Ana Inés Ferreyra - Beatriz Moreyra (1999) LA CONCEPCIÓN HISTORICA DE CARLOS S. A.

SEGRETI Y LOS DEBATES HISTORIOGRÁFICOS CONTEMPORÁNEOS
Objetivo: rescatar la concepción histórica de Segreti; es decir como concebía el oficio del historiador y el resultado de ese trabajo: la explicación histórica, análisis que permitirá, por otra parte, ponderar la vigencia de su pensamiento historiográfico en el marco de los debates disciplinarios contemporáneos. La producción historiográfica ha experimentado una serie compleja de cambios, consecuencia de las insatisfacciones que generaron las explicaciones exclusivamente estructuralistas de los procesos históricos. Este enfoque llevó a considerar los diversos aspectos de la realidad histórica, no como una condición y actividad del hombre, sino únicamente como el producto de un sistema económico o como el resultado de una mera dialéctica social. Pero a partir de la década del 70, la práctica histórica se ha desplazado. En primer lugar hay un fuerte cuestionamiento al alcance explicativo de las concepciones macro-históricas que consideraban a la acción y a la conciencia individual y colectiva como fusibles de poderosos mecanismos sistémicos y una clara revalorización de los individuos y de sus trayectorias. Ello se vincula con la resistencia a la naturalización del mundo social, a la creencia que el mismo puede ser entendido como una sombra de lo real y al reconocimiento que la acción es socialmente estructurante. En segundo lugar, las preguntas que preocupan a los historiadores no son las claras y usuales categorías analíticas, sino también la por muchos años desvalorizada historia política y los sistemas de representaciones, de valores y de creencias conforme a las cuales los hombres modelan sus comportamientos. Un tercer giro importante fue de la macro a la microhistoria, del grupo al individuo, de la cuantificación al ejemplo individual. Por su parte, el intento de dilucidar la causación a nivel de los pequeños grupos llevó a descomponer, a reconstruir las sociedades globales en parcelas de al realidad que adquieren actualmente plena relevancia. Además, se desestructuran los grandes colectivos sociales como las clases en elites, grupos e individuos cuyas vidas, actividades, costumbres, derechos y valores son objeto de análisis histórico. Un cuarto viraje no menos significativo es el renacimiento de la política en todos los ámbitos. Lo político aparece como un campo englobador y polimorfo. En efecto, el territorio de lo político se ha extendido abarcando la lucha por el poder en espacios tan diversos como las instituciones políticas, económicas, sociales y culturales. Pero el más importante de los giros, que condiciona a los demás es el deslizamiento desde el predominio de los modelos explicativos del cambio social, estratificados y monocausales, a los modelos interconectados y multicausales. Este reproduce en el campo historiográfico las mutaciones acaecidas en el planteamiento científico respecto a la revalorización de lo singular, lo temporal frente a las abstracciones universales y a la necesidad de propiciar una explicación circular, según la cual la inteligibilidad de cualquier fenómeno es producto del feedback entre el todo y la parte. Estos deslizamientos en la producción historiográfica fueron motivo de reflexión crítica por parte de Segreti. Para él la historia consistía en al explicación de un conjunto temporal cuya coherencia substantiva era una combinación de interconexiones continuas y diversas, fruto de la acción estructurante y transformadora de la acción individual y colectiva y del poder condicionante de la estructura. Para su particular manera de hacer la historia, el desafío consistía en captar en un vaivén incesante el más local de los detalles y la más global de las estructuras. Se opuso siempre a despojar a la historia de su carácter humanista; por el contrario, creía firmemente que la vida social era una construcción de los individuos. Preocupación recurrente por rescatar la acción socialmente estructurante. Se resistía a considerar que la misión del historiador fuera la reconstrucción de estructuras acrónicas, sino que creía que su objetivo era dar cuenta de las transformaciones a través del tiempo. La atenta mirada al acontecimiento y al agente histórico y su continua relación con el todo estuvo presente en cada una de sus obras y en todas las temáticas que le preocuparon. A través de sus trabajos puso en evidencia que toda interpretación histórica dependía de un sistema de referencia subjetiva, y que todo análisis histórico remitía a la subjetividad del historiador. Más lejos estaba su concepción de algunos desarrollos muy contemporáneos que propician un subjetivismo completo o la negación de la posibilidad de conocer las realidades externas al sujeto. La tarea de Segreti, en este sentido, equidista entre el debate narración documental/narratividad del historiador. Frente a la fragmentación actual del objeto de conocimiento y a la radicalidad de algunas impugnaciones posmodernas que pretenden reducir la tarea del historiador a una actividad puramente retórica de interpretación de textos en lugar de la explicación de los acontecimientos mismos, la producción historiográfica de Segreti constituye una clarividente respuesta. Ella exhibe una lúcida propuesta para superar la dinámica de la dispersión al buscar rigurosamente conectar los cambios y las permanencias a través del tiempo en una visión de conjunto. Para él sólo se hacía historia con imbricación, conexión, intercambio de problemas o sucesivas convergencias hacia un centro. En efecto, a través de una multitud de análisis coordinados buscaba siempre desentrañar una problemática mayor. Opuso a las afirmaciones negacionistas de la realidad humana la solidez masiva de los hechos, entendidos como relaciones entre fenómenos y no como un polvo de acontecimientos, no como una yuxtaposición de piezas de información laxamente vinculadas. Pero además, sostenía que la historia era una forma de narración singular en el sentido que mantiene una especial relación con la verdad. Por otra parte, puso de manifiesto la centralidad del lenguaje en la historia política como herramienta para aproximarse al entramado de los complejos políticos y económicos que estudia

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Hay otros dos aspectos que no se pueden obviar en su concepción: lo que él denominaba la relación entre lo particular y lo general y la idea de la multicausalidad de los fenómenos históricos. Riguroso respeto a la historicidad de los conceptos y categorías generales a los que consideraba una expectativa a confrontar el curso del devenir histórico. Su camino no era del concepto clasificador a al generalización sino del concepto general a la especificidad histórica de su objeto de conocimiento Con respecto a la causalidad estaba convencido que la reconstrucción histórica debía permitir al historiador captar el entramado de los múltiples factores condicionantes del proceso histórico -agentes, fines, circunstancias- que daba como resultado un conjunto de diversos elementos que no era homogéneo sino que tenía sus cambios y permanencias y que combinaba lo material y lo mental. La matriz narrativa predominante en la producción histórica de Segreti constituye una configuración que le permite aglutinar y sintetizar el heterogéneo material que abarcan sus textos. Y ese estatuto narrativo, a veces complejo, denso y, por momentos minucioso, pero significativo es el que provee el principio de unidad y coherencia a sus trabajos. Con estos presupuestos disciplinarios, encaró la ardua pero creativa tarea de investigar y dilucidar los complejos procesos de la historia Argentina, incorporando el estudio de las regiones del interior a la categoría de cuestión nacional. Su producción historiográfica se centró con preferencia en torno a dos problemas esenciales de la historia argentina decimonónica: la formación del Estado nacional y el complejo y cambiante orden político en que se generó. Para resolverlos indagó por diversos tiempos y espacios de la historia argentina. Así, para construir una explicación más apropiada del proceso revolucionario que culminó con la independencia, consideró necesario analizar las últimas décadas del régimen colonial, desde los factores políticos y económicos intervinientes hasta el complejo proceso juego de las relaciones internacionales. Las numerosas exteriorizaciones de la crisis del poder colonial lo convocaron una y otra vez, en diversos estudios en donde analiza las deterioradas relaciones entre las autoridades rioplatenses, la cambiante política económica metropolitana, condicionada casi siempre por sus permanentes compromisos bélicos y el complejo juego de intereses que enfrentaba al comercio intérlope con los intereses monopolistas, las necesidades del fisco virreinal y las conveniencias británicas. Pero quizás fue al tiempo de la revolución y a la compleja transición que le siguió, a los que dedicó mayor empeño; contribuyó al conocimiento del período con una acertada interpretación del proceso, volcada en una profusa y fecunda producción. Estudió la revolución de 1810 a través de lo que denominó sus tres momentos esenciales -la conspiración, la toma del poder y la realización de su ideario- tras lo cual concluye que se trata de una revolución popular no porque se manifieste desde un comienzo a intervención del pueblo, sino porque existe un estado de necesidad de revolución. En todos los análisis sigue presente la idea e independencia y república como fines primordiales del cambio operado en ayo de 1810, así como el provisoriato que caracterizó las marchas y contramarchas de los gobiernos de la revolución. De igual manera, emerge como constante el problema entre pueblos subordinados y provincias cabeceras de intendencias y el aún más profundo y determinante de provincianos y porteños. Sostiene Segreti que la quiebra del orden intendencial posibilitó la construcción de un nuevo escenario político donde surge la provincia como entidad federal, bajo un particular sistema de autogobierno local, lo que no quiere significar estados soberanos como pretenden algunos autores. Esta nueva entidad provincia es posterior a la voluntad constitutiva, expresada en el pacto implícito de unión en igualdad de 1810, en la guerra por la idependencia y en los intentos de organización del estado, de ahí que, en la lógica de su pensamiento, la Nación precede a la provincia. En su estudio Federalismo rioplatense, Federalismo argentino, distingue la configuración de distintos tipos de federalismos, el separatista que se genera en Paraguay, el rioplatense, en la Banda Oriental, y un federalismo argentino, nacido desde la centralidad funcional de Córdoba. Con rigurosidad analiza el vocabulario político de la época, precisando el uso y alcance de términos como provincia, pueblo, república y estado. A estos estudios se suman otras investigaciones de su prolifera producción en las que insiste por diferentes períodos, en el problema nodal de la constitución del estado; y junto a ellos, los temas económicos a los cuales les dedicó no poca consideración. El siglo XX también mereció su atención en varias investigaciones, aunque de todas ellas, le dedicó especial atención al tumultuosos año de 1930, junto a la controvertida figura de José de Uriburu y a la crítica década que siguió después. La producción historiográfica de Segreti brinda un enfoque original, complejo, profundo y rigurosamente documentado de los procesos de la Argentina decimonónica, de ineludible consulta para todos los preocupados por este período fundacional de la historia argentina. [Ana Inés Ferreyra - Beatriz Inés Moreyra, “La concepción histórica de Carlos S. A. Segreti y los debates historiográficos contemporáneos” Separata del libro Carlos S. A. Segreti in Memorian. Historia e historias, tomo I, Centro de Estudios Históricos, Córdoba, 1999, pp. 463-476. ]

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