Juan Rulfo (1917-1986

)

1. Biografía

Juan Rulfo nació el 16 de mayo de 1917 en Sayula, en el Estado de Jalisco y como escritor se integró al grupo de escritores
que crearon un universo propio, para convertirlo en escenario donde se desarrollan sus historias. Comala es el
universo personal de Juan Rulfo.

Transcurrió su infancia entre su pueblo natal y San Gabriel (la actual Ciudad de Venustiano Carranza), donde realizó sus
primeros estudios y pudo contemplar algunos episodios de la sublevación cristera, violento levantamiento opositor a
las leyes promulgadas por el presidente Calles para prohibir las manifestaciones públicas del culto y subordinar la
Iglesia al Estado. Rulfo vivió en San Gabriel hasta los diez años, en compañía de su abuela, para ingresar luego en
un orfanato donde permaneció cuatro años más, pero cuando apenas había cumplido los ocho, ya había leído los
libros de la biblioteca parroquial que el sacerdote del pueblo puso al cuidado de su abuela.

A los dieciséis de edad, intentó ingresar en la Universidad de Guadalajara, pero una huelga estudiantil que duró año y
medio, se lo impidió. En Guadalajara publicó sus primeros textos y poco después se trasladó a la Ciudad de México
que se convirtió en su residencia regular. Intentó de nuevo entrar en la universidad, para estudiar en la Facultad de
Derecho en pero fracasó en los exámenes para el ingreso en y se vio obligado a trabajar. Trabajó en la Secretaria
de Gobernación como agente de inmigración, primero en la capital y luego en Tampico y Guadalajara. En esta
etapa de su vida entró en contacto con gente que hablaba peculiares dialectos en diversas regiones. Más tarde fue
enviado al Archivo de Migración.

Juan Rulfo se desempeñó en oficios diversos. Fue empleado en una compañía que fabricaba llantas de hule, dirigió y
coordinó diversos para el Departamento Editorial del Instituto Nacional Indigenista, y fue asesor literario del Centro
Mexicano de Escritores.

La obra de Juan Rulfo es escasa pero de gran calidad narrativa y ha sido también traducida a numerosos idiomas. Sus
dos libros le ha valido reconocimiento mundial concretado en premios como el Nacional de Letras (1970) y el
Príncipe de Asturias de España (1983); extranjeros.

En 1953 apareció El llano en llamas, que incluye diecisiete cuentos narrativos que giran todas entorno a la vida de los
campesinos mexicanos. En 1955, aparece Pedro Páramo, la única novela que escribió Juan Rulfo, en la cual
aparece Comala como el escenario se desatan las pasiones humanas

A partir de entonces y aunque él mismo se encargó de anunciar la “inminente” publicación de nuevos libros, eso nunca
ocurrió. Eso sí, algunos textos suyos seguían apareciendo en publicaciones como la Revista Mexicana de Literatura
y ¡Siempre!

Murió el 7 de enero de 1986.

2. Obra literaria

Autor de El llano en llamas (1953; colección de los cuentos Macario, Nos han dado la tierra, La cuesta de las comadres,
Es que somos muy pobres, El hombre, En la madrugada, Talpa, El llano en llamas, Diles que no me maten, Luvina, La
noche que lo dejaron solo, Acuérdate, No oyes ladrar los perros, Paso del Norte, Anacleto Morones, La herencia de
Matilde Arcángel y El día del derrumbe ) y la novela Pedro Páramo (1955). La Revista Mexicana de Literatura publicó en
1959 un relato hasta entonces inédito, Un pedazo de noche, y el suplemento La Cultura en México publicó por primera vez
los textos El despojo y La fórmula secreta. En 1978 se publicó una Antología personal, en la que se incluyen dos cuentos
hasta entonces inéditos: La vida no es muy seria en sus cosas y Un pedazo de noche. Grabó un disco para la colección
Voz Viva de México de la UNAM.
Entre las obras de Rulfo que han sido llevadas al cine o han sido preparadas por él expresamente para la pantalla, destacan
Talpa (1955, dirigida por Alfredo B. Crevenna, adaptada por Edmundo Báez), El despojo (1960, de Antonio Reynoso),
Paloma herida (1963, dirigida por Emilio Fernández), El gallo de oro (1964, de Roberto Gavaldón, con guión de Rulfo
adaptado por Gavaldón, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes), La fórmula secreta (1965, de Rubén Gámez,
mediometraje que ganó el primer Concurso de Cine Experimental del STPC), Pedro Páramo (1966, de Carlos Velo y
adaptada por Velo, Carlos Fuentes y Manuel Barbachano), El rincón de las vírgenes (1972, de Alberto Isaac, basada en los
cuentos "El día del derrumbe" y "Anacleto Morones"), ¿No oyes ladrar los perros? (1975, de Francois Reichenbach,
adaptada por Carlos Fuentes), El hombre (1975, de José Luis Serrato), Pedro Páramo, el hombre de la media luna (1976,
de José Bolaños), El hombre (1984, de Mitl Valdés), Diles que no me maten (1984, de Freddy Siso) y El imperio de la
fortuna (1985, de Arturo Ripstein adaptada por Alicia Paz Garcíadiego, segunda versión de El gallo de oro). Miembro de la
Academia Mexicana de la lengua desde 1980. Fue presidente honorario de la Sociedad General de Escritores de México.

3. Galardones:
Xavier Villaurrutia (1956), Príncipe de Asturias (1983)

Se me ocurre eso. y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello. cuando tengamos que trabajar aquí. Todo el Llano Grande. Nos habíamos detenido para ver llover. Con todo. al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Los cuatro a pie. Pero sí." Hace rato. ni una raíz de nada. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera. Tanta y tamaña tierra para nada. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. No este duro pellejo de vaca que se llama Llano. ¿qué haremos para enfriarnos del sol. eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tapetate para que la sembráramos. Nos dijeron: -Del pueblo para acá es de ustedes. Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Lo matan a uno sin avisarle. Y por aquí vamos nosotros. No llovió. ¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve. no vi llover nunca sobre el llano. No hay nada. Hemos venido caminando desde el amanecer. eh? Hemos vuelto a caminar. el Llano no es cosa que sirva. donde están esos árboles llamados casuarinas y las paraneras y la tierra buena. Se nos acabaron con el calor. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Cae sola. No. Nosotros paramos la jeta para decir que el Llano no lo queríamos. pero puñito a puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más que este nudo que somos nosotros. Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada que pasa por encima de nuestras cabezas. el Llano. lo que se llama llover. Cae una gota de agua. Pero los caballos son otro asunto. Y pensamos: "Puede que sí. Aquí así son las cosas. que no se podría encontrar nada al otro lado. pero aquí cuesta trabajo. hay algo. en medio de este camino sin orillas. Es el viento el que lo acerca. por las vegas. viéndolo a toda hora con "la 30" amarrada a las correas. grande. Y a la gota caída por equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed. Uno platicaría muy a gusto en otra parte. Hay un pueblo. y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Antes andábamos a caballo y traíamos terciada una carabina. Pero no hay ninguna más. a no ser eso. Junto con él. "NOS HAN DADO LA TIERRA" Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol. Por eso a nadie le da por platicar. A no ser unos cuantos huizaches trespeleques y una que otra manchita de zacate con las hojas enroscadas. Yo los cuento: dos adelante. Que queríamos lo que estaba junto al río. Pero el pueblo está todavía muy allá. que nada habría después. a toda prisa. gorda. Nosotros esperamos a que sigan cayendo más y las buscamos con los ojos. yo sé que desde que yo era muchacho. El viento que viene del pueblo se le arrima empujándola contra las sombras azules de los cerros. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo. Y a mí se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos andado. Faustino dice: -Puede que llueva. Por acá resulta peligroso andar armado. No hay ni conejos ni pájaros. Somos cuatro. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros. . Ahora no traemos ni siquiera la carabina. y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza. Alguien se asoma al cielo. y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Pero nosotros. Del río para allá. Ahora volvemos a caminar. otros dos atrás. ni una semilla de árbol. Miro más atrás y no veo a nadie. Ahora si se mira el cielo se ve a la nube aguacera corriéndose muy lejos. se oye el ladrar de los perros. De haber llovido quizá se me ocurrieran otras cosas. éramos veintitantos." No decimos lo que pensamos. como a eso de las once. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río. Entonces me digo: "Somos cuatro. Uno ha creído a veces. no hay nada. Vuelvo hacia todos lados y miro el Llano. No llueve. vamos Faustino. Nosotros preguntamos: -¿El Llano? -Sí. haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice: -Son como las cuatro de la tarde. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina. Esteban y yo. Ese alguien es Melitón.

Mire. Yo pienso: "Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí. Espérenos usted para explicarle. Nos hemos puesto en fila para bajar la barranca y él va mero adelante... no al Gobierno que les da la tierra. para no. -No la traías antes. -Son miles y miles de yuntas. volando a la carrera. Ahora que habla. Lleva puesto un gabán que le llega al ombligo. El delegado no venía a conversar con nosotros. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro. y es que el viento que viene del pueblo retacha en la barranca y la llena de todos sus ruidos. -Espérenos usted. Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada. La tierra que nos han dado está allá arriba. Todo es contra el Llano. Luego dice: -Estamos llegando al derrumbadero. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo: -No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos. Le desata las patas para desentumecerla. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. ni maíz ni nada nacerá. la tierra está deslavada. vuelan parvadas de chachalacas verdes. vamos a comenzar por donde íbamos. Nos gusta. Sube polvo desde nosotros como si fuera un atajo de mulas lo que bajará por allí. señor delegado. pero nos gusta llenarnos de polvo. para ver si algo retoña y se levanta. ¿no? -No. más adentro del pueblo. ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos han dado. se levantará el maíz como si lo estiraran.. Nosotros seguimos adelante. Pero él no nos quiso oír. sobre las copas verdes de las casuarinas. Ha de ser el calor el que lo hace hablar así. Mejor sácala al aire. Sí.. y debajo del gabán saca la cabeza algo así como una gallina.. señor delegado. Teban. Se ve que ha agarrado a la gallina por las patas y la zangolotea a cada rato. Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Siempre que salgo lejos cargo con ella. que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado la cabeza. Conforme bajamos. Y ahora váyanse. nos sentimos muy a gusto envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra.. El calor. Y si no. Eso también es lo que nos gusta.. Melitón dice: -Esta es la tierra que nos han dado. -Allí escondida se te va a ahogar. En cuanto allí llueva.dice él. muy arriba. eh? -No la merque. la traigo para cuidarla. Se le ven los ojos dormidos y el pico abierto como si bostezara. Yo ya no oigo lo que sigue diciendo Esteban.. me fijo en él. . tratando de salir lo más pronto dposible de este blanco terregal endurecido. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo. -¡Por aquí arriendo yo! -nos dice Esteban. es la gallina de mi corral.Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. ¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. la tierra se hace buena. No se puede contra lo que no se puede. golpearle la cabeza contra las piedras. y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos tepemezquites. -Pero. Yo le pregunto: -Oye. señor delegado. Uno los ve allá cada y cuando. Por encima del río. donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando. Eso es lo que hemos dicho. es una gallina colorada la que lleva Esteban debajo del gabán. Yo no me había fijado bien a bien en Esteban. Servirá aunque sea para correr yeguas . Pero nada se levantará de aquí. ¿Dónde la mercaste. junto a nosotros. dura. Es al latifundio al que tienen que atacar. ¿de dónde pepenaste esa gallina? -Es la mía. -Pero no hay agua. -Entonces te la trajiste de bastimento. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de comer. Ni siquiera para hacer un buche hay agua. Faustino dice: -¿Qué? Yo no digo nada. -Es que el Llano. -Eso manifiéstenlo por escrito. por eso me la traje. Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos. Ni zopilotes. Él se la acomoda debajo del brazo y le sopla el aire caliente de su boca. -¿Cuáles yeguas? -le pregunta Esteban. Así nos han dado esta tierra." Melitón vuelve a decir: -Servirá de algo.