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TEMA 11.1.- La crisis de 1.808.

La Guerra de Independencia y los
comienzos de la revolución liberal.

I. La crisis de 1.808: El reinado de Carlos IV.
II. La Guerra de Independencia y la revolución política.
III. El reinado de José I.
I. La crisis de 1.808: El reinado de Carlos IV

Carlos IV (1.788-1.808) heredó el trono de su padre Carlos III, y en principio
continuó la política reformista del reinado anterior (Floridablanca continúa de primer
ministro). Sin embargo, una serie de factores internos y externos (Revolución Francesa)
condicionaron el reinado, hasta provocar una grave crisis. Entre ellos destacan:
- Crisis económica y social.
- Influencia de la Revolución Francesa y de las guerras contra Inglaterra.
- Crisis fiscal y del comercio colonial.
- Crisis política de la monarquía.

Crisis económica y social: Se produce un descenso de la producción agrícola,
debido al cultivo de tierras poco productivas y a varios años de malas cosechas. Como
consecuencia se dan crisis de subsistencia y epidemias (1.789-90 y 1.803-04). Esta
situación, unida a la pervivencia del régimen señorial, provoca protestas en el campo en
Andalucía, Extremadura, Castilla y Valencia.

Influencia de la Revolución Francesa y de las guerras contra Inglaterra: El
reinado de Carlos IV estuvo condicionado por la Revolución Francesa, que alteró la
política interna y externa. Para evitar la llegada de las ideas revolucionarias se formó un
cordón sanitario en la frontera con Francia, se persiguió a los ilustrados, y se estableció
una férrea censura. Los viejos políticos ilustrados (Floridablanca, Jovellanos) fueron
sustituidos, accediendo al poder Manuel Godoy (1.792).

En política exterior, España se alió con Inglaterra y Portugal para luchar contra
la Francia revolucionaria (Guerra de la Convención 1.793-95). Tras dos años de guerra,
la Revolución entra en un periodo más moderado (Directorio) y se firma la Paz de
Basilea (1.795). A partir de ese momento España mantendrá una política de alianzas,
que le llevan a estar subordinada a los intereses de Francia. Debido a ello España se
enfrenta a Inglaterra en diversos conflictos (1.796-1.801 y 1.804-1.808), que tendrán
como consecuencia la derrota y destrucción de la marina española (batalla de Trafalgar,
1.805). La pérdida de la flota perjudicó gravemente el comercio y las comunicaciones
con América.

Crisis fiscal y del comercio colonial: Las citadas guerras supusieron un elevado
coste económico, que agravó el problema de la deuda pública. Se tomaron diversas
medidas para solucionarlo, como por ejemplo: aumento de la presión fiscal, emisión de
títulos de deuda pública, y la más controvertida, desamortización de bienes de la Iglesia,
los llamados “Bienes de obras Pías”. Sin embargo, la deuda siguió creciendo sin
solución, puesto que los más poderosos seguían sin pagar impuestos.

Las guerras contra Inglaterra provocaron, además de la pérdida de la armada
española, un bloqueo marítimo por parte de los barcos ingleses, que impidió el normal
comercio con América. La práctica interrupción de las comunicaciones entre España y
las colonias agravó la crisis económica, redujo los impuestos fiscales y supuso
finalmente la pérdida del monopolio comercial con América.
Crisis política de la monarquía: El descontento contra Godoy por la grave
situación que vivía España se extendió a todos los sectores sociales y terminó afectando
también al propio rey Carlos IV. La Iglesia y la nobleza se oponían a las tímidas
reformas realizadas por Godoy. Los ilustrados, por el contrario, estaban descontentos
por las escasas medidas reformistas. La población campesina sufría las hambrunas y la
crisis económica, además de soportar las cargas fiscales.

En este contexto, los sectores privilegiados vieron en el príncipe Fernando la
alternativa, por lo que iniciaron maniobras para acabar con Godoy y sustituir al rey. Tras
una primera conspiración fracasada, estalla el motín de Aranjuez (18 de marzo de
1.808), dirigido por la nobleza palaciega y el clero, el cual termina con la detención de
Godoy y la abdicación forzada de Carlos IV a favor de su hijo Fernando VII.

La profunda crisis que vivía la monarquía española fue aprovechada por
Napoleón para intervenir en beneficio propio. A solicitud de Carlos IV, Napoleón hace ir
a Bayona a los reyes y allí logra que ambos abdiquen y dejen la corona de España en sus
manos (Abdicaciones de Bayona). Legitimado por las abdicaciones, Napoleón nombra
rey de España a su hermano José, y para ratificarlo convoca una reunión de Cortes en
Bayona.

Cuando se producen estos acontecimientos, el ejército de Napoleón había
penetrado en la Península en virtud del Tratado de Fontainebleuau (1.807) firmado con
Godoy. Teóricamente las tropas napoleónicas iban en dirección a Portugal, pero se
habían extendido por las principales ciudades y controlaban gran parte de España.

II. La Guerra de independencia y la revolución política

La salida de los últimos miembros de la familia real hacia Francia, hizo estallar
en Madrid una sublevación popular (2 de mayo de 1.808) contra las tropas napoleónicas
instaladas en la capital, que fue duramente reprimida por el mando francés (Murat). Al
conocerse los sucesos en otros pueblos, se fueron extendiendo los levantamientos contra
el ejército invasor.

Las viejas instituciones de gobierno y el propio ejército español, con algunas
excepciones, actuaron con pasividad e ineficacia, por lo que cayeron en el descrédito y
provocaron un vacío de poder. Ante esta situación, las fuerzas vivas de cada lugar
crearon Juntas locales y regionales, integradas por personas de ideología y procedencia
muy variada. En septiembre se formó la Junta Central Suprema, con representación
de las Juntas regionales, que fue presidida por Floridablanca. Las Juntas asumieron la
soberanía en nombre del rey, por estar éste ausente, y no aceptaron las abdicaciones de
Bayona. La Junta Central Suprema organizó la resistencia y la lucha contra el ejército
napoleónico, y además llevó a cabo una consulta al país y una convocatoria a Cortes con
el fin de que los representantes de la nación decidieran ante la difícil situación que vivía
el país.
Desarrollo de la guerra:

En junio de 1.808 el ejército francés estaba integrado por unos 170.000 soldados,
organizados en divisiones autónomas y con una gran movilidad. Napoleón confiaba en
dominar la Península sin mayores dificultades. Sin embargo, la movilización espontánea
de la población y la resistencia que opusieron los españoles a ser conquistados desbarató
los planes napoleónicos y forzó a una gran movilización de tropas francesas y a una
guerra larga y de desgaste. En la guerra se pueden distinguir tres fases:

1ª Fase: Mayo a Noviembre de 1.808. Napoleón da orden de ocupar todo el
territorio. Se produce una gran ofensiva sobre las principales ciudades, algunas logran
resistir de forma heroica el sitio (Zaragoza, Gerona). Por otra parte, en Bailén el ejército
francés es derrotado (Julio de 1.808) por el general Castaños, cuando penetraba hacia
Andalucía. La derrota tuvo una gran repercusión internacional, y obligó a los franceses
a retirarse hasta el Ebro. También José I debe huir de Madrid. A partir de entonces, la
guerra adquirió una mayor dimensión.

2ª Fase: Noviembre de 1.808- Julio de 1.812. Napoleón decide aplastar
definitivamente la resistencia española y entra en la Península con un ejército de
250.000 hombres. Avanza rápidamente, ocupándola en un año. Sólo algunas zonas de la
periferia y áreas montañosas del centro permanecieron libres. La Junta Central se
refugió en Cádiz. Pese al apoyo inglés, la superioridad del ejército de Napoleón obliga a
luchar de forma no convencional. Surge así la lucha de guerrillas, grupos formados por
antiguos soldados y civiles voluntarios, que reciben el apoyo de la población civil y
practican una guerra de desgaste. Esta forma de lucha se va extendiendo de forma
espontánea por la Península y se dedica a hostigar continuamente al enemigo,
obligándole a mantenerse siempre alerta y a utilizar sobre el terreno un gran número de
tropas. Entre los guerrilleros más famosos destacan en Castilla El Empecinado y el cura
Merino; y en Navarra, Espoz y Mina.

3ª Fase: Julio de 1.812- Diciembre de 1.813. El apoyo inglés fue importante
para el triunfo definitivo. El general Wellington al frente de un ejército de españoles,
ingleses y portugueses derrota a las tropas napoleónicas en la batalla de Arapiles
(Salamanca. Julio de 1.812). A partir de ese momento cambió el curso de la guerra.
Napoleón se vio obligado a retirar parte de sus efectivos para el frente ruso. En la
primavera de 1.813 las victorias anglo-españolas se suceden: Vitoria, S. Marcial.
Finalmente en diciembre de 1.813 se firma el Tratado de Valençay por el que Napoleón
devuelve la corona de España a Fernando VII.
III. El reinado de José I (1.808-1.813)

Como ya se ha indicado, Napoleón nombra a su hermano José rey de España tras
las abdicaciones de Bayona. Para legalizar su nombramiento convoca a Cortes en
Bayona, y allí otorga una ley fundamental conocida como Estatuto de Bayona, en la
cual plasma las reformas que quería introducir en España. Esta ley dada por Napoleón
establecía una monarquía autoritaria, en la que el rey tenía el poder legislativo. No
obstante, el texto recogía una serie de reformas socio-económicas (libertad de industria
y comercio, prohibición de amortizar nuevas tierras, igualdad fiscal) y concedía ciertos
derechos individuales (inviolabilidad del domicilio, abolición de la tortura, necesidad de
orden judicial para detener a una persona, libertad de imprenta).

Las leyes napoleónicas trajeron otras reformas importantes tales como: unidad
de códigos, supresión de aduanas interiores, separación del tesoro público del de la
corona, abolición de la Inquisición, fin del régimen señorial. Sin embargo, la guerra
imposibilitó la aplicación de las reformas y el rey José I tuvo escasos apoyos entre la
población. Únicamente una minoría de ilustrados, partidarios de las reformas de
Bonaparte, y algunos otros interesados colaboraron en el gobierno de José I. Los
afrancesados, como se les conoció, fueron acusados de traidores, y al término de la
guerra fueron perseguidos y muchos tuvieron que marchar al exilio.

El reinado de José I concluyó en 1.813 cuando las victorias anglo-españolas le
obligaron a marcharse y Napoleón firma con Fernando VII el Tratado de Valençay.