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APRENDER DE LOS ERRORES

Ramón F. Ferreiro Gravié Ph.D.


Nova Southeastern University, USA.

Las investigaciones plantean que pocas personas aceptan el error. Por lo


regular molesta fallar, hacer las cosas mal. Existe un rechazo generalizado a
la equivocación, hasta tal punto que provoca en muchos una real animosidad
al respecto. Y a otros muchos los hace mostrar conductas no apropiadas
pues buscan fuera, en otros, las reales causas de sus fallas.

El error es humano y consustancial a la actuación, a la respuesta, al


quehacer diario. La única forma de estar libres de ellos es no actuar, no dar
respuesta, no hacer nada de nada, y eso es sencillamente imposible.

Si lo anterior es cierto en términos generales, más aún resulta en un proceso


formal de estudio, en el que las continuas adquisiciones en términos de
aprendizaje, exige la constante demostración de qué se sabe y qué se sabe
hacer.

Los expertos sugieren evitar el error en todo momento. Esforzarse en no


cometerlo, tomar todas las medidas posibles en la realización de una tarea
para no equivocarnos. Pero sobre todo adoptar una actitud positiva,
constructiva, en el momento de la revisión y valoración de los resultados. De
lo contrario estamos desaprovechando la oportunidad para seguir creciendo
a partir de los aprendizajes puntuales que exige la tarea.

Más que la aceptación pasiva o indiferencia ante los resultados, lo que se


requiere es la reflexión metacognitiva que nos lleve a tomar consciencia para
estar en condiciones de incorporar el aprendizaje que la realización de la
tarea nos aporta para seguir creciendo.

La Metacognición es el proceso mediante el cual tomamos conciencia de


nuestro pensamiento. De ahí que algunos destacados psicólogos, entre ellos
por ejemplo A. Costa la han definido como “pensar sobre el pensamiento”.
Es el proceso mediante el cual nos percatamos de qué hicimos, cómo lo
hicimos, en qué estuvimos bien, en qué fallamos. Pero también es la toma
de conciencia de qué vamos a realizar, cómo lo vamos a hacer, qué
resultados esperamos; así como estar consciente en el momento actual de
qué hacemos y cómo lo estamos haciendo.
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Algunas preguntas metacognitiva sería, ¿Qué haces en este momento?


¿Cómo lo estás haciendo? ¿Qué utilidad tiene esto que estás leyendo? Toda
actividad humana es importante pero lo es más si tomamos consciente de su
importancia y trascendencia.

Se plantea (Costa, A.; Stenberg, R.; Luria, A.) que todos somos
potencialmente inteligentes y creativos, pero que los más talentosos son
aquellos que han logrado el desarrollo de habilidades metacognitivas.

Lo antes planteado es esencial para toda persona, pero aún más significativo
para nosotros los maestros y profesores por varias razones, entre ellas por el impacto y
el poder multiplicador que tiene nuestro estilo de pensamiento en nuestro estilo de
enseñanza.

Simples preguntas nos pueden llevar poco a poco a desarrollar nuestras habilidades
metacognitivas, aunque existen por supuesto estrategias bien refinadas para
desarrollarlas en un área u otra del desempeño humano. A continuación algunas
sugerencias, a partir de la premisa de que si nosotros los maestros la desarrollamos,
estamos en la mejor condición para propiciarlas entre nuestros estudiantes.

Estrategia metacognitivas para “Aprender de los Errores”.

Las siguientes preguntas buscan la toma de conciencia de qué se hizo y


cómo se hizo para detectar causas y precisar las lecciones aprendidas.

Ante toda tarea realizada debemos hacernos estas preguntas claves que nos
permitirá poco a poco incorporar los aprendizajes necesarios para hacer las
cosas mejor, incluso cuando lo hayamos realizado bien.

1. - ¿Qué hice? ¿Lo hice bien? Piensa primero, escribe después de modo
breve los logros obtenidos. A más específica, detallada sea la lista es mejor.
Escribir según L. Vigotsky es pensar dos veces. Siempre que lo hacemos
estamos desarrollando procesos psicológicos que contribuyen al desarrollo
de nuestro pensamiento.

2.- ¿Qué errores cometí? Piensa en posible insuficiente o deficiencia del


trabajo realizado. Reflexiona, ¿Por qué? Piensa primero, escribe después. No
te justifique, ni busques un culpable. El error, ya una deficiencia,
insuficiencia, ausencia o sencillamente un cambio o alteración que no
corresponde con lo establecido como correcto, está presente y debemos
erradicarlo, pero para esto es necesario tomar conciencia de cuál es, por qué
lo cometimos, y cómo rectificar.
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3.- ¿Son evitables o inevitables los errores cometidos? Piensa en la


posible causa. Desconocimiento, falta de información, costumbre, descuido,
rapidez en la elaboración, no revisión al final de la realización, no
comprensión total o parcial del proceso de realización. No te justifique, lo
necesario para crecer es tomar conciencia de la causa o causas. Solo así
estarás en condiciones de erradicarlo y repito crecer como profesionista,
pero sobre todo como persona.

4.- Si repitieras la tarea, ¿Qué haría y cómo para evitar los errores
cometidos? Piensa primero, enlista cómo lo harías, qué medidas tomarías.
A más preciso seas, mejor para tomar conciencia y evitar esos errores en
una próxima oportunidad.

5.- Escucha o busca otra opinión. Solicitar la valoración de otro es


esencial para orientarse y rectificar.

6.- Escribe una lista de dos o más “lecciones aprendidas” con la


realización de la tarea en cuestión. Piensa primero, escribe después.
Pudieras iniciar la escritura de cada una de las “lecciones aprendidas”
escribiendo: En una próxima oportunidad voy a…O bien: En una próxima
oportunidad debo…

Si hacemos nuestra estas preguntas metacognitivas y ante cualquier


actividad a realizar, realizada o que estamos haciendo, no tan solo
minimizamos los errores, lo más importante aprenderemos de ellos.
Hágamoslas nuestras. Probemos poco a pocos a realizarla con nuestros hijos
y estudiantes. Desarrollemos conscientemente nuestra forma de pensar pues
de ella depende nuestra forma de ser.

Ferreiro, R. (2009). Estrategias didácticas del aprendizaje cooperativo. El método ELI. México. Trillas.