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«R itsuko, ¿estás segura de que es una buena idea?

»
«No seas miedosa» reí arrastrando a Eriko más allá de la orilla.
«¡Despacio, o harás que me caiga!»
«¡Qué quejica!» me detuve de golpe «Aquí, aquí estaremos bastante
apartadas»
«Sí, creo que es perfecto» Eriko me ayudó a extender la toalla sobre la
arena seca. A nuestras espaldas los pinos cubrían el sitio, escondiéndonos
de miradas indiscretas.
«¡Qué hermosas! ¡Mira!» me señaló las estrellas sobre nuestras cabezas
y en aquel momento una estrella fugaz atravesó el cielo «¿Has visto?» se
sobresaltó entusiasmada.
«Sí» le estreché la mano y la conduje para que se sentara junto a mí
«Pide un deseo»
«Quisiera que tú me amaras para siempre» me miró intensamente con
sus ojos de jade, provocando que mi corazón se saltase un latido.
«Ten cuidado pidiendo cosas de ese tipo»
«¿Por qué?»
«Podría cumplirse y… no has pensando en las consecuencias»
«¿Qué consecuencias?»
«¿Qué sería de mí si te cansaras de nuestra relación… o si te enamora-
ras de otra persona?»
«¡Qué estupidez!» me empujó despacio hasta tocar la toalla con la
espalda «Nunca podría cansarme de ti ni enamorarme de otra persona»
«¿De verdad estás segura?» pregunté con el corazón en la garganta.
«Sí…» me beso dulcemente los labios «¿Y tú?»
«Lo mismo vale para mí» la estreché entre mis brazos, haciendo que
se recostara junto a mí «Querría recuperar el tiempo que hemos perdido»
suspiré escondiendo el rostro entre sus perfumados cabellos.
«Ya lo estamos haciendo, ¿no? ¡Mira, Ritsuko! ¡Otra estrella fugaz!» me
indicó con la mano.
«Vista» reí apretándome más a ella «Esta salida no la olvidaré nunca»
«Ni yo» se giró hacia mí, poniéndose seria «Hoy he hablado con Kobaiashi»

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«Lo sé» le cogí una mano ente las mías y se la besé «¿Cómo se lo ha
tomado?»
«Mal…» bajó la mirada por un momento «Se siente traicionado por
ambas»
«Lo siento» inspiré profundamente «Intentaré hablar con él también
yo cuando volvamos del campamento»
«Me equivoqué al comenzar algo con él, no debería haberlo hecho»
«Tú no tienes nada que ver, no lo hiciste con la intención de reírte de él,
¿no?»
Eriko nos respondió, dejándome sorprendida.
«¿Por qué no dices nada?» la moví despacio, preocupada
«La verdad es que… acepté salir con Akito-kun porque no lograba se-
guir viéndote con Hishikawa»
«Eriko…»
«No me eches la bronca, por favor»
«He cometido tu mismo error. ¿Cómo podría culparte?» dije buscando
otra vez sus ojos «Ya no podía estar cerca de ti sin desear abrazarte, tocar-
te y… besarte»
«Me volvía loca de celos, Ritsuko. ¡Saberte entre los brazos de aquellos
dos me volvió loca!»
«Ahora estamos aquí» le sonreí alejando aquellos pensamientos «¿No
es bellísimo?»
«Sí, tienes razón» me acarició el rostro antes de besarme otra vez con
su suave boca, después volvió a mirar hacia el cielo hundiéndose en mi
abrazo.
Eriko… ¿a cuántas estrellas fugaces le has pedido aquel mismo deseo?

***

«Ritsuko-san, como ya le he explicado puede estar tranquila» sonríe
mi asistente «Las acciones están yendo muy bien, miré usted misma» ex-
tiende sobre la mesita los informes sobre la marcha de la bolsa en el últ-
imo mes.

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«Gracias, como siempre su trabajo en más que satisfactorio, Akari-san»
digo mirando aquel mar de hojas diseminadas «Imagino que lo mismo se
puede aplicar para la cuota accionarial de la empresa de la familia»
«¡Por supuesto! La empresa de los Hino ha conseguido óptimos resul-
tados en los últimos meses» saca otro legajo de su maletín «Aquí está» me
enseña la marcha sobre el gráfico.
«Muy bien» bebo un sorbo de té caliente «Continuaremos así entonces.
Supongo que los otros socios no tiene nada que objetar»
«Oh, no, absolutamente» confirma el hombre «¡Nunca hemos tenido
un crecimiento de este tipo desde que fui contratado por su padre, y ya ha
pasado mucha agua bajo el puente desde entonces!» ríe moderadamente.
«Me produce mucho placer que no haya malos entendidos» dejo la
taza sobre la mesa «Pero se lo ruego, ¡tómese su té o se enfriará!» lo alien-
to. Akari-san acepta mi invitación.
«Si me lo permite, Ritsuko-san… lo único que desagrada es que usted
no se deje ver por la empresa» cambia de tono de voz «Sabe que tras la
muerte de su padre…»
«Los trabajadores preferirían verme cada cierto tiempo y también los
socios querrían intercambiar algunas palabras en persona» lo interrumpo
con un ruidoso suspiro «¿Cuántas veces me lo va a repetir?»
«Discúlpeme, no quiero ponerla nerviosa… solo decía que…» balbu-
cea él atemorizado.
«No hace falta que se disculpe, pero se lo ruego, dejemos estar esta con-
versación» me apoyo en el respaldar de la silla de hierro forjado «¿No cree
que hoy es un esplendido día?» le doy una sonrisa explicita «Sol, pájaros
gorjeando, tanto verde… y sobre todo paz» respiro profundamente abra-
zando mis propios brazos, mirándolo a los ojos.
«Cierto, tiene toda la razón» baja la cabeza Akari-san.
Desde que mi padre murió cinco años atrás, dejé de ir a la empresa,
salvo casos excepcionales.
«Akari-san, no me malinterprete» retomo la conversación desplazan-
do la vista hacia la salida posterior de la casa, de la que aparece Yumiko
seguida de alguien «He delegado en usted y en otras dos personas de mi

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confianza para vigilar la empresa. Querría continuar gestionando lo que
pueda desde casa y dedicarme a otras cosas…» entrecierro los ojos inten-
tando vislumbrar quién es la mujer que está al lado del ama de llaves.
«Sí, Ritsuko-san… discúlpeme otra vez si he sido inoportuno» hace
una inclinación incómodo.
«No se preocupe» me pongo en pie «Y ahora, si me perdona, tengo
visitas» corto en seco.
El hombre recoge todo el material que me había traído, lo vuelve a me-
ter en una carpeta roja y lo da.
«Me gusta su precisión» le sonrío tranquilizándolo «Lo espero el
próximo mes»
Akari-san hace otra inclinación y se retira. Yumiko deja en el jardín a
la nueva invitada y acompaña a mi asistente a la salida.
«¡Qué sorpresa! No te esperaba tan pronto» digo con cierto sarcasmo.
«Tengo que hablar contigo»
«Claro, ven. Vamos a mi habitación» la observo de arriba abajo «Esa
falda roja te queda como anillo al dedo» le digo abriéndole camino, pero
ella parece que no me escucha «Entonces, ¿qué querías decirme?» cierro
la puerta a nuestras espaldas «Siéntate, por favor»
Eriko mira a su alrededor perpleja.
«¿Esta es vuestra habitación?» me lanza una mirada torva.
«No» me acerco al mueble que está al lado del escritorio, y cojo una
botella de champán de un estante «Esta es mi habitación»
«Entiendo» parece ponerse nerviosa «Es muy espaciosa»
Dejo la carpeta de Akari-san en el escritorio y la observo mientras ella
mira a su alrededor.
«Es un pequeño open space. Tengo una zona de estudio para trabajar,
una zona de relax, el baño…» le sonrío «Aquí puedo estar tranquila»
«Imagino que la cama de matrimonio entra dentro de la zona relax,
¿no?» me lanza otra mirada atravesada.
«Esta habitación es zona vedada. Eres la primera que entra aparte del
ama de llaves. No te hagas ideas extrañas, por favor» descorcho el cham-
pán y lleno dos copas de cristal «Toma» le paso la copa «¡Salud!»

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«No estoy acostumbrada a beber antes del almuerzo» mira la copa en-
tre sus manos, no demasiado convencida.
«¡Oh, venga, es champán! Va bien incluso en el desayuno» río sentánd-
ome en el sillón. Eriko se queda de pie, vacilante, y yo admiro de nuevo
esa falda roja que desearía tanto quitársela de encima.
«Ritsuko, yo…» se sienta en el sillón a mí lado «Querría que habláram-
os de lo que está pasando entre nosotras últimamente» dijo, tensa.
«¿De qué en particular?» alargo la mano apoyándola sobre la de ella, y
después la subo hasta sus labios, acompañando la copa.
Eriko vacila un momento, después se decide a beber un largo trago.
«Buena chica… así, ¿ves? Es lo que se necesita para soltarse» le dedico
una sonrisa maliciosa y su respiración comienza a hacerse irregular.
Es inútil que te resistas. Sé de lo que estás hecha. Lo sé mejor que nin-
gún otro.
«Lo del otro día fue un error» dice bajando la mirada, poniéndose
recta.
«¿También lo fue lo del spa?» pregunto imperturbable.
«En el spa… habíamos bebido mucho» rebate Eriko continuando evi-
tando mi mirada.
«Mentirosa» digo en un susurró capturando su atención y finalmen-
te nuestros ojos se encuentran «Ten valor, explícame en qué nos hemos
equivocado» la provoco arrodillándome delante de ella «De todas mane-
ras, no podemos remediarlo, ¿no crees?» le quito la copa de las manos y
tomo en mi boca el vino restante.
Eriko me observa, lánguida, en silencio. Le acaricio la mejilla, y de-
spués desplazo los dedos hacia sus cabellos y los aprieto delicadamente
detrás de la nuca. La beso sin demora y ella bebe de mi boca, sin oponer
la mínima resistencia.
«Me vuelves loca» le digo apartándome de sus labios «No puedes pre-
sentarte en mi casa vestida así e intentar soltarme las mismas frases de
siempre» meto una mano bajo su falda y asciendo lentamente por sus
aterciopeladas piernas «No eres creíble…» susurro empujándola contra el
respaldar del sillón, besándola con pasión.

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«¿Cuándo podré hablarte sin ser interrumpida?» jadea, intentando
inútilmente recobrar el control.
«¡Qué pregunta!» río mordiéndole delicadamente los labios «Cuando
tu cuerpo sea satisfecho» me abro camino entre la tela de su ropa interior
y la toco «Mira» le enseño los dedos completamente mojados.
«Ritsuko, tú…» alza una mano para golpearme, pero el movimiento es
demasiado lento: la bloqueo y siento cómo mi corazón se inflama.
«Sé buena» digo hundiéndome en el mar verde de sus ojos «Ahora
basta de juegos…» le quito las braguitas y las tiro al suelo. Le abro las
piernas, levantando aquella adorable falda roja que se ha puesto, y entro
en ella.
La voz de Eriko se rompe y yo empujo fuerte llenándola con mis ma-
nos. Ella me acoge y su espalda se arquea mientras llego hasta el fondo.
«¿Te gusta?» continuó moviéndome con decisión contra ella, después
la libero de la camisa y le abro el sujetador. Eriko no responde, tiene los
ojos entrecerrados, la cabeza inclinada hacia un lado, las manos aferradas
a mis hombros «Dímelo…» insisto mientras me inclino sobre su pecho
para tomar su pezón entre mis labios.
«Sí… sabes que me gusta» dice en un lamento, entreabriendo la boca:
es tan excitante dejarla sin aliento.
Continúo moviéndome dentro y fuera de ella con mayor ímpetu, hasta
que el cuerpo de Eriko se tensa y siento cómo se corre. La observo mien-
tras se deja hundir en el sillón. Aún tiene los ojos cerrados, la piel perlada
por el sudor, el aliento entrecortado, los cabellos despeinados cayéndole
sobre el rostro…
Eres tan bella, Eriko… nunca dejaré de quererte…
«No hemos acabado» digo haciendo que resbalase hacia mí, después le
doy la vuelta sin sacar mis dedos de su interior y vuelvo a moverme dentro
de ella. Eriko acompaña mis movimientos, su cuerpo está de nuevo listo y
caliente.
«Buena chica, así…» le acaricio el pecho con delicadeza y le muerdo len-
tamente un hombro mientras ella se deja ir en un largo lamento. Sus manos
se aferran al reposabrazos del sillón y de nuevo se pierde en el éxtasis.

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Eriko…¿cuántos amantes te han dado este mismo placer?
«Ven» la cojo entre mis brazos y la conduzco a la cama «¿Estás bien?»
«Sí…» Eriko me acaricia la cara, sus ojos se cruzan con los míos y ahor-
ra es tan dulce… siento el corazón martillearme en la garganta: conozco
esa mirada.
«Ritsuko…» me llama en un susurro «Deja que te los suelte» dice qui-
tándome el pasador con el que he recogido los cabellos y apenas caen
sobre mi cuerpo, sus ojos se encienden «Eres bellísima» me besa y me
desnuda, recostándome en la cama. Sus manos me tocan como nadie ha
logrado hacerlo. Mi corazón se derrite de amor por ella. Cada parte de mi
ser se siente atraída por su irresistible esencia.
Haría cualquier cosa para tenerla ligada a mí. Daría todo lo que me
pertenece… solo por tenerla para siempre.
Pero Eriko, después de veinte años, me recompensa de la misma ma-
nera que entonces. Me toma con ternura y ardor, con paciencia y pasión,
con dulzura y desesperación… Lo hace como la noche de la ceremonia de
la entrega de los diplomas: como si fuera la última vez.

¿Por qué quieres dejarme de nuevo?

«¿Aún estás bebiendo?»
Eriko aparece desde el baño llevando puesto mi albornoz blanco. Tiene
los cabellos húmedos y las mejillas sonrosadas.
«He hecho que traigan fruta. Ya es hora de almorzar, ¿por qué no co-
mes conmigo?» pregunto intentando apagar el deseo que de nuevo me
asalta al verla aparecer de ese modo.
«No, gracias. No tengo hambre» desvía la mirada, se acerca y recoge su
ropa esparcida por el suelo «Tengo que volver a casa. Solo esta Sakura en
el negocio este mediodía» desaparece de nuevo en el baño para terminar
de arreglarse.
«¿No tenías que hablar conmigo?» muerdo un trozo de manzana.
«Sí» responde y un momento después vuelve a entrar en la habitación
«Había venido por esto» se acerca a pasos lentos.

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«Escuchemos» la incito mirándole atentamente.
Eriko reúne valor y suelta todo de un tirón.
«No podemos vernos más de este modo»

La frase de siempre…

«No entiendo qué quieres decir» continúo comiendo, colocándome
mejor la bata que llevo.
«Has entendido muy bien» rebate permaneciendo de pie en la habitación.
«Está bien» alzó la mirada hacia ella «¿Puedo saber por qué?» pregunto
dejándola sorprendida.
«¿Cómo que por qué? Me parece obvio. ¡No quiero ser una de tus
amantes!» me acusa veladamente.
«¿Quién te ha dicho que tengo amantes… en este momento?»
Eriko me observa, como examinándome.
«Sin embargo has tenido» añade.
«¿Y tú?» le devuelvo la pregunta.
«No» me mira con reproche «Si tengo que a ir a la cama con alguien a
quien no amo, mejor hacerlo con mi marido» me golpea.
«¿Me estás reprochando que no me he quedado lamiéndome las he-
ridas todo este tiempo?» intento más mal que bien mantener el control
«¡Qué estúpida excusa has encontrado para desembarazarte de mí esta
vez!»
«¡No quiero desembarazarme de ti!» rebate Eriko «Pero no quiero ser
tu amante. Fui clara cuando volvimos a vernos»
«Lo recuerdo. Me pediste que volviéramos a vernos y que retomáram-
os nuestra amistad» bebo un sorbo de champán mientras reflexiono.
«Iba todo bien hasta que…»
«Te besé en el spa» la interrumpo «¿Es eso lo que querías decir?» Eriko
asiente con la cabeza «Querida… tras aquel beso, casi me arrancaste la
ropa de encima y lo hicimos toda la noche, ¿tengo que recordártelo?» la
afronto y el rostro de Eriko se pone rojo inmediatamente «¿Por qué sen-
cillamente no aceptas la situación?»

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«Tú me provocaste. Te había pedido que no lo hicieras» se muerde los
labios con una expresión parecida a la de una muchachita.
«De hecho, no lo hice. Fue una reacción a tu modo de seducirme»
«¡De ninguna manera te seduje!»
«¿Ah, no?» suelto una carcajada «Entonces, ¿aquel vestido que te pusi-
ste esa noche, tus miradas… sencillamente fueron fantasías mías? Si hu-
biera sido así, tras aquel beso, me habrías dado una bofetada en lugar de
saltarme encima»
«¿Con cuántas mujeres has hecho lo mismo?» pregunta de repente,
sorprendiéndome.
«¿Qué tiene que ver eso ahora?»
«Responde»
La miro a los ojos intentando comprender si quiere solo un pretexto
para discutir o si de verdad está celosa por el hecho de que yo haya podido
estar con otras mujeres.
«Si hubiera logrado enamorarme de nuevo… no estaríamos aquí con-
versando juntas» digo seriamente.
«Entonces… las ha habido» Eriko parece perder color en el rostro.
«Solo una» admito bajando la mirada, intentando alejar otro recuerdo
doloroso.
«Y… ¿cómo era?» pregunta de modo sutil
«¿Qué?» me echo a reír «¿Te has vuelto loca?»
«Al contario. Quiero saber cómo era la mujer con la que intentaste
olvidarme» dice cortante. Ahora sé que no quiere simplemente dejarme,
sino que quiere poder acusarme de no haberla amado de verdad.
«Dejémoslo, por favor. Si la condición para continuar viéndonos es
que solo seamos amigas, me esforzaré para conformarme. ¿De acuerdo?»
aprieto los labios sintiendo cómo crece la rabia.
«¿Por qué no quieres responderme?»
«Sabes muy bien el motivo» me pongo de pie ya al límite «¡Solo quieres
escuchar lo bajo que caí para echármelo en cara!»
«Si te enfadas de esta manera… significa que hay algo que aún te une a ella»
insinúa «¿La dejaste por qué Asakawa te descubrió?» me golpea en pleno rostro.

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«No, no fue solo por eso» bajo la cabeza abatida «La relación con ella
no se puede comparar a lo que siento y siempre he sentido por ti. ¿Es po-
sible que no me creas?»
«Claro… ¿cómo podría ponerlo en duda?» rebate sarcástica «Sigues
siendo la misma. ¡Te dejas arrastrar por la pasión y no te preocupas de las
consecuencias!» me acusa «Apuesto a que la has destruido a ella también,
¿no es verdad?»
La miró directo a los ojos: estoy cansada de luchar, de sentirme juzga-
da… como si fuera un monstruo, como si solo sufrieran los demás.
«No tanto como tu hija» digo en un susurro, proveyéndole la excusa
para romper conmigo que buscaba desde el comienzo.
«¿Miyuki?» pregunta sin comprender «¿Qué tiene que…?» se calla de
improviso, iluminada por la verdad y su rostro se contrae en una mueca
aterradora.
«¿Tuviste una historia con Misato?» traga en seco «No, eso… es impo-
sible. ¡Solo es una muchacha de instituto!»
«Me dijo que estudiaba en la universidad y la creí» digo para salvaguar-
dar mi integridad.
«Tú…» se muerde los labios bloqueándose en la frase que estaba por
soltarme, pero golpea con el puño el respaldar del sillón donde poco antes
habíamos hecho el amor: está herida, desilusionada, perdida…
Eriko coge su bolso y se marcha, dando un portazo.
Ahora de verdad se había acabado.
Me dejo caer en el sillón atontada: siento el corazón romperse en mil
pedazos, los ojos picar, la cabeza estallar… Estoy derrumbándome.
«¡No!» intento contenerme «¡No tenía que terminar así!» siento las lág-
rimas resbalar desde mis ojos. Pierdo el control: lanzo la copa contra la
pared, haciéndola añicos. Tiró por los aires todo lo que encuentro sobre el
escritorio. Finalmente golpeo la lámpara de mesa con el dorso de la mano
y de mis labios sale un grito de dolor.
«¿Qué ocurre?» se abre la puerta de sopetón «¡Ritsuko! ¡Dios mío!»
«¿Has vuelto?» me giro con los dientes apretados hacia Hiro.
«¡Yumiko-san! ¡Yumiko-san!» grita desesperado llamando a nuestra

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ama de llaves, después se inclina sobre mí «¿Te has vuelto loca? ¿Qué esta-
bas intentando hacer?» arranca con fuerza la sábana de la cama e intenta
taponar el gran corte que me he hecho: había sangre por todos lados.

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Orange Cream - Flavoured
escrito por Scarlett Bell
con los dibujos de Aeryn Sun
***
Traducción: Natalia Trujillo Rodríguez
www.fanfiction.net/u/5685127/franchiulla
***

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