Biografía de Científicos Canarios (BCC).

Francisco Martínez Navarro y Emigdia Repetto Jiménez

CONTENIDOS PROVISIONALES DE LOS CONTENIDOS DE LA EXPOSICIÓN Adelantamos una breve sinopsis de los contenidos de la exposición sobre la Ciencia en Canarias y las biografías de los científicos canarios (BCC) de los siglos XVIII, XIX y XX, con el propósito de que los contenidos generales de la misma sean conocidos por los documentalistas, diseñadores, dibujantes y técnicos encargados de elabora el material de la exposición y puedan ir adelantando su trabajo, sobre todo el material gráfico y audiovisual. Los textos definitivos para los paneles de la exposición serán entregados por los coordinadores de la misma a principio de octubre.

Ciencia y Tecnología en Canarias. Biografías de Científicos Canarios (BCC)
Hasta avanzado el siglo XVIII no puede hablarse de Ciencia moderna en España. El sostenimiento desde el siglo XVI de un esquema religioso absolutamente cerrado había hecho imposible la difusión en toda España de los principios y de las obras que sustentaron la revolución científica de los siglos XVI y XVII. Todavía en pleno Siglo XVIII, en el llamado siglo de la Razón los estudiosos españoles defendían la concepción de nuestro planeta como centro del sistema solar y los Principia Mathematica y las teorías de Newton eran ignorados en España La Revolución Científica de los siglos XVI y XVII, punto de partida en la que hubo una total ausencia española, se había introducido en España tardíamente durante el tercio de la centuria anterior (siglo XVII), a través del movimiento renovador de la ciencia española denominado novator. El Siglo XVIII supuso, en España, un cambio de dinastía monárquica. Los Austrias son reemplazados por los Borbones, que tras la guerra de sucesión, empiezan la dinastía española con Felipe V. En Canarias la crisis económica y política, que ya venía del siglo anterior, permanecerá estancada durante toda la mitad del siglo XVIII. Aunque ya en la época del reinado de Fernando VI, se viven en las islas un periodo de paz con los piratas ingleses y comienza un espíritu más renovador, hay que esperar al reinado de Carlos III, en 1760, para que el espíritu de la ilustración llegue a Canarias y las islas puedan vivir una de las épocas más florecientes de su historia, caracterizadas por un afán renovador, brillante y liberal. La ciencia en la ilustración En la segunda mitad del siglo XVIII, bajo los impulsos de la ilustración y de la ciencia europea, los Borbones iniciaron una incipiente política científica, que tendría efectos positivos en el intento de acercar a España hacia el nivel de las ciencias alcanzado durante la centuria por los países europeos avanzados. De acuerdo con los presupuestos de la mentalidad ilustrada, en dicho esfuerzo desempeño un importante papel la promoción de la actividad científica y técnica. Por una parte se envían estudiantes a Europa y se contratan científicos extranjeros; por otra se crean nuevos institutos científicos que operan fuera del marco de una Universidad anacrónica centrada todavía en los estudios teológicos y jurídicos. En 1718 los gobernantes de Felipe V habían establecido becas para facilitar los estudios en el extranjero y en la segunda mitad del siglo se generalizaron estas salidas, lo cual

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constituía algo inédito en un país en el que hasta entonces ello estaba prohibido. Esto permitió a los estudiosos españoles adquirir nuevos conocimientos y abrir nuevos horizontes, estableciendo relaciones con científicos de otros países. A mediados del siglo XVIII sectores importantes de la nobleza, el clero y de los grandes comerciantes entran en contacto con el desarrollo científico europeo, a través de España y otros países del continente recibiendo el influjo de la ciencia de la ilustración. El espíritu enciclopedista o de la ilustración francesa prende muy pronto en las clases aristocrática y burguesa de la Sociedad Canaria. Como ejemplo del movimiento de la Ilustración nacen las tertulias de La Laguna, del Puerto de la Cruz y de Las Palmas de Gran Canaria, con un espíritu renovador y reformista. Es famosa las tertulia de La Laguna auspiciada por el marque de Villanueva del Prado, D. Alonso de Nava y Grimon, en las que participara Viera y Clavijo y Clavijo y Fajardo A ellas se les debe los primeros periódicos insulares y la creación de las primeras Reales Sociedades económicas de amigos del País en 1776. Las características propias de la estructura geológica de Canarias, el vulcanismo, la vegetación y algunos aspectos zoológicos estimularon el estudio de la naturaleza insular desde la primera mitad del siglo XVIII, siendo visitada por numerosos naturalistas, desempeñando así mismo, por su enclave marítimo, el papel de escala científica en el Atlántico en las grandes expediciones de la ilustración y visitada por relevantes naturalistas como Humboldt, que realizo importantes trabajos. Si nos remontamos al inicio de la ciencia como actividad profesional consolidada, es decir, en la época de la Ilustración, fueron fundamentalmente tres canarios, Agustín de Betancourt y Molina, Jose de Viera y Clavijo y José Clavijo y Fajardo, los que introdujeron las ideas científicas en una España y una Canarias sin tradiciones culturales, muy católica, literaria y artística, pero también muy retrasada científica y tecnológicamente.

Siglo XVIII Siglo XIX Siglo XX

Científicos canarios seleccionados para la BCC José de Viera y Clavijo (1731- 1813) Agustín de Bethencourt y Molina (1758-1824) Gregorio Chil y Naranjo (1831-1901)
Juan de León y Castillo (1834-1912)

Blas Cabrera Felipe (1878-1945) Juan Negrín López (1892-1956) Antonio González González (1917-2002) Telesforo Bravo Expósito (1913-2002)

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I. Siglo XVIII 1. Agustín de Betancourt y Molina (1758-1828)
El tinerfeño Agustín de Betancourt nace en el Puerto de la Cruz, Viajó por Inglaterra y Francia para aprender física, matemáticas e ingeniería. De vuelta a España fue el fundador del Gabinete de Máquinas, en 1792, y el primer director de la Escuela de Ingenieros de Caminos, introduciendo en España el concepto de que los ingenieros deben poseer una buena base científica. Entre sus logros técnicos destaca que mejoró la máquina de vapor de Watt, un hecho que permitió a un país como Francia seguir los pasos de Inglaterra en la Revolución Industrial o inventar un sistema de esclusas para navegar por canales. En España no pudo hacerse una revolución industrial, entre otros motivos, porque Betancourt, en otra característica que parece común en algunos científicos canarios, tuvo que exiliarse de España tras la vuelta del absolutismo que impuso Fernando VII quien, entre otras disposiciones anticientíficas, en 1814 instauró nuevamente la Inquisición. Galileo ya había sido condenado por la Inquisición en 1616, sólo por demostrar algo tan obvio científicamente como que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y río al contrario. En esa España de Fernando VII retrocedimos dos siglos. Pero Betancourt, pese a su exilio, enlazó la física y la ingeniería española con la europea, siendo profesor en París o ingeniero principal del zar Alejandro I de Rusia. Sus libros sobre mecánica e hidráulica fueron durante decenios las obras de referencia de los ingenieros europeos. Y puede decirse que San Petersburgo -una ciudad que literalmente lo reverencia- está diseñada por él. Una ciudad en la que, además, Betancourt fundó la primera Facultad de Ciencias Exactas. Y no hace falta decir el nivel que ha alcanzado la matemática rusa. En Madrid tiene una calle importante, muy cerca de ella se ubicaba el rascacielos Windsor, destruido en un incendio. El edificio principal del campus de Ingeniería de la Universidad Carlos III de Madrid también lleva su nombre.

El ministro Floridablanca le encomendó en 1783 un estudio sobre los trabajos que se realizaban en las minas de Almadén. Luego fue enviado a París para ampliar estudios y conocimientos y para estudiar la organización de la ingeniería civil francesa y dirigir el grupo de pensionados españoles de la materia. Permaneció allí durante varios años, cuya estancia fue muy importante para su posterior labor científica y práctica. En París enseñaban entonces: Lagrange, Laplace, Lavoisier y Monge del que fue alumno interes<ndose por la maquina de vapor, para lo que viajo después a Inglaterra en 1788. En 1788 fue nombrado por Carlos IV director del Real Gabinete de Máquinas de Madrid, puesto al que se incorporo en 1791, cuando regreso de París, trayendo centenares de modelos y de dibujos documentados. Bajo su dirección se creó el cuerpo de facultativos (1799) y la Escuela de Caminos y Canales (1802). Betancourt diseñó máquinas para dragar los canales, estudio la fuerza motriz del vapor de agua, procedimientos para blanquear la seda y extraer el betún de la hulla. En 1787 se intereso por la comunicación a distancia estableciendo comunicación entre Madrid y Aranjuez usando las botellas de Leyden. Proyecto un modelo de telégrafo óptico. En 1793 hizo un nuevo viaje a Inglaterra, en donde permaneció dos años. En Londres visitó industrias, estudió y realizó nuevos ingenios y profundizó en la teoría de las máquinas. Comenzó a estudiar la cinemática de los mecanismos. En

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1797 la guerra entre España e Inglaterra le obligo a abandonar este país. De nuevo en España, siguió al frente del Gabinete de Máquinas, incrementado por el con muchos nuevos modelos y fue nombrado inspector general de Puertos y Caminos e intendente de Carlos IV. Reorganizo toda la red de caminos y canales de la península. En 1803 comenzó a escribir con Lanz, el “Ensayo sobre la composición de la máquinas”. En 1802 fue inaugurada la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, de la que fue director en sus primeros años. La invasión francesa le llevo a abandonar España. Al comenzar la Guerra de la Independencia (1808), emigró a Rusia, donde residió hasta su muerte, convirtiéndose en una figura central para el desarrollo de la ingeniería civil en el imperio zarista. En 1807 visitó Rusia por primera vez, regresando luego a París. Al año siguiente acepto la invitación del zar Alejandro I y fue destinado al Departamento de Vías y Comunicaciones y designado mariscal del Ejército ruso. En 1809 es nombrado jefe del nuevo instituto del Cuerpo de ingenieros de Vías de comunicación. Realiza numerosos proyectos de ingeniería civil: "Modernización de la fabrica de armas de Tula", "Proyecto de draga para el puerto de Kronstadt", "Proyecto de primer gran puente de arco en Rusia", "Proyecto para montaje de una fábrica de papel moneda". En 1819 tras el fallecimiento del titular anterior es nombrado Betancourt, Director General del Departamento de Vías de Comunicación del Imperio Ruso. Creó dos escuelas de formación del personal técnico, impulso la construcción de carreteras, ferrocarriles, máquinas para la fabricación de tejidos, instalación para la fabricación de cañones de Kazan, abastecimiento de aguas de Nijni Novgorod, canal de Betancourt en San Petersburgo, feria de Nijni Novgorod (ciudad que hoy lleva el nombre de Gorki) proyecto de trasvase de agua potable a Kazán, caminos del Sur del Caucaso, etc. Su obra más importante es un “Essai sur la compositión des machines” (1808), que escribió en colaboración con el mexicano José MarRa Lanz, colega suyo de la escuela madrileña. Fue el primer manual europeo sobre máquinas y mecanismos y sirvió de texto en escuelas técnicas durante varias décadas. Fue investigador, inventor, ingeniero, pedagogo, directivo, Agustín de Betancourt ha sido calificado de "héroe español del progreso" por Bogoliubov, su biógrafo ruso.

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2. José de Viera y Clavijo (1731-1813)
Historiador, científico y naturalista, fue una personalidad relevante del movimiento ilustrado en las Islas Canarias. Animo las tertulias de la época en su tierra natal. Pasa residir en La laguna desde 1757, participa en las tertulias de amantes de las Ciencias y de las Artes que se reunían en la casa del marqués de Villanueva del Prado, Tomás de Nava Grimón. Asistían a estas reuniones varias de las personas de mayor cultura de la isla. La enciclopédica biblioteca del marqués (la más rica y selecta del Archipiélago le permitió conocer a los grandes autores franceses del XVIIII (Voltaire, Rousseau, Fontenelle, etc.) Participo en la redacción de los primeros periódicos de las Islas: El papel Hebdomadario (1757-58), El Síndico Personero (1764) y la Gaceta de Daute (1765) fueron redactados por el Sacerdote tinerfeño en esté período. El afán de Viera y Clavijo por las Ciencias y por la Historia Natural era ya manifiesto en su período lagunero. Clara manifestación de ello son su: “Observaciones del paso de Venus sobre el disco solar”, del día 3 de julio de 1769 y “Carta filosófica sobre la aurora boreal”, observada en la ciudad de la Laguna el 18 de enero de 1770. Escribió una “Historia General de las Islas Canarias”, publicada entre los años 1772-1783 que significo una importante aportación a la historiografía del archipiélago. Los cuatro tomos de la Historia de Viera y Clavijo constituyen un ingente material de noticias sobre el pasado del Archipiélago y un gran valor como texto de consulta que se ha mantenido hasta nuestros días. A partir de 1784 es cuando podemos hablar de un Viera y Clavijo científico y naturalista. En el año 1785, con motivo de acudir a la villa de Teror durante las celebraciones de la Virgen del Pino, lleva a cabo un análisis de las aguas de la Fuente Agria, presentando una memoria de los resultados obtenidos a la Real Sociedad Económica de amigos del País de Las Palmas de Gran Canaria, de la que será director desde 1790. Entre noviembre de 1785 y marzo de 1788 traslada a la citada entidad una serie de memorias en las que manifiesta sus conocimientos de química, mineralogía y botánica sobre la orchilla, la barrilla, el tártago o ricino desde la perspectiva de sus usos industriales y económicos. Lo que domina en Viera es su interés por la historia natural desde su llegada a Gran Canaria comenzó a reunir colecciones de piedras, conchas, lavas, y rocas volcánicas, y se dedico a observar plantas y árboles, aves, reptiles y peces. Formó así un gabinete de historia natural de las islas, posiblemente el primero que se reunió en el Archipiélago. En la última etapa de su vida elaboró un “Diccionario de historia natural de las Islas Canarias” pleno de detalladas descripciones y teñido de un temprano espíritu conservacionista. Se trata de una descripción detallada de ejemplares de los tres reinos de la naturaleza: rocas y minerales, plantas y especies animales del Archipiélago Canario, endémicas o no de estas islas. Es el primer compendio descriptivo de la Naturaleza insular. Esta obra se publicó sesenta años después de su muerte, en 1873.
TEXTO DE JOSÉ VIERA Y CLAVIJO SOBRE EL ANÁLISIS DE LAS AGUAS DE LA FUENTE AGRIA DE TEROR1 “...Me fui después al campo, a la fiesta del Pino de Teror, me divertí con los paisanos y con aquella naturaleza rústica pero magnífica, especialmente con el examen analítico que hice en su debida forma, de la fuente agria, para lo cual había llevado conmigo los utensilios y reactivos

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Carta de José Viera y Clavijo al Marqués de Villanueva

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necesarios. Esta operación me sirvió de singular entretenimiento, por lo que los experimentos que practicaba me salían todos según anticipadamente los preveía, y sus fenómenos eran peregrinos. Ya puede V. inferir que la causa de aquel vivísimo ácido y picante es el Aire fixo o gas calcáreo de que está saturada; pero los arbitrios de que usé para manifestarlo con entera evidencia, fueron verdaderamente curiosos. He puesto por escrito mis observaciones, y por presentarlas a alguien, las he presentado a la Sociedad Económica de amigos del País, para lo cual estará en Griego...”

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II. Científicos del Siglo XIX
3. Gregorio Chil y Naranjo (1831-1901) El Dr. D. Gregorio Chil y Naranjo, Nació en Telde en 1831 y murió en 1901. Médico de profesión, fue fundador del Museo Canario ubicado en Las Palmas de Gran Canaria. De su faceta de escritor destaca su obra "Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las Islas Canarias". Fue nombrado Hijo Ilustre de la ciudad de Telde. Fue quien más contribuyó a consolidar la antropología y prehistoria de Canarias y darla a conocer en Europa. En este sentido, el Museo Canario se convierte en un centro de suma importancia en el estudio de los aborígenes canarios y como una forma de preservar la identidad propia. Su preocupación no giraba sólo en torno al mundo aborigen, sino al mundo natural de las Islas, las artes y las letras. El Dr.Chil pertenece a esa afortunadamente inextinguible especie del humanista, que sin solución de continuidad y desde lejanos tiempos, viene iluminando y descubriendo sendas y caminos a la investigación y al pensamiento. La vida de D.Gregorio iba a estar grandemente influenciada y marcada por lo eclesiástico, no solo en su periplo vital, sino en su ascendencia. El Dr. Chil rompe con su destino sacerdotal al que había sido destinado por su tío y protector y emprende el camino de París para comenzar los estudios de Medicina, gracias a la ayuda económica de su tío Gregorio. La llegada de Chil a París coincide con el estallido de la Revolución del 24 de Febrero de 1848, que acabó con la monarquía de Luis Felipe de Orleans, el Rey burgués Después de nueve años de estancia en la capital francesa, sin haber tenido otro contacto con la isla que el epistolar, pues pasaba los veranos en la ciudad de Marsella, lee su Tesis Doctoral, rematando así sus estudios médicos. Nunca cesó su admiración y su cariño por París y la cultura francesa, que puso de manifiesto París, no solo le enseñó Medicina y el arte de curar sino la afición a los estudios antropológicos a través de su conocimiento del prof. Broca uno de los fundadores de dicha rama científica. Fue todo ello el germen de sus aficiones que luego desarrollaría en su tierra Canaria. A su vuelta a Gran Canaria, y cono trámite obligado para ejercer su profesión ha de ir a Cádiz para revalidar el título de Licenciado, cosa que obtiene el 16 de junio de 1860, con nota de sobresaliente. Se establece en Las Palmas y abre su consulta, a la que al cabo de los años no debió conceder demasiada atención, para dedicarse a sus estudios y aficiones favoritas, la Antropología, de donde surgió el Museo Canario, pero sin descuidar otros problemas de carácter científico, tecnológico y económico, como no podía ser menos en una mente abierta y preocupada por el progreso y bienestar de su isla.

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Así también presta atención al tema de la cochinilla, ya en decadencia frente a los colorantes sintéticos, llegando, merced a sus conocimientos biológicos a proponer su substitución por la cría del gusano de seda. En sus "Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las islas canarias", se hace alusión de manera mas o menos directa y en términos elogiosos a la Teoría de la Evolución de Darwin, cuyo libro: Origen de las Especies, se publicó en 1859 justo el año en el que el Dr.Chil regresa a nuestra isla. La obra apareció en fascículos y con ciertos intervalos desde 1876, estando dedicada a su tío, padrino y benefactor D. Gregorio Chil y Morales, como prueba de gratitud por haberle costeado la carrera y donado su riquísima biblioteca de mas de cuatro mil volúmenes. Cuando se llevaban publicados varios fascículos, estalló la bomba; el Obispo Urquinaona, había condenado la obra, habiendo encargado a un grupo de expertos teólogos un juicio sobre la misma, en virtud del cual, la había excomulgado y ordenado la recogida de todos los ejemplares. Es curioso comprobar, que esto ocurría en 1876. El Dr.Chil se reafirma en sus convicciones, concluyendo que si el Sr.Urquinaona había cumplido como Obispo, el seguía cumpliendo como historiador y coleccionador de datos. . El matrimonio del Dr.Chil no tuvo descendencia pues el único fruto de su unión fue una niña que murió a los pocos meses de nacida .Por otra parte Dña Alejandra falleció repentinamente el veintiséis de Enero de 1869, cuando contaba 52 años de edad.

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4. D. Juan de León y Castillo (1834-1912)
Fue una de las figuras más destacadas en la vida pública isleña en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Ingeniero jefe de Obras Públicas, diseñador y ejecutor de grandes y novedosos proyectos: el Puerto del Refugio y de La Luz; el Lazareto de Gando; el faro de la Isleta y el de Maspalomas; las diversas vías que comunicaban a la capital con Telde, Agüimes, Arucas, Teror, etc.

1850-57. Estudia en la Escuela de Ingenieros, Caminos, Canales y Puertos de Madrid. 1858: Regresa a las Islas; en Tenerife se encuentra a las órdenes del Ingeniero jefe Clavijo y Pou. Como ingeniero llevó a cabo una sobresaliente labor en las obras públicas en Gran Canaria:
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Desarrolló la construcción de carreteras. Alzó faros en las costas (siendo el más célebre el de Maspalomas). Levantó el muy notable Lazareto de Gando. Y sobre todo, fue autor -e impulsor desde el terreno político- del proyecto del Puerto de La Luz (que se extendió, entre diversos avatares, desde su aprobación en 1862, hasta 1902).

En el campo de la política, formó parte del Partido Liberal, que lideró su hermano, D. Fernando, y del cual fue representante en las Islas. Obtuvo la mayoría de la Diputación Provincial y su presidencia. Junto con su hermano Fernado, Marqués del Muni, Parlamentario y Diplomático, ran valedor de Gran Canaria, la isla que le eligió Diputado y que le vio representar las más altas dignidades en la política nacional e internacional, bien como Senador Vitalicio, Gobernador Civil, Ministro o Embajador de España en París durante tres décadas. Ambos hermanos son fieles exponentes de la clase política de la Restauración Borbónica.

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II. CIENTÍFICOS CANARIOS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

5. Blas Cabrera (1878-1945)
A finales del XIX y, sobre todo, comienzos del siglo XX otro canario, el lanzaroteño Blas Cabrera, retomó la senda de Betancourt y se propuso volver a relacionar la ciencia española con la europea, en especial con la más importante de esa época: la física alemana. Siendo todo un catedrático de la principal universidad española (la Central de Madrid), Cabrera se marcha con humildad de becario al laboratorio de uno de los físicos más importantes del momento, Weiss. Cuando llegó a Zurich, Weiss no quiso a Cabrera: «Pero qué puede saber de física un español, por muy catedrático que sea», le inquirió Weiss. Pero como buen canario Cabrera prefirió demostrar con hechos lo que otros simplemente dicen con palabras y resultó ser un científico excepcional. Baste sólo recordar que, cuando en este año 2005 celebramos el Año Mundial de la Física, como conmemoración del centenario de la publicación de la Teoría de la Relatividad y del cincuentenario de la muerte de Einstein, fue precisamente Cabrera quien trajo a Einstein a España en 1923. También fue él quien, en su calidad de fundador -primer director del Laboratorio Nacional de Física y Química-, difundió la Teoría de la Relatividad entre los físicos españoles que aún vivían con la Física de Galileo o Newton. Las investigaciones de Cabrera en el magnetismo molecular cobraron tal importancia que, por ejemplo, estuvo entre los pocos elegidos para formar parte del selecto comité científico de las VI y VII Conferencias Solvay, la reunión científica más importante de su tiempo. La candidatura de Cabrera fue avalada, nada más y nada menos, que por Einstein y madame Curie. Las relaciones de Cabrera con el padre de la Física Cuántica, Edwin Schródinger, o con el propio Weiss facilitaron, sin duda, la penetración, en una España aislada, de la ciencia más importante de la época: la física.

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6. Juan Negrín (1891-1956)
El grancanario Juan Negrín, se formo científicamente en el campo de la fisiología. Aunque su carrera política (fue el último presidente de la II República y era el ministro de Hacienda cuando la República decidió enviar el oro del Banco de España a Rusia) eclipsaría en paarte su dimensión científica, no podemos olvidar que Negrín fue un nexo de unión entre los dos únicos Premios Nobel científicos que ha tenido España, Santiago ramón y Cajal y Severo Ochoa. Por un lado, Negrín fue avalado para su vuelta a España desde Alemania por Ramón y Cajal y, por otro, fue el maestro de Severo Ochoa. Cajal, recibió el Nobel de Medicina en 1906, junto con Golgi, por su descubrimiento de las neuronas y fue un científico de transición del XIX al XX que apenas visitó Europa en algún congreso. Sin embargo, Juan Negrín no sólo fue un paso más allá que Cajal sino que, incluso, superó en este aspecto a Cabrera, porque Negrín se trasladó a Alemania para cursar no ya su doctorado o postdoctorado, sino incluso toda su licenciatura. Negrín se licenció en Medicina y, a falta de una asignatura, también en Química, en una de las mejores universidades de la época: la Universidad de Leipzig, donde también se doctoró en 1912. A su regreso a España, se ocupó de la cátedra de Fisiología de la Universidad Central de Madrid, fundó el gabinete de Fisiología de la Residencia de Estudiantes, siendo uno de sus discípulos, como ya se ha mencionado, Severo Ochoa, que siempre consideró a Negrín su «gran maestro». Ochoa fue premio Nobel de Medicina por sus estudios sobre el Acido Ribonucleico en 1949. Pero fue Negrín quien le había inculcado que abandonara la medicina clínica y se adentrara en la bioquímica. Cabrera y, obviamente, Negrín, fueron obligados a vivir en el exilio tras la Guerra Civil. En 1940, con motivo de la inauguración del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el primer ministro de Educación de Franco, José Ibáñez, pronunció unas palabras que aún suenan como una losa terrible para la ciencia española: «Queremos una ciencia católica, esto es una ciencia que, por sometida a la razón suprema del universo, por armonizada con la fe, en la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, alcance su más pura nota universal. Liquidamos, por tanto, en esta hora, todas las herejías científicas que secaron y agostaron los cauces de nuestra genialidad nacional y nos sumieron en la atonía y la decadencia. Yo recuerdo desde aquí a los intelectuales todos que tienen un deber de ciencia, que se ha acabado el tiempo estúpidamente feliz en que la actividad científica era una aportación voluntaria y libre». Tras este discurso de intenciones, los mejores científicos se exiliaron y España se aisló nuevamente de los circuitos científicos internacionales.

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7. Antonio González (1917-2002)
El tinerfeño Antonio González, en 1949 toma una de las decisiones más polémicas de su tiempo: siendo todo un catedrático de química se marcha, otra vez con humildad de becario, a trabajar a Gran Bretaña, en concreto a la prestigiosa Universidad de Cambridge, de la que, no lo olvidemos, el gran Newton fue alumno y profesor. Antonio González, que era la generación siguiente a Cabrera o Negrín, Su osadía favoreció que González reemprendiese el camino de sus paisanos y volviese, otra vez, a conectar la ciencia española con Europa. Si Cabrera se relacionó con Einstein, Weiss o Schródinger, treinta años después González trabajó a las órdenes Alexander Todd, quien estaba considerado uno de los grandes científicos del momento, y en la ciencia del momento: que ya no era la física, sino la química. De hecho, en 1957 Todd recibió el Premio Nobel de Química, entre otros motivos, por sintetizar las vitaminas E, B y B12 y, sobre todo, por sus experimentos con los ácidos nucleicos que ayudaron a descubrir la estructura del ADN. Es decir, que sentó las bases de la genética molecular moderna. Antonio González también se relacionó con otros científicos muy relevantes como Birch o Barton y, gracias a sus contactos, la Universidad de Glasgow vendió en 1961 a la Universidad de La Laguna y a precio simbólico, «al reconocer su gran precariedad de medios aunque con un gran potencial humano», un cromatógrafo de gases y un espectrofotómetro de infrarrojo. Ninguna universidad española tenía en esa época aparatos científicos tan sofisticados y la Facultad de Químicas de La Laguna se convirtió en una de las mejores de España y de Europa. Antonio González que, no lo olvidemos, es Premio Príncipe de Asturias, pudo haber triunfado en el extranjero: básicamente porque era muy brillante y estaba en el lugar adecuado en el momento oportuno. Pero prefirió volver a Canarias. Al margen de que en el resto del mundo se le recuerde porque fue el primero que diseñó una política, arriesgada e innovadora en su tiempo, para transferir conocimientos científicos desde el Primer hacia el Tercer Mundo, algo que le reconoció hasta la propia UNESCO; Antonio González fue el impulsor de que Canarias cuente hoy en el panorama científico mundial más que el resto de las comunidades autónomas españolas. No sólo por la fundación del Instituto de Bioorgánica que lleva su nombre sino, también, y esto se olvida con frecuencia, porque fue él quien siendo rector de La Laguna se empeñó en la fundación del Instituto de Astrofísica de Canarias. Es decir, que no se debe simplemente al clima o a la casualidad que la instalación científica española más importante del mundo esté en Canarias. Detrás hay toda una tradición y una historia. Tampoco es casualidad que Canarias acoja centros de primer orden en la investigación mundial como, además de los citados, la Estación Meteorológica Mundial de Izaña, el Centro de Recuperación de la Fauna Marina de Taliarte, el Instituto Tecnológico de Canarias o el Instituto Tecnológico de Energías Renovables.

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8.- D. Telesforo Bravo Expósito (1913-2002)
Nació en el Puerto de la Cruz en 1913. Doctor en ciencias geológicas por la Universidad Complutense de Madrid con Premio Extraordinario. Su tesis fue un estudio de la geología de La Gomera. En 1966 ganó la cátedra de Petrología de la Universidad de La Laguna en la que permaneció hasta su jubilación. Ha hecho importantes estudios sobre las Islas. Su teoría sobre el origen de Las Cañadas fue la primera gran aportación sobre los deslizamientos gravitacionales en la moderna vulcanología. Además de su labor de geólogo, el profesor Bravo ha destacado por sus estudios paleontológicos y, en general, con todo lo relacionado con la naturaleza canaria. Descubrió la rata fósil gigante Canaryomis bravoi bautizada con su nombre. Su geografía de Canarias, a pesar de no haber publicado el tercer tomo, es un clásico de la bibliografía de Canarias. Destaca su labor ininterrumpida de divulgador ayudado por una impresionante colección de diapositivas canarias. Director del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife, Premio Canarias de Investigación. Miembro del Instituto de Estudios Canarios, Académico de Número de la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife, de la Real Sociedad Española de Historia Natural, de los Patronatos de los parques del Teide y Garajonay, Socio de Honor de la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Esta propuesto a premio nacional de medio ambiente Fallecido en enero de 2002.

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