Un brindis con pasión

Hoy, cuando han pasado algunos años de tu vida, otros menos de
conocernos y algunos meses de este año, quiero brindar por tu
existencia, por cada suspiro que he recibido de tu cuerpo y por
cada abrazo que me has permitido regalarte. Brindo por ellos,
porque tus suspiros me permiten sentirte, cuando duermes
conmigo, cuando te siento extasiado, cuando miro a través de tus
ojos la profundidad de tu ser. Por su parte, los abrazos me
permiten unirme a ti, en el glorioso mundo de lo físico, el cual
recreo como una especie de alquimia donde las fantasías que
rodean mis sueños se mezclan con la impávida y dulce realidad de
tu ser.

Tus años, son una prueba y una invitación para que no cesen los
sueños, para comprender que vivir es más importante que buscar
el sentido de la vida1 y para sonreír, porque no sonreír es como
negarse a sentir la inoculación que día a día hace el sol con su
luz en nosotros.

Este año quiero brindar por tu felicidad, por los dos y lo
grandioso que me es compartir mi vida contigo, para que el amor
que nos hemos profesado no sea un análogo de la falacia del
nirvana, sino una encarnación viva que se refleja en los años que
vives (que hoy cumples) y en el tiempo que compartimos.

Quiero brindar por el perdón, que me reconcilia contigo y
conmigo, pues reconozco que en este trasegar por tu vida y tu
cuerpo nos hemos puesto manchas, que dolorosas han sido
borradas por la perenne devoción de seguir forjando tus pasiones
en mis dementes y sublimes deseos.

Carpe diem Duván.
Darío
Dic. 02 de 2016
Al lector. Duvan

La necedad, el yerro, el pecado, la roña,
ocupan nuestras almas, trabajan nuestros cuerpos;
y como los mendigos alimentan su mugre,
así nutrimos nuestros blandos remordimientos.

1 Los hermanos Karamazov. Fiódor Dostoyevski

río invisible. ¡Hay uno que es más feo. gruñidores. con creces nos hacemos pagar lo confesado. en lo más alto. Tú conoces. escorpiones. es. y alegres retornamos al camino fangoso. a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo. al delicado monstruo. de agradables dibujos no ornaron todavía el trivial cañamazo de nuestra pobre suerte. cada día al Infierno descendemos un paso. el estrupo. su pipa fuma y sueña patíbulos. lector. convertiría a gusto la tierra en un despojo y tragaría el mundo en un solo bostezo. los monos y los linces. En la almohada del mal es Satán Trimegisto quien largamente acuna nuestro ser hechizado. Nuestro pecado es terco. ay. el incendio. aunque sea . que exprimimos bien fuerte como naranja seca. rampantes. y cuando respiramos. serpientes y chacales. más malo! sin lanzar grandes gritos ni mostrar grandes gestos. el puñal. Pero entre las panteras. ¡Es el tedio! -De llanto involuntario llena la mirada. y el precioso metal de nuestra voluntad. en medio de tinieblas hediondas. porque nuestra alma no es bastante atrevida. de todos nuestros vicios en la leonera infame. voces de dolor. creyendo nuestras culpas lavar con viles llantos. con apagadas quejas. hipócrita lector -mi igual-. los buitres. hormigueante. 1857 La pequeña muerte (Eduardo Galeano) No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje. los monstruos aulladores. nos arranca gemidos y quejidos. ¡El Diablo es quien maneja los hilos que nos mueven! A las cosas inmundas encontramos encantos. un pueblo de Demonios hierve en nuestras cabezas. Charles Baudelaire. ¡Hermano mío! Las flores del mal. Denso. robamos de pasada un placer clandestino. así como un millón de helmintos. y sin horror. más inmundo. Si el tósigo. Tal como un libertino pobre que besa y muerde el seno magullado de una vieja ramera. íntimo lo evapora ese químico sabio. la Muerte a los pulmones baja. nuestra contrición floja.

lo que pensándolo bien nada tiene de raro. . la lucha por aquello en que creemos nos arrebata a pedazos las mezquinas certezas cotidianas y nos arroja impiadosa al universo de la incertidumbre. jubiloso dolor. Pequeña muerte. la llaman. llaman en Francia a la culminación del abrazo. Se requiere el valor que a veces falta. si matándonos nos nace. pero grande . Porque el encuentro en el abrazo con los otros. nos devuelve siempre renacidos. Pequeña muerte. muy grande ha de ser. En tiempos de encuentro y de abrazos. porque nacer es una alegría que duele. apostamos a la vida aunque nos rompa una y mil veces en pequeñas muertes necesarias. que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. y resulta imprescindible la cercanía de los que comparten nuestros sueños.