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ACOMPAñAMIENTO TERAPEUTICO EN LA ARGENTINA

“Para subvertir el modelo manicomial”
Gabriel O. Pulice *

En la Argentina, entre finales de los años ’60 y principios de los ’70 del siglo XX, el acompañamiento terapéutico
nace como herramienta clínica en una búsqueda –compartida por otros profesionales del campo de la salud mental–
de subvertir los lineamientos del modelo manicomial. Momentos de intensa convulsión política y social, en
Argentina y en distintos países del mundo occidental, fueron el terreno propicio para la puesta en marcha de
experiencias que, a partir del fuerte impulso de la psiquiatría dinámica, la antipsiquiatría y fundamentalmente el
psicoanálisis, dieron consistencia a la idea de avanzar en el tratamiento de pacientes afectados por padecimientos
psíquicos severos, más allá del mero control social en que había derivado la internación hospitalaria.

Este movimiento había empezado a madurar desde el inicio del siglo pasado y se acentuó desde su segunda mitad,
con el importante desarrollo de la psicofarmacología. Así se generaron condiciones para novedosos dispositivos de
atención ambulatorios, que a su vez propiciaron el desarrollo de nuevas disciplinas. Entre esos dispositivos se
destaca el hospital de día, que ocupa un lugar cada vez más importante después de la Segunda Guerra Mundial.

El cambio de paradigma se extiende al trabajo con niños y adolescentes con trastornos severos como el autismo, el
retraso mental y la psicosis infantil; los trastornos de la alimentación, las adicciones, el alcoholismo y otras
patologías de consumo, de la tercera edad, y trastornos neurológicos graves como epilepsias, demencias, Alzheimer;
así como el tratamiento de pacientes oncológicos y terminales.

Durante muchos años, el material bibliográfico específico se limitó a un puñado de artículos en diversos medios
porteños del ámbito. Recién en 1985 se publicaría el primer libro dedicado íntegramente al tema. Durante la última
dictadura militar, el acompañamiento terapéutico encontró su lugar de supervivencia en clínicas e instituciones
privadas, en una suerte de hibernación. Muchos colegas que debieron exiliarse oficiaron como agentes de difusión
de esta especialidad, así como de aquellas experiencias que dieron marco a su surgimiento.

Caída la dictadura militar, el campo de la salud mental había sido devastado y esas experiencias parecían haber ido
al olvido. El resurgimiento de aquellas ideas y proyectos se produjo en un complejo proceso de maduración, aún hoy
en ciernes. Fue el escenario para quienes iniciamos entonces nuestra labor clínica en esta especialidad: carentes de
espacio alguno de capacitación académica y privados de todo reconocimiento formal o legal.

El tiempo transcurrido desde entonces –incluyendo las desfavorables coordenadas planteadas en los ’90 para los
dispositivos públicos en salud mental– fue dando lugar a que el acompañamiento terapéutico pasara a ser cada vez
más reconocido como herramienta indispensable en los procesos de desmontaje de los dispositivos manicomiales; se
generó una creciente demanda de parte de los terapeutas, los psiquiatras, las instituciones y los mismos usuarios.

Paralelamente, tuvo lugar un importante desarrollo en la elaboración y articulación teórico-clínica, del cual dan
testimonio numerosas publicaciones, así como la creación de instancias académicas, incluso en el ámbito
universitario. Esto hizo posible que aquella herramienta clínica, surgida como una pura praxis, se encuentre en los
umbrales de obtener su carta plena de ciudadanía como una profesión cada vez más jerarquizada y reconocida.

UBA. Coordinador adjunto de la Práctica Profesional Fundamentos Clínicos del Acompañamiento Terapéutico. Miembro fundador de la Asociación de Acompañantes Terapéuticos de la República Argentina y del Comité Organizador del VI Congreso Internacional de Acompañamiento Terapéutic .* Psicoanalista. Facultad de Psicología.