Émile Durkheim

Fue un sociólogo y filosofo francés, nacido en Francia el 15 de abril de 1858 falleciendo el
15 de noviembre de 1917.

Considerado como uno de los pioneros en el desarrollo de lo ya conocido como la
moderna sociología.

Destacó pronto como estudiante, lo que le permitiría acceder en 1879 a la Escuela Normal
Superior de París, por la que se licenció en filosofía en 1882. Termino sus estudios en la
Normal, inició su carrera docente en diversas ciudades francesas. Durante el curso 1885-
1886 se trasladó a Alemania, donde conoció los métodos de la psicología experimental de
Wilhelm Wundt.

En el ámbito de sus investigaciones, Durkheim pasó de un interés inicial por la pedagogía a
una mayor amplitud de miras que lo llevó al campo de la sociología, por aquel entonces en
sus comienzos tras la primera formulación positivista de Augusto Comte. El primer trabajo
importante de Émile Durkheim fue su tesis doctoral, Sobre la división del trabajo social
(1893). Tras examinar la excesiva especialización y deshumanización del trabajo,
tendencia en progresión ascendente desde la Revolución Industrial, Durkheim subrayaba
en este estudio los graves riesgos que tal evolución suponía para el bienestar y el interés
común de la sociedad.

Dos años después publicó su obra fundamental, Las reglas del método sociológico (1895),
que constituye un verdadero breviario de sociología; en ella acotó Durkheim el campo de
la nueva ciencia y propuso la metodología que había de seguir. El objeto de estudio de la
sociología no puede ser una suma de individuos (pues en la misma configuración del
individuo intervienen fuerzas sociales que operan sobre él), sino el fenómeno o hecho
social, una de cuyas principales características es precisamente la coerción que ejerce
sobre el individuo.

El hecho social es, además, exterior al indiviudo (existe antes de su nacimiento) y
producto de una colectividad. Las "representaciones colectivas" y las estructuras de la
sociedad imponen al individuo las normas de pensamiento, las reglas de conducta, el
canon de una existencia normal, y también sus aspiraciones más elevadas, sin que todo
ello excluya cierto margen de autonomía del individuo en el ámbito de la colectividad.
En tanto que objeto de la sociología, el hecho social no debe ser juzgado (por ejemplo,
está fuera de su campo establecer si los ritos religiosos poseen o carecen de fundamento),
sino analizado y estudiado a partir de la observación y de los datos y evidencias empíricas,
aplicando métodos científicos y atendiendo a su función y a sus causas inmediatas. El
resultado de ello ha de ser la explicación de la conciencia colectiva (término acuñado por
Durkheim), formada por un conjunto de valores compartidos que es completamente
distinta de la suma de las conciencias individuales. La conservación, cambio o pérdida de
tales valores (morales, religiosos, etc.) determina la estabilidad o evolución de una
sociedad.

Aplicando su propia metodología, Émile Durkheim partió de datos estadísticos oficiales
para preparar su siguiente estudio: El suicidio (1897). La tesis de la obra se resume en la
siguiente frase: "El suicidio varía en proporción inversa al grado de integración del
individuo en la comunidad religiosa, familiar y política". Siguiendo la concepción
sociológica expuesta en su trabajo anterior, Durkheim parte del presupuesto de que el
individuo está guiado por una realidad moral colectiva. De la observación de que cada
pueblo tiene cierto porcentaje de suicidios, más constante que la mortalidad y regulado
por reglas fijas, se desprende que los países y sus instituciones son una fuerza motriz
independiente del individuo.

Según Durkheim, las verdaderas causas del suicidio son de naturaleza social (falta de
integración) y permanecen desconocidas incluso para el mismo suicida. El autor distingue
entre causas y motivos, y considera estos últimos como pretextos no decisivos. Debido
precisamente a estas consideraciones, se reprochó a Durkheim el haber formulado una
tesis apresurada, basada en datos no actuales e incompletos, sin calcular la incidencia de
las enfermedades mentales y especialmente de la ciclotimia, presente muy a menudo en
los suicidas. Sus sucesores se esforzaron en completar las teorías del maestro en aquellos
puntos expuestos por él de una manera incompleta por falta de estadísticas.

Sobre el fenómeno religioso versó una de sus obras más significativas, Las formas
elementales de la vida religiosa (1912), basada en diversas observaciones antropológicas
sobre los aborígenes americanos y australianos. La teoría de Durkheim parte de que la
religión debe ser considerada como un fenómeno social y, al mismo tiempo, como el
producto de una forma de pensamiento colectivo. Durkheim interpreta la religión como
un símbolo de la sociedad misma: en el temor que nos inspira lo sagrado se expresa
nuestra dependencia de la sociedad de forma simbólica. Así, el mismo concepto de dios
sólo es, en realidad, una forma de culto a la sociedad. La religión, al igual que la misma
sociedad y la cultura, ejerce un control sobre la conciencia del individuo, y es por ello un
valiosísimo instrumento de cohesión social. Esta interpretación, centrada en la función
social de lo religioso, sería recogida por el funcionalismo antropológico.