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28 DE MARZO / MARTES

Cuarta Semana de
Cuaresma

Testigos y testimonios de allá y de aquí
+ 28 de Marzo de 1985: Héctor Gómez: Defensor de
derechos humanos en Guatemala. Fue capturado, torturado y
brutalmente asesinado.
+ 28 de Marzo de 1988: Masacre del Solimões: Brasil.
14 indígenas tikunas asesinados y 23 heridos por el maderero
Oscar Castelo Branco y 20 pistoleros a sus órdenes. Los
cadáveres fueron arrojados al río Solimões. La comunidad
tikuna estaba reunida en Benjamin Constant, esperando la
vuelta de dos de sus jefes que habían ido a pedir ayuda a la
FUNAI (Fundación Nacional del Indio) ante las amenazas a sus
tierras hechas por el maderero. Allí fueron sorprendidos y
atacados de muerte.

Antífona
Sedientos todos, acudan por agua: Dice el Señor; también los
que no tienen dinero, beban con alegría
Oración colecta
Que las venerables prácticas cuaresmales dispongan, Señor, a
tus fieles para celebrar dignamente el misterio pascual y para
transmitir al mundo el anuncio de la salvación. Por Jesucristo
Nuestro Señor. Amén

Día litúrgico: martes de la cuarta semana de cuaresma.
Primera lectura
Ezequiel 47,1-9.12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del
templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el
templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado
derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta
septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante.
El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que
llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos
y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió
otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas!
Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió
otros mil. Era un torrente que no pude cruzar, pues habían
crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se
podía vadear. Me dijo entonces: “¿Has visto, hijo de Adán?” A la
vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la
orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes.
Me dijo: “Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina,
bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas
salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí
donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en
abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado
el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la
vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales;
no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán
cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan
del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.”
Palabra de Dios.
R/Te alabamos Señor.

Salmo responsorial: 45

R/ El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

+ Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, / poderoso
defensor en el peligro. / Por eso no tememos aunque tiemble la
tierra, / y los montes se desplomen en el mar. R.
+ El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, / el
Altísimo consagra su morada. / Teniendo a Dios en medio, no
vacila; / Dios la socorre al despuntar la aurora. R.
+ El Señor de los ejércitos está con nosotros, / nuestro
alcázar es el Dios de Jacob. / Vengan a ver las obras del Señor, /
las maravillas que hace en la tierra. R.

Día litúrgico: martes de la Cuarta semana de cuaresma.
EVANGELIO
Juan 5,1-3.5-16
Al momento aquel hombre quedó sano

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y
Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de
las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta
tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos,
ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que
llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y
sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: “¿Quieres
quedar sano?” El enfermo le contestó: “Señor, no tengo a nadie
que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para
cuando llego yo, otro se me ha adelantado.” Jesús le dice:
“Levántate, toma tu camilla y echa a andar.” Y al momento el
hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que
había quedado sano: “Hoy es sábado, y no se puede llevar la
camilla.” Él les contestó: “El que me ha curado es quien me ha
dicho: Toma tu camilla y echa a andar.” Ellos le preguntaron:
“¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a
andar?” Pero el que había quedado sano no sabía quién era,
porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había
alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
“Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra
algo peor.” Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era
Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a
Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
Palabra del Señor.
R/Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión:
+ Primera lectura: Con el profeta Ezequiel nos ubicamos
en pleno exilio forzado en Babilonia. En medio del exilio, con el
templo destruido por los invasores que los tenían forzosamente
fuera de su tierra, el profeta-sacerdote Ezequiel sueña con un
templo que sirva para hacer crecer la vida. Los profetas
denunciaron muchas veces la forma como la religión legitimaba
la injusticia y generaba muerte. Pero el antiguo sacerdote
Ezequiel ha aprendido la lección. Le ha costado mucho
aprenderla por el desarraigo, la humillación y todo sufrimiento
que ha representado el exilio, pero la ha aprendido y quiere que
su aporte como líder religioso siempre esté a favor de la vida.
De ahí que el antiguo sacerdote convertido en profeta exprese
su sueño de ver un templo convertido no tanto en un simple
instrumento para el culto y muchas veces un instrumento que
justificaba el poder sino en un verdadero instrumento que
permitiera correr el agua e hiciera crecer la vida en todos los
creyentes.
Eso es lo que ha de hacer de nosotros nuestra experiencia
de fe. Es así como se legitiman nuestros templos, nuestras
estructuras religiosas y cada cosa que hagamos como
comunidad de fe. ¿Qué brota de nuestros templos? ¿Qué surge
de nuestras comunidades de fe? ¿Cuál es nuestro aporte a la
humanidad, a la vida? ¿Somos instrumentos de exclusión o de
inclusión? ¿Somos generadores de miedo o de serenidad ante
los acontecimientos de cada momento?
Evangelio: En el Evangelio contemplamos hoy una escena
de profundo dolor por parte de muchos enfermos que sufrían
por la enfermedad, pero no sólo por la enfermedad, sino
también, y sobre todo, por la indiferencia, por la indolencia y la
crueldad de la sociedad que simplemente contemplaba el dolor
y pasa de largo. Entre todos los enfermos había uno, tal vez el
más olvidado que llevaba 38 años enfermo. Jesús lo vio con
amor y se le acercó.
“¿Quieres quedar sano?” Le preguntó Jesús. ¿Qué espera
más un enfermo que su salud? ¿Cuál podría ser el deseo más
grande de un enfermo que su salud? Todo el dinero, la fama, el
poder, la gloria, todo quedaría en nada. Un enfermo quiere su
salud. Quienes de alguna manera hemos vivido esa situación lo
sabemos de sobra. De ahí que Jesús le apuntara a aquello que
realmente anhelaba y necesitaba aquel hombre: su salud.
Pero el problema de este hombre no era sólo su salud, sino
el abandono que sufría. La profunda soledad existencial que
padecía. “Señor, no tengo a nadie,” le dijo el enfermo. ¿Nos
hemos sentido así en algún momento? ¿Hemos visto personas
que sienten esa profunda soledad existencial? ¿Hemos pasado
por el lado de personas o incluso vivimos con personas, pero
pasamos de largo ante sus necesidades, ante su soledad, ante
sus ganas de hablar, de llorar, de que alguien los abrace y les
haga sentir que estamos con ellas?
La gente creía que eventualmente el Espíritu sanador
llegaba sobre el agua de la piscina de Betesda y el primero que
llegara quedaba sano. Por eso el enfermo le dijo: “Señor, no
tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el
agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.”
38 años y nadie se había solidarizado con aquel hombre.
En una sociedad que se ufanaba de ser religiosa, de cumplir la
Ley, con grupos religiosos pendientes del cumplimiento estricto
de los preceptos y de mantener la pureza de las costumbres,
ese hombre en 38 años no había encontrado a nadie que le
ayudara. Eso habla muy mal de la sociedad en general. Los
ancianos desamparados, los niños abandonados, los
empobrecidos excluidos, así como los bandidos que en muchas
partes siguen dirigiendo los destinos de los pueblos hablan muy
mal de toda una sociedad. Hoy como ayer vemos muchas veces
una sociedad de leguleyos que descuida lo fundamental de la
vida: la justicia, la salud, la educación, la felicidad de las
personas.
El maestro de Nazaret no pudo pasar de largo ante
tremendo cuadro de dolor y de indiferencia. Por eso le hizo ver
a aquel hombre que aunque todo el mundo durante esos 38
años había sido indolente ante su situación, con él era
diferente. Por eso le dijo: “Levántate, toma tu camilla y echa a
andar.” Ahí ocurrió lo extraordinario. En la solidaridad, en el
amor, en el deseo de hacer algo por la otra persona. Entonces el
hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Pero los hombres religiosos muchas veces no sólo no
hacen nada ante el dolor sino que se oponen a las soluciones
porque tocan las fibras de sus intereses egoístas que quieren
mantener en nombre de Dios y a pesar de la infelicidad y de la
miseria de las personas reales y concretas. Es la perversión de
la religión. Es lo que muchas veces denunció Jesús. Aquel día
era sábado, dice el Evangelio. Por eso los judíos le reclamaron
al hombre el hecho de que estuviera cargando la camilla. Pues
estaba prohibido.
No les importó el dolor de aquel hombre ni les importó
que por la acción del maestro de Nazaret estuviera curado. Sólo
les importaba que estaba rompiendo las leyes religiosas de las
cuales ellos eran garantes aún por encima de la salud y de la
felicidad de las personas.
¿Vemos esos cuadros de indolencia, de indiferencia y de
crueldad en nuestra sociedad, en nuestros hombres religiosos?
Ojalá que no, pero es necesario revisar. Ojalá que si no
podemos ayudar por lo menos no dañemos a nadie ni nos
opongamos a que busquen opciones de vida en su legítimo
derecho a ser felices. Si no ayudamos por lo menos no
estorbemos.
Con la acción salvadora de Jesús aquel hombre había
superado el miedo a la religión, a las leyes y a los hombres que
en nombre de dios y de la religión manipulaban la conciencia
de la gente. Por eso les dijo: “El que me ha curado es quien me
ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.”
En otras palabras, ustedes no hicieron nada por mí en 38
años. Sólo encontré total indiferencia. Pero ha habido alguien
que me ha curado y me ha liberado de sus redes de
manipulación de la conciencia. Soy un hombre libre gracias a
aquel que me ha curado y me ha hecho capaz de coger la
camilla y de andar libre como el viento. Libre pasa asumir mi
vida en mis manos. Para continuar por un sendero de vida, de
dignidad, de felicidad. Sus leyes, sus consignas, sus dogmas,
esclavizan. La Palabra, el camino, el Espíritu de aquel que me
ha curado, me ha liberado.
Por eso los hombres religiosos se enfadaron contra aquel
que les tocaba sus intereses y lo acosaban. Jesús se convirtió en
un peligro para la religión legalmente constituida pero
deslegitimada por la forma como los judíos ortodoxos que la
tenían manipulada la empleaban.
Ojalá que podamos encontrarnos con el Jesús vivo que
sigue caminando y se sigue solidarizando con nosotros. Si
sentimos en algún momento que no tenemos a nadie,
recordemos que él se acerca a nosotros para ofrecernos su
amistad y su ayuda. Así que, escuchémoslo, tomemos nuestras
camillas y caminemos. Si vemos que la religión nos llena de
miedos, de prohibiciones y que unos hombres religiosos todavía
siguen llenando de fantasmas las conciencias digámosles: Aquel
que dio su vida por mi, Aquel que se solidariza conmigo, que le
duele mi dolor me ha liberado. Si ustedes me juzgan, él me
ama, si ustedes me excluyen, él me acoge y me da vida. No hay
temor en el amor.
Y ojo. Que nadie entre nosotros se atreva a juzgar porque
alguien ha tomado su camilla, se la liberado de los miedos y
camina con libertad gracias a la acción de Jesús. Que nadie
entre nosotros sea indiferente ante el dolor. Que lleguemos a
quienes se sienten solos para ofrecerles nuestra amistad y
nuestro apoyo. Ahí se da el milagro de la vida, del amor, de la
amistad.

Oración sobre las ofrendas:
Te ofrecemos Señor, los dones que Tú mismo nos diste y te
pedimos que sean testimonio creado de tu providencia para
nuestra condición normal y remedio que nos comunique la
inmortalidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración después de comunión
Purifica Señor, en tu bondad, nuestro espíritu, y renuévalo con
tus sacramentos celestiales, para que de la misma manera
alcancemos, también para nuestro cuerpo, los auxilios
presentes y futuros. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.