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La influencia de la iglesia en el imperio romano

Con la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 termina la Edad Antigua y
comienza la Edad Media. Hacia ya 125 años que la religión Católica era la religión oficial
del Imperio Romano, gracias al Emperador Constantino que llamó al Concilio de Nicea en
el 325 y oficializó al catolicismo como la única religión del Imperio. Allí la Iglesia Católica
se transformó de perseguida en perseguidora y eliminó todas las religiones politeístas a
las que llamó paganas. Durante toda la Edad Media la Iglesia Católica manejó la política,
la economía, las guerras ( llamó a combatir a los musulmanes en 8 Cruzadas), la religión
y la sociedad. Era tal el poder absoluto que tenía, que reyes, príncipes, duques, condes y
nobles estaban por debajo de ella
Con la asunción de Carlomagno, en el año 800, como Emperador, coronado por el Papa,
y la construcción de un nuevo imperio en Occidente, se estableció un mutuo acuerdo de
sendas autoridades entre el papa y el Emperador, transformándose el último en el brazo
armado de la Iglesia.Luego de la muerte de Carlomagno y de su hijo, Luis el Piadoso, en
el año 843, por el Tratado de Verdún, el imperio se dividió en tres partes, desintegrándose
el imperio carolingio, pero no la autoridad del Papa, que la ejerció sobre todo el
territorio.Tomando como modelo la organización administrativa romana, la Iglesia se
dividió en provincias y diócesis. Los Papas, considerados sucesores del apóstol San
Pedro, y cabezas de la Iglesia, fijaron su residencia en Roma.La autoridad religiosa
contaba para asegurar su autoridad, con dos instrumentos: la Excomunión, por la cual
podía excluir de su seno a quienes no la obedecieran, y la Inquisición, cuyos tristemente
famosos tribunales, realizaban juicios a los sospechosos de herejías que eran
condenados a penas crueles, como la muerte en la hoguera, o sufrían el exilio, la tortura o
la mutilación. En el siglo XI, el Papa Gregorio VII, realizó una reforma religiosa para
fortalecerla, e imponer la autoridad del Papa sobre cualquier otro poder, además de dotar
a la iglesia de un cuerpo legal propio, que originó el Derecho Canónico. Esto enfrentó a la
autoridad eclesiástica con el Emperador por el poder, en la Querella de las Investiduras,
hasta la firma del Concordato de Worms, en el siglo XII, donde se definieron las
atribuciones de ambos poderes.A partir del siglo XI y hasta fines del Siglo XIII, se
produjeron las Cruzadas, con el fin de recuperar la ciudad de Jerusalén, en poder de los
turcos, con nefastas consecuencias, salvo la reactivación del comercio. La Iglesia Católica
tenía el monopolio de la duplicación de libros, tarea manual, lenta y por lo tanto muy
costosa. Pero los clérigos que dominaban el latín y el griego (en un mundo donde el 90 %
era analfabeto) decidían que y cuando duplicar. Los filósofos y científicos griegos estaban
prohibidos pues la Iglesia consideraba que de mundos paganos nada bueno podría salir.
Pero ese monopolio comienza a romperse con la invención de la imprenta de tipos
móviles, en 1453. Los clásicos griegos y romanos inundan Europa, como también lo
hacen las críticas a la Iglesia hechas por Calvino y Lutero. Ésto producirá grandes
cambios por un lado una nueva filosofía, el Humanismo, que dejará a Dios de lado, como
eje de nuestras vidas y como centro del Universo y las críticas a la Iglesia producirán la
Reforma Protestante. El Humanismo desembocará en El Renacimiento (volver a nacer) y
a partir de allí la Iglesia católica comenzará a perder poder político, económico y social.
Las ciencias se despegarán de la religión, de la superchería y la magia y lograrán en 500
años avanzar más que en los últimos 7000 años. Nunca la Iglesia volverá a recuperar
tanto poder y a pesar que sigue teniendo influencia dentro de los católicos, los gobiernos
ya no rigen sus leyes por el dogma católico. Como ejemplo veamos el divorcio. A pesar
que son millones de personas católicas quedan en el mundo 2 o 3 países que no aceptan
el divorcio, hasta países muy católicos como Irlanda o España tienen leyes de divorcio
La Edad Media es una de las etapas más fascinantes de la historia. Un período que se
caracteriza fuertemente por la existencia del Sistema Feudal o Feudalismo. Un mundo
de nobles, campesinos, tributos, vasallos, feudos, y monarquías debilitadas. Pero más allá
de esto, el mundo medieval estuvo dominado por la Iglesia católica o cristiana. Por eso
es esencial que para entender el desarrollo de la edad media, investiguemos en
profundidad la importancia que tuvo Iglesia Medieval.

Fue la época de mayor esplendor de la Iglesia y en concreto de la Iglesia
Católica, ya que esta tenía mucha influencia sobre la sociedad y, aunque existían otros
credos, en el siglo XI Europa era en gran parte cristiana.

De hecho es un periodo de la historia en el que en reinados y territorios europeos nació
un nuevo concepto de unión: la cristiandad.

La cristiandad vivió una etapa de gran influencia aunque vio profundamente
afectada cuando el año 1054, los obispos bizantinos negaron la autoridad del
Papa provocando el llamado cisma de Oriente. Desde entonces, el mundo cristiano
europeo se dividió en dos: Oriente optó por la Iglesia griega ortodoxa, mientras
que Occidente se mantuvo fiel a la Iglesia católica romana como se conoce todavía.

A IMPORTANCIA DE LA IGLESIA EN LA SOCIEDAD MEDIEVAL

iglesia edad media

En Occidente, la Iglesia se vinculó estrechamente a la sociedad feudal; la misma Iglesia
era un gran poder feudal, pues poseía la tercera parte de la propiedad territorial del
mundo católico y entre otras cosas, tenía derecho al diezmo, que era le décima parte de
las cosechas de toda la gente.

En la Edad Media, la Iglesia Cristiana tuvo un rol decisivo. Fue la única institución que
logró ejercer su poder a lo largo de una Europa fragmentada políticamente.

La vida cotidiana en la Edad Media y la forma de pensar de nobles y campesinos estaban
muy influenciados por los principios y creencias de la Iglesia Cristiana. Como
consecuencia de esto, las acciones de la gente se hallaban estrechamente ligadas a las
normas religiosas.
La Iglesia era al mismo tiempo el centro de la vida intelectual. Desde este rol preeminente,
posibilitó el afianzamiento de una particular interpretación del mundo, diseñado y
ordenado según los designios Dios.
Se cristalizó así una mentalidad medieval basada en preceptos religiosos que perduró
durante siglos.

ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA DURANTE LA EDAD MEDIA
Ya hemos dicho como la Iglesia en la Edad Media tenía mucho poder. El principal motivo
lo encontramos en su riqueza, y como no, en una clara organización así como en la
importancia cultural, y en la influencia sobre la vida social. La iglesia se contraponía al
desorden, la ignorancia y la violencia de la sociedad feudal. Todos los miembros de la
Iglesia conformaban el clero, que se dividía en dos: el clero secular y el clero regular. El
jefe espiritual de todos era el Papa.
El clero secular
El clero secular eran aquellos miembros de la Iglesia que vivían en el mundo, mezclados
con los laicos: el Papa, los arzobispos, los obispos y los párrocos.
Los párrocos eran los que estaban al mando y regulaban pequeños distritos llamados
parroquias. Varias parroquias formaban una diócesis, cuyo jefe era un obispo, y varias
diócesis formaban una arquidiócesis, dirigida por un arzobispo.
El clero regular
A partir del siglo VI se organiza en Occidente el clero regular. Sus miembros son aquellos
que optaron por aislarse del mundo y vivir en monasterios regidos por un abad. Seguían,
además unas reglas específicas. Su regla se basaba en el lema ora et labora, es decir,
reza y trabaja.
En Occidente, el monacato lo inició San Benito de Nursia, quien fundó la orden
benedictina, la cuál obligó a sus miembros a cumplir votos de obediencia, castidad y
pobreza. La regla de San Benito fue respaldada por el Papado.
LOS PRINCIPALES MOVIMIENTOS HERÉTICOS DE LA EDAD MEDIA
Durante la extensa edad Media, surgieron distintas interpretaciones y corrientes de
pensamiento vinculadas al cristianismo que, en el algunos casos, se alejaron
sustancialmente de los dictados de Roma. El Papado, a través del poder civil de los
distintos territorios, trató de luchar contra cualquier atisbo de heterodoxia que se detectara
aunque, en algunos casos, como vamos a ver a continuación, las formas de religiosidad
cristiana consideradas heréticas tuvieron tal preeminencia que lograron atraer a miles de
personas de diferentes lugares de Europa. Los principales movimientos heréticos (aunque
no los únicos) que convulsionaron Europa durante la edad Media fueron los siguientes:
Priscilianismo. El priscilianismo fue un movimiento religioso que se originó en el siglo IV
que recibe el nombre de su principal predicador, Prisciliano. Esta corriente surgió como un
rechazo a la creciente riqueza y relajación de costumbres que presentaba la Iglesia de
Roma y defendía que la Iglesia debía volver a la pobreza. Asimismo, ente otros cambios,
una de las tesis más revolucionarias en aquel momento que defendía el priscilianismo era
que la mujer debía tener un papel protagonista en el ámbito eclesiástico, debía disfrutar
de una amplia libertad y, además, debía tener autoridad en el contexto cristiano. El
priscilianismo se extendió mucho por la península Ibérica y fue ganando muchos adeptos,
pese a las crecientes medidas de contención que puso en marcha la Iglesia de Roma.
Tanto Prisciliano como sus colaboradores más cercanos fueron excomulgados, pero esto
solo hizo que su influencia continuara creciendo y las autoridades tomaron medidas cada
vez más expeditivas para atajar el problema prisciliano. Tras ser traicionado por algunos
de sus acompañantes, Prisciliano fue ejecutado, la mayoría de sus adeptos más
importantes fueron apresados y el resto de los que profesaban esa religión fueron
considerados como herejes, llegando a sufrir diversas penas como la confiscación de sus
bienes o el destierro.
Adopcionismo. La idea que defendía el adopcionismo era que Jesús no era un ser divino
desde su origen, sino que había sido adoptado por Dios para actuar como su hijo en la
Tierra. El adopcionismo cobró una gran importancia durante los primeros siglos del
cristianismo, ya que este dictado era fácil de vincular con la cultura clásica, donde muchos
héroes habían alcanzado la condición de dioses en reconocimiento a sus actos o
hazañas, o con la judía, donde se consideraba que el Mesías era un humano elegido por
Dios. Aunque las teorías adopcionistas en general fueron perdiendo fuerza a medida que
los sucesivos concilios decidieron que la Encarnación de Dios era la teoría ortodoxa
reconocida por la Iglesia, pero otras teorías muy relacionadas con esta idea conocieron
una gran fuerza hasta bien entrado el siglo VI.
Cruzada catara
Los cátaros o albigenses. La herejía cátara se ha convertido en la más popular y conocida
de todas las herejías cristianas medievales, en buena medida gracias a la inmensa
cantidad de novelas y películas que se han creado en torno a ella. Esta corriente se hizo
muy popular en la zona del sur de Francia y de Aragón y tenía muy poco que ver con los
dictados del cristianismo oficial. Los cátaros defendían que el mundo estaba compuesto
por una realidad dual, el mundo físico, creado por el Demonio o el Diablo, y el Reino de
los Cielos o de Dios, que se encontraba más allá de los límites del ámbito material. Para
ellos, el alma era el único elemento sagrado del ser humano, considerando el cuerpo
como una vestidura terrena a la que no debía darse importancia. Tomando el alma como
elemento principal y negando todo el contacto posible con el mundo material, los cátaros
practicaban el ascetismo y una severa abstinencia de todo lo terreno. Negaban los
sacramentos y crearon una organización propia ajena a la Iglesia y, en buena medida,
también al resto de la sociedad del momento.
En un principio, la Iglesia de Roma organizó misiones para evangelizar estas
comunidades y devolverlas a la ortodoxia, pero dichas misiones no solo no consiguieron
su objetivo, sino que tuvieron que resignarse ante la continua expansión de las ideas
cátaras. Ante tal fracaso, la Iglesia de Roma inició una violenta ofensiva y dio a la lucha
contra los cátaros la condición de “cruzada”, presentándolos como peligrosos herejes y
convenciendo a los poderes civiles de los territorios que contaban con mayor presencia de
cátaros de que debían ser exterminados por la fuerza. Perseguidos por autoridades tanto
civiles como religiosas y ante la amenaza de sufrir graves castigos corporales o, incluso,
de ser ejecutados si eran encontrados sospechosos de la más mínima simpatía