M ig u e l G a r c ía G o n zá lez

m a r c o s G a r c ía v iu d e z
C a r l o s O rttz d e L a n d íz u r i
M a r ía je s ú s S o t o

INMANUEL K A N T

I

Prólogo a la Segunda Edición de la Crítica
de la Razón Pura

GUIA DE COMENTARIO DE TEXTO

(Edición experimental)

El texto de Prólogo a la Segunda Edición de la Crítica de la
Razón Pura ha sido seleccionado en los Distritos
Universitarios de Navarra y País Vasco para las pruebas
de Selectividad, a partir del curso 1990-1, correspondientes
al programa de Filosofía de COU.

Cuadernos de
Anuario Filosófico
ANUARIO FILOSOFICO

JU A N C R U Z C R U Z
DIRECTOR

Edificio Bibliotecas. Universidad de Navarra. 3 1 0 8 0 Pamplona (España) T fn: (948) 25
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C uadernos de A nuario filosófico

Carlos Ortiz de Landázuri
Coordinador

CUADERNOS DEANUARIO FILOSOFICO
SERVICIO DE PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA. S A.

Cuaderno n . 11:
IN M A N U ELKA N T-I: PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION DE LA CRITICA D E LA RAZON
PURA
O D e la traducción castellan a d el texto de K ara, Prólogo a la 2* Ed ición de la C rítica d e la
Razón Pura. Librería G eneral V ictoriano S u íre z , M adrid, 1960.
© D e la Guía de Comentario de Texto: M IGUEL GARCÍA GONZáLEZ, MARCOS GARCÍA
V iu d e z , C a r l o s Or t iz d e L a n d c z u r l M a r ía je s ú s s o t o .

Impreso en Copia. Pío XII, 21. Pamplona
Diserto de portada Eduardo Cruz
PRESENTACION

I. ¿QUIÉN ES KANT? (1724-1804)

Vida y Obras.
Nadó el 22 de abril de 1724 en Kónigsberg (actualmente
Kaliningrado), en lo que era entonces la Prusia oriental. En
la misma dudad moría el 12 de febrero de 1804. Su vida no
tuvo nada de extraordinario. Fue el cuarto entre once her­
manos en una familia modesta. Perdió a su madre a los trece
años, y quedó sin padre a los veintiuno. Respecto a sus pa­
dres, Kant recuerda: «Sin fortuna, pero pese a ello sin dejar
deudas, me proporcionaron una educación inmejorable si se
la considera desde el punto de vista moral».
Siempre residió en Kónigsberg. En su Universidad estudió
matemáticas, física, teología y filosofía. Durante nueve años
hubo de dar clases particulares; a los treinta y uno de edad
consiguió un puesto de profesor en la Universidad, donde
enseñó lógica, metafísica, pedagogía, derecho natural, an­
tropología, geografía física... Alcanzó el grado de Privatdo-
zentta los 31 años (1741) y la titularidad (catedrático) a los
cuarenta y seis años (1770) y permaneció en la misma Uni­
versidad hasta la jubilación.
En definitiva, fue la suya una vida sencilla, muy ordenada
y metódica. Sin duda es más propio preguntarse p>or la bio­
grafía intelectual de Kant.
Los antecedentes filosóficos de los que parte Kant son el
racionalismo y el empirismo, que él intentará sintetizar y su­
perar con su idealismo trascendental. Había recibido una
formación racionalista, pero Hume «me despertó de mi
sueño dogmático». Y entre esas dos influencias filosóficas se
moverá siempre toda su filosofía. A este respecto se pueden
señalar tres fases importantes a lo largo de su vida:
a) El periodo precrítico de 1747 a 1770 entre los 23 y los 46
años. Trató de encontrar una conciliación entre el empirismo
mecanicista de Newton y el racionalismo metafísico de Leib-
niz y Wolf, mediante una crítica recíproca de las conclusiones
alcanzadas a partir del método inductivo experimental y el
método deductivo basado en el principio de razón suficiente.
Con este objeto, en 1755 publicó la "Historia natural y teoría

Cuadernos de Anuario Filosófico 3
Inmanuel Kam

de los cielos" que le consagró en los ámbitos ilustrados:
defendió una original teoría cosmogónica acerca del origen
del universo a partir de una materia primogenia, 40 años
antes que lo hiciera Laplace, así como una interpretación en
proyectiva lateral de la Vía Láctea. Sin embargo posterior­
mente el mismo denominó a este período dogmático, por no
haber reflexionado con suficiente profundidad sobre la pe­
culiar naturaleza constructiva y los presupuestos de ambos
métodos inductivo y racional.
b) El periodo crítico a partir de 1770 a los 46 años cuando
logra la titularidad definitiva de la Universidad. Fue el pe­
ríodo de mayor producción filosófica, a fin de contestar a las
famosas cuatro preguntas programáticas: ¿qué podemos
conocer? ¿qué debemos hacer? ¿qué podemos esperar? ¿qué
es el hombre?, como el mismo indica al final de la Crítica de
la Razón Pura, (1* ed. de 1781, 2* ed. en 1787). Precisamente
fue en esta obra donde desarrolló una nueva filosofía crítica
en la que defiende un nuevo idealismo transcendental. Otras
obras de este periodo son: Prologómenos de toda Metafísica
fu tu r a (1783), Fundamentación de la Metafísica de las
Costumbres (1785) (cf. Cuaderno Kant III) y Crítica de la
Razón Práctica (1788) (cf. Cuaderno Kant IV).
c) El periodo postcrítico a partir de 1790, a los 66 años,
cuando escribe su tercera Crítica del Juicio, así como la
Metafísica de las Costumbres de 1797, y otros opúsculos
como La paz perpetua de 1795, (cf. Cuaderno Kant II). Allí
trató de resolver los problemas dejados abiertos por sus dos
anteriores críticas, así como por el posible uso negativo o
simplemente positivo que se podía hacer de los límites que
había puesto a la razón pura práctica. Concretamente se
podía utilizar con un sentido más bien restrictivo o
aceptando una posible ampliación más allá de donde
inicialmente se le había circunscrito. De aquí que se
interesase por diversos temas de teoría del arte o de filosofía
política y de la religión.

4 Cuadernos de Anuario Filosófico
II. e s q u e m a d e l t e x t o .

(S e citan las lineas del texto)

A. La lógica frente al camino seguro de la ciencia.
1. La seguridad de la ciencia frente a las dudas y tanteos de la razón (1-14).
2. La lógica frente a su falta de progreso (15-35).
3. La lógica como ciencia formal o propedéutica de las demás ciencias (36-
46).
4. Dos partes de la ciencia: la teórica o "a priori" y la práctica para hacer real
su objeto (47-57).

B . El método "a priori" de la ciencia matemática y física.
1. La matemática y la física alcanzan conocimientos "a priori" (60-64).
2. Estructura ”a priori" de las revoluciones matemáticas, a partir de una
ocurrencia inicial. Método constructivo de Tales de Mileto (65-94).
3. Método constructivo de las tablas de verdad de Bacon.(95-101).
4. Galileo, Torricelli y Stahl, ejemplos de método constructivo "a priori" en
física: leyes y experimentos frente al tribunal de la razón (102-127).

C . La metafísica frente al camino seguro de la ciencia.
1. Fracasos del método por tanteos de la metafísica por no ser
verdaderamente “a priori" (129-148).
2. Necesidad moral de la metafísica, a pesar de su fracaso (149-159).
3. Transformación de la metafísica a partir de la revolución copemicana de la
física. Opción entre dogmatismo o transcendentalismo. No se debe regir la
intuición por los objetos, sino al revés, la experiencia por lo "a priori" del
pensamiento (160-206).

D . El paso al uso autocrítico de la razón.
1. La función negativa de la crítica deja sin resolver el problema moral. El
realismo empírico como presupuesto del idealismo transcendental. Lo
incondicionado cono exigencia del uso práctico de la razón. Separación
entre fenómeno y noúmeno, en nombre de una ampliación del uso de la
razón (208-253).
2. Articulación en el uso negativo y positivo de la razón, en nombre de un
uso regulativo superior. Necesidad de una propedéutica de las distintas
formas de saber (254-285).
3. Valor positivo de la crítica respecto a una posible ampliación de la razón.
Duplicidad de significaciones. La libertad como postulado es negada por
el determinismo de los mecanismos naturales. Armonización de opuestos
mediante el uso autocrítico de la razón. Tuve que anular el saber para dejar
un sitio a la fe. La crítica como defensa de la religión y la moral (286-
420).

E . Hacia un nuevo dogmatismo autocrítico.
1. El dogmatismo autocrítico se autolegisla a sí mismo. Rechaza el
escepticismo y el relativismo en nombre de principios "a priori" y se
autocrítica a sí mismo en nombre de su doble dimensión especulativa y
práctica (423-456).

Cuadernos de Anuario Filosófico 5
m . TEXTO DE KANT.

Crítica de la Razón Pura, Prólogo a la 2* edición de 1787, B Vil a
BXXXVII, Librería General Victoriano Suarez, Traducción de
______ Manuel García Morente, Madrid. 1960, pp. 15-31.______

(En el Distrito de Navarra sólo hasta linea 258)

o A
1 II) Si la elaboración de los conocimientos que pertenecen a la obra
2 de la razón, lleva o no la marcha segura de una ciencia, es cosa que
3 puede pronto juzgarse por el éxito. Cuando tras de numerosos pre­
4 parativos y arreglos, la razón tropieza, en el momento mismo de
5 llegar a su fin; o cuando para alcanzar éste, tiene que volver atrás
6 una y otra vez y emprender un nuevo camino; asimismo, cuando
7 no es posible poner de acuerdo a los diferentes colaboradores sobre la
8 manera cómo se ha de perseguir el propósito común; entonces
9 puede tenerse siempre la convicción de que un estudio semejante
10 está muy lejos de haber emprendido la marcha segura de una ciencia
11 y de que, por el contrario, es más bien un mero tanteo. Y es ya un
12 mérito de la razón el descubrir, en lo posible, ese camino, aunque
13 haya de renunciar, por vano, a mucho de lo que estaba contenido en
14 el fin que se había tomado antes sin reflexión.
15 (2] Que la lógica ha llevado ya esa marcha segura desde los tiem­
16 pos más antiguos, puede colegirse, por el hecho de que, desde Aristó­
17 teles, no ha tenido que dar un paso atrás, a no ser que se cuenten
18 como correcciones la sucesión de algunas sutilezas inútiles o la de­
19 terminación más clara de lo expuesto, cosa empero que pertenece
20 más a la elegancia que a la certeza de la ciencia. Notable es también
21 en ella el que tampoco hasta ahora hoy ha podido dar un paso ade­
22 lante. Así pues, según toda apariencia, hállase conclusa y perfecta.
23 Pues si algunos modernos han pensado ampliarla introduciendo ca­
24 pítulos, ya psicológicos sobre las distintas facultades de conocimientos
25 (la imaginación, el ingenio), ya metafísicos sobre el origen del cono­
26 cimiento o la especie diversa de certeza según la diversidad de los
27 objetos (el idealismo, escepticismo, etc...), ya antropológicos sobre los
28 prejuicios (sus causas y sus rem edios), ello proviene de que
29 desconocen la naturaleza peculiar de esa ciencia. No es aumentar
30 sino desconcertar las ciencias, el confundir los límites de unas y
31 otras. El límite de la lógica empero queda determinado con entera
32 exactitud, cuando se dice que es una ciencia que no expone al detalle
33 y demuestra estrictamente más que las reglas formales de todo pen­
34 sar (sea éste a priori o empírico enga el origen o el objeto que quiera,
35 encuentre en nuestro ánimo obstáculos contingentes o naturales).
36 [3] Si la lógica ha tenido tan buen éxito, debe esta ventaja sólo a su
37 carácter limitado, que la autoriza y hasta la obliga a hacer abstracción

6 Cuadernos de Anuario Filosófico
TEXTO DE INMANUEL KANT I

38 de todos los objetos del conocimiento y su diferencia. En ella, por
39 tanto, el entendimiento no tiene que habérselas más que consigo
40 mismo y su forma. Mucho más difícil tenía que ser, naturalmente,
41 por la razón, el emprender el camino seguro de la ciencia, habiendo
42 de ocuparse no sólo de sí misma sino de objetos. Por eso la lógica,
43 como propedéutica, constituye sólo por decirlo así el vestíbulo de las
44 ciencias y cuando se habla de conocimientos, se supone ciertamente
45 una lógica para el juicio de los mismos, pero su adquisición ha de
46 buscarse en las propias y objetivamente llamadas ciencias.
47 14] Ahora bien, por cuanto en éstas ha de haber razón, es preciso
48 que en ellas algo sea conocido a priori, y su conocimiento puede refe­
49 rirse al objeto de dos maneras: o bien para determinar simplemente
50 el objeto y su concepto (que tiene que ser dado por otra parte) o tam­
51 bién para hacerlo real. El primero es conocimiento teórico, el segundo
52 conocimiento práctico de la razón. La parte de donde la razón deter­
53 mina su objeto completamente a priori, tiene que ser primero ex­
54 puesta sola, sin mezclarle lo que procede de otras fuentes; pues ad­
55 ministra mal quien gasta ciegamente los ingresos, sin poder distin­
56 guir luego, en los apuros, qué parte de los ingresos puede soportar el
57 gasto y qué otra parte hay que librar de él.
58
59 B
60 [1] La matemática y la física son los dos conocimientos teóricos de
61 la razón que deben determinar sus objetivos a priori; la primera con
62 entera pureza, la segunda con pureza al menos parcial, pero enton­
63 ces según la medida de otras fuentes cognoscitivas que las de la ra­
64 zón.
65 [2] La matemática ha marchado por el camino seguro de la ciencia,
66 desde los tiempos más remotos que alcanza la historia de la razón
67 humana, en el admirable pueblo griego. Mas no hay que pensar que
68 le haya sido tan fácil como a la lógica, en dando la razón no tiene que
69 habérselas más que consigo misma, encontrar o mejor dicho abrirse
70 ese camino real; más bien creo que ha permanecido durante largo
71 tiempo en meros tanteos (sobre todo entre los egipcios) y que ese
72 cambio es de atribuir a una revolución, que la feliz ocurrencia de un
73 sólo hombre llevó a cabo, en un ensayo, a partir del cual, el carril que
74 había de tomarse ya no podía fallar y la marcha segura de una ciencia
75 quedaba para todo tiempo y en infinita lejanía, emprendida y seña­
76 lada. La historia de esa revolución del pensamiento, mucho más
77 importante que el descubrimiento del camino para doblar el célebre
78 cabo, y la del afortunado que la llevó a bien, no nos ha sido conser­
79 vada. Sin embargo, la leyenda que nos trasmite Diógenes Laercio,
80 quien nombra al supuesto descubridor de los elementos mínimos de
81 las demostraciones geométricas, elementos que, según el juicio co-
C uadernos da A n u a rio F ilo s ó fic o 7
TEXTO DE INMANUEL K A N T I

82 mún, no necesitan siquiera de prueba, demuestra que el recuerdo del
83 cambio efectuado por el primer descubrimiento de este nuevo ca­
84 mino, debió parecer extraordinariamente importante a los matemá­
85 ticos y por eso se hizo inolvidable. El primero que demostró el trián­
86 gulo isósceles (háyase llamado Thales o como se quiera), percibió una
87 luz nueva; pues encontró que no tenía que inquirir lo que veía en la
88 figura o aun en el mero concepto de ella y por decirlo así aprender de
89 ella sus propiedades, sino que tenía que lucirla, por medio de lo
90 que, según conceptos, él mismo había pensado y expuesto en ella a
91 priori (por construcción), y que para saber seguramente algo a priori,
92 no debía atribuir nada a la cosa, a no ser lo que se sigue necesaria­
93 mente de aquello que él mismo, conformemente a su concepto, hu­
94 biese puesto en ella.
95 [3] La física tardó mucho más tiempo en encontrar el camino de
96 la ciencia; pues no hace más que siglo y medio que la propuesta del
97 juicioso Bacon de Verulam ocasionó en parte —o quizá más bien dio
98 vida, pues ya se andaba tras él— el descubrimiento, que puede
99 igualmente explicarse por una rápida revolución antecedente en el
100 pensamiento. Voy a ocuparme aquí de la física sólo en cuanto se
101 funda sobre principios empíricos.
102 [4] Cuando Galüeo hizo rodar por el plano inclinado las bolas cuyo
103 peso había él mismo determinado; cuando Torricelli hizo soportar al
104 aire un peso que de antemano había pensado igual al de una deter­
105 minada columna de agua; cuando más tarde Stahl transformó meta­
106 les en cal y ésta a su vez en metal sustrayéndoles y devolviéndoles
107 algo, entonces percibieron todos los físicos una luz nueva. Com­
108 prendieron que la razón no conoce más que lo que ella misma pro­
109 duce según su bosquejo; que debe adelantarse con principios de sus
110 juicios, según leyes constantes, y obligar a la naturaleza a contestar a
111 sus preguntas, no empero dejarse conducir como con andadores;
112 pues de otro modo, las observaciones contingentes, los hechos sin
113 ningún plan bosquejado de antemano, no pueden venir a conexión
114 en una ley necesaria, que es sin embargo lo que la razón busca y ne­
115 cesita. La razón debe acudir a la naturaleza llevando en una mado
116 sus principios, según los cuales tan sólo los fenómenos concordantes
117 pueden tener el valor de leyes, y en la otra el experimento, pensado
118 según aquellos principios; así conseguirá ser instruida por la natura­
119 leza, mas no en calidad de discípulo que escucha todo lo que el
120 maestro quiere, sino en la de juez autorizado, que obliga a los testi­
121 gos a contestar a las preguntas que les hace. Y así la misma física debe
122 tan provechosa revolución a su pensamiento, a la ocurrencia de
123 buscar (no fingir) en la naturaleza, conformemente a lo que la razón
124 misma ha puesto en ella, lo que ha de aprender de ella y de lo cual

8 Cuadernos de Anuario Filosóttco
T e x t o d e in m a n u e l k a n t i

125 por sí misma no sabría nada. Sólo así ha logrado la física entrar en el
126 camino seguro de una ciencia, cuando durante tantos siglos no había
127 sido más que un mero tanteo.
128 C
129 [1] La metafísica, conocimiento especulativo de la razón, entera­
130 mente aislado, que se alza por encima de las enseñanzas de la expe­
131 riencia, mediante meros conceptos (no como la matemática ma­
132 chante aplicación de los mismos a la intuición), y en donde por tanto
133 la razón debe ser su propio discípulo, no ha tenido hasta ahora la
134 fortuna de emprender la marcha segura de una ciencia; a pesar de ser
135 más vieja que todas las demas y a pesar de que subsistirá aunque to­
136 das las demás tuvieran que desaparecer enteramente, sumidas en el
137 abismo de una barbarie destructora. Pues en ella la razón se atasca
138 continuamente, incluso cuando quiere conocer a priori (según pre­
139 tende) aquellas leyes que la experiencia más ordinaria confirma. En
140 ella hay que deshacer mil veces el camino, porque se encuentra que
141 no conduce a donde se quiere; y en lo que se refiere a la unanimidad
142 de sus partidarios, tan lejos está aún de ella, que más bien es un te­
143 rreno que parece propiamente destinado a que ellos ejerciten sus
144 fuerzas en un torneo, en donde ningún campeón ha podido nunca
145 hacer la más mínima conquista y fundar sobre su victoria una dura­
146 dera posesión. No hay pues duda alguna de que su método, hasta
147 aquí, ha sido un mero andar a tientas y, lo que es peor, a base de
148 meros conceptos.
149 [2] Ahora bien ¿a qué obedece que no se haya podido aún encon­
150 trar aquí un camino seguro de la ciencia? ¿Es acaso imposible? Mas
151 ¿por qué la Naturaleza ha introducido en nuestra razón la incansa­
152 ble tendencia a buscarlo como uno de sus más importantes asuntos?
153 Y aún más ¡cuán poco motivo tenemos para confiar en nuestra ra­
154 zón, si, en una de las partes más importantes de nuestro anhelo de
155 saber, no sólo nos abandona, sino que nos entretiene con ilusiones,
156 para acabar engañándonos! O bien, si sólo es que hasta ahora se ha
157 fallado la buena vía, ¿qué señales nos permiten esperar que en una
158 nueva investigación seremos más felices que lo han sido otros an­
159 tes?
160 [3] Yo debiera creer que los ejemplos de la matemática y de la fí­
161 sica, ciencias que, por una revolución llevada a cabo de una vez, han
162 llegado a ser lo que ahora son, serían bastante notables para hacemos
163 reflexionar sobre la parte esencial de la transformación del pensa­
164 miento que ha sido para ellas tan provechosa y se imitase aquí esos
165 ejemplos, al menos como ensayo, en cuanto lo permite su analogía,
166 como conocimientos de razón, con la metafísica. Hasta ahora se ad­
167 mitía que todo nuestro conocimiento tenía que regirse por los obje­
168 tos; pero todos los ensayos, para decidir a priori algo sobre éstos, me-
Cuadernos da A n u a rio F ilo s ó fic o 9
TEXTO DE INMANUEL KANT I

169 diante conceptos, por donde sería extendido nuestro conocimiento,
170 aniquilábanse en esa suposición. Ensáyese pues una vez si no ade­
171 lantaremos más en los problemas de la metafísica, admitiendo que
172 los objetos tienen que regirse por nuestro conocimiento, lo cual con­
173 cuerda ya mejor con la deseada posibilidad de un conocimiento a
174 priori de dichos objetos, que establezca algo sobre ellos antes de que
175 nos sean dados. Ocurre con esto como con el primer pensamiento de
176 Copérnico quien, no consiguiendo explicar bien los movimientos ce­
177 lestes sí admitía que la masa toda de las estrellas daba vueltas alrede­
178 dor del espectador, ensayó si no tendría mayor éxito haciendo al es­
179 pectador dar vueltas y dejando en cambio las estrellas inmóviles. En
180 la metafísica se puede hacer un ensayo semejante, por lo que se re­
181 fiere a la intuición de los objetos. Si la intuición tuviera que regirse
182 por la constitución de los objetos, no comprendo cómo se pueda a
183 priori saber algo de ella. ¿Rígese empero el objeto (como objeto de los
184 sentidos) por la constitución de nuestra facultad de intuición?, en­
185 tonces puedo muy bien representarme esa posibilidad. Pero como no
186 puedo permanecer atenido a esas intuiciones, si han de llegar a ser
187 conocimientos, sino que tengo que referirlas, como representaciones,
188 a algo como objeto, y determinar éste mediante aquéllas, puedo por
189 tanto; o bien admitir que los conceptos, mediante los cuales llevo a
190 cabo esa determinación, se rigen también por el objeto y entonces
191 caigo de nuevo en la misma perplejidad sobre el modo como pueda
192 saber a priori algo de él; o bien admitir que los objetos o, lo que es lo
193 mismo, la experiencia, en donde tan sólo son ellos (como objetos da­
194 dos) conocidos, se rige por esos conceptos y entonces veo enseguida
195 una explicación fácil; porque la experiencia misma es un modo de
196 conocimiento que exige entendimiento, cuya regla debo suponer en
197 mí, aún antes de que me sean dados objetos, por lo tanto a priori, re­
198 gla que se expresa en conceptos a priori, por los que tienen pues que
199 regirse necesariamente todos los objetos de la experiencia y con los
200 que tienen que concordar. En lo que concierne a los objetos, en
201 cuanto son pensados sólo por la razóm y necesariamente, pero sin
202 poder (al menos tales como la razón los piensa) ser dados en la expe­
203 riencia, proporcionarán, según esto, los ensayos de pensarlos (pues
204 desde luego como método transformado del pensamiento, a saber:
205 que no conocemos a priori de las cosas más que lo que nosotros mis­
206 mos ponemos en ellas.
207 D
208 [1] Este ensayo tiene un éxito conforme al deseo y promete a la
209 metafísica, en su primera parte (es decir en la que se ocupa de con­
210 ceptos a priori, cuyos objetos correspondientes pueden ser dados en la
211 experiencia en conformidad con ellos), la marcha segura de una
212 ciencia. Pues según este cambio del modo de pensar, puede expli-
10 Cuadernos de Anuario F ilo só fico
TEXTO DE INMANUEL K A N T I

213 carse muy bien la posibilidad de un conocimiento a priori y, más aún,
214 proveer de pruebas satisfactorias las leyes que están a priori a la base
215 de la naturaleza, como conjunto de los objetos de la experiencia;
216 ambas cosas eran imposibles según el modo de proceder hasta ahora
217 seguido. Pero es esta deducción de nuestra facultad de conocer a
218 priori, en la primera parte de la metafísica, despréndese un resultado
219 extraño y al parecer muy desventajoso para el fin total de la misma,
220 que ocupa la segunda parte, y es a saber: que con esa facultad no po­
221 demos salir jam ás de los límites de una experiencia posible, cosa
222 empero que es precisamente el afán más importante de esa ciencia.
223 Pero en esto justamente consiste el experimento para comprobar la
224 verdad del resultado de aquella primera apreciación de nuestro co­
225 nocimiento a priori de la razón, a saber: que éste se aplica sólo a los
226 fenómenos y, en cambio considera la cosa en sí misma, si bien real
227 por sí, como desconocida para nosotros. Pues lo que nos impulsa a ir
228 necesariamente más allá de los límites de la experiencia y de todos
229 los fenómenos, es el incondicionado, que necesariamente y con pleno
230 derecho pide la razón, en las cosas en sí mismas, para todo condicio­
231 nado, exigiendo así la serie completa de las condiciones. Ahora bien,
232 encuéntrase que, si admitimos que nuestro conocimiento de expe­
233 riencia se rige por los objetos como cosas en sí mismas, lo incondi­
234 cionado no puede ser pensado sin contradicción ; y en cambio, desaparece
235 la contradicción, si admitimos que nuestra representación de las cosas,
236 como ellas nos son dadas, no se rige por ellas como cosas en sí mis­
237 mas, sino que más bien estos efectos, como fenómenos, se rigen por
238 nuestro modo de representación. Encuéntrase por consiguiente que
239 lo incondicionado ha de hallarse no en las cosas en cuanto las
240 conocemos (nos son dadas), pero sí en ellas en cuanto no las cono­
241 cemos, o sea como cosas en sí mismas. Pues entonces se muestra que
242 lo que al comienzo admitíamos sólo por vía de ensayo, está fundado.
243 Ahora bien, después de haber negado a la razón especulativa todo
244 progreso en ese campo de los suprasensibles, quédanos por ensayar si
245 ella no encuentra, en su conocim iento práctico, datos para
246 determinar aquel concepto trascendente de razón, aquel concepto de
247 lo incondicionado y, de esa manera, conformándose al deseo de la
248 metafísica, llegar más allá de los límites de toda experiencia posible
249 con nuestro conocimiento a priori, aunque sólo en un sentido prác­
250 tico. Con su proceder, la razón especulativa nos ha proporcionado
251 por lo menos sitio para semejante ampliación, aunque haya tenido
252 que dejarlo vado, autorizándonos por tanto, más aún, exigiéndonos
253 ella misma que lo llenemos, si podemos, con sus datos prácticos.
254 [2] En ese ensayo de variar el proceder que ha seguido hasta ahora
255 la metafísica, emprendiendo con ella una completa revoludón, se-

Cutdernos de Anuario Filosófico 11
T e x t o d e in m a n u e l k a n t i

256 gún los ejemplos de los geómetras y físicos, consiste el asunto de esta
257 crítica de la razón pura especulativa. Es un tratado del método, no
258 un sistema de la ciencia misma; pero sin embargo, bosqueja el con­
259 torno todo de la ciencia, tanto en lo que se refiere a sus límites, como
260 también en su completa articulación interior. Pues la razón pura es­
261 peculativa tiene en sí esto de peculiar, que puede y debe medir su
262 propia facultad, según la diferencia del modo como elige objetos para
263 el pensar; que puede y debe enumerar completamente los diversos
264 modos <.'■ ; 'oponerse problemas y así trazar el croquis entero de un
265 sistema de metafísica. Porque en lo que a lo primero atañe, nada
266 puede ser atribuido a los objetos en el conocimiento a priori, sino lo
267 que el sujeto pensante toma de sí mismo; y, en lo que toca a lo se­
268 gundo, es la razón pura especulativa, con respecto a los principios
269 del conocimiento, una unidad totalmente separada subsistente por
270 sí, en la cual cada uno de los miembros está, como en un cuerpo or­
271 ganizado, para todos los demás, y todos para uno, y ningún principio
272 puede ser tomado con seguridad, en una relación, sin haberlo al
273 mismo tiempo investigado en la relación general con todo el uso
274 puro de la razón. Por eso tiene la metafísica una rara fortuna, de la
275 que no participa ninguna otra ciencia de razón de objetos (pues la
276 lógica ocúpase sólo de la forma del pensamiento en general); y es que
277 si por medio de esta crítica queda encarrilada en la marcha segura de
278 una ciencia, puede comprender enteramente el campo de los cono­
279 cimientos a ella pertenecientes y terminar por tanto su obra, deján­
280 dola para el uso de la posteridad, como una construcción completa;
281 porque no trata más que de principios y de las limitaciones de su
282 uso, que son determinadas por aquellos mismos. A esa integridad
283 está pues obligada como ciencia fundamental, y de ella debe poder
284 decirse: nil actum reputans, si quid superesset agendum. ("No da nada por
285 hecho, mientras quede algo por hacer").
286 [3] Pero se pregunta: ¿Cuál es ese tesoro que pensamos dejar a la
287 posteridad con semejante metafísica, depurada por la crítica, y por
288 ella también reducida a un estado inmutable? En una pasajera ins­
289 pección de esta obra, se creerá percibir que su utilidad no es más que
290 negativa, la de no atrevemos nunca, con la razón especulativa, a salir
291 de los límites de la experiencia; y en realidad tal es su primera utili­
292 dad. Esta empero se toma pronto en positiva, por cuanto se advierte
293 que esos principios, con que la razón especulativa se atreve a salir de
294 sus límites, tienen por indeclinable consecuencia, en realidad, no
295 una ampliación, sino, considerándolos más de cerca, una reducción de
296 nuestro uso de la razón; ya que ellos realmente amenazan ampliar
297 descomedidamente los límites de la sensibilidad, a que pertenecen
298 propiamente, y suprimir así del todo el uso puro (práctico) de la ra-

12 Cuadernos da Anuario Filosófico
TEXTO DE INMANUEL KANT I

299 zón. De ahí que una crítica que restrinja la razón especulativa sea, en
300 tal sentido negativa, pero a la vez, en la medida que elimina un obstá­
301 culo que reduce el uso práctico o amenaza incluso con suprimirlo,
302 resulta de una utilidad positiva, y muy importante. Ello se ve claro
303 tan pronto como se adquiere la convicción de que hay un uso prác­
304 tico necesario de la razón pura (el moral), en el cual ésta se amplía
305 inevitablemente más allá de los límites de la sensibilidad; para ello
306 no necesita, es cierto, ayuda alguna de la especulativa, pero sin em­
307 bargo, tiene que estar asegurada contra su reacción, para no caer en
308 contradicción consigo misma. Disputar a este servicio de la crítica su
309 utilidad positiva alguna, pues que su ocupación principal no es más
310 que poner un freno a las violencias que los ciudadanos pueden te­
311 mer unos de otros, para que cada uno vaque a sus asuntos en paz y
312 seguridad. Que espacio y tiempo son sólo formas de intuición sensi­
313 ble, y por tanto sólo condiciones de la existencia de las cosas como
314 fenómenos; que nosotros además no tenemos conceptos del enten­
315 dimiento y por tanto tampoco elementos para el conocimiento de las
316 cosas, sino en cuanto a esos conceptos puede serles dada una intui­
317 ción correspondiente; que consiguientemente nosotros no podemos
318 tener conocimiento de un objeto como cosa en sí misma, sino sólo
319 en cuanto la cosa es objeto de la intuición sensible, es decir, como fe­
320 nómeno; todo esto queda demostrado en la parte analítica de la crí­
321 tica. De donde se sigue desde luego la limitación de todo posible co­
322 nocimiento especulativo de la razón a los meros objetos de la expe­
323 riencia. Sin embargo, y eso debe notarse bien, queda siempre la re­
324 serva de que esos mismos objetos, como cosas en sí, aunque no po­
325 demos conocerlos, podemos al menos pensarlos. Pues si no, seguiríase
326 la proposición absurda de que habría fenómeno sin algo que aparece.
327 Ahora bien, vamos a admitir que no se hubiere hecho la distinción,
328 que nuestra crítica ha considerado necesaria, entre las cosas como
329 objetos de la experiencia y esas mismas cosas como cosas en sí. En­
330 tonces el principio de la causalidad y por tanto el mecanismo de la
331 naturaleza en la determinación de la misma, tendría que valer para
332 todas las cosas en general como causas eficientes. Por lo tanto, de
333 uno y el mismo ser, v.g. del alma humana, no podría yo decir que su
334 voluntad es libre y que al mismo tiempo, sin embargo, está sometida
335 a la necesidad natural, es decir, que no es libre, sin caer en una con­
336 tradicción manifiesta; porque habría tomado el alma, en ambas pro­
337 posiciones, en una y la misma significación, a saber, como cosa en ge­
338 neral (como cosa en sí misma). Y, sin previa crítica, no podría tam­
339 poco hacer de otro modo. Pero si la crítica no ha errado, enseñando a
340 tomar el objeto en dos significaciones, a saber, como fenómeno y como
341 cosa en sí misma; si la deducción de sus conceptos del entendi­

Cuadernos da Anuario Filosófico 13
TEXTO DE INMANUEL KANT I

342 miento es exacta y por tanto el principio de causalidad se refiere sólo
343 a las cosas tomadas en el primer sentido, es dedr, a objetos de la ex­
344 periencia, sin que estas cosas en su segunda significación le estén
345 sometidas; entonces una y la misma voluntad es pensada, en el fe­
346 nómeno Gas acciones visibles), como necesariamente conforme a la
347 ley de la naturaleza y en este sentido como no libre, y sin embargo,
348 por otra parte, en cuanto pertenece a una cosa en sí mismo, como no
349 sometida a esa ley y por tanto como libre, sin que aquí se cometa con­
350 tradicción. Ahora bien, aunque mi alma, considerada en este último
351 aspecto, no la puedo conocer por razón especulativa (y menos aún
352 por la observación empírica), ni por tanto puedo tampoco conocer la
353 libertad, como propiedad de un ser a quien atribuyo efectos en el
354 mundo sensible, porque tendría que conocer ese ser como determi­
355 nado según su existencia, y, sin embargo, como no determinado en
356 el tiempo (cosa imposible, pues no puedo poner intuición alguna
357 bajo mi concepto). Pero en cambio, si puedo pensar la libertad, es
358 dedr, que la representadón de ésta no enderra contradicdón alguna,
359 si son ciertas nuestra distindón crítica de ambos modos de
360 representación (el sensible y el intelectual) y la lim itadón
361 consiguiente de los conceptos puros del entendimiento y por tanto
362 de los prindpios que de ellos dimanan. Ahora bien, supongamos
363 que la moral presupone necesariamente la libertad (en el sentido
364 más estricto) como propiedad de nuestra voluntad, porque alega a
365 priori prindpios que residen originariamente en nuestra razón, como
366 datos de ésta, y que serían absolutam ente im posibles sin la
367 suposición de la libertad; supongamos que la razón especulativa
368 haya demostrado, sin embargo, que la libertad no se puede pensar en
369 modo alguno, entonces necesariamente aquella presuposición, es
370 dedr, la moral, debería ceder ante ésta, cuyo contrario encierra una
371 contradicción manifiesta, y p ' consiguiente la libertad y con ella la
372 moralidad (pues su contrario no encierra contradicdón alguna, a no
373 ser que se haya ya presupuesto la libertad) deberían dejar el sitio al
374 mecanismo natural. Mas para la moral no necesito más sino que la
375 libertad no se contradiga a sí misma y que, por tanto, al menos sea
376 pensable, sin necesidad de penetrarla más, y que no ponga pues
377 obstáculo alguno al mecanismo natural de una y la misma acdón
378 (tomada en otra reladón); resulta pues, que la teoría de la moralidad
379 mantiene su puesto y la teoría de la naturaleza el suyo, cosa que no
380 hubiera podido ocurrir si la crítica no nos hubiera previamente
381 enseñado nuestra inevitable ignoranda respecto de las cosas en sí
382 mismas y no hubiera limitado a meros fenómenos lo que podemos
383 conocer teóricamente. Esta misma explicadón de la utilidad positiva
384 de los prindpios críticos de la razón pura, puede hacerse con respecto

14 Cuadernos da Anuario Filosófico
TEXTO DE INMANUEL KANT I

385 al concepto de Dios y de la naturaleza simple de nuestra alm a. Sin
386 em bargo, no lo voy a hacer aquí por razones de brevedad. Ni
387 siquiera puedo, pues, aceptar a Dios, la libertad y la inmortalidad en
388 apoyo del uso práctico necesario de mi razón, como no cercene al
389 mismo tiempo a la razón especulativa su pretensión de conocimien­
390 tos trascendentes. Porque ésta, para llegar a tales conocimientos, tie­
391 ne que servirse de principios que no alcanzan en realidad más que a
392 objetos de la experiencia posible, y por tanto, cuando son aplicados,
393 sin embargo, a lo que no puede ser objeto de la experiencia, lo
394 transform an realm ente siem pre en fenómeno y declaran así
395 imposible toda ampliación práctica de la razón pura. Tuve pues que
396 anular el saber, para reservar un sitio a la fe; y el dogmatismo de la
397 m etafísica, es decir, el prejuicio de que puede avanzarse en
398 metafísica, sin crítica de la razón pura, es la verdadera fuente de todo
399 descreim iento opuesto a la m oralidad, que siempre es muy
400 dogm ático. Así pues, no siendo difícil, con una m etafísica
401 sistemática, compuesta según la pauta señalada por la crítica de la
402 razón pura, dejar un legado a la posteridad, no es éste un presente
403 poco estimable. Basta comparar lo que es la cultura de la razón
404 mediante la marcha segura de una ciencia, con el tanteo sin funda­
405 mento y el vagabundeo superficial de la misma sin crítica; o advertir
406 también cuanto mejor empleará aquí su tiempo una juventud dese­
407 osa de saber, que en el dogmatismo corriente, que inspira tan tem­
408 pranos y poderosos alientos, ya para sutilizar cómodamente sobre
409 cosas de que no entiende nada y en las que no puede, como no puede
410 nadie en el mundo, conocer nada, ya para acabar inventando nuevos
411 pensamientos y opiniones, sin cuidarse de aprender las ciencias
412 exactas. Pero sobre todo se reconocerá el valor de la crítica, si se tiene
413 en cuenta la inapreciable ventaja de poner un término, para todo el
414 porvenir, a los ataques contra la moralidad y la religión, de un modo
415 socrático, es decir, por medio de la prueba clara de la ignorancia de los
416 adversarios. Pues alguna metafísica ha habido siempre en el mundo
417 y habrá de haber en adelante; pero con ella también surgirá una
418 dialéctica de la razón pura, pues es natural a ésta. Es pues el primer y
419 más importante asunto de la filosofía, quitarle todo influjo desván-
420 tajoso, de una vez para siempre, cegando la fuente de los errores...
421
422 E
423 [11... La crítica no se opone al proceder dogmático de la razón en su
424 conocimiento puro como ciencia (pues ésta ha de ser siempre dog­
425 mática, es decir, estrictamente demostrativa por principios a priori,
426 seguros), sino al dogmatismo, es decir, a la pretensión de salir ade­
427 lante sólo con un conocimiento puro por conceptos (el filósofo), se­
428 gún principios tales como la razón tiene en uso desde hace tiempo,
C uadernos de A n u a rio F ilo s ó fic o 15
TEXTO DE INMANUEL KANT I

429 sin informarse del modo y del derecho con que llega a ellos. Dogma­
430 tismo es, pues, el proceder dogmático de la razón pura, sin previa crí­
431 tica de su propia facultad. Esta oposición, por lo tanto, no ha de favore­
432 cer la superficialidad charlatana que se otorga el pretencioso nombre
433 de ciencia popular, ni el escepticismo, que despacha la metafísica
434 toda en breves instantes. La crítica es más bien el arreglo previo ne­
435 cesario para el fomento de una bien fundada metafísica, como cien-
436 d a, que ha de ser desarrollada por fuerza dogmáticamente, y según la
437 exigenda estricta, sistemáticamente, y, por lo tanto, conforme a es­
438 cuela (no popularmente). Exigir esto a la crítica es imprescindible, ya
439 que se obliga a llevar su asunto completamente a priori, por tanto a
440 entera satisfacdón de la razón especulativa. En el desarrollo de ese
441 plan, que la crítica prescribe, es decir, en el futuro sistema de la meta­
442 física, debemos, pues, seguir el severo método del famoso Wolf, el
443 más grande de todos los filósofos dogmáticos, que dio el primero el
444 ejemplo (y así creó el espíritu de solidez dentífica, aún vivo en Ale­
445 mania) de cómo, estableciendo regularmente los prindpios, determi­
446 nando claramente los conceptos, administrando severamente las
447 dem ostradones y evitanto audaces saltos en las consecuendas,
448 puede emprenderse la marcha segura de una d en d a. Y por eso
449 mismo fuera él superiormente hábil para poner en esa situadón una
450 d en d a como la metafísica, si se le hubiera ocurrido prepararse el
451 campo previamente por medio de una crítica del órgano, es decir, de
452 la razón pura misma: defecto que no hay que atribuir tanto a él como
453 al modo de pensar dogmático de su tiempo y sobre el cual los filóso­
454 fos de éste, como de los anteriores tiempos, nada tienen que echarse
455 en cara. Los que rechacen su modo de enseñar y al mismo tiempo
456 también el proceder de la crítica de la razón pura, no pueden propo­
457 nerse otra cosa que rechazar las trabas de la Ciencia, transformar el
458 trabajo en juego, la certeza en opinión y la filosofía en ñlodoxia.

16 Cuadernos da Anuario Filosófico
IV . PREGUNTAS SOBRE EL TEXTO.

A

1. ¿Cuándo un conocimiento es científico? ¿La crítica es positiva o
negativa en sus conclusiones?
2. ¿Cuál es el objeto de la lógica? ¿Ha progresado? ¿Tiene otros
cometidos? ¿Queda algo friera de ella?
3. ¿Cómo se distingue la lógica de las demás ciencias? ¿Por qué es una
propedéutica?
4. ¿La ciencia es "a priori"? ¿Cómo se distingue la teoría de la práctica?

B

1. ¿Qué semejanzas y diferencias hay entre la física y las matemáticas?
2. ¿Por qué la matemática tuvo más dificultades? ¿Én qué consistió la
revolución de Tales? ¿Quién pone lo ”a priori"?
3. ¿En qué consistió la revolución de Bacon? ¿Fué sólo suya?
4. ¿Qué descubrieron Galileo, Torricelli y Stahl? ¿Quién tiene más
importancia en su método, la experimentación o la construcción
racional? ¿Qué es un experimento? ¿A quién se juzga?

C

1. ¿La metafísica es ciencia? ¿Subsistirá? ¿Cómo?
2. ¿Por qué hay una necesidad moral de metafísica? ¿Admite un uso
positivo?
3. ¿Cuál es la diferencia entre la revolución kantiana y el planteamiento
anterior? ¿Quién debe regir sobre quien? ¿Cuántos niveles de "a priori"
hay en la intuición, en los objetos y en la razón?

D

1. ¿Qué diferencia hay entre la primera y la segunda pane de la crítica a la
metafísica? ¿Cómo se alcanza la realidad en sf? ¿Es contradictorio el
noúmeno y lo incondicionado? ¿De qué ampliación nos habla?
2. ¿Se desdice Kant de algo de su anterior crítica a la metafísica?
¿Mantiene lo "a priori"? ¿La razón usa siempre los mismos principios o
se duplica? ¿Es optimista o pesimista respecto a sus conclusiones?
3. ¿Qué es positivo, la ampliación o la reducción de la razón? ¿Es
escéptico o moralista? ¿Admitiría la doble verdad? ¿Y en el caso del
hombre? ¿La libertad es pensada o ejercida? ¿Puede la moral y la
religión ser tolerante con la metafísica?

E

1. ¿Qué dos tipos de dogmatismo existen? ¿Qué función desempeña lo "a
priori" en ambos?

Cuadernos de Anuario Filosófico 17
EXPOSICION DEL IDEALISMO TRANSCENDENTAL:
DEL USO CRITICO AL USO AUTOCRITICO DE LA RAZON

I. LA GÉNESIS DEL PROBLEMA CRITICO EN LA INTRO­
DUCCION A LA PRIMERA CRITICA.
1. El contexto cultural del problem a critico.

En tiempo de Kant, es decir, en la ilustración, se daban en
Europa tres grandes corrientes de pensamiento:
1) El racionalismo de Descartes, Leibniz y Wolf que influyó
en Kant. Eran dogmáticos y mantenían la seguridad total del
entendimiento para conocer la verdad científica, a partir del
principio de razón suficiente y a partir de las ideas innatas.
2) El empirismo de Hume que, según Kant, le "despierta de
su sueño dogmático": Mantuvo una postura casi escéptica
ante la posibilidad del conocimiento, por no poder traspasar
alegremente los límites de la experiencia.
3) El progreso de la ciencia natural con el método experi­
mental de Bacon y la física de Galileo y Newton que logra
una síntesis entre las otras dos corrientes de pensamiento,
uniendo la universalidad y necesidad de las leyes con la ex­
perimentación.
2. Planteamiento del problema crítico en Kant.
Para Kant existe una constatación evidente: Las ciencias
matemáticas y la ciencia natural o física han avanzado mu­
cho. Las matemáticas a partir de Tales de Mileto, la física
sobre todo a partir del renacimiento con Galileo y Newton.
En cambio la metafísica no avanza: siempre está dando
vueltas y respuestas contradictorias a los mismos problemas.
¿Por qué sucede esto? ¿Por qué no es ciencia?
A este respecto Kant va a llevar a cabo un giro radical en
el modo de plantear los problemas metafísicos. La metafísica
ya no va a tratar de estas realidades tal y como son en sí
mismas, sino del modo como nosotros llegamos a conocer­
las, si es que realmente lo conseguimos. Por eso también lla­
mará metafísica a la misma crítica que hace sobre las posibi­
lidades del conocimiento.

18 Cuadernos de Anuario Filosófico
Inmanuel Kant I

3. La justificación de la ciencia como problema crítico.
Kant está fundamentalmente preocupado por el problema
de los límites del conocimiento en la medida que pueden
afectar a la validez del conocimiento científico. Sobre todo
cuando comprueba que ni el racionalismo, ni el empirismo
resuelven satisfactoriamente el problema por confiar exclu­
sivamente en los métodos deductivos a partir de ideas
innatas, o inductivos a partir de la experiencia sin poder uti­
lizar conceptos.
Además, estas dificultades se agravan aún más si, como
ocurre en Kant, se acentúa el giro gnoseológico que ya se
había iniciado en Descartes al exigir una justificación previa
de todos nuestros conocimientos hasta el punto de dar lugar
a una inversión en nuestro modo de garantizar su validez.
No se parte de la realidad para justificar el conocimiento,
sino que el conocimiento se debe justificar por sí mismo, en
virtud de su propia validez interna, antes de poder acceder a
lo real, si es que efectivamente podemos, que no será el caso.
4. El análisis de las condiciones de posibilidad de la
ciencia.
Kant parte de la base de que la ciencia existe al modo
como afirmaban los racionalistas y como lo atestigua el
acuerdo unánime entre los científicos. Por eso rechazará la
postura de Hume por hacer inviable la posibilidad de la
ciencia y de sus leyes universales y necesarias. La ciencia
existe, pero ¿cómo es esto posible?
El camino a seguir en esta investigación no será estudiar
cómo se han constituido "de hecho" las ciencias dado que
esto depende en cada caso de muchos factores. Se trata de
descubrir, en cambio, las condiciones de posibilidad del
conocimiento, es decir, aquellas condiciones generales o
«condiciones transcendentales» que hacen posible cualquier
conocimiento científico a partir de la sola razón, al margen
de los hechos y al margen de toda experiencia.

Cuadernos da Anuario Filosófico 19
Inmanuel Kani I

5. Tres niveles de análisis crítico.
Kant estudia así la posibilidad y límites del conocimiento,
de las ciencias (formales y naturales) y de la propia metafí­
sica como ciencia en tres pasos sucesivos:
a) ¿Es posible la metafísica como ciencia?
b) ¿Cómo es posible una ciencia? ¿Cuáles son las condicio­
nes que hacen posible el conocimiento científico cuando for­
mula juicios universales y necesarios?
c) ¿Cómo deben ser los juicios que fundamenten la ciencia?
¿Cuáles son las condiciones que han de tener los juicios en
una ciencia? Por eso Kant comienza estudiando los tipos de
juicios científicos.
6. Tipos de juicios.
Los juicios de la ciencia pueden clasificarse atendiendo a
dos criterios:
a) Según la relación que existe entre el sujeto y el predi­
cado, los juicios pueden ser: 1) analíticos si el predicado está
incluido ya en el concepto del sujeto, aunque sea implícita­
mente; por ejemplo, "todos los cuerpos son extensos", si se
entiende al modo cartesiano, que todo cuerpo es una deter­
minación de la extensión. 2) Son sintéticos, por el contrario,
aquellos en que el predicado se añade al concepto del sujeto;
por ejemplo, "todos los cuerpos son pesados", siguiendo el
simil cartesiano.
b) Según la relación con la experiencia, los juicios pueden
dividirse en "a priori" y "a posteriori", según sean indepen­
dientes y previos a la experiencia o dependen de ella.
7. Tipos de ciencia y la nueva ciencia.
Las ciencias form ales, es decir, de la lógica y las
matemáticas, pueden garantizar su universalidad y necesi­
dad, dado que formulan juicios analíticos que son siempre "a
priori", sin depender de la experiencia. Sin embargo, no ha­
cen avanzar el conocimiento por tratarse de un simple
análisis del sujeto, simplemente “a priori" pero sin poder
atribuir ningún predicado más.

20 Cuadernos da Anuario Filosófico
Inmanuel Kant I

b) La ciencia natural, como la biología, formulan juicios
sintéticos "a posteriori" que están basados en la experiencia
y hacen progresar el conocimiento, pero tampoco resultan
válidos para la ciencia en general por carecer de universali­
dad y necesidad, dado que la experiencia es siempre contin­
gente y particular.
c) La nueva ciencia de Galileo y Newton formula juicios
sintéticos "a priori" que reúnen así las condiciones de
universalidad y necesidad por una parte, y de progresividad
por otra. Es decir, que se pueden justificar con independencia
de la experiencia de un modo "a priori" y a la vez permitan el
progreso hada nuevas verdades sintéticas no conocidas
hasta entonces. Al menos así ocurría, en su opinión, con la
demostradón de que la suma de los ángulos del triángulo
mide 180*, o de que el movimiento de caida de un grave es un
movimiento uniformemente acelerado.
0. ESTRUCTURA DE LA CRÍTICA DE LA RAZON PURA.
A lo largo de la Crítica de la Razón Pura, Kant analizará
las condidones de posibilidad de este tipo de juidos en tres
niveles sucesivos, correspondientes a su vez a tres facultades
de nuestro conodmiento: imaginación, entendimiento y ra­
zón. A cada uno de estos niveles cognoscitivos le corres­
ponde un tipo de denda: las dendas matemáticas, las rien­
das físico-naturales y la m etafísica, respectivamente, así
como las tres partes en que se divide esta obra: La estética
transcendental, la analítica transcendental y la dialéctica
transcendental, donde se estudia la sensibilidad, los concep­
tos y las tres grandes ideas de la razón respectivamente.
1. La estética trascendental.
La estética trascendental es el análisis crítico de la
sensibilidad definida como receptividad y pasividad, con el
consiguiente rechazo a la intervenrión de la inteligencia en
la valoradón de la informadón que aportan los sentidos, al
igual que ocurrió en el empirismo.
Por otro lado, en todo conodmiento sensible podemos

Cuadernos da Anuario Filosófico 21
Inmanuel Kant I

distinguir una materia y una forma. La materia, el conte­
nido, son las sensaciones e impresiones que recibimos del
exterior, sin las cuales no habría conocimiento alguno, y nos
es dada "a posteriori". La forma es el marco en el que encua­
dramos y rodeamos las impresiones sensibles. Si no hubiera
forma, no conoceríamos nada, pues recibiríamos sólo un
caos de sensaciones inconexas y desordenadas.
Además, según Kant, el espacio es la forma de todas
nuestras sensaciones extemas, y el tiempo, de todas nuestras
sensaciones internas. Paradójicamente ambas se nos dan
espontáneamente ya estructuradas conforme a la concepción
newtoniana del universo, de un modo uniforme y sin saltos
cualitativos, como por el contrario le ocurría al espacio
aristotélico. Espacio y tiempo son, pues, previos a toda
experiencia, y no son intuiciones sensibles particulares que
dependan a su vez de un determinado tipo de experiencia.
Tampoco son conceptos, pues no pueden predicarse de una
pluralidad de individuos. Son, por lo tanto, intuiciones sen­
sibles puras o, con otras palabras, formas "a priori" de
nuestra sensibilidad y, por ello, condiciones de toda sensa­
ción posible.
2. Los juicios sintéticos a priori en las matemáticas.
Una vez puestas de manifiesto las condiciones trascen­
dentales del conocimiento sensible, Kant pasa a demostrar
que, gracias a ellas, son posibles los juicios sintéticos "a
priori" en matemáticas. La geometría estudia el espacio; la
aritmética, la sucesión numérica, entendida como sucesión
temporal. De este modo, los juicios que se hagan sobre estas
formas de pensamiento serán también "a priori". Y puesto
que no son simples conceptos sino intuiciones sensibles basa­
das en la experiencia, serán a su vez juicios sintéticos.
Ejemplo: "La suma de los ángulos de un triángulo es igual a
dos rectos". Luego si en Matemáticas son posibles los juicios
sintéticos a priori, habrá que concluir que la Matemática es
una ciencia bien fundamentada.

22 Cuadernos da Anuario Filosófico
Inmanuel Kant I

3. El idealismo trascendental y el realismo empírico.

Dado que el espado y el tiempo no son propiedades reales
de las cosas sino algo puesto por el sujeto, es evidente que no
podemos conocer jamás las cosas tal como son en sí mismas,
sino sólo las cosas tal como aparecen. A lo que aparece al
sujeto, Kant la llama "fe n ó m e n o ", y a la cosa en sí,
"noúmeno". Las cosas en sí, precisamente porque son en sí y
no en nosotros, son incognoscibles. A esta doctrina, Kant le
da el nombre de "idealismo trascendental". Este título está
justificado por lo siguiente:
a) Su teoría es un idealismo y no un realismo porque lo
conoddo no es lo real, sino simples fenómenos o ideas sub­
jetivas, en este caso, las representaciones.
b) Y es trascendental porque los fenómeno son iguales
para todos, por estar sometidos a unas condiciones trascen­
dentales de la sensibilidad que a su vez son las mismas para
todos los sujetos. Gracias a la trascendentalidad del fenó­
meno, este no es una mera aparienda subjetiva; de este
modo Kant salva el fenomenismo escéptico de Hume, aun
admitiendo que sólo conocemos fenómenos.
Kant llama también a su teoría “realismo empírico". De
hecho los fenómenos requieren una realidad en sí, un noú­
meno, que los cause ya que de lo contrario, habría fenómeno
sin nada que se muestre, lo cual sería absurdo. Así el fenó­
meno posee una idealidad trascendental, y a su vez se le
atribuye también una realidad empírica, en cuanto simple
fenómeno, sin poder ir más allá, pero sin tampoco negar esta
posibilidad. Dicho brevemente, el fenómeno no es algo ex­
clusivamente subjetivo sino que tiene un fundamento real,
aunque desconocido para nosotros.
4. La analítica trascendental.
La analítica transcendental es la segunda parte de la
Crítica que estudia el entendimiento. A su vez define el en­
tendimiento como espontaneidad y actividad, propia del
pensar al contrario que la sensibilidad, que habíamos defi­
nido como receptividad pasiva propia del intuir sensible.

Cuadernos da Anuario Filosófico 23
Inmanuel Kant I

Pero si el ententimiento no puede intuir nada, ¿cuál es su
fundón? La fundón del entendimiento es pensar los objetos
dados por la sensibilidad: el entendimiento tiene que unifi­
car, que comprender lo sensible, a fin de poder referirlos a un
concepto mediante un juicio, que a su vez es la operadón
propia del entendimiento. Pensar es así juzgar acerca de
aquello que previamente hemos sentido.
Como en la sensibilidad, también en el entendimiento po­
demos distinguir una materia y una forma. La materia es
aquello acerca de lo que se juzga: los datos de la experienda.
La forma es el modo como el entendimiento unifica y coor­
dina estos datos, es dedr, el modo de juzgar. Naturalmente,
la forma ha de ser "a priori": los conceptos han de ser pues­
tos por el sujeto, previos a la experiencia.
5. La deducción transcendental de las categorías.
Evidentemente este caráder "a priori" no impide la exis-
tenda de "conceptos empíricos", es dedr, obtenidos a través
de la experienda, por ejemplo, casa, perro. Sin embargo,
estos conceptos resultan a su vez de la aplicadón a la expe­
rienda de los conceptos puros, que a su vez preceden y posi­
bilitan esa misma experiencia, por ejemplo, el concepto de
sustanda, realidad, causalidad, etc.
A estos conceptos puros del entendimiento Kant los llama
categorías, similares a las aristotélicas, aunque dándoles un
sentido muy distinto. Para Kant las categorías son simple­
mente los distintos modos subjetivos como se configura
nuestro pensar en virtud de sus propias formas espontáneas
de enlazar los fenómenos con la experienda, que surgen de
la actividad interna del propio yo cuando piensa, sin poder
garantizar en ningún caso si efectivamente se corresponde
con aquello que pretende representar.
Las categorías ya no son los distintos modos de ser en que
se pueden presentar los entes, ni son 10: sustanda y nueve
acddentes, como en Aristóteles, sino doce, como son la posi­
bilidad, la existenda, la necesidad, la sustanda, la causali­
dad, etc. Además, antes las categorías eran subjetivas y ob­
jetivas y para Kant son fundamentalmente subjetivas, pues

24 Cuadernos do Anuario Filosófico
Inmanuel Kani I

por sí mismas están vacías, y han de "llenarse" con las im­
presiones sensibles, que constituyen la materia del entendi­
miento. De ahí que «intuiciones sin concepto son ciegas,
conceptos sin contenido son vados».
6. La "revolución copem icana" y los juicios sintéticos "a
priori" de la física.
Para Kant cuando el entendimiento conoce no capta obje­
tos pues ya dijimos que negaba la posibilidad de una intui­
ción intelectual. Más bien "construye" sus propios objetos de
conocimiento: un conjunto de fenómenos se convierte así en
objeto de conocimiento. El entendimiento, por tanto, me­
diante la aplicación de las categorías, confiere a los fenóme­
nos el sello de la o b jetiv id a d . La cosa en sí, de suyo
incognoscible, pasa a ser objeto de conocimiento por las
condiciones a las que el sujeto la somete. En esto consiste el
"giro copemicano" que Kant da a la teoría del conocimiento.
No es el sujeto quien se adecúa a las cosas, sino que son las
cosas quienes se adecúan a nuestros conceptos.
Concretamente los juicios de la mecánica racionalista es­
tarán fundamentados a su vez sobre estas categorías. Así
cuando decimos que todo cuerpo es extenso, o que todo mo­
vimiento tiene una causa, sólo aplicamos a la experiencia
sensible unos conceptos que, en su opinión, son totalmente
independientes de aquella experiencia, pero la hacen
universal y necesaria. Este proceso se acentuará aún más,
como veremos, en la nueva ciencia de Galileo y Newton. Así
es como Kant soluciona la cuestión acerca de las condiciones
de posibilidad de los juicios sintéticos "a priori" en la física.
7. El sujeto trascendental.
Ahora Kant también se plantea la necesidad de la existen­
cia de un sujeto cognoscente, igualmente desconocido. La
razón es la siguiente: tanto el conocimiento sensible como el
intelectual suponen una síntesis subjetiva de impresiones in­
conexas y desordenadas, mediante un sujeto permanente
que realice dicha unificación, a fin de poderlos conocer.

Cuidarnos da Anuario Filosófico 25
Inmanuel Kant I

Ambas cosas —síntesis y conocimiento— sólo son posibles a
condición de afirmar la unidad de la conciencia del sujeto,
como una condición trascendental de todo posible conoci­
miento y puede, por tanto, establecerse a priori: todo pen­
samiento y toda representación lo son, necesariamente, de
un sujeto. «Un "yo pienso" debe acompañar necesariamente
a todo pensamiento». (CRP, p. 336).
Sin embargo, este "yo pienso" no es una conciencia empí­
rica ni se identifica, con el yo empírico o psicológico que
captamos cuando reflexionamos sobre nosotros mismos:
está más allá de los datos de experiencia. Por eso, aunque
debemos afirmarla como condición de posibilidad del cono­
cimiento, debemos también reconocer que es incognoscible.
El yo trascendental no es un acto, ni un proceso, ni una cosa,
sino la condición lógica del conocimiento objetivo.
III. EL USO CRITICO DE LA RAZON EN LA DIALECTICA
TRANSCENDENTAL.

La dialéctica transcendental se puede considerar, según se
prefiera, como la tercera parte principal de la Crítica o como
un apéndice inútil, dado que Kant la identifica con el
razonamiento falso o sofístico. Sobre todo una vez que todo
conocimiento posible se limita a los fenómenos y se admite la
imposibilidad de la metafísica como ciencia.
1. El uso sintético de la razón en la dialéctica transcen­
dental.
La razón es, según Kant, la función que confiere a los ob­
jetos la más alta unidad. Así la sen sibilidad unifica las
impresiones sensibles para construir fenómenos y el enten­
dimiento unifica los fenómenos para construir los objetos de
conocimiento. A su vez la razón une razonamientos relacio­
nando juicios a través de, por ejemplo, silogismos. Pasamos
así de "Sócrates es mortal" a "todos los hombres son morta­
les", y de aquí a"todos los animales son mortales", que sirve
a su vez de fundamento a los dos juicios anteriores.
La razón tiende, de modo natural, a continuar este pro­

26 Cuadernos da Anuario Filosófico
Inmanuel Karu I

ceso ascendente hasta encontrar unos juicios máximamente
universales que sirvan de condición a todos los demás, y que
sean ellos mismos incondicionados, por cuanto están pre­
sentes en toda argumentación y ya no se pueden remitir a
otros anteriores. Así ha sucedido concretamente en la
ciencia; Galileo piensa, frente a Aristóteles, que basta con un
tipo de leyes para explicar el movimiento celeste y terrestre.
Newton formula una ley muy general: la de gravitación uni­
versal. Pero esta tendencia sólo es legítima cuando no tras­
pasa la experiencia, como en el caso de aquellas categorías
que sólo se pueden aplicar a la intuición sensible.
2. La dialéctica transcendental como crítica al uso dog­
mático de la razón.
Sin embargo, la razón tiene una tendencia natural a hacer
síntesis supremas, a lo incondicionado, sobrepasando la ex­
periencia, mediante tres tipos de razonamiento —categó­
rico, hipotético y disyuntivo— que nos conducen, respecti­
vamente, a los tres incondicionados o "ideas de la razón": la
idea de alma o unidad absoluta del sujeto pensante que a su
vez unifica la experiencia interna al igual que antes ocurrió
con la "res cogitans" cartesiana; la idea de mundo o unidad
absoluta de los fenómenos, que unifica la experiencia ex­
terna al modo también de la "res extensa" cartesiana; final­
mente, la idea de Dios o unidad absoluta de todos los objetos
de pensamiento, que unifica la experiencia interna con la
externa y da lugar a la "res infinita ".
Pues bien, de estos primeros incondicionados o ideas puras
de la razón no hay intuición alguna. Por ello, la metafísica,
es una ciencia imposible sin juicios sintéticos "a priori", y que
da lugar a lo que Kant llama una «ilusión trascendental». Es
decir, a la ilusión de Dios como realidad, y del alma como
sustancia libre. Con estas críticas no demuestra ni pretende
demostrar que no existan estas realidades: sólo le avisa que
su conocimiento es imposible como ciencia, a fin de que con­
tenga esta tendencia natural a síntesis supremas por exceder
las posibilidades de la experiencia. Es decir, que alma,
mundo y Dios no son objeto de la razón pura.

Cuadernos de Anuario Filosófico 27
Inmanuel Kant I

3. La crítica de la psicología racional.
La psicología racional es la parte de la metafísica que se
ocupa del estudio del alma. Durante siglos se ha pretendido
demostrar que es una substancia simple y autoconsdente.
Pues bien, siempre que se intenta demostrar cualquiera de
estas tesis se incurre en paralogismos que invalidan el razo­
namiento por dar lugar a un error lógico.
Kant recoge el caso de Descartes: a partir del "cogito, ergo
sum" concluyó que el alma es una substanría. El error está en
que el "yo pienso" que hace de sujeto de ese juicio no es el yo
empírico, sino el yo trascendental que acompaña a todas
nuestras representaciones. Aplicarle la categoría de sustan­
cia es un error, pues la aplicación de las categorías presu­
pone el sujeto trascendental y no al contrario.
4. La crítica de la cosmología racional.
La cosmología trata sobre el mundo considerándolo como
realidad en sí. Pero en cuanto pretendemos predicar del mun­
do propiedades metafísicas caemos en antinomias. Una anti­
nomia es un par de proposiciones contradictorias, que pueden
ser demostradas con igual fuerza probatoria. En concreto, las
antinomias contenidas en la razón son las siguientes:
1. - Tesis: el mundo tiene un comienzo y es limitado en el
espacio. Antítesis: el mundo no tiene comienzo en el tiempo y
no es limitado en el espacio.
2. - Tesis: Toda sustancia compuesta consta de partes que
son indivisibles. Antítesis: Todo es divisible hasta el infinito.
3. - Tesis: En el mundo hay causalidad libre. Antítesis: En el
mundo no hay libertad sino que todo sucede según leyes
necesarias.
4. - Tesis: El mundo implica la existencia de un ser necesa­
rio. Antítesis: No hay un ser necesario que sea causa del
mundo.
5. La crítica de la teología racional.
Por último, la teología racional pretende demostrar la
existencia de Dios. Kant reduce todas las demostraciones

28 Cuadernos de Anuario Filosófico
Inmanuel Kam I

posibles a tres: la prueba ontológica, la cosmológica y la fí-
sico-teleológica. Y las tres pueden reducirse lógicamente, en
su opinión, al argumento ontológico, que a su vez en invá­
lido, por lo que todas son erróneas.
El argumento ontológico, dice Kant, es aquel que consi­
dera la existencia como una perfección. Parte de la idea de
Dios como el ser perfectísimo, y de ahí concluye que existe
necesariamente. Contra esto Kant objeta que la proposición
"Dios existe" no es una proposición analítica, porque cuando
afirmamos que Dios existe no predicamos de Dios ninguna
perfección dado que «la existencia no es un predicado real,
sino la posición absoluta de una cosa». Propone un ejemplo:
cien “táleros" reales no contiene nada más que den "táleros"
pensados. Pues bien: si dicha proposidón no es analítica, del
análisis del sujeto nunca podremos obtener el término
predicado. Por tanto, el argumento ontológico no prueba
realmente nada respecto a la existenda de Dios.
6. Las conclusiones de la dialéctica y el tránsito a la razón
práctica.

A pesar de estas críticas, Kant está tan lejos de la teología
radonal como del ateísmo dogmático. Se refugia más bien
en un agnosticismo teórico, pero dejando abiertas las puer­
tas a otras posibles ampliaciones del saber a partir de las
cuales se pudieran buscar otras formas de fundamentadón
de la metafísica.
A este respecto al final de la Crítica hay un texto intere­
sante que en cierto modo sintetiza su trayectoria intelectual
a través de sus tres Críticas:
«Todo el interés de mi razón, tanto el interés especulativo
como el práctico, se resume en estas preguntas: "¿Qué puedo
saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me es permitido esperar?" La
primera es puramente especulativa, y la Crítica responde a ella.
La segunda es puramente práctica y no entra en el marco de la
Crítica. La tercera es a la vez teórica y práctica... Aquí la práctica
es como el hilo conductor que lleva a la solución de la cuestión
teórica». (CRP, p. 630).
Concretamente, la exigencia moral supone una amplia­
ción de la razón por requerir la aceptadón de otras verdades

Cuaderno» de Anuario Filosófíeo 29
Inmanuel Kant I

metafísicas como simples postulados o condición de la razón
práctica. Así la moral supone la libertad, la inmortalidad del
alma y la existencia de Dios, pues son absolutamente nece­
sarias para comprender la ética formal del deber por el deber
entendida como un simple "factum rationis".
TV. E L USO AUTOCRITICO DE LA RAZON EN EL PROLOGO.
El Prólogo de 1787 a la segunda edición, fue escrito en un
periodo intermedio entre la primera y la segunda Crítica y
constituye una auténtica declaración de intencionalidad sis­
temática de Kant. Un año antes había escrito un artículo ti­
tulado "¿Qué significa orientarse en el pensar?" con el que
intervino en "la polémica sobre el panteísmo". Allí se en­
frentaron, por una parte, el racionalismo ilustrado cuyo ex­
ponente máximo era entonces Moses Mendelsohn, y el anti-
rracionalismo de Friedrich H. Jacobi por otra. Este último
rechazó el determinismo panteista de Spinoza y los raciona­
listas, en nombre de una revelación interior, o de una fe o
sentimiento íntimo, al modo de Rousseau, por ser el único
fundamento posible de la propia libertad y de las creencias
morales.
1. La polémica sobre el panteísmo y la génesis del pro­
blema moral.
El panteísmo es la reducción de toda la realidad a una
única sustancia pensante: Dios. Otra versión del panteísmo
es el naturalismo, que la reduce a una sola sustancia no pen­
sante: la naturaleza. De todos modos esta concepción estaba
menos presente en el siglo XVIII, pues implicaba un ateísmo
claro incompatible con los ideales morales ilustrados de be­
nevolencia, compasión y altruismo. De ahí que surgiera la
polémica: ¿Cómo y por qué debe actuar el ser humano? O
dicho aún más concretamente, ¿Qué obligaciones hada los
demás he de aceptar y por qué?
La reflexión kantiana acerca de la fundamentación de la
moral va a ser dara: apela a la fe, aunque se trate de una "fe
racional" como la denomina, para fundar de este modo el

30 Cuadernos de Anuario Filosófico
Inmanuel Kanl I

deber moral del ser humano. Aunque simultáneamente no le
satisfacían las soluciones propuestas por Mendelsohnn y
Jacobi, por desvincular totalmente la fe de la razón y redu­
cirla a un sentimiento. Ni tampoco, desde otra base filosó­
fica, el sentimentalismo moral de Hume o de Rousseau, de­
bido precisamente a su particularismo, incapaz de explicar la
universalidad de las exigencias éticas.
2. La supresión del saber en nombre de la fe.
A este respecto en el Prólogo se afirma: "Tuve, pues, que
suprimir el saber para dejar sitio a la fe" (P rólogo, 1. 395-
396). A su vez, dos años antes, en 1785, había publicado la
"Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres" (cf.
Cuaderno Kant III). Al año siguiente, en 1788, se imprimiría
la "Crítica de la Razón Práctica" (cf. Cuaderno Kant IV), con
lo que se manifiesta la nudearidad del problema moral en la
filosofía de Kant, sobre todo en esta época. Como indica en
el mismo Prólogo
"la razón pura tiene un uso práctico (el moral) absoluta mente
necesario, uso en el que ella se ve inevitablemente obligada a ir
más allá de los límites de la sensibilidad. Aunque para esto la
razón práctica no necesita ayuda de la razón especulativa, ha de
estar asegurada contra la oposición de ésta última, a fin de no
caer en contradicción consigo misma''(Prólogo, 1. 303-308).
Esto significa que el mayor peligro contra la razón pro­
viene de ella misma. ¿Por qué? Porque la moral es el ámbito
de la libertad y la absolutizadón del uso teórico implica un
uso negativo de la razón, sin poder ir más allá de la expe-
rienria, así como la anuladón del uso práctico-moral en el
que se despliega su voluntad libre. Además, si todo puede ser
determinado por las leyes de la ciencia la libertad humana
termina siendo una ficdón. Por consiguiente, no puede
aceptarse que la razón dentífica de tipo físico-matemático
esté capacitada para fundamentar el deber moral.
3. La diferenciación interna entre el saber y la fe.
En cualquier caso Kant admite una reladón medial entre
el saber y la fe. Por ello la Crítica afirma la uniddad de la

Cuadernos de Anuario Filosófico 31
Inmanuel Kant I

razón, pero a partir de una dualidad de objetos de pensa­
miento; y después de "enumerar exhaustivamente las dis­
tintas formas de proponerse tareas" (Prólogo, 1. 263-264).
A su vez estos mismos principios que restringen el ámbito
posible "del uso puro (práctico) de la razón" (1. 298-299)
también le permiten, aunque con condiciones, "ir más allá de
los límites de la sensibilidad “ (1. 228). Esta es la otra utilidad
positiva de la Crítica, según Kant. "Suprimir el saber", por
tanto, no significa anularlo, sino reducirlo; pero no para caer
en la desazón del escepticismo, sino para dejarle abierta al
hombre la posibilidad de lo suprasensible.
4. La perplejidad en el doble uso negativo y positivo de la
razón.
Pero ¿por qué se ve forzado Kant a diferenciar un doble
uso negativo y positivo de la razón? Por una parte, el uso
negativo nace del conocimiento científico cierto que sólo or­
ganiza y comprende fenómenos, pero en absoluto descubre
la realidad o el noúmeno, que se oculta tras ellos; por otro
lado, el uso positivo de la razón práctica se esfuerza en pen­
sar la realidad en sí, pero sólo sirve para tomar decisiones
encaminadas a configurar nuestra conducta moral. La crítica
tiene a su vez la única misión de mantener los límites entre
estos dos posibles usos críticos de la razón, mediante la apli­
cación de las categorías o conceptos puros del entendimiento
a los fenómenos. Ante esta situación, cabe preguntarse
¿sigue siendo necesaria la tarea de la crítica, sobre todo en su
uso negativo?
En el Prólogo de la segunda edición precisamente Kant
expone la necesidad de la crítica debido a "la perplejidad en
la que cae ¡a razón". ¿Cuándo?
"cuando suponiendo que nuestro conocimiento empírico se rige
por los objetos en cuanto cosas en sí, se descubre que lo incond­
icionado no puede pensarse sin contradicción" (Prólogo, 1. 232-234).

5. La génesis de la perplejidad en la nueva ciencia.
No podemos, en consecuencia, evitar el uso negativo de la
razón que nos ha permitido explicar como son posibles las

32 Cuadernos da Anuario Filosófico
Inmanuel Kani I

leyes científicas. Sin embargo, el éxito obtenido en nuestra
actividad indagadora "nos impulsa ineludiblemente a tras­
pasar los límites de la experiencia" (1. 227-228), intentando
ahora pensar en el mundo, como el conjunto de todas las
series de fenómenos. Así surge, amenazadora y obstinada­
mente, la pregunta por el comienzo del universo, que sólo
podemos contestar con tesis contradictorias, a las que deno­
mina Kant las antinomias de la razón pura. Al parecer fue
entonces cuando recibió también la iluminación que le ayudó
a desabaratarlas: el espacio es absoluto; pero no es una cosa
en sí, sino una intución pura de la sensibilidad, una forma a
priori que rige nuestras representaciones. Por consiguiente,
"suponiendo que nuestra representación de las cosas, tal
como nos son dadas, no se rige por éstas en cuanto cosas en sí,
sino que más bien esos objetos, en cuanto fenómenos, se rigen
por nuestra forma de representación, desaparece ¡a contradicción”
(Prólogo, 1.234-238).

V . E L P R O L O G O , COMO REAFIRMACION DEL MÉTODO "A
PRIORI" DE LA CIENCIA.

En este sentido el segundo Prólogo de 1787 aunque va a
llevar a cabo una ampliación del uso de la razón, no por ello
se desdice de su anterior uso crítico para poner límites al
conocimiento científico, ni tampoco abandona sus anteriores
proyectos transcendentales, a partir de una reflexión inicial
sobre los presupuestos del método "a priori" de la ciencia.
1. El camino seguro de la ciencia frente a la lógica y la
metafísica.
En este sentido la solución al problema crítico exige una
vez más volver a responder a la pregunta kantiana "¿qué
puedo saber?" al modo como ahora se plantea en el Prólogo,
sin olvidarse de su objeto específico de conocimiento, por eso
"es mucho más difícil para la razón tomar el camino seguro
de la ciencia cuando no simplemente tiene que tratar de sí mis­
ma [como la lógica], sino también de objetos" (Prólogo, 1.40-42).
A este respecto la razón humana tiene ante sí dos clases de
objetos, además de sus propias leyes:

Cuaderno* da Anuario Filosófico 33
Inmanuel Kant I

a) Aquellas nociones o conceptos generales, que denotan
propiedades atribuibles a fenómenos sensibles como ocurre
en general con las proposiciones de la ciencia natural res­
pecto a las que siempre cabe un posible progreso.
b) Las ideas que se refieren a realidades de las que no te­
nemos experiencias sensibles, como son las proposiciones de
la metafísica, en dónde "la razón se atasca continuamente"
(1.137-138), porque se eleva desmedidamente por encima de
la experiencia.
A partir de aquí se explica como las distintas ciencias fue­
ron encontrando el camino seguro de la ciencia. El caso más
sencillo es el de la lógica, que estudia sólo "las reglas forma­
les de todo pensamiento" (1. 33-34) y emprendió este camino
"desde los tiempos más antiguos" (1. 15-16), concretamente
desde Aristóteles. Pero, como ya hemos visto, este avance
aparente tenía bastante poco mérito.
2. La estructura "a priori" de las revoluciones científicas
en matemáticas.
Las ciencias reales, en cambio, se ocupan de objetos y tras
una fase de ciegos tanteos, encuentran el camino seguro de
la ciencia "por la idea feliz de un solo hombre" (1. 72-73). Esta
ocurrencia da lugar a su vez a una "revolución " (1. 72) en el
modo de pensar.
Para la matemática, la revolución se produjo ya en la an­
tigüedad y consiste en una norma que se practica en toda
demostración geométrica: para los efectos de la rienda, no
basta ver simplemente una figura geométrica o perseguir su
concepto; es preciso construir a priori esa figura con arreglo
a conceptos propios para después hacerla real y compro­
barla en la práctica (Cfr. 1.51 y ss).
Así Tales de Mileto, además de proponer el agua como
"arge" o primer principio material, formuló el teorema
acerca de la igualdad o proporcionalidad de los triángulos
en razón de sus ángulos y de sus lados. Así se puede compro­
bar con facilidad si un triángulo es isósceles mediante una
simple superposición de dos triángulos iguales. Hasta el
punto que sólo se admitirá como válido lo que puede ser ob-

34 Cuadernos da Anuario FUosdfico
Inmanuel Kant I

jeto de una construcción "a priori" de este tipo a fin de hacer
la verdad y no solo descubrirla. Por ejemplo, utilizando este
teorema para medir la distancia de un barco a la costa. La
matemática como ciencia nace, pues, de una condición apa­
rentemente imposible: un supuesto subjetivo que, sin em­
bargo, es objetivamente válido, pues demuestra que sólo se
puede saber con plena certeza de una cosa lo que previa­
mente uno mismo ha puesto en su concepto.
3. El método constructivista na priori*’ de las matemáticas.
Para Kant, la matemática es el prototipo de conocimiento
cierto, pues sus conclusiones pueden ser comprobadas intui­
tivamente. Esto acontece en ella, porque construye sus con­
ceptos, de tal modo que pronto
"advirtió que para saber a priori algo con certeza, no debía
añadir a la cosa sino lo que necesariamente se seguía de lo que
él mismo, con arreglo a su concepto, había puesto en ella”
(Prólogo, 1.91-94).
De este modo, la matemática elabora sus conceptos sinté­
ticamente, como resultado de la aplicación a la experiencia
de unas estructuras "a priori" de pensamiento. Por el
contrario, la metafísica "se levanta por encima de lo que en­
seña la experiencia, con meros conceptos (no aplicándolos a
la intuición, como hacen las matemáticas)” (1. 130-132). Así
fácilmente pierde el rumbo embarcándose en una preten­
sión de conocimiento absoluto absurda, o refugiándose en el
escepticismo.
4. El giro copemicano como modelo de revolución científica.
Muy distinto ha sido el avance experimentado por la
ciencia físico-matemática de Newton. ¿Por qué la física es el
modelo de ciencia por excelencia? Porque Newton ha sabido
perfeccionar el método que descubrió Galileo al entender que
"la razón sólo reconce lo que ella misma produce según su
bosquejo, que la razón tiene que anticiparse con los principios
de sus judos de acuerdo con leyes constantes y que tiene que
obligar a la naturaleza a responder sus preguntas... De lo
contrario, las observadones fortuitas y realizadas sin un plan
previo no van ligadas a ninguna ley necesaria, ley que ... la ra-

Cuadernos da Anuario Filosófico 35
Inmanuel Kant I

zón busca y necesita" (Prólogo, 1.108-115).
Kant descubre que la misma estructura básica de las ma­
temática y la lógica también opera en la ciencia natural.
También la física necesitó, para llegar a ser ciencia, una re­
volución o giro copemicano (cf. 1. 176) en el modo de pensar.
La idea inicial fue propuesta por el filósofo británico Frands
Bacon (1561-1626), pero fue verificada posteriormente a
través de los experimentos de Galileo y Torricelli; la razón
sólo conoce en la naturaleza "lo que ella misma produce se­
gún su bosquejo" (1. 108-109). Y el investigador no
desempeña ante la naturaleza el papel
"de discípulo que escucha todo lo que el maestro quiere, sino
como juez designado que obliga a los testigos a responder a las
preguntas que él les formula" (Prólogo, 119-121).

5. El método constructivo "a priori" de la nueva ciencia.
Para justificar los avances de la ciencia, Kant propone una
síntesis de dos métodos muy conocidos en su época:
a) El método empirista de Francis Bacon, Barón de
Verulam (1561-1626) (cf. 1. 97 y ss). En su Novum organum
propuso un nuevo método inductivo basado en sus tres
tablas de presencias, ausencias y concom itancias, a fin de
destruir los falsos {dolos o ideas erróneas y proponer en su
lugar otras mejores. Según Kant, este método dió un fuerte
impulso a la experimentación, aunque por si sólo pudo más
bien poco.
b) El método resolutivo-compositivo de Galileo (1564-
1642). Siguió un procedimiento racional o dialéctico, sin re­
chazar por ello la experimentación. Concretamente Galileo
en la fase resolutiva o de análisis, localizó los factores de­
terminantes de un fenómeno natural, deduciéndolos a partir
de unos principios generales muy sencillos y a su vez pres­
cindió completamente del resto; sólo posteriormente en la
fase compositiva, o de síntesis, reconstruyó ese mismo fenó­
meno en toda su complejidad para someterlo a un experi­
mento que permitiera comprobar todo el análisis anterior.
c) La interpretación constructivista "a priori" que hace
Kant en el Prólogo de ambos métodos (cf. 1. 181 y ss). En su

36 Cuadernos do Anuario Filosófico
Inmanuel Kani I

opinión, no nos puede extrañar que en estos métodos al final
la teoría salga confirmada por el experimento, dado que la
teoría sólo se refiere a las formas que nuestra razón ha
aplicado de un modo "a priori" a esa misma experiencia y
simultáneamente a la construcción de esa teoría. Pensar de
otro modo, en su opinión, sería absurdo pues no habría
modo de explicar la un iversalidad y la necesidad de la
ciencia, que ya no viene del objeto estudiado, sino del
peculiar modo de conocer que tiene el sujeto humano.
Precisamente en esto, va a consistir el giro copemicano que
ha tenido lugar en la metafísica.
6. Tres ejemplos: Galileo, T o m celli y Stahl.

Como ejemplo de su anterior explicación del modo de
operar de la física pone tres casos muy conocidos:
a) Galileo (1564-1642) aplicó un anterior método resolu­
tivo-com positivo a la caída natural de los graves o movi­
miento de caída libre (cf. 1. 102-103). Lo justificó como un
movimiento uniformemente acelerado en razón exclusiva­
mente del tiempo, sin necesidad de tener en cuenta otros
factores, como la masa, el volumen o la naturaleza del
cuerpo. Anticipó de un modo aún rudimentario la formula
actual de la velocidad de caida, v= 1/2 gt2, aunque sin
precisar todavía el valor de la gravedad, que sería la
aportación de Newton. Posterior-mente comprobó la
validez de sus análisis mediante ditintos experimentos como
el pédulo, o el lanzamiento de bolas de distinto peso por un
plano inclinado, o los movimientos de proyectiles, etc.
b) Torricelli (1608-1647), discípulo de Galileo, descubrió el
valor de la presión atmosférica mediante el conocido proce­
dimiento que aún hoy seguimos utilizando del barómetro (cf.
1.103-105).
c) Stahl (1660-1734) descubrió la existencia de distintos ti­
pos de reacciones químicas entre algunos metales y la cal,
previa pérdida o adición de otros elementos como el flogisto
(cf. 1.105-107).
En todos estos ejemplos, según Kant, tuvo lugar una re­
volución copernicana similar. En efecto Copemico introdujo

Cuadernos de Anuario Filosófico 37
Inmanuel Kant I

un supuesto teórico muy audaz, como fue el heliocentrismo,
de un modo "a priori" en virtud de un principio de
simplificación, que posteriormente fue confirmado en la ex­
periencia con las teorías de Galileo, Kepler y Newton, como
no podía ser de otro modo. De igual modo ahora estos
teóricos proyectaron sobre la experiencia unos esquemas "a
priori" que todavía no se conocían con precisión, pero que se
vieron confirmados en la medida que eran simples proyec­
ciones de nuestro propio modo de pensar. En ningún caso
supusieron un conocimiento real de la naturaleza, sino sim­
plemente de nuestro peculiar modo de conocerla.
7. Peculiaridades del método "a priori" constructivista de
la física.

Podemos esquematizar los hallazgos que implica la física,
según Kant, del siguiente modo:
a) La experiencia fenoménica ha dejado de ser imprevisi­
ble; el hombre, gracias a la ciencia física, se ha convertido en
el legislador que ejerce un control sobre la naturaleza.
b) Cuando Galileo exclamó que "el libro de la Naturaleza
está escrito en lenguaje matemático", descubrió a su vez que
el experimento es el medio de que dispone el científico para
comprobar si sus preguntas son correctas, si los fenómenos
sensibles se acomodan a la regularidad de las leyes científi­
cas, establecidas "a priori".
c) Pero la seguridad del método científico se debe
"a una idea, la de buscar (no fingir) en la naturaleza lo que la
misma razón pone en ella” (Prólogo, 1.123-124).
Esto es: la razón ha de renunciar al conocimiento de la re­
alidad a cambio de la seguridad. No conocemos el orden de
la realidad, sino el orden que imponemos nosotros a la
realidad. De este modo Kant se reafirma en el "Prólogo" en
el anterior uso negativo que había hecho de la crítica, sin
dedicirse en nada de lo anteriormente dicho.

38 Cuadernos de Anuario Filosófico
Inmanuel Kani I

V I. E L P R O L O G O , COMO JUSTIFICACION DE UN NUEVO
DOGMATISMO AUTOCRITICO.

El Prólogo además de reafirmar el anterior uso negativo
que había hecho de la Crítica, también supone la aceptación
de un nuevo uso positivo respecto al posible valor que pode­
mos dar a la metafísica, una vez que hemos suprimido el sa­
ber y dado entrada a la fe, en la forma que antes se ha expli­
cado. Pero evidentemente este uso positivo se levanta sobre
una previa crítica del uso dogmático que se había hecho del
saber.
1. La crítica al falso apriorismo realista de la metafísica.
En efecto, la metafísica, a diferencia de la ciencia, no ha
logrado descubrir ese camino tan seguro.
"Y ello a pesar de ser más antigua que todas las demás y de
que seguiría existiendo aunque estas desaparecieran totalmente
en el abismo de una barbarie que lo aniquilara todo” (Prólogo, 1.
134-137).
¿Por qué no intentar seguir el camino de las ciencias y
avanzar así sobre un terreno fírme? Sus incesantes fracasos
la han "convertido en un continuo tejer y destejer", en "un
mero andar a tientas" (1. 147), a pesar de que la metafísica
trata de las cuestiones "más importantes de nuestro anhelo
de saber" (1. 154-155).
La razón de ello es bastante simple. La metafísica ha he­
cho un uso incorrecto de su propio método que nunca ha sido
propiamente "a priori". Concretamente, si las leyes que el
entendimiento humano piensa como leyes de la naturaleza
realmente lo fueran de un modo inequívoco, entonces su li­
bertad sería ilusoria. De aquí la necesidad de seguir apli­
cando el uso negativo que anteriormente se hizo de la crítica,
para evitar así el dilema que ahora nos plantea Kant:
"o bien los conceptos por medio de los cuales efectúo esta
determinación se rigen también por el objeto [denotado]...; o
bien supongo que los objetos o, lo que es lo m ismo, la
experiencia, única fuente de conocimiento..., se rige por tales
conceptos "(Prólogo, 1.189-194).

Cuadernos do Anuario Filosófico 39
Inmanuel Kani I

2. El uso regulativo autocrítico de las ideas de la razón.
Para resolver estas antinomias y salir de la perplejidad
primeramente hay que limitar el alcance del conocimiento
científico y las pretensiones de la razón con el sentido
claramente negativo que anteriormente había llevado a
cabo. Pero simultáneamente también hay que esforzarse en
establecer unos principios reguladores capaces de articular
su doble uso crítico, tanto negativo o teórico, como positivo
o práctico a fin de "suprimir el dogmatismo de la metafísica"
(1.390) porque
"Ni siquiera puedo, pues, aceptar a Dios, la libertad y la in­
mortalidad en apoyo del necesario uso práctico de mi razón sin
quitar, a la vez a la razón especulativa su pretensión de cono­
cimientos exagerados" (Prólogo, 1. 386-390).
Por consiguiente, las ideas de Dios, la de libertad, y la de
la inmortalidad del alma, se deben utilizar de un modo
autocrítico, como simples postulados de la razón práctica, y
a su vez como ideas reguladoras del conocimiento teórico.
Pero nunca de un modo dogmático y sólo "como si" fueran
verdaderas para poder cerrar teóricamente el sistema de la
metafísica, sin que por ello la persona se vea privada de su
libertad. Lo paradójico del proyecto kantiano, reside en que
niega en teoría, para poder así afirmar lo mismo en nombre
de la práctica.
3. Primacía del uso práctico de la razón sobre el científico.
Kant enfatiza en el segundo Prólogo en la utilidad positiva
de la crítica, al contrario que en el primero, donde más bien
señala de un modo negativo los límites que no debe fran­
quear la razón pura. Pero en realidad ambos usos son com­
plementarios entre sí, pues al impedir la ampliación de los
principios de la razón a lo suprasensible se "elimina un obs­
táculo que reduce su uso práctico o amenaza incluso con su­
primirlo” (1. 300-301).
O lo que es lo mismo: la virtualidad positiva de la crítica
consiste en “dejar sitio a la fe", a l a posibilidad de pensar las
ideas de libertad, inmortalidad del alma y Dios a partir del
uso práctico de la razón. En efecto, de no mediar esta crítica,

40 Cuadernos de Anuario Filosófico
Inmanuel Kant I

aplicaríamos al ámbito moral las mismas categorías que al
mundo físico:
"En consecuencia, no podríamos, sin incurrir en una evi­
dente contradicción, decir de un mismo ser, por ejemplo del
alma humana, que su voluntad es libre y que, a la vez, esa vo­
luntad se halla sometida a la necesidad natural, es decir, que no
es Ubre" (Prólogo, 1. 332-335).
Si queremos desbaratar la contradicción hemos de admitir
la distinción entre fenómeno y noúmeno aunque esta última
no podamos conocerla; pero si hemos de justificar nuestra
conducta moral habremos de actuar "como si" realmente co­
nociéramos que el alma humana es libre y "no determinada
en el tiempo" (1. 355-356).
4. La "cosa en si" como una exigencia de la fe en la razón.
En cualquier caso la distinción entre los fenómenos y la
cosa en sí, es objeto de una fe racional. En efecto, la razón
reconoce los limites que se ha impuesto ella misma para dis­
poner del camino seguro de la ciencia, sin embargo, no por
ello se tranquiliza, y se siente impulsada “ineludiblemente a
traspasar los límites de la experiencia" (1. 227-228) sin
conformarse con las síntesis categoriales de los fenómenos
que realiza el entendimiento. La causa de esta tensión es
'lo incondidonado que la razón, necesaria y jus- tificada-
mente, exige a todo lo que de condidonado hay en las cosas en
sí, redamando de esta forma la serie completa de las condido-
nes" (Prólogo, 1.229-231).
Esto es: la experiencia de los fenómenos sensibles depen­
dientes de algo a su vez condicionado nos obliga a preguntar
por lo permanente o lo incondicionado. Pues bien, sin esta "fe
racional “ en la existencia de "las cosas en sí" o noúmenos, la
razón tampoco podría avanzar sosegadamente hada su ñn.
Por tanto, no es posible negarle a la razón tal posibilidad, sin
incurrir en contradicdones inevitables para ella misma y con
consecuencias graves para la conducta moral y la libertad
del hombre.

Cuadernos da Anuario Filosófico 41
Inmanuel Kant I

5. D iferenciación entre dogm atism o y actitud crítica.

Pero si esto es así, ¿Qué distingue a la actitud crítica de las
demás? Quizás no sea inexacto aventurar que lo común a
todas ellas sea el dogmatismo, entendido como
"la pretensión de avanzar con puros conocimientos concep­
tuales (los filosóficos) conformes a unos principios sin haber
examinado el modo ni el derecho con que llega a ellos" (Prólogo,
1.426429).
Sin embargo, esta definición no se acomoda con precisión
ni siquiera al propio planteamiento kantiano, dado que Kant
reconoce el carácter “a priori" y dogmático de sus propios
presupuestos. Pero si centramos nuestra atención en la se­
gunda parte de la definición, nos percataremos de que lo que
convierte en dogmática una actitud ante la realidad es el "no
haber examinado el modo ni el derecho con que llega" (1. 428-
429) a los principios de los que parte.
6. El nuevo dogmatismo autocrítico de la razón.
La crítica kantiana está dirigida por el celo de la voluntad
individual en conservar su autonomía. Lo común a los dog­
matismos es, por consiguiente, la conculcación de la auto­
nomía del ser humano. La única diferencia respecto al nuevo
dogmatismo autocrítico kantiano es que ahora se es cons­
ciente de los presupuestos en los que se fundamenta y que se
reflexiona sobre ellos.
En este sentido la crítica no se opone al "procedimiento
dogmático". Más aún,
"la denda debe ser siempre dogmática, es dedr, debe demos­
trar con rigor a partir de prindpios a priori seguros" y "...Se en­
frenta únicamente al procedimiento dogmático de la razón pura
sin previa crítica de su capaddad" (Prólogo, 1.424425 y 429439).
Sin embargo al final del proceso estamos en cierto modo
igual que al principio, pues
"sigue siendo un escándalo de la filosofía y del entendi­
miento humano en general, el tener que aceptar sólo por fe la
existenda de las cosas exteriores a nosotros” (BXXXDQ.

42 Cuadernos da Anuario Filosófico
Inmanuel Kaiu I

7. El triunfo de la libertad sobre el deterninismo.
De todos modos el uso positivo de la crítica trae consigo
una ganancia clara; la condición de ser libre que cada uno
constata cuando descubre su capacidad para obligarse de
acuerdo con normas universales. El imperativo categórico es
la expresión más elevada del deber moral. Sólo así me
liberaré de "las exigencias de las inclinaciones" (BXXXIII)
egoístas que nacen de mi naturaleza fisiológica. A su vez esta
experiencia del hecho moral entendido como un mero
"factum rationis" exige la aceptación previa de los
postulados de la razón práctica, a pesar de que eran
contrarios al uso negativo de la crítica, como ya antes se ha
visto. De aquí que al final prevalezca el triunfo de la libertad
sobre el determinismo, aunque una justificación sea tarea de
otras críticas posteriores.
VH. PROBLEMAS ABIERTOS.

1. ¿Transcendencia o inmanencia?
Evidentemente el "Prólogo" contiene una auténtica decla­
ración de intenciones programáticas Pero volviendo al pro­
blema inicial ¿Por qué no acepta, entonces, el sentimenta­
lismo irracionalista de Jacobi, o el sentimentalismo moral
innato de Rousseau? Quizás se deba al mismo motivo por el
que se aparta del racionalismo wolfiano. Esto es: porque la
libertad del individuo basada sobre un sentimentalismo, más
o menos radical, apenas puede desplegarse fuera de sí y ser­
vir de fundamento sólido a la moralidad social.
De todos modos, su empeño por afianzar la autonomía
racional y moral del individuo le impide apelar a una reali­
dad trascendente contentándose con pensar estas ideas re­
gulativas "como si" fueran reales. Pero el afán por cumplir el
deber autoimpuesto necesita de la esperanza religiosa para
que no se debilite. Porque aceptar una obligación sin la pro­
mesa de una felicidad futura no parece una actitud propia
del hombre.

Cuadernos de Anuario Filosófico 43
Inmanuel Kant I

2. ¿M etafísica o crítica subjetivista?

Ahora bien, la crítica de la razón pura ¿conlleva la aniqui­
lación de la metafísica, o logra verdaderamente la cimenta­
ción de una nueva metafísica? Es cierto, por un lado, que el
destino de la metafísica constituye la máxima preocupación
de Kant. Pero, por otro lado, la crítica kantiana se propone
averiguar las condiciones apriorísticas del conocimiento de
un objeto y solo sobrepasa o trasciende el objeto real en una
dirección enteramente subjetiva. No interesan los objetos en
sí, sino sus condiciones de posibilidad en el sujeto de conoci­
miento; por ello propone un análisis trascendental del ob­
jeto, esto es, trata de averiguar cuál y cómo es la constitu­
ción del objeto en la conciencia humana. Hay que decir, por
tanto, que no es la de Kant una investigación propiamente
metafísica, tal como ésta fue entendida clásicamente en la
filosofía occidental. Se trata ante todo de una investigación
gnoseológica, donde el punto de partida no es el ser real de
las cosas, sino el objeto dado en la conciencia. Así, toda con­
sideración propiamente metafísica de lo real ha de atravesar
el filtro de la representación, o, dicho de otro modo, la reali­
dad queda subsumida en las formas subjetivas del psiquismo
humano, cuya función es delimitar o determinar la realidad
ontológica.
3. ¿Noúmeno o fenomenismo? ¿Construcción o manipu­
lación?
Dada la dirección subjetiva del planteamiento crítico,
Kant abandonará, de entrada, el análisis de la cosa en sí o
noúmeno, aunque ésta permanezca siempre como supuesto
necesario para la posibilidad del conocimiento científico. El
noúmeno aparecerá finalmente como "concepto lím ite" y
negativo: señala aquello que no es objeto del conocimiento.
De este modo, el resultado de la crítica kantiana no es sino
una reducción del conocimiento humano al ámbito fenomé­
nico. Todo ello es además consecuencia lógica de haber apli­
cado el método físico-matemático a la investigación metafí­
sica: de esta inversión del método de la metafísica resultará

44 Cuadernos do Anuario Filosófíco
Imnanuel Kant I

que, para el hombre, sólo es posible alcanzar el mundo de los
fenómenos susceptibles de cuantificadón y de medidón. Así
pues, el conocimiento teórico kantiano se limita a la mera
apariencia de aquellas manifestadones o fenómenos, que
han sido a su vez objeto de manipuladón intendonada pre­
via, sin admitir la veraddad de aquellas construcciones que
están basadas en intuiciones susceptibles de prueba y no
siempre "a priori" sin poder alcanzar tampoco nunca la cosa
en s i o noúmeno. La imagen científica que ofrece Kant del
universo se limita, por tanto, al mundo de los fenómenos.
4. ¿Razón o libertad?
Ante el problema de la fundamentadón de la metafísica
como cienda, Kant considera que su "crítica" es el "prólogo
obligado". Lo que se propone, ante todo, es erigir un
"tribunal de la razón", y a su vez convertir en problema a la
razón misma, para averiguar así los límites de su uso co­
rrecto. Más que un estudio radonal de las leyes naturales, la
soludón kantiana tiene en su base el prindpio propio de la
ilustración: el hombre como "sujeto autónomo que domina la
naturaleza y se da leyes a sí mismo". Es la idea de libre auto­
nomía subjetiva que prima en la modernidad europea (A.
Llano). Es la propia subjetividad humana, entendida como
libertad, quien proyecta desde sí el orden y la regularidad de
los fenómenos naturales. Con ello se ha perdido la dásica
articulación entre physis y logos.
5. ¿Etica radonal o libre subjetividad?
La idea de autonomía que subyace a la Crítica de la razón
pura reaparece posteriormente cuando se trata de la razón
práctica. Pero tanto entonces como ahora, se trata de una
razón pura que desde sí debe determinar el valor de una ley
universal o de un deber moral mediante un pensamiento
ajeno y previo a la experienda. Ocurre además que este po­
sible saber "a priori" kantiano, ya sea especulativo o prác­
tico, no puede estar fundamentado en el saber teórico, pues
éste último, y según las condusiones de la primera crítica,

Cuadernos de Anuario filosófico 45
Inmanuel Kant I

solo alcanza los fenómenos. Pero, dada la exigencia de uni­
versalidad e inconiicionaliiad del obrar racional, ya sea te­
órico o moral, éste debe fundamentarse en la autonomía, en
una autolegislación de la razón pura. Desde esta nueva
perspectiva se conserva el antropocentrismo moderno y la
idea de Dios aparece únicamente como supuesto, postulado
o auxiliar de la ética, de la que se excluye un sentido
trascendente o sobrenatural.

6. ¿Sujeto trascendental o ahistoricismo?
Puede decirse que Kant realiza plenamente en su filosofía
el lema de la Ilustración: sapere aude. Se trata de alcanzar
definitivamente el uso autónomo de la razón y del entendi­
miento humano; para ello hay que llevar a cabo una criba de
todo conocimiento recibido, con el fin de liberar a la razón de
todos los prejuicios y lograr que su autoridad sustituya a la
tradición. Se tiene en esta época -y el propio Kant la tiene-
una marcada conciencia histórica, una conciencia de haber
alcanzado el punto álgido en el proceso de progreso y
liberación de la razón. Pero en la misma medida en que el
ideal del progreso rechaza -ya desde Descartes- el testimo­
nio histórico de la tradición, la época ilustrada tiene a su vez
un marcado componente de ahistoricidad, -o ausencia de
sentido histórico precisamente porque prima ese elemento de
au torreferen cialidad, esa sobreestimación de la propia
época, esa tendencia a juzgar la historia anterior desde el
presente. Así pues, en la medida en que la propia historia
invalida la teoría del progreso indefinido, tampoco puede
sostenerse que el sujeto transcendental kantiano haya
alcanzado históricamente la efectiva realización del ideal de
libertad y autonomía que se propugnan.
7. ¿Libertad o voluntarismo?
De la perplejidad sale Kant mediante la distinción entre
fenómeno y noúmeno. Pero, ¿cómo es posible hablar de una
realidad desconocida como el noúmeno? Sólo desde una ra­

46 Cuadernos de Anuario Filosófico
Inmanuel Kant I

zón que desea lo incondicionado, es decir, que pide que la re­
alidad denotada con sus ideas exista, es una razón volunta­
ria o una voluntad racional. Por tanto, no es arriesgado
afirmar que la fundamentación última de la verdad de la te­
sis expuesta es de índole voluntarista. Podría esquemati­
zarse la propuesta kantiana del siguiente modo: aunque he
de admitir que los conceptos puros del entendimientos
categorías, sólo son válidos y seguros cuando comprendo
fenómenos sensibles, yo no quiero dejar de pensar que existe
una realidad nouménica que se aparece a través de ellos.
¿Por qué? Porque no le satisface a mi voluntad la realidad
sensible,y porque las consecuencias prácticas que se deriva­
rían en el caso contrario, reducirían mi ser a un estado la­
mentable en el que no le cabría más que un "andar a tientas"
trágico, sin horizonte alguno.
8. ¿Teísmo práctico o agnosticismo?
Kant entiende que he de pensar la inmortalidad del alma y
la idea de Dios como si fueran reales, para contestar a su vez
a la pregunta "¿qué me cabe esperar?". Es más, sólo cuando
adecuamos la conducta humana al deber moral podemos al­
canzar la felicidad en este mundo introduciendo en él un or­
den racional. Pues
“es sólo el espléndido orden, la belleza y el cuidado que apa­
recen por doquier en la naturaleza lo que ha motivado la fe en
un grande y sabio creador del mundo"(BXXXIII).
Pero conviene recordar que la fe en la inmortalidad del
alma y de Dios no es de índole religiosa, sino racional. La fe
religiosa en la revelación divina para la salvación es contin­
gente y particular. Y sólo puede aceptarse como útil social­
mente si cabe "dentro de los límites de la razón" y no es
fuente de supersticiones. Se trata así de un teísmo práctico
que a su vez descansa sobre un agnosticismo teórico, dado
que esa razón ha rechazado cualquier intento especulativo
por llegar a conocer por procedimientos racionales la
justificación de estos principios.

Cuidarnos do Anuario Filosófico 47
BIBLIOGRAFIA

Obras de Kant:

CRP Crítica de la Razón Pura. Traducción, Pedro Ribas. Editorial
Alfaguara, Madrid, 1986.

Estudios sobre Kant:
FALGUERAS SALINAS, IGNACIO:
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planteamiento crítico". Anuario Filosófico, 1982/2, vol. XV, págs. 33-
74.
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- "La idea de estado en Kant". Homenaje a Antonio Millán-Puelles.
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Cristiandad, Madrid, 1983.
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Kant o la exigencia divina de una razón
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crítica de l. Kant. Eunsa, Pamplona 1991.
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B A S T O N S , M.: Conocimiento y libertad. La teoría kantiana de la acción.
Eunsa, Pamplona, 1989.
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1961.
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Madrid, 1958.
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Nacional Autónoma. México, 1962.
Z U B IR 1 , X.: Cinco lecciones de Filosofía. Alianza, Madrid, 1985.

48 Cuadernos de Anuario Filosóficos
ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS

A
Términos:
Razón, ciencia, éxito, convicción, tanteo, camino, marcha, reglas, entendi­
miento, lógica, propedéutica, "a pirón", objeto, real.
Frases:
1 " S i ... lleva o no la marcha segura de una ciencia, es cosa que puede pronto
juzgarse por el éxito” 0- 2-3).
2 . "Notable es también en ella el que tampoco hasta ahora hoy ha podido dar un
paso adelante" 0- 20-22).
3 . "La lógica ... es una ciencia que no expone al detalle y demuestra
estrictamente más que las reglas formales de todo pensar" 0- 31-34).
4 . "Ahora bien, por cuanto en éstas ha de haber razón, es preciso que en ellas
algo sea conocido a p rio r? (1.47-48).
5 . "Su conocimiento puede referirse al objeto de dos maneras: o bien para deter­
minar simplemente el objeto y su concepto... o también para hacerlo reaT (1.
48-41).

B
Térm inos:
Conocimientos, revolución, ocurrencia, matemática, física, demostraciones,
prueba, construcción, bosquejo, discípulo, juez.
Frases:
1. "La matemática y lafísica son los dos conocimientos teóricos de la razón
que deben determinar sus objetivos a priori" (1.60-61).
2 . "Ese cambio es de atribuir a una revolución, que la feliz ocurrencia de un
sólo hombre llevó a cabo" 0- 71-73).
3 . "El primero que demostró el triángulo isósceles (háyase llamado Thales o
como se quiera), percibió una luz nueva" (1.85-87).
4 . "Para saber seguramente algo a priori, no debía atribuir nada a la cosa, a no
ser lo que se sigue necesariamente de aquello que él mismo, conformemente
a su concepto, hubiese puesto en ella" 0- 91-94).
5 . "Comprendieron que la razón no conoce más que lo que ella misma produce
según su bosquejo" (1.107-109).
6. "Los hechos sin ningún plan bosquejado de antemano, no pueden venir a
conexión en una ley necesaria” (1-112-114).
7. "Más no en calidad de discípulo que escucha todo lo que el maestro quiere,
sino en la de juez autorizado" (1.119-120).

C
Términos:
Metafísica, experiencia, ciencia, barbarie, método, conceptos, ilusiones, en­
gaño, naturaleza, transformación, intuición, "a priori", conceptos.
Frases:
1. "A pesar de ser más vieja que todas las demas y a pesar de que subsistirá
aunque todas las demás tuvieran que desaparecer enteramente, sumidas en el
abismo de una barbarie destructora" 0-134-137).
2. "No hay pues duda alguna de que su método, hasta aquí, ha sido un mero
tanteo y, lo que es peor, un tanteo entre meros conceptos (1.146-148).
3. "Nuestro anhelo de saber, no sólo nos abandona, sino que nos entretiene
con ilusiones, para acabar engañándonos" 0-154-156).

Cuadernos da Anuario Filosófico 49
Inmanuel Kant I

4 . "Ensáyese pues una vez si no adelantaremos más en los problemas de la me­
tafísica, admitiendo que los objetos tienen que regirse por nuestro conoci­
miento" 0-170-172).
5. "Si la intuición tuviera que regirse por la constitución de los objetos, no
comprendo cómo se pueda a priori saber algo de ella’ (1.181-183).
6 . "O bien admitir que los objetos o, lo que es lo mismo, la experiencia, se rige
por esos conceptos" 0.192-194).
7 . "No conocemos a priori de las cosas más que lo que nosotros mismos po­
nemos en ellas" 0- 205-206).

D
Términos:
Facultad, limites, incondicionado, cosas en si, noúmeno, contradicción, re­
presentación, fenómeno, ampliación, reducción positiva, negativa, pensar,
significaciones, libertad, pensar, saber, fe.
Frases:
1. "Con esa facultad no podemos salir jamás de los limites de una experiencia
posible, cosa empero que es precisamente el afán más importante de esa
ciencia" 0- 220-222).
2. "Es el incondicionado, que necesariamente y con pleno derecho pide la ra­
zón, en las cosas en si mismas, para todo condicionado, exigiendo asi la se­
rie completa de las condiciones" 0.229-231).
3. "Lo incondicionado no puede ser pensado sin contradicción ; y en cambio,
desaparece la contradicción, si admitimos que nuestra representación de las
cosas,... no se rige por ellas como cosas en si mismas" (1.233-237).
4 . "Con su proceder, la razón especulativa nos ha proporcionado por lo menos
sitio para semejante ampliación" 0- 250-251).
5. "Nada puede ser atribuido a los objetos en el conocimiento a priori, sino lo
que el sujeto pensante toma de si mismo" 0- 265-267).
6 . "Su utilidad no es más que negativa, la de no atrevemos nunca, con la razón
especulativa, a salir de los límites de la experiencia" 0- 289-291).
7. "Por eso una critica que limita y hasta amenaza aniquilar el uso puro prác­
tico, resulta de una utilidad positiva" (1.300-302).
8. "Esos mismos objetos, como cosas en si, aunque no podemos conocerlos,
podemos al menos pensarlos. Pues si no, seguiriase la proposición absurda
de que habría fenómeno sin algo que aparece" 0- 324-326).
9. "La critica no ha errado, enseñando a lomar el objeto en dos significaciones,
a saber, como fenómeno y como cosa en sí misma" 0- 339-341).
10. "Sin embargo, puedo pensar la libertad, es decir, que la representación de
ésta no encierra contradicción alguna" 0- 357-358).
11. "Tuve pues que anular el saber, para reservar un sitio a lafe" (1.395-396).
12. "Se reconocerá el valor de la critica, si se tiene en cuenta la inapreciable
ventaja de poner un término, para todo el porvenir, a los ataques contra la
moralidad y la religión" 0-412-414).

E
Términos:
Dogmatismo, crítica, demostraciones metafísica, principios, ciencia, crítica.
Frases:
1. "Dogmatismo es, pues, el proceder dogmático de la razón pura, sin previa crítica
de su propia facultad' 0- 429-430).
50 Cuadernos do Anuario Filosófico
IND ICE

PRESEN TACION
I. ¿QUIENES KANT? (1724-1804) .............................. .'.................................. 3
II. ESQUEMA DEL TEXTO ................................................................................... 5
III. TEXTODEKANT ............................................................................................. 6
IV . PREGUNTAS SOBRE EL TEXTO .................................................................... 17
EXPOSICION DEL IDEALISMO TRANSCENDENTAL;
DEL USO CRITICO AL USO AUTOCRITICO DE LA RAZON.
I. LA GENESIS DEL PROBLEMA CRITICO EN LA INTRODUCCION A
LA PRIMERA CRITICA ..................................................................................... 18
1 . E1 contexto cultural del problema crítico ............................................... 18
2 . Planteamiento del problema crítico en Kant ......................................... 19
3 . L a justificación de la ciencia com o problema crítico ........................... 19
4 . E l análisis de las condiciones de posibilidad de la ciencia ................ 20
5 . Tres niveles de análisis crítico ................................................................. 20
6 . Tipos de ju icio s ........................................................................................... 20
7 . Tipos de ciencia y la nueva ciencia ......................................................... 21
II. ESTRUCTURA DE LA CRITICA DE LA RAZON PURA ................................ 21
1. L a estética transcendental .......................................................................... 21
2 . Los ju icios sintéticos a p rio ri de las matemáticas ................................ 22
3 . E l idealismo transcendental y el realism o empírico ............................. 23
4 . L a analítica transcendental ........................................................................ 23
5 . La deducción transcendental de las categorías ..................................... 24
6 . La rev olu ción cop erm can a y los ju icios sintéticos "a p riori" de la física 25
7 . E l sujeto transcendental ............................................................................. 25
ID. EL USO CRITICO DE LA RAZON EN LA DIALÉCTICA TRANSCENDENTAL 26
1 . E1 uso sintético de la razón en la dialéctica transcendental ................ 26
2 . L a dialéctica transcendental com o crítica al uso dogmático de la razón 27
3 . La crítica a la psicología racional ............................................................ 28
4 . L a crítica a la cosm ología racional .......................................................... 28
5 . La crítica a la teología racional ................................................................. 28
6 . Las conclusiones de la dialéctica y el tránsito a la razón práctica . . . 29
IV . EL USO AUTOCRITICO DE LA RAZON EN EL PROLOGO .......................... 30
1. L a polém ica sobre el panteísmo y la génesis del problema moral . . . 30
2 . L a supresión del saber en nombre de la fe ............................................ 31
3 . L a diferenciación intema entre el saber y la fe ..................................... 31
4 . L a perplejidad en el doble uso negativo y positivo de la razón ......... 32
5 . L a génesis de la perplejidad en la nueva ciencia ................................. 32
v . E l Prologo , como rea firma cion del método "a priori" de
LA CIENCIA ........................................................................................................ 33
L E I cam ino seguro de la ciencia frente a la lógica y la m etafísica ....... 33
2 . L a estructura "a p riori" de las revoluciones científicas en matemáticas 34
3 . E l método constructivista "a p riori" de las matemáticas ..................... 35
4 . E l giro copem icano com o modelo de revolución científica ............... 35
5 . E l método constructivo "a p riori" de la nueva ciencia ........................ 36
6 . Tres ejem plos: G alileo. Torricelli y Stahl .............................................. 37
7 . Peculiaridades del método “a p riori" constructivista de la tísica . . . . 38
V I. E L "PROLOGO", COMO JUSTIFICACION DE UN NUEVO DOGMATISMO
AUTOCRITICO ................................................................................................... 39
1. L a crítica al falso aprioiism o realista de la m etafísica ........................ 39
2 . E l uso regulativo autocrítico de las ideas de la razón .......................... 40
3 . Prim acía del uso práctico de la razón sobre el científico .................... 40
4 . L a "cosa en sí" com o una exigencia de la fe en la razón .................... 41
5. Diferenciación entre dogmatismo y actitud crítica ........................... 42
6. El nuevo dogmatismo autocrítico de la razón .................................. 42
7. El triunfo de la libertad sobre el determinismo ................................. 43
V IL P R O B L E M A S A B IE R T O S ..................................................................................................... 43
1. ¿Transcendencia o inmanencia? ........................................................ 43
2. ¿Metafísica o crítica subjetivista? ..................................................... 44
3. ¿Noúmenoofenomenismo? ¿Construcción o manipulación? ........ 44
4. ¿Razón o libertad? ............................................................................. 45
5. ¿Etica racional o libre subjetividad? ................................................. 45
6. ¿Sujeto transcendental o ahistoricismo? ............................................ 46
7. ¿Libertad o voluntarismo? ................................................................. 46
8. ¿Teísmo práctico o agnosticismo? .................................................... 47
.........................................................................................................
B IB L IO G R A FIA 48
ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS .................................................................... 49

A utores d e este C u adern o:

M ig u e l G a r c ía G o n z á l e z
C o l e g io « E r a in » d e Ir u n
M a r c o s G a r c ía V iu d e z
I. B . « S a n V ic e n t e F e r r e r » d e V a l e n c ia
C a r l o s O r t iz d e L a n d a z u r i
I. B . « N a v a r r o V il l o s l a d a * d e P a m p l o n a
M a r ía J e s ú s S o t o
U n iv e r s id a d d e N a v a r a

CUADERNOS DE ANUARIO FILOSOFICO

1. - Cuadernos ele Anuario F ilosófico es una publicación abierta a los distintos docentes de
la filosofía en todos los niveles educativos, Unto de Universidad como de Enseñanza Media.
Canalizaré preferentem ente sus propuestas pedagógicas en el ám bito de B U P y C O U ,
aportando un m aterial didáctico útil para profesores y alumnos, en consonancia con las
disposiciones legales y los m arcos de actuación fijados por el M inisterio de Educación y otros
organi'. ¡nos similares de las Comunidades Autónomas.
2. - L o s interesados en participar en e s u in iciativ a deben enviar sus originales
mecanografiados al Coordinador de Cuadernos ele Anuario Filosófico para la inicial aprobación
del proyecto. Los trabajos aceptados pueden enviarse en soporte informático de acuerdo can Us
instrucciones especificas que se facilitarán a los interesados.
Cuadernos
de Anuario Filosófico
están concebidos para
p ro p o rcio n a r m aterial didác:' Ico
específico de filosofía.

Incluyen preferentem ente ¡os
trabajos aportados en los
Encuentros filo só fico s
de Profesores de
Enseñanza M edia y.COU
oh;¿i n i za d os añ ti a I ni en te
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de la"'Universidad de Navarra"

Pueden -d&íenerse ejem plares ;
para uso escolar a través de:

S e r v i c i o "de P u b l i c a c i o n e s d e J a , r
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