DIOS Y CIENCIA

Campoamor

“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!
¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Rm 11,33).
Según el Libro del Génesis (Gn 1,26-27), Dios creó al hombre a su imagen
y semejanza para que se señoreara en la tierra dotándolo de raciocinio, que sugiere
una patente de corso para indagar en los orígenes de la vida, del universo y de
toda creación divina. Para tales propósitos, el hombre ha venido utilizando su don
celestial enfocándolo en el desarrollo de la ciencia y de la tecnología.
Sin embargo, uno de los miembros más influyentes en la historia de la
comunidad científica: Max Karl Ernst Ludwig Planck, padre de la física cuántica
y Premio Nobel en 1918, fue tajante al afirmar: “La ciencia no puede resolver los
últimos misterios de la naturaleza porque, en última instancia, nosotros mismos
somos parte de la naturaleza, es decir, del misterio que tratamos de resolver”.
El misterio de la vida se enmarca en la dualidad Dios o Ciencia: ¿Fue
creada por un Ser Supremo o espontáneamente? La ciencia ficción, en el caso
narrado por Mary Shelley, en su libro “Frankenstein o el moderno Prometeo”,
edición 1818, tiene implicaciones en el asunto citadas por Wikipedia: “El texto
explora temas tales como la moral científica, la creación y destrucción de vida y
la audacia de la humanidad en su relación con Dios”.
La ciencia exhibe avances sustanciales en campos como la Medicina:
Intervenciones quirúrgicas de alta complejidad relacionadas con cardiología,
neurología, oncología, etc., en particular las asistidas por herramientas robóticas:
Da Vinci, NeuroArm, Minerva, etc., la Hipertermia, un tratamiento vanguardista
que utiliza calor para eliminar células cancerosas sin dañar células normales, o la
Inmunoterapia; la Biomedicina: que ha permitido crear nuevos equipos, sistemas
y dispositivos para cardiología (marcapasos, desfibriladores, balones intra-
aórticos, etc.), traumatología (prótesis, órtesis, etc.) y otras; o la Farmacología:
ciencia que guía la manipulación de moléculas para producir medicamentos, entre
los cuales llaman la atención los casos del Sildenafil (que convierte a los viejitos
en tigres) y de los “Prazoles“, Inhibidores de la Bomba de Protones (la tenemos
en el estómago), que reducen la producción de ácido en el jugo gástrico.

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El tema comienza a tornarse controvertido cuando se observa la evolución
histórica de la Biotecnología, que se registra desde la Mesopotamia de hace 10
milenios, pasando por los estudios de Gregor Mendel, con sus leyes que rigen la
herencia genética; de Louis Pasteur, quien desarrolló la “Teoría germinal de las
enfermedades infecciosas”, junto con el proceso de pasteurización; de Rosalind
Franklin, James Dewey Watson y Francis Crick, descubridores de la estructura
del ADN; de George Wells Beadle y Edward Lawrie Tatum, líderes en estudios
de “Regulación con genes de los eventos celulares”; hasta llegar a los resultados
recientes en la investigación genómica (secuencia del genoma humano). Este
método de secuenciación fue desarrollado por Frederick Sanger, bioquímico
británico y uno de los cuatro, hasta ahora, laureados en dos oportunidades con el
premio Nobel. Los otros tres fueron Marie Curie, Linus Pauling y John Bardeen.
Además, fue realizada la clonación (reproducción asexual) de la oveja
Dolly, lo cual provocó la intervención de representantes de la iglesia y de otras
instituciones, advirtiendo acerca de las implicaciones éticas y morales en cuanto a
la posibilidad de realizar ese tipo de experimentos en seres humanos. Los
anatemas contra la eutanasia y la eugenesia resurgieron con firmeza, a tal punto
que La Pontificia Academia Pro Vita, en “Problemas éticos relacionados con la
clonación humana”, 1997, argumentó con rigor: “La clonación humana se incluye
en el proyecto del eugenismo y, por tanto, está expuesta a todas las observaciones
éticas y jurídicas que lo han condenado ampliamente”.
Los estudios más recientes apuntan a la obtención de un poder omnímodo
por parte del hombre para manipular artificialmente la vida humana, relacionados
con: Células madre pluripotentes inducidas: guiado por Shin'ya Yamanaka y John
Gurdon, Premios Nobel de Medicina 2012 “Por el descubrimiento de que células
adultas pueden reprogramarse para convertirlas en pluripotentes"; Desciframiento
de genes: En 2008, la revista Science publicó un enorme avance: “Con técnica de
fluorescencia se logró secuenciar parte del genoma del mamut y muchos genes
del oso de las cavernas y del hombre de Neanderthal”.
Con la Ingeniería Genética, se han logrado grandes avances científicos en
relación con: Microorganismos genéticamente modificados, ADN recombinante,
Rejuvenecimiento celular, Especies sintéticas, Alimentos transgénicos, etc.

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Uno de los abanderados en este campo es Craig Venter, norteamericano
biotecnólogo, bioquímico, genetista y co-investigador del genoma humano, así
como líder en la creación de vida artificial; en tal sentido, la revista Science
publica, en 2010, una noticia histórica: “Venter, y su equipo lograron crear una
célula bacteriana con el genoma sintético o artificial”.
Uno de los desarrollos más vanguardistas de los últimos tiempos tiene que
ver con el “Chip de ADN”, un dispositivo con sondas que detectan los genes que
producen ciertas enfermedades, comparando los niveles de expresión de células
sanas y enfermas. Esta tecnología recuerda la película de ciencia ficción, de 1966,
“Viaje Fantástico”, y predice que en un futuro cercano crecerá sustancialmente la
expectativa de vida humana, que ha venido aumentando de forma progresiva en
los últimos tiempos. Según Wikipedia: “En los inicios del siglo XIX era entre 30
y 40 años, a inicios del siglo XX era entre 50 y 65 años, y para 2015 fue 71,4
años”. Una pesquisa realizada en Norteamérica en 2013 proyecta que en 2050
será 120 años, mientras que el director de Google Ventures: “Consiguió que
Google invirtiera US$ 425 millones, en 2015, en el desarrollo de tecnologías
médicas para modificar el ADN y prolongar la vida. Según sus cálculos, en el
corto plazo las personas podrían estar preparadas para vivir unos 500 años”. Por
ello la premura en desarrollar comida transgénica para alimentar a tanta gente.
En relación a lo aquí expuesto, César Paz-y-Miño, médico especializado
en Genética Clínica y Genética Molecular Humana, escribe: “Los científicos han
pretendido hacer prevalecer sus aciertos a fuerza de la razón; los religiosos,
imponiendo el dogma. La dualidad ciencia o Dios, racionalismo o fe, llama la
atención de los genetistas. Algunos estudios muestran una asociación importante
del comportamiento religioso con genes específicos. Se plantea que existe el gen
de la fe y la afición por lo místico, así como la neurobiología asocia zonas
cerebrales concretas que funcionan o no, según la orientación personal”.
No obstante, a pesar de todos los avances, algunas tesis teológicas indican
que el hombre jamás podrá fisgonear en la energía esencial que induce el soplo de
vida necesario para la reproducción natural porque, según argumentan: “Ello es
potestad exclusiva de Dios”. “Mirad: todas las vidas son mías, la vida del padre lo
mismo que la del hijo, mías son. El que peque es quien morirá” (Ez 18,4).

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Por otra parte, la afanosa búsqueda de los orígenes del universo ha
generado postulados cosmológicos esbozados en teorías como: Teoría del estado
estacionario, teoría inflacionaria, teoría de cuerdas, teoría del campo unificado,
teoría del todo, teoría del universo pulsante, teoría del Big Bang, entre otras.
Esta última pareciera gozar de un mayor número de partidarios y ha
provocado que el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN o Conseil
Européen pour la Recherche Nucléaire) construyera y pusiera en funcionamiento
(con accidente inaugural) el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas
en inglés), una máquina formidable concebida para descifrar el misterio del
llamado “Bosón de Higgs”, también conocido como “La partícula de Dios”.
En 2012, fueron mostrados por el CERN, con la presencia del teórico del
bosón Peter Higgs, resultados preliminares de análisis de datos del LHC que
anunciaban una nueva partícula que es "consistente con" el bosón de Higgs.
Adicionalmente, Stephen Hawking, connotado creyente e impulsor del
Big Bang, relataba que Juan Pablo II, le solicitó no estudiar el origen del
universo, citándolo textualmente: "Está bien estudiar el Universo y dónde se
originó. Pero no se debería profundizar en el origen en sí mismo, puesto que se
trata del momento de la Creación y de la intervención de Dios". En descargo del
Santo Padre, el propio Albert Einstein, apoyaba la imposibilidad absoluta de que
el hombre llegara a ese enigmático momento, cuando afirmaba: “Quien no sea
capaz, ante la inmensidad y el esplendor del universo, de experimentar en lo más
profundo de su alma un sentimiento de admiración hacia el Ser Superior, autor de
todo esto, no es digno de ser llamado Ser Humano”.
Max Planck, cierra la disertación de esta forma: "Podemos concluir que, a
partir de lo que la ciencia nos enseña, en la naturaleza hay un orden independiente
de la existencia del hombre, un fin al que la naturaleza y el hombre están
subordinados. Tanto la espiritualidad y la ciencia requieren la fe en Dios. Para los
creyentes, Dios está en el principio, y para los científicos se encuentra al final de
todas las consideraciones. Entre Dios y la ciencia no encontramos jamás una
contradicción. No se excluyen, se complementan y se condicionan mutuamente”.
Al simple mortal, le corresponde citar con humildad a Maimónides: “Sea
el Nombre de Dios bendito, y Su recuerdo se eleve por los siglos de los siglos”.

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