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“El Escritor de Epitafios”, de Hernán RIVERA LETELIER

Por Javier MUNGUÍA

http://javiermunguia.blogspot.com

Si en algo solemos coincidir detractores y admiradores de Hernán Rivera
Letelier (yo me cuento entre los segundos) es en que el chileno es un buen
contador de historias.

A algunos, ansiosos de autoficción y erudición explícita, esto les parece poco. A
otros, convencidos de que la narrativa tiene, ante todo, la obligación de contar,
nos parece bastante. No es que Rivera Letelier sea un narrador del todo
convencional: en sus novelas desfilan recursos como la alternación de planos,
la fragmentación e inversión temporal, e incluso la hibrides entre memorias y
ficción. Su estilo, mechado de imágenes poéticas (algunas incluso temerarias)
que nunca se vuelve mera palabrería, que dotan de contundencia a las
acciones en vez de estorbarlas, tampoco se puede llamar precisamente
discreto. Sin embargo, todos estos trucos se encuentran en sus libros no por
afán de exhibicionismo, sino al servicio de las historias que su autor narra.

A lo largo de doce novelas y un libro de cuentos, pocas veces se ha apartado
Letelier de la pampa salitrera chilena, a la cual ha convertido en su propio
territorio ficticio: desfilan por sus páginas tiernas prostitutas, cristos
fornicadores, mineros explotados y locos inofensivos. Su creador no nos ahorra
detalles de sus vidas difíciles y solitarias ni de sus entusiasmos bíblicos. Aun
con la dureza de sus vidas y sus destinos aciagos, la amistad, el sexo, el futbol,
el amor, la música, la rebelión, el juego, el cine o la fe, entre otros paliativos,
parece redimirlos.

En su más reciente novela, El Escritor de Epitafios, que no transcurre en la
pampa salitrera, la capacidad de fabulador de Rivera Letelier resulta puesta en
duda. Uno se pregunta si le habrá llegado ya un agudo agotamiento creativo.
Aun cuando su anterior libro, El arte de la resurrección, que le hizo ganar el
Premio Alfaguara y favoreció su internacionalización, no está entre lo mejor
que ha escrito, es una buena novela, pletórica de humor y ternura, de
personajes excéntricos y entrañables enfrentados al poder. No es el caso de la
obra que hoy reseño.

muy cortos. la mayor parte. Rivera Letelier inventó un puñado de personajes que le gustaron y quiso desarrollarlos sin tener en mente un conflicto sustancioso que sostuviera la trama. en el mal sentido. muy parecido al que el propio autor suele visitar casi a diario en Antofagasta (la portada de la edición chilena del libro.El Escritor de Epitafios transcurre en su mayor parte en el modesto café de una anónima ciudad de provincia. El personaje central es un ángel con pretensiones de poeta metido al oficio de escribir epitafios. tampoco está más poblado: como no hay un motivo poderoso para que el ángel y la gótica no estén juntos (a nadie le importa la diferencia de edad). El problema es que este amor es lánguido en exceso y no da para las 129 páginas de la novela. Articulo: http://www. lo cual pretende sugerir cierta filiación entre el autor y su protagonista). Se busca dar mayor peso al libro narrando de forma somera el duro pasado del escritor como opositor de la dictadura y su enfrentamiento ante la moral conservadora. Da la impresión incluso de que. de humor. del Escritor de Epitafios. que pretenden configurar un plano íntimo. Sus compañeros de tertulia no son menos singulares: el Pintor de Desnudos. Nos encontramos con algunos capítulos. García Márquez y Vargas Llosa. la contrariedad se le atribuye a una inverosímil panda de góticos cuyas motivaciones para amenazar al protagonista nunca se nos sugieren siquiera. ni progreso de la acción ni imágenes memorables. lírico. El Escritor de Epitafios. en cursiva. Cada apodo nos será explicado a través de anécdotas con cierta gracia a lo largo del libro. de emociones. en el conjunto de la valiosa obra de este minero metido escritor. más que una historia. pero que nada aportan a la historia. el Escultor de Locomotoras. pero ni eso salva una novela escasa de sucesos. El resto del libro.net . libro prescindible y de cierto modo excepcional. que puede verse aquí. El resultado: una novela que aburre pese a ser tan corta. El vértice de la obra es el amor entre el presunto ángel y la Niña Gótica. apasionado de las historias y admirador de Rulfo. el Fotógrafo de Cerros. que un día se apersona en el café y deja prendado a nuestro héroe. el Actor de Teatro Infantil y la Poetisa Erótica. desprovista de los mejores atributos de su autor. muestra al propio Rivera Letelier escribiendo en un café.revistadeletras.