LABERINTO

Un laberinto en el que se perdieran todos los hombres, un laberinto perdido para los
hombres, un hombre perdido en el laberinto, como una pregunta sin respuesta, como
una respuesta sin pregunta, un tiempo en todos los espacios y un espacio en todos los
tiempos. Acaso ¿es la pregunta sin respuesta la respuesta al infinito?, ¿es el infinito la
respuesta de la pregunta sin respuesta?.

Una búsqueda incesante de una respuesta ante la indiscutible e irremediable cara de la
muerte, que aunque pareciese estar en un constante movimiento tras nosotros, solo
nos espera delante, paciente e inquebrantable, como la salida secreta al laberinto, la
salida más fácil, todas las salidas, la única salida a la inevitable incertidumbre generada
por la simple existencia del ser.

La creación deliberada de conceptos, en aras de generar significantes para el
entendimiento de una realidad increíble e inédita que nos contiene como parte de un
laberinto infinito, con infinitos caminos e infinitas entradas y salidas que solo nos
propone recorrerlo, sentirlo e interpretarlo, más que definirlo.

Siendo esta la pregunta sin respuesta, contiene en sí misma todas las respuestas,
todas las posibilidades, cada una como un sendero que se bifurca y cada bifurcación
como un nuevo sendero, creando como respuesta la pregunta y cómo pregunta la
respuesta, el infinito.