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SECCION SEGUNDA COSTUMBRES iOh tiempo felice de siglo dorado Que daba Ia tierra los frutos de suyo! No habia cudicia, ni mio ni tuyo: Deseo ninguno ponia cuidado, Malicia ni vicio no-habia reinado, Propésito malo, ni mal pensamiento: Despues sucedié el siglo de argento, Que vino en quilates & ser més calado, (Suan del’ Ensina,) CAPITULO PRIMERO El Fuero del Bailto (1). 1—Origen histérico. i.\DA la importancia que siempre revisten las cues- Wl tiones referentes 4 Ia familia, cuya complejidad y trascendencia alcanza 4 todas las esferas de la actividad humana, creemos de interés llamar la atencién del publico hacia un fuero local que atafie 4 la propiedad de los bienes aportados por los cényuges al matrimonio, ya que los trabajos de codificacién civil estén haciendo opor- tunas todas las cuestiones de esta indole. Aludimos al fuero del Bailto, que de tal manera pasa desapercibido fuera de Extremadura, que muchos ilustrados jurisconsultos 4 quie- nes hemos hablado de él, le crefan ya perteneciente 4 la Historia. Initiles han sido nuestras constantes pesquisas en busca de fuentes coeténeas que nos revelen el origen de este fue- ro. Vigente estd en Jerez de los Caballeros, Alburquerque, (1) Este capftulo es reproducci6n literal de un trabajo que publiqué en 1882. Lo consigno aqui integro porque nada nuevo he vuelto d encon- trar sobre esta materia; y s6lo le agrego aqui algunas notas. 160 Ex Lrpro DE JEREZ Burguillos, Valverde, Atalaya, Fuentes de Leén y los valles de Matamoros y de Santa Ana, y ninguna de estas pobla- ciones conserva en sus archivos texto alguno de privilegio 6 Real carta que pueda dar 4 conocer cudndo y cémo lo adquirieron; siendo de notar en este punto que tampoco habfa nada que pudiera ilustrar al Consejo de Castilla alla por el afio 1778, en que fué confirmada su observancia por una ley de Carlos Il. En la imposibilidad, pues, de atenernos 4 un documento fehaciente, vamos 4 revelar los dispersos y muy escasos datos que han llegado 4 nuestro alcance, y que A nuestro juicio descifran en parte la clave de este oscuro enigma. Ignoramos qué testimonio pudiera servir de base para afirmarse en el Diccionario Geogrdfico de D. Pascual Ma- doz que el fuero susodicho fué concedido 4 Jerez durante el reinado de D. Enrique II, cuando la Ciudad pasé al do- minio de la Orden de Santiago; pero desde luego califica- mos de errénea esta noticia, porque datos mds veridicos nos inducen 4 considerarle de mds remota fecha. En efecto; cotejando lo que un manuscrito histérico de Jerez cuenta con lo poco que en el particular se atreve 4 decir el Consejo de Castilla, venimos en conocimiento de que por los afios 1200 (p/us minusve), cuando toda la Ex- tremadura meridional estaba todavia en poder de los mo- ros, un magnate portugués llamado D. Alfonso Téllez de Meneses, yerno del rey lusitano Sancho II, tomé y ree- dificé la famosa plaza de Alburquerque, y concedié 4 sus vecinos (que sin duda eran portugueses venidos con él al fonsado, en calidad de vasallos) que pudieran regirse por las leyes entonces vigentes en Portugal, entre las cuales figu- raba ya la conocida con el nombre de /ey de miatade, por virtud de la cual todos los bienes aportados al matrimonio por los cényuges habfan de pertenecer 4 ambos de la mis- ma manera, y someterse 4 particidn como si fueran bienes