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¿Tengo un hijo con estrés?

“Mi hijo está triste y desanimado. No tiene ganas de jugar ni de salir
con sus amigos. ¡Y sólo tiene 7 años! No entiendo lo que le pasa… no lo
entiendo”. Nuestros hijos también pueden tener estrés. Nosotros
podemos ayudarles a superarlo, a veces, tan sólo escuchándoles.
Conocer por qué nuestro hijo está tan ansioso nos permitirá
comprenderle y ayudarle.

Hoy en día, nuestros hijos también tienden a llevar vidas ajetreadas. La mayoría de las
veces, somos los padres quienes pretendemos ocupar su tiempo libre y los inscribimos,
después de una jornada intensa en la escuela, en diversas y variadas actividades
extraescolares pretendiendo que refuercen su inglés, aprendan música o pintura, practiquen
algún deporte…

Es tal nuestro deseo por ofrecerles la mayor cantidad posible de oportunidades para su
formación que a menudo olvidamos que ellos necesitan un ritmo de vida más tranquilo
para poder ir asumiendo las demandas que su entorno les impone. Olvidamos
frecuentemente lo importante que es dejarles tiempo libre y poder así descansar, relajarse y
decidir por ellos mismos lo que prefieren hacer, siempre, preferiblemente, bajo la
supervisión de los mayores.

Otras veces, con nuestras particulares formas de sobrellevar las preocupaciones y
dificultades que la propia vida nos acarrea, nos mostramos, sin saberlo, como ejemplos
poco adecuados para nuestros hijos. Esas respuestas de ansiedad o nerviosismo
desmesuradas que todos hemos experimentado en algún momento, son patrones de
conducta que, si se repiten de manera continuada y sistemática, pueden ser
aprendidas por nuestros hijos como formas válidas de afrontar los acontecimientos de
la vida aún no siendo necesarias. Debemos tener presente que nosotros, los padres,
ejercemos como modelos de comportamiento para nuestros hijos y, como tales, la actitud
que adoptamos ante los avatares de la vida es muy tenida en cuenta por nuestros hijos
aunque no nos lo demuestren.

¿Qué es el estrés?

El estrés no es más que una respuesta natural de nuestro cuerpo y nuestro cerebro
ante una situación que requiere concentración. Todos hemos pasado por situaciones de
este tipo y nos hemos sentido ansiosos: la entrevista para un trabajo, la primera vez que nos
ponemos ante un volante, etc.

Es normal esta reacción e incluso podemos decir que es buena, porque nos ayuda a
mantenernos estimulados y activos en momentos difíciles o situaciones nuevas para
nosotros. El problema surge cuando este estado se prolonga en el tiempo. Los estados de

la vida escolar es el entorno donde se genera mayor estrés. la presencia de personas extrañas. pensamos que nuestros hijos son los que menos pueden sufrir con este cambio y más bien resulta todo lo contrario. situaciones que suponen un peligro real para la vida del individuo. Al estrés experimentado en este tipo de situaciones se le conoce como estrés post- traumático. rendimiento escolar. Muchas veces. etc. algunas veces. si no tratamos este tema con nuestro hijo. de amigos.  El nacimiento de un nuevo hermano puede interpretarse como una cuestión de rivalidad. abusos. con los preparativos de la mudanza.  En los niños de 7 a 12 años. eso les da seguridad. Es cierto que. descuidamos un poco la atención que prestamos a nuestros hijos y quizás dejamos de lado explicarles cómo va afectar ese cambio a la propia familia.  El cambio de residencia a una nueva ciudad o barrio con todo lo que comporta puede ser una situación que genere estrés en nuestro hijo. el cambio aún pueda generar más ansiedad en él. Factores que pueden conducir a nuestros hijos a un estado de estrés:  De entrada. de celos. están relacionados con el contexto familiar. como. los padres. la separación materna. relación alumno – maestro… . abandono. de lugares para divertirse.  La hospitalización por todo lo que comporta dicha situación: la separación de los padres y familiares. y también como una fuente de estrés si esta nueva situación no se trata con nuestro hijo. de 0 a 6 años.activación prolongados conllevan consecuencias negativas para nuestro organismo y es entonces cuando empezamos a hablar del estrés como algo problemático. Las situaciones estresantes que obedecen a un carácter evolutivo. El cambio de vivienda supone cambio de escuela. etc. es decir. por ejemplo. tales como dificultades con el grupo de clase. que para cada edad existen unos síntomas propios que generan estrés son:  En los niños pequeños. Ellos necesitan sentir que su entorno más próximo permanece estable. Y no sólo eso. la ruptura de la rutina diaria…  Las experiencias traumáticas como accidentes de tráfico. vivencias de guerras… es decir. cualquier cambio que tenga lugar en su vida y entorno próximo puede generar en sí mismo un estado de estrés si no se produce un proceso de adaptación al mismo que sea satisfactorio.

etc. etc. dolores de cabeza. preocupación excesiva por las cosas. estado de ánimo decaído. inicio de las primeras relaciones de pareja. agresividad. inquietud motora.  También podemos notar efectos sobre el rendimiento académico (dificultades con los estudios. manos sudorosas. de 13 a 18 años. temores. . tales como. disminución del apetito. pensamientos obsesivos. disminución de las defensas del organismo… así como manifestaciones de conducta. son las situaciones estresantes más comunes en esta etapa del desarrollo. son:  Efectos sobre la salud física y psíquica. si se perpetúa en el tiempo. excesiva tensión muscular.  En los adolescentes. dificultades para dormir. los aspectos relacionados con la apariencia física. nuevas y crecientes responsabilidades. Podemos notar que nuestros hijos presentan molestias estomacales. falta de concentración y atención…) y en las relaciones interpersonales (con la propia familia y amigos…). náuseas. Susana Silvestre Boguñá Psicóloga El estrés infantil Las consecuencias que un estado de estrés puede ocasionar.

 Las características que configuran su personalidad. Tanto adultos como niños pasaremos etapas a lo largo de nuestra vida más angustiados y preocupados que de costumbre. El éxito de una buena adaptación a una situación estresante depende de:  La propia apreciación que el niño haga de la situación. Será importante la existencia de un diálogo de confianza entre padres e hijos donde poder tratar las angustias.  Su capacidad para expresar lo que siente y así poder saber la causa fundamental.  La ayuda de un especialista. puede desembocar en depresiones. Deberemos observar si estos síntomas se prolongan en el tiempo y si se convierten en comportamientos realmente habituales. El hecho que nuestros hijos muestren alguno de estos síntomas no significa que estemos frente a un caso de estrés. Susana Silvestre Boguñá Psicóloga Consejos prácticos . miedos y preocupaciones que el niño pueda tener ante dicha situación.  En casos más complejos y prolongados.  El apoyo familiar y social que se le pueda brindar.  Las habilidades que tiene para afrontar el cambio.

las decepciones… pueden ser factores que provoquen estrés. La incapacidad para realizar con éxito sus tareas.“Mi hijo está triste y desanimado.  Dejarles tiempo para descansar. Nosotros podemos ayudarles a superarlo. ¡Y sólo tiene 7 años! No entiendo lo que le pasa… no lo entiendo. Conocer por qué nuestro hijo está tan ansioso nos permitirá comprenderle y ayudarle. Esta será una de las formas por las cuales podremos realmente saber lo que le está ocurriendo a nuestro hijo. tan sólo escuchándoles. las metas inalcanzables. Es importante que no se sientan presionados a hablar sobre sí mismos. No tiene ganas de jugar ni de salir con sus amigos. evitaremos atosigarlo con preguntas sobre cómo se encuentra e intentaremos no controlar en exceso cada cosa que haga o que diga.” Nuestros hijos también pueden tener estrés.  Adaptemos las responsabilidades que deban asumir a su edad y las capacidades reales que tenga nuestro hijo en ese momento. A menudo no nos damos cuenta de la enorme carga de trabajo que soportan nuestros hijos.  Crear espacios dentro de la familia donde el niño pueda expresar cómo se siente. . relajarse o divertirse con sus amigos.  Aunque estemos preocupados por la situación de nuestro hijo. a veces.

no demos muestras de estrés. Susana Silvestre Boguñá Psicóloga . de amistades.  Tengamos presente que no siempre los síntomas anteriormente mencionados obedecen a un estado de estrés. En caso de no ser así. Debemos dar tiempo a las manifestaciones provocadas por el estrés y observar discretamente cómo evoluciona la actitud de nuestro hijo. se deberá derivar el caso a un especialista en el tema. un cambio de vivienda supone también cambio de colegio. No debemos alarmarnos. sería recomendable acudir al médico de cabecera para descartar cualquier problema de tipo orgánico. su conducta y su estado físico.  Recordemos que somos modelos a imitar por nuestros hijos.  Si observamos que los síntomas persisten en el tiempo. aunque esta sea por el bien de él. va a ser vivida cómo positiva. Por ejemplo. Estos pueden producirse por otras causas. mudanza… Debemos explicarle previamente cómo va a afectar a la familia esta nueva situación.  No demos por hecho que cualquier situación de cambio en la vida de nuestro hijo.