“Que está haciendo Cecilia Pando en este instante?

” La
sátira de “Barcelona” censurada a futuro por una
condena judicial
Por Manuel Larrondo
Abogado
Docente grado Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLP
Maestría Periodismo de investigación - Universidad del Salvador
@larrondomanuel
Ha generado cierto revuelo en la opinión pública la sentencia
dictada en Marzo de 2017 por la Cámara Civil de Apelaciones
Sala D por la cual se condenó a la Revista “Barcelona” a
indemnizar a la Sra Cecilia Pando en $70.000 más honorarios y
gastos (alrededor de USD 5 mil en Marzo de 2017).

En concreto, la Sra Pando – esposa de un militar y Presidente
de la “Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos
de la Argentina” – demandó a dicho medio gráfico por
considerar que en una de sus tapas se vulneró su derecho a la
imagen y al honor.

Por qué? En esa contratapa aparecía su cara con un cuerpo
desnudo de mujer trucado, con sogas entrelazadas a manera
de cadenas y con una leyenda que textualmente dice “PARA
MATARLA! Soltá al Genocida que llevás dentro……. Ceci Pando
se encadena para vos”, entre otras cosas.

Pese a que la Revista Barcelona se caracteriza por utilizar la
sátira y la ironía en sus notas como una forma de cuestionar y
criticar a personajes públicos, la Cámara de Apelaciones
consideró que incurrió en un abuso en su ejercicio de libre
expresión, vulnerándose así los derechos alegados por la Sra
Pando.

Por el contrario, considero que ha sido la propia sentencia la
que ha desconocido principios y garantías básicas
constitucionales así como también estándares interamericanos
de protección a la libertad de expresión, generando un
precedente que esperamos sea revocado íntegramente por la
Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Veamos cuales han sido los argumentos invocados por la
sentencia para poder demostrar por qué vulnera los referidos
estándares interamericanos.

Pando: Personaje público o anónimo?

Debemos partir del primer punto de análisis indispensable para
poder afirmar el erróneo razonamiento y arbitraria aplicación
de la ley en la sentencia referida.

En efecto, se menciona en el fallo que la Sra Pando sería una
“persona privada” que tomó de modo voluntario participación
en cuestiones de interés público, por ejemplo, en su presencia
y apariciones en diversos programas de TV, medios gráficos y
portales web expresándose en la vía pública junto a otras
personas en defensa de militares represores o bien dando
entrevistas a la prensa en las que negó que hubiera habido
apropiación de menores durante la última dictadura militar.

En el considerando V de la sentencia, la propia Cámara destaca
que la Sra Pando tuvo un rol preponderante en la defensa de
militares y personal de las fuerzas armadas que prestaran
servicios durante el denominado “Proceso de Reorganización
Nacional”, formando un grupo denominado “Asociación de
Familiares y Amigos de los Presos Políticos de la Argentina”, del
cual revistiera el cargo de Presidente. Es más, resalta el fallo
-sin dudar- que la Sra Pando ha pasado a convertirse en una
figura pública ya que su nombre y parte de biografía aparece
hasta en “Wikipedia, la enciclopedia libre”, lo cual no es común
para resto de los mortales anónimos para la opinión pública.

Sátira + persona pública = condena judicial al medio

Pese a su acreditada calidad de persona pública, la sentencia
consideró que el hecho antijurídico cometido por “Barcelona”
consistió en haber parodiado la figura de la Sra Pando a través
de la imagen modificada que figura en la contratapa de la
revista, con la inserción de títulos que – a su juicio- habrían
excedido “los límites que le son propios a la prensa, en
perjuicio de los derechos individuales o personalísimos de la
actora, afectando su dignidad, su honor, su imagen”(sic). De
allí que, concluye, la revista habría efectuado un ejercicio
“imprudente” del derecho a la libre expresión afectando
sus derechos personalísimos (daño moral). Todo ello a
pesar de que la propia Cámara destaca que la Perito
psicóloga en su dictamen concluyó que la Sra Pando no
tuvo consecuencia psicológica alguna.

Aún más, como cita y fundamento de su postura, en el
considerando IV último párrafo de la sentencia sostiene que los
jueces deben examinar cuidadosamente si se ha excedido o no
de las fronteras del ejercicio lícito del derecho a informar tal
como lo sostuvo el voto de los Dres. Fayt y Boggiano (ex Jueces
de la Corte Suprema de Justicia de la Nación) en la causa
“Kimel”.

Paréntesis. Esta última cita refleja una de las tantas paradojas
que encierra el análisis jurídico que realizan los Magistrados de
la Cámara de Apelaciones. En efecto, la sentencia del caso
“Pando” citó a su vez un fallo de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación que justamente fue dejado sin efecto por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en relación a la
condena de prisión en suspenso más multa de USD 20 mil
aplicada al periodista Eduardo Kimel por haber expresado su
opinión crítica en un libro en referencia al desempeño de un
Juez durante la última dictadura militar. Incluso dicho Tribunal
Interamericano le ordenó a la Nación Argentina que reformara
los delitos de calumnias e injurias en el Código Penal por
resultar vagos e imprecisos sus términos, situación que el
Congreso Federal llevó a cabo en 2009 por ley.

Hete aquí una de las tantas llamativas contradicciones en las
que incurre el fallo, tal vez hasta de tono satírico podría
decirse.

Finalmente, en base a criterios indescifrables de “prudencia y
equidad”, fijó la suma de $70 mil como indemnización a favor
de la Sra Pando, más costos y costas del juicio.

Qué indican los estándares interamericanos respecto a
limitar a la libertad de expresión

Pese a las “irónicas” referencias que realiza la Cámara a lo
largo del fallo respecto a la importancia que reviste en la
sociedad democrática la actividad de la prensa libre y crítica de
situaciones de interés público, en los hechos todas esas
alabanzas las desconoce al incurrir en un gravísimo yerro
interpretativo de la ley en tanto tuvo por acreditada una
supuesta lesión a los derechos a la imagen y honor de la Sra
Pando sin prueba alguna que así lo avale.

En efecto, no solo el propio fallo destaca la carencia de pruebas
concretas que demuestren el supuesto daño moral – la pericia
psicológica así lo dice– sino que además da por cierto que la
tirada de ejemplares de la revista habría generado una suerte
de incremento de ese daño jamás probado.

Olvida además que la Corte y la Comisión Interamericanas han
sostenido en reiteradas ocasiones que el test de necesidad de
las limitaciones a la expresión debe ser aplicado en forma más
estricta cuando las mismas se refieran al Estado, a asuntos de
interés público, a funcionarios públicos en ejercicio de sus
funciones o candidatos a ocupar cargos públicos, o a
particulares involucrados voluntariamente en asuntos
públicos, así como al discurso y debate políticos (Corte IDH.
Caso Ivcher Bronstein. Sentencia del 6 de febrero de 2001,
Serie C No. 74.. Corte IDH, Caso Herrera Ulloa. Sentencia de 2
de julio de 2004. Serie C No. 107. Corte IDH, Caso Ricardo
Canese. Sentencia de 31 de agosto de 2004. Serie C No. 111.
Corte IDH. Caso Palamara Iribarne. Sentencia del 22 de
noviembre de 2005, Serie C No. 135. Corte IDH. Caso Eduardo
Kimel. Sentencia de 2 de mayo de 2008 Serie C No. 177.
CIDH, Informe Anual 1994. Capítulo V: Informe sobre la
Compatibilidad entre las Leyes de Desacato y la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, entre otros)

En el caso, insisto, del fallo no surge que se hubiera acreditado
la absoluta necesidad de la imposición de responsabilidades
posteriores tal como impone el art 13 del Pacto de San José de
Costa Rica.
Tanto la sentencia del Juzgado de 1ra instancia como la de la
Cámara coinciden en desestimar la aplicación de la doctrina de
la real malicia a este caso. Es correcta tal decisión? Es
probable, ya que la revista Barcelona se caracteriza justamente
por acudir a la sátira como forma de criticar hechos y
personajes de interés público lo cual conlleva a que justamente
se trate de una opinión de tinte sarcástica no vinculada a
hechos que puedan llegar a ser objeto de verificación.

Recordemos que para el caso de los comunicadores sociales y
periodistas, el principio 10 de la Declaración de Principios sobre
Libertad de Expresión de la CIDH dispone que “debe probarse
que en la difusión de las noticias el comunicador tuvo
intención de infligir daño o pleno conocimiento de que se
estaba difundiendo noticias falsas o se condujo con
manifiesta negligencia en la búsqueda de la verdad o falsedad
de las mismas.”

En los casos en que se pretenda hacer efectiva la
responsabilidad de quien ha abusado de su derecho a la
libertad de expresión, quien alega que se causó un daño es
quien debe soportar la carga de la prueba de demostrar que las
expresiones pertinentes eran falsas y causaron
efectivamente el daño alegado.

Ahora bien, insistimos en que debe tenerse presente que tanto
la tapa como el contenido en sí de la revista “Barcelona” se
caracterizan por ser una expresión crítica de temas de interés
público basada en la sátira. Por eso es importante tener en
cuenta que únicamente los hechos, y no las opiniones,
son susceptibles de juicios de veracidad o falsedad. En
consecuencia, nadie puede ser condenado por una
opinión sobre una persona cuando ello no apareja la
falsa imputación de hechos verificables.

Si observamos la tapa de la revista “Barcelona”, es evidente
que la crítica y sátira empleada de ninguna manera
refleja la mínima posibilidad de que el truco fotográfico
se condiga con hechos verídicos o verificables. Se trata
sin duda de una expresión humorística y crítica hacia un
personaje público – la Sra Pando- que voluntariamente
decidió ocupar ese lugar.
En cualquier caso, se ha sostenido reiteradamente por la
Comisión y Corte Interamericanas que toda restricción al
derecho a la libertad de expresión debe estar
establecida de manera previa, expresa, restringida en la
ley, sin ambigüedades y de manera clara –tanto en el
sentido formal como en el material. La restricción
además debe estar orientada al logro de los objetivos
imperiosos establecidos por la Convención Americana,
ser necesaria en una sociedad democrática para el logro
de los objetivos imperiosos que persiguen, y ser
estrictamente proporcional a la finalidad que busca, así
como idónea para lograr dicho objetivo (CIDH. Informe
Anual 2009. Informe Anual de la Relatoría Especial para la
Libertad de Expresión. Capítulo II (Marco Jurídico
Interamericano sobre el Derecho a la Libertad de Expresión).
OEA/Ser.L/V/II. Doc. 51. 30 de diciembre de 2009, párr. 62 y
siguientes. Informe Anual 2010, Cap II).
La sentencia de Cámara desoye estos claros lineamientos
interamericanos al sopesar la reglamentación infra
constitucional –el Código Civil- por sobre los Tratados
Internacionales. En términos claros, la orden de indemnizar con
$70 mil a la Sra Pando es la muestra de cómo la sentencia
intenta dar preeminencia a los derechos a la imagen y honor
de un personaje público por sobre la libre difusión de la crítica
satírica que forma parte del derecho humano y colectivo a
recibir información en el marco de una sociedad democrática.
En relación al monto de condena, amén de que la sentencia no
explica qué parámetros utilizó para elevarlo en relación al
fijado por la Jueza de 1ra instancia en base a la “equidad y
justicia”, desatiende otra vez una premisa básica por cuanto
las sanciones civiles, de conformidad con los Relatores
Especiales para libertad de Expresión de la ONU, la OEA y la
OSCE, en su Declaración Conjunta de 2000, “no deben ser de
tales proporciones que susciten un efecto inhibitorio sobre la
libertad de expresión, y deben ser diseñadas de modo de
restablecer la reputación dañada, y no de indemnizar al
demandante o castigar al demandado; en especial, las
sanciones pecuniarias deben ser estrictamente
proporcionales a los daños reales causados, y la ley
debe dar prioridad a la utilización de una gama de
reparaciones no pecuniarias” (Informe Anual 2008 volumen
III Relatoría Libertad de expresión OEA, pág. 148 (ver en
http://www.oas.org/es/cidh/expresion/docs/informes/anuales/Inf
orme%20Anual%202008%201%20ESP.pdf)

Por eso bien decimos que la condena pecuniaria consiste en
una censura a futuro que genera un evidente efecto inhibitorio
en la libre expresión satírica no solo de la revista “Barcelona”
sino además de los demás medios de difusión que lógicamente
toman nota y ven de reojo lo que resolvió la Cámara al igual
que lo hace cualquier persona que intente realizar una crítica
sarcástica sobre un hecho de interés público a través de las
redes sociales o webs.

“Qué estarán haciendo los Bussi en este instante?”

Sin perjuicio de esto, resulta oportuno rememorar y hacer un
paralelismo entre lo resuelto en el caso “Pando” con aquella
decisión que rechazó la demanda que inició el Sr. Ricardo Bussi
contra Mario Pergolini y Cuatro Cabezas SA (BUSSI RICARDO
ARGENTINO C/PERGOLINI MARIO Y OTROS S/DAÑOS Y
PERJUICIOS - EXPTE. LIBRE N° 73.858/01 (57-U),
7/3/2005)

En Marzo de 2005, la misma Cámara Nacional de Apelaciones
en lo Civil Sala D –aunque con distintos Jueces- desestimó el
reclamo indemnizatorio iniciado por el entonces Diputado
Nacional Ricardo Bussi quien reclamó por supuestos daños al
honor padecidos a raíz de que en el satírico programa de TV
“Caiga quien caiga” –emitido el 8 de junio de 1999- se había
exhibido un sketch en el que – en teoría- se lo ridiculizaba a su
padre y a él.

Los hechos denunciados fueron los siguientes: según Ricardo
Bussi, a las 48 hrs. de cerrada la elección a candidato a
gobernador de la provincia de Tucumán, en la cual participó
teniendo serias chances de ganarla, en el programa conducido
por Mario Pergolini se exhibieron imágenes y se vertieron
conceptos agraviantes para su persona que le habrían
producido perjuicios.

En concreto, el pasaje se vincula con la pregunta que realizara
al aire el Sr. Pergolini “¿Qué estarán haciendo los Bussi en este
instante?”. A continuación se exhibía una filmación en la que,
imitando la voz de Ricardo Bussi y la de su padre – Domingo
Bussi, ex militar represor y por entonces Gobernador en
ejercicio de la Provincia.-, se observaba por medio de reflejos
destellantes la supuesta injuria física que éste último producía
en su persona mediante la utilización de descargas eléctricas,
reprochándole que había deshonrado a la familia, al partido y a
la provincia, frente a lo cual se simulaba que él le rogaba que
cesara el castigo sobre su organismo.

Según argumentó el Sr. Ricardo Bussi en su reclamo, ese
sketch lo habría ridiculizado haciéndolo ver como una persona
mayor, que no obstante ser profesional, Diputado de la Nación
y padre de familia, se encontraría sometida por su padre,
afectando de esa manera su buen nombre y honor tanto en su
faz política como privada.

Una vez más surgió a debate una defensa clave esgrimida por
Pergolini y la productora CUATRO CABEZAS SA: la doctrina de la
“real malicia” surgida a partir del caso “New York Times vs.
Sullivan” de la Corte Federal de EEUU en la década de 1960 y
que fue adoptada por nuestra Corte Suprema de Justicia de la
Nación en reiterados casos (ej “Ramos Fallos 319:3428).

Dicha doctrina sostiene que tratándose de
informaciones referidas a funcionarios públicos, figuras
públicas o particulares involucrados en cuestiones de
esa índole, aún si la noticia tuviere expresiones falsas e
inexactas, los que se consideran afectados deberán
demostrar que quien emitió la expresión o imputación
conocía la falsedad y obró con real malicia, esto es, con
el exclusivo propósito de injuriar o calumniar y no con el
de informar, criticar, o incluso de generar una conciencia
política opuesta a aquel a quien afectan los dichos.

Del análisis de los hechos y del sketch televisivo en cuestión, la
sentencia concluye que tenía como temática el
tratamiento de temas de actualidad en tono jocoso o
satírico. Agrega también un comentario trascendental:
que de la observación del sketch no se advierte que se
hubiera querido representar ni sugerir un hecho
verídico, sino que por el contrario es bien claro que lo
que se buscó fue satirizar una situación imaginaria
posterior al acto eleccionario que tuviera lugar por esos
días en la provincia de Tucumán.

Similar situación ocurre con el foto montaje realizado
por la contra tapa de la revista “Barcelona”. Alguien
podría llegar a creer que efectivamente la Sra Pando
habría posado como modelo encadenada haciendo una
suerte de alabanza al genocidio en una revista que se
caracteriza por ser sarcástica?

Al respecto, en el caso de la demanda del Sr. Bussi, los Jueces
de la Cámara de Apelaciones destacaron que “cada
televidente, cada consumidor del producto televisivo
puede realizar distintas interpretaciones del mentado
sketch, mas ellas serían tan disímiles y personales que
no podría condenarse a los demandados por aquel
sentimiento que el referido paso de comedia produzca
en cada uno de ellos, toda vez que la sensibilidad de
cada sujeto frente a una representación de estas
características es sumamente variable según los
individuos de que se trate; más aún, cuando a todas
luces surge que el pasaje en cuestión se vio animado de
un espíritu humorístico fácilmente apreciable que
excluye toda posibilidad de que produzca
deshonor.”(sic)

Para fundar esta postura destacaron que “la burla, el humor, la
caricaturización de personajes, forman parte de la vida diaria,
tanto el ciudadano común, cuanto el hombre público (el
político, el juez, el deportista, el artista) están acostumbrados a
las bromas y hasta la ridiculización de los actos y las
costumbres de los personajes públicos. Por tanto si el humor
trajera aparejada indemnizaciones a favor de quienes se
sientan ofendidos por este tipo de sátiras, nuestros Tribunales
se verían inundados de reclamos por daño moral con
consecuencias imprevisibles, casi grotescas (cfr. CNCiv., Sala L
in re “Cancela, Omar . c/ ARTEAR S.A. y otros s/ ds. y ps., del
28/10/94, voto del Dr. Polak).

Es que la expresión satírica utiliza el humor o lo grotesco para
manifestar una crítica, para expresar un juicio de valor (cfr.
C.S.J.N. in re “Cancela, Omar c/ ARTEAR S.A. y otros s/ ds. y ps.,
del 29 de septiembre de 1998, LL 1998-E-575, voto del Dr.
Boggiano, consid. 5°), y así si las frases presuntamente
injuriosas fueron expresadas en el contexto de un programa
televisivo de humor -tal como ancontece también con la revista
“Barcelona” con el foto montaje de la Sra Pando-, no se advirtió
que hubiera habido animus injuriandi alguno (cfr. CNCrim. y
Corr., Sala 6° en autos “Gianola, Fabián y otros” del
27/03/2003) sino que, por el contrario, se configuró un animus
jocandi definido como aquella intención festiva, de jugar
de bromear que impide tomar en serio la declaración de
voluntad, que no produce el nacimiento de una
obligación de reparar un eventual daño ni es punible
por la simple manifestación verbal.

Concluye el fallo citando palabras de quien era Vicepresidente
Regional para la Argentina de la Comisión de Libertad de
Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa,
Luis F. Etchevehere quien sostuvo que “...el humor , el chiste
constituyen una de las facultades más propiamente humanas y
son indicativas de la complejidad del alma y sus posibilidades
de afirmar-negando o viceversa...” (sic) (ver fs. 290),
constituyendo -en consecuencia- “...una de las más elevadas
formas de expresión espiritual...” (sic)

Tal como adelantáramos al principio, haciendo un paralelismo
de lo resuelto en el caso “Bussi”con el caso de la revista
“Barcelona”, es fácilmente apreciable que de ninguna manera
podía llegar a interpretarse que se hubiera representado una
situación de la realidad en el foto montaje de la Sra Pando en
tanto, como se dijera, la característica de la revista “Barcelona”
es justamente acudir a la crítica sarcástica, irónica y sátira de
la realidad. En este caso, es claro que su intención fue
expresarse críticamente hacia la postura pública de la Sra
Pando de defender los postulados de la última dictadura militar
en Argentina.

En palabras de Werner Jaeger la comedia ática “...nació de la
burla más o menos inofensiva contra individuos particulares.
Pero sólo alcanzó su verdadera naturaleza con la entrada en la
arena pública de la política. Tal como la conocemos en la
plenitud de su florecimiento, es el producto más auténtico de la
libertad de palabra democrática... No se limitó a los asuntos
políticos en el sentido actual y limitado de la palabra, sino que
abrazó todo el dominio público en el sentido griego originario,
es decir, todos los problemas que en una u otra forma afectan
a la comunidad (“Paideia”, FCE, México 1980, pág. 330, citado
por el Dr. Boggiano in re “Cancela, Omar . c/ ARTEAR S.A”).

La sentencia en el caso “Pando” reseña variada jurisprudencia
europea para validar la condena a la revista “Barcelona”, entre
ellas la que en cierta medida sostiene que la sátira –como
ejercicio de la libre expresión – puede llegar a resultar un abuso
de ese derecho.

Siguiendo los lineamientos y estándares interamericanos de
protección a la libertad de expresión sobre todo en su
dimensión colectiva, deviene preciso citar un precedente de la
Suprema Corte norteamericana en el caso “Hustler Magazine
Inc. vs. Falwell” (485 U.S. 46,54) en el cual la opinión de un
caricaturista expresó la naturaleza de su arte con éstas
palabras: “La caricatura política es un arma de ataque,
de mofa, ridículo y sátira; es menos efectiva cuando
trata de congratular a algún político. Es usualmente
bienvenida como el aguijón de una abeja y es siempre
controversial en algún ámbito (Long, “The Political Cartoon:
Jounalism’s Strongest Weapon”, The Quill 56, 57 nov. 1962). En
el mismo caso, también señaló que “a pesar de su naturaleza
algunas veces cáustica, desde las tempranas caricaturas
que retrataban a George Washington como un asno,
hasta los presentes días, las representaciones gráficas
y las caricaturas satíricas han jugado un rol prominente
en el debate público y político”.

En Francia también se puntualizó que la caricatura participa
siempre del espíritu de denigración y ofrece a la persona
representada una imagen desafortunada que generalmente no
le es favorable (Auvret, Patrick “Les jounalistes”, Delmas, París,
1994, pág 191) y el Tribunal de Gran Instancia de París
reconoció que la caricatura es una “manifestación de la
libertad de crítica y autoriza a un autor a forzar los
rasgos y a alterar la personalidad de aquel que
representa” (T.G.I. París, 17/9/1984).

Por su parte, el Tribunal Constitucional Español afirmó que “la
libertad ideológica indisolublemente unida al pluralismo
político que, como valor esencial de nuestro ordenamiento
jurídico propugna la Constitución, exige la máxima amplitud en
el ejercicio de aquélla y, naturalmente, no sólo en lo
coincidente con la Constitución y con el resto del ordenamiento
jurídico, sino también en lo que resulte contrapuesto a los
valores y bienes que ellos consagran, excluida siempre la
violencia para imponer los propios criterios, pero permitiendo
la libre exposición de los mismos en los términos que impone
una democracia avanzada. De ahí la indispensable
interpretación restrictiva de las limitaciones a la libertad
ideológica y del derecho a expresarla, sin el cual carecería
aquélla de toda efectividad (sentencia 20/1990, del 15 de
febrero, fundamento 5°, en Boletín Oficial del Estado del
1/3/1990) (vinculado al ya citado voto del Dr. Boggiano en el
caso “Cancela” que, casualmente, es también citado por la
sentencia de Cámara de Apelaciones en el caso “Pando”).

Personajes públicos…deben ser tolerantes a la crítica
En el marco de una democracia en la cual deben primar los
valores republicanos y el respeto por la libre difusión de ideas y
opiniones de interés público, quizás un Tribunal pueda incurrir
en una errónea y forzada interpretación jurídica tal como tuvo
lugar en el caso “Pando.”

Pero siguiendo los estándares interamericanos tal como lo ha
hecho la Corte Suprema de Justicia de la Nación, hay un tema
que no puede pasar por alto: que los funcionarios públicos
o personajes públicos o bien quien han adoptado
voluntariamente una exposición pública, debe entender
que están sujetos a la crítica y/o al elogio como todos
aquellos que se exponen a la mirada de la opinión
pública.

Así lo ha confirmado infinidad de veces nuestra Corte Suprema
de Justicia de la Nación al sostener que cuando existe una
tensión entre la libertad de prensa y otros derechos
fundamentales de la persona humana, “debe resolverse
en el sentido de asignar un mayor sacrificio a quienes
tienen en sus manos el manejo de la cosa pública
(doctrina de Fallos, 310:508, considerandos 13 y 14)”. Y ello
así, porque “las personalidades públicas tienen un mayor
acceso a los medios periodísticos para replicar las falsas
imputaciones” que las personas comunes, que no están
acostumbradas a la exposición en los medios de prensa, por lo
que corresponde un “criterio estricto en la ponderación de los
presupuestos de la responsabilidad civil” (considerandos 17 y
18).

Agregamos que la libre difusión de ideas y opiniones
sobre la “cosa pública” jamás podría cercenarse o
limitarse porque un funcionario o personaje público se
sienta afectado en su derecho a la imagen u honor. El
escrutinio público de quien se expone en forma
voluntaria tiene justamente esa característica: la de ser
valorado, criticado o elogiado por la opinión pública.

En conclusión, la Sra Pando sin duda alguna reviste la calidad
de personaje público al haberse expuesto públicamente en
manifestaciones, protestas, ocupando un cargo directivo en
una ONG relacionada a defender a supuestos presos políticos
de la última dictadura militar y expresando voluntariamente su
opinión y posición política sobre la desaparición forzada de
personas y apropiación de menores a través de diversos
medios de prensa. Difícilmente pudo haber alegado que
desconocía que podía llegar a ser objeto de burla, crítica o
sarcasmo por esos dichos y su clara postura política, tal como
ocurrió con la tapa de la revista “Barcelona”.

Por el contrario, era conciente de que se exponía a tal crítica.
Por eso es claro que la sentencia de la Cámara de Apelaciones
que hizo lugar a su reclamo indemnizatorio demuestra una
evidente intolerancia cívica de saber convivir en una sociedad
con cultura democrática y diversidad de opinión tal como lo
protegen los múltiples pronunciamientos que emanan de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos.