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HN SES y DESAFIOS PARA LAS POLITICAS eer weer erie: wmskamat. fe 2G Sida “"iFEMe,) CCEPAL Seve Seminario y conferensias N° 52 ‘uur de as frie y desaioe paras poiticas El futuro del cuidado Rosario Aguirre® 1. Introduccién En los paises latinoamericanos los debates politicos y académicos sobre el cuidado social y familiar son incipientes. En los paises anglosajones fueron impulsados por las corrientesfeministas en el campo de las ciencias sociales los que se remontan a los aos setenta. El concepto de cuidado se fue construyendo progresivamente sobre la observacién de las précticas cotidianas y mostrando la complejidad de los amreglos que permiten cubrir las necesidades de cuidado y bienestar. El andlisis de las actividades de cuidado separadamente de otras actividades del trabajo doméstico ha significado un avance porque define un campo de problemas de Investigacion y de intervencién social “con sus actores, sus insttuciones, sus formas relacionales, un campo que se sitta en la interseccién entre las familias y las politicas sociales” (Letablier, 2001). Las investigaciones realizadas principalmente en los paises de la Unién Europea, a partir de experiencias, en particular de los paises nérdicos y también de Italia y Francia, introdujeron una aproximacién de género en un campo que ignoraba esta dimensién: el de las politicas sociales y los Estados de bienestar. Se ha mostrado que el caricter doméstico de los cuidados ha sido la base para la exclusién de las mujeres de los derechos ciudadanos propugnando un concepto de Socidlogaeinvestigadora del Universidad de a Republica de Unuguny. 23 CCEPAL - Seve Sominariasyconfereneas N’ 52 Futuro de ae frie y desis para las potas ciudadania social que reconozea la importancia de los euidados y las responsabilidades domésticas para la sociedad. Se reformula el concepto de ciudadania social para introducir la nocién. de derecho a ser cuidado y el derecho a cuidar (véase, por ejemplo, Lewis, 1992; Orloff, 1993; Sainsbury, 1996, 2000; Saraceno, 1995, 2004). En términos generales, se concibe el cuidado como wna actividad generalmente femenina y no remunerada, sin teconocimiento ni valoracién social. Comprende tanto el cuidado material como el cuidado inmaterial que implica un vinenlo afectivo, emotivo, sentimental. Supone un vinculo entre el que brinda el cuidado y el que los recibe, Esté basado en Io relacional y no solamente en una obligacién juridica establecida por la ley sino que también involuera emociones que se expresan en las relaciones familiares, al mismo tiempo que contribuye a construirlas y mantenerlas. En este sentido Arlie Russell Hochschild (1990) precisa que: "El cuidado es el resultado de muchos actos pequefios y sutiles, conscientes 0 inconscientes que no se pueden considerar que sean completamente naturales 0 sin esfuerzo . Ast nosotras ponemos en el cuidado mucho mas que naturalcza, ponemos sentimientos, acciones, conocimiento y tiempo". Puede ser provisto de forma remunerada o no rermunerada, Pero también fuera del marco familiar, el trabajo de cuidado est’ marcado por la relacién de servicio y de preocupacin por los otros. El cuidado puede ser pago 0 impago como consecuencia de elecciones politicas, valoraciones culturales compartidas y el régimen de género imperante. El cuidado puede ser clasificado en dos tipos principales: el cuidado proporcionado a nifios, itas y adolescentes en el que junto a la obligacién hay una fuerte fuente de gratificacién y por otro lado, el cuidado que se dedica a la atencién para hacer frente 2 una enfermedad, crénica 0 aguda, Mamado cuidado asistencial (Murillo, 2003). En el cuidado infantil hay una frontera difusa entre actividades de cuidado y las actividades propias de Ja educacién inicial, por lo cual la nocién de cuidados presenta particular interés para poner de manifiesto actividades que de otra forma permanecerfan ocultas. En el cuidado de las personas mayores dependientes existen también dificultades para que Jas tareas que integran el cuidado sean reconocidas como tales cuando son prestadas de manera informal. Una clave para entender esta situacién la proporciona Soledad Murillo (2003) cuando precisa que “el cuidado esta inmerso en la légica del sacrificio, un sacrificio que puede entrafiar — sin pretenderlo~ un grado de reconocimiento social. A pesar de que la enfermedad se cronifique, y sta termine por saquear el tiempo a quien lo prodiga”. La economia del cuidado ha eclosionado en los tiltimos afios. Este campo estudia le produccién de bienes, servicios y actividades realizadas en fos hogares indispensables para la reproduccién biolégica y el bienestar de las personas y las familias. Incluye también la provisién de euidados que se realiza en la esfera piblica y mercantil. Conceptualizada de esta forma por las economistas feministas ha significado una ruptura epistemolégica trascendente con Ia corriente principal de la teoria econdmica. Se interesa por el valor econdmico del cuidado y por la relacién entre el sistema econdmico y la organizacién del cuidado. Pero el estudio del cuidado no se reduce a lo econémico sino que integra otras perspectivas disciplinarias (sociologia, antropologia, psicologia social, historia) en donde se han producido rupturas epistemol6gicas con sus respectivos ‘cuerpos tedricos. Si bien es legitimo producir conocimientos desde cualquiera de las Ciencias Sociales y Humanas, trabajar con una visi6n amplia del cuidado requiere integrar conocimientos de las diferentes disciplinas, sobre todo si se pretende realizar aportes para colocar ef tema en la agenda piblica, proporcionar argumentos a las organizaciones sociales y estimmular Ia accién publica. Es por eso que preferimos referimnos a la organizacién social del cuidado para aludir a este nuevo campo de investigacién y de intervencién social. 24 i ; | (CEPAL - Serie Seminario yconferencias N° 52 Futuro de las Filia y deaf para ns pleas En las iiltimas décadas, la crisis econémica en la regién Jatinoamericana, las ‘ransformaciones de Jos Estados y Ia orientacién de las politicas sociales se encaminaron a privatizar la responsabilidad por el bienestar social, transfiriendo a otras esferas —familias, comunidades y mercado- tareas que en ciertos casos los Estados dejaron de cumplir. También puede observarse que no Ilegan a constituirse nuevos campos de actuacién como respuesta a nuevas necesidades, las que no logran configurarse como derechos, Estas nuevas necesidades so vinculan al incremento de la poblacién dependionte de adultos mayores y al aumento genetalizado de la actividad ccondmica de las mujeres, particularmente, aunque no exclusivamente, de les trabajadoras que son madres, lo cual plantea en nuevos términos la pregunta de las obligaciones y los derechos al cuidado de los integrantes de las familias y de las responsabilidades estatales en este campo. En este texto se sostiene que el cuidado constituye un campo propio de las politicas hacia las familias, en tanto conforma un 4mbito de actuacién con sus actores y sus instituciones. Le preocupacién fundamental es contribuir a la construccién del cuidado como problema piblico objeto de politicas. Se aspira a que adquiera visibilidad y que sea valorado por su contribucién al bienestar social y al funcionamiento del sistema econdmico través de la produccién de conocimientos y de la discusién y difusién de argumentaciones y propuestas. Se trata de "desprivatizar" este tema para que la cucstién relativa a quien se hace cargo de las. personas dependientes forme parte del andlisis académico y politico sobre la reorganizacién de los sistemas de proteccién social, Ia reforma de los sistemas de salud y el desarrollo de los servicios sociales. Mirado desde la perspectiva de la equidad se trata de lograr que disminuya la desigual e injusta divisién del trabajo segin sexo en el cumplimiento de las funciones familiares a fin de romover la igualacién de oportunidades, cl ejercicio efectivo de derechos y el logro del bienestar or parte de mujeres y varones de distintas generaciones y estratos sociales. Este documento se desarrolla en cuatro partes. En la primera se mencionan los cambios que incrementan las necesidades de cuidado, En la segunda se exeminan posibles esccnarios de futuro. En la tercera se presentan las opiniones de la poblacién adulta de Montevideo sobre 1 responsabilidad social del cuidado, Por \iltimo, se plantean el cuidado como problema piblico y la necesidad de debates con miltiples actores 2. Cambios recientes que inciden en las funciones familiares de cuidado La conjuncién de factores sociodemogrificos y subjetivos hace que cada vez haya cada vez més personas a quienes cuidar y menos cuidadores potenciales. En las tltimas décadas se redujo el tamaiio medio de las familias, se diversificaron los arreglos familiares, aument6 la vida en solitario, dismimuyeron los hogares con mujeres dedicadas exclusivamente a las tareas del hogar, todo lo cual incide en las posibilidades de que actalmente las demandas de cuidado puedan ser satisfechas en el seno de las familias. Existe abundante evidencia empirica en la regién sobre la persistente tendencia a la elevacién de los niveles educativos de la poblacién femenina y el aumento de la actividad ccondmica de las mujeres, particularmente de las madres. En todos fos paises la tasa de actividad de las mujeres entre 20 y 44 afios de edad con hijos aument6 en los iiltimos afios, asi como la aspiracién de autonomfe econémica y de posibilidades de desarrollo personal, Sin embargo, la provision puiblica de servicios de cuidado ha tenido escaso desarrollo, Los servicios para los mas 25 (CEPAL- Sere Seminario yconfeencias N° 52 Futuro de las fais y desis pra as potest pequefios-sélo estén dirigides a los sectores més pobres de la poblacién, en general con ‘ajos de cobertura, al mismo tiempo que se va desarrollando una creciente mercantilizaeién del cuidado infantil para los sectores sociales que pueden pagarlos, situacién que es similar en los servicios destinados @ los adultos dependientes (Aguirre, 2003). Los cambios demogrificos, particularmente el aumento de la proporcién de las personas mayores de 65 afios en la poblacién total, fenémeno mundial debido a la baja natalidad y al ‘aumento de la esperanza de vida plantean importantes dilemas de tipo econdmico, social y politico. Los datos para 2005 revelan que los pafses del cono sur son los que alcanzan la mayor proporci6n de adultos mayores: el 9.8% en Argentina, el 7.2% en Chile y el 12.9% en Uruguay. Es objeto de preocupacién el incremento de los gastos sanitarios y asistenciales y el creciente peso de las personas no incluidas en el sistema de seguridad social. Menos atencién merece la presién sobre las familias para la prestacién de servicios. Esta presién esté en aumento por el “envejecimiento dentro del envejecimiento” que refiere al aumento de las personas mayores de 75 0 de 80 atios dentro de la poblacién mayor. Esta poblacién cuenta cada vez con mayor nimero de poblacién femenina (feminizacién del envejecimiento) debido a las crecientes diferencias favorables a las mujeres en la esperanza de vida. Asi por ejemplo, el indice de ferninidad de la poblacién de 80 y mas afios era en €l aio 2005 en los paises del cono sur de 201 en Argentina, 181 en Chile y 199 en Uruguay (CEPAL, 2005). Frente a las creciontes necesidades de cuidados y la ausencia de personas disponibies para hacerse cargo gratuitamente de ellos, el sector mercantil de cuidados para nifios pequefios, adultos mayores dependientes y enfermos han adguirido en la tltima década un importante desarrollo, En América Latina, las enormes desigualdades sociales estén estrechamente vinculadas con la provision desigual de cuidado familiar y social conformando un verdadero circulo vicioso. ‘Quienes tienen mis recursos disponen de um mayor acceso a cuidados de calidad en situacién de tener menos miembros del hogar que cuidar, Aquellos que disponen de menores recursos pare acceder a los cuidados mercantiles y que tienen més carges de cuidado acumulan desventajas por el mayor peso del trabajo doméstico familiar, por las dificultades en el acceso a los escasos servicios ‘pibblicos y la necesidad de recurrir a cuidadoras “informales”. Diversos autores Haman la atencién sobre los cambios culturales y las disposiciones personales por la propagacién de una vision més individualista de las relaciones sociales. Crecientemente las uniones de las parejas no implican responsabilidad de por vida y los hijos no son la tinica fuente de realizacién personal, pero al mismo tiempo existe el mandato cultural hacia la promocién del desarrollo de los nifios en todas sus facetas, lo que trae consigo nuevos deberes lo cual para algunas familias de sectores medios y altos se convierte en trabajo real de gestién de la formacién de sus hijos (Beck-Gernsheim, 2001). Aunque no se disponen de evidencias empftices para los pafses de nuestra regién, es probable que el costo de tener un hijo para estos sectores sea crecicntemente alto, tra fuente de tensién con relacién a la disposicién hacia la autonomfa y autorrealizacién de 10s miembros de las familias es la dependencia familiar de los hijos adultos jévenes que viven con sus padres, con lo cual la inversién parental hacia los hijos tiende a mantenerse durante mas tiempo. En Uruguay se encontré que en la titima década ha aumentado el mimero de hogares con hiijos de 25 a 30 afios que continiian viviendo con sus padres. Ello puede implicar la necesidad de cuidar simulténcamente de los hijos y de los padres y que el perfodo de la vida en que hay que cuidar de personas dependientes se extienda més. En la vida privada, el déficit de cuidado es mis notorio en familias donde las madres trabajedoras —casadas 0 solteras~ no reciben ayuda suficiente de sus parejas o familiares, constituyendo una fuente de importantes tensiones, especialmente para las mujeres. En el mbito piiblico, el déficit de cuidado se ve ~entre ottos indicadores~ en la insuficiencia de atencién que 26 (CEPAL Sri Seminaries yconferencae N’ 52 Futuro de as fis y desis pars as pleas Prestan las politicas sociales a Ia situacién de las madres de nifios pequefios, de los ancianos, de los enfermos, de los impedidos. Debe destacarse Ia insuficiencia de informacién sobre la cobertura de los servicios hacia estos sectores. 3. El “descubrimiento” de las cuidadoras ‘Sin pretender realizar un anélisis del estado del arte en Ia materia, sefialaré algunos trabajos que aportan conocimientos nuevos y utiles para el desarrollo de argumentaciones tendientes a mostrar Ja relevancia de los problemas planteados por el cuidado y la necesidad de que se le preste atencién por parte de las politicas puiblicas, Las encuestas sobre uso del tiempo permiten operacionalizar la nocién de cuidado familiar a través del tiempo que las personas dedican a las diferentes actividades. En los paises donde se han Tealizado encuestas de este tipo ~todavia no comparables entre si- muestran que las mujeres realizan la mayor parte del trabajo no remmunerado familiar. Asi por ejemplo, la encuesta sobre Uso del Tiempo y Trabajo no Remunerado realizada en Montevideo y el area metropolitana en el aio 2003 muestra que cuando hay nifios en el hogar las mujeres son las cuidadoras principales en el 90% de los hogares y que las responsables de las tareas no remuncradas en los hogares son en un 65% a Ia vez mujeres que realizan trabajo extradémestico (Aguirre, Batthyény, 2005). En este estudio se encontré que el ticmpo promedio total dedicado en los hogares a las tareas de cuidado de los menores de 12 alios es de 43 horas semanales, equiparable a una jomada laboral completa. La responsable de las tareas del hogar cumple con el 63% de esas horas (27 horas), mientras que otros miembros del hogar cumplen el 37% restante (16 horas). Si bien la existencia de nifios pequefios ‘aurmenta el mimero de horas de cuidado llama la atencién la cantidad de horas que insume el apoyo 8 los trabajos domiciliarios (“Ios deberes”) de los escolares (5 horas semanales promedio) a cargo mayoritariamente de madres que tienen jomades laborales extradomésticas, indicador del sobretrabajo que genera el sistema educativo sobre las madres de los escolares. Por otra parte, investigaciones sobre Ia produccién doméstica de salud y sus relaciones con el sistema institucional piblico han dado luz a la necesaria consideracién de los cuidados domésticos en las politicas piblicas de salud. Se destacan los trabajos de Durén (1999) y Murillo ( op. cit) para Espaiia y de Gélvez y Matamale (2002), Provoste (2003), Reca y otros (2002) y mas recientemente Medel y otras (2006) para Chile, Durén (1999) ha desarrollado una linea de investigaciones muy innovadoras sobre los “costes invisibles” de la enfermedad, sobre todo aportando estimaciones del tiempo destinado por Ja poblacién a la atencién de la salud en los hogares y en las instituciones del sistema de salud, asi como el anilisis de las expectativas de futuro sobre él cuidado no remunerado, teniendo en cuenta los cambios demogrificos y las nuevas tecnologias. En la regién latinoamericana se ha producido ‘un “descubrimiento” més tardio de las/ los cuidadores, aunque siempre han existido, su papel se ha hecho mas visible en el marco de los debates acerea de las reformas de la salud y de los cambios en Jos modelos de atencién de Ia salud piblica. Provoste (2003) ha puesto la atencién en el recargo de trabajo que estos cambios producen sobre las mujeres en el espacio doméstico, en el hospital y en Ta atencién primaria. Otro aspecto del problema es destacado por Murillo (2003) quien sostiene que es preciso legislar a favor de quienes se hayan encargado del cuidado prolongado, asistencial y afectivo de las personas mayores, 0 con enfermedades crénicas. “Resulta obsceno que aquellos sujetos que han obviado su responsabilidad, pretendan reivindicar los mismos derechos patrimoniales, conforme 2 las leyes adscritas a la legitimidad enarbolando su rol de herederos” También se han encontrado evidencias de la existencia de supuestos sobre Ia solidaridad familiar en la roglamentacién establecida para acceder a las pensiones a la vejez e invalidez, En un 27 (CEPAL.- Serie Seminarosy confeencas N52 Futuro de las fii y desafes para las polticas estudio reciente de las prestaciones no contributivas a la seguridad social en Uruguay Pugliese (2004) mostré la existencia de la imposicién de la “solidaridad familiar obligatoria” en el caso de pensiones a In vejez ¢ invalidez. Reglamenteriamente se establece que para acceder a las prestaciones se deben computar los ingresos de todos los miembros def hogar, los que no deben superar los tres salarios minimos. Un limite muy bajo para aquellos hogares que han adoptado una estrategia de convivencia en hogares extendidos, que debido al nimero de integrantes, pueden egar a superar esa suma. Los casos estudiados por esta autora muestran las tensiones que genera centre los integrantes de los hogares (especialmente a las mujeres cuidadoras de ancianos) la imposicién de la obligatoriedad de prestacién de servicios gratuitos. Este trabajo coincide con otros que sefialan el carécter ambivalente del cuidado a este segmento de Ia poblacién. Ast Izquierdo (2003) sefiala que el cuidado puede estar intimamente unido al maltrato. En el marco de la reatizacién de un diagnéstico sobre Salud y Género en Uruguay (Aguirre y otras, 2006) se obtuvo el testimonio de una enfermera que vive en las proximidades de una “casa de salud” (residencia para adultos mayores) en la ciudad de Montevideo y que en el pasado trabajé en ese tipo de servicios: “He trabajado en varias instituciones, a las que yo misma las denunciaba por los malos tratos, maltratan a los pacientes en las casas que estén en regla, asi como en las que no estén en regla. Se sabe que los duefios, por no pagar un sueldo como la gente, toman una enfermera por turno y el resto son casi todas mujeres jubiladas o amas de casa, sin una capacitacién especifica, no todas maltratan a sus pacientes, pero si la mayoria” Los estudios sobre los adultos mayores por lo general prestan poca atencin a los cuidadores, algo similar sucede con las personas que cuidan a los discapacitados, cuyas condiciones de vida y trabajo se desconocen. En Uruguay se ha iniciado recientemente una linea de investigaciones en este sentido. Un trabajo de Batthyny (2007) aporta conocimientos sobre las estrategias formales € informales que se llevan a cabo en los distintos hogares en funcién de su composicién, nivel socioecondmico y concepciones ideoldgicas en tomo al cuidado, 4. Posibles escenarios de futuro Si se presta atenci6n a los cambios politicos acaecidos en la regin en los afios recientes se-percibe {que muchos paises tienden a reorientar sus patrones de desarrollo con la finalidad de promover la inclusién social. Se obscrva un nuevo escenario caracterizado por la estabilidad institucional, victorias electorates de fuerzas progresistas, consolidacién de mecanismos institucionales para la igualdad, nuevas politicas sociales, planes de fortalecimiento de los sistemas estadisticos nacionales. A pesar de ello, persiste la privatizacién del bienestar de décadas anteriores como resultado de Ia pérdida de protagonismo del Estado y de la orientacién de las politicas sociales. Cada vez se pide més participacién de los familiares en los cuidados de la salud, cada vez se requiere més de los padres por parte del sistema escolar, cada ver se trabaja mas horas. En este contexto se plantea cémo reestructurar la provisién del cuidado. Ello implica considerar en el nivel micro las relaciones derivadas de contratos implicitos de género y de generaciones en cuanto a la atribucién de responsabilidades de cuidado, A nivel institucional significa reconsiderar Ja division social del bienestar entre las femilias, el mercado, el Estado y la ‘comunidad. Las analistas feministas de los regimenes de cuidado (fundamentalmente Sarraceno, 2004 y Sainsbury, 2000) presentan dos escenarios polares: familista y desfamiliarizador con sus orientaciones y sus principales dimensiones. Otros escenarios 2 considerar son el estatal o residual/mercantilizador y el de corresponsabilidad. 28 CEPAL- Seri Seminariosy conferences NP 52 taro de as mila y dasafioepaa Is politics En el régimen familista tipico la responsabilidad principal del bienestar corresponde a las familias y a las mujeres en las redes de parentesco. Es el mas extendido en los paises mediterrineos y en América Latina. Empiricamente puede suceder que las mujeres trabajen en forma remunerada Y desarrollen distintas estrategias para articular trabajo y familia. Maria Angeles Durén (1999) dlistingue varias de ellas como la reduccién de objetivos tanto en el plano laboral como familiar, la delegacién que consiste en interrumpir la produccién de un servicio para trasladarlo a otra persona ¥ Ja Secuencializacion que radica en alternar a produccién para la familia y para el mercado que es Jo que buscan las excedencias y las licencias maternales. Pueden exist estrategias y medidas de “eonciliacién” que en realidad contribuyen a mantener la divisién sexual del trabajo, En el régimen desfamiliarizador hay wna derivacién hacia las instituciones puiblicas y hacia el mercado. Un escenario desfamiliarizador puro no existe y es poco probable, Histéricamente los rocesos de desfamiliarizacién pueden ser muy variados y seguir diferentes ritmos. Estos procesos dependen del peso que tengan los servicios del Estado, de la extensién de los servicios Iucrativos y de Ia implicacién de las redes informales. Los supuestos ideolégicos del régimen familista son la centralidad de la institucién del matrimonio legal y una rigida divisién sexual del trabajo. Se admiten intervenciones piblicas dirigidas a las familias con carécter subsidiario, En cambio, los supuestos ideolégicos del ségimen desfamiliarizador es el cuestionamiento de la separacién privado-piiblico lo cual conduce al Planteo de politicas activas. La base de la admisién de beneficios en el primer caso es la necesidad ¥ Se contemplan medidas ditigidas a proteger a las madres solas. En el segundo la base de admisién de derechos ¢s la ciudadania o la residencia y los beneficios se otorgan a los individuos, El trabajo asistencial de cuidado en el régimen familista es no remunerado y la unidad que recibe los beneficios la familia, mientras que en el desfamiliarizador el trabajo es remunerado siendo la unidad que recibe los beneficios el individuo. El primer modelo es sostenido por sectores conservadores y religiosos y el segundo por un conjunto de actores entre los que se cuentan el movimiento de mujeres, feministas, empresas proveedoras de servicios y trabajadores de las ‘mismas y las organizaciones de autoayuda y de familiares de enfermos. En el primero no se mide el nexo existente entre familia y bienestar, en el segundo modelo es posible realizar mediciones directas o indirectas de la contribucién de Ias familias a la economfa y a la sociedad a través de Giferentes indicadores como la cobertura de los servicios, el uso del tiempo en las actividades de cuidado, la demanda potencial y real de servicios. El escenario estatal residual y mercantilizador se preocupa por atender la calidad de las restaciones de los servicios puiblicos para los mas pobres y eventualmente de los servicios Privados. Quedan, sin embargo, secfores medios y medio bajos no atendidos que deben resolver en el ambito doméstico y por mecanismos informales el cuidado de los més pequefios, Jos adultos mayores y enfermos dependientes. Impera la fragmentacién institucional y la segmentacién de la oferta, cristalizando las desigualdades sociales. En relacién al problema que nos ocupa otto escenario posible y deseable para la equidad social y de género es que se deserrollen politicas de corresponsabilidad familias/ Estado/ mercado, Estas son politicas que inciden en los patrones de uso del tiempo de las mujeres y en la combinacién de trabajo remunerado y no remunerado mediante distintos mecanismos, Principalmente a través de 1a secuenciacién en el uso del tiempo y la derivacién hacia servicios de cuidado. Supone desarrollar estrategias de armonizacién para contemplar impectos de politicas «especificas mitigando efectos no deseadas sobre la carga de trabajo, Se requiere de un paquete de politicas de corresponsabilidad compuesto por: prestaciones ‘monetarias por matemidad y femiliares, servicios sociales publicos para el cuidado de nifios y 29 (CEPAL - Serie Seminavos y conferencias N'52 uta des Familiy desefos para ls pois dependientes, servicios sociales y personales privados para el cuidado de nifios y dependientes y politicas que estinmulen la redistribucién de tareas en el hogar y la responsabilidad social Los objetivos son predominantemente éticos, se trata de alcanzar la equidad de género favoreciendo la ampliacién del ejercicio de derechos sociales, econémicos y politicos de las mujeres, buscando un equilibrio entre mujeres y varones. Una parte de la bibliografia agrega objetivos econdmicos en cuanto estas medidas pueden contribuir al crecimiento econémico y a la productividad laboral. As{ por ejemplo, un reciente informe del banco de inversién Goldman Sachs (2007) argumenta que los servicios sociales de apoyo a las mujeres que trabajan aumentan el trabajo femenino, incentivan la fecundidad, erean nuevos empleos en esos servicios y aumentan el consumo familiar. En este escenario estas acciones deberian ser acompafiadas por politicas orientadas a estimnlar la corresponsabilidad. En el ambito privado el objetivo seria promover cambios culturales que flexibilicen la divisiGn sexual del trabajo. En el imbito piblico se trataria de promover el cuidado como responsabilidad social. El Estado puede sensibilizar a la poblacién mediante la ‘educacién formal y de los medios de comunicacién para apoyar las transformaciones val6ricas y en las subjetividades que requiere el replanteo de los contratos de género y generacionales. Particular importancia tiene la reformulacién del concepto de paternidad a los efectos de incluir una mayor participacién en cuanto a compartir la crianza de los hijos y el cuidado de las personas mayores. Es necesario debatir la necesidad de una politica piblica de corresponsabilidad hacia los cuidados evitando Ia segmentacién institucional y sectorial propia del escenario anterior la cual dificulta los enfoques integrales y la coordinacién. En esa politica deberian contemplarse los servicios de cuidado infantil para los nifios més pequertos, tos destinados a los adultos mayores y la atencién de los enfermos dependientes, tratando de que el sistema se base en principios solidatios y universales de modo que no estigmatice a la poblacién atendida. Se tratan de resolver cuestiones complejas en relacién a Jo que corresponde prover al Estado, al mercado, a las familias y a la comunidad, en cuya definicién intervienen factores de diversos érdenes: econdmicos, sociales, politicos ¢ ideol6gicos. La institucionalidad de género (a nivel nacional y municipal) debe tener un papel importante en cuanto a impulsar medidas y normas —de caricter integral ¢ intersectorial~ que impulsen la equidad social y de género en este campo, en la cual tienen que estar presentes distintas voces, tanto piblicas como privadas, a fin de determinar los derechos y responsabilidades de las personas yy de las distintas esferas institucionales, 5. Las opiniones de la poblacién montevideana sobre la responsabilidad social del cuidado En Ia encuesta sobre uso del tiempo y trabajo no remunerado realizada en Montevideo en 2003 se indagé acerca de la atribucién de responsabilidades de cuidado por parte de la poblacién a las familias, al Estado y a la comunidad (Aguirre, 2005). Se interrogé # los encuestados acerca de las responsabilidades por la atencién de los nifios mas pequefios (0 a 3 afios) y se encontré que cerca él 30% le attibuye al Estado una alta responsabilidad (en forma exclusiva, principal o en paridad con la familia), Otra franja de la poblacién cercana un 34% se inclina por responsabilizar a las familias pero con la ayuda del Estado, Otro 34% de la poblacién atribuye 12 responsabilidad exclusiva a las familias. De ello se desprende que la mayor parte de las personas se inclinan por atribuir algin grado de responsabilidad al Estado en Ja atencién a los nifios més pequefios. 30 (CEPAL- Seve Semiraroeyconfeencits N52 Futaro de las familias ydesafos par as politens ‘CUADRO1 MONTEVIDEO, 2003: ATENCIGN DE NINOS PEQUENOS (0A 3 ANOS) ‘SEGUN SEXO DEL ENCUESTADO: Responsabilidad dol cuidedo Hombre | Mujer | tora Estado 33 23 ar Principalmente el Estado con ayuda de lee 29 63 78 familias Por igual el Estado y tas femiias 201 189 194 Principaimente las families con ayuda det soe | ase | 36 Estado Solemente ls fais, as | us | a38 ‘Agentes sociales, comunidad, con elEstao | 4,1 24 34 Total 1000 | 1000 | 1000 Fuente: Encuesta sobre Usos del Tempo y Trabajo No Remunerado. Montevideo, 2008. Las opiniones referidas a la proteccién y el cuidado de las personas mayores muestran que més de un 40% de la poblacién le atribuye al Estado un papel fundamental (en forma exclusiva, principal o en paridad con la familia). Cerca de un tercio se inclina por responsabilizar a las familias pero con le ayuda del Estado, En el otro extremo tenemos a un 28% de la poblacién que le atribuye la responsabilidad exclusiva a las familias. Vemos que en el caso de las personas mayores se acentiia alin més que en el caso de los nifios mas pequefios, la responsabilidad social del Estado. CUADRO2 MONTEVIDEO, 2003: PROTECCION Y CUIDADO DE PERSONAS MAYORES SEGUN SEXO DEL ENCUESTADO Responsabilidad del cidaco Hombre | sar | Total Estado 103 47 7 Prncpalmente el Estado con ayuca delas fomiies | 8.9 88 88 Por igual el Estado yl feiss wa | 24 | 240 Principalment las familias con ayuda del Estado wa | se | 296 Solamente las fomiias 2a | 20 | a8 ‘Agentes sociales, comuna, con o Estado 29 26 27 Tota 100 | 1009 | 1009 Fuente: Encueste sobre Usos del Tlempo y Trabajo No Remunerado, Montevideo, 2003, Estos resultados nos muestran que se debe seguir trabajando en la construccién de los cuidados como un problema pablico. Se requiere dar visibitidad y valor a los euidados a través de la produccién de conocimientos, la discusién y difusiOn de argumentaciones y propuestas. En esta direccién hay algunos ejemplos interesantes en la regién en cuanto a esfuerzos originados desde la sociedad civil. 31 CCEPAL - Sere Seminars y confrencins N? 52 Futuro de las Familias y desi pera ls poicas 6. Los cuidados como problema publico. Debates con multiples actores Como el cuidado es un problema que afecta mas a las mujeres que a los hombres existen dificultades para que sea considerado como un tema relevante y de interés general, lo cual no es ajeno al hecho de que las mujeres tienen menos poder en los espacios en que se detenta le representacién politica. Se requieren acciones especificas para dar impulso al debate sobre Ta socializacién de los cuidados y para que las instituciones aumenten su implicacién, tanto en el ‘Smbito central como territorial. La reflexién feminista y la accién politica de las mujeres y de la sociedad en su conjunto colocaron en los paises latinoamericanos el tema de la violencia doméstica en Ja agenda publica (Araujo, Guzman y Mauro 2000). Se necesitaria un esfuerzo similar para colocar los cuidados como tema de la agenda, tanto en lo referente al reparto del trabajo entre los integrantes de las familias, como en lo referente a la implicacién institucional directa en los cuidados. Los argumentos centrales que justifican el tratamiento del tema como problema piblico refieren a que: Los hechos relatives al cuidado de los dependientes no son algo propio de la esfera privada, debe formar parte del debate sobre los derechos de ciudadania y sobre la democracia. La concepcién liberal de la democracia ha sostenido la ficcién de que el ciudadano es ‘auténomo, autosuficiente y establece relaciones contractuales, Las ciudadanas y los ciudadanos son autosuficientes y dependientes, ambas cosas a la vez, por mas que hay periodos de 1a vida en que prevalece Ia autosuficiencia y otros en los que prevalece es Ia dependencia La consideracién del ‘cuidado y de la dependencia conduce a tener en cuenta que dependemos unos de otros y que todas, las personas requieren de las familias, de la sociedad y de la conmunidad para que le proporcionen soporte a lo largo del curso de vida. En la medida que las mujeres son quienes contribuyen en forma desproporcionada al bienestar social mediante todos los servicios no remunerados, es justo que deban considerarse en los presupuestos aquellas partidas que mas directamente las afectan, como es el caso del cuidado de las personas dependicntes (nifios, mayores, enfermos, minusvalias). La interrogante central a responder es cudles pueden ser las configuraciones posibles en muestros paises para resolver las necesidades y el reparto de los cuidados feniendo en cuenta los costos econémicos y las pautas culturales sobre los cuidados de los distintos sectores sociales. Otros micleos problemiticos a considerar son las cuestiones que refieren a la calidad de tos servicios piblicos y privados, la devaluacién de los trabajos y de las trabajadoras asalariadas que a ellos se dedican y la necesidad de que se tengan en cuenta consideraciones cientificas y profesionales en los mismos, el reconocimiento y cl rol de los sistemas no convencionales 0 alternativos. Por lo tanto, las politicas dirigidas a las familias con relacién al cuidado encierran una serie de asuntos a debatir en el plano cultural, social y econémico y abren un amplio espacio para la biisqueda de altemativas en la que deberdn estar presentes distintas voces. En varios paises latinoamericanos se estén procesando reformas sociales donde se plantean ‘una reestructuracién de las prestaciones y de los servicios sociales. Discutir la combinaciém de servicios sociales universales y focalizados y el “mix” deseable de prestaciones monetarias y servicios sociales es uno de los puntos que puede provocar intensos debates. Es posible que en algunos paises haya voluntad politica de revisar, ampliar y coordinar el paquete de cuidados 32 (CEPA. Serie Seminaries y conference N" 52 Futuro dels frie y desi paras pliteas sociales y también -en el marco de procesos de descentralizacién— avanzar hacia el desarrollo de lo que Chiara Saraceno (2004) llama “una ciudadania localmente especifica”. La meta de producir cambios en la division sexual del trabajo en la esfera doméstica ha conducido en algunos paises de la regién al planteo de iniciativas proactivas para aumentar las Tesponsabilidades masculinas en el cuidado mediante acciones de sensibilizacién en los medios de comunicacién y la propuesta de licencias parentales. Seria importante discutir 1a experiencia europea y las distintas estrategias de los paises en Ja materia, para ver como actiian las culturas y los regimenes de horarios laborales que se han intensificado en las economfas globalizadas, poniendo barreras a los hombres para el ejercicio de sus derechos a cuidar. El debate piblico deberia promover la construccién de nexos entre quienes trabajan en el Ambito académico y quienes estén ubicados en las esferas politico-decisorias (funcionarios y responsables politicos), evitando la segmentacién institucional y sectorial que dificulta los ‘enfoques integrales y la coordinacién de politicas, sobre todo en lo que se refiere al sistema de salud, a Ja proteccién social y a los nuevos servicios sociales que habria que crear. La reflexién conjunta debe contribuir a la construceién del “ sujeto de las politicas del cuidado”, integrando las vvoees de las organizaciones de mujeres y feministas, las organizaciones que demandan y ofertan servicios de cuidado y las que luchan contra la enfermedad y por la ayuda a las personas dependientes, Bibliografia ‘Aguirre Rosario y otras (2006) Diagnéstico de la situacién sobre género y salud en Uruguay, OPS, UNFPA, MSP, Montevideo, Uruguay. 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