Comentario de Texto: Sotileza. Crisálidas.

1. Localización.

El texto pertenece a José María de Pereda (Santander 1833-1906), que llegó a ser el
mejor representante del realismo “regionalista”. Hombre tradicional de ideas políticas
conservadoras cada vez más extremas. No se sintió a gusto ni en la Academia de
artillería de Madrid, ni en Santander, ni tampoco en París, ciudad que visitó en 1865, fue
amigo de Galdós y de Clarín. Como los costumbristas románticos de tiempo atrás, en
sus obras intenta pintar, los tipos y paisajes de su tierra que desaparecían ante los
nuevos tiempos. Sus personajes eran inmutables, sin posibilidad de evolución. Sotileza
es una de sus mejores novelas, escrita en 1885, pese al naturalismo del momento
consiguió influir en sus coetáneos realistas en la profundización del análisis de la
realidad española, predomina lo lírico sobre lo narrativo.
2. Tema e ideas fundamentales.
El tema principal del texto es la pobreza que rodea al padre Apolinar y sus feligreses en
un ambiente rural. Podemos estructurarlo en tres partes: Primera parte, describe donde
se desarrolla la acción, una segunda parte donde por medio del diálogo conoceremos a
los personajes y una tercera donde el sacerdote intenta ayudar a sus pobres feligreses.

3. Análisis formal y estilístico del texto.
Al inicio del texto observamos cómo el autor describe la habitación del padre Apolinar a
modo de cuadro costumbrista, lo pinta de forma fiel. Usa la tercera persona del singular
para alejar al narrador de la narración y hacerle pasar desapercibido. En esta primera
parte el autor hace uso de oraciones simples, básicamente, va enumerando el contenido
de la habitación, con el uso mínimo del pretérito imperfecto que, además de acercarnos
al texto, centra la atención en los adjetivos para resaltar la descripción casi a modo
fotográfico: “negreaban, cubría, contenía, alcanzaba, entreveía…”. Este tiempo verbal
nos acompañará en toda la narración. El autor expresa el tema de la pobreza desde el
principio: “El cuarto era angosto, bajo de techo, triste de luz; negreaban a partes las
paredes, que habían sido blancas, y un espeso tapiz de roña, empedernida casi, cubría
las carcomidas tablas del suelo. “Bajo de techo, triste de luz”, parece que estamos en la
boca del lobo o en una cueva. La contraposición “negreaba las paredes que habían sido
blancas” nos muestra la suciedad del lugar y “la roña empedernida y las tablas del suelo
carcomidas” el tiempo que lleva ese lugar en esas condiciones infrahumanas. Tras el
habitáculo, pasa a describir los muebles, los adjetivos resaltan la pobreza y suciedad
anterior: “derrengado sillón y tres sillas desvencijadas”, además de escasez, está todo
viejo. “El crucifijo tiene el ramo del laurel seco, un viejo breviario muy recosido”, de
nuevo el paso del tiempo y la pobreza con ese breviario muy recosido (cosido más de
una vez), e incrementa más todavía la pobreza el modificador “muy”. Tiene el cuarto,
“una cortinilla de indiana, que no alcanzaba a tapar la menguada puerta”, resaltando de
nuevo la pobreza con el diminutivo “cortinilla” y el sintagma “menguada puerta” que
coloca el adjetivo primero para resaltar lo pequeña que es la puerta. Tras describir el
lugar, el autor habla sobre los seres que viven en él, “media docena de criaturas
haraposas...un cura de sotana remendada”. El padre Apolinar hace aparición, y no solo
describe su pobre indumentaria, sino que lo hace de forma que no desentona, ni con

bizco y de cabeza descomunal”. ojos tiernos por horror a la luz. en lugar de padre. El resto de los muchachos son descritos de la misma forma: “el muchacho que seguía a Muergo por la derecha. Luego lo describe físicamente: “Alto. también descamisado. Acto seguido. personas que necesitan de su ayuda. y aguanta su peste. usando el “que” de forma anafórica: “que usted que lo entiende. y además es paciente. “media camisa. otro de ellos “de media camisa. pero en todos la escasez. “está fuera del alma. acrecentando la miseria. y para terminar la descripción nos trae esa misma suciedad a nuestro olfato: “El mayor de ellos… apestaba a perrera”. cuello encorvado. cuida de ellos. áspero y moreno el cutis y negra la dentadura”. “sacó del cajón un bramante. ni con los bichos. escasos y feos. sin. hecho un bestia. Mientras tanto. “el cura…que no llegó a perder la paciencia”. pero con calzones. El polisíndeton aumenta la agilidad verbal. el descontento va creciendo mostrado por la exclamación no . esta vez en la vestimenta “el chaquetón no tenía botones ni ojales”. porque así es como lo llaman sus feligreses/as cuando se dirigen a él para pedirle ayuda y recuerda en el monólogo los calificativos que usan las madres.aquel lugar cochambroso. en varear el árbol. de nuevo vuelve a la sensación de lugar pequeño con el uso del superlativo. y explica y machaca. y corren y propalan…”. Luego presenta a los muchachos: “aquellos granujas”. que enséñele. por lo cual descollaba en él…la roña de las carnes”. Resultan graciosas las preguntas retóricas a Dios y la Virgen porque son los únicos que no le pueden contestar y él mismo lo hace “porque el padre Apolinar es un bragazas que se cae de bueno”. que era rubio y delgadito. y ríase usted de la vecina y del padre de este y de la madre. es tu obligación. condenada criatura”. al tiempo que se resigna porque es su obligación: “hazlo todo de buena gana. eres lo que eres”. pelo hecho un bardal. y hazlo todo de buena gana. El autor muestra los intentos del sacerdote por inculcarles valores cristianos: “¿cuántas veces le he dicho que los apóstoles? ¿Cuántos dioses hay?”. una vida en esas condiciones pasa factura también físicamente. pero sin chaqueta y muy poco pantalón”. con el que a duras penas logró sujetar las dos remendadas delanteras del chaquetón”. Expresa su enfado con la repetición del polisíndeton y: “y tres que me ofrecen y cuatro que busco yo. que desásnele”. utiliza de forma anafórica la expresión vulgar “pae”. gruesos los labios. muy poco”. pregunta retórica que él mismo se responde. y otro más “el interpelado. cobrizo. en otros la suciedad. abultada y rubicunda la nariz. el cura inicia un monólogo dirigido a sí mismo. pero apoyándose en el narrador para describirnos al muchacho: “morrudo. En este momento cambia de estilo y utiliza los diálogos en estilo directo. menos feo que Muergo y no tan bronco de voz”. en su monólogo. ¿qué hacéis para corresponder a los esfuerzos del padre Apolinar?. A la par que sigue mostrando la pobreza del chico. prosigue mostrando su ausencia de modales: “…largar un hilo sutil de saliva por entre dos de sus incisivos”. El padre Apolinar. aunque escasos y malos. en la misma línea de pobreza con el uso de la negación verbal: “no había señal de zapato. pero con preguntas retóricas que muestran el descontento del cura que no siente su agradecimiento. cabra montuna. algo encorvado. se implica como un padre “dando un coquetazo al del chaquetón”. Se pasea con “grandísimas dificultades”. El padre cita también la confianza que las madres le tienen. la mitad de ellos no tenía camisa” y de nuevo muestra la suciedad de unos chicos que no desentonan con el lugar: “cara sucia. y cébalos. pantorrillas roñosas”. que me empeño. sabiendo que no puede soltar más que bellotas”. transmite las escenas una tras otra. hasta tres veces. de esta forma transmite generalidad de conjunto. que dómele. Se dirige a ellos directamente. el autor nos muestra el carácter del sacerdote. haciendo uso del pronombre personal en primera persona del singular: “pero la culpa la tengo yo. en unos destaca la miseria.

Retoma el estilo dialéctico y observamos el uso del lenguaje coloquial. solo un padre se deja llevar por la pasión en su discurso ante sus hijos para. a la par que muestra su implicación e interés a modo interrogativo: “¿No quedó nada de los calzones? ¿Y no hay otros en casa? ¿Ni barruntos de dónde puedan venir?. de los muchachos “antier. ayudar a los pobres es toda su vida: “Dile a tu madre que…no los ponga a secar en las higueras”. en paralelo con los intentos incansables del cura por educarlos. Pereda nos muestra su visión tradicionalista de la vida en un ambiente rural idealizado que parece disfrutar mucho. dichos como: “Del lobo un pelo…”. el zeugma “en las de Muergo”. intensificando de nuevo la pobreza y suciedad: “huelen a cocino. porque están podridas. Muergo. el muchacho responde a las dos últimas preguntas con repetición: “No señor”. El monólogo concluye con una cita en latín: per omnia saecula saeculorum. vista está…”. intensificando la expresión con exclamaciones y apelando a Dios a modo de repetición para que le hagan caso “¡Castigo de Dios. describe movimientos y gestos del padre “sin dejar de pasearse. Muergo. este enseguida ofrece su ayuda y misericordia: “Apolinar se metió en alcoba. cuerno. primero del padre dirigiéndose al niño: “De modo que lo de siempre: tú no puedes. por un lado. los nota calientes: “conservaba aún el calorcillo que le había chocado a Muergo”. y no tardó en aparecer. “ Las merluzas que huelen mal. y alabado sea Dios”. frases inacabadas “otra vez será menos…. El padre protector pero humilde “No son cosa mayor”. insultos cariñosos acompañados de exclamación ¡hospa. y la caridad y bondad del padre Apolinar que le regala sus propios calzones porque no tiene otros y cuando Muergo se los pone. El relato termina. intensificando más su enojo “¡Ni la O. en forma de trapos para fabricar calzones. Vemos. en pocos segundos. casi en redondo. que muestra la servidumbre del cura a Dios.cerrada de su propia respuesta. Y ahora…”. muestra la poca capacidad de la que dispone su pobre familia para arreglárselas por la pobreza y escasez. la pobreza. en este caso lingüística. muestra que las manos del cura son las que el niño no tiene y necesita. con las manos cruzadas atrás”. las manos que traen ayuda. castigo de Dios!. empieza la tercera parte del texto y el narrador hace acto de presencia continuando la calma establecida al final de la segunda parte: “Tras el desahogo”. simboliza por un lado la falta de medios y por el otro. y se confirma con las expresiones. recuperar la tranquilidad. llévame a cuestas. el sacerdote cierra el enfado y además muestra un carácter paternal. se tiran al mar y no se limpian lejos de las gentes para vendérselas después”. los roñosos semblantes”. le da consejos. ¿No es eso? ¿No es la purísima verdad? ¡Cuerno si lo es!”. y también sus costumbres “a lo que él llama lo llano y de todos los días”. golía mal”. además del lenguaje vulgar que vuelve a hacer hincapié en la escasez. eleva el tono. el cual puso enseguida en las de Muergo”. el paso del romanticismo al realismo en España. y por el otro. para mostrar que ya todo está en calma. El estilo cambia de nuevo. padre Apolinar. expresión que muestra la inoperancia del niño que se encomienda a su protector. y después del narrador “Muergo se encogió de hombros”. que lo único que le importa al cura es ayudar al muchacho y por eso lo nombra. con un envoltorio negro entre manos. canalla!. gracias a la descripción a modo de cuadro costumbrista. pero justo antes: “vamos a otra cosa. . que es la misma escasez lingüística de un niño desvalido que poco o nada puede hacer.

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