obsesiva-
mente el araguaney, cuyas recientes flores habían sido arrancadas por la
tormenta y esparcidas sobre la hierba. Tal vez no deseaba mostrar a to-
dos su dolor, pero muchos se preguntaron si acaso no sería él el culpable de
aquella injusta muerte y por eso no se atrevía a mostrarse en el pueblo.

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papá! —comentaba el muchachito. dándole de comer a algún perico. saltando y corriendo con los compañeros. dejar que hiciera feliz a un criollo. el causante de su desgracia? Su renuncia al amor de la joven tal vez no implicaba cederla a otro. a su gente? Poco a poco los bari se iban consolando con el hecho de que el niño per- manecería en la etnia. ¿Había decidido acaso Sesebe apoderarse y conservar para sí al hijo de Ashirama. sonriente ante la cámara que captaba cada gesto. Miraba una y otra vez las fotos que le había tomado a Ashirama en las fiestas y durante su breve unión: con aquella flor roja en el oscuro pelo. lo que era su mayor afición. conducen a los lugares de caza y pesca. de los muchos animales. Según los pactos. nadando casi sumergida en el pozo. El Chamán de los Cunaguaros También Rafael. poco a poco. siempre más desolado. dormida en su hamaca. no tendría la responsabilidad de su muerte. Se bañaban en el río. aquel chamán que había pretendido antes que él a Ashirama. Le enseñaba el español. sumido en los recuerdos. exploraban los senderos que saliendo del bohío en forma de gran abanico. flores y frutos distintos que había en aquellos extensos territorios de frontera. Juntos observaban las fotos de la madre. a cargo del abuelo materno que lo criaría cual hijo propio. Sabía que los indígenas conocían y usaban hierbas curativas. anonadado. Cuando fue creciendo. Sin embargo no quiso romper los mandatos y promesas bari. como algo que pertenecía a su tierra. de sus viajes. no encontraba paz. lo instruyó en las primeras letras. cada ángulo de aquel bello rostro indígena. Rafael. trepando a los árboles. el hermético cha- mán. por su rectitud y porque sabía que al hacerlo corría el riesgo de poner en peligro su integri- dad física y hasta la del pequeño. Empezó a retratar también al niño: jugando con los animales. el padre no debía llevárselo hasta que tuviera la edad escolar: sólo entonces podría recla- marlo. de la gente que conocía. -31- . en cambio. como es costumbre entre ellos. comiendo un trozo de mamey. de las cosas que veía en ellos. Frecuentemente visitaba al hijo. Continuó su trabajo y siguió viviendo solo. —¡Qué buenas fotos tomas. pero también algunas capaces de perjudicar y hasta matar. Le hablaba de su trabajo. nombrando los elementos. los detalles de la naturaleza avasallante que los rodeaba. con su monito en el brazo. destruido. ¿Sería esa la explicación del trágico fin de Ashirama? ¿Sería Sesebe. lo llevó por los mismos caminos que recorriera con la madre. llegó a plantearse si aquel hombre de rasgos duros y mirada de águila.

El Chamán de los Cunaguaros. oculto en el fondo de la tierra. lo admiraba y se entristecía cada vez que debía despedirse de él. Le hablaba de la esencia de los metales. -32- . iniciándolo en el camino de la música. como el oro. y juntos se reunían en la espesura. y le refería cosas de sus antepasados. excelentes orfebres y mineros que desarrollaron una cultura vasta y especializada. Enfocaba el rostro de su hijo en diversas expresiones y fotos sorprendentes. Aparicuar sentía gran cariño y afinidad por su padre. Él rugía como ellos. invitándolos a acercarse. a quienes legaron toda su avanzada cultura. en extremo sensibles. según una antigua leyenda interpretada por poetas venezolanos. son oro en flor: Y con la magia que su tronco encierra saca el oro del centro de la tierra y lo presenta en flor sobre sus ramas1 Le transmitía rudimentos de artesanía. estaban atentos a su voz. imitaba a la perfección los gritos de los loros y guacamayos. y éstos acudían desde el bos- que. quienes en una era dorada eran los dueños de todas aquellas selvas y montañas. que fue en un tiempo amigo de la gran familia Chibcha y ahora en cambio huye de los bari y de toda la gente. manifestándose sólo como florescencia sobre las ramas del araguaney cuyos pétalos. le enseñaba a conocer el nombre y la posición de las estrellas. que ejercía su autoridad principalmente como servicio. El abuelo. parecían obedecerle. los superiores. En la comunidad se empezaba a hablar de una par- ticular ascendencia y autoridad que ejercía el jovencito sobre los animales. Desde sus primeros años. le explicaba el misterio de los astros y las causas de las sequías y crecien- tes. como una donde el niño cabal- gaba un cunaguaro. Sin embargo. antepasados de los bari. Construyó para él una flauta. Viaje por el mundo indígena venezolano Desde entonces Rafael fue sintiendo afirmarse siempre más en él aquella antigua pasión por la fotografía. Aparicuar parecía entender el lenguaje de los pájaros. Más de una vez se le vio llamando a los venados. en los cuales son tan diestros los bari desde tiempos remotos. lo aprecia- ba. conocimientos ancestrales de los Chibchas. siempre más apacible. 1 Jorge Schmidke. esa especie de felinos salvajes de poca alzada pero de gran corpulencia. sabio y comprensivo. Especialmente los cunaguaros. fue acostumbrándose a su ausencia. para la cual el niño manifestó enseguida gran disposición y talento.

su padre. venados. Sanaba a la gente. confiados en sus cualidades de sanador. le traían ani- males enfermos: monos con una pierna chamuscada. Al abuelo le iban creciendo los años. no querían hostigarlo. el poder de las aguas. Él los curaba como le había enseña- do su padrino: con cataplasmas de hierbas. a curar las mordidas de serpiente. A veces. en pos de hierbas. pero el chamán. Sesebe le contestaba con intensa gravedad: —Tú serás chamán. como tú. Pronto aprendió a predecir las tormentas. hojas y flores. Al anochecer se le veía llegar. Le enseñaba las lenguas indígenas que él mismo había logrado co- nocer enviando por largo tiempo a las etnias más distantes bandadas de pájaros. En esas ocasiones. le desen- trañaba los usos y virtudes de las plantas medicinales. acompañado de cunaguaros. con algo de jaguar. descansaban en hamacas de bejucos montaraces colgadas en cualquier lugar donde hubiera árboles -33- . Frecuentemente se internaban en la selva. El Chamán de los Cunaguaros Para entonces también Sesebe. Le ilustraba las fuerzas de la naturaleza. lapas y picures. que se limitaban a una o dos por mes. parejas de guacamayos. Parecía feliz. en la comunidad su auto- ridad y mando pasaban casi desapercibidos. llenos de semillas. nadie le preguntaba nada. Se entendía bien con ellos. y mucho más. esas características cestas de palma tejida. y también a los animales de la selva. raíces y plantas curativas. En ocasiones. ejercía cumplida y tesoneramente su solemne papel de padrino. picures con las orejas infectadas. Día a día se reforzaban los nexos y semejanzas en- tre ellos. a bajar las fiebres. la Dirección de Fronteras lo enviaba siempre más lejos. más y más se encorvaba su espalda. Se había encariñado con el ahijado que a su vez sentía un afecto especial y una extraña fascinación por él. contingentes de cotorras y pericos. desaparecía entre el bosque por varias horas. Regresaban con los mapires. más y más se emblanquecía su cabellera. orquestas de ranas y sapitos. A Rafael. El abuelo se preocupaba. de tigre o de puma en los ojos. Nadie sabía a dónde iba. le hacía memorizar los ensalmes secretos. pericos con el ala rota. padrino y ahijado. Aparicuar se acercaba cada vez más ínti- mamente al padrino. proclamaba festivo: —Yo seré chamán. vuelos de grillos y chicharras. escuadras de loros. escrutando el humo de su tabaco afirmaba: —Está en camino. Con el pasar de los años. poderoso protector. que utilizarían para los enfermos. cocimientos de hojas o semillas trituradas. y era forzoso distanciar las visitas. Al ver la mejoría de los pacientes.

mientras extendía su mano ya casi inmóvil hacia aquel nieto mestizo. A la hora en que murió el abue- lo. sus cenizas descansan en nuestra selva. en la que dormía rendido de tanto buscar plantas. padrino. —No debes llorar. El Chamán de los Cunaguaros. que ella anduvo contigo en su vientre. se dirigió enseguida al pueblo de los bari. se encontró con una desalentadora sorpresa: Aparicuar había desaparecido. en un murmullo apenas audible. de los animales. es tu deber ahora. bajo una luna gigantesca. tú perteneces al mundo indígena. asombrado ante lo desconocido. Voy a hacer un viaje hermoso. Eres parte de los bosques. Su voz grave anunciaba lo inevitable. un escalofrío le recorrió la espalda. a todos los aborígenes. Pero al llegar. consagrar la tuya a esta misma tierra. El conjuro del abuelo se extinguió con las últimas estrellas. Por traerte al mundo entregó su vida. Debes andar tú ahora estos caminos. Después de varios días. Aparicuar se aproximó sin poder contener las lágrimas. El chamán encendía hogueras para alejar a las fieras. proporcionarle una educación completa. quemando etapas. tal vez demasiado tarde. al abrigo de las tormentas. le correspondía a él su crianza. Ya Aparicuar iba a cumplir los seis años cuando una noche. que he estado prepa- rando. Viaje por el mundo indígena venezolano gruesos. el cha- mán lo despertó: —Debemos volver al pueblo. No te separes de tu padrino. Era tiempo de ejercer su derecho y autoridad paterna. mientras graznaba doliente. a reclamar al niño por fin suyo: al cumplir los seis años y al perder al abuelo. pero el niño lo tranquilizaba: —No te preocupes. se enteró de que aquella misma noche había muerto Guaricuto. Una terrible -34- . según lo pactado. de nuestro entorno… no te vayas nunca de aquí. Debes permanecer con nosotros y ayudar a tus hermanos. Rafael tuvo un raro presentimiento. hijo —dijo el anciano. de los ríos. Pero antes de partir quiero decirte algo que no debes olvidar nun- ca: recuerda tu origen. Llegaron con la madrugada. pasó un gavilán volando casi sobre su cabeza. Tú eres un bari. estando conmigo ningún animal podrá atacarte. Sintió encogerse el corazón. Con el corazón en tumulto. La sangre de tu madre se derramó en este suelo. aún a tiempo para acompañar al abue- lo en los últimos instantes: —Acércate. de llevarlo consi- go. y los labios del viejo se abrieron en un asomo de sonrisa. un descendiente de los chibcha.

en pesquerías. con el mismo paso lento y firme de los cunaguaros. pero nunca obtuvo ningún resultado. siempre con la misma esperanza. alguna pista sobre el paradero o los pasos de su hijo y del chamán Sesebe. ofreció recompensa. suplicó. que le permitiría mayor am- plitud de movimiento. más que el mío. Angustiado y depri- mido. Tratando de hallar algún indicio. a tratar de ubicar al niño durante días. allá en lo más profundo de la floresta. Nadie se atrevió a acompañarle. de resistir a la penetración de los criollos. cruzado de collares. donde jamás pudiera encontrarlo. Pidió ayuda. —Tú serás chamán. entre bosques. Se murmuraba acerca de un poderoso chamán. sus costumbres. Año tras año recorría las regiones bari y de otras etnias. Llegaba con el resplandor de la luna. Mientras tanto. con un puñado de fotografías y el corazón desbor- dante de afecto por el hijo que había vuelto a perder. al abrigo del fuego. rogó. sin dejar huella. hasta recurrió a las amenazas. dejó su cargo en Fronteras y aceptó un nuevo trabajo. el chamán y su ahijado con- versaban sobre plantas. animales y gente. Al correr el tiempo. rodea- do de cunaguaros. meses y años. Se dedicó a indagar. Solo. Rafael continuaba su búsqueda. El Chamán de los Cunaguaros sospecha lo hostigó: ¿el padrino se lo habría llevado selva adentro. mariposas y cocuyos. infatigable. surgido quizás de la misma selva. ríos. un ente mágico. Nadie supo contestarle. cada vez con mayor empeño. toda la gen- te hablaba de lo mismo. Les insistía en la urgencia de unirse. nadie pudo ayudarle. por todos los alrededores. chispeantes los ojos dorados del color de la luna menguante. al cual se le comenzaba a llamar el Chamán de los Cunaguaros. En pueblos y comunidades. Era un ser especial. nadie quiso revelarle dónde estaba Aparicuar. sin hacer ruido. al aire su larga cabellera oscura con reflejos co- brizos. para no entregárselo nunca? En vano lo buscó con desesperación por todo el pueblo y los caminos cercanos. rodeados de cunaguaros. montañas. Algunos contaban haberlo visto llegar. sigiloso. nadie supo explicar. hablaba a todas las etnias de la importancia de preservar su cultura. loros. de fotógrafo a destajo para diarios y revistas. —Debes aprender a conocer bien la selva y sus habitantes. y mucho más. en conversaciones nocturnas. Se presentaba ungido de colores. Otra vez estaba solo. decidió no reintegrarse al trabajo. En vano pre- guntó. lapas. luego en los sitios más alejados. recogiendo frutas. —Pero quiero ser chamán como tú. iba tomando cuerpo una leyenda. tu destino es importante y difícil. -35- .

de aves en vuelo. A veces ni siquiera lograban verlo. tañía su flauta melancólica que hablaba de extrañas y lejanas nostalgias. —Que se convierte en tigre. como un cunaguaro. yekuana. una rama rota. kariña. para refor- zar su mensaje de unión. Viaje por el mundo indígena venezolano Conocía varias lenguas: bari. indicaban que había estado allí. Se entendía con la gente y con los animales. de superación. un rastro felino. de lluvia sobre el río. —Que acecha en las noches. —Que se vuelve puma. wayuu. yukpa. warao. -36- . pero un olor característico. —Dicen que brotó del vientre de una hembra de jaguar. El Chamán de los Cunaguaros. —No es más que una leyenda contada al calor de las hogueras —co- mentaban algunos. de fuerza.

Nuestra fuerza está en la tierra y la unión con ella. las veloces ardillas. Soy piedra y latido. Veo en el aire rostros desconocidos. nuestro vigor está en nuestros cantos. soy rugido de fiera en la noche. resuenan a través de los siglos. 37 . las lánguidas iguanas. Pertenezco a la selva. traspasan la selva y llegan al corazón de la tierra. dancemos juntos. en nuestros pasos a través de los árboles. Piso como la danta. flores y truenos. tengo el signo de la flor y el canto. compás de lluvia en la arena. traigo palabras de unión y fuerza. Palabreo del chamán Soy la voz del piapoco en la rama. soy brillo de luciérnagas entre la hojarasca. mi paso es el paso del lagarto y del jaguar. Están escritas en fuego y sangre nuestras lenguas. Mis cabellos flotan sobre el río. Mi canto es el canto del torrente. en nuestras flautas. que arrastra flores y ramas en la espesura. como el picure. nuestras voces perviven en el aire. Mis ojos miran a lo lejos. Mis amigos son los ardientes cunaguaros. Cantemos juntos. de aliento y de esperanza.

El Chamán de los Cunaguaros. entibiaremos la tierra con calor de sol. a los animales. cada día seremos más fuertes. creceremos como la hierba. Viaje por el mundo indígena venezolano hablemos a las flores. como el bejuco silvestre. Todos permaneceremos. a los ríos. -38- .

como la “malanga”. Allí puede encontrarse desde hojas inmensas. Después hay que seguir más hacia el este. ya se sienten dueños del agua. si se parte. somos gente de canoa! Tratando de mantener el equilibrio sobre una urdimbre de ra� maje que han arrojado al río. como nosotros. Los waraos. que fertiliza las tierras de esta gran comunidad indígena. son lugares mágicos. agitando con ambos brazos unas fron� das que simulan remos. de Caracas. donde el Orinoco se abre en su fabuloso Delta. extrema. los morochos surcan las turbias aguas del caño gritando a pleno pulmón. como el grupo de indígenas que nos han recibido apaciblemente al cumplirse la primera etapa de nuestro viaje. capaces de vestir a una persona. hábiles navegantes. “gente de canoa” (wa: embarcación. arao: gente. gente de canoa —¡Somos waraos. 39 . hasta Delta Amacuro. Los caños y morichales del Orinoco. o el “indio guapo”. hábi� tat natural de los waraos. de una naturaleza exuberante y podría decirse. habitante). Fue ciertamente trabajoso arribar hasta aquí. Para acceder al territorio warao es preciso atravesar los estados Anzoátegui y Mo� nagas. hasta orquídeas de colores insólitos. Entusiasmados por el significado de la palabra warao. rosadas.

son constantes: —¡Carmen. ellos re� doblan sus risitas y algunos se esconden tras los árboles para reír mejor. relajada. Viaje por el mundo indígena venezolano verdes. y viven ahora en pleno contacto con la naturaleza. siempre deseosos de llamar la atención. atigradas. Ahora silban a dúo. al piapoco. o la repetición de un muchacho. Entre los indígenas no hay gemelos idénticos. enormes culebras de agua. al paují de monte. aprende a navegar! Nadie aplaude. míranos. y para la noche los característicos palafitos. monos de diversas clases. Por el contrario. de temores. para satisfacción de mis dos ceritos. pumas. asos —repite Superloro. Allí se escondían durante la conquista. quienes conocen el fenómeno a través de las lecciones de los misioneros. por lo que los waraos. en refugio y sitio de recogimiento espiritual. que resuenan estruendosamente a lo largo y ancho del campamento. a pesar de que ha tenido la precaución de enseñar a sus hijos a nadar desde pequeños y sabe que más allá del agua no pueden caer los novatos marineros. apretados entre la maleza y el borde del caño. uno primero y el otro le responde. de una forma amena. pocas veces los han visto en persona. aves de colorido plumaje y canto armonioso. más que el intenso calor y la humedad del ambiente. somos dos waraos! —¡Filatelio. como si fuesen dos personas en una misma. los waraos han conver� tido los caños y morichales con su espesa vegetación selvática. de urgencias. Yo les sonrío. en perenne comunión con el entorno. El Chamán de los Cunaguaros. como los morochos pretenden. Después de ellos. Lo primero que se siente al llegar. parecen payasos —los increpa Muñeca. muestra su inquietud -40- . los ma� yores también comienzan a reírse tapándose la boca con una mano. Dan la impresión de estar muy entretenidos. sin contar con una fauna impresionante. loros con exóticos colores. Los niños de la comunidad warao celebran divertidos. Sin embargo papá. Los gritos de mis hermanos. Imitan con gracia al arrendajo. es la ausencia de prisas. nos reímos de ellos: —Payasos. sino su parecido para ellos extraordinario. No sólo festejan el sorprendente silbar de mis hermanos. animado. Nos han ofrecido para el día el breve campamento y los co� nucos. su hazaña. —Asos. no se cansan de contemplarlos y admirarlos. enclavados en el agua. En este lugar ideal.

Observamos que hoy día han adop� tado la labranza de conucos. A un brusco movimiento de uno de los dos (¿es a Mor a quien se le ocurre dar un brinco?). en la pesca y en la caza. Mientras tanto. ya en esta etapa inicial del viaje. el mismo atuendo que llevaba originalmente la mayoría de los waraos. cuidado. Nos reunimos todos alrededor del fuego que además de servir para cocinar los alimentos. La subsistencia de los waraos. con arpones. pues ambos. nadan a grandes brazadas dando un nuevo toque de hazaña a su gritería: —¡Indios náufragos. ocumo. se lanza rápidamente al agua y los saca chorreando. Se secarán rápido. arrojando al fangoso turbión a los dos héroes de la familia quienes. no sean locos. vestimenta tradicional de los indígenas desde tiem� pos inmemoriales. con una caña y un hilo -41- . y más recientemente el llama� do ocumo chino. para nada amilanados. somos indios náufragos! Botoboto. en arrimar a la orilla montones de cangrejos. irán a parar a la corriente! No está equivocada. se basó tradicionalmente en la recolección de frutos sil� vestres. pequeños campos ganados a la selva que bordea y acecha los caños y poblados. han optado por usar el guayuco de tejido vegetal que sólo cubre las partes íntimas. espanta mosquitos. en los cuales siembran yuca dulce y amarga. Sa� boreamos trozos asados de ocumo y yuca dulce junto con los tiernos cogollos de palmito que hacen la función de pan. morocotos y cachamas. como la de los demás aborígenes de América. la cual fermentan en grandes recipientes de barro. pueden volcarse. Los Warao. o chicha de yuruma elaborada a partir de la savia de la palma moriche. la improvisada balsa se voltea. Son exper� tos en pescar. En los pozos de los morichales prac� tican aún la pesca a la manera tradicional. experto na� dador. un fornido joven de nariz pronunciada. al que no tardamos en apellidar “olímpico” por parecer un atleta de las Olimpíadas. fro� tando con habilidad unos palitos de guatacare a la manera tradicio� nal. desde lejos vemos que al borde mismo de la selva los demás prenden para ellos una crepitante hoguera. gente de canoa porque conoce la presencia de caimanes en esos caños. y aleja eventuales fieras. También mamá se asusta al verlos a punto de zozobrar: —¡Hijos. que se ha expandido asombrosamente. zancudos y otras plagas comunes en esos cursos de agua. y como bebida el kasiri. batata.

En vilo sobre un tallo caído de palma. —¡Habló el sabio! —ironiza con una mueca Mor. tan fastidiosos y frecuentes en los climas tropicales. —Abran paso a la ciencia —subraya silbando Ocho. antiguo amigo de papá y nuestro anfitrión. monstruos marinos. que ha atraído por siglos la atención de artistas y científicos. delfines. —El territorio de los waraos. —¡Cómo me gustaría verlos! —comento con entusiasmo. de los vástagos de la palma moriche que complementan con carnadas de gusanos extraídos del fruto del mismo árbol: el anzuelo. los morochos se balan� cean y reactivan la conversación con una acertada pregunta: —¿Dónde están los otros waraos? ¿Acaso ustedes son todos? ¿No hay más? -42- . chinches y chipos. muy bien trazados. Nos explican que después de barridos con escobas vegetales. aparece en los más tempranos mapas de la Provincia de Venezuela y la Nueva Andalucía. que ellos destinan a sus principales o a los visitantes de consideración. Cazan poco. Iremos juntos. una especie de roedor silvestre de orejas muy pequeñas y cuerpo grasoso. tallado en un tronco de madera de balsa o sangrito. as� tros y brújulas. pues yo quisiera encontrar antiguas reproducciones de la flora de esta región. —Si algún día llegaras a Madrid. así como los arpones y boyas de pescar. con ornamentos propios de aquella época: peces. que no consideran indispensa� ble. a quienes ya los mismos descu� bridores llamaban “gente de canoa”. es una adquisición relativamente reciente. que pocas veces habla. Eran documentos impresionantes. Después de este frugal condumio. en Eu� ropa. Me asombra la limpieza de esos suelos de tierra. y su presa preferida es el pequeño acure. podrías observarlos en los museos donde los exhiben. que casi parecen pisos de cemento. Londres o Florencia. Viaje por el mundo indígena venezolano recabado. Pero —me apoya mamá condescendiente— tenemos copias en la carto� teca de nuestra Biblioteca Nacional. los lavan con una infusión de hierbas desinfectantes que repele toda clase de garrapatas. Carmen. nos dicen. está sentada en el dujunoko o asiento de honor warao. El Chamán de los Cunaguaros. o conejillo de indias. papá accede a comentar el origen y ubicación de la etnia. Rafael y yo nos sentamos en el suelo. Se lo ha ofrecido el anciano Jabasuru.

de quienes pronto se convertirá en compañero de travesuras. Sucre. jóvenes. Monagas. son más de veinte mil. con un tono agrio que bien comprendemos: —Antiguamente éramos muchos más. los que tú ves aquí. compuesto por hombres y mujeres. un escolar que como la mayoría de los jó� venes de la última generación está aprendiendo en la Misión y en la escuela local bilingüe la lengua de los inquietos viajeros. colocados al otro extremo de Venezuela. Ahora han dejado de reírse. el noroccidental —ha hablado con tanto en� tusiasmo y tanta rapidez que se ha quedado sin aliento. —Así fue. Pero en total. niños y hasta algunos monitos capuchi� nos que éstos cargan abrazados. quizás cente� nares de miles. manos y pies de regular -43- . Conformamos el segundo grupo más nume� roso entre los indígenas. Planteamos enseguida otra pregunta: —¿Hay mucha similitud entre estos grupos waraos? ¿En qué se diferencian? Se hace silencio en el grupo. gente de canoa Les contesta Samu. somos sólo un caserío. espaldas anchas. después de los wayuus. Delta Amacuro y de la Guayana Esequiba. tratando de captar sus rasgos físicos. O no saben contestar. No son altos. Los Warao. Antes de las sucesivas invasiones a nuestro ambien� te. los waraos que habitan los caños y alrededores del Delta del gran río Orinoco. —Nosotros. adultos. nombre que se daba en tiempos co� loniales a la zona comprendida entre los ríos Orinoco y Amazonas. Quizás los hemos puesto en un aprieto. Aprovechamos para mirarlos. decenas. hombros fuertes. pues así llaman al brazo principal del Delta del Orinoco. a lo largo de una faja costera de siete mil kilómetros cuadrados entre los caños Ma� riusa y el área del Delta Amacuro al sur del Río Grande. Habitan los caños del Delta y áreas adyacentes de los estados Bolívar. El olímpico Botoboto completa la información. que se ubica al extremo nororiental de Venezuela. no encuentran las palabras adecuadas. o en su caste� llano escaso y vacilante. ancianos. pero tienen cuerpos armoniosos y bien for� mados. nuestra gente poblaba las vastas áreas de las selvas y aguas que formaban la “Isla de Guayana”. lamentablemente —papá nos pone al tanto de los últimos datos—: La mayoría de los waraos están repartidos hoy día en unos doscientos cincuenta poblados palafíticos.

quizás para defenderse del sol. Carmen. los niños waraos no conocen sino su propio idioma. a la manera nuestra. como todos los loros del mundo. le tienden el dedo a Superloro para que se agarre con sus -44- . Con éstas también se adornan la fren� te. y cuando salen en canoa. de telas de colores. Los niños exhiben una desnudez completa. y les causa gracia que Superloro lo hable tan fluidamente. Ellos también. No entendemos lo que dicen. como frecuentemente hace. usan unas camisas blancas hiladas por ellos mismos que llevan abiertas. bastante pronunciada. Contrariamente a lo que espe� rábamos. hola. característica común de los indígenas sudamericanos. Los hombres visten guayucos. ostenta su potente voz. en los cuales usan también máscaras. pero no saben hablar castellano. y sombreros de hojas de palma. especialmente en los varones. Como todos los indígenas. y desde allí. Sigue reinando el silencio que sorpresivamente rompe Super� mudo. Nos explicarán luego que eso lo hacen sólo en ocasión de fiestas o bailes. bastante más largo en las mujeres. a manera de cintillo. Algunos llevan al cuello sencillos collares de semillas. sino del tipo que llamamos kaki. Vuelven a empezar las risitas. cortado por encima de las orejas en los hombres. pero no blue jeans. y los brazos. tienen loros que repiten las palabras warao: copian lo que oyen. que parece ser universal. De todas formas. Fael! ¡Hola. no están pintados ni maquillados. y collares de peonías y otras semillas de varias vueltas. Las mujeres lucen vestidos largos. inocente y alegre. mirada penetrante. aquí. La piel es de color co� brizo claro. Se les nota sanos y bien alimentados. muchos de los cuales tienen un trozo de tela ade� lante que parece un delantal. Sólo algunos llevan pantalones. Destacan en sus rostros de altos pómulos los ojos oblicuos y brillantes. encima de mi cabeza. haciendo honor a su segundo nombre de Superloro. El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano tamaño. hay murmullos. llamándonos a todos con la adap� tación de nuestro propio nombre: —¡Telio. aquí! —¡Mo-o-o. el cabello negro oscuro. buenos días! Se acercan los niños para mirarlo de cerca. Tienen rostros expresivos. así como ellos no nos comprenden a no� sotros: antes de ir a la escuela. ocho! ¡Buenos días. cortos o arremanga� dos. andan completamente descalzos. telio. ade� más de monitos y morrocoyes. la nariz. lustroso y abundante. el cual se ha instalado.

obtuvieron herramientas. olvidaron su lengua. vestuario. en verdad han ido cambiando tanto. Quizás harían falta menos textos. saludando y pasándose de una mano a otra. una linda muchacha hasta entonces silenciosa. con el fin de que no se pierda nuestra antigua lengua. No nos hemos integrado al mundo criollo. -45- . es decir. la capital del estado. El título lo tenía anotado en la agendita que llevo siem� pre conmigo. que casi han perdido la verdadera esencia indígena. Lo busqué y se lo leí a Botoboto: Idamotuma karata teribuia. y nosotros somos varios millares. vi� vimos aún al estilo tradicional. lo que él hace de buen grado. Pero no es suficiente. Lo elaboró el hermano Pedro Martínez. en espa� ñol y warao. Hay otros libros. fueron asimilán� dose a los criollos. “Los adultos estudiamos”. plátanos y otros recursos de la selva y de los caños. quien estuvo algunos años en el Delta. una bata floreada cubre su cuerpo moreno. el Cancionero warao por ejemplo. algunos diri� gentes quienes sin embargo lo hablan con dificultad. y los escolares que frecuentan la escuela que tenemos en uno de nuestros palafitos. donde maestros waraos imparten una enseñanza bilingüe. fijar y transmitir nuestras tradiciones. todo eso llega a un por� centaje mínimo de la población. y pasa algunos meses allá y otros en el Delta con su familia: —Nosotros. gente de canoa patitas. Pero otros grupos no pudieron mantenerse puros. en los morichales. —Sí —confirmó él—. elaborado por los mismos waraos que investigan y recogen testimo� nios de su cultura. toma la palabra. otros para reunir nuestra literatura. más maestros. sus manos hábiles tejen un mapi- re o cesta con fibra extraída de cogollo de moriche. tratamos de conservar el idioma y las tradiciones. El largo cabello sedoso le envuelve los hombros. Nos alimentamos a base de sagú. ollas de peltre. los que conformamos esta ranchería de Muraki. una joven bachiller que estudia enfermería en Tucupita. Recordé entonces una noticia que acababa de leer en la prensa de Caracas: la publicación de un libro para alfabetizar en warao y castellano. Aquí. instrumentos. Por fin. otros para enseñar el castellano. y en cambio más personas. Los Warao. hace tiempito que circula entre nosotros. conozco ese libro. los que conocen el castellano son pocos. sólo los estudiantes que han cursado el liceo. Es Katera. se han he� cho varios esfuerzos. algunos para enseñar a leer y escribir.

su medio ancestral de vida. En fin. —¿Recuerdan ustedes el caso del caño Mánamo? —nos inte� rroga papá. La construcción de obras para la agricultura. a una relación espiritual. Pero no es tan fácil como la gente de afuera cree. Los criollos se nos han estado acercando más. el anciano Jabasuru añade: —Efectivamente. ha motivado la tala. pausado—. de esto hablan los maestros cuando nos ex� plican la geografía de la parte oriental del país. indígenas. perso� nas entre nosotros. alimentos. ¿Correcto. el mundo warao presenta dos alternativas: por una parte. lo recordamos. ¿Qué quiere decir Botoboto con estas palabras? Reflexiono. —Los waraos que viven en el Delta occidental y suroriental están sufriendo un cambio cultural profundo —prosigue en tono lento. a abandonar la navegación. —En ese sentido tienes razón. otras discutibles. Dirigiéndose especialmente a mi padre. Botoboto? —Casi casi. en este momento y desde el siglo pasado. Sí. Sigo leyendo algunas frases del libro que he copiado en mi li� breta: —Ine jakotai neburatu yabatu: “Yo soy un hombre pescador”. y por la otra. la deforestación de la zona ribereña y el cierre de los caños. y los ha obligado a retirarse de la costa. waraotuma a najoro: “El gusano de moriche es alimen� to de los waraos”. y con buenas intenciones. sentirse acogidos. Era un caño muy utilizado por los waraos para comercializar sus productos vegetales -46- . iguales. hasta antillanas. emocional. les han traído conse� cuencias graves. es un intento acertado de revalorizar la cultura indígena —objeto. Las intenciones de los distintos gobiernos na� cionales. Y tampoco es lo que más necesitamos. criollas. El Chamán de los Cunaguaros. un contacto continuo y siempre más intenso con las poblaciones adyacentes. una vida tra� dicional en un hábitat casi inaccesible al interior del Delta y en sus islas pantanosas. estos libros son también una ayuda material. aprecio tu esfuerzo. Quizás deseen afecto. Ojudo a mojo. a veces positivas. últimamente. instrumentos. Pero quizás ellos aspiren a otro tipo de ayuda. como diques o canales de riego. como todo lo que se le da a los indígenas: medicinas. Viaje por el mundo indígena venezolano —Sin embargo.

ni se pudo recuperar la nave� gación. Los Warao. Fue cerrado para construir un dique que permitiera el acceso a embarcaciones de gran calado. Caño Mánamo se ha convertido en una ciénaga espantosa. como -47- . Mas todo fracasó. no se logró la cosecha esperada. no hubo dique o no fun� cionó. y lo rellenaron de tierra para establecer allí cultivos. gente de canoa o artesanales. y en pueblos fantasmas se convirtieron los caseríos cercanos.

quienes los trasladan a las grandes ciudades. La mayoría se estableció en los alrededores de Tucupita. del trueque con los criollos y con los habitantes de la cercana isla de Trinidad. —¿Y qué pasó con los restantes? —Algunos se integraron a las empresas pesqueras. mamá se per� cata que de los grandes ojos ligeramente alargados de la indígena brotan gruesas lágrimas. Viaje por el mundo indígena venezolano Puerto Amador. —Es preocupante y doloroso —explica la joven—. con un pago irriso� rio. donde no hay ninguna posibilidad de trabajo rentable para ellos. sólo habitados por millares de pájaros que con su intenso revoloteo y sus graznidos hacen imposible cualquier intento de comunicación. Da tristeza pensar que antes vivían apaciblemen� te del tráfico fluvial. lejos de nuestras selvas. —Dijiste algunos. la daiba o hermana mayor de Katera. El Chamán de los Cunaguaros. Allí fueron marginados y hasta despojados de sus conucos por los hacendados y ganaderos del estado Monagas. que pretenden ser dueños absolutos de las tierras ganadas al Delta. Daunaba? Te escuchamos. hacia la cual realizaban frecuentes expediciones comerciales intercambiando plumas de garza. ¿Y los demás? —A los demás les va aún peor. —Los waraos —continúa quedamente Jabasuru— tuvieron que irse. se mezclaron con los criollos y viven como tales. mujeres y niños apenas sobreviven implorando una -48- . Muchos waraos. En esas condiciones les es difícil conservar la cul� tura tradicional. Al mirarla. deja caer el trabajo: —¡Ay! —¿Qué ocurre. Daunaba. en estos últimos años. cestas y chinchorros por objetos manufacturados. casi un lamento lo interrumpe. Un hondo suspiro. hoy capital del estado. —¿Quieres decir algo. de nuestro hermoso país de agua. han sido engañados por traficantes. y los explotan y reducen a la categoría de peones. una de las hermosas coronas con las cuales los waraos se adornan en ocasiones rituales. que también está tejiendo. ¿qué haces? Es una corona. Enséñame. Allá. especial� mente en la zona de Pedernales. en sus actividades agrícolas y madereras. y los explotan llevándolos a la mendicidad. Daunaba? ¿Te lastimaste? ¿Te equivocaste en el tejido? —mamá se le acerca—.

los numerosos jó� venes. Maracay. co� mún a todos los aborígenes como me daré cuenta a lo largo del viaje. -49- . un nombre español y el otro indígena? Risitas por parte del grupo. —¿Y tú? —Antonio Wayaru. la muchachada que ha seguido acudiendo para conocernos. mientras aún recordemos nuestras tradiciones y costumbres. Barquisimeto. gente de canoa limosna. entre extrañada e interesada. qui� zás la pérdida de algún ser querido. estre� chándonos en un cerco. —¿Qué dices. Los Warao. ¡Qué terrible y vergonzoso es esto! Mamá abraza a la tejedora. niños y hasta bebés que lo rodean. su pensamiento: —Mientras nazcan niños y conservemos viva nuestra lengua. sufriendo toda clase de atropellos y penurias. con sus manos tendidas. atentos a sus palabras. —¿Cómo te llamas? —pregunto con curiosidad a uno de los ellos. en Caracas. —Francisco Mataruka —es la inmediata respuesta. solemnemente. —¿Cómo se explica eso. Admiro a este recio anciano. Valencia y otras ciudades de Venezuela. A la vez que se levanta para alejarse un rato. se avecina aún más. ¿hay peligro de que desaparezcan los waraos? —pregunto consternado. seremos cada vez menos. Viene a nuestra memoria el espectáculo constante y frecuente. casi nunca logran volver. los pies desnudos sobre el asfalto. capaz de continuar la tradición de saberes indígenas a sus hijos y nietos. bajo el sol y bajo la lluvia. completa con voz recia. pues agrega con voz quebrada: —Nosotros estaremos cada vez más solos. Colombia o Brasil. a nuestro alrededor. una lata vacía entre las manos. de mujeres waraos rodeadas o car� gando niños. ¡y seguimos reproduciéndonos! Mira con satisfacción. —Somos demasiado obstinados para desaparecer —me tran� quiliza Jabasuru sonriendo—. A su partida. Por falta de medios. muchachos. Con esa costumbre de la risa. quizás para ir a desbrozar su conuco de las hierbas malas que nacen cada día. paradas en los semáforos y cruces de las calles desde el alba al ocaso. segui� remos siendo la antigua y memorable nación warao. Se nota que sufre por la ausencia.

uno de nuestros mayores logros. para el bautismo. espontáneo. que ya es bachiller. —Mira aquí: Simón Kiwikure —me enseña orgulloso su cédu� la nuevecita un chiquillo vivaz quien ha ido a buscarla expresamen� te—. como lo manda su fe. ciudadanos. Esto se refleja en el acta de nacimiento y en la cédula de identidad. para diferenciarnos. para recordar y resaltar la etnia a la cual pertenecemos. La recibimos. Podría creerse que es uno mismo el objeto de ella. —¿Qué crees tú acerca de esos nombres nuestros? —me empla� za un nieto de Jabasuru. tomado de algún santo. y de los abuelos. deben habérselo puesto los misio� neros. les sirve de apellido. pueden votar y tener constancia de su edad que anteriormente cal� culaban en forma variable y aproximada. El Chamán de los Cunaguaros. apellido. El primero. o uno de su especial de� voción. en� tiendan o no. Las explicaciones que me da Kosibu son claras. —¿Todos ustedes tienen cédula? —Apenas la última generación. por la misma serenidad en que viven. los aborígenes utilizan su nombre en público. aunque sin consultarnos. A la vez tratan de que no perdamos el de nuestra ascenden� cia indígena y con este fin nos lo ponen como apellido en la misma partida de bautismo. aparecen inscritos en los registros electorales. Viaje por el mundo indígena venezolano no nos sentimos incómodos. de cuando por fin los “civilizados” dejaron de tildarnos de “irracionales” y em� pezaron a considerarnos. acompañadas de miradas de simpatía: —El segundo nombre. —¡Acertaste! Al bautizarnos. tengo nombre. son recibidos en los hospi� -50- . ninguno. generalmente el del mismo día. Afortunadamente encuentro una explicación lógica que. a los 13. y hasta fecha de nacimiento. Kosibu. si es que vamos a la escuela —contesta por él Kosibu—. al terminar el sexto grado de la educación básica. 14 años. y a la vez estre� mecedoras: ¡sólo desde que tienen cédula. es recibida por otro coro de carcajadas. Pero entre nosotros. Pocos de nuestros padres y de nuestros hermanos mayores la tuvieron. los misioneros nos dan el nombre de algún santo cristiano. que es indígena. preferimos utilizar nuestro nombre familiar indígena. pero luego es fácil advertir que la risa es para los indí� genas algo sano. La cédula ha sido una conquista reciente. como los demás estu� diantes del país. como ellos mismos.

cubierto con corteza del mismo moriche o también de una variedad de la palma de manaca llamada anare. suspendidas sobre troncos. maravillado por la es� tilizada gracia de esas habitaciones acuáticas que parecieran brotar del plácido caño. Los Warao. quien tuvo la desdicha de perder a un hijo cerca de aquí. de gran altura. En una emotiva carta. en un combate en la Guayana. estas aguas las surcó también el famoso aventurero y literato inglés Walter Raleigh. Las observo y detallo yo también. encajadas una en la otra por troncos de árbol. para mantenerse seco. La emotividad del instante me induce a reflexionar sobre mis lecturas en relación a ellos. el suelo y el techo constituyen dos construccio� nes independientes. que de cuidar su vida”. sino también a todo lo que amaba en esta vida”. Raleigh refiere cómo su hijo había muerto en el primer asalto. Después la recorrió el idealista viajero Robert Dudley. allende el curso de agua. Sus antepasados vieron el arribo de Colón en el tercer viaje. El mismo Almirante comenta en su Diario de a bordo cómo una ola inmensa. pero ubicadas en el otro extremo de -51- . estuvo a punto de hacerlo naufragar a la entrada de la Boca de Serpiente. quien en el siglo XVI levantó los mapas del Delta del Orinoco que sirvieron de guía a los demás navegantes. gente de canoa tales en caso de necesitarlo! ¡Y han pasado más de cinco siglos en la clandestinidad! Al contemplar al resplandor de las llamas sus rostros circuns� pectos. yo pensé en la impresión tan grata que estos indígenas debieron causar en los primeros navegantes europeos. “más deseoso de adquirir honores. Con dolor de padre expresa “yo no he perdido únicamente a una querida prenda. a comienzos de agosto de 1498. Interrumpo mi soliloquio histórico y decido reunirme con papá quien. techadas con hojas de palma de moriche ojidu arroko. casi hundidas en el agua. Estas mismas viviendas. pues me ha en� cargado redactar las narraciones de las fotos. exploradores y conquista� dores. pero afables. descansa. la cual abunda en el interior deltaico pues ne� cesita bastante humedad y agua no salobre. sobre gruesos pilotes enclavados en el lecho del caño. rugiente. instalado con su equipo al borde del caño se encuentra muy atareado enfocando desde diversos ángulos los palafitos que nos quedan al frente. Posteriormente. Las más tradicionales no tienen paredes. Los palafitos waraos son típicas viviendas indígenas hechas de palma. El piso.

Mor se sobresalta: —¿Cuáles fieras? —no se imagina que el discurso va en serio. y al lugar le dan mucha importancia. habitadas para entonces por los Paraujanos hoy desaparecidos. Mas enseguida. es decir que deben adaptarse a su hábitat. a orillas del lago de Maracaibo. al que llaman. aunque ya creo saber la respuesta. y le piden que indique con la mano la dirección de su origen. lo primero que le preguntan es “de qué lugar viene”. fueron las que dieron origen al nombre de Venezuela. —En primer lugar los caimanes. Pero ellos no podrían trepar a nuestros palafitos. -52- . Para ellos noko es “el lugar”. A su palafito o casa los waraos lo llaman hanoko. agrega una frase tenebrosa—: pero a veces se escuchan sus gruñidos en la noche. —Lo hacemos porque habitamos una tierra fangosa y anega� diza. Viaje por el mundo indígena venezolano Venezuela. arao: gente. nos acercamos a nuestros pa� dres. en voz tan sonora que al oír la palabra “fieras”. un ronco gemido. —¿Es decir que estuvimos en peligro mortal? —chilla Mor. —¿Por qué construyen sus viviendas de esta forma. cuando el navegante floren� tino Américo Vespucio al llegar allá en 1499 recordó a la legendaria Venecia. quizás para jugar a asustarlos. —No hay tantos —Kosibu es sincero. para protegernos de la plaga y para defendernos de las fieras salvajes —responde Kosibu. aunque la oscuridad está lejos de caer. El Chamán de los Cunaguaros. gente de tierra alta ( jota: tierra alta. Los morochos se inquietan aún más al oír la palabra caimán: —¿Hay muchos por aquí? —indaga a su vez Ocho. jotarao. sin importarle su procedencia. En ese momento nos llegó un ruido siniestro. y los dejamos satisfechos al señalarles al oeste una dirección lejana. mirando confiados la pira siempre encendida. que son una tremenda ame� naza por ser estas aguas estancadas y oscuras. y no las han modificado en tantos siglos? —inquiero entre la juventud para tener un testimonio directo. Durante este último diálogo Jabasuru había regresado cargan� do unos grandes y suculentos ñames que traía del conuco. Así lo hicieron con nosotros. habitante) llega a sus poblaciones. ¿o serían los chasquidos de las ramas con el viento? Por si acaso. Cuando un fo� rastero o no waraos. el occidental. que parece surgir del mar Adriático.

con el fin de hacernos escuchar. De mi generación. realizado en 1990. Jabasuru? —es papá quien pregunta. Fray Antonio Caulín. o “paraíso de agua”. Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés. a través del cual podríamos traba� jar en forma artesanal y aprovechar la bora. el “Proyecto Delta Amacuro”. sobre todo las del Nuevo Mundo. gente de canoa —Nuestro país de agua. Y aho� ra. —¡El programa completo de historia colonial! Nunca hubiese pensado encontrar una biblioteca especializada aquí. no hubo medios ni patrocinio. en una de estas viviendas tan singulares de los waraos. Puedo mostrárselos. a la que tanto aspirábamos. como yo mismo. como nos gusta llamarlo. las -53- . —¿Recuerdas los autores? —Fray Bartolomé de las Casas. Hubo uno muy importante. se han ampliado aún más las posibilidades de estudios superiores y técnicos para nuestros hijos y nietos. la palma moriche. de los primeros. sólo unos pocos se graduaron de bachilleres o de maestros. José Gumilla. Eran otros tiempos. en el tercer milenio. Los Warao. —Muchísimo. Durante las últimas décadas he� mos tenido oportunidad de reflexionar. a través de algunas Misiones creadas por el Ejecutivo. ¡Les habrá costado bastante lograrlo! —¡Y todavía! Estamos en un proyecto de reserva de biósfera. Para la universidad. Juan de Castellanos. Antonio de Herrera. Tengo en mi vivienda varios libros de cronistas e historiadores que he logrado reu- nir a través de años. principalmente anfibios y peces. Desde entonces. —¿Y tú. Fray Pedro de Aguado. Nos hemos ido organizando y pudimos instalar los congresos waraos. en el cual se logró un pequeño cupo de admisión a las universidades destinado exclusivamente a los indígenas. —Muy justo. —¿Y ahora? —La situación ha mejorado. la historia. es uno de los más antiguos y ricos ecosistemas del mundo. Jabasuru. ya varios se han graduado. Todavía conserva especies endémicas desconocidas. Fray Pedro Simón. sobre las aguas. —¿Te interesan las ciencias naturales. no lograste estudiar en la universidad? —No pude. de conocer nuestros dere� chos. José de Oviedo y Baños.

junto con la creencia de que quien come su carne no acierta a dejar esa tierra. la gigantesca mora. Las frondosas selvas que se extienden a lo largo de los caños son valiosísimas en varias clases de preciadas maderas. permitiría a la juventud disfrutar los productos del desarrollo actual. Esto ayudaría a nuestra gente. pues ella constituye el principal recurso de adaptación de los indígenas americanos a su propio ecosistema: todos sus componentes son objeto de consumo o insumo directo. que nosotros mismos hemos observado en nuestro reco� rrido. La fibra extraída del cogollo de moriche sirve para tejer chinchorros y cuerdas de distinto grosor y resistencia para diferentes usos. collares. adornos. pavones. dijiste. el cua� jo. Mis hermanos y yo logramos distinguir tres clases. duras y blandas. vivir tan confortablemente como en las poblacio� nes criollas. Pero la riqueza más grande la constituyen las palmeras. la sapoara y el morocoto. la palma moriche es considerada sagrada por los waraos. Viaje por el mundo indígena venezolano maderas. Además nos proponemos implantar una cría de cachamas. -54- . casi bailando. lazos. Tradicionalmente. el puente tiende de un lado a otro. y ade� más para elaborar las cestas y las coronas. se casará con una muchacha warao! ¡Cuánto de la cultura aborigen ha penetrado en la nuestra. Jabasuru? Mis hermanitos. especialmente las bromelias. y quien come la cabeza del pez. su pasarela como un chinchorro… ¡Cómo me agrada oír mencionar la sapoara. esta última en tres variedades. nuestras flores. Se destacan la alta ceiba. y no nos damos cuenta! Si logran implantarlo. la temiche (yawiji) y la manaca (anare). —¿Sapoaras. ese pez cuyo nom� bre indígena pasó a nuestro idioma. progresar. el Proyecto Delta Amacuro tendrá segu� ramente éxito. entonan con alegría. sapoaras. el purgo. el añorado canto infantil: Miro del puente del Orinoco. con el fin de venderlos. El Chamán de los Cunaguaros. Y con razón. el sangrito que produce una especie de madera de balsa. comerciali� zarlas. que con mayor precisión nos señala� rán más tarde nuestros recientes amigos: la palma moriche (ojidu). que aún son niños.

Con la fruta elaboran una bebida muy aceptable y para completar. gente de canoa que usan en ocasiones festivas. podríamos encontrarlos con títulos universitarios de profesores. La corteza se utiliza para hacer los pisos de las casas. médicos. —La figura del cacique —interrumpe papá que siempre trata de aclararlo todo—. Se interrumpe pensativo. —Sí. La firmeza de su mirada y su recta expresión garantizan que así será. ayudarán y defenderán mejor a su pueblo. —¿Crees que ellos regresarán aquí? —Seguramente. Noto que quisiera decir algo que no se decide a expresar. nosotros hemos trabajado y luchado mucho… pero nues� tros hijos serán profesionales. ¡Y cómo nos alegra pensar que en el próximo. —Un trabajo y una lucha constante. Papá dice que encontraremos a varios indígenas con formación de maestros y técnicos en nuestro viaje actual. su mirada adquiere un destello extraño. velas para las canoas y recipientes para guardar la savia que proporciona el almidón con el cual hacen su pan o sagú. enseres domésticos y especialmente para cons� truir las pistas de baile. esas emblemáticas figuras del pasado aborigen que dieron vida a las primeras páginas de la historia americana? —le pregunto. —Hablas de dirigentes. No hay duda. Los Warao. salvaje. boyas de pescar. ¿Porque estamos nosotros? ¿Por cierto temor reverencial? Sus ojos oblicuos parecen captar un punto remoto en el tiempo. que los jóvenes waraos no se aprovecharán de los recursos del Estado para especializarse en otras regiones y explotar sus conoci� mientos en lejanas latitudes. odontólogos. pues por presentar cierta elasticidad ofrece comodidad y resistencia a los saltos de las danzas rituales. Este es el pacto. Con las hojas techan las casas y con los pecíolos conforman arpones. la condición esencial. líderes. botánicos!… Jabasuru sigue reflexionando: —Nuestros jefes nos han guiado bien… y nos siguen guian� do… especialmente los líderes más jóvenes. en el tronco de la palma se crían unas larvas grasosas o gusanos que les suministran tantas proteínas. tan representativa y famosa en tiempos de la -55- . ojalá dentro de pocos años. jefes. la de la gente warao. ¿Y por qué no de caciques. que pueden sustituir a la carne.

Jabasuru. pues entre los waraos. aquellos gloriosos personajes de resonantes nombres. quizás renunciaron voluntariamente al poder que poseían. la tranquili� dad reina en nuestros pueblos. de su fuerza original. —¿Y el chamán. es completamente enigmática: —Quizás sí. el misterioso sacerdote que tiene algo de cu� randero y de mago. como en la mayoría de las etnias indígenas. La contestación de Jabasuru. quizás no. los ancianos han suplantado a los caciques como guías. algunos aún existen. ya no existe más. atraer las lluvias y desentrañar el futuro. sin perder de vista las llamas que continuamente ati� za. afortunada� mente. nos resignamos —en la voz del anciano hay un dejo de tristeza. ante un mundo tan distinto. Sin embargo luego levanta la voz. asiente con la cabeza. decidido: —Aún tenemos chamanes. Terepaima. Aquella época de guerra contra los invasores y de rivalidades entre nosotros. Los grandes chamanes se fueron haciendo a un lado. dirigentes. Naiguatá. Paramaconi. casi únicos. que algunos podían conjurar tormentas e inundacio� nes. todo con un simple -56- . se aquietaron las hostilidades. —¿Eran muy poderosos? —Tanto. ha ido desapareciendo. pronunciada después de una larga pausa en forma de murmullo sonoro. que conoce los secretos de las plantas y puede sanar males físicos y espirituales? ¿También desapareció? Se nota una gran desilusión en la voz de Mor. Tama� naco. —Pero entonces. —Se ha acabado la época de los caciques. Es muy respetado entre el grupo o nebú que nos alberga por ser el más viejo. Pero son pocos. tan sometido a la razón. El Chamán de los Cunaguaros. ¿no han tenido sucesores? —pregunta. A través del tiempo la figura del chamán ha perdido mucho de su brillo. Con el transcurrir de los siglos. nuestro número ocho. consejeros. No tenemos enemigos que enfrentar. Ocho también pareciera sentir el mismo desaliento. célebres en la historia de América. Viaje por el mundo indígena venezolano conquista por la forma como ellos conducían a sus guerreros y por el valor con que resistían a los conquistadores. Vivimos actualmente un período de calma. con su acostumbrado empuje. después del acoso que nos redujo a esta exigua población actual. Guaicaipuro. al materialismo. cesó el exterminio.

¿aún logran curar con las plantas? —insisto. volar y ver sus pueblos desde arriba. transmutados en caimán o en la serpiente de agua. la gran madre de los ríos. —¿Y eso te parece poco. ¿Se� ría cierto. al que le fue arrebatada gran parte de su fuerza. Pero debes saber que hay casos reconocidos por los mismos galenos en los -57- . —¿Tú conociste alguno de los grandes chamanes. Botoboto titubea. Entonces Botoboto concluye el relato: —Poseían conocimientos especiales. Quedamos dudosos ante tan extraordinarias revelaciones. Conta� minados de ritos extraños y creencias foráneas. —Hoy día. Botoboto? —Yo… todavía… Extrañamente. tan extraños… —¿Y ahora? —preguntamos— ¿Ya no pueden hacer esas haza� ñas? —Perdieron mucho de su poder. quizás escrutando nuestra reacción. deberíamos rechazar todo lo que decían… sin em� bargo… la magia indígena tiene tantos secretos. lograban bajar a lo más profundo y revelar si había buena pesca en las pozas. aprieta los labios y baja la cabeza. Sus conocimientos de las hierbas curativas son tan certeros. Podían convertirse en gavilanes. ¿la gente a quien le hace más caso? —Un poco a ambos… —Habasburu no se compromete—. y a un gesto impositor de Ja� basuru. como todo nuestro mundo indígena. con una mirada penetrante y secreta. se limitan al uso de las plantas curativas y mágicas para aliviar males físicos y espirituales. comparado con todo lo que podían hacer antes. habría algo de verdad en lo que los waraos nos relataban? Racionalmente. —Seguramente. gente de canoa gesto de sus manos. Los Warao. Botoboto? —Es poco. que hasta los mismos médicos los aprecian y recurren a ellos para consultarlos sobre algunos casos específicos. Por largo rato el “Olímpi� co” no volverá a hablar. Sin intervenir en el diálogo. sus mágicos poderes tras� pasaban fronteras. El anciano calla. mamá asiente con la cabeza. —Y en esa colaboración entre médicos y chamanes. ahora en su mayoría sólo practican la curandería. Tor� nados en peligrosas víboras podían vengarse de sus enemigos. de supersticiones y ceremoniales ajenos a la tradición warao.

es decir especialista en fabri� car canoas. así como yo con papá. Lo hago. posado en un bucare bajo. de comprensión nos une y envuelve. y encargado de supervisar la fabricación de todas las -58- . o sobre la persona enferma o necesitada. —¿Y cómo son esos pases mágicos? —Son movimientos con las manos. más reflexivo. de emociones. ahora somos los ancianos los que tenemos au� toridad sobre la familia y la etnia. Y yo también a él. y quizás fue esa la hora más densa de experiencia. diferencias. Resolvemos contiendas. más maduro que yo. bebedizo. que lo llevaría a hacerse moyotu. Viaje por el mundo indígena venezolano cuales los medicamentos surten efecto sólo si es el chamán. Pasé con Botoboto menos de una hora. Sentimos que un halo de afinidad. Creo que tenemos la misma edad. Durante toda la conversación me ha estado mirando. que había vivido en mis catorce años. Al rato. hacia arriba. reconozco con cierta vergüenza. su mano derecha diríamos nosotros. —¿Así es de verdad? ¿Cómo se explica? —Porque los curanderos conocen palabras. para conjurar el mal. hacia abajo. ejecutados en forma rítmi� ca y característica. estudiando mi actitud y mis impresiones. —Estos curanderos actuales. Los hacen sobre algún cocimiento. El Chamán de los Cunaguaros. tratamos de mantener una apacible convivencia y la serenidad en nuestros po� blados. tanto en la vida diaria como en el trabajo —afirma Jabasuru con un desplante de orgullo—. dejando a Supermudo que estuvo mudo y triste bas� tante tiempo. cantos. cele� bramos alianzas matrimoniales. quien los suministra y aplica. —Telio —me dice por fin. ¿tienen mucha influencia en las comunidades indígenas? —En realidad. hasta aquel mo� mento. la construcción de patios o áreas de fiesta y danza. acompáñame. pases mági� cos que potencian los efectos benéficos de los vegetales. llamándome como lo hace mi loro—. Parecieran apartar el aire o acariciarlo. Botoboto se me dirige a mí directamente. a quien ellos llaman curandero o curioso. pero Botoboto se nota más serio. él estaba en un proceso tradicio� nal. Es sin duda el mejor ayudante de Jabasuru. te enseñaré mi canoa. planeamos el levantamiento de nuestras viviendas con sus puentes. ven conmigo. Según me explicó Botoboto.

musculosos). esto lo convertiría en una autoridad en materia religiosa. —¿Y tú ya has aprendido todo esto? —Sí. como vela. canalete. cestas. por ejemplo las constelaciones y los astros. un precio irrisorio. y el canalete sólo lo emplean para distancias cortas. tenemos que familiarizarnos con la ubicación de los morichales. y tener amplia experiencia para cubrir grandes distancias. que transcurre muchísimo tiempo en ella. apoyado solamente por su hahe. la antigua explo� tación de que son objeto los indígenas. Además de proporcionarle am� plios conocimientos técnicos. sombreros. tienen una vida breve. lo fui aprendiendo desde niño. los de Murako. con las diferentes especies de peces. chamanística y referente a la cosmovisión. con la calidad y época de maduración de los frutos silvestres. limpios. —Por otra parte —me aclara en tono burlón—. Los Warao. con el hábitat y comportamiento de los animales. No tienen acceso directo a ella. ni podremos jamás pagarla. pienso. gente de canoa embarcaciones de la comunidad. Un simbolismo profundo conecta la canoa con el destino ulterior del moyotu. a diferencia de nuestros brazos (y aquí levanta y extiende los suyos. no poseen dinero para pagarla y los muchos revendedores se la cobran mucho más de lo que cuesta. Pero hay otras cosas que aún no domino. bronceados. o a veces con una hoja de palma temiche o con una conformada por vástagos de moriche. nunca hemos podido. temichales y macanales. —Para sobrevivir en el Delta —prosigue Botoboto con gran compenetración— es necesaria una comprensión completa y a la vez detallada del medio ambiente. el verdadero warao nunca renunciará a la navegación tradi� cional en su canoa. Además. esos motores se echan a perder a cada rato. Debemos dominar la red de los gran� des ríos del Orinoco. —¿Hace falta conocerlos? -59- . chinchorros. Si bien es cierto que también entre ellos en la actualidad se ha generalizado el uso de motores fuera de borda. en un trueque en el cual asig� nan a los productos indígenas. distinguir los caños no funcionales o de escasa corriente. ¡huele malísimo y cuesta carísima! Nosotros. Al precio real de la gasolina se añade. dentro de la cual pedirá ser sepultado. y la pestilen� te gasolina con que se mueven. debe conocer las corrientes de los ríos y la dirección de las mareas. memorizar todos los atajos y cañitos.

el Orinoco experimenta una fuerte creciente y las islas del� táicas se inundan: hay que abandonarlas. explícame mejor. preparar otras viviendas. sabemos que está entrando la estación de las lluvias. —Cuando al anochecer aparece encima de los árboles. —¿Y la navegación. son necesarias. —¿Las lluvias representan un problema para ustedes? —me atrevo a preguntar. una estrella de la constelación Cáncer. El año. Pero. se cuenta por el paso de las lunas. ya. —¿Estas crecientes son peligrosas? —inquiero con aprensión. pues no tenemos otras fuentes de agua dulce. ambos selváticos. con relámpagos y truenos. de enero hasta abril. —No entiendo bien. nuestro kura o joida. —Pueden serlo. Hay épocas especiales -60- . Los primeros aguaceros son terribles. He Araní. —No. prevenirlas y tomar medidas. de ninguna manera. y la fabricación de canoas. pero la duración de la luz y de la oscuridad la rigen las constelaciones. jo manuka y joida. que también determinan las épocas de lluvia. El Chamán de los Cunaguaros. determina el día. de tronco rojo y de tronco blanco. Lo cierto es que frecuentemente destruyen y obligan a abandonar las plantaciones de maíz y plátanos que algu� nos waraos y criollos intentan cultivar. y nos damos cuenta de que Orión y las Pléyades han desaparecido. La luna. El sol. Por otra parte. —Durante nuestra estación seca. —¿Cómo saben cuándo va a llover? —vuelvo a la carga. el agua cercana a la costa se vuelve salobre: este fenómeno puede llegar has� ta unos sesenta kilómetros río arriba de todos los caños. Cuando se presentan creci� das excepcionales todo se pierde y sólo es posible. así como las fases de marea muerta y marea viva. Para algunas etnias comienza un nuevo año. aprovechar esas tierras como pastizales en la época seca. por el Oeste. Debemos estar prevenidos y almacenarla en pozos. La vida de los waraos depende del ciclo anual marcado por ellos. waniko. Botoboto? —Más que todo con la práctica. debemos saber cuándo empiezan y cuándo terminan. Desde pequeño aprendí a re� conocer y ubicar los árboles apropiados: los bisi y los habe. una vez al año. Viaje por el mundo indígena venezolano —Es imprescindible. en la época de lluvias. cómo las apren� diste. determina con sus fases el flujo y reflujo de las aguas. trasladarse a ellas. jokoji. luego.

Cuando el vaciado ha llegado hasta las perforaciones. De extremos aguza� dos. —Yo leí en mis libros de historia que ya desde la época de la Conquista era conocida la habilidad de los waraos. pareciera dispuesta ya a cruzar los caños. gente de canoa para tumbarlos y para cortarlos y tratarlos. para ahuecar la parte central del tronco. a los que algunos antes llamaban guaraúnos. que realizaban según antiguos métodos mediante hachas de piedra y conchas marinas. que se usan para cruzar ríos menores. Botoboto sonríe orgulloso. Pero detente. ya hemos llegado. —Hay dos tipos de embarcaciones —sigue explicándome con paciencia. para asegurarse de que no se haya ahuecado más de lo conveniente y resulte en un casco demasia� do delgado. en la construcción de excelentes canoas y curiaras. actualmente con herramientas de metal obtenidas de los criollos. Telio. Después que el tronco ha sido moldeado se le perforan pe� queños agujeros en la parte exterior. pide a gritos ser usada! Ante mi incontenible admiración. así lo hacían y en parte todavía lo hacemos. Para un especialista en hacer canoas la cuestión no está en tumbar el tronco apropiado. construida para ad� quirir velocidad en el agua. considerados expertos carpinteros. ayudándose con el fuego. sino que es mucho más compleja: hay que esperar el momento propicio en que la madre de la selva. y embarcaciones más pe� queñas hechas de corteza cosida con fibras de palma. halagado por mi evidente interés— aunque a ambas se les llame corrientemente canoas: hay curiaras y canoas monóxilas fabricadas a partir de un tronco ahuecado. un brillo especial. Arotu. Los Warao. que requiere precisión y exactitud. exacta. refulge con la luz que apenas penetra por entre los árbo� les. anti� guamente usando hachas de piedra. Se construyen de un solo árbol. aerodinámica. Dauarani. capaz de contener en su interior fácilmente unas diez personas. Asombrado por su extre� ma precisión exclamo: —¡Ágil. dándole un aura mágica. —Exacto. otor� gue el permiso y en que el guardián del árbol. He aquí delante de nosotros la canoa de Botoboto: al pie de un tamarindo. esté listo para transformarse en canoa. estrecha. La fabricación de una canoa es un proceso largo. se ha logrado el espesor apropiado del casco y se detiene el proceso de -61- . Pocos conocen hoy en día la manufactura de las curiaras tradicionales.

la cautela. la mancha colorida del guayuco sobre el cuerpo desnudo. El Chamán de los Cunaguaros. —De ninguna manera. creo que lo he sor� prendido. —¿Y cuáles islas? —Trinidad. Telio. caños y por nuestros dos mares. Viaje por el mundo indígena venezolano ahuecamiento. un -62- . interlocutor de la bóveda celeste. procuramos ser meticulosos y precavidos. Me gusta navegar por nuestros ríos. de los vientos. la prudencia. no pescador. Tucupita. Barranquilla. Con mi curiara surco las aguas del Orinoco. sentir que supero los peligros. —¿Puede suceder eso? —me extraño. Me he dado cuenta de ello a lo largo de mi ob� servación y de nuestra conversación. No lo dudo. Curazao. —¿A dónde vas con tu canoa? ¿Sales a pescar? —agrego impru� dentemente. A nosotros difícilmente. la reflexión son sus características. Aunque sean creativos. penetro en los caños más escondidos. Por su mirada seria y su expresión ceñuda. no hay sino quince kilómetros de aquí a Trinidad. Sabes. los acechos de la naturaleza? ¿Cuánto tiempo me llevaría aprender todo lo que él ya sabe? ¿Quién me lo enseñaría? Me doy cuenta de que es. de las co� rrientes. las arenas movedizas que pue� den tragársela sin remedio. Quisiera imitarlo. las islas del Caribe. es necesario que quien la lance al agua sepa detectar los peligrosos bajos. —A veces. Margarita. Los waraos no dejan nada a la improvisación. experto y soñador. Paria. por inexperiencia o imprudencia. Pero. tocar las poblaciones de los criollos. a veces junto con el canoero —concluye sarcásticamente. solitario navegante en el Caribe con su canalete labrado y su vela vegetal. casi ofendido. Sin embargo. en soledad. ¡Dominar el mar! Me imagino a ese joven warao. a los criollos. ¿sería yo capaz de vencer. se tapan los agujeros con tapones de madera. puedo navegar días enteros. —¿Cuáles poblaciones? —Barrancas. sigo las corrientes. lucho con los caudales y los remolinos. Siento envidia por esa forma de vivir. —¿Vas solo? —Siempre solo. los anegadizos. el suyo. Tobago. Por fin. como él lo hace. que domino el mar. yo soy canoero.

por lo menos en esa forma tan natural y espontánea. Regresaré aquí preparado. El más occidental de los caños. aprovechar sombras de árboles que nunca resguardaron la presencia del hombre? —Completamente cierto. Mánamo. llamado Río Grande. las blancas o rosadas garzas. serpenteando entre las islas por cañitos escondidos entre ramas y hojas. al que ustedes llaman Golfo Triste. casi abrazada por el oculto verdor de la vegetación. por el mar. transmitido fielmente día a día. de volver para completarla y proseguirla? Aún no lo sé. los criollos. —¿Es posible. poética. el guayuco- delantal (bua o buha) hecho a la manera antigua como el que lleva ahora levantado por el viento. espero conseguir un subsidio para estudiar oceanografía y piscicultura en la Universidad de Oriente. Cuando tú vuelvas… Se interrumpe y nos miramos los dos. los loros. lograría hacer lo mismo. mi vacilación. desemboca en el golfo de Paria. el desprendimiento que los indígenas tienen. casi des� conocido. Los Warao. que en este siglo XXI tú. hollar tierras jamás pisadas por ser humano. mientras que el brazo mayor del Orinoco. los guacamayos azul y amarillo. vierte sus aguas en el Atlántico. Me sonríe: —Quiero decirte. “Cuando yo vuelva…” ¿Habrá un retorno? ¿Seré yo capaz de no dejarme arrastrar por la rutina ciudadana. de no olvidar esta lección de vida que Botoboto me está dando. Botoboto. Otra vez ante mis ojos la figura esbelta. Y te diré más. Ninguno de nosotros. gente de canoa saber conquistado lentamente a través de generaciones. de día y de noche. luego a través de los caños más grandes. con bases -63- . que estoy haciendo investigaciones sobre el ecosistema del Delta. la constancia. ¿Qué entiendes con eso? —Nuestro Delta es muy ancho. intensamente. los pericos. acompañada a trechos por bandadas de pájaros. el valor. saludada desde la orilla por sorprendidos dantos y bá� quiros y entre las aguas por morocotos y sapoaras. ¿Los tenemos nosotros? ¿Hasta qué punto? Botoboto percibe mi preocupación. momento a momento. en tus nave� gaciones con tu canoa. como creativa. en el mar Caribe. hayas logrado cruzar aguas nunca surcadas. —Has hablado de dos mares. Haría falta el empeño. Yo navego de uno a otro. Telio. Es aún muy poco explorado. Ya que terminé con buenas calificaciones el liceo. la sutil canoa impulsada por el liviano canalete entre los manglares. y vuelvo a navegar. morena.

asada sobre las llamas. quizás con instrumentos. Nos volvemos a mirar. El fuego nunca se apaga. más o menos como “el fuego de mi sueño”. cuando hagas conocer tus descubrimientos y realizaciones. tratando de calcular las horas y minutos -64- . dauwaba. estaré contigo. dónde y cómo podría yo. “mi fuego”. hacer algo tan importante. có� modo. al que llaman ha. La responsable del fuego es la mujer. Doy vueltas en mi chinchorro de fibra de moriche. miles de luciérnagas rodean los palafitos. Creo que podré adelantar mucho en este campo. Ella es también la encargada de recoger y almacenar la leña a la cual llaman. con tan limitada prepa� ración. No hablamos más. Fijo los ojos en mi flamante cronóme� tro con luz incorporada. diríamos nosotros. Pero yo me siento mortificado. o por lo menos comparable a lo que se propone hacer y seguramente hará con tan pocas herramientas tecnológicas. compuesta por lau-lau y cachamas que acaban de sacar del caño. cuando todo el mundo valorice tanto tu aporte como la riqueza de esta región. y al atizarla en las madrugadas frías ubahe. único mobiliario. donde nuestros anfitriones nos brindan una apetitosa comida. producto directo de la selva y de las aguas del corazón de nuestra misma tierra? Se anuncia el anochecer. Viaje por el mundo indígena venezolano científicas. El Chamán de los Cunaguaros. Te prometo que en aquel mo� mento. Aún no es total la oscuridad cuando. dejamos la orilla de la selva para dirigirnos a los pala� fitos. —Y yo estoy seguro. con medios de trabajo. criollos. Regresaré para compartir tu éxito. ancho. en la noche se coloca debajo de los chinchorros para que dé calor y ahuyente la plaga. al amontonarla. insatisfecho. sobresaliente estudiante ilus� trado de principios del siglo XXI. guaraúnos y jotarao. de la choza warao. aborígenes. La noche cae con un pleno de estrellas que relucen casi al alcan� ce de la mano. a la cual con razón llaman hanoko. Durante el día se mantiene en� cendido en la cocina. “mueble”. apiñados en las alargadas embarcaciones que ellos manejan diestramente. el lugar del chinchorro. ¿Cuándo. utilizando arpones fabricados al mo� mento con vástagos de palma moriche. Todo está dicho. a la que a veces dan el sobrenombre de mahekunu. donde descansaremos hasta el amanecer. Sigo sin po� der conciliar ese sueño tan universal que abarca a todos. Botoboto. hay grandes fogones. la principal del día. este indígena. esta vez alentados los dos. Sobre el piso de las casas. encima de una capa de barro. Nos acercamos al campamento.

distante. Les habla. pero creo que no saben nada. Rafael? —Esta gente es muy colaboradora. luminosos. —Un bello sueño por el que valdría la pena luchar. Dicen que anda rodeado de animales. tradiciones e ideología. ¿Cómo es ese chamán? —Lo describen alto. tener mejor calidad de vida y ocupar un lugar más justo en la sociedad actual. matizado por gritos de animales. —Puede ser alguna fantasía. —O quizás exista. porque conozco la historia. de piel clara. tañendo una flauta muy melodiosa. —¿Sí? ¿Qué te dijeron? —Me hablaron de un chamán. su mirada misteriosa. rescatar su grandeza y dignidad. Parecía atisbar un recuer� do. abstraída. una visión lejana. que los visita y los aconseja. —Eso creo yo también. Los insta a conservar su cultura. Son las voces quedas de papá y mamá. gente de canoa que faltan para que amanezca. perseguirse de monos nocturnos. un warao mágico. con una larga cabellera oscura. la presencia mágica del chamán desconocido? La ausencia de voces humanas me permite apreciar el silencio de la selva. en un diálogo secreto que sólo yo puedo descifrar. enigmática. les recomienda no aceptar modelos ni consignas de los “civilizados” que sean contrarios a su manera de vivir y de pensar. Pienso en estos seres tan alejados aún de las ciudades. de los centros de información. llena de símbolos y tatuajes. extrañas creencias. Afortunadamente estoy todavía despierto cuando unos extra� ños seres. en su propia lengua. En ese momento recordé la expresión ausente de Jabasuru. Logro cap� tar algunas frases al vuelo: —¿Nada. que sale con la luna. ojos amarillos. en ese brillo de sus pupilas. chirriar de grillos. Pongo aten� ción. —En cambio me enteré de ciertos rumores. A ratos me llega un murmullo apagado. ¿Estaría en esa mirada. los hombros y la espalda ocultos en una -65- . con la cabeza. alguna leyenda. Los Warao. confirmar la propiedad de sus territorios. ulular de grises búhos insomnes. de acercamiento y amistad. que no es tal. anunciándoles un día en que los indígenas de todas las etnias y regiones lograrán unir� se.

jebu. anegadas en lágrimas. por favor! —a nuestra madre la lla� man por su nombre y diminutivo cuando verdaderamente la nece� sitan—. Wa… —¡Jebu. Al llegar cerca de Muñeca y de mamá. exi� giéndoles una explicación inmediata. Antes de que lo hagan. se olvidan de su original representa� ción y empiezan a pedir socorro. pues les salen perfectos. Los hijos de Jabasuru nos contaron que cuando ellos mueren se hacen sepul� tar en su canoa. quiere kasiri. jebu jebu! … Sobresaltadas al despertar de un sueño tranquilo por tan ho� rrendo barullo y viendo. el rostro cubierto por fieras máscaras fabricadas con totumas pintadas de vivos colores. ¡Por favor. El Chamán de los Cunaguaros. toscas y puntiagudas. jebu. dile que no nos pegue! ¡No hicimos nada malo. exponiéndose al peligro de caer y que� marse en la brasa. los dos aterradores perso� najes. los muy cobardes. Las lanzas hechas a la manera indígena. despertado por el es� cándalo. Carmencita. y entre tenebrosos gruñidos pronuncian escalofriantes llamados: —Wa. Wa. ya lo habrán adivinado) y la emprendo con ellos a puñetazos tan feroces que. intentan bajar de los chinchorros. me lanzo yo cual rayo del mío. —Fue idea mía —reconoce Mor—. colgados bastante alto sobre el fuego que espanta la densa plaga orinoquense. que llaman wa. —Los waraos muertos. caigo sobre los dos “hombres-canoa” (se trata de los morochos. Viaje por el mundo indígena venezolano pequeña canoa que sostienen cargándola con los brazos. lanzan unos chillidos que deben haber ensayado bastante. —¡Carmen. era un juego! Eso creen ellos. -66- . penetran en el palafito que los waraos han destinado a nuestra familia. ni qué diablos! —truena papá enfurecido. vá� yanse de aquí. papá. quemen los chinchorros. Pero va a juzgarlos papá. Es que estábamos jugando a los muertos. al abrir los ojos. derrumben la casa. que les dan una apariencia de hombres-jaguares. —¡Qué muertos. que empuñan con decisión. Avan� zan sigilosamente. Deja que te explique. quien los hace comparecer ante él con canoa y todo. lucen amenazantes. mucho kasiri!… —¡Jebu. mamá y mi hermana.

ni rivalidades para ellas —apunto con un dejo de humor—. o alimento. papá —Ocho. oye. Ahora el pobre Mor casi balbucea: —Y su esencia espiritual principal. amarrándolo con lianas y esparciéndole tierra encima para protegerlo de los animales feroces. que significa viento… —O también “el sol de su pecho”. gente de canoa —Es cierto —reflexiono para mí—. —¿Cómo. que pasa la mayor parte de su vida en la curiara. en forma de viento. Se evitan todos los líos de pleitos sucesorales. Sin embargo. —Eso es todo —concluyen los morochos al unísono con un ci� nismo disfrazado de humildad. acláralo completamente —impone papá. ha. Es algo así como un retorno simbólico al vientre materno. -67- . una en� trega a Daunarani. empieza a va� gar alrededor de la casa que antes habitaba. eso fue una invención nuestra para hacer el juego más dramático. oye. o las arrojen al río. se le sepulta en ella. —Su esencia convertida en hebu o ser espiritual. costumbres. kasiri. y que se alejen del lugar. papá. ceñudo. Mas no obtiene resultado. cada vez más exasperado. yo quedo admirado de la correcta interpretación que el número ocho ha dado al significado de la muerte entre estos indígenas. también por eso los waraos se denominan “gente de canoa”. —No. que derrumben la casa para purificar el sitio. a la que llaman hebu. —Nosotros quisimos interpretar esa leyenda. —Sigue. Los Warao. lengua. tan comunes entre los supuestos “civilizados”. alrede� dor de los palafitos. —Acaba de una vez —le impone terminantemente nuestro pa� dre. cubierto con hojas de palma manaca. Yo también lo había oído. y sus per� tenencias. sagú. en su plenitud. trata de ablandarlo y aliviar la confesión. convertirnos en personajes warao con su vestimenta. la madre de la selva. con la canoa a cuestas? —pregunto incrédulo. —El hebu va vagando algún tiempo. en defensa de su hermano. —Por lo menos aquí no existen herencias. Al warao. qué lindo. mortificado. Pide bebida. También le ruega a los familiares que destruyan su chinchorro. Una tradición tan interesante merecía que la representáramos como es debido.

no chistaban los morochos pecadores. Sería demasiado triste para ti. castigos. las lanzas. Al levantarse a otro gesto im� perioso de papá. y se convertiría en un fracaso para todos nosotros. magnánimo: -68- . de Mor y Ocho. y sobre todo. exámenes. un recorrido que empezamos con tanto entu� siasmo. Y el perdón vino. Todos con la mirada imploramos perdón. las canoítas. se irguieron sobre ellas las figuritas pequeñas. papá les impone a los pícaros que se despojen del curioso atuendo. Quizás también a papá. Yacieron en el suelo las máscaras. libros. callaban los waraos que se habían dado cuenta de todo desde sus palafitos tan próximos. No hablábamos nosotros. Siguió un silencio absoluto. con tareas. Viaje por el mundo indígena venezolano —Pero por tanto atrevimiento y por el susto que nos hicieron pasar —truena de nuevo papá— merecen ustedes. por favor —intercede mamá—. Sin hablar él tampoco. re� dondas. temblorosos en sus apretados guayucos. El Chamán de los Cunaguaros. por gestos. no abría el pico Supermudo. para que más bien interpreten y asuman de inmediato su personalidad de estu� diantes. deberes. —Rafael. en cambio. Nos dieron lástima. que les interrumpa aquí mismo el viaje y los devuelva a Caracas. no hagas que termi� ne así nuestro viaje.

y echaron a correr a toda prisa por la parte frontal de los palafitos. Arréglenselas como puedan para dormir y para comer. el mandato de papá no se cumplió ca� balmente. serviría para fijar ciertas cosas en su memoria. con el fin de defenderse de los caimanes que aunque no logren subirse acechan entre el turbio fango de la orilla a los peque� ños animales cuando van a beber. pusieron el pie en el vacío y se precipitaron con estruendo en el agua fangosa del caño. Mamá se estremeció cuando oyó la palabra selva. y que por tanto nunca logran criar. Para completar los palafitos están limados. Inesperadamente. Diríjan� se de inmediato a la selva y transcurran allá “solos” —y ese “solos” sonó enfático—. trepar a las chozas. Es casi imposible. tampoco en el campamento. ni alguno de los cultivos de ocumo tan frecuentes en el lugar. primero Mor. ni en el jeep. pulidos. cercanas la una de la otra. Los Warao. gente de canoa —Aléjense de mi vista. -69- . están unidas por unos breves puentes de tipo levadizo. planificadas en forma tal que no se las pueda alcanzar. Los morochos suspiraron de alivio: en realidad el castigo se convertía para ellos en el inicio de otra esplén� dida aventura. A todos nos pareció justa su decisión. y ocasionalmente algunas gallinas o pavos que les regalan los misioneros. y además recubiertos del deslizante musgo del río. el tiempo que falta para el proseguimiento de nues� tro viaje. amén de que eso les dificulta andanzas nocturnas a los adolescentes enamorados. nuestro sueño completo. pues se sienten más protegidos de eventuales incursiones de cunaguaros. pero recordó que sus muchachitos eran expertos en encaramarse a los árboles y esconderse arrastrándose por horas entre las ramas. Consigan una canoa. Remen. sin reparar en la au� sencia de algunos de los puentes. un poco de ayuno no les caería mal. que alrededor de las vivien� das está aún más revuelta y oscura. por lo menos no enseguida. jaguares y otros voraces habitantes de la selva. Les impongo no pasar la noche con nosotros. Nuestros morochos olvidaron este detalle. enseguida Ocho. acures. Las pequeñas casas de los waraos. báquiros. Déjennos dormir en paz. de manera que cualquiera que preten� da asirse de ellos se resbala indefectiblemente. construidas sobre el agua paralelas al río. conformados por troncos de árbo� les que con frecuencia ellos alzan durante la noche. y así les arrebatan a los waraos monitos. desde abajo. Y si no encontraban huevos de guacha� raca o de iguana. Sin embargo.

sólo interrumpida por trazados centenarios abiertos por los mismos naturales a través de “picas”. que se extiende. -70- . La flauta se escuchaba más lejana. —¿Pero quién es? —seguían preguntando los morochos sin ob� tener respuesta. El Chamán de los Cunaguaros. espesa y tenebrosa. conocemos las voces de los animales. los hijos y nietos de Jabasuru. Samu. —¿Quién? —preguntaron los ceritos al unísono. un chamán. es un cunaguaro! Nosotros aquí en la selva. Estamos familiarizados con todos los so� nidos —dijo Samu. boscosa y misteriosa. Samu y Kosibu fueron a buscarlos en una canoa livianísima recién fabricada por Botoboto. más bien estaban pendientes de ellos. conocidas por muy po� cos. igual que a nosotros. —Tienen suerte. tal vez! —se estremeció Ocho. y por tanto de su propiedad. Un fuerte ronquido gutural. El rugido cesó. sus compinches en anteriores ocurrencias de menor cuantía que nunca llegaríamos a conocer. mirando hacia la orilla. Ninguna contestación directa. Cuando ya iban ganando la playa. apenas detrás de las hileras de palafitos. parece que los protege a ustedes. Las palabras del joven fueron acalladas por la música armonio� sa de una flauta. lanzado al aire como un reclamo parecía denunciar la presencia cercana de un jaguar. una de las cuales papá había logrado recorrer con nuestro jeep. sin contar con que seguramente no andaba solo! Él tiene poder sobre los cunaguaros. Guiados en la oscuridad por los silbidos inconfundibles de los morochos. inciertos y preocupados. que se la facilitó. —¡Es él! —exclamaron los waraos con alivio. los rescataron de inmediato y se dirigieron hacia la orilla de la selva. dijo reflexivo: —Es un navegante warao. —Sin él… ¡quién sabe lo que hubiera pasado con ese cunagua� ro. al fin. —¡Un puma. —¡Es un tigre! —gritó Mor tembloroso. a lo largo de las tierras que bordean los brazos de agua. el Chamán de los Cu� naguaros. no habían permanecido extraños al desenvolverse de los acontecimientos. Viaje por el mundo indígena venezolano Por suerte para los dos prófugos. —¡No. los remeros se detuvieron.

para tener una base de aprendizaje y de comparación durante el resto del viaje. les dieron sin embargo una recomendación: —¡Cuídense! Cuando gritaban pidiendo ayuda. Antes de regresar. Todo se logró. frutos silvestres y tortas de sagú. pasarían las horas de la noche. los waraos descargaron abundante miel. carne de tortuga y bagre rayado. Otra vez en el campamento en tierra firme. el todo complementado con casabe. me hizo adulto. me hizo crecer. papá nos explica: —Entre los waraos. nos hemos quedado bastante tiempo. Los Warao. ustedes esta� ban silbando igual al silbido de las babas cuando están criando y llamando a sus hijos. Y mucho más. Estoy sentado en un tallo de palma con el cuatro a mi lado. apreciamos el sabroso festín warao de despedida. Nos reunimos alrededor de Tío Jeep. kasiri y agua con miel. los morochos aterrorizados se apresuraron a salir del agua a grandes brazadas. recién asados al sol. a pesar de que se bamboleaba peligrosamente. Complacido. por aquel “solos”. Lo hicimos para ir acostumbrándonos a su vida y forma de pensar. -71- . sin silbar ni siquiera una vez. Al prepararnos para la partida en la media mañana del día si� guiente. madurar en poco tiempo… casi. por ser la primera etnia indígena que visitamos. La conversación que yo tuve con Botoboto abrió mi mente a nuevos enfoques. cangrejos y morocotos apenas saca� dos del río. gente de canoa Al aproximarse a la playa. pero no se atrevieron a que� darse acompañándolos. me luzco con un joropito. Superloro abre sus her� mosas alas. Ha llegado el momento de irnos. Katera y Daunaba lo miran insistentemente: —¿Es tuyo? ¿Lo quieres tocar? —pregunta por fin Katera. pronunciado por papá con tanta fuerza y convicción que había resonado amenazador en toda la comunidad Murako. Esperamos que papá tome las fotos que le faltan para terminar la película. se sube a mi cabeza y marca el tiempo picándome la oreja. me sugirió distintos caminos. maíz de su propio conuco y de postre. con jere o caracoles terrestres. diría. y se encaramaron en una mata de jobo silvestre donde. Como bebida. ¡Tuvieron suerte que no les salió una tremenda baba! Al oír estas palabras. cambures titiaros y tigüi-tigüi.

Con conchas de caracoles o guaruras que resuenan como trompetas. que se ha cobijado en su regazo: Dakobo sanuka Hermanito dakóbo sanúka hermano chiquito onanaka. bien modulada. porque tenemos muchos niños. com� ponen cantos tan variados y numerosos que algunos misioneros y antropólogos los han reunido en varios cancioneros waraos. para mí o para mis futuros hijos? —la chanza es de Ocho. me explica la bella Katera. duérmete. -72- . si continúas llorando. porque si lo oyen pueden acercársele el jaguar. con instrumentos que fabrican ellos mismos. como dos pequeños arrendajos. Los waraos son un pueblo musical. —¿Tú también? —Yo también —se sonroja— para mis hermanitos y sobrinos. la culebra… —¡Ay. Noakitía tobe El tigre vendrá ji kuare por ti ónayayakóre. Ubausa. Tengo más de una docena. ubausa. —¡Qué bueno! Ya me he dado cuenta de que las familias waraos son numerosas. Los morochos silban armoniosos. dirigiéndola a un hermanito soñoliento. El Chamán de los Cunaguaros. —¿No tienen algo más alegre. Viaje por el mundo indígena venezolano Mamá acompaña cantando. maracas. Luego es Katera quien entona una tierna can� ción de cuna warao. Las canciones de cuna son frecuentes. Las jóvenes se reúnen con una voz linda. ¡Hacen falta canciones de cuna! ¿Y cuál es el tema de ellas? —El niño que debe dormir sin llorar. no llores. Duérmete. flautas y hasta unos pequeños ar� tefactos de cuerdas parecidos a violines que llaman sekeseke. qué susto! ¡Pobres criaturas! —se asombra Mor. Algunas las componen las mismas madres o hermanas.

lagartijas. estas aguas. gente de canoa —Pues sí. lo despojó de la piel y se dispuso a asarlo para comerlo. que con su hermosa melena parecen leoncitos en miniatura. Y les gustó tanto lo que vie� ron. que completamos con nuestra música. vueltas y saltos y no toleran ser molestados. pero no hay ninguno domesticado entre ustedes —inquiere Mor—. metáforas y hasta imágenes. como dirían nuestros profesores en las clases de literatura. Una le� yenda cuenta que un warao flechó a un araguato. recogió su piel. gritándole sarcásticamente al warao: “¡Me la debes!”. loros. A ellos los miramos desde lejos. tara� reando algunas. este clima. qué cuento tan espeluznante! —tiembla Mor. acerca de ustedes mismos. Pero al poco rato el simio se levantó. que se quedaron en la hermosura de este paisaje. -73- . —Habla la lluvia… ¿qué quiere decir eso? —Cuando truena. ¿A ellos no los consideran amigos? —Warao no es amigo de araguato —contesta—. Y ya que hablamos de narraciones. ¿no entiendes? Me lo ha explicado y lo entiendo… Reconozco que los indí� genas nos superan en comparaciones. algo que hable de su origen? —Las antiguas crónicas orales y tradiciones cuentan nuestro origen celeste: nuestros ancestros bajaron de las nubes donde vivían. felices cuando hay sol. los niños que correteaban cerca movían sus piernas y brazos siguiendo el ritmo. por una cuerda de bejucos entretejidos. Mamá había notado que al escuchar la música y los cantos. felices cuando habla la lluvia. —Ahora miraré a los araguatos con más circunspección —agrega Ocho—. ¿tienen algu� nas otras. la vistió y se alejó hacia la selva. —¿A ustedes les gusta bailar? —insinúa. Ellos practi� can al ocaso un ritual que llamamos “el sol de los araguatos”: danza entre aullidos. —En los palafitos sólo he visto los simpáticos capuchinos y aquellos graciosos monitos tití. —¡Uy. danzas y cantos. se invocan también los animales amigos de nuestra gente: cangrejos. monos —precisa Daunaba. casi miedo. ¿No les gustan los araguatos? En el camino nos hemos topado con varios. realmente espectaculares en su pelaje rojizo. Los Warao. les tenemos respeto.

el cuatro es el número que regula los versos. —¡Lo veo claro! La línea horizontal es la tierra y simboliza a la mujer. pero Ocho se la sabo� tea: —¡Caramba! ¡Ni aquí nos salvamos de la discriminación de los sexos! Kosibu prefiere no comentar y desvía el discurso hacia detalles más cultos: —Quiero hacerles notar que en nuestros rituales y cantos es característico el número 4. sí. alrededor de dos flechas sagradas. —¿Para largo rato? —Quién sabe… —empieza a contestar provocadora Daunaba. con aires de sabiondo— y yo podría demostrarles que el número 7 también es importante en la historia occidental: hay siete virtudes. Es un ritual de fertilidad. como he averiguado que lo era entre los antiguos griegos. Sólo durante el baile. —Durante ese baile —comenta pícaramente Daunaba—. los waraos intercambian esposas. pero Kosibu la interrumpe con fuerza: —No. ¿no te sugiere un hombre con los brazos en alto? —Mor intenta hacer una observación seria. Viaje por el mundo indígena venezolano Kosibu se convierte en su informante: —Tenemos danzas hermosas. siempre en número de cuatro. y el número de estrofas. que bailamos en nuestras pistas de baile. El Chamán de los Cunaguaros. —Y la X. un sartal de sonajas hechas de semillas de retama. Una de éstas tiene una línea horizontal marcada con onoto. Principalmente baila� mos el tradicional sagú. Mor? —le comento al morocho— La matemática tiene un rol primordial. que representa la feminidad. en lugar del 3 occidental. atado a un palo. qué va. Se manifiesta en las figuras que describen las parejas en los bailes. como la tierra. no. entre los palafitos. Hay el “de las maracas pequeñas” para el cual se prepara el sewei. —¿De veras? —Pues. siete maravillas del mundo… -74- . que produce. Y en los cantos. —La numerología es una ciencia milenaria —agrega Ocho. siete pecados capitales. mira que hasta aquí en plena selva le dan importancia. —¿Te fijas. La otra tiene forma de X y es expresión de lo mascu� lino.

demostrando una insospe� chada actualización de conocimientos que me deja impresionado— te va a corresponder algo peor: un cero absoluto. a muhí a toma ekeroya sasari Cangrejito se está quedando -75- . y me tien� de una hoja bien doblada. gente de canoa —Para ti. onanaka tanu. como en cambio ha sucedido con aquella. sin carne en las patas. sasari cangrejito. Acompañándome con mi instrumento. también sugestiva. sasari. quizás un adiós. Mi corazón da un vuelco. Los Warao. ¿Será una carta de amor? La desdoblo con cuidado: son unas canciones de cuna warao originales. es aún más importante —remarca Mor implacable— porque es lo que es lo que vas a sacar en matemática cuando llegue� mos: ¡cero siete! —Y a ti —Ocho no se queda atrás. Al último momento. cangrejito. No estalla una enésima riña entre ellos porque papá que ha terminado la película nos insta a subir apresuradamente al jeep. no llores. de origen español! En el vehículo reclamo para mí el espacio trasero. trato de cantar las canciones. Pequeño. con la traducción al lado. sasari. Katera susurra una palabra. ¿Acaso podría llamarse Filatelio? Mauka sanuka Niñito mío Mauka sanukáre. bellísi� mas. cangrejito. la piel trigueña de los criollos. Me imagino a un niño que duerme. sasari. pero que entre ellos significa “te llevo en mis ojos”. miro por la ventanilla el paisaje warao desdi� bujarse en la distancia. Hijo mío chiquitico nauka sanukáre hijito mío. Sasari Cangrejito Rane rane sasari. sasari. sasari. Me acomodo cargando mi cuatro. no llores. ubau. sasari. cangrejito. duérmete. ¡Qué lástima que la poesía indígena venezolana no haya pasado a nuestra literatura. Tiene las facciones delicadas y el pelo liso de los waraos. onanaka. pequeño sasari. A muhí a toma ekeroya sasari Cangrejito se está quedando amuhí a toma ekeroya sasari. dihana.

nana ta nana. eh. onanaka. Viaje por el mundo indígena venezolano A muhí a toma ekeroya sasari sin carne en las patas. no llores. mi encanto ea. Onanaka ubau. duerme. No llores. Uama naoya que la serpiente akari. jae… viene… Ma jiota. Onanaka No llores. na naná. Tana nana nana Nana. El Chamán de los Cunaguaros. -76- . na naná. tanu. na nana. Mi niñito ma moneri nerané. nana.

—No estás solo. Desde ese día. La preocupación y la angustia que reflejaban los ojos amarillos del muchacho lo hicieron suavizar la gravedad de sus palabras con una sonrisa. Los espíritus me anuncian que ha llegado el momento. Te guían los espíritus más sabios. Pronto llegó el menguante. hice todo lo que debía. Ya he vivido bastante. no puedes dejarme solo —musitaba Aparicuar. Pero el chamán lo tranquilizaba: —Morirse es malo cuando uno no está preparado. Nunca lo estarás. Era la luna propicia para talar los tron- cos más apropiados para canoas. Aparicuar espiaba cada movi- miento del padrino. —Padrino. fabricar cestas y chinchorros. con la luna nueva. Aparicuar —dijo un día Sesebe. mi paz. Ahora es conveniente que me vaya con mis ancestros. 77 . más poderosos. Temía que intentara algo contra su vida. Muerte de Sesebe —Con la luna menguante será mi muerte. cuando no ha he- cho las cosas que vino a hacer al mundo. aparear los animales. Yo estoy listo. cortar los mejores bejucos que servirían para hacer sogas. mi muerte será mi triunfo. Y yo te protegeré siempre. —No te alarmes. cuando los grillos iniciaban su concierto nocturno.

estás en el mundo y en la tierra de hoy. en el mundo del pasado. el único que los es- píritus han designado para esta misión. de ideas renovadas. Ya se retiraba cuando observó su reflejo en la superficie del pozo. flota ya sobre las nubes. dos mundos diferentes. —¡Padrino! —No te angusties por mí. —¿Podré hacerlo. Después de ti todo cambiará. la sangre nueva. Puedo ver desde aquí ese futuro. Recuerda. la vía. Y a los grandes abuelos del tiempo. el punto de unión entre nuestros pueblos indígenas y entre todas las etnias. Caminaba como un autómata. Ese es tu destino Aparicuar. Por eso eres el elegido. No sentía hambre ni sueño. padrino? —Lo harás. en cambio. Tú. se detuvo frente a un pozo cristalino. El Chamán de los Cunaguaros. envolviéndolo todo en un manto de frío. El último aliento del chamán se extinguió con su última palabra. En tu sangre se funden dos linajes. Una tarde. en la tierra del ayer. la tierra floreciente de gente nueva. donde tienes una misión impor- tante que cumplir. El chamán habló suavemente. lentamente. Tú serás la fuerza nueva. a mi madre. a los abuelos del mundo. las regiones se abrirán a un futuro mejor. Muchos días con sus noches viajó el joven a través de la selva en gran desconcierto. Yo estoy donde debo estar. Veo pájaros hermosos. Viaje por el mundo indígena venezolano Sesebe colgó su hamaca de las ramas de un moriche. mi espíritu se aleja de la tierra. Pero detrás de él apareció el rostro adusto de Sesebe. Varias veces te dije que tú serías chamán y mucho más. como murmullo de viento entre las hojas: —Veo ante mí a mis antigüeros. Tú serás el camino. Aparicuar se quedó solo. eres el presente. La luz de la luna me llama. Se inclinó y bebió agua fresca en el cuenco de sus manos. lleno de desasosiego. todas las culturas. a mi padre. Y a los pa- dres de ellos. la in- quietud y la sed que ya comenzaba a acuciarlo. el chamán de la unión. y Aparicuar la suya. -78- . la vida nueva. Aparicuar. Aparicuar: tú serás chamán y mucho más. mientras entraba la aurora. agobiado por el pesar. Aparicuar. flores con rostros de mujer. ser el nuevo chamán. creadoras.

los kariñas… Se nos han nublado las ideas… ¿Dónde queda su territorio? Acabamos de dejar a los waraos. El calor era asfixiante. que fulge detrás de nosotros. Seguimos más confiados y a las pocas horas la carretera comen� zó a hacerse cada vez más amplia. Los ka� riñas. en la cual a ratos papá debía detener� se y cortar con el machete gruesos leños y fuertes bejucos que obs� truían el paso. Pero. tan invadida por la vegetación que parecía casi abandonada. Esta pregunta de papá nos deja mudos. unos aguaceros breves pero intensos nos llenaron de renovados ímpetus. a sabanas áridas: estábamos saliendo de la influencia del 79 . Por suerte. la frescura del Orinoco nos alcanzó y densos vuelos de mariposas multicolores nos secundaron en la segunda etapa de nuestra arriesgada aventura familiar. antiguos guerreros —¿Cómo se llega a los kariñas? Nadie contesta. empapándonos de sudor. Los kariñas. mientras sin que casi nos dié� ramos cuenta la humedad daba paso a una brisa aromada a monte quemado. la cálida humedad gravitaba sobre nosotros. nos indica que vamos al occidente. ¿hacia qué lugar? Al salir de la comunidad warao habíamos emprendido camino por una estrecha carretera selvática. saliendo por Tucu� pita. El sol de la tarda mañana.

por esta carretera bastante accidentada. estremecida por el término “caníbal”. quienes antiguamente eran muy numerosos. Viaje por el mundo indígena venezolano exuberante Delta orinoquense para entrar en las semidesérticas tierras de Anzoátegui. y por fin recuerdan haber leído que esta etnia se ubica en el bosque tropical del centro occidente del país. de vegetación xerófila de tipo cactáceo. saliendo de su silencio habitual. y cerca de las sabanas llaneras. El Chamán de los Cunaguaros. A los kariñas se les llega en automóvil. Casi derecho. especialmente a los que navegaban por las costas y las islas de este mar. los jóvenes investigadores quieren sin em� bargo justificarse. o mejor karibes. —Hijos —se alza la voz burlona de papá que sin dejar del vo� lante. En esta tierra roja y arenosa. mis hermanos menores. ¡Los calcularon en más de 100. porque desde el siglo XVI se españolizó el nombre.000! —exclamo. es donde esperamos encontrar a los kariñas. en un paisaje predominantemente árido de tunas. pues nadie lo sabe —comentan. —Sí —Mor me apoya—. Yo preciso: —¡Eso era antes! karibes se les ha dicho siempre en términos generales porque descienden de ellos. -80- . últimos descendientes de los bravíos guerreros que antaño dieron su nombre a nuestro mar. y aprovecho para demostrar mis aficiones literarias agregando—. hasta se les llamó caníbales. y agregan: —Lo que pasa es que a los kariñas los llaman también karibe. —¿Cuántos eran? —pregunta Carmen. nos mira por el espejo retrovisor—. sentados con aceptable comodidad en nuestro “Tío Jeep”. —¿Cómo se llega a los kariñas? —repite papá. resecos montarascales e inmensos cardones que parecen implorar el agua de los cielos con sus vegetales brazos extendidos. Hacia esas sabanas vamos. por eso nos confundimos. descaradamente irónicos. pero transitable. Ante las risas de sus familiares. En los tiempos de la conquis� ta. en las islas del mar Caribe. —Nadie contesta… y no dejamos mensaje. apenas a unos doscientos kilómetros de Tucupita. ¡Sorpresas se van a llevar ustedes si creen que los indígenas aún no han salido de la selva! —¡Qué fácil era! ¡Qué tontos somos! —reconocen los dos bo� joticos. —Muchísimos.

se interesó mucho por rehabilitar a los naturales. —No sabemos. nunca alimentario. aunque vaya aumentando su número. y a veces entre la misma comunidad. con eso aún hay dudas. —¡Qué cosa! —ironizo— ¿Acaso tenían un maestro español? —No necesariamente —tercia papá con ecuanimidad—. como los Siboney de Cuba. hubo luchas que los diezmaron. y además a los habitantes de las islas del mar Caribe. Hoy día. —¿Y ahora. por aclarar que. Y ningún historiador. el historiador —enfatiza Ocho. saben cuántos son? —papá. ¿recuerdan? —Sí: “Nosotros somos verdaderamente humanos”. —Mas no lo eran. antiguos guerreros El poeta Juan de Castellanos dijo de ellos: “Hierve la gente como hormigas”. ni siquiera criollo. defraudado por los es� casos conocimientos de sus hijos. los Lucayo de Jamaica. —Pero eso de ensañarse contra los demás indígenas… —No exageres. me imagino —insinúa mamá. Los “karibeaban”. para jus� tificar su propia crueldad. los acusaban de caníbales o consumidores de carne humana? —Eso dicen. pulga! —respondo en una broma poco cariñosa. —Ya salió el sabio. Atacaban. los Taíno de Puer� to Rico. dictada por la visión oficial y por la tradición española. restringido. pero está comprobado que con las comunida� des vecinas. arawacos. saqueaban y sometían en Tierra Firme a los pe� mónes. sólo se trataría de un canibalismo ritual. y hasta hace pocos años. Los kariñas. “Na’na kari’na rootena” era su lema. —¡Qué exterminio! ¿Es cierto que los conquistadores. tal vez sólo se aprove� chaban de ellos. se tenía y transmitía una visión dogmática de la historia. Fue una de las pocas cosas sobre los indígenas que nos enseñaron en la escuela desde los primeros grados. ¿saben qué quiere decir? -81- . el lírico. piaroas. waraos. —¿Por cuáles motivos? —Seguramente para hacerse del poder. Los indios karibes eran terribles. son unas pocas decenas de miles. ocasional. en el peor de los casos. los Guayquerí de Margarita. se ve obligado a precisar él mis� mo—. sino que durante los siglos XIX y XX. cuando nos insinuaron que probable� mente practicaban el canibalismo. —¡Cállate.

Hasta principios del siglo XX seguían siendo grandes nave� gantes. tenían que ser esos karibes! —pensamos nosotros los muchachos con admiración. guiándose de noche por las estrellas y de día por el sol. —Algo que no hay que hacer nunca. comerciaban con pueblos criollos e indígenas. Conforman una de las etnias más in� tegradas a nuestra cultura actual. osados. y a la vez aclara el panorama con datos más precisos: —De ninguna manera. Tuvieron el valor de proclamar en todo momento su condición de hombres. interesantes pero. pero sin manifestarse como los únicos humanos: Na’na kari’ña rootena. se trasladaban a grandes distancias sin usar mapas ni brújulas. no pescar. no bañarse ni nadar en los ríos. O quizás lo gritarían para contras� tar la dominación de los primeros pobladores y de los criollos. es un grito de afirmación de la propia humanidad. indomables. de seres humanos. Viaje por el mundo indígena venezolano —Sí. Quizás pre� paraba uno de sus típicos sermones. para rechazar la esclavitud. Incluso más tarde. “Nosotros somos verdaderamente humanos”. —¿Y cómo viven ahora los kariñas? —pregunto con rapidez para desviarlo— ¿Están aislados? Papá renuncia a sus veleidades oratorias para complacerme. por no entender sus costumbres. Tal vez lo lanzarían ante los invasores españoles. muy pesados. El Chamán de los Cunaguaros. donde han organizado sus renombrados “saladeros”. por ejemplo la de andar vestidos y armados. Otros se han reunido en importantes po� blados. Algunos trabajan en las ciudades. cuando eran los dueños del mar Caribe. frecuen� tados por pescadores y comerciantes de toda el área Caribe. Algo indigno de los seres humanos —la voz y la expresión de Rafael eran severas. Transportaban gente a las islas vecinas. valiéndose especialmente de la sal. ya trabajando. ya que siempre han sabido cómo conseguirla abundantemente en la costa. En aquel en� tonces viajaban continuamente. a veces. a quienes probablemente verían como bárbaros. a veces algunos se alzaban en señal de rebeldía y se -82- . fabricaban sus canoas quemando para ahuecar los troncos de los árboles que derribaban con este fin. Han progresado muchísimo. “karibear” todavía significa entre nosotros abusar del débil. libres en las haciendas. —Aparte eso de “caníbales” ¡qué fuertes. lo� grando sin embargo no perder completamente sus rasgos. en la misma forma que hace mil años.

donde se los contrataba para labrar la tierra y para usos domésticos. Se habló por largo tiempo del bandido Guardajumo. Era frecuente encontrar en las haciendas familias karibes que tenían sus viviendas ya no indígenas. Los hombres karibes que con tesón y trabajo lograron independizarse de los terratenientes y convertir� se en propietarios de tierras y negocios. no vayan a Cantaura. ¡Lo que nos cuenta papá a continuación parece una telenove� la! Nos sentimos transportados a esa época de karibes bravíos y de hacendados que imponían la ley del más fuerte. a Bergantín. los hacendados con altas botas y el foete restallante en la mano. sino hechas de bahareque. Algunos hijos de hacendados se casaron con “caribas” y tuvieron feliz convivencia y larga descendencia con ellas. pilando maíz. La costumbre de vestir ropas azules tuvo su origen en la abundancia en la zona de una especie de bejuco fácil de obtener que al hervirse da una excelente tintura azul. Tuvieron además fama de curanderos. las “caribas”. antiguos guerreros dedicaban a cometer fechorías. cercanas a la “casa grande”. lo que las “caribas” hacían utilizando cestas tejidas por ellas. a lo largo del período de la Colo� nia. Casi los vemos. robar ganado. y entre ellos era muy mencionado el famoso brujo -83- . bien sujeto a la espalda. marcaron una importante presencia en el estado Anzoátegui. con sus hembras. la de los dueños. y más allá los indígenas. Sentían y aún sienten especial predilección por el color azul en su ropa. de origen karibe. que hay un karibe alza� do”. saquear hatos. Has� ta no hace mucho se oían angustiosas advertencias: “Cuidado. para el cultivo y la siembra. Era un mundo de magia y misterio. los kariñas eran llamados karibes y se asentaban en los hatos de los terratenientes de Monagas y Anzoátegui. En un pasado no tan lejano. tostando café y recogiendo cacao. a Caicara. que huyó hacia el Amazonas envuelto en su característico faldón azul. Los kariñas. sin duda legendario y cautivador. de un tono íntimo y vibrante. Trabajaban en las haciendas como peones. durante la Independencia y hasta las postrimerías del siglo XIX. que hasta todo el siglo XIX se limitaba a una especie de falda corta o faldón. hoy en día son tan cercanos a la civilización. en las cuales cargaban a sus hijos. al estilo crio� llo. amasando casabe. Tal vez por eso. de porte altivo y mirada centellante. El cacao iba adelante y el niño detrás.

que nos habían transportado a otro mundo entre los waraos! Aparentemente simples. que más parecen hacendados criollos por su correcto atavío y sus sombreros de fina palma tejida. las proporcio� nes. la ventilación. comparables a los que lucen los más modernos apartamentos de nuestra capital. signo de apego a la etnia. grandes. qué gran sorpresa! ¡Qué diferencia con las casas auténticas. de los fogones. des� de donde le hacían señas a nuestro conductor. pero no las habíamos visto porque están protegidas por troncos de árboles altísimos. tratamos de desperezarnos y a los pocos pasos helas frente a nosotros. aquéllas encubrían una sofis� ticación natural. El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Yaguarín. ¡ya llegamos! —anuncia papá satisfecho. Estas fantasmagóricas visiones flotaban en el aire. Hablan español perfectamente. -84- . la selección de los materiales. cargando a Muñeca. indi� cándolas. ¡Y una vez adentro. esféricas. cuando des� de su puesto al volante: —Familia. interrum� piendo su novelesco relato. Bajamos del jeep con las piernas adormecidas. techadas de palma en forma elaborada. Pero nos percatamos de que un grupo de indígenas kari� ñas. y con gran cordialidad nos invitan a sus casas. clavados en tierra a manera de estacas alrededor del poblado. Sobre un moderno pantalón visten una amplia camisa azul de algodón decorada con pinturas llamativas. con el porte de unos veteranos llaneros. Éstas en cambio. —Provoca entrar —exclama mamá que nos alcanza acalorada. y algunos de ellos llevan colgada del pecho una placa de cobre dorado. se dirige hacia nosotros dejando la sombra de un frondoso yaque que los protege de la resolana. en la orientación de la estructura. que se decía combatió en la lucha por la Independencia a las órdenes de Páez. Tenemos la impresión de estar lejos de cualquier asentamiento humano. nos esperan… unos muebles de diseño refi� nado. manifiestan una estilización artificial y rebuscada: en lugar de los bancos. de las cestas colgadas del techo que veíamos en aquellas viviendas. Quedaban bien cerca. a la vez que detiene el jeep en toda la sabana. —Pasen adelante —nos repiten atentos los kariñas.

y de que los suyos propios no dejen rastro en las alfombras tejidas con signos y figuras de animales. llenos del fango y tierra de las trochas waraos. Papá y yo nos acomodamos sobre unas -85- . Los kariñas. Tiene mucho cuidado de no ensuciarla con los zapatos de su niña dormida. antiguos guerreros Mamá casi no se atreve a sentarse en la elegante butaca que le ofrecen.

recorriendo con la mirada el espacio� so estar. En ese refinado interior. carece de la suavidad de los espesos tapetes. hacen acudir a los anfitriones. atravie� sa la estancia y se ubica parloteando entre las cuerdas del chincho� rro. como dice la gente cuan� do algo sale mal por no haberlo preparado adecuadamente. Mor y Ocho. Los chinchorros son cier� tamente traicioneros. divisan casi al fondo. les tenemos preparada una merienda especial. tal como les ocurrió a Mor y Ocho. Todos se esmeran en ayudarlos a incorporarse entre palabras de ánimo: —¡Vamos. cohibidos ante tanta opulencia. —¡Ay mi cabeza!. en realidad más espectaculares que có� modas. los arrastra hacia atrás y los arroja con estruendo al suelo. impide la continuación de mi broma. campeones! El chinchorro se le voltea a cualquiera. envueltas en hermosas batas de algodón tejido en las cuales predominan los tonos celestes. cierta reserva que enturbiaba el ambiente. El Chamán de los Cunaguaros. queridos hermanos! —les comento con humor. en caso de ensuciar. fue un espectáculo mejor que el circo! Este episodio sirvió para acabar con la extrañeza. aliviados. bien lo sabe quien los usa. Me pongo a Superloro en todo el medio de la cabeza para que. debido a las macetas. —Levántense. quienes han presenciado con sus propios ojos la cómica caída por partida doble. Atraídas por el alboroto general se acercan las mujeres kari� ñas con sus bebés. corre el riesgo de rodar por el suelo de inmediato con el relativo estrépito. más como adorno tí� pico que como asiento. —¡No les dé vergüenza. —Nuestra venganza será dulce —me susurran indignados. la timidez. pero… se sientan en todo el borde con tanto empacho y mala suerte. un chinchorro tejido hermosamente decorado. —¡Ojalá no se les voltee el chinchorro cuando vuelvan a la es� cuela. Por fin. no hallan un acomodo a su gusto. Pero su rostro enrojecido y sudoroso. Enseguida se dirigen hacia allá. que al hacerlo el chinchorro se les voltea. colocado cerca de unos materos. la conversación languidece. ¡ay mis piernas!. ¡ay de mí! —exclaman en coro. que justo en aquella esquina. El golpe de sus huesos en el duro piso junto con las lastimeras quejas y los gritos de Superloro que enseguida alza el vuelo. no lo haga en ninguna otra parte. A ellos “se les volteó el chinchorro”. y si uno no los abre con la mano antes de sentarse. ataviadas y aún más -86- . Viaje por el mundo indígena venezolano llamativas sillas de mimbre.

propia de una etnia ancestral. Los kariñas. mujeres y niños. sosteniéndolo con los dos primeros dedos del pie. ¿us� tedes siguen hablando su propia lengua? —Por supuesto —me contesta con una mueca de desagrado. integrada a la común existencia del país? Es algo que nos intriga a todos. quieren a la vez seguir siendo kariñas y. casi ofendido—. creo yo. hombres. de� vorando un sabroso merey envuelto en nata y azúcar. —¿Es verdad —interfiere Mor— que como transmiten frecuen� temente por televisión. ¡y eso que no usan el plomo! —exclama admirado Mor. verter por escrito y publicar las tradiciones indígenas? -87- . amigo —le pregunto a un muchacho de mi misma edad que se me ha acercado. pero nos dirigimos miradas de asombro. después de lo cual quedó con cara y manos tan embadurnadas que bien motivaron la recriminación que le dirigió Ocho entre agresivas muecas: —¡Menos mal que no te estabas comiendo eso cuando te sen� taste en el chinchorro. La lengua kariña es una lengua importante. hermanito despistado! Van entrando los menores. y su vida actual. Al verlos es inevitable una reflexión. aceptando todas las innovaciones del nuevo milenio. al que he oído que llaman Sate—. Nos obsequian con frutas y dulces preparados por ellas mis� mas. por qué los kariñas siguen siendo tales a pesar de la diferencia entre su vida pasada. saludan con cortesía. que presentan en bandejas y vasijas de distinto tamaño. sin huso ni rueca. No podemos comentarlo en el momento. Observamos atentamente el grupo. Mu� chas de sus telas las elaboran todavía. hacen bien. ¿Por qué esta gente sigue siendo indígena. rojo y amarillo. de antropólogos y lingüistas. el Ministerio de Educación ha encargado a un equipo de maestros indígenas. —¡Barnizan la vajilla tan bien como los especialistas en cerá� mica. de la familia lingüística arawak. y no debe desaparecer. hechas de barro y decoradas con barniz gris. Pero. como nos explicaron luego. hablan español. Visten igual que nosotros. Todos la habla� mos y la estudiamos a fondo. los kariñas. enrollando el algodón con la mano y deslizando el hilo a lo largo de la pierna. preparar cartillas bilingües para las escuelas. ¿cómo lo logran? —Dime. Para mí no hay sino una repuesta: dentro del fenómeno cultural que permite tanto la continuidad como el cambio. antiguos guerreros identificadas que los hombres con su ascendencia indígena. estu� diar un alfabeto para cada lengua.

Apenas en el siglo pasado algunos misioneros recogieron como pudieron. ni ese invento maravilloso que es la escritura. A pesar de su sabiduría. —¿Y los antropólogos. Empezaron a estudiar con los misioneros y algunos ya son universitarios y hasta profesores de lenguas indígenas en las universidades. pero nosotros les estamos agra� decidos. —¿Trabajaron bien los misioneros? —Quizás no científicamente. salvaguardaron y difundieron nuestra cultura. en un alfabeto castellano adaptado por ellos. es decir. —¿Qué opinas tú de los antropólogos. sino “objetos” de estudio. entre ellos las minorías in� dígenas. lingüistas? —Es gente muy preparada. hasta elaboraron diccionarios de lenguas indígenas. Nos valorizaron. que resi� den en el país. con muy buena voluntad. desde que se han creado varias misiones para dignificar y educar a los venezolanos de menores recursos. ni en to� das las etnias. así como algu� nos lingüistas y también algunos naturales. El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano —Esto. etnógrafos. hay una mayoría que lo hace esporádicamente. -88- . y frecuentemente nos tratan como tales. nos visitan y se ocupan de nosotros constantemente. y más lo hacen aho� ra. Afortunadamente. —¿Pero es cierto que los indígenas no saben escribir sus propias lenguas? —Fue cierto por siglos. que no nos hacen sentir “gente”. Pero tal vez no en forma sistemática. ni continua. ni indígenas ni criollos. narraciones. más o menos desde hace varios años se ha venido ha� ciendo. y ni siquiera son ve� nezolanos. no me parece acertado que nos estudien personajes de tan lejanas latitudes. y los lingüistas? —Ellos también trabajaron para nosotros. Sin embargo los misioneros los precedieron. No teníamos alfabeto. algunos cantos. pero a mi entender presentan un obstáculo: aparte algunos muy competentes y dedicados. Todo se guardaba y transmitía en forma oral. —¿Y los naturales? —Igual. en los últimos tiempos… Súbitamente se interrumpe. La Misión Guaicaipuro específicamente se ocupa de estos grupos.

—No es así exactamente —puntualiza el chico que. Por suerte. ser indígenas no nos avergüenza. nuestra superioridad en muchos aspectos. y mucho más. amigo. o de naturales que se le han asimilado. Pero me resulta embarazoso formular la pregunta siguien� te. en cambio yo permanezco alerta. para no perder una sola sílaba. —¿Quién es? ¿Algún maestro? ¿Algún cacique? —¿No será algún espíritu de la selva? —la inoportuna interrup� ción de Mor pone en peligro el flujo de la conversación. los intentos de que tú hablas vienen desde afuera. que aparece con su flauta en las noches de luna llena…Viene de lejos… Anda siempre rodeado de cunagua� ros… Nos reúne. nos habla de cómo vivíamos antes. Aguzo bien los sentidos. al contrario es un -89- . me extraño. algo propio de nosotros mismos. desde el mundo “ci� vilizado”. un esfuerzo por reivindicar nuestra presencia. Es un chamán. ¿eso es lo que tú querías decir? —lo espoleo. Sate. del espíritu de constancia y desafío que los llevó a sobrevivir y conservar nuestra tradición. nos explica y recuerda nuestros derechos sobre ellas. como si no las creyeran. un caminante kariña que recorre estas tierras. de alguien en especial entre no� sotros mismos. —¿Quién? —Un amigo. mejor dicho. habla claro. reconozco. quizás el único en su género. es muy inteligente y preparado para su corta edad—. El interés. son nuestros amigos —lo tranquilizan sus hermanos. Al oír esto. —Sí… no… significa que. un protector —opino con sin� ceridad. el valor y belleza de nuestra lengua y cultura. Los kariñas. sus renuncias. Últimamente hay algo más. —Explícales algo. de lo que ha� cían nuestros antepasados. de sus luchas.. Mis hermanos se muestran escépticos ante estas palabras. —Es bueno contar con un guía. antiguos guerreros —Recientemente hay en el país un renovado interés por las lenguas y culturas indígenas. uno de los pocos que quedan. Sate no le hace caso y continúa con seriedad: —Es un chamán kariña. que abordo con cierta vacilación—: ¿Y cuáles costumbres… de épocas pasadas… mantienen? —¿Quieres decir costumbres indígenas? No tengas pena.

de hermosa y dura corteza roja y pulpa amarilla. es muy decorativo. El mapire es una especie de cartera o bolso vegetal. Hilamos el algodón. Nos acercan una fuente de barro llena de frutas re� cién cocidas de un rojo ladrillo. nuestros amigos a la vez que echan en algunas hogueras cáscaras de naranja y limón. pescamos y cultivamos en la forma tra� dicional —nos sigue informando Vadáamaka. ovales. que están bien cerradas y resguardadas. Trabajamos y decoramos fuentes y vasos de barro. parecidas a las del mango. Aquí durante el día se sale poco de las casas. sobre una alfombra de tonos azulados. con una fuerte asa para colgar al hombro. nuestra especialidad es la fabricación de mapires. Viaje por el mundo indígena venezolano orgullo. Además de ser útil. Por cierto. colgados con simetría del techo. El Chamán de los Cunaguaros. a las cuales se atribuye el poder de espantar la plaga. como talladas en madera… son las frutas del moriche. sí. ya que se usa para guardar casabe. sí —aceptamos los tres caraqueños. nos acomodamos todos. que se nos ha acercado. —También cazamos. Señala una serie de ellos. tejido con palma de moriche y a veces con otro tipo de bejuco incorporado. que serpentean en el claroscuro de las paredes. Cuidamos con gran celo a las mujeres. can� tos y poemas. Mantenemos nuestra lengua. conservamos muchas. el hermano mayor de Sate. Los seguimos a un rincón del amplio recinto. pero no se atreven a pedirlos. grande. lo tejemos y confeccionamos vestimentas y alfombras. —Vénganse conmigo. caraqueños y kariñas. Seguimos siendo exper� tos en cestería. ¿Quieren que les hable de esto? —Sí. Pronto nos desengañamos. Parece que están acostumbrados a la extrañeza y a las preguntas de los visitantes sobre su modo de vida—. gustosas y frescas. Superloro -90- . carne salada y frutas. nos tien� den hojas de tabaco mojadas que aplicamos apresuradamente para aliviar la picazón. Creemos que nos llevará afuera. —¡Qué bien acomodados y protegidos quedarían en un mapire nuestros útiles escolares! ¡Cómo nos gustaría lucir sendos mapires al hombro cuando regresemos a Caracas! —los morochos suspiran con melancolía. las que el ambiente y la cerca� nía de los criollos nos permiten. para que no en� tren los mosquitos que se lo comen a uno vivo. Pues. al que pintan de color oscuro y entrelazan con el tejido blanco de la palma formando figuras geométricas o de ani� males. al patio principal o algún lugar cercano.

antiguos guerreros baja a pasitos largos de mi cabeza en la cual se había instalado ras� guñándome suavemente el cráneo como es su arraigada costumbre. al pudrirse abona nuestros suelos y los hace óptimos para la agricultura. caños y co� rrientes de agua formando selvas de galería en líneas irregulares. así como lo hacen los agricultores y ganaderos criollos. Se instala en el borde de la fuente sosteniéndose con una patica. la alta concentración de material orgánico proveniente de ramas y hojas. Los kariñas. —¡Hablas como un libro! —interrumpe Mor—. claro. saboreándola entre ronquidos de contento. ¿esas nociones y ese vocabulario te los enseñan en la escuela? —Sí. Comen� zamos a comer y a escuchar. Además. -91- . y tratando de peinarme llevando mechones rebeldes detrás de mis prominentes orejas. mientras con la otra agarra fuertemente una fruta y la lleva al pico. —Las palmas que crecen a lo largo de nuestros ríos. pero además aquí los padres de uno contratan maestros para que nos eduquen e instruyan. ya que todos sus componentes son objeto de consumo o insumo directo. son todavía nuestros grandes aliados.

conejos de monte. lapas. venados. se dedi� can a la caza de báquiros. portafolios. con Guyana. de otros animales. los naturales. Son los negociantes criollos y de países vecinos quienes sacrifican varios -92- . cachicamos… ¡pero en pleno siglo XXI lo hacen con flechas. quienes trafican con esto. zapatos de piel de serpiente y cocodrilo que lucen las grandes damas de nues� tras ciudades y de las extranjeras? ¿Ajá. jaguares y perros de agua bautizados por ellos nutrias. del venado. para impresionar? ¿Cómo se explican las tremendas carteras. explícame cómo lo practican. con los turistas… Me doy por vencido y no insisto. más fuerte es la prohibición. dantas. acures. en práctica. cuanto más grande es el animal. y según las épocas. Sigo oyendo. algo tan de actualidad? —Actual será para los criollos —casi me agrede— nosotros lo hacemos desde siempre. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Era lo que faltaba! —exclamo casi irreverente— ¡No me ex� trañaría que los niños de por aquí hablaran inglés. tigres. babas. por respeto a los animales. el ecosistema. ¿No saben que las armas de fuego casi han acabado con la biodiversidad del planeta? —¿Los kariñas se preocupan por la protección del ambiente. Vadáamaka. sólo matamos y consumimos familiarmente acures. qué me dices? —insiste. En principio. en todas nuestras etnias está prohibida la caza del danto y limitada la del manatí. francés. en defen� sa de la fauna —asevera tajante nuestro informante—. cerbatanas y lanzas! —Porque entre los kariñas está prohibida la escopeta. aunque no tocamos piano sino flauta. picu� res. El inglés nos sirve mucho en nuestros intercambios con la isla de Trinidad. en la amplia sabana llanera. —¡Oye! —objeta con buena puntería un morocho—. chigüires. y tocaran piano y violín! —Pues —contesta Vadáamaka sin captar mi ironía— habla� mos inglés. cómo lo logran. tortugas de río. ¿cómo se justifica entonces el comercio de pieles de caimanes. Por eso. —Pues sabrás —responde Vadáamaka airado y molesto— que no somos nosotros. monederos. El Chamán de los Cunaguaros. —No te molestes. —Por tradición. cuatro y guitarra. Otra sorpresa: me entero de que estos jóvenes.

ca� mionetas y pick up para el transporte de productos y animales. son los mismos que poseen ustedes. —No has mencionado los cunaguaros. contagiándonos. Los atacan con el arco acabándolos generalmente al primer flechazo: es esta una medida prudencial que reduce el número de animales muertos y ayuda a conservar la fauna. —¿Con tan agrestes carreteras y distancias tan grandes? ¿Qué automóviles tienen? —¿No los vieron al llegar? Están parqueados al borde de la em� palizada. -93- . los jóvenes ar� queros kariñas los flechan con el arco. serpientes para vender sus pieles y enriquecerse. Él los lleva consigo. Mientras caminamos. Tenemos lanchas a motor y por supuesto. Cambian rápidamente el tema. antiguos guerreros animales silvestres. tigres. para no exterminarlos. ¡pobres caimancitos! —¿Siguen dedicándose a la navegación? —La navegación tradicional. jaguares. no los persiguen? —Cunaguaros ni hablar. a pasear por los alrededores. en El Tigre: Jeep. de dónde viene? —insisto. palometas. Quizás consideren que nos han sufi� cientemente informado. Toyota. la plaga se ha calmado. que tienen la costumbre de sacar la cabeza fuera del agua y constituyen un blanco perfecto para los ambiciosos cazadores de escopeta. se los compramos a los criollos en Ciudad Bolívar. Advierto una mirada de complicidad entre los dos kariñas. nadie quiere problemas con el chamán que los reúne y los protege. no los vemos casi nunca. —¿Y las bicicletas? ¡Qué pregunta tan citadina la de Mor! Se ríen a más no poder. los voluminosos sirénidos que tanto maravillaron a los conquistadores. Y aún si hubiera muchos. camarones. bagres y muy de vez en cuando. peces armadillos. nos cuentan que también pes� can. Los kariñas. tra� tando de averiguar algo más. sin embargo ninguno me contesta. Hasta a los pequeños caimanes. ¿Hay muchos por aquí? ¿A ellos no los cazan. El calor ha disminuido. nadie los tocaría. nos invitan a salir. hasta manatíes. lo siguen a todas partes. en esta época. de la misma manera tradicional. —¿Pero quién es ese chamán. cachamas. la hemos abando� nado casi completamente. guabi� nas. 4 x 4. automóviles.

nos provocaría imitarlos! ¡Pero qué difícil sería para nosotros vivir como indíge� nas y como criollos al mismo tiempo! No sabríamos hacerlo. bien cuidadas. siempre lo fuimos. melones. por eso ahora. ¡Es una sana manera de vivir y si pudiéramos. ¡Pero qué divertido sería ver un indígena en motocicleta. caña de azúcar. Es algo ficticio. de lejos: gran� des cuadras de hermosas bestias. hay consenso en decirles indígenas. bien regados y ordenados que había� mos admirado en la última parte del trayecto. batata. y los corrales pobla� dos por inquietos becerros. disponer de ellos en abundancia… nada de enlatados ni congelados. yuca. Nosotros somos indios. Luego oímos que se empeñan en ser excelentes agricultores. de piel reluciente. de -94- . tabaco. gesticulando y moviendo las manos como si estuviesen manejando una moto. plátanos. motocicletas. como siempre. la pa� labra indio hoy día está bastante reivindicada. Los caballos sí los habíamos observado en la vía. bicicleta no. cantan a dúo. —Pues si supieras. El Chamán de los Cunaguaros. —A nosotros nos agrada comer alimentos frescos. junto con los potreros llenos de hermosas vacas y toros de buena raza. mejor caballo —insisten divertidos—. —¿Indio? ¿Ustedes se llaman a sí mismos indios? Creíamos que era un término despectivo. No tendríamos la fortaleza ni el valor de declararnos “indígenas”. Y poco nos gustan las bicicletas. sin consultarnos. pues cultivan sistemáticamente maíz. además de los vegetales y hor� talizas implantados por los criollos. con casco y todo! Los morochos. Nos señalan la dirección de los extensos campos cultivados. En realidad. hasta por decreto y por ley. entre el regocijo de los kariñas: Súbete a mi moto nunca encontrarás otro amor tan veloz. nunca habíamos visto un indígena en bicicleta —reflexionamos— ¿Por qué será? ¿Acaso los veremos más adelante? —Por aquí caballo. se ve que lo decidieron. Viaje por el mundo indígena venezolano —No. auyama. Y si no los hay. indio no monta bicicleta. a los naturales no nos gusta mucho eso de indígenas.

¡Son extraordinarios estos kariñas! Quizás sean ellos el único grupo aborigen del oriente. Los kariñas. culturas tan genuinas y puras. en un mundo que tiende cada vez más a anular los gru� pos minoritarios. Además. ni punto de en� cuentro. se ve que practican activamente la solidaridad. Un grupo -95- . Poco después seguimos a los kariñas a la plantación de cacao que debían atender. No existe la mendicidad entre ellos. —Entonces. Mamá dormitaba con Maigualida en una fresca butaca. hermosas e importantes. Quisiera que nunca perdieran ese deseo de ser ellos mismos. no por eso han perdido su identidad y sus característi� cas propias. conseguir nuestra propia alimentación a la manera antigua. Papá se había quedado para descansar del ma� nejo. tachándolas de menores o de diversas. Yo tuve el honor (dudoso) y la responsabilidad (grave) de ir con ellos para vigilar a mis dos inquietos ceritos. Se la confío a los morochos. pescar. no encontramos contestación. No tendríamos la voluntad ni encontraríamos el tiempo para cultivar. su complejidad. Mor la toma muy en serio: —¿Pero qué es mejor. sentirme su hermano. como un celaje oscuro. espe� cialmente tecnológicos. ¡Cómo me gustaría permanecer más tiempo entre ellos. su di� versidad? Por el momento. unas tradiciones. consciente de su propio valor. sin perder los rasgos de su cultura. un desencuentro total. antiguos guerreros luchar por mantener una lengua. que los criollos nos volvamos indígenas. como estos kariñas. cazar. dis� frutan y saben aprovechar los adelantos de la existencia moderna. o los indígenas criollos? —Qué guáramo. ni solución de compromiso. como Dios mandó a los hombres. Estoy orgulloso de compartir con esta gente recia. ¿estás loco? —lo recrimina Ocho— ¿Cómo vamos a volvernos indígenas. a asimilar. ¿podrían todos ellos volverse criollos. su amigo verdadero! Siento el deseo de manifestar esta inquietud. a vivir alejados de los aportes. Y para completar. con el sudor de la frente. de la civilización occidental? Eso sería un retroceso. Por entre las hileras de cacao el calor era agobiante. sin embargo. o de todo el país. que goza de un nivel de vida igual o superior a los denominados “criollos”: poseen. Nos sor� prendió el cruzar de una sombra.

Allí se le agregan especies como canela. Cuando están secas. envueltas en una seda musgosa. atraído por el bello colorido del crepúsculo lla� nero y por los vuelos de los pájaros. el alcara� ván. —Después de secarlo al sol. dice ¡el chocolate es vida! —completa Ocho. —¿Cómo es eso? —Cuando prepara chocolate en las veladas navideñas. has� ta que quede como una harina fina. un poco inquietos. —Es cacao crudo. y ya tienes un rico chocolate que al tomarlo provoca una sensación de placer. yo me encaminé. las garzas. solo. cuando los venezolanos que te� nían haciendas de ese fruto vivían tan esplendorosamente que eran -96- . por un sendero abierto hacia una mata de sabana y un estero. porque adora su olor. Ahora hay que recoger los frutos de las matas. A continuación el kariña arrancó uno de los frutos. —¿Y cómo se prepara el cacao? —preguntó Mor. Nos las dio a probar: eran dulces. Nos detuvi� mos. celebramos esta simpática coincidencia. como te dije. si fuera bien cultivado y valorizado. Sólo así adquirirán su sabor fuerte que tanto nos gusta en bebidas calientes o frías. el corocoro. que vive entre las matas de cacao y las cuida. como creo que lo fue en siglos pasados. Viaje por el mundo indígena venezolano de tórtolas corrieron y levantaron el vuelo. Algo más tarde. lo partió y salieron blancas se� millas. huyendo. Divertidos. siempre cu� rioso. anís. pueden derretirse. muy aficio� nados a las golosinas. hay que molerlo. —Y por allá —completan de una voz los morochos. —¿Qué será eso? —preguntó Mor. reflexionando sobre la riqueza que podría proporcionar el cacao. luego sacar las semillas de cada fruto y ponerlas a secar al sol. —¿Quéee? ¿Quéee? Mis dos cómicos hermanos se aterraron Pero luego Sate les ex� plicó que se trata de un diablo bueno y amistoso. —Es el diablo— comentó sereno uno de nuestros amigos. Biscucuy… —empieza Mor— la gente al tomarlo. El Chamán de los Cunaguaros. agregarles la leche. ¡El chocolate es vida! Dicen por aquí. —Parece un embrujo —dijo Ocho. mamá nos cuenta que en su pueblo. Pero ya esta cosecha está lista. calma y energía. de un aroma exquisito. vainilla y se amasa en pelotitas que se ponen de nuevo a secar.

vislumbré su imagen. pero extrañamente. de un jaguar. que parecieron presagiar una presencia intangible. sino algo tangible. un visaje entre los árboles. Sentí el ruido de sus pasos. de una ser� piente. quienes decían que el juego del garrote hasta tiene una música secreta. Casi quedándome dormido. antiguos guerreros llamados “los grandes cacaos”. No pude detallarlo. Llega la noche y una luna gigantesca pasa por sobre nuestras cabezas y toma su puesto en el cielo. —¡Ay. Una forma indefinible con la rapidez de un pájaro. de las malas in� fluencias. asesino! —¡Tan cruel como un conquistador español! -97- . Alborozado. seguido por un murmullo salvaje. tan al al� cance de la mano se ven. cruzó la maleza pa� ralelo a mi senda. pude seguir mi camino y regre� sar a la vivienda para reunirme con mi familia. Interrumpió mis reflexiones un rui� do en la hojarasca junto a los chaparrales. Me sabía observado. No era ninguna fuerza espiritual. analizados mis movimientos —¿estaría imaginándolo todo?— dudaba. su fuerza que per� dura y trasciende el tiempo y la tierra que habitan. pienso que podrían tocarse. Los kariñas. me detuve pensando si no serían los espíritus ancestrales de los valerosos karibes. un sentimiento de seguri� dad me colmó de una rara plenitud. Los kariñas nos han dispuesto cómodos chinchorros y enseguida me entrego al sueño. pleno de estrellas enormes. de los peligros. y que providencialmente había recogido en el paseo por los chaparrales para transformarlo en un garrote si� milar a los de los antiguos garroteros larenses. un hálito de fiera escondida. Una extraña sensación que me hizo erizar la piel me sacó de mi error. ¡Es puro hueso! Empuño a toda velocidad una varita de palo santo. a nosotros los karibes nos gusta la carne de Palillo. el palo po� deroso del espíritu que defiende de las brujerías. Sentí sus ojos sobre mí. una presencia poderosa que parecía acompañarme. aun� que esté flaquito. y les doy un varazo por la espalda a cada uno de mis fantasiosos hermanos. Minutos después me despierta un dolor insoportable al pie descalzo que asoma fuera del chinchorro. ¿Qué animal me deparó tan tremendo mordisco? Mas enseguida oigo susurros: —¡Mmm… sabrosa carne humana! —Sí.

Alegres silbidos de pájaros van bordeando la melodía con increíble acierto. pequeñito. que encarna el tipo de la mujer criolla por su rostro mesti� zo. Viaje por el mundo indígena venezolano En la penumbra apareció Carmen. Agradecemos con gozo este regalo de despedida. La mañana se presenta pronto. soñaron con unos caníbales. en tu tez morena. Me quita la varita de palo santo y se lleva por las orejas a los dos morochos antropófagos. otro más grande para papá y el último. —Sate —contesto de inmediato— vamos a ensayar una can� ción. rendido en su lecho colgante. Son mis dos ceritos. la afina y entona un merenguito orien� tal. Rafael. para deleite de todos. El Chamán de los Cunaguaros. Duerme. —¿Qué pasa. una grata pregunta llega a mis oídos: —Filatelio. nada. caníbales —susurra Superloro. dos idénticos para los dos ceritos. para Maigualida. que han venido a despedirnos. ¿tocas cuatro? Vi uno en el Jeep junto a tus cosas. Son bellos mapires tejidos con fuerte be� juco y adornados con intrigantes dibujos. Sate busca su guitarra. Nos dirigimos hacia Tío Jeep para cargarlo con nuestros enseres. —Nada. Yo toco guitarra. los morochos tuvieron pesadillas. —Caníbales. Mientras saludo con cariño a mis anfitriones. Criollísima. —¡Positivo! Empieza. mis hermanitos pájaros que hacen gala de su arte imitando los más bellos trinos de aves. antes de volverse a dormir tranquilito en mi hombro. Tú con tu guitarra y yo con mi cuatro. dantas: uno para mamá. Yo lo acompaño con alegría dedicándolo a mi mamá Carmen. babas. yo te sigo. -98- . cuando nos alcanzan corriendo algunos niños kariñas que nos entregan con entusiasmo unos ex� traordinarios obsequios. Muñeca y Carmen asis� ten con rítmicas palmadas y Superloro se regocija y gorjea de vez en cuando. En todo el pueblo resuena la música fresca y espontánea: Tienes la ilusión del campo en tu piel brillan como dos luceros de miel tus ojos. su dulzura y su carácter discreto. entre los cuales creemos distinguir cunaguaros. Carmen? —murmura Rafael. uno para mí.

el que tanto querían ver. los cunaguaros que me rodean siempre. el centinela del Cata- tumbo. de los caños. pero mi casa es la selva y mis hermanos los tucanes. los araguatos y las lapas que acuden a mi llamado. Yo me enfrento a los demonios para salvar a mi gente indígena. de la montaña Weykpuimá. observé sus rostros claros. 99 . los que vienen de la ciudad. recuerdo la luz de sus ojos claros. y sonreí al ver a mis hermanos correr. cantar. pero no puedo unirme a ellos. y aunque dejé de verlo hace muchos años. Monólogo del Chamán de los Cunaguaros Soy aquel que ellos buscan. Son mis hermanos. la calidez de su sonrisa. Los he visto pasar. de los innumerables caminos. Con ellos va mi padre. diáfanos. hacer tra- vesuras. Mi techo es el cielo estrellado. y el rostro blanco de la luna es el farol que me alumbra cuando atravieso la selva y cruzo ríos y montañas. Los he mirado de lejos. el vigía del cerro Autana. ¿Cómo olvi- darlo? Ellos quieren ser mi familia. Soy el guardián del umbral de nuestros ancestros. silbar como los pájaros.

Poseemos nuestras propias tierras. con cariño. yukpa. nadie tratará de arrebatárnoslas. hablan nuestra lengua. ella derrama sobre el blanco. todos sus dones. Viaje por el mundo indígena venezolano yo hablo varias lenguas. Soy warao. sape. de alegría. yaruro. yekuana. En esta visión no hay fronteras. jodi. Yo vislumbro un futuro distinto. bari. su mano generosa. estrella. no hay límites. Veo un mundo de dignidad. yanomami. Este es el mundo que veo y mi corazón tiembla de alegría. nos desplazamos. soy todos y uno solo. Veo un mundo donde todos estamos juntos. sobre el indígena. sobre el criollo. oigo su voz profunda y gutural: —Tú serás chamán. El Chamán de los Cunaguaros. Se abren caminos grandes. niebla sobre el río. Nuestros hermanos están aquí con nosotros. tenemos buenos vehículos. conocemos las ciudades. kariña. me vuelvo lechuza. todos pertenecemos a la tierra y ella nos da su sustento. pemón. de apertura y consideración. nosotros la de ellos. vamos a ellas y allí nos reciben con respeto. y mucho más… -100- . y bailamos a la luz de las hogueras. Cierro los ojos y aparece ante mí el rostro de mi padrino Sesebe. wayuu.

Los pemónes, magia en sus palabras
Vamos al Sur. Corremos hacia la Gran Sabana, la única Gran
Sabana de Venezuela, la inmensa planicie llamada también Alto
Caroní, que se extiende entre la formación de Imataca y la de Rorai�
ma por unos 35.000 km2, con tierras estériles, con una vegetación
herbácea que no supera los 10 ó 15 centímetros de altura, apenas el
palmo de la mano. Al fondo, muy a lo lejos, se eleva casi fantasma�
górica la Sierra Roraima.
Avanzamos por un terreno llano aunque ondulado, interrum�
pido por cadenas de montañas abruptas, cubiertas de bosques, cru�
zadas por numerosos zanjones y lechos de ríos.
Es una región interminable, despoblada, pero llena de suges�
tión, de alucinante encanto. Impresionantes formaciones pétreas
nos asombran en un paisaje sobrecogedor, como de otro mundo.
Cerros delgados y extraños se yerguen verticales, cuales raros centi�
nelas. Son los tepuyes: el Auyantepuy, el Wekpuima y el más impre�
sionante, el Autana.
Uno tras otro se suceden los espejismos propios de esa zona tan
dilatada, que la luz dibuja en formas irreales en el camino: un río,
un lago, un bosque, una cascada, una ciudad con altas torres… y
al acercarnos desparecen en el aire espeso y caliente, dejando sólo
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

un rastro de polvo. El más extraordinario de ellos, del cual somos
testigos en este mismo transitar, nos deja atónitos y sobresaltados.
Uno de los altos currucay que se elevan al borde del camino, parece
estallar en fuego. Las chispeantes llamaradas están tan cerca que
papá trata de desviar la marcha y apartarse del supuesto incendio.
Pero al aproximarnos aún más y llegar junto al árbol, lo vemos in�
tacto, las lenguas de fuego han desaparecido, el grueso ramaje sigue
verde, incólume.
Se dice que el ecosistema de la Gran Sabana es uno de los más
frágiles del mundo. A pesar de su solidez y de su antigüedad (el
macizo o escudo guayanés es una de las primeras formaciones del
planeta), el ambiente es muy delicado, por haber sufrido intensa de�
forestación y la incursión constante de cazadores furtivos, con los
consiguientes daños a la flora y fauna. En un pasado, estas regio�
nes fueron devastadas por los conquistadores, enloquecidos tras la
búsqueda de un fantástico, alucinante y quizás inexistente país: El
Dorado.
En este extenso territorio de la parte suroriental de la nación,
entre Guayana y Amazonas, existe una comunidad indígena im�
portante y numerosa: los pemónes, que en número de aproxima�
damente 4.000 ocupan una porción del estado Bolívar, la cuenca
del río Caroní hasta los límites con Brasil, y la zona en reclamación
con Guyana hasta las márgenes del Esequibo. Se encuentran asen�
tamientos pemónes también en el valle del río Cuyuní, cerca de la
población de El Dorado.
Pemón, en el habla de origen karibe, quiere decir “gente”. La
etnia está dividida en tres distintas agrupaciones dialectales, que
se entienden entre sí: arekuna o arichuna, kamarakoto, taurepán,
nombres que a veces se atribuyen en lugar del genérico pemón. A
pesar de nuestro empeño, poco hemos logrado averiguar acerca de
ellos. Papá, cansado del viaje por esa llanura ardiente, polvorienta
y desierta, maneja taciturno, no nos habla. No le preguntamos, no
queremos distraerlo.
Calculamos llegar antes del anochecer a las primeras viviendas
del asiento pemón contactado por nuestro padre. La tarde apenas se
insinúa y sin embargo vemos cómo el cielo se está poniendo oscuro,
el sol desaparece, gruesas nubes descienden con rapidez, tiñendo de
negro pastizales y morichales.
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Los pemónes, magia en sus palabras

…“y advirtió que la selva tenía miedo…” ¡Qué bien quedarían
aquí las páginas referidas a la tormenta en la novela Canaima del
maestro Rómulo Gallegos! En verdad las hojas enormes, de un
verde alucinante, parecían temblar, como sacudidas por una fuerza
telúrica invisible. El aire rugía cargado de presagios, el viento mur�
muraba extraños conjuros.
Yo, Filatelio, le temo a los temporales, no me da vergüenza re�
conocerlo. No me gustan, me deprimen, me hacen sentir desam�
parado. Por eso me percato con terror de que el jeep enfila hacia la
zona más oscura, el ojo del huracán. Quisiera decirle a mi padre que
no siguiera, que cambiara la dirección. ¿Lo hago? Seguro que se rei�
rían de mí. La luz fúrica de un relámpago arroja fogonazos sobre el
jeep. Un trueno sacude el cielo con ruido terrorífico. ¿Dónde habrá
caído el rayo? Sin poder contenerme más, insinúo a papá:
—Podríamos detenernos, buscar refugio.
Ni siquiera me contesta. Con razón. Detenerse para guarecer�
se, ¿dónde, si todo es desierto? ¿Cambiar de rumbo? Demasiado
tarde. Frente a nosotros el horizonte es torvo, un inmenso vórtice de
huracán. Trato de cerrar los ojos lo más fuerte que pueda y luego los
abro un poco, sólo una rendija. En esos breves segundos creo entre�
ver una sombra sigilosa moviéndose al mismo tiempo que nuestro
vehículo, al mismo paso. Parece un hombre o un puma, su soltura
es pasmosa. Se desplaza como envuelto en un vendaval permanente
que hace ondear sus largos cabellos lacios. Su paso es amplio, firme,
elástico. Debo estar soñando o alucinando. No puedo creer que esta
figura medio humana, medio fiera se mueva tan ágilmente y a la vez
como en una especie de ráfaga brumosa. Aprieto los párpados de
nuevo, vuelvo a abrirlos y no veo nada. No me queda sino estrechar
la varita de palosanto, que además de sus poderes mágicos tiene una
afilada y protectora punta que le he ido tallando y puliendo durante
nuestro viaje, y calarme hasta los ojos mi salvadora gorra azul de
béisbol, tratando de tapar también mis exageradas orejas.
Aún así atrincherado, me llega la voz queda y sonora de papá:
—Tarén, tarén, tarén…
¿Qué es eso? Serán palabras kariña, warao, pemón?
—Tarén, Konok yepui yaktaino.
—Tarén, Konok yepui yaktaino.

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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

De lo poco que he oído, no me suena a kariña, ni a warao.
Debe ser pemón. ¿Acaso él conoce esa lengua? ¿Quién se la enseñó?
¿Cuánto tiempo estuvo entre ellos? ¡Cuántas sorpresas nos depara
nuestro extraordinario progenitor! La mirada de mamá, a su lado,
la de Muñeca, desde la cesta donde reposa, las de los morochos, pe�
gados con la espalda a la ventanilla trasera, la de Superloro, tamba�
leándose entre las cajas con un cómico giro de sus pupilas, una vez a
la derecha y otra a la izquierda, todas las miradas están fijas en él.
Inesperadamente, papá murmura como si estuviese rezando, y
aunque prosiga en castellano, su voz teje alrededor de nosotros un
halo de misterio:

Tarén contra el aguacero que se ve venir
Fueron al encuentro de unos negros nubarrones, para desvanecerlos.
Se hablaron y se concertaron para salirle al encuentro
del tiempo que ya venía acercándose.
¿Quiénes eran ellos? La Gran Culebra y el Viento; y también el pájaro
Kavá.
La Gran Culebra o Arco Iris, para beber el aguacero.
el Viento para llevarlo hacia otro rumbo,
y el pájaro Kavá para desarmarlo con la risa.
Reunidos todos, dijeron a una: “Vamos a secarlo”.
También estaba allí, además de Kavá, Amochima, el águila.
Ella también decidió ir al encuentro del aguacero que se avecinaba.
Mientras el aguacero venía y mientras los pájaros conferenciaban,
se adelantaron el Viento, que le cambió el rumbo,
y la Gran Culebra, que le bebió el agua.
Ellos se nombraron para soplar el aguacero, para quedar como tarén.
Contra la gran oscuridad, que viene alzada y armada,
contra ella misma, yo estoy cayendo; dentro de ella misma voy cayendo;
yo la traslado al grandísimo cerro,
a la falda inmensa del cerro la llevo; a la cresta de su pico, la aprieto.
Y dijeron nombrándose para terminar:
—Yo, claro que yo, Non-tiri tiri-piá, el horizonte. Orekana-pia Seteri-
má, el remolino.
Y los pájaros:
—Yo, yo también, Kavá-kavá piá, y yo Amochima-piá. tarén.
Tarén. Tarén.
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Los pemónes, magia en sus palabras

Tan abstraídos estamos por ese extraordinario relato que papá
recita haciendo gala de una voz sonora y de impensables dotes de
dicción, que no nos hemos dado cuenta de que el cielo se ha ido
aclarando, los nubarrones se han levantado, los arrendajos y pizcúas
han vuelto a trazar círculos alrededor del jeep, la sabana toda ha
adquirido su brillantez habitual, su normal aspecto de una tarde
nublada, pero calma y serena. Con súbito desconcierto, percibo el
mágico efecto del tarén. La extraña oración, el poético ritual de mi
padre, han logrado algo impensable: conjurar la violencia de la na�
turaleza. El poder de la palabra indígena, la acción misteriosa que
ejerce sobre los elementos, me hacen pensar en la estrecha relación
de los aborígenes con su entorno natural. Ellos pueden calmar la
tempestad, influir en el tiempo, por estar tan ligados a las fuerzas
telúricas del ambiente. Papá también las conoce, sabe cómo mane�
jarlas, por su larga permanencia y afinidad con los aborígenes. Des�
pués del tarén, él se queda ensimismado, en recogimiento. Y he aquí
una pregunta de nuestra pequeña Muñeca que aviva un mundo de
interrogantes en cuatro sencillas palabras:
—¿Qué es tarén, papá?
En ese momento mi padre detiene bruscamente el vehículo.
Un hombre en uniforme, de baja estatura, que iba caminando
con extraordinaria rapidez por la angosta carretera, se nos acerca.
Invitado por papá, sube y se acomoda en el reducido puesto que le
cedo, entre el equipaje. ¡Menos mal que es bien delgado! Y muy pe�
queño también, observo. Saluda y se presenta con humildad:
—Buenos días tengan los viajeros. Soy Luepa Martínez, pe�
món, Guardia Forestal, voy a la casa de mi familia, cerca del río
Karún, por este mismo camino.
Como nos dirigimos al mismo sitio, papá aprovecha para con�
sultar con él la ruta a seguir. Luepa le indica la vía más fácil y más
corta, accesible para nuestro jeep, si seguimos sus indicaciones…
pero aún falta bastante para llegar…
Desde las dos cajas sobre las cuales estoy sentado en vilo, un
frenazo de papá ante una profunda zanja me arroja casi sobre el
guardia. Éste me recibe regocijado.
—Eso, hermano, tú también eres tan flaco… acomódate aquí,
cabemos los dos.

-105-

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

Bien apretados, es cierto, casi uno encima del otro… pero así
nos oímos bien y conversamos. Tener a un auténtico indígena todo
para mí por largo rato es una gran oportunidad, la voy a aprovechar.

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Los pemónes, magia en sus palabras

Empiezo contemplando su pelo cortado en una especie de pon�
cha, de un negro lustroso azabache, y su rostro cetrino, hecho a la
intemperie, al sol, al viento. Me presento de una vez:
—Me llamo Filatelio, 14 años, estudiante. ¿Tú eres pemón,
Luepa?
—Claro que lo soy, por los cuatro costados, pero de segunda
generación.
—¿Qué quiere decir eso?
—Que no he vivido siempre con los pemónes. Mi padre tuvo
que salir del poblado en busca de trabajo y subsistencia. Nací en un
caserío criollo de la frontera, y así mis hermanos; tenemos cédula de
identidad venezolana, nos bautizaron los misioneros, cursamos la
escuela básica. Luego, como ves —me indica la insignia en su som�
brero— me alisté en la Guardia Forestal.
—¿Por qué lo hiciste?
—¿Te digo la verdad? No fue sólo para tener un oficio seguro y
para velar por nuestra flora y fauna, sino para poder regresar con mi
gente y estar cerca de ella.
—¿Cómo es eso, tienes una doble vida?
—Pues para que tú veas, cuando falleció papá, hace algunos
años, volvimos a integrarnos a nuestra etnia. Allá viven mis herma�
nos, allá me casé con Uonka, mi esposa, allá está mi hijo. Voy cuan�
do puedo, ya que por requerimientos de mi cargo tengo que recorrer
continuamente el territorio pemón y reportarme en los Puestos de
Guardia.
Me había llamado la atención su referencia a la cédula de iden�
tidad. Recordé las palabras del joven warao. Se nota que los indíge�
nas están orgullosos de tenerla.
—Luepa, ¿todos ustedes tienen cédula de identidad?
—Entre los pemónes, muy pocos.
—¿Tienen derecho a ella?
—Seguro que sí. Pero al momento de solicitarla, o de retirarla,
surgen muchas trabas… que si uno no posee partida de nacimiento,
que si otro no sabe firmar…
—¿Y eso sucede frecuentemente?
—Pues, sí. Los pemónes viven muy retirados, mayormente en
la sabana o en la selva, donde no hay jefatura, ni oficina de identifi�
cación, ni siquiera hospitales y menos aún escuelas.
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

—Tan marginados… ¿No son de ellos todas estas tierras?
—Tienes razón, chico. Los pemónes son los verdaderos habi�
tantes, y deberían ser los legítimos dueños de la Gran Sabana.
—¿Por qué dices deberían ser, acaso no lo son?
—Lo fueron. Hubo una época en la que fuimos dueños y seño�
res de la sabana, de la selva, de las altas montañas, del viento, de los
muchos ríos que surcan esta tierra para nosotros sagrada. Pero con
el tiempo, los pemónes perdieron sus dominios. Ya no son posee�
dores de su principal territorio. No lo disfrutan. A pesar de que ac�
tualmente se inician esfuerzos por devolverles parte de sus derechos
y de sus tierras, es difícil revertir la situación, el esquema secular en
que ellos siempre han sido los perdedores, los despojados. Costará
bastante para que todos los venezolanos lo admitan y lo acepten. En
el pasado se cometieron muchos errores.
—¿En un pasado reciente?
—Ni tanto. Los abusos empezaron con la conquista, cuando
nos vimos obligados a refugiarnos en la selva para huir de la esclavi�
tud y la muerte. Después, a finales del siglo XIX, se inició la extrac�
ción y comercialización del caucho, balatá, sarrapia, árboles en los
cuales nuestros bosques son abundosos. Hubo entonces grandes de�
forestaciones y expediciones mineras, que explotaron y diezmaron a
los indígenas, y perjudicaron el hábitat de los pemónes.
—Pero la región de ustedes es muy rica.
—Lo era, y esa fue nuestra desgracia.
—Explícame.
—Justamente, el descubrimiento de los yacimientos diamantí�
feros del cerro Parrai-Tepuy atrajo en la primera mitad del siglo XX
algunas empresas y muchísimos aventureros criollos, brasileros y de
otras naciones. Desde entonces se fueron alterando las costumbres
de los indígenas. Aparecieron mercancías foráneas, escopetas, cu�
chillos, machetes,… y poco después cortes de tela, ropa, zapatos de
goma, gorras.
—¿Pero no fue esto un signo de progreso?
—No, si entendemos por progreso un desarrollo autosostenido,
como debe ser respecto al mundo indígena. Eran cosas fútiles, inne�
cesarias, que más bien sembraron discordia y rivalidades. Al mismo
tiempo arreciaron las enfermedades: la viruela, escarlatina, saram�
pión, se sumaron a la tuberculosis y al paludismo que tratábamos de
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caza y pesca. donde su mano de obra fue cruelmente explotada en la extracción del caucho. —Exactamente. paquetes. Luepa sonríe. Mor interrumpe. con algún dardo ponzoñoso. los morochos que se habían estado comunicando por silbidos. Aunque no se considere un pemón originario. —¿Cómo sucedió? Las manos ágiles y morenas de Luepa se agitan inútilmente en el aire. bultos. —Debió ser una época muy difícil. visten blue jeans. para cuando alguien me moleste en clase. Ante la última afirmación del pemón. Además. divertido. —En esta forma terminaron de despojarlos de sus medios de vida. eso sí. Enseguida irrumpe Ocho tarareando el famoso merenguito caraqueño: Yo no monto en bicicleta porque me puedo caer… —Si quieren —chancea Mor— me dan a mí las cerbatanas. la recolección del oro. bolsas. ¿olvidar eso? Sería como olvidar montar en bicicleta. sorprendido: —Pero. Así fue. sino un descendiente de ellos. y ni siquiera con cerbatanas. Y lo peor es que algunos pemón se “criollizaron” al punto que sus hijos no hablan sino castellano. -109- . se han ido acercan� do intrigados por nuestra conversación. —¿Y tú consideras que este acercamiento a los criollos. como apresando tiempos idos. una medida del propio gobierno venezolano de aquel momento nos marginó de nuestras tierras. magia en sus palabras superar. esta acul� turación. Navegando entre cajas. Los pemónes. Se percibe cierto resentimiento en este joven. —Un decreto de Estado declaró “zona de reserva forestal” el territorio que habitaban los pemónes. por haber nacido en un pueblo criollo y ser ahora Guardia Forestal. mantiene intacto su orgullo de pemón. internándo� se en la selva o acercándose a los asentamientos criollos. Tuvieron que emigrar. no saben ya disparar con arcos. las minas de diamantes. Su expresión ceñuda se suaviza. es totalmente negativa? —trato de retomar el discurso. prohibiéndoles sus prácticas de tala. su altivez de siglos. —Lo fue.

No ha caído una gota de agua. nuestra cultura. siendo pemón. y a veces he llegado a creer que habría que acelerarlo para que también los indígenas pudieran disfrutar de los inventos con� temporáneos. Por lo menos logró demorarlo. Luepa. ¿qué son exactamente los tarén? Él se pone muy serio. —Los conoce mi padre. —Eso mismo pienso. recuerdo las palabras. El Chamán de los Cunaguaros. a conocer el poder de sus rituales. Quizás mi curiosidad lo ha molestado. Su mirada vaga en la distancia. —¿Y logró aplacar el temporal? —Ya lo viste. lo empezó en pemón y lo ter� minó en castellano. que durante su permanencia aquí en su juventud. —¿Los tarén? —se sobresalta—. konok yepui yaktaino”? —Ese mismo. lo recitó completo. los tiene siempre presentes. Me lo merezco. con sus hermosas expresiones. —Como los tarén —agrego yo. casi he olvidado los Tarén… y tu padre. por entrépito. a punto de llegar aquí iba estallando tremendo temporal… Pues. —Notable. Lo malo es que se pierde nuestra tradición. Luce mortificado. aprendió a convivir con ellos. Yo. pero buen amigo de mi gente. más bien pienso que es un proceso ine- vitable. Pero no es eso. cuando igual que tú trabajó en la protección de los bos� ques y en la Dirección de Fronteras. Por eso me atrevo a preguntarle: —Dime. Me supera en el respeto a nuestra tradición. para un no iniciado. Por fin habla: —¡Cómo me avergüenzo! Me siento inútil. Viaje por el mundo indígena venezolano —No es negativa en sí. Este hombre pequeñito. ¿cómo los conoces? Son sa� grados. a comprender y respetar la naturaleza. ya no desea contestarme. criollo. Se familiarizó con las tradiciones de los distintos pueblos indígenas. nuestra lengua. —¿Será posible? ¿Cuál tarén? ¿El que reza “Tarén. me inspira confianza. papá lo desvió y demoró hasta ahora. con un tarén. logró con los naturales algo más que el mero contacto. -110- . —¿Tu padre lo conoce todo? —Creo que sí. sus ojos se humedecen. Ima� gínate. sensato. sí.

—Lo haré para ti. Aunque su nombre pueda cambiar o modifi� carse. sobre varios temas. Prosiguió después de un momento de recogimiento: —Cuando pequeño. -111- . él es el depositario del saber y la tradición. —¿Son muchos esos Tarén? —Muchísimos. que nunca per� derá su importancia. conjurándolos. Luepa. le palmeo el hombro iz� quierdo con mi mano derecha. magia en sus palabras Lo comprendo perfectamente y en signo de amistad. de carácter personal y espiritual. y la paloma Wakuwa vuela a los cielos para traerle el alma. —Menciona alguno. Para cuando va a nacer un niño de los huesos de su padre y la sangre de su madre. Son. noche tras noche. —¿Con cuáles motivos? ¿Todos relativos a las fuerzas de la na� turaleza? —No. ¿O sí los hay? —Claro que sí los hay. oí decir a mi abuelo que él mismo había aprendido más de cien. —Los tarén —trata luego de explicarme— son poemas sa� grados. en la cara y en las plantas de los pies. te siento amigo mío y de mi gente. identificándonos con ellos con el fin de que nos protejan. a sus poderes. invocaciones a la naturaleza. entonces. narraciones y emanaciones mágicas. aunque me cueste moverme apretado como estoy. —Yo diría que sí. pueden considerarse plegarias. Para que los distintos alimentos que se consumen suelten sus propiedades nutritivas ayudando a los cha� manes en sus curaciones. en los brazos. alejen de nosotros los peligros y nos salven de percances. a sus seres. —Son algo así como oraciones. rituales. —Pero dicen que ya no hay chamanes entre ustedes. Hay uno para cada circunstancia. entre nosotros y entre todos los grupos. que las muchachas deberán enfrentar al llegar a la pubertad y los jóvenes noveles cazadores para asegurar el éxito de la cacería. concitándolos. El chamán es el personaje que nunca desaparecerá. Los pemónes. en palabras castellanas. la cual consiste en aguantar grandes hormigas sobre las palmas de las manos. Para superar la prueba de las hormigas. dentro de la cosmogonía y creencias pemón. Filatelio.

-112- . del uso de las plantas y sus propiedades. a mante� nernos serenos… O quizás poseen realmente un poder misterioso. —¿Logra curar definitivamente? —Los poderes curativos del chamán dependen del poder de su alma. y todavía lo hacemos. Otro silencio entre nosotros. Es el tarén para viajar siendo padre de un recién nacido. —¡Qué alegría para ti. un varón de pocos meses. El Chamán de los Cunaguaros. que es para nosotros una planta sagrada. ¡Qué esfuerzo grande. las inquietudes. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es verdad que es capaz de sanar. —¿Y aquellos cien tarén que conocía tu abuelo. agita sus maracas para ahuyentar los malos espíritus. que sea especial para ti? Las añoranzas se agolpan en los ojos oblicuos y brillantes del pemón. tan pequeño… pero necesitaba hacer� lo… Entonces he aprendido. tan ex� traordinario. los había apren� dido de memoria? —Todos. ves… Como tuve que viajar para reintegrarme al trabajo… fue difícil dejarlo. es el espíritu pemón que se renueva! —por mis palabras. preservar en la mente el patrimonio espiritual de un pueblo para transmitirlo. Filatelio?. Se tensa su frente. conservamos en el pensamiento nuestras tradiciones. Los indígenas dominamos nuestras lenguas oral� mente. nuestros antepasados se valían de la memoria y del recuerdo. ¡Cómo deseo oír otro tarén! ¡Y de boca de un indígena. Luepa se siente animado a proseguir. y siempre lo repito. La memoria colectiva es larga y se remonta a varios siglos. sobrenatural. ¿podrías tú mismo recitarme otro tarén. su cuerpo asume una actitud distinta. yo tengo un niño. uno que tenga un significado preciso. Desde tiempos antiguos. Me confía: —¿Sabes. —Entonces. el humo del tabaco. amigo. y jamás lo olvidaré. de vencer las enfermeda� des? ¿Y cómo lo hace? —Realiza curaciones con ayuda de pases mágicos. y al rezarlos se cumple lo que uno desea y está ence� rrado en sus palabras tan sugestivas. confiándolo a otra generación! Y esos tarén… ayudan a aliviar los problemas. asistida por los espíritus auxiliares. de la invoca� ción a los ancestros. un tarén hermoso y largo. Fuma y sopla sobre el cuerpo del enfermo. Vuelven a su mente los viejos acentos familiares. sería maravilloso!… Decido insistir: —Por favor.

Así tendrá más fuerza. por lugares pantanosos y hasta de noche en medio de las grandes selvas habitadas por Waira. en un nicho íntimo. Mucho más tarde encontré su trascripción y traducción al español. haz un esfuerzo por retener algunas palabras. que compartían con Superloro. conversaban entre ellos. Luepa y yo está� bamos como aislados. debe hacer su camino. Los pemónes. Así empecé a hacerlo. por entre nubes. me sacó de mí mismo y me hizo alcanzar el poder ancestral de esta gente. —Muchacho. en las lagunas y en los ríos por donde iba a salir de viaje. adelante con Maigualida. trance. Luepa dio inicio a un prolongado murmullo en lengua pemón. Sentía mi es� píritu transportarse y viajar al pasado. Un tarén para no perecer. deleitándose con unas meriendas encontra� das en las mismas. tu padre y tú me inspiran confianza. aún sin comprenderlo. Te voy a pedir que me acompañes a recitar el Tarén. para que el tarén actúe. Papá y mamá. lo que fuese. Sueño. por cuya fuerza y mu� sicalidad me dejé cautivar. y no en un viaje cualquiera. que los naturales empezaron a llamarlo Emasensén Tuari. Tamanúa y Cunaguaro. el danto. en las serranías. Haz un tubo con tus dos manos y aspira repetidas veces. -113- . Y el tarén comienza diciendo que “Waira”. diciendo ¡uk-uk!. Cerrando los ojos y abstrayéndose de todo. Pero Waira se dio cuenta de que por allí andaban las grandes serpientes y otros seres. el cual recorrió tanto y tantas veces estas regiones. Y aunque no las entiendas. Y por eso se nombró a sí mismo y se hizo tarén. es decir el “Padre Correcaminos”: Este es un tarén para no dañarse y para no dañar a su hijo el que es padre de familia y debe salir de viaje. toda la fuerza del mágico universo pemón se apoderaba de mí. Había un ambiente pro� picio a confidencias. magia en sus palabras Los morochos habían vuelto a encaramarse sobre las cajas y permanecían callados. que habitan en las selvas. muy conmovido: era la primera vez que penetraba realmente en el mágico mundo indígena. siendo padre de un recién nacido se puso de viaje. realidad. en la obra de un misionero capuchino. fray Césareo de Armellada. Por la montaña adentro.

muy pequeño. tengamos que ir de caza o por otros motivos viajar a través de las montañas holladas por los cunaguaros. su hijo no se enfermó ni entristeció. esas cosas no lo lastimarán. y a pesar de todo. Mientras soplaba con fuerza el ¡uk-uk! dentro de mis manos dobladas a manera de caña. agotados. en tiempo de verano a través de caminos inseguros y por medio de lugares sin camino. Y esto. -114- . Pero cuando el viaje no es por las selvas. mi hijo no se debilitará. de piel cobriza. Viaje por el mundo indígena venezolano Así se hizo tarén Waira: He aquí que yo voy a salir de viaje. el que se nombra como tarén es el “Tamanuá” u oso hormiguero. Y este es nuestro tarén para cuando siendo padres de recién nacidos. él se hizo tarén diciendo: En medio de este gran verano yo voy a salir de viaje. Porque he aquí. teniendo un niño pequeño. yo mismo. ni me verán los “awapirí” nocturnos. más bien yo los asustaré y los ahuyentaré. ¿Por qué? Porque el oso hormiguero se fue siendo padre de un niño muy pequeño. yo voy a caminar por lugares sin camino y entre plantas espinosas y pelusas que escuecen. yo que soy el “Dawairapiá”. Pero yo haré que mi hijo no se enferme. Al terminar el tarén los dos estábamos conmovidos. Yo iré por medio de las grandes serpientes y las iré espantando. ciertamente yo y por mí mismo. Y dijo terminando su tarén y nombrándose: Yo. porque al tiempo de salir de viaje. sino por las sabanas y los “wontai” o montecillos. Y ni él se dañó ni sus hijitos. la nube será mi sombrero. Y mi hijo no se escocerá. con un mechoncito de cabello negro. que yo. Este sólo y único nombre fue el que dijo. me parecía ver al hijo de Luepa. y me nombro a mí mismo. Yo cargaré siempre a mi hijo sobre mí mismo. y los “mawaritón” no me verán. El Chamán de los Cunaguaros. mi hijo no llorará. por medio de árboles espinosos y de cañas y hierbas punzantes. me voy de camino con mis sandalias de hierba en los pies y mi sombrero de palma en la cabeza. casi en trance.

de su poder. de nuestras costumbres. Los pemónes. recordando la descripción que de un extraño Chamán de los Cunaguaros nos habían hecho los waraos y los kari� ñas. tamanúa”. el oso hormi� guero el empeño. quizás por su repetición. Él puede materializarse en un ser humano. Surge en las noches al claror de la luna. es el poderoso danto. casi esperando mis comen� tarios. Conoce -115- . —¿Estos animales representan algo en especial en las tradicio� nes indígenas? —Sí. en el murmullo del río. llevar mensajes ancestrales. has acertado. Nos habla en nuestro idioma. Cunaguaro. un pe� món especial que muchos reverencian como un poderoso chamán. Te agradezco ha� berme llevado a tu mundo. me siento estremecido. —Waira. Sorprendido. hay tantas narraciones acerca de esto. —¿Trataste de fijar algunas palabras en tu memoria? ¿Cuáles? Me habían llamado la atención. cuéntame cómo el cunaguaro se les ha venido manifestando a ustedes. pero comprensible para todos nosotros. el pequeño tigre nocturno de manchas aterciopeladas. Pero hoy día existe un extraño hombre-tigre. del valor de nuestras tra� diciones. “cunaguaro”. la constancia. a veces en el canto de un pájaro. al oír las palabras del pemón le pido con vehemencia: —Háblame más. Me extraño: —¿Por qué le atribuyen dotes superiores al cunaguaro? —El cunaguaro es la voz de la selva. es un chamán. rodeado de un séquito de cunaguaros que lo acompañan y protegen. magia en sus palabras Me di cuenta de que me observaba. él encarna todos las fuer� zas sobrenaturales de los espíritus que habitan ríos. El danto representa la fuerza. Tamanúa. —Es emocionante. y el cunaguaro el poder. y mucho más. Por eso lo llaman el Chamán de los Cu� naguaros. Nosotros podemos presentir su llegada. En realidad. no podría decirte. Se avecina sigiloso. un sugestivo sonido de flau� ta lo precede. el astuto oso hor� miguero de frondosa cola palmeada. montañas y bos� ques. hablar en una lengua salvaje. en medio de la penumbra. —Antiguamente. la inteli� gencia. de la grandeza del mundo indígena. las palabras “waira.

por los ár� boles. poniendo los ojos en blanco. Se tambalea el jeep sobre el terreno desigual. y cada una tiene su propia versión. Lo apremiamos: —¿De qué comunidad era. con ellos se tiene una paciencia inagotable. ¡Qué extraña sensación. por la selva. Luepa? -116- . sus atropellos. y un lazo de cariño indestructible nos uniera. ¿conoces algún tarén de cariño. un fluido magnético. nos asegura que no son invencibles. enseñarles nuestro maravilloso mundo natural. los zapatos. y a los ancianos se les ama con un respeto reverencial. sus faltas y debi� lidades. Incluso con algunos de ellos podríamos relacionarnos y superando nuestra altivez. Viaje por el mundo indígena venezolano además el mundo de los criollos. ¡Ojalá que viéramos lo mismo entre todos los pueblos! El número Ocho que va y viene tratando de hacer malabaris� mos y piruetas en el poco espacio libre del jeep. encaramados los unos sobre los otros. ¿Existen los afectos entre ustedes. Luepa estuvo largo rato en silencio. Habla de una bella joven que sacri� ficó su vida por amor. con las manos casi juntas. Todo eso me sugiere otra pregunta: —Luepa. para poder caber los dos en tan poco espacio! Siento un calor humano. Todas las etnias conocen esta historia. nuestras tradiciones. ya salió el indio enamorado —canturrean en coro. acurrucado al lado de Luepa. de amor? Me gusta� ría oírlo. los brazos reco� gidos en las rodillas. —Hay un tarén muy hermoso sobre el amor —continúa Luepa sin perturbarse— tarén para sobrevivir la muerte de la mujer amada. por el poco espacio. nuestras piernas casi pegadas. Los niños son cuidados amorosamente. los conocen? ¿Qué es el amor para los indígenas? —El amor para los indígenas es algo natural y espontáneo. El Chamán de los Cunaguaros. como si Luepa fuese mi padre o mi hermano. que no se diferencian tanto de nosotros ni tienen mayores poderes. El afecto familiar es un vínculo muy fuerte. —¡Guácala. ramas rozan su techo y a veces se parten con un ruido seco como un sollozo. Es reciente. Lo sienten por su familia y por los animales que los rodean. nuestra gente. tra� tar de comprenderlos y hacer que nos comprendan ellos también a nosotros. gotas de lluvia empañan los vidrios. Es tarén y leyenda. se apersona al oír la palabra siempre mágica: amor.

¡Cómo quisiera saber dónde se encuentra ahora. Fue su escogencia. la voz de Luepa adquieren un tono sombrío. —Llegó un forastero. pensando! ¿Sabrá que nosotros existimos? —¿Y qué pasó entonces con la bella indígena. sintiéndose rechazado. la cautivaron y aceptó ser su esposa. magia en sus palabras Siguió contando la leyenda con palabras mágicas. Su alma se ensombreció. con esas imá� genes poéticas propias de los indígenas. Otros aunque lo criaron los cunaguaros y que con ellos anda. la hermosa Blanca Nieves. con esfuerzo. perdido en la selva. un criollo. —¿Y si está vivo? —Difícilmente. El chamán. permanecemos atentos. Aumenta mi desconcierto. con palabras pausadas. Muchos creen que se vol� vió lucero y brilla en las tardes claras. en yagrumo. Un hombre distinto. Su padre estaba tan orgulloso de ella. convertido en cunaguaro él mismo. la Bella Durmiente. Todos. su sonrisa. Prosiguió luego. -117- . en yévaro. la expresión. un poderoso chamán. y el hijo es mi hermano. pendientes de sus palabras. Los amantes son ellos. qué estará haciendo. Tengo un presentimiento. la ingenua Cenicienta. lanzó un conjuro mortal sobre la pareja: al nacer el primer hijo. doloroso. El hombre de los ojos color de agua lloró mucho. casi como en un tarén: —Era de la etnia bari. los dos ríos de sus ojos desbordaron sus cauces. el embrujo de los cuentos de hadas. su des� tino. con el hombre criollo. Los pemónes. nunca lo han podido encontrar. convertido en palma. Reviviremos la magia. que la había comprometi� do con el hombre más sabio de la comunidad. Si vive. El hijo desapareció. uno de los padres mo� riría. de ojos color de río. estoy casi seguro de que esta leyenda se refiere a mi padre y a la bella Ashira� ma. con fra� ses entrecortadas: —La joven bari murió al alumbrar. y la criatura pasaría a manos del chamán. casi amenazante cuando afirma. tal vez esté escondido para escapar de la magia del chamán. la doncella más linda que puedas imagi� nar. hasta los morochos. Algunos dicen que desapareció en plena selva. con el hijo? ¿De qué murió ella realmente? La mirada. hablando con extremada lentitud: —Ella se murió de amor. Sus maneras suaves.

en todas nuestras etnias. él le sonrió. —¡Aquél también lo es! —le grité estas palabras con tanta fuer� za. segu� ramente. —¿Y ella no se asustó? —No. pero no se unirán. largamente. el cielo de la sabana se lo han quitado. No hay que ir en contra de ellos. —Mas entonces. —¿Por qué? —Los ancestros invocados dicen que no lo recuperará jamás. en cambio. Puede que lleguen a encontrarse. sin darme cuenta de mi atrevimiento. la selva. cada pueblo afirma que es suyo. haciéndolo suyo. cada etnia reclama su procedencia. Él es bari. quién lo ha visto. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Pero. ¿él no quiere encontrar a su padre? —Habría que preguntárselo a él mismo. también los kariñas y ahora los pemónes. Por el mismo dictamen él está obligado a perseguirlo incesantemente. que Luepa me miró extrañado. —No volverá a tener a su hijo. Se echan en la espesura y allí lo esperan. la misma persona? —No lo había pensado. La sangre indígena. Aunque es imposible. Del otro. cuándo? —Mi mujer lo vio. —¿Y a ese pemón protector de ustedes. Luepa. sin embargo lo excluyo. Los waraos creen que es uno de ellos. —¿Y si algún día lo encontrara? —Será en vano. Venía solo. Hay que descartar esta eventualidad. El niño le tendió los brazos. “Es cierto. Los cunaguaros que lo acompañan no entran en los poblados. Luego se pronun� ció: —Esto también habría que preguntárselo a él mismo. no crees que aquel hijo de la leyenda y el perso� naje amigo de ustedes. absorbiéndolo. mejor ni mencionarla a mis padres”. Una duda repentina me asalta: —¿Y tú. preguntarle a él sería la única forma de saber la ver� dad. Estaba con el niño. El Chamán de los Cunaguaros. —¿Crees que yo podría llegar a conocerlo? -118- . en el conuco. es ilógico —pienso—. si el padre lo siguió buscando. el Chamán de los Cunaguaros. El nuestro es un indígena auténtico. podrían ser una sola. si aún lo siguiera bus� cando? —pregunto. el Chamán de los Cu� naguaros.

y todos ríen -119- . le tocan y acarician con deleite los rizos rubios. Nos detallan con simpatía. canto de ave. Estas paredes se construyen con varas fuertes. Se detiene el jeep. lo imagino hosco. No se acerca sino a los indígenas. nosotros aguardamos siempre su llegada. En un arrebato de imágenes. La idea de un pueblo o aldea es ajena a los pemónes. esperado y seguido de lo que ellos querían reconocer. En la zona fluvial son de corteza de árboles o de paja. rumor de río. parecen haber visto morochos antes. Las redondas tienen una sola. todos los habitantes salen de sus casas: no son más de unos treinta. A nuestra llegada. forman pequeños grupos comunitarios con miembros vinculados por lazos de consan� guinidad. hasta seis grupos habitacionales. con dos. mucho más de lo que admitían. No se extrañan ante mis hermanos. flor que se esconde en los despeñaderos. Hay tres tipos de viviendas entre los pemónes: cuadradas. pequeña. formando una rejilla a la cual se le rellena con barro: colocadas entre los horcones de las esquinas y los horcones de la entrada. junto con mis confusas divagaciones. y no a todos. generalmente a lo largo de un curso de agua. selva y montaña. espí� ritu y niebla lejana. En la vivienda tradicional de la sabana las paredes son de barro. Pero es así entre los pemónes. Me di cuenta de que ese extraño ser era más conocido. todas con techumbre de palma. Es naturaleza salvaje. Los pemónes. nube que pasa entre los tepuyes. Desde afuera. ellos no se reúnen en poblados grandes. Es voz del viento. Sabían mucho sobre él. está a una escasa media hora de allí. Sin embargo. explica. magia en sus palabras —Es difícil hasta que llegues a verlo. ni todo el tiempo. Las observo. tres. río arriba. pienso en ese joven chamán indí� gena y criollo. fiera y hombre. una en cada uno de los lados más largos. orilla de mar y alta serranía. Las vi� viendas oblongas y las rectangulares tienen dos puertas. nos aclara Luepa. Su familia. atadas. podemos ver el brillo de los fogones prendidos en uno o en ambos extremos. compuesto por unas pocas casas. Hemos llegado al asentamiento. llano. redondas y oblongas. dan una impresión de solidez. Se acercan a Mai� gualida. camino de sabana. pero a los niños les causa gracia el que lleven guayucos como los suyos propios. Sólo él decide cuándo visitarnos. puede haber varios asentamientos en relativa proximidad.

entrando uno a uno por el único angosto acceso. que poco a poco se van haciendo goterones golpean mi cabeza. sencillas batas de tela de al� godón estampado. nos refugiamos en la más cercana choza pemón. pa� labras que conocen. lapas enteras. hola. chigüire salado. huesos. plátanos. La subsistencia de los pemónes se basa en la horticultura. a tierra húmeda. en juego. Quizás muy pronto. ñames. que raramente llegan a tener. Se ha producido tal desbalance en su ecosistema. invitados por el jefe de ella. sostenido por una vara. delgado. no dan ni siquiera para co� mer. -120- . ni zarcillos. Sólo me llama la atención la forma en que las mujeres lle� van a sus hijos más pequeños cargados: para eso usan un trozo de tejido en forma de equis. adiós!. que por fin se desgaja con una fuerza insospechada. Acércate a nosotros. pero principalmente harina de yuca. Las mujeres. mien� tras. Filatelio. el manjar favorito que han preparado en previsión de nuestra visita. El Chamán de los Cunaguaros. su hijito lo espera… En la casa nos reciben con el kumasá. ni collares. mi padre explica: —Estos ríos apenas si tienen peces. trozos de carne de picure. ni con sus armas tradicionales. Son casi vegetarianos y ellos mismos afirman que no son buenos ni cer� teros cazadores. que apenas encuentran a veces algunos caracoles. mapueyes. Es una densa sopa a base de agua. Debemos cono� cernos más. ni con las escopetas. de forma circular. me empapan. lairenes. La acompañan con tortas de casabe recién secadas al sol. con mi usual insistencia. A Superloro lo saludan gritándole. Al inquirir el motivo. Luepa se apresura a despedirse: —Volveremos a vernos. bailoteando en la visera de mi gorra. apresurando siempre más sus cortos miembros: ya está cerca. El tarén cumplió su cometido: nos permitió llegar al pueblo. pequeño. a pesar de que conservan. Observo que los hombres pemón visten pantalones kaki y ca� misas de manga corta. ¡Hola. sin utilizarlos. ajíes ocumos. los arcos y las flechas sin plumas que antiguamente usaban para pescar. batatas. Tampoco practican la pesca. Arrecia el temporal. les hala fuertemente sus híspidos mechones negros. Viaje por el mundo indígena venezolano cuando ella. les contesta con las mismas en castellano. Por ahora no veo ningún tatuaje. Unas gruesas gotas. y se muestran contentos cuando él. pero ya no puede seguir deteniendo al aguacero. La selva comienza a oler a lluvia. Lo miro alejarse bajo la lluvia.

los mantienen sin propósito utilitario. a una pregunta nuestra. Mientras la comemos con las anchas cucharas de tapara. mapuey. colaboran con noso� tros los tres hijos del jefe de la vivienda. batata. poco antes de llegar. El Capitán es el repre� sentante del grupo. ñame. y papá. nos había enumerado sus numerosos productos agrícolas: yuca amarga con la cual elaboran el casabe. ají. Abuelo. -121- . como gallinetas y garzones que revolotean frecuentemente en la maleza. con el tradicional sistema de la tala y la quema. los mira atentamente con su mirada algo oblicua. ¡Más que suficiente para una die� ta familiar! A veces la completan con algunas aves pequeñas. ligada al pasado histórico colonial. melón. plátano. En esta tarea de reconocimiento vegetal. conucos. caraota negra. pasaría aquí desapercibido. Por cierto. magia en sus palabras Todos tienen conucos que cultivan esforzándose muchísimo. Capitán. yuca dulce. y con gran variedad de insectos. hoy día desusada. incluyendo las larvas de la palma moriche. las hormigas voladoras y en especial la katara. y no forman parte de su dieta. No es empresa fácil para inveterados ciudadanos como nosotros que no conocemos siembras. Jefe. patilla. Actualmente. porque los pemónes tienen tantos loros ¡y de tantas variedades! como todos los indígenas. sólo para que los alegren en su vida diaria con sus grazni� dos y bellos colores. Kumuratu. cambur. son las figuras que reemplazan la tradicional del cacique. caña de azúcar. Los pemónes. presentando como siempre dos hacia delante y dos hacia atrás. y an� tes de llevárselos al pico… me los ofrece a mí en mi propia boca. casi desaparecida. Super� loro. actúa de padre de su pueblo. sopa!”. auyama. pero. Los habíamos vis� to en el último trecho de nuestro recorrido. como diciéndome: “¡Pruébalos. ocumo. maíz. y para ser escogido para el cargo debe tener firmes nociones de sus tradiciones y cos� tumbres y un conocimiento suficiente de la lengua española. nos entretenemos identificando uno a uno los elementos de la nutrida y variada sopa. con la que preparan un gustoso picante muy del agrado de los criollos de Gua� yana y Amazonas. piña y también algodón y tabaco. si no fuera por su dominio del idioma castellano. a quien papá nos advirtió que debíamos llamar Capitán. lechosa. y ni siquiera huertas. te van a gustar!”. El que se luce es Superloro. como ya nos hemos dado cuenta. y sosteniendo los trocitos de vegetales en una pata con sus cuatro deditos. quien grita a toda voz: “¡Sopa.

sí lo es. se hacen gestos. Dos y Tres nos brindan su bebida predilecta. luego Kanonikon. —¡Qué trabalenguas! —Mor se siente a sus anchas. y una raíz roja. Entre nosotros los nombres propios en lengua pemón son secretos. pero funcional. pero nos interesan sobre todo los wayares. Opoipó. —¡Peor que peor. kon. los manares para colarla. Y para celebrar su nuevo bautizo. —Vamos a llamarlos Uno. cuchichean. Durante unos instantes los dos bogoticos discuten entre ellos. los cedazos. más bien agrada. Karonikok. Íbamos a ofender a nuestros anfitriones. tomando como punto de partida nuestro río Caroní. sobre todo si el aludido está presente. varón o hembra. eso es todavía más difícil! —Pueden recurrir entonces a algún nombre especial en español —les sugiere el Capitán pemón—. ¿Acep� tan? —¡Aceptado! —se conforman cordialmente nuestros recien� tes amigos. también rallada. el kachiri que ya conocemos. los sopladores para avi� var el fuego. —Nosotros no nos llamamos por nuestros nombres —les advierte enseguida Kumuratu. Karionipon. esto no es ofensa. al otro Karo� nigoto. Upoipó. Uno. kok. para exprimir la yuca. pon. Mientras tanto. —¡Tomen poco. entonces? Pueden hacerlo mediante un nombre de lugar y uno de nuestros numerosos sufijos que significan “gente de”. muy bien hecha. sin saberlo. por suerte—. “habitante de”: koto. El Chamán de los Cunaguaros. —Vamos a hacer una competencia a ver quién se enreda menos llamándolos —empecemos ya —propone Ocho. Tres —les proponen—. goto. observamos su cestería colgada de las vigas del techo y a lo largo de las paredes. ¿Pero cómo podemos di� rigirnos a ellos. preocupados por nuestro entusiasmo en saborearla. Por ejemplo. -122- . pueden decirle a uno Karonikoto. y así seguido. Por fin anuncian su decisión que no me parece nada original. que se prepara hirviendo un día completo una mezcla hecha con pasta de yuca amarga rallada y masticada. Dos. pronunciarlos está prohibido y se considera una ofensa usarlos para dirigirse a cualquier persona. respiran aliviados—. kachiriyek. porque es fuerte! —nos aconsejan a gestos pues son escasas las palabras castellanas que conocen. Viaje por el mundo indígena venezolano Ellos llevan los simpáticos nombres de Apoipó. intercambian silbidos. —¡De la que nos salvamos!. variada y elaborada: reconocemos el sebucán.

hablando por turno —poseen una mímica tan expresiva que logra� mos entenderlos perfectamente— Uno. niños de cara redonda. Algunas de las mujeres presentes. los llevan consigo cuando van a trabajar en los conucos. los protegen sobre todas las cosas. los consienten. llevan aún los tradicionales guayucos rectangulares en forma de delantal y nos enseñan cómo los tejen en telares de mano en forma de arco. En ese ambiente familiar tan propicio. no les exi� gen colaboración en las tareas domésticas. mucho en pemón y casi todo con gestos. los dejan jugar hasta grandecitos. alegres. magia en sus palabras unos originales cestos para llevar niños a la espalda. ojos saltones. Los pemónes. hecho de un volante circular de madera a través del cual se introduce una varita recta. cabello alborotado. al que rajan en tiras. obedientes. Los aca� rician. también Los pemónes aman mucho a sus hijos. y por eso necesitan implementos para transportarlos y cargarlos. Como es na� tural entre los indígenas. elabo� rando el hilo con el huso para algodón. los “pemoncitos”. sin embargo. Dos y Tres nos informan que esos artículos que tanto admiramos se elaboran con una fibra obtenida del tallo del arbusto que llaman manare. crecen saludables. Un poco en español. también -123- . Las madres nunca los dejan solos. pelan y a continuación tejen. dóciles.

Son trajes y objetos ceremoniales: el aró y el imaripadai. a esa que llaman música concreta? Mamá se protege los oídos nerviosa y Muñeca. bien proporcionados y flexibles. el parichará. que hoy casi nadie conoce. El algodón lo tienen allí mismo en abundancia. En cambio. nunca habíamos comprendido antes. cabalmente. de lo estridente que suena… ¿o es acaso un acercamiento a la música moderna. También nosotros lo observamos con atención: por fin entendemos cómo fue que la Bella Durmiente. sem� brado al lado de las casas. hilaba con el huso y la rueca. traen los instrumentos para ensayar el acompañamiento musical de la danza: las flautas de caña de guasdúa. Viaje por el mundo indígena venezolano de madera. nos damos cuenta de que. El Chamán de los Cunaguaros. una diadema y un camisón de hojas de maripa que visten para su más importante danza típica. como la mayoría de los niños venezolanos. que los criollos llaman juajua. si bien todos los indígenas sudamericanos son de es� casa estatura. lo asocian con el trompo y la perinola. Tienen gráciles cuerpos de niños. los pemónes lucen aún más pequeños que los demás. destinado a atraer los báquiros y asegu� rar una copiosa cacería. aún más grande. su perversa madrastra y la manzana enve� nenada. Ante nuestro asombro e interés. suceso que. pues le recuerda el retrato de una abuela alemana que cuando niña. pero nos estremecemos al escu� char tan sólo hoscos resoplidos y ruidos extraños… ¡Su música es una imitación de los gruñidos que emiten los báquiros! Dicen que sirve para atraerlos… aunque alguno de nosotros piensa que mejor serviría para alejar animales y gentes. Ver el huso. Superloro manifiesta su descontento agrediendo a picotazos mi oreja derecha. Nos disponemos a oír gratas armonías. Uno y Dos bajan de lo alto otro akai. del cual van sacando uno a uno atuendos magníficos. emociona a papá. Al detallarlos de cerca. Mor y Ocho -124- . A instancias nuestras. allá en las montañas de la Selva Negra. que se había dormido. pies y manos mínimas. a finales de 1800. en el cuento de ella misma. ¡pues no sabíamos lo que era un huso! Algunos. con miembros breves aunque fuertes. pudo pincharse un dedo con ese huso. despierta asustada. que nos maravillan por su forma y su hermosa textura vegetal. tan atareados y risueños. que mueven con una vivacidad y una presteza sorprendentes. antes de que su propio padre trajera la familia a Venezuela. figúrense.

casi diría que les sale perfecto. la mayoría jamás. del Ministerio de Sanidad. Los pemónes. Si quieren. o si han logrado estudiar. otros de vez en cuando. Los morochos. em� pezamos ya. —¡Parece rap! ¡Qué bueno está esto! —y al finalizar este primer concierto. —¿Cuántos pemónes quedan ahora? —pregunta Rafael. Puros. —¿Criollizados? —inquiero. enseguida quieren averiguar: —¿Hay algún otro baile que imite o llame a los animales? ¿Po� dríamos aprenderlo? Nuestros jóvenes amigos. como repentinos cunaguaros. poco más del doble. ¡Un poco más tarde lo sabré! Se han formado dos grupos. Dos y Tres. —Somos cada vez menos —lamenta el Capitán en su español escaso pero comprensible— y cada vez más desasistidos. empiezan a reír y murmurar entre ellos. Todos a gatas por el suelo. Ellos custodian la selva y también nuestra cultura. Vamos a enseñarles el rito de los cunaguaros. —Sí. Algunos regresan regularmente. imitan los rugi� dos y los movimientos de Uno. son los que van a trabajar como personal de campo de la Dirección de Fronteras. se diezmó la población indígena. el siglo XX. pero con una energía y una mímica tan extraordinarias que nos proporcionan una comprensión cabal—. la aparición de enfermedades traídas por los criollos causaron terribles devastaciones. En verdad no lo ha� cen nada mal. —¡Seguro! —consienten en su propio idioma. ya desenvueltos. exhaustos. como maestros en las Misiones. de algunas em� presas de explotación minera especialmente de diamantes. al cual me agrego. -125- . el de ellos y el de los papás. Tengo la impresión de que los cinco jovencitos están confabu� lando. criollizados. pero no me esfuerzo por averiguar de qué se trata. quizás lleguemos a cuatro mil. se agitan y lanzan zarpazos a enemigos imaginarios mientras gruñen amenazantes. Cuando terminan y se sientan en el piso. En el si� glo pasado. magia en sus palabras están extasiados y acompañan con meneos e improvisados silbidos los inéditos sones. vamos todos. Los observo admirado. se muestran com� placientes.

karaiva (brasilero) mekoró e inglespon (negro y blanco guyanés). paranaquire. En definitiva. consuelos espirituales. Los criollos o no naturales. medicamentos. nuestro pasado. o que desean poseer pero que no están en capacidad de producir: he� rramientas. El Chamán de los Cunaguaros. refiriéndose a sus nacionalidades spanyoro (español venezolano). pues les dan el sustento. preservar y transmitir su cultura. de las cuales dependen. a quienes aquí llaman también. son para estos in� dígenas un fenómeno que han llegado a aceptar como parte de su vida en los últimos doscientos años. Son invocacio� nes mágicas. o “racionales” en español. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Qué se está haciendo para defender los derechos de la etnia. hemos habitado. tradi� cionalmente. —¿El Estado se las reconoce? —Hasta no hace mucho —papá interviene en apoyo de Kumu� ratu con una de sus largas disertaciones— se permitía a los terrate� nientes criollos considerar la tierra indígena como baldía. toda nuestra tradición oral se han ido difu� minando en el tiempo. utensilios. los proveedores de los artículos manufacturados que han comenzado a ser también para ellos de primera necesidad. estamos tomando parte activa en la formación y en las labores de la Federación Indígena del estado Bolívar y de la Confederación Indígena de Venezuela. a través de la horticultura de tala y quema. al verlas peligrar ante el acoso de los ha� cendados y ganaderos criollos. Se esfuerzan por defenderlas. y en término general tuponken (hombre con ropas). El capitán y yo mismo escuchamos en la más completa concen� tración. ropa. éstos no son sino los fabricantes. más que de luchar para conseguir ventajas. Kurumatu está en lo cierto. holandés. los capitanes pemónes. —Nosotros. ha hablado bien. —¿Y los tarén? —Los tarén no son históricos en su contenido. lo cual favorecía las invasiones. es� tán pendientes de sus tierras. calzados. Aparte de lo que algunos cronistas o misioneros españoles hayan podido recoger. desahogos. Los pemónes. Luchamos por preservar el derecho a las tierras que siempre. noto que Kurumatu presta -126- . De su expresión casi reverencial. sus tradiciones? —Nosotros no sabemos mucho de cosas antiguas ni de luchas para reivindicarlas —contesta con modestia el Capitán—. la vida.

en las misiones. el espíritu del mal en todas sus formas y manifestaciones. —Cuando hablan de sus relaciones con los criollos —continúa Rafael dirigiéndose a mí especialmente—. como asalariados. Pero hay pocas fuentes de trabajo remu� nerado en la región. Aceptan ir a trabajar con ellos. los pemónes siempre se definen como: Pemonton Tuariton. Enseguida. En Kamarata. despierta en mí otra ola de inquietudes. habla con tanta propiedad. la mujer del Capitán que nos ha preparado la sabrosa cena. Habla español. Son numerosos los indígenas que están en deuda permanente con la misión. El capitán Kurumutu asiente con gran convicción y agrega ape� sadumbrado: —Si esto sigue igual. si no se nos reconoce la tenencia legal de nuestro territorio. ¡Qué rico es el fabuloso mundo pemón! Owaka. que sin embargo sabe tantas cosas. Los emplean en la construcción de edificios y dependen� cias. pero sólo hasta obtener el dinero suficiente para sufragar sus necesidades inmediatas y adqui� rir artículos de proveniencia criolla. que se compran en efectivo. aunque por partes. es la única de la familia que lleva la cara tatuada y gruesos zarcillos de madera y metal que. muchos se dan cuenta de que ellos son los menos beneficiados. ¡Que Kanaima se aleje de nosotros! Esa referencia a Kanaima. en la labranza y cultivo de las tierras para el abastecimiento de los padres y sus escuelas. y también el único centro de abastecimiento de artículos criollos. en el levantamiento de represas para el suministro de agua. después retornan con sus compras al hogar. magia en sus palabras la máxima atención. y pe� riódicamente deben regresar para pagar. será oscuro el destino de los pemónes que permanecen arraiga� dos en sus tierras tradicionales. llega con sus palabras a la mente y al corazón de gente tan distinta. con su trabajo. en el corte de maderas. según creo entender. Conversando con ella me -127- . un hombre tan sencillo. Me siento orgulloso de mi papá. “Nosotros los pemónes que so� mos pobres”. el ente inmaterial. pues ha trabajado en su juventud con una maestra bilingüe. Los pemónes. accesible. y mayor� mente marginados. mejor que su compañero. la fuerza maligna que causa enfermedades y epidemias. Sin embargo. se volverán sombrías las perspectivas del porve� nir. Kanavayén y Wonken la misión capuchina es la única. en las minas de diamantes. llama “mari� posas”.

la que habla. una emanación? —Puede ser un ente puramente espiritual o su encarnación en forma humana. los daños. Tienen algo de brujos. Los malestares. seres sobrenaturales que pueden manifestarse en forma humana o animal y se encuen� tran de noche en la selva. los malos sentimientos nos acechan. los Mawaritón. aprovechando la buena disposición de Kumuratu. Si yo lo hiciera. —¿Entonces Kanaima es un ser. puede ir al más allá después de la muerte. El Chamán de los Cunaguaros. que daban vueltas en mi cabeza durante esta segunda etapa del viaje y que. Kanaima es la fuerza más activa y poderosa de la vida pemónes. espíritus fluviales que pueblan los ríos al oscurecer y ayudan a los chamanes en sus curaciones. es tradición. en los árboles. no puede ser completamente bueno. son Ka� naima. No les molesta que lleguemos a conocerlas. mis amigos pemónes… —Cada persona —me había explicado Owaka— tiene cinco almas. en la maleza. Y hasta vegetal. sabe curar con hierbas y flores salvajes. —¿Pero no es algo maligno? ¿Algo que les hace daño a ustedes. pero sólo una. Nuestro mundo no es. También los ani� males y plantas tienen alma. los Awapiri mencionados en los tarén. y allí se refugian los espíritus malos. el espíritu del mal… que dio nombre a parte de esta región… que era nombrado y temido por viajeros de siglos pa� sados… y mencionado por los cronistas… ¿Todavía existe? —¿Cómo “todavía”? —se indigna Kumuratu— Kanaima siem� pre existió y siempre existirá. incorpóreas. -128- . me atrevo a consultar: —Kanaima. Los pemónes guardan celosamente sus tradiciones. son cosas secretas. Sin embargo había algunas dudas. que son como sombras. a los pemónes? —El mal es necesario —responde gravemente— como la muer� te. que habita la selva en todas sus formas y manifestaciones. mi padre me llamaría la atención con mucho rigor. se manifiestan en enfermedades y epidemias que sólo el cha� mán. pero no permiten que las men� cionemos ni que opinemos sobre ellas. Acerca de todo esto no puedo discutir con el Capitán. una persona. Viaje por el mundo indígena venezolano he enterado de que existen los kanaimatónes. sólo las piedras carecen de ella. Es un espíritu ancestral. fruto de mis lecturas de los cronistas. —¿Sólo humana? —También animal.

habla Kanaima! Todos se acercan y he aquí que. muy sabihondo. vuelvo a reunirme con mi padre y con el Capitán y me atrevo con otro tema: —¿Y la leyenda de El Dorado…? ¿Saben de qué se trata. Otro le responde con la misma lobreguez. Parecen prove� nir de los árboles cercanos. de abierta y colaboradora. que este tema le es cercano. que detienen los lúgubres gritos para anunciar: —¡Kanaima. Siguen los silbidos. antropólogos. Son Mor y Ocho. impresionados por la algarabía que despertaron o debido a su impericia. Su forma de vivir despierta respeto. llegan en tropel y le dan un tono irónico a la conversación: —Yo opino que era una artimaña de los indígenas. ceñuda. Los pemónes. Corta nuestra conversación un silbido ululante. también crees en Kanaima? —Profundamente. y de pronto logro distinguirlos entre el ramaje. y algu� nos kariñas. Se nota por su forma más fluida de expresarse en castellano. le han proporcionado los tres hermanos de curiosos nombres. lo han discutido con él? Los pemónes. familiar. exploradores. Ya pasado el sobresalto. le han hecho preguntas. donde yacen como enormes iguanas camufladas. en el Orinoco y en Guayana. con la consiguiente burla general. Salgo afuera. se vuelve seria. El nombre de Kanaima resuena en toda la selva amazónica. acompañados en la retaguardia por Superloro que corretea veloz. Mientras tanto Uno. interés. con el mayor gusto. escruto los yagrumos y los bucares. magia en sus palabras —¿Pero tú. ¡Lo he pensado y estudiado mucho! Una antiquísima leyenda yekuana dice que Kanaima encierra el espíri� tu de los primeros hombres que por desobedientes y crueles fueron transformados en demonios por el Supremo Hacedor —me confía a continuación. pero no fuera del mundo. para alejar de ellos a los conquistadores —apunta Mor. los dos emisarios de Kanai� ma resbalan y caen estruendosamente al suelo. pintados de negro y de verde con la tradicional tintura pe� món que seguramente. están alejados. como de búho nocturno. alguna vez la creyeron? ¿Es verdad lo que antiguamente contaban explo� radores y viajeros acerca de una ciudad de oro. curiosidad. -129- . con calles llenas de polvo dorado. ¿Acaso en algún momento otros viajeros. Dos y Tres con mis hermanitos. Capitán. que los españoles situaban en estas tierras? La expresión del Capitán. así como los waraos.

para después sumergirse en un río y dejar en su lecho todo el brillo de sus cuerpos. —No hay que ser tan escépticos con las creencias indígenas —interviene pausadamente papá—. otros al sur. ¿Acaso él y su gente eran los guardianes de aquellos secretos? ¿Conocerían el misterioso lugar donde está ubi� cado El Dorado? ¿Existe. sí? ¿Pero puedes decirme dónde queda? —inquiere sar� dónico Ocho. oro. sobre todo del egoísmo y de la codicia. Mientras. existió aquel fabuloso pueblo? ¿Puede ser cierta la creencia de que el oro huye de los blancos y sólo se muestra a los indígenas? Se hizo un ambiente pesado que rompió el grito estridente de Superloro: —¡Oro! ¡Loro. Ninguna contestación por parte del Capitán. —Pero nunca se supo cuál es el río. está de verdad escondido el fabuloso poblado donde la gente se recubre de polvo de oro. —¡Claro que no! Lo guardarías para comprarte todos los dulces del mundo —le replico en burla cariñosa. en un antiquísimo ritual. ¿Será que el espíritu de Kanaima nos acecha? Miro a mis inocentes hermanos y hago una silenciosa ple� garia para protegerlos de todo mal. —Algunos la han visto sobrevolando la Guayana. al sur oriente de Venezuela. aquí. —¿Ah. El Chamán de los Cunaguaros. Creo que de mis dos ceritos se ha apoderado por un momento la fiebre del precioso metal. el Capitán mantenía un silencio respetuoso. loro. aún hoy existe una leyenda de la “Ciudad Dorada” que se ve desde el aire: tiene altas torres de oro y calles empedradas con guijarros color del sol. Viaje por el mundo indígena venezolano —Tal vez algún indígena lo creyó por haber tomado demasiado kachiri —se balancea como mareado Ocho. —¿Me vas a decir que tú no quisieras ese oro? —me interroga Ocho con una rara expresión que nunca le había visto. aquí! -130- . haciéndose el chistoso. Tal vez en algún arcano lugar de la selva. aludiendo a cierta golosi� dad del número cero. hacia Amazonas. cuáles las aguas teñidas en oro… —¡Cómo me gustaría bañarme en ese polvo esplendoroso! Pero no lo botaría en el río —comenta Mor extrañamente codicioso. que nos pareció enigmático.

el maléfico Kanaima. Ambrosio Alfinger. Pero a pesar de todo. de no existir un esfuerzo serio y real por ayudarlos a conservar su propia identidad como pueblo. los célebres rallos. suspendida en el aire. Miro al cielo esperando ver. ¿Será cierto que El Dorado existía sólo en el universo mágico y sobrenatural de la leyenda. los secretos de los pemónes. algún enigma que ellos quieren mantener a toda costa? Es penoso pensar que sus hermosos mitos. que se realiza para invocar a los pájaros. el chinchorro típico de ellos me resultó tan cómodo que acabé por dormir largamente. chupaflor o pájaros-mosca. que se han pintado el cuerpo imitando al colibrí: pecho azul violáceo. que recorrían la Guayana en pos del mítico Dorado. corren el riesgo de desaparecer con ellos. a mí. uñas y pico (o boca) oscuros. y que los Yekuana los aprecian al punto que los truecan con lo mejor de su producción. Jorge Spira. garganta blanca. me asomo con prisa a la entrada de la choza para gozar del espectáculo. Antonio de Berrío. de magia. Están interpretando el baile tukuí. así como la del parichará que atrae a los báquiros. encierran estas culturas indíge� nas! Nunca pudo aclararse el secreto. Y sin embargo. una nube de graciosos tucusitos. ya que los pemónes creen que el espíritu humano transmigra en el animal. Diego de Ordaz. personalmente. alas y cola (o brazos y asentaderas) negros. con puntos bermejos y mati� ces de un verde dorado. En cambio. magia en sus palabras Su voz impertinente nos recordó la de los ambiciosos aventure� ros. pero el Capitán seguía obstinadamente callado. Los pemónes. con aire solemne. en el vasto territorio mítico de las anti� guas tradiciones indígenas? ¿Acaso hay algo oculto. Nada de nada. que con tanto celo han preservado. nunca pudo localizarse el sitio de un lugar tan fantástico. se me acercan cinco tucusotes: son los tres muchachos pemónes y nuestros dos criollos. No me desperté sino bien entrada la mañana a los gritos jocosos de mi hermanita: —¡Los tucusitos. gateando por el suelo con cómicos movimientos. paticas coralinas. y también el ritual de -131- . en taparrabos. Aquella noche nos desvelamos sugestionados con El Dorado. Lo comentamos un poco en serio un poco en broma. los tucusitos! Salto velozmente al suelo. Walter Raleigh. Por algo dicen en� tre los indios que los chinchorros pemón son inigualables. La danza del tukuí. Jerónimo de Ortal. el mito sigue vivo aún hoy día. ¡Cuánto de misterio.

Los silbi� dos de los morochos. contagiado del frenesí de aquel mágico rito. son pruebas de la creencia tan común en varios gru� pos indígenas. porque en la escuela no los van a dejar bailar en taparrabos… Todavía me arrepiento de mi mezquindad y de mi impruden� cia. de que invocando al animal a través de su imitación se le atrae y captura. erizando el copete. el zumbido que hacen los pemónes imitando el vuelo raudo del tucusito y los eufóricos gorjeos de mi loro. revolotea entre los danzarines con las alas abiertas. Viaje por el mundo indígena venezolano los cunaguaros. porque desde entonces mis traviesos hermanos han silenciado a la manera pemón mi nombre Filatelio… y me han atribuido el apo� do que aquellos ingeniosos indígenas acuñaron para los extranjeros y los criollos: Tuponken. pero yo (¿acaso con un sesgo de rivalidad. Debo reconocer que la actuación de los cinco danzarines es excelente. silban con maestría imitando el hermoso gorjeo del diminuto pájaro que in� vocan. Nuestros padres aplauden la idea. desplegando sus plumas multicolores en una impresionante danza salvaje. -132- . “hombre vestido. vuelve a sus ancestros de la selva y. y así lo considera papá que después de haberles tomado varias fotos corre tras ellos con su cámara de video. tukuí! Tan satisfechos se sienten ellos. La danza mixta debe de haberle agradado también al Capitán. hombre con pantalones”. En verdad. Mis hermanos abren los brazos como si volaran. La película será un grato recuerdo para la familia. pues al momento de irnos les dirige a los morochos un saludo especial: —¡Vuelvan pronto. de envidia por su éxito?) cedo a la mezquina tentación de echarles una ducha fría: —Tendrán que inventar algo. se con� funden en una novedosa armonía. que apenas arranca el jeep em� piezan a planificar una representación del baile Tukuí en el plantel de El Valle. esto es mucho mejor que la fallida representación de Kanaima. Y he aquí que Superloro. El Chamán de los Cunaguaros.

pleno de soles y lunas. 133 . cómo olvidar tu ropa revuelta que se abrazaba tenue alrededor de tus muslos. Cómo olvidar el color de tu risa suave como lluvia sobre el caño. Porque tu ausencia duele como la herida de mil dardos ponzoñosos en la mitad del pecho. tu cuerpo andariego. dame fuerzas para soñar que estás aún conmigo. suaves como las alas de seda de las doradas mariposas. Evoco tus cabellos nocturnos. amada. tus pasos de jaguar. cómo olvidar tu brillo.Tarén para sobrevivir la muerte de la mujer amada Amada mía. tu acento de pájaro silvestre. tu sigilo de nube leve como un celaje de la tarde.

vuela con alas de colibrí brillante sobre las grutas secretas de las cumbres desconocidas. mientras yo encuentro tu rostro en las hojas y escucho tu acento en las piedras que los niños lanzan al río. vuela con alas de mariposa sobre los ríos interminables. Vuela sobre la selva. -134- . con esas alas doradas y sedosas. y oigo tu risa en el salto de agua más cercano. amada. sobre las montañas sagradas. y siento de nuevo tu olor entre las frutas escondidas del monte. Viaje por el mundo indígena venezolano Con esas alas vuelas tú. El Chamán de los Cunaguaros.

Escuchará el rugido de los ardientes cunaguaros 135 . el del tabaco que jamás se apaga. del amor insatisfecho.Tarén de un joven perdido en la selva No conoce los caminos y quiere encontrar el rastro. el de los largos cabellos. la huella invisible del chamán amigo. Tarén de un niño-tigre que no encuentra el rumbo. a la luna fría y distante. Le preguntará a los astros el camino. el trino solitario de las aves que pueblan la noche espesa. el de la voz de águila y murmullo de espumas. de la pasión inconclusa. y después oirá la voz del mochuelo nocturno el canto helado de los grillos.

tarén de un joven que halló su camino. uno con el lustroso cunaguaro. -136- . para llevarlo al río para que sacie su sed de siglos y contemple el rostro sabio del padrino. guiaba sus pasos. ni lo asustó el murciélago. Así encontró el sendero y fue uno con los seibos de copa riente. y supo que el chamán protector lo miraba desde el aire. fue uno con el viento. Tarén del joven que bebió el agua pura de la tierra escarchada de estrellas. por eso toca su flauta mientras termina este tarén. Así llegó al lugar seguro y no lo tocó la tormenta. porque conoce todos los secretos de la selva. ni la lechuza. El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano que se acercan envueltos en luciérnagas. con el obstinado armadillo.

—Es verdad —exclaman los morochos—. poseen un pelaje color miel. aquí todo parece bailar. Al oír nuestros gritos. Pero noble y valiente avanza nuestro rústico por la densa selva. Pareciera que llevaran una graciosa máscara. 137 . hasta que al mirar una copa de árbol me pareció que unas flores oscuras se movían y las ramas se balanceaban rítmicamente: —¡Estoy mareado. Al acercarnos a los dominios de los Sape. las plantas bailan. sombra y alma Nos dirigimos siempre más al occidente. ¿Qué pasa? Las flores oscuras que creímos ver. y su rostro es blanco. Son de un bonito tono caramelo. Los sapes. son una gran manada de ma� cacos. altísimas lianas y bejucos a ambos lados casi obstruyen en ocasiones el paso de Tío Jeep. caminos boscosos. bailan! —grita Maigualida. Yo no veía nada sino los zancudos que nos asaltaban a más y mejor. devorando las ciruelas de huesito de un inmenso árbol carga� do de esta sabrosa fruta. ellos también emiten unos chillidos agudos y luego continúan comiendo y peleándose por las mejores ciruelas. veo flores bailando! Tengo un mareo ma� cho… —¡Las flores bailan. por eso también se les llama “monitos cariblancos”. Aprovechamos para detallarlos cuando el jeep se les acerca más.

querrías tener uno. opio! —refuerza Muñeca. ¿A qué se debe este escándalo? —Al itinerario —explica Mor. —¡Upa. aunque a veces come algunos insectos. —Sape. y sus brazos y piernas son tan largos como su cola. por ejemplo el mono araña —contesta Rafael. -138- . —Luego están los tití. —Y un microscopio. —¡A callar! —les impone papá— Son más ruidosos que una bandada de guacamayos. —¿Pica como una araña? —No. parecen gatos aullándole a la luna! ¿Para qué quieren esas cosas? ¿Se han vuelto sabios de repente? ¿Investigadores? —los interroga mamá. —¡Qué monitos más monos. luego los capuchinos. es que es negro. valga la redundancia! —Hay también los araguatos que acabamos de ver tan gritones y escandalosos. peludo. de un marrón muy parecido al del hábito de los monjes capuchinos. —A “tu” itinerario —completa Ocho. sería “nuestro” itinerario. oh —corea Superloro. —¡Una lupa. ¿O es que no quieren seguir? —¡Seguro que queremos! Pero necesitamos una lupa. ah. —¡Basta. Son muy bellos con su cara de niño y su melena de león. no te olvides de ellos —agrego. Sape —apoya Superloro. una lupa! —grita Mor. En el jeep estalla el jubiloso alboroto que arman los morochos. hijos. un microscopio! —chilla Ocho. —Sape. Sape —exclama ella. alborozada. mientras una fresca brisa proveniente del norte nos brinda a ratos cierto sosiego. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Qué otros monos hay por aquí? —quiere saber mamá. esbeltos y ágiles. que si los ves. —Inerario… upa… opio… —ríe Muñeca. El Chamán de los Cunaguaros. —Muchos otros. —¡Un microscopio. —En todo caso. Atravesamos quebradas y riachuelos. siempre en movimiento. subrayado ale� gremente por la niña. —Uh. Pero es inofensivo y totalmente vegetaria� no. Silencio por parte de ellos. a cual más sorprendente.

¿Cómo lo logran? Artimañas de morochos… —¿Dónde vamos a encontrar a los Sape? Tenemos muchas ganas de verlos. —Yo. qué les preo- cupa? —Sape. dispersas en estas tremendas extensiones. la población de los Sape aún pura. con las mis� mas palabras. —No. Estas son las tres zonas de la cuenca del Río Para� gua. entes. a decir lo que les ocurre. saben mucho sobre los Sape ¿Y qué pasa. Yo mismo trato de explicar. —Hablo yo. Su idioma representa una lengua aislada… hablada hoy día por no más de dos decenas de personas. perdiendo así sus nexos con la comunidad y el entorno. —Correcto. es decir no mezclada. lentes. lo hacen a una sola voz. no excede a quince personas. empiezan a hablar. —¡Hacen falta lupas. con una filiación linguística indepen� diente. sin haberse puesto de acuerdo previamente. afluente del Medio Paragua. recordando lo que he logrado averi� guar sobre ellos: -139- . algo están tramando. tam� bién llamado Osoi-merú. microscopios! —insisten a una sola voz. término que constituye la autodenominación del gru� po. —Pasa… que sin microscopio no los vamos a encontrar —la� mentan los morochos. son una etnia particular. Y como de costumbre. —Upas. del Escudo Guayanés. situada en el Bajo Paragua. sombra y alma —Cuando no hablan. por favor. otros se han alejado. Por fin. pasa. opios —refuerza Muñeca. pero por una vez mis herma� nos están en lo cierto. yo. al pie del raudal Cosoiba. —Luego en el Medio Karún. Muchos de ellos han sucum� bido. Sape —Muñeca se divierte. Tienen razón. pero. Rápido. ¿dónde hallarlos? —Buscaremos en la isla Casabe. Los Sape. —Y por fin en el Alto Paragua. Los Sape. Cómo se enteraron. pues muy pocos son los Sape que sobreviven en su propio territorio. Enseguida. donde los pocos Sape que aún existen se ubican. siempre al unísono—. tú no. porque según los antro� pólogos. difícil saberlo.

hay sin embargo otros. Pienso en la suerte de tantos in� dígenas. aunque con poco respeto. tal como hicieron otros indígenas cuales los Shirishana o Yanam que emigraron desalojados por la avanzada de la sociedad blanca. y se ven constantemente explotados y humillados. los demás también reflexionen calladamente sobre el destino de nuestros indígenas. y sus viviendas se volvieron aún más rudimentarias. transmitiéndoles estos conocimientos adquiridos a lo largo de lectu� ras realizadas en la biblioteca de la Fundación La Salle. amenazados. en la cuenca del Paragua y especialmente en la isla de Casabe. ni viven en la protectora selva tropical. entremezclados con los Arutani o Uruak. O bien obligados a claudicar. El Chamán de los Cunaguaros. trabajan y comercian en las minas de diamantes. a mezclarse. antiguamente eran numerosos y fuertes. Tuponken —me animan. diezmados como los Sape. En efecto. Tío Jeep sigue -140- . resultaron suficientes para sanarlos —termino exhausto. que son terribles para los naturales. Ellos dieron nombre a los ríos (Pauré murán. El sarampión diezmó a la comuni� dad. se expresan en español. Me quedo largo rato callado. Se sentían inseguros. no lejos de estos escasos Sape puros. Quizás. quienes. Acosados. se refu� giaron en el área del Karún. No mantienen su estilo de vida indígena. como yo. por eso nunca abandonaron las costumbres itinerantes. Se han trasladado a las zonas mineras. Mor y Ocho. cuya lengua hablan ahora. ancestrales pobladores de la zona del Alto Paragua. lo sabemos. Ya no forman comunidades. no están dotados de anticuerpos ni poseen vacunas. Ni la magia de los chamanes sape. con los pe� mónes. Llevan una existencia distinta. pero satisfecho de haber dado una lección a mis dos ceritos. pero tampoco son venezolanos en plena posesión de sus derechos. Viaje por el mundo indígena venezolano —Los Sape. a perder su individualidad. —De los escasos contactos que tuvieron con los criollos se ori� ginaron entre ellos epidemias de enfermedades contagiosas. Luego. Mo murán). y a muchos saltos de agua. Aún falta bastante por llegar. asistidos por la ley. separadas por un trayecto de apenas dos o tres días de camino. —Sigue. Ahora en el rústico reina un extraño silencio. con los Yanami. lo que es muy poco para aquella inmensi� dad. ni aquella aún más potente de sus vecinos Yaman. en las cabeceras de los ríos Pauré-murán y Karún las cuales están cercanas.

Los Sape. orejón. busquen un tema de conversa� ción. —Afortunadamente. mis ceritos son jóvenes sanos. el decálogo de los cuentos de algunos libros célebres. Está completamente lleno de las caligrafías menudas y torcidas de Mor y de Ocho. a los cuales trasladaron parte del equipaje aliviando así los repletos morrales. chapotea en charcos y más charcos. pájaro de mal agüero. Es un decálogo. o se los englute una tragavenados? —Cállate. tan parecidas que es imposible distinguir una de la otra… Hasta en la escuela. eso no! Cada uno se hace el suyo y si se embroma. las -141- . Ante esta invitación. un milálogo. todos los estudiantes somos pícaros. el decálogo de los diez mandamientos de la Biblia. No se queden callados. —¡Qué pícaros! —les dije yo una vez. no me gusta verlos tan decaídos. se tambalea so� bre ramas. de discusión —nos anima papá. El nuestro contiene peguntas sobre los indígenas que vamos a hacerles ahora mismo. canten. a veces casi a ciegas. allá él. —¿Y los exámenes? —¡Ah. inteligen� tes y honrados —reconocí en aquel momento. piedras y raíces que cubren el camino. Con toda for� malidad extraen un pliego grande enrollado al estilo de pergamino o papiro egipcio. se intercambian los trabajos. regalo de los waraos. o los devora un caimán. o los pica un zamuro. ¿Acaso es un testamento. hablen. —¿Pero. esto es un secreto. no. los cuestionarios… y nadie se da cuenta. sombra y alma avanzando entre tupidas lianas. —Pues sabrás. —¿Un decálogo? ¿De dónde sacaron eso? ¿Conocen bien esa palabra? —Claro. una a una. —Jóvenes. Aunque ningún título se le adapte perfectamente. los mo� rochos desenrollan su papiro y leen solemnemente. las tareas. y majestuosamente se disponen a desenrollarlo. —¡Pero el de ustedes es tan largo! No puede ser un decálogo. qué es eso? —pregunto ahora— ¿Qué será ese papiro que traen con tanto cuidado? Tiene cara de un documento serio. palillo. Será un centálogo. por si se los come un tigre. Significa diez de cada cosa. los morochos sorpresivamente echan ma-no de sus mapires. Los alumnos tenemos nuestro código de honor: no se enga� ña a los maestros. tan silenciosos.

son considerados como indígenas aque� llas personas que hablan o hablaron en su infancia una lengua indí� gena. puntas de flechas y arcos. y pasan gran parte de su vida en las canoas. estatura pequeña. figuras talladas en madera de animales cuales -142- . rallos. satisfactorias para el momento. ágiles. liso y brillante. o cuya madre o abuela la habló. nos abocamos enseguida. collares. siquiera parcial. cuando tengamos mayor información. buscar unas breves respuestas. Barajando ideas. esteras. totumas pin� tadas. ¿Qué se entiende por comunidad indígena? Una comunidad indígena es aquella que desciende directamen� te. de otras comunidades ya presentes en el continente para el momento de la llegada de los primeros con� quistadores. con entusiasmo. El Chamán de los Cunaguaros. y quizás las retomaremos para completarlas y pro� fundizarlas al final del viaje. de su identidad. miembros cortos. por vía transgeneracional. recatados y generalmente silenciosos. De� cidimos. y no unánimes. ¿Cuáles elementos comunes encontramos entre todas las et- nias? El color cobrizo de la piel. ¿Por qué los waraos se llaman a sí mismos “gente de canoa”? Porque siendo su hábitat el Delta del Orinoco viven entre caños y ríos. los ojos rasgados y oscuros. lengua y cultura distintiva. los indígenas se caracterizan además por la conserva� ción. Son lam� piños. a pesar de la inevitable aculturación y mestizaje. entre todos. Viaje por el mundo indígena venezolano inquietantes preguntas acerca de los indígenas que contiene. de acuerdo a cri� terios algunas veces infundados o apresurados. veloces. cestas. y tienen además los que les dieron los conquis� tadores. ¿Por qué hay confusión entre los nombres que se les atribuyen a las comunidades indígenas? Porque ellos mismos utilizan distintos nombres que heredaron de sus antepasados. a la tarea de contestar el “milálogo”: ¿Qué se entiende por indígena? En términos criollos. fuertes. el cabello negro. ¿Cuáles productos propios utilizan los indígenas para sus in- tercambios? Vasijas. navegando de un pueblo a otro para intercambiar sus mercancías. misioneros y más tarde los antropólogos.

por cortar. pero al� fombradas y amobladas al gusto citadino. ¿Y después de ellos? Después de ellos los wayuus. ¿Dónde se localizan las comunidades yaruro? Los yaruros o pumés se localizan en los llanos del occidente de Venezuela. apenas algunos centenares. vocablo que viene del español an� tiguo “motilar”. Los Sape. ¿En qué se parecen los waraos y los yekuana? En que ambos viven cerca del Orinoco y es este río su principal sustento. tanto que hoy día son prósperos comerciantes o activos ganaderos. señala el paso de las almas al más allá. ¿Cómo eran llamados los Bari en el siglo pasado? Eran llamados “motilones”. que viven en chozas con techo de palma. también llamados Guajiros. de grandes propiedades alimenticias. que en poco tiempo dan un fruto muy nutritivo. en el estado Apure y en los playones del río Arauca. Se les llamó así porque su cabello fue rapado o cortado por los misioneros durante la Colonia a causa de una epidemia de tifus. vis� ten ropas como las de los caraqueños. que viven en casas de bahareque al estilo criollo. especialmente de auyama. poseen automóviles. quienes creen que ese resplandor. ¿Es cierto que los kariñas descienden de los karibes? Descienden de los karibes pero están muy civilizados. Los Yekuana están asentados en la selva de la ribera sur del Orinoco y su territorio llega casi hasta los límites con Guyana o Brasil. computadoras y celulares. sombra y alma cunaguaros. semillas. y sin embargo no han perdido sus costumbres y tradiciones. ¿Cuáles indígenas buscan en el relámpago del Catatumbo el camino del cielo? Los wayuus. Poseen automóviles. ¿Cuáles son los indígenas más cercanos a la vida criolla de Ve- nezuela? Los kariñas. un fenómeno natural. tucanes. -143- . ¿Dónde viven los Jodi y cuán numerosos son? Viven en la selva del estado Amazonas y lamentablemente que� dan muy pocos. morrocoyes. Los waraos navegan por los caños del Delta. y de una invasión de piojos. camiones. chinchorros de moriche. han aprendido a mane� jar. plumas de garza.

pero especialmente los waraos y los Yekuana. habitantes de los llanos que combatieron bajo el mando del general José Antonio Páez. Los Yanomami están asentados en Amazonas. que es el pan de ellos. y también algunos kariñas. la caza. ¿Cuáles son los indígenas que recitan conjuros y oraciones? Los pemónes conocen y recitan oraciones y conjuros llamados Tarén. Medio y Alto Paragua. ¿Cuáles etnias habitan la sierra de Perijá. Los Yukpa son de naturaleza suave y afable. El Chamán de los Cunaguaros. troncos para hacer canoas. -144- . ¿En qué se destacan los Yekuana? En la cestería de alta calidad estética. De este ár� bol obtienen fibra vegetal para tejer cestas. para varios momentos de la vida: el amor. su fauna y flora. los peli� gros. que hacen llegar su mente a un alto grado de concentración y les permiten adquirir poderes especiales. cerca de la frontera de Venezuela con Brasil. premiada hasta interna� cionalmente. y su vida se desenvuelve en el ambiente de la Orinoquia. ¿Cuáles indígenas consideran sagrada la palma moriche? Todos. al occidente de Ve- nezuela? Los Bari y los Yukpa habitan la sierra de Perijá. ¿Cuáles indígenas participaron en la guerra de Independencia? Los yaruros o Pumé. y en sus rallos. tímidos y esquivos. más bien taci� turnos. palma para techar casas. frutos para comer. y están en peli� gro de extinción porque de ellos hoy día sólo se han localizado unas quince personas. y en un pasado fueron fieros y ague� rridos. Hay diferencia también entre sus idiomas y sus tradiciones. Los Tarén son una especie de reflexiones o relatos interiores. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Y los Sape? Habitan zonas del Bajo. Los Yekuana se ubican hacia Guayana y el Esequibo. las enfermedades. respectivamente. muy apreciados por las demás etnias. Antes eran lla� mados. en los límites de Venezuela con Guyana. motilones bravos y motilones mansos. y su vida se centra en la selva. ¿En qué se diferencian los Yanomami de los Yekuana? Estas etnias son bastante distintas. aunque vivan relativamen� te cerca. ¿En qué se diferencian los Bari y los Yukpa? Los Bari son más audaces. savia para elaborar el sagú.

cerca de un fuego prendi� do. el cuerpo similar les parece un prodigio o un em� brujo. Cada uno sirve para colgar un extremo de una. “Cobre” corres� ponde a lo que hoy día llamamos “plata”. “moneda. el pepino de monte. sombra y alma ¿Por qué los morochos causan sensación entre los indígenas? Porque entre los indígenas no existen los gemelos idénticos. y frutas como el cambur. Se les llamaba “cobres” por el material con que es� taban fabricados. ¿Qué es la Misión Identidad? Es una misión recientemente creada que se ocupa de los ve� nezolanos indocumentados. y en particular de los indígenas. pero en pequeñas cantidades. ¿Cómo duermen los indígenas? Duermen en hamacas y chinchorros. la cual se da en todo el territorio sudameri� cano. la yuruma y muchas otras que todavía no conocemos. a los cuales trata de incorporar en el registro de datos con toda la infor� mación referente a su comunidad étnica. semillas. lo manejan? Tradicionalmente los indígenas comerciaban a partir del true� que. y algunos sobre esteras. el maíz. Los Sape. El rostro repetido. el aguacate.” o “dinero”. ¿Los indígenas conocen el dinero. También comen muchos vegetales como la auyama. ¿Cómo es la alimentación indígena? Hay ciertos alimentos comunes a todos. se utilizaban mucho los centavos que poseían alto valor ad� quisitivo. alimentos. Sólo a finales del siglo XIX y albores del XX comenzaron a manejar el dinero. el casabe que se elabora con yuca. y ellos siguieron llamándolos así. ¿Por qué los indígenas usan todavía la palabra “cobre” para re- ferirse al dinero? A principios del siglo veinte. y el de la hama� ca contigua. muy fácil de cultivar. ¿Cómo se cuelgan las hamacas? Las hamacas se cuelgan en tres palos fuertes colocados en trián� gulo. cambiando objetos. cuando ellos comenzaron a conocer el dinero. -145- . adornos. servían para comprar cantidades regulares de todo género de alimentación. el plátano. el ñame y la batata. otorgándoles cédula y per� mitiéndoles conservar en ella el nombre tradicional que tienen en su idioma. algo asombroso. el pijiguao. y otras raíces autóctonas como el ocumo.

el cambur. ocumo. todos los demás. pemón. generalmente fresca de manantiales. Jodi y otras etnias. caña fermentada por los wayuus. venados. principalmente la yuca. de los cuales dicen que saben a camarones o a pollos. las lím� pidas fuentes de agua que ellos llaman casimbas. chicha a base del maíz. picures. los hombres toman bebidas fermentadas: Hashiri o Kasiri. Cuando cazan. sólo pudieron recoger y luego cultivar raíces. ba- tata. Deben culti� var el plátano. ¿De qué sufren la falta? -146- . El sagú. que son una importante fuente de ellas. líquido o savia de la palma moriche. El Chamán de los Cunaguaros. Algunos los consumen vivos y otros asados. ¿Cuáles alimentos crecen espontáneos en los territorios indí- genas? ¿Cuáles deben cultivar en conucos? Espontáneas crecen las raíces. warao. mapuey. chirrin� che. ardillas. yanomami. yuca. común a muchas etnias: yaruro. el maíz. a la pesca y cultivo. ¿Cuántas veces al día comen? Generalmente dos veces al día. Su pan antiguamente era la arepa. báquiros. conejos de monte. lapas. el camacuto o camarón de río y frecuente� mente los insectos. o bien piezas pequeñas como acures. como los escorpiones. antes de salir a la faena. Con la llegada de los europeos y su huida hacia la sel� va. ye� kuana. ñame. además el pijiguao. A la caza se dedican sólo los indígenas de la selva. En las fiestas. la caña de azúcar. y además gallináceas como la guacharaca y el paují. en la cual consumen lo que han conseguido durante el día. de la cual hacen el casabe. ¿Qué beben? Toman sólo agua. y al caer de la tarde. la arepa y el casabe. Al levantarse. a partir del casabe. corazón. Viaje por el mundo indígena venezolano Las proteínas animales que consumen en todas las comunidades son el pescado de río. el ají y los vegetales. ¿Cuáles insectos comen? En la selva. ¿Cuál era y cuál es actualmente el pan de los indígenas? Se consideran pan de los indígenas el sagú. el palmito. y de esto hay testigos de viajeros y cronistas. cobran piezas importantes como dantas. es también apreciado como pan por los Bari. Esta es su comida principal. a veces endulzada con miel. los indígenas comen casi todos los insectos menos los zancudos.

morro� coyes. Los Sape. ¿Hay perros entre ellos? ¿Cómo son? ¿Y gatos? Hay crónicas que mencionan la existencia de una raza autócto� na de perros. a veces la traen los indígenas yekuana y pemón desde el sur. gatos monteses. ¿Cuáles son los animales preferidos de los indígenas? Los que se pueden domesticar: monos de varias clases. si los hay. así como el candirú en las aguas quie� tas. ya que la obtienen en el Brasil. ¿Cuáles animales son peligrosos para los indígenas? Son peligrosas para los indígenas las fieras de la selva que ata� can de improviso. y el ladrido más débil denotaba una presa pequeña. sombra y alma De la sal. loros y guacamayos. En los caminos selváticos los acechan las serpientes. báquiro o venado. por eso es tan preciada. silbidos. cunaguaros. ¿Es verdad que las indígenas amamantan a monitos peque- ños? Las yanomami. pumas. porque desde que los atrapan pichones les enseñan palabras. picure. Los gatos. de los cuales aún hay bastantes en las costas de Anzoátegui y Sucre luchando por recuperar su identidad. cachicamo. deben haber sido llevados por los misioneros para acabar con las ratas. Antiguamente les era fácil conseguirla mediante el trueque con los Cumanagotos. pájaros. enseñán� doles a dar la patica y a permanecer en su hombro. jaguares. Ladraban fuerte si la presa era grande. y en los ríos caimanes y caribes. -147- . Buscan mucho al turpial por su canto armonioso y suelen domesticarlo así como al loro. inclusive cuando caminan o se bañan en los ríos. pero mayormente deben surtirse de los holandeses del Esequibo a cambio de muchos días de trabajo. ¿Cómo se comportan los loros de la selva? ¿Hablan? ¿Les en- señan a hablar? Los loros y pericos aprenden a hablar las lenguas indígenas. para cuyas mordeduras conocen varias plantas que las curan o neutralizan. especialmente en el área de Guayana. lapa. pemón y yekuana acostumbran amamantar a monos y baquiritos cuando la madre ha muerto. ruidos. que la extraían de las salinas de Cumaná y Anzoátegui. a silbar como otras aves y a cantar cantos locales. En tiempos de la Colonia se logró un acerca� miento con los indígenas mediante la sal que los colonos llevaban a sus asentamientos. Actual� mente. Eran pequeños y muy útiles en la caza.

navegantes. garrotes. son demasiado costosas. las usan también para cazar báquiros y picures. Criadores de ganado. ¿Cuáles. Se defienden con lanzas. El Chamán de los Cunaguaros o Vuelta a Venezuela in- dígena. Recolectores. criadores de ga- nado. Los yaruros pueden representar la condición de nómadas. ¿Cuáles libros podemos leer para ampliar nuestros conoci- mientos acerca de los indígenas? Los tres tomos de Los aborígenes de Venezuela editados en Cara� cas por la Fundación La Salle de Ciencias Naturales. chibcha. Navegantes. a cuyos puntos específicos vuelven periódicamente. ¿Usan trampas sólo para defenderse? No. El Chamán de los Cunaguaros. son cazadores. y por qué? No se entienden por razones lingüísticas. y en esta forma se han transmitido sus costum� bres y tradiciones. ¿Cuáles libros reflejan el medio ambiente de los indígenas? La Vorágine de José Eustaquio Rivera. ¿Cuáles animales propios de los territorios de los indígenas es- tán en peligro de extinción. pues casi siempre utilizan un espacio grande bien definido. Aunque hay muchos rasgos culturales comunes. karibe y otras. arcos y flechas. nómadas? Cazadores. y adap� tándolas a nuestro alfabeto. cerbatanas con dardos venenosos. cultivadores y pescadores. los waraos y los kariñas. las lenguas indígenas tienen distintas raíces: arawak. recolectores. y por qué? -148- . los de la selva. ¿Su idioma se puede escribir? Las lenguas indígenas han permanecido hasta ahora en una etapa de oralidad. y el que tienen en sus manos. Tabaré de Zorrilla de San Martín. pero en sentido de itinerantes. entre los indígenas. y así las municiones. ¿Es verdad que los indígenas no se entienden entre sí. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Cómo se defienden de ellos? ¿Tienen armas de fuego? ¿Y mu- niciones? Armas de fuego no tienen. cada dos o tres décadas. Doña Bárbara y Canaima de Rómulo Gallegos. palos y trampas que fabrican ellos mismos. Actualmente los antropólogos y etnolingüistas han diseñado una manera de transcribirlas mediante signos. los wayuus. todos.

Los Sape. La iguana. al cual cazan porque dicen que el miembro viril es afrodisíaco. -149- . La lapa. porque la persiguen y la dañan para sacarle los huevos. porque pare un solo hijo al año. sombra y alma En peligro están el oso frontino de la sierra de Perijá.

por sus costumbres. cotiza. piojos. en las cuales se ordenaba que a los indígenas se les tratase con respeto y consideración. zancudos. Estas palabras se usan más que todo en las regiones del interior cercanas a los asenta� mientos indígenas. ¿Cuál fue la primera voz española que se levantó en defensa de los indígenas? Fray Bartolomé de las Casas en el siglo XVII instó a la Corona Española a proteger a los indígenas. gusanos. y cómo se defienden de ellos? Los molestan arañas grandes. ¿Cuáles palabras indígenas pasaron al español? ¿Las usamos frecuentemente? ¿Por qué no nos damos cuenta? Generalmente no advertimos su procedencia indígena porque no la conocemos. He aquí algunos: canoa y conuco. les inculcaron valores espirituales. Algunos misioneros los alfabetizaron. Intentan alejarlos con foga� tas sobre las cuales arrojan ciertas hierbas que hacen huir a las plagas. enseñándoles a todos el castellano. tanto por los criollos. mariche. las mariposas peludas que en época de creciente de los ríos llegan hasta los poblados y casi los dejan ciegos con el polvillo de sus alas. y por qué? Los primeros españoles difundieron la creencia de que los indí� genas eran animales por su color de piel. ¿Cómo es considerado el aporte de los Misioneros? En general es considerado positivo. como por los indígenas mismos. macuto. alacranes. como: ¡cabeza de totuma! -150- . y porque hablaban una lengua gutural como gruñidos de animales o trinos de pájaros. ¿Es verdad que alguien llamó a los indios irracionales. y logró que se promulgaran Las Leyes de Indias. añingotarse por agacharse. caribear. ¿Cuáles fueron los rasgos positivos que la civilización españo- la transmitió a los indígenas? Podemos decir que unificaron el idioma. hormigas y bachacos. El Chamán de los Cunaguaros. entre ellas las de nadar como peces o trepar a los árboles. que se consideran los pri� meros indigenismos que pasaron al español. Sin embargo los jóvenes de toda Venezuela usan algunas expresiones. lo que les permitió entenderse con los españoles y entre ellos mismos. hormigas voladoras. pero muchos de nuestros vocablos más comunes la tienen. totuma. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Cuáles insectos los atormentan. tapara.

Si alguien mata a un Guajiro. cuida y protege. viviendas y todo lo que obtienen. Cuando deben ausentarse. ¿Hay niños abandonados entre los indígenas? Absolutamente ninguno. sus alimentos. aunque sea por accidente. nunca. pero en todo caso sería una forma de defensa. con promedio de sesenta años. pero si éstas fracasan se procede a la venganza. donde pueden cazar. ¿Por qué no se ven indigentes entre los indígenas? Porque en su sistema comunitario de vida. ellos reparten sus bienes. ¿Son acaso traicioneros? Alguien podría decirlo. sombra y alma ¿Cuántos años viven los indígenas? Es difícil saberlo porque nunca aparentan su edad. Los Sape. ¿Qué ley terrible tienen los wayuus? La ley de la sangre: la muerte se paga con la muerte. Pero generalmente tienen una vida bre� ve. -151- . si no pueden llevarlos. Se puede recurrir a negociaciones clánicas para compensar económicamente cualquier atropello. Pero esto seguramente fue por la violen� cia con que eran tratados los indígenas. Se cuenta que Guaicaipuro incumplió muchas veces la paz pactada con los españoles. la noción del tiempo en los indíge� nas no es igual a la nuestra. Los llevan consigo a todas partes y los tratan con cariño. dice un refrán. por eso algunos autores los llamaron “hijos de la luna”. sin embargo. ¿Cómo calculan el tiempo los indígenas? Cuentan los años por las lluvias y los meses por lunas. El tiempo para ellos pasa muy rápido y un año puede ser definido por ellos como “un invierno” o “poco tiempo”. ¿Cómo se explica entonces que haya tantos mendigos indíge- nas en las grandes ciudades? Porque al sacarlos de su medio ambiente no pueden obtener el sustento con la misma facilidad que cuando están en contacto con la naturaleza. Las mujeres indígenas cuidan a sus hijos con celo parecido al de muchos animales silvestres. toda la comunidad los alimenta. debe morir. pescar y cultivar. “Indio no pinta canas”. Han ido incorporando el concepto del tiempo occidental europeo a medida que se han ido transculturizando. con todos los miembros de su comunidad.

En otras más transculturizadas lo completan con una camisa. ¿Qué creencias mágicas tienen? Muchas y muy variadas. ¿Cuáles son su adornos más comunes? Collares. Yekuana. la argucia no es vista como algo malo. y tal vez así aseguraban su supervivencia. No nos robaron nada. para preservarlos. Además. sobre sus ritos y creencias. distinto al nuestro. sobre los astros. sin pensar en las consecuencias: en su código de valores. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Son mentirosos? ¿Son tímidos? Podría alguien decir que son mentirosos. los ani� males. Hay creencias sobre las plantas. hojas y flores. La timidez también es una forma de amparo y las personas suelen desa� rrollarla cuando temen ser agredidas. por jue� go. como Yanomami. sobre� todo a nosotros que venimos de Caracas. sobre la creación y el origen del hombre. Tal vez la costumbre de mentir provino de una manera que idearon para protegerse de los conquistadores. mentira como protección. Los Yukpa de las altas montañas visten unas batas largas de algodón tejido por ellos mismos. ni siquiera el brillante cronómetro que tan útil me ha sido en este viaje y del cual me dolería desprenderme. -152- . ni uno solo de nuestros objetos. Tal vez en su ingenuidad de niños no ven en eso nada especialmente perverso. Los hombres wayuu usan aún actualmente faldones azules. La mentira fue en el período de la Conquista la única defensa de los indígenas. penachos de plumas. y las mujeres coloridos trajes de mangas anchas. brazaletes de semillas y huesitos de animales. una ciudad tan violenta. varillas para la nariz y las orejas. generalmente blanca. En algunas etnias de la selva. por costumbre. ¿Los indígenas son honestos? La honestidad de los indígenas es algo que sorprende. Mentían sobre la ubicación de sus pueblos. Jodi lo usan aún. Aún en algunos grupos queda la mentira por desconfianza ante los blancos. o lo sustituyen con un pantalón de tipo kaki. suerte de taparrabo de fibra ve� getal. El Chamán de los Cunaguaros. sobre la existencia de animales raros. Mienten como puede hacerlo un niño por defensa. Sape. Fabulaban sobre mitos como el de El Dora� do. y han incorporado algunas prendas de la vestimenta criolla. ¿Cuál es la vestimenta más usada por los indígenas? Hasta hace poco era el guayuco.

en sus movimientos y gruñidos. para llamar las lluvias. Casi todos los bailes son colectivos. porque abarca tópicos sobre los cuales todos tenemos alguna confusión. pareció desperezarse. Los morochos aprovechan para una de sus consabidas bromas: —¡Mira. -153- . por ejemplo el báquiro o el piapoco. Cuando estábamos por concluir el milálogo. que un morocho desen- vuelve y el otro va recogiendo. sombra y alma ¿La costumbre de pintarse es común a todas las etnias y toda- vía la practican? Es común a todas las etnias. tratando de picotearme algunos mechones. Con la semilla del onoto fabrican una pintura que mezclan con gra� sa de báquiro y luego adhieren a su cuerpo. la practican desde tiempos inme� moriales y algunos de ellos aún hoy en día. la de defenderse de la plaga. confundió tu cabeza con una totuma llena de granos de maíz! La última parte del largo rollo de papel. Superloro se pasea sobre mi gorra entusiasmado. y la cara de negro con hollín. impermeabilizándolo y protegiéndolo de la plaga. Esto cumple dos funciones: una función estética. que le da un hermoso brillo rojizo a la piel. ¿Cuál es su forma de bailar? Tienen distintos tipos de danzas. Cuando tienen alguna ceremonia añaden el blanco y el azul extraído de bejucos colorantes y se dibujan rayas en cara y cuerpo. se centra sobre “diferencias”. generalmente imitan algún animal. para atraer la buena suerte. casi todas ceremoniales. funerarias y danzas para cumplir un ciclo. Superloro que ha� bía guardado un extraño silencio. para celebrar la cacería. Hay bailes para la fer� tilidad. Existen bailes para convocar los espíritus. Hay danzas guerreras. pero también para concitarlas. Bai� lan para festejar la cosecha. sacudió sus plumas y gritó: —¡Hola… guayuco… totuma… tapara… picure… hola…! —¡Cuántas palabras indígenas aprendiste! —lo felicita Muñeca. al comenzar otra luna. y otra más práctica. Los Sape. la de adornarse. todos participan en ellos. ¿Cómo se mueven al bailar? Al bailar. Se pintan el cuerpo de rojo con onoto o bija. con cantos específicos. Las oí� mos y respondemos con solicitud. con excepción de los bailes guerreros que son sólo para hombres.

cabaña. y por eso es más común en lugares calurosos. con agujeros que permiten pasar el aire. y también sal� vajes. “Indio. La piragua. Indio es la palabra con la cual se denominaba a los habitantes del territo� rio americano. porque los conquistadores los consideraban carentes de razón. La canoa es una embarcación hecha de un solo tronco. natural. los llanos y la costa. La curiara es una canoíta más estrecha. El chinchorro tiene los hilos entrecruzados más ampliamente. aborigen. La choza es cualquier casa indígena o criolla con techo de palma. si se hace de un árbol grande. en la cual pueden caber hasta veinte personas. se refiere a los prime� ros habitantes de las Indias Occidentales. criollo o mestizo. Ambos pueden ser de moriche. en las sierras. Indígena es el nombre actual que se le da a los indios. Viaje por el mundo indígena venezolano Qué diferencia hay entre: —Hamaca y chinchorro. de buen calado. un poco más sofisticada que la choza. sancionado por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. que se llamó al principio Indias Occidentales. bloques o cartones con techo generalmente de zinc. piragua”. Irracionales. indígena. palafito”. irracional”. y se usa de preferencia en las regiones montañosas y frías. frecuente en zonas más urbanas como los entornos de Caracas u otras ciudades. La cabaña es una vivienda rústica pero al estilo criollo. de bejuco. rancho. muy usado por los antropólogos. Natural es equivalente a nativo. puede ser indígena. “Choza. es decir los hilos son más apretados. es de madera más liviana y en ella sólo caben unas cuatro personas. término racista y prejuiciado porque ningún pueblo puede ser irracional. -154- . La hamaca tiene la trama más tupi� da. grande. Aborigen. mucho más grande que la curiara. se les llamó al comienzo de la conquista a los indígenas. útil sólo para cruzar los caños o ríos poco profundos. Re� cientemente se formó el compuesto amerindio. de lianas o de algodón. “Canoa. El rancho es una casa de madera. puede ser intermedia. curiara. El palafito es una choza de palma construida sobre pilotes clavados en el agua. sin paredes o con paredes de palma o de bahareque. en nuestro contexto. como la selva. El Chamán de los Cunaguaros. Indígena y aborigen significan ambos habitantes ori� ginarios de una región. en ella caben hasta diez personas y frecuentemente se le pone motor.

“Flecha y dardo”. Se le llama picure a un roedor ungulado grande. preparada especialmente. y hasta a papá le ha resultado más llevadero el ma� nejo por esta monótona trocha. hay que rallarla y prensarla para extraerle el yare. El dardo es una flecha corta. Se dispara con el arco y se usa para cazar dantos. muy aguda y veloz. Generalmente se le llama acure a un conejito pequeño de orejas cortas. sombra y alma “Yuca dulce y amarga”. del tamaño de una lapa. Son variantes léxicas regionales para designar a una especie de roedor. “Arco y cerbatana”. No tiene plumas en el extremo. sancochada o frita. Luego se seca al budare y se pone al sol. -155- . se reivindican el arco y la cerbatana. animales de piel delgada que están en los árboles. y una fibra que hace de disparador. Los indígenas uti� lizaban las cuevas sólo como reducto. La cerbatana es una caña larga. La amarga es veneno� sa. delgada. para terminar de cocerla. “Acure y picure”. La flecha es una varilla larga. Nos hemos entretenido contestando las preguntas del milálogo de Mor y Ocho. Hoy día. venados y animales de piel gruesa. lo que lo hace más rápido y de mayor alcance. La dulce se san� cocha y se puede comer. o como refugio en caso de verse amenazados. ¿Por qué los hombres primitivos del viejo continente vivían en cavernas y nuestros indígenas no lo hacían? Por razones climáticas. que se dispara soplando en la cerbatana. con la que se disparan los dardos. como pasaje de un lado a otro de las montañas. en forma de torta de casabe. que quizás sea el mismo. En Venezuela existen algunas cuevas célebres con nombres indígenas que recuerdan hechos del pasado. monos. hueca. después de que las armas de fuego casi han acabado con la biodiversi� dad del planeta. entre una vegetación consistente en fuertes árboles. y la Cueva del Charal en Trujillo. que asemeja una flauta. El arco está compuesto de una madera cur� va. Ambos son comestibles. Ambas son silvestres. Se usa para cazar aves. En las cuevas hace demasiado calor y el clima tropical pide una vivienda fresca. veneno activo. como la Cueva del Indio en la isla de Margarita. arbustos de un verdor que embriaga los sentidos y ser� penteantes bejucos que parecieran querer engullir cualquier vehículo. un poco más gran� de que un hámster. Es parecido a los arcos europeos. Los Sape. con punta de hueso o piedra y plumas en el otro extremo para equili� brarla. aireada.

ni lupa. Los ríos que conducen al territorio sape. y los mosquitos son aquí una plaga insopor� table. porque el calor arrecia desde temprano. Nos cuesta resignarnos: pasar un día entero y quizás también la noche en aquel exiguo paisaje. no nos atrae. Y ahora ¿quién va a remar y a dirigir nuestra inminente trave� sía fluvial? Miramos alrededor: nadie. un microscopio! Ambos recorren las cercanías escudriñando el suelo como si tu� vieran la lupa en sus manos. la sentimos más amiga. nos damos cuenta de que ya hemos llegado al lugar de encuentro con la persona que debe llevarnos a Oroytepe. un recién concluido techo de hojas de palma. nadie en la inmensa sabana cuyos contornos se pierden en la lejanía. La maleza. nadie a la sombra de la ve� getación que bordea el curso de agua. Es uno de los tantos claros de monte llenos de trinos de pájaros que surgen a orillas del río Paragua. en una especie -156- . Allí dejaremos el vehículo hasta el regreso. casi en espera. la comunidad del Karún en el propio corazón de la etnia. ua! —los morochos reanudan sus payasadas— ¡Una lupa. Al terminarlas. Hay vida en ella. Lo llaman “La Pequeña Paragua”. ahora que conocemos su medio ambiente! —¡Ua. nos recibe. nadie a sus orillas. Nadie en las postrimerías de la selva que dejamos detrás de nosotros. Mamá se muestra preocupada. Luego comienzan a silbar. aún fresca y tamizada de rocío. Aquí están el río y la canoa. Quizás esté buscando un sitio para levantar nues� tro modesto campamento. por parte del número Ocho?) a ningún microscopio. Viaje por el mundo indígena venezolano tragarse el camino y borrarlo para que ningún humano pudiera tran� sitar por él. nadie en las aguas turbulentas. con todos sus peligros. Frente a nosotros vemos. el cual junto con sus numerosos afluentes constituye la única vía de acceso a la región. divisamos enseguida una canoa. Habrá que hacerlo rápido. Habla en voz baja con papá: —¿Acaso tus contactos fallaron? ¿O entendieron que queríamos la canoa sin guía? ¿O eso significa que no quieren que vayamos? Él no contesta. ¡Cómo empe� zamos a comprender a los indígenas que se guarecen en los bosques. son navegables… sólo por quienes los conocen. tendríamos que olvidarnos del viaje. La selva. El Chamán de los Cunaguaros. cruzados por numerosos saltos y raudales. En un recodo del caño. ¿Y el conductor? Sin él. donde podre� mos ver y conocer a los Sape sin tener que recurrir (¿con satisfacción o con pena.

si es conveniente. empieza la travesía fluvial hasta el territorio sape. sombra o doble. está fresca y -157- . sonríe a mamá y a Muñeca ofreciéndoles una miel bien cerrada en una taparita. Muñeca! Hay que levantar la mirada. un astrolabio! El indígena desciende ágilmente la considerable altura. sin miedo. apoyado con la espalda a su tronco. sino un hombre cercano a los cincuenta años. sí. Nos alejamos en la corriente impetuosa. o chamán. no hay duda. se llama I-Korona. pero aún vigoroso y bien parecido. y a la vez. Pero he aquí. se manifiestan. elevarla hacia el cielo. —Porque —nos explicará él más tarde— nosotros distinguimos entre cuerpo y alma: al alma le decimos I-Korona. La espuma salta alegre. Es acertado. mirando y señalando hacia lo alto. en el que participa con graznidos alegres Superloro. Cuando llega al suelo y se yergue frente a nosotros. como él. sombra y alma de diálogo secreto que sólo ellos conocen. Saluda a mi padre. sorpresivamente. subimos todos. Su com� portamiento no es insólito entre los habitantes de la selva y de la Gran Sabana: primero observan sin ser vistos. sí! —Muñeca ríe. está un atlético personaje… ¡Seguramente el muchacho sape que debía venir a buscarnos! ¡Muy bien. una vocecita aguda: —¡Ah. de rostro apergaminado. que reconocen entre carcajadas: —¡Nos hemos equivocado de instrumento! ¡Hacía falta un bi� nóculo. es muy indicado para una persona que. ¿Qué la pone tan contenta? Nuestros ojos siguen la dirección que indica su mano. Superloro brinca a mi hombro. y nos recuerda nuestro Kari- pu. Así nos enseñó nuestro creador Kaelen. desli� zándose de una rama a otra. instalado en la cima de un ele� vado y corpulento caucho. A nosotros los muchachos nos ordena autoritariamente que carguemos con lo que queremos llevar. como dándonos la bienvenida. Son profundos estos Sape. Lo entienden también los morochos. saco la mano y toco el agua. ah! ¡Sí. “alma”. ¡Sorpresa! Allá arriba. no tenerla siempre fija en la tierra. confiados en la altiva protección de nuestro guía. luego. vemos que no es un joven. ¿Saben qué quiere decir I-Korona? “Som� bra”. Esto. además. cuyos músculos ya no tienen la dureza de la juventud. Los Sape. Pasamos a la canoa lo indispensable. un largavista.

algunos de los cuales nos acompañan mientras otros… —¡Fíjate. surcado continuamente por varias clases de aves. pequeñas cas� cadas que forman piedras y leños atascados en las corrientes desde tiempo inmemorial. A pesar de la reducida estatura se ve imponen� te. Vemos desplazarse en la orilla. y todo bajo un cielo de un azul intenso. sin una nube en el horizonte. los clanes que forman. un poco más abajo. Observo que. dirigiendo tan hábilmente nues� tra embarcación a través de rápidos y recodos de río. Papá se siente feliz. están tomados de la mano! —exclama mamá sorprendida—. ¿Será que pronto va a oscurecer? -158- . que adoran al sol y le rinden culto al caer la tarde. —¡Allí va una manada de araguatos. un extraordinario paisaje: loros de colores encendidos entre altos árboles de un verde intenso y brillante. Los campesinos re� fieren haberlos visto reverenciando a determinados árboles. hay varios mereyes! Nos provocaba bajar y recoger la fruta rojiza y amarilla. guacamayas que pasan graznando hacia lo lejos. Uno después del otro él salva los raudales. pero maravilloso. fíjense en su pelaje color bermejo tan característico! ¡Oigan cómo chillan! Hasta el medio del río. Su largo cabello gris ondea llevado por el viento y es tan delgado nuestro guía. El viaje es largo. El Chamán de los Cunaguaros. por donde navegamos. afincándola en el fondo del caño arenoso y fuerte. en las rocas. ¡qué flores tan rojas! El de la izquierda es el árbol del pan. los grandes araguatos rodean un grueso árbol mientras ejecutan una suerte de extraña danza. un ceibo! Y ese es un bucare. casi un día entero. por encima del fragor de la corriente llegan los gritos y chillidos de esos gruesos mo� nos ululantes. y frecuentemente la levanta y la dispara dándonos apresuradas explicaciones: —¡Miren. Sé que muchos investigadores han dedicado años a estudiar el modelo social de la vida de los araguatos. cada vez más torrentoso. Viaje por el mundo indígena venezolano cristalina. Algunos indígenas afirman que ellos son casi gente. parvadas de conejos montaraces. aquellos que más frutos les brindan. a lo largo del curso de agua. ¡Allá. Rafael. Parecieran danzar. que no pareciera tener la fuerza de que hace gala. rebaños de chigüires. dándose la mano. Con su cámara apretada al pecho observa incansable el majestuoso paisaje. manejando con destreza la pértiga con que se impulsa. como un pequeño dios antiguo de pie en la canoa.

Mientras tanto. porque una ensordecedora al� garabía nos trastorna. revelan su posición dentro del clan e indican en qué árbol están. es un código. es el sol de los araguatos —comenta nuestro guía señalándolo— que presagia las crecientes. Los Sape. distinto uno del otro. mirándome como para indi� carme algo. sombra y alma Un sol rojo y reverberante se deja ver sobre nuestras cabezas y al rato pareciera ocultarse entre nubes que también se tiñen de rojo. Mor silba algo y Ocho le contesta. chistosísimo nombre que hace quedar el anterior como un apellido: —¡Araguato Tuponken! Tenemos que taparnos los oídos. realmente —nos aclara nuestro padre—. —Es cierto. -159- . —El que más grita debe ser el jefe del clan —afirma Ocho con� vencido. Esto hace que den por terminado el altercado. —Habla el detective de la selva —ironizo. pues no puede con tanta competencia: los araguatos o monos aulladores se despiden del sol poniente. —Pero sí. La araguatas. —¡Cópienlo ustedes también que no tienen ninguna! —les re� plico un tanto molesto. —Queremos explicarte que ese es el sol de los araguatos. dejando la huella de su mítico baile en los negativos de papá. —¿Qué dicen? Dejen ya ese idioma de silbidos. Hasta Superloro se queda completamente ca� llado. designándome con un nuevo. —Pues creo que te equivocas. Las que más gritan son las damas. mediante el cual los distintos clanes se diferencian y comunican y así reconocen su ubicación desde lejos. Me tienen cansa� do —les reclamo. Filatelio… si no son su� ficientes las que has conocido en este viaje —me sugieren burlones mis dos ceritos. De allí proviene el nombre que se le da al baile de ellos. dando al paisaje un raro fulgor. —Copia este método para buscar novia. buscando novio. nos hemos dado cuenta con asombro que los ara� guatos tienen una gran variedad de aullidos. —Debe ser su propio código secreto —apunta Mor.

algo que se mueve en la otra orilla llama la aten� ción de nuestro fotógrafo. Las paredes están hechas con cortezas de palma temiche seccionadas. parecen querer darle una noticia. Entre la tupida vegetación del margen derecho de la orilla. Alzo la cabeza. No se les entiende nada cuando hablan. junto con ellos. y ellos tampoco entienden español. El Chamán de los Cunaguaros. esta vez profundamente. veo una sombra pasar. Cierro los ojos. me vuelvo a dormir. que manteniendo el equilibrio como mejor puede. lo que les da la apariencia de un enrejado. Arrullados por el vuelo de los pájaros y el rugido de la corriente dormitamos un poco. Viaje por el mundo indígena venezolano Poco después. Va oscureciendo siempre más. Algo pasó -160- . y amarradas entre sí mediante bejucos. seguida de un cortejo de animales que desde la embarcación no logro distinguir pero. que por su avan� zar felino. una criatura rara de la región? Tal vez el cansancio me hace ver visiones. Por fin. breve. que indiferentes a nuestra presencia siguen tomando agua y resoplando. Nos sentimos segu� ros. tallada por el mismo I-Korona en un grueso tronco ahuecado con la técnica del fuego. cunaguaros o quizás tigres. me parecen feroces: pumas. Parece haberse cernido sobre el lugar el clima lluvioso de la selva tropical. El te� cho. dantas. recubierto con caña brava. entre la espesa vegetación las estrellas relucen cada vez más cercanas. espejismos entre la espesura. ¡Qué frío en Oroytepe! Nos penetra hasta los huesos. Pero insistentemente va interrum� piendo mi sueño un suave canto de flauta. alegrado por una vegetación exuberante. posee forma cónica. Nos adentramos en la selva. elusiva. Apenas I-Korona entra a la vivienda. gesticulan. miro. verdad. Y estos Sape son pocos. acciona su cámara: quedarán grabados dos grandes báquiros. es profunda y cómoda. con los extremos semicirculares. Sólo nuestro guía conoce algunas palabras. rodeado de áreas de cultivo. pero auténticos. a brincos. colocadas en po� sición vertical. o bien alguna especie de ser o ente desconocido. Hemos llegado de verdad. cerca de la desem� bocadura del caño Karun. Otra vez dormiremos en una vivienda fabricada por los indígenas. Saltamos a tierra. avanza suavemente. Al borde de una extensa área bien barrida hay una sola casa gran� de. se reúnen todos alrede� dor de él. Oroytepe nos recibe. Entramos. Estamos impresionados. La canoa. resguardados. Camina sigiloso. algo entu� mecidos. de estructura rectangular. Quien va con ellos es un ser extraño. ¿Será un indígena.

enton� ces —prosigo—. mientras íbamos por el río —me atrevo a comen� tar— divisé a lo lejos una figura extraña. Papá trata de averiguar de qué se trata. antropólogo. rodeada de animales salva� jes. nadie —pero están contentos. pero I-Korona y su mujer Akito. —La presencia de criollos no es nada nuevo para ustedes. —¿Fue él quien los visitó? Ninguna respuesta. no. Lo llamamos el “Chamán de los Cunaguaros”. una presencia o visita. los Sape. ¿Quién era? —Es un Sape legendario —contesta trabajosamente I-Korona ayudándose con gestos— un chamán que se acerca a nuestra comuni� dad. ¿Qué? Debe ser algo más importante que nuestra llegada. que les ha alegrado mucho. Los Sape. nuestro ambiente y sobre todo nuestra cultura. Él no se deja ver por los extranjeros. siempre nos recuerda resguardarnos y preservar nuestra fauna. que fue algo bueno. con sem� blante satisfecho sólo le hacen comprender en el escaso español que conocen. Mor y Ocho ca� minan lentamente. misionero. to� dos los reciben con normalidad. parece. con qué asombro los observan! Un poco sorprendidos ellos también. coreados por un murmullo de admiración. Cuando paso yo. porque por un buen rato nadie nos hace caso. por todo. la comunidad experimentará un sensible aumento: esta noche. me miran con curiosidad. Sólo por noso� tros. y a Maigua con cariño. nadie. Cuento a los habitan� tes: son catorce. con mi loro al hombro. —¿Reciben ustedes visitas? —pregunto— ¿Son muchos los que logran penetrar hasta estas lejanías? —Muy pocas veces —afirma el Sape. Con nuestra familia. Y ahora sucede un hecho extraño. conocerlo. na� die. —No. Al entrar papá y mamá. —Anoche. y pronuncia con propiedad ciertas palabras que ya domina: explorador. aquí no hay mucha gente. Los -161- . con alegría y cierta timidez. Los Sape… pero. entiendo que de ningún criollo se trata. ¡con qué atención. se fue. —¿Y ahora no está? —insisto— Quisiera verlo. pero posible� mente de alguien mucho más ligado a la comunidad. y por los amplios gestos que hacen. Pero a los morochos. no —afirman negando hasta con las manos—. Alguno vino hoy? —No. seremos veinte. Siempre. sombra y alma en su ausencia.

que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca aprendimos.000 vocablos. tan alejados como están de todo. Pero los Sape. casi el doble del criollo normal que apenas llega a las 2. jamás vieron gemelos. las raíces. especialmente los niños. las flores. —Hija. y hasta empezaran a hablarles. Viaje por el mundo indígena venezolano Sape. Reflexiono y recuerdo que en una clase de ciencias. El Chamán de los Cunaguaros. siempre tan detallista y preciso. a quien confío mis suposiciones—. hayan atisbado algunos. los pemónes. le costó mucho explicar� les que en varios pueblos es frecuente ver gemelos idénticos. porque repiten muchas veces las mismas palabras —me parece también. mamá Carmen. levantan las manos hacia el cielo y van murmurando con en� tusiasmo algunas palabras cuyo sentido a mí me suena así: —¡La misma cara. pues tienen mayor contacto con los criollos y no se extrañaron tanto. entre los indígenas no existen gemelos. la misma boca! ¡Todo repeti� do! ¡Magia. aunque creo que na� die lo entendió. logró que los Sape se tranquilizaran. De todas formas. les sonrieran a nuestros dos ceritos. algo preocupada. A papá.000 palabras. A este punto. estudios recientes han comprobado que el léxico común de los indígenas alcanza los 5. los mismos ojos. Ellos hablan rápido.500 . que los gemelos provienen de un solo óvulo. hasta les hizo un dibujo en el suelo tratando de aclararles. y que por esto tienen rasgos comunes. lo de hablar rápido es una impresión nuestra. —¿Cómo va a ser? ¿Y en qué nos superan? —Ellos conocen todos los nombres de los animales. la boca. se parecen tanto. se les acercan. les tocan la cara.3. a un nove� doso profesor se le ocurrió pedirnos que dibujáramos diez distintos árboles comunes en Venezuela. más rápido que cualquiera de nosotros —me parece— y deben tener un vocabulario muy limitado. en cambio. magia! —¿A qué se debe tanta conmoción con mis ceritos? —le inquiere a papá. tan retirados. los waraos. Es posible que las comunidades que visitamos anteriormente. porque no entendemos lo que dicen. —Hijo. con sus nombres… nadie lo supo ha� cer. los kariñas. hasta se asustan! Voy a hablarles. yo pongo atención. ¡Por eso se sorprenden. no hagas juicios apresurados —casi me regaña papá. los insectos. de los árboles. los peces. -162- . los ojos. rapidísimo. la mayoría apenas llegamos a cinco… y los indígenas. Y en cuanto al vocabu� lario.

punta con hueso de mono y punta acicalada de madera para caza menor. Los Sape. para la pesca. que ya habíamos observado entre los pemónes. con gran acopio de puntas de flechas. Es algo para considerar… He aquí que alguien se me acerca. En cambio no vemos aquí ninguna cerbatana. pero que aquí tienen mayor importancia y variedad. algunas de las cuales tienen unas plumitas de piapoco de color rojo en el extremo inferior: punta lan� ceolada de bambú para cacería mayor. Los arcos y flechas. Me había llamado la atención su cabello de niebla. Tengo la certeza de que los alimentos serán buenos y abundan� tes. cedazos hechos de bejucos y de tiras de cañas entretejidas. Los Sape de avanzada edad se ocupan de labores que requieren menos fuerza. y luego los truecan por instrumentos de trabajo en pueblos del Bajo Paragua. manoseando unos bejucos. sombra y alma podrían haber nombrado y dibujado por lo menos una veintena. En efecto. Así lo indica la variedad de la carne que se está asando. valiéndose diestramente de manos y pies. nos enseña la manera particular que tienen los Sape para amarrar la cuerda de los arcos: la tensan bien estirada. como la cestería. —¡Seguro que sí! —contesto entusiasta. tan silenciosamente que sus palabras me sobresaltan: —¿Quieres comer? De la mirada y de los gestos capto lo que la muchacha sape intenta preguntarme. los usan también para la captura de peces grandes. entre encorvado. color de humo. Un niño que viste un guayuco mínimo que le deja las nalgui� tas afuera y se está entrenando como cazador. como tratan de explicarnos con una mímica valiosa y muy comprensible. ¿Acaso por lo espeso de la selva? Alineados en el piso y colgando del techo observo también los manares. y los arcos apoyados en las paredes. punta de piedra en forma de corazón invertido. a la puerta de la vivienda había visto a un anciano en extraña posición. Los Sape son excelentes cazadores. A su fabricación dedican varias horas diarias los mismos varones. Ahora entiendo: estaba tejiendo un manare. Observo además los bastones sonajeros utilizados -163- . doblado y agachado. enrollándolo en dos vueltas cada cierto espacio para así su� jetarlo con mayor fuerza. trata de explicarnos. y luego colocan el extremo sobrante a lo largo de la madera. con la tonalidad casi plateada de las nubes tormentosas.

babas… —¡Cuánta variedad! ¡Pero a ese paso podrían acabar toda la fauna! —Jamás lo haríamos —responde serio I-Korona—. elaborados con una caña de bambú a la cual le sujetan un puñado de pezuñas de báquiro. seguramente recogida de algún manantial. a comer… Los niños sape observaban divertidos. No puedo evitar sentir su olor fresco a tierra llovida. claramente. se posó sobre el dorso de mi mano con un graznido de satisfacción. lapas. —¿Cuál es tu nombre? —le pregunto mientras tanto. codorniz acompañadas de batata y casabe. Vuelve la joven. piapocos. bien asadas. desplegando sus más hermosos colores. que a todos maravilló. —¿Qué carnes son? —trato de averiguar— ¿Qué animales cazan ustedes? I-Korona. ayuda a mi anfitriona a contestar. Pero voy a tener un ayudante… Al oler el apetitoso aroma. venados. Superloro se me adelanta y empieza a beber de la totuma. palo� mas. picure. y en temporadas en que no estén criando. Le sonrío y mis hermanos me observan con picardía. y me ofrece una totuma llena de agua bien fría. ¡La lista es larga! —Báquiros. pavos. Ella comprende y sonríe también. acures. con satisfacción. ni en períodos de reproducción. destinada a mi persona. El Chamán de los Cunaguaros. y empezó a picotear trocitos de rica carne: —Rrrr… Rrrr… Superloro Rrrr… Rrrr… A comer. pendiente de todo. despacio. sin perjudicar su entorno. perdiz. Superloro abrió las alas. paujíes. dantas. cachicamos. báquiro. nuestro guía. Sólo caza� mos ejemplares adultos. Viaje por el mundo indígena venezolano como instrumentos de percusión en las fiestas. gua� characas o gallinas de monte. -164- . y yo tuve que rendirme ante la astucia de mi querido amigo alado que me disputaba los mejo� res bocados. morrocoyes. —¿Seré capaz de comer todo esto? —me pregunto. La jovencita que me había interpelado regresa trayendo en una tapara una copiosa porción de carnes de diferentes animales. y saben cuándo y cuánto cazar. En un vuelo impre� sionante. aromáticas. a flores silvestres. Deduzco que ellos conocen bien todos los animales. grullas. guacamayas.

o Lorita quizás. Ya te hemos rebautizado no� sotros ¡Tuponken es el que mejor te queda. provisionalmente. luego deniega expresivamente con las manos y con la cabe� za. ella se cambió el de Lora por el de Mariposa Azul. Así. sombra y alma A continuación me indica mi loro (que aletea complacido por la atención). Sólo recibo el consuelo burlón de los morochos: —Cállate. Es un acierto. entre ellos el nombre no es permanente. Los Sape. y enseguida después me mues� tra con insistencia una pluma azul. ¡con lo mujeriego que eres! —El nombre científico es Tucanis amoratis —se ríe a carcajadas Ocho. ya casi desaparecidas en las grandes ciudades. y más en este bosque donde todavía revolotean mari� posas. Cachicamo Bravo. Aquí. todos están satisfechos con el suyo. me cuesta renunciar a mis aspiraciones de renova� ción onomástica. la mayoría de los nombres que se les dan a los niños son de animales. Me señala una mariposa nocturna. el propio. puede cambiarse en el transcurso de la vida adolescente o adulta. están demasiado pendientes de la cena que comen con gran apetito. Darles a los niños un nombre cual� quiera. por ejem� plo. Lo comento con mis padres y hermanos. y dejarlos libres de adoptar el que quieran en la edad adulta. Estoy seguro de que. —¡Si yo pudiera hacer lo mismo! —comento con los moro� chos—. no busques otro nombre. Ellos se burlan: —¿Y acaso esos nombres no resultarían aún más extraños en nuestro ambiente? —A ti te sentaría mucho mejor el de “Tucán Enamorador” —apunta Mor—. perfecto! -165- . Entiendo. Quitarme ese extravagante Filatelio y llamarme. burlándose de su propia invención. No recibo apoyo. Pero. Chigüire Peludo o Báquiro Gritón. hermano! —Y si lo rematas con Araguato… mejor aún: ¡Tuponken Aragua- to. —¡Ya me la pagarán! ¡Encontraré un nombre especial para us� tedes! ¡Qué lástima. Estoy entusiasmado con la idea. por lo menos en lo que a la fauna silvestre se refiere! Aprecio esta costumbre indígena. Por esto a ella la llamaron Lora. entre los Sape. in� sisto en que yo también debería tener la libertad de llamarme Báquiro o Chigüire. Mariposa Azul le queda perfecto a esta joven tan ágil y graciosa.

sino dos simpáticos araguatos que saltan y chillan sin cesar. y en plena selva! ¡El mejor hotel turístico en cualquiera de las grandes capitales del mundo. suculenta. coporo. me pare� ce muy fuerte y me hace toser. ¿Por qué será? ¿Provienen de una tradición -166- . Le agrada ver su esfuerzo reconocido. Ella se regocija. cotumare. —¡Qué variedad. Por la madrugada saldremos de pesca. usamos anzuelos con hilos de nylon. con arco y flechas. Creo que esta bebida es la misma que nos ofrecieron los waraos y los pemónes. mapuey. hay los productos del conuco que hemos observado al llegar. De vez en cuando. que nos traen algunos visitantes. son de origen diferente. payara. bocón. Viaje por el mundo indígena venezolano A continuación mis dos ceritos se transforman: ya no son más Mor y Ocho. para preparártelo mañana. bagre… —la enumeración parece no tener fin. pero comen mucho! —comentan los mo� rochos— ¡Y están en lo cierto! Además de la carne. —¿Ustedes pescan frecuentemente? ¿Y de qué manera? —Los peces grandes. curimata. —¡Qué bien hemos comido! —le agradezco a la joven. cultivado con esmero: yuca amarga y dulce. pero no me queda más remedio que declarar que es excelente. que ellos saben cocer y preparar para que pierda su toxicidad. Estos sabrosos ali� mentos se acompañan con la bebida fermentada elaborada en base al líquido que suelta la yuca amarga. Evidentemente es la encargada de los alimen� tos. y me extraña que tenga también un nombre parecido. pámpano. lau lau. morocoto. bien cocida. y casabe fresco elaborado día a día por ellos mis� mos. El Chamán de los Cunaguaros. Es la única palabra que presenta similitud en todas las etnias visitadas hasta ahora. ocumo. sin embargo. cuyas lenguas. Me dice algo que enseguida el guía me traduce: —Quiere saber si te gusta el pescado. or� ganizamos una pesquería con barbasco. ñame. caribe. legumbres cultivadas en el pequeño conuco. kasiri. curbinata. Bien preparada. auyama. a veces. tierna. consumido con entusiasmo. La comida. Los morochos apoyan mi curiosidad: —¿Qué clase de peces se consiguen en estos ríos? —Aymara. sura� pire. es sabrosísima. A mí también me la ofrecen. y el manjar preparado. no podría ofrecer tantas exquisiteces! —¡Los Sape son pocos. a base de carnes variadas. También.

Los Sape. y luego la confusión de las lenguas? Todas estas interrogantes me intrigan. sombra y alma ancestral común a todas ellas? ¿Quizás los indígenas americanos tu� vieron también. un único idioma común. como algunos pueblos occidentales y según reza la Biblia. ni res� ponderlas. pero no sé explicarlas. -167- .

un banco. piña. inclusive el Kasiri. Lo que -168- . ¡Son de mi producción! ¡Perso� nal y sagrado! —¡Pero cómo van a ser de tu producción —se indignan los mo� rochos— si no te cuestan ningún trabajo! Sólo los recoges. en el centro de la vivienda. si bien preserva sus dientes. les oscurece la sonrisa. Ellas lo hacen luego con los niños. en un rincón. arañas de monte. serpientes y sapos disecados. me parece que no la siguen sino algunos an� cianos. que ellos mismos cultivan. el consumo de los alimentos obedece a un ritual. Sin embargo. en perfecto estado y sin caries. a quienes de tanto chupar y mascar. una maraca) sin consultárselo previamente. tenemos aún muchas cosas sobre las cuales reflexionar? Qué tal si yo le dijera a mamá: —Mamá. que nos creemos tan su� periores. así como la del yopo. las hortalizas y el licor. pero teniendo a su disposición las mismas comidas. los ancestros podrían cobrarles gravemente a los padres la falta de paciencia. caña de azúcar. son bien atendidos y tomados en cuenta. La de masticar tabaco es una de las pocas prácticas extrañas. esto los ayuda a conservar los dientes que les duran hasta edades avanzadas. ¿Qué les parece? ¿No es cierto que nosotros. casi repulsivas que he encontra� do entre los indígenas. piedras de río. Se cree que si se les castiga o reprende duramente. un chinchorro. caracoles. Pero masticar estas plantas. los padres no pueden disponer de ese objeto (sea un juguete. y se lo co� locan entre el labio inferior y los incisivos. y además miel silvestre y fruta para los más pequeños: cambur. es an� tiquísima y respetada. dejándonos desconcertados. Viaje por el mundo indígena venezolano Desaparecen Mariposa Azul y las demás mujeres. a los niños se les trata con cariño y consideración. Los varones comen primero. de monstruos recortados. el labio inferior se les hincha y ensancha dándole al rostro una rara expresión. al ennegrecer toda la dentadura. plátano. Se considera que los artefactos per� tenecen siempre a la persona que los ha fabricado. Entre los Sape. Más tarde averiguaré que la costumbre del tabaco. no se te ocurra echar a la basura esa colección de hojas secas. Los varones permanecemos en el amplio espacio donde nos han servido la carne. sin tener su consentimiento. servidos por la mujeres. Además. un arquito. ¿Y saben de qué me he enterado? Hay un enorme respeto por la propiedad. Aquí también. cuan� do el productor ha sido un niño. El Chamán de los Cunaguaros. Algunos Sape sacan su rollo de tabaco. Pues bien.

me ganó el redondito número ocho! —¿Se han fijado en los bancos? —inquiere papá. botas gigantes. loro. perinolas. o real� mente relaciona y comprende lo que dice? Quisiera hacer algo para averiguarlo. sabíamos que los indígenas acostumbran sentarse en chinchorros. en lugar de reírse de ellos y despreciarlos. son mullidos y frescos. de huecos pe� queños. ¡Ni los bancos se salvan! Y seguramente empezará por aquellos sobre los cuales estamos senta� dos. No teníamos noticia de que existiera entre ellos tanta disparidad de forma en los asientos. Y desde allí. impresionante porque en la punta tiene sujetas unas pezuñas de báquiro. vemos que al lado de algunos bancos que tienen las acostumbradas dos o cuatro patas. Enseguida después. gurru� fíos. Hasta ahora. estos Sape. él empuñará su cámara y le tomará fotos a todos y a todo. Los Sape. Los miramos bien. pelotas de trapo. aquí se le despertó su sentido de iden� tidad! A fin de cuentas. nos llama tratando de captar nuestra atención con unas palabras extrañamente coherentes: —¡Sape. Sape . ilustre Tuponken… ¡Por una vez. el cachicamo. me dirijo al espacio destinado a los chinchorros en los cuales mis hermanitos. o en rudimentarios taburetes. para dar un paseo fuera de la casa. Aquí. cansados por el viaje y por tanto ajetreo. erguido y grotesco. en el piso desnudo. ¡Maravillosos banquitos! ¡Son unos artistas. Estoy rendido. la lapa. están hechos de una palma especial -169- . esta es su selva. Los chinchorros de bejuco de curagua. un detalle desvía nuestra mirada y de repente nos echamos a reír todos. la abundante alimentación me da una sensación de pesa� dez. trompos. acaban de acostarse. ¿Será algo pasajero. zancos. suaves. de casualidad). es ambidiestro) un bastón sonajero encontrado en la vivienda. agitando con la patica izquierda (como todos los loros. sobre alguna estera. como a veces hacen nuestros progenitores y hasta tú mismo. Yo también lo hago. que nos hace� mos nosotros mismos con tanto esfuerzo y tesón. realmente interesantes. sombra y alma habría que respetar son nuestros juguetes. esta noche o mañana. hay otros que presentan formas de animales: la tortuga. en el ta� llado de madera! Mientras tratamos de decírselo. huéspedes y anfitriones: Supermudo se ha conseguido un banquito en forma de loro. yoyos. Una vez trabada la amistad. sin elemento adicional. música. pero un compromiso conmigo mismo me obligó a dejar mi asiento (en forma de báquiro. música! ¡Bravo y valiente amigo.

con el fin de que no pasara jamás a formar parte de la mitad de las 6. especie de cedaza. Al verme. Pero… ¿si en alguna forma se realizara? Me sentiría satisfecho. la parte relativa a Mariposa Azul: —¡Modérate. actualícense. los morochos se ríen cuando les cuento. Pero no estoy contento. se convirtiera en una mera reminiscencia. la selva entera se abre a mi paso. Cierro los ojos. que este tipo de vida no me atrae. desde la espesura. Mariposa Azul que prepara en el fogón un aromático corroncho asa� do. escopetas. la Ciencia y la Cultura. artefactos. Rugen los cunaguaros a lo lejos. Oigo su flauta selvática. encuentro piedras grandes y brillantes. Lean los periódicos… culturícense. profesor Báquiro. me dan dinero por ellas. Escarbo en el fango. tan debilitada en estas últimas décadas. ¡Cuántas cosas lograría hacer! Junto con Mariposa Azul. me grita: —¡Regresaste. El Chamán de los Cunaguaros. desti� nadas a desaparecer en el transcurso de este siglo. —Es auténtico —les aseguro a mis hermanos que me miran en� tre admirados y extrañados—. queridos repollitos… -170- . El parloteo de las mujeres me adormece. tú no eres un sape. Tuponken. Siento que me falta algo. esta noticia ha salido hace poco en la prensa…. Viaje por el mundo indígena venezolano que combate el calor de los días más ardientes. sé. y menos. por largo tiempo con la espalda doblada. siento que es mi amigo. muy engreído. Me empeñaría en revivir su antiguo idioma. compro ropa.000 lenguas entre mayori� tarias y minoritarias que se hablan actualmente en el mundo. muevo la surruca. y escapo en curiara hacia mi pueblo. motores fuera de borda. ¿Saben qué sueño? Que soy un sape llevado a trabajar a una mina de diamantes. “profesor”! Al alborear siguiente. y son tan holgados que en ellos caben hasta dos personas. no es sino un sueño. según un informe presentado recientemente por la Organización de las Naciones Uni� das para la Educación. me observa el Chamán de los Cunaguaros. podría evitar que la cultura sape. y aún más. por fin regresaste! ¡Cómo me agrada que me llame Báquiro. El tejido es ancho. Así que arrojo todo al río. profesor! No es sino un sueño. me saluda con la mano. el protector de todos. hacia Oroytepe donde. de huecos separados para que el aire circule libremente.

¡Qué lindo es un amanecer en la selva! Miles de pájaros despiertan y cantan tan fuerte que no se escuchan nuestras palabras. orejón. palillo. Sigue surgiendo el sol y nos quedamos embelesados. Mamá. cien. cien —sigue repitiendo Superloro fascinado por esa palabra tan fácil. nos retrata con una buena frase: —¡Entre los tres. No puede perderse ese reflejo de un rosa tenue que se filtra por entre la enramada. suspira. contemplándolo. Papá la retrata a ella también con los ojos perdidos en la lejanía hacia las luces de la aurora. —Cien. los dejo a ambos un tanto sorprendidos. Papá acciona la video� cámara y dispara la cámara. con ademán de saltarme encima. 171 . proyectando la fan� tasmagórica sombra de un larguirucho adornado por un exuberante sombrero de plumas. participando jocoso en la competencia de sobrenombres. hacen cien! —Cien. cien. Trato de defenderme de ellos mientras papá. mientras con mi loro encaramado en la cabeza camino veloz hacia el sol que triunfa. el palillo flacuchento y los dos bogotes redon� ditos. el número uno. Tuponken Araguato! —me gritan. —¡Cállate. cien —lo apoya Superloro. Los morochos se desconciertan y yo.

y a la luz de las hogueras lo puedo ver meditando. su torso niño. nervioso y duro. Quizás mi hermano podría ser chamán como yo. Tiene la rara condición del silencio. Pero otras veces ríe y es como el zorro de monte. pero yo ya lo encontré. El Chamán de los Cunaguaros. y suena como las piedras del río. semejante al del ciervo núbil. El hijo de mi padre es solitario como yo y tiene una rara intuición para ver las cosas. pensando. intuitivo. Mi hermano es un zorro alerta y pensativo. cuida muy bien sus palabras. Viaje por el mundo indígena venezolano Palabreo del chamán al pensar en Filatelio He visto el rostro de mi hermano. he observado su rostro sereno en la hamaca. como la punta de las lanzas. y líder de su pueblo. brillando en la oscuridad. dos puntas finas de flecha. que tiembla en la espesura. para adivinarlas y sentirlas. calibré sus piernas y sus brazos. He visto a mi hermano. -172- . He apreciado su cuerpo delgado. solo y reflexivo. Él quiere encontrarme. sus ojos de lince joven. Mi hermano es un venado bebiendo agua del pozo siempre alerta. La sonrisa de mi hermano brilla como el filo del machete.

joven venado de risa sonora. quisiera tenerte contra mí. en este claro de cielo. niño-venado. iniciarte en el arte de las plantas. Y coronarte de plumas de guacamayo. ofrendarte claros colores. Es imposible que tú y yo seamos más hermanos que la palma y el cielo. contarte antiguas historias. venado brillante y sabio. hermano zorro de ojos de lince y risa de río entre las piedras. de las hojas que dan la vida. la brisa y las mariposas. 173 . Pero te quiero.su mirada perdida en las nubes que puede abarcar. Tú podrías ser chamán como yo. venado incierto. Es imposible hermano. hacerte escuchar el canto del piapoco. joven zorro chamán.

tú que conoces el poder de los vientos: ¿qué hacer si el avión se desvía por alguna tormenta? —Dime Superloro. imitan su aleteo con los brazos y revolotean alrededor de nosotros entonando la canción del italiano Modugno que han aprendido de los pequeños comerciantes ítalos. -174- . como si en efecto estuviera enseñando a volar a mis hermanos. ah ah cantare. Ellos. dipinto di blu felice. extiende y agita las alas. se va haciendo estruendoso. pobladores de la niebla —¡Papá es un gran organizador! —exclaman Mor y Ocho. y no te hagas el mudo. Mis dos ceritos no pueden ocultar su inquietud y para regocijo de todos nosotros deciden pedir a Superloro unas lecciones de vuelo: —Oye Superloro. ¿cómo haces para mantener el equilibrio en el aire? No hay respuesta. El Chamán de los Cunaguaros. Por primera vez en nuestra vida volaremos. Están felices. Viaje por el mundo indígena venezolano Los Yekuana. ah ah ah ah nel blu. di stare lassú. se� ñalando en el cielo un punto refulgente que se acerca precedido por un ruido que. el loro se alborota. tal vez contagiado del entusiasmo por el próximo vuelo. nuestros vecinos en El Valle: Volare. pero. de suave. felices.

donde el terreno es fangoso y correríamos el peligro de atascarnos. Lo otro. Para llegar a los Yekuana tenemos que seguir el viaje en avión: cruzaremos la porción de selva donde no hay caminos transitables. con un nombre latín recién inventado por mí. en el Jeep. para no olvidarlo. pobladores de la niebla Yo me percato que con el transcurrir de los días. —Eso se nota —acoto yo—. —Esa afición que tienen ustedes por el agua —prosigo— indica sin duda que pertenecen a la familia Hidrocaeri hidrocuiri. —¿Qué familia es esa? —Chigüires silvestres. por tener siempre la última palabra. la ropa de Muñeca envuelta en la cobijita rosada de la buena suerte y colocada en la cesta que le regalaron los Sape. sino doblado y ordenado? —Nada tirado. Quizás se han dado cuenta de que su constante afán por contrade� cir. y viceversa. los chigüires no se caracteri� zan por tener orden en su guarida. lo que dice Mor parece convencer a Ocho. Ni siquiera Tío Jeep que siempre nos lleva a todas partes con su potencia. recibén bañados en las aguas frescas y espumosas del caño. que yo ya encontré un nombre zoológico especial para ustedes! Me miran atónitos. en cuyos lechos correríamos el riesgo de que� dar presos o ser llevados por la corriente. Y debería escribirlo en mi agenda. puede con esas trochas selváticas. frente a la espontaneidad de los indí� genas. —Todo está arreglado —constata siempre serena mamá. Tampoco son confiables los ríos. —¿Preparados sus morrales?—inquiere papá. carece de significado ante la inmensidad de la naturaleza. los aparatos de papá. todo doblado y ordenado —contestan enfática� mente los dos ceritos a una sola voz—. —¿Y qué tenemos nosotros que ver con eso? —¡Ah. —Morrales y mapires listos. pelean menos. -175- . a la vez que con experta mirada revisa nuestro indispensable equipaje: su ma� letín. —¿Nada tirado. y nosotros. Los Yekuana. lo habíamos deja� do a orillas del río Paragua. los mapires de sus tres hijos varones. impenetrables y traicioneras. Aún más. Pero.

algo en él nos atrae. siento las lágrimas refrenadas golpear mis sienes y hervir en mi cabeza. —¡Ahí viene. solo en la selva! ¡Jamás! Me quedaré con él. El zumbido del mo� tor da paso de nuevo al majestuoso silencio del bosque. —Pero yo lo he bautizado “Helipájaro”. Pero… —¡El loro. Mudito. un abrazo y una rápida entrega de bultos a I-Korona. no lo olviden —nos in� forma enseguida. con un vozarrón cordial—. mientras la niña y el loro los sa� ludan con su nuevo sobrenombre: Hidrocaeri hidrocuiri. Miro fijo al aviador. hombros. jocoso. Superloro. holgado. Mudo. hacia nosotros. imponente. espaldas y bolsillos de todo el mundo. rebotando entre la selva y la sabana. como lo llama su conductor. La comunidad sape. El punto que Mor y Ocho acaban de divisar en el cielo se aveci� na rápidamente. con su acostumbrada exageración. —¡Mudo. Es corpulento. compañero de viaje y aventura. dedos afilados de congoja re� secan mi garganta. ven! ¿Dónde estás? Nada. el loro! —grito. Ya estamos a bordo del Helipájaro. por supuesto. Un apretón de manos entre el piloto y mi pa� dre. alborozada. se acerca para recibirlo. El intenso zumbido del motor resuena en extraños ecos. no está! Los morochos me ayudan. a nosotros un ¡hola! cordial y una invitación a subir al espacioso helicóptero. Viaje por el mundo indígena venezolano Una risa de Maigualida hace que los morochos frunzan el ceño y despechados se alejen silbandito. alto. mi Superloro querido. tal vez su sencillez. una palmadita a Muñeca. Es uno de los más grandes. Miro mi hombro: ¡Supermudo. ustedes son una familia numerosa. que nos cautiva desde que lo vemos por primera vez. ¿Entenderá? Entiende. por la habilidad con que se desplaza por el cielo. roja la cara mo� fletuda. De fuerte complexión y jovial presencia. un saludo a mamá. el aviador. habla. ¡Dejar a mi loro. Aterrizaje perfecto. ahí viene! —nos parece que dicen. El helicóptero de la Fuerza Armada Venezolana enfila hacia el claro al borde del cual está Oroy- tepe. Detallamos al que será nuestro piloto y. su naturalidad. El Chamán de los Cunaguaros. afuera. entrecano el cabello ondulado. a revi� sar cuellos. Es un moderno he� licóptero rojo brillante. Listos para despegar. ¡Supermudo no aparece! La angustia me atenaza el pecho. Supermudo. Y he aquí que -176- .

—Los araguaneyes. pobladores de la niebla entre la sorpresa y admiración general. sin ni siquiera saludarnos. puros. de parte de su general. ¿quería acaso llevar a cabo el viaje encaramado en el eje de la hélice? —¡Adiós. deben ser bucares. frío! ¡Burr. ¡no todos los árboles tienen el mismo color! —Allá. con júbilo. que ya conocen al simpático personaje que suele frecuentarlos. Y abajo. Valiente loro. -177- . Luminosos. ¡Nos estrenamos hoy como aviadores! ¡Sensacional! Suspendi� dos en el aire. además en un helicóptero. Pero el suyo lo es aún más: se llama Anfictión. llegaremos en pocos minutos. en el aire tibio y en los rayos calientes del as� tro rey. medicinas. penetra por la ventanilla del piloto y va a acomodarse con la mayor imperturbabilidad en la cesta de Muñeca. Anfictiones son los representantes de las nacio� nes en los congresos para la amistad. a la vez que cacarea. tiene al igual que yo mismo. los araguaneyes en la selva. tras la hélice. en oleadas de árboles apretados. ciu� dad célebre por los nombres disparatados de sus habitantes. adiós. Este Coronel. frascos de vitaminas. frío. Una neblina ligera se desprende de los bosques y de los matorrales. ¡Por fin en el aire! ¡No todos los días se presenta la oportunidad de volar. burr! Luego de pasar encopetadísimo frente a nosotros. “Adiós” parece ser la única palabra española que conocen bien. se desvanece. sal. les ha traído a los Sape. aquella mancha oscura. y bien llevado en este caso: en efecto. Ya nos acercamos. Los Yekuana. un nombre insólito. Nombre significativo. y para completar con el patrocinio de la Fuerza Armada Venezolana! Noto que es constante la colaboración que la Fuerza Aérea ofrece a los indígenas. granos. casi rojos. ¿serán cedros? —Y a la izquierda. ¡qué panorama! La selva. ¡cuántos! Parecen una isla de oro. caminando pau� sado y orgulloso a lo largo del motor se va acercando Superloro. es maravilloso. casi abalanzándose los unos sobre los otros. donde se hunde apresuradamente en la célebre cobijita rosada. Coronel! —gritan desde abajo los niños sape. el sol. Es la humedad que pronto. dificultosamente pero con gravedad: —¡Burr. —Miren. nuestro árbol nacional. La euforia es general. Arriba. originario de Maracaibo. Saludamos desde el cielo. el espléndido sol tropical que todos los días nos ampara.

los brasileros. La selva hú� meda o selva nublada. esa gran obra de Arthur Conan Doyle que papá me regaló en mi cumpleaños. en el territorio de la niebla. los rápidos y las cascadas de otros ríos. enseñoreándose de árboles y flores. envolviéndolo todo. curiosamente erosionadas. Como en la novela. señores de la selva. y un constante rumor de aguas cayendo se confunde con el delirante par� loteo de los pájaros. a los valientes Yekuana. “de abajo”. según el nombre de una etnia cercana. Debido a estas características topográficas que estable� cieron los límites de la colonización española. penetra la niebla. Son los de los pueblos Anei’ña. de helechos y caídas de agua. como Maquiritare. Una densa vegetación esconde infinidad de ranas y sapos de varios colores. suave pero constante. -178- . —Miren —nos señala Anfictión Pimentel—. no logran identificar a nuestros indígenas. características de la zona. y a veces como Pia- roa. única forma de llegar a los hijos de Wanadi. escenario de sus mitos de creación. con infiltraciones de todo tipo. dando a la gente y a las cosas un halo de irrealidad. han perdido sus ca� racterísticas propias que en cambio conservan éstos. Entre todo el paisaje. los más venenosos del mundo. pareciera que de cada monte fuera a surgir un dinosaurio. Viaje por el mundo indígena venezolano Es corto el viaje aéreo. Pero al contacto con los criollos. una de las formaciones más antiguas de la corteza terrestre de Venezuela y del mundo. durante mucho tiempo este vasto territorio situado en la margen derecha del Orinoco no fue explorado. según ellos mismos se denominan. El Chamán de los Cunaguaros. la constituyen en gran parte los raudales Atures y Maipures. las misiones de diversos credos. desde aquí pueden observar el Macizo Guayanés. el bosque pluvial y las escarpadas forma� ciones montañosas de piedra arenisca que cubren el área. no puedo evitar evocar el Mundo perdido. es un territorio misterioso y lujuriante. es decir los que se han ubicado en las cabe� ceras de los ríos. hábitat ancestral de esta etnia. Ante este paisaje sobrenatural. es decir los aba� jeños. ¡Tantos nombres para una sola etnia! Por eso es que los criollos se confunden. los Yujuru’ña o arribeños. igualmente conocidos. los “de arriba”. —Hay Maquiritares también en sitios más accesibles —explica papá—. hombres del río. y este no es el único caso… La topografía de esta zona. Contemplamos las espectaculares montañas de caídas muy pro� nunciadas.

gneis. los picos más altos. Con el tiempo. después de desplazarse. —¡Excelente! —aprueba el Coronel—. De pronto. esta capa casi continua se asentó y. sufrió fisuras a causa de las presiones de su propio peso y de la erosión —nos explica el Coronel. Ocho anota un punto a su favor: —Está compuesto principalmente por rocas ígneas. “el claro sol de mi país”! Recito una estrofa: ¡Ah. en el claro del cielo y bajo el esplendor de la mañana! ¡Cuánta razón tenía nues� tro poeta Leoncio Martínez. sin dar con el dato. Se conforman con bostezar y lanzarme un: —¡Basta.400 metros de altura. ¡Bravo Ocho! Nuestro honor de estudiantes está salvado. haciendo dar a su Helipájaro unas voltere� tas que encantan a Muñeca y a Superloro. Se hace un silencio sugestivo. Tuponken! Anfictión. al celebrar en todos los es� tribillos de su poema. A continuación pregunta—: ¿Conocen us� tedes la composición del Macizo? Mor y yo escarbamos desesperadamente en el “disco duro” de nuestra memoria. pobladores de la niebla —Durante los períodos desérticos de la historia del planeta. Observen ahora al hori� zonte. que alcanza 2. me aplaude: —El tercer milenio ya nos ha alcanzado y la libertad parece con� solidada en nuestro país. fascinado. Los Yekuana. quién sabe si para entonces. el viento depositó grandes cantidades de arena sobre esta base. mordaz crítico del general Juan Vicente Gómez y por eso varias veces encarcelado. cuarzo. fiu! Otro silbido similar le responde. Por eso luchamos todos. sobrecogedor. ya cerca del año 2000 esté alumbrando libertades el claro sol de mi país! Por una vez los ceritos no me echan bromas. un tanto más grave: -179- . granitos y rocas metamórficas. a la vez que aterrorizan a mamá. También está llegando a los indígenas el momento de su valorización y superación. Uno a uno los indica. ¡Cómo destacan las altas cimas. un sil� bido como de perico ligero o de mono aullador rompe el hielo: —¡Fiu. Nos señala también el altiplano del cerro Druida.

aunque los versos. maracaibero e italiano! Como para demostrarlo. me parecen un tanto pasaditos de moda. con su poderosa voz de tenor nuestro piloto entona: ¡Sobrevuelo la tierra de esta gente valiente! Desde Zulia a Guayana. yo. el va� leroso Luis Rafael Pimentel Agostini que participó en la expedición del Falke. compongo versos y a ve� ces canto. ya que mi abuela era familia de Francisco Pimentel. yo. capitán de altura. el gran Job Pim. así silban los yekuana para encontrarse en medio de la niebla. a mí perso� nalmente. loro. el cerro Autana y el cerro Sipapo. y en parte por un abuelo italiano. los antepasados de esta etnia. Buenas intenciones y buena voz. —Capitán. Pero él. El Chamán de los Cunaguaros. Esta afición me viene en parte por los Pi� mentel. del oeste al oriente. fiu…! Superloro reclama sus derechos como Yekuana. Pronto. —Coronel… —vuelvo a empezar. El cerro Yekuana. Saben. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Fiuó. según la leyenda. fiuó! —Caray —expresa admirado nuestro piloto—. ¿Será que viene al� gún Yekuana con nosotros? —¡Fiu. mientras vuelo. vehemente opositor del general Gómez que lo encerró por casi diez años en las peores cárceles del país. otra vez me interrumpe con vehemencia: —¡Atención! Debajo de nosotros. ¡el cerro Yekuana! De él emergieron. ¿Se lo digo? —Capitán… —empiezo vacilante. yo soy Anfictión Pimentel Napolitano. lo estamos sobrevolando. loro. Capitán era mi tío. no —me corta tajante—. que no lo� gramos distinguir. y todos lo cele� bramos. -180- . —¿Conocen la leyenda de Autana? —nos interroga papá. poeta y humorista. ¡Qué mezcla tan potente. desempeñan un papel importante en los mitos de creación de los Yekuana. nuestro piloto nos alegra con otra sorpresa: —Yo también soy poeta —confiesa—. que se estableció en Maracaibo.

Y sólo quedó el árbol trunco. castigó la codicia de los humanos y de los ani� males. Es el tronco cortado de un árbol gigante. pues el ruido del motor es ahora tan fuerte que nos cuesta oír� nos— frente a las concepciones cosmogónicas y cosmológicas. cu. —¡Qué horrible. Así se autodenominan ellos. y los animales también. ana. pensamientos nuevos encontramos. pero también daba peces y aves. vocablo de origen arawak que significa exactamente “gente del río”. —¡Notable! ¡Cómo amplía nuestros horizontes este acercamien� to al mundo indígena! ¡Cuántas realizaciones. Según los Yekuana se llamaba “el árbol de todos los frutos”. pobre árbol! —Cuando cayó todos los frutos se desparramaron por la tierra. —¡Qué extraño! —reflexiono— ¿Y cómo fue que lo cortaron? —En aquel entonces los hombres vivían felices con los frutos de la tierra. el cual cortó el árbol. símbolo de lo que pudo ser una vida sin esfuerzo. dirigido en conjunto a lo que se han aglu� tinado en grupos de filiación karibe. y todo tan lógico! —los morochos. —¡Y cómo resalta nuestra ignorancia —agrego levantando la voz. el pijiguao. Wanadi. hablan con una seriedad que impresiona. Envió a un guerrero de fuerza sobrenatural. Significa por tanto “los del palo en el agua”. Los peces cayeron en los ríos y las aves se fueron al cielo. Autana. Pero al cabo de un tiempo. capaz de derribar un tronco tan gigantesco. En aquella época no había que sembrar ni cazar. Cada quien quería más frutos para sí y para su gente. ideas. Así nacieron el plátano. —¡Qué impresionante! —Sí. que entre los dos completaron este denso párrafo. desde el cielo. —La palabra “yekuana” con que se denomina los más antiguos habitantes de esos cerros y de sus alrededores —nos aclara papá— de� riva de las raíces ye. agua. palo de madera. por no haber sabido apreciarlo y compartirlo. Los Yekuana. comen� zaron las peleas. la yuca. florecía con toda clase de frutos y flores. pero entre los criollos se ha genera� lizado el nombre makiritare. gente. para los que perdieron todo lo que poseían. pobladores de la niebla —¿Te refieres al cerro? —Según la leyenda no es un cerro. tal -181- .

el Paragua y el Orinoco —lo he recitado todo sin cortar la voz. Avenaja y Menaue acuden. Ma- tawanadi. para admiración de los dos ceros. —Quizás por las coordenadas geográficas. para el viajero común. —Quizás… sería dificultoso y poco manejable. Helipájaro aterriza. imagínense. Hasta podríamos hallarlos en Internet: www. en la desembocadura del caño Wajuna con el río Ventuari. Me impre� siona su tipo de pintura. No sólo el cuerpo luce de un rojo luminoso: -182- . varias bandas de algodón en los brazos. cuyo vozarrón supe� ra sin esfuerzo el zumbido del helicóptero. rodeada de caños. para ubicarse utilizan los ríos como sinónimo de área o región. ¿pero entonces? —Entonces. —Veamos. Estarían parte en el estado Amazonas. agrupados en unos treinta poblados a lo largo de los grandes ríos y sus tributarios: el Ventuari. Hemos llegado al poblado. completamente diáfano. delgados collares de muchas vueltas en el pecho. wajunañam. hay un pueblo en territorio brasi� leño… Algo complicado. inteligente y original además de práctico. con escasas edificaciones. el Cuntinamo. tan ordenadas y hasta organizadas de nuestros indios! ¡De todos ellos! —Los Yekuana —comento más adelante haciendo gala de algu� nos conocimientos adquiridos en mis lecturas— son unos mil qui� nientos. —Hasta aquí está bien. El pueblo se llama Wajunana y sus habitantes son los Wajunañancom. sin detener el motor. pero ¿cómo se localizan geográfica� mente los Yekuana? —nos emplaza el Capitán.com —acota Mor regocijado. 63era y 63era de longitud occidental —aventura Mor. se va divisando una llanura bastante amplia. fuertes y alegres. con sus am� plios guayucos de intenso colorido. con el Wasata. ¿nos les parece? —Sí. el Wota y el Jurumato. —Sin contar el atractivo de los trabalenguas —refuerza Ocho con un silbido de admiración. Entre la maleza. ¿Está claro? —Hiperclaro. y hasta. que evi� dentemente ha consultado los mapas del Coronel. el Cunucunuma. —¿Por la división política? —inquiere Ocho. el Padamo. Viaje por el mundo indígena venezolano como lo dirían mis maestros. 3era y 5ta de latitud norte. hay un caserío. de forma ovalada. el Chajura y el Canaracuni. Por ejemplo. parte en el estado Bolívar. el Cuara con el Erebato. El Chamán de los Cunaguaros.

a ellas no les fue permitido alejarse del pueblo. Nos ayudan a descargar. sorpren� dentemente racional. bailar y para las actividades que exigen un espacio grande. en cambio. coronada por una punta o aguja cónica que llega a doce metros de altura. Alrededor. a la vez que entona otra épica canción que a mí personalmente tampoco acaba de gustarme: Por el aire me voy con mi ave de fuego. brilla de un negro hollín. no se sabe cómo es su boca. para reci� bir visitas. con sus diecisiete metros de diámetro. La armazón está formada por un conjunto de palos largos y flexibles. avispadísimo. Justa. exprimir la pulpa de la yuca rallada. el vuelo ha sido breve. de varios centímetros de diámetro. Es aún temprano. no pudieron aprender nada. Su arquitectura. En el centro hay el annaca. a otras tierras amigas encamino mi vuelo. pues es capaz de alojar a unas sesenta personas. de la nariz a la barbilla. siempre de parte del Gene� ral. porque en una oportunidad los envia� ron a un campamento de misioneros que se estableció en las cercanías con este propósito. como otros muchachos sape. están los asa o departamentos de -183- . Ellos hablan un poquito español y saben leer y escribir. si están serios o sonríen. Pimentel Napolitano les tiende la caja con sal. atta. y vuelve a levantar su nave. En el medio. pobladores de la niebla la mitad de su rostro. es realmente algo espectacular. Tiene una curiosísima forma de cúpula rebajada. han despejado de toda vegeta� ción. que lo recibe con familiaridad. llaman los Yekuana a su pueblo: un espacio circular abierto que después de haber abatido los árboles. parece ser una particularidad de la construcción yekuana. las cuales pasan la mayor parte de su tiempo dentro de ella. especie de salón de fiestas. aspirinas y otros medicamentos. Con esto. de base redonda y techo cónico. Los Yekuana. Esta casa cónica o puntiaguda. baja de primero y se coloca en el hombro de Matawanadi. Hemos salido al alba. tostarla ya convertida en mañoco. Las muchachas. Allí adentro caben todos. estos Yekuana. que sostienen la cubierta de hojas de palma mediante una trabazón de bejucos. El casco de la selva ensombrece el poblado que se está desperezando. la gran casa comunal. el cual se utiliza para las comidas. Superloro. como asar un báquiro. Son un poco enigmáticos.

el jororo. de largo cabello azabache. en� tusiasmado. Ellas les brindan tortas de casabe y yuca sancochada. son expertos. y al advertir mi admiración me confía en tono jovial: —A mí también me gusta contemplar a Mereka. formas armoniosas que recuerdan las del ciervo. Cerca del atta surge una pequeña construcción también redon� da y cónica. Mor y Ocho salen de expedición para observar las plantas curati� vas. pertenencias personales y el fogón. Pero. la ausencia de neblina y la luz favorable para tomar unas buenas fotos de conjunto. Me acerco. Los conucos están más lejos. me fijo bien. Más allá. en lo cual los Yekuana. Si Wayasuri es agraciada. Y hablarle. Rafael. Carmen y Muñeca se encaminan hacia el jororo con dos mu� chachas yekuana: Wayasuri. comienza a susurrar en lo que debe ser la manera típica de la etnia. cocina o casa de trabajo para elaborar diariamente mañoco y casabe. menuda y agraciada. sin mirar ni a ella ni a nadie en la cara. lugar de reunión de las mujeres. Siempre. cabello larguísimo que la envuelve como una nube flotante en su espalda. con un ceñido guayuco y varios collares bien tallados. Mereka es realmente esplendorosa. Presiento que no me va a ser fácil olvidarla. Mientras per� sisto en mirarla extasiado. pero he aquí que el joven. teleobjetivos y otros recursos tecnológicos. se reúne con nosotros Menaue. Grandes ojos rasgados de mirada hechizante. se ven las pequeñas huertas donde cultivan algodón. Está ocupadísimo con sus trípodes. además del nombre. Viaje por el mundo indígena venezolano las familias. apartándose unos pasos con pie de gato. seguramente un poema a la hermosura de la muchacha. -184- . sus principa� les alimentos. con ruedas de piña. siempre la miro y le hablo. aún más que otros indígenas. trato de grabar algunas palabras. que constituyen la comida básica yekuana. y la esbelta y siempre alegre Mereka. lentes. El Chamán de los Cunaguaros. cámaras. a una media hora de camino. caña de azúcar. tabaco y algunas plantas medicinales. ¿cómo lo hace? Yo no sabía que los Yekuana eran grandes poetas. cada uno con sus chinchorros. risa fresca y musical como la del río entre las piedras. un largo monólogo. aprovecha el poco movimiento. Regresarán asombrados de tanta variedad y exuberancia. Evidentemente también está prendido de ella. sin gesticular. a la manera yekuana. con el rostro pintado de negro brillante.

mariposa. pero tu boca no tiene espinas. Tu aliento tiene el sabor de la piña. la doncella que amo. el sol para la canoa que remonta el río. el poema dedicado a Mereka que yo oí. Mereka. que tanto se repite. Los Yekuana. ven con Menaue ven conmigo sobre las cálidas piedras del río. Tu mano es como el tierno fruto de la palma. Mereka es luna. y que ahora puedo reproducir aquí. En las primeras páginas encuen� tro. de ape� nas 10 x 6 centímetros. muestra del arte Piaroa. escrito por el viajero italiano Gior� gio Costanzo. vertiéndolo a mi vez al castellano: La luna es para el hombre que espera. Tu pie es como la semilla del algodón ligero y silencioso. El agua es para todos los hombres de la selva. agua. a quienes él califica como “sonrientes poetas de la selva”. que cosecha la yuca y cuece tortas de casabe. con la portada representando un ciervo sobre piedra. vertido al italiano. Pero la mariposa roja es para Mereka. muy pequeño. pobladores de la niebla Mereka. Mereka. Se titula Poesie degli indios Piaroa. Si los indígenas confían. ¿por qué no puedo hacerlo yo? Mis esfuerzo y mi obstinación darán resultado porque al volver a Caracas. Mereka. Ven conmigo en la selva. encuentro un librito hermosísimo. rebuscando en la computadora de la Biblioteca Nacional todo sobre los Yekuana. Bailo contigo. guardan y trans� miten todo mediante la memoria. sol. -185- .

El Chamán de los Cunaguaros. Contigo la vida será dulce será dulce. -186- . tu seno es de miel. Viaje por el mundo indígena venezolano yo veo la luna en tus ojos.

quizás por el susto que me hizo pasar Superloro. Lejos de la civili� zación. Mientras son pequeños y aún no ayu� dan en la caza y en la pesca. de una línea tan actual que llamaría la atención en el Museo de Arte Moderno. como la mayoría de las lenguas indígenas del área caribeña. se comunican… ¡y lo más extraordinario es que yo puedo seguir el diálogo! —¿Qué haces tú en esta casa. y las bandas que lle� vamos en los brazos y en las piernas. -187- . Sin embargo. pobladores de la niebla Algo cansado. Mira. nos muestra todo esto. tienen que aprender y colaborar en todo. —¿Los niños también colaboran? —Sí. Los Yekuana. los naturales logran unas realizaciones artísticas de tanta pureza y creatividad que lo dejan a uno estupefacto. de muy difícil comprensión. Mientras habla. Unas hablan yekuana. elaboramos las tortas de casabe. muy atentos a su trabajo. qué artistas son! Ni Wayasuri ni Mereka hablan castellano. Veo que Wayasuri le ofrece a mamá un asiento. es lo que estamos haciendo. ¡Qué sobresalientes artesanos. varones y hembras. —¿En qué consiste tu trabajo? —Nosotras las mujeres. Wayasuri? —es la pregunta de mamá. —Con la tela hacemos nuestros guayucos. que llevan tantas que parecen fajados. preparamos alimentos. También los niños nos ayudan —señala a dos. como lo hacían con sus críos nuestras abuelas. un varoncito y una niña. pro� viene de la familia karibe. Esto para mí constituye otra sorpresa. esa integración de sexos y edades a los trabajos caseros! —Cuando terminamos —continúa— hilamos el algodón en el huso. me acerco a las dos jóvenes y me apoyo de espaldas en uno de los palos que sostienen la casa. el idioma de los Yekua- na. las otras español. sin necesidad de utilizar los útiles e implementos de que dis� ponemos nosotros. y luego lo tejemos en el telar. Miramos a los niños pequeños. La expresión y los gestos no admiten otra interpretación. o quizás ta� tarabuelas. —Trabajo todo el día. ¡Es una lección para nosotros. rallamos la yuca. ellas se entienden con mamá y con Maigualida. de unos cinco o seis años.

El rallo les sirve como principal producto de intercambio. observando que las partes su� periores e inferiores de los rallos llevan diseños de tipo geométrico. Enseña con orgullo un desfile de rallos apoyados en una petaca o canoa volteada. a la cual se le in� crustan pedacitos de piedra bien escogidos que recogemos en el ce� rro Autana (aquí está el secreto. y a veces los tallamos. Es la misma técnica que utilizan para tallar los sellos de madera con que se pintan la cara y el cuerpo. para darle colorido. sobre todo en fiestas y ceremonias. que luego se recubren con resina y se dejan secar. ya que muchas comunidades vecinas han perdido el arte y el oficio im� plícito en su elaboración. Los observamos de cerca. —¿Y estos dibujos? —pregunto. es de color rojo intenso. y recurren a ellos para conseguirlos. Viaje por el mundo indígena venezolano —Cuando el sol está alto y ya se disipó la niebla —nos explica indicándolo— ayudamos a los hombres a fabricar los rallos. los palpamos. pienso yo). La preparan con las hojas de una enredadera que -188- . A la tinta la llaman Keraeu. los examinamos mientras ella trata de explicarnos: —El rallo se hace con una tablita de madera. ¡Qué eficientes los rallos de los Yekuana! Son cé� lebres en todo el territorio nacional. lo que hacen frecuentemente. Ya los habíamos visto entre los Sape. El Chamán de los Cunaguaros. —Los trazamos nosotros mismos con resina mezclada con tin� tes.

entre los indígenas y nosotros. hombre de los remos. —Linda. Vemos que los niños de ambos sexos lucen un collar con dientes de chigüire. los protege contra las picaduras de insectos. y poder decir: —Mi tatarabuelo era un yekuana. somos una misma familia. objetos de madera y en pin� turas faciales. Y seguramente hay algún aborigen en nuestro pasado. y dicen que además de adornarlos. hechos por ella. Tiene que es� tar destinado a algún chamán. linda —creo que dice. ¡Le queda precioso! Completa el ajuar con unos zarcillos en forma de triángulo. Los adornos masculinos se distinguen de los femeninos porque llevan plumas y dientes de animales. suponemos. de los Yekuana. creo que a todas las indígenas. de dientes de báquiro. más fuerte que el de simpatía y afinidad. tiene en la mirada dulce y profunda algo que la hace parecer a las indias yekuana. a la vez que explica: —Así. cestas. que asienten con la cabeza. Nos enseña uno. —¡Fíjate en los collares que hacemos. que las ykuana han sacado de -189- . y la señala a las demás mujeres. resina negra y onoto. de los ríos. Me ha transmitido mucho de su mundo. interrumpien� do mis reflexiones. Mamá. Los Yekuana. No lo sé con exactitud. a las sape. pero siento que es así. Estos dibujos. para los hombres. pobladores de la niebla secan al sol. To� dos somos venezolanos. los veremos en tallas. y un collar. en forma de triángulo. Hay un nexo. en nuestra familia. los zarcillos. provenimos de los mismos aborígenes. de cabello negro y ojos oscuros. Nos muestra también varias pulseras para brazos y piernas. cultura y raza. —¡Los guayucos. mira los guayucos! —Muñeca. todos de tipo geométrico. Me gustaría descender. com� partimos la misma tierra. me indica varios. luego pulverizan y mezclan con aceite de seje. ¡Qué suerte que Mereka no insista en ponerme a mí los zarcillos de media luna! ¡Quién sabe qué otro sobrenombre me pondrían en� tonces los morochos! Nada gracioso… Pero sí quiere que mamá se lleve unos. los brazaletes! Mereka le pone a mamá un collar al cuello. impresionante. En forma de media luna. los hacemos para las mujeres. por ejem� plo. que los de mujer no pueden ostentar. Por mis venas corre sangre india. máscaras. considerado un amuleto protector.

La niña lo hace. ahuecados y rellenados con semillas de parapara o peonía. Para completar. ponte uno. Cayuwai se las ha arreglado para no perder los lindos juguetes que aprieta en sus puñitos. —Se llama muaju —le explica nuestra amiga. Sin embargo. descolo� ridos. o wöwa. a la vez que llama—: ¡Cadío. ¡Qué bien trabajados! De algo� dón y con diminutas cuentas de mostacilla. El Chamán de los Cunaguaros. Miro melancólico mis blue jeans. y que a cada mo� vimiento de la mujer producen un sonido musical. encantada con su nombre—. -190- . Maigualida —le ofrece Mereka. estas hamaquitas son distintas. ¿te gusta? ¡Espléndido! Admiro la sencillez de mi hermanita. llevan adornos hechos con frutas de bejuco salvaje. Muñeca muy satisfecha con su guayuco nuevo. más frescas y livianas. colgados al ruedo. A punto está de tocarla. para mostrarlos. Las yekuana enseñan ahora los guayucos para hombres. ese valor de enfrentar cam� bios inesperados. Por cierto. de llamativos colores. los zarcillos y… ¡qué ex� traordinario! —Una hamaquita portabebé —explica Wayasuri con sus expre� sivos gestos. Cadío! Llega mamá Cadío con su hijito Cayuwai. con bordados simétricos y franjas de lo más graciosas. ajados. ¡Una gran solución para las madres que quieren trabajar o trasladarse sin dejar a sus críos! Nos recuerda los wayares de los waraos. él también: son animalitos de madera. que corretea comodísima con su guayuco. con este guayuco se siente libre. corretea por los alrededores. a los cuales llaman shiriyoca. y que nos ense� ña. cuando Superloro alza el vuelo y le cae sobre la manita extendida. y nos da una demos� tración del uso de la hamaquita. una tortuga. ve una ranita azul. se podría decir “más elegantes”. un loro. —Mira mi muaju —me sonríe coqueta Muñeca—. una iguana. Tengo mucho que aprender de ella. —Maigualida. ponte este. en forma de campanita. esas cestas tejidas. Junto a un enorme helecho. calientes. los collares para ellos. feliz. al borde del campamento. más grandes y sin franja. Yo aún no tengo ese espíritu de adaptación. bien pintados. especie de “portabebés” indígenas. fresca. un cachicamo. Despojada de su formal trajecito caraqueño-citadino. durante todo este proceso de demostración. Viaje por el mundo indígena venezolano una cesta. satisfecha. de manera tal que los niños pueden apretarlos por el pico o por la cola y agitarlos como maracas. bellísima. Mientras tanto.

rosadas y amarillas. todas temibles. liberándose así de ellas. Hay muchas de estas ranitas. el turi o catumare. porque su piel exuda una secreción tóxica. de rayas rojas. —¡Superloro la mordió! —advierte Mor. pero ya la ranita había desaparecido a ras de la hierba. le salvó la vida. Esos colores son una advertencia. las dos jóvenes nos traen y enseñan la variedad de cestas que elaboran: la wöwa. tan pequeñas y tan peligrosas? —se extraña mamá. La cestería yekuana no sólo se exhibe en el Museo de Bellas Artes de nuestra capital. el veneno les penetra por la piel. Los animales. A los gritos de Muñeca todos corremos. a menos que se les provoque. Las tinturas son de origen vegetal: el rojo se extrae de las hojas de una bignonia o de la semilla del onoto. y las lindas canwa o petacas de exóticos decorados. Impresionados. Hay que cuidarse de ellas. tejido por los hombres. por la epidermis. por un instinto que llevan en sus genes. —No —exclama papá suspirando hondo—. —¿Pero cómo es posible. su memoria genética —explica papá reflexi� vo—. Los Yekuana. en la ciudad. saben que los reptiles o los batracios de colores brillantes son venenosos. los humanos. hijos. con las mismas figuras geométricas en las cuales predominan el rojo y el negro. Son bastante huidizas. Como no pueden procesar las toxinas de estos animales. pero criado en Caracas. aún asustada. En realidad no son agresivas de por sí. —Es su herencia. azules. tejida por ellas. sino que -191- . Pero si las toca la gente. no atacan a nadie. Estas ranas de colores matan al sólo tocarlas. pobladores de la niebla graznando durísimo. lo que acarrea un riesgo grande. —El origen de su peligrosidad radica en que se alimentan de escorpiones y hormigas venenosas. in� clusive papá que deja su trípode abandonado. escondi� das en la selva. las sudan. no se acercan a la gente. todos escudriñamos los alrededores. y el negro de la fruta del árbol identificado como genipa americana. —¡Uuu… uuu…! —silba Mor— ¡Qué peligro! —¡Uuu… uuu…! —responde Ocho— ¡Y que lo digas! —¿Cómo sabría Superloro que esa ranita es peligrosa? —pre� gunto lleno de curiosidad— es un loro amazónico. Una vez pasado el susto y vuelto todo a la normalidad.

casi invisibles. Es a través de esos senderos. imitando relojes de arena. para talar y quemar secciones de la selva. las mujeres y los hombres. hasta que el río reúna las condiciones para navegar. -192- . se ven obligados a recorrer grandes distancias a pie. entiende: —¿Nosotras las mujeres? —Bueno. arrastrando o cargando sobre sus cabezas. compenetradas con su labor. ven conmigo —Wayasuri le tiende la mano. —¡Qué gente tan ordenada y trabajadora! —comenta mamá Luego le pregunta a Wayasuri con voz y gestos—: ¿Qué hacen afuera? ¿Afuera de aquí. atraviesan la selva. de la casa? Ella. si es que ellos trabajan —ambas ríen. o de pan� tomima! —bromeo. —Vamos. obtuvo reconocimientos en exposiciones realizadas en Europa. Muñeca y yo las seguimos. —Aquí en los conucos. tigres. pues debido al gran núme� ro de rápidos. —Por cierto. partiendo desde la gran casa. que los Piaroa se comunican con las demás etnias. rectangulares. Proseguimos hacia los conucos por una red de senderos que. después de un momento de duda. otras ye- kuana están confeccionando cestas. las escasas canoítas y curiaras que tienen y utilizan sólo en la época de lluvias. construimos trampas para animales mayores. y bien los merece por la amplísima variedad de formas: en campana. El Chamán de los Cunaguaros. una excelente actriz. Alrededor de nosotros. hamacas y… trampas. hasta en número de seis. Ahora somos las mu� jeres quienes cultivamos en ellos varios productos necesarios —este es seguramente el sentido de lo que sigue explicando Wayasuri. la gua� camaya. Viaje por el mundo indígena venezolano tiene renombre mundial. El sol brilla alto. En ellas se aprecian tigres. oblongas. —Sí. monos y caimanes. collares. primero trabajaron los hombres. zonas pedregosas y a la estrechez de los caños. —Nuestra amiga sería una gran actriz —insinúa mamá. atareadísimo con sus fotos. ¡pero de cine mudo. con expresiones y ademanes muy claros. y fue duro. cascadas. el paují. Hay mucho movimiento en el poblado. bá� quiros. En� contramos a papá. pero sobre todo para capturar pájaros como el piapoco. —¿Trampas? —nos extrañamos. entretejidos en sutil armonía con las fibras que tan bien saben trabajar.

Es una forma muy efectiva de comunicación y los indígenas. caña de azúcar… —las dos siguen. tampoco las conocen. auyama. ella es llamada a cultivar la tierra. piña. ocumo. dicen a veces más de mil palabras. Pero hay muchas otras siembras. Por otra parte. Una mirada intencionada. Todas estas verdu� ras. indicando algo en un rincón del conuco— lo trabajan los hombres. durante este viaje. Aplaudo sus palabras. ñame. batata. que lo he reconocido enseguida. plátano. —Es el tabaco —le aclaro yo. Una a una las señala. una sonrisa. pero antes es preciso extraerle el yare o jugo venenoso. dulce y amarga. pobladores de la niebla —No te rías. no lo distingue. cuyos habitantes antes centraban su alimentación en torno al maíz. y a pesar de haberlas individualizado recientemente. y mamá se esfuerza en reconocerlas: —Ají. importantes. tiene el don y la misión de hacerla producir. cuando mamá prepara el sancocho criollo. Wayasuri nos enseña que la mayor parte del conuco se siembra con yuca de las dos variedades. la importancia del lenguaje ges� tual. ma� puey. ni la del mapuey de la de la yuca. y es citado por los antiguos cronistas: debido a que la mujer pare. maíz. Filatelio. Los conoci� mientos de los indígenas en relación a este vegetal son ancestrales. como los del maíz. -193- . un movimiento de hombros. La dulce se consume hervida o asada. esto es algo valioso. una conquista. ¡Y creo que es un logro. pienso. que a veces deben hablar con pueblos de otras lenguas para comerciar. La ma� yoría de mis compañeros. nos estamos especializando todos en el lenguaje gestual. nutritivas en su estado natural me son totalmente ajenas. —¿Qué es? —mamá desde lejos. y ya han mencionado más de veinte… Me siento un poco avergonzado. Los Yekuana. La amarga se utiliza únicamente para hacer el casabe. que coincide con lo que yo he leído sobre la mitología indígena. lo manejan a la perfección. a pesar de haberlas oído nombrar en mi casa. apio. cocinadas entre los pemónes. Fíjate. He� mos aprendido algo muy especial. No podría distinguir la siembra del ñame de la del ocumo. —Y lo de allá —agrega la india con cierto desdén. Los karibes trajeron desde las Antillas la yuca a la tierra firme. un gesto de un dedo o una mano. algo que nos hace crecer! Mamá tiene completamente razón. también apruebo lo dicho por la joven Piaroa.

de los secretos de las especies medicinales. después de titubear un poco nos indica con sigilo otras plantas: son las mágicas. Se intercambian experiencias. El Chamán de los Cunaguaros. entre ellos. los cuales se transmiten por línea mater� na. observando atentamente las plantas. Ella. Mamá se muestra especialmente interesada. que ellos tanto aprecian. Wayasuri. y de allí vendría el nombre que le dieron los españoles a la planta. El tabaco es autóctono de América y los naturales lo consideraron siempre una planta sagrada. y trata de hacerle comprender que algo hay que consentírsele a los hombres. que absorben por la nariz con un instrumento apropiado. Carmen y Wayasuri parecen dos hermanas. que además del tabaco o mezclándolo con él. es posible que piense. sólo por las mu� jeres. sino algo que está basado en una antigua sabiduría. Muy cerca una de la otra. como enfer� mera. Sin embargo parece apreciar la actitud conciliatoria de mamá porque. píldoras y po� madas para entregárselas a Wayasuri. los Yekuana hacen uso de los alucinógenos. experta en plantas curativas. que a través de él puede conocerse el futuro de la persona que lo fuma. ¡A lo que pueden llevar la violencia y la exasperación. en su pueblo. cultivadas sólo por los hombres. Ahora recuerdo que una vez en la que hablábamos de los yaru� ros. Muchos lo masticaban. jarabes. secretos curativos. Lo consultaban en tiempo de guerra y aún lo consultan cuando van a cazar. fines ceremoniales: afirman que el humo posee poderes curativos. Se dice que algunos indígenas lo llamaban tobako. hablando a gestos o en voz baja. miel y corteza de árboles silvestres. Más tarde. no más alta de un metro. es la heredera. Fumar tabaco tiene. comprende que aquí no hay ningún artificio ni engaño. mamá sacará de su maletín pastillas. otros picaban las hojas finamente y las fumaban en grandes pipas. esa mezcla de semillas. con grandes hojas verde oscuro recubiertas de suave vello o pelusa. especialmente del yopo. papá me mencionó la quema que hizo Ezequiel Zamora de to� dos los campos donde se cultivaba el mejor tabaco. palabra que sin embargo no existe en todas las lenguas de América. luego de abundantes aunque -194- . para saber si tendrán suerte o correrán algún peligro. sin decirlo. Viaje por el mundo indígena venezolano Le indico a mi mamá esa planta rastrera. si no se sabe controlarlas! Ante la expresión ceñuda y despreciativa de Wayasuri Carmen ríe. Nuestra amiga no está del todo convencida. y las medicinales.

Muñeca. entrenados para perseguir dantas y venados. me llevo a mi hermanita: —Vente. ¿Ustedes lo saben? —¡Para jugar! —grita Muñeca. puede ser trocado por una escopeta. Con varios de ellos obtienen hasta un motor fuera de borda. amigas. ¡Qué lindos perros. en lugar de Carmen. descendientes de los perros autóctonos que según relataba el misionero Padre Gumilla denunciaban por el ladrido el tamaño de la presa. —Nada de todo eso —nos explica papá—. su bienestar. son ellas. los perros de los Yekuana. y apreciarán el valor de esa contribución medicinal. sacándoles fotos. poseer destrezas tradicionales. Los Yekuana. Vamos a saludar aquellos perritos que vimos al pasar. producir. para localizar cuevas de lapas y manadas de báquiros. y conocen cómo hacerlo! —mi sorpresa va en aumento. consciente de que estarán en buenas manos. profesionales que han estudiado años en la universidad. —Para compañía o protección —opino yo. era una escuela para perros! ¡Hasta a eso se dedican. ni se disgustan. de buena raza! Nos to� pamos con Rafael. Son una sola gente. Nunca se engañan. —¿Cómo lo logran? —Esto sucede por el gran espíritu de solidaridad que tienen los aborígenes. —¡Lo menos que esperaba yo encontrar entre los indios. Allá nos dirigimos. palabra que seguramente significa “amiga”. demos un paseo. son muy apreciados. Cuando quieren hacer trueques. constituyen su riqueza. lo comparten todo. colegas. He notado que frecuentemente Wayasuri y Mereka llaman a mi mamá. —Sepan que uno de estos animalitos bien entrenado en las “es� cuelas de perros” locales. y así es. —Ya averigüé para qué crían estos perros. hermanas. pobladores de la niebla mudas explicaciones. no. Así como sus rallos. Cawaruwa. plantas y semillas que trans� portará con gran cuidado y luego comentará con los médicos del hospital donde trabaja. Pertenecer a la etnia. -195- . Nuestra madre se irá de aquí con hojas. —¿Y ningún cambio es desfavorable? —Los que hacen entre ellos mismos. Para que las tres puedan seguir disfrutando tranquilamente su encuentro. consi� guen cantidades de cosas. son perros cazadores.

sus capacidades? ¿Acaso el oro puede valer tanto? ¿Si ellos tuvieran oro. ni el legendario lago Pa� rima que tenía la misma profundidad y extensión. a la que llaman sari-warime. en negro con resina. Los Piaroa poco utilizan el arco y la flecha. wari- me. Las hacen de un tejido grueso cubierto con una capa de arcilla. serían tan trabajadores. y en la punta superior le untan el curare. Pronto. El extremo inferior de los dardos está en� vuelto en algodón. pavorosos. Pero ¿qué mayor riqueza que sus ideas. redondas. lanza en mano. es una empresa familiar: marido. El Chamán de los Cunaguaros. unos veinte cachorros bien cui� dados. el secular veneno indígena a base de plantas que ellos mismos producen y que es considerado de muy buena calidad. Entre los Yekuana la caza mayor. limpian el piso. la esperan y la matan. especialmente la del báquiro. unos ojos y una boca desproporcionados. la enrumba hacia la orilla del río y allí el hombre con su compañera. una la parte superior y otra la inferior. los acarician. Pensamos que este desfile de bailarines cubiertos desde la cabeza hasta los pies con sus enormes máscaras. su imaginación. la casa de los hombres. y a menudo llevan a los niños. Quizás no exista (aún tengo dudas). mujer y perro. o por lo menos nadie haya visto el fabuloso Dorado. uno externo y otro interno. sus tradiciones. tan recordado en las canciones Flor peregrina y Canción del lago Parima del criollísimo Quinteto Contrapunto. Viaje por el mundo indígena venezolano Reflexiono de nuevo sobre el inmenso patrimonio espiritual y moral de estos indios. Nos impactan y asustan. También para la pesca las parejas salen juntas. son impresionantes. sobre la cual trazan. en blanco con arcilla y en rojo con onoto. Cerca del cobertizo de los perros se encuentra otro tipo de cons� trucción cónica. cazan con lanzas o con cerbatanas de varios tamaños y todas con dos tubos. emblemático de la cercanía de Angostura. Cubren toda la cabeza o sobresalen de ella. siempre de palma: es el ruode. mientras dos capas de hojas de palma esconden el resto del cuer� po. agitando el palo zumbador que llevan en la mano. Estas máscaras. El perro localiza la presa. donde guardan las máscaras y los instrumentos sagrados que utilizan en su gran fiesta. juegan con ellos. Cuando estén grandes —aprendo— los llevarán de cacería. Las máscaras y atuendos quizás reflejen el temor a -196- . bien alimentados. deben ser terroríficos. rodeados de sus típicos dibujos lineales. grandes. tan organizados? Observamos bajo el cobertizo. el suave tintineo de las shirivocas anuncia el arribo de Cadío y sus hermanas que traen comida y agua a los perros.

dos deditos ade� lante y atrás los otros dos. le haces la competencia a tu loro? En efecto Supermudo. peligrosa. chiquichique. tupirito. El helicóptero explora la zona. bien agarrado con sus patitas en la orilla. es fácil perder el sentido de la orientación. debían haber regresado. alguna sombra. corro tras ellos. Dema� siado larga. ya incumbe la tarde. Los Yekuana se alimentan bien y en forma correcta: por eso se ven tan saludables. Los Yekuana. reunidos. angustiada. Extraviarse en ella es un riesgo muy grande. pero yo. guamache) que acompañan los alimentos. fuertes y activos. dirigiéndose apresuradamente hacia el helicóptero. confiándole a ella Superlo� ro. ha regresado a buscarnos más temprano de lo que esperábamos: —Joven. los alcanzo mientras se aprestan a ir en busca de los excursionistas. que luego de cumplir otros encargos de su General. La expresión preocupada de papá ha comenzado a angustiarme. mamá y sorpresivamente el coronel Anfic� tión. pide ir a bordo. tan silencioso. ha vuelto a su costumbre de no hablar. cu- curito. algún color. Salieron temprano para una breve excursión. Con respecto a las die� tas de los demás indígenas encuentro una novedad: la variedad de jugos preparados a base de frutas silvestres o cultivadas (curuba. y dale que dale con su piquito. y luego resulta casi imposible salir sin ayuda. Al entrar la tarde me acerco a la annaca para consumir la balan� ceada comida que ellos mismos preparan y. Se me suman papá. que según algunos antropólogos juega un rol importante en la mitología Piaroa. fieras. uno más largo y el otro cortito. También a Superloro le fascinan. El Capitán y mi padre intercam� bian miradas y se levantan. —¿Dónde están tus hermanos? —se extraña—. No habíamos reparado en la ausencia de los morochos. ¿qué te pasa. Hago un esfuerzo por distinguir algún movimiento. insectos ponzoñosos. Hay engañosos cursos y pozos de agua. Pero sólo pájaros pasan rozan� do los árboles. pobladores de la niebla peligros sobrenaturales. papá la disuade y la calma. aferrado a mi hombro derecho. allá abajo. absorbe laboriosamente todo el contenido de la totuma que le han ofrecido. ellos siempre aparecen a la hora de las comidas. pendare. repartien� do mensajes. saborean con satisfacción. géneros y medicamentos. Carmen. La selva es oscura. -197- . La apretada vegetación casi no permite ver.

al pisar un terrón de hierba que lucía fresca y revuelta. disimuladas entre la hierba. Llegaron a un des� campado con maleza alta y pocos árboles. Pero tranquilízate. Papá que fue guardia de fronteras. para que al pisarlas se disparen hacia arriba con la presa. lapas y hasta venados. Enseguida después del sobresalto inicial. impenetrable. Más allá la selva densa. se dieron cuenta de que estaban atrapados. parece una hamaca. los dos ce� ros. como el de los indígenas? Conmigo estás a salvo. izados violen� tamente hacia la copa de un yagrumo: habían caído en una trampa india. envueltos en una manta de fibras vegetales. —¡Nunca! Esta trampa es alta. casi no cabemos. está fuera del alcance de las fieras. Esta vez las tendrían. de las muchas que hay en la selva. —¡Tremendo guía que eres tú! —recriminó Mor— ¿No tenías un sexto sentido. pero era inútil. y grandes. des� tinadas a atrapar báquiros. —Podríamos intentar llamar con nuestros códigos personales. cono� ce la región y sus acechanzas. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Qué había sucedido? Caminando y curioseando. preparadas hábilmente. pero yo no lo creo. Vamos por buen camino. aquella fuerte malla de fibra estaba diseñada para no permitir el escape. algún jaguar nos devorará. Estamos perdidos. Pronto vendrán a buscarnos. haciendo ademán de detenerse. y que por lo gordo que estás tú. Y creo podemos encontrar algo impor… Aún Ocho no había terminado la frase cuando. Y la verdad es que es bien cómoda para dormir. se habían alejado bastante del campamento. como los indígenas. en silbidos —propuso Mor. antes de que nos encuentren. —No te preocupes. para predecir problemas y ac� cidentes? —¡A veces me falla! —se defendió Ocho—. Intentaron soltarse. una hamaca para báquiros. ¿Sabes que he de� sarrollado un sexto sentido. y aprisionadas con tierra. —Mejor devolvámonos —aconseja Mor. —Tú consuélate con eso. siempre en busca de aventuras. —Sí. El Chamán de los Cunaguaros. los dos muchachos se sintieron presos. —Podría dormir aquí tranquilamente —dijo Ocho tratando de hacerse el valiente—. si no fuera porque me está empezando a dar hambre. -198- .

—Espera un rato. sino también como imitador te morirías de hambre! No creas que me asustas. ni siquiera sabes… La furiosa perorata del indómito Mor fue interrumpida por un gruñido amenazante. con un certero tajo en la garganta. pero ni un solo ruido les respondió. de fiera herida. de monos? Colgaban uno encima del otro. Vamos a silbar como el piopoco. resignados a su suerte. Los sobresaltó un rugir brutal. —¿Escuchaste eso? —Claro que lo escuché. —Oye. La sangre teñía la hierba fresca. rumor de una fuerte -199- . y entre la maleza miles de grillos empezaban a revolotear con un chirri� do ensordecedor. es más. Anonadados se adormecían. Tal vez vienen en camino. cada vez más fuerte y más cercano. Ante el inminente peligro de morir en forma terrible. temblando. que pareció rodearlos. Una extraña sensación de ingravidez se apoderaba de ellos. ¡Qué mal lo haces! ¡No sólo como guía. pero éste pronto la dejó sin vida. Se oyeron pasos cercanos. Eres tú fingiendo ser un tigre. ¿No ves que estamos rodeados de silbidos de pája� ros. Atisbando entre las lianas divisaron un tigre joven. una lucha a muerte. —Vamos a imitar al arrendajo. —Es lógico. La bestia se defendía de un atacante. de serpientes. El sol se posaba horizontal sobre los altos árboles. La luz del día disminuía. —¡Fiu… Fiu… uooouu! —¡Fuuuuo a a a! —Nada. pobladores de la niebla —¡Buena idea! Seguro nos escucharán desde lejos y vendrán a rescatarnos. Los Yekuana. Un olor fuerte y agrio impregnaba el aire. los dos muchachos cerraron fuer� temente los ojos y se abrazaron estremecidos. Los grillos callaron de re� pente. Si piensas que en un programa cómico de televisión te aceptarían. envolverlos en un hálito salvaje. parece que aquí nuestro arte no sirve de nada. estás soñando. de loros. corpulento. suspendidos sin remedio. en las fauces de aquel animal que ya se disponía al ataque. cuando oyeron un rugido cercano. —¡Juii… juii! Pasaron varios minutos. de grandes pintas negras que avanzaba hacia ellos mostrando sus aterradores colmillos.

sin dejar huella alguna. El viento de las aspas dispersó el acre humo. El Chamán de los Cunaguaros. —¿Esta no es una película de Tarzán que ustedes vieron? —pre� gunto yo. —¡Nos salvó un indígena. Alto. cuando se perdieron entre el follaje los rabos de los cunaguaros. Sólo acertaron a ver cómo las ramas bajas se movieron. Aún temblando trataron de incorporarse para agradecer a su misterioso protector. aquí. coronado de rojas plumas de guacamayo. escéptico. Se oyó el frotar y el chasquido de los palos que despiertan el fuego. acaba de irse! —dijo Mor señalando hacia la selva—. es papá. te lo dije! —gritó Ocho saltando— ¡Aquí. Los morochos permanecían atontados. —Pero él estaba aquí. que la atravesaba transversalmente. Lo acompañaban muchos cunaguaros. Mor y Ocho alzaron la vista hacia lo alto. Frente a ellos. Inesperadamente. rodeado de cunaguaros que olfateaban inquietos la maleza. se erguía la majestuosa figura de un indígena. pero no logramos divisar nada más que árboles y grandes hojas bri� llantes. El ruido del avión les sacó de su estupor. acrecentada por las ramas verdes que le iba agregando. Viaje por el mundo indígena venezolano respiración humana. pero al bus� carlo con la vista se dieron cuenta de que se había esfumado entre la espesura. —Parece que alguien la hubiera desgarrado con un cuchillo o un puñal —sentenció—. Rafael pudo abrazar a sus dos arriesgados retoños. Reunía con prisa hojas secas y arbustos. Con los faros del helicóptero iluminamos el espacio circundante. ellos solos ja� más hubiesen podido soltarse. y de pronto se levantó una columna de humo. Rafael. al viento la larga cabellera. —¡Es papá. -200- . Alguien los sacó de aquí. un poco más lejos. sintieron de un solo tirón rasgarse su prisión vegetal y cayeron al suelo aturdidos. él nos liberó con un cuchillo. él prendió el fuego. papá! El helicóptero descendió con gran estrépito en aquel descampa� do. El Coronel examinó la trampa y vio la huella de un objeto afila� do. des� de donde los llamaban. —¡Y nos salvó de un jaguar enorme que quería devorarnos! Lo mató con su cuchillo de caza.

ni del cuerpo del tigre. empiezo a pensar que algo. nacen los demonios. despertando la hilaridad de los jóvenes—: Cui� dado cuando coman huevos: si se les caen. —Después de todo. Papá permaneció callado. y su hermano. dónde está el tigre? —se extrañaba el Coronel mirando a su alrededor. está a punto de aclararle el peligro que corrieron y el mal rato que nos hicieron pasar. Con esta segunda caída el huevo se partió y dejó salir. pensativo. Me doy cuenta de que he logrado captar la atención de la pequeña audiencia. que representa el bien. y prosigo después de una pausa estratégica: —Pero el tercer huevo se magulló sin abrirse. mientras el Capitán me anima con la mirada—. En el pueblo yekuana nos recibieron con alegría. Dos cayeron correctamente. o alguien. de las cuales cada vez tenemos más. —Es una leyenda interesante —reconoce Anfictión poniéndo� se de pie. sabía que ellos aparecerían en cualquier mo� mento. lleno de resentimiento y odio. nunca me desesperé. aunque le duela contrariarla. No había rastro de los cunaguaros. el padre o héroe mítico de los Yekuana. La crisis ha sido superada. a Cajushava. se abrieron. ¡Seguiría una larga reprimenda para los incautos. y de ellos surgieron Wanadi. lo que nos habían guardado. Y agrega. que representa el mal y es generador de los espíritus malos y de los demonios. ¿conocen ustedes el origen de los Yekuana? —empiezo. la selva lo invi� taba a adentrarse en ella. por los hermosos y variados -201- . pero rápidamente. Wanadi entonces lo tiró a la selva. secundado por el cola� borador Pimentel Napolitano: —Hablando de espíritus y seres especiales. el sol se acercaba al ocaso. y un pesadísimo sermón para nosotros! Decido desviar de inmediato la conversación. a pesar de las bromas que les hice a los dos “ceritos” asusta� dos. Debíamos apresurarnos. los liberó. Noto que papá. Hasta la fogata se había extin� guido completamente. A lo lejos. a apoderarse del secreto que guardaba. Pero no es el momento de comentar su aventura. Recogemos solícitamente nuestras co� sas. El sol que como el cielo es sobrenatural. Yo también. Comimos con apetito. Los Yekuana. dejó caer sobre la tierra tres huevos mágicos. Mis dos hijos más traviesos tienen un ángel o espíritu bueno que los protege. nunca perdí la calma —nos confía mamá—. pobladores de la niebla —¿Pero dónde están los cunaguaros.

Estamos detenidos en el aire. el Majagua y el Asita al sur. Papá no habla. —¡Papá. el Kaima al norte. visible en el crepúsculo: la serranía de Maigualida al este. Y ahora. dejamos a los Sape. no le agradaba. sin hablar. quizás aún contrariado. agitando sus poderosas hélices. ¿qué debe hacer uno para ingre� sar en la Fuerza Aérea? -202- . es corto. Maigualida! —grita mi hermana entusiasmada. Rafael apunta la cámara y capta la foto. también esta vez. de acercarnos a aquella región donde bulle la vida de nuestros aborígenes. qué seguro se siente uno en él! —Coronel —pregunta Mor—. se mantiene en el vacío. —¡Maigualida. ni chillar. tu cerro! La expresión satisfecha y enternecida de Muñeca nos indica que de ahora en adelante aceptará su nombre. maracas. —¡Mira. Viaje por el mundo indígena venezolano regalos que nos hacen nuestros generosos amigos: cestas decoradas con pájaros. Desde el aire. por fin. Debajo de nosotros. El Capitán va a esperarnos. alzado frente a ella en toda su majestuosidad. porque su verdadero nombre. Abordamos el helicóptero. los Yekuana saludan con mesurada seriedad. papá. Maigualida. ¡Cómo nos gusta este helicóp� tero. A mi hermanita la hemos llama� do siempre Muñeca. Superloro está quieto en mi hombro. qué fácil se maneja. el Cuchivero y el Parucito al oeste. El Chamán de los Cunaguaros. erguido y desafiante. visitamos a los Yekuana y nos dirigimos hacia la zona que habitan los Jodi. El viaje. nuestro experto piloto nos señala los límites del territorio habitado por los Jodi. Maigualida. y dedicado a ordenar sus películas. para llevarnos a la próxima eta� pa en plena selva orinoquense. collares y totumas para beber. Esta va a ser una jor� nada muy intensa. Entre ellos pasaremos la noche que ya se acerca y los dos días si� guientes. ¿Cambiará de idea? Se lo habíamos puesto justamente por el deseo de tener un nombre indígena en la familia. Muñeca y mamá están felices. entre los numerosos y sorprendentes Yanomami. mientras el piloto detie� ne un momento su aparato. Como un inmenso colibrí el helicóptero interrumpe el vuelo. tómale una foto! Inmenso. En el mismo día. podemos ver el cerro Maigualida. el cerro Maigualida recorta su figura contra la luna enorme que ya ha aparecido frente a nosotros.

mi hermana es un conejito blanco que se arrebuja entre el colchón de la hierba crecida. aroma de íntima flor. abriéndote a la vida como la flor del yagrumo. de fruta fresca. Duerme hermanita hermosa. mi hermana es espuma de río. yo velaré por ti siempre. he ideado suaves canciones para arrullar tu sueño.Palabreo del chamán para Maigualida Nombre de cerro el tuyo. coronada de brillos solares. y subiré al árbol del pijiguao para ofrecerte dulces frutos. con tus laderas verdes. cruzaré los ríos crecidos por ti. Hermanita dorada y pequeña como un lirio que estrena sus colores. signo de amplia claridad el de tu nombre. duerme y sueña. donde amaneces siempre. 203 . Cabecita de claro esplendor. hermanita que duermes aún en el regazo de tu madre. signo de luz el tuyo. Mi hermana es pequeña y clara como la mañana.

porque yo estaré contigo. El Chamán de los Cunaguaros. clara hermanita luminosa. signo de luz el tuyo. Viaje por el mundo indígena venezolano No temerás al danto ni a la tormenta. nombre de cerro el tuyo. -204- . ni a la cascabel traicionera.

pero también son conocidos como Chicano o Shikana. En un giro diestro. 205 . —¡A la playa! —se entusiasman Mor y Ocho. donde ocupan el área selvática. Los Jodi. En este momento. se coloca de forma que podamos apreciar mejor el panorama. estado Bolívar. Se considera que la población total actual alcanza apenas unas cuatrocientas personas. La verde extensión bajo el helicóptero da la impresión de un inmenso mar. Aquí hay algo raro. nuestro súper piloto Anfictión sobre� vuela una especie de océano vegetal. y en la cuenca de los ríos Iguana y Majagua. oigo unas voces alteradas: —¡El mar! ¡El mar! —grita Muñeca. Waruwaru o Yuana. palabra que puede traducirse como “hombre” o “gente”. guardianes de la selva Se llaman Jodi. estamos muy lejos del mar Caribe. Viven en las zonas altas de la cabeceras del Cu� chivero. su idoma tampoco. con ondas parecidas al oleaje marino. —Pero no es posible —reflexiono—. estado Amazonas. por lo tanto se catalogan como pueblo independiente. Para llegar hasta ellos. Su cultura no tiene parangón en los pueblos vecinos.

Esa selva enmarañada. Peligrosos para la tranquilidad de todos. aún extrañado. las bromelias más exóticas. no se las echen de explora� dores ni de baquianos. —¿Acaso estos indígenas son peligrosos? —De ninguna manera. con su habitual ironía. —¿Será verdad? —Quién sabe… pero es cierto que algunos aventureros no han regresado jamás. ¡es la selva! Por ahora guárdense las ganas de bañarse —nos alerta. ese inmenso mar verde azulado. Afortunadamente. que pocos logran penetrar. —No se alejen —nos recomienda papá. —¡Cuéntenos de ese bosque! —Afirman las narraciones jodi que los hombres que oyen el canto de esas extrañas flores se quedan para siempre en la selva. úl� tima guarimba donde poder vivir a salvo del asedio de los invasores. las -206- . ese mar que creen ver abajo. a la vista. profunda. acceder a esa urdimbre de árboles milenarios que ha sido por generaciones refugio ideal. preparando la cámara—. —Sí —asiente papá. Y quizás fue lo que los preservó hasta ahora de la total extinción. —¡Qué paisaje! ¡Miren las bromelias! —exclama mamá de� tallando un árbol gigantesco que junto a su copa exhibe una gran bromelia abierta. enamorados de ellas. —Hasta dicen que hay un bosque de orquídeas cantoras —agre� ga Anfictión. el Coronel conoce los alrededores de estas inhóspitas regiones. Aquí no hay poblados. ya. y así despier� tan en ellos una pasión irresistible. —Despierten. perdiéndose y necesitando de los demás a cada rato. Manténganse cerca. y luego de un breve vuelo logra detener su He� lipájaro al borde de un jagüey. Son ustedes los peligrosos. —¡Así que eso era! —reconozco. ya —canturrea Superloro que ha escogido para posar� se el espaldar del asiento del piloto. hijos. —¿Cómo hacen para seducirlos? —Parece que los llaman con sus propios nombres. Viaje por el mundo indígena venezolano —Ya. las orquídeas más raras están aquí. en el cual se mece en un alarde de equilibrio. la selva es cerrada. El Chamán de los Cunaguaros. nuestro padre. es el territorio de los Jodi. Es tan difícil llegar.

poca gente lo ha visto. Muchachos. —¿Y después. monos pequeños y ciertas clases de insectos. caen las sombras. ¡Consideren. —O me equivoqué yo. tal vez veremos que ahí están el gigante y el castillo del cuento Juan y las habichuelas mágicas. —No —añade papá—. jóvenes. Los Jodi. Caminamos un rato. si subi� mos. dentro de poco será noche profunda. Lograron escapar del ase� dio español y otros peligros y acechanzas. estrecho con la mano derecha las paticas de Supermudo afincadas en mi nuca. La verdad es que se esconden tan bien que es problemático encontrarlos. guardianes de la selva pocas viviendas son difíciles de distinguir. y viven aún completamente aislados. o por enor� mes árboles caídos que los taponan y los desvían. o se mudaron ellos —comenta Anfictión con su acostumbrado buen humor—. y se esfuerza por pronunciarlo completo y sin error. La zona que habitan no ofrece posibilidades de penetración fluvial: los ríos. aunque ya le tenemos confianza al am� biente y a los naturales. lo que encontraremos es otro mundo. Los Jodi han tenido escaso contacto con los criollos. para no preocupar a nuestros padres procede� mos en apretado tropel. Desde los tiempos de la conquista se refugiaron en estas regiones boscosas de donde nunca salen. que como ustedes saben constituyen las mejores y frecuentemente únicas vías de comunicación en estas regiones. hacia atrás. Es el de la copa de los árboles que en lo más alto está compuesto por una fauna distinta: pájaros. Pimentel Napolitano nos guía. el largo y el corti� co que sería el pulgar. que aquí los árboles alcanzan alturas de hasta cuarenta y cinco metros! —¡Cómo va a ser. Nosotros los muchachos. Y tal como lo hizo mamá con mi hermana. ¿cómo se va a orientar?. ¿cómo lo vamos a encontrar? —subraya mamá preocupada. más abajo? -207- . haciendo imposible la navegación. esto que van a ver. dos deditos orientados hacia delante y dos. a la vez que aprieta la mano de Maigualida. —Parecen árboles de frijoles mágicos —agrega Ocho—. —Si alguien se pierde. que desde que vio su cerro aceptó su verdadero nom� bre con entusiasmo. pero de los indígenas… ni rastro. es decir otro ecosistema. eso es casi imposible! —exclama Mor. están obstaculizados por una serie continua de saltos y raudales.

que a la vez que los acercara a las ventajas del tercer milenio. permi� tiera salvaguardar su cultura. —¿Y qué podríamos hacer por los Jodi? —exclamo de pronto. cambiarles su esencia. los zapatos. consternado por la idea de su exigua población. El Chamán de los Cunaguaros. preservar sus tradiciones y su ambiente? En esto. —No exageren —interviene mamá— esos objetos más bien podrían trastocar su mundo. Cada uno con su propia fauna y flora. —Yo me refiero a poder proporcionarles algunas de nuestras co� modidades. por ejemplo la ropa que los abrigaría. con el apoyo de Ocho. a veces algunas culebras y así hasta llegar al suelo. juegos. intermedio. una computadora —agrega Mor. deberíamos participar todos nosotros. computadoras. —Depende de lo que llamamos “hacer” —me risposta papá en tono irónico—. Después sigue otro. muy pocas veces ha sido visitado. vuelos interplanetarios. hay aún gente tan alejada. una tarea. —¿Qué podríamos hacer por los indígenas. Allí viven monos más gran� des. medici� nas para cuando se enfermen. asumiendo cada uno un deber. expresa el asombro que yo mismo experimento. una responsabilidad directa y cumplirlos con ahínco y constancia. -208- . Internet. que fuera algo útil. se crearía una línea de quiebre en el tiempo —ríen Mor y Ocho. —Una camioneta Toyota —completa Ocho. dándole a su voz un tono confidencial y secreto: —El grupo hacia el cual nos dirigimos. se “desayuda”. Muchas veces tratando de ayudar. fue observado por pri� mera vez apenas en 1942 y desde entonces. paujíes y guacharacas. teléfonos celulares y otros innumerables avances tecnológicos. Deseoso de aportar él también sus conocimientos. —¡Cómo se ve que ustedes ven muchas películas de televisión! ¡Tienen ya los ojos cuadrados! —remato yo. habitado por pájaros y lagartijas. Viaje por el mundo indígena venezolano —Viene otro sistema. —¡En pleno siglo XXI. diversiones. con televisión. excluida y relegada como los Jodi! —Mor. libros para leer. de su automargina� miento de la vida del país. el Coronel prosigue. —Un DVD. —Claro.

de ayudar a otros. invadida por follaje y ramas. quién puede decir cuál es el bien de los indígenas. me parecen diferentes de aquellos de los indígenas que hemos observado hasta ahora: los encuentro más abiertos. elaborado con plumas de gua� camayas. que imitan el grito de los monos en celo. Guardo mi impresión para mí mismo. que no resalta en la vegetación: una armazón de palo. calidez. una apacible armonía. No se ve habitante alguno. su misma expresión. allá está la vivienda! Los entrego y regreso a mi Heli� pájaro. de bri� llantes semillas negras. sin ningún ob� jetivo relacionado con nuestros propios intereses? Proseguimos en silencio. roncos. es cierto. bien propor� cionado. a tropezones. de aspecto solemne y apacible subrayado por tiras multicolores que le adornan las muñecas y los tobillos. guardianes de la selva —No es tan fácil —reflexiona papá— hacer algo por nuestros indígenas. pero… ¿todo se ha hecho bien? ¿Todos han actuado desinteresadamente? ¿Han tenido como fin principal el bien de ellos? Y… ¿qué es exactamente el bien de los aborígenes? ¿Quién puede contestar. ahora uno detrás del otro en fila india. Volveré a buscarlos. y me dispongo a seguir silenciosamente nuestro grupo al que el jodi. cavilando sobre las palabras de papá. más serenos. el más largo. respetando su libertad física e intelectual. Admiro el brillo rojizo de su piel pintada de onoto. Su mirada refleja afabilidad. alternando pezuñas de animales combinadas con picos de ave. el único de esta comunidad que maneja algunos rudimentos de -209- . erguido. en nuestro mundo tan materialista. A mí me cuesta verla. pero apenas el Coronel y Rafael lanzan llamados propios del lugar. cubierta por un muro-techo construido con hojas de palma seje. Algo se ha hecho por los indígenas. un jodi aparece. Los rasgos de su cara. el mediano. ¿Somos capaces. Es una morada sencilla. pureza. sino ellos mismos? Un suspiro de alivio del Coronel interrumpe lo que pudiera haberse convertido en la base de un manifiesto en pro de nuestros naturales: —¡Allá. sonidos guturales. Los Jodi. Sobre su pecho se cruzan tres collares de distintas medidas y hechuras: el más corto. sólo con esfuerzo logro distinguirla. por esa trocha de monte oscura.

después de presentarse con su propio nombre. los niños llevan sólo una tirita. La etiqueta jodi —como deduzco por nuestro recibimiento— exige que a los visitantes gratos se les ofrezca comida inmediatamente a su arribo… Después de tantos sobresaltos y emociones. este refrigerio nos cae de lo mejor. Viaje por el mundo indígena venezolano español. el último hijo de Ongua. y a nosotros nos explica: —Nunca habían visto morochos. que están asando en la brasa sobre un entramado de ramas. Ongua empieza a hablar rapidísimo. Usan mucho estas tiras o tiritas que se colocan tam� bién alrededor de las muñecas y tobillos. Los de los hombres. Observo que todos los miembros de la agru� pación llevan guayucos. compuestas por algodón -210- . Tiene el cabello hirsuto. que aún no camina y está casi todo el tiempo al pecho de su madre. Algunos se alejan corriendo. y Mitu y Hoga. los de las mujeres son iguales pero más pequeños. híspido. carne de picure y trozos de yuca envueltos en hojas de plátano. a musgo. para tenerlo yo también en brazos. porque una vez fui a un pueblo de misioneros. aspiro el olor montaraz de su pelo. Los niños empiezan a llorar. Nos atienden en la amplia cocina donde se reúnen la esposa. Pero ellos creen que tus hermanos traen un es� píritu maligno que los castigará. Kaima. y sus ojos rasgados parecen interrogarnos mansamente. Luego de tranquilizar a los suyos dándoles la mejor explicación que pudo en su lengua. La cultura indígena es estructurada. el de Ongua. El Chamán de los Cunaguaros. Esa reacción es la más fuerte de las que hasta ahora la presencia de mis hermanos morochos había despertado en los grupos indígenas. aromáticos cangrejos de río. Lo que no nos esperábamos era que todos los Jodi huyeran despa� voridos al llegar nosotros. tienen forma rectangular y ellos se los amarran a la altura de la cadera me� diante un cinturón de fibra o una correa tejida de cabello humano. las muchachas se tapan los ojos. quien me sonríe con calidez. su piel limpia. el hijo mayor. Otros. Notamos con regocijo que forma parte de la familia también un bebé. tiene sus propios cánones. Mamá quiere cargarlo un rato y luego se lo pido. Estrecho ese bebé de grandes pupilas inocentes. se arriman en un rincón y se estrechan. de algodón. las hijas aún niñas de nuestro anfitrión. casi protegiéndose. Patomu. acorra� lados. como tratando de calmar a su gente. ha invitado a entrar. Se lo devuelvo a Kaima. olorosa a hierbas. Yo sí. Ongua nos invita a comer.

armoniosas. es fácil reunir las hebras completas y trenzarlo para hacer adornos. pero la miel silvestre que recolectan es el alimento más apreciado y más codiciado. inclusive orugas que despren� den de la corteza de los árboles o ensartan en un palo puntiagudo introducido entre las ramas y hojas de pequeños arbustos. que tienen la función de platos. apiladas en un rincón. y para calmar nuestra sed. y que aquí. rojas de peonía. de las cuales saben extraer el veneno con gran habilidad para que no haga efecto al comerlas. La comida se inicia con una sabrosa sopa de plátano rallado. indistintamente de hombre o de mujer. disfrutan sobremanera unas arañas grandes. esta tarde. la recolección de frutas de palma y la pesca de cangrejos tan abundantes en los caños pedregosos después de las crecientes. Como ambos sexos lo tienen tan largo y tan sano. ellos también aprovechan el fruto del taparo para hacer las totumas. más estrechas en la boca. que entrelazan con una aguja muy afilada de hueso de mono. en forma de pez. imitando tortugas. miel y jalea de las colmenas diluidas en agua. el plátano es el principal producto agrícola. son importantes. las secan al sol y luego las cuecen en simples hornos de piedra y leña. Admiramos. Algunos jodi tienen el lóbulo de la oreja atravesado por un canuto de caña o de colmillo de caimán. adornadas por un borde que luce una decoración exterior punteada. de semicírculo. Los más llamativos están conformados por plumas. su carácter entusiasta. van y vienen constantemente: salen -211- . Entre ellos. Los Jodi. que yo ya había observado entre los pemónes quienes las llaman arañas pollito por su sabor a pollo. pulseras y cinturones. marrón oscuro de ojo de za� muro. vasos y cucharas. tal vez eso es lo que man� tiene su vivacidad. Los hay de semillas negras de parapara. lo que hacen después de asarlas sobre hojas de higuera silvestre. la caza es fundamental. Las moldean con la arcilla roja y fuerte que se da al borde del río. guardianes de la selva y cabello humano. Papá me insta a que me fije en los collares que quizás se han puesto para dar un carácter de fiesta a nuestra visita. Como todos los indígenas. alas o picos de pájaros y pezuñas de báquiro recortadas en fragmentos de un centímetro. En ella encontramos tam� bién aquellas costumbres extrañas para nosotros que ya conocemos: comen gusanos de muchas variedades. La alimentación de los Jodi es variada. las vasijas de barro que ela� boran los Jodi. anchas en su parte central.

especialmente cuando Superloro toma parte en la representación. se acerca a Superloro con las alas abiertas y baila también girando sobre sí mismo. su reluciente cabello largo. el joven Patamu se acerca tocando suavemente una armo� niosa flauta. Ladea su cabecita como queriendo escuchar -212- . periquitos. grullas. hola. Son los animalitos silvestres que los Jodi capturan en sus salidas de recolección y cacería. bailan. perdices. entablan cómicas luchas. ¡Increíble! El espectáculo es de primera. lechuzas. Superloro. chigüires. quizás una señal tan esperada. nos vienen a la memoria otras notas similares. y luego do� mestican y crían como compañeros de juego para los niños: monos. entra la oscuridad. loritos. los animalitos se lucen con sus mejores gracias y habilidades: saltan. Entre el humo de la hoguera. ¡rrr. sus ojos de mirada enigmática. lo que nos despierta una remembranza lejana. hola! Superloro. brr! Su homólogo colega plumífero no se queda callado: —¡Đ∆ĭĕðĕØö¥ÿĕĕ¤! La respuesta del otro loro en el habla jodi. Aplaudimos y nos reímos hasta más no poder. En el mágico tono de la melodía se nos antoja un presagio. Viaje por el mundo indígena venezolano vacías hacia el fogón y regresan llenas de diferentes víveres aderezados con caracoles y camarones de río. El Chamán de los Cunaguaros. Al escuchar el cautivante sonido. hablan y cantan. el frío se cuela en la vivienda. picures. luego se abrazan entre sí y con sus amiguitos jodi. Detalla� mos su cuerpo delgado pero firme que se recorta en la habitación. Al son de la flauta esta noche tenemos hasta teatro: lo protago� nizan unos actores de excepción. Superloro despliega su copete amarillo y como iniciando una amistad. tuca� nes. rrr! ¡A jugar. hola. nos arrimamos al fuego. a jugar! A este punto un loro real muy parecido al nuestro reclama su rol en el espectáculo. en la semipenumbra de la noche que cae. porque nadie habla español! Dirigidos y ayudados por Patamu y las dos niñas Mitu y Hoga. saludan. deja al nuestro con un aire de desconcierto. pájaros carpinteros… ¡Un zoológico completo! ¡Aquí hay que abrir bien los ojos. Reina animación en el ambiente. lo saluda: —¡Hola. volando y girando de un hombro a otro mientras tirita: —¡Hola. Muy entusiasmado al ver a otro de su especie. se persiguen entre ellos. sus bellos collares y atavíos de plumas. pavas. Superloro.

tan selvático. Se había caído del nido. imitando la risa del jodi. y empiezo a mecerlo rascándole la coronilla. —Pobre loro. muy atinadamente: “¡A dormir. pana! —le susurro. —¿Como qué? —Por la mañana me llama fuerte: “¡Buenos días Telio!”. de ninguna! Lo traemos de Caracas. —¿Qué sabe decir tu loro? —Muchas cosas. Por fin se decide: —¿Cómo tienen ese loro con ustedes? ¿De cuál comunidad lo sacaron? —¡No. a dormir!”. y así me despierto con rapidez para ir a la escuela. —¡Pero no creo que haya volado hasta allá! ¡Y sé que en Caracas no hay loros! —Nos lo trajo un amigo yukpa. a la cual brinca de inmedia� to. Kaima nos lleva a una vivienda ubicada detrás de esta. Los re� petidos fogonazos dirigidos a los extraordinarios actores confieren al ambiente un halo de luminosidad que nos conforta. le di tetero. —¡Tú no entiendes eso. y se quedó en familia. Es la señal. estaba pichoncito y todo picotea� do. Para mayor sorpresa. Ongua se ríe a carcajadas mostrando sus dientes blanquísimos. Alrededor de cada uno -213- . Parecía querer decir algo. lo tenía siempre cerca de mí. casi de ver� güenza. luego papillas. Yo me encargué de él. luego empezó a volar y hablar. y para consolarlo le tiendo mi dedo. Es muy tarde. y todos lo imitamos durante un buen rato. yo también mortifi� cado. Los Jodi. Me había dado cuenta de que hacía rato Ongua miraba con ex� trañeza a Superloro. Superloro empieza a reír también. Papá había conseguido durante la comida el beneplácito de nues� tro anfitrión Ongua para tomar fotos. viviendo con una familia de cara� queños que los han desarraigado de su ambiente —reflexiono—. y ya ha disparado los primeros flashes para familiarizar con ellos a nuestros nuevos amigos. Superloro bosteza estruendosamente acompañado por Maigua y las hijitas de Ongua a la vez que grita. que ya tiene encendidos dos fogones. vive allá con noso� tros. y a todos nosotros nos da un sentimiento de pena. si volviera aquí tal vez recordaría su idioma nativo. guardianes de la selva mejor. lo crié con cariño.

Es él. tratamos de penetrar con la mirada la penumbra de la choza que la débil fogata no logra vencer. cerca del otro fogón. No falta uno mínimo para Maigualida. casi como un grito. Destellos de luna rebotados de las estrellas encienden chispas alrededor de su figura. No se borra el gesto fiero y pensativo de su rostro. y si se caen. reforzándolo luego con tiras transversales. caen sobre ella! A continuación nos indica nuestros chinchorros. refugiado en lo más alto. como con una corona invisible -214- . ali� mentado oportunamente por una sombra silenciosa: Ongua. nuestro bondadoso anfitrión. ¡Es él. Presto atención. las de las niñas y del bebé colga� das por encima de las grandes. Me incorporo y advierto que al mismo tiempo lo hace papá. que no se esperaba una sorpresa tan extraordi� naria! Se duerme abrazada a la pequeña criatura de hermosa melena leonada y quizás sueñe con pertenecer a una selvática familia de estos diminutos seres. Luego se aleja con su séquito feli� no. haciéndole comprender que es sólo hasta mañana. se oye el bramar de un venado en celo. El fuego arderá la noche entera. Para protegernos del frío. Una flauta. la oigo siempre más y más cercana. desde lejos. fuerte. Yo también me acuesto. Viaje por el mundo indígena venezolano están suspendidas en forma de triángulo varias hamacas de algodón. el chamán! Clava en mí sus ojos amari� llos como las pupilas de los cunaguaros y yo bajo los míos. se queda muy a gusto. se va acer� cando. escon� dida su coronada testa de loro real en el hueco del hombro. nos enrollamos en nuestros lechos col� gantes que bien sirven de cobija. inmedia� tamente. que se recuesta ense� guida apretando entre los brazos un monito tití que las niñas Jodi le han prestado. siempre encaramados en lo alto de los árboles. Contempla largo rato a mi padre. lleno de una majestad impalpable. a mis hermanos y a mi madre dormidos. que a su vez lo contempla sin hablar. Siento mi corazón acelerarse cuando presiento su paso. Nos enseña las de su familia. Allí. melodio� sa. bien dormido. En silencio. Chisporrotea el fuego. pasa un ave nocturna de ligero vuelo. El Chamán de los Cunaguaros. porque Supermudo ha encontrado de su completo agrado uno de los dos postes verticales alrededor de los cuales está enrollada horizontalmente la fibra con que han elabo� rado mi chinchorro. ¡Qué tierna esta costumbre! ¡Mamá jodi duerme con sus hijitos al alcance de la mano. Solo. sencillas y espaciosas. ¡Es suficiente para ella. el chamán.

a comer! —y nos invade el aroma del café recién colado en el fogón de la cocina por Carmen. Papá ya empieza a traficar con las películas. guardianes de la selva en las sienes. tal vez —murmuró en voz muy baja como arrancado de sus hondas meditaciones. No logro volver a conciliar el sueño. baja de su morada celestial y nos brinda el calor de su protección especial. y tomé con ellos café con miel en una totuma honda. La una. Mantengo cerrados los ojos. Me siento des� cansado. buenos días. cazador incansable. las dos. no tanto por su elegancia. Me senté junto a papá y al jefe jodi. el olor que tanto temen las lapas y los picures. las tres de la madrugada. Me despiertan los graznidos de Superloro: —¡Hola. ese bello artefacto de brillante niquelado del cual me siento muy orgulloso. hola. mágico. Su flauta tiene cualidades curativas. que tanto aprecia su cafecito mañanero. como pocas veces. entre esperanzado y temeroso de que volviera sobre sus pasos y nos hechizara con un ademán o con un conjuro de sus labios. me quedo realmente dormido. por nuestra gente. —¿Y quién es él? —¿Que quién es él? Un jodi sobrenatural. Me vienen a la memoria las palabras de Ongua cuando apenas acabábamos de conocerlo: —¿Les llegan visitantes? —El que siempre viene por aquí es nuestro jodi sagrado. ¿de qué hablas? Me conformo con la respuesta. sino porque mide el tiempo con absoluta precisión. que siempre carga un cucurucho en su equipaje para complacer a papá. el rastro del cunaguaro. por nuestras tradiciones. Los Jodi. Respiro hondo. —Creo que tuve una pesadilla ¿verdad papá? —Tal vez Filatelio. fortalecido. Aprovecha el frescor del amanecer para tomar fotos -215- . Pulso la ruedita que ilumi� na el cronómetro. con poderes divinos. señor de la selva y los ríos. que conversaban en voz baja. Y luego—: Filatelio. Por fin. que después del nombre estrambótico me regaló con especial cariño mi abuelo de Maracaibo. Él nos vi� sita con cada luna llena. gravemente. el Cha� mán de los Cunaguaros. su presencia hace fruc� tificar la tierra. Flota en el ambiente un almizcle agridulce. Su palabra hace crecer en nuestros corazones el amor por lo nuestro.

Para la caza de animales mayores utilizan lanzas con puntas de metal y a veces de piedra. que están apoyados en el piso o colgados de las paredes en gran orden y limpieza. Los Jodi no poseen arcos ni flechas. Viaje por el mundo indígena venezolano del interior de la vivienda. que vemos alineadas en el suelo a lo largo de la pared de -216- . El Chamán de los Cunaguaros. de los instrumentos. y para los pequeños las cerbatanas.

ar� dillas. y si los ca� zadores fallan en acertar debido al reducido tamaño de las presas. Los Jodi. equipadas con una buena cantidad de dardos apretados en los carcaj. La cerbatana es un arma silenciosa. abierto arriba y cerrado abajo en -217- . con varillitas del monte que aguzan con extrema rapidez y destreza —remarca mi progenitor—. ¡Qué bien las detallé. ese terrible y misterioso veneno vegetal de los indígenas. La bo� quilla es bastante ancha. Sé que no debo tocar los dardos. —¿Y los dardos? Míralos. mezclado con saliva. elaboran otros de inmediato. porque sus puntas están frecuentemente untadas con curare. —Varían. —Muy probable. para que los cazadores puedan soplar intro� duciendo los labios en ella —me aclara papá. Aquí casi todo lo hacen con la palma seje. Cuando se solidifica lo ablandan me� diante fuego. —Los alcanzan. me felicito yo mismo! —¿Qué longitud tienen por todo las cerbatanas? Calculo rápidamente. —Pero no siempre se preocupan en rescatar los dardos que no han dado en el blanco. Observa bien las cerbatanas. Así lo hago. monos. Así lo hago. —Luego está la caña interna. que paraliza y mata las víctimas. después el tubo externo —prosigo yo— y el cuarto elemento es un tubito que recubre y protege unos quince centímetros de la caña interna. pavos y pájaros. para que me ayudes luego a comentar las fotos que tomamos. pero no los toques. papá. tienen la oportunidad de volver a disparar con el mismo dardo. y le transmito en voz alta mis observaciones mientras él cambia los rollos: —Estas cerbatanas tienen cuatro partes —empiezo—. para que no merme su acción instantánea. el cual sobresale en el extremo opuesto de la boquilla. Creo que están hechos de corteza de seje. entre treinta y cuarenta centímetros. —Pero el carcaj —continúo después de examinarlo bien— es un trozo de caña gruesa de bambú. guardianes de la selva fondo de la vivienda. y cuando éstos se agotan. Filatelio —me pide a continuación—. ¡Son bien largas! —Me parece. que pueden alcanzar los tres metros —aventuro con cierta duda. que los cazadores aplican en forma líquida.

al menos unos tres metros. Después de retratar las vasijas salimos. origina� do desde hace siglos. llevan a cabo con asentamientos criollos ofre� ciendo sus cerbatanas y las vasijas que tanto nos llamaron la atención ayer. Por cierto. despertados por el vuelo desordenado de Superloro que en su prisa por seguirme. a la luz brillante de la mañana divisamos otras habitaciones de hojas de palma. para salvarse del asedio español y de los traficantes de esclavos que compraban y vendían indígenas. Una vez afuera. de la cual jamás salieron. Ayudo a papá que quiere montar el trípode. —¡Buenos días! —la vocecita de Maigualida acompaña dos so� noros besos. también los criollos recolectores de pan� dare. desde la época de la conquista. papá? —Seguramente están asustados. varios muchachitos jodi se nos acercan de entre las hierbas altas donde habían estado escondidos. las puntas metálicas de estas lanzas las fabrican con hojas de machete o cuchillos afilados. al lanzarse del poste de ma� dera se ha enredado entre tantos chinchorros. que una vez al año en alguna expedición. El Chamán de los Cunaguaros. Es un miedo ancestral. ellas tam� bién. mientras los morochos empiezan a desperezarse. y comenta: —Fíjate hijo. Contempla luego las puntas de las dos lanzas. cuando tuvieron que refugiarse en esta lejana zona de la selva. algunas con techo de caña brava. padre. caucho y balatá. raptándolos en sus lugares de origen. voy a fotografiarlas ya. —¿Y cómo las consiguen? —Mediante trueque. Poco después. hasta que se empezó a recurrir a la fabricación de productos sintéticos. con métodos crueles. Más tarde los explotaron cruelmente. se alma� cenan las lanillas de ceiba que usan para la elaboración de dardos nuevos. Viaje por el mundo indígena venezolano forma natural por un nudo de la caña. observándonos. a la vez que me explica: —En la parte inferior del carcaj. ¿qué es esa lanilla? Papá se acerca con una nueva película y toma de cerca algunas vistas del carcaj que yo estoy describiendo. Por eso es que en la actualidad quedan sólo -218- . —¿Acaso nos tienen miedo. obligán� dolos a trabajar para ellos. más abajo del nudo. a traer otros lentes. sorteando selva y río. largas. Y ahora dime.

con las nalguitas al aire. ¿O acaso lo es? A lo mejor. y la música no tiene partidos. Por una vez. introduce uno en su propia boca. libres y sueltos en sus cor� dones. a través de los niños. En eso vemos que Maigualida les tiende a los niños unos ca� ramelos que le ha dado mamá. en el comienzo. que todos los indios son americanos! —exclamo en voz alta. no obs� tante sus ojos claros y sus ricitos rubios. ¿Todos los americanos somos indios? ¡Pero lo cierto es. —Será lento y difícil volver a ganar su confianza. Los Jodi. con su guayuco ye- kuana y los collares de semillas de peonía que le han puesto. Juegan con un aro que han elabora� do con presteza amarrando un bejuco. Ahora papá les está tomando fotos. Uno de ellos lo lanza en un espacio abierto. No se quieren quedar atrás y cantan: Pajarillo verde. ¡Acertaron! Este compartir con los indígenas ha constituido un gran aporte a nuestro crecimiento como familia. —¿Saben que esa canción era el himno de los antigomecistas? —se sorprende papá. —¡Nosotros no somos políticos! —exclaman a dúo los moro� chos—. guardianes de la selva pocos centenares de Jodi. y les ofrece los demás. Muñeca. Han cesado las controversias. qué te puede dar un indio pajarillo verde por mucho que yo lo quiera ay ay ay ay una cesta de cangrejos pajarillo verde. tratan de atravesarlo con un -219- . La niña los desenvuelve. lo somos todos. Su rostro se suaviza en una sonrisa. pero ocultos y recelosos. se confunde entre ellos. corriendo. Ellos la interrogan con una mirada seria y desconfiada. celebro su agudeza. las peleas. las rencillas antes tan frecuentes. se agrega el entusiasta consen� timiento de los morochos que acaban de llegar. que viven fieles a la tradición. parece una indígena también. Al fin extienden la mano y los aceptan. como yo pensaba antes. A esta conclusión que me alegra. Los demás. y eso será cuando llueva. Seguimos observando a los niños jodi. especialmente entre los dos ceritos. —Quizás —me contesta papá— establecer la comunicación nos sería más fácil si lo hiciéramos.

Comprendemos que no se trata de un jugue� te. sino de un instrumento de caza. El otro morocho inventa un silbido de paují fuerte y certero que hace que la marcha jodi se detenga por completo. El cazador -220- . El que lo logra de primero. muy compenetrado. quizás previo al definitivo. comienza a silbar como un tucán en la espesura. Han comprendido. Me gusta imaginarlos ensayar la imitación de los cantos de pájaros. y el juego continúa… Da gusto ver cómo se entretienen. Largo y vibrante. y algunas para animales mayores. Los miran y les sonríen con simpatía. que se considera un asunto estrictamente individual. El enfoque de su cámara cambia sólo cuando se acercan. adelantán� dose algunos pasos. Tengo la impresión de que van a practicar las diversas técnicas de la cacería. Los adolescentes hacen más lento su paso y nos observan asombrados. bien afiladas. elaborando en conjunto trampas para pájaros. un recur� so para atraerlos. después de saludar cariñosa y burlonamente a los niños. Me comentan que han averiguado que los jóvenes jodi deben además ejercitarse en la cacería del báquiro. casi marchando en una ordenada cuadrilla. O bien ocultos en un mirador cuyos costados han cubierto con hojas de palma o platanillo. cerca de un árbol frutal donde caen frutos maduros que sirven como alimentos a varias bes� tiecillas. con puntas de la misma madera. Luego reanudan su procesión. El Chamán de los Cunaguaros. unos muchachitos un poco más grandes se entretienen entre juego y trabajo. Mor y Ocho no resisten la tentación. no sin antes repetir a la perfección los silbidos de los morochos. al borde de la choza. —¡Míralos cómo gozan! —subrayan los morochos. —¡Parece que nos entendemos! —exclaman contentos los dos ceritos silbadores. como un saludo alegre. se convierte en el lanzador. unos jovencitos que empuñan lanzas no tan largas. Papá sigue sacando fotos. el sonido los alcanza. al cual como mínimo hay que velarlo toda la noche. Viaje por el mundo indígena venezolano palito. Un poco retirados. y es muy arriesgada. Uno de ellos. y los muchachos aguardan en vilo para no espantar al animal hasta que antes del alba él mismo se acerque. entre cantos y gritos. hechas de una variedad de bambú. con esa diversión tan sencilla y sana. No se detienen y siguen a paso acompasado hacia el bosque. a las cuales acechan. O quizás preparándose para apresar un venado.

He aquí que se adelanta un indígena especial. o cunaguaros. ancianos y niños. Con movimientos de una lenti� tud extrema. Cuando deciden ata� car su presa. Los niños embadurnados y hartos de miel y jalea. guardianes de la selva empieza por aprender a localizar las manadas. tiene lugar el más delicioso festín. una especie de pértiga. hombres. lo que es esencial para no perturbarlas. Luego quiebra el panal y a continuación. Los Jodi. Comemos la miel allí mismo y nos llevamos las abundantes sobras a las casas. Es seguro que encuentran emocionante esta actividad. pues el báquiro es un animal sumamente peligroso por su fuerza y voracidad. o caminan� do a través de la selva hasta hallar huellas. se ocultan con sigilo detrás de un grueso tronco. ¡una colmena completa! La habían guardado para obsequiárnosla y recogerla junto con nosotros. excrementos que indiquen en qué dirección se des� plazan. mujeres. anticipando el banquete que se van a dar. y así se lo hago comprender a Superloro. Actúa con tanto sigilo y tanta cautela que sus movimientos parecen en “cámara lenta”. juegan y ríen gozosos. muy despacio se aproxima y valiéndose de un palo largo. en un clima de suspenso y de exaltación. Al caer la tarde. Los demás se retiran unos pasos y él con gestos y conjuros. siguiendo técnicas antiguas que lo protegen de las terribles picaduras. pero en el más completo silencio para no asustar a las abejas. mientras los mapires -221- . Nos indican que así debemos hacerlo también nosotros. espanta con humo a las abejas que huyen a buscar otro refugio. con su característica varita atravesando la nariz. llegamos hasta el tronco de árbol que protege la colmena completamente callados. entre voces y cantos. guiándose por el fuerte olor característico que despiden esos mamíferos. plantas pisadas o quebradas. Ungua nos tenía una sorpresa: en días anteriores a nuestra lle� gada habían hallado en el tronco de un árbol. Nosotros nos apartamos también. que sabe de este arte milenario. trepar como monos o lagartijas y desde allí acechar al animal como si ellos mismos fuesen pumas. a fin de treparlo inmediatamente en caso de ser descubiertos y desde allí poder disparar sus lanzas. en plena selva. que en esta ocasión debe volverse de verdad Supermudo. en la que se ven obligados a encaramarse con agilidad a los árboles. expectantes. pistas. logra bajar el panal y depositarlo en tierra cuidadosamente. Los Jodi caminan contentos. Para buscarla salimos todos juntos. el encantador de abe� jas. según el decir de papá.

Luego un se� gundo. despertando la envidia de mis hermanos. Por cierto. Volvemos al poblado felices de haber participado en tan exquisita y singular excursión. atándolas por las patas traseras y delanteras: así es más fá� cil transportarlas. a unos cincuenta metros de nosotros. Y yo los imitaba expectante e impre� sionado. lo flecharíamos o le arrojaríamos la lanza. sintiendo que estaba viviendo una de las más interesantes experiencias de mi vida. grandes y oscuros. Pero pesan bastante. rompiendo ramas y hojas. Un extraño tro� pel. Viaje por el mundo indígena venezolano repletos de taparas cargadas de miel anuncian el fin de la jornada. Patomu y dos muchachos avan� zan rápidamente y se encaraman en lo alto de un bucare frondoso. Me habían dado una lanza a mí también para defenderme en caso de necesidad y yo trataba de llevarla al igual de mis amigos jodi. Las cer� teras lanzas de los Jodi los han matado en segundos entrando por el cuello. y cuando apareciera un báquiro. eso era todo. gruñidos y jadeos. Todo eso me desconcierta. Los demás huyen hacia la selva. Otros se quedan conmigo. mientras nosotros al fin bajamos del árbol. ¡Pero yo no veía el menor riesgo! Caminá� bamos por la selva. mientras la manada golpea el tronco con horrendos topetazos y agudos gruñidos. Los veíamos galopar hacia nosotros gruñendo y cuando me percaté de sus enormes colmillos corrí hacia el árbol con los de� más. ame� nazantes. Son los machos más viejos del grupo. Muy oportunamen� te me tienden la mano y me hacen subir. muy ufano. Eran varios. El Chamán de los Cunaguaros. Al despuntar el día. y sin que nos picara ni una sola abeja. Adelantaban sigilosos. A mí junto con Patomu nos -222- . tratando de no hacer ni el más leve ruido. sintiendo su fuerte aliento en mis talones. El grupo se dispersa de pronto. Sobreviene un ruido hosco. inclinados entre la maleza. Mis compañeros cortan varas gruesas. ¡La cacería del báquiro! Había aceptado feliz. Los báquiros nos embestían. donde es menos densa la piel del animal. Patomu y sus primos me hicieron señas de seguirlos y de adentrarme con ellos por un sendero bosco� so. y de ellas amarran sus tres presas. no imaginaba la suerte que en la madrugada siguien� te me tocaría. dejando un rastro abierto en la espesura. a quienes no les habían ofrecido participar en la aventura. por entra� ñar considerable peligro. Súbitamente un báquiro cae herido de muerte. unos raros rugidos… Salieron del bosque inesperadamente. y otro más.

quien ha logrado fotografiar y filmar. '¡pero nos hemos entendido muy bien! —ex� clamamos satisfechos. guardianes de la selva toca cargar el báquiro más pesado de todos. que no conocen el español. Mientras tanto. vive en el agua de donde pocas veces sale. que ha pasado las noches en el helicóptero y las horas del día explorando los alrededores. El más exaltado y feliz es nuestro fotógrafo Rafael. la impresionante cacería del báquiro. si las tienen. dando a su vozarrón unos tonos tenebrosos—. —¿Estamos listos? —pregunta en efecto. —Así se habla. Al despuntar. regocijándose al pensar en los festines que tendrán en los siguientes días. Véspero. En las selvas cercanas a los do� minios de los Sape y de los Jodi se habla de la leyenda de Mawadi. —Vamos a darle un compás de espera —ofrece cortésmente el Coronel—. Es un ser mítico. y se lo re� lata con detalles al Coronel. -223- . ¿En esa selva tan intrincada y solita� ria. te da una cesta a medio tejer y te pide que la termines. ¿no salen fantasmas? ¿Por aquí no hay narraciones fantasmales? —No es exactamente el tipo de preguntas que me gusta con� testar. Entramos en la aldea triunfantes y todos nos salen a recibir. Me temo que no les habrá sido tan fácil conversar con los Jodi. aseado y pulcro en su uniforme se presenta puntualmente nuestro Anfictión. por lo menos nosotros —habla Mor en nombre del número Ocho—. Ha logrado apresar algunas y las guarda con cuidado en una taparita que él mismo había arrancado de un árbol. al recordar el maravilloso teatro animal. —Estaríamos. puedo aclararles algunas dudas. pero voy a complacerte —consiente el Coronel. o mejor se hace —aprueba Anfictión—. las extraordinarias secuencias. —¿Y después? —preguntamos en suspenso. Los Jodi. vaciado y perforado con agujeros pequeños para llevár� selas a su General. ¿En� tonces no hay preguntas? —Preguntas sí tenemos. alta en el cielo. la estrella de la tarde. Cuando uno lo encuentra en la floresta parece muy cariñoso. y persiguiendo las hermosas ma� riposas rojas típicas de la región. ¡Es la hora de la partida! Debemos reunirnos y aprestar nuestro equipaje. personalmen� te. —Conversar no. pero… mamá no aparece. en blanco-negro y en colores. la apasionante excursión en pos del panal de abejas y yo.

“para cualquier emergencia”. Me acerco a un techito de hojas de palma. convencidos. te encierra en ella y te lleva para comerte. prepara con mucho cui� dado otro tetero. Al ver el trabajo mal hecho el Mawadi se molesta mucho. disolviendo algo en él. le cuenta un relato y después se lo come. al observar a mamá junto con Wayasury. A su lado. el maletín de enfermera de campo está abierto. búscala. Mamá. pero una escena inesperada me hace retroceder. —Exactamente —confirma el Coronel—. Le da conversación. —El Uruturú se acerca poco a poco al hombre que atraviesa la selva y se convierte en hombre también. con un niñito en los brazos. —Mejor no cruzar la selva solos. mamá sigue sin aparecer. sentada en un chinchorro. con Mereka: a -224- . arropado en la cobijita rosada de Maigua. el Coronel tiene un repertorio fantasmal insospe� chado. los morochos. —¡Qué susto! ¡Me da escalofríos! —Entonces hay que tejerla mal —acotan los morochos a una sola voz. trata de cal� mar su llanto y proporcionarle algún alimento en uno de los teteritos de los cuales se proveyó antes de salir. lo que yo aprovecho para burlarme de su nerviosismo. en piedra del camino. que al decir de los ancianos se transforma a veces en persona. —¡Es sólo una leyenda! —ríen los morochos pero súbitamente se sobresaltan al oír un resoplar que resulta ser el graznido de Su� perloro. te lo quita. —¿Qué animal es ese? —Es un tigre raro. —A mí menos —puntualiza Mor. y tú puedes aprovechar el momento para huir. te grita. donde me parecía ha� ber visto dirigirse a Carmen con una jodi. —Esto no me está gustando nada —murmura Ocho. —Y no han oído hablar del tigre Uruturú? Al parecer. —Ve tú. guiada por su voz. De cuclillas en el suelo una indígena. convertido de nuevo en jaguar. A todas estas. llámala —me insta papá. Experimento ahora la misma sensación que me embargó entre los Yekuana. no queremos aprender a tejer cestas —se comprometen. El Chamán de los Cunaguaros. —Pero por si acaso. entonces —concluyo yo. Viaje por el mundo indígena venezolano —Si la terminas bien. se dedica a arreglarlo.

¿nos vamos? —Sí. y aplicarlas? —No —sonríe mamá—. ese era el mismo que hablabas con Wayurami? —Ocho. son hermanas. al bebé le preparé un tetero de flores de manzanilla y le disolví una aspirina infantil -225- . Suavemente. —¿Pero mamá. no tanto. el italiano hay varios lenguajes: el de los músicos. nos tenemos que ir —susurro casi avergonzado por interrumpirla. los botines de cuero. estaba enfermo. le entrega el niño ya dormido a la indígena. —¿Qué estabas haciendo? —pregunta papá. Estos in� dígenas son muy cautos en lo que atañe a sus críos. siempre pendiente de las muchachas! —me agreden los morochos al unísono. el alemán. quiere puntualizar. sabrán que además de varios idiomas. el fran� cés. el de las mamás. —El de los borrachines. —Lo sé. mamá. —El mismo. —Una gran calentura y tos. no les gusta darles a sus hijos nuestras medicinas. quizás enfermo. y el niño está recién nacido. Recoge el maletín. mamá pertenece a este mundo indíge� na. —En el idioma de las madres —susurra Carmen. mi amiga yekuana. las medias to� billeras. el de los ena� morados… —¡Ese es el tuyo. Ella. Mamá me ve. Luego. y con esto me gané su confianza. los pantalones de dril. ambas son las madres del pequeño jodi llorón. —¿Es posible? —esta vez me sorprendo yo— ¿Ya sabes prepa� rar las hierbas medicinales. de qué? —indaga papá. entre serio y burlón. —¿Cómo lo curó? —pregunta curioso el Capitán—. Pero se las enseñé a la ma� dre. —¿En qué idioma? —se informa la voz irónica de Mor. —Dándole a su amiga jodi una clase de medicina —contesto yo por ella. el de los payasos. y la jodi envuelta en sus collares de rojas semillas y su breve guayuco de hojas. Los Jodi. Las últimas recomendaciones se las da en un cariñoso murmullo. Salimos. me llama: —Filatelio. Lo curé con hierbas de Wayurami. Aquí las noches son frías. guardianes de la selva pesar de la franela de algodón. —¿Qué tenía el niño. —¿Qué? —Sí. ¡ustedes! —replico yo. Aunque ellos las tomen.

—¿Qué es ese ruido. —¡Ángel. y que tenía el mismo efecto que las hierbas. Como ella comprendió. Estoy segura de que la fiebre se le quitará en pocas horas. Helipájaro y yo mismo les hacemos este regalo. pero solícitos y colaboradores. -226- . —Caramba. sus amigos. es así como la denominan los indígenas. Mamá tiene muchas cualidades y aún más: dedicación. ha� cia el helicóptero. afecto. ángel! —apoyan Muñeca y Superloro. Coronel —gritamos todos. Precedidos por el Coronel. la más grande del mundo. Que esperan algo más de nosotros. una de nuestras maravillas. la contemplan desde lejos con veneración. como rugido misterioso? —pregunto. —Es ciertamente un rugido. el rugido de Kanaima. colaboración. silenciosos. La creen formada por los cabellos de un ser humano y le atribuyen un significado sagrado. una mano permanentemente tendida hacia ellos. pero a la vez sorprendidos. temporal: quizás aprobación. algunos Jodi se nos unen. comparable a los de las maravi� llas del mundo. Viaje por el mundo indígena venezolano adentro. —¡El salto Ángel! Gracias. amor y deseo de ayudar. un rumor lejano pero im� presionante nos hace enmudecer. Esta vez. Nosotros sabemos que sí lo es. Papá y mamá se miran como si supieran algo que nosotros ignoramos. Nunca se le acercan demasiado. recorremos el camino a la inversa. Sabemos que les gus� taría volver a vernos. haciéndole ver que esto era lo mismo. y el deseo de volverlo a ver. que los acerque a nosotros sin forzarlos. sin arrancarlos de sus tradiciones. Al poco de haber levantado el vuelo. algo más que una simple ayuda. Asimismo lo hacemos nosotros. lo que significa algo como larga cabellera. ¡Cuente usted con toda mi admiración! —No es nada importante —se defiende azorada. Nos queda el recuerdo de este inolvidable paisaje venezolano. la voz de nuestra fascinante catarata. Nuestra ruta no la incluye. con sus conocimientos y su psicología —dice el Capitán— sería usted una valiosa ayuda para cualquier an� tropólogo. doñita. Los sentimos amigos. —En realidad esta caída de agua se llama Churún Merú. desviándonos a unos cuantos kilómetros de la impresionante cascada. El Chamán de los Cunaguaros. le enseñé a preparar otros teteros con los mismos ingredientes. pero protegidos por las condi� ciones atmosféricas favorables.

acción o decisión. identifica� das con las necesidades de esta gente. deberían estar basados en estudios de las condiciones humanas. -227- . y la nubosidad a veces se con� vierte en llovizna punzante. Las acciones dirigidas hacia nuestros aborígenes. de esta grandiosa naturaleza. donde una inmensa red vegetal se extiende por kilómetros. no pue� den ser improvisadas. guardianes de la selva Mientras volamos hacia otras regiones. en reflexiones con fundamentos científicos… ¿Quiénes son realmente los llamados a acercarse a ellos. se ha convertido. y ha tratado de llamar a un despertar de las razas y etnias indígenas. Como el Chamán de los Cunaguaros. a dirigirnos a noso� tros en la colaboración que se les quiera prestar? ¿Los gobernantes? ¿Los políticos? ¿Los misioneros? ¿Los maestros? ¿Los antropólo� gos? Quizás un equipo interdisciplinario formado por todos éstos. con su consenti� miento. en vínculo entre ellas. intento. en puente de confluencia de tantos sueños e inquietudes. hoscos pensamientos cruzan por mi mente. que ha tendido lazos de co� municación entre estas culturas. Cualquier viaje. exploración. pero con la participación de algunos representantes de los mismos indígenas. Deben ser personas comprometidas a fondo. Los Jodi.

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a través de dibujos que mi padre me dio diciendo: “Esta es tu madre”. Ocupa el lugar de mi madre y es como ella. como las piedras brillantes de los ríos son sus ojos color de miel húmedos y lentos al posarse sobre las cosas. exacta. como pájaros o pétalos de flores.Palabreo para Carmen Carmen es morena y menuda. breve. 229 . según la imagen que ha viajado en el tiempo para mí. pequeña y suave como las hierbas del camino. hermosa. callada. Carmen es criolla. Y se veía una mujer en plenitud lunar. según la imagen que tengo guardada. con el embrujo del puma en la mirada. Ella habla con voz leve como la brisa de la tarde.

El Chamán de los Cunaguaros. -230- . Pero la siento cercana. Siento su voz amiga y presiento que también su imagen quedará presa en mi memoria. su piel de hierba me recuerda la piel de nuestra gente. esa sonrisa de flores y frutas que se ve en la imagen de mi madre. Viaje por el mundo indígena venezolano Carmen no tiene su sonrisa.

Con el tiem� po. —No puedo llevarlos más cerca. Noto que papá los mira sorprendido. Antiguamente los Yanomami eran un pueblo de tierra firme. desconocían el arte de la navegación. Yo entiendo la recomendación de Anfictión. A veces. Pero no teman. hijos de la luna Nos embarga la emoción. atravesaban los caños equilibrándose en pa� sarelas de lianas. Los Yanomami. Recorrían la selva a lo largo de rudimentarias trochas. han aprendido a manejar curiaras. Habíamos llegado al territorio yanomami luego de un vuelo bas� tante largo. Algo así no habríamos podido ni si� quiera imaginarlo. al oscurecer. relatarlo. llamado pulmón vegetal del mundo por sus 231 . confíen en ellos —lo tran� quiliza Anfictión. con cierta aprensión. no me sería posible aterrizar. una canoa nos espera. se dejaban llevar por la corriente en troncos huecos de palmas. por cortos trechos. El Amazonas. Sin embargo. a tallar canaletes. han empe� zado a aventurarse por aquellos ríos selváticos parecidos a acuáticos caminos. No sé si lograré describirlo. tam� bién comparto la preocupación de papá. o construían balsas con tallos de plátanos o con maderas livianas ensambladas entre sí. la selva es demasiado tupida. con dos jóvenes a los remos. Al borde del caño donde nos deposita el Co� ronel. o al menos.

ihuri. Los morochos aprovechan enseguida para aprender la palabra ihuri y su significado. animales. costumbre parecida a la de los monjes franciscanos pero anterior a la penetración misionera. Viaje por el mundo indígena venezolano intrincados bosques interminables. dejándose una tonsu� ra en la coronilla o en la fontanela de la cabeza. adulto. es más delgado. Mamá es moko. Nosotros. ya es grande. ¿Y ellos dos? Ellos son huya. De los niños grandes. Al acercarnos a la embarcación nos anima la actitud responsable y cordial de Xoto y Makobi. Mientras nosotros nos impresionamos con la amplia gama de palabras para designar las edades y mis hermanos las repiten con deleite. dos hermanos de buena disposición que han cursado en la Misión Católica la primaria y dominan el español. ayudan a mamá a acomodarse en la canoa y luego: —Adelante. sube —le dicen sonriendo y tendiéndole la mano a Maigualida. El corte de cabello típico de los Yanomami. se para. de solidez. entonces. importante. como papá. o sea que no saben. y por fin a pata waikiwe. está surcado por centenares de vías fluviales que constitu� yen la única forma de comunicarse entre los poblados asentados en lo espeso de la selva o en las riberas de los ríos. son inocentes. Makobi. Un bebé recién nacido es a shatio shoave (aún mama). sus músculos destacan brillantes. el número 100. en cambio. que inspira confianza. sagaces. Nos saludan. presta a ambos un aire de seriedad. Aún más bonitas son las palabras que se usan para los bebés. muy atento. Los indígenas que se des� plazan por ellas tienen que conocerlas perfectamente para internarse en la espesura sin correr el riesgo de extraviarse. que son mogave. saben lo que hacen. hombre. humanos. cami� na en cuatro patas. que se utiliza tanto para las cosas como para los seres vivientes. Superloro ha estado con la oreja aguzada. a los cuales no dan enseguida nombre propio. juega. sus ojos son agudos y penetrantes. Acosan a los remeros con preguntas y averiguan también que de los niños pe� queñitos se dice que son mojodi. Xoto es más alto y fornido. somos mogave. Luego se vuelve aterekou. como -232- . parece que estuviese recordan� do en sueño paisajes melancólicos. corre. El Chamán de los Cunaguaros. de cuerpo armonioso y mirada apagada. El viejo es wero pata y la vieja suwe pata. plenos de una inmensa diversidad de fauna y flora y constantemente amenazados por la invasión del hombre. mujer. al año auprao. pues pata significa maduro. que se adelanta escoltada por papá. plantas. “pequeño”.

pata! —¡Qué brío. abundantes en la temporada de lluvia. el menor de los hermanos—. impresionado por esa navegación zigzagueante. no viven al borde de los ríos. no habitan en embarcaciones… —No. camarones y cangrejos de río. que nos envuelve y nos protege. —¿Y los que no son Yanomami. Repentinamente nos asombra gritando. nuestra dieta preferida. sino que en ellos hallamos nuestra principal fuente de sustento. Superloro! —lo aplaudimos. —¿De veras? ¿Por qué? —Porque no sólo nos permiten movilizarnos. más verde que azul. pero sustanciosos. Los cursos de agua son nues� tros amigos. enri� quecidas por ruedas de huevos de iguana ofrecidos por los mismos. después de navegar por los ríos y visitar a veces los po� blados de otros indígenas. qué hacen si se pierden por aquí? —pregunta Mor. —Los Yanomami siempre encontramos el camino —afirma Makobi. cubierta de hojas. hijos de la luna escuchando. camacutos. y también muchos kerepes. y conversamos con nuestros guías mientras nos transportan hábil� mente hacia el campamento cruzando a través de una red de caños y pequeños riachuelos. Son peces muy pequeños. —¿Los protege? ¿De qué. cachamas. —¿Saben qué son los kerepes? —puntualiza Xoto—. bravo. pata. que para nosotros son una amenaza no sólo por la posible dependencia a la que nos someten. —¿Cómo encuentran el camino en este laberinto y en tanta pe� numbra? —les pregunta Mor. -233- . hojas y bejucos. Superloro. con las alas abiertas: —¡Hola! ¡Pata. pero sobre todo de los criollos. sino por las enfermedades que traen consigo. Muy cómodos en la embarcación consumimos una sabrosa en� salada de palmito y yerbas aromáticas recogidas entre los Jodi. casi todos techados por un inmenso tejido vegetal de lianas. no tienen casi espinas. ni esca� mas. Nos gusta mucho agregarlos a la sopa con caracolitos de río y camacutos. de las fieras? —En parte. siempre volvemos a nuestra selva. Los Yanomami. —Pero los Yanomami no son navegantes. —¿Y en qué consiste esa dieta? —Bagres.

cerrado en la parte de afuera hacia la selva con paredes de hojas de palma. Recuerda el suave. ¡Otra broma de mis dos ceritos! —¡Bravo! —los alaba Makobi—. trata de satisfacerla: —El pájaro campana es un ave blanca característica de los bos� ques amazónicos. prepara la cámara! ¡Un pájaro campana! Pero al momento otro supuesto pájaro campana que es Ocho. del tamaño de un loro pero con un copete de caca� túa. algo ovalado. se reciben las visitas intercomu� nitarias y ejecutan las danzas colectivas. pero ellos también tienen sus re� cursos. el mismo de cuando se confabulan para hacer alguna tra� vesura. se -234- . Me sobresalto: —¡Papá rápido. Noto que Mor y Ocho tienen su característico brillo pícaro en la mirada. palos y nudos de fibra vegetal. que era Mor. melancólico sonido de las campanas del Ángelus. Tiene una voz armónica que pareciera reproducir fielmente el tañer de una campana con su repique alto y melodioso. —¿El pájaro campana? ¿Cómo es ese pájaro? ¿Cómo canta? —Ocho manifiesta una gran curiosidad. abierto hacia adentro a un patio común donde se derrama la luz y donde. lo llaman ellos: un gran techo de forma circular. Empieza a caer la noche cuando llegamos al campamento. despertando el rego� cijo de los dos remeros. —¿Cuáles recursos? —estoy sorprendido. como dicen ellos. —Dicen los mineros criollos que si uno se pierde en el Amazo� nas. Papá. Así mismo canta ese pájaro. El Chamán de los Cunaguaros. “se juega la vida cotidiana”: se realizan las fiestas. Poco después. Sha- bono. Como me encuentro cabeceando. le responde al primero. se celebran las victorias. y al ver que mis hermanos ya incorporaron a su amplio repertorio ese her� moso canto amazónico. encontrará la salida. Sólo lo saben hacer los arpistas locales. bravo! —refuerza Xoto. Toda la familia se siente orgullosa por esta alabanza. yo mismo creo escuchar el canto del pája� ro campana. Viaje por el mundo indígena venezolano —A veces pasan trabajo. Es bien difícil imitar su canto tan melodioso. —¡Bravo. cuya figura se balancea entre los colores del crepúsculo en el borde de la canoa. al oír el canto del pájaro campana. cierro los ojos e intento descansar. conocedor y familiarizado con la zona y su fauna.

Todos están pintados. como sabremos después. que consiguen a veces caídas a flor de la tierra. detrás de seis chinchorros destinados a nosotros alrededor de un fogón prendido. Es la hora del acercamiento a los difuntos. inquietos y asombrados asistimos a la sorprendente ceremonia que se desarrolla ante nosotros. adyacente a los objetos de uso diario. Mamá acuesta en su regazo a Maigualida. desnudos como es costumbre entre los Yanomami. nos adentramos en el shabono tratando de no perturbar a los indígenas que. bailan. Los Yanomami. parecen no advertir nuestra presencia. igual hago yo con Superloro en todo el tope de mi cabeza. tabaco. Colocamos el equipaje bajo la porción de techo que Xoto nos ha asignado. o también del carbón natural. Protegidos por la penumbra. Entre ellos. en el cual los Yanomami ingieren las cenizas de sus muertos. Llantos y plañidos nos estremecen. mejor dicho embadurnados o coloreados en caras y cuerpos. un espectáculo extraordinario e inespe� rado nos sobrecoge: es la celebración del pijiguao. los colores poseen una lectura simbólica: el negro y el rojo son sus dos matices fundamentales de ornamentación. para acogerlos dentro de sí y darles vida en la eternidad. con reflejos rojizos. Nos sentamos en una es� tera en el borde entre el espacio techado y el descubierto en el cual están prendidas algunas fogatas. de iniciación chamánica y donde lo sagrado se incorpora a la vida cotidiana. el orden cósmico y expresa una visión simbólica del tiempo y del espacio. Al� gunos llevan los atavíos ceremoniales y los adornos sagrados. También lo usan los guerreros y todo el que -235- . hacen fiestas. que. que encuentran al escarbar su� perficialmente el suelo y lo extienden ampliamente por todo el cuerpo en señal de luto y dolor. es el espacio ceremonial donde se libran sesiones de curación. sumidos en su recuerdo y en su dolor. El poblado circular no es simplemente un lugar de residencia: es un círculo mágico entre el hombre y la naturaleza. Adultos y niños se reú- nen en círculo. refleja también la organización social. racimos de plátanos. es cuando se reúnen. ollas. Pero es a la vez un rito: el reahu-mou. el rojo simboliza la vida y el negro la muerte. El negro lo obtienen del caruto. al fondo. Agrupados alrededor de nuestros padres. Al asomarnos al patio. hijos de la luna despide a los muertos. fruta de un árbol muy alto. una clase de palma que produce un fruto considerado festivo y simbólico por los Yano- mami: cuando madura y lo recogen para cocinarlo y convertirlo en manjar. de negro y de un fuerte color ocre.

y que renueva el pacto del hombre con la naturaleza es el alimento de mayor consumo entre los indígenas. que son todos hermosos. llena de sopa una totuma más grande. se utiliza para enamorar. de pelo negro oscuro. Viaje por el mundo indígena venezolano esté dispuesto a matar. Bien proporcionados. El marrón o violáceo es índice de la transición entre vida y muerte. realizan carreras hacia delante y hacia atrás. que protegen y dan energía a los Yanomami. grandes ojos brillantes. especie de oraciones nocturnas que duran hasta el amanecer. y las han guardado en unas totumitas selladas con cera de abeja. empiezan a bailar a la luz de las fogatas una extraña danza: alineados o casi. y de ella toma pausadamente un largo -236- . los pequeños yanomami destacan entre los más bellos niños de Vene� zuela. ya coloreados completamente rostro y cuerpo. Las madres de los difuntos se hacen manchas circulares oscuras en la cara con la ceniza y las llevan como homena� je hasta que desaparezcan naturalmente. manifiesta alegría. dirigente moral de los Yanomami. cachetes prominentes. Todos lloran o se lamentan desgarradoramente. cantos o diálogos rituales. las vierten en una batea en la cual aún humea una sopa de plátanos verdes recién preparada. también luce coloreado su cuerpo desnudo. con los brazos extendidos hacia los lados simulando alas. durante los cuales hacen el elogio de los fallecidos cuyas cenizas se van a repartir en el encuentro. Al comenzar el rito. mientras arrecian lamentos y lloros. Luego. intenso colorante natural vegetal que sirve como repelente contra la plaga y para curar quemaduras e irritaciones. El rojo. y hojas de palma en las manos que agitan y hacen zumbar delan� te de ellos: estas hojas simbolizan la presencia de los hekura o espíritus de la selva. El plátano. En el amplio patio. Las parientes las recogieron de las altas hogueras de brillantes llamas donde los Yanomami acostumbran quemar a sus muertos. El Chamán de los Cunaguaros. es un color pacífico y alegre. El rojo se obtiene del naroa u onoto. rollizos. empapados de la luz lunar. Cantan los waya-mou. que crece espontáneo en la selva sin estar sometido a ninguna técnica de cultivo. También los niños participan en el baile con el rostro y los bracitos embadurnados de arcilla blanca: parecieran pintados con la misma blancura plateada de la luna. Revuelven la mezcla lentamente. Algunos em� piezan a salmodiar y suben el tono de la voz hasta hacerlo a gritos. avanzando y retro� cediendo a la vez. aso� ciado a la sangre y a la luna. alguien que por la auto� ridad y prestigio de que goza evidencia ser el chamán.

¿Han pensado ustedes. uno cerca del otro. que parece un ente vivo. agazapado en la semioscuridad. amparados por el afecto mutuo. casi al unísono. alguna vez. Quisiéramos acercarnos a ese ser espe� cial. rodea nuestros hombros. no se oye ruido humano mientras dura la ceremonia de absorción de la sopa. con esa aura mágica. Detrás de nosotros. estremecidos por una turbación nueva. Agobiados de cansancio —el día fue tan intenso— nos dejamos caer pesadamente en las su� tiles hamacas de lianas. Sin embargo. entre la vida y la muerte. Mamá con Maigualida dormida en los brazos. La pasa a los más próximos. Los llantos han cesado completamente. una continuidad permanente. mientras sus seguidores hacen esfuerzos para rodearlo y aislarlo. ruidos de la selva húmeda. mezcladas con la sopa hecha con el fruto de la tierra. a la cual deben la subsistencia. unida toda la familia como un puño. Sólo nos envuelven el viento. pero a la vez asomados al abismo insondable de la muerte como quien se asoma al borde de un pozo oscuro de la selva. Entre nosotros seis. los morochos y yo mismo. reconfortándonos uno al otro con nuestro cariño. todos juntos. ¿Con qué cobijarnos? -237- . el silencio está tan borda� do de gritos guturales. que es el chamán. ¡Ojalá todas las familias pudiesen tener estos víncu� los que vemos tan evidentes también en las comunidades indígenas! La noche va cayendo con desgano. papá. Todos cercanos. el eco de los pájaros en la selva. hacia el alba. hijos de la luna sorbo. palpitante. el repiqueteo del carpintero. en la muerte? Hoy. sin� tiendo la serena conciencia de estar vivos. pero su actitud distante y compenetrada nos detiene. yo me he dado cuenta de que. cualquiera que sea nuestro credo y nuestra religión. y el rumor de la rama quebrada por los monos al preparar su yacijo para la noche. una fuerza que nos vivifica y conserva con salud. gorjeos de pájaros. Todos sentimos un nudo desagradable en la garganta. y uno tras otro conscientemente absorben las cenizas de sus muertos a los cuales deben la continua� ción de la vida. siete con Superloro. hay una energía vital que nos mantiene unidos. según los Yanomami el que narra los mi� tos. seguimos sentados en el umbral del shabono. suspiramos. y entre la muerte y la vida. hay un lazo indisoluble. Mi hermanita empieza a toser. chillidos de monos. entre los in� dígenas Yanomami. Los Yanomami. un frío súbito nos hiere. Sin embargo.

La belleza de los ornamentos. admiramos la fuerza de los relámpagos y al rato vemos que los indígenas atrapaban con los dedos. y la de la noche húmeda y fría. hasta demasiado. El Chamán de los Cunaguaros. El sol debe estar alto cuando los morochos y yo despertamos. son medios de seducción y transfiguración espiritual. Viaje por el mundo indígena venezolano En el territorio yanomami se nota aún más la gran diferencia que hay en ese bosque tropical perenne. es el reflejo de la belleza de los espíritus. y de la cual tiene muchas va� riedades. Una lluvia recia se abalanza repentinamente sobre el poblado. -238- . ¿Acaso no lo apagan nunca? A nuestro alrede� dor una hilera de chinchorros. entre la temperatura del día. que mezclan con agua. Veo el celaje de sus largos cabellos al pasar. la cual puede ser dulce o agria. pues al estado natu� ral son tan duros y resecos que ni siquiera Superloro logra romperlos con su pico aunque lo intente varias veces. más altos. se explayan: —Parecen cotufas. y distintas taparitas llenas de miel. Pronto una sombra amiga se desliza hacia nuestro fogón. Durante el viaje. así como sus atavíos simbólicos y cere� moniales. pero el fogón continúa prendido aunque ya sin llamas. armonioso y ágil. se mezclan. Quisiéramos saber algo más al respecto. ellas. empezamos a preguntar. atravesados. más bajos. ellos. y flores. papá nos había explicado que la pintura facial y corporal de los indígenas. entre ellos. su� mamente caluroso. La llama nos apacigua. No hay gente en ellos. las hormigas voladoras que salen con la lluvia. El aire ya es caliente. es energía. aña� de leña. más de treinta grados. Salimos al patio. el cuerpo desnudo. la tos se calma. Todos se han levantado. Cuando ven mi gesto de asombro. Nos llama la atención la extensión de pinturas y la abundancia de adornos que todos llevan: más que todo plumas. hábilmen� te. e introducen en totumas para comerlas con deleite. atiza el fuego. se persiguen a lo largo del círculo que forma el techo del shabono. en triángulos. para familiarizarse antes de tomar las fotos. Poco después observo que mis dos ceritos se han dado a la tarea de apresar y comer ellos también las hor� migas voladoras. Cobijados bajo el shabono. donde papá ya conversa con varios integrantes del grupo. que desciende hasta los doce grados. pero se acercan Xoto y Makobi que nos interrumpen para ofrecernos frutos de pijiguao afortunadamente ya cocinados. reanudamos un sueño tibio y tranquilo.

Callamos un rato. —Yo también. con el calor del trópico. —Es un rito profundo y simbólico. podría dar lugar a una epide� mia. —Lo es. ¿Qué opinan? -239- . creo que es conveniente. Los Yanomami. Para nosotros lo importante es que. pensando en la trascendencia y en la anti� güedad de esta costumbre. Aún lo estamos. por lo menos en los territorios amazónicos. —Aparte de que la absorción de las cenizas de los muertos es una impresionante tradición. —Así lo percibo yo —interrumpo convencido—. —¿Sólo los Yanomami lo practican o también otras etnias? —Los Yanomami son los únicos en practicarlo. A pesar de asistir a esta ceremonia nuestra regu� larmente. cada vez me estremezco. hijos de la luna —¡Son exquisitas! Afortunadamente la lluvia cesó cuando se disponían a darle a Muñeca algunos de estos inquietos volátiles. entiendan su significado. —Yo también pienso que influyen razones higiénicas —insiste Ocho con el mismo desatino de su hermano—. pero estábamos impactados. —Esto —contesta Xoto muy solemnemente— debería yo pre� guntárselo a ustedes. mas no al significado profundo de la ceremonia—. ¿no es cierto? —Quemar o enterrar un cuerpo sin vida viene siendo lo mismo —contesta Xoto un tanto resentido al advertir que las observacio� nes de los Morochos se refieren a los detalles. pero quisiera preguntarte si todos lo aceptan. Enterrar a los muer� tos en la selva. participación y continuidad en nuestra estirpe. ¿De verdad serían sabrosos? ¿Los comería mi hermano indígena? ¿Comería otros insectos? —¿Se asustaron anoche? —Makobi se nos dirige a nosotros los muchachos. o si esta costumbre es motivo de críti� cas y menosprecio hacia tu gente. viviendo en este medio tan cálido. aseguramos su presencia. Mor rompe el silencio con una reflexión lamentablemente personalista y llena de pragmatismo. Me quedé pensando en el sabor que tendrían. quemar a los muertos como hacen ustedes en lugar de enterrarlos. Me satisface que ustedes. —No. quemándolos y absorbiendo sus cenizas. siendo criollos.

y de lo poco que sabemos! —¿Con respecto a la totalidad de los habitantes de Venezuela. Cavilamos un rato. qué porcentaje representan? —me decido a preguntar yo mismo. Filatelio —me dice. La mirada de los dos hermanos. nuestros indígenas no son inferiores. Aprovecho el momento para confiar a mis hermanos y a mis amigos algunas de estas inquietudes: —Creo además que en su pensamiento. Y tienen derecho a serlo. Somos todo oídos. Parece saber más este joven aquí en la selva. —A mi juicio. pero en las cuales pienso insistentemente de día y aún más de noche. por� que comprendo que Mor y Ocho se sienten cohibidos.000 almas que se contabilizaron en el censo del año 2000. Los morochos con su habitual curiosidad quieren indagar más: —¿Todas las comunidades yanomami son así como esta? ¿Hay muchas? ¿Dónde están ubicadas? —Los Yanomami somos unos 10. pues nuestra etnia ocupa una extensión geográfica que se reparte en dos áreas de casi igual extensión entre Brasil y Venezuela. sin que por ello se les considere infe� riores. Xoto tiene un brillo húmedo en los ojos: —Sigue. como si dijera “profesor”. que según nuestra propia estimación sobrepasa las 500. fija en mí con aprensión. sino dife� rentes. Otros tantos pudiera haber en Brasil. porque este es un discurso difícil. lo hacen por ignorancia. los indígenas demuestran una intensidad y coherencia propias de una cultura antigua y sólida. que nosotros en la mismísima capital. —Considerando —prosigue Xoto alentado por el interés que ha despertado— que la población indígena representa aproximadamente -240- . desco� nocimiento. salvajes o inferiores. desde que empezamos el viaje. a los Piaroa. hasta diría en su filo� sofía. ligereza. que había vislumbrado antes. Viaje por el mundo indígena venezolano —Diría —respondo por todos— que la mayoría de los que des� precian a los Yanomami. Estoy ha� blando de cosas importantes. me es� timula a continuar. a todos los indígenas tildándolos de irracionales. Representamos el 5% de la población indígena de Venezuela. pronunciando mi nombre con solemnidad.000. ¡Nos avergonzamos de oírlo hablar con tanta propiedad. El Chamán de los Cunaguaros. Medito un instante.

para que el lugar anterior regenere su suelo. como pueblo —el cuerpo delgado de Xoto se yergue. todos nosotros. ni lo habríamos imaginado: en Venezuela. y de gran importancia! —¿Dentro del estado Amazonas. Todos. a las antiguas costumbres? —Porque lo que nos une no es sólo la tierra. para los plátanos es siempre mayor. Su afirmación nos sobrecoge. —Pero si hacemos un cálculo regional. nuestro porcentaje sería insignificante. No lo sabíamos. dónde están ubicados los Ya- nomami? —Nosotros realmente no estamos agrupados. —Pero. El rie� go también es distinto. ¡Eso es notable. sino dispersos a lo largo y ancho del territorio. Pero… —Pero… ¿qué? —estamos pendientes de sus palabras. Caura. nos encontramos con que en esta región. con su acostumbrado desplante. nuestra propia cultura como gente. si están tan esparcidos y constantemente se mueven —inquiere Mor—. ñame. cambur y yuca requieren un suelo compacto y perennemente húmedo. —No. quiero decir que se desplazan dentro de nuestro territo� rio. hijos de la luna el 1. estableciéndose en lugares aptos para levantar distintos conu� cos: plátano. todos los -241- . por indígenas. ¿Cómo logran ser fieles al pasado. especialmente en las regiones del Alto Orinoco. Los Yanomami. —¿Y por qué tantos? ¿Por qué no siembran en un mismo conuco todos los vegetales? —Porque las raíces como batata. al� gunos son caminantes.04 %. mapuey. Cuchivero. maíz. hay un estado poblado en su mayoría. se mudan de la selva? —exclaman al unísono los morochos. —¿Acaso migran. su pecho se infla. apenas el 0. aireado y arenoso. necesitan el suelo movido. ñame y ocumo. sino nuestras tradi� ciones. el estado Amazonas. —¿Cómo es eso? —Pues nos vamos de esa zona a otra y levantamos otros conu� cos. Y además. y luego dejamos que la tierra descanse. su mirada se hace altiva cuando prosigue con voz firme—. ocumo. batata. Acos� tumbramos recoger dos o tres cosechas seguidas. Paragua. en cambio el plátano. la mayor parte de la pobla� ción es indígena.25% de la población total de nuestro país. Ventuari.

Que reciban. compartan. Por fin. entonces —concluyo. mediante un nudo simple la fijan al tensor que han elaborado con la corteza de una especie de yagrumo. Es apasionante. —Así será —contesta Xoto con decisión. —Sí. Ocho. y prosigue: —Después pulen con cuidado la madera frotándola con hojas rugosas del árbol pourouma. con amigos aparentemente mucho más afines. —¡Y pregúntale qué piensa el báquiro! —asoma. —Empecemos a salir a la selva —nos anima el joven— para que conozcan mejor nuestro ambiente. la misma que uti� lizan para las cuerdas de los chinchorros. Viaje por el mundo indígena venezolano Yanomami mantenemos nuestras tradiciones. Se nos ha acercado papá. Regresarán los cazadores. —¡Pero de qué instrumento tan raro se valen! —interrumpe Mor. como a veces no nos sentimos ni siquiera en nuestra ciudad. El Chamán de los Cunaguaros. y ni siquiera de los arcos. Es nuestro único y mayor orgullo. cómo los usan. volverá el aviador… y si no nos apresuramos no habremos tomado fotos. -242- . Percibimos que ellos dos se entienden. sentirse tan unidos con alguien aquí en la selva. —Todo a base de plantas. —Los hombres tallan los arcos con la madera de las palmas de pijiguao y seje. y que no se dejen doblegar. Xoto no les presta atención. ni de las flechas… Aprovechando la buena disposición y el ánimo sereno del mo� mento. y luego la trabajan con la mandíbula inferior del báquiro. que todos nos enten� demos. separan una astilla larga y estrecha utilizando machete y hacha. me atrevo a preguntar sobre algo que me apasiona: —Explícame cómo hacen los arcos y las flechas. los Yanomami. es nuestro deseo. pero que sigan siendo ustedes mismos. ni de los árboles. la mirada clavada en las pupilas claras de papá. Nos ayudan en todo. ni de los cazadores. burlón. Una estrecha comunicación se establece entre nosotros. de lo cual me alegro. las plantas son nuestras amigas. y la embadurnan con una savia negra y espesa. que encuentra las palabras adecuadas para apoyar esta determinante declaración: —Que defiendan siempre sus tradiciones Xoto. convirtiendo en risueña la expresión nostálgica de Makobi. ofrezcan.

Los Yanomami. sí. Está claro que la descripción de la flecha. que las contiene y aísla. cómo se hacen? —Se hacen con el tallo de la caña brava. esa inmemorial arma indígena. hijos de la luna Es impresionante este vínculo de los indígenas con la naturale� za. casi nacimos con ellas. Está hecho con un fragmento de bambú cortado de manera que uno de los tabi� ques transversales sirva como fondo. —De igual importancia. la cola y la punta. lo apasiona. las cuales se le fijan con un hilo fuerte que se enrolla alrededor del fuste de la flecha. el curare. de que los indígenas aún hoy día usaran su típico y mortal veneno. y se endurecen con fuego. Se completan con dos elementos muy importantes. las plantas. Ahora. —¿Pero no es peligroso cargar flechas envenenadas? —Para eso tenemos el carcaj. de forma que el veneno se disuelva rápidamente en la sangre. los ríos. que cultivamos con este propósito. hecho con madera del árbol “pata de grulla” y tallado con un buril que se amarra al extremo in� ferior de la verada con una cabuya untada con resina de paramán. Cerramos la abertura superior -243- . —¿El veneno dijiste? ¿De verdad? Hasta este momento. —Supongo que las puntas son aún más importantes que las co� las —ya casi me figuro ser un cazador indígena con su carcaj y sus flechas preparadas. —¿Y las flechas. las puntas de las flechas se envenenan. Antes. qué grandes! ¿Cómo las llevan? —Ya estamos más que acostumbrados —prosigue Xoto—. hay tres tipos: punta lanceolada con di� ferentes bambúes. porque continúa con énfasis: —En la cola se le inserta un talón. —Entonces. para que la flecha se dispare. pero no la segu� ridad. y puntas encorvadas de palma. entre las barbas de las plumas. Por todo tienen más de dos metros de largo. se direccione y vuele bien. debe llevar dos medias plumas de paují. —¡Uy. La cola. teníamos la sospecha. puntas de arpón con una astilla de hueso afilada y sujetada a la madera de un arbusto apropiado. ¿todas las flechas están envenenadas? ¿Y con curare. que llevan muescas transversales para que se quiebren en la herida. supongo? —Entre nosotros.

están pintadas y llevan adornos. Tuponken. y lo llevamos colgado de un cordel sobre la espalda. —¡Qué buena explicación! —aprueba nuestro padre—. las -244- . Predomina el color rojo. de los cuales cuelga un plumón de pecho de tucán. Pero aho- ra. Atravesamos el extenso patio donde las yanomami ya están tra� bajando. aceleremos el paso. para lo cual han reunido cantidades de flores frescas y perfumadas. especialmente las más jóvenes. o plumones de guacamaya azul o amarilla. repartiendo la comida a los niños y arreglándose ellas mismas. solas o una a otra. manifiesta paz. El Chamán de los Cunaguaros. barriendo. A la vez que recorremos el recinto. que se ciñen a la frente ajustándolas con hilos de algodón y completan con una vistosa diadema de plumones de águila o gavilán. y adornos femeninos. Nos ex� plican que para ceremonias oficiales los hacen de garza blanca real. sirve para enamorar. la de adornarse. Viaje por el mundo indígena venezolano con una piel de animal. alegría. —¡Mentirosos! ¡Serán ustedes! Pero enseguida callamos y nos quedamos embelesados viendo algunas jovencitas hermosísimas en sus atuendos naturales. los detallamos. Hay adornos masculinos a base de plu� mas y pieles o huesos de animales. Práctica quizás necesaria. corriendo para que no lo alcance: —¡No lo niegues! Tú querrías ponerte zarcillos y un piercing en el ombligo. vamos en camino. también alude al amor. limpiando. Se embellecen además con coronas o cintas elaboradas con la piel del mono araguato o capuchino. Los adornos son muy importantes para esta etnia. tienen otra bastante extraña para nosotros: se pasan constantemente por la cabeza. que al simbolizar la vida. sus típicos peines de espinas. Los masculinos consisten en brazaletes confeccionados con piel de paují. tan frecuentes entre ellos. —Mira. pauxi mou. ¿por qué no aprovechas para que te abran las orejitas tan chiquitas que tienes y te pongan unos zarcillos? Trato de perseguir a Mor para darle su merecido por lo que acaba de decir. Y yo tengo una linda sorpresa: reconozco el largo y flotante cabello. indicar disponibilidad. cuando Ocho me grita. pero… Desde la mañana las indiecitas. para despiojarse. de flores. y algunos con vistosos aretes. Al lado de esta costumbre tan agradable. tallos o ramitas de plantas. Los llaman pauxi. La acción de pintarse se denomina oni mou.

las cuales siempre se conservan blancas. A mamá. quiero averiguarlo. aspiran juntas su perfume. se los incrustan en el tabique nasal o bien en la boca. Los Yanomami. la prima de Xoto. más bien ro� mánticos. consisten principalmente en varitas o palitos. significa “extranjero”. Nosotros somos Yanomami. tal vez a causa de que en estos bos� ques poco penetra el sol. Podemos dejarlas sin contemplaciones. Sanema. Mamá y Maigualida se sienten felices entre las indígenas. y quisiera quedarme más… —Déjate de pájaro bravo —me comenta con sorna Ocho que ve el éxtasis en mis ojos. alrededor de las muñecas. o de que estamos siempre pendientes de ella: sus fases nos indican cuándo podemos cortar los troncos para nuestras casas. pero no es correcto. perteneciente a otra comunidad. estarán muy en� tretenidas. para nosotros. waika. que se enteró y luego comentó todo esto. Me quedo rato admirándola. se ayudan a colocár� selas detrás de la oreja. lo que significa “ser humano”. Se intercambian flores. —¿Por qué a ustedes mucha gente los llama waika? —le pregunta Ocho a nuestro guía al adentrarnos finalmente en el tupido bosque. ¡Fabuloso que pregunte eso al empezar la marcha! A mí también me interesa. Algunos antropólogos nos han dado nombres ficticios. lo con� sideramos despectivo. es hasta más importante que el sol. como “hijos de la luna”. tales prácticas le recuerdan la acupuntura. En cambio. Ella. Nuestra etnia comprende varios subgrupos: Yanoama. cuándo sem� brar y cultivar. Más tarde las acompañarán a los conucos donde van diariamente para cultivarlos. Los llaman hiyo kasi husi kami con ellos desde temprana edad se perforan las orejas. más bien los ilumina la blanca luz de la luna. propiamente. en el cabello. -245- . el cuerpo cimbreante de la muchacha que avivó el fogón: es Wasari. —Este nombre se ha generalizado. y los engalanan con hierbas y flores fragantes. debajo del labio inferior. hijos de la luna piernas ágiles. Yanam que son variaciones regionales del gentilicio común. que obtienen del bambú o de las ramitas finas de la planta payoari. Los adornos femeninos que observamos en estas jóvenes tan compuestas y agradables.

ágil y seguro. peque� ño. los musiú. ¡Extraordinario. allá arriba! Papá ya está disparando su cámara. Viaje por el mundo indígena venezolano —O sea. bien maduro. Con una velocidad sorprendente. —Pues dije “casi. utilizando dos pares de esta� cas amarradas en forma de tijeras que apoya a las espinas del árbol. de expresión altiva y fiera empuña nuevamente sus estacas para repetir la escalada. afortunadamente sin comentarios iró� nicos sobre nuestra incapacidad por hacer lo mismo. Miro alrededor y no veo nada. un compañero de escuela. su invitación a trepar el árbol. y ni siquiera waika puedo ser yo! Interrumpe nuestra risa un aleteo de Superloro que desde su acostumbrada posición. aferrado a mi hombro nos advierte que algo extraño le llama la atención. cuando: —¡Allá. casi”. Al llegar al tope despega un ramaje rojo. porque el término waika no se aplica sino a los integrantes foráneos de otros grupos indígenas. Nomai. Nomai. se nos acerca. ¡qué distancia! ¡Cuántas cosas ganamos y cuántas perdemos con la civilización! A un ruego de mi padre. enjuto. Italia. fuera de Ve� nezuela. es decir. al atletismo natural de los aborígenes… vale. Y pensar que yo tengo la medalla de deporte de mi escuela… Pero de nuestro atletismo adquirido. y vuelve a bajar. junto con las estacas. no podríamos hacer eso ni siquiera practicando un mes entero. El Chamán de los Cunaguaros. Está a punto de salir. nuestros amigos yanomami son unos acróbatas! —¡Bravo! —le grito cuando aterriza. los waika. Alemania. seríamos nosotros. Pero he aquí que una -246- . con el mismo sistema y la misma velocidad. casi… —Entonces —puntualiza Mor— aquí en el shabono. de navegación y cacería de Xoto y Makobi. un muchacho escala una altísima palma de pijiguao. qué embarque! —dramatiza Mor en una de sus payasa� das— ¡ni yanomami. —Casi. algo así como el “musiú” que usamos en Caracas para quienes nacieron en Francia. que nos consideramos tan superio� res. ¡Qué vergüenza! Nosotros. no ustedes. ofrece la fruta a papá y nos tiende con opti� mismo burlón las estacas a los morochos y a mí: —¿Quieren probar ustedes? Nadie se atreve a aceptar. —¡Ay.

Tiempo empleado: 12 segundos. hoy te mereces plena� mente tu nombre. Velocidad: X Aplicando la fórmula: V= d t donde V = velocidad. y cuan� do sale de allí tiene todavía un tamaño reducido: cerca de Manaviche 44 metros. En sus riberas tienen asiento muchas comunidades indígenas. soñado por tantos aventureros y exploradores. o “el raudal de la tristeza”. en Platanal 122. d = distancia. me da: V = 20 m. más rápido que un ascensor de los ultramodernos! He verificado el trayecto de subida en mi relucien� te reloj cronómetro que tanto me ha servido en este viaje: Altura de la palma: 20 metros. = 1. satisfecho. Todo el territorio yanomami está surcado por una densa red de ríos y caños más o menos importantes que desembocan finalmente en el Orinoco. Los Yanomami. temible pez dotado de un poderoso veneno. viven multitudes de aves. y frota el pico contra mi meji� lla. campeón. Pronto llegamos -247- . Lo sigo con la mirada. 12 seg. Superloro! Seguimos caminando. Aumenta el calor. ¡Un récord! ¡Una marca olímpica! Superloro regresa a mí. en Ocamo 180. La vegetación se vuelve aún más espesa. Con un breve vuelo a plumas desplegadas.6 m/seg.6 metros por segundo. Esto es: 1. El Orinoco nace en la zona yanomami. como diciendo: —¡Ajá! ¿Has visto? —¡Felicitaciones. lo lograste. sagrado para muchas etnias. que como una inmensa arteria vital cruza el territorio venezolano fecundando todas las tierras que baña. peor que el de la culebra. Superloro me abandona y se prende del hombro del yanomami. ¡Arriba! ¡Abajo! ¡Extraordinario. reptiles. dicen que en un apartado rincón de una remota montaña llamado “el raudal de la desolación”. hijos de la luna pequeña tormenta se desata cerca de mi cuello. esperando un pie desprevenido. mamíferos y podría ocultarse entre el musgo. nuestro máximo curso de agua. la mortal acechanza de la raya. t = tiempo.

Nomai no aborda la canoa. -248- . cuando desembarco—. que feliz se traslada a él. que ninguno de nosotros había visto. liviano e inconsistente puente de lianas tendido altísimo sobre el río. Desde la orilla con un guiño y una mueca le tiende el dedo índi� ce a Superloro. Xoto extrae de entre el herbazal donde estaba guardada. recubiertas de un musgo resbaloso que hace el vadearlo difícil y además inseguro. una pereza o un elefante! ¡Qué calor caminar en la selva! Hoy seguramente el termóme� tro sobrepasa los treinta y cinco grados. —¿Qué vas a hacer con Superloro? —indago yo. estos Yanomami. —Vente con nosotros. Entiendo bien por qué los indios usan guayuco o viven desnudos. Papá apenas tuvo tiempo de accionar la cámara. o más bien un caño. pero ellos nos indican su fondo de piedras oscuras. En cambio. Son bien alegres. proseguimos con sólo los pantalones. El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano a un riachuelo. —¿Te quedas? —pregunta sorprendido Mor. pero el aire es tórrido y húmedo. Los jóvenes se ríen con ganas. cargada y en posición! —Tu loro se portó como un perfecto yanomami —me dice Nomai a señas al devolvérmelo. y parece que les gusta burlarse de nosotros. algo inquieto. ¡Y menos mal que ya sabe que entre estos sorpren� dentes Yanomami debe tenerla siempre lista. Todo se vuelve un tormento ardiente y acuoso so� bre el cuerpo. Nos apretamos en ella. frente a los Yanomami me siento con la ligereza y rapidez de… casi diría un morrocoy. pero Nomai no lo hace. No hay sol. peor que el de la culebra. En las horas del día no se soporta ninguna indumentaria encima de la piel. porque los rayos no logran penetrar la densidad de los árboles. ¡Está aceptado entre los nuestros! ¡El loro sí. pero yo… yo… un as de la escuela en atletismo. Los incorregibles morochos aprovechan el momen� to para reforzar que el nombre Tuponken me queda siempre más apropiado. porque podría ocultarse entre ese mismo musgo la mortal acechanza de la raya. con el loro al hombro. aquí. peligroso pez dotado de un poderoso veneno. una pequeña curiara. en el Amazonas. afiladas. con su acostumbrada rapidez y desenfado… ¡se encara� ma en un puente aéreo! Es un sutil. Papá y yo nos quitamos la camisa. nos invita a cruzar las aguas. vamos —le ruega Ocho. pero que él. cruza ágilmente llegando a la otra orilla mucho antes que la canoíta.

con la necesidad diaria de carne asegurada. que tiene reglas y modalidades que hay que respetar. el cazador está al acecho. Momonaki riehe makekeratiai Riehe. Entre los aborígenes. Han salido temprano en la mañana para explorar una zona de la selva. riehe Shinaki wai. atento -249- . en un radio entre diez y quince kilómetros. unos coros con ancestrales reso� nancias serpentean por entre la vegetación. Mientras se desplaza. riehe. casi un rito. riehe. Los Yanomami. La caza consiste en primer término. õniwë Rariwei ke Son las voces de algunos cazadores que van recorriendo otro sendero. Ééé ara shinaki wai Riehe. y regresarán al comienzo de la tarde. prai rë õniwe Yëpi thë wëri ira siki õniwe. hijos de la luna Ahora unas voces guturales. en dirección distinta a la nuestra. en rastrear los animales por muchas horas. riehe Makekeratiai ééé Momonaki riehe Õniwë. Pashoyaki rariwei ke. la caza es un proceso complicado. õniwë Prai rë.

son los más difíciles de encontrar y de cazar. el oso hormiguero. ellos dicen que “llora” y salen en su búsqueda agitando tizones delante de sí para alumbrar el camino. cuando se posan sobre las ramas. casi a diario. lindísimo pájaro nocturno negro. sabe a gallina. las patas delanteras a venado. pueblan los cursos de agua. hasta que el animal se asfixia. pequeños roedores provistos de mucha carne parecidos a la lapa. y también algunas lapas. Especialmente llama la atención la caza de la danta cuya carne es muy apetecida porque tiene siete sa� bores distintos. Makobi y Nomai. utilizan señuelos que pueden consistir en un manojo de plumas coloridas y dos palitos imitando un pico. Las orejas y trompa tienen un exquisito gusto a pescado y la panza o falda. Para engañar a los tucanes. Los animales grandes como la danta. al amanecer. para lo cual se apostan sobre una platafor� ma montada en las ramas de un árbol. Son diestros en cazar con dardos la gallina de monte y la perdiz colorada. los lomos a carne de res. Es una cacería peligrosa porque ella corre siempre en línea recta y si por casualidad nota al cazador. -250- . que parece un gemido de dolor. La pierna o pernil sabe a cerdo. Viaje por el mundo indígena venezolano a cualquier movimiento repentino: localiza el mínimo ruido. intelectual fallido. que sobre la caza nos han dado conjuntamente Xoto. pero jus� tamente son los más apreciados. el báquiro. —Pero hemos oído que los tizones encendidos tienen algo que ver con el más allá —comento después de escuchar con atención la larga explicación. Para cazarla. arremete hacia él y lo atropella causándole a veces heridas mortales. casi diría lección. mientras las costillas tienen un sa� bor que recuerda la carne de chivo o cabra. blancas o grises. Para atraer a las grullas frecuentes en los ríos que. de plumas tornasoladas y arrogante copete: cuando canta y lanza un lúgubre lamento. —¡Ya saliste tú. para identificarlos. A los cachicamos y caimanes los capturan en sus guaridas soplando humo de tabaco o de hoguera dentro de la cueva con una especie de canuto o tronco hueco. Más frecuentemente. los costados a pollo. imitan el grito de sus pichones. observa las huellas. porque la danta refresca su cuerpo dentro del río y hasta duerme allí. con tus cosas exotéricas! —me critica Mor. dependiendo de la parte del cuerpo que se coma. lo que llamaríamos la barriga del animal. El Chamán de los Cunaguaros. examina los frutos que han mordido los animales. Tienen un método especial para el paují. los indígenas se su� mergen en el agua. cazan picures.

animales irreales del mundo cosmogó� nico yanomami de los cuales los cazadores deben defenderse para salir con vida en la selva. que tiene la propiedad de favorecer y proteger -251- . pero luego consienten en mencionarlos. de dónde encontraron y de cómo ultimaron los animales. aunque no los acom� pañen. —¿Será alguna fórmula mágica. sino hasta de capturar el alma del cazador. Los Yanomami. palabras rituales —inquiero con interés. y que más interesa a los jóvenes y a las mujeres. mientras el último. bonitas las flores del momo son bonitas son bonitas. o lo agradecen —nos responden. constituía una invocación a la linda flor de una planta mágica. Bonitas. capaces no sólo de espantar la caza. bonitas. En uno de ellos resuena riehe. Al principio no quieren contestar. —¿Qué cantos son esos? Parecen conjuros. la caza es sin duda la activi� dad a la que los varones se dedican con mayor entusiasmo. quienes. el momo. riehe. cuyas repeti� ciones me intrigaban. —Son versos rituales. hijos de la luna Pero Xoto me da la razón: —Los tizones prendidos tienen también la finalidad de ahuyen� tar los malos espíritus. Los Yanomami son cazadores natos. La carne es para ellos un alimento sustancial. oyen con deleite la narración de las expediciones de cacería. el Mapinguare y el Abaxá son esos seres míticos. fórmulas para cazar. Presto atención a los coros de los cazadores y me sorprende la monótona repetición de algunas palabras. Más tarde averiguaría que el primer canto contenía una alusión a la cola de la guacamaya. —¿Qué malos espíritus andan por aquí? —pregunta al unísono el número Ocho con poco respeto. y nos enteramos de que el Kaiporá. Toda la comunidad yanomami se siente insatisfecha cuando tiene que consumir un producto vegetal básico sin acompañarlo con carne. riehe. un hechizo? —se agitan mis hermanos. Ellos concitan el éxi� to de la cacería. shinaki wai.

Dicen que es hijo de la luna lle� na. conocernos. El Chamán de los Cunaguaros. silvestres o cultivadas por ellos. —¿Dónde va? —inquiere Mor. algo que yo no distingo. lo vemos pasar. uno por cada etnia? Y si hay uno solo. Nos cruzamos con otro grupo de cazadores. —Viaja visitando todas las etnias. —El Chamán de los Cunaguaros —aclara Nomai orgulloso—. con reverencial delicadeza. —¿Quién es? —susurra Ocho aún sobrecogido. a las cuales creen poseedoras de encantos. ¿Cómo podré dilucidar este misterio? Probablemente no es ninguno de ellos. captura nuestra atención. su paso ágil semeja al de los cunaguaros que lo siguen. Casi confundido entre lo espeso e intrincado de la selva. Nos habla en nuestra lengua de los tiempos antiguos. aún excitados por la fascinación del mis� terioso yanomami selvático. los cazadores recurren a ellas: en la punta de las flechas colocan bulbos secos de plantas del género Cyperus. Un ruido hace que nuestros guías se detengan. un yekuana legendario. un sabio. Es un yanomami especial. Para mejorar su puntería. —Creo que tiene razón —suspira Mor. es uno y múltiple. yekuana. ¿cómo puede ser a la vez warao. ¿Hay varios chamanes. Sólo queda el recuerdo alucinante de su imagen. los criollos. Pero debe ha� ber una confusión entre ellos. Que domina los vientos. yanomami? Dicen que es un warao mágico. nos señalan un punto distante bajo los árboles. Seguimos avanzando. kariña. Pronto desaparece. Un crujido de ramas quebradas y una flauta que vibra con opaca sonoridad. -252- . del legado de nuestros ancestros. intercam� biar entre nosotros y con ustedes. Puede interpre� tarse así: Hay entre los Yanomami una veneración especial por las plantas. la selva. Aprovechamos para observarlos de cerca y cuando se alejan reiniciando su camino. se queden en suspenso. jodi. como río lejano. Insiste en que debemos unirnos. que a indicación de Xoto se detienen para permitirle a papá tomar fotos. Sus largos cabellos flotan en el viento. Pienso que seguramente es el mismo personaje del que nos han hablado en otras etnias. Viaje por el mundo indígena venezolano a los cazadores. todos los indígenas. hay una gran confusión respecto a él. un pemón sagrado. cuyo fruto venenoso se recoge del suelo y se hace secar sobre una estera cerca del fuego para poderlo comer. En si� lencio. los ríos.

Hay que darle trayectoria a la flecha. será más fácil encontrarla. es un paso menos del cazador en la tierra. De ellas sólo se cambian las pun� tas cuando se dañan. El camino. hijos de la luna acosamos a nuestros guías con preguntas sobre detalles que aún no nos habían sido aclarados: —¿Por qué tienen arcos tan grandes y flechas tan largas? —Es por lo espeso de la selva. resistentes. Por eso cada cazador debe seguir con la vista la dirección de su flecha y recogerla. Se le otorgan en un acto ceremonial con música y comida. no alcanzan a calmar. las -253- . Muchas veces él mismo ayuda a los mayores en su confección. Las flechas tienen un gran valor. la conversación. disminuye su tiempo de vida. Los Yanomami. ya que se considera una extensión casi humana de la persona misma. por eso es larga. chiquechiqui. La flecha del arco no debe perderse. la alegría. después a Mor y luego a mí. que no nos atrevemos a decir nada. lo acerca más a su muerte. a pellizcar algo? En la selva hay problemas mayores: la subsistencia. se le dan sus propias flechas. y se estaría quitando muchos años de vida. Y percibimos también que. nos han dado un hambre atroz. La flecha que se pierde va directo al inframundo. —Depende de quien dispare… Es tan pícara la intención de Nomai al mirarlo a él. Pero estos indios son tan tenaces. guamache. Qué ridí� culas sonarían en esta verde vorágine preguntas por el estilo de: —¿A qué hora almuerzan ustedes? O bien: —¿Nadie ha traído merienda? —¿No habrá por ahí un pasapalito? O peor: —¿Qué tal si nos detenemos a hacer un picnic. —¿Sucede muchas veces que las flechas no den en el blanco? —es Ocho quien pregunta. que todos estallamos en risas. Y también porque. cauyaro. no sería un buen cazador. las que lo acompañarán toda su vida. entre ellos. si no da en el blanco. la in� tegridad. que los frutos que recogimos a lo largo del camino. la defensa. Si las perdiera todas. y el arco tan grande. Cuando cada joven sale de la pubertad y entra en la adolescencia. son una prolongación del ca� zador.

Nunca cazar más de lo que se puede consumir: esto se llama ser verdaderos cazadores. la caza no es copiosa. —No es por esto. a media tarde. lapas. casi tartamudeando—… si ves pasar cerca de ti un grueso báquiro… y está a tu alcance… y tienes la flecha preparada… y piensas que será un gran orgullo contárselo a tus amigos… pero sabes que ya has cazado bastante. El objetivo que persiguen les hace so� brellevar cualquier esfuerzo. ¡Cuánto respeto en esta costumbre indígena! Respeto hacia la selva. ¿entonces no le disparas? —No. —aclara Nomai con firmeza—. casi reprochándonos: —Quizás no vean lo que se imaginan. sino apenas suficiente. Quedamos impactados. en cambio. cuando oigamos el motor del helicóptero. dantas. chigüires. Viaje por el mundo indígena venezolano intenciones son dominantes. o agricultores. Luego Makobi nos habla con seriedad. yo creía que los Yanomami eran buenos cazadores. pero quizás. como la mayoría de los indígenas. No se caza por cazar. hacia el hombre y los animales. Los Yanomami somos excelentes cazadores. —Entonces —indaga el Mor. el espíritu de la caza: practicarla para -254- . Luego. —No importa —se disculpa Mor. hacen una sola comida importante diaria. —Seguramente habrán cazado mucho —se entusiasma Ocho—. El Chamán de los Cunaguaros. ¡Veremos báquiros. al regreso de los cazadores. avergonzado—. Por lo tanto. —¿Cuáles? —Entre nosotros no está permitido cazar más de lo que se pueda consumir. los acompañaremos al manantial del caño. nos hace sentir a todos pequeños e ignorantes. hacia la vida. y allá vamos para comer con los demás. Hay otras razones. lo intuyo ahora. Ellos deben ser sobresalientes en la caza también. sean buenos pescadores. cachicamos! Nuestros amigos entrecruzan una mirada. Esto debe ser. seca y altiva. pero no estamos tan lejos del shabono. Los Yanomami. Ya es la hora. La contestación. Traerán un gran botín. Cruzaremos de nuevo el caño. sino para alimentarse. Sentimos alivio cuando Xoto nos comunica: —Dimos muchas vueltas. que confirma una regla de la que teníamos algunas nociones. pero que no imaginábamos tan estricta.

Mi hermanita. pues lo consideramos portador de sabiduría. y así mismo me contesto—. el historiador de los cielos. en nuestras civili� zaciones modernas. el morrocoy. jefe máximo de todos los hekura animales. semicruda. es� píritu animal protector aliado de Omao. venenoso. —¿Cuáles son los animales hekura de Omao? —La anaconda. recorremos el regreso en silencio. junto con algu� nos chiquillos del lugar está jugando y alimentando con pétalos de cayena una hilera de morrocoyes. las hormigas shifö que habitan el árbol kouponera y que tienen el poder de neutralizar el dolor de la picadura de la araña. En agua dulce el pez raya. Los Yanomami. portador de sabiduría. hekura de las aguas femeninas. a parrilla. pero lo estará pronto. para destruir. Indudablemente por una sabiduría ancestral. —El morrocoy es muy respetado entre los Yanomami. es tan sabrosa? —Lo hacemos por razones de higiene. Al vernos llegar. nos guía hacia el shabono. La carne de animales salvajes tiene parásitos que podrían enfermarnos. el pájaro carpintero. Al cocinarla bien eliminamos esta posibilidad. centinela del Apure. —¡Apresurémonos. —¿Cómo lo saben? —me pregunto a mí mismo. —Aún no. si se las aplica y se les deja morder la parte pica� da. buío o serpiente de agua. patrullero. nuestra principal divinidad —nos explican ante nuestra extrañeza. el alacrán y las serpientes que con sus punzadas matan al indíge� na por los caminos de la selva. hijos de la luna subsistir. no como lo hacen algunos de nosotros. algunos se acercan. Nosotros cocinamos la carne durante bastante tiempo para que no quede rastro alguno de sangre. o para alardear. el pez caribe. —¿Y cuáles son entonces los animales perjudiciales? —Hay la gigantesca araña. que devora a quienes caen junto a ellos y el candirú que se introduce en la uretra humana y luego abre las branquias -255- . el caimán. toda adornada con flores. la madre de los ríos. —¿Pero por qué si la carne al natural. innata. ya la comida está lista —grita al unísono el número Ocho. el zamuro blanco o zamuro real. es un hekura o ente tutelar. ¡Qué mundo tan interesante este de los Yanomami! No nos atrevemos a seguir pregun� tando. los Yanomami dan muestras de alegría. fado. Un apetitoso olor a carne chamuscada.

Se les ve a todos sanos. o si lo hacen es tan sólo con la mano o con un puñado de hojas. adornadas con brazaletes de piel de pájaro y pendientes de plumas de aves de vivos colores. El Chamán de los Cunaguaros. mezclados con dientes del zorro guache. Algunas llevan collares con bulbos secos o trozos de maderitas perfumadas. Las niñas pe� queñas lucen espléndidas con flores frescas y aromáticas en el lóbulo perforado de sus orejas y madejas de algodón sobre el pecho. Fíjense… ni en las pisci� nas y ni siquiera en los ríos. cuatro años. Nunca les pegan. Lo hago con gran entusiasmo cautivado por la gracia y serena belleza de Wasari. como en un boceto de estudio de proporciones realizado por Leonardo Da Vinci. su� mamente coquetas. Viaje por el mundo indígena venezolano provocando la muerte. que subraya sus movimientos -256- . con palitos en el tabique nasal. lo que me deja todo confundido y casi me quita el apetito. alegres aunque. Tuponken! Al vernos llegar. varillas finas sin corteza en las comisuras de los labios. Notowe. considerados amuletos para evitar enfermedades y acelerar el crecimiento. robustos. los Yanomami dan muestra de alegría. con sus armoniosos cuerpos desnudos cruzados por hilos de algodón. y las niñas. nos invita a sentarnos cerca de ellas dos y de mamá y Maigualida. la hermana de Wasari. a veces revoltosos. por eso los Yanomami nunca orinan en los ríos. que está amamantando a un robusto niño ya grandecito. a mi parecer. —¡Ajá! —me dirijo a los repollitos—. Cero contaminación. muy pendientes de las apariencias. Hoy me siento especial� mente antropófago. Además visten con soltura un mini guayuco prensadi� to y arruchadito de lo más gracioso. que pareciera notar mi admira� ción. algunos se acercan. Hay mucha higie� ne aquí. los amamantan hasta los tres. sonriéndome con cariño. además de consentirlos mu� cho como en otras etnias aborígenes. dámela a mí. dando paso a las concebidas bromas fraternas: —¿Acaso te embobó el Kaiporá de la selva? —¿No puedes ver una falda sin perder la razón? —Si no quieres tu carne. —Nosotros nunca orinamos en la piscina —me contestan ofen� didos y retruecan. algo ambiciosos. malintencionados: —¡Eso va contigo. Me entero de que aquí a los niños. “para que no les duela”. Hay que reconocer que a las muchachas se les ve impresionantes.

ni de los personajes de Fantasía y otras películas de Walt Disney. ni de ella misma. siempre sucede. si en realidad te gustan. lo hacen ellos mejor! —¿Por qué dices entonces que son ambiciosos ellos. ¡Y sin necesidad de que los especialistas los maquillaran. envueltos en -257- . —¿Qué hace. ante estos seres tan felices. No desmerecerían al lado de los siete enanitos de Blanca Nieves. los hacen parecer unos hermosos muñecos de teatro o de cine. Estos cuidados corporales. la carne se está asando en los fogones. Los Yanomami. entre estos indígenas. Aún no han comenzado a comer. —¿Cómo? ¿Por qué? —Pues. por� que se acerca Xoto con unos atractivos trozos de asado. niñas y jovencitos tienen la cara frotada o pintada con diversos afeites. Filatelio? ¿Será por envidia? —me pre� gunto siempre a mí mismo. Lo pienso. me he dado cuenta. Makobi aclara: —No. brillante. Pero la cacería se considera de todos. en la repartición participan también quienes no cazaron y sus familias. Pregunta estúpida. por admiración. corta él solo toda la carne para asar? —es la voz de Mor. En el centro. adjuntados al atractivo de su pelo negro azabache. cuando se sale a cazar. no del que la consiguió. Los niños. que no tenga una lógica profunda. claro. demasiado superficial. bien cortado en la frente o con cuidadosa tonsura. No hay nada. hay quien lo logra y quien no. uno de los cazadores se esmera en cortarla y picarla cruda. hijos de la luna ágiles y naturales. al cual a veces pegan plumones blancos con el látex del ár� bol del caucho. Por eso. lo que él hace es repartir la caza entre los cazadores que no han cazado. en trozos. ni del príncipe. un pigmento violeta que obtienen masticando las hojas del árbol Picramnia. Más bien es por simpatía. entre los cuales predomina la arcilla blanca o el zumo rojo del caruto. No debo permitir que me embargue aunque sea un mínimo asomo de envidia. como cuando juegan con los trompos fabricados por ellos mismos con frutos de palma o con las pelotas que recaban de las vejigas de los osos hormigueros. coquetas ellas. ingenuos y puros en su vida natural. Mor. No tenemos tiempo de comentar tan apropiada distribución.

También las totumas en las que nos sirven miel agria mezclada con agua. se enfermarán. observen que hay otros ca� zadores que no están comiendo. no es para tanto. los muchachos. que casi me atraganto con la carne. que tiene la misma curiosidad— no se puede preguntar: “¿Está en dieta? ¿Sufre de acidez? ¿Tiene el colesterol alto?” ¡Se vería bastante ridículo! —Ya lo creo —contesto riéndome tanto. se van a morir de hambre! —Ocho está tan preocupado que hasta deja de morder su trozo de lapa. —¡No! —Xoto lo tranquiliza—. ningún ca� zador debe comer de lo que ha cazado. comen los viejos. y por cuya subsistencia es responsable. condimentan. supervisando a sus familias… —¡Pero cómo va a ser. porque no le es permitido matar para alimentarse a sí mismo. todos comen. a su gente. Empezamos a comer con gran apetito. por la mirada. pero ellos no… Están sentados o de pie. ellos son maestros: en ninguna otra comunidad. Ahora les aclaro. menos él… y debe tener hambre. a quien depende de él. tienen un olor grato: puede ser por las hojas rugosas con que las pulen. de nuestra curio� sidad. Nos damos cuenta de que estamos en el grupo de la familia del cazador que distribuía la car� ne. Es cierto…. Casi ninguno de los hombres jóvenes come… En los grupos familiares. ¿Cuál será el motivo de su actitud? —Claro que aquí —me confiesa en voz baja Ocho. se van a debilitar. porque de vez en cuando se acerca a la parrilla donde se asa la yuca y se lleva algunos trozos a la boca. —Es así —asevera nuestro padre—. alrededor de los fogones. Estamos mudos de sorpresa. En la selección y preparación de estas hojas. salan y le dan a los alimentos un toque especial. Puede matar. Pero qué extraño. hemos encontrado en la carne un aroma y un sabor tan grato como aquí. algunas mujeres con sus niños. Pero Makobi se ha dado cuenta. Viaje por el mundo indígena venezolano esas hojas tan especiales que a la vez que sirven de olla. firmes. entonces qué comen. Ningún cazador come de lo que él ha cazado. —¿Les intriga que el cazador no coma? —y nos explica—: Él no puede comer nuestra comida porque entre los Yanomami. después de tanto esfuerzo en esa caza tan pesada. -258- . El Chamán de los Cunaguaros. es decir cazar. sólo con el fin de alimentar a su familia. las mismas que usan para las flechas.

te sugieren la forma de llegar tú mismo a la respuesta o conclusión correcta. Una rápida mirada al grupo me confirma lo que a primera vista ya había notado: aspecto saludable. y los llevan a los cazadores. y una fresca bebida a base de agua y miel. vida sobria. qué buen sabor! Han repartido yuca. por aquí. saludables y activos. Los demás le dan lo que nosotros llamamos “la por� ción del cazador”. quien ha venido a sentarse cerca de mí triturando un tremendo trozo de báquiro con sus dientes blan� cos bien alineados—. abundantes. Es simpática. —¿Y los demás le dan? —Claro. ¡Qué carne más tierna. qué quieres decir. —¡Por fin. La voz de mamá interrumpe mis pensamientos: —Quién tuviera esta carne en Caracas —suspira—. amigo —contesta guiñándome el ojo. hoy. Los Yanomami. pero sí de lo que han cazado los demás. vuelve a atacar con entusias� mo su pata de lapa. ellos también se alimentan! Me había percatado de que tenían hambre y eso me tenía angustiado —reconoce Ocho a la vez que. sin contamina� ción. ¡Tan jugosa y tierna. fíjense qué bien la come mi niña! Basta con verla. ambiente sereno. hijos de la luna —¿Mas entonces. entre ustedes? —Mira a tu alrededor. con esta buena dieta. desaparecida la preocupación. —Cálmate. hasta Superloro! Va picoteando las hojas que envuelven la carne -259- . variados. En lugar de con� testarte. Ya van a ver. alimentos frescos. los Yanomami se vean tan llenos de energía. No me extraña que. ¡Y de los Yanomami parecemos tener el apetito. el cazador no come nada? ¿Cómo es posible? —Ocho se muestra alarmadísimo. No puede comer de lo que ha cazado. —¿Qué tal —pregunto a Nomai. Pero también me ayuda a comprender las razones: lactancia prolongada por parte de madres sanas y bien nutridas. esta costumbre de los indígenas. Es cierto. qué tal los problemas de salud. salud excelente. todos noso� tros. Una vez servidos los viejos y los niños. amiguito. Tiene la cara llena de jugo de carne y trocitos de hojas… se asemeja a una yanomami embadurnada ella misma. algunas mujeres sacan de los fogones los últimos pedazos de carne envueltos en sus cucuruchos de hojas. ejercicio. ba� tata y plátanos para acompañarla.

con el pico ladeado. —¡Déjalo tranquilo! —exclama Nomai al notar mi azoramien� to—. el joven me tranquiliza en todo sentido: —No. qué dices. o con el dueño que le corresponde. —¿Lo quieres? —le pregunto a Nomai. Aquí. si quiero uno me lo consigo. Superloro. igual� mente fieros. animales feroces y de gran� des ríos. mi loro es de aquí. El Chamán de los Cunaguaros. Yo los observo a los dos. El indígena con sus grandes pupilas os� curas. se desprende en la rama que le ha ofrecido Nomai. yo tuve uno cuando tenía tu edad. hola. Telio! -260- . Telio. y me llama estrepitosamente: —¡Hola. generador de gente altiva. Éste. especialmente los loros. ¡de loros está llena la selva! Muchos niños tienen su pichón de loro. y Superloro acude a su llamado. Estas palabras me llenan de contento. se encariñan con una persona. entrecerrada. y no tengo que temer ninguna infidelidad por parte de Superloro. y las que siguen de al� borozo: —Además. A lo mejor por simpatía hacia ti. Lo dejo en libertad. bravíos. Viaje por el mundo indígena venezolano y luego la yuca. con expresión hosca. es verdaderamente un loro real de las florestas amazónicas. Él. frente a frente. le tiende una rama. Siempre lo he sabido. no hay manera… no se los puede separar… eso es natural. me preparo: —Si lo quiere. con cierta intui� ción. además. su comida se la merece: ¡es un loro trepador! Se levanta. Prosigue animado: —Me gusta entretenerme con el tuyo. Sin embargo. Se miran el uno al otro. Filatelio. Tu loro. a ese ambiente húme� do y boscoso. sabrá encontrarte donde quiera que estés. a los animales los queremos y consentimos mucho. como siempre hace. se lo doy. con Superloro. Por suerte. ¿Y si quisiera quedarse para siempre? Tendría derecho. ¡Doble alivio! Mi conciencia está tranquila. la amargura me agobia. Dentro de mí. con tanta insistencia que parece que en la gran totuma de la cual se ha apoderado no va a quedar nada. Pero ahora me dedico a otras cosas. siempre te seguirá a todas partes. ceñuda… Es claro que pertenecen al mismo medio. qué va. y su pupila derecha fija. Por eso se encuentra tan a su gusto. altivos. cuando los animales de la selva.

y le han informado que los hombres la fuman. Pero ella. además del cultivo del tabaco que a ella poco le gusta. Los Yanomami. Mamá se ha dado cuenta de que. la reacción no es inmediata. Techo tenemos. consideran más adecuada la corteza de una especie de yagrumo. —Explica. Y comida… ¡hasta demasiado! Cuéntame. el yopo. Mamá está molesta porque en los conucos. con mucha frecuencia. —Bien… y no tan bien. anulada su concien� cia caerá en una suerte de trance misterioso que lo atonta y debilita. luego las cestas. —El Coronel ya debería estar aquí —observa mamá. Ellos están empaque� tando en una cesta. el uno en la boca o nariz del otro. aspiran la hierba soplándola a través de un largo tubo vegetal hueco. Uno frente al otro y los demás en círculo. En cambio para hacer los tensores de los arcos y las cuerdas de los chinchorros. las retuercen una a una y luego las trenzan juntas. pero en pocos minutos el que inhaló el yopo parecerá un ser sin alma. cabuyas y cuerdas. Hemos visto cómo retuercen los hilos sobre sus muslos con un movimiento de la mano en posición plana: las tiras de las que se componen las cuerdas las amarran a un soporte fijo. ¿cómo te fue con tus hierbas? Mamá lo mira… Hay un dejo de pesar en su mirada brillante. hijos de la luna ¡Qué feliz me siento! Me dirijo hacia mis padres para comentar con ellos la actitud de Nomai y de Superloro. ha encontrado en abundancia aque� lla hierba extraña que ya conoce. nos quedamos. durante o después de la fiesta del -261- . en fabricar todo lo cual los Yanomami son especia� listas. Este es en efecto el método. —Ya va a llegar —le contesta Rafael con aplomo—. Preparan hilos de gran solidez con las fibras de curagua y para amarrar usan el bejuco de mamure. junto con nuestras pertenencias y enseres. terminan� do ya de empaquetar. o mejor dicho la inhalan soplándola. Las mujeres hilan el algodón y los hombres fabrican las cabuyas y cuerdas. la carne salada y las tortas de casabe que nos han obsequiado nuestros anfitrio� nes. una especie de pipa o canuto. Y si no lle� ga. envuel� ven todo en hojas y amarran los paquetes. en parejas. o más bien dirigidos por algunos indígenas. las humedecen con saliva o con agua. con hilos. se dirige casi regañando a Nomai y a Xoto que se le han venido aproximando: —Hemos visto mucho yopo en las huertas. Ayudados. en lugar de explicar.

Dicen que hubo. Es algo distinto. pues disminuye la fuerza física y mental y puede llevar a la adicción y a la decadencia. Además. Carmen. se la aprecia y respeta. ni de vicio. como un tránsito espiritual y místico del indígena. que beneficia a la comunidad. amiga. -262- . en cambio. y no sólo eso. Quizás. de magia. por su propia decisión y responsabilidad. piensa ella. —El yopo. por perversión. reflexiona. Como lo entendemos nosotros. y hunde en la desesperación a tantos jóvenes incautos y a sus familiares. no sólo los Yanomami. quizás buscando las palabras: —Escúchame a mí también. No te alteres. en cambio. El yopo es una dro� ga. sino que dañan el cerebro y a la larga destruyen poco a poco al individuo. Cada quien tiene el derecho de usarla. La cocaína o la heroína. por lo menos no una droga al estilo civilizado. —Hay respuestas que llegan antes que las preguntas —sentencia papá. La hierba del yopo es tenida por medicinal. en este uso no debe hablarse ni de droga. El yopo. cuyo tráfico además es vergonzoso porque genera grandes riquezas a gen� tes sin escrúpulo. En cambio drogas como la cocaína o la heroína. por ocio y sin ninguna finalidad ulterior. El Chamán de los Cunaguaros. no se compra. es una costumbre muy antigua. produce un estado alterado en la mente de quien lo usa. se sabe que muchos yanomami van a trabajar a las ciudades y están años sin probar el yopo. lamentablemente pre� sentes en los países occidentales. al que llamamos sagrada planta milenaria. y como tal dañina. Pero no hay que considerar al yopo como una droga. pero en ningún caso perjudica el organismo. el yopo se usa con fines religiosos. Viaje por el mundo indígena venezolano pijiguao. ni de tráfico. no se comercia. de religión. drogas que alteran la conciencia. Son muchos los que la practican entre los indígenas. se consumen con una intención banal. recordando a uno de sus escritores preferidos—. engañan con falsas promesas de lucro perjudicando gravemente a muchos. y sin que eso les cause inquietud. los Yanomami han estado inhalando yopo. ni puede venderse. son sustancias nocivas. como toda nuestra cultura —interviene pausadamente el mayor de nuestros amigos—. Xoto agrega casi titubeando. no hubo nada me voy pa’l yopo de madrugada. Y tampoco produce adicción. de reflexión.

nadie ha logrado descubrir. Al parecer. los que más lo usaron y todavía lo usan. y con la intención de tranquili� zar a Carmen tararea la copla oriental: Inspirados. Pasán� dole cariñosamente un brazo alrededor de los hombros le pregunta a mamá. algo que parece una décima warao: Mis tres hermanos queridos se los llevó la corriente dice un indio tristemente. Papá tiene una buena ocurrencia para alegrar el ambiente. ¡qué caso tan dolorido! Marchamos todos unidos a bañarnos sin temor Vino el río en su furor. inocuo —agrega papá. hasta ahora. Ellos son ciertamente quienes mejor lo preparan. estén exentos de costumbres y usos perjudiciales! Sin embargo por eso mismo. la poderosa poción con que aún hoy en día untan sus flechas para dar muerte segura a los animales que cazan y a sus enemigos. Los Yanomami. aunque sabemos que en tiempos de la conquista fue utilizado por otras etnias y representó un arma terrible que causó estragos entre los conquistadores. también entre ellos y no sólo en los países industrializados. esa fórmula. los siento aún más cercanos. “¡Qué lástima —reflexiono— que ni siquiera los indígenas. hijos de la luna —Creo que también lo usan los yaruros y los kariñas. que conocen diferentes venenos extraídos de plantas tanto silvestres como cultivadas. un poco en broma y un poco en serio: —Y el curare… ¿lo encontraste? Los Yanomami. el secreto del curare. más hermanos nuestros”. irrumpen los repollitos con la primera parte de la canción. se los llevó muy ligero cuando desaparecieron cuál no sería mi dolor… Todos callamos pensativos. —Especialmente en los Andes y en la conquista del valle de Caracas muchos de los soldados murieron por flechas envenenadas -263- . como algo normal. en su lejanía y pureza. poseen según se dice. por esos peligros que nos acechan en todas partes.

mien� tras Ocho finge haber sido alcanzado por una flecha indígena. de un verde muy brillante y gusto amargo. como pasarelas vegetales. Ahora que los conocemos. podemos distinguir los audaces puentes aéreos de los Yanomami. —¡Mejor. Nos despedimos diri� giéndonos apresuradamente a la canoa. con que mezclan las hojas… pero el secreto de su prepara� ción no me lo revelaron. ¡De cuántos recursos han sabido proveerse con su esfuerzo. me explicaron bastante sobre esta hierba… sobre las arañas monas. permanecerían agarrados a las ramas más altas de los árboles y el cazador tendría que subirse a ellas arriesgándose a perder la presa. y cae cómicamente al suelo. hoy día los Yanomami se sirven muy poco de las flechas envenenadas. El Chamán de los Cunaguaros. venenosas. mucho mejor así! —opina cáustico papá—. arrastrando y volteando unas taparas de agua. de ori� lla a orilla. Viaje por el mundo indígena venezolano —recuerdo con aire profesoral—. qué torpes somos los civilizados! Afortunadamente. Le dan mayor uso en la caza para derribar ciertos animales como los monos. querrás decir! —acota jocoso Mor. indignada. una vez muertos. sería muy peligroso tener una esposa que conoce la preparación del curare y… —¡Qué raya. pues el veneno actúa sobre su sistema nervioso relajando sus músculos y haciéndolos caer a tierra. Me enseñaron la liana que lleva ese nombre a la que añaden cortezas y grandes hojas en formas de corazón. que no habíamos sido capaces de ver al llegar. ¡Qué pena. —¡A curarazo limpio. tendidos en lo alto a lo largo del río. casi invisibles en su verdor. Mamá. seguidos por nuestros guías. papá! —nos alarmamos nosotros haciéndole señas de callarse. Me dijeron que el secreto de la fabricación del curare se transmite por herencia. quiere reclamarle esa broma pesada cuando un zumbido en el aire advierte el arribo del Coronel. —Claro que encontré la planta del curare —contesta mamá—. Sobrevuela el shabono y enfila hacia el sitio de aterrizaje. preferentemente de padre a hijo. Sin esto. Hasta a Ambrosio Alfinger le tras� pasaron la garganta y lo mataron con una de esas flechas untadas de curare. En expediciones guerreras las utilizan sólo cuando están seguros de alcanzar al adversario. ha� bilidad y constancia. y esta actividad está unida al resto de las actividades chamánicas. nuestros indígenas! -264- .

debido a la maldición del caimán que se en� fureció. porque le había robado el fuego. cremar los cadáveres —hay satisfacción en la voz de Xoto. nos volvimos vulnerables a las enfermedades. —¿Cómo? —Por engaño. pero su hambre no se calmó y siguió llorando hasta encontrar a Rabipelado que comía frutas kayu. Como aún falta por llegar al manantial del caño. les permitió calentarse por la noche. Rabipelado le proporcionó una gran mascada de tabaco. Por esa misma maldición. Nuestros repollitos subrayan la narración con gritos y sollozos. Para calmar su necesi� dad de tener algo mejor en la boca. Él se las dio. luego hizo posible la agricultura enseñándoles la tala y la que� ma. Subimos uno a uno en el espacioso -265- . calentarse. diciéndole que que� rían oír su voz. las cuales viajan con el humo. —Nosiriwë la colocó en su labio y comenzó a alegrarse: la cabeza le daba vueltas y se alejó escupiendo de contento. alumbrarse. descu� bierto por Rabipelado. Quisiera ahondar más en el tema. —Pero desde entonces —continúa Makobi—. —El fuego fue robado sorpresivamente por los Yanomami al caimán que lo tenía en la boca —empieza Xoto. los Yanomami nos hemos vuelto mortales. Los Yanomami. —Se encontró primeramente con los Arimari quienes para sa� tisfacerlo le dieron frutas de las que ellos comían. hijos de la luna Aprovechamos la navegación de regreso para que los dos her� manos nos cuenten el origen del fuego. lo hizo proliferar Nosiriwë. Anfictión Pimentel Napolitano ya ha aterrizado. tan importante para cocinar. alumbrarse en la oscuridad. Cada vez que su saliva tocaba el suelo se transformaba en una mata de tabaco —terminó Makobi acompañando el relato con su alegre y sugerente mímica—. pero los remeros están dedi� cados a acercar lo más posible la canoa a la orilla. Por eso se dice que el tabaco que descubrió rabi� pelado. Le hicieron abrir su bocota. —Nosiriwë caminaba por la selva llorando de hambre —em� pieza Xoto. los Yanomami nos complacen con otra leyenda sobre el origen del tabaco. pero eran insípidas. —El fuego les permitió cocinar los alimentos que antes comían crudos. que era muy bella —Makobi subraya esa respuesta con una mímica comiquísima.

El Chamán de los Cunaguaros. õniwë Pintada. Brillante. Prai rë. es chiquito. pintada. resuenan en mis oídos los cantos de cacería de los Yanomami imitados por los morochos que silban: Õniwë. Viaje por el mundo indígena venezolano helicóptero. pashoyaki rariwei ke. këkëa praroima el trasero de la paloma kë kë kë. Otra vez me asalta la duda: ¿Cuál es el bien. la piel del tigre está pintada õniwë. con nuestra habitual torpeza de ciudadanos. observamos el shabono que se ve apenas. rërëi. baila yëpi thë wëri baila grulla. Rërëi. gritan. pintada õniwe pintada. los jóvenes agitan los brazos en un enérgico saludo. la vida humana donde pareciera no haber sino presencias vegetales y de animales feroces! ¡Una vida tan compleja y tan estructurada! Con su bien y su mal. Debajo de nosotros. gritan. la cola de la shinaki wai. y cuál es el mal para nosotros y para los indíge� nas? Junto con esa duda. ¡Qué milagro. ira siki õniwe. un punto insigni� ficante en la selva. Ééé ara shinaki wai Ééé. Nos elevamos. brillante Rërëi brillante hetu yaki es la tragavenado shii rërëi. guacamaya -266- . Hõrema thë La paloma koroshi wai la paloma. prai rë Baila. los monos marimondas rariwei ke. y reluce.

bien arriba en el cielo. Así estamos nosotros. como la guacamaya. -267- . makekeratiai ééé. hijos de la luna makekeratiai está arriba. Los Yanomami. arriba. arriba. ééé. rumbo hacia otros fabulosos pueblos indígenas.

.

Tienen el mismo rostro repetido No se ve eso aquí. saltan y ríen en la espesura 269 . como el paují de terciopelo y oro. hijos de mi padre son dos paujíes.Palabreo del chamán cuando oye a los morochos silbar Mis hermanos son dos paujíes alados. como el tucán en la espesura. Mis hermanos silban entre las ramas. entre los indígenas. mis hermanos dobles. sus voces y cantos de llamada están unidos por un vínculo extraño y especial. de la misma madre. Visten de fiesta la tarde. sus silbidos ágiles. Mis hermanos son gemelos. Debe ser algo mágico. porque sus silbidos se comprenden. Me enorgullecen mis dos hermanos pájaros. nacieron el mismo día. brillantes y certeros. vigorosos. cantan como el cucarachero y el chirulí. saltan como el alcaraván y la camaza. ardidos. Mis hermanos.

son chicharras verdes. se trenzan y destrenzan formando una red. Caminaré en la selva aunque no me vean. el silbo fino. con el que los animales de la selva acuden a mi llamado y no tienen secretos para mí. sus canciones son pozos de montaña. cada uno con su hojita de paciencia. paraulata montañera. Y creerán que quien silba es el arrendajo. Golpean mis oídos como el sordo tambor del sapo cuando llega el invierno. sus silbidos son como el ají karibe. Caminaré con ellos entre lirios. enseñarles el silbo de la iguana. con sus alegres cuerpecitos. son iguales y distintos. Los hijos de mi padre son perdices en la hierba. firme y prolongado. caminaré oculto como un paují solitario -270- . hipnótico. como el chirrido de la rana platanera cuando florece la macolla. Y creerán que soy paují. Viaje por el mundo indígena venezolano con sus rojos guayucos. el gonzalito. grillos enronquecidos. sobre hojas de un verde lustroso moviéndose con el viento de la selva. Mis hermanos son paujíes. bordaré su camino con silbidos seré paují con ellos. sus pasos son los pasos saltarines de la lapa. perico ligero. como el agua cristalina de las quebradas. el cristofué. sus espíritus se unen. Mis hermanos son dos paujíes. Yo podría cazar con ellos. gavilanes en el monte. loro azul. y bajo las piedras se esconden los camacutos. dos azules agudos en una sola dirección. como el mato de agua cuando hay creciente y brincan el pavón y la cachama. y creerán que es el curiñatá y el picoeplata. domar esos paujíes. caminaré a su paso. entre orquídeas. sus silbidos son bachacos bravos. estaremos juntos sin que lo sepan. El Chamán de los Cunaguaros. Mis hermanos son dos lanzas de silbido. picantes y gratos. pizcúa. pavita o torcaz. sus silbidos son cantos dilatados. dulce y delgado.

Y aprenderán a silbar en silencio su nostalgia de paujíes lejanos. Palabreo del Chamán cuando oye a los morochos silbar entre las hojas del yagrumo. me sentirán cercano aunque no me vean y me sabrán hermano. y sangre suya. viejo recuerdo que se hace presente. entre el verdor del alto currucay poblado de monos araguatos que devoran codiciosos las frutas bermejas. entre el brillo de la sarrapia. -271- . que acompaña a los hijos de mi padre.

Los yaruros, centinelas del viento
Nuestro querido “Tío Jeep”, al que habíamos recordado frecuen�
temente en nuestro azaroso viaje en lo profundo de la selva, nos es�
pera como un viejo y cordial amigo allá abajo, en la vía de acceso al
territorio de los Sape, a orillas del río Paragua. Ellos lo han cuidado, y
en previsión de nuestro retorno han renovado y ampliado el techo de
palmas que habíamos encontrado la primera vez.
Aterrizamos con rapidez en un ocaso violento, lleno de luces fúl�
gidas y de relámpagos electrizantes. Abrazamos con una mirada afec�
tuosa el helicóptero. El “Helipájaro” de nuestro querido Coronel va a
ser difícil de olvidar para nosotros. Cómodo y capaz, con sus asientos
tapizados en blanco y su exterior de un rojo vibrante, ya es una figura
familiar para los González Uribe. Le hemos tomado mucho cariño,
casi tanto como a Tío Jeep, y éste parece reclamarnos:
—¡Epa, muchachos, primero fue sábado que domingo!
Después de un saludo cariñoso, un fuerte abrazo y un agradeci�
do “¡Hasta pronto!” a nuestro incomparable piloto Anfictión, vamos
enseguida a bañarnos en el caño que corre cercano. Ya con ropa seca y
fresca comemos con gran apetito los espaguetis con salsa italiana, las
salchichas alemanas enlatadas, los tostones y la yuca frita que bien se
acompañan con las arepitas caraqueñas preparadas por mamá en la
273

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

hornilla a gas que forma parte del equipo… ¡la vida civilizada tam�
bién tiene sus placeres! Acostados en los chinchorros, abrigados con
nuestras cobijas, mientras papá revisa los mapas al claro de una linter�
na de acetileno comentamos el viaje y los recientes amigos:
—Creo que Nomai va a ser una gran persona.
—Y Xoto y Makobi también.
—Serán capaces de defender los valores y tradiciones de su co�
munidad.
—Y de acercarse entre ellos, de integrarse también a nosotros.
—Seguramente.
—¡Qué gran tipo, el Coronel! ¡Un extraordinario Comandante
del aire!
—¡Cómo me gustaría ser Comandante, del aire o del mar!
—dejo escapar, transportado en sueños.
—¿Y no te atreverías a ser Comandante en la sabana, como el
general Páez, el osado guerrero al que llamaron el “Taita”, es decir el
padre de los llanos? Él comandó un escuadrón formado por indíge�
nas Yaruros.
La pregunta de papá me impresiona.
—¡Pues yo sí me atrevería! —contesto entusiasta.
—Papá, ¿cómo es eso? ¿En verdad Páez reclutó a los yaruros?
—los morochos parecen incrédulos.
—Él mismo lo cuenta en su Autobiografía: que tropezó en los
llanos con indígenas, que los atrajo a la causa de la Independencia.
Eran trescientos indios de Cunaviche, al mando de uno de ellos lla�
mado Linache, a quien dio el grado de general de sus compañeros.
Fueron luchas desiguales, porque los realistas tenían armas de fuego
y los llaneros sólo lanzas y algunos machetes. Para que no se asusta�
ran al oír silbar las balas, Páez les repartió raciones de aguardiente,
quizás cocui, a aquellas tropas llaneras, acostumbradas a herir sólo
babas y caimanes. Se volvieron tan audaces que se rasgaban la len�
gua con la punta de sus flechas, se bañaban el rostro con la sangre
que brotaba de la herida y se lanzaban como demonios contra las
trincheras enemigas (sobre las cuales algunos fueron muertos a ma�
chetazos) logrando la victoria. En páginas estremecedoras, relata
también las penurias, privaciones y hasta hambruna que sufrió su
ejército de llaneros, “los bravos de Páez” cuando estaba aún en cier�
nes.
-274-

Los Yaruro, centinelas del viento

Mor inquiere extemporáneamente:
—¿Cómo vivía, de qué se alimentaba esa gente en medio de
tanta soledad?
—Siempre pensando en la comida —le acoto burlón.
Pero como yo también he leído, y varias veces, las memorias
de Páez, puedo responder su pregunta con las mismas palabras del
Centauro Llanero:
—Su comida era “un trozo de la res recién muerta asada al res�
coldo, sin pan y sin sal, y el agua de la tapara la bebida, y la cama un
cuero seco, y el zapato la planta del pie, y el gallo el reloj, y el juez la
lanza”. Así describe Páez mismo aquella forma de vida.
—¿Y sabían montar a caballo? —inquiere Ocho.
—Eran excelentes jinetes y nadadores —responde Rafael—.
Vadeaban charcos y ríos con la lanza entre los dientes, nadaban con
un solo brazo para tener una mano libre con la cual tranquilizar a su
querida bestia, protegerla, animarla a nadar contra la corriente, en
una comunión con el animal, burlaban a los caimanes gritándoles
para espantarlos.
—¿Burlar a los caimanes?
—Sí, los indígenas saben cómo hacerlo. Nunca se verá a un in�
dígena mordido por caimanes, porque los ahuyentan con una téc�
nica milenaria, les gritan y los hostigan con una especie de arpón o
palo aguzado. Aunque en realidad —concluye papá— a los segui�
dores de Páez, criollos, llaneros o indígenas, nunca se les pregunta�
ba si sabían cabalgar o nadar, sino que se los mandaban montarse y
conducir como fuera la manada a buen recaudo o arrojarse al río y
guiar al ganado.
—¡Qué temple, cuánta habilidad en esos yaruros! —comento.
—Sí, ellos incluso ayudaban a aquellos oficiales que no supie�
ran nadar a cruzar los cursos de agua, haciéndoles botes de cuero de
ganado.
—Quizás los yaruros fueron decisivos en los triunfos de Páez
aquí en los Llanos.
—No sólo aquí —acota Rafael— ellos combatieron en el sur
con el mariscal Sucre, y se dice que muchos de los soldados que fue�
ron a Ayacucho, los famosos lanceros, eran yaruros.
—Antes les decían “los bravos de Páez”. ¿Por qué después los
llamaron “lanceros”?
-275-

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

—Enseguida que llegaron al sur de América fueron llamados
“lanceros” por los españoles, porque en sus lanzas, las que hacían
seis palmos más largos que las ordinarias y manejaban con habili�
dad, lograban ensartar hasta tres personas…
—¿Tan temibles eran?
—Figúrense que hasta les decían “los demonios”. El escuadrón
de doscientos llaneros yaruros que Sucre llevaba con él, cuya pre�
sencia dejó pasmados a ecuatorianos y peruanos, decidió el éxito de
la Batalla de Pichincha.
—Hablando de héroes y hombres de valor, nuestro combatien�
te del aire no ha querido detenerse aquí, ni siquiera apagó el motor
—observa mamá.
—Voy a dormir a la orilla del mar —anunciaba apresurado—,
otra misión me espera.
—¿Cuál será?
—¡Qué vida tan interesante! —comenta Mor.
—Y arriesgada —completa Ocho.
—Ustedes, ceritos, le han estado preguntando tantas cosas du�
rante el viaje, que quién sabe si algún día me voy a encontrar con
uno o dos hermanos en la Fuerza Aérea Venezolana… pues, me
agradaría…
—Y si vas a ser antropólogo, doctor Tuponken, podríamos serte
útiles.
—A mí me gustaron mucho los monos tití —Maigualida inter�
viene en la conversación con entusiasmo— y también los demás mo�
nitos, las tortugas, las lagartijas, los pájaros.
—¡Qué bueno sería tener una hermana veterinaria!
—¡Cuánto me agrada ver —se contenta mamá— que la armonía,
en nuestra familia, va en aumento! ¡Qué tranquilidad, no tener que
sortear peleas entre mis hijos! ¿Cómo ha sucedido algo tan bueno?
No hay contestación, en realidad no lo sabemos, pero segura�
mente tiene mucho que ver en esto el contacto con los indígenas, con
su manera de vivir y de pensar, su sobriedad, su solidaridad.
—¡Ya todos tienen el futuro arreglado! —se complace papá—.
Ahora hagan el favor de dormir y dejarme descansar. A partir de ma�
ñana nos esperan largos trechos en jeep y este Comandante que les
habla, aunque sólo sea de tierra y no tan extraordinario como Páez,
necesita concentración…
-276-

Los Yaruro, centinelas del viento

—Sí, papá, sí, a dormir. ¡Y tú eres el mejor de los Comandantes!
Buenas noches, Comandante de tierra.
Con tantos Comandantes dando vueltas en la cabeza, me entre�
go a una pacífica duermevela. Entonces se me presenta una figura co�
nocida, familiar que me habla con voz ronca y cariñosa: ¡es Tío Jeep!
—Soy un Jeep proletario, viejo y un poco destartalado, sin em�
bargo estoy contento de andar con ustedes. He recorrido muchos ca�
minos, ya estoy cansado, pero este viaje ha sido el más lindo de todos
los que hice. Con la familia a bordo, tratando de encontrar a ese per�
sonaje mágico que es el hermano que falta, me siento feliz.
Desperté en la mañana y casi creí oír la voz de Tío Jeep, vi su
carrocería azul, las cajas, cestas, morrales y mapires ya cargados sobre
él, sus ruedas listas para el camino. Me puse a espolvorearlo un poco,
afectuosamente, pero a nadie le conté que soñé con haber conversado
con él.
Emprendemos la marcha temprano. Primero atravesamos un
trecho de selva afortunadamente no muy extenso, por un trazado
que sólo con gran optimismo podría llamarse vía. Tío Jeep ronronea
con las asperezas y fragores del camino. Después de algunas horas
salimos a campo abierto, a la inmensidad de la sabana. El recorrido
que la prolongación de la estación seca nos permite librar a campo
travieso, es largo y monótono. De vez en cuando un caserío, un ran�
cho, un techo sobre palos retorcidos revela una presencia humana.
Al borde de los corrales, grupos de llaneros descalzos vigilan sus
reses sentados en un cráneo de caballo o en la cabeza de un caimán,
como en los tiempos del general Páez, cuando esos eran los únicos
asientos.
Maigualida empieza a gritar de alegría, indicando algo a veces
en la tierra, a veces entre tupidas matas de sabana o sobre las piedras,
que nosotros no logramos divisar. Superloro sí, porque celebra con
gritos él también lo que la niña señala con el dedo. Al fin las vemos:
lentas, majestuosas, con una decencia prehistórica, se deslizan suave�
mente en un cómico andar contoneado, para sorpresa y júbilo de mis
hermanos:
—¡Las iguanas! ¡Sí, son iguanas!
No las lográbamos ver porque, así como los camaleones y otros
rastreros, adaptan su piel al lugar donde están y se confunden con el
paisaje. Con estas técnicas de camuflaje, las iguanas se defienden de
-277-

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

enemigos cuales culebras, boas, cunaguaros, gavilanes y demás pre�
dadores que constantemente las acechan.
Enseguida Mor comienza a silbar y Ocho se le une, con un silbi�
do sigiloso.
—¿Qué hacen? ¿A quién imitan ahora? —pregunta mamá.
—¡A nadie! Estamos silbandito iguanas.
Seguramente mis hermanos investigaron algo sobre la estrecha
relación de los indígenas y hoy en día también de los criollos, con
estos reptiles. Los silban para atraerlos y cazarlos. Si es un cherre, es
decir un macho, lo sacrifican aunque se defienda dando tremendos
latigazos con la cola, y lo preparan tan bien para comérselo, que al
estar cocido, sabe mejor que un pollo. Si es hembra, para no extinguir
la raza le sacan los huevos que asados al sol son un manjar exquisito,
luego le cierran la herida con destreza, cosiéndola con un hilo fino
extraído de la palma y aplicándole hierbas cicatrizantes, y por fin la
sueltan en el monte.
—¡Estamos en el Llano que describe Gallegos en Doña Bárbara!
—apunto embelesado por la belleza del estero que acabamos de pasar,
lleno de garzas blancas y corocoras rojas— ¡Miren cuántas aves!
—Y es también el llano que canta Alí Primera —agrega Mor. Y
sin esperar, junto con Ocho se pone a tararear:

Cunaviche adentro, llano adentro
cantando el llanero, cantando su suerte…

—Pero por aquí no está el Cunaviche —corrijo irónico.
—Bueno, está cerca —tercia papá—. Por estos llanos corren el
río Cunaviche, el Meta y el Arauca.
—¡Alí Primera los conocía! —insiste Mor.
—No sabía que les gustaran estos cantos tan venezolanos, que
realmente son más de nuestra época —se sorprende mamá.
—En la escuela nos hablaron de él, de su interés por la cultura
popular y por los Llanos.
El territorio de los yaruros, también llamados Pumé, abarca prin�
cipalmente el estado Apure. Tierras bajas, áridas, de escasa vegeta�
ción. Llanos de Apure: extensos, infinitos. Matorrales polvorientos
y retorcidos, algún venado que escapa veloz, reses vagando en bús�
queda de agua, manchas negras de zamuros al acecho, frecuentes y
-278-

Los Yaruro, centinelas del viento

numerosos rebaños de alborotados chigüires, los grandes mamíferos
roedores que nos hacen reír con sus pelambres erizadas, su ruidoso
chapoteo, los cómicos hocicos y sus ojillos achinados que parecieran
preguntar: “¿Quiénes son ustedes?”. Más adelante bordeamos el río
Apure, de sinuoso cauce y aguas doradas, casi amarillas, uno de los de
mayor importancia de Venezuela, famoso por los grandes arenales de
sus riberas donde desovan las tortugas, tan codiciadas por su carne y
sus huevos, que hoy día se consideran una especie amenazada.
Hace tanto calor en el Llano, el sol resplandece tan fuerte, que
un intenso sopor nos invade. Hasta Superloro ha dejado de hablar,
inclusive de graznar. Sólo papá está alerta, y toma de vez en cuando
un sorbo del café que mamá le ha preparado en un termo. No sabría
decir con claridad si a veces se detiene, si la oscuridad sucede a la luz,
o la luz a la oscuridad. Proseguimos interminablemente. Pienso en los
árabes, los desiertos de África, los camellos, los monzones, vientos del
desierto. Quizás esta zona se le parezca. Todo luce tan reseco, inhós�
pito y abandonado. La selva que dejamos atrás era calurosa, terrible,
pero llena de vida. Esto parece, a trechos, inanimado, paralizante.
Con tales pensamientos me entrego al sueño, hasta que, por contras�
te, la ausencia del movimiento y del ruido del jeep me despiertan.
—Hemos llegado —me alerta papá con unas palmaditas en el
hombro.
Deberíamos haber arribado a la comunidad de los yaruros del río
Capanaparo, es decir ubicada en la parte central del estado Apure,
atravesada por ese río. Es la zona Pumé más antigua y más desasistida.
Las lagunas y los brazos muertos alrededor del Capanaparo y de sus
afluentes (caño La Pica, caño Casanarito) constituían la zona llama�
da “montes”, o “matas de sabana”, buen escondite y refugio para los
indígenas que en tiempos de la Colonia escapaban de la cautividad y
esclavitud impuestas por los conquistadores y colonizadores.
Me asomo a la ventanilla. Está amaneciendo. Veo sólo llano y
más llano.
—¿Hemos llegado? Pero… ¿dónde están los yaruros?
—Fíjate bien, allá está su campamento.
Aguzo la mirada.
Llevados por el barinés, ese viento que sopla con fuerza día y no�
che incesantemente, unos granos de arena me bombardean la cara.
Me protejo los ojos con la mano. Al aumentar la claridad, descubro
-279-

Estamos cerca de un caño. Aquí y allá. ¡Irreales y perdidos. un muro de sombras: ¿acaso el piedemonte andino? —No sé cómo pudiste encontrar esto. -280- . amarradas a las embarcaciones con una cuerda que pasa a través de un agujero practicado en sus caparazones. que parecen dormir semienterradas en la misma arena. No hay saludos ni miradas de alegría. y nos recibe. como en meditación. del color de la tierra misma se agitan en su lecho de arena. se ponen en cuclillas. quizás niños. un espejismo en la inmensidad de la llanura. camina lentamente. que parecen no terminar nunca. El despertar es silencioso. Es aún temprano. seco. protegen a otros durmientes. atados a las esta� cas. Viaje por el mundo indígena venezolano el “campamento”: algunas ramas frondosas y estacas de menos de un metro clavadas en la arena. vasijas y otros en� seres amontonados. Todos se agrupan alrededor de las hogueras. —Así es. Siempre que se llega a una comunidad de indígenas. El Chamán de los Cunaguaros. No parece un cam� pamento. Las ráfagas le desordenan las plumas. trabajoso. prenden el fuego. criaturas casi irreales. Vemos canoas encalladas en los bordes. Es vie� jo. De entre ellos. se adelanta Hat- chawa. En el agua varias tortugas prisioneras. sino un encantamiento. Liberan los perros. advierten nuestra presencia y nos ladran con voz débil. que resguardan cestas. Figuras espectrales. el frío de la noche se está convirtiendo en un calor asfixiante. el jefe yaruro que papá conoció hace años. acertaste. la brillantez de las sabanas del Capanaparo. Su piel ha adquirido la misma tonalidad de la sabana. se están levantando. Superloro se aferra con presión a mi hombro. se sientan. Ha disminuido la violencia del viento. que nos rodean. Logro divisar algunas figuras humanas acosta� das. los tol� dos desaparecen. hacen infructuosos es� fuerzos por huir. otras se levantan. Bajamos los dos del jeep. Sólo. Papá y yo nos detenemos. imperceptible. papá. Algunas mujeres amamantan a los niños. En lontananza. lo que hace difícil distin� guirlas. hace frío. Sólo algunos perros. o bien con las patas traseras atadas a las delanteras. no es conveniente irrumpir en ella sin saber su reacción. Nos observan. tendi� dos casi a ras del suelo. se la conozca o no. le cuesta hablar. todos permanecen en silencio. unos toldos vegetales aún más pequeños. La brisa azota. muy lejos. los yaruros! Pero acer� quémonos. con paso gastado.

el chigüire lo cazan con una flecha-arpón y salan su carne que así dura mucho más tiempo. ñame. el término noa sirve para designar tanto la car� ne proveniente de animales terrestres. Papá obtiene el permiso de tomar fotos. de día. sólo los flacos canes que los acompañan son sus resignados amigos. lechosas. con algo de yuca. mientras un compañero o la mujer. antes de que salgan a buscar el sustento. Ramas clavadas en la arena o pequeñas chozas rectan� gulares sin paredes y con techos de hojas de moriche que bajan hasta un metro del suelo. Utilizan un tipo de flecha-arpón constituido por una verada de unos ochenta centímetros y una punta desprendible de diez centímetros. y dentro de ella caben todos sus bienes: el arco. -281- . maneja la embarcación. Consumen una sola comida diaria. No poseen animales domésticos de los cuales alimentarse. o mejor dicho itinerante entre los indígenas: los yaruros. La canoa es su más preciada posesión. Al comienzo parece cosa rápida: una flecha para chigüires y pe� ces. Entre ellos. en las riberas del río. la flecha. como la de animales acuáticos cuales babas. ocumo. Utilizan la misma palabra. unas hojas parecidas a las del tabaco. sujeta por un cordón. para indicar la caza y la pesca. a base de lo que puedan conseguir internándose en las matas de sabana. los enseres. No practican la agricultura. tortugas y chigüires que se solaza. siempre en remojo. pues los Pumé nunca salen solos a pescar. centinelas del viento Por fin sé cuál es la etnia que mejor representa la condición nó� mada. por su forma de vivir. después que se levanta el sol. lo que ocurre también en otras lenguas. son lo más parecido a una vivienda. un machete. si lo hay. se las puede capturar vivas. y en el caso de las tortugas. cambures. aetaín. apenas cultivan huertos de verano a orillas del río. simples refugios para protegerse de la intemperie. de la humedad de la noche y. plátanos. El animal herido puede ser seguido gracias a la verada de la flecha que flota sobre el agua. la matan con el machete o con algún cuchillo. o sacándolo del mismo río. del sol. Los Yaruro. un arpón o algún cuchillo. La baba herida. Para la caza de la baba y la captura de las tortugas el cazador se mantiene de pie en la proa de la curiara. yo me esfuerzo por pro� teger la cámara del viento y de la arena: —Vamos a retratar el equipo de cazadores.

gabanes y gar� zones. El Chamán de los Cunaguaros. En cada una de las que visitamos hemos encontrado algún rasgo particular. y se pin� tan el pecho de blanco. Aquí. el garzón soldado de exquisita carne y el gabán. ¡la técnica de camuflaje! Se usa para la captura de venados. que no hieren el ambiente. expertos en el arte del camuflaje. por suerte en tonos bajos. poco después Hatchawa llama a uno de los más jóvenes del campamento para que le demuestre y explique a Rafael otras maneras peculiares de cazar. los yaruros sólo cazan aves cuando no han logrado hacerse de un buen venado o un chigüire. se cuadran militarmente y rompen el silencio arrancan� do a silbar. un gabán. reposta también cantando: A mí me gusta el gabán pero cuando está pichón -282- . anda pa alante gabán anda pa lante garzón mira que te están tirando con pólvora y munición. Así pueden aproximarse hasta ponerse a tiro del animal al que no le ahuyenta la presencia del garzón. imagínense. muy alimenticio y duradero. serían excelen� tes profesores de artes marciales en mi aula! —le comento a papá. garzas. que hace rato nos han alcanzado. Los morochos. Para capturar la garza. aprovechan la oportunidad. para no quedarse atrás. los cazadores se colocan sobre la cabeza una especie de gorro inserto en un trozo de madera que imita la cabeza y el cuello del garzón soldado. Cuando logran cazar un venado es una fiesta: tienen comida para un mes. Ocho. Viaje por el mundo indígena venezolano Sin embargo. específico. Luego Mor canta suavemente: Ay. de delicioso sabor y muy nutritiva. ya que salada o ahumada su carne se presta para preparar el famoso “pisillo de venado”. la cual se hace en grupo. Repentinamente recuerdo las clases de instrucción premilitar que han comenzado a dictar en mi liceo: —¡Los yaruros. propias de ellos. Tenía razón papá cuando nos hablaba de la diversidad de las et� nias indígenas. se camuflan cubriendo sus hombros con plumas: Pero. aire muy popular en esta zona. Para cazar venados.

muy singulares. tan herméticos. —No les hablen a las mujeres —recomienda papá—. marcando con sus patitas: un. Estas características se pusieron de relieve durante la Guerra de Independencia a comienzos del siglo XIX. Filatelio. Es algo tan extraño lo que nos refiere papá a continuación… como los fantasmas… como los espejismos. mientras se une a la mu� sical algarabía imitando el canto de los copleros del llano: —¡Aaaaaaaaaaaa! A continuación salen del campamento los ancianos en grupos de a dos. ¿Son acaso estos yaruros los filósofos de la sabana? Unos filósofos indígenas. Todo esto en silencio. que en su des� nudez material y actitud contemplativa. en un mutismo que es. entre ellos. y a ésta contestarle. reman ágilmente aguas arriba. entenderse con las yaruro. Qui� zás por esto se cree que existe un antiguo tabú. desaparecen en las curvas del río. Sólo mamá y Maigua podrán. Se encaminan a pie o bien. sinónimo de reflexión. nos recuerdan a los antiguos pensadores del mundo asiático. y luego en la Federal que liderizó el mariscal Falcón a finales del mis� mo siglo. Las mujeres yaruros son muy tímidas y suelen esconderse. Podemos mirarlas. contagiado con los aires militares comienza a re� correrme la espalda y los hombros en un acompasado paso marcial. recuérdaselo e insísteselo a los mo� rochos antes de que salgan a explorar y tremendear. Aún hoy día. Los Yaruro. un. dos. siempre en pareja. soledad y paz. como suelen hacer. Los yaruros tienen fama de extraordinarios brujos. si lo logran. y sin embargo lo avalan muchos libros de crónicas y de historia. tomarles fotos. —Hay que acatar sus costumbres —insiste—. los criollos temen y rehúyen su compañía por esta ex� traña y tal vez aventurada creencia. centinelas del viento porque me como las piernas las pechugas y el alón. Puede ser pe� ligroso irrespetarlas. pero no hablarles. Se ha dicho que el yaruro que -283- . dos. cuando los llaneros de Páez y los seguidores de Ezequiel Zamora invadieron esas tierras para refugiarse. que pro� híbe al hombre extranjero dirigir la palabra a la mujer "yaruro. luchar y sobrevivir. Superloro. se espabila y extrañamente. suben a unas ca� noítas. tan sabios. quizás. sumido en sopor después de tanto rodar.

la leyenda y la realidad —constata papá—. —De los varones de esta etnia —prosigue papá— se cuentan historias impresionantes: que un brujo yaruro hechizó a un criollo y lo sacó de su hacienda. Filatelio. que la tropa llegó a besarle respetuosamente. —Ajá. además de -284- . —Imagínate. como los morrocoyes. era un brujo que pronosticó la muerte de Zamora y la suya propia dos semanas más tarde a manos de los mismos matadores. —¡Dejen ya el subdesarrollo. nosotros una vez hasta hicimos un cuadro escolar y el profesor nos mandó dibujar el anillo de hojalata del Chingo Olivo. También se oye decir. y hasta pueden dejarlo impotente si se muestra reacio a complacerlas. Creen que estos quelonios. y le había regalado un anillo de azabache. sus preferidos. Ceritos gordinflones. Otras tradiciones les atribuyen una especial habilidad para amansar las fieras. que a otro le hizo perder la razón por haber osado dirigirle la palabra a su mujer. —Y lo van a botar luego de la comunidad. tú que te las das de picaflor. —Pues vean cómo se entremezclan el pasado y el presente. pueden predecir tormentas y crecientes de río. Zamora lo había elevado a la calidad de capitán. porque ni siquiera sabe pescar. logran advertirles de peligros y amena� zas. haciéndolo enloquecer por medio de un brebaje misterioso preparado con hierbas y raíces que sólo ellos co� nocen. culturícen� se y compórtense! Presten atención. El Chamán de los Cunaguaros. mucho cuidado. llamado el “Chingo Olivo”. a los cuales atribuyen propiedades mágicas. y en verdad saben domesticar cai� manes y babas. papá —recuerdo en un sobresalto—. no sea que te embrujen y te obliguen a quedarte por aquí —me es� peta Ocho burlón. a los cuales llevan de mascota para que los protejan. —¿Será cierto eso de que hablan con los animales? —Es voz común que ejercen hábilmente la comunicación con los animales a través de la telepatía y que algunos de éstos. Viaje por el mundo indígena venezolano acompañaba a Ezequiel Zamora a todas partes. con sin fundamento. mucho menos manejar una lanza —completa Mor. que las mujeres yaruro utilizan sortilegios o po� ciones de hierbas mágicas para cautivar al hombre criollo. costumbre que en los llanos de Apure todavía tienen las familias descendientes de ellos. pues le rendía verdadera veneración por sus cualidades de vidente. el brujo de Zamora.

querían mucho a los caballos. para recoger frutas. Hay cierta animación en el grupo femenino. por desgracia de los enemigos. me percato que sobresalen las figuras de los más jóvenes: esbeltas. —Pero —me pregunto—. tal vez por herencia. La obtención de la sal. coloridas flores como las de cayena. que abastecen a los indígenas de sal y sales minerales. como otras comunidades que visitamos. desarrollaban una gran afinidad con ellos. y todavía lo es. que las abrigan del viento. Todos contestaron: —La vengaremos —y así fue. -285- . sin más riendas que las crines. con rostros an� chos. De color del barro con que hacen sus tinajas. Los antiguos yaruros. que los provee de sal. de los cuales son golosos y devoran en cantidades con avidez. remar. pero sonríen amistosamente. altos pómulos y rasgos achinados. del porte ergui� do y de la altiva apariencia propios de los llaneros de Páez. así como todos los llaneros. hojas que utilizan con fines particulares y raíces comestibles. No nos hablan. Tengo entendido que además de la arcilla con que fabrican sus lindas vasijas. visten unas camisolas largas. Cargan a sus hijitos al pecho o a horcajadas. montar caballo. sin embargo. si acaso consiguen caballos los montan a lomo pela� do. Debe ser triste para ellos no tenerlos más. ergui� das y fibrosas. centinelas del viento invasiones de extranjeros. o por el mucho ejercicio: caminar. —¿Y hoy día? —Hoy día. papá? —Se preparan para salir. lucen pequeñas y frágiles las mujeres. Carecen. Del mismo Páez se cuenta que cuando le hirieron mortalmente el caballo. —¿Qué hacen. que necesitan especialmente para conservar los alimentos. de una sola pieza. Los mantienen amarrados a una cuerda larga cerca de su campamento y se esmeran en alimentarlos ade� cuadamente con hojas frescas. y cambures. Los yaruros no tienen. cargar. Los Yaruro. aquellas hojas y hierbas tan comunes en la floresta. Ellas también realizan sus propias in� cursiones tierra adentro. Detallando todo el grupo a la luminosidad del sol naciente. buscan y recogen un tipo de arcilla procedente de los bancos situados a lo largo de los cur� sos de agua. Al lado de los musculosos yaruro. fue siempre para ellos un gran problema. ¿dónde están sus corceles? No veo ninguno en los alrededores. le pre� guntó a los compañeros si estaban resueltos a vengar su muerte.

un palo para cavar. —¿De dónde llega tanta ventolera? ¿No hay montañas que protejan? —La llanura que habitan los yaruros está enmarcada entre las estribaciones de los Andes venezolanos al oeste. está abierto el paso -286- . el tráfico de la sal. Pero aprovechemos el momento y la luz —me insta Rafael—. —Es cierto. y ayúdame a retratarlas. ¡Las fotos de papá van a resultar estupendas! Ojalá el hosco viento no las vaya a estropear. y esto dio lugar entre los mismos indígenas a una de sus primeras y antiquísimas empresas comerciales. Figúrate que los cumanagotos de las costas de Paria utilizaban ese tesoro. En la mano. Viaje por el mundo indígena venezolano —Para ellos y para muchas otras etnias —agrego. sujeto a la cabeza con un listón de tejido vegetal que le atraviesa la frente. Con la abundante cabellera negra cubrién� dole los hombros y sus críos a horcajadas. encajan perfectamente en el marco de esas sabanas resecas y escuálidas. para sus intercambios con las etnias de la sabana y de la selva. Mira cómo se equipan. Pero hacia el sur. sin elevación ninguna. El Chamán de los Cunaguaros. Cada mujer lleva varios collares y un cesto en la espalda. que obtenían en las salinas de Araya. donde los llanos se adentran hacia Colombia. y el río Orinoco y los montes de Guayana al este. La llevaban en grandes trozos. y la trocaban por veneno de los Yekuana y puntas de hueso o de piedra de los yaruros y Pemón.

la presión de los hacendados. vientos refrescantes y generalmente secos. no sé si es espejismo o realidad. -287- . partiéndolas en dos. A lo largo de los últimos siglos. grandes lagos trans� parentes. hijo? —Sí. Tenía tanta altivez que parecía reclamar con la mirada su espacio propio en la selva. Los cercos de los hatos. Creemos ver cosas. —¿Por qué no buscan un lugar más guarecido. Parecía un dios de la selva. ciudades con altos palacios. Y prefieren la frescura de la brisa. los comentamos con los morochos: nos parecía ver bosques colgados del cielo. —¿Pero no podrían encontrar un sitio al abrigo del viento? —Prefieren el viento a los miles de insectos que anidan en los lu� gares estancados. la fatiga y el cansancio nos producen a veces. ¿Recuerdas nuestro reciente recorrido? ¡Y cómo! El aire pesado. —Esas son las cosas que el calor. las amenazas con armas de fuego de los ganaderos. mosquitos. los han exilado de sus propios territorios. personas. que me hacía dudar de estar cuerdo. atormentando la epidermis del hombre. pero todo es como un delirio. a la terrible resolana del llano azotado por el sol. los espejismos. —¿Te impresionaron los espejismos. remontando un curso de agua. el lugar que perteneció a sus antepasa� dos. han sido despojados de las tierras que les pertenecían. más acogedor? —No tienen opciones. un espejismo más —trata de explicar� me mi padre. Filatelio. la somnolencia. En ese momento me asalta un recuerdo y una preocupación: —Pero hay algo que vi. figuras. pozos de agua delante de las ruedas del jeep… —…que iban desapareciendo apenas el vehículo se acercaba. —Era una extraña sensación. Remaba con maestría y la embarcación surcaba rauda las aguas. Los Yaruro. pegones. caballos galopando en el aire. un protector de la fauna fluvial con su larga cabellera y sus muchos collares y amuletos. su territorio ancestral. Luego reanuda su razonamiento. —Entonces. jejenes. que no producen lluvias sino que absorben el resto de humedad que en� cuentran a su paso. agrégale a todo esto los insectos que nos habrían atacado si hubiésemos detenido el jeep: zancudos. el sudor. pues ape� nas lo pude divisar a lo lejos: un hombre en una canoa. A esto se debe el aspecto desértico de la región. centinelas del viento al soplar de los alisios.

cuando vuelven las mujeres por un lado y los pescadores y cazadores por otro. se� guramente a cazar. algunas estacas. bajo la sombra de la hojarasca. los oculta. Mor y Ocho que apenas han logrado en� contrar unas tortuguitas a lo largo de su caminata. no he quedado convencido. Más tarde me apartaré con el anciano Hat- chawa para confiársela y él. mirándome sonriente me explicó con su voz antigua. Simples son en bienes materiales. que los cubre. Todo se anima. Y el viento les arroja polvo y más polvo… pareciera la arena del olvido. vasijas para agua y hogueras apagadas denotan la cercanía de seres humanos… Los pocos que han quedado allí. huevos y miel traen los hombres. realmente. mortificados. vigías del viento barinés. —¿Comprendes ahora por qué los yaruros prefieren el viento. la inmen� sa arena del abandono. Él vela por las tortugas. reposan semidesnudos y semienterrados en la arena. La visión del canoero me persigue. que parecía venir de la misma tierra: —Es nuestro hermano Pumé. Vuelven. —¿Pues. Viaje por el mundo indígena venezolano —Y además —completo yo— los tábanos. pero profundos en su mentalidad. los disminuye en el paisaje y los convierte en habitantes de la soledad. ¡Qué forma de vida extraña. El Chamán de los Cunaguaros. ¡No hay mucho más que retratar! Pero horas más tarde. no son gente tan simple como habíamos creído. sin embargo hace la existencia soportable? Volviendo a los espejismos. —Todo y nada. cuida las iguanas y los chigüires. una raíz comestible que -288- . ahora casi vacío. Las cestas de las muje� res están repletas de hojas y de changuango. los puri-puri y toda la minúscula fauna de esos bichitos que atormentaron al sabio Hum� ���� boldt cuando recorría el Orinoco. Han regresado cargados: babas y tortugas. harapos. el Chamán de los Cunaguaros. nos damos cuenta de que los yaruros. intentando protegerse del sol. la de estos indígenas! Miro su asentamiento. eso es todo? —les pregunto. que aunque pueda parecer demasiado molesto para el bienestar humano. —También nuestras fotos serán rápidas. totumas. los más viejos. También los jóvenes han salido. pe� ces de río. protege los animales del río y también a nosotros. en su sentir. Sólo unas cestas destartaladas.

y con unos altos graznidos agradece la aten� ción. Observamos con atención. Van a encender las hogueras para prepararla. -289- . Se la ofrecen a Superloro. es motivo de gran animación. Con excepción de los fru� tos. única del día. La comida. Los Yaruro. cocidos a la parrilla. los yaruros no comen nada crudo. cocinan todos los alimentos. hervidos. centinelas del viento se recolecta en la sabana. asados. que la encuentra de su completo agrado.

que vimos entre los waraos. los Yanomami. definida por los antropólogos “una lengua aislada”. las atizan. y colocan las tortugas y babas más pequeñas sobre un entramado de palos unidos con fuertes -290- . —A uno de ellos le han hecho una incisión en la mitad —co� menta mamá al observar los palitos de cerca. Luego introduce el otro en la incisión. cada tarde. Mbuae? —le pregunta mamá. Ella ríe graciosamente. Se levanta y con el brazo extendi� do indica y nombra el Kolorí. —¿De cuál árbol sacas esas varitas. Ha entendido. que utilizan todos los indígenas para este fin. Mbuae coloca en el suelo justamente ese palillo y lo mantiene en posición vertical entre los dedos de los pies. señalándole los que están a nuestro alrededor. de varas durísimas. La operación es rápida. pero nosotros no entendemos ni una palabra. Mbuae. Los Jodi. Mamá no se rinde: con un arbusto dibuja en el suelo arenoso los palillos. los Yekuana. siempre a gestos. y lo hace girar con velocidad entre las palmas de las manos. y al momento de cocinar. La sutil arena esparcida por el viento apaga prontamente las brasas. árbol de madera dura que se encuentra en abundancia a lo largo de las riberas del Capanaparo. avivándola con una hoja de palma moriche. las mujeres acercan unas raíces oleosas. Son los jóve� nes los que tienen a su cargo. aunque hemos sabido que también hacen fuego con astillas de otros árboles. luego unas llamas y por fin muchos árboles de distintas formas. pro� pio de la región oriental. como el guatacare. Mbuae le contesta algo que nos deja perplejos. ¡Zac! Salta la chispa sobre un montoncito de hojas y ramas secas pre� paradas de antemano. dice papá. especiales para avivar el fuego. aprisionándolo para darle firmeza. acostumbran más bien dejar las hogueras encendidas. una ocurrente muchachita que a gestos ha logrado hacerme entender que su nombre significa “Estrella de la mañana”. Es la planta más utilizada. pero hasta ahora no habíamos asistido tan de cerca y al aire libre a ese procedimiento. haciendo ti� tilar las figurillas de azabache en forma de pequeñas tortugas que le adornan el cuello. Las llamas se levantan. se acerca con los dos palitos de madera. Viaje por el mundo indígena venezolano Sabemos que varias comunidades indígenas encienden el fuego sin necesidad de fósforos. El Chamán de los Cunaguaros. Aquí es distinto. Es bien difícil la lengua de los yaruros. ella atiza la hoguera. Ella repite y re� pite los misteriosos sonidos. el oficio de hacer fuego.

que así también los indígenas llaman a los criollos. donde los yaruros pasan a lo largo de la narración como figuras que el viento lleva. carne desmenuzada de venado guisada con hierbas. las lluvias que convierten el llano en una inmensa ciénaga y los obligan a abando� narlo. la cual tiene como telón de fondo el bravío llano venezolano. nos abre inmediatamente el apetito: es el típico “pisillo”. —Han perdido su antiguo esplendor. le pregunto a Hatchawa. Los Yaruro. esparciendo un delicioso aroma. el acecho de los hacendados que quieren arrebatarles sus tierras. lo que hacemos gustosos. Creo que no quedan más que unos doscientos yaruros a lo largo y ancho de estos llanos. hasta que sus caparazones. En invierno. reflexiono. que nos sirven en tazones y platos de la misma arcilla. Luego. Un delicioso guiso. Las dificultades de existencia. las ca� rencias. el viento. —¿Cuántos son los yaruros por todo? —aprovechando la inti� midad de la comida. las amenazas de los braceros que los obligan a trabajar. rele� gados. el abandono. miro alrededor y trato de contarlos. que comprende bien el español. —¿Cuántos yaruros hay aquí? —me pregunto—. Nos invitan a compartir su alimento. A sus sufrimientos. tal vez habremos desaparecido… Comprendo su desespero. estos yaruros realmen� te no parecen los mismos que combatieron con Páez. Dentro de pocos años. Unos treinta. cuando ustedes quizás regresen. el acoso de los “racionales”. En verano. disminuidos. sentándonos en su mismo círculo. Tengo que manifestarla. Mi inquietud es grande. Sin embargo recién ahora las leyes venezolanas se -291- . hijo… Y disminuimos al pasar de los días. a manera de parrilla. se resquebrajan. hijo. a refugiarse en lejanas e inhóspitas alturas. como de carne mechada. Me mira con desaliento: —Somos pocos. Me dirijo a Rafael que se ha venido acercando: —Pero papá —vacilo un poco dudoso—. a la permanente humillación en que han vivido se refiere Rómulo Gallegos en su novela Doña Bárbara. Los hombres destazan las más grandes y pronto la carne blanca y jugosa hierve en una de las grandes poncheras de arci� lla que ellos elaboran. al tostarse. olvidados. Ya que estamos todos cerca. centinelas del viento bejucos. quizás. tal vez no nos encuentren. de los aventureros y forajidos que representan un peligro para los niños y las mujeres.

empezando por los cuchillos y tenedores —concluyen juntos—. existe la creencia de que deja estéril al hombre. Algo raro me llama la atención: el contento de los dos ceritos es exagerado. Le han quitado el rabo. parecido a la carne mechada. Los demás cortaban sus alimentos con cuchillo. Su euforia se debe a que. —¡Vámonos a pie! —bromea Ocho a la manera criolla. —¡Caramba. entre los yaruros. porque aunque tiene fama de ser muy gustoso. Al regresar a Caracas arrojaremos como desperdicios esos productos artificiosos de una cultura viciada… —Perfecto —y ahí viene la ducha fría de papá—. como los Yanomami. mamá! ¡Estupendo. la mejor de todas las carnes. salga hacia el Ávila o los valles de Aragua. Con esto se consuelan. —Desechemos los vicios de la civilización. excelentemente preparada. como los waraos. Frente a una costumbre que encuentran tan atractiva. y algunos se valían de varillas de palma bien talladas y afila� das. no hay cubiertos: la comida se toma con los dedos y así mismo se lleva a la boca. de los cuales se sorbe el contenido. mejor si para la familia completa. El Chamán de los Cunaguaros. Mor y Ocho declaran con su acostumbrada exageración: —¡Tenemos que volver a la naturaleza! ¡Aprendamos de los indí� genas! ¡Pura mano! —grita Mor. puede arrojar� los todo el que se levante por la madrugada. A Mor y Ocho no les queda más remedio que callarse y seguir comiendo. —¿A qué se debe tanto entusiasmo? —inquiero con aprensión. sensacional! ¡Esto sí nos encanta! —exclaman felices. —¡Qué maravilla. ¡Y re� sulta incomparable! Aún no habíamos visto algo igual hasta ahora. y regrese cargando a cuestas suficiente comida para el día entero. o se servían usando taparitas alargadas a manera de cucharas. Pero lo que a todos nos fascina además del pisillo es la carne de la baba. y esperamos que se logren algunas que real� mente los protejan. los yaruros están más adelantados que nosotros! ¡Ya encontraron un anticonceptivo masculino! -292- . como los pemónes. desvían poderosamente estos pen� samientos. Las humeantes ollas de barro llenas de diversos manjares muy aromáticos que colocan a continuación en el centro del círculo for� mado por nosotros en cuclillas. Viaje por el mundo indígena venezolano están ocupando de ellos. ¡Y el consuelo es abundante! Hay huevos de baba y tortuga.

y me invitan a dar un paseo con ellos en esa posición. que lo hacían esencialmente en el tejido. aplicada a cualquier labor. se alejan de las hogueras. Los Yaruro. que a duras penas logramos detener. aquí. escobillones. quien nos llama para hacernos co� nocer otro rasgo extraordinario de ellos. es mucho más veloz y precisa. —Pero los brujos yaruro saben conjurar ese veneno. Síiiii… ¡pegaron una. ni mesa que limpiar. los disparos. Comprendo al vuelo a quién están imitando. lo que también contribuye a que en su medio pasen desapercibidos y sea tan difícil verlos. los yaruros se trasladan a uno nuevo. trabajan igual con la izquierda que con la derecha. Las mujeres. Cuando un sitio está muy hollado. agachándose. ¿Será la liberación femenina? —canturrean los morochos a media voz. A la vez que cantan se me acercan gateando. Nos perca� tamos de que los integrantes del asentamiento. Ni siquiera es necesario barrer. mis dos ceritos! —Es cierto que el viento. también lo hacen con los pies! Nos recuerdan a los varones sape y kariña. centinelas del viento La salida de Ocho causa la risa de nuestra familia. de rodillas o a gatas de un lugar a otro. que al despertarse y después de comer nunca se ponen de pie. coleto y haragán. que es ponzoñosa y puede gangrenar el sitio donde pica. al transportar la arena. ese peligro —afirma convencido el número ocho. siempre sin levantarse. Pero la técnica de éstos. posteriormente de los hacendados? Nos aproximamos a mamá. debido a una prolongación de la ancestral costumbre de evitar. fresco y aseado —reflexiona mamá. —Se acabaron escobas. se arrastran hasta círculos de arenas limpias -293- . sino que se arrastran de cuclillas. Mamá se acerca a las madres yaruro que están reposadamente sentadas o recostadas. para evitar los peligro� sos alacranes. y para completar… ¡ade� más de trabajar con las manos. A los amigos yaruro. ni corotos que fregar. ¿Acaso por una medida higiénica? ¿O no será más bien. como las demás comunidades indígenas hacen varias veces al día con rastrillos o con escobas hechas a partir de la hierba conocida como escobilla. primero de los conquistadores. Un movimiento silencioso y continuo nos sorprende. pienso con indignación. sobre todo la golofa o jolofa. Son ambidiestros. realiza la lim� pieza. descansan después de la comida: no hay vajilla que lavar. circulando con una destreza sorprendente. ciempiés y hormigas.

la diosa creadora de todas las cosas. Sabíamos que había chamanes en las comunidades que visitábamos. sentado en un banco con su perro al lado. pero no se nos acercaban. balan como cabras. por temor. que gozó de fama internacional pero que se perdió a finales del siglo XIX. Los seguimos y nos reu- nimos con ellos. rebuscando en mis estudios de historia de Venezuela. roncan como el cochino. algunos directamente aspiran la hoja enrollada. Al insinuarse el brillo de la luna. mandó a quemar los campos donde se guarecían sus oponentes? —aventuro. trepan. son la señal de que Kuma. mientras el cielo se tiñe de matices rojos. Este recuerdo. Se acerca la noche. enfurece a mi padre. que fumaba tabaco cerca de un enfermo. siempre más molesto y resen� tido— porque en tiempos no muy lejanos no existía quien protestara por los atropellos a los indígenas. El Chamán de los Cunaguaros. se persiguen entre risas. cuando el caudillo Ezequiel Zamora. agi� tando la maraca para un niño recostado en una hamaca. Los adultos fuman un tabaco picado en pipas grandes fabrica� das de barro. Otro aún lo observamos desde lejos entre los Yanomami. ni se dejaban identificar. por consejo del inseparable bru� jo “Chingo Olivo”. ha manifesta� do su complacencia. Los niños juegan: imitan a los animales. a perder sus poderes y su fuerza al contacto con los “civilizados” o “criollos”. violetas. Con semblante satisfecho. Pero en ninguno de esos casos nos dejaron hablar� les. se� gún nos informaron. Otro lo habíamos visto entre los Yekuana. corren a gatas como si fuesen perritos. rosados. las mujeres preparan algunos cigarritos delgadísimos con esas hojas silvestres parecidas al tabaco que recogieron por la mañana y manipulan con recato. mientras absorbía la sopa de plátano. Donde los pemónes vimos desde lejos a uno. Los yaruros se alegran: estos bellos colores del ocaso. —¿Y será cierto —insisto con terquedad— que algunos terrate� nientes tomaban puntería matando a los yaruros. Viaje por el mundo indígena venezolano y contemplan con embeleso la puesta del sol. por la inhumanidad que trasunta. —¿Será acaso un rastro del célebre “tabaco de Varinas”. porque los estor� baban en su codicia por la tierra? —Es posible que hayan sucedido éstas y otras barbaridades —contesta papá con tono de rebelión. nosotros lo deseábamos y los habríamos tratado -294- . salta. se manifiesta una presencia nueva: el chamán o guía espiritual. quien diera la cara por ellos. Fue una lástima.

a la diosa Kuma. en un murmullo ronco y sostenido. un anciano arrugado a quien la mitología Pumé presenta como el hijo de Kuma y Poana. Este viejito es el encargado de iluminar el entendimiento de los que quieren convertirse en chamanes. Cada chamán. son dirigidos por un chamán masculino quien toca la maraca. respondiendo al chamán masculino oficiante. y a veces a Acava. Ambos son muy considerados y acatados. debe ser una mujer madura. un denso silencio se cierne sobre el grupo. y chamanes mujeres. De cara al suelo. Aquí. tendidos. A medida que la oscuridad disipa los colores del cielo. hombre o mujer. tenga o no éxito. logre o no curar. pero me doy cuenta de que los embargan unos sentimien� tos intensos. y me parece. pues todos reconocen que son los más indicados para resolver o aliviar cualquier problema grave de salud o espiritual. por el contrario. la gran serpiente anaconda. Los Yaruro. El canto de la “hermana menor” se celebra al atardecer. la vida del grupo gira a su alrededor. hay chamanes hom� bres. Apenas llega el crepitar de la arena arrojada por el viento y. la voz del zorro parecida a un ladrido. La llaman Añikui. Los últimos co� ros de la noche. entre los yaruros. nos explica Hatchawa que al percatarse de nuestra buena disposición e interés se muestra más comunicativo y logra expresarse en un español bastante corrido. ya que sus éxitos en la lucha contra ciertas enfer� medades son indiscutibles. y sabemos que. fabrica su propia maraca y la decora con grabados y dibujos geométricos o esti� lizados que simbolizan a Poana. los gritos de los araguatos. Los yaruros musitan una monótona salmodia. la ascen� dencia y acción del chamán entre los indígenas es benéfica. Esta tarde oficia una mujer. el resoplido de las toninas en el río. Tanto los hombres como las mujeres antes de ser chamanes tienen que entrenarse para modular su voz. “hermana menor”. El chamán hombre empieza su actividad relativa� mente joven. y ella canta sola desde su chinchorro. parecen encontrarse en una especie de trance. No sé bien cuáles sean. -295- . con experiencia. el rugido de algún jaguar. que goce de autoridad. centinelas del viento con mucho respeto. en cambio. mien� tras la voz de la chamán los guía por el mundo espiritual. pues serán los cantores de la comunidad. único instrumento de acompañamiento musical utilizado por los yaruros. un personaje femenino con los brazos extendidos. desde lejos. La mujer chamán. de todas formas.

que parece brotado del mismo suelo. humillados y despojados de las tierras que les pertene� cen y cuyos productos son suyos por derecho ancestral. —¿Por qué abandonaste a tu hijo? —lo interpela la yaruro. En ese momento el chamán hombre se adelanta. mirándolo fijamente—. capaces de una vida completamente espiritual y sin embar� go. —Evocan nuestro amigo. —No lo abandoné. levantados. por todos los caminos y pueblos de la selva. Lo perdí. ¡Yo sé quién eres! Papá la mira con cierta inquietud. sus ojos mirar a al� guien. Se mezclan. tachados con maldad e injusticia de “irracionales”. Los gestos de los yaruros. Lo busqué por todas partes. vi tu rostro en el silencio de la noche. ellos también. vibrante y sutil. El grupo se le une. a quién llaman? —le pregunto. Enseguida se dirige a mi padre: —¿Quién eres tú? —lo increpa. enigmática. cómo es que conoces mi vida? —El mundo de los espíritus me reveló tu pérdida. parecen indicar algo. —¿Con quién hablan. nuestro protector. su figura se pierde en las tinieblas que avasallan. Y vi el rostro solitario de tu hijo. ¿Pero cómo sabes de mi hijo. después de tantos años? —Encontré las fuerzas que había perdido en mi reciente fami� lia. la yaruro se aleja de Rafael. al anciano. el Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Un súbito agitar de maracas. sus palabras dirigirse a una presencia misteriosa. repica con fuerza sus propias maracas de tono grave y profundo. su repiqueteo deviene agudo. melancolía y sensuali� dad. con mirada torva. El canto que entonan refleja la angustia y el desaliento de estos indígenas. movimiento y animación. —¿Y cómo vuelves ahora. De pronto todo cambia. intrigado. Las maracas suenan insistentemente. El Chamán de los Cunaguaros. su paso lento por los bosques. Ellos me dieron ánimos para emprender una nueva búsqueda. -296- . en toda la infinita sencillez de su cuerpo del color de la tierra. casi alegre. Fue imposible encontrarlo. da inicio al coro nocturno. se levanta. un yaruro especial —me responde en un murmullo. ¿Estás dispuesto a enfrentar el pasado que tu hijo representa? Sin esperar respuesta. los brazos abiertos. atropellados. pero con un dejo de melancolía: la chamán se incorpora en su chinchorro.

¡Vivan! —dijo— ¡Vivan bien en esta tierra! Esta tierra es de ustedes. de la llanura. los amos de la tierra. Representa para ellos un símbolo del poder de sus an� tepasados. ese chamán que les habla de paz y de unidad entre to� das las etnias. el gran chamán de los feroces cunaguaros? ¿De dónde llegó con sus tigres. sus ojos amarillos el de las aguas del río Apure. y allende ellas. pero a la vez la esperanza de un futuro mejor. ¿un sabio ancestro indígena? Él. a unirnos. de la tierra de donde brotaron. su presencia inasible: ¿Cuándo volverá nuestro hermano yaruro. Que somos los dueños del venado y de la noche. Nos dice que somos grandes. como nuestros antepasados. su pelo el del azaba� che. Este hermético coro. Según las descripciones que hasta ahora hemos oído. Somos los señores de la sabana. -297- . en el silencio de la noche. es un in� dígena puro: su cuerpo tiene el color de la arena. como el agua. de la montaña y de la flor salvaje del zorro sabanero del puma que ronda del caimán que acecha. De los bosques del cielo fue enviado este sabio hermano yaruro a confortarnos. como la arena. Los Yaruro. todo lo que suscita en nosotros su figura mágica. parece expresar nuestro propio sentir. centinelas del viento Entonces… esa melodía opaca y constante invoca la figura del misterioso personaje de quien hemos oído hablar en todas las comu� nidades que hemos visitado: ¿un líder espiritual?. de integración. una evocación del dominio perdido. rodeado de luciérnagas? ¡Vino de la fresca brisa. les trae un mensaje de solidaridad. que refleja lo que significa para ellos ese amigo y guardián es� pecial. sobre las piedras. del río brotaron sus pasos! Él camina en la espuma.

-298- . El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Kuma los ama a ustedes. vivan bien en esta tierra. Vivan. Esta es la tierra de ustedes. Eso dijo el Chamán de los Cunaguaros nuestro hermano yaruro.

de loros reales llenando de fiesta el aire de la selva. azules como forjadas en el taller de los dioses salen de los pozos. Sape de luna llena somos yukpa de la sierra. de guacamayos. somos yanomami de la selva somos los yekuana del país de la niebla somos los kariñas de historia guerrera somos warao enemigos del olvido somos yaruro de arena y viento 299 . se posan sobre enormes hojas que tienen la forma de un corazón. entre las ramas bajas del yagrumo. amigos del mono y el terecay somos los pemónes. del ceibo. Allá van los colibríes como joyas voladoras zumbando entre las flores que se abren como hermosos labios de doncellas núbiles. warao de canoa y de sonrisa somos bari de ensueño. Llueve sobre el río y las ranas verdes. Somos los jodi. que hablan con la tormenta somos gente del agua. Coro de la selva Allá van las guacharacas. rojas. Allá van las bandas de pericos.

-300- . El Chamán de los Cunaguaros. Nos llena una esperanza nueva abrámosle camino a esa esperanza ella abrirá paso hacia nosotros entre la espesura de la selva. somos gente de la misma sangre del poderoso chamán mezclados con sangre de otros mares pero estamos aquí con ustedes y amamos los caminos selváticos las torrenteras secretas. Viaje por el mundo indígena venezolano y nosotros. las suaves hojas del pijiguao la débil luz de la luna entre los altos árboles el fuego de los astros el viento que se lleva a los yaruros el relámpago que deslumbra a los wayuus el misterio que envuelve a los Sape la lluvia que reverdece las grandes hojas el sol de los venados fugitivos.

emprender otra etapa. las de color de rosa. 301 . cuando bien de madrugada. Junto con nosotros se ha despertado el Llano todo. Cantan los pájaros con tal algarabía que apenas si se oyen nuestras voces. el rocío aviva los olores de los mastrantales que trae la brisa desde lejos. los secretos de su mágico universo espiritual. Mientras. No es posible. Miles de flores se despegan de los árboles y empren� den el vuelo… pero ¡no son flores! Son las garzas llaneras. aún ador� mecidos. descubridores de misterios Resuenan en nuestros corazones los cantos nostálgicos de los yaruros y las palabras agoreras de aquella mujer chamán que parecía conocer la vida de mi padre. la blanca chusmita. papá nos hace subir al jeep. su modo de vida. captar sus rostros. su entorno más cercano. —¡Qué belleza! Deberías tomar fotos. No puede distraerse. —Este recorrido será muy largo —nos alecciona— acomóden� se lo mejor que puedan. Apresar su esencia. Papá consiente pero no lo hace. la roja corocora. sus expresiones. Su objetivo es otro: fotogra� fiar a los indígenas. Los wayuus. la magia de sus miradas. traten de seguir durmiendo un rato. Rafael. Ya debemos dejar sus polvo� rientos y áridos territorios.

—¿Cuál de tantas? —sonríe Carmen mirándolo. Papá es muy aficionado. o sea no voltea la vista quien persigue una estrella. el paisaje varía. —Non si volta chi a stelle è fisso. surge el sol. lo disgusta. —No. ya lo sabemos. no las hay. Es así. —El recorrido será muy largo. —El que no las haya quiere decir que no las veremos. La respuesta de papá es algo enigmática. a lo lejos se yerguen altos árboles. a los sermones. que no las habrá. a las lecciones y explicacio� nes. Nos hemos dado cuenta de que así habla cuando algo lo preocupa. por hermosos que sean. la vegetación se hace exuberante. —No se distrae quien tiene un alto objetivo —traducen libre� mente los repollitos. breves —nos in� forma. Lo sabemos. No hay lugar. —¿Nunca habitaron esta parte tan bonita de Venezuela? —in� sistimos. Estas últimas las conoce y las recita en su idioma original. Papá persigue buscar a su hijo y tomar las fotos. —La de Leonardo. empiezan a verse pequeños poblados dispersos. No nos detendremos en ningún grupo de naturales en estos parajes. Falcón y Lara. Es decir. donde podrían haberse asentado satisfactoriamente. ¿no hay comunidades indígenas en estos lugares? El vehículo avanza. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Cómo es esa frase célebre que siempre nos repites? —pre� gunto. papá. por ahora. pero no quiere decir que no las hubo. no se distrae ni un momento. ha guardado todo su equipo en la parte trasera del vehículo como diciendo: —Ahí te dejo por un buen rato. quien se fija una elevada meta. En efecto. cabras. Las etapas. gente que lleva ganado. lo sabemos. que nunca habitaron estas tierras. -302- . y a las frases célebres. pura carretera. Atravesaremos los estados Barinas. puro carro. “no vuel� ve la mirada quien la fija en las estrellas”. ni paisajes. —Papá. De los yaruros a los wayuus. Leonardo da Vinci y las estrellas —los morochos vienen en mi ayuda. No los hay. para amaneceres. El Chamán de los Cunaguaros. observando la amplitud y magnificencia del paisaje.

muchas más que las que vimos y de algunas que quizá veremos en otro viaje. —¿Quedan lejos? Y ya que no nos llevas hasta allá. Baré. Pero quiero que conozcan esta triste verdad. ¡Qué familia tan pasada tengo! ¡Claro que bromea! Sabemos que sin nosotros. Frunce aún más el ceño. lo interrumpen los morochos: —¿Nos faltan muchas etnias por ver? ¿Cuántas? ¿Dónde están ubicadas? ¿Por qué no vamos a visitarlas ahora? Un tropel de preguntas se abate sobre papá que a duras penas se las ingenia para responder algunas: —Voy a mencionarlas. pero se nota contento por el interés que mos� tramos hacia esos indígenas que están tan cerca de su corazón. Eran los Caquetíos y los Jirahara. pero quizás veremos en un próximo viaje… —¡Promételo! —gritamos todos. en un próximo viaje es la de los Baré. —Las hubo y se extinguieron. Rafael empieza. La población indígena que hoy en general resulta bastan� te escasa. y… Alborotadísimos. había aquí muchas etnias. Sáliva. se agita sobre el asiento del jeep y por fin prosigue: —Me cuesta referirme a hechos de nuestra historia de los cua� les. Rafael rezonga. que hasta Tío Jeep empieza a corcovear con júbilo. era muy numerosa. algo malhumorado. jamás se habría animado a emprender este viaje. Cuando llegaron los conquistadores a Venezuela. Hiwi o Jiwi. que están en el -303- . carrasquea. que posiblemente en las escuelas no les hayan revelado en su totalidad y crudeza. para que no me mortifiquen y no me re� prochen. Paraujanos o Añu. los indígenas que poblaban estas regiones fueron exterminados durante la expansión española en sus territorios. como venezolano y como ser humano. las más numerosas diría que son: Panare. Los Wayuu. —De las que faltan. Tal vez por su fiereza y su alti� vez. descubridores de misterios —Explícate por favor. —Prometido —responde levantando las dos manos con tanto ahínco. me avergüenzo. —Mencionaré las que no vimos. ¡dinos algo de ellas! —Una de las que más me gustaría visitar con esta familia tan exigente.

Los Jiwi o Gua- jivos están también en nuestra Orinoquia y hacia el sur sus dominios colindan con los de los Sape y los Yekuana. que lucen secas. Quedan muy pocos. Los Sáliva. —¿Por qué no quisieron compartir sus riquezas? —Para los Caquetíos y para todos los indígenas el oro no signifi� ca riqueza. —¿Papá. los que desaparecieron? ¿Qué pasó con ellos? —Aquí. al oeste del estado Bolívar. Esa fue la verdadera razón de su resis� tencia a la codicia de los invasores. fueron exterminados. como ya les dije. No debe regalarse. —Sí. cederse ni comercializarse. invadidas por bancos de arena. Tal vez por no querer ceder su oro. azotadas por ese viento que si bien refresca no da paz. Los Paraujanos o Añu vivían en palafitos alrededor del lago de Maracaibo. —¿Cómo? ¿Cómo es eso? —preguntan los morochos siempre entusiasmados. pero eran muchos hacia 1500. Tenían una cultura avanzada. ni fuerza. que tenía fama de hombre sabio y era considerado un Dios por ellos. de ninguna manera. —Yo he leído sobre los Caquetíos —intervengo orgulloso— y la leyenda del rey Manaure. tampoco he leído todo lo que hay sobre ellos. lo que despertó la codicia de los con� quistadores. El Chamán de los Cunaguaros. al punto que la vista de un pueblo palafítico en esas aguas azules hizo que Américo Vespucio. en estas tierras del estado Falcón que estamos reco� rriendo ahora. En parte porque son numerosos. casi en nuestra frontera con Brasil. pequeña Venecia. -304- . —¿Estás seguro que los mencionaste a todos? —Pues no. y en parte porque tienen fama de predecir el futuro con semillas y frutos secos. cerca del Maracaibo están los pozos de la Cuiva donde se dice que vive su espíritu. Viaje por el mundo indígena venezolano Amazonas. De paso. ocupan un espacio en Guayana. y cómo eran los otros. Los Panare habitan nues� tras selvas de Guayana y Amazonas. Yo no soy una enciclopedia. denominara a nuestro país Venezuela. eran numerosos y poseían muchos adornos y dijes de oro. el oro es sagrado. en el Zulia. ni poder. eran tantos que ni siquiera los cronistas los men� cionan en su totalidad. áridas. igualmente numerosos. habitaban los Caquetíos. ni siquiera todos los cronistas.

Lara y Yaracuy restos de cerámicas. —Los Jirajara. Investigaciones recientes han descubierto que en la región falconiana estuvo el asentamiento humano quizás más antiguo de la tierra. cerca de este camino que estamos cruzando. pidamos —nos instan los morochos—busquemos ese oro! A una señal adusta de nuestro padre. dame tu limosna”. Poblaban justamente el estado Lara. los dos ceritos se dedican a silbar inspirados por el paují de la canción. estatuillas. ídolos y recipientes sagrados de los aborí� genes. había culturas hermosas. y aún hoy se encuentran en Falcón. por fin se calman. sale del agua una culebra amarilla y se convierte en un trozo de oro sólido —los complace papá. improvisando una copla de rima pegada tan cursi que habría horrorizado a mi profesora de castellano y literatura: qué alegría siente el alma mía por la melodía que silba el paují A continuación. Rey Manaure. en los límites con Falcón y Ya� racuy. —¡Vamos. descubridores de misterios —Dicen que si uno le pide: “Rey Manaure. Estaba originalmente poblado por varias etnias. Los Wayuu. —¿Cómo eran? -305- . complejas. Se han calculado nueve mil años de antigüedad para las culturas de esta zona. —¿Qué otras etnias se extinguieron? —preguntamos todos. pero se desahogan entonando un dueto clásico que rematan en forma muy personal: Por la cuesta de un cerro Coriano iba un Caquetío que cantaba así: Ocho le contesta. —También deben saber —sigue aleccionándonos Rafael— que este territorio del norte occidental de Venezuela es considera� do por los antropólogos de una extraordinaria antigüedad.

Al tiempo que habla mi padre. es cierto que los Guaiquerí y los Cumanagoto fueron utilizados para extraer perlas. Con razón las perlas parecen lágrimas y en las poesías y en las canciones siempre las han relacionado. —¡Qué explotación tan dolorosa! —protesta mamá. como tantos otros. aquí! —canturrea Superloro al oír men� cionar uno de sus manjares más apetecidos. mustia la piel de tanto sumergirse en las aguas profundas del Caribe. de antropófagos. delgados. —¡A quién no! —concluyo recordando las ricas arepas de per� nil. Pronto morirá. que tienen la fama. jadeante. en la lengua de los invasores: —¡Allí! ¡Allí hay un banco de ostras! Acércate. siempre en el mar. mis favoritas. rápido. llena un saco de ostras y sube al fin a la superficie. —¡Cuántas vidas perdidas por la codicia de las perlas! —de� ploro—. apagados los ojos. —Lamentablemente los Guaiquerí y Cumanagoto no pudieron resistir sumergirse tantas veces por tanto tiempo. aquí. inmerecida quizás. hasta que se extinguieron? Papá se ensombrece. las comían solas. Oigo gritos. mezclados con criollos. desde los vageles. país centroamericano. Pero. me parece verlos. Viaje por el mundo indígena venezolano —Los cronistas y viajeros cuentan que eran excelentes agri� cultores. Entrega la preciosa carga y se recuesta maltrecho. había la etnia de los karibes. arepa. El Chamán de los Cunaguaros. ¿Recuerdan que los visitamos? —¿Rafael —pregunta mamá—. y morían sacando perlas para los conquistadores. —¡Qué maravilla! —ríe Mor— ¿Reina pepeada o rellenas de carne mechada? —No. —¡Arepa. De ellos sólo queda un grupo en Belice. Pero también hoy día el cantar isleño refleja los riesgos de la vida del marinero. y se sabe que a los conquistadores les gustaron desde que las probaron. cultivaban grandes sembradíos de maíz y ya preparaban arepas. Otros de sus descendientes. con carne de cacería. sombríos. lacios los cabellos. ¿resistirá el buceador? Lo intenta y lo hace. ¿Recuerdan el canto favorito de la isla: Margarita es una lágrima? -306- . —Además —prosigue papá—. son los kariñas.

pronto estaremos en territorio wayuu. nos estremecen con el polo El marino: Cuentan que un día un marinero se fue a la playa y no volvió más… Se fue cantando en su velero su copla triste quedó en el mar. acunados por el rumor continuo y fati� goso de Tío Jeep. subraya el tema margariteño de la Virgen del Valle. —¿Qué han investigado ustedes sobre los wayuus? —pregunta Rafael. Ocho comienza a silbar una gaita zuliana haciéndose el desen� tendido y luego le dice ufano a Superloro. Como todavía falta por llegar. —¡Anímense viajeros! —nos insta papá—. Estamos preparados para un nuevo encuentro. de respetuoso silencio. —Este… —balbucea Mor. nos da aliento. Ocupan toda la península de la Gua� jira y su fama de bravos e intrépidos los acompaña. La frase nos saca de nuestro letargo. —¡Ya comenzó a sentirse maracucho! —lo satiriza Mor. no… A continuación. asentado sobre mi gorra: —Vai. que pareciera estar tan cansado del camino como nosotros. La historia dice que no lo vieron cuando en lo inmenso del mar se hundió sólo se sabe que salió un día y que a la playa no regresó. reanudamos el interrogatorio so� bre el pasado aborigen: —Y en Caracas… ¿No había indígenas? -307- . pues. no me abandones. primito. por una vez respetuoso y con� movido. pero en el interior del vehículo hay un momento de re� flexión. esta vez con una de las etnias más numerosas de Venezuela. descubridores de misterios El tenue silbar de los repollitos. Seguimos avanzando. Virgen del Valle reina del Oriente alza tu mano. Los Wayuu.

—Sí. —¿Y eso ocurrió en todo nuestro territorio? —inquiere Car� men. el valle donde hoy se asienta la capital de Venezuela estaba poblado por los indios Caracas. opusieron fiera resistencia al invasor. Los que no pudieron o no quisieron retirarse fueron exterminados. -308- . Otros se enfrentaron y fueron exterminados. comandados por Guaicaipuro. El Chamán de los Cunaguaros. En los picachos que dan hacia el litoral estaban los dominios de los caciques Naiguatá y Terepaima. no y no —rectifican ambos enseguida—. heroicos guerreros. Según los cronistas. por no querer ceder los territorios en su totali� dad a los conquistadores. Los indígenas que no aceptaron la servidumbre impuesta. con espíritu poco aguerrido. Guaicaipuro y Paramaconi? Ellos eran verdaderos líderes indígenas y comandaban un ejército de flecheros que desde los cerros que rodean el valle de Caracas. —Yo hubiese huido bien lejos —se apresura a comentar Mor. prác� ticamente extinta. tal vez por su fiereza. con preocupación y desaliento. fiuu!. la gente. y son las etnias que actualmen� te vemos sobreviviendo a duras penas. convivía con los Teques de los altos mirandinos. —¿Y cómo se extinguieron estas etnias? —pregunto con ansie� dad. nuestros derechos. —Pues también a sangre y fuego. Es la triste verdad: estas etnias desaparecieron con la expansión europea. Viaje por el mundo indígena venezolano —Claro que sí —asegura mi padre—. ¿Y qué de� cir de Tamanaco. el líder absoluto de la resistencia indí� gena. —¡Fiu. de allí su nombre actual. mejor morir luchando. ¡ay ay! —comenta Superloro quizás impresiona� do con el ambiente de recogimiento y dolor. defender nuestras tierras. con la mis� ma disposición. —¡Qué valientes! —observo con desasosiego. —Donde nadie me encontrase —corrobora Ocho. Algunos indígenas se escondieron en la selva. Esta etnia. —Antes que huir. mejor en� frentarse a los invasores. tenían dos alternativas: huir o morir luchando. —Pero no. durante la conquista. en toda la costa del Caribe y aún tierra adentro. escondiendo su piquito bajo el ala. ni ser re� ducidos a esclavos.

los páramos soberbios de cumbres nevadas. —¿Tenían ametralladoras los conquistadores? —se apresura Mor. las selvas amazónicas y La Orinoquia. Pare� ciera traer extrañas voces de batalla. la ciu� dad del petróleo. el viento se hace brusco y duro. tu grito resuena en el monte… Y rememoro. maravilla natural en las entrañas del país. se usaban los arcabuces. presto a rechazar al invasor. Sin embargo. —¡Qué barbaridad! —comento con grave indignación—. Los Wayuu. que lleva el nombre del prócer zuliano Rafael Urdaneta. el jeep devora unos 150 kilómetros de carretera recta. remotos caracoles de guerra. nos quedamos pasmados ante la poderosa estructura de concreto y metal que se extiende sobre el lago y nos permite atravesarlo con toda comodidad. bien conserva� da. Tuponken! —me interrumpe Ocho. -309- . Todos ríen y se aleja por momentos el recuerdo triste. Mientras recordamos a nuestros antepasados aborígenes. tu incultura me ofende. Luego de tantas trochas silvestres. puentes de bejucos. con sus flechas certeras. en pleno siglo XXI. bien asfaltada: y he aquí la capital del Zulia. de las et� nias extintas. Me pregunto si en otros países sabrán que Venezuela cuenta con algo tan moderno y funcional. como diría nuestro cantor Alí Primera: Terepaima. cuando ocurrió la conquista de Venezuela. Nos aproximamos al Puente sobre el Lago. que eran como… —¡Como una escopeta grande. pasarelas de lianas. como las inmensas llanuras de la Guayana. al bravo guerrero de las montañas. descubridores de misterios —Todos ellos fueron derrotados porque aunque fuesen exce� lentes flecheros y buenos estrategas. que sigue guardando los misterios con que soña� ra Julio Verne en El soberbio Orinoco y que tanto persiguieron aventu� reros como Walter Raleigh y Antonio de Berrío. y aún creo que resuena en mis oídos el grito de Terepaima. casi mágicas y todavía ignoradas. siempre fiel al Libertador. posee aún regiones hermosas. Maracaibo. impresionantes. y que a la vez. con la pólvora nadie puede. con el grito ancestral de una guarura indígena. En el siglo XVI. caminos de arena y pocas vías asfaltadas.

las empresas multinacionales. Barquisimeto. nos están esperando. A Maracaibo iremos en alguna otra ocasión. —Pasemos por Maracaibo. y quedémonos al menos un día para verla toda. Coro. El Chamán de los Cunaguaros. Es la ciudad del petróleo. —¡Cállense. las refinerías. las torres perforadoras. tal vez. tenemos nuestro itinerario. los morochos se consuelan silbando y cantando a su manera: Maracaibo en la noche pero ahora es de día no la vemos para nada ni siquiera al mediodía. ¡cómo se ha desarrollado el habla de la niña! Al salir de Caracas. papá. Si lo encontráramos. —Wayuu… ¿por qué? La pregunta de Maigua nos sorprende. Cumaná. Ante la negativa de papá a entrar en Maracaibo. ahora no es Navidad! —En el Zulia se cantan gaitas todo el año. este no es un viaje turístico. ape� nas balbuceaba. Me siento alborozado. abrazarlo. el oro negro. Me asalta un gran deseo de conocerlo. ¿sería mucho esperar que se incorporara a nuestra familia? Siento que hay una gran afinidad entre nosotros dos. —No podemos —nos hace entender papá—. quiero pensar que algún día. Quisiéramos conocerla. tantas otras ciudades de Venezuela… y quizás de Colombia y Brasil. compartir con él. Recuerden el objetivo de nuestro via� je. En tan poco tiempo. ese otro recorrido podremos hacerlo con mi hermano Aparicuar. cuando visitemos Mérida. Viaje por el mundo indígena venezolano Los morochos me sacan de mis reflexiones cantando a voz en cuello una gaita llamada Sentir zuliano: Cuando voy a Maracaibo y empiezo a pasar el puente siento una emoción tan grande que se me nubla la mente. ¿Otro viaje? Aunque parezca un sueño irrealizable. -310- . El jeep enfila directamente hacia el territorio de los wayuus. señor Tuponken.

Son extraños. mantu� vieron su autonomía e independencia. estos guajiros —prosigue papá. esto puede resultar verdad. —Con más sentido que las tuyas —apunta Ocho. el número 100 al completo. compadecido de nuestra algazara— se autodenominan a sí mismos “wayuu” en su propio idioma. que no es como la de los demás indígenas. Total. así se llama a quie� nes viven o pertenecen a la tierra guajira o también goajira. —Estos indígenas —aclara por fin Rafael. No sabemos de dónde proviene. La “ese” del plural se le aplica a veces porque el nombre se ha españolizado. —Y cuidado si inglés también. —¡Qué raro! ¿Cómo es eso? —Es porque su cultura es indo-hispana —comenta papá. cuando las demás etnias indígenas no la tienen? —Guajiro es una denominación geográfica. —¿Qué quiere decir? —Quiere decir que desde los tiempos de la Conquista. —Empieza tú. ay! —objeta mamá— ¿Acaso van a regresar las antiguas rencillas? Todavía no se ha acabado el viaje y ya vuelven los vicios… —No. y con sentido… —obser� va Mor. En Venezuela. -311- . Vamos mejor a tratar de… —Contestar la pregunta. no —aseguran los dos a la vez—. —Y a lo mejor chino y japonés. descubridores de misterios —Y ahora pronuncia frases completas. Casi todos son bilingües. ¡Con tantas sorpresas que nos han dado los indígenas! —Y sin embargo —puntualizo yo resumiendo mis lecturas— su forma de vida. Los Wayuu. el cual forma parte de la familia lingüística arawak. no podemos contestar. —¿Y qué es guajiro? ¿Y por qué guajiros con la “ese” del plural. hablan perfectamente wayuu y español. ceritos. —No. ni qué significa la voz wayuu. Colombia y Brasil los llamamos guajiros. Están muy transculturizados. tú primero. tampo� co es como la nuestra. —No bromeen. reflexivo— o wayuu en su propio idioma. ni siquiera todos nosotros. pero a la vez aprovecharon e incorporaron elementos de la cultura española a su manera de vivir. —¡Ay.

En la parte occidental. llevan elegantes camisas de corte americano y bolsas adornadas con borlas suspendidas del cinto por medio de un fajín tejido con algodón. Creo que aún hoy día esta es su principal actividad. que forman sin discusión el grupo indígena más grande de este país. ovejas y chivos los trajeron aquí los españoles? —¿Acaso pudieron hacer pastoreo con iguanas. han venido a recibirnos Jashichi y su sobrino Ka’laírra. —¡Hola. en las que suponemos guardan dinero y objetos pequeños. burros. —A mí me parece que debían hacer esto también antes de la con� quista española —refuerza imprudentemente Mor. Nos proponemos conseguirnos algunas. caballos.000. que pertenece a Colombia. —¿Qué otra cosa podrían hacer sino pastorear? —comento en alta voz—. ovejas. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Por ejemplo? —Por ejemplo. chivos. ¡hablan español perfecta� mente y con gran propiedad! Mientras Jashichi se coloca adelante entre nuestros padres. Los encontramos cerca de Castillete. su medio de subsistencia. el pastoreo. Por supuesto. hola! —apoya Superloro. lagartos. Vamos a visitar la parte más representativa de esta antigua cul� tura: la Alta Guajira.000 guajiros. es habitada por más de 100. cabras. viven unos 20. El Chamán de los Cunaguaros. bu� rros. —¡Qué fácil es equivocarse. burros. Papá. cerca de los límites con Colombia. noso� tros nos encaramamos con Ka’laírra en nuestro sitio preferido: encima -312- . La parte oriental. Desde la ranchería conocida por papá. en la parte superior de la península. para guiarnos. ambos con sombreros de fibras de magüey tejidas. tigres. si no se piensa antes de hablar! —conviene el morocho avergonzado. —¿Y con cuáles animales? ¿Olvidas que los caballos. burros. Reflexiono sobre esta situación. es árida y seca. Sobre unos faldones. asnos. ¿No han visto los animales? —Sí —contesta Maigua entusiasmada—. que conforma la punta más septentrional de la América del Sur. mamá y yo mismo lo miramos burlones. cachicamos y zamuros? —enfatizo. vacas. que se asoma al golfo de Venezue� la. ¡Cómo llamarían la atención en la escuela esos multicolores bolsos artesanales. equivalentes a nuestros koalas! En� seguida suben a nuestro jeep. su vestimenta típica. La península de la Guajira.

que se secan en el verano. en algo así como cincuenta ranchos. sino la de lluvia. descubridores de misterios de las cajas de equipaje. —Sí. dividive y otros arbustos resecos. y los animales pueden pacer bastante durante varios meses. —¿En un solo rancho? —No. Y mi nom� bre. acalorado. —¿Cómo hacen. bravo como un perro bravo. porque el guajirito nos lo va explicando todo y con él podemos comentar. ay. y aún peor —suspira Ka’laírra abanicándose con su sombrero—. esto se vuelve un solo pantano. —Se ve que no hay agua en esta región. pegada la nariz a las ventanillas traseras del vehículo. Pero luego nos gusta ver cómo todo reverdece. —¿A dónde nos dirigimos ahora. ¿No ven que por aquí todo es desértico? Lo confirma la escasa vegetación formada por árboles desnudos. se queja. nuestra principal actividad es el pastoreo. —¿Es grande la ranchería? —Unas cuatrocientas personas. —¿Qué quiere decir Jashichi? —Quiere decir “bravo”. es el clan de Jashichi. Ka’laírra. -313- . mi tío. en los pas� tos. No tenemos ríos. —¡Y ese calorón! —Ese calorón siempre lo tenemos. Los Wayuu. —No hay. —¿Llueve mucho? —Cuando llueve. En la estación lluviosa se forman arroyos y que� bradas. significa el “tigre” —agrega orgulloso. Ka’laírra? —A nuestra ranchería. Nos las arreglamos. todo vuelve a la vida. —¡Está a la vista! —¡Pero hay muchas más reses! Se encuentran arriba. Vamos de los 28 a los 40 grados to� dos los días. verificar o corregir ciertos datos co� munes entre la gente o adquiridos en nuestras desordenadas lecturas. que parece haber seguido la conversa� ción. ay! —Superloro. Estamos contentos. Por eso cavamos pozos y más pozos. cactus. —¿Está tu familia allá? —Sí. entonces? —Es lo que yo también me pregunto. ¡Sólo de noche refresca un poco! —¡Ay.

Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es verdad que las viviendas de ustedes están hechas al estilo de las chozas de los aborígenes. los demás indios no lo hacen. Hemos decorado las paredes de nuestra habitación con afiches de los viajes de los astronautas. ¿es como tú? —No. —¿Es cierto —preguntan los morochos aún no completamente convencidos— que los guajiros no conocían el pastoreo antes de la llegada de los conquistadores españoles? —Por supuesto que es cierto. Sustraer es es una acción dudosa… Sustraer no es bueno. yo creo captar el significado. se los sustrajimos a los primeros hacendados que se asen� taron por aquí. nutrias. y en efecto Ka’laírra nos lanza una mirada pícara y aclara burlón: —¡Los tomamos prestados! —¿Cómo? —Pues. ¿Acaso íbamos a esperar que nos los ofrecieran? Esto ya no nos gusta tanto. -314- . Nos dedicábamos a la caza de ar� madillos. Estos guajiros. ¿cómo los íbamos a llevar a pastar? —¿Y cómo consiguieron tantos animales? —Pues más rápido escapa el ganado hacia afuera que hacia adentro. ¡Ya no existen! ¡Cuánta patraña cuenta la gente! Nuestras casas son tan modernas como las viviendas de Maracaibo o de Caracas. una ducha con agua fría y caliente. Y hasta más confor� tables. Si no teníamos ani� males. las supercomputadoras y los grupos musicales de rock y salsa. tales chozas no las conoció ni mi abuelo. con techos de concha de cují y paredes de barro? Ka’laírra se ríe con gusto: —Oye. los carros de carrera. usando arcos y flechas porque son armas más económicas que la escopeta. las olimpíadas. A continuación nos confía: —Mi hermano y yo tenemos una buena litera para dormir. También practicábamos la pesca y la recolección. lo que aún hacemos y seguiremos haciendo. él es más pequeño y más calmado. ¡Qué actualizados están! —Y tu hermano. sí. Se dedica. o mejor di� cho lo dedican al pastoreo. —¿Qué? Mis hermanos se quedan en la luna. El Chamán de los Cunaguaros.

pieles y además son animales fáciles de sustentar y mantener. son un excelente medio de transporte y de carga en estas regiones poco habitadas. por ejemplo. una varilla sacada del cactus seco. Los chivos y las cabras. a comer! Los morochos ya están en marcha. me parece. se encarama sobre mis hombros y me incita: -315- . son considerados una riqueza. Los Wayuu. a la vez que chilla: —¡Hola. con mayor seriedad: —La aparición del ganado entre nosotros fue una consecuencia de la invasión de los blancos. El pastoreo trajo grandes ventajas para estas comunidades. Los burros. y lo en� cerrábamos en nuestros propios corrales. La voz de papá pone fin a mis cavilaciones: —Ya vamos a llegar. da la impresión de ser moderna y confortable. aunque alejada y soli� taria. pero sí. pues propor� cionan leche. enramadas de palma sostenidas por postes de alambre. Algunos ranchos son de cemento. El ganado va� cuno les permite comerciar con su carne. obtenido el permiso. Todos tienen su buen techo de zinc. El jeep se detiene ante una ranchería que. en carrera. les dan prestigio. ¿No te parece lógico? —Bueno. Ka’laírra se precipita del vehículo con tanta velocidad que sólo Superloro logra seguirlo revoloteando. Todos ellos son excelentes jinetes. otros de yotojolo. descubridores de misterios ¿Por qué? ¿Se habrán visto obligados a ello? ¿O es un vicio inculcado en su raza? ¿Acaso lo consideran natural. Los caballos les proporcio� nan facilidad de traslado. Ka’laírra nos invita: —Los voy a llevar a ver los animales que cuida mi hermano menor. Si las tierras guajiras pasaban a los blancos. acaso lo practican todavía? Ka’laírra prosigue. hacendados. el ganado de los blancos pasaba a los guajiros. entrego a mamá una Maigua muy tris� te porque quiere acompañarnos… Y mamá me devuelve una Maigua triunfante que. no tanto. Ahora entiendo. prepárense. Era algo bastante natu� ral. Yo le pido permiso a papá. por su resistencia. en ese ambiente y en esa época. hola. que establecían sus hatos en el territorio tribal guajiro. queso. ganaderos. a comer. y resultó aceptable. En esos hatos había ganado que se escapaba… los guajiros lo recibíamos con hospitalidad. mejor dicho.

le espeto con fuerza: —Bruto. derrumbamos a Ka’laírra a la vez que caemos sobre él y vamos rodando juntos un buen trecho cuesta abajo. y la llegada de los morochos asustados: “¿Qué hubo. por mi parte. abordamos a todo tren una bajada. que anteriormente designaba un grupo indí� gena enemigo de ellos. Bueno. No hubo manera de hacerle comprender que perdí el equilibrio porque venía cargado con la niña y que de to� das formas. tapado. dejamos atrás a Superloro sorprendido. Los animales ya comieron bastante. El Chamán de los Cunaguaros. Hoy. hola burro”. corre. que reía y me aseguraba: “Tú corres mejor que un burro”. -316- . qué creen ustedes? Por fin llegamos al pastoreo donde Sawawa. se escapó el ganado?”. mientras yo estaba ensimismado admirando las constelaciones. ya está reuniendo el ganado. Yo. no era sino un juego… Empezó a dirigirme entre dientes algunos improperios: —¡Kusina! ¡Alijuna! El término kusina. Pero todavía pienso quién pudo haber sido el individuo que pocas horas después. aún sin almorzar. —Pensaba hacerlo. ni tienen muy desarrollado el sentido del humor. hoy significa extranjero. Y yo. ni tú ni nadie me dio relevo. Me dejó tan mal parado que tuve que acostarme clandestinamente sin poder dar las buenas noches a nadie. y di vueltas en la cama hasta la madrugada a pesar del bálsamo de ti� gre y de las hierbas medicinales que mamá se preocupó por aplicarme en sitio delicado… ¿Quién habrá sido. —¿Vas a regresar tan temprano? —le pregunta Ka’laírra. llegaremos primero! En efecto. algo extrañado. y por no haberlo visto a tiempo. Ka’laírra creyó que esto había sido intencional. quizás salvaje. bicho… Casi nos caímos a golpes… Menos mal que la presencia de Muñeca. la voz burlona de Superloro: “Hola burro. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Corre. Alijuna quiere decir “no indígena”. desató cerca de mí una chiva brava que me agredió cayéndome encima a topetazos. ahora voy a decirles que estos guajiros no son tan dóciles. pusieron una nota cómica y aplacaron los ánimos. el hermanito. y también puede ser despreciativo. aventajamos a los morochos rezagados en explorar los alrededores.

cuando aquí se termina el pasto nos vamos para otro. A la sombra de uno de los escasos árboles de la región. Por el tamaño y la voz se nota que es un niño de poca edad. descubridores de misterios —Por estar buscando a estos —contesta Ka’laírra señalándonos con poca amabilidad. las frutas del cacto y una fresquísima patilla. desde los cuatro años. Con la dulzura de las frutas. producto del conuco que el mismo Sawawa cultiva ahí cerca. como lagartijas o iguanas. y sabemos poner trampas para atrapar animales pequeños. hasta Ka’laírra se suaviza: —Miren las reses. mientras supervisa el ganado. alrededor de un punto. Yo soy un guajiro andariego. Fíjense en la marca que todas tienen. —Temprano en la mañana —nos explica Ka’laírra— yo lo ayudo en los corrales de la ranchería. Me encargo de los caballos y mulas. nos estamos desmayando! —Lo mismo digo yo. que así nos llamamos los de la ranchería. También elaboramos y utilizamos hondas para cazar aves. sería muy difícil cuidarlo —apoya Sawawa. —¿Te la pasas en eso todo el día? —le pregunta Mor— ¿Cuántos años tienes? —Tengo seis. —De otra forma. Gómez. ¡Apenas seis años y atendiendo tantas bestias! —Aquí los niños trabajamos desde chiquitos. Vengan. Nosotros estamos confundidos. los Jaya. aunque sea recogiendo leña o trayendo agua —informa con seriedad Sawawa—. Los Wayuu. ¿Ven cuántas? Tenemos más de quinientas ca� bezas. -317- . —Esta es la marca de nuestro clan. aún resentido. devoramos los dividive. Las enseña en algunas de las bestias: dos círculos concéntricos. pero Sawawa nos salva con una frase solidaria: —¡Hola gente! ¿Y ustedes almorzaron? —Todavía no. —¿Lo llevas también a otras partes? —Seguro. ¡y con este calor. La contestación es de lo más apropiada: —No. —¿Y tú te consideras un pastor? —¿Un nómada? Las preguntas son de los morochos. Por aquí todo el ganado está marcado de manera que no se confunda. aquí tengo algo que les aliviará. ni pastor ni nómada.

sólo si fuera a morirme de hambre… Pero no acostum� bramos hacer eso. así puedo ir a la casa a almorzar completo. cuyas hojas y vainas consumen el ga� nado bovino y caprino. este trabajo lo hacía yo. —¿Tú no lo acompañas? —Antes. qué desayuné? —la pregunta le extraña— Lo de siem� pre: una totuma de chicha. —¿Qué desayunaste? —¿Cómo. Y te diré más. ya que al digerirlas las bestias obtienen parte del agua que necesitan. un pedacito de queso de cabra y papelón. Otros ordeñan las vacas. Ba� rremos el corral y limpiamos los animales. ni se pierda. entre nosotros. y descansar un rato. sé dónde están el trupillo y las mejores hierbas. y luego él se los lleva donde haya hierba para que pasten. —Y yo lo hago bien —asegura Sawawa—. Viaje por el mundo indígena venezolano mientras él atiende a los chivos y ovejas. a partir de los cinco. con esas vainas la madre de mis hermanas prepara una excelente sopa. Pero entre nosotros es costum� bre que de eso se encarguen los más pequeños de la familia. sólo me quité la sed con frutas. no utilizar términos directos de parentesco. —¿El trupillo? —Es una especie de cují. —¿Y qué es eso del relevo que dijiste antes? —A veces viene alguien para relevarme. —¿Por qué no ordeñas algún animal y bebes la leche? Responde con sorna: —Bueno. Lo que pasa es que es costumbre. es mi mamá. a los animales se les ordeña al regresar al rancho… Y además. Tiene que cuidarlos. El Chamán de los Cunaguaros. ni se quede sin pastar. seis años. —¿Y si no viene nadie? —Pues no hay relevo —sonríe— ni almuerzo. —Por supuesto. siempre estoy alerta. vamos al pozo para que tomen agua. Las vainas son muy importantes en la esta� ción seca. hoy desayuné. —¿Con eso estás desde la mañana? -318- . lo más cerca posible del rancho. Como hoy… —¿No comiste desde el desayuno? —No. con el fin de que ninguno ande solo por entre los arbustos. —¿Quién es la madre de tus hermanas? —me extraño. sino nom� bres de figuras cercanas.

Sobre las coloridas faldas de flores. y la prestancia de las mujeres. de cabra. de chivo. unos pollos carnosos y de buen sabor. jugos de fruta. caballos y muchachos. cuajada. luego las dejaron sueltas. tan típicas en los hombres guajiros. caraotas. está dispuesta tanta varie� dad de quesos y tan sabrosos. Las mulas y caba� llos fueron introducidos en los corrales. a la pimienta. arepas. Regresamos a las rancherías en un solo gran grupo. el célebre kojosu o leche fermentada. tortas. En efecto. ¿Y ustedes? Casi nos da vergüenza enunciar los elementos de nuestro acos� tumbrado desayuno criollo: —Huevos. amarillos. suaves. el traje típico llamado “manta”: unas batas muy amplias. verdes. ¡Qué diferencia con los pollos criados artificialmente. —¡Buen provecho! —celebran los hermanos guajiros— Pero… ¡A que nosotros les ganamos en la cena! Y así fue. El primer cuidado fue para el ganado: algunos hombres en guayuco. de mano. prensadas en torno a la cintura y con holgadas mangas. Ellas visten. nata. ellos llevan camisas criollas de mangas largas. pan tostado. ordeñaron las vacas por segunda vez. Estas “mantas” en telas de gran colorido teñidas con los célebres tintes wayuu en tonos violetas. bollos. duros. Y para completar. Se nota que los wayuus los atienden bien. Los Wayuu. vacunos. ovinos. y saben aprovecharlos para su subsistencia. a torso desnudo. distintas las unas de las otras. nos llama la atención la inte� gridad y pulcritud de los wayuus alrededor de la mesa. y las Guajiras las lucen con una soltu� ra envidiable. anaranjados. amarillos. en el centro de la larga mesa alrededor de la cual nos sentamos en sólidas sillas de cuero de vaca. largas hasta el suelo. Algunas llevan pañuelos o vistosas bandas de colores -319- . mejor que el yogurt citadino. arepas y are� pitas. descubridores de misterios —Desde la madrugada —puntualiza Ka’laírra—. que no se ven ni en los mejores mercados de las ciudades: quesos blancos. jojotos. que consumimos en la ciudad! Sin embargo más que la comida. con eso esta� mos todos. y los animales jóvenes aún lactantes en otros más pequeños. para cuya confección se necesitan varios metros de tela. y anchas fajas tejidas en llamativos colores. todas. Todo esto acompañado por platos humeantes de yuca. son una fiesta para los ojos. con grandes paredes de cactus. frijoles. llenos de agua. al ajo. sorgo. mulas. rojos.

Éstos protegen los dedos de sus pies de las espinas y otros objetos cortantes. —Nosotros no actuamos así —objeta Ka’laírra que ha captado la intención. Las damas lucen tan elegantes que casi nos intimidan. Resulta que Carmen. generalmente rojos. no la vemos entre las mujeres. se deja mecer en su dedo tendido. Todos pensamos: ¿cómo se las arreglará mamá. en la ya débil luz del atardecer. El Chamán de los Cunaguaros. que nunca quiso lucir entre los otros indígenas porque le parecía “demasiado citadino”. lo mejor de su equipaje. y mientras comemos. aquello no estaba a la altura de la vestimenta de sus anfitriones. brazaletes. donde las mujeres hilan en telares y tejen con agujas. se habrá escondido por pena. Completan el ajuar zarcillos. Fueron entonces los dos juntos a uno de los talleres de la ranchería. al llegar. y corremos a abrazarla. —¡Qué raro! —exclamamos. con su escasa ropa toda aja� da? Cuando llegamos. se había puesto una falda y una camiseta blanca. collares de muchas vueltas y las características sandalias adornadas en la parte delantera con motas o pompones de lana. dueño de pozos de petróleo en Maracaibo. —¿Y cómo. Viaje por el mundo indígena venezolano cruzando su frente. Juega con las anchas mangas de su traje que le llegan hasta la muñeca. los cuatro hijos a la vez. será que no va a presentarse en la cena? Al rato nos extraña la familiaridad de Superloro con una guajira. pero de golpe te cansas de todo y regresas a tu rancho donde espera “ella” envuelta en su manta y sus collares —inventa Mor. Allí él le compró a ella una deslumbrante manta guajira. empezamos a cavilar: —¿Dónde estará mamá. le conversa. que cambiaron por completo el aspecto de nuestra madre. según papá. entonces? -320- . Pues aquí se encontró con que. con caprichosos zarcillos y fantasiosos collares de semillas negras y piedras pulidas. de que aquella señora es mamá. En este momento nos sorprende una pícara pregunta de Ka’laírra. hasta que nos damos cuenta. —Seguro que esta noche vas a soñar que eres un wayuu poderoso. que nos guiña el ojo: —¿Cuál les parece la más bonita de mi ranchería? —¡Difícil contestar! —admito. además de tener un valor estético.

la enramada que se utiliza para descansar. Habíamos oído de esta costumbre guajira. debe obsequiar a la familia de ella con algún regalo. pero significativo. ay. —¿Y lo de comprar a la mujer. y que se renueva en cada generación. ron. Los Wayuu. Nos senta� mos en los tures de cuero de toro negro bajo el refrescante techo de yotojoro y palma. pero creíamos que pertenecía al pasado. Después de la cena nos reunimos todos en la lumá. nos ha costado cara. Es nuestra. trabajando y estudiando en nuestras ciudades! Transmitir su pro� pio idioma a la juventud citadina los beneficiaría también a ellos. como todo lo que se refiere al sexo femenino… Además no se trata de comprarla realmente. lo bueno y lo malo. Pero no me atrevo… tengo presente su reacción y el episodio aquel de la caída… banal. por supuesto. el matrimonio no se hace! ¡Qué divertido es Ka’laírra con sus razonamientos pícaros y filo� sóficos a la vez! Me gustaría preguntarle acerca de la venganza. ancianos. que aunque sea casi siempre el último recurso cuando fracasa la negociación. ovejas. como las chozas. Se trata de algu� nos hombres. si no hay vacas. o cantos tradicionales del pueblo guajiro. —Veo que están mal informados… No habrá tal vez chozas. descubridores de misterios —Pues nos llevamos a la mujer. porque van a llegar los jayéechi. y hay tantos guajiros. de verdad… y mejor si van acompañadas por algunas cabras. casi la mayoría de la etnia. —¿Como qué? ¿Flores? ¿Manjares? ¿Joyas? —No propiamente… una o dos docenas de vacas sirven mejor al caso. la terrible ven� ganza guajira. ha diezmado familias enteras. algodón… —¿Y si uno no tiene vacas? —¡Ay. pero a la vez propiciadora de una extraña calma y serenidad. adultos y jóvenes que recitan los jayéechi. -321- . ¡Imagínense que hasta el ganado doméstico figura en esas canciones épicas! ¡Qué desaliento no poder entender lo que dicen! Mi frustra� ción aumenta cuando pienso que el wayuu es uno de los idiomas in� dígenas que más fácilmente se podrían aprender porque este pueblo es muy accesible. Es costum� bre que cuando uno quiere llevarse por esposa a una joven hermosa y trabajadora. Es una ceremonia austera y grave. pero lo otro existe. bueno. es bueno o malo? —Bueno. conversar y recibir visitas.

existe -322- . está estudiando Idiomas Modernos en el Instituto Universitario Pedagógico de Caracas. tradiciones. y no entender nada! Ni siquiera Jashichi y Ka’laírra nos pueden ayudar. no la han perdido. Las culturas de los naturales tienen momentos de tanta dignidad que uno no se atreve a importunar: —¿Por qué ustedes. y extraordinaria a la vez! Estas son las grandes contradicciones. El Chamán de los Cunaguaros. —No podemos traducirles —dice Jashichi— los jayéechi son muy complicados. la In� ternet! ¡Por eso perdimos la oportunidad! —El béisbol y los patines no son malos —papá nos ha oído— son deportes. más trans� culturizados que los demás indígenas. siempre ocupados con el béisbol. —Sobre nuestras tradiciones no tenemos nada escrito. Epieyu Pushaina. que parecen ser más despiertos. no le han dado forma escrita a su historia. electrónica. ¿Pero saben ustedes distribuir su propio tiempo. Son la expresión fundamental de la cultura wayuu. los patines. y se lo agradezco. que no lo han enseñado ni siquiera a sus hijos y nietos. celulares. En pleno siglo XXI. y tienen su valor. Viaje por el mundo indígena venezolano les impediría olvidarlo. como si dijéramos nuestros propios libros de ética e historia. inexplicables. No existe la escritu� ra. Todo se confía a la memoria. Él sería un mag� nífico profesor para ustedes. Los morochos piensan lo mismo: —¡Qué necios fuimos en no hacerle caso a papá. ¡Qué contestación más sencilla. con viajes interplanetarios. patrimonio cultural? —La nuestra es una lengua puramente oral. si aún quieren. de manera que les alcance para todo? En cuanto a la opor� tunidad. Todo se transmite de generación en generación mediante los jayéechi —agre� ga Ka’laírra. Yo también estaba pensando hacerlo pero no me decidía. cuando nos decía que estudiáramos por lo menos un idioma indígena antes del viaje! ¡Y nosotros. Internet es un medio de información y una fuente de conocimientos. Jashichi me dijo que un sobrino suyo. ¡Qué buena noticia! Esto nos alivia un poco la amargura de oír algo que parece tan interesante y emocionante. computadoras. como lamentablemente les está sucediendo a muchos. —Pero ¿por qué no tienen nada escrito? —el que pregunta es Mor.

podemos ver el reflejo de Jepirra. esos alijuna. escrito. hazañas. Sus muertos más queridos bajan de Jepirra. es inexplicable. Si quieres ser antropólogo tienes que aprenderte bastantes idiomas para poder co� nocer a cada comunidad. publicado. el cielo o paraíso. trato de ani� marlo. los demás. mitología. Nos visitan especialistas de muchos méritos. legendario. en nuestro idioma. que están investigando el origen y las manifestacio� nes de nuestra cultura. ¡pero es frustrante pensar que casi todo lo nuestro lo han recogido. y exclama con rabia—. Muchos de ellos conservan esta tra� dición ancestral y dicen ver. si tenemos suerte. Ya hay algunas obras publicadas. que les permite tomar notas y luego publicar sus observaciones y vivencias entre nosotros. Todos ellos comprenden y hablan la lengua wayuu. conflictos. puedo decirte que en estos últimos años los an� tropólogos han inventado. ¡y hasta las escrituras ficticias! —Por supuesto —Jashichi considera esto normal—. que repi� te dirigiéndose a nosotros los muchachos—: ¡Amigos. agrega—: ¿Quieren ir? Nos ponemos en camino aceptando con el mayor entusiasmo. y el de sus héroes. un reflejo del más allá. no nosotros mismos! —¡Eso vale para ti! —observan los morochos—. hay luna llena! Me da la impresión de que quiere añadir algo más. lo transmiten fielmente… pero. ¡no lo saben escribir! ¿O acaso es que no quieren hacerlo? Porque. cavilo. los ayútshio o sacerdotes. durante el plenilunio. especial� mente narraciones —aclara el joven guajiro. migraciones. el cielo de los wayuus. —Hay luna llena… ¿y qué más? —Con la luna llena. hay luna llena! —se acerca Ka’laírra. de varias nacionalidades. ellos saben escribir y leer el español. Los Wayuu. pero no su propia lengua… Casi no lo comprendo. y se -323- . —Sin embargo. ¡La faena que me espera no es poca cosa! —¡Hay luna llena. procedencia. Mantienen celosamente el recuerdo de su pasado. una escritura paralela. descubridores de misterios una comunidad indígena tan desarrollada y consciente como muchos grupos de criollos. para la nuestra y otras lenguas indígenas. ¿Qué an� tropólogo serías si no hablaras nuestro idioma? Los improvisadores no nos sirven. contentos con esta proposición que nos va a acercar al mundo espiri� tual. de los wayuus. y luego traducirlas al castellano. en las arenas del río… —y luego de titubear un poco.

Urimana y Karuna. tiende los brazos hacia la imagen femenina. Ka’laírra se incorpora. aceleran el paso. —Mira. —¿Quién. ¡Viene en un barco! Como no logro ver nada. al contraluz de las estrellas. hermana! En Jepirra. Se hace un silencio profundo. acompañados por Ka’laírra y dos muchachas. Viaje por el mundo indígena venezolano acercan a las márgenes del río para saludar a los familiares a quienes a veces anuncian sucesos futuros. indiferente a nuestra presencia. quizás reúna a los wayuus esta misma noche. Se dibuja una figura de mujer: joven. la cual intenta acercarse a él. una manada de tigres y cunaguaros atraviesa la vía. veo su rostro! —Es una mujer —objeta Ocho—. mira —exclama Mor—. La luz de la luna es tan clara y brillante que permite ver claramente los alrededores. Vuelve el chapoteo de las aguas. parece detener sus aguas. cuando oímos rugidos distan� tes. si tendrán un buen año o si la sequía será fuerte. un búho canta a lo lejos. La tupida cabellera adornada por plumas esconde su rostro. —¡Es la hija de mi madre! —grita Ka’laírra— ¡Hola. quién es. Todos caminamos en silencio. La luna aún estaba alta en el cielo. ya volvió. bellamente ataviada. debemos apresurarnos. en las cuales sólo distingo la palabra “Oramán”. pero de pronto. callo. rápido. Súbitamente una figura se recorta delante de nosotros. luego acallados por el eco de una extraña melodía. quién toca la flauta con tanta maestría? No nos contestan. Creo que están mintiendo. El Chamán de los Cunaguaros. ¡un wayuu. vamos. El río. —Es él. El mágico instante se eterniza. que se llama Burate. Creo compren� der el sentido de las frases concitadas que las dos muchachas dirigen a Ka’laírra. sonriente. con riberas arenosas de color ocre brillante. según me entero luego. los nombres de los muertos no se mencionan. que al caminar sobre la arena dejan la huella ondulante de sus largas y co� loridas mantas. desde su pecho ser� pentinas de collares lanzan brillantes reflejos. El río es pequeño. Uri- mana y Karuna emprenden el regreso. Desde el cielo wayuu la muchacha sonríe al hermano y lo saluda con cariño. desa- parece. Arrecian los rugidos. De pronto surge de la arena una forma caprichosa. Nos sentamos allí y co� menzamos a observar. apenas un arroyo. Marchamos durante media hora en una impresionante soledad. Cuando tratamos de -324- . con Ka’laírra entre ellas. Se llamaba Walika y murió hace un año.

Nuestros amigos wayuu prosiguen aún más apresurados. de tejido abierto. Mientras los telares son operados por hombres y mujeres jóvenes. una hermosa joven de ojos esplendorosos y delicada facciones. ni a los telares del español. Despertamos temprano con la intención de visitar los talleres de los guajiros. no tienen nada que envidiarle a la fábrica de zapatos que ha montado un italiano en El Valle y que se considera un modelo. No nos hablan. pájaros —agrega. al demorarme en el patio de la ranchería para meditar admirando el pai� saje nocturno. parecido a una red. porque fue cuando. empieza la jornada. complacido. —Estamos pensando ampliarnos y abarcar también el campo de adornos para mascotas. En los cobertizos los guajiros llegan. cobijas. Jas- hichi y su sobrina Yuraima. tipo zapatillas.… ¡y manos a la obra! —¡Cuántos telares! ¿Y por qué son diferentes? —se extraña Mor. perros. —Y ahora. las jóvenes han recogido sus largas faldas para poder correr. tan comunes en la Guajira. nos acompañan. sucedió lo de la chiva… prefiero callar e irme a dormir. Están muy bien organizados: aunque sean pequeños. descubridores de misterios aproximarnos. ni a la pantalonería que tiene mi padrino en La Yaguara. de te� jido muy tupido. se alejan de nosotros al divi� sar el rancho. fajas de hombres. las alfareras son todas mujeres mayores. sitio donde he observado actividades parecidas a estas. obreros y aprendices. ¿Pero él la aceptará? —Y en los otros cobertizos. vengan a ver a las alfareras. Y además. capataces. el misterioso caminante ha desa- parecido. Jashichi. ¿qué hacen? —Montones de cosas: mantas. Después de esto no les cuento más nada. comparadas con las que llevaban -325- . no contestan nuestras preguntas. ni a la fábrica de camisas del por� tugués. fajas de prensar el sobrecincho. conejos. ¡Esto parece una colmena! Son las seis. alfombras. chinchorros. Es un buen nego� cio. ¡Qué buena idea! —me regocijo— voy a conseguir para mi loro una de las cintas de algodón con las que se amarran las alpargatas. gatos. Los Wayuu. no ves que aquí están especializados? Tienen telares de distintos tamaños según lo que quieran producir: hamacas. dirigirle la palabra. —¿Chico. también suelen tejer adornos para caballos. mulas y burros. son muy requeridos —papá se luce. envueltas en unas mantas que nos parecen viejas y descoloridas. donde hay maestros. saludan.

cuando una de las artesanas le precisa. Mamá renuncia enseguida al deseo de tener una. —¿Todo ese queso lo hacen aquí? —El que se vende. no nos atrevemos a comprarla para no ponerlos en la di� fícil situación de tener que regalarla. con una modestia que nos impresiona—. Allí producen bolsos. continuamos para las fábricas de queso. ¡Qué variedad de quesos y de gente ocupada en elaborarlos. Vende� mos anualmente varios quintales. prometiendo que tendremos cura y confiaremos en ellos. -326- . collares. y también los lanía. despacharlos! —Nosotros somos regulares productores de queso —explica el maestro Jayaliqui. —Y ahora. zapatos. que adornan las casas de Venezuela y Colombia. con su cámara en plena acción. donde al� gunos ancianos enseñan a los más jóvenes. sí. —¿Serán efectivos de verdad? Aseguran que sí y nos proveemos de algunos para el resto del viaje. —¿Cómo lograron montarlos? —pregunto. talis� manes o amuletos. en� volverlos. Pronto su entusiasmo se calma. aquí cerca —nos insta papá. El Chamán de los Cunaguaros. En efecto las ancianas trabajan afanosamente. con toda naturalidad: —Nuestras vasijas tienen mucha demanda. como presionadas. es decir. para que no se pierda el arte de nuestros antepasados. los lindos tapices guajiros. como nos exigen. y han sido llevados al extranjero? —Más retirado tenemos el taller. frente a Jashichi y su sobrina. ya que se utilizan es� pecialmente como urnas funerarias. —¡Fíjense qué lindas vasijas elaboran! ¡Con qué sugestivas figu� ras las adornan! Nos damos cuenta de que a mamá le gustaría mucho tener una de aquellas vasijas para su cocina. Deben ser batas de trabajo. Viaje por el mundo indígena venezolano las guajiras de la ranchería. ¡Está resuelto el problema! Proseguimos hacia el cobertizo del cuero y de la madera. —También tenemos talleres modernos —agregan— con instru� mentos y máquinas que nos ahorran mucho trabajo. multicolores. —¿Y los tapices. pero en este momento. Es un taller-escuela.

No somos los únicos. Pero algunos guajiros. —Entre nosotros lo que se acostumbra es el yanama. para sus� tituir al tío quien al llegar al último se retiraría llevándose con él a nuestros padres. algunas mujeres sentadas o en cuclillas. —¿Y los devuelven? —Los devolvemos puntualmente —contestan a una voz. trabajan en la casa. para hombres y mujeres. Papá. y nos traen su producción que se les compra. especialmente las mujeres. Varias empresas los han recibido. o labor co� munitaria. recipientes de agua y objetos. inter� cambiándose una sonrisa socarrona. y también las bolsas típicas en forma de redes que usan para transportar ollas. ocupadas en hilar con el huso y tejer con agu� jas. descubridores de misterios —Pues —Jashichi y Ka’laírra. se intercambian una mirada cómplice— con créditos del Estado. Por eso indaga: —¿Y los otros productos se elaboran todos aquí mismo? Es decir. y que algunos funcionan como pequeñas empresas capitalistas. empieza a sospechar que esos modernos talleres son una avanzada criolla. como nos confiará después. -327- . Elaboraban con un tipo de crochet carteras de varios tamaños. o trabaja también en su casa? Recordamos haber visto. a lo largo del camino. que nos han alcanzado. Los Wayuu. ¿la gente es empleada aquí para trabajar.

mestizos y bilingües. viven al margen de la mera subsistencia. Otros. como la había en todas las otras etnias. cigarrillos. que llevan la artesanía guajira a Mara� caibo. nos suena a aventura. Empezamos a convencernos de que los wayuus son algo mani� puladores. a Caracas. en varios sitios de nuestra ciudad y especialmente en Las Mercedes. perfumes. ¿Acaso entre ellos existe la explotación? ¿Habrá grupos de ex� plotadores que monopolizan la industria guajira. de las cuales ilegalmente se envían grandes cantidades al extranjero por vía aérea y marítima. que va en busca de trabajo. trajes y sandalias Guajira. son fuentes de empleo. en la frontera con Colombia. a contrabando. donde se cultiva ma� rihuana y coca. a mo� dernos filibusteros. Nos da la impresión de que no hay libertad de trabajo entre los guajiros. Es de� cir. plantas propias de las frías alturas. y refugio. a las islas del Caribe. Nosotros mismos recordamos haber visto. —Tenemos vendedores. dueños de empresas comerciales y del transporte con camiones. Lo cierto es que algunos de ellos son relativamente pobres. a veces contrabandeando o huyendo de sus enemigos. atención mé� dica. alberga dos poblaciones wayuu: una residente y otra flotante. así como Maracaibo. ¡Maicao. ¡hasta droga! Viene de las frescas montañas cercanas a la altiplanicie bogotana. en cambio. ventajas económicas y políticas. que ellos cruzan a me� nudo! Este nombre. El Chamán de los Cunaguaros. rifles. A ambos lados de la frontera venezolano-colombiana hay tiendas que proveen a los indígenas de alimentos. —O también —prosigue Ka’laírra— los llevamos a Maicao —se ríe guiñándole el ojo al encargado del taller. Sabemos que en varias áreas de la península Guajira se trafica con marihuana junto con cocaína y otras sustancias narcóticas. kerosene. es el indicador de su riqueza). ¡Hay tantos pequeños puertos en La Guajira. rollos de tela. y más de cien pistas de aterrizaje clandestinas! Maicao. En Maicao se consigue whisky. varios bancos con tapices. poseen bienes considerables. Viaje por el mundo indígena venezolano Esta aclaratoria nos inquieta. de -328- . tienen importantes conexiones y por eso. que provienen de la ganadería (el número de cabezas de ganado que poseen. en perjuicio de los más humildes? —¿Qué hacen luego con todos estos productos? —indago. fajas. armas. Los propie� tarios. que ya conocíamos. linternas. cigarrillos.

Nosotros mismos. pasando por numerosas flautas. en el trayecto. poseen camiones y toda clase de vehículos. Celebro esta habilidad. Y ahora. Ka’laírra —me atrevo a dirigirle una pregunta que hace rato me venía dando vuelta—.000 guajiros de Venezuela. y el tambor de piel de oveja o de cabra en ambas caras. acércate para que te oigan! El pequeño Sawawa. viene hacia nosotros. ¡otra novedad! ¡Este impredecible Ka’laírra es un músico de primera! Con el vibráfono y con el talirai nos da una demostración de virtuosismo que nos deja impresionados. donde hay instrumentos musicales: desde el típico vibráfono que utiliza como caja de resonancia la cavidad bu� cal. con palabras de elogio. bolsas y bandas multicolores. nos llaman con alegría hacia el último cobertizo. violín guajiro. observamos cómo la mayoría de los guajiros monta mulas o burros. ¿qué haces durante el día. Tenemos la sospecha de que demasiado acercamiento a la civilización. todos nosotros lo sabemos hacer. que practican desde la co� lonia. —¿Saben tocar así los 100.000 de Colombia? ¡Serán ustedes un pueblo de pájaros! —Pues casi lo somos. descubridores de misterios actividades comerciales y del contrabando. —Oye. ha contaminado esta etnia. como habrán visto. llamado káaschi. no hay escuelas. ven. pero algunos jinetean altane� ramente excelentes caballos. Otros. todo buen guajiro es un virtuoso —y aso� mándose fuera del cobertizo—: ¡Sawawa. Pero él las recibe con gran humildad: —No es nada. Los morochos. Quisiera hacer un comentario mordaz. Entre nosotros. Deben existir entre ellos remarcables desigualdades. gozando de la admiración que aquí se le profesa a la figura romántica del guajiro que cruza sus tierras con hidalguía cabalgando un pura sangre adornado con fajas. mientras tu hermano pasta el ganado? —Acompaño a mi tío en todo —nos explica—. que merece toda mi admiración. que pasa por ahí cerca con su ganado. pero el recuerdo de las coces de la chiva loca me calla a tiempo. y quizás armado. tan diáfanos y apacibles. que nos han precedido. hasta el talirai. y los 20. Así aprendo. ¡Esos guajiros se las saben todas! Son realmente distintos de los de� más indígenas. Tiene en la boca un vibráfono y lo toca tan bien como su hermano. en fin. Los Wayuu. -329- . o con un manto de algodón o seda sobre los hombros.

botá� nica y química aplicada. a su vez. los animales. el hermano de la madre es el responsable de la educación de sus sobrinos. lo mismo que las de Colombia. qué alivio! —subrayan los morochos. El Chamán de los Cunaguaros. También debemos aprender los jayéechi. —No tanto. Sabrás que recientemente se ha traducido y publicado la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela a nuestro idioma autóctono. —¿Qué te enseña tu tío? —¡Todo y de todo! Es necesario que yo conozca los trabajos que se desarrollan en los talleres. lechero. eso es indiscutible. el wayuunaiki. tiene otros sobrinos a quienes educar. El hermano de tu madre tiene tu misma sangre. ni días libres. porcentajes. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Qué comodidad. las carreteras. cálculos. y éstos no se cansan nunca. Luego debo saber de ventas. dominar el idioma español. y debemos conocerla en los dos idiomas. su historia. hasta el cielo con las estrellas. los tratados. pero luego… —¿Entonces ese rol de educador corresponde al tío. quesero. los árboles. con el mejor estilo. Tam� bién tengo que ser buen nadador y excelente jinete. Con ellos no hay receso. alfarero. y de memoria. no se siente desplazado? —El padre. y oigan. y no al pro� pio padre? —Dentro de nuestra organización tradicional. Es porque a través del tío no hay duda sobre la descendencia sanguínea directa. talabartero. intereses. los caminos. es preciso conocer los clanes. porque los que nos enseñan son nuestros tíos. de tipo matrili� neal. —¿Tantas cosas? —Eso y más. su ubicación. Empieza con énfasis: —Tu Laulaasukaa Putchi Sulu’u Oumainwaa Mulu’usukalu Wo- liwariaana Wenesueela… Lo escuchamos atónitos ¡Y eso que no hay escuelas! Pero no ha terminado: -330- . en fin todos los rudimentos del mercadeo. ni vacacio� nes! A mí me dejan flojear un poco ahora para acompañarles a uste� des. músico. aquí no está per� mitido ayudarnos con calculadoras ni con computadoras: ¡puro cere� bro y rapidez! Además. Debo añadir que me imparten nociones de medicina. compras. soy tejedor. la geografía de Venezuela. la cuestión de los límites. —¿Y el padre. para poderlos dirigir algún día: por tan� to.

—Después de mí. Lo mismo. o si no un sobrino. sin titubear. ¡Qué nota! ¡Vengan algún día! ¡Quisiéramos poder aceptar la invitación! Los morochos y yo confabulamos un rato. Como vemos a Ka’laírra en tan buena disposición. el Ayonajá y el Kóulayawaa. o un nieto. Sin embargo para ellas la vida es más dura. En esta sociedad de tipo matrili� neal. Aquí no se salva na� die. recordando que mis compañeritas de escuela asocian la libertad de movimiento que les proporcionan los estudios. —Queremos saber algo más. aquí tenemos unas fiestas tan buenas que si vie� nes. —Oye. hasta tú conoces a la chica de tus sueños y te casas ahí mismo. pensamos preguntarle por algu� nas cosas que nos intrigan. los grandes ojos fulgurantes de la hermosa Yuraima: —¿Qué fiestas? —pregunto con interés. directo: —¿Qué es eso de la venganza guajira? El joven. o baile de las ca� britas. —¿Y tu hermanito? —pregunto con curiosidad. —¡Qué buenos amigos! —reconoce animado. Los Wayuu. Nuestros brazos. Filatelio. Cuando regrese mi primo. —¿Cómo se las arreglan para encontrar marido? —pregunto yo. como tú mismo dices. Empieza Mor. que fue a la capital a estu� diarlos y luego quizás viaje al exterior para perfeccionarlos. descubridores de misterios —Para colmo —agrega—. Siempre habrá otro hermano pequeño para el ganado. porque no les dan libertad de salir a ninguna parte. con la posibilidad de conocer a los jóvenes. tendré que fajarme yo a aprender unos cuantos. la cabellera aza� bache. comenzando por el inglés. ahora mi tío ha decidido comple� mentar la formación de los jóvenes guajiros con algunos idiomas extranjeros. lo sostienen. siguiendo por el chino… Se aprieta la cabeza entre las manos. Se me presentan enseguida la sonrisa invitante. y da muestras de desmayar� se. nos mira de frente: -331- . le tocará a él. —La chicha maya. aunque no les enseñan tantas cosas. ¿qué tipo de educación reciben las muje� res? —También las educan. prontamente y entre risas.

No se olvida ni se perdona. —Yo en cambio creo que los aleja —insiste. pero no habíamos pensado que se tratara de una vivienda en llamas. si hay algún accidente. detrás de una empalizada de cactus y cardones. que ellos tanto cul� tivan. ¿me oyes? Ni se le perdona. —Y resuelve muchos problemas —agrega después de un ligero titubeo. tienen una fe absoluta en sus tradiciones. en muchos campos. y las defienden aunque sean discutibles. Los guajiros cobran con la vida cualquier afren� ta. al vencedor guajiro le corresponde cancelar una suma cuantiosa o regalarle una vaca. Pero a la vez tenemos otra tradición: los mismos guajiros deben pagar con dinero en efectivo cada gota de sangre que alguien derrame por su causa. No hallamos qué decir. en realidad. La muerte se paga con la muerte. y nos observa desa� fiante. Me voy dando cuenta de que ser antropólogo no es nada fácil. Habíamos visto. ni se olvida. —No será cristiano —Ka’laírra es tajante—. ni desprecio. la quema de un rancho? Bue� no. Para poder razonar con ellos habría que tener cono� cimientos firmes. eso lo demuestra. Todos. Y después de una pausa que nadie interrumpe: —¿No han visto. Así mismo. camino hacia acá. Sería necesario haber captado su mundo espiritual y su identidad. no es wayuu. Viaje por el mundo indígena venezolano —Es que aquí. Sólo a veces. ni abuso. Haría falta una sólida preparación. —Aunque crea otros. el perdedor resulta herido por un rasguño o un puñetazo. Pero es guajiro. y -332- . y menos que el fue� go fuera intencional. —A mí no me parece eso muy cristiano —objeto finalmente. Esta frase manifiesta el orgullo de ser wayuu. es la ley guajira. El Chamán de los Cunaguaros. no se le perdona nada a nadie. No estamos suficientemente preparados para argumentar con los indígenas. y si alguien les mata a un ser querido o éste muere por negligencia debida a alguien. Ni ofensa. me� diante negociaciones entre los clanes. se logra compensar económica� mente algún hecho de violencia. Si en una riña. —¿Ni siquiera entre ustedes? —Empezando por nosotros. unas llamas a orillas de la carrete� ra. y especialmente estos gua� jiros. El que no venga su propia sangre. Nada a nadie. esa persona lo paga con la muerte.

les buscaba pleito. El Waláa es un fetiche de oro que influye en la suerte de quien lo posea. ¡Y eso que dicen que los indígenas en general. un cuerpo de policía especial llamado “Po- liwayuu”. —Con nosotros los guajiros. un puñetazo en el aire manifiestan su desagrado. —¡Eso sí que no! —un grito. El escuadrón “Poliwayuu” hace constantes rondas diurnas y nocturnas en monopatines o en pequeñas bicicletas. los hampones no se meten. con una linterna y un rolo de madera. descubridores de misterios una gran inteligencia. Los vecinos están satisfechos porque antes había tremenda delincuencia y la vigilancia era dema� siado costosa e ineficaz. De probable origen chibcha. se hacía dar golpes y puñetazos. aún en caso de molestarse! Quizás esta reacción tan violenta se debe a la marcada aculturación del clan de Ka’lairra. O quizás tener la viveza —recuerdo con cierto regocijo— de aquel marabino que. que ha tenido gran aceptación. visitaba distintas comunidades guajiras. las cosas mejoraron? —pregunto con curiosidad. Los Wayuu. Tal vez no sea el caso de hablar de eso. —Hemos sabido que últimamente los wayuus han formado es� cuadrones de vigilancia. según una noticia publicada en el diario Panorama que había comentado papá antes de iniciar el viaje. el que ofende o agrede a un wayuu. lo paga con su vida. un salto hacia atrás. pero nos ganamos el respeto y el cariño de la comunidad. Nosotros somos uno. permitiéndole aumentar su riqueza y poder. Siem� pre lo obtenía. y los wayuus en particular no suelen ser descorteces. —Todo ha mejorado. ¿quisieras hablarnos de Waláa? —¿Podríamos verlo? —apoyan Mor y Ocho. Nos pagan poco. —¿Y ahora. me atrevo a lanzar la última pregunta: —Ka’laírra. lo utilizan también como árbitro de la guerra y de -333- . —¿Qué te parece? —dice Mor— no necesitan ni las armas de reglamento. Nos te� men. —Acuérdate del “ojo por ojo” —replica Ocho. pero reconfortado por las sensatas explicaciones que el joven guajiro ofrece a tan curiosos episo� dios. llegando así a reunir millones. y al quedar herido reclamaba su pago. ¿es verdad? —¡Verdadita! —enfatiza Ka’laírra— Y es un cuerpo muy efi� ciente.

la malicia. Y aunque estos términos no sean siempre despectivos. tan adelantados en nuestro progreso. ofrecemos una disculpa por nuestra osadía. presumido. grande. A pesar de que luego Ka’laírra se disculpa y nos ofrece amistad. Sabemos que la familia de Ka’laírra guarda uno. lo que contribuyó a formarlas y a fomentarlas a través del tiempo? ¿Cómo se podría superar esta situa� ción. los que aún aprovechándose de lo que podamos ofrecerles. Eso es quizás lo que soy. de oro puro. pero incapaces de una verdadera y eficaz aproximación a la cultura de los indígenas. Los guajiros. cruzan frecuentemente las fronteras. en definitiva nos desprecian. —Eso sí que no —repite—. los que menos confianza nos tienen. ¿Fueron siempre así o quizás anteriormente manifestaban ante los criollos la natural aceptación que aún subsiste entre los indígenas menos evolucionados? ¿La altanería. El Chamán de los Cunaguaros. y callamos definitivamente. de las influencias financieras y políticas y hasta hacen sentir su presencia en la Asamblea Nacional. se benefician de los adelantos tecnológicos. Poseerlo da un inmenso prestigio. apaciguar esos sentimientos? Estoy confundido. pues su significado depende mucho del contex� to. lo que somos muchos de nosotros los criollos. ¡Kusina! ¡Alijuna! —y luego en espa� ñol— ¡Ustedes. sus palabras resuenan por largo tiempo en mis oídos: —¡Kusina! ¡Alijuna! Eso es lo que me ha dicho. son los que más recelan de nosotros. -334- . de hallar las razones de lo que nos parece negati� vo. que visitan las ciudades. a mí me suenan como: “¡Extranjero. extranjeros atrevidos! Un poco apenados. la desconfianza que no existen en las demás etnias indígenas son propias de ellos? ¿O será algo proveniente de nosotros. los civilizados. ignorante!”. de valorizar lo positivo. quizás los más integrados a la cultura nuestra. Viaje por el mundo indígena venezolano la paz. Este incidente nos hace reflexionar. de merecer su confianza. de nuestra conducta.

y mi hermosa mujer ondula a lo lejos con su bata de colores que brilla y vuela como una mariposa. camino con mi sombrero de palma y llevo mis collares y amuletos para que los antiguos tiendan sobre mí su sombra protectora. uno mismo con la arena y la distancia. solo con la luna. Soy con el cardón. con el sol a mi espalda camino. sobre el polvo fugaz de las estrellas. mientras mis toscas sandalias dejan su rastro que el viento borra sobre la arena infinita. con la tuna. La luna en las noches me alumbra el sendero de los espíritus. la luz de los ancestros me guía con el rayo del Catatumbo. Wayuu solitario soy.Coro wayuu Wayuu solitario en la planicie. 335 .

-336- . calcinado de sol. Viaje por el mundo indígena venezolano Wayuu solitario en la llanura. cansado de tanta lejanía espero llegar pronto a mi casa y saludar a mi mujer y a nuestros hijos que me esperan entre balidos de cabras. El Chamán de los Cunaguaros. sediento y solo.

quien luce para la ocasión un espeso sombrero decorado con semillas. Armato nos conduce hasta un caney donde nos hace aparcar nuestro viejo jeep. de rostro armonioso. nos llevará en su moderno rústico este nuevo amigo yukpa. nos encanta porque. para aprovechar los firmes conocimien� tos del docente: 337 . ojos bri� llantes y luminosos. que dejaremos al cuidado de su familia. Los Yukpa. es el de una clase de pececito de río. que es además diputado. entre los árboles del mágico y boscoso lugar comienzan a divisarse pequeñas figuras morenas. En vista de que el camino para llegar a la gente que nos proponemos visitar es largo y agreste. Papá disminuye la velocidad mirando a todos lados hasta que por fin. apoyado a la portezuela de un grueso vehículo oscuro reco� noce a su antiguo amigo el maestro Javier Armato. señores de la sierra A medida que Tío Jeep avanza hacia las frías y húmedas altu� ras de la Sierra de Perijá. Armato. en dirección de Machiques y luego de El Tukuko. representante de su etnia ante la Asamblea Na� cional y cuyo nombre. ya que todos participamos con numerosas preguntas. La conversación estalla animada. cargando cestas y fardos: son los Yukpa. como nos ex� plica.

en armadura. poco después de comenzar la invasión de los conquis� tadores. como Ambrosio de Alfinger. una concesión para explotar y poblar todo lo que se llamó “Nueva Andalucía” o “Pro� vincia de Venezuela”. el sur del Golfo. Un silbido agudo se cuela en nuestro vehículo. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es cierto lo que dicen los cronistas. —¡Qué escalofriante! Me recuerda la leyenda del fantasma de Lope de Aguirre que aún recorre las playas de la Isla de Margarita. hacia el fabuloso Mar del Sur. ¡Menos mal que es aún de día! —comento apoyado por el número ocho. una compañía de acaudalados banqueros alemanes. —No somos paujíes. luego se hunde en alguna ciénaga y allí desaparece. para explorarlo. pues arrasó. aparece en las noches. que fue nombrado primer Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela. —¿Quiénes son estos paujíes? —pregunta mamá sabiendo ya la respuesta. Como ustedes sabrán. Dicen que su fantasma a caballo. —Entonces son los fantasmas de dos angelitos —comenta papá riéndose. y ellos aprovecharon muy mal sus derechos. pues deben haberlo estudiado en la escuela. los Reyes Católicos otorgaron a los Welser. entre ellos Fray Pedro Simón. Hubo entre sus emisarios algunos muy sanguinarios. -338- . que su alma que� dó aprisionada en estas tierras. Otro lejano le responde. —Venezuela es tierra de fantasmas —reflexiono pensando en las muchas almas atormentadas que pudieran vagar por nuestra his� toria tan violenta y azarosa. Entre 1530 y 1540 Alfinger devastó una amplia zona entre Maracaibo y Coro en su frenética búsqueda de oro y de especias. El Chamán de los Cunaguaros. —¡Pero era casi toda la parte norte del país! —Exacto. arroja la lanza con la intención de traspasar a quien encuentra a su paso. es decir desde el Zulia hasta Sucre. que se suponía entrada hacia la especiería. que en toda esta región los conquistadores quemaron los poblados y masacraron a los indios? —Así fue. somos el espíritu de Alfinger y el de Lope de Aguirre —revelan los morochos tratando de dar a su voz un to� que tenebroso. en 1528. Dio muestras de tan extremada crueldad.

ya en la segunda mitad del siglo XVIII. alguien los so� corrió. misioneros se ocu� paron de ellos? —Sólo los misioneros capuchinos intentaron acercárseles. resentidos. Sus lugartenientes diezmaron a los indígenas. la fractura que causó el arribo de los descubridores. y casi inmediata� mente después de los conquistadores. Fue como un volver a nacer de mala manera. Después de una breve pausa que no nos atrevemos a interrum� pir por el impacto que nos causa tanta injusticia. lo fue. —¿Y en ese caso los Yukpa lograron levantarse. mientras sus avances en el cultivo y su cultura retrocedían. impenetrable. sólo tuvieron lugar contactos esporádicos. señores de la sierra El yukpa prosigue: —En sus expediciones. recons� truida penosamente sobre las cenizas de la primera. los abuelos recuerdan desde los tiempos más remotos nuestros -339- . en ese forzoso destierro se perdieron hasta las trazas de nuestra antigua cultura: objetos y tapices con significa� dos mágicos y religiosos. aislados del mundo. que se siguió considerando zona hostil. Aquello se malogró. Pero poco después el torbellino de las guerras de Independencia los obligó a clausurar sus misiones. vivieron recluidos en los bosques. Nosotros antiguamente tuvimos una escritura. —La conquista fue. se escondieron en lo alto de los montes. algo terrible para ellos. Alfinger reveló un cruel ensañamien� to. quizás aún más que para otros aborígenes. entonces. los antiguos colonizadores. hasta estudiosos y antropólogos dicen que no había una escritura indígena —el maestro parece hablar con cierto rencor— sin embar� go. un modo de transmitirnos mensajes. donde por siglos vivieron temerosos. como el comienzo de una segunda existencia. Se bloquearon los caminos por siglos. buscaron refugio en la sierra de Perijá. Los Yukpa. aislados. Es im� posible referirse al acontecer indígena sin mencionar el trauma. violentos. Los indígenas subieron aún más arriba en las montañas. y cayó en el olvido el conocimiento de los habitantes del territorio yukpa. destruyeron sus asentamientos. telas y códices que representaban nuestra manera de escribir. —Sí. pobladores. Armato prosigue con evidente frustración su relato: —En esa huida. Los pocos sobrevivientes se dispersaron en la oscu� ridad de la selva. Muchos.

caña de azúcar. plátanos. —Claro —reflexiono—. las cosas vegetales arden mejor que otras en el fuego. sin auxilio. los watía colonizaron las tierras bajas expropiando a los indígenas. no podían asegurarse una dieta balanceada. usurpaban progresiva� mente en estas regiones. ocumo para su consumo diario y en las zonas más altas el café. —Y más aún porque usábamos para escribir hojas y tejidos ve� getales y sobre ellos estampábamos nuestras historias con pigmen� tos sacados de piedra molida. semillas o bejucos colorantes. Por eso también sufren el cons� tante acoso de la codicia de los hacendados criollos. y llega� ron hasta Machiques. cuyo cultivo se ha incrementado hoy día por la gran demanda y posibilidad de comercio. mientras también su potente rústico parece suspirar por esos caminos tan áridos. para convertirlos en hatos de ganado. en un nivel muy bajo de subsistencia. hasta hoy día. un término resentido que significa “no yukpa”. y luego. ni siquiera suficiente. como en gran parte aún viven. ve� nezolanos. em� pezaron a acosarnos. luego yuca dulce. al principio. Mientras. Poco a poco. Con sólo los productos del antiguo cultivo basado en la tala y la quema. los indígenas trataron de proteger sus antiguos territorios que los hacendados criollos. mientras a ellos -340- . El docente completa el relato: —A mediados del siglo XX. sin poder practicar ni siquiera el true� que o intercambio. los indíge� nas vivían. y no logramos frenarlos a pesar de defendernos con repetidos ataques en forma de incursiones. nuestro calendario. —¿Qué siembran ellos? —Mayormente maíz. Javier guarda un silencio digno y contesta con una especie de suspiro. —Después de los conquistadores. todas nuestras tradiciones escritas en alguna forma de grafía. antiguo límite meridional del territorio yukpa. o en minas de carbón a cielo abierto. cambures. los ganaderos que nosotros llamamos watía. El Chamán de los Cunaguaros. —Así fue —corrobora nuestro padre—. colombianos y hasta brasileros. Viaje por el mundo indígena venezolano códices. —Pero con la violencia de la conquista todos esos grabados y escritos pudieron ser quemados —acota papá. en cultivos de coca. la principal población. los waitía ya habían alcanzado el río Tukuko.

para proveerse de proteínas y grasas animales necesarias? —Los Yukpa. es vergonzoso reconocerlo. sus fundamentales enemigos. se les agregaron los colombianos que pasan impunemen� te la frontera a cada rato para adueñarse de tierras venezolanas. en zonas boscosas surcadas por ríos. En los alrededores se establecieron varias familias formando un caserío de cierta importancia. Ocupan cerca de 2. en territorio co� lombiano. la pesca.000. atacados por varios males y deficiencias. Sus aldeas se pierden en el páramo. en 1945. No obstante. —En parte. estaban tan aterrados y deprimidos que dejaron de practicarlas. que limita al este con la cuenca de Maracaibo y al oeste con el valle del río César. —¿Pero la caza. frutos silvestres y hojas para proporcionar a sus hijos la alimentación indispensable. el cultivo del café no les aporta casi nada. costumbre que todavía tienen. en los valles de la vertiente venezolana de la sierra de Perijá. dos siglos después del primer contacto. A los ganaderos criollos. que hoy día tiene unas sesenta viviendas con más de quinientos habitantes. en la producción de café u otros cultivos rentables. sin importarles violentar los derechos y aspiraciones de sus propios vecinos y familiares. Algunos viven allende la sierra de Perijá.000 metros. Los Yukpa. en peligro de desaparecer. —¿La usurpación de las tierras yukpa siguió. —¿Cómo se supo eso. que de por sí son de naturaleza pacífica y afable.000 km 2. —Cuántos son ahora los Yukpa? —Se calculan en unos 4. todavía apartados. para enriquecerse e ingresar como empre� sarios a la economía del mercado regional. si estaban tan alejados. Y peor aún. a una altitud entre 500 y 3. se hallaban desnutridos. en ese momento. —Tal vez mejoraría la situación. entonces? -341- . —¿Han logrado poner fin a la avanzada de los waitía? —Al contrario. Los Capuchinos fundaron una Misión en el Tukuko y reiniciaron su campaña. señores de la sierra mismos. Se dedicaban tesoneramente a la recolección de insectos. aislados. algunos indígenas transcultu� rizados los explotan en la cría de ganado. ubicados en la serra� nía oriental de los Andes. lo que da una densidad de 2 habitantes por km2. incomunicados? —Así lo reportaron los Misioneros Capuchinos cuando logra� ron volver a ellos.

mejor equipado que nuestro Jeep. Viaje por el mundo indígena venezolano —Siguió y se afianzó. y desde el salle del Alto Tukuko hasta el Río de Oro. hábiles en cual� quier actividad. nos percatamos de que su preparación ha ido mucho más allá. Otros indígenas bajaron entonces de las montañas y establecieron sus poblados a menor altitud. salvando barrancos y cañadas. Sin embargo. mucho más arriba del Tukuko. después de horas y hasta días de camino. han completado la educación primaria hasta sexto grado estudiando como internos o externos en la Misión. alfabetizados. El Chamán de los Cunaguaros. muy aplicados al estudio. —Maestro —quiere saber mamá—. colaboradores. entre nieblas y neblinas donde se llega sólo a pie o en bestia. Los Yukpa auténticos. el atropello sigue. leen y escriben. En 1961 se estableció oficialmente una reserva indígena que se extiende des� de las estribaciones orientales de la sierra de Perijá hasta la frontera colombiana. primigenios. Los Yukpa son una de las etnias que mejor se han llevado y aún se entienden con los misioneros. El vehículo rústico del maestro. participa en la vida pública como representante de su etnia. Han sido bautizados. Él ha llegado a ser do� cente de Lenguas Indígenas en la Universidad del Zulia. ya entrado el siglo XXI. cruzando numerosos vados de ríos o varias veces el mismo. pues son jóvenes inte� ligentes. nos ha llevado sin tropiezos cuesta arriba. con becas y subsidios que les consiguen los Capuchinos: lo merecen. capaces de asumir responsabilidades. cauchos gigantescos para pisar troncos y vadear charcos. ¿cómo han sido las rela� ciones de ustedes con los Padres Capuchinos? —Se consideran positivas. Al considerar el caso de nuestro acompañante. Al -342- . pero quizás demasiado tarde. hoy día. con doble tracción. —¿Y por qué las autoridades venezolanas no hicieron nada para frenar tanto atropello? —Lo intentaron. Hablan español. Algunos laboran como jor� naleros en la Misión misma o en las haciendas. en las laderas de la sierra de Perijá. En la Misión del Tukuko los indígenas han aprovechado su lección de educación. Otros siguen estu� dios superiores en Maracaibo o Caracas. rescate de tradiciones. viaja a reuniones y congresos dentro y fuera del país. viven aún más lejos. trabajo. los que papá ha escogido como objeto de su estudio fotográfico y de nuestra visita. vida espiritual.

nerviosas. tan poco acostumbrados a las largas caminatas. —¡Cuidado! ¡Es peligroso andar con juegos! Los animales pue� den asustarse —les advierto. rasgos originales. En el momento todo aquello nos pareció un tanto exagerado. voy con papá a tomar fotos de los alrededores. mucho menos en subida por escabrosas montañas y en medio de aquella agreste selva. donde el camino se vuelve una estrecha trocha. estamos en el lejano oes� te! ¡Arre! —insiste el número ocho. que apuran el paso. tratando de emular a los vaque� ros tejanos o mejicanos. llega� mos a las pocas viviendas dispersas que conforman el caserío yukpa. ¿Qué será lo que les preocu� pa? Al fin los morochos entran en razón y los cuadrúpedos. que se nos dirigen en español y están trajeados como nosotros a la manera criolla. pero después comprobamos que era lo más apropiado para nuestros cuerpos citadinos. sorprendiéndonos a todos. Nuestros guías yukpa se muestran molestos por su atrevimiento y se esfuerzan por frenar las cabalgaduras. Mientras mis hermanos. señores de la sierra bajarnos de él. mientras nuestros guías. con pantalones. acompañan a la casa más grande del poblado a mamá y Mai� gualida que tienen frío y quieren descansar. di� visamos enseguida algunas bestias de montura y varios indígenas provistos de fuertes bastones. recobran su paso firme y cauteloso. con aprensión. tan gordos —les grito. —¿Los animales o tú? —me contestan con poca cortesía. chaquetas. agotados por el viaje y por sus trave� suras. —¡Arre! —grita de repente Mor. —Tengan calma. Los Yukpa. nos acomodan en las bestias y se ponen en camino. entre la selva. franelas con escrituras. que mantienen hasta que unas dos horas después. Miran a la derecha y a la izquierda. dándole en la grupa a su cabalgadura y a la de Ocho. Armato se devuelve prometiendo volvernos a buscar. -343- . guiados con precaución. —¡Qué burritos! ¡Son bravos corceles. Una vez más puedo constatar cómo estos indígenas en su extremada sencillez se diferencian unos de los otros y poseen características propias. esos pobres burritos flacuchentos no pueden con ustedes. y que sólo se distinguen por una variedad de sombreros que elaboran ellos mismos. luego de un último recorrido a pie por una empinada cuesta apoyándonos en palos y bastones.

pero puede ser semipermanente. el pescado y la carne ahumada. frescos. y para los transeúntes —me dejo llevar por un arrebato lírico. Sobre una de ellas tendida directamente en la tierra junto a la pa� red. que nos permitirán visitar y retratar. No hay chinchorros. Sentados -344- . Los Yukpa de ambos sexos y de todas las eda� des. cada elemento tiene un poder y está conectado al más allá. Son viviendas de esencia poética. sino una plataforma que levantan para dormir. aire y naturaleza: todo lo muestra. y algunas esteras. cambur o cocuiza. aireados. o más propiamente de los malos espíritus . así como los racimos de plátano. Observamos las cestas y los costales colgados de las vigas. Para esto utilizan unas pipas que ellos mismos fabrican. seguramente hermanas. El Chamán de los Cunaguaros. el río. alta. disponible para todo el mundo. así como el alma de una casa siempre abierta para sus habitantes. amarradas a un sencillo enrejado de caña sostenido en ángulo de cuarenta y cinco grados por dos horcones. ya que en la amplia cosmogonía yukpa. al mundo sobrenatural de los espíritus. fuman con avidez. como yo. el espíritu de la muerte. Viaje por el mundo indígena venezolano Los Yukpa habitan dos tipos de casas: la vivienda rectangular y el paraviento. con una intimidad hecha de viento. Papá. El paraviento. En un lugar resguardado están suspendidos enormes rollos de hojas de tabaco que almacenan allí después de ha� berlas secado y curado. está contento de poder filmar y retratar el exte� rior y el interior de la original choza. para defenderse de eventuales ataques de grupos vecinos. ensartados en una madera que llaman tayko. es una estructura de hojas de plátano. Del te� cho bajan ristras de ají picante seco que utilizan para alejar a Okatu. perfuma� dos a hierba. sin secretos. las piedras. pues ya han sido avisados de nuestra visita. Generalmente está rodeada por una simple empalizada de cañas o troncos de yagrumo joven. La casa rectangular es amplia. que puede medir dos metros de largo por dos de an� cho y dos y medio de alto. el viento. pequeños recipientes de una arcilla gruesa y rojiza que modelan con los dedos en diversas formas. no esconde nada. duermen dos bellas jóvenes. incluso los muchachos. pisos de tierra y paredes de caña brava. tiene techo de dos aguas. —Me fascinan estos paravientos. Se utiliza generalmente como abrigo temporal para las partidas de caza y pesca. orientadas de manera que corten la brisa y pro� tejan del viento y del frío.

levantándose rápida� mente. envuel� ve como un manto una figurita agraciada. y yo mismo. los padres observan sin interrumpirnos nuestra actividad. Hablan bien español. Iroka —contesta la otra. han vuelto al hogar por unos días de asueto. Quedamos en el umbral del sugestivo paraviento. Atashi. Nos acercamos para excusarnos. Las hijas aún estudian allá como internas. Iroka. lisa y cortada irregularmente. Atashi —alerta una tratando de incorporarse. en escalones. Los padres. —Salgamos. Shukumo Opi- rashi y su mujer Ana Cecilia. Su larguísima cabellera de un negro azabache. Los Yukpa. o por lo menos conoce las costumbres ciudadanas. despertando a las muchachas: —Cuidado. más inquieta y curiosa. han egresado de la escuela de la Misión del Tukuko como maestros. rodea un rostro de una atractiva palidez. fu� mando ambos con aparente deleite las largas y voluminosas pipas de uso común. de uñas -345- . Sus padres la siguen. Me tiende una mano pequeña. medio recostada. señores de la sierra cerca. La familia comprende y acepta nuestras disculpas. Ella parece ser coqueta. y ejercen. Es muy hermosa esta yukpa. flanquea a papá para enterar� se de los secretos de la fotografía. Un fogonazo de la cámara fotográfica explota de repente con un ruido fragoroso.

Nosotros los humanos: seres ligados a la tierra. Siento que puedo hacerle con confianza las preguntas más impor� tantes. Iroka va a ser la informante que yo deseaba. Viaje por el mundo indígena venezolano rosadas y piel suave. —¿Qué quiere decir “Yukpa”? Fija en las mías sus pupilas encendidas. se referían a eso justamente. nosotros los habi� tantes. indicándome que la ayude a levantarse. son eso: seres humanos. elevado. Ahora comprendo. a su gente. es armonioso. dulce. existo como ser humano. ¡Qué suerte que no están mis hermanos y no me hacen pasar la vergüenza de recordarle mis otros nombres. ¡qué lindo nombre! —También Filatelio me gusta. acaricia mis oídos una respuesta que me estremece: —Nosotros los Yukpa. peor aún. El Chamán de los Cunaguaros. Recuerdo a los waraos: gente de canoa. —¿Cómo lo conoces? —Oí que tu papá te llamaba. casi… —¡Mejor así! Pausada. -346- . hombre. que todos los Yukpa. sin nin� guna estridencia ni guturalidad. sutil. y que recibiré respuestas completas. baja. tanto los Yukpa como los demás indígenas. o algo relacionado con su propio ambiente o actividades. persona. más amplias. En este momento recuerdo que una vez un niño warao me contestó. somos nosotros los humanos. sufren. Tuponken! —¿No dormías? —Casi. original. Así lo hago y quedamos frente a frente. Titubea. completamente musical. Es característica la voz de los Yukpa. Yo creo sa� ber la respuesta. Me siento transportado. Los Jodi: guardianes de la selva. queda. pero creo que Iroka. todos los indígenas sí lo son. Las demás etnias nos han dicho que su nombre significa gente. Los humanos: los que existen. en un halo de simpatía. Yo no soy poeta. nosotros la gente. —Iroka. soy. a la esencia de la vida. mueren. Es como decir estoy. Como en un soplo de flauta dulce. cuando le pregunté qué signi� ficaba warao: “Significa estoy aquí”. Cuando en otras etnias me decían casi lo mismo: nosotros los hombres. Orejón y. Palillo.

Por eso los Yukpa. —Nosotros no somos grandes cazadores. estoy alarmado. los dos nos abrazamos. Estremecidos. Además. las encon� trarás en tu escuela. en tantos otros sabios indígenas que conocimos. Los Yukpa. sólo si realmente es necesario. el guardián de los animales. señores de la sierra He quedado tan impresionado por estos pensamientos. para alimentar a su gente. amplía la contestación de la hermana: —Es peligroso salir solos de cacería. o como una tormenta espantosa. en sus primeros acercamientos: —Indígena es un estado de conciencia que consiste en convivir en comunicación estrecha con la naturalidad. Se acerca la bulliciosa Atashi. me da la razón en todo. Nuestros cazadores acostumbran andar en pareja: -347- . Amamos a los ani� males. nos repugna matarlos. insinuante y cariñosa. Saldrá espectacular en las fotos que mi padre ha estado tomando. pensando en el abuelo Guaricuto. abrazándo� lo—. ¿me las enviarás? Te daré un regalo bonito. para luego ayudar a Ra� fael a colocar las narraciones a las fotos. y cuáles son los animales que cazan? Atashi es inteligente y despierta. es más. a ellos los protege un espí� ritu bueno. me da una respuesta que me aclara no sólo la habilidad física. en nues� tro hermano Aparicuar. pueden presentarse seres sobrenaturales. Ante tan evidente acoso. Iroka. Atashi. Yorsathi. en la Misión. Él me oye con atención. me hace partícipe de una asombrosa definición de indígena que le diera el cacique Guaricuto. —Rafael —le insiste ella. que busco una vez más la opinión de papá. —¿Me lo prometes? —aunque un poco decepcionada. a mi lado. Él castiga a los cazadores que persiguen las manadas. el padre de Ashirama. si pasas todas las materias. se vuelve a colgar del brazo de papá. que cazan con su arco y sus flechas capturan a los báquiros y otros animales grandes cuando no tienen cría. también de hermoso cabello ne� gro y resplandeciente mirada. que destruyen a las hembras en cría: se les aparece en forma de hombre. ¡Tengo que darle relevo! —Quisiera preguntarte algo. ¿Cómo practican ustedes la caza. sino también la parte espiritual del rito de la caza. Afortunadamente papá es un hombre serio: —Al final del año escolar.

Entonces lo matan. —¿Por qué prefieren cazar acures? —Porque no corren peligro de extinción. ¿Y qué sabes del oso frontino? —Mmm… no lo conozco en absoluto —confieso. -348- . —La fauna de esta sierra es prodigiosa —reconozco—. El oso melero que anda por los árboles y tiene hábitos nocturnos. Pero muchos lo confunden con “el salvaje”. verdad? —Son narraciones. —Pero… ese tal salvaje… ¿No existe. —Es un plantígrado raro. Los perros los acompañan para protegerlos. creyendo que se trata del mismo ser. también lapas. A un llamado de su madre. ¿Y por qué? —Hay dos razones. levantar y acorralar las presas. —¡Ahora resulta que los indígenas tienen su propio viagra! —chanceo— ¡Qué avanzados están! ¿Y la otra razón? —También es fruto de interpretaciones fantásticas. Generalmente atra� pamos mamíferos pequeños. pero está en peligro de extinción. un hocico puntiagudo y una lengua pegajosa con la que se come las hor� migas. papá? —Hay varios. Se acerca a los indígenas para calentarse en las hogueras y los ayuda a cosechar. El Chamán de los Cunaguaros. ambas se alejan hacia el paraviento. venados. estimulante de las funciones sexuales. por largo tiempo se dudó de su existencia. de preferencia acures. aquí hay osos también. bien grande. ninguna válida para matarlo. es bondadosa. oso y humano. —¡Qué lástima!. La hembra pare hasta quince críos en cada parto. Se dice que el miembro viril de este oso sudamericano es un poderosos afrodisíaco. Viaje por el mundo indígena venezolano mientras uno caza. Es de la familia del panda asiático. Su apariencia. justa� mente porque sale sólo de noche. el otro distrae al guardián de los animales. una rara mezcla de simio. También está el oso hormiguero o palmero: tiene una cola larga y ancha como una hoja de palma. Corre la voz entre los campesinos de que hay un oso salvaje más chiquito y menos amenazante que los otros. cuatro veces al año. cachicamos y lo hacemos con jaulas o trampas basculantes. ¿no es así. una criatura legendaria de la cual dicen que habita la sierra y rapta a las mujeres. producto de la imaginación popular. para que no se dé cuenta de nuestra presencia. tiene pintado sobre el ho� cico un antifaz y sólo come hojas y frutas. Vive en estos bosques. pidiendo a cambio sólo unos cuantos plátanos y yuca.

los pájaros. asiduos lec� tores de historietas. que organizan para ellos fiestas y bailes to� cando instrumentos confeccionados aquí con madera y cáscaras de frutas. ha sido bueno con ellos. Es un oso frontino. Jugamos todos juntos. A estas palabras. lo que en la Misión llaman el Paraíso. que los guías que los trajeron con las bestias procedían con precaución. —Cuéntame alguna. cuando un yukpa muere. hostil hacia los humanos. en vida. escoltado por los cunaguaros. Filatelio. No los cazamos ni los molestamos. poderoso. Dice la tradición que sólo logrará hacerlo si los animales lo ayudan. por favor. debe cruzar un río muy ancho y de mucho oleaje. y anda siempre acompañado por pumas y jaguares. y ellos le ayudarán sólo si. Iroka. muy temido por su extraña apariencia. Después de este diálogo entre nosotros. Tiene como aliados a todos los felinos. creí entender que el oso frontino precedía y anunciaba la llegada del misterioso chamán. el fantasma de Canadá —comento recordando haberlo oído mencionar por los morochos. el oso mele� ro. agresivo. Sabemos. son nuestros animalitos mimados. —Oye la leyenda de Masiramu. los perros. para poder llegar a un lugar mejor. el espíritu del bosque. pues tiene el cuerpo cubier� to con muchísimo pelo y los pies vueltos hacia atrás. pues según ellos Masiramu ron� daba el caserío. el oso palmero. el cual parecía hacer el mismo viaje que nosotros. Los Yukpa. los cangrejos de río. -349- . porque explica con entusiasmo—: Tenemos el oso frontino. sigue contando. y… Le da pena continuar. les preguntamos a las muchachas que han regresado trayéndonos una bandeja de yuca re� cién hervida: —¿Es verdad que en las montañas de esta región todavía que� dan osos? —¡Y bastantes! —se nota que Atashi es amiga de ellos. —¡Qué leyenda tan hermosa! ¿Conoces otras? —Muchas. ¡Cómo quisiera saber más de él! Presiono a Iroka: —Sigue. señores de la sierra —Se parece a Pie Grande. Los criamos en las casas como com� pañeros de los niños. las ardillas. —¿Sabes?. así como los monos. mágico. pues encontrábamos sus huellas en todas las comunidades. Lo hace Iroka.

—¿Hay muchos peces? —Muchísimos y variados: bocachico. —Pero con tan poca caza y tan poca pesca. Los hombres los atacan con flechas. sin grasa. Háblame más de los osos. Viaje por el mundo indígena venezolano —Hay otra leyenda. sólo los que podemos comer. ¿cómo alimentan a los niños. sus hermanos. Será en la ma� drugada. que se puede atrapar con la mano. Se refiere a nuestro hermano yukpa. poniéndose derecha a mi lado. del hermano que vino de las es� trellas. a los muchachos que crecen? ¿A base de una dieta pura� mente vegetal. guabina. salar o ahumar para guardarlos. un espíritu que vino de las estrellas. los Yukpa son tan pequeños como los pemó� nes. Él habita estas selvas con su fami� lia de cunaguaros. porque al llegar a la tierra yukpa se convirtió en hombre y tigre para velar por nosotros. por la noche no. del oso frontino. al punto que junto con ellos son considerados los pigmeos de América. dentón. Debemos tener la misma edad. y mientras tanto las mujeres y los niños capturan a otros. que tenemos por cierta y a ti te va a gus� tar. con fogatas y antorchas. —¿Por qué? —Rafael quiere presenciar la pesca nocturna. y nosotras los acompañamos. —Cuéntame otras narraciones. Efectivamente. cavan la arena para localizar el pez amarillo. Mi padre lo ha invitado. hurgan� do en los pozos que forma la corriente. Lo enviaron nuestros ancestros para hablarnos de nuestra cultura. El Chamán de los Cunaguaros. Nunca pescamos mu� chos. —¿Lo hacen con hierbas? ¿Acaso barbasco? —Nada de eso. de más allá del sol. Las mujeres buscan los corronchos bajo las pie� dras y junto con los muchachos. —Ahora no. sin proteínas? —¡Por eso somos tan chiquitos! —chancea Iroka. No. sardina. señores de la montaña. bagre. y no me llega ni al hombro. colgados de las vigas. Por la noche. lisa. dorado. para recordarnos nuestra dignidad de yukpa. No hemos visto esto en otras etnias: los Yukpa pescan de noche. Será muy emocionante para papá. el tiempo que duran: unas dos semanas. pues generalmente no superan la estatura de un metro -350- . de los cunaguaros.

especialmente gusanos. —Lo que te contaremos sobre nuestra comida no te va a agra� dar —anticipa su hermana con viveza. muy indigestos y de mal sabor. apetitosos y fáciles de masticar. orugas. —Gracias por lo que a mí me atañe. abejas. hasta los infantes los tragan y digieren sin problemas. mariposas. de aguda escasez de alimentos. espe� cialmente el sara. desempeñan un papel im� portante en su nutrición en el caso. Papá dispara la cámara a continuación. —¿Insectos? —Sí. mamá y Superlo� ro. —¿Por qué? ¿Me vas a decir que ustedes son caníbales. les arrancaba las alas y chupaba con deleite el tronco. parte esencial de su dieta. se encuentran a su completo gusto. hormigas y mariposas. larvas. Ade� más. pero no forman. tallos y hojas que así como las frutas. señores de la sierra treinta centímetros. Estos insectos. Ahora recuerdo ha� ber visto entre los pemónes a una niña que recogía mariposas. ¿Qué comen entonces? —Pues. que de� voran a cuanto waitía pase por aquí? —¡Que Dios me libre! Son demasiado grandes. insectos. y por fin los caracoles. hormigas. Debo confesar que es con cierta repugnancia que me apresto a oír la larga lista que en parte ya conozco. si no fuera por el distinto tamaño lucirían igualitos: llevan la túnica tradicional yukpa en la cual. ofrecen buena protección contra la -351- . Guardaba otras en una cesta tejida. Las túnicas. Unas voces altas y ruidosas se aproximan. para dárselas de comer a sus hermanitos. como aquí. el friganeo tejedor. pero me freno justo a tiempo al oír la detallada explicación de las dos hermanas sobre las raíces silvestres. aún hoy bastante frecuente. sencillas y prácticas. desde niños: pio� jos humanos. Maigualida. los comen también otros indígenas. —Buen provecho —quisiera decir irónicamente. la mosca soldado. son más graciosos. de un tejido de algo� dón tupido. Pertenecen a un gru� po bastante nutrido: los morochos. varios moluscos y las larvas de palma moriche. de estos extraños aunque saludables elementos que consumen mis amigos. manos pequeñitas con unos deditos mínimos. acompañados por unos jóvenes yukpa. Tienen miembros menudos y delgados. en ese aire fresco. ¿wué lo motiva a hacerlo? Están todos vestidos de la misma manera. de la misma palmera. Los Yukpa.

nuestros familiares avanzan descalzos. Y he aquí un detalle que nos hace sonreír: los pies de ellos se ven enormes. En eso también se diferencian los Yukpa de los demás aborí� genes: no usan guayuco. dientes de animales o picos de aves y para completar se han coloca� do unos favorecedores sombreros. Las completan con sombreros de palma tejida y ala ancha que a la vez que los resguardan de la lluvia y de la niebla. con esas túnicas hechas por sus mujeres al estilo tradicional: hilan el algodón. torneados y agraciados. con la ma� jestad de su plumaje verde. Todos mis familiares. Viaje por el mundo indígena venezolano temperatura rígida de estas alturas. al lado de los piececitos de los Yukpa. Se componen de una sola pieza rectangular que guarda la blancura original del algodón y cubre el cuerpo desde el cuello hasta los tobillos. Superloro me lla� ma a toda voz y liberándose del manto. que en proximidad de las frías horas nocturnas ya habían vestido sus propias túnicas. lo tejen. hola. se adecuan al ambiente. a la que se le han hecho es� cotaduras para la cabeza y los brazos. hola. facilitados por sus nuevos amigos Makoíta y Totayanto. que los siguen en la retaguardia. emprende el vuelo y logra aterrizar justo en el centro de mi cabeza: —¡Telio. Al verme. Se han recargado de muchos adornos: collares de se� millas de brillantes colores. Vienen silbando los morochos entusiastas y exagerados como de costumbre. Mi familia es recibida con cordialidad por los docentes yukpa. El Chamán de los Cunaguaros. quizás un 32-33 de nuestra numeración. coronado por un copete amarillo que mueve a voluntad. Mamá remata el impresionante atuendo con unas coronas decoradas con semillas y un bolso tejido con la más bella fibra vegetal. Las puntas de sus alas son rojas. serían la envidia de cualquier jovencita de la capital. y bajo la cola -352- . mínimos. otros de hilo de algodón con plumas. les dan una apariencia de nobleza y abolengo. acertadamente y de acuerdo al clima. de una graciosa forma oblonga bastante moderna y comercializable hasta en los mercados de las grandes ciudades. Especialmente los de las mujeres. hasta Maigualida con su tuniquita y el loro con un asomo de manto que mamá le apoyó entre las alas. buenas tardes! Lo miro con gran cariño: es un verdadero loro real. A la manera yukpa y de la ma� yoría de los indígenas. juntan unas piezas y les practican unos cortes. y se visten. y continuaban fumando sin interrupción sus pipas sentados en una estera.

no son causados por las fogatas. vean ustedes —prosigue motivado por nuestro interés—. como una nota chillona. Positivo o no. que todos supervisamos. Pero aquí los incendios no se prenden con las fogatas. ¿El fuego no se extenderá? —He leído muchas veces en los periódicos noticias acerca de grandes incendios que han azotado esta región —le comenta papá. —No. de linda melena oscura y mirada inteligente. Son incendios dolosos. los que nos perjudican. los grandes in� cendios. en este cuadro. La maestra Ana Cecilia Apashi. ni por los Yukpa. —¿Entonces? ¿Por la autocombustión? —preguntan los moro� chos. se levanta y empieza en� seguida a preparar comida para todos. ni con la quema. los pantalones blue jeans y las camisas de rayas mías y de Rafael que insistimos en llevar desen� tonan bastante. Con destreza y orgullo lo hacen ellos mismos a la manera tradicional. mujer aún joven. el cultivo resulta de inferior calidad. ni por las quemas. creo que sea muy beneficioso para este tipo de suelo. —¿Representa algo positivo? —No lo sé de cierto —reconoce Opirash—. sino en todas las regiones de Ve� nezuela. si no se quema. Los Yukpa. instruidos por Makoíta y Totayan- to. hermosa. es un aporte de los indígenas a la agricultura. no hay auto� combustión. mien� tras que cuando se hace. que así como la tala se practica entre nosotros como medio de cultivo desde hace siglos. curiosos y desubicados como siempre. —¡No! Aquí. —Es cierto. señores de la sierra asoma una larga pluma azul turquí. La fogata se alza tan alta. —Y no sólo entre los indios. esto es últimamente uno de nuestros mayores pro� blemas. En algo nos recuerda los colores de la bandera. En cambio. que la miro preocupado. —¿Dolosos? ¿Producidos por quién? El rostro de Shukumo adquiere una seriedad impresionante: -353- . con los pa� litos de madera. también inquieto. a Shukumo Opirashi. En conucos y sembradíos es la técnica tradicional en los campos —nos recuerda a nosotros Rafael. se dan frutos mejores. Sin embargo. —¡Esto no lo trajeron los españoles! —bromeo yo. pero en algunos lugares. En el camino los morochos. con nuestro clima frío y húmedo. han recogido arbustos secos para prender el fuego.

en esta forma. No les importa destruir la vegetación. La Asamblea Nacional aca� ba de sancionar la Ley Orgánica de Comunidades Indígenas. El pequeño grupo yukpa se ha reunido alrededor de Shukumo y asiente con gravedad. Se ha publicado un diccionario yukpa y varios libros de texto para nuestras clases. podemos escribir y leer. preservar nuestra cultura. Viaje por el mundo indígena venezolano —Por nuestros enemigos… los hacendados. en esto los misioneros nos han ayudado. usurpar nuestras tierras. Actualmente el Ministerio de Educación y otras entidades gubernamentales. Ya tenemos un sistema de escritura. Nuestra única defensa es tratar de subsistir. Nosotros estamos consternados. mediante la cual se les otorgan a los pueblos aborígenes derechos absolutos en términos políticos y culturales. alejarnos siempre más. para proporcionar a cada idioma una literatura escrita que refuerce la tradición oral. colombianos y de otras naciones sudamericanas. Tanto odio. los comerciantes. que son bilingües. tanta avidez. —¿Lo logran? —Sí. esto es fundamental para la preservación de ambas culturas. ¿lograran algún día aniquilar esta paciente y sufrida etnia? —¿Y ustedes no se defienden? —Lo intentamos. Pero en la montaña. perjudicar a las personas… su ambición es tan grande que todo lo atropellan y destruyen. pero ¿cómo podríamos hacerlo? No tenemos medios ni armas de fuego con que hacerles frente. los invasores criollos. resistir. la que dirige las demás. —Esa es la más importante. techitos aún más estrechos que estos que ha� bitamos. además del castellano. tenemos varios planteles: son pequeños paravientos. nuestro idioma. -354- . externos e inter� nos. en la floresta. transmitirla a cada generación. acabar con los animales. —¿En español? —En los dos idiomas. forma a los maestros. El Chamán de los Cunaguaros. los sembradores de cultivos ilegales que en esos días proliferan. donde los maestros vamos a pie en una marcha que puede durar hasta tres días. —¿Dónde quedan las escuelas de que hablas? Hemos sabido sólo de la misión católica de los Capuchinos. Ellos quieren. los ganaderos. a tra� vés de algunas “Misiones” nos apoyan. para alfabetizar a los niños. atemorizarnos. Allí estudian más de cien alumnos. ya lo he dicho.

o palma macanilla. pues ellos son excelentes tejedores de cestería. señores de la sierra Lleno de interés me le acerco aún más. -355- . nos dirigimos los dos al río cercano. —¿Cómo es tu escuela? —Mi escuelita es apenas un claro del bosque que se ha limpiado de maleza. mi padre. —¿Dónde queda tu escuela. Quisiera saberlo. cuando se hace difícil el acceso. un techo de madera. Los Yukpa. A sus orillas está depositada una gran variedad de cestas. de lecho an� gosto. fabricados con madera de teba. Conversando. Los flanquean varios tipos de flechas: sen� cillas. Sígueme hasta el río. —¡Qué ganas de aprender! —pienso para mis adentros—. tal vez no iríamos a la escuela. donde ya se hacen prepa� rativos para la pesca nocturna. —De aquí no la puedes ver. Está rodeada de troncos para que podamos pasar en temporada lluviosa. a la cual asistirá como único invitado Rafael. pero de aguas claras y caudalosas. unos cuantos pupitres y un pizarrón verde como la sierra. múltiples y con punta de arpón. Creo que si los morochos y yo tuviéramos todas esas dificultades. Opirashi? —prosigo—. y algunos arcos pequeños que llaman wacara kask.

Claro que lo había escuchado. era un lamento de fieras. teme� rosos. es apenas un valentón —les explicó pa� cientemente Totayanto. En la punta tenía un anzuelo. Estaba tan mortificado que decidió regresar a la casa grande junto con su hermano. el chamán de los Cunaguaros. y es cuando mis hijas me visitan. Nosotros vadeamos el río.000 metros de altitud. Me voy de aquí el primer sábado del mes. y lo lanzó de vuelta al río. pescado! ¿Por qué haces esto? —le preguntan los ce� ritos. un sordo plañido que nos hizo erizar la piel. tengo que cruzar cuatro ríos. Filatelio? —me preguntan los repollitos. —Acaba de pasar nuestro hermano yukpa. Recogió un gusanito del suelo. Aprendí a pescar con anzuelo. nuestro amigo Makoíta se apresuró a sacar el an� zuelo de la boca del valentón que aún coleteaba enérgico. —¿Ves? Mi escuela queda allá arriba. recapacité. éste saca de su mapire un cordel largo. Debí haber usado el arpón. se fueron también. Pero aquella flauta ya la había oído antes. y desde el margen opuesto. mírenlo bien. pero sin duda sería un buen banquete cuando regresáramos al paraviento. Sorpresivamente. Nos vio y creo que le molestó lo que hice. Viaje por el mundo indígena venezolano En el camino nos alcanzan los morochos. pero sé que así los peces sufren más. Los morochos. aún más asustados. de ani� males salvajes. Shukumo señala una espesa y elevada montaña. después tengo unos días libres. con sus amigos Makoíta y Totayanto. A los pocos minutos salió un pez de regular tamaño. lo ensartó en él y lo lanzó a las aguas. Era una especie de bagre grande. -356- . llegar a más de 2. moteada de nubes. Son dos jornadas comple� tas de camino. —¿Escuchaste. —¡Una cachama! —¡Un morocoto! —No. Lo habría hecho de saber que él andaba por aquí. regreso el último. —¡Adiós. El Chamán de los Cunaguaros. recibido por los gritos de admiración de los morochos fascinados. De improviso. En este momento se oyó una flauta lejana.

Es como una costumbre antigua. señores de la sierra Me enseña luego una ladera más cercana. lo conveniente es alfabetizar primero en la lengua nativa. Me parece muy acertado su razonamiento. en todos estos montes. ¡Todo tan positivo! ¿Acaso ustedes no tienen defectos? Las jóvenes se sonrojan. Pienso que luego. Los Yukpa. pronto no habrá ni un yukpa que no sepa leer y escribir en dos idiomas. difícil de erradicar. —¿Vale la pena un esfuerzo tan grande? —Ciertamente. Y a la vez. —¡Qué maravilla! —exclamo yo dirigiéndome a las dos her� manas que nos escuchan—. —¿Por qué lo hacen así? —Yo personalmente. —¿Cuántos alumnos tienen? —Pocos. consi� dero que esta es la forma adecuada para evitar que se aminore la autoestima y que sea desplazado el idioma nativo. Salimos jun� tos. —¿Se los enseñan contemporáneamente? —No. Afortunadamente. en la parte alta del valle de Tukuko: —Allá está la escuela de Ana Cecilia. —Su futuro será mejor —corrobora Opirashi—. nues� tra etnia está logrando aumentar su población. Lo comprueban las estadísticas: la etnia Yukpa está en moderado. se lo comento—. Cada año tenemos algunos discípulos más que el anterior. era muy alto el porcentaje de analfabetas. -357- . los jóvenes yukpa cursarán la escuela básica completa. cinco o seis en la segunda. honradez y dedicación al trabajo. Unos diez cada uno en la primera etapa de la escuela básica. se afirman sus características propias: respeto. en su campo de actividad o estudio. como indígena y como maestro. como tomadas por sorpresa. al regresar al paravien� to. —Es cierto —confirma Rafael cuando. —¿Cuáles? —El principal es que los Yukpa —se sincera Atashi— somos mentirosos. pero progresivo crecimiento. aún manteniéndose pura. ya bilingües. y luego hacerlo en la lengua dominante. confabulan y luego confiesan: —Tenemos varios. mi mujer. Hasta hace poco. el español. Además. Se miran entre sí. la dejo al irme y la recojo de regreso.

Rafael también vendrá. ají. vas a pasar la noche aquí. ida y vuelta… habían agotado sus reservas y dado al traste con sus veleidades de exploradores… —¿Y qué iban a hacer cuando se dejaron vencer por el sueño? —Pues… yo iba a representar a Yorsathi. los reprendemos si mienten. O tal vez esto sea una tendencia a dejarse llevar por la imaginación. Viaje por el mundo indígena venezolano Tratamos de que los niños no lo sean. Seguramente pasarán gran parte de la no� che conversando desde sus esteras… ¡y esperemos que no inventen alguna diablura! Se les había ocurrido una bien buena. Teníamos pensado llegar hasta ustedes asustán� dolos con rugidos de tigre. —¿Qué otros defectos tienen? —estoy a punto de preguntar. después de la pesca. El Chamán de los Cunaguaros. escapar de sus enemigos. pero no pudieron cumplirla porque… ¡se quedaron dormidos! ¡Qué nota! El viaje en jeep. sin saber que lo hacían. el genio protector de los animales —cuenta Mor— y Ocho interpretaría a Imanta. El breve paraviento no puede acogernos a todos juntos. Accedo. o diciendo una verdad parcial. el trayecto en el rústico. con los cuales han hecho gran amistad. Quizás antigua� mente se vieron obligados a hacerlo. Acaso sin darse cuenta. ya tenemos la estera pre� parada y una cobija. La comida está lista: sopa de pescado con plátanos verdes. y al río. el paseo hasta nuestro paraviento. a entrar en ese mundo mágico de los aborígenes. ¡Más que suficiente! —Filatelio. ¡Suerte que nos salvamos! Y ellos salieron premiados. Por una vez la familia González Uribe dormirá sepa� rada. y luego echarles unas totumas de agua fría para purificarlos. Para salvación de las dos jóvenes. nos alcanza un apetitoso aro� ma que nos hace acudir apresuradamente al llamado de Ana Ceci� lia. porque los padres de sus amigos. la vivienda rectangular de los abuelos de Makoíta y Totayanto. es imposible evitarlo. apreciando su conducta de Waitía decentes y -358- . alejarlos hacia territorios que no existían sino en su fantasía y en su deseo de liberarse de ellos. Creo que también los demás indígenas que visitamos decían mentiras. Qui� zás mintiendo lograban sobrevivir. Los morochos regresan con mamá y Maigua a la casa mayor. como un medio de defensa. nos confe� saron en los días siguientes. la caminata por la empinada cuesta. las diligencias para conseguir la típica vestidura. ocumo y batata sancochados. pero para nosotros mismos. el es� píritu de la lluvia. Estas palabras me hacen reflexionar.

antiguo patri� monio? ¿Podría pensarse que esa noción les fue traída por los waitía en algún momento. señores de la sierra colaboradores. A Maigua y a Carmen les ofrecieron unas carteritas elabo� radas con pequeñas tiras de casupo tan típicas y bien confeccionadas. tan distantes de ellos. Una leyenda llena de magia. de animalitos con sus nombres indíge� nas. que se volverían la admiración de sus amigas caraqueñas. que represen� tan las más altas categorías de los Yukpa que han alcanzado un éxito especial. que recuerda un hecho propio también de nuestra civilización. como los Yanomami. y ellos la incorporaron posteriormente a su pa� trimonio cultural? ¿Acaso el mito del diluvio es de carácter univer� sal y ocurre paralelamente en otras etnias. Los Yukpa. Al leer y releer la leyenda de “El Diluvio”. acompañada por la ristra de ají picante seco que sirve para alejar las malas influencias y presencias espirituales no deseadas. de encanto. es decir anterior a la conquista? -359- . entre quienes sin embargo oí variantes del mito del diluvio? ¿O pudo haber tenido una difusión muy temprana. varias veces me he preguntado: ¿cómo puede explicarse que los Yukpa tengan alguna noción del diluvio? ¿Pertenece este mito a su propio. lo más extraordinario. y que luego me entregó bien escrita en letras grandes en una hoja de su cuaderno de tareas. Yo también me fui de aquel sugestivo paraviento con un ex� traordinario obsequio: la leyenda que Iroka me narró al regresar de la pesca en la madrugada. de estera a estera. les entregaron como regalos de despedida dos mag� níficos sombreros adornados con semillas ensartadas. de solidaridad y amor por los humanos en la cual se repite la pa� labra “antiguamente” tan cara a los Yukpa y.

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Llegó entonces Ramashru. Pasaron mu- chos soles y lunas y un día Kurumachu. Cavó y cavó par varios días. Se presentó Kava. el zamuro. se quedó comiéndolos. las aguas de los ríos y arroyos se salieron de sus cauces al mismo tiempo. pero no pudo terminar. con el fin de que por allí escurrieran las aguas. ¿Crees que los Yukpa bajaron entonces del monte? Pues no. aún hoy día hay ríos subterráneos. La Tie- rra estaba llena de lodo y tenían que esperar que se secara. buscó voluntarios para hacer un gran hueco hasta el centro de la Tierra. y continuó cavando por siete días. al darse cuenta de que había animales muertos por la inundación. Antiguamente hubo una enor- me inundación que se llamó “Kun apanane”. 361 . fue enviado a ver si los campos ya estaban secos. Cuando las aguas cubrieron todo. Estaba demasiado cansado. Pero Kurumachu. el cangrejo. y comenzó a cavar. la gente y sus animales huyeron y subieron a la cima del alto monte Tetare. Kun apanane. Por esto. El Diluvio Cuentan los Yukpa que antiguamente. Pero allá arriba no había alimentos y Atancha el primer hombre. el cachicamo. hasta que al fin la tierra se abrió y las aguas que se habían reunido fluyeron al centro de ella.

Kopto voló por aquí… por allá… Pero encontró todo mojado. y Kopto fue enviada nuevamente al valle. Viaje por el mundo indígena venezolano Cuando vieron que no volvía. flores. Ya podrían cultivar los conucos. Pasaron esos cuatro días. frutos y más allá una gran hilera de montañas… todo estaba seco. salir de pesca y de cacería. El Chamán de los Cunaguaros. la paloma. Regresó al monte Tetare y dijo que era necesario esperar al menos otros cuatro días. -362- . enviaron a Kopto. Entonces dio un vuelo rasante y miró… Árboles. habitar sus casas. Los hombres y los animales bajaron por fin con gran alegría del mon- te Tetare y celebraron con música y una gran fiesta el retorno a la tierra. criar a sus hijos.

Hay que cruzar montañas florecidas con flores que desde antes habitaban el antiguo paraíso de los Yukpa para llegar aquí.Canto yukpa Somos los Yukpa. nuestro dolor por tantos hermanos muertos bajo el negro polvo de carbón que contamina nuestros pasos. pozos donde se hunden nuestras penas. Vagamos por las intensas montañas. que enturbia nuestros ríos caudalosos. que mancilla la selva. transparentes. Nos bañamos en pozos profundos. y subir cerro arriba a las alturas de la sierra donde la niebla espesa se detiene 363 . diáfanos como el frescor de la corriente. los humanos. nos llenamos de luz de nuestros ríos revoltosos y alegres y asomamos entre el follaje nuestros ojos brillantes como peces.

Frutas de mis montañas te ofrezco. soy yukpa y hablo con los pájaros. conozco el lenguaje del águila. la voz de la serpiente en la hojarasca. -364- . Viaje por el mundo indígena venezolano a conversar con las hojas. yemas de mis ocultas sierras. El Chamán de los Cunaguaros.

entre estas dos etnias tan cercanas en sus te� rritorios. hábiles en labrar el oro según las reglas de la vieja tradición pero con la maestría de los modernos orfebres. Me refiero a los Yukpa y a los Bari. Los Bari son los únicos Chib- cha de Venezuela. ¿A qué se debe tanta disimilitud en dos etnias tan próximas? Ellas son próximas en área pero no en cultura. como los demás indígenas del territorio caribeño y venezolano. rebeldes los otros. presencia importante: los Bari. expertos en localizar vetas de esmeraldas. 365 . porte suave. Cabello fino que cae desordenado. porte orgulloso. mirada agresiva. paso afincado. Tan dóciles. Pertenecen a esa cultura compleja y avanzada que aún tiene numerosos descendientes en Colombia. pacientes los unos. Tan bravíos. Hasta físicamente. más bien contiguas. se notan diferencias muy marcadas. mirada huidiza. Los Yukpa. audaces. son de filiación karibe. respectivamente motilones mansos y mo� tilones bravos. Los Bari. paso silencioso. también llamados durante casi todo el siglo pasado. dueños de la música Tan cercanos y tan diferentes. presencia casi invisible: los Yukpa. sumisos. Cabello híspido cortado en línea recta.

tengo que manejar por tres: el que viene en dirección contraria. y se queja de la imprudencia de los conductores: —En el llano. del llano. Papá. después de la variedad de la selva. En la selva. los Yukpa huyeron. A pesar de la vecindad. Caribe y Chib- cha. las pintorescas vías que cruzan el páramo. al volante. las opulentas avenidas que rodean Ma� racaibo. los indígenas que tienen fama de haber sido en tiempos de la -366- . abandonaron sus aldeas. cuando el cruel Ambrosio Alfinger después de explorar los márge� nes del lago de Maracaibo intentó cruzar las sierras que lo rodeaban hacia el occidente. Los Bari. lo hirieron a él mismo con la flecha enve� nenada con curare que le causó la muerte. el que tengo adelante. Hay que estar alerta y prevenir el frenazo de quien precede la carrera para pasar del que nos sigue. y entre ellos nació nuestro hermano Aparicuar. manejaba preocupándome por mí mismo. —Realmente —reflexiono para mí mismo— en este tercer mi� lenio tan avanzado en tecnología. El Chamán de los Cunaguaros. sigue siendo grande la impericia de los automovilistas. de la niebla y de los barrancos. A los Bari pertenecían la hermo� sa y desdichada Ashirama. jamás los dejaron entrar al propio territorio. se le enfrentaron fieramente cortándole el paso. en cambio. La ancha carretera que estamos recorriendo para llegar a los territorios bari nos resulta monótona. no se entienden entre ellos por hablar lenguas de diferentes familias. Inclusive sus idiomas son disímiles. y cuidarse de la excesiva velocidad y peligrosa osadía con que abordan rectas y curvas los carros y camiones que vienen hacia nosotros. Al empezar la conquista. al que me gustaría considerar como un abuelo. Lo que menos imaginábamos era llegar hasta los Bari o Moti� lones. Estoy ansioso por conocerlos. toma frecuentes sorbos de café. tenía que cuidarme de la vegetación y de las crecientes. y el que me sigue. persiguieron y diezmaron a sus hombres. se retiraron. sus cultivos. Viaje por el mundo indígena venezolano Su historia también es diferente. Pero aquí. los de- sérticos caminos guajiros. En el páramo. el bondadoso cacique Guaricuto. sus tierras llanas. las empinadas cuestas del territorio yukpa. de incursionar o adentrarse los unos en los territorios de los otros y úl� timamente de intercambiar alimentos y productos.

justamen� te por carretera. En eso. ¡Todos la miramos con cariño: es bonita. ¡Vamos a cruzar el río Catatumbo! Gran agitación en el vehículo. ya. Superloro. más tarde! —tratamos de explicarle. sacan peli� grosamente la cara de las ventanillas laterales. uno por cada lado. célebre por el extraño relámpago que parece des� prenderse de su cauce y que se ve desde muy lejos. tal como una concha de coco o una totuma. en la bañera. Esta es la ventaja de ser mayores. Se ha formado una soberana cola. intercambiándose mensajes: -367- . guarda el mapa y sigue aba� nicando al loro con el pañuelo que se quita de la cabeza. Tío Jeep jadea con dificultad. debe estar cansado y acalorado. dando picotazos en el vidrio. adelanta con esfuerzo. con tanto plumaje! Es mamá quien logra calmarlo dándole una tacita de agua que toma gustoso y abanicándole las plumas. hay tráfico. echados transversalmente sobre el equipaje. ¡Y una de las buenas! El jeep adelanta veloz. ya. para refrescarlo. si lo hiciéramos nosotros… Hasta que Carmen. mamá! En las cercanías del paso del río. con la intención fallida de adoptar la misma posición. Mejor. El contacto con el agua es necesario para los loros ya que les mantiene las plumas en condiciones sanas. Los morochos. temibles. o rociado en el patio con el pulverizador que usamos para regar las matas. Mai� gualida ya está acurrucada encima de las cajas. los más bravos. Lo sujetamos a tiempo. pero se hace el que no se da cuenta. Los Bari. dueños de la música conquista junto con los Araucanos. Superloro se le une. o bajo la ducha. pero durante el viaje ha tenido que contentarse con una rápida zambullida en algún receptáculo. y hasta no hace mucho. ya! —¡Ahora no. inaccesibles de toda la América del Sur. ¡Pobre Superloro. así podemos observar de cerca el río Catatumbo. con el mismísimo mapa vial de papá. desde San Cristóbal del Táchira y hasta desde Colombia. pensamos todos. Rafael ve. da muestras de querer zambullirse para darse un buen chapuzón. al ver tanta agua. desde Maracaibo. Telio! —grita— ¡Aquí. —¡Hola Telio. ahora no. el cabello se le suelta y un oscuro oleaje le enmarca la tez morena y el rostro bondadoso. la vía se abre ante nosotros recta. El animalito estaba acostumbrado a un baño diario con bastante agua. con la nariz pegada a la ventanilla trasera. frecuentemente se detiene. sorprendida por tantas miradas fijas en sus manos se percata. llana y asfaltada.

ilumina el camino del más allá. En él se sienten latir siglos de vida y de historia. Los dos incorregibles acallan con silbidos y una defectuosa adaptación suya propia la grata voz de Carmen: Mor: Maracaibo en la noche. Ocho. pudiera ser… —Se esfuerzan. Majestuoso. como afirma un mito wayuu. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Ya estamos! —¡Vamos a ver el relámpago! —¡Vamos a descubrir lo que es! —Ojo. mira bien por el tuyo. Mor. Mor: El reflejo esperado. miremos bien. y mejor si no hay luna. mas ni ven ni encuentran nada. solemne. Y reflexionan filosóficamente: —Todavía queda el misterio. —Ojo. Se une con el río Negro que vie� ne desde Colombia. Ocho: Busquemos ya. Pero. mira bien por tu lado. no hay traza. las tardes y noches tropicales. Lo dice la canción: Maracaibo en la noche relampaguea tiene el gran Catatumbo con su reflejo. algo siniestra. con toda esta luz! Sólo se puede distinguir de noche. pudiera. El Chamán de los Cunaguaros. el famoso relámpago del Catatumbo que llena de una luz algo brillan� te. la ruta que cruzan los muertos al dejar el mundo? -368- . Ocho: No se verá. Pero del relámpago. es el río. ¿Tendrá el relámpago del Cata� tumbo alguna relación con la sierra de los fieros Motilones? —¿O con el espíritu de sus indómitos antepasados? —¿Será cierto que el relámpago. —¡Hijos! —interviene mamá— ¡Cómo van a ver el relámpago en pleno día. eternos exploradores no se dan por vencidos: —Miremos. y desemboca al sur del lago de Maracaibo.

trata de levantar los ánimos: —¡Qué parajes tan hermosos! ¿Han aspirado el olor de esta sel� va? Hay un perfume de flores silvestres muy aromático. callamos. que el relámpago del Catatumbo no es nada sobrenatural. ¿Podrá mantener su serenidad ante tantos recuerdos? ¿Logrará cerrar esta página de su vida? Por un rato. Al borde de la carretera des� filan escasos ranchitos de paredes blancas y techos de palma. recorrió estos caminos. gran porvenir se están forjando mis hijos —comenta papá con su típica sonrisita medio en serio medio en broma—. apoyando la mano en su hombro. Especialmente mamá y yo mismo. En esta exuberante tierra vivió cuando era aún muy joven. antropólogos. Luego mamá. Todos estamos conscientes de que se enfrenta a una importante fase de su pasado. rebaños de reses se asoman a las empalizadas. Al noreste. La dilatada planicie. Rafael? —Ahora. ¿cuándo? -369- . se comprometen el uno con el otro: —Algún día. Con tal de que salga algo bueno… Pero sepan. —Estamos ya en la tierra de los Bari —anuncia papá con una gran alteración en la voz. probó los frutos de estas monta� ñas. exploradores.500 Km2 habitados por unas 2. Ya no hace calor. y el verdor de los árboles es impresionante ¿Qué superficie abarca el territorio bari. con las puertas abiertas. —Gran porvenir. empieza a acusar una subida siempre más pronunciada. Es un fenómeno atmosférico que más bien tiene que ver con los grandes yacimientos minerales de la zona. muchachos. interrumpida de vez en cuando por am� plias casas de hacienda sombreadas por platanales. escasa: unos 1. compren� demos la complejidad del momento. sus confidentes.000 al� mas. la sierra de Perijá se pierde hacia el sur en la República de Colombia. Los Bari. Se di� visa más claramente la serranía que los Bari llaman Abogsaki. algún día lo descubriremos. Aviadores. Observamos muchos potreros. Una bandada de coloridas mariposas parece señalarnos el camino. Antes… —Antes. dueños de la música Estrechándose la mano.

empezó a preguntar alarmada: —¿Qué pasó? ¿Chocamos? ¿Atropellamos a alguien? A Muñeca le dio por llorar. del aparato abierto a todo vo� lumen salió la sabrosa música de un canto de nuestro llano que re� sultó de lo más atinado: Me monté en un burro muerto que no me pudo cargar. —Del llamado “progreso” —comenta Ocho. —Hijo. Tuponken!”. Ellos también han sido alejados. A continuación se entreabrió la puerta obligándome a hacer gran� des esfuerzos para volverla a cerrar sin rodar abajo. mientras el otro me apuntaba al pecho con algo como un puñal. uno de los morochos me dio un tremendo empujón. desarraigados. cantando a ritmo de salsa: “¡Nosotros te ayudamos a reflexionar. No tuve tiempo de hacerlo porque de repente. mientras escruto por la ventanilla en espera de descubrir algún indígena bari. de los cultivos. al grito furioso de: —¡Abran paso al progreso! ¡Qué escándalo! Para completar. marginados por la penetración de las vías asfaltadas. Viaje por el mundo indígena venezolano —Hasta el siglo XVII los Bari controlaban más de 20. estas preguntas no tienen una respuesta fácil. El Chamán de los Cunaguaros. mientras ellos. solamente los zamuros me lo hicieron corcovear. de la ganadería. pasaban sobre mí y encendían el radio colocado al lado del motor. Mamá. Quizás puedas encontrarla dentro de ti mismo. —¿Cómo puede llamarse progreso lo que en el caso indígena ha significado despojo? —protesto irónicamente. triunfantes. -370- . que estaba entretenida repartiendo unas galletas entre Maigualida y Superloro y no se había dado cuenta cabal de lo que estaba pasando. Instintivamente me hice hacia atrás y me sujeté de la ventanilla del jeep con tan mala suerte que presioné el seguro y éste cedió. reflexionando —sugiere papá. a Superloro por silbar feliz al ritmo del golpe tocuyano. y que resultó ser uno de mis mejores marcadores que subrepticiamente me habían sustraí� do.000 Km2.

el kakbaibai y el cici’bai. Los Bari son una de las pocas etnias que aún tienen caciques. Mejor no sigo contando. entendido como diversidad e interculturalidad… No hubo palabras hasta que. al planificar el viaje. arepas y hallaquitas. inalcanzables en la selva y muy lejos de cualquier desarrollo. no nos ha disminuido el apetito. que no los han sus� tituido por los ancianos o por los capitanes. año tras año. ¡comemos bien completo! Hoy mismo el fuerte castigo de papá. parecía que la misma montaña se los hubiese tragado. desviándonos de la carretera prin� cipal. alborozado. de un asentamiento vecino. Aquellos bari se habían ido de allí después de la muerte de Guaricuto. café para papá y un tentempié para el loro. Rafael había intentado. en aquel momento. Equipamos los morrales para el resto del camino. Pero en esa sola vez. si es que alguien viene a buscarnos y nos las trae. habríamos querido ser tres auténticos bari. Poco a poco se habían internado en los bosques. Papá. Los Bari. es decir el cacique y su lugarteniente. o en bestia. comunicarse con el antiguo poblado donde vi� vió y conoció a Ashirama. junto con sabroso queso fresco. nos alimentamos una vez al día. Por lo pronto no se veía a nadie. ¡Por suerte no venía nadie detrás! Apagó el radio a secas y con una dura mirada nos hizo bajar a los tres varones. Habrá que seguir a pie. dueños de la música Papá frenó con fuerza el Jeep. completamente merecido. Últimamente hemos adoptado la costumbre de los yaruros y demás indígenas: con excepción de un poco de leche y ga� lletas para Maigua. pero le resultó imposible. vestidos con un simple guayuco y empuñando su Kari o arco. de la comunidad que nos va a recibir. situado entre el macizo de la sierra de Perijá y la serranía Abogsaki. A Akuero y Bandú. a buscar a su hijo. Lo cierto es que. —Aquí se acaba la vía —anuncia papá—. no se supo más de ellos. aparecen dos indígenas bari. cuando frente a nosotros. Les -371- . papá los había conocido bien en esa época y siguió tratándolos cuando iba. brotados sigilosamente. y nos sentamos en el pico del cerro a consumir algún alimento. llegamos por un camino escabroso a una empinada cumbre desde la cual se divisa el Valle de los Motilones. se levanta para recibirlos: son nada menos que Akuero y Bandú. para “arreglar cuentas”. Estamos todavía saboreando la carne de Santa Bárbara de la cual nos proveímos en un tarantín callejero de esa célebre región ga� nadera.

mulas y burros. como ya saben. viajaba mucho por todo el país. con algún acento de la región occidental—. Los Bari lo aconsejaron bien. -372- . Pero un día. Ellos las guardaban con celo. Viaje por el mundo indígena venezolano había entregado algunas fotos del niño pidiéndoles que lo ayudaran a encontrarlo. ¡He� mos visto tantas fotos suyas! Mamá se ruboriza. dejarlo seguir su propio camino. y se nota que sienten curiosidad por conocernos a nosotros. luego ya vuelto un joven. Apa- ricuar ya tenía su vida. Tenía ami� gos entre los indígenas. eras otro… pensaste en cambiar tu existen� cia errabunda. conocí a Carmen. hablaste de establecerte y formar una familia… Fue una decisión difícil. su destino estaba abierto ante él: integrarse a la selva. pero yo comprendo perfec� tamente. hasta pensé quedarme aquí para siempre. Luego. aquí sabemos de usted. Mamá sigue sonrojándose. cuando era funcionario de la Dirección de Fronteras. cuando volviste aquí. Ambos bari se muestran muy cordiales con mi padre. Tuve gran afinidad y afecto por los Bari. Mis hermanos lo miran extrañados. nosotros nos miramos diverti� dos. Como padre —opinaban— él tenía que entender. las imágenes ya no sirvieron… el niño. Papá nos explica a nosotros los muchachos: —En mi juventud. Había llegado el momento de que Rafael desistiera de la búsqueda desconsolada del hijo. jóvenes —nos incita Akuero— es bueno llegar antes de que caiga la noche. y nosotros te ayudamos a tomarla… Era preciso que dejaras atrás el pasado y trataras de empezar de nuevo. Hemos traído monturas para todos: caballos. mas después de algún tiempo. su mamá… —Sí —prosigue Akuero por él—. Los tres hombres se dan fuertes palmadas en la espalda y se abrazan. especialmente a mamá: —Doñita —le dice Akuero en un español bastante fluido. de paso por Caracas. intratable… Recorría la selva en completa soledad. tantas cosas sucedieron… períodos de dolor y de tristeza me alejaron de mis amigos indígenas… Me volví hura� ño. liberar ese recuerdo. ¡Nunca nos habríamos imaginado que los indígenas Bari fue� ran algo así como nuestros padrinos! —Vamos. pasaba entre ellos gran parte de mi tiempo. seguía desaparecido. formar parte de ese mundo indígena tan distante y dife� rente. El Chamán de los Cunaguaros. trayen� do las fotos de la doñita.

muy belicosos. porque no se ve senda ni trocha. prudencia y persistencia de nuestros líderes. Los Bari. rojo carmesí. que carga a Maigualida. Colombia… Ah. para molestarnos y amenazarnos. a través del cual no penetran los rayos solares. Luego vengo yo. —¿Y no hay posibilidad de luchar contra ellos? —Confiamos en recuperar lo nuestro con el tiempo. de frente. Árboles y más árboles. —Es cierto. a nuestro Chamán de los Cunaguaros. son amigos. se ha incrementado la presión de extranjeros. Sobre todo. A veces las ramas nos rasgan la cara. ya lo capto. dueños de la música ¡Menos mal que ya tenemos alguna experiencia y que las bestias son mansas! Adelante van a caballo mamá y papá escoltados por Akuero. se están prepa� rando para su próxima profesión: inspectores de la Dirección de Fronteras. que operan en los linderos —me explica pacientemente—. y con mu� cha habilidad. Yo los miro a ellos y pienso en el fasci� nante chamán que nunca logramos ver abiertamente. Las mariposas que revolotean alrededor son cada vez más espectacu� lares. —Bien. con el cual conversan sobre límites. verde limón. Él es un au� téntico líder. y de último los morochos montados en dos burritos guiados por Bandú. gente ajena al ambiente que intenta arrebatarnos las tierras sin el menor respeto a nuestra cultura ni a nuestros derechos. Cada animal sigue al otro. exhiben una gama de colores insólitos: morado. sabe cómo protegernos frente a los ávidos y tramposos terratenientes y cocaleros. —¿Cómo se llevan ustedes con la gente de fronteras? —le pre� gunto a Bandú. por asuntos de esos grupos armados. morado claro. azul índigo. Papá y mamá se miran. Cruzamos algunos caños. brincando. topografía. útiles en muchas cosas. por suerte. —Sin embargo he leído en los periódicos que la situación ha sido algo tensa últimamente —le replico. tratados. Venezuela. venciendo la resistencia de Superloro que amenaza con tirarse de la mula para continuar solo. un follaje intrincado. luminosas. Además. Ha habido problemas. con los cultivadores ilegales. les tenemos bastante confianza. Se han aliado. Grandes. ¿A dónde -373- . La cuesta es empinada. nuestra esperanza está en el hermano bari que nos visita pe� riódicamente.

—¿Qué pasa? —Hemos llegado —sonríe Bandú—. La luz está menguando. en el corazón de la selva. compartiendo su propia vivienda. a los cuales nadie pudo acercarse por siglos. Es un caney. en forma de pirámide trunca. No me gustaría pasar aquí la noche. nos decían los maes� tros en la escuela. desde donde estamos no parece una vivienda sino una mancha boscosa. son indios bravos”. —¡Sólo veo bosque! —completa Ocho. parecen un pueblo totalmente distinto al que con tanta fiereza acometía a los -374- . Pequeños y ágiles. enorme. Sin querer admitirlo. Y desde hoy. El Chamán de los Cunaguaros. ¡Con todo lo que habíamos oído. Viaje por el mundo indígena venezolano vamos? No hay trazas de poblado. son en realidad inofensivos. dicen otros. no era para menos! Y ahora nos parece imposible estar aquí. armados de flechas envenenadas y negras macanas. afables a pesar de su porte bravío. Allí está nuestra vivienda. Tiene algunas entradas secretas casi escondidas en la maleza. —¿Cuál vivienda? —se extraña Mor. —¡Qué casa tan grande! —me extraño— ¿Cuánta gente vive en ella? —Toda la comunidad —me contesta Bandú— unas cien perso� nas. “Flecharon y mataron a muchos españoles y criollos desde los tiempos de la conquista hasta el mismísimo siglo pasado”. que sólo ellos conocen. “Los Bari son indígenas de espíritu guerrero. que apenas se divisan. ni aún con nuestros dos guías… La mula se detiene. difíciles de ubicar e invisibles en la misma urdimbre de la vivienda. o bohío como lo llamaban los cronistas. ustedes también. irreductibles. salvajes. “Los Bari o Motilones. Los morochos tienen razón. teníamos miedo al acercarnos al Valle de los Motilones. recubierto y techado con palmas y be� jucos. escuchando su música. los Bari o “Motilones bravos” de hoy día. y unas mirillas bastante bajas. disimulada entre la vegetación. Estamos cada vez más extrañados. cuentan todavía en Caracas. Con fama de terribles flecheros y de agresivos atacantes. temi� bles aún hoy en día”. sentados tranquilamente en nuestros chinchorros colgados al lado de los de los Bari. saboreando sus comidas. asustándonos.

o percibo el aroma de los frutos del lugar. y que charrasqueo bastante bien el cuatro? Tanteo la flauta. La tocan hombres y mujeres. una jocosa costumbre de los Bari nos despierta. No es una flauta como la nues� tra. Nos sentimos seguros. lo sabemos todos. es acoge� dor. que es el de la embocadura. ¡Qué felicidad! A mí personalmente. Todas están fabricadas con caña de bambú. resguardados. de unos cuarenta centímetros de largo. Al amanecer. y uno. cuando veo la brillantez de las flores. que se acerca ento� nando un extraño son. El instrumento propio de ellos es la flauta. obstruido en los extremos. a la que llaman mo- nitubí. quizás de rezo. más largo. El interior del bohío. esbelta y graciosa. dueños de la música invasores y extranjeros hasta no hace mucho. Akuero la enseña y nos explica con detalles: —Esta es la flauta principal. aunque en desnuda penumbra. algo monótonos. donde el embru� jo y la fascinación de la música autóctona nos han envuelto. Apenas despunta el alba y un rayo de luz se infiltra en el interior. Aunque otras etnias tengan instrumentos y cantos. ¿Acaso esos místicos sonidos le evocan la belleza exótica de Ashirama? Yo también pienso en ella a veces. sino el tubo de una caña parecida al bambú. no pierden la oportunidad de lucirse: imitan al arrendajo y al turpial. con tres huecos: dos para abrir y cerrar con los dedos. Nuestros hermanos. ha sido aquí. Los demás le contestan en -375- . Entre coros y sones de flauta nos entregamos a un sueño profundo. de recibimiento a la noche y al sueño. Su sensibilidad y peri� cia musical es lo que más nos sorprende. su paso leve entre la espesura. maravilla� dos y felices de encontrarse en un ambiente propicio. las alargadas buirokdorá y orrona. Ella ya forma parte de nuestra familia. la temperatura agradable. Logro acom� pañar a una hija de Bandú. fragancias que evocan su inasible pre� sencia. Son colores. pero hay también otros tipos: la pequeña y redondeada darikbará. Los Bari. los dos ceritos expertos silbadores. Akuero me entrega una monitubí en regalo. despertan� do la aceptación y la admiración general. entre los Bari. ¿Cómo pudo adivinar que me gusta la música. la ancha doksará. no me sale nada mal. Papá se queda absorto. Otras flautas se alternan luego con cantos suaves. la ensayo. el primero en abrir los ojos lanza un silbido imitando a un pájaro. por donde se sopla suavemente acercando los labios.

contento al pensar en sus fotos. tú no conoces ni una palabra del idioma bari. salvan ríos. Viaje por el mundo indígena venezolano la misma forma. Mor y Ocho. este� ras. por su parecido y por su condición de morochos. por eso se le pone la terminación del plural a diferencia de los nombres de las demás comunidades. —En un rato iremos de pesca con ellos —anuncia papá mien� tras lo ayudo a montar su aparejo. Ahora. flechas. y dicen ellos. Están de plá� ceme. La noticia me sobresalta. arcos. Grandes y pequeños se entregan enseguida al trabajo: son ex� pertos y diligentes en la fabricación de collares. a ellos les lleva apenas unos quince minutos. He aquí que unos intensos silbidos anuncian el regreso de mis hermanos. Deriva del verbo -376- . y en una algarabía de trinos y gorjeos de variadas aves. —Claro que no entiendes. Trepan cuestas. con nombres parecidos a los suyos: Kobakai y Skikbai. siempre con el mismo paso rápido y seguro. con benignidad y simpatía. que estaban correteando desde temprano. —Pero —objeto yo— no distingo en qué Kobakai y Skikbai se le parezcan a Mor y Ocho. ¡Lo que es tener pa� drinos! Con los morochos indígenas de padrinos. Ya desde antes había quedado admira� do por la velocidad con que caminan los indígenas. y un día entero para los mayores. se han enterado de todo. todos se levantan. El Chamán de los Cunaguaros. Significa “los de cabellos cortos”. que es palabra castellana. que aquí confir� mo: un trecho que el más atlético de nosotros emplearía una hora en recorrer. se han encontrado con dos morochos. de origen Chibcha. pero poseen una viveza y una resistencia sorprendentes. Cuando dicen que el poblado está a pocas horas de camino. hamacas. No sólo esta comunidad indígena se ha interesado mucho. Caminan largas distancias cargando fardos pesadísimos. sino que por primera vez en el viaje. Ya verás. en un santiamén. ellos me están dando clases a mí. —Este grupo —nos aleccionan— está conformado por bari que hablan su propia lengua. Los Bari son de poca estatura. barran� cos y toda clase de obstáculos. para completar de su misma edad. son al menos unas ocho para los jóvenes. ¿De pesca en una montaña tan alta? ¿Y con esta maraña de selva? Tengo curiosidad de ver eso. hay que prepararse: para nosotros. siempre con sus pies desnudos. Pero mucha gen� te les dice motilones.

parecen entretenerse a su gusto. dueños de la música “motilar”. rapar. Los Bari. motilones sería como decir “pelones”. Así se les llamó en tiem� pos antiguos. a todo volumen y a toda ve� locidad. —¡No! —enfatiza Ocho— Ni pelones ni cocopelados. indígenas asustados. ¡Qué pícaros! Querían aludir a la leyenda según la cual. los Motilones castraban a los guerreros vencidos y a los invasores. cocó. o según otros a una invasión de piojos. cuando tuvieron que cortarse el pelo debido a una epi� demia de tifus propagada por los conquistadores españoles. Es tan llamativa la mímica de mis hermanos imitando guerre� ros españoles enfermos. los morochos pretenden lucirse con una coplita satírica de moda en la mitad del siglo pasado. entiendan o no. cortar el cabello. que mamá y Maigualida seguidas por Su� perloro se acercan divertidas para enterarse. ¡cocó. Luego. que hoy en día es tan practicado por los peluqueros elegantes de los niños sifrinos. A este punto. sin ninguna consideración por el decoro de nuestros anfitriones que. Tienen el corte totuma. cocopelados. —Entonces —observa mamá—. que quizás aprendie� ron del mismo abuelo estrafalario que me dio a mí el nombre de Filatelio que cargo. tijeras que cortan el pelo y cráneos pelados. —Cocopelados. los graciosos ceritos guardan un silencio de risas contenidas. les cortaron los… los los los co… —¡Cállense de inmediato! ¡Cambien de tono ya! ¿Cómo se les ocurre? —objeta mamá escandalizada: les cortaron… ¡la retirada! …rematan ellos precipitadamente. es decir. cocó! —gritan la niña y el loro al unísono. gracias a su amor por las estampillas: y los indios motilones. -377- .

También sé que los Chibchas en otras regiones alcanzaron un alto grado de de� sarrollo que todavía se manifiesta en sus ritos. en lugar de Bari. En cambio. que es su propio nombre. se vieron obligados a alejarse. danzas. Tienen facultades paranormales. son “síquicos”. adivinos. Descubren el porvenir en la observación de los frutos de parapara. miren! ¡Qué morochos! Nos quedamos estupefactos: la cara es idénti� ca. Encienden su tabaco. y para completar. El período de la conquista y colonia representó un estancamiento en su evolución. yo sabía que los Bari son de filiación Chibcha. pues está ligado a la civilización Chibcha —completo yo mismo. enaltecería su origen. Los recogen del suelo. Enfáticas exclamaciones de mamá y Maigualida nos inte� rrumpen: —¡Ahí vienen los morochos bari. a disimular sus manifestaciones vitales. flaco! ¡Y el otro es alto. los moro� chos— ellos siguieron cortándose el cabello… —…bien parejito. casi de mi tamaño. negros. ya que la palabra implica cierto desprecio. Motilones. que realmente los identifica. uno a la vez. —Por fin —completa papá que parece haber seguido el hilo de mis pensamientos— toda cultura se debe valorar intrínsecamente. Papá se sorprende de esto. el ape� lativo Bari. arte y artesanía. Pero evolucionaron hacia una fuerza espiritual insospechada. Sí. mucho más alto que la mayoría de los Bari. mínimo. se sientan y dejan caer los paraparas en el espacio que abarcan entre sus piernas: por la forma como caen desglosan el futuro y previenen cualquier peligro. Pero… ¡uno de los Motilones es chiquito. aún después de la epidemia… —Y además los criollos prefirieron seguir llamándoles Motilo� nes. fiestas. y el guayuco también. La cultura de los Bari de nuestras sierras ha evolucionado más lentamente. videntes. Viaje por el mundo indígena venezolano —Lo que no logro captar —prosigue mamá una vez calmado el alboroto— es por qué todavía se les llama así. El Chamán de los Cunaguaros. en la elaboración de máscaras de láminas doradas que se exhiben en famosos museos del oro. ahí vienen! ¡Miren. —Porque —explican con cierta lógica. brillantes y perfectamente esféricos. agu� dizaron su sexto sentido. su capacidad de ver más allá de la realidad. porque tenía entendido -378- . es decir. y bien gor� dito! Parecen dos copias de la misma foto. una en reducción y la otra en ampliación. y no en comparación con otra u otras. es cierto.

sus dientes blancos y sanos se descubren en frecuentes sonrisas. Tuponken. membrudos y regordetes. papá sigue tomando sus películas y sus fotos ensimismado. sin pinturas. Sus cabecitas pobladas de un espeso pelo negro ostentan un corte fresco y limpio. el idioma de los morochos! ¡Qué ocurrencia! Me veo obligado a celebrarla. nos produce un gran contento. dueños de la música que entre los indígenas no existen morochos. No sé si en esto habrá mucha o poca lógica. ¡Con estos Motilones. les queda muy bien el nombre de Motilones a estos indios fuertes. ¡Qué nota! Mor y Ocho los reciben con entusiasmo: —¡Adelante. Skikbai! Y nos explican a nosotros con picardía: —¿Saben qué quiere decir Kobakai? —¿? —Kobakai quiere decir “poco”. de cara redonda acentuada aún más por el corte de pelo. Los Bari. De ahí viene la cosa. de piel lisa y lim� pia. A pesar de su ceño aguerrido. así como Mor y Ocho. Mientras tanto. —¿Y qué será eso tan exclusivo de ustedes. Ellos son los morochos “Mu� cho” y “Poco”. bien parejito… ¡estilo totuma! -379- . Son bien formados. sin embargo ver al grandote Mucho y al pequeñito Poco. con sus caras iguales. y otros jóvenes se agregan al grupo. afeites ni adornos. Prontamente. Kobakai! —¡Adelante. algo que tú nunca podrás hablar. Por eso. En realidad. Akuero le explica que Kobakai y Skikbai tienen una abuelita criolla. su nombre se parece al nuestro. mis queridos chi� güires silvestres? —¡Pues. conver� sar animadamente a voces y gestos con nuestros parecidísimos Mor y Ocho. Mucho y Poco forman morochos. nos sentimos como en familia! Y casualmente… Mor y Ocho no hablan bari. ni Mucho y Poco hablan español… ¿Cómo se entienden? —¿Qué idioma hablan ustedes? —Algo que tú no conoces. —¿Y Skikbai? —¿? —Skikbai quiere decir “mucho”.

adquiere una presencia. Sin embargo. —¿Y si les traen un saco de sal? —La sal. y no hemos sido capaces de lograrlo con nuestros indígenas? ¿Por qué tenemos relaciones frecuentes y constantes con Colombia. Se distinguen por los nombres de sus caciques. ¿cuántas comunidades de Motilones hay en la actua� lidad? —En Venezuela. sí. —¿Cuál es el nombre de la principal comunidad? —Es el mío. ungido con el penacho de gobernante hecho de plumas de piapoco. Entre las otras hay Zimbá. En las demás etnias de Ve� nezuela desapareció esa figura. nueve. si a un desconocido se le ocurriera presentarse ante ellos llana y simplemente. —Akuero. mejor dejársela lejiiito… donde no alcancen las fle� chas… ellos la van a recoger. —Probablemente. no lo dejarían pasar. —Vemos que aún tienen caciques. Viaje por el mundo indígena venezolano Son juiciosos y hábiles. amistosos y serviciales con los que co� nocen y con quienes se les acercan precedidos por mensajes y mensa� jeros que den todas las garantías. investido de su alta esencia de cacique. Ariká. la amistad. alguna reacción hasta violenta —nos confía Akuero—. -380- . —¿Cuáles son las más pacíficas y cuáles las más agresivas? —Depende de quién y cómo se le acerque… En principio. y la mantenemos. aunque sea con buenas intenciones… ¿qué pasaría? —Probablemente algo insospechado. Bora. Los Bari recordarían con ira y te� mor las antiguas incursiones y los recientes despojos y atropellos de las compañías petroleras y de los terratenientes… Por supuesto. Reflexiono y me pregunto: ¿hemos logrado la paz. un porte solemne. —Recuerda que nosotros somos Chibchas. El Chamán de los Cunaguaros. la comprensión. —¿Todavía. Guañaguaña… Endereza su figura. el entendimiento con tantos pueblos del mundo en� tero. adornado con collares de colmillos de báquiro. hay que considerarlas todas agresivas. Akuero. Me lo imagino en sus actos sagrados con una macana cuidadosa� mente tallada al estilo bari. Akuero? ¿Aún hoy? El cacique no duda en contestar. Yo soy el kakbaibai. lo rechazarían a flechazos. Dabrokná. el cacique. O peor aún.

Nigeria. A nuestro grupo. alegres. La comunidad entera está entrando en acción. Corea y tan pocas con nuestros aborígenes. ayer. lanzan el arma y lo apresan. nuestros hermanos. Esparcidos en diferentes sitios de la represa. China. armato. que nos comunican con palabras. —Pesca… ¿Qué pesca. cristalino! Mariposas y “caballitos del diablo” rozan las ondas transparentes. lo acompañan los morochos bari. en la retaguardia. trucha. los Estados Unidos de Norte Amé� rica. Nos sentimos sanos. España. —Pon algo de tu parte. Los Bari. sostienen el arpón con ambas manos. ¡Qué sabroso es nadar y hurgar en aquel río fresco. siendo ellos. cargan machetes enganchados a la parte posterior del guayuco. Australia. flechas. como tampoco fallan quienes más arriba disparan flechas y dardos. que efectivamen� te esto quería decir Mucho con la palabra pesca. morocoto. hundidos en el agua hasta los muslos. No sé si es que lo ven o lo presienten. La vas a ver. guabina. pero nunca fallan. cuchillos. hojas de cambur y de bijao. pues sabemos que la concepción del tiempo en los indígenas es diferente a la nuestra— construimos una pesca con piedras. —Ahora les toca a ustedes. Llegamos. ayer —intenta comentar Skikbai. Nos lanzamos al agua con entusiasmo. -381- . cómo van a construir una pesca? Segu� ro que por pesca entiende represa —cavilo. y entendemos que quiere decir en días anteriores. El bosque se puebla de voces y colores. Algu� nos. adultos y ancianos. Italia. bagre. como son. dueños de la música Cuba. arcos. y cuando por ahí pasa el pez. corroncho. mujeres y niños se dirigen al río. quienes comparten nuestro territorio y quienes estaban en él antes que todos nosotros y nuestros propios antepasados? Un intenso movimiento dentro y fuera del bohío me hace com� prender que llegó la hora de la pesca: hombres. empuñando arpones. adelante —nos invitan Mucho y Poco. troncos. gestos y mímica. traspasándolo. Francia. Mi� ran fijamente el agua. —Ayer. Tuponken —me recriminan los moro� chos— pescar es para ellos un deporte. una canti� dad de cosas: —¡Pescar sí es sabroso! —Pues yo no le encuentro aún la diversión —objeto. así como para nosotros el béisbol y el fútbol.

tienen el orificio causado por el arpón en el mismo lugar: justo detrás de las branquias. salgo bien parado. se evita torturarlos innecesariamente —agrego con� vencido—. Nos ayudan con unas hojas de bakkí. Probamos con los arpones… ¡Nada! Nos facilitan un arco y unas flechas. los amigos bari nos sugieren que participemos en la preparación de la voluminosa parrilla que le sigue. Me ayuda el haber leído tantos libros sobre animales y recordar la técnica de los enjundiosos ami� gos kariñas: —Esto revela un buen conocimiento de la anatomía del ani� mal. Es una forma mucho más precisa y humana de pescar que la nuestra —comento—. mueren instantáneamente. papá. y nos frotan alrededor de los ojos las cenizas de las hojas de pakabiapto para asegurar una buena puntería. Mientras colaboramos en aprestarla. ¡Nada! Los morochos bari empiezan a silbar. el espíritu de los peces. Pero ni así tenemos suerte. me fijo en algo curioso: —¡Todos los peces tienen el hueco del arpón en el mismo sitio! Juntos. Viaje por el mundo indígena venezolano llenos de ánimo. los nuestros les responden: dicen imitar el canto de amor de los morocotos para atraerlos. sin sufrimientos. Los peces no experimentan una larga agonía. El Chamán de los Cunaguaros. Para consolarnos de nuestro fracaso en la pesca. nada. Ellos son profundamente respetuosos de la flora y de la fauna. -382- . que al ser machacada y hundida en el agua de los ríos produce un efecto soporífero sobre los peces… ¡Y todavía nada! —Parece que las hojas les hacen efecto a ustedes y no a los peces —comenta sardónico papá. Pero de pesca. veinte. pues todos. ¿Dónde están sus estudios de zoología y anatomía? Por una vez. ¡Nada! Arrojan al río hojas de kwamikurayi. que propicia una pesca exitosa. y procuran causar el menor daño posible al ambiente. treinta… no vale la pena seguir contando. los morochos y yo mismo examinamos los pes� cados: diez. Esto tiene mucho que ver con las creencias religiosas de los indígenas. ¡Nada! Invocan a Uwap- tu. llega directo al corazón del pez y lo mata de inmediato. ¡Qué puntería! —Y algo más… —sugiere papá. absolutamente todos. hierba silvestre parecida al barbasco. El arpón penetra por el opérculo branquial. —¿Qué? —Piensen. esen� ciales para mejorar la suerte del pescador.

cuídate. Se acer� ca Superloro. lorito. celebrando con gritos la captura de los peces. Pero de repente. un corroncho gigante. ni le dije: —Atrás. Pero a mi loro. sinceramente. ¡El susto es grande! Es la segunda vez que desaparece mi loro. ¿Habrá decidido quedar� se aquí en la selva. Pero… apenas comenzamos a comer el sabrosísimo pescado bien cocido a la parrilla acompañado de auyama. con el pico y las patas. pero no aparece. los indígenas colaboran. nadie puede contestarnos. hasta Mucho y Poco que para expre� sarlo. las propiedades de cada planta. niña. un alboroto proveniente de la maleza nos sobresalta. volví a ver a los Bari que afilaban continua� mente los arpones sobre las piedras con el machete. De alguna forma. ¿Lo habrá alcanzado un cuchillo o un machete? ¿Lo habrá herido un arpón? ¿Se habrá perdido. ad� quiridos por herencia o por experiencia. y atrevido. ¡cuídate! Lo buscamos por todas partes. pues viene cargadísimo: medio arrastra y medio empuja. Todos miramos esperanzados en esa dirección. a mi pobre Superloro. Es asombroso cómo estos indígenas conocen intuitivamente la anatomía de los animales. no lo sujeté. dueños de la música —¡Correcto! Los presentes aprueban. y le decía: —Atrás. ¡tan grande como los que pescaron los indígenas! -383- . me dan palmadas en la espalda tan fuertes que casi me tum� ban. mientras mamá sujetaba a Maigua. internado o fugado en la selva? ¿O acaso por cu� rioso. Los Bari. Me inquieto. abriéndose paso con fatiga. ñame. Preguntamos por él. de cada hierba y cómo saben aplicar sus conocimientos. brin� car de hombro en hombro de los pescadores. y yo. quién sabe dónde? Maigua empieza a llorar. atrás. plátanos y yuca. quizás presintiendo el fin de nuestro viaje? Recordamos haberlo visto bajar con nosotros hacia el río. se tragó las hierbas soporíferas y está sumido en un largo. abandonarnos ahora. quisiera hacer otro tanto. La misma preocupación nos embarga: —¡Aquellos arpones tan cortantes! ¡Y ese loro tan vivaracho e inquieto! En mi angustia. me doy cuenta de que Superloro no está por ninguna parte. los morochos bari siempre logran seguir nuestros diálogos. peligroso sueño. y la primera corrió gran peligro.

Viaje por el mundo indígena venezolano ¡Bravo. arriesgados. indomables. —A estos indígenas no se les conoce bastante —comenta papá—. otras víctimas. pocas veces se ha visto! ¡Afortunadamente. pero siempre osados. que la cultura criolla sigue tachando de peligrosos y antisociales. levanta el copete amarillo y grita: —¡Hola. comentando el valor y la sociabilidad de los Bari. y hasta un sepulturero! -384- . o actores? —Cállate palillo. con corroncho. Superloro. A veces fueron héroes. inspectores? ¿Ahora quieren ser productores de cine. lo echa en el fuego. Superloro! Quedamos tan admirados observando la escena. ¡En lugar de un antro� pólogo vas a ser un arqueólogo. Ocho agrega: —Tú nunca vas a hacer ningún cambio. Rafael con su cámara siempre lista. como si tuvieran en sus manos poderosas cámaras de video. al caer de la no� che. tuvo tiem� po de tomarlas justamente en el punto culminante de la hazaña. Veo que Mor y Ocho hacen gestos en el aire. hola! Desde entonces. Todos lo buscan y celebran. El Chamán de los Cunaguaros. sin soltar el pescado. otras victimarios. que nadie co� rre a recibirlo. Me provoca hacerles bromas: —¿Ya se cansaron de ser aviadores. cavernícola —me agrede Mor. le piden a papá que les regale fotos del bizarro animal. se acerca majestuosamente a la parrilla: una vez allí. o dirigieran desde la silla del director la filmación a punto de empezar. Tuponken. se aleja prudentemente y dirigiéndose hacia el grupo estupefacto que formamos nosotros y los indígenas Bari que nos han ayudado a bus� carlo. lo agarra con el pico. Nuestros anfitriones se acomodan en las esteras. ¡Un loro pescador. Escuchamos con gran atención. —¿Cómo es eso? ¿Dónde sucedió. emocionados y cansados. Superloro. Nosotros nos reunimos alrededor de papá. Las gestas de los Bari podrían servir de tema para escribir novelas. filmar películas. parrilla y todo! Regresamos al bohío. papá. cuándo? Cuéntanos. Superloro se vuelve un personaje popular entre los Bari. se recuestan en los chinchorros. crear programas de televisión. encienden las pipas.

¿Han oído hablar de ellas? -385- . porque ya nos envuel� ve en una atmósfera de calidez la voz de papá: —Cuando en el año 1615 el capitán Alonso de Ojeda deja las aguas del lago de Maracaibo. los in� dígenas prefirieron dejarse morir de hambre y sed. dispa� radas desde la selva misteriosa. Antonio de He� rrera. cuya presencia se delataba a distancia por la fuerza y habilidad con que disparaban las saetas. Quiero conocer más a nuestros aborígenes. Deben estar en la biblioteca de la escuela. y empieza a remon� tar el Catatumbo. antropólogos. De los libros que ha mencionado algunos los tengo. y qué desesperación! Estamos estremecidos. Sin embargo. y algunos hasta llegaron a automutilarse a mordiscos. los cambios son necesarios. tan oscuras que reflejaban la luz. Quizás nuestra aventura indígena deba terminar en el propio territorio de origen de mi hermano desaparecido. no tengo la oportunidad de contestarles. leí ensayos de misioneros. a la búsqueda. —Voy a explicarles también lo que se menciona como las “ca� cerías de Motilones” —prosigue papá—. ellos lo mere� cen… Es extraño. y algunos otros. Los Bari. sucedió que muchos fueron apresados: pues bien. dejando abierta una esperanza. A partir de entonces. Oviedo y Baños. fueron muchos los conquistadores que conocieron el rigor de la defensa de aquellos “indios de ojos claros” (así los mencionaban por el brillo de sus pupi� las). me temo que esta será la última etnia de nuestro itinerario… Creo que papá quiere dar fin aquí al viaje. que muchos años más tarde el poeta zuliano Udón Pérez llamaría el “lago de seda”. antes que vivir en cautiverio. ¡Qué valor. y relaciones de viajeros. Yo también quiero leerlos. o releerlos. dueños de la música Quizás tenga razón. De todas for� mas. —Papá. mientras otros se suicidaban arrojándose a los barrancos y precipicios de la sierra. Además recuerden que yo he vivido entre los indígenas mucho tiempo —lo dice en tono orgulloso. como si realmente for� mara parte de esas etnias. por primera vez la palabra “regreso” se asoma a mi pensamiento… pero es así. Arístides Rojas. ¿cómo sabes tú tantas cosas? —Nada especial. es alcanzado por las primeras flechas motilonas de puntas de piedra negra. otros no. cuando regresemos. especialmente los de los cronistas e historiadores: Oviedo y Valdés. Grabo los nombres en mi memoria. Más re� cientemente. he leído algunos libros.

—¡Ya se sienten directores de películas. Esta verdad nos enternece y entristece. —¡Qué grande sería una película ambientada en el corazón de la sierra de los Motilones. El Chamán de los Cunaguaros. con el pretexto de casti� garlos. Forzosa� mente la vía férrea penetró en territorios que los Bari consideraban propios. para sembrar allí sus nocivas siembras. algunos de los cuales siguen persiguiéndolos con prácticas parecidas aún hoy día. cuando éste emprende otro interesante relato: —Mucho costó. a fines del siglo XIX. que por supuesto son muy rentables. los desplazaban. Cuando. sagrados. como pude enterarme luego: Wira: listo Barabará: nube Barí: gente Chi: flecha Barira: español Akdabai: machete Dombé: bravo Abi: sangre Por suerte. por fin. y a hacer mímica con piernas y brazos gritando las palabras bari que han logrado aprender de sus maestros morochos: numerosas. intocables. artistas… no los para nadie! Empiezan a pegar saltos y brincos. Viaje por el mundo indígena venezolano Es una verdad. o venidos ex� presamente de países vecinos para apoderarse de estos campos tan fértiles. les quitaban las tierras. organizaban partidas de caza contra ellos. pero un poco difícil de filmar —trato de calmarlos yo. implantar el ferrocarril en esta región. Y hay que decir que muchos de estos hacendados. Fue� ron represalias sangrientas contra los Bari. buscar los caminos más accesibles. los hacendados y ganaderos. el Gran Ferrocarril del Táchira comenzó a funcionar y sus altivas locomotoras cruzaron -386- . son en realidad sembradores de cultivos ilegales. de verdad. —Sería grandiosa. pronto dejan el agite y vuelven a agacharse a los pies de papá. y si se resistían los masacraban con armas de fuego. Tomando como excusa sus supuestas incursiones en los poblados para proveerse de sal y herramientas. con estas aventuras! —se entusiasman. una de las tristes verdades de nuestra historia. Fue necesario trazar planos de acuerdo con la to� pografía del terreno. pero a la vez exalta la fantasía de mis hermanos. o por lo menos atinadas.

aceptar sus condiciones. los pasaje� ros y el personal hostigado y atacado a flechazos. —Es un hecho penoso. como tú a mí. O bien se acercan a los vagones. y hasta hoy no ha sido restablecido. los mohicanos… ¡las vemos a diario. espetándoles en la cara: —¡Vengo a robarte. a veces herían a los pasajeros y los robaban. se gestaron también en Venezuela. la nube de flechas vengadoras envuelve el tren. de heroicidad —reconozco. los indígenas se hicieron presentes. -387- . Veloces. ocultos detrás de los tupidos árboles. Los Bari. Hacían detener el tren. y hasta peores. ofendidos. silen� ciosos y temibles: los primeros trenes fueron asaltados. lamentos. tiros de escopeta. —Vamos a hacer una película —insisten los morochos—. Pen� sar que se han hecho tantas sobre los pieles rojas. troncos grandes de árboles. y con golpes de macana amenazaban. aún hoy día se producen sucesos pa� recidos. Yo nunca supe que los famosos asaltos a los trenes que vemos en los filmes del oeste. Sin embargo son hechos de vulgar delin� cuencia. Los indomables Motilones ponían obstáculos en la vía. amargados pero satisfechos. y a mi tierra! Hubo que acercárseles. —Tanto —aclara papá— que hubo que suspender la recién in� augurada travesía del ferrocarril. piedras. no conocemos bien nuestra historia. entraban en él por las ventanillas. en época de Gómez. atemorizan a los pasajeros con sus largos bastones o macanas negras en las cuales se aprecia con bella talla su tótem o animal tutelar. oírlos. Lo vemos como en un largometraje: aquellos arrojados y venga� tivos indígenas. Gritos. Ya están lejos. no tienen ese halo de audacia. dueños de la música ruidosamente los valles. Los niños lloran. por el peligro que representaban los indígenas. es� perando que el silbido de la locomotora anuncie el paso del convoy. lo que pasa es que no va� lorizamos nuestro pasado. lo habría —les apoyo—. Tienden los arcos. pactar con ellos. y no hemos sido capaces de hacer una sobre las hazañas de nuestros propios indígenas! —Material. recluidos en lo más impenetrable de la selva. las muje� res se desmayan. trepan a las ramas con su carcaj a la espalda. apuntan con infalible instinto. pero no podemos dejar de pensar que entre los llamados civilizados. El tren de los Andes fue clausu� rado pocos años más tarde.

Los llamó “Batallón de Motilones”. Ahora ya no estamos frente a una pantalla de cine. Nuestra ignorancia es grande. positiva disposición hacia los valores indígenas. más apasionante que todas las películas. exaltados. desapare� cieron uno a uno entre los árboles. pero todos nosotros queremos recorrerlo. Contra los patriotas. Lo cierto es que en aquella época. Rescatar su vida -388- . algún mensaje atávi� co? ¿Una intuición? ¿Fue acaso un sentimiento de apego a su tierra. retomaron el camino de la selva. ágiles en sus guayucos colorados. porque sería necesario hacer una investigación histórica más profunda. el carcaj lleno de flechas. Este fue el fin del “Batallón de los Motilones”. a los demás venezolanos? ¿O quizás el nombre y el valor de Bolívar habían llegado hasta ellos? No nos atrevemos a preguntar. Por la sorpresa y el interés nues� tras preguntas se atropellan: —¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Quiénes eran?. los arcos tendidos. ¡Cuántos secretos. Estamos asombrados. y quiso llevarlos a la lucha en contra del Libertador. No puedo darles mu� chos detalles a este propósito. hemos entrado en nuestra historia nacional. encierra la historia compleja y legendaria de los indíge� nas! Será largo y difícil el camino para conocerla y para compren� derla. logró reunir un grupo de guerreros indíge� nas. El Chamán de los Cunaguaros. a su gente. emociones. Pero… Todos callamos. un brigadier realista originario de Ceuta de nombre Ramón Correa. descalzos. nuestros aborígenes no lanzaron ni una sola flecha. con su acostumbrada. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Han oído ustedes hablar alguna vez del “Batallón de los Motilones”? —nos interroga a este punto nuestro padre. que se negó a combatir contra los libertadores de su propia tierra. cautos. sigilosos. con su cabello reluciente. hacia 1812. —¿Pero?… —¿Fue una toma de conciencia instintiva. los bravos indios. del� gados. ¿qué hi� cieron? —¿Cómo fue?. Cuando se dieron cuenta de lo que se les exigía. cuántas sorpresas. Pequeños. pero nunca llegó a luchar contra Bolívar. el suspenso es casi irresistible: —No puedo decirles cuál fue el motivo: el “Batallón de los Mo� tilones” se formó. ¿cuándo ocurrió? —Al comenzar nuestra Independencia.

Rafael… Por ahora debes dejar que él realice su destino. Nuestros caminos deberían encontrarse. Que si bien en un futuro podríamos volver. -389- . Los Bari. —Ustedes saben que nunca dejé de buscarlo. que es el nuestro. Lo último que veo antes de quedarme dormido es su rostro pensativo. los Bari. después de tanta búsqueda. Mamá nos alcanza las cobijas. Decide regresar. sobre la arena húmeda. que hice todo lo posible por encontrarlo. Sé que al día siguiente nos comunicará con firmeza que hemos llegado al fin de nuestro viaje. Alrededor de nosotros se ha ido intensificando la oscuridad. silbidos de arañas. pero convencido de estar haciendo lo mejor. partidas por los araguatos que aprestan su lecho col� gante. No podemos sustraernos a este impostergable deber. Extraños pájaros nocturnos aletean y graznan entre la espesura. —Aparicuar. Con pe� sar. valorizarlas. Con la humedad. Nos sentamos en un círculo cada vez más estrecho. para no perderme ni una sola palabra. también lo sabe. Nos recostamos todos en los chinchorros. Las mismas que tenemos nosotros. Tiene las facultades de su abuelo y de su madre. murciélagos. es un deber hacia nuestros aborígenes y hacia nuestro país. Admite que es tiempo de finalizar su peregrinar en pos del hijo. tenemos que asumirlo y cumplirlo. de tanta esperanza. A la luz parpadeante de la fogata observo que Akuero se acerca a papá. ahora es preciso partir. La selva está oscura. pe� netra en oleadas el frío de la noche. Él conoce tu búsqueda. intenso. La luna se eterniza en saltos y cabriolas sobre el río. de este largo recorrido por las regiones y comu� nidades indígenas. blanquea las piedras de la orilla y se derrama más allá. dueños de la música y su historia. Papá respira profundamente. —Algún día. Las ramas se quiebran con un crujido seco. resignado. —Pero no opuestos. y se hace más profunda la calma nocturna. Mis hermanos dormitan. Trato de aguzar el oído. Des� pués de tanto viajar. mecen las copas de los árboles más altos. Ráfagas heladas agitan las hojas. el de nosotros los indígenas. pero quizás está consciente de que su cami� no y el tuyo son diferentes. la noche agujereada por miles de ruidos: grillos. tal vez. visitar las tierras que no pudimos conocer. mi padre comprende que debe renunciar.

como el sonido del carrizo en el viento. a papá. A sus pies. La noche misma se queda inmóvil. pero profundamente humano: ¡el Chamán de los Cunaguaros. el ágil ave de los bosques que gorjea intensa y melodiosamente. cuando le con� testa: —¡Aparicuar! No hay más palabras. es el viento en la hojarasca: —¡Padre! La voz de papá es apenas un trino. dora� do luna. mi hermano! El orgullo me hace detallarlo claramente. que mira a su vez en silencio. miel de árbol? ¡Es el Chamán de los Cunaguaros! Su voz resuena como un río crecido. mi hermano! La revelación me deja en suspenso. Avanza sigiloso en la oscuridad. Tanto esperar por su presencia y allí estaba. El Chamán de los Cunaguaros. un susurro. Cesa el canto de los grillos. extraña y sorprendente. su cuerpo brilla. detenida en el tiem� po. con unos ojos ra� ros. los pájaros selváticos suspenden su revoloteo. Varios cunaguaros jóvenes lo siguen al mismo paso. Yo ardo en deseos de hablarle. El sonido salvaje de aquella flauta me desvela. En un parpadeo. ¿Qué color es? ¿Amarillo hierba. com� pletamente despierto. ¡Es el Chamán de los Cunaguaros! Sus cabellos fluctúan con el álito nocturno. y también. llevando una palabra de aliento. ungido de aceites vegetales. Yo contengo la respiración y me imagino que mi padre también. Parece más bien el canto de un moriche. Entonces lo vemos pasar. él está frente a nosotros. imagino. fascinado. envuelto en un mágico resplandor. Viaje por el mundo indígena venezolano Al rato todo parece detenerse. los cu� naguaros acechan fieramente: ¡Es el Chamán de los Cunaguaros! Papá lo contempla inmóvil. Desde mi hama� ca puedo observar a mi padre. La brisa ya no juega entre bejucos y ramas. eterno en su soledad. de un color indefinible. cercano y distante. verde selva. No nos atrevemos a movernos. pensativo y fiero. Una flauta lejana. se deja oír. de confianza! ¡El Chamán de los Cunaguaros! ¡Aparicuar. envuelto en un halo de cocuyos. Sólo la luz de la luna sigue bailando dentro de las ondas del río. ¡Jamás pensó que su hijo era aquel misterioso indígena que visitaba todas las etnias. un puma más grande va a su lado y algunos linces lo rodean obedientes. Nos mira fijamente. esperando la luna llena -390- .

una nueva visión de la vida. ni de la gente criolla. leve gruñido de felinos salvajes. es hijo y hermano nuestro. para promover una respuesta digna. Aparicuar nos contempla profunda. dejaba abierta una esperanza! Habíamos logrado encontrar al hermano: ¿lograríamos in� tegrarlo a nuestra familia para que participara de nuestras propias vivencias y memorias. el promotor de su identidad y diversidad. rodeado de su impresionante séquito de cunaguaros. Su imagen se había vuelto una con la selva. cumplien� do un vaticinio de magia y hechizo de una antigua etnia. Cuando intento decirle algo. su idioma. sonríe y desaparece. es chamán y mucho más. del destino de mi hermano. su memoria. Aparicuar tiene nuestra sangre. Y algo más de mi presentimiento se cumplió: nosotros encon� tramos un significado. Es el símbolo de la pervivencia indígena. En menos de un segundo ya no estaba allí. Los Bari. Debía seguir siendo el representan� te de la especificidad de los pueblos indígenas. -391- . ¡Nuestro viaje no había culminado en una renuncia. ¡Aparicuar no se quedaría con nosotros! Él no podía hacerlo. a seguir por ese difícil camino de la vida? Erguido ante nosotros. o bien atravesándola en la oscuridad. Debía continuar recorriendo todas las et� nias. su larga cabellera flotante. de formar parte de los González Uribe. y de nuestro pue� blo venezolano. in� tensamente. Y lo hallamos: la revelación de la misión de Aparicuar. sus tradiciones. no sabía si todo había sido un sueño. a nuestra familia. ¡Se había cumplido mi presentimiento! Sabía que en este viaje encontraríamos algo muy importante para nosotros. como se pierde el celaje índigo de la noche al llegar el alba. un acercamien� to noble a la discriminación y exclusión de que había sido objeto el pueblo indígena durante siglos. Observo los dibujos rituales de su cara. colibrí de monte. para que nos ayudara a crecer. su olor selvático. serpiente elusiva. pero ni su mirada ni su gesto delatan la intención de dejar la selva. para reafirmar y valorizar los méritos internos de cada cultura. Al amanecer siguiente. dueños de la música para cruzar la selva. nuestra fami� lia. sus habilidades y capacida� des distintivas. su ros� tro era hoja. de su crecimiento intercultural. pertenece a nuestra descendencia. Mas a la vez. flor.

el alba asoma perezosa tras un cerro y se van distinguiendo los contornos del pai� saje: las plantas. con el verdor que embriaga los sentidos. ¿lo son realmente? ¿No hay una vía de acercamiento. de un verdadero chamán. Y mis ojos se llenan con los ojos brillantes de los Bari. Se acerca Akita. pronto no serán más que un recuerdo. Mi papá es el padre de un indígena. de dos mundos diferentes. en un personaje mágico. su aporte racial y humano a la hermosa raigambre aborigen. Los colores del mundo indígena. y a no� sotros nos dio también su savia. Parvadas de pájaros enjoyados saludan la aurora. vibrantes. Viaje por el mundo indígena venezolano —No Filatelio. por él tenemos tantos rasgos di� ferentes. -392- . a la vez. que con una rapidez sorprendente. más amplia. puros. Aspiro profundamente. se ha realizado el verdadero encuentro de dos culturas. la hoguera ya apagada. y también es nuestro padre. de los pioneros de nuestra existencia americana. en el Chamán de los Cunaguaros. Proveyó su sangre. Me quedo pensando. de todos. con ma� yor multiplicidad cultural y étnica. sopesando la palabra que Aparicuar le di� rigió a mi querido progenitor: “Padre”. nuestros oídos extrañarán las voces de la selva nublada. aparentemente distantes. las emanaciones del campo llovido. Él es el padre de dos culturas. Pero. la joven hija de Bandú. mítico. sus enormes hojas lujuriantes. ¡Padre! Es una palabra para pensar. con el vuelo de las mariposas. Mi padre es. de entendimiento? Se hermanaron en un punto la sangre indígena y la criolla. Sobre la selva se levanta un nuevo sol. no fue un sueño —me asegura reflexivo mi padre. tratando de apresar en mis pulmones los olores frutales del monte. la tibieza de los fogones. la choza. Esos rasgos distintos. En un ser humano. ¡Es como si fuera el padre de toda Venezuela! De los indígenas. Una palabra hermosa. enciende el antiguo fuego. de los criollos. en un cuerpo de hombre. En mi hermano. producto de muchas mezclas étnicas. esas abigarradas mezclas étnicas se pueden reencontrar en una Venezuela nueva. El Chamán de los Cunaguaros. Cuando estemos lejos.

aunque te dé ventaja y te abra las puertas de mi alma. Con mis cunaguaros y mis pumas ando y desando la selva. con mis plumas y abalorios. bañando de un brillo estéril las piedras. mansa y perdurable. Y veo ante mí la madre luna. Me abro inmóvil bajo la noche. mojando todo con su plata antigua. padre.Palabreo del chamán después de ver a su padre En esta oscura inmensidad azul. Nunca podrás alcanzarme. bajo la noche de mis antepasados. aunque yo mismo lo desee. tupidas de espeso monte y noche clara. siento el calor de cada estrella. 393 . bebiendo en el agua arremansada de las pozas. desnudo de pasado y de presente me entrego a la noche con todos mis recuerdos. selvática y profunda. el ruido de cada pájaro nocturno.

me quedo silencioso junto a ti y no me ves. yo me miro en ti y te siento. ni me sientes. tan amenazante como esa ciudad que brilla y tiembla en tus párpados dormidos. rondo las hogueras de la gente. casas llenas de gente. cuando apenas era yo un niño. invencible y fuerte. hijo. capaz de cabalgar una lapa o un picure y las flores para mí hablaban con la voz ajena de mi madre. y siento que vagas por rutas que no conozco. Más solitario que nunca me abro paso entre las cepas de malangas. humo. que no sucumba al acecho del caimán ni al rugido del yaguareté. amigo de siempre. gritos. me hago uno con la luz. cuáles caminos de ciudad visitas mientras duermes. “Ven. recoge estos jobos. Viaje por el mundo indígena venezolano Te veo allí dormido. mientras el humo de mi tabaco -394- . Padre. entre los bejucos plateados a esta hora plenilunar. las palabras cariñosas. Y rememoro tu inmenso pesar al despedirte cada vez que nos veíamos. prudente y sabio. El Chamán de los Cunaguaros. algarabías. salto con mis pumas en el monte. vamos al río”. en una lengua ágil y sonora que siento tan mía y tan distante a la vez. raros ruidos. luces extrañas. entre los grandes helechos gigantes. acecho las casas de los pueblos. y me pregunto con qué sueñas. sé como el puma en la espesura. Pero en la noche dilatada recuerdo con alegría tu sonrisa. Yo sin embargo me agazapo para velar tus ensueños. Que no alcance nunca a mi padre la maldad de las serpientes. alerta merodeo y doy vueltas en mis hoscos pensamientos.

Palabreo del Chamán después de ver a su padre legado fiel de mi padrino se va apagando y va apagando la luna esa aurora que llega arrastrándose. -395- . con pasos de serpiente.

.

de grandes océanos de selva. con el mismo sigilo del mochuelo. cantamos como kariña. en esta aventura de ensueños. el resonar del canto del piapoco.Canto a mi hermano indio Canto a mi hermano indio. como yukpa. remonta la luna llena y contempla el resplandor de los cocuyos. el poderoso chamán de las crecientes. el del pie desnudo. Canto a mi hermano bari. 397 . el sabio. El que cruza la selva pasando ríos y caños. de bosque interminable donde sentimos el pulso de los árboles. al ritmo inspirador de sus pasos. el que camina entre hoscos cunaguaros. Canto a su fuerza. como jodi. y reímos como warao. como bari. con paso leve y firme. el de los ojos transparentes. de suaves mariposas azules. a su camino. de la lechuza gris que vaga entre la niebla.

Yo buscaré la huella lenta de mi hermano. yaruro. al alborear de un nuevo sol que borre todas las fronteras. El Chamán de los Cunaguaros. como wayuu. a la noble pureza de su espíritu al futuro de nuestra raza. que una todas las lenguas. al despertar de la fuerza indígena. soñamos como yekuana. -398- . Canto a mi hermano indio. como pemón. Luchamos como wayuu. Viaje por el mundo indígena venezolano bailamos como sape. yanomami. con la magia de los astros me hablará de tiempos absolutos y perfectos. bari. lo hallaré entre la espesa selva.

que entran a los dominios de Kanaima 399 . Hombres que silban y sueñan. sendero de flores secretas. siembra de lunas remotas. a mi sangre que es savia y esencia de la selva. niños que hablan como pájaros. mostrando sus ojos de piedra húmeda. canto a mi estirpe de jaguar.Canto del chamán a la gente antigua Canto a mi raza bravía. Canto a mi gente antigua. guerreros incansables. mujeres que ríen con gracia. gente que sube a lo más alto para encontrarse con los astros. hermosa. y su paso de río entre las hierbas. a mi linaje de montaña. mi gente. cónclave de estrellas. cazadores perfectos.

El Chamán de los Cunaguaros. -400- . del paují que se pierde en la espesura. hermosos como mariposas. Viaje por el mundo indígena venezolano y desafían sus poderes para rastrear la huella del danto. luminosos como peces. por mis hermanos agudos certeros como jaguares. aéreos como libélulas. del báquiro que rompe la maleza. Miro a mi gente desde lejos y mi pecho crece altivo de un orgullo infinito. por mis hermanos sabios como la paraulata de monte por mis hermanos fuertes como el oso de la selva.

Palabreo de despedida del
Chamán de los Cunaguaros
No volveré quizás a ver a mis hermanos,
los que son dos y uno,
los del mismo rostro repetido,
los que gorjean como el curiñatá.
Siento nostalgia por ellos,
por mi hermano el sabio silencioso
como las cautas teracayas.
No volveré quizás a escuchar desde lejos a mi padre perdido,
siento nostalgia por este padre
fuerte y firme,
como un árbol de la selva.
Por esta hermanita que brilla
como si llevara el sol en su cabeza,
por esta madre amiga que va con ellos,
menuda y serena como la lluvia,
como la tarde.
No volveremos a vernos quizás
no volveré a sentirlos desde lejos,
no escucharé sus voces alegres,
401

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

no sentiré ya deseos de ir a su encuentro.
Los sabré lejos, andando otros caminos,
perdidos entre otra gente como ellos,
ajenos, distantes.
Y proseguiré mi cacería de sueños,
mi paso por la selva, ahora pleno
de añoranzas y recuerdos.
Pero quizás vendrá un tiempo de orquídeas,
un tiempo de luciérnagas y ríos,
ellos volverán, la selva los traerá
en canoas de esperanzas
volando como los guacamayos,
trepando como el zorro y como el puma,
quizá vendrá un tiempo de reencuentros
donde estaremos bajo la misma luna antigua,
sentados a la lumbre del shabono,
hablando y comentando las cosas de las ciudades,
del tráfico inclemente, de la lluvia sucia sobre el asfalto,
o las cosas de la selva,
de la lluvia limpia sobre los helechos,
del parloteo del río con las curiaras,
del agua que cae desde lo alto.
Volveremos a vernos
en un tiempo de claras mariposas,
en un tiempo de auroras, de soles compartidos.

-402-

Canto final de Filatelio
Un recorrido incierto
Entre atrevidas luciérnagas
me llevó a los dominios de la libélula,
anduve a lomos del caballito del diablo,
volé sobre un guacamayo,
me volví culebra de monte,
me enrosqué en los árboles,
y me hice danto, caimán, sigiloso candirú,
entre las aguas arenosas.
Y escuché la voz de la selva,
y la voz de la selva era la voz de mi hermano.
Era el sonido de su flauta remota,
era el rugido de los cunaguaros que lo rondan.
Su recuerdo me cerca y me acompaña,
rumor de brisa entre bucares, soledad del río al atardecer.
Pero canto a la altivez de mi hermano,
a las lunas antiguas de su raza,
a su pie cobrizo sobre la huella del tapir,
buscando el rastro del báquiro.
Volveré a ver el rostro fiero de mi hermano.
403

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

La selva aún guarda respuestas,
encierra misterios para mí.
Volveré a la gran selva dormida,
despertaré al paují al ciervo, a la danta, al loro real,
y pisaré de nuevo esos caminos lejanos.
Primero fue la piedra, luego el agua,
inmensas torrenteras
cascadas rumorosas,
y luego vino el hombre indígena
dueño de todos los caminos,
señor de la lluvia y la tormenta.
Yo encontraré la fuerza elemental,
el suave centro de su alma,
y seré con mi hermano, y él conmigo
hombres y cunaguaros, tigres y hombres.
Hermano mío, amigo,
traza tu propia huella entre los otros,
y dibuja tu signo en las estrellas.
Hubo lunas lejanas
cuando esta selva era solitaria y umbría
y sólo el canto del paují trizaba la hojarasca.
Hermano amigo,
que caminas contagiado de lunas,
rodeado de agrestes cunaguaros,
con tu piel de relámpago,
con tu flauta de siglos,
dame la mano, hermano,
dancemos juntos al calor de las estrellas,
celebremos la vida de nuestros pueblos,
brillemos como cocuyos en la noche,
saltemos como peces, como garzas,
hermano mío,
seamos uno y todos a la vez,
en nuestro pueblo.

-404-

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. . 393 Canto a mi hermano indio . 269 Los yaruros. . . . . . . 231 Palabreo del chamán cuando oye a los morochos silbar . . 299 Los wayuus. . . . . hijos de la luna . 401 Canto final de Filatelio . . . . . . 363 Los Bari. . . . . 205 Palabreo para Carmen . El diluvio . . . 409 Bibliografía esencial . 365 Palabreo del chamán después de ver a su padre . . . . . . . . . . . . 335 Los Yukpa. . 397 Canto del chamán a la gente antigua . . centinelas del viento . . Los Jodi. 273 Coro de la selva . . . . . guardianes de la selva . 361 Canto yukpa . . . . . . señores de la sierra . . . . 337 Kun apanane. 229 Los Yanomami. . dueños de la música . 399 Palabreo de despedida del Chamán de los Cunaguaros . 405 . . . 301 Coro wayuu . descubridores de misterios . . .

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Fundación Editorial elperroy larana .

60 gr. Venezuela. . Se terminó de imprimir en abril de 2008 en la Fundación Imprenta Ministerio de la Cultura Caracas.000 ejemplares impresos en papel Mando Creamy. La edición consta de 3.